HISTORIA DE LA ECONOMÍA
D esd e l o s g r ie g o s a l p e n s a m ie n t o
LATINOAMERICANO CONTEMPORÁNEO
Jaime Ornelas Delgado
Benemérita Universidad Autónom a de Puebla
Dirección de Fom ento Editorial
B enemérita U niversidad A u tònoma de P uebla
Enrique Agüera Ibáñez
Rector
José Ramón Eguíbar Cuenca
Secretario General
Lilia Codillo Ramírez
Vicerrectora de Extensión y Difusión de la Cultura
Verónica Yolanda Ayance Morales
Directora de ¡a Facultad de Economia
Carlos Conteras Cruz
Director de Fomento Editorial
Primera edición, 1994
ISBN: 968-863-135-3
Segunda edición, 2010
ISBN: 978-607-487-125-8
D. R. © Benemérita Universidad Autónoma de Puebla
Dirección de Fomento Editorial
2 Norte 1404
Teléfono: 2 46 85 59
Impreso y hecho en México
Printed and made in México
Í ndice
LOGO A LA PRIMERA EDICIÓN 11
LOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN 13
. L a economía política 15
Introducción 15
L as leyes económicas 21
L)r LA producción mercantil simple
A LA PRODUCCIÓN CAPITALISTA 23
El método de la economía política . 27
L L as primeras formas del pensamiento económico :
el esclavismo . G recia y roma 36
S urgimiento y desarrollo del esclavismo 36
G recia 39
Los pensadores griegos 43
Jenofonte 43
Platón . 48
Aristóteles 54
R oma 63
Los pensadores romanos 69
Mareo Poncio Catón, el Censor 69
Marco Terencio Parrón 72
Lucio Junio Modéralo Colurnela 74
I. L a economía y el pensamiento económico - social
DURANTE EL FEUDALISMO 78
S urgimiento del modo feudal de producción 78
C aracterísticas generales del feudalismo 83
El cristianismo y la Iglesia católica 89
Los pensadores feudales 96
Agustín de Ilipona 97
Tomás de Aquino 99
L as herejías 103
La escolástica 106
IV. D eclinación del feud a lism o y aparición
DE LAS PRIMERAS FORMAS DE PENSAMIENTO ECONÓMICO
DE LA BURGUESÍA I
D e c l in a c ió n del . f e u d a l is m o
E l m e r c a n tilism o
Thomas Aíim (1571-1641).
V Los FUNDADORES DE LA ECONOMÍA POLÍTICA I
A n tecedentes
William Pett}> (1625-1687)
La fisio c r a c ia
Antecedentes
LOS FISIÓCRArAS
Française Quesnay (1694-1774)
VL L a econom ía clásica I
A ntecedentes
Los eco n o m ista s c lá sic o s
Adam Smith (1723-1790)
Dinero, valor y precios
Teoría de las rentas
El salario
El beneficio
La renta agraria
Doctrina del capital
Los impuestos, teoría del Estado y la “mano invisible”
David Ricardo (1772-1823)
Teoría del valor
Teoría de la distribución
Teoría de la acumulación
Teoría de la dinámica económica
Vil. L a crítica de la econom ía po lít ic a .
L a t eo r ía económ ica y so cia l del marxismo 1i
L a situación de europa fn el surgimiento
del m arxism o (1810-1880) 1J
Carlos Marx (1818-1883) l<
Federico Engels (1820-1895) 2(
L a crítica de la economía política 2(
El capital. Critica de ¡a economía política 2(
El método en El capital 2(
La mercancía. L1 valor y el doble carácter del trabajo 212
Forma simple, concreta, del valor 214
Forma ampliada del valor y forma general del valor 215
De la forma general del valor a la forma dinero 216
Fetichismo de la mercancía 217
El proceso de cambio de las mercancías 218
Las funciones del dinero 219
El dinero como medida de valor 220
El dinero como medio de circulación 222
El dinero como medio de pago diferido 228
Dinero mundial 232
Transformación del dinero en capital 233
La plusvalía . 234
Cuota de plusvalía 237
VIadimir Ilich Uliánnv, lenin ( I 870-1921 ) 239
L a teoría del imperialismo 246
L a teoría leninista del E stado 248
Antecedentes 248
Poder de Estado y aparatos de Estado 251
El papel de la burocracia 257
L a economía después de marx 258
A spectos generales 258
Stanley Jevons ( 18 3 5 -1882) 262
L as distintas escuelas de la economía burguesa
EN EL ULTIMO TERCIO DEL SIGLO XIX 268
Antecedentes. Hennann Heinrich Gossen (1810-1858) 268
L a escuela austríaca : 272
Eugene ron Bóhm-Bawerk (1851-1919) 274
L a escuela matemática 279
L a escuela i hstórica 283
L a teoría económica de joiin maynard keynks 291
L as condiciones económico - sociai es
DEL MUNDO CAPITALISTA A PRINCIPIO DHL SIGLO XX 291
John Maynard Keynes: su vida y su obra 294
Situación de la teoría económica
hasta el momento de la aparición de la Teoría general 302
Las ideas centrales de las teorías clásica y neoclásica 302
La teoría general de la ocupación, el interés y el dinero 311
El principio de la demanda efectiva 317
La junción consumo 3-
Keynes y ¡a intervención del Estado 31
E l neoliberalismo 33
A ntecedentes 3:
La propuesta de Friedrich A. Hayek 3.
Frederich Hayeck 32
¿Cómo surge el neoliberalismo? 3.'
De cómo se impuso el neoliberalismo 3¿
¿Qué es el neoliberalismo? 3¿
1. Libre funcionamiento delmercado 3¿
2. Apertura comercial y Financiera 3¿
3. Privatizaciones 3¿
Efectos del neoliberalismo 3^
El Consenso de Washington 3¿
E l pensamiento económico latinoamericano 35
A ntecedentes 3í
L as teorías metropolitanas 31
Las etapas del desarrollo 3f
La teoría de los “polos de desarrollo " 3f
E l funcionalismo : el. desarrollo como participación
INSTITUCIONALIZADA 3"
LA PROPUESTA TEÓRICA DE LA COMISIÓN ECONÓMICA PARA AMÉRICA
LATINA (CEPAL) 31
I'ida y obra de Raúl Prebisch 31
La teoría del centro-periferia 31
LA ECONOMÍA POLÍTICA DEL POPULISMO 3í
E l marxismo latinoamericano 38
Vida y pensamiento de José Carlos Mariátegui 35
La teoría de la dependencia 35
E l neoliberalismo : la subordinación
AL CONSENSO DE WASHINGTON 35
B ib lio g r a fía 40
Historia de la economía
VI. L a ec o n o m ía c l á sic a
A ntecedentes
0 de la fisiocracia, aunque extraordinario, fue muy breve. Su
da duró más o menos cincuenta años.
La revolución política que se gestaba en Francia y la revolu-
idustrial en Inglaterra, muy pronto iban a significar una realidad
lista que la fisiocracia sería incapaz de explicar.
El primer país donde la corriente fisiócrata se vio superada
miente, es Inglaterra. Ahí, entre el último trabajo publicado en
le William Petty (1687) y la aparición de la obra cumbre de
Smith, La riqueza de las naciones (1776), trascurrieron 90
pero entre Le tablean econornique de Quesnay y La riqueza
• naciones apenas si pasaron 18. El capitalismo avanzaba a
ias aceleradas y sus ideólogos procuraban responder con la
1 celeridad al reto que el nuevo modo de producción les plan-
Así. la economía política como ciencia tuvo su cuna en los
os sociales, económicos, políticos e ideológicos que marcan el
mío de transición de la Europa occidental a la nueva era bur-
del capitalismo industrial.
El último cuarto del siglo xvm está lleno de sucesos que prego-
necesidad de fundar una nueva época en la organización eco-
:a y política de la sociedad, pero que también demandan nuevas
ilaciones teóricas que no sólo la fundamenten y expliquen, sino
iinbién contribuyan a su construcción.
De ahí que, tal y como señala Federico Engels (1945: 157):
Aunque brotase hacia finales del siglo xvn en unas cuantas
cabezas geniales, la economía política en sentido estricto, tal y
como la formulan positivamente los fisiócratas y Adam Smith,
es sustancial mente un fruto del siglo xvm, y figura entre las
149
Historia de la economía
VI. L a ec o n o m ía c l á sic a
A ntecedentes
El éxito de la fisiocracia, aunque extraordinario, fue muy breve. Su
vigencia duró más o menos cincuenta años.
La revolución política que se gestaba en Francia y la revolu
ción industrial en Inglaterra, muy pronto iban a significar una realidad
capitalista que la fisiocracia sería incapaz de explicar.
El primer país donde la corriente fisiócrata se vio superada
teóricamente, es Inglaterra. Ahí, entre el último trabajo publicado en
vida de William Petty (1687) y la aparición de la obra cumbre de
Adam Smith, La riqueza de las naciones (1776), trascurrieron 90
años, pero entre Le tablean economique de Quesnay y La riqueza
de las naciones apenas si pasaron 18. El capitalismo avanzaba a
marchas aceleradas y sus ideólogos procuraban responder con la
misma celeridad al reto que el nuevo modo de producción les plan
teaba.
Así, la economía política como ciencia tuvo su cuna en los
cambios sociales, económicos, políticos e ideológicos que marcan el
momento de transición de la Europa occidental a la nueva era bur
guesa del capitalismo industrial.
El último cuarto del siglo xviii está lleno de sucesos que prego
nan la necesidad de fundar una nueva época en la organización eco
nómica y política de la sociedad, pero que también demandan nuevas
formulaciones teóricas que no sólo la fundamenten y expliquen, sino
que también contribuyan a su construcción.
De ahí que, tal y como señala Federico Engels (1945: 157):
Aunque brotase hacia finales del siglo xvu en unas cuantas
cabezas geniales, la economía política en sentido estricto, tal y
como la formulan positivamente los fisiócratas y Adam Smith,
es sustancialmente un fruto del siglo xviii, y figura entre las
149
Jaime Ornelas Delgado
conquistas de los grandes racionalistas franceses de esa épo
ca, compartiendo todas las ventajas y todos los inconvenientes
de aquel tiempo.
En Europa, el centro de gravedad en lo económico, lo político
y lo social se desplaza definitivamente hacia el advenedizo “tercer
estado” —en Francia el capitalismo estaba a punto de establecer su
hegemonía— . En Inglaterra, la burguesía se había consolidado des
de mucho antes pero sus ideólogos, como Tilomas Mun o Sir William
Petty, se preocuparon mucho más por las cuestiones particulares de
la política gubernamental que por crear un sistema teórico acabado
que representara la imagen general que del sistema económico ha
bría de tener la burguesía.
