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El Niño Que Enloquecio de Amor v4

Este documento es el diario íntimo de un niño que está enamorado de una mujer mayor llamada Angélica. En menos de 3 oraciones, el niño describe cómo se siente abrumado por sus emociones hacia Angélica, se pone nervioso cuando está cerca de ella, y encuentra consuelo escribiendo sobre sus sentimientos en su diario secreto.

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El Niño Que Enloquecio de Amor v4

Este documento es el diario íntimo de un niño que está enamorado de una mujer mayor llamada Angélica. En menos de 3 oraciones, el niño describe cómo se siente abrumado por sus emociones hacia Angélica, se pone nervioso cuando está cerca de ella, y encuentra consuelo escribiendo sobre sus sentimientos en su diario secreto.

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El niño que enloqueció

de amor

Eduardo Barrios
todavía cómo cayó en mis manos este cuaderno
¿Habéis oído cantar un pájaro en la noche? doloroso e ingenuo. Os diré tan sólo que ahora lo
Suele ocurrir que un rayo de luna, un rayo publico porque ello no puede ya herir a nadie.
levemente dorado, derramándose, derramándole Respeté muchos años el secreto de aquel niño, de
por entre el misterio del follaje, alcanza la rama aquel pájaro que cantó en la noche y no tuvo
donde se acurruca el avecita dormida, y la mañana. Me lo entregó la casualidad, y lo he
despierta. No es el alba, como imagina el ave. guardado respetuoso, con el respeto que merece
Pero... ella canta. un niño sentimental y entristecido, una víctima del
Luego, si el avecilla es lo que se llama un rayo venenoso que ilumina los corazones antes de
equilibrado y fuerte pajarito, descubre su engaño, tiempo y los lanza en ese vórtice llameante y
hunde otra vez el pico en la tibieza de las plumas obscuro, dulce y terrible del Amor.
y se vuelve a dormir.
No obstante, avecitas hay, inquietas y
frágiles, para quienes el rayo de luna tiene un
poder de sortilegio. Y tras de cantar, saltan Hoy ha comido aquí otra vez don Carlos
aturdidas y vuelan... Sólo que, como no es el día Romeral. Es el hombre más inteligente que
el que llegó, se pierden pronto en la obscuridad, o conozco. Como que cuando él habla, todos le
se ahogan en un lago iluminado por el pálido rayo escuchan y le encuentran razón. Yo, sobre todo, le
de oro, o se rompen el pecho contra las espinas encuentro razón siempre. Dice cosas que uno
del mismo rosal florido que, horas después, pudo siente. No se habrá fijado uno mucho en esas
escucharles sus mejores trinos y encender sus cosas, pero las ha sentido y son la pura verdad.
más delirantes alegrías. Esta noche me ha dicho que a la oración, junto
¿Cuál es el rayo venenoso que despierta con las golondrinas, pasan volando las
algunas almas en la noche, les roba el amanecer y campanadas de la iglesia. Y es cierto, pasan
las ahoga en una existencia de tinieblas? volando. Después me ha dicho: «Eso quiere decir
Voy a revelaros el secreto de un niño que que los niños, como las golondrinas, deben
enloqueció de amor. prepararse a esa hora para dormir»... lo cual ya
Fuera de mí, nadie —ni su madre, hoy no me parece nada. ¡Si él supiese—digo yo—
convertida en su esclava— poseyó nunca el cuánto me cuesta dormir a mí!
secreto de la locura de ese niño. No os contaré
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También habló en la mesa de un diario que Ha venido Angélica esta tarde y he vuelto a
él lleva de su vida. Después de comer, me ha perder tontamente más de media hora de estar
hecho muchos cariños y yo le he preguntado qué con ella. ¡Que siempre me pase lo mismo!... Tanto
era eso del diario. «Un cuaderno—me ha como deseo verla, y oírla, y tocarla, y sentirla bien
explicado—en donde algunas personas escriben cerquita de mí, y luego pierdo así el tiempo... ¡Me
todos los días lo que les pasa, porque a veces no da más rabia!... ¿Por qué seré tan nervioso? Pero
se pueden conversar con nadie ciertas cosas.» Yo en cuanto sé que ha llegado de visita, me
le dije que era cierto y que precisamente esas confundo todo. ¡Qué voy a hacer! Me lo dicen, y
cosas eran las más importantes, las que más se siento como si me dieran un golpazo en el pecho,
deseaban hablar y que no se podían sin embargo, y se me sube primero toda la sangre a la cara, y
como él decía, conversar con nadie. Él me ha después se me aflojan las piernas y me enfrío todo
mirado entonces mucho rato, pensativo, y me ha entero, y me pongo a tiritar y, en lugar de correr a
hecho muchas preguntas de esas que ponen verla, me voy al fondo de la casa, corriendo, sin
nervioso. Me entró una vergüenza... Y casi se me poderme contener. ¿A qué me voy?, eso digo yo.
saltan las lágrimas, como si hubiera hecho algo Me voy a esperar... no sé a qué. Y es que me da
malo, y me fui. miedo y no me atrevo a ir. Se me ocurre que,
Cuando pasó un rato, lo estuve mirando yendo así, de repente, me lo van a conocer... o
desde el corredor. Estaba en la misma postura, que me va a dar algo. Y me la paso dando rodeos,
solo en la salita, muy pensativo y fumando... hasta que poco a poco me voy acercando,
Me quiere mucho, más que mi mamá, se me acercando, y con un miedo... Me cuesta
ocurre a mí. Viene pocas veces, pero yo pienso muchísimo llegar al salón, así, como por casua-
todos los días en él. Lo quiero mucho, pero lidad. Y es, también, que como ella me quiere
mucho. Y desde ahora voy a llevar como él un tanto, en cuanto me ve me llama y me besa y me
diario en este cuaderno, bien escondido bajo la abraza. Si sólo me besara, no sería nada, no me
alfombra, para decir todo lo de Angélica... haría tanta impresión, pero me ha de abrazar, y
eso sí que no lo puedo sufrir. N o sé, no está en
mí: todo es que la sienta apretada contra mí, y ya
me entra una desesperación muy grande. Me
ahogo, me dan ganas de llorar a gritos. Yo la apre-
taría, ¡claro!, con todas mis fuerzas, y le diría todo
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lo que sufro por ella, y que la adoro, y mil cosas. andábamos, más triste me ponía yo, hasta que, ya
Sin embargo, en esos momentos me desespero y en la esquina da casa, se me cayeron las lágrimas,
sólo atino a salir corriendo, hasta el último patio y cuando ella me ha visto llorar se ha llevado un
otra vez. Hoy me fui; tampoco pude soportar. susto y me ha preguntado por qué lloraba. Yo le
Después no sabía cómo volver. Menos mal, que he contestado que porque ese antipático se nos
ella me llamó. Me hizo sentarme en el sofá, a su juntó en la calle, y entonces ella ha soltado la risa,
lado, y ahí me estuve toda la visita, mirándola, ha dicho: —«¡Qué chiquillo tan rico!»—y me ha
oyéndola conversar con mi mamá y sintiendo su preguntado si yo quiero ser su novio. Yo, por
olorcito especial... A veces, cuando estoy así, supuesto, me he quedado mudo. ¿Qué iba a decir?
junto a ella, bien calladito, me dan deseos de estar Y ella se ha puesto seria un rato y luego me ha
enfermo para que hable de mí y de nadie más, y hecho cariños. Pero siempre tengo pena... y
me haga cariños... No es que no haya estado quisiera tener más...
contento esta tarde; pero es que también me he
puesto triste... Siempre me pongo triste. Yo digo
que me da esa pena de ver cómo la quiero yo, … y el tiempo va pasando y yo me voy
mientras ella me quiere como a un niño. Y es poniendo peor. Me acuesto temprano y me hago el
natural, ¿Cómo me iba a querer? ¡Qué desgracia, dormido inmediatamente para que me apaguen
Dios mío, qué desgracia! ¿Qué podría yo hacer?... pronto la luz y me dejen solo y poder llorar,
porque es tan bueno llorar cuando uno está así…
¡Con qué gusto se llora! Yo tengo que morder las
Tengo mucha pena y quisiera tener más. Por sábanas para que mis hermanos no me oigan.
la tarde vino Angélica y le pidió a mi mamá que Pero no se puede llorar mucho rato, ¿por qué
me dejara acompañarla a las tiendas, y en la calle será? Se va uno calmando sin querer y se le pone
se nos juntó un joven que ni me miró y no hizo a uno el pecho muy fresco y, aunque quiera seguir
sino hablar con ella. A ninguna tienda entramos; llorando, no puede. Yo digo que no debía ser así,
anduvimos por muchas calles y a mí me echaban porque uno se queda con la pena. Yo, entonces,
por delante cuando no había gente. Yo quería pienso en ella, en muchas cosas de ella y mías.
mirar para atrás, pero no me atrevía. Después se Anoche me acordé de cuando vino por primera vez
despidió él y nos hemos vuelto muy ligero. Ella a casa. Se había puesto un vestido solferino, y se
estaba muy contenta. Mientras más ligero le reflejaba el color en la cara, y en los ojos se le
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veían también dos puntitos solferinos. ¡Estaba creerán, porque todo el día me ha dolido la cabeza
