LICEO DE LA UNIVERSIDAD DE NARIÑO
GRADO OCTAVO
MITOS AZTECAS, MAYAS E INCAS
PRIMER PERIODO
Lean en grupos de tres los siguientes mitos de Mayas, Aztecas e Inca y realicen un cuadro
comparativo entre las tres culturas.
LEYENDA AZTECA
Los Huicholes y el maíz
Hace mucho tiempo, no se conocía el fuego, y
los hombres debían comer sus alimentos crudos.
Los huicholes estaban cansados de comer cosas que no
les gustaban.
Querían alguna cosa que pudieran comer todos los días,
pero de maneras diferentes.
Un joven huichol oyó hablar del maíz y de sus famosos
mets, unas tortillas, los chilaquiles y la sopa de tortilla
que se preparaba con este cereal.
Pero el maíz se encontraba muy lejos, al otro costado de
la montaña. Eso no lo desalentó y se puso en marcha.
Al cabo de poco tiempo vio una hilera de hormigas y como él sabía que ciertas de ellas eran las
guardianas del maíz, las siguió.
Pero cuando el joven se durmió, las hormigas, sin ningún problema, se devoraron todas sus
vestimentas, dejándolo sólo con su arco y sus flechas.
Sin ropas y hambriento el huichol se puso a lamentar. Fue entonces que un pájaro se posó sobre
un árbol próximo. El joven apuntó su arco sobre él, pero el pájaro le regañó y le dijo que ella era la
Madre del maíz. Lo invitó a seguirla hasta la Casa del Maíz donde ella lo autorizaría a tomar todo lo
que él buscaba.
En la Casa de Maíz se encontraban cinco bellas doncellas, las hijas de la Madre del Maíz: Mazorca
Blanca, Mazorca Azul, Mazorca Amarilla, Mazorca Roja y Mazorca Negra.
Mazorca Azul lo encantó con su belleza y su dulzura. Se casaron y volvieron a la villa Huichol.
Como él no tenía aún casa, durmieron un tiempo en un lugar dedicado a los dioses.
Después, como por encantamiento, la casa de los recién casados se llenaba cada día de espigas
que la decoraban como flores.
Las gentes venían de todas partes porque Mazorca Azul les ofrecía espigas a manos llenas.
La bella esposa enseñó a su marido a sembrar el maíz y a cuidar los cultivos. Enterándose qué
delicias ofrecía este nuevo alimento, los animales intentaron robarle. Mazorca Azul enseñó a las
gentes a colocar fuego alrededor de los cultivos para espantar a las bestias en busca de espigas
tiernas.
Los Ancianos cuentan que Mazorca Azul, después de haber enseñado todo lo que ella sabía, se
molió ella misma y es de esta forma que los hombres conocieron el excelente atole, una bebida
caliente que se prepara con granos de maíz.
LEYENDA MAYA
Los primeros hombres
Los dioses quisieron crear nuevos seres
capaces de hablar y de recolectar lo que la
tierra podría ofrecerles. Pero estas nuevas
criaturas debían ser capaces de rendir
homenaje a sus creadores.
Es así que formaron el cuerpo del primer
hombre con lodo. Lo modelaron con
minuciosidad, sin olvidar ningún detalle.
Desgraciadamente, el resultado fue
deplorable: sin dientes, los ojos vacíos, sin
ninguna gracia, estos muñecos no podían
mantenerse de pie y se desintegraban bajo el
agua.
Sin embargo, el nuevo ser tenía el don de la palabra, una voz armoniosa, jamás oída en este
mundo. Pero no tenía conciencia de lo que decía.
A pesar de todo, los dioses decidieron que estos seres frágiles vivirían. Deberían luchar para
sobrevivir, multiplicarse y mejorar su especie, esperando que unos seres superiores no los
reemplazaran.
Las nuevas criaturas fueron fabricadas en madera para que ellas pudieran marchar bien derechas
sobre la tierra.
Se unieron entre ellas y tuvieron hijos. Pero estos seres no tenían sentimientos. No podían
comprender que debían su presencia sobre la tierra solo a la voluntad de los dioses.
Deambularon sin saber adonde iban, tales muertos vivientes. Cuando hablaban no había ninguna
emoción en sus voces.
Vivieron muchos años hasta que los dioses decidieron condenarles a muerte: una lluvia de cenizas
se abatió sobre estos seres imperfectos. Después el agua fluyó tanto que alcanzó las cimas de las
montañas más elevadas. Todo fue destruido.
Los dioses crearon entonces nuevos seres. Pero ellos no correspondieron tampoco a sus
esperanzas. El pájaro Xecot Covah les reventaba los ojos, mientras que el felino Cotzbalam los
destripaba. Los sobrevivientes afrontaron las acusaciones de todos los seres y objetos que se creían
sin alma: las piedras de moler, las marmitas, los cántaros, los perros, todos se quejaban de los
malos tratos que habían recibido y amenazaban ahora a los hombres.