Hacia el final del siglo x v iii surge una nueva fracción de la
burguesía, una clase de capitalistas industriales, cuya actividad y vi
sión del mundo eran francamente adversas a los intereses agrarios y
comerciales expresados en las ideas mercantilistas y fisiócratas. Así,
el enfrentamiento al seno de la propia burguesía estaba planteado
entre el atraso —representado por la agricultura y el comercio y
el avance que significaba el desarrollo de la actividad manufacturera.
Será en Francia, con Francoise Quesnay, donde aparece por
vez primera el concepto de sociedad económica como una totalidad
integrada. Pero, en realidad, lo que hicieron los fisiócratas franceses
fue bosquejar los perfiles los grandes parámetros que, posteriormen
te, fue llenando Adam Smith con su indagación a cerca del origen de
la riqueza de las naciones y que David Ricardo desarrolló espléndi
damente en su análisis sobre la distribución de la riqueza en la socie
dad capitalista (Dobb, 1959: 11).
En esos momentos, tanto Francia como Inglaterra vieron sur
gir una gran cantidad de fermentos de nuevas ideas que, oponiéndo
se al mundo mágico y de privilegios del feudalismo y a los obstáculos
que aparecían con la difícil transición del feudalismo al capitalismo,
se expresaban en el lenguaje de la nueva ciencia social que portaba
la burguesía emergente.
Así, frente al antiguo orden autoritario, con sus impuestos,
exceso de códigos, reglamentos y sanciones, se levantaba el con
cepto de un orden natural, cuya mano ordenadora era invisible y en
el que el hombre, rotos los yugos que lo oprimen, vuelve a la libertad
150
Historia de la economía
plena. Por último, y en definitiva oposición al orden feudal que no
terminaba de morir, la burguesía proclama que cualquier código, re
glamento o impuesto, sólo podría ser sancionado por la llamada “vo
luntad popular”, que al fin y al cabo no era otra sino la que imponía
la burguesía.
De esta manera, en contraposición al autoritario “derecho di
vino” se levantaba el “derecho natural” de los individuos y, particu
larmente en Francia, la burguesía presentaba un cúmulo de nuevas
ideas que no solamente ponían en duda “la autoridad de la Iglesia y la
utilidad de los privilegios aristocráticos”, es decir, a toda la superes
tructura ideológica y política del feudalismo, sino también a la estruc
tura económica que la sustentaba.
Fue en este cuadro de agudos conflictos sociales que se desa
rrolló el concepto de una sociedad económica nueva y, en muchos
sentidos, superior a la feudal; una sociedad económica que aún se
encontraba en germen y se modelaba dentro de un sistema de res
tricciones y prohibiciones estatales que, si bien al principio estimuló
su crecimiento y expansión, pronto se convirtieron en obstáculos que
detenían su desarrollo. En un principio, para enfrentar esta situación,
los fisiócratas acuñaron el laissez-faire, laissez-aller (dejar hacer,
dejar pasar).
Por su parte, los economistas ingleses, con Adam Smith a la
cabeza, empezaron por proclamar la imponente simetría de las fuer
zas económicas que tendrían que nacer si antes no se les ahogaba o
se les estrangulaba por medio de una antinatural intervención de or
ganismos o fuerzas ajenas a la economía, como podría ser el Estado.
Al respecto, un autor de esa época, citado por Harold Laski (1961:
149), en una carta resume de manera inequívoca la concepción que
proclamaba la naciente burguesía industrial de ese momento: “Por
que la libertad es la condición natural, y las restricciones, por lo con
trario, son un estado de coacción; devolviéndola, lodo vuelve a reco
brar su propio lugar, y todo está tranquilo, tan sólo con que los ladro
nes y asesinos sigan siendo aprehendidos”.
En estas circunstancias y con estas ideas tuvo su origen la
economía política; su enorme fuerza deriva de una franca apología
del individualismo burgués, en la que el Estado, según John Locke,
tiene como objetivo fundamental: “La protección de la propiedad, que
no se halla asegurada en el estado natural” (Pokrovsky, 1966: 187).
151
Jaime Ornelas Delgado
Esta nueva era, sin embargo, puede situarse cien años antes
de su definitiva aparición. Su inicio tiene un hecho muy significativo:
la sociedad de Mateo Bulton y James Watt, aquel un empresario
textil, el segundo un distinguido científico. Esta sociedad, emprendida
entre ambos en 1770, marca el comienzo de la unión entre el capital
industrial y la investigación científica. Según Harry Barnes (1965:
374): “Watt tuvo la suerte [sic] de incorporar al negocio, en 1769, a
Mateo Bulton [quien] aportó el apoyo financiero indispensable para
construir y vender con éxito las máquinas [que] hacia el 1800 eran
muy extensamente usadas para elevar agua y mover la nueva ma
quinaria textil”.
A partir de ese momento, la técnica y la ciencia colocan su
saber y su esfuerzo al servicio de la burguesía para la explotación del
trabajador asalariado.
Ahora bien, el capitalismo industrial es mucho más antiguo
que la revolución industrial. La política impuesta por los mercantilis-
tas empezó a decaer desde los años finales del siglo xvu y, por lo
menos en Inglaterra, la estructura política empieza a modificarse de
acuerdo con la economía antes de que la Revolución francesa
burguesa por excelencia— llevara su impulso liberal a toda Europa.
Es pues Inglaterra, el sitio donde el acelerado desarrollo de las fuer
zas productivas obliga a formular un esquema económico capaz de
explicar la necesidad del surgimiento de nuevas y más avanzadas
relaciones de producción y es así que, explica Marx en la Miseria de
la filosofía ( 1969: 119):
Los clásicos como Adam Smith y Ricardo, son representantes
de una burguesía que, luchando todavía con los restos de la
sociedad feudal, sólo pretenden depurar de manchas feudales
las relaciones económicas, aumentar las fuerzas productivas y
dar un nuevo impulso a la industria y el comercio.
En otras palabras, los representantes de la escuela clásica de
la economía tuvieron una tarea fundamental: mostrar cómo se des
envuelven las relaciones burguesas de producción; formular estas
relaciones mediante categorías y leyes científicas y, además, demos
trar que estas leyes y categorías referidas a la producción y circula
ción capitalista son, en todos los casos, no sólo superiores a las leyes
152
Historia de la economía
y categorías de la sociedad feudal, sino que también son eternas. Así,
pues, las relaciones establecidas por la escuela clásica de la econo
mía no se limitan a la idea de la “naturalidad”, es decir, a la objetivi
dad de las leyes económicas. Ricardo, por ejemplo, es el creador del
sistema de las categorías económicas que, según su propia opinión,
permiten reconocer plenamente el mecanismo de la reproducción
natural y ampliada del organismo económico.
Una de las críticas más abrumadores a la escuela clásica pro
viene de Calos Marx y Federico Engels, quienes advirtieron sobre la
concepción ahistórica, eternitaria y abstracta de las categorías del
sistema capitalista de esta escuela. De ahí que sea preciso historizar
tales categorías para poner en evidencia y comprender su naturale
za, relatividad y transitividad.
Los economistas clásicos, por la posición y situación histórica
en la que actuaron, llegaron a una conclusión básica; que las condi
ciones de producción capitalista son las condiciones eternas de toda
producción. No alcanzaron a comprender que esas condiciones se
encuentran históricamente determinadas y que, por lo tanto, son ca
tegorías transitorias correspondientes a un sólo periodo histórico. En
consecuencia, no pudieron tampoco ver, debido a su propia condición
de clase, que: “La economía política es una ciencia sustancialmente
histórica, la materia sobre la que versa es una materia histórica, es
decir, sujeta a cambio constante” (Engels, 1945: 153). Por supuesto,
de haberlo reconocido así. hubiera significado admitir la necesaria
desaparición del capitalismo, del cual ellos mismos eran precursores
ideológicos. Hubiera sido, en última instancia, atentar contra la su
pervivencia de su propia clase social: la burguesía.
La escuela clásica, que se inicia con William l’elty y culmina
con Adam Smith y David Ricardo, tiene el gran mérito de haber
puesto en orden el caótico estado en que se encontraba la investiga
ción económica. Pero, además, los economistas clásicos profundizan
en el conocimiento del mecanismo que rige a la sociedad capitalista
moderna. Su análisis, en conjunto revela con extremo rigor los princi
pios que rigen el funcionamiento, como un todo, del modo capitalista
de producción, así como el proceso histórico que lo produjo, cosa que
los mismos economistas clásicos no tomaron como punto de partida
para seguir haciendo la historia del sistema, hasta llegar a sus últimas
consecuencias, es decir, hasta su transformación total.
153
t
Jaime Ornelas Delgado
El elevado significado del sistema clásico, sin embargo, radica
en que por vez primera para la economía y para la historia y, en
general, para todos los fenómenos sociales, se reconocen leyes obje
tivas sujetas a ser explicadas mediante la investigación científica que
permite, también, elabora las categorías fundamentales para la expli
cación racional del fenómeno económico.
LOS ECONOMISTAS t I ÁSICOS
Acíam Smith (1723-1790)
Nace Adam Smith en Kircaldy, pequeña ciudad escocesa, el 5 de
junio de 1723 y muere el 17 de julio de 1790 en Edimburgo, capital de
Escocia.
En 1759 se publica la primera de sus obras que habría de darle
gran fama en vida: Teoría de los sentimientos morales; obra que
en realidad se compone de las notas que Smith elaboró para la pri
mera y segunda parte de su curso sobre filosofía moral que dictaba
en la Universidad de Glasgow. La tercera parte de ese curso consis
tía en el análisis de la justicia, y la última parte correspondía a las
prácticas económicas que habrían de permitir la mejor organización
interna del Estado y se dividía en las siguientes partes: ingresos, con
tribuciones, comercio, precios y cuestiones económicas en general.
Aun cuando mencionar esto parecería una mera e insustancial
anécdota, no lo es; y no lo es, en primer lugar, porque con esto se
muestra que la economía en esta etapa del capitalismo pertenecía a
la filosofía moral y, enseguida, porque, precisamente la obra cumbre
de Smith, Indagación acerca de la naturaleza y las causas del
origen de la riqueza de las naciones, publicada en 1776, se en
cuentra basada en la cuarta parte del curso de filosofía más oral, es
decir, que la ciencia económica aún no existía y su sitio se encontra
ba cerca de la razón ética y, precisamente, uno de los méritos de
Adam Smith fue el haber separado la economía de la moral.