muy linda, pero muy, muy linda! ¡Cada día es más y en el colegio lo han sabido... Y por último,
linda!... Esos ojos... como nuevecitos, flamantes, aunque me castiguen. Yo tengo que escribir este
que pestañean de un modo tan raro, tan bonito: diario porque no puedo conversar con nadie estas
muy rápido, alegrándolo a uno; y el pelo se le riza cosas, porque ¿a quién se las voy a decir, si a
y en las puntas se le va poniendo rubiecito... Yo la decírselas a ella no me atrevo y si mis hermanos
miraba, la miraba, ese día, y si ella me llegaba a son todos tan brutos?...
mirar a mí, yo tenía que quitarle la vista porque
me entraba una cosa muy extraña. Pero entonces Mis hermanos no me quieren. Nunca me
sentía yo en la cara su mirada, como una cosa convidan a jugar porque dicen que no sé. Y tienen
tibia que me dejaba sin fuerzas para moverme, razón; yo no entiendo bien ningún juego, y es que
¡Por Dios, qué terrible! Mi mamá parece que lo no me gustan; y además no me divierten los otros
notó, porque le dijo: —Este chiquillo se ha chiquillos porque he visto que todos son muy
enamorado de ti, Angélica. No te despega la distintos a mí. Ellos se olvidan de sus personas y
vista.— Mi mamá lo dijo riéndose, sin intención, de todas las cosas y pueden jugar a sus anchas,
pero yo, desde entonces, ya no pensé sino en ella, mientras que yo no me puedo olvidar de mí ni de
en Angélica digo, y en lo que dijo mi mamá y… nada, así es que nunca llego a fijarme bien en los
hasta hoy. juegos y siempre pierdo y hago perder a los de mi
Ah, y otro día me preguntó ella si la quería y partido. Por eso dice mi abuela que soy una pobre
yo le contesté que más que a nadie en el mundo. criatura, que estoy flaco y paliducho, que tengo las
¡Qué bárbaro! Pero no me pude contener, se me piernas como palillos y que me tiene lástima. Más
escapó. Entonces me miró mi mamá y yo me tuve le tengo yo a ella, que tiene las manos llenas de
que corregir y decirle que después de mi mamá y venas y la cara color tierra seca y los labios
de mi abuela y de mis hermanos. Pero no es blancos y los dientes amarillos, y que ni siquiera
cierto, ¡la quiero más que a todos! ¡Más que a sabe tocar el piano como mi mamá, y no hace sino
todos, más que a todos! ¡Ay, qué gusto me da te- pelear con los sirvientes. En cambio, yo haría
ner este cuaderno para decirlo! muchas cosas si fuera grande. Y si soy tristón,
Me llaman para acostarme y no he como ella dice, ¿qué le importa a nadie? Además,
alcanzado a hacer mis tareas del colegio. Me yo siempre he sido así; lo que sí que antes no
disculparé con que me dolía la cabeza, y me lo tenía pena sino cuando hacía tristeza, en esos días
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raros, y ahora más que antes, pero es por No fue a San Francisco sino a la Catedral,
Angélica, y es una tristeza que a mí me gusta. para pasearse en la plaza después de la misa,
¿Cuándo volverá Angélica? ¡Mi Angélica de mi dijo; pero en la tarde sí la vi. No estuvo más que
alma!... Yo creía que iba a poder escribir en este de pasadita en la casa de mis primos y cuando ya
cuaderno todos los cariños que le digo con mi iba anocheciendo. Yo estaba con mi tía Carmencita
pensamiento; pero ahora veo que aunque nadie en el balcón, y me había quedado mirando cómo
vea lo que escribo, siempre me da una vergüenza titilaban los focos de la calle para encenderse y
muy grande escribir esas palabras que le digo sin cómo se ponía entonces descolorido el cielo,
hablar o a su retrato. Anoche me robé su retrato cuando ¡ella que se nos aparece en la acera!
del salón, antes de acostarme, y me lo llevé a la ¿Cómo no la vi llegar?, digo yo. No quiso subir
cama y lo estuve besando mucho y le dije todas porque se le había pasado la hora y también
esas cosas que me da vergüenza poner aquí. Yo porque a la Raquelita, que andaba con ella, le
quería guardármelo para tenerlo siempre en mi molestaban los zapatos nuevos; pero entonces mi
cuaderno; pero de repente me entró mucho miedo tía y yo bajamos y nos estuvimos paseando todos
de que me pillaran y no me pude quedar tranquilo, desde la puerta hasta la esquina. Venía tan
hasta que me levanté en camisa y lo puse otra vez contenta, que nos contagió, y después se puso a
en el álbum. ¡Claro!, me hubieran descubierto, hablar en secreto con mi tía, y entonces las dos se
porque en cuanto hubiesen preguntado, ye me reían y miraban lejos, hacía el lado por donde
habría puesto nervioso y me lo habrían conocido Angélica había llegado, pero con disimulo, porque
en la cara. yo no me pude dar cuenta de lo que buscaban con
Mañana domingo puede que la vea en misa, la vista. ¿Qué sería? Es lo malo que tiene, y eso
y si no, le voy a decir a mi mamá que nos mande que nadie sería más reservado con sus secretos
a la casa de mis primos. Allá va Angélica loa que yo. Pero pasa siempre así, que nadie adivina
domingos por la tarde, muchas veces, y yo me nunca quiénes son las personas que quisieran ser-
puedo pasar la tarde con ella en el balcón, y con virle a uno para todo y están cerca de uno y no se
mi tía Carmencita, que me quiere mucho porque lo dicen sólo porque no se atreven. Yo digo que se
dice que yo soy muy afectuoso. Ella sí que es debía adivinar; lo que es que había de ser con
buena y muy bonita, y tiene las manos gorditas y seguridad, como me pasa a mí con don Carlos.
suaves, y sabe contar cuentos con una voz bien Estoy seguro de que él quisiera que yo le contara
suavecita y bien tranquila... todos mis secretos, y a él sí se los confiaría yo si
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llegara el caso. Angélica no adivina; pero, de todas Ahora mi mamá me observa. He pasado
maneras, estoy contento: le dijo a mi tía que yo anoche un susto terrible. Mis hermanos jugaban
era un encanto y habló varias cosas buenas de mí después de comer, corriendo en el patio, y yo los
y después me besó...y yo también, y como me miraba desde el corredor, recostado en un pilar y
tuvo de la mano todo el tiempo, me ha quedado el pensando en Angélica, cuando oí que mi mamá le
olor de sus guantes. Estoy bien, bien feliz. ¿Por decía a mi abuela:—¿Estará enfermo?— Y
qué me quedaré tan contento cuando la veo sólo entonces se me puso en el acto que estaban
un momentito y cuando paso mucho rato con ella, hablando de mí, y me quedé de una pieza. No me
no?... atreví a mirarlas, pero sentía que ellas me
...Me voy a acostar. Ojalá no golpeen la miraban a mí. Y así era, de mí hablaban, porque
pared en la casa de al lado. Les ha dado ahora por mi mamá volvió a decir:—Hace muchas noches
golpear, y me asustan. ¿Qué harán? Es un fastidio. que no juega.— Y mi abuela le dijo que me dejara,
Tanto como espero la hora de acostarme para que si no sabía de sobra que yo era así, apagado y
estar completamente solo, a obscuras, y poder tristón y no vivo como mis hermanos; pero mi
sentir bien esta especie de sed y de felicidad, este mamá me llamó. Yo estaba como una estatua; ni
ahogo tan dulce, este amor tan grande, y suspirar, voz tenía del susto... La pura verdad, yo creo que
y llorar de gusto hundiendo la cara en la me estoy enfermando, porque ya es mucho lo
almohada... y sin embargo, tantos sustos que he nervioso que me he puesto... —Tienes muchas
de pasar hasta ahí en mi cama. Y es que oigo una ojeras, hijito. ¿Por qué no corres tú también un
porción de ruidos que me hacen saltar el corazón. poco?—me preguntó mi mamá, y yo le contestó
Cuando no es un mueble que cruje, se cae un que tenía sueño, y ella me tocaba la frente,
plato en la cocina, o cierran una puerta, o golpean creyendo que estaría con fiebre; pero yo le
la maldita pared de al lado. Yo no debía aseguré que no tenía nada, y me puse a reír, a la
asustarme, porque no hago nada malo, sino estar fuerza, eso sí, y porque sólo de pensar que,
despierto, y el pensamiento no me lo adivinarían; creyéndome enfermo, me llevaran mi cama al
pero me entra un miedo atroz y no lo puedo dormitorio de mi mamá, temblé. No tuve más
remediar… remedio que reírme, porque perder mi soledad de
la noche... ¡eso sí que no! Mi abuela me encontró
la frente fresca. Mi abuela opina siempre antes de
examinar; así es que antes de haberme tocado ya
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tenía resuelto hallarme fresco. Algo bueno había duermo
de tener la pobre. Si mi mamá tuviera ese como un lirón, siempre me sobresalta eso de que
carácter, yo sería muy independiente y más feliz. mi mamá vaya a verme dormir. Le había dado por
Pero me cuida demasiado. Porque me quiere ir. A mí me da rabia. ¡Pobre mamacita! Ella lo hace
será... y a de buena que es; pero ¿cómo no me ha de dar
mí me gusta que me quiera... pero es fastidioso rabia?... ¡Todo por ella, por mi Angélica! En estos
que se fijen tanto en uno… días, dice mi mamá, vamos a ir a su casa de
visita. Ya era tiempo…

