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La Osa Rosa

La historia trata de una osa llamada Rosa que no le gustaba hacer las tareas escolares. Como resultado, no aprendió a leer como los demás niños y se sintió avergonzada cuando sus padres visitaron la clase. Esto la motivó a prometer que comenzaría a completar su trabajo, aunque al principio le costaba. Poco a poco empezó a gustarle la escuela y aprendió lo suficiente como para leer en frente de los padres al final del año.

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La Osa Rosa

La historia trata de una osa llamada Rosa que no le gustaba hacer las tareas escolares. Como resultado, no aprendió a leer como los demás niños y se sintió avergonzada cuando sus padres visitaron la clase. Esto la motivó a prometer que comenzaría a completar su trabajo, aunque al principio le costaba. Poco a poco empezó a gustarle la escuela y aprendió lo suficiente como para leer en frente de los padres al final del año.

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LA OSA ROSA

Había una vez una osa que se llamaba Rosa. Tenía 5 años y estaba
en la clase de (la clase de los niños).
La osa Rosa iba contenta a la escuela , porque tenía amigos en su
clase y su maestra osa era muy buena y la quería mucho. Pero a la
osa Rosa no le gustaba mucho trabajar en la clase. Si la maestra
daba un dibujo para colorear, ella rápidamente decía:
—¡Me canso!
Y aunque la maestra osa le decía:
—¡Sigue un poquito más!
La osa Rosa no lo terminaba. Otro día la maestra dio una actividad
del libro para hacer. Todos los ositos se pusieron a trabajar, menos
la osa Rosa que empezó a decir:
—¡Ay! No me gusta. Y no la hizo.
Los ositos de la clase ya estaban empezando a aprender las letras y
a escribir, pero a la osa Rosa eso no le gustaba. Ella quería irse al
rincón a jugar a la cocinita, pero no se iba porque en la clase de la
maestra osa, hasta que no se termina de trabajar, no se puede ir a
jugar. La maestra, a veces, se cansaba de decirle:
—Rosa, termina de hacer tu trabajo. Pero la osa Rosa siempre
decía:
—¡No tengo ganas!
Los otros ositos, a veces, tampoco tenían ganas, pero trabajaban
porque tenían que hacerlo y querían aprender las cosas que
enseñaba su maestra. Además, luego se ponían muy contentos
cuando su maestra les ponía en la hoja «muy bien» y hasta les daba
un beso.

Como no podía jugar cuando los otros osos estaban haciendo su


trabajo, se aburría. Intentaba charlar con ellos, pero le decían
siempre:
—Rosa, no me hables ahora, que estoy trabajando y no me quiero
equivocar.
Y la osa Rosa se aburría mucho. Como no hacía su trabajo, la osa
Rosa no po-día jugar con los otros niños en el recreo, porque estaba
terminando su tarea.
Pero lo peor ocurrió un día. Como los ositos ya sabían leer y escribir
un poco, porque habían trabajado mucho, la maestra osa invitó a los
papás, a las mamás y a los abuelos a venir un día a la clase para
que vieran cómo leían los ositos. Y así fue, se presentaron en la
clase, se sentaron y la maestra dio a cada osito un trocito de un
cuento muy facilito para que se lo leyeran a los papás. Todos los
ositos fueron leyendo, algunos leían muy bien, otros se atrancaban
un poquito. Los papás estaban muy contentos. Hasta que le tocó a la
osa Rosa. Como no había trabajado nada en la clase no sabía nada
de nada y se quedó callada.
—¿Qué te pasa, Rosa? —le preguntó la maestra.
—Que no se leer nada —dijo la osa Rosa.
Se puso muy colorada y empezó a llorar. La mamá de la osa Rosa
preguntó:
—¿Y por qué mi hija no sabe leer? Entonces la maestra le dijo a la
osa Rosa:
—Explícaselo a tu mamá.
—Porque cuando los otros osos estaban aprendiendo yo no quería
trabajar y nun ca tenía ganas y no hacía nada en clase y aunque la
maestra me lo decía, siempre decía que no me gustaba hacer nada
—dijo la osa Rosa casi llorando.
La mamá de la osa Rosa se puso muy triste y sintió mucha vergüenza
de ver que su hija era la única de su clase que no sabía leer. Como
la osa Rosa lo pasó tan mal y sintió envidia de los otros ositos que se
iban a casa tan contentos con un cuento de regalo, le pidió perdón a
la maestra y le prometió a su mamá que a partir de ahora
trabajaría en la clase.
Y así fue. Desde ese día, cuando tocaba escribir o dibujar o
colorear, la osa Ro sa también lo hacía. Al principio le costó mucho y
se cansaba, pero descansaba un ratito y luego seguía. Ese fue su
truco: trabajar cuando mandaban el trabajo. Si se cansaba,
descansaba un poquito y luego seguía. Poco a poco se fue cansando
me-nos y empezó a gustarle hacer las tareas de la escuela. Los otros
ositos se lo decían a la maestra:
—La osa Rosa ya trabaja y puede venir luego a jugar con nosotros.
Y aprendió tantas cosas que en la fiesta de fin de curso leyó delante
de todos los papás y lo hizo tan bien que su mamá se puso muy
contenta y la señorita osa le dio muchos besos.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

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