La obra de Smith, más conocida por su nombre abreviado de
La riqueza de las naciones, describe en la introducción su plan de
desarrollo, compuesto por cinco libros y un total de 32 capítulos.27
154
Historia de la economia
Debido a su inclinación por el orden natural, a lo largo de todo el libro,
Smilh mantiene su profunda inclinación por la filosofía naturalista.
Sin embargo, el orden natural para Srnith no era otra cosa más que el
orden capitalista, que al ser considerado un fenómeno natural no te
nía relación alguna con el Estado, cuya intervención, en consecuen
cia, sólo obstaculizaba la marcha libre del orden natural de la econo
mía.
Mucho más difícil resulta determinar la influencia de la escue
la fisiócrata en Srnith, aunque es posible señalar que su naturalismo y
el problema del excedente lo hacen seguir un camino paralelo al de
los fisiócratas. Sobre todo, el sistema agrario smithiano refleja con
mayor claridad la influencia que sobre él ejerció la escuela fisiócrata.
La obra de Srnith, como se mencionó, está compuesta por cin
co libros. Los dos primeros contienen lo que tradicionalmente se co
noce como la “teoría económica”. El tercero tiene un estilo histórico
y describe los progresos de la civilización europea. El cuarto libro,
está dedicado al análisis crítico, tanto del mercantilismo como de la
fisiocracia. El quinto y último libro presta atención a la hacienda pú
blica y a sus ramificaciones, pero, sobre todo, expone la concepción
que la burguesía liberal adoptaría respecto del Estado y las limitacio
nes de éste para intervenir en el proceso de acumulación.
Desde el comienzo de su libro, Srnith deja en claro su posición
respecto al origen de la riqueza de la naciones. Para él:
La suma anual de trabajo en cada nación constituye el fondo
que la provee originariamente de todo lo que consume cada
año para atender a las necesidades o a las comodidades de la
vida, y que es siempre, o bien un producto inmediato a aquel
trabajo, o bien algo que con él se compra a otras naciones.
(Smilh, 1961:3)
Aquí, en un sólo párrafo, Srnith rompe definitivamente con la
tradición mercantilista que atribuía al comercio exterior ser la fuente
y el origen de la riqueza de la nación. Al mismo tiempo, Srnith se
27 La riqueza de tas naciones está dividida en once capítulos, el primer libro: cinco el
segundo; cuatro el tercero; nueve el cuarto; el quinto libro lo integran tres capítulos.
Jaime Ornelas Delgado
separa de los fisiócratas, que habían erigido su sistema sobre el su
puesto de que toda la riqueza procedía exclusivamente de las activi
dades extractivas y, particularmente, de la agricultura.
Aun así, el planteamiento resulta unilateral y, por tanto, no del
todo correcto. Con la agudeza que lo caracteriza, Marx en la Crítica
al Programa del Gotha (1966a) señala enfáticamente:
El trabajo no es la fuente de toda riqueza. La naturaleza es la
fuente de los valores de uso (¡que son los que verdaderamente
integran la riqueza material!) [...] lfn la medida en que el hom
bre se sitúa de antemano como propietario frente a la natura
leza, primera fuente de todos los medios y objetos de trabajo, y
la trata como posesión suya, su trabajo se convierte en fuente
de valores de uso, y por tanto, en fuente de riqueza.
En esta observación, Marx advierte la profunda relación exis
tente entre la producción y la naturaleza, que proporciona tanto los
medios como los objetos de trabajo, pero además, pone de relieve
que el trabajo es sólo y únicamente creador de riqueza en tanto tra
bajo social, es decir, en la sociedad y a través de ella.
Más adelante, Smitli plantea que “el fruto del trabajo colectivo
será la totalidad del producto social”. En este caso, el clásico pasa
por alto que el trabajo y su resultado, un producto de una determina
da magnitud, no hubieran sido posibles sin contar con los medios y
objetos de trabajo transmitidos de periodos de producción preceden
tes y que, por tanto, el “trabajo anual”, aunque crea riqueza, de nin
guna manera crea el producto total en un periodo determinado. En
otras palabras: el valor nuevamente creado en un lapso determinado
es inferior al valor del producto total creado en ese mismo lapso.
El no haber considerado el valor transmitido de periodos ante
riores en el valor de la riqueza creada en un lapso determinado, de
ninguna manera resta méritos a Smith, porque al señalar como la
única fuente de valor al trabajo, cuestión que desarrolla en el primer
libro de La riqueza de las naciones, avanza un buen trecho en la
elaboración de la concepción científica del fenómeno económico.
Dada la importancia que atribuye Smith al trabajo en la crea
ción de la riqueza, Smith dedica un buen número de páginas a con
vencer a los lectores de la necesidad de elevar racionalmente las
156
__________ ___ _____________________________________ Historia de la economía
condiciones en que se desempeñaba el trabajo en la industria manu
facturera.
En esta forma, Smith, para estudiar con mayor profundidad el
trabajo como fuente de riqueza para las naciones, divide el primer
libro en 11 capítulos, a lo largo de los cuales se ocupa, básicamente,
de tres cuestiones; la producción, el cambio y la distribución, a los
que ve como procesos que forman un todo único.
En los tres primeros capítulos de La riqueza de las naciones,
Smith profundiza sobre la división del trabajo y su importancia en la
producción. El punto crucial de toda esta parte descansa, no en sus
variadas versiones del principio y efecto de la división del trabajo,
sino en el papel principal que asigna al trabajo y a su proceso de
especialización en la elevación de la productividad, pero sobre todo
en la forma como concibió a la producción: como un todo.
Si la riqueza de una nación se basa en un producto, su produc
ción deberá aumentar de manera permanente y, para ello, nada me
jor que lograr una creciente productividad mediante la creciente divi-
sion del trabajo. Esta, afirma Smith, “hasta donde es posible implan
tarla, da lugar en todos los oficios a un aumento proporcional de su
capacidad productiva” (Smith, 1961: 10).
¿A qué se debe el aumento de la capacidad productiva como
consecuencia de la división del trabajo? Según Smith (1961: 12), exis
ten tres causas distintas para que esto suceda:
Primero, el aumento de la destreza de cada uno de los opera
rios; segunda, el ahorro del tiempo que suele perderse cuando
se cambia de una clase de tarea a otra distinta; y finalmente, a
la invención de gran número de máquinas que facilitan y abre
vian el trabajo, capacitando a un hombre para realizar la tarea
de muchos.
Como puede observarse, para Smith el problema es sencillo: la
prosperidad de la nación se sustenta en la abundancia de productos
disponibles, por lo tanto, es preciso elevar el monto de su producción.
Pero esa producción debe cambiarse entre las distintas clases socia
les y es precisamente el cambio lo que da origen a la división del
trabajo y ésta:
157
1
Jaime Ornelas Delgado
De la que se derivan tantas ventajas, no es fruto de una sabi
duría humana que haya previsto y proyectado esa riqueza ge
neral que produce. Es consecuencia obligada, aunque muy lenta
y gradual, de cierta tendencia de la naturaleza humana: la ten
dencia al trueque, a la permuta, al cambio de una cosa por otra
[Y es esa tendencia natural al trueque] la que dio primitiva
mente ocasión a la división del trabajo. (Smith, 1961: 17 y 18)
Ahora bien, si el cambio es el origen de la división del trabajo
su extensión y límites se encuentran determinados por las dimensio
nes del mercado, es decir, por la magnitud del proceso de distribu
ción. En este sentido, Smith (1961: 2 1) señala: “Si el mercado es muy
reducido, nadie puede sentir estímulo para dedicarse por completo a
una sola actividad, porque falta capacidad para permutar el sobrante
de la producción del propio trabajo”.
Smith, sin embargo, plantea el problema de la división del tra
bajo al margen de los rasgos específicos de las diferentes formacio
nes sociales. En principio, identifica la división social del trabajo que,
originada por el cambio, significa la existencia de la manufactura y la
agricultura. Más tarde, aplica esa misma idea a la división del trabajo
al interior de la manufactura, lo que es la división técnica del trabajo
que sólo aparece en el modo de producción capitalista. Así, en Smith
división social y técnica del trabajo se confunden y parecen ser cate
gorías iguálese históricamente identificables.
Dinero, valor y precios
Como la extensión de la división del trabajo depende, según Smith, de
las posibilidades de cambio del producto excedente, en el capítulo IV
del Primer Libro de La riqueza de las naciones, hace Smith un
breve y convencional resumen del origen y uso del dinero como ins
trumento de cambio. Al respecto, advierte Smith (1961: 29): “El dine
ro ha llegado a ser en todas las naciones civilizadas el instrumento
universal de comercio, con intervención del cual se compran y se
venden toda clase de artículos, o se intercambian unos por otros”.
Después de considerar el dinero como instrumento universal
de cambio, trata Smith de poner en claro las reglas que siguen los
158
Historia de la economia
hombres para el intercambio, reglas determinantes del “valor relativo
o de cambio de los productos”, según expresión del propio Adam
Smith, que distingue, desde este momento las diferencias entre el
valor de uso y el valor de cambio diciendo:
La palabra valor tiene dos sentidos distintos y algunas veces
expresa la utilidad de un determinado objeto y otras la capaci
dad que para la compra de otros artículos proporciona la pose
sión de ese objeto. Una de esas acepciones podría llamarse
“valor de uso”; la otra, “valor de cambio.” (Smith, 1961: 29)
Sin embargo, Smith no establece relación alguna entre ambos
tipos de valor y sólo señala que mientras unas cosas tienen un gran
valor de uso, el agua, por ejemplo, su valor de cambio es muy bajo.
En cambio, otros bienes, como los diamantes, presentan exactamen
te la situación inversa:
f
tienen un escaso valor de uso y muy elevado
valor de cambio. Esta es la llamada “paradoja de Smith”, que más
tarde vendría a resolver Carlos Marx.
En tales circunstancias de analisis, como el valor de uso no
guarda relación directa con las proporciones del cambio, Smith le
presta poca atención y dedica su esfuerzo más bien a explicar única
mente el valor de cambio. En este sentido, Smith continúa el desarro
llo de la teoría del valor trabajo enunciada inicialmente por William
Petty. señalando que el trabajo es, efectivamente, el fundamento del
valor y en el capítulo V del Libro Primero de La riqueza de las
naciones, referido a al precio real y al precio nominal de las mer
cancías, señala enfático: “ Parece, pues, evidente que el trabajo es la
única medida universal del valor, y también la única exacta, es decir,
el único patrón mediante el cual es posible comparar los valores de
los distintos artículos en todos los tiempos y en todos los lugares”
(Smith, 1961:37).