Lo más malo es que nadie me puede


defender, puesto que nadie sabe lo que me
martiriza este afán de mi mamá. Desde que me
encontró ojeroso, no tengo más remedio que jugar
todas las noches con mis hermanos. Ya tengo
adolorido el cuerpo. ¿No es un martirio, esto? He
de saltar, y he de correr, y cantar, y acalorarme
más que ninguno. Y si al menos me divirtiera…
Pero no, porque mi única preocupación mientras
tanto es ir fijándome en la cara feliz con que mi
mamá me observa. Y eso que mido mi tiempo:
cuando oreo que ya es suficiente, me acerco a
ella, le hago notar cómo transpiro, y que he
corrido mucho, y que la comida me ha bajado, y a
veces hasta le discuto haber traveseado más que
todos.
Entonces ella me besa, contentísima, la pobre, y
yo respiro; ya me puedo ir a acostar sin ese
maldito miedo de sentirla llegar a mi cama para
ver si duermo bien. Y esa as otra, porque por más
que he aprendido a fingir perfectamente que
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Fuimos. Al fin le hicimos la visita a Angélica. Yo no sé lo que será; pero cada vez que leo
Pero he vuelto fastidiado. Había varias personas cuentos me quedo imaginando muchas cosas y las
más y el joven del otro día, que la miraba veo muy claritas, muy claritas, tal como si fuesen
tantísimo. Ella estaba conmigo siempre; pero a de veras, lo que no me pasa cuando no leo. Hoy,
donde íbamos nosotros allá iba él. Se llama Jorge; por ejemplo, estuve pensando en que ese bruto,
y es buenmozo; pero muy cargante, el tipo. Ese ese ridículo, ese tal Jorge, estaba enamorado de
modo de decir «señorita Angélica». ¡Imbécil! A ella Angélica; y yo quería figurarme que ella lo echaba
no le gusta, creo yo. Y cómo le va a gustar, de su casa y entonces él se suicidaba. Pues no me
también, con esa cabeza chica y esos ojos lo podía imaginar bien claro, Después me puse a
redondos y ese bigote como escobilla de dientes... leer y, a la mitad, sin saber cómo, me encontré
No, no es feo... Pero no le gusta, porque yo se lo pensando otra vez en lo de ese tonto pretencioso,
pregunté y ella me dijo que no. ¿Y para qué me y entonces sí que lo vi todo muy bien. Primero,
iba a engañar?, vamos a ver. Si no puede ser; y ella se le reía en las barbas, con esa risa tan, tan
además, ni su familia lo permitiría. Si creo que bonita que tiene, que suena como el agua cuando
hasta tipo es. Y por último, ¿no me dijo ella misma sale de la botella fina de cristal del comedor; en
que no le gustaba? ¿Para qué me preocupo, seguida se ponía furiosa y lo insultaba mientras a
entonces?... mí se me agarrotaba el pecho de gusto; y él se iba
entonces y, de repente, veíamos un grupo de
gente en la calle, con policía y todo, y yo iba
corriendo a mirar... y era que él se había
suicidado. Después me animaba yo por fin a
decirle todo lo que pienso, y ella lloraba entonces
lo mismo que yo, de gusto, de esta dicha tan
grande que sube de aquí, de bien adentro, y
revienta por los ojos y hace llorar primero y
después deja más feliz todavía. Y luego me decía a
todo que sí, que nadie la quería como yo y que ella
me esperaría hasta cuando yo fuera un joven
grande. Y yo no veo por qué no puede suceder así.
Ella sería siempre mucho mayor que yo, ¡claro!
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Pero ¿no hay tantas viejas casadas con jóvenes? así comió él el doble y salió ganando, él, que era
En esos matrimonios, digo yo, ¡cuántos se habrán el culpable de todo. Como es el regalón de mi
querido como Angélica conmigo! Yo se lo voy a abuela... Y no debía ser él sino yo, como dice mi
decir a ella pronto. Si es que delante de ella no se mamá, que para eso soy el menor…
me ocurre cómo empezar. Cuando estoy lejos, me
parece que tenemos mucha confianza; pero en Todo lo que dice don Carlos Romeral es
cuanto estoy junto con ella me siento ya como de bueno. Para mí, siempre resulta algo bueno. Es
etiqueta... asombroso. Cualquiera diría que adivina lo que me
hace feliz. Hoy, al poco rato de llegar, contó que
Mis hermanos son de veras muy brutos. Hoy ese tal Jorge se ha ido al campo, a trabajar en un
me salió Pedro con que yo era un tonto porque me fundo. Allá se debía quedar, el muy intruso, para
la llevaba pestañeando, y Enrique dijo:—Esa es siempre. Cada día estoy más seguro de que don
una costumbre de Angélica, y éste la imita porque Carlos me quiere como si fuera su hijo. Y qué más
parece que estuviera enamorado de ella—. Me quisiera yo que ser hijo suyo. Como no alcancé a
puse como una furia y le pegué, y entonces él me conocer a mi papá... Se murió cuando yo todavía
acusó a mi abuela y ella me trató de mosquita no había nacido. No sé si Pedro había nacido ya;
muerta y de chiquillo agrandado, y me pellizcó en pero creo que no, porque una vez le oí decir a mi
los brazos. Mi abuela no me quiere; se rió de mí abuela que con la pena de la muerte de mi papá,
cuando le contaron que yo estaba pestañeando llegó Pedro antes de tiempo. Sí, eso es; me
seguidito como Angélica. Todavía me duele la acuerdo porque me he quedado pensando que qué
cabeza de la molestia. Ahora me explico que digan tendrá que ver una cosa con otra... La cuestión es
que de cólera se puede caer muerta una persona. que don Carlos es como mi padre, y me regala
Lo peor es que ya no podré pestañear. Y es tan trajes, y antes me sacaba a pasear. Hace tiempo
bonito; los ojos parecen tan vivos, tan alegres, que no me saca. Dicen que a su señora le
como los de ella, como ella misma, que parece molestaba muchísimo eso. Una noche hablaban de
que echara luz de todo el cuerpo. No se me puede eso mi mamá y mi abuela. Mi mamá lloraba
quitar la rabia con mi abuela. Me ha molestado mucho y mi abuela echaba chispas, Algo grave
más que mis hermanos. Pero me vengué: me dio debe haber pasado esa noche. Mi abuela me pegó
un alfeñique, después de repartirles a los otros, y por haberme ido a meter adonde ellas. ¿Cómo iba
yo no se lo recibí. Se lo dio entonces a Enrique, y yo a adivinar que no debía ir? Pero mi mamá se
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molestó mucho porque mi abuela me había Si ya no dormía. En el día, cayéndome de
pegado, y me tomó en brazos y me besó y me sueño, y por las noches, nada, sin pegar los ojos
decía:—¡Pobre angelito. Qué culpa tendrás tú de hasta quién sabe qué horas. Pero ¿estaba tonto?,-
nada!— ¡Claro, qué culpa tenía yo! Y es que mi digo yo. ¿Cómo no se me ocurrió antes? Una cosa
abuela me tiene odio. A mí, ¿qué? Soy el preferido tan sencilla. Un poquito de nervios, y listo. A las
de mi mamá y sólo a mí me quiere don Carlos... cinco, cuando salí del liceo, pasé por su casa. Ella
estaba en el balcón. ¡Ay!, en cuanto la divisé
desde la esquina, sentí unos golpee en la cabeza,
Ya lleva quince días Angélica sin venir. Es por dentro, y una falta de respiración, y luego me
bien extraño. Yo no tengo humor ni para mi diario. puse bien frío, bien frío... Y pisaba en el suelo y
No duermo, ni estudio, ni puedo hacer nada en me parecía que iba andando por el aire, y se me
paz. Antes me desvelaba solamente cuando ella pusieron las piernas agarrotadas. Ya enfrente de
venia y me abrazaba, o cuando tenía una mala su casa, me quité el sombrero, muy serio. Y me
noticia de ella; pero ahora es lo de todas las iba pasando de largo. ¡Seré bruto! Si no es que
noches, lo de todas las noches de Dios... Si ni algo muy extraño me sujeta como un resorte, me
siquiera puedo escribir. Y es que como no duermo, paso de largo... ¿Cómo fue?... No me acuerdo,
tengo la cabeza abombada y no se me ocurre sino casi... Angélica me habló del balcón, creo. Sí, así
estar triste. Y me duele el corazón... ¡Angélica, mi fue. Yo estaba tiritando, de ese frío tan helado que
Angeliquita, ven, ven, ven!!!... Y así tener que me entró, y no oí sino un ruido, un enredo en los
estar juega y juega todas las noches con esos oídos que me estremeció y por poco me hace
brutos de mis hermanos... ¡Es terrible! Pero mi gritar de pura impresión. Entonces, me parece que
mamá… me acerqué y ella me preguntó que qué hacía por
ahí, que si había hecho la cimarra... Y yo, sin
contestar una palabra. Hasta que sin saber cómo
me subí corriendo a su casa, ¡Qué habrán dicho
todos ahí! Pero no me pude contener. Lo que no
me dejé fue abrazar. ¡Eso, no! ¡Eso sí que no lo
habría podido resistir! Como estaba yo en ese
momento, ¡nunca! Me ofreció dulce de membrillo.
No quise. Le pedí una rosa que se había puesto en
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el pecho. Claro que no se la pedí de buenas a esto ya puedo atreverme a decirle lo otro, lo
primeras. Si estuve muy ocurrente. Le dije grande. Eso me lo tiene que jurar...
primero que a mi mamá le gustaban muchísimo Bueno, hoy no necesito escribir nada. Hoy sí
esas rosas que parecen de sangre, y ella me con- que voy a correr y a saltar con gusto después de
testó:—Llévasela. — Y me la dio, y yo se la traje a comida.
mi mamá; y mañana, antes que la echen a la
basura, yo me la guardo y... ¡feliz! Ah, y después
le dije lo principal, porque para eso había ido: que De nada puede uno alegrarse, ¡válgame
a mi mamá le extrañaba mucho que no hubiese Dios! Ya dejó de venir. No hace muchos días, pero
ido a verla en tanto tiempo, y ella me prometió me ha entrado de nuevo el desasosiego por verla.
venir mañana. Me preguntó también si yo la Y van tres tardes que intento volver por su casa, y
echaba de menos y si la quería siempre. Yo le es inútil, de la esquina no paso. No sé, se me
contesté que sí y nada más. Y es que estaban ahí figura que esta vez sí que mi mamá sospecharía. Y
las otras, que si no... Pero no importa, otro día al fin y al cabo, digo yo, ¿no sería mejor que se lo
será; porque yo le tengo que decir todo lo que dijera yo a mi mamá todo? Lo he pensado; pero
tengo pensado, que me muero si ella no me no, hay que pensarlo mucho, y ahora más que
espera, todo, todo... En fin, gocé. Me vine cuando nunca.
ya estaba obscureciendo. ¿Cómo no se me ocurrió ¡Uy, lo que hablaría mi abuela! Que si soy
esto antes? Sufrir tantos, tantos días… una pobre criatura loca que les voy a costar la vida
y que si los niños no deben pensar sino en el
Cumplió su palabra. Vino. Eso sí: todo se lo colegio. Como si en ese caso no estudiaría yo con
contó a mi mamá, y mi mamá se rió mucho más gusto. Estudio ahora... Y es que hay que
porque lo tomó como una cortesía de mi parte y terminar pronto los estudios para ser hombre...
me dijo «bien educado». Pero, ¡caramba!, pasé Mañana iré. Es tan sencillo... Sí, de aquí me
mis buenos apuros. Le tuve que decir a mi mamá parece muy fácil; pero luego el miedo me deja
que me había olvidado de contárselo. Y la cosa no como un estafermo. No hago más que llegar a la
pasó de ahí. Luego, que me ha ido muy bien, lo esquina de su casa y ya estoy tiembla y tiembla. Y
que se llama muy bien, con Angélica. Le he dicho temblar no sería nada; el corazón se me salta y
una porción de cosas, paseando por el patio de las todos los que andan por la calle me miran y a mí
plantas; no muy claras, pero creo que después de se me figura que me descubren las intenciones, o
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si no, que me toman por un ratero. Lo cierto es una pena muy suavecita. Yo pienso entonces en
que ahora no me atrevo nunca a doblar la esquina. Angélica y a veces me entra una alegría inmensa,
A lo sumo, miro por entre las puertas del almacén y otras veces me da esa misma pena suavecita del
ese, pero como desde ahí no se ven todas las cielo… Por las mañanas me gusta el patio de las
ventanas de la casa de Angélica, muchas veces me plantas. Los pajaritos, llegan hasta la misma
quedo en ayunas, sin saber si está o no. Y luego ventana del comedor. Conmigo son muy valientes,
que el tiempo se pasa volando... Esperemos un día los caballeros: yo no me muevo y ellos no se
más, y si no… vuelan. ¿Sabrán que los quiero? Dice la Juana que
qué van a saber y que si no veo que lo que
¡Lo que son las cosas! Ahora está viniendo quieren es comerse las migas donde ella sacude el
muy seguido. Sale al centro casi todas las mantel. El chorrito de la pila también parece un
mañanas y después viene acá, y cuando yo llego pájaro a esa hora, no sé si porque el agua sale
del colegio, a almorzar, me la encuentro muy sí como a saltitos o si por lo que suena. Todo es
señora en el cuarto de costura charla y charla fresco a esa hora, como si el patio, lo mismo que
mientras mi mamá zurce la ropa de nosotros. No las personas, se lavase y se peinase por las
le he podido hablar nada de eso todavía, pero no mañanas...
importa, ¿qué apuro hay? ¿No me va bien así,
acaso? Estoy feliz, pero bien, bien feliz. Y por las Loa grandes dicen que todo lo hacen por el
tardes, me subo al departamento de los sirvientes, bien de uno, y mientras tanto no saben sino
porque me gusta ese corredor que da a los quitarle a uno los gustos que tiene. Dice mi mamá
tejados, al anochecer, y de ahí veo las copas de que lo hacen para que uno sea feliz cuando
los árboles que asoman de los patios y oigo las grande; pero otras veces dice que los grandes
campanas de San Francisco y de otras iglesias nunca pueden ser felices y que la felicidad no dura
más distantes y las copas de los árboles y las sino mientras uno es chico, ¿Cómo se entiende,
campanadas me parece que flotan en el aire. Por entonces?...
un lado, el cielo se mueve, y van bajando las listas Tan feliz que estaba yo, y hoy mi mamá, se
de colores, que unas son como de fuego, y como ha molestado conmigo porque he traído malas
oro, y rosadas, y verdes; y por el lado de la notas del liceo, y me ha dicho que me estoy
cordillera, los cerros se ponen color ladrillo volviendo torpe y que así no voy a pasar nunca del
primero, y después morados, y el cielo como con primer año. Entonces ha dicho mi abuela que
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como me la paso leyendo libritos de cuentos y Como ya no tengo libritos de cuentos, hoy
pensando en las musarañas, no estudio; y mi domingo me fui a mi rincón. Por disimulo y para
mamá me ha roto los libritos, y ahora dice que contentar a mi mamá haciéndole creer que iba a
nunca más me los comprará, aunque los pida por estudiar, me llevé los cuadernos del colegio; pero
todos los santos del cielo, como no sea en las no hice sino pensar en las hadas, y Angélica era la
vacaciones. ¡Qué se va a hacer! Me gustaban princesa y yo el niñito que en vez de irse a correr
porque me hacían pensar muy claro, como cuando mundo por el camino de flores, se fue por el de
estoy soñando y yo digo algo y me contestan, y espinas; así es que al fin yo me casaba con la hija
me parece que soy grande y que me he casado del rey, es decir, con Angélica. Después me cansé
con Angélica; y además, aprendía muchas de pensar; pero me quedé siempre en mi
palabras en los cuentos, y a poner los puntos y las rinconcito, hasta que obscureció. Mi rincón está en
comas, lo que no se puede aprender en el colegio mi cuarto, entre la cómoda antigua, la de
porque el profesor lo explica con reglas que se incrustaciones de nácar, y la pared que da a la
olvidan. Es una lástima que me hayan quitado los salita, y es el sitio que más quiero de toda la casa,
cuentos, porque todo eso me servía para escribir Ahí escondo mi diario, bajo la alfombra, y ahí me
mi diario. Si a mi abuela, ya se sabe, se le ocurre gusta estar aunque no haga sino contar las rayas
siempre lo más fastidioso. Como me odia… Porque del papel de la pared; y pestañear como Angélica,
se necesita tener odio para hacer lo que hace y reírme como ella, y contestarme yo mismo todo
conmigo. Ya me he fijado en que cada vez que mi lo que quiero que ella me conteste cuando le
mamá se acuerda de cuando yo nací, mi abuela cuente mis planes. Yo no sé por qué le tengo
pone cara de furia y me mira con un rencor que cariño a todo lo que hay en mi rincón, y me lo sé
parece que yo le hubiera hecho un daño muy de memoria: en el costado de la cómoda, en la
grande naciendo. Y si me encargaron, ¿qué culpa corona que tiene en medio el pavo real, falta un
tengo yo? Así se lo dijo una vez don Carlos, que pedacito de nácar; quedan treinta y dos. Lo que
era una cosa que no tenía remedio. Pero ella es no me gusta es el ojo del pavo real. Parece de
muy bruta. gente y da miedo. Por eso yo se lo arreglo siempre
con el lápiz...