Éstos tuvieron miedo, huyeron, subieron sobre los techos que se desplomaron. Entonces se
refugiaron en los árboles. Pero las ramas se rompieron. Intentaron encontrar refugio en las grutas;
pero las paredes se derrumbaron.
Los pocos sobrevivientes se transformaron en monos. Es por eso que los monos son los únicos
animales que evocan la forma de los primeros seres humanos de la tierra Quiché.
Entonces los dioses se reunieron una vez más a fin de crear un nuevo ser hecho de carne y hueso,
y dotado de inteligencia. Esta vez se sirvieron del maíz; modelaron su cuerpo con esta pasta blanca
y amarilla y les introdujeron pedazos de madera para que sean más rígidos.
Rápidamente, los nuevos seres humanos hicieron prueba de inteligencia: comprendieron el mundo
que los rodeaba. Estos seres se llamaban Balam Quitzé, Balam Acab, Ma Hucutah e Iqui Balam.
Entonces los dioses interrogaron al primero de ellos:
- Habla en tu nombre y de los otros, y dinos cuáles son tus sentimientos. Eres consciente de tus
poderes?
Balam Quitzé les respondió:
- Ustedes nos han dado la vida y gracias a eso sabemos lo que sabemos, somos lo que somos;
hablamos, marchamos y comprendemos lo que nos rodea. Sabemos ya dónde reposan los cuatro
rincones del mundo, los cuales marcan los límites de todo lo que nos rodea.
Pero los dioses no apreciaron que los nuevos seres sepan tantas cosas. Faltaba que conocieran sólo
una parte del mundo que los rodeaba. Sólo una parte de lo que existía les sería revelada y no
deberían comprender todo. Faltaba limitar el campo de sus conocimientos a fin de reducir su
orgullo. Sino sus hijos percibirían aún mejor las realidades del mundo hasta saber tanto como los
dioses, y creerse dioses ellos mismos.
Faltaba remediar este peligro que sería fatal para el orden fecundo de la creación.
Entonces los dioses limitaron el campo de sus conocimientos.
A fin de que estos seres no estuviesen solos, los dioses crearon las mujeres. Durmieron a los
hombres y ubicaron cerca de ellos a las mujeres, desnudas y apacibles.
Cuando se despertaron, vieron con alegría lo bellas que eran. Para distinguirlas les dieron nombres
que evocaban la lluvia según las estaciones.
Las parejas se formaron y tuvieron hijos que comenzaron a poblar la tierra.
Ciertos entre ellos eran más dotados que otros. Por esta razón los dioses los eligieron para que
fueran Adoradores y Sacrificadores, sacerdotes en las funciones más elevadas.
Los primeros seres engendrados eran tan bellos como su madre, tan fuertes como su padre y
supieron adivinar el misterio de sus orígenes.
Es así que Balam Quitzé y los otros ancianos fueron los generadores de los seres humanos que
vivieron, se desarrollaron y formaron las tribus del Quiché. Estos primeros hombres se propagaron
sobre la tierra, en la región del oriente.
LEYENDA INCA
El Lago Titicaca
Hace mucho tiempo, el lago Titicaca era un
valle fértil poblado de hombres que vivían
felices y tranquilos.
Nada les faltaba; la tierra era rica y les
procuraba todo lo que necesitaban. Sobre
esta tierra no se conocía ni la muerte, ni el
odio, ni la ambición. Los Apus, los dioses de
las montañas, protegían a los seres
humanos.
No les prohibieron más que una sola cosa:
nadie debía subir a la cima de las montañas
donde ardía el Fuego Sagrado.
Durante largo tiempo, los hombres no pensaron en infringir esta orden de los dioses. Pero el diablo,
espíritu maligno condenado a vivir en la oscuridad, no soportaba ver a los hombres vivir tan
tranquilamente en el valle.
Él se ingenió para dividir a los hombres sembrando la discordia.
Les pidió probar su coraje yendo a buscar el Fuego Sagrado a la cima de las montañas.
Entonces un buen día, al alba, los hombres comenzaron a escalar la cima de las montañas, pero a
medio camino fueron sorprendidos por los Apus.
Éstos comprendieron que los hombres habían desobedecido y decidieron exterminarlos. Miles de
pumas salieron de las cavernas y se devoraron a los hombres que suplicaban al diablo por ayuda.
Pero éste permanecía insensible a sus súplicas.
Viendo eso, Inti, el dios del Sol, se puso a llorar. Sus lágrimas eran tan abundantes que en
cuarenta días inundaron el valle.
Un hombre y una mujer solamente llegaron a salvarse sobre una barca de junco.
Cuando el sol brilló de nuevo, el hombre y la mujer no creían a sus ojos: bajo el cielo azul y puro,
estaban en medio de un lago inmenso. En medio de esas aguas flotaban los pumas que estaban
ahogados y transformados en estatuas de piedra.
Llamaron entonces al lago Titicaca, el lago de los pumas de piedra.
Fuente: [Link]
Karol Viviana Luna Zarama
Docente