Más adelante, en le capítulo VI del mismo Libro Primero, titu
lado "Partes que integran el precio de las cosas” y que, de acuerdo
con Karataev (1964,1.1: 165), es donde “se manifiestan las principa
les contradicciones de todo su sistema económico, la mezcolanza del
análisis científico con la descripción de fenómenos superficiales”,
Smith advierte que el beneficio capitalista resulta de que los trabaja
dores aplican su trabajo a las materias primas que les proporcionan
159
Jaime Ornelas Delgado
los capitalistas, “con lo que el trabajo realizado en los mismos acre
cienta el valor de los materiales’'.
En esta parte aparece esbozada la generación de plusvalía en
el proceso de producción y su realización en el mercado, con lo cual
se aportan significativos elementos científicos para la economía. Sin
embargo, más adelante señala Smith (1961: 46-47):
Al cambiar el producto completo, ya sea por dinero, ya sea por
trabajo o por otros artículos, en cantidad superior a la que bas
ta para pagar el precio de los materiales y los salarios de los
obreros, es preciso que se entregue algo que constituya el be
neficio del empresario, que arriesga su capital en esta aventu
ra. Por consiguiente, el valor que la mano de obra agrega al de
los materiales se divide en este caso en dos partes, una de las
cuales sirve para pagar los salarios de los obreros, y la otra, el
beneficio de su patrono.
Para Smith, entonces, el beneficio del empresario es una parte
del valor agregado por el trabajo a los materiales. A pesar de esto,
Smith expresa más adelante que los beneficios del capital no derivan
del trabajo no remunerado al trabajador, o como parte del valor agre
gado por el trabajo a las materias primas; al contrario, señala Smith
(1961:48).
El valor real de las distintas partes integrantes del precio se
mide por la cantidad de trabajo que cada uno de ellos puede comprar
o puede disponer, el trabajo sirve de medida no sólo del valor de la
parte del precio que se resuelve en trabajo, sino también de la que se
resuelve en renta y de la que resulta en beneficios.
Así, cada factor de la producción el trabajo, el capital y la
tierra— reciben una remuneración de acuerdo a su aportación a la
creación del valor de la mercancía producida, con lo cual introduce
Smith el elemento vulgar de la economía y, aún más, se plantea que
el precio de los artículos se divide en diferentes clases de ingresos o
rentas, es decir: en el salario de los obreros, el beneficio de los capi
talistas y la renta del terrateniente:
En todas las sociedades explica Smith— el precio de los
artículos viene, en último término, a resolverse en una ti otra
160
Historia de la economia
de las partes que hemos dicho, o en las tres y en toda la socie
dad adelantada, esas tres partes entran, más o menos, como
integrantes del precio en la gran mayoría de las mercancías.
(Smith. 1961:48)
En este caso, el interés por el problema de la distribución del
ingreso se debe a la incomprensión por parte de Smith de que no es
el trabajo lo que vende el trabajador, sino una mercancía especial, la
fuerza de trabajo, cuya característica es reproducir su propio valor y
crear un plusvalor del que se apropia el capitalista. Así, Smith se
pregunta que si lo que el capitalista compra es el trabajo, ¿de dónde
surge el ingreso que se distribuye entre todas las demás clases socia
les? Y el propio Smith responde: del costo de producción, que debe
contener todos esos ingresos, para que al vender la mercancía, el
precio permita cubrir las remuneraciones a los factores: la renta a la
tierra, el salario al trabajo y el interés al capital.
Así. aparece la “teoría del costo de producción” que, con el tiempo,
habría de convertirse en la base de sustentación de la economía
neoclásica y que remite a la productividad marginal de cada factor para
determinar el precio, o remuneración, que le corresponde a cada uno
de ellos de acuerdo con su aportación a la producción de las mercancías.
Teoría de las rentas
Ya hemos visto la manera como Adam Smith señala la existencia de
tres tipos de renta, que corresponde a la división de la sociedad en
tres clases: los capitalistas, los terratenientes y los obreros, a quienes
les corresponde, respectivamente, el beneficio o ganancia, la renta
agraria y el salario. La suma de dichas rentas constituye el valor de
las mercancías que, entonces, deben venderse a su precio natural
que se establece de manera tal que pueda permitir obtener esas rentas:
Cuando el precio de un artículo no es superior ni inferior a lo
necesario para pagar la renta de la tierra, los salarios de la
mano de obra y los beneficios del capital invertido en cultivar
lo, prepararlo y llevarlo al mercado [...] el artículo se vende
por lo que podríamos decir su precio natural. (Smith, 1961: 53)
161
Jaime Ornelas Delgado
Allora veamos cómo aborda Adam Smith cada una de las rc-
muneraciones a los factores de la producción.
til salario
El salario, que constituye el ingreso de los trabajadores, es definido
por Smith como el pago por el trabajo. Ésta es una definición que no
di lerenda a! trabajo de la fuerza de trabajo. La conclusión de que los
salarios representan el pago al trabajo, significa que el capitalista no
explota al trabajador, pues sólo le paga el valor que aporta a la pro
ducción de las mercancías: “El producto del trabajo constituye su
recompensa natural, o sea, el salario de la mano de obra” (Smith,
1961:62).
En este caso, Smith no llega a comprender la existencia de
fuerza de trabajo, esa mercancía especial que durante la jornada de
trabajo genera, no sólo su propio valor, sino también un exceso de
valor y que el precio de la fuerza de trabajo no está determinado pol
los productos que con ella se obtienen, sino por los medios indispen
sables para la subsistencia y reproducción del trabajador, cosa que.
por otra parte, sí había logrado distinguir William Petty.
El beneficio
La teoría del beneficio representa un importante avance respecto de
los mercantilistas y los fisiócratas. Los primeros sólo reconocían el
beneficio comercial, mientras que los fisiócratas no reconocían el
beneficio como tal, sino como parte del salario que les corresponde a
los empresarios.
Smith, sin embargo, admitía que el beneficio se obtiene me
diante un descuento que se hace del producto del trabajo del obrero.
Por eso argumentaba que: “Los altos salarios de la mano de obra y
los altos beneficios del capital son cosas que quizá rara vez marchan
a la par” (Smith, 1961: 86-87).
De lo dicho por Smith se desprende que el beneficio, en su
concepto, se aproxima al concepto de plusvalía. Planteadas así las
cosas, la plusvalía se identifica con el beneficio y esto es un avance,
Historia de la economía
aunque sabemos que el beneficio del capitalista industrial es sólo
parte de la plusvalía, pues como señala Marx (1968. t. I: 474):
El capitalista que produce la plusvalía, es decir, que arranca
directamente a los obreros trabajo no retribuido, materializado
en mercancías, es del primero que se apropia de esta plusvalía,
pero no es, ni mucho menos, el último propietario de ella. Una
vez producida, tiene que repartirla con otros capitalistas. Por
tanto, la plusvalía se divide en varias partes correspondientes
a diferentes categorías de personas y reviste diversas formas,
tales como las de ganancia, interés, beneficio comercial, renta
de suelo, etcétera.
Así, donde Marx ve en las distintas formas de apropiación
capitalista transfiguraciones de la plusvalía, Adam Smith sólo ve re
muneraciones a los distintos factores de la producción (tierra, trabajo
y capital) que intervienen en el proceso productivo y que, por ello
mismo, deben ser renumerados sus servicios. Por ello, Smith pasa
del beneficio-plusvalía a la teoría vulgar del costo de producción, con
lo que cae de inmediato en la contradicción de señalar al beneficio
como la remuneración correspondiente al capital, lo cual no guarda
ya relación alguna con el producto del trabajo del obrero. En todo
caso, el beneficio considerado como parte del costo de producción
de la mercancía sólo guarda relación con el precio de la mercancía y
no con la explotación del trabajador.
La renta agraria
Aún más contradictoria es la concepción de Smith sobre la renta de
la tierra, de la que ofrece, por lo menos, cuatro explicaciones de su
origen. Primero se aproxima a su origen real cuando la caracteriza
como descuento del producto de los trabajadores agrícolas:
En cuanto la tierra se convierte en propiedad particular, de in
mediato el terrateniente exige una parte de casi todos los pro
ductos que el labrador puede cultivar o recoger de la misma. La
renta tic aquél viene a ser la primera deducción que se hace del
163
Jaime Ornelas Delgado
producto de la mano de obra empleada en trabajar la tierra. Rara
vez la persona que ara la tierra tiene medios para sustentarse a
sí misma hasta el momento en que recoge la cosecha. Por lo
general, le es adelantada la manutención sacándola del capital
de un amo, el granjero que lo emplea, y que ningún interés ten
dría en emplearlo, a menos que participase en el producto de su
trabajo, o que se le devolviese el capital con un beneficio. Este
beneficio viene a ser una segunda sustracción del producto de
la mano de obra empleada en trabajar la tierra. (Smith, 1961:63)
Esta definición de la renta es consecuente con la teoría del
valor trabajo. Pero posteriormente, señala que la renta es el “precio
que se abona por el uso de la tierra” (Smith, 19 6 1: 134) y con esto se
introduce el elemento vulgar del costo de producción al considerar a
la renta como el pago “natural" del trabajo y el beneficio del capital.
Después, Smith acepta que la renta es resultado de la produc
tividad tísica de la tierra y que la diferencia entre las productividades
es el origen de la renta y señala que “el terrateniente exige una renta
por lo que la industria humana es incapaz de mejorar” (Smith, 1961:
134). En este punto su separación respecto de la teoría del valor-
trabajo es definitiva.
Por último, Smith considera la renta como un aumento sobre el
precio del monopolio, pues la renta: “No guarda en modo alguno pro
porción con lo que el terrateniente haya podido gastar en la mejora
de sus tierras, sino con lo que el cultivador puede permitirse pagarle”
(Smith, 1961: 135).
El hecho de que Smith, como se ha visto, definiera de varias
maneras la renta y su origen, revela su absoluta inconsistencia en el
análisis de esta cuestión, además de proporcionar los elementos bá
sicos para el ulterior desarrollo de la economía vulgar.
Doctrina del eapital
En realidad, Adam Smith no loma como centro de su análisis al capi
tal; reconoce que el trabajo es la fuente de toda la riqueza y conside
ra al capital sólo como el motor necesario para poner en movimiento
al trabajo.