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¡Cómo me pesa, cómo me pesa haberlo varias cosas, pero yo no le podía contestar.
hecho! He sido un idiota, un animal. Y todo lo he Entonces me dice él, con un tono de gran
perdido, y para siempre, tal vez, No sé qué voy a personaje, el muy imbécil: —¿Cómo estás,
hacer ahora. ¡Dios mío, Virgen Santa, que se chiquitín?— Y tampoco le contesto, sino que lo
arregle esto! Pero si ya no es posible, si ya ni miro con un odio atroz. Entonces se miran los dos
como a un niño me quiere... ¡Qué desesperación! muy admirados, y él me pone la mano en la
No, si no puede ser. Angélica mía, perdóname, ten cabeza y yo se la quito de un manotón. Y él me
compasión de mí, que soy muy desgraciado. dice no sé qué cosas más, como haciéndome
Nunca más seré grosero. Es que soy celoso y me bromas. Yo no le contesté nada todavía, pero ya
volví loco. ¿Qué me daría? Debe de haber sido cuando me preguntó que por qué estaba tan
cosa del diablo... Me había acostumbrado a ir furioso, le dije: —Cállese, intruso, animal, bestia.
todas las tardes. Nunca me animaba a pasar de la ¿No se había ido al campo?— Y ella,... no lo haría
esquina; pero por las puertas del almacén la por maldad,... pero me reprendió y me dijo que
divisaba, y aunque fuera temblando de impresión eso estaba muy mal hecho y que era muy feo, y
y de nerviosidad, pasaba el rato y me venía que de cuándo acá me había vuelto un niño
conforme. Pero ayer, yo que me asomo, y veo que grosero y mal criado. No lo haría por maldad,
está con el bandido ese del Jorge en el balcón. Si pero... entonces, peor, pensé yo, porque rabia sí
hubiesen estado los demás de la casa, siquiera... que se le conocía en la cara; y le contesté que
pero no, los dos solos, juntitos, y él le hablaba con más feo era lo que estaba haciendo ella con ese
la cara muy cerca de la suya y ella se reía. Y, ¡cla- tipo ahí. Entonces se puso más enojada porque le
ro!, ¿cómo iba a poder contenerme? Todo fue decía tipo al otro,... tanto, que primero me asusté
verlos y obscurecérseme toda la calle y zumbarme y después solté el llanto y me salí a la galería. Ella
los oídos, y correr y subirme a su casa... —Yo lo salió riéndose, entonces, detrás de mí, y ya me
mato, lo mato,—iba diciendo por el camino, me habló con suavidad otra vez y, afuera, me dio un
acuerdo, pero en cuanto me vi ya en la mampara beso y me quiso tomar en brazos, pero yo no soy
y preguntaron quién es y yo no sabía quién decir, ningún imbécil y me limpié la cara donde me había
se me cortó el ánimo y me quedé como un tonto y besado y no la dejé que me tocara. —¡Qué
con un dolor aquí atrás, en la nuca, terrible. Y la chiquillo más divertido! ¡Celoso! ¡Qué divertido!—
sirvienta me abrió y me hizo entrar hasta el decía la muy... ¿Y no quería también que volviera
balcón, y ella, muy alegre, me besó y me preguntó y le dijese a él que me disculpara?... Que porque
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era muy bueno y la quería mucho a ella... Pues No ha venido, me he pasado todo el día
menos que nunca, en ese caso. Así se lo dije. Y ahí temblando de verla llegar y, al mismo tiempo,
fue la grande: se puso muy seria, de verdad; me deseando que viniera para ver si hablaba con ella.
estuvo mirando un rato, callada; luego me volvió a Pero no ha venido. ¿Qué será? Ahora me pesa no
hablar: —Anda, vamos, no te pongas antipático.— haber ido al liceo, porque así habría pasado a su
Me dio una rabia... Y como le dije que más an- casa después y le hubiera pedido perdón; en tanto
tipática estaba ella, (porque la odié con toda mi que ahora me sigue el susto...
alma en ese instante,) me gritó: —¡Al diablo,
chiquillo tonto! Mañana te voy a acusar a tu mamá ¡Mamacita, yo te lo quisiera decir todo a
estas gracias, verás.— Y se fue y ya no regresó. ti!... Pero ¿cómo supiera yo que no se iba a
Qué más, no sé, sino que llegué a casa enfermo y enojar? Porque no es que me den ganas de
llorando a gritos. Mi mamá me preguntó que qué decírselo por miedo de que Angélica me acuse; ya
me dolía y yo le dije que el estómago. Y me acos- no me acusa, es un hecho, porque entonces no
taron y me hicieron la mar de remedios y me habría dejado pasar casi dos semanas, me parece
dieron un purgante. Así es que, encima de todo, a mí, sin dar acuerdo de su persona; pero es que
tuve que soplarme aceite de castor. Pero ya había así no me desesperarían todos como me
dicho yo que era el estómago y todos decían: — desesperan. Esa sería la cuestión. Ahora duermo
Cólico, es cólico.— Además, así podía llorar con menos que nunca, y es natural, porque estoy más
motivo. A veces no quería llorar más, de pena de triste que nunca también; pero eso no quita que
ver a mi mamá tan afligida, pero no podía sujetar por las mañanas no pueda despertar, bien borra-
el llanto, era imposible... Lo raro es que no me cho de sueño y con la cabeza como una piedra,
desvelé. Al contrario, me quedé dormido muy que se me cae encima de la almohada, y no tengo
temprano y sin saber cómo. Hasta que hoy fuerzas para sostenerla, ni para abrir los ojos, ni
desperté, ya muy tarde, cuando mis hermanos se para levantar los brazos, ni para oír siquiera lo que
habían ido al colegio sin mí. Yo no voy a ir en todo me grita mi abuela, porque estoy dormido con
el día, porque estoy como atontado, y además todo el cuerpo y no con el pensamiento solo, como
quiero estar aquí cuando llegue Angélica para dormía antes. Bueno, pues mi abuela no para
pedirle perdón y que no me acuse a mi mamá... hasta que me siento en la cama y estoy
vistiéndome y me acuerdo de nuevo de mi
desgracia y de nuevo me entra este dolor a latidos
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en el cerebro. ¡Qué desesperación me dan a mí me perdona una sola noche. Y me observa a toda
estas cosas! Como sino hubiera más que hacer hora, porque también dijo don Carlos que no es
sino darle rabia a uno encima de su pena. Ya es bueno eso de que un niño esté horas de horas
mucho, es mucho. Esta mañana me ha mojado la solo. ¿Me estarán tomando fastidio mi mamá y
cara cuando ha visto que no podía despertar, don Carlos también? Por eso digo que sus motivos
diciendo que es el santo remedio para la flojera y tendrá mi abuela para odiarme así... Otra: que
que si me levantara más temprano todavía, ayer me han llamado los dos, mi mamá y don
tendría más salud, como mis hermanos, y que así Carlos, digo, y me han hecho seguirlos, y
no haría sufrir a mi pobre mamá, que es una atravesábamos la casa y yo decía: ¿A qué vendrá
infeliz tonta de remate. Y después ha empezado esto? ¿Me habrá acusado Angélica? Y no, sino que
con lo de siempre, a decir que yo no daba sino cuando hemos llegado al salón y se han sentado
molestias y que más valía que hubiera vivido la ellos, mi mamá ha comenzado con unas preguntas
hermanita que dicen que se murió de pecho y no muy raras primero: que por qué estaba cada día
yo, porque da todas las calamidades de la familia más ojeroso y más distraído, y que con qué niños
yo solo tengo la culpa, Y yo, sin chistar, como me me juntaba en el liceo, y que si nadie me había
ha aconsejado don Carlos; pero ella, dale y dale. enseñado travesuras; y luego, cuando ya me han
¡Será mala! Y además, a mí me parece esto una visto nervioso, me han metido susto con que si
brutalidad... Pero también pienso a veces que supieran algo me quemarían las manos y me
cuando ella lo repite tanto y tan convencida, no mandarían preso. ¿No digo yo? Si ya es mucho
será sin motivo, y... ¿qué voy hacer?... me da más sufrir. Porque esto parece de esas cosas que uno
pena, porque ¿cómo voy a conformarme con sueña y asustan aunque no se entiendan...
eso?... Aunque ahora llego a creer que así debiera
haber sido. Y mi mamá, también empeñada en
martirizarme. Eso es lo raro. Parece que se la
llevara pensando cosas malas de mí. Cómo puede
ser esto, no me lo explico; pero es la impresión
que me deja con su vigilancia y su cara
preocupada y su empeño en que juegue sin ganas.
Desde que se le ocurrió el otro día a don Carlos
decir que los niños deben acostarse cansados, no
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¿Y por qué no viene Angélica?, digo yo. ¡Esto faltaba! El rector del liceo ha mandado
¿Será que se ha enfermado? Si se muriera... Sí, llamar a mi mamá y le ha dicho que el consejo de
sí; podrá ser pecado mortal pensarlo; pero más profesores ha resuelto preguntarle por qué soy tan
valdría, quién sabe, porque así me moriría yo tam- quieto. Dicen que es mucha mi formalidad y que
bién y asunto concluido. Lo que falta es que haya eso no está bien. ¿Serán brutos? En lugar de estar
resuelto no acusarme, pero no venir más tampoco. contentos de que tenga buena conducta. Pues no
¿Y qué haría yo entonces? Yo que ahora me señor, y le han dicho a mi mamá que además el
espanto sólo de pensar en ir a su casa, ¿Y para señor Latorre, que es inspector, me ha espiado
qué voy a ir?, también. ¿Para encontrarme otra toda la semana y no me ha visto jugar ni una sola
vez con el cuadro del otro día y caerme muerto? vez. Miren cuándo viene a darse cuenta de que yo
No sé, no sé qué voy a hacer. Don Carlos, dicen no juego... Con el chisme, ¡natural!, mi mamá se
que piensa irse de viaje y llevarme. ¡Que no lo ha preocupado más y ha vuelto del colegio
haga, por Dios! ¿Qué sería de mí entonces, sin es- llorando, y en cuanto yo he llegado me ha repetido
peranza siquiera de verla y de que me perdone? las preguntas, llora que llora, y después me ha
Porque todavía me parece a mí que todo se podría sentado en sus faldas y me ha hecho muchos
componer. Pero es que no viene, Dios mío, no cariños y me ha dado muchos consejos que ni
viene, y yo me voy a morir. Hoy, de tanto venían al caso. Yo estuve tentado de contárselo
acordarme de ella, me puse a llorar a la mitad del por fin todo, porque cuando uno tiene pena y ve
almuerzo; y como fue delante de todos, se armó que otro también tiene, dan ganas da contar. Pero
una bolina, porque mi mamá se afligió muchísimo, no me atreví. ¡Claro, cuándo me atrevo yo a nada!
y mi abuela dijo que con azotes y baños fríos de Soy más poquita cosa... Y esto no es lo peor.
asiento se quitaban esas mañas, y mis hermanos Cuando yo digo que ya no es vida la mía...
soltaron la risa, y terminaron peleando las dos. Después se apareció don Carlos con el doctor, que
¿Por qué no podría contenerme? ¡Ave María! Y es me oyó el pecho y la espalda, y me golpeó la ba-
que ya no me doy cuenta de lo que hago. No sé en rriga poniendo los dedos como un martillito, y me
qué va a parar esto. Me siento enfermo... miró adentro de los ojos, y me tocó todo el cuerpo
a ver si tenía glándulas, y la mar de historias,
mientras mi mamá le iba diciendo que a media
noche me quejo dormido, unas veces, y otras doy
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saltos en la cama, y otras hablo... ¿Qué hablaré, da la sopa por su propia mano y me corta el
Dios mío? No lo dijo mi mamá y el doctor tampoco asado, tener que pasar atento a la voluntad de
se lo preguntó; pero yo me llevé siempre un susto. todo el mundo, es insoportable. Si a veces, de
Ah, y el doctor me hizo también las preguntas tanto sufrir, me pongo como insensible y me
esas que ponen nervioso, y yo, por supuesto, no parece que me voy a quedar dormido en donde
supe contestar. Mi mamá me decía: —Contesta, estoy. Si supieras todo esto, Angélica, ¿no me
niño.— Pero si yo no entendía, ¿qué iba a querrías?... ¿Y a dónde me pensará llevar don
contestar? Me avergonzaba, lo único, porque me Carlos? Yo no voy, yo soy capaz de confesárselo a
parecía que me querían pillar en algo, y a uno le él antes. Sí, él es muy bueno, y muy inteligente, y
entran nervios con esas cosas siempre, aunque no me quiere mucho, y debe saber también lo que
tenga culpa ninguna. Al último, el doctor dijo: — son angustias, puesto que lleva un diario de su
No es gran cosa, señora. No se aflija. Está un poco vida; y quién sabe
anémico, el chico. Parece que se va a desarrollar si hablaba con Angélica y le pedía que no me
demasiarlo temprano.— Y entonces me preguntó a dejase morirme, y que no le hiciera caso a ese
mí: —Y tú ¿qué dices de eso? ¿Te gustaría ser criminal, y que me esperase un poco nada más
hombre pronto?— ¡Ay!, me saltó el corazón y le porque ya ha dicho el doctor que seré hombre
contesté inmediatamente que sí. Y ya me había pronto... Yo se lo digo, porque si no, tendré que
alegrado, cuando dijo que me convendría hacer valor y hablar con Angélica yo mismo,
levantarme a las seis... ¡Qué sabrá él!.. Y que me aunque me dé un ataque en cuanto la vea…
bañasen y me diesen unas fricciones con agua de
Colonia y las píldoras que me recetó. Ah, y que si … y por eso no quiero alegrarme, porque
me pudieran sacar al campo, mejor, aunque cada vez que espero contento alguna cosa, me
perdiera el colegio. Y cuando él se ha ido, ha dicho resulta mal. Así es que más bien tengo miedo. En
don Carlos: —Bueno. Estoy resuelto. Me lo llevo.— fin, la voy a ver, siquiera. ¡Ay, qué angustia!
Quiere hacer siempre el viaje y llevarme. Así es Desde que mi mamá dijo al regresar de misa que
que la cosa va peor y peor. Porque todo esto es un el sábado es el santo de Angélica y yo le pedí que
martirio que no tenía yo por qué sufrirlo. Tras que me llevara y ella me contestó que bueno, que me
no veo a mi Angélica y me la paso con el alma llevaría por distraerme un poco, no sé lo que me
oprimida, tras que ni siquiera como sino por que pasa. Vamos a ver...
no chille mi abuela y no se aflija mi mamá, que me
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No sé por qué ahora, mientras más sufro, llamas una cosa muy enorme, y se me viene
más quisiera sufrir, y que me pasaran cosas muy encima, como para aplastarme, y yo me pongo a
horribles, de esas que ponen a todos muy tristes; gritar de espanto y quiero salir corriendo; pero en-
y que me muriera, por último;... pero que lo tonces no me puedo mover, y sigo a gritos, y
supiese todo ella, eso sí!... Porque no hay después... debo de dormirme bien dormido,
remedio, ya se acabó todo: le han avisado que porque ya no sé nada. Yo digo que no será delirar,
estoy muy enfermo y no ha sido capas de venir un porque de esto me acuerdo, y de las cosas que
ratito. Eso ya es tener mal corazón, digo yo. Le dicen mis hermanos que hablé anoche, no. Me
debía tener odio, y sin embargo la quiero más que acuerdo sólo hasta cuando me trajeron. Eso no se
nunca. Y debe ser verdad que estoy tan grave. me borra.
¡Mejor! ¡Ay, qué bueno sería que me muriese y le Mi mamá me llevó a casa de Angélica y,
dijeran que me había muerto por ella!... Lo que como era su santo, había tertulia, y muchísima
me asusta es esta cosa tan rara que me da de gente había comido en la casa y estaban todos en
repente ¿Esto será delirar? Dicen que me he el salón cuando nosotros llegamos, Pero en el
pasado toda la noche delirando, y debe de ser comedor quedó siempre la mesa puesta con tortas
esto. Aunque, no me acuerdo de lo de anoche sino y helados y muchas botellas, y la Raquelita me
hasta cuando me trajeron, y yo digo que si fuera llevó allá. Al poco rato mi mamá fue a buscarme
delirar esto que me pasa ahora, me acordaría. ¿Y para que saludase a Angélica, y entonces fue
qué es entonces esto tan horrible? Tengo un cuando ya comencé a sufrir, pero más de lo que
miedo... Si no fuera porque me han dado unos yo había sufrido nunca. Ella me recibió muy seca,
deseos muy grandes de consolarme con mi y mi mamá me dijo que la besara; pero yo no me
cuaderno, despertaría a mi abuela, que se ha atreví, sino que me puse a tiritar de pura
dormido en la mecedora, cuidándome mientras impresión. Y ella no me dijo más que: —¡Hola! Tú
duerme mi mamá, que dicen que no se ha también has venido a saludarme. Muy bien
acostado en toda la noche por velarme, ¿Qué será hecho.— Pero del beso, nada. Y mi mamá me
esto? No me atrevo ya a mirar a la ventana, preguntaba:—¿Ni un cariño siquiera, hijito? Y
porque de repente me quedo sin poder quitar la tanto como la quieres...— Y luego le contó a ella
vista de la cordillera, y en esto, de los cerros mis nervios y mis cosas, y que si estoy muy ané-
empieza a salir fuego, y todo el cielo se pone mico, y que si había tenido un cólico atroz, y qué
colorado, y después va saliendo de entre las sé yo; pero que cómo la querría a ella, a Angélica,
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cuando hasta en sueños, muchas veces, le decía volvió a decir: —Dale un beso, niño.— Yo bajé la
frases de cariño. Yo me impresioné muchísimo vista, muerto de pena y de vergüenza; y sin
cuando mi mamá dijo estas cosas, pero me alegré embargo, de tonto, esperé a ver si ella me lo
también, porque yo quería que Angélica las pedía también. Nada; se rió, con una risita de esas
supiese, a ver si se compadecía y me volvía a para salir del paso, y se volvió a mirar al espejo, y
querer, y además porque no habría tenido valor en seguida llamó a la Raquelita para que me
para contárselas yo mismo. Pues, ella, apenas si llevase a tomar helados, y ella se fue con mi
habló no sé qué de loa cólicos. Me entró un mamá no sé a dónde. Entonces ya me dieron
desconsuelo tan grande... Y eso que mi mamá, se ganas de llorar a gritos. Y es que me pareció que
lo explicó todo bien claro, y ella comprendió que me quedaba muy solo y sentí como que se me
no había sido cólico sino la pena de esa tarde, que enfriaba toda la vida para siempre. Así es que, sin
bien se lo conocí yo en la cara. Pero ¿me dijo algo darme cuenta de lo que hacía, me dejé llevar de la
para consolarme, siquiera? Ni una palabra; sino: mano por la Raquelita...
—Vaya. Pobre chico,— y mirándose al espejo que En el comedor, me acuerdo que la Raquelita
hay arriba del sofá, como si ni oyese o si estuviera me sirvió una porción de cosas, pero yo no quise
pensando en otra cosa. Y mi mamá seguía sino limonada. Ah, me acuerdo también que unos
explicándole; pero ella no salía de:—¿Sí? ¿Sí? caballeros hablaban mucho y se balanceaban
Pobre,— y sin ganas. ¡Parece mentira! Yo ya no la desde los talones hasta las puntas de los pies,
miraba, porque no sabía de mi persona, con la parados alrededor de un viejo muy feo con lentes
tristeza, que me iba ahogando; y ella tampoco me amarillos, y que yo tenía la vista clavada en un
miraba a mí, estoy seguro, porque en tal caso gobelino de la pared, donde unos hombres medio
habría sentido yo sobre la cara ese calor que desnudos y muy mal hechos querían cazar un ja-
siento siempre cuando alguien me mira y yo no. balí muy bravo... Ese jabalí me parece ahora que
¡Ni me miraba siquiera! ¿Tendrá perdón? es la cosa enorme que sale de los cerros... No, no
Un momento tuve miedo de que me acu- sé bien... Bueno, en esto, pasó un bulto por el
sara; pero después comprendí que no lo haría y pasadizo y... me lo avisó el corazón, porque di un
que, al contrario, estaba nerviosa por irse a otro salto en la silla... y lo vi pasar por la otra puerta
lado y con ganas de acabar pronto, como si del comedor, y era él, Jorge.
nosotros le estuviésemos dando una lata. Pero mi Yo no sé qué hice entonces. Lo único que sé
mamá no se daba cuenta y seguía, hasta que me es que llegué solo al salón y que cuando yo
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entraba, Jorge se iba con Angélica por la galería. se agacha y recoge del suelo una copa, y la huele,
Creí que me iba a caer muerto. Se me aflojaron y se la da a oler a los demás, y después dice: —
las piernas y se me clavó este dolor que todavía Esta es la madre del cordero. Ha dada cuenta del
tengo en el cerebro, y me agarré a una cortina y cacao.— Y toda la gente suelta la risa. Y unos
ahí me estuve hasta que me volvieron un poco las decían que por lo dulcecito me había gustado; y
fuerzas, y después me asomé a la galería, y ahí otros, que las borracheras lloradas eran las
estaban los dos paseándose de la mano. Me dio peores, y que pobre criatura, y que qué divertido,
una desesperación, que no podía respirar. y la mar de imbecilidades, mientras yo no podía
Después, me acuerdo que estaba fijándome en contener el llanto, que ya era como un ataque y
que el tal Jorge sabía hacer muy bien ademanes me venía como hipo que me ahogaba y me hacía
con los brazos y que yo pensaba en que no los doler el corazón. Hasta que por último mi mamá
podría yo hacer lo mismo porque a un niño no le perdió la paciencia y me dio de pellizcos, y me
resultan bonitos con los brazos tan chicos y el sacó y me trajo en un coche. Después... no sé
traje de marinero... cuando, de repente, ella se le más, sino que estoy con fiebre y que he pasado
pone delante y le empieza a arreglar la corbata, y toda la noche hablando esos disparates que
él le toma los brazos, y ella se echa atrás, pero él cuentan mis hermanos…
se agacha y le da un beso en la cara...
Ahí sí que no pude más. Primero se me dio
vueltas toda la casa y después solté el llanto y salí
corriendo, a perderme, y llegué otra vez al
comedor y, sin saber para qué, me metí debajo de
la mesa. Lloraba a gritos, y todos vinieron, y se
armó un alboroto; porque todo el mundo quería
saber lo que me pasaba, y las señoras me
preguntaban: —¿Qué tienes, hijito?— y los
hombres: —¿Qué pasa? — y mi mamá como una
loca. Pero yo escondía la cabeza entre los brazos y
seguía llorando, con ganas de morirme; y cuando
alguien me quería sacar de ahí, yo me hacía soltar
a puntapiés. Hasta que en una de estas, un señor
22
En este punto, el diario se vuelve de pronto Hablaba la señora con voz opaca, pero fe-
inconexo y contradictorio hasta el grado de brilmente. Obedecía sin duda a ese prurito
hacerse ininteligible en sus líneas restantes. absurdo, pero tan común en los contristados, de
Ignoro cuántos días después de escrito el último rememorar con cruel minuciosidad cuantos
renglón puso la casualidad en mis manos este fenómenos se sucedieron hasta la crisis final del
cuaderno doloroso e ingenuo. Sólo puedo decir enfermo a quien lloran. Aquella mujer había
que fue una tarde en que la tristeza de mi amigo llorado ya mucho. Ahora, un secreto instinto de
Carlos Romeral me exigió acompañarlo a ver al distracción, o acaso una vaga esperanza de
enfermito. Fue acaso la hora más amarga de mi amparo, arrastrábala a contar los desgarradores
vida. episodios. Yo atendía, no sé si por educación o
Los atardeceres son todos melancólicos en porque no hiriese mis oídos el monólogo
los cuartos de los enfermos; pero mi memoria terriblemente plácido del loquito. Por momentos,
conserva el de aquella estancia, como una llaga en percibíamos el murmullo de los médicos que en la
carne viva, siempre irritada y sangrante. Una habitación contigua deliberaban en junta. Entonces
insufrible congoja me oprime aún al recordar la la madre suspendía su relato, y yo podía leer en
penumbra en que todos nos desdibujábamos como su mirada suspensa la blanda y triste esperanza
espectros, la ventanita en alto por donde se veía de los débiles. Pero se apagaba el rumor, y ella
un trozo de cielo azul gris y asomaba de rato en proseguía.
roto un volantín silencioso, la lívida pincelada del En los comienzos de la enfermedad, tuviera
lecho sobre el cual erguíase borroso el busto del el niño delirios de terror que concluían en
loquito que hablaba sin cesar, borboteando un convulsiones; después desapareciera la fiebre,
monólogo exasperante. Cerca de mí, la abuela, pero la razón volvía sólo por intermitencias; por
con el gesto agrio de ciertos seres que gruñen al último, el delirio se había hecho tranquilo y
llorar, movíase afanosa, poniendo en orden frascos constante. De los terrores por un jabalí cuyos ojos
y cajas de medicinas; Carlos Romeral, hundido en redondos y cuyos bigotes recortados eran
un sillón, mordíase el bigote, nervioso, humanos, el tema declinara en disputas absurdas
desesperado, rebelde; y yo escuchaba el relato con unos lentes amarillos y en diálogos con
que la madre me hacía sobre el proceso de la campanadas que ya pasaban volando, ya flotaban
enfermedad de su hijo. en el aire, ya caían como goterones en una laguna
imaginaria.
23
— Y hoy, —concluyó la madre, — su tema Comprendí en aquel discurso docto, el
único es el de las campanas. Jamás nombra exordio de un desahucio próximo.
personas, ni a mí. Tampoco sufre, como usted ve; Minutos después, atravesaba yo la Alameda,
por el contrario, parece deleitarse con su delirio. camino de mi casa, y de pronto me di cuenta de
Es horrible; ese contento inmutable es espantoso. que llevaba el cuaderno. Por un movimiento
Y calló, ahogada por las lágrimas. automático, lo abrí...
Hubo un silencio, pesado, fúnebre. De Cuando terminé de leerlo, las campanas de
pronto recomenzó el monólogo del loquito. Aquella San Francisco iniciaban su tañer vespertino, lento,
vocecita tristemente encantada interrogaba a las grave, trágico, y yo, medio contagiado ya de aquel
imaginarias campanas el significado de sus sones. tema de locura, sentí que las campanadas se
Un momento, su mirada se encontró con la mía, y desplomaban una a una, como enormes lágrimas
el fulgor metálico de aquellos ojos perturbados me de pesadilla, sobre mi corazón.
apuñaleó las entrañas como una daga fría. Hice un
esfuerzo y le sonreí. Me respondió él con la
carcajada triturante de los locos y, convulso de
risa, se tendió en la cama, hundiendo la cara entre
las ropas,
Y fue entonces cuando el cuaderno, que tal FIN
vez estuvo bajo la almohada, cayó cerca de
nosotros. Maquinalmente, me apresuré a
recogerlo. Alcancé a leer en la cubierta: Historia y
Geografía, 1er año. Pero como en ese instante
volvían los médicos, me distraje y lo conservé
entre las manos. Sin sospechar siquiera el secreto
que el cuaderno contenía, mis dedos lo enrollaban,
mientras mi atención deteníase embobada en la
suficiencia facultativa que discurría sobre «los
perniciosos efectos del alcohol en el cerebro
infantil».