164
Historia ile la economia
AI definir al capital como medio de producción en el que hay
acumulado trabajo, Smith parte de la teoría del valor-trabajo y reco
noce que: “Es indispensable tener almacenada previamente una can
tidad de artículos de todas clases que basten para mantener al que
trabaja, suministrándole también las materias primas y herramientas
con las que realiza su labor” (Smith, 1961: 135). Posteriormente, sin
embargo, nuevamente se contradice cuando concluye que el capital
es el origen mismo del beneficio, como el trabajo lo es del salario y la
tierra de la renta. Así, Smith establece las dos maneras como puede
emplearse un capital para que rinda un ingreso o beneficio:
Primero, puede emplearse en producir, elaborar, comprar artí
culos y en venderlos otra vez con un beneficio. Segundo, pue
de emplearse en la mejora de la tierra, en la compra de máqui
nas y herramientas para la industria o en artículos capaces de
rendir un beneficio o producir un ingreso sin cambiar de dueño
o sin circular más.
Capital circulante y capital fijo llama Smith a cada una de es
tas formas que, según él, permiten obtener un ingreso a los capitalis
tas. De esta manera, Smith abandona sus primeras posiciones cien
tíficas para abonar las explicaciones vulgares de los fenómenos eco
nómicos.
Adam Smith, sin embargo, tiene el mérito de apuntar el hecho
real de que la renta del suelo, al igual que la ganancia, es parte de la
plusvalía, es decir, una deducción hecha sobre el valor que el trabajo
de los obreros añade a las materias primas; es. por consiguiente, una
deducción hecha sobre la ganancia, en la medida que el capitalista se
apropia directamente de todo el trabajo sobrante que excede el valor
de la fuerza de trabajo. Lo que Smith no resuelve en este caso es en
virtud de qué títulos el capitalista deberá repartir esta plusvalía entre
los demás propietarios de medios de producción, esto es, con el te
rrateniente. al que deberá pagarle la renta, y con el propietario del
capital, al que habrá de cubrir el interés. Esto sería resuelto más
tarde por Carlos Marx.
165
Jaime Ornelas Delgado
Los impuestos, teoría del Estado y la “mano invisible’
En el libro quinto de la Riqueza de las naciones, titulado “Ingresos
del soberano o de la comunidad”, dividido en dos secciones: “Gastos
del soberano o de la comunidad” y “Fuentes de ingresos generales o
públicos de la sociedad”, se contiene la teoría de los impuestos que
desarrolla Adam Smith en razón de la idea que tiene de la actividad
del gobierno en la economía.
Como hombre de su siglo, Adam Smith recoge y plasma en su
obra una preocupación subyacente entre los economistas de su tiem
po y que servirá de inspiración y sustento ideológico de la teoría
subjetiva del valor y la economía: la noción del provecho individual
—el egoísmo— como fuerza conductora de la economía.
Al respecto, desde las primeras páginas de La riqueza de las
naciones, Smith señala enfático:
No esperamos nuestra comida de la benevolencia del carnice
ro, del cervecero o del panadero; la esperamos del cuidado
que ellos tienen de su propio interés. No nos dirigimos a su
sentimiento humanitario, sino a su egoísmo, y jamás les habla
mos de nuestras necesidades, sino ele las ventajas que ellos
lograrán. (Smith, 1961: 18)
De este modo, tal y como advierte Maurice Dobb (1976: 53):
“A partir de allí se modeló la concepción general de un sistema eco
nómico, propulsado por un ímpetu propio y la idea de que su movi
miento estaba conformado por leyes económicas específicas”.
La propuesta de un mecanismo dentro de los hombres que
oriente su acción económica (el provecho individual), que implica el
ejercicio de la “libertad individual”, resultaba incompatible con la in
jerencia del gobierno, el soberano o cualquier otra autoridad, lo cual
fue, en el siglo xvin, una innovación crucial en el pensamiento bur
gués respecto de la sociedad y, en forma esencial, el fortalecimiento
de la creencia ideológica de la existencia de derechos naturales a la
propiedad y a la vida.
En esta visión se proclama la existencia de un cuerpo de “de
rechos del hombre” anteriores a la existencia del Estado y, por tanto,
naturales, que si hace falta deben prevalecer frente al Estado. Para
166
Historia de la economia
expresarlo en términos más cercanos a la economía, podemos decir
que el “derecho natural" implica una restricción de las funciones del
gobierno, en interés de la libertad del individuo" (Ekelund y Henert,
1993:107).
Pero lo asombrosamente nuevo en el “principio de la libertad
natural" de Smith, es la afirmación empírica de que “la libre interacción
de los individuos no produce caos, sino un modelo metódico que esta
lógicamente determinado”. De esta manera el contenido real de éste,
así llamado orden natural, era el de permitir que: “Cadahombre, en tan
to observe las reglas de justicia, persiga su propio interés a su manera,
aportando su propio trabajo y su capital a la más libre de las competen
cias juntamente con los de sus conciudadanos” (Dobb, 1976: 54).
Planteado el hecho de que el Estado no es necesario en la
economía, pues obstruiría la “libertad individual” como derecho so
cial. Smith procede a establecer cuáles son las tareas del gobierno:
De acuerdo con el sistema de libertad natural, el soberano sólo
tiene que atender a tres obligaciones, que son, sin duda, de
grandísima importancia, pero que se hallan al alcance y a la
comprensión de una inteligencia corriente: primera, la obliga
ción de proteger a la sociedad de la violencia y de la invasión
de otras sociedades independientes; segunda, la obligación de
proteger hasta donde eso es posible, a cada uno de los miem
bros de la sociedad de la injusticia y de la opresión que puedan
recibir de otros miembros de la misma, es decir, la obligación
de establecer una exacta administración de la justicia; y terce
ra, la obligación de realizar y conservar determinadas obras
públicas y determinadas instituciones públicas, cuya realiza
ción y mantenimiento no pueden ser nunca de interés para un
individuo particular o para un pequeño número de individuos,
porque el beneficio de las mismas no podría nunca rembolsar
de su gasto a ningún individuo particular o a ningún pequeño
grupo de individuos, aunque con frecuencia reembolsan con
gran exceso a una gran sociedad. (Smith, 1961: 6 0 1-602)
Estado gendarme, pues, como se le conoce a este Estado, redu
cido a evitar la violencia interna en la sociedad, protegerla de las ace
chanzas del exterior y realizar las obras públicas y sostener instituciones
167
Jaime Ornelas Delgado
que sean necesarias pero que, por no permitir ganancias, no son atrac
tivas para los inversionistas privados que sólo persiguen el lucro.
Una concepción así del Estado, marginado de la actividad eco
nómica, exige entonces explicar cómo funciona la economía y, para
el efecto, Smith recurre al orden natural; esto es, a considerar que la
economía tiende naturalmente al equilibrio cuando “cada uno busca
únicamente su propia ganancia, y en éste, como en otros muchos
casos, una mano invisible lo lleva a fomentar una finalidad que no
entraba en sus propósitos” (Smith, 1961:395), como el equilibrio eco
nómico o el bienestar de todos los miembros de la sociedad.
De esta manera, el mercado habrá de proveer lo necesario a
la población sin que el gobierno necesite intervenir en ello: “Estamos
muy seguros -dice Smith de que la libertad de comercio nos pro
porcionará siempre el vino que necesitamos, sin que el gobierno se
preocupe de ello” (Smith, 1961: 377).
Finalmente, podemos decir que por sus aportaciones a la cons
trucción científica de la economía. Adam Smith es reconocido como
uno de los máximos exponentes de la escuela clásica de la economía
que considera a la economía, más que como una ciencia social, como
una ciencia natural y, tanto sus discípulos, como sus críticos, se han
basado en sus propuestas para hacer sus propias elaboraciones. Tam
bién se le reconoce como el creador de las categorías que causaron
controversias entre la economía política marxista y el marginalismo.
David Ricardo (1772-1823)
Sería David Ricardo quien llevaría la obra iniciada por Adam Smith
todo lo lejos posible (Karataev, 1964, t. I: 189). Ricardo condujo a la
economía política más allá del estado en que la encontró cuando
empezó a teorizar sobre ella. Sin embargo, sus aportaciones no fue
ron aceptadas tan fácilmente como podría suponerse, dada su cali
dad científica.
Autores como Jevons llegaron a afirmar que Ricardo dio un
giro erróneo a la investigación económica, y el norteamericano Ca
rey consideró a los Principios, la obra de Ricardo, como fuente de
inspiración de agitadores y perturbadores de la sociedad: “El sistema
de Ricardo —dice Carey- es un sistema de discordia. Tiende a
168
Historia tic la economía
sembrar la hostilidad entre las clases y las naciones. Su libro es el
verdadero manual de los demagogos que aspiran a conquistar el po
der mediante la confiscación de la tierra, mediante la guerra y el
saqueo” (citado por Marx, 1965, t. I: 229).
Iíubo también opiniones racistas emprendidas contra Ricardo,
intentando relacionarlo con “la gran conjura judía” que siempre ha
preocupado a la derecha. Es el caso del economista norteamericano
A. Cray, quien llegó a decir que la obra de Ricardo es “la producción
de un agente de bolsa judío y analfabeto”.
Dichos comentarios, sin embargo, son producto del odio que
los ideólogos burgueses sienten hoy por la ciencia que pone al descu
bierto los mecanismos mediante los cuales se somete a los trabaja
dores a la explotación. Son expresiones derivadas de la desespera
ción que sienten quienes cada vez encuentran menos argumentos
para justificar un sistema de miseria, explotación, trabajo enajenado,
exclusión y represión.
David Ricardo nació en Londres en 1772. fue el tercer hijo de
un judío emigrado de Holanda que había hecho fortuna como comer
ciante y comisionista. Ricardo, desde muy joven mostró una gran
capacidad para los negocios de la bolsa de valores. Tal era su talento
en dichas cuestiones, que desde los 25 años de edad se convirtió en
uno de los millonarios más conocidos de Inglaterra. Ricardo, a los 21
años abjuró del judaismo y se convirtió al cristianismo. No obstante,
su origen religioso originó múltiples comentarios racistas y perversos
que, sin duda, han influido en la interpretación de su obra.
Así, historiadores burgueses de las doctrinas económicas, como
Rene Gonnard (1967: 3 10) han dicho de él y su obra lo siguiente:
No es indiferente consignar el origen hebreo de Ricardo,
sobre todo si se le compara con Carlos Marx. El teorizante
más riguroso de la escuela liberal — Ricardo— y el del co
lectivismo Marx— , se parecen extraordinariamente por el
rumbo de su inteligencia. A pesar de la contradicción de sus
conclusiones, marcan sus doctrinas la misma influencia éti
ca; los dos son lógicos implacables, dialécticos que constru
yen con el razonamiento una dramaturgia económica abs
tracta. silogista. Iguales son en ambos la manera de concebir
y de platear los problemas, las aspiraciones al rigor científico,
169
Historia de la economía
Banco de Inglaterra el banco central de la obligación del pago
de sus valores en monda metálica, es decir, que los billetes emitidos
por el Banco de Inglaterra dejaron de ser convertibles en metales
preciosos, eran inconvertibles. Esto trajo la desvalorización del pa
pel moneda y el consiguiente aumento de los precios de todas las
mercancías.
De éste, su primer artículo económico, llama la atención el
método poco usual de razonamiento seguido por Ricardo, mediante
el cual demostró que no se había elevado el valor del oro, sino que
más bien se había depreciado el papel moneda. De ahí que, para
terminar con la inflación, Ricardo sugiera volver al antiguo sistema
de circulación fiduciaria de convertibilidad absoluta del papel momeada
y propone, además, que el Banco de Inglaterra retirara gradualmen
te de la circulación la cantidad necesaria de papel moneda para ga
rantizar la estabilidad de los precios.
A partir de ese momento, Ricardo penetró cada vez en forma
más aguda y perspicaz en el funcionamiento del capitalismo y sentó,
en muchos casos, las bases para descubrir las leyes fundamentales
de la estructura económica de este modo de producción, leyes que.
sin embargo, él mismo jamás llegó determinar cabalmente.
Fin realidad, hasta la aparición en 1815 de su obra Ensayo
sobre la impacto de los precios bajos de los cereales sobre las
utilidades del capital, Ricardo mantuvo su interés principal en las
cuestiones monetarias. En cambio, en este ensayo, Ricardo apunta
ya las ideas centrales de su doctrina, que más adelante sistematizaría
en su obra principal, publicada en 1817: Principios de economía
política y tributación.
En el ensayo mencionado, Ricardo incorpora su teoría de las
utilidades asociándola a la teoría de la renta de Tilomas Robert
Maltluis, de quien Ricardo se declara ferviente admirador y segui
dor2* y, en cambio, refuta al pastor anglicano sus argumentos
2X En la introducción a su Ensayo sobre los utilidades, escribe Ricardo (1960 3): I n
las páginas siguientes se exponen los principios que regulan la renta, y difieren en
grado muy ligero de los que tan completa e inteligentemente ha expresado el señor
Malillas en su última y excelente publicación (Investigación sobre la naturaleza r
el aumento de la renta. Londres 1815), con la que tengo contratada una gran
deuda” .
171
Jaime Ornelas Delgado
la afectación de prescindir del punto de vista ¿tico y senti
mental, la predilección por el método deductivo (confesada o
disimulada), la aplicación de este método a premisas hipoté
ticas dudosas, la excesiva confianza en los resultados obte
nidos así. En suma, los dos fueron inteligencias poderosas y
falsas, extrañas al realismo sano.
Si bien el odio mostrado en estas líneas en contra de Marx es
fácilmente comprensible, ¿por qué Gonnard, historiador burgués de
las doctrinas económicas, muestra este mismo enfermizo repudio por
Ricardo, que es un economista burgués? La razón puede encontrase
en lo que más adelante afirma el propio Gonnard (1967: 310): “La
afinidad oculta de los dos espíritus, de las dos doctrinas se demuestra
con el hecho de las teorías ricardistas, aunque son expresiones de
liberalismo han sido recogidas casi sin excepción y utilizadas con
gran éxito por el colectivismo”.
Como puede observarse, lo que los economistas como Gonnard
no le perdonan a Ricardo, es el hecho de que sus investigaciones y
los jalones que sus investigaciones le dieron a la economía científica
hayan culminado en el marxismo. La línea de continuidad científica
entre Marx y Ricardo es para gentes como Gonnard, una especie de
conjura judía contra la sociedad capitalista, liberal y cristiana.
En el mismo sentido otros economistas, como el ya menciona
do Carey, reclaman a Ricardo que sus investigaciones sobre el desa
rrollo histórico del capitalismo hasta descubrir sus raíces conduzcan
al comunismo. Incluso, Carey acusa a Ricardo de ser “el padre del
comunismo”.
David Ricardo desplegó su actividad intelectual en el primer
cuarto del siglo xtx, época que coincide con la profunda transforma
ción que experimentaba el capitalismo inglés.
En efecto, como fruto de la Revolución industrial Inglaterra
ocupa, en ese momento, la cúspide del desarrollo industrial capita
lista. Ricardo, que entre paréntesis nunca tuvo estudios formales de
economía, sino que en esta materia fue autodidacta, publicó en 1808
su primer trabajo económico titulado: El elevado precio de los
metales preciosos es una prueba de la depreciación de los bi
lletes de banco. En este opúsculo, Ricardo se manifestó contra la
política seguida por el gobierno inglés que, en 1797, había eximido al
170
Jaime Ornelas Delgado
proteccionistas, en tanto que sólo favorecen a los terratenientes, y
señala su preocupación por el hecho de que se permita que los inte
reses de una sola clase social impidan el progreso y la riqueza de la
población, ya que, apunta Ricardo ( 1960: 27):
Si los intereses de los terratenientes fueran de suficiente im
portancia para determinarnos a no aprovechamos de todos los
beneficios que resultarían de importar grano a precios más
bajos, también debería movernos a rechazar todos los progre
sos de la agricultura y de los instrumentos de labranza ya que
esos progresos abaratan el cereal, de modo que, para ser con
secuentes, con una misma ley detengamos el progreso y pro
hibamos la importación.
Ya en su obra cumbre, Principios de economía política y
tribulación, los postulados científicos se mezclan y confunden cons
tantemente con las cuestiones prácticas de actualidad en ese mo
mento. Por tal razón, no todos los 32 capítulos de la obra tienen el
mismo valor para la economía. En realidad, la teoría de Ricardo que
da expuesta en los primeros seis capítulos y de ellos sólo los dos
primeros tienen alto significado teórico, ya que con la agudeza que lo
caracteriza hace una breve semblanza de la economía y presenta al
régimen de producción subordinado a una ley fundamental: aquella
que explica la determinación del valor por el tiempo de trabajo nece
sario. En este sentido, tal y como señala Marx en su Historia crítica
de la teoría de la plusvalía (1965, t. I: 230-231): “Toda la doctrina
de Ricardo se halla contenida en los dos primeros capítulos. En ellos,
los procesos desarrollados por la economía política se cotejan con el
principio que les sirve de base, con la determinación del valor”.
Y .si bien Ricardo dedica al análisis del valor el más largo de
sus capítulos, esto no significa que olvidara el problema de la distri
bución. Ya en el prefacio de los Principios afirma que todo el pro
ducto se divide entre las tres clases que forman la sociedad (obreros,
terratenientes y capitalistas) y “la determinación de las leyes que
rigen esta distribución es el problema primordial de la economía polí
tica” (Ricardo, 1959: 11). Incluso, en este mismo pasaje, llega a afir
mar que en lugar de considerar la economía como “investigación de
la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones”, tal y como
172
Historia de la economia
lo hace Adam Smith, más bien debería considerarse: “ La investiga
ción de las leyes que determinan la división del producto de la indus
tria entre las clases que concurren a su formación1'.
Esta definición propuesta por Ricardo, da a la economía un
carácter más cercano a su condición de ciencia, ya que se refiere a
la objetividad existencia al margen de la conciencia— de las leyes
de la economía y las considera el objeto de estudio de los economistas.
Ahora bien, siguiendo con el análisis de su obra, se puede de
cir que la estructura de los Principios, posterior a los primeros seis
capítulos, es sumamente confusa, debido a “la endeblez científica de
su modo” (Marx, 1965,1.1: 229). Así, por ejemplo, el capítulo vn está
dedicado al comercio en el extranjero; del capítulo VIH al XVIII. el
interés se centra en la tributación, en el capítulo XIX vuelve a los
problemas del comercio exterior y en el capítulo XX trata del valor y
la riqueza, así como de sus propiedades características.
A su vez, el capítulo xxi lo dedica a señalar la influencia que
tienen la acumulación sobre el interés y el beneficio. En el XXII
vuelve al comercio y a los impuestos, y lo denomina “Primas a la
exportación y prohibiciones a la importación”. AI capítulo siguiente,
lo denomina: “Primas sobre la producción”.
En el capitulo XXIV, inexplicablemente Ricardo vuele a discu
tir las ideas de Adam Smith sobre la renta agraria; de los capítulos
XXV al XXXI se abordan los más diversos temas, tales como el
comercio colonial y el valor comparativo del oro, la plata, el trigo y el
trabajo de las máquinas, y. nuevamente, trata sobre los impuestos
pagados por el productor. En el último capítulo, el XXXII, Ricardo se
dedica a exponer sus diferencias con Malthus respecto de la renta
agraria. Todo esto hizo que Sénior,2Q economista vinculado con las
altas esleías del poder inglés, considerara a Ricardo: “el escritor
más imperfecto de cuantos han alcanzado la celebridad filosófica”
((ionnard, 1967: 310).
24 William Nassau Sénior (1790-1804). economista ingles, contemporáneo de David
Ricardo, nace el mismo año en que muere Adam Smith. Hijo de un párroco rural, se
licenció de abogado en 1811 en la Universidad de Oxford, de la que en 1825 fue
nombrado profesor de economía política. De 1850 a 1847 suspendió sgs activida
des académicas y se incorporó al gobierno inglés, llevando a cabo diversas comisio
nes. en las que defendió el libre comercio, enfrentó al movimiento obrero y pugnó
por una legislación fabril que beneficiara a los patrones, fin 1856 ingresó a la
Cancillería donde dirigió diversas comisiones.
173
Jaime Ornelas Delgado
Ricardo parte de la teoría del valor y, como señala Eric Roll
(1967: 162): “Vista la ausencia de un plan lógico, parece conveniente
exponer la teoría de Ricardo bajo los siguientes epígrafes: primero,
teoría del valor; segundo, teoría de los salarios, las utilidades y la
renta; tercero, teoría de la acumulación; y por último, teoría de la*I
En sus principales obras, Principios fundamentales de la economía política
( 1836) y Cartas acerca de la legislación /abril (1837), expresó sus ideas sobre el
método de la economía política, a la que consideró una ciencia puramente deductiva.
Por sus ideas sobre el m étodo, diversos historiadores de las doctrinas económicas
ubican a Sénior entre los fundadores de la econom ía pura (Seldon y Pennancc,
1983: 501).
En la prim era de las obras m encionadas, S énior expone su teoría de la
ganancia y los salarios, denominada "teoría de la abstinencia de los capitalistas y
los obreros.”, derivada de la observación de Adam Smilh de que la acumulación del
capital es resultado de la abstinencia de los capitalistas (Karataev, 1964. t. I: 234).
I a abstinencia, enfatiza Sénior, es la principal “ fuerza motriz del progreso econó
mico"; los capitalistas se abstienen del em pleo im productivo de su capital para
invertirlo en la creación de fábricas, ofreciendo empleo a los trabajadores, que por
su parte se "abstienen del sosiego y el reposo, entregándose al trabajo en las
fábricas de los capitalistas”. De esta manera, toda la vida económica, afirma Sénior,
se mueve por una mutua abstinencia, la de los capitalistas y la de los trabajadores.
Esto perm ite a los em presarios obtener una recom pensa por la abstinencia del
capitalista, igual que el salario lo es por la abstinencia del obrero. Los capitalistas
son, entonces, quienes renuncian al em pleo im productivo del capital y, por ello
percibe una recom pensa en forma de ganancia que se descom pone en la renta
empresarial y el interés del capital.
En las Cartas acerca de la legislación /abril, Sénior concluye que no era
conveniente im plantar una legislación fabril beneficiosa para los obreros si esto
desalentaba la inversión, en tanto disminuyera la actividad de abstinencia del capi
tal Por su parte, creía que el salario, como recom pensa por el trabajo, tiene dos
límites: el límite inferior del salario del obrero como el valor del mínimo de los
medios necesarios para su existencia, mientras que el limite máximo lo constituía
el fondo de salarios obtenido como resultado de la “abstinencia del capitalista”.
Finalmente, cuando los trabajadores en Inglaterra demandaron la reducción
ile la jornada laboral de 12 a 10 horas. Sénior, defendiendo los intereses empresa
riales. intentó mostrar las razones por las cuales no se podía conceder ese derecho,
ya que la ganancia neta del capitalista provenía de la última hora de la jornada de
trabajo, ya que en las prim eras horas se reponen las pérdidas del capital por los
edificios, máquinas, materias primas y salarios, mientas que sólo en la ultima hora
se crea la ganancia. De esta manera, si la jornada se reducía en una hora, desapare
cería la ganancia neta, y si se reducía en dos horas, no habría ni siquiera ganancia
bruta y, en consecuencia, desparecerían también los incentivos para invertir.
Sénior es uno de esos economistas que. concentrados en la coyuntura econó
mica, resultaron incapaces de trascender su tiempo y son recordados, apenas, poi
alguna cita que de ellos hace Marx en sus obras
174
Historia de la economía
evolución económica”. Por nuestra parte, seguiremos en la siguiente
exposición el orden propuesto por Eric RolI, ya que en realidad elimi
na aquello que tenía vigencia cotidiana en el momento en que se
escribió y permite abordar lo esencial de sus aportaciones teóricas
que no fueron menores.
Teoría del valor
Ricardo logró diferenciar teóricamente el valor de uso del valor de
cambio para apegarse a este último y preguntarse cuál es su origen y
medida. F.l desarrollo de esta problemática es lo que quizá constituye
uno de los méritos científicos más señalados en Ricardo. Y para ser
consecuente, comienza su exposición sobre la teoría del valor con la
crítica a Adam Smith, quien confundió el trabajo que se emplea en la
producción de una mercancía con el trabajo que se compra con ella,
es decir, confunde el trabajo social con la fuerza de trabajo:
Adam Smith, quien definió de manera tan precisa la fuente
original del valor de cambio y que con tanta constancia iba a
sostener que todas las cosas se vuelven más o menos valiosas
en proporción a que se empleara más o menos trabajo en su
producción —, intuyó también otro patrón de medida del valor,
y habla de cosas que son más o menos valiosas, según se cam
bien por una cantidad mayor o menor de dicha medida normal.
Unas veces habla de los cereales, otras veces del trabajo como
medida normal; no la cantidad de trabajo empleada en la pro
ducción de cualquier objeto, sino la cantidad que pueda ejercer
su capacidad adquisitiva en el mercado; como si ambas fueran
expresiones equivalentes y como si, debido a que el trabajo de
un hombre se ha hecho doblemente eficiente y él pudiera pro
ducir en consecuencia doble cantidad de un bien, tuviese que
recibir a cambio de éste, el doble de la cantidad que antes
recibía. (Ricardo. 1959; II)
Al refutar Ricardo a Smith, expresa al mismo tiempo una ley
fundamental de la economía, de acuerdo con la cual “el valor de
cambio de las mercancías es directamente proporcional a la cantidad
175
Jaime Ornelas Delgado
de trabajo empleado en su producción c inversamente proporcional a
la fuerza productiva de este trabajo” (Karataev, 1964, t. I: 200).
Además de ello, al distinguir entre el valor y el valor de cambio
descubre que el primero, o sea el valor, es la expresión del tiempo de
trabajo empleado en la producción de una mercancía y el segundo,
es decir, el valor de cambio, es la relación de intercambio entre dos
mercancías. No logra, sin embargo, establecer la relación existente
entre ambos; no llegó jamás al señalamiento de que el valor de cam
bio es sólo una forma de valor. En su caso, para Ricardo el valor de
cambio parece ser algo meramente fortuito, circunstancial, ya que
esa relación entre las mercancías se da en el mercado y, por tanto, la
proporción del cambio dependerá en un caso y otro de la abundancia
o escasez de la misma mercancía y no de su valor. Ricardo (1959:
71), expresa esta idea de la siguiente manera: “Por poseer utilidad,
los bienes obtienen su valor de cambio de dos fuentes: de su escasez
y de la cantidad de trabajo requerida para obtenerlos”.
De cualquier manera, esta limitación no podemos atribuirla a
Ricardo sino a la concepción que su propia clase, la burguesía, tiene
sobre el sistema económico capitalista. Sólo la economía marxista
fue capaz de resolver científicamente el problema de la determina
ción del valor mediante el trabajo. En efecto, a partir de su análisis de
la mercancía como célula elemental de la sociedad capitalista, Car
los Marx pudo demostrar que en toda economía mercantil, el trabajo
se refleja inevitablemente en el valor de la mercancía y la duración
del mismo determina la magnitud del valor.
Marx llegará a descubrir y exponer en El capital, la razón pol
la cual la economía política burguesa no puede llevar a cabo un aná
lisis científico del valor de cambio. Dice Marx (1968: t. I: 45, n. 35):
Uno de los defectos fundamentales de la economía política
clásica, es el no haber conseguido jamás desentrañar del aná
lisis de la mercancía, y más específicamente del valor de ésta,
la forma del valor que la convierte en valor de cambio. Preci
samente en la persona de sus mejores representantes, como
Adam Smith y Ricardo, estudia la forma del valor como algo
perfectamente indiferente o exterior a la propia naturaleza de
la mercancía. La razón de esto [es que] la forma de valor que
reviste el producto del trabajo es la forma más abstracta y, al
176
Historia de la economia
mismo tiempo, la más general del régimen burgués de produc
ción, caracterizado así como una modalidad específica de pro
ducción social y a la par. y por ello mismo, como una modali
dad histórica. Por tanto, quien vea en ella la forma natural
eterna de la producción social pasará por alto, necesariamen
te, lo que hay de específico en la forma del valor y, por consi
guiente, en la forma mercancía que, al desarrollarse, conduce
a la forma dinero, a la forma capital, etcétera.
Esto es precisamente lo que pasó por alto David Ricardo y de
ahí también su insuficiencia al analizar el valor.
Teoría de la distribución
Las limitaciones de Ricardo, derivadas de su análisis del valor, se
ponen de relieve en su teoría sobre la distribución, a la que incluso le
presta la mayor atención. El problema que ante sí creía tener Ricar
do, era el de la determinación de las proporciones en que debía
distribuirse el ingreso nacional entre las tres clases sociales que. se
gún él, integran a la nación: los terratenientes propietarios de la tie
rra. los trabajadores y los capitalistas dueños del capital. Así, pues,
Ricardo se interesaba sólo en la magnitud de estas formas de renta o
ingreso y de la relación que entre ellas se podían establecer.
Respecto de la mano de obra, dice que ésta tiene dos precios:
el natural y el de mercado:
El precio natural [...] es el precio necesario que permite a los
trabajadores, uno con otro, subsistir y perpetuar su raza [...] y
depende del precio de los alimentos, de los productos necesa
rios y de las comodidades para el sostén del trabajador y su
familia. Al aumentar el precio de los alimentos y de los pro
ductos esenciales, el precio natural de la mano de obra au
mentará: al disminuir el precio de aquéllos, bajará el precio
natural de la mano de obra. (Ricardo, 1959: 7 1)
177
Jaime Ornelas Delgado
Además, el precio natural se ve afectado por la escasez o
abundancia de la mano de obra. De acuerdo con la proporción que
guarden en el mercado del trabajo la oferta y la demanda se estable
cerá el precio de mercado que es, al final de cuentas: “el precio que
realmente se paga por ella, debido al juego natural de la proporción
que existe entre la oferta y la demanda; la mano de obra es costosa
cuando escasea, y barata ciando abunda” (Ricardo, 1959: 71 y 72).
O bien, para decirlo con mayor exactitud, el precio de mercado de
pende de la proporción que guarda el fondo de capital acumulado
con el número de trabajadores, pues, de acuerdo con Ricardo: “Fíl
incremento de la demanda de mano de obra será proporcional al
incremento de capital” (Ricardo, 1959: 73).
Al referirse a la renta, Ricardo inicialmente en su Ensayo sobre
las utilidades ( 1960: 10, n.), publicado en Londres en 1815, escribe:
“Por renta entiendo siempre la remuneración que se da al terrateniente
por el uso de la fuerza productiva inherente a la tierra”. Más tarde,
en los Principios la reconoce como: “La paite del producto de la
tierra que se paga al terrateniente por el uso de las energías origina
rias e indestructibles del suelo” (Ricardo, 1959; 5 1). Esta definición
resulta más limitada que la anterior pues, tal y como señala Marx
(1965, t. 1: 436): “En primer lugar, en la tierra no existen fuerzas
indestructibles. En segundo lugar, no existen tampoco en ella seme
jantes fuerzas originales, puesto que la tierra misma no es nada origi
nal, sino del producto de un proceso histórico-natural.” Pero, ade
más, con la definición ricardiana se excluye del concepto de renta
todo aquello que obtiene el capital invertido para mejorar la tierra y
elevar su explotación, a lo que Ricardo denomina, simplemente, inte
reses y ganancias del capital.
Por otra parte, Ricardo (1959: 52 y ss.) dedica un gran esfuer
zo a examinar cómo surge la renta.
De acuerdo con su opinión, existen tres causas de renta:
1. La diferencia de fertilidad natural entre los diversos terrenos;
2. la que surge de las diferencias de ubicación de las tierras
respecto del mercado; y
3. la que aparece por diferencias en el rendimiento del trabajados
y el capital, no sobre tierras diferentes sino sobre tierras de
calidad similar.
178
Historia de la economía
Para realizar su estudio de la renta, Ricardo sentó dos funda
mentos: a) la tierra laborable tiene una oferta inelástica y b) la pobla
ción creciente presiona constantemente sobre los alimentos.
Establecidas estas premisas y de acuerdo con la ley de los
rendimientos decrecientes, Ricardo señala que la productividad mar
ginal de la tierra, así como la del capital y la del trabajo, decrece ya
que como respuesta a las crecientes presiones de la población el
margen de los cultivos debe ampliarse a tierras cada vez menos fér
tiles y más alejadas del mercado, con lo cual la renta de las tierras
fértiles y la correspondientes a las tierras más cercanas al mercado
aumenta constantemente. De esta manera, la escasez de tierra, cuya
oferta es inelástica, obliga a utilizar tierras con productividad decre
ciente, lo cual hace aparecer la renta.
Desde esta perspectiva de análisis, ciertamente influido de
manera muy importante por I liornas Malthus. la renta es tan sólo el
ingreso diferencial exigido por el propietario de la tierra al arrendata
rio a causa de la fertilidad superior o de la situación más ventajosa de
su tierra. Así, se podría decir, en el lenguaje mismo de Ricardo, que la
renta es el valor del producto que rinde una parcela en exceso del
que una superficie similar más pobre en cultivo, rendiría con un gasto
igual de trabajo y capital. Esto es, según Ricardo (1959: 53): “Cuan
do se inicia el cultivo de la tierra de segundo grado de fertilidad,
principia inmediatamente la renta de la tierra de primera calidad, y la
magnitud de dicha renta dependerá de la diferencia en la calidad de
estas dos porciones de tierra”.
En este punto, Ricardo encuentra motivos para hacer la apolo
gía del burgués industrial, pues advierte que, en tanto:
El incentivo de la acumulación del capital se encuentra en
manos de una clase activa, íntimamente relacionada con la
industria, la renta, por contraste, era el precio del derecho de
propiedad de los recursos naturales escasos: era la extracción
de una parte de los frutos de la producción para mantener una
clase pasiva e improductiva. (Dobb, 1966:40-41)
Ahora bien, es obvio que si el ingreso anual debe ser dividido
en tres partes, explicado el salario y la renta, el resto constituía la
ganancia del capitalista. En este caso, la tasa de beneficio o utilidad
179
Jaime Ornelas Delgado
depende de la magnitud de la tasa de salarios, ya que los terratenien
tes tienden, inexorablemente, a apoderarse de una parte cada vez
mayor del producto total anual. Por tanto, las ganancias sólo pueden
aumentar a costa de los salarios. Según palabras de mismo Ricardo:
“Las utilidades serán bajas o altas, exactamente en proporción a que
los salarios sean bajos o altos.” (Ricardo, 1959:20-21). Esto es, cuanto
mayor es el salario, menor será la ganancia necesaria del capitalista.
De su observación, Ricardo derivó su teoría de la tendencia
decreciente de la ganancia, que por su origen consideró como una ley
natural. Así, dice Ricardo que si los salarios dependen de los alimen
tos (en general, de los artículos de primera necesidad) y éstos cons
tantemente elevan su precio, puesto que el crecimiento de la pobla
ción demanda cantidades cada vez. mayores de alimentos y la mayor
demanda hará subir los precios. Por tanto, al elevarse el precio de los
alimentos los salarios aumentan en la misma proporción con lo cual
los beneficios disminuyen porque, ahora, les corresponde un ingreso
menor que el de antes pues: “El valor del trabajo no puede aumentar
sin una reducción de las utilidades. Si el maíz se repartiera entre el
agricultor y el trabajador, mientras mayor proporción reciba este últi
mo, menor cantidad queda para el primero” (Ricardo, 1959: 26).
Teoría de la acumulación
Ricardo era partidario de que las relaciones capitalistas de produc
ción se desarrollaran en profundidad y extensión. Creía en la diná
mica del sistema y dudaba de la presencia de las crisis económicas
de sobreproducción. En realidad, quizá como dice Eric Roll (1967:
73: “ Ricardo que escribía en una época en que el capitalismo no
había llegado aún a la madurez, poco tenía que decir acerca de las
crisis”.
Pero el capitalismo pronto mostraría que en su esencia esta
ban las crisis y en 1825, apenas dos años después de la muerte de
Ricardo, estalló la primera crisis general de sobreproducción de este
modo de producción.
Sin embargo, Ricardo no vivió las crisis y, por tanto, su interés
se concentró en la tendencia decreciente de la tasa de ganancia,
pues en ello veía un serio obstáculo para la acumulación. De acuerdo
180
Historia de la economia
con Marx (1968: t. III: 256): “Lo que inquieta a Ricardo, es observar
que la cuota de ganancia, el acicate de la producción capitalista, con
dición y motor de la acumulación, corre peligro por el desarrollo mis
mo de la producción”.
En realidad, lo que hay en el fondo de la preocupación de Ri
cardo, son las condiciones que muestra el capitalismo; condiciones
incapaces de permitir el continuo crecimiento de las fuerzas produc
tivas, lo cual pone de relieve su transitoriedad histórica, lo que Ricar
do nunca admitiría.
Teoría de la dinámica económica
Para Ricardo, la economía debería dedicar su atención al estudio de
los problemas que surgen de la necesidad que tiene el capitalismo de
hacer crecer continuamente las fuerza productivas.
Adam Smith había esbozado ya una teoría sobre la tasa de
ganancia, señalando que el promedio de las ganancias en la econo
mía tendía a disminuir con el progreso económico. Según su punto de
vista, la acumulación de capital traía consigo una creciente compe
tencia en los capitalistas, lo que terminaba por reducir la ganancia.
Ricardo, sin embargo mantuvo un profundo desacuerdo con esta pro
puesta de Smith e intentó demostrar que las utilidades suben o bajan
en razón inversa a la magnitud de los salarios.
Para comprobar su hipótesis, Ricardo (1959: 84) ofrece un
sencillo ejemplo:
Si el valor total de los artículos manufacturados por un lado y.
por el otro, el del trigo producido en tierras que no dan renta,
se divide en dos partes únicas: utilidades y salarios, suponien
do que el trigo y los artículos manufacturados se venden siem
pre al mismo precio, las utilidades serían altas o bajas en la
proporción en que los salarios fuesen altos o bajos. Pero su
pongamos que el trigo sube de precio porque se necesita más
trabajo para producirlo, esto no traerá como consecuencia lluc-
luaciones en el precio de los artículos manufacturados en cuya
producción no se requiere de una cantidad adicional de traba
jo. Asi pues, los salarios no se alterarán, tampoco variarán las
181
Jaime Ornelas Delgado
utilidades de las manufacturas. Pero si, como es absolutamente
seguro, los salarios subiesen al elevarse el precio del trigo, ya
que éste forma parte de lo que el trabajador requiere para
subsistir, las utilidades bajarán inevitablemente.
Al hablar Ricardo del descenso de la ganancia, cree ver un
futuro poco halagador para el capitalismo, ya que considera que los
trabajadores estarán obteniendo siempre aumentos salariales, lo que
atentaría contra las ganancias y esto frenaría el crecimiento de la
economía, porque sabe bien que el incentivo básico para la inversión
es la ganancia y, al decrecer ésta por el aumento de los salarios,
caería la inversión y se frenaría el desarrollo de las fuerzas producti
vas. Al respecto, nos dice Ricardo (1959: 84): “El fabricante no pue
de vivir sin utilidad. Sus motivos para acumular disminuirán con cada
disminución de las ganancias y llegarían al punto de detenerse si
las utilidades se sitúan en un nivel tan bajo que no les proporcionen
una compensación adecuada”.
El efecto de una situación como ésta es la fuga de capitales y
la solución, según Ricardo, la importación de grano barato para dis
minuir el costo de la mano de obra: “Después de haber bajado mucho
las utilidades, la acumulación no será posible y se exportará el capital
para emplearlo en los países en que los alimentos sean baratos y las
utilidades altas [...] No puede dudarse que las bajas utilidades que
son efecto inevitable de un precio del cereal realmente alto, tienden a
sacar capital al extranjero; por lo tanto, esta consideración debiera
ser una razón poderosa para negarnos a prohibir la importación de
granos” (Ricardo, 1960: 8, nota.)
Ricardo en esta parte expresa con meridiana claridad cuál es
el factor determinante de la inversión y observa los problemas a que
el capitalismo ha de enfrentarse en la medida en que la plusvalía no
se realiza.
Para evitar la caída de la tasa de ganancia, como ya vimos,
Ricardo apela a la apertura comercial para adquirir granos de los
países que lo producen más barato y permitir así disminuir el costo del
trabajo y elevar las utilidades. Pero además, Ricardo recomienda una
política fiscal adecuada a las necesidades de ganancia de los empre
sarios. Sin embargo, reconocía también la posibilidad del equilibrio. Ya
que al disminuir la inversión por la disminución de las utilidades, baja
182
Historia de la economía
la demanda de trabajo, lo cual haría bajar su precio volviendo, así, a
aparecer el incentivo de la inversión.
Con David Ricardo, la economía política burguesa alcanza su
máxima expresión. Con él. además, la economía adquiere su calidad
de ciencia y es a partir de su aparato teórico y de un riguroso exa
men crítico del modo de producción capitalista, que surgirá la con
cepción económica desde la visión del trabajo, esto es, la visión pro
letaria del capitalismo. Esta última tarea, habría de corresponder a
Carlos Marx y Federico Engels, quienes hicieron la “crítica a la eco
nomía política” y la condujeron hasta sus últimas consecuencias.
Pero de la economía clásica, representada por Adain Smith y
David Ricardo, no sólo surgiría la crítica de la economía política, sino
también la llamada “teoría económica” que, sin aspiraciones científi
cas, sus seguidores intentan ofrecer apenas una mera descripción de
los procesos mediante los cuales en el mercado se alcanza el equili
brio. Ésa será la tarea de los “economistas neoclásicos”, que intro
dujeron los aspectos subjetivos al análisis económico.
En síntesis, podemos afirmar que el propósito dominante de la
economía política clásica (que va aproximadamente desde la apari
ción de La riqueza de las naciones en 1776 hasta la muerte de John
Stuart Mili en 1873). fue la de enunciar las “leyes naturales” referi
das a un orden económico autorregulador.
183