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25
ternura de una cosa que pasó,
silenciosa y fugaz melancolía
de lo que pudo hablarse y no se habló…

Mansa melancolía indefinible


que en el alma dormida despertó
ELOGIOS SENTIMENTALES la callada visión de la Imposible
que pasó a nuestro lado y no nos vio...

DE DANIEL DE LA VEGA ¿Alguien se fue?... De la ilusión difunta


despierta una inquietud, un no sé qué;
y aunque nadie responde a la pregunta,
bien sabe el corazón que alguien se fue.

Muchacho de ojos grandes y profundos,


que entre las brumas de tu amanecer,
con los primeros sueños vagabundos
ya sentiste pasar una mujer...

En esta tarde mansa y evangélica


el alma ya está loca de soñar...
Hay un recuerdo pálido de Angélica
y un deseo tan hondo de llorar...

Es una de esas tardes que tú viste.


Pronto el crepúsculo se abatirá.
Tú estás conmigo, dulcemente triste,
y Angélica parece que se va...

Tarde, campanas, pena y armonía,


26
DE GABRIELA MISTRAL

I II

Cuenta el poeta en una página amarga y Trágica e ingenuamente lo llamó en la


suave: tiniebla,
Suele un rayo de luna bajar su rizo fino al sol remoto, al sol que permite cantar...
hasta el cojín fragante en donde duerme el El sol no vino. En torno espesó más la
ave niebla.
que, engañada, la sombra hiende con ala y ¡La llaga vergonzosa le ahogó hasta el
trino. clamar!

Surca la noche, y sueña que el empalidecido ¡Aquella alba lejana, y el ala temblorosa
zumo de luna, lívido, es sangre de la aurora, de la fiebre sagrada! No quiso sufrir más.
y queda, el ala abierta y el tibio pecho Y rasgó la negrura siniestra y silenciosa
hendido, ¡y el ala y el cantar no se oyeron jamás!
sobre los garfios vivos de una zarza traidora.
Tras el monte, la aurora guiñó su guiño
Tal aquel niño insomne, que cuando el trino rosa;
siente una campana niña volteó jubilosa;
golpearle en el cristal de la garganta loca, las alas al azul se sintieron llamar...
desesperadamente llama al amanecer...
En un batir de gozo a los cielos subieron...
Y en vez de la plegaria que el hechizo ¡Sólo aquellas sangrantes en el polvo se
ahuyente, vieron!
enloquecido siente que prendido en la boca ¡La garganta, vaciada de fuego y de cantar!
tiene, como una brasa, un nombre de
mujer...

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28
ternura, en su hambre de amor que nunca una
¡Pobre feo! bella saciará, sufriendo la crueldad suprema del
vientre monstruoso que los concibió débiles y
desarmados ante la Mujer y ante la Vida.
Tierna lectora:

Estos fragmentos, son auténticos. Pertene- DE ISABEL


cen a una serie de cartas escritas por dos primas
mías que con su madre viven en Valparaíso, en ...Sé a quién te refieres, a quién se ha re-
una casa de pensión. Apenas sí he tenido que ferido Luisita en la postal que te ha escrito. Eso es
corregir las de mi primita Luisa, cuya instrucción un absurdo. Es verdad que... (me da vergüenza
aun no basta para ofreceros lectura fácil, decírtelo)... es verdad que el señor ese demuestra
respetuosa de vuestra gramática y de vuestro más que simpatía por mí; pero... yo no tengo la
buen gusto. Si sois frívola, superficial, indolente, culpa, yo jamás le... ¡Bah, protesto de la infamia,
no las leáis, que casi nada os dirán,— o leedlas eso es; no necesito explicarme, defenderme;
solo para reír con la inconsciente crueldad de la protesto, simplemente!
pequeña Luisa.— Pero si merecéis el adjetivo que Y no te rías. Estoy enojada de veras. Si
os doy en el tratamiento, si tenéis un corazón conocieras al tipo, me darías la razón. Siento no
abierto al dolor y a la ternura, las cartas de mis tener un retrato suyo, para que lo conozcas y
primas, en medio de su comicidad terrible, no os comprendas mi rabia. Voy a procurar hacértelo. Es
permitirán reíros sin que la risa, después de de una fealdad que desconcierta. Figúrate un
florecer en vuestros labios, caiga como un clavel muchacho muy largo, muy largo y con esa altura
dolorido, en ofrenda piadosa para aquellos a del adolescente que ha dado un estirón después
quienes un designio incomprensible de la de unas fiebres. Tiene la frente acartonada; es-
Naturaleza parece haber condenado a retorcerse túpida; las mejillas, como cuevas al píe de dos
los brazos en la soledad. pómulos que son dos juanetes. Las pestañas —
Como mi prima Isabel, acaso también vos ¡qué horror!— son plomizas, y sobre su piel,
hayáis encontrado en vuestro camino un José. Son plomiza también, parece que se desmayan los
muchos los que por ser muy feos, muy tímidos y labios blancos, arrugados, fofos... ¿Quién sería
muy débiles, se consumen en su sed infinita de capaz de darle un beso?...
29
DE ISABEL sin embargo! El también se reía; y nosotros, al
verlo tan inocente, ¡más risa!
No era para menos. ¡Infeliz!
...¿De veras te interesa el personaje? Lo que Después de almorzar, —tú sabes cómo se
no consiento es que me digas «dame cuenta murmura en las casas de pensión los domingos
detallada de tus amores con él.» No me molestes. después de almorzar,— disentimos el nombre que
Bien está que como literato te intereses por esta le pondríamos al «nuevo». Que «camello», que
clase de tipos, son muy curiosos; pero no me «escalera de boticario», que «bambú», que
ofendas, déjate de picardías con tu prima... «escape de gas»... Decidimos ponerle «bambú»,
Apareció José, —así se llama,— el domingo por ser de Aurelio la ocurrencia, del ocurrente de
último. La dueña de la pensión nos lo presentó a la la casa. «Bambú» da idea de su altura escandalosa
hora del almuerzo. Ya después del primer plato, y de su terrible delgadez, cierto; pero él es
tenían todos deseos de aludir al «nuevo». Aurelio, descoyuntado, lacio. Parece más bien una tripa,
un pensionista muy burlón y muy divertido, fue por su color de grasa, por su cuello elástico que se
quien rompió el fuego. «—Usted es bien alto—», le alarga y se encoge. Tiene también una manzana
dijo. José, sonrojado, trinchó el beefsteak y tuvo la de Adán como una rodilla de Don Quijote y,
ingenuidad de responder, manso y todo además, es de un aire huraño, ensimismado,
confundido: «—Desde niño prometía yo ser muy tristón.
alto.» «—Y ha cumplido usted su palabra,»— le No sé. No estoy conforme con el apodo. Pero
contestó Aurelio. se lo puso el payaso de la casa. ¡Qué rabia! ¿Por
Con esto, ya te imaginarás: risas en las qué será, primo, que cuando una persona con
galerías. fama de graciosa dice algo, aunque ese algo le
Luego vino un silencio. Todos nos mirá- resulte desabrido, todos se lo celebran?...
bamos, conteniendo la risa; y él, más encarnizado
con su beefsteak. Pero nos había quedado gana de
reír y recurrimos a decir chistes. Chistes sobre los
sirvientes, chistes sobre los guisos que nos da
misia Loreto, chistes sobre todo y a propósito de
todo. ¡Y qué desabridos!.. ¡Y cómo nos reíamos,

30
DE ISABEL las narices y que, con el golpe, la nariz, como es
tan puntiaguda, se le quedó clavada en la puerta.
...Sí, primo; sí, curioso; me hace el amor. Yo le pregunté a él si era verdad esto, y se enojó
Precisamente por eso no te he escrito estos días. conmigo. Pero al poco rato nos pusimos bien,
Estoy irritada, furiosa; no quisiera oír hablar de él. porque yo le estuve contando a qué paseos va
A no ser porque te he prometido contarte... En fin, siempre la Chabelita y qué dulces le gustan más.
¿que te diré?... ¡Que me carga! No me dice nada, Entonces me llevó a su cuarto y me regaló una
no. Es muy tímido, parece de esos seres solitarios docena de postales preciosas. No tiene un santo
que se sienten mal en sociedad. (¡Y tiene razón!) en las paredes, ni siquiera un Corazón de Jesús,
Pero me mira, me mira, me mira, con ojos que lo tienen hasta las puertas de calle. Qué raro,
de perro humilde que implora de su amo una ¿no? ¿Será masón? A la cabecera de la cama tiene
piltrafa. Es desesperante. Yo debo de ponerle cara un retrato de su mamá en un marco antiguo de
de hiena; porque se va, entonces, con un gesto de esos que dan miedo. Igual, pero lo que se llama
tristeza profunda, con los enormes brazos igual a él era la vieja. ¡Pobre! No quiero burlarme
colgantes, más feo que nunca, ¡Imbécil, camello, de ella; no se juega con los muertos...
qué se habrá figurado!
No estoy de humor, no te digo más hoy...

DE ISABEL

DE LUISITA ...Tienes que reprender a Luisita. A costa de


ese infeliz, está dando espectáculos que serán
...Yo te escribo porque Isabel no quiere todo lo cómicos que se quiera, pero algo tristes,
escribirte hoy tampoco. ¿Será tonta? Está furiosa muy desagradables. Anoche me dio mucha lástima
con lo de Bambú. En lugar de hacerle caso, para lo que pasó. El pobre Bambú, que ha adoptado
reírnos un poco... Pero yo te escribo, porque se una jovialidad melancólica delante de mí, aventuró
me figura que de esto vas a sacar tú alguna no sé qué galanteos y no sé qué preguntas, como
novela... Ya tengo mucha confianza con él; hemos tratando de saber cuál era mi ideal de hombre.
peleado y todo. Anoche me contó un pensionista Luisita, indignada, la muy pícara, le dijo: — «¡Es
que una vez le dieron a Bambú con la puerta en usted capaz de creerse buenmozo!»
31
Jamás, jamás se ha figurado él tal cosa; yo DE LUISITA
te lo aseguro: ve que a cada instante tropieza la
frente contra las lámparas; sabe que sus orejas ...Tú creerás, primo, que un tipo tan flaco ha
atortilladas sobre el cráneo, y con puntas, como si de comer muy poco. Te equivocas. Deja los platos
se las hubieran pellizcado al nacer, son limpios. ¡Qué apetito tan extraordinario! Si casi
indecentes; reconoce que su garganta de tripa suspira más por la comida que por la Chabelita...
enrollada se asoma como el badajo de una Ah, y hemos sabido que al infeliz le estorba su
campana por el cuello de la camisa,—porque usa largura hasta en la peluquería. Dice Aurelio que
unos cuellos... para sacarlos abrochados y con hoy lo vio cuando le estaban cortando el pelo y
camisa y todo por encima de la cabeza;— no que el peluquero, para poder alcanzarle a la
ignora, en fin, que ni sus escuálidos brazos que cabeza, lo había tenido que sentar en el suelo.
moldean los codos en las mangas, ni sus pies ¡Y no quieren que me ría!...
enormes y planos, ni sus inverosímiles canillas son
prendas de belleza.
Pero volvamos al relato.
«—Mírese al espejo», —agregó Luisita. DE ISABEL
Humillado, mudo, se desplegó él de su
asiento, como algo dobladizo, y se fue... Al pasar ...He tenido que reírme por fuerza. Luisita le
frente al espejo, se miró a hurtadillas, ha dicho que me gusta mucho el piano. Sabe tocar
rápidamente. Yo vi también su imagen reflejada: y —cosa rara— él, tan pavo, tan lánguido, lo toca
aquel talle de niño, aquellas piernas sin fin; una todo con un airecito jovial, todo rápido, picadito,
albóndiga montada en un compás, ¡Qué crueldad coquetón, como salpicando apenas los dedos (¡sus
de la Naturaleza! dedos!) sobre las teclas...
«—¿Han visto?»,—dijo Luisita,— «Tiene la ...No dejes de reprender a Luisita. Se ha
facha de un reo, una cabeza de asesino, con ese propuesto desesperarme. Le da cuenta de todos
pelo cortado a lo perro.» mis gustos y aficiones, y ahora tengo al muy
Debes reprender a esta chiquilla. Así como «bambú» amoldándose a mi horma. Y lo peor es
es capaz de hacer comparaciones, es capaz de que los pensionistas me crucifican a bromas, por
comprender lo que hace. A mamá ya no le mi poder seductor (!)...
obedece...
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DE LUISITA crisantemos. Y he tenido que recibirle los regalos:
ante las sátiras de los demás, se me hizo duro
...Ya lo domino. Vieras tú cómo lo manejo. desairarlo. El caso es que me tiene loca. Ya te he
—«José, desdóblese.»— Y él se eleva de su contado que toca el piano y que lo toca muy a
asiento, como si fuera una de esas tiras con vistas menudo ahora, por saber que a mí me gusta la
de ciudades, —«Pliéguese.»- Y él se vuelve a música. Pues hasta en esto, por agradarme, me
sentar. No se molesta; se ríe. No le queda más produce más alejamiento. Imagínate: al
remedio. Si está mal conmigo, no sabe el parecer preguntarme qué deseo escuchar, me entona las
de la Chabelita sobre sus tonterías... melodías... ¡y con esa voz de fuelle, insonora, que
sale de su boca lívida con expresión de fatiga! Es
terrible, me causa malestar.
Otra: lo encuentro en todos los paseos, muy
DE ISABEL enflorado, muy elegante. (Eso sí, nunca se ha
vestido mal, aunque nada le sienta, al pobre.) Y
…Había dejado de escribirte por no con- siempre asediándome y cargándome... o
siderar de importancia los acontecimientos. Pero haciéndome sufrir con la compasión que me causa.
se han ido sucediendo unos tras otros y han Ahora se empolva, se afeita diariamente, se hace
formado, por su cantidad, un conjunto toilettes. ¡Infeliz! ¿Puede una imaginar un espíritu
considerable, alarmante, digno de que te lo simpático, un espíritu de coquetería en la vaina de
cuente. un sable? Ya no se muestra con aquel continente
Te he dicho alarmante y es verdad. Créeme, lánguido y melancólico; se ha hecho locuaz,
por momentos tengo miedo. Ese hombre me va alegre. Y no sé de dónde ha sacado un inmenso
pareciendo capaz de todo. Lo soporta todo por mí. repertorio de refranes y proverbios; «Él ha
¡Qué tenacidad! ¿Cómo es posible sufrir tanta decidido radicarse en Valparaíso porque ha vagado
insolencia de Luisita, tanta indirecta de los ya mucho y piedra que rueda no cría musgo,
pensionistas y perseverar en un propósito que yo porque ha de ir pensando en el porvenir, en
de mil maneras le manifiesto ser descabellado? Si, formar un hogar (!) ¿Lo alcanzará? La gota de
primo, te lo juro, estoy alarmada. Me obsequia agua orada la piedras...» A veces, oyéndole, no
cuanto considera de mi gusto. Ayer me trajo puedo contener la risa. Lo advierte y ¡otro refrán!
castañas en almíbar; el sábado, una mata de «Quien a solas se ríe, de sus maldades se
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acuerda. ¿Por qué siente usted tan poca simpatía le ha compuesto unos versos. Luisita suele
por mí, Chabelita?» declamarlos por las noches en el salón. Cuentan
Cuando me preguntó esto último, estaba estos versos que Bambú, el que
Luisita presente y, con su inconsciente crueldad de
niña, le respondió por mi. «—Por su nariz, José» — «en cuclillas parece una langosta
«Por mi nariz. ¿Y qué tiene mi nariz?» «—¿Su y de pie puede dar besos al sol»...
nariz? Nada. Usted tiene la misma nariz de su
madre»,.. ¡Figúrate! Creí que Luisita se había no cabe en la cama, pero que su ingenio ha
ganado una cachetada. Lo merecía. Es terrible, remediado el defecto. Coloca tras el catre dos
diabólica, la criatura. Sin embargo, él calló, sillas, de suerte que sacando por entre los
limitándose a mirarme, como para decirme: por barrotes sus «luengas tibias», —así dice el
usted lo tolero todo. Pero poco después se fue, verso,— las coloca encima de los suplementos,
para no salir en todo el día de su habitación. previamente enfundadas en unos pantalones
Y las crueldades de la muy pícara de Luisita viejos, y logra así estirarse y dormir cuan largo es.
no tiene fin. Cada día son mayores. Ahora, por lo Luego viene otra estrofa contando que el cuerpo
visto, no nacen de un mero deseo de reír; sino de de Bambú se eleva tanto de la tierra, que logra
un odio a muerte por el infeliz Bambú, quien la sentir el calor de la luna. Y la última estrofa dice
ofende con el solo delito de quererme. En otra que una noche de espantoso frío, Bambú no
ocasión le dijo: «—Cállese, horroroso. A usted le consigue hacer entrar en calor sus pies. ¿Qué
debían haber torcido el pescuezo en cuanto nació, hace, entonces? Se levanta de la cama, se cala
porque no hay derecho a ser tan feo.» ¿Y qué te cuanto abrigo halla en su ropero y, subiéndose al
figuras que hizo él ante semejante grosería? Se tejado, se acuesta sobre las tejas, levanta las
quedó pensativo un momento, como apreciando el piernas y ¡oh prodigio! sus pies, junto a la luna,
fondo de verdad dolorosa que pudieran tener estas reciben la tibieza tan buscada. Como ves, ya esto
palabras, y al fin murmuró, con una sinceridad de pasa de castaño obscuro. ¡Y no se va de la casa!
partir el alma: «—¡Cierto!» ¿Tendré razón para estar alarmada?
¿Ves? Todo esto será cómico, pero muy Pero, antes de terminar, voy a contarte lo
desagradable. que ocurrió anoche. Ya esto es triste de veras.
Y de los pensionistas ¡para qué hablar! Estábamos en el skatting ring y nos aprontábamos
Valiéndose de Luisita, lo agobian a burlas. Aurelio para patinar, cuando en esto se me acerca Luisita
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y me dice: —«Míralo agachado y dime si no es Una sonrisa, como siempre, una sonrisa fue la
verdad que parece una langosta, como dicen los respuesta del buen José. Y qué amarga, qué
versos.» Miro, riéndome, y veo a José probándose humillada, qué triste. Luego se apartó, en silencio,
unos patines en un rincón, y tan grotesco, tan ri- como si temiese que siguiendo en nuestro grupo
dículo, que aparté la vista de él. Presentí otra sobreviniese el atroz regocijo de los demás, las
escena de burlas y me dolió ya formar entre los risas envenenadoras, el cambio de miradas, y él
que le humillan y le hieren y le envenenan la prefiriese guardar su papel pasivo ante aquella
existencia. Sentí una gran piedad por él y multitud hostilmente alegre, agresivamente
¿creerás? tuve una secreta alegría: entre tanta hermosa que, con sólo ponerse frente a él, le
gente, dije, pasará inadvertido y patinará, y se pisoteaba.
olvidarán estos demonios de él, y se divertirá un Toda la noche sufrí por él. Lo sentía de-
buen rato y... y yo patinaré con él. ¿Por qué no? primido, perseguido en sus expansiones, em-
¡Pobre! Pero cuando ya todos estábamos listos, lo ponzoñado en sus sueños de felicidad... Y no pude
veo frente a mí, embodado, contemplándome... y divertirme. ¿Por qué no se irá de nuestra pensión?
sin patines. «¿No va usted a patinar? —le Le sería fácil olvidarme. Hay tantas de mal gusto.
pregunté. —«No, no me gusta; la veré patinar a Pero, también, estos demonios de la pensión no
usted, Chabelita». —No sé si me equivoqué; pero pueden reunirse jamás sin elegir una persona para
creí hallar en su expresión una tristeza profunda, blanco de sus burlas u objeto de su diversión,
algo así como el reconocimiento de que no eran ¡Qué brutos! Me da una rabia...
para él los goces de nosotros, de que viéndose Me han dado las doce de la noche escri-
incapacitado por sus defectos físicos para biéndote. Como esta carta, por lo difícil, me obligó
asociarse a nuestras diversiones, prefería a hacer borrador... Y lo peor es que me ha hecho
colocarse al margen para no desentonar en llorar. En fin, hasta mañana o pasado, si es que
nuestra comparsa, para no arrancar una vez más ocurre algo digno de mención. No te olvides de
«las risas de las galerías». Mientras tanto, Luisita reprender a Luisita; ya ves que lo merece...
se había acercado a nosotros y, con su odio
exagerado al pobre Bambú, se entregaba a su
diabólico placer de hacer sufrir al infeliz. «Bah,
dijo, no quiere porque no puede. Se ha probado
los patines más grandes y le han quedado chicos».
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DE LUISITA DE LUISITA

...¡Ay, primito de mi alma! ¿Cómo quieres ...Mamá me ha pegado por culpa de ese
que no me ría? ¿Creerás que porque el domingo le animal, que ya lleva dos días haciéndose el
dije que nada le fastidiaba tanto a la Chabelita enfermo para que me castiguen. Como la Isabel
como los hombres tragones, nada más que por está de su parte… Hipócrita, coqueta. Después que
esto, ahora apenas toca los platos? Sí es muy se ría de él, se la lleva mandando preguntar por la
bruto, muy bruto. No le tengas lástima y no te salud de José. José, José... De repente le dirá
molestes conmigo... Pepito. Bien dicen que las mujeres son unas
farsantes. ¡Gracias a Dios que todavía no soy
mujer! ¡Ah! pero me han de pagar todas las que
me están haciendo. ¡Bonita cosa, pegarle a una
DE ISABEL por la estupidez de un extraño!...

...A Luisita no se le puede soportar ya.


Ahora, no conforme con burlarse del desdichado
José, le insulta, le ofende, le saca a cuento la DE ISABEL
fealdad de su madre, hasta le da de puntapiés.
Anoche tuvo el descaro de recitarle los versos que ...Las cosas van muy mal, mi querido primo.
le compuso Aurelio. José, furioso, quiso averiguar Francamente, no sé a dónde irán a parar. Me
quién los había escrito y hubo una escena había limitado estos días a mandar preguntar por
tremenda, de resultas de la cual dicen que el él: simple cortesía para con un enfermo de la
pobre joven amaneció enfermo. Hoy no ha salido casa. Pero esta mañana me contó la sirviente que
de su cuarto. Con un disgusto así, figúrate... el pobre, aunque dice que está enfermo, no se ha
metido en la cama desde la noche del disgusto. Me
inquietó de tal modo la noticia que, ya en la tarde,
rogué a un pensionista que fuese a verlo y a
enterarse de lo que realmente pasaba. Yo, como
había pasado todo el día con la preocupación,
estaba nerviosísima y fui a escuchar junto a la
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puerta. No podría repetirte cuanto escuché. Por cada monumento... que al fin sólo sirven para
suerte, como casi todo me lo repitió después mi caernos encima y aplastarnos...
emisario y como me ha interesado tanto, creo «No, no es el disgusto con ustedes la causa
poder coordinarlo y escribírtelo. Haré la prueba. de mi estado actual; es que aquella noche,
No importa que mañana me hagas bromas desvelado, pensé mucho y medí en su verdadero
diciéndome, como la vez pasada, que me estoy valor la realidad. No le guardo rencor a nadie. Si
haciendo literata. En ese caso, con el roce... «— esto me ha pasado siempre, desde el colegio. A mí
Quisiera poder eternizar estos días,— dijo al no me han querido nunca, ni los amigos. No soy
saberme interesada por su dolor,—poder continuar simpático, ni comunicativo, ni alegre; soy áspero,
así toda mi vida, en este cuarto, enfermo de mi huraño... y feo. Para mí las palabras «amor»,
pena, para seguir recibiendo estos recados de ella, «cariño» suenan como el eco de algo muy bello
los únicos de este género en mi vida, ya que no que existe en el camino de los demás y que Dios
puedo pensar en otra dicha mayor. ¿Las bromas no ha querido poner en el mío. Y a pesar de esto,
de ustedes y de Lupita? No me encolerizaron ¡qué necesidad he tenido siempre de amar! Así es
nunca. Tan sólo me mostraban cada vez más claro como este amor mío, ahorrado por la fuerza en mi
el abismo que hay entre ella y yo. Este era el corazón, se ha vaciado entero en ella. Pero ¿no le
único aspecto interesante de las cosas para mí. parece a usted que soy un iluso? ¡Ah!, si al menos
Sin embargo, no desesperaba; exploraba pudiera ser esta una ilusión eterna... Pero
constantemente dentro de mí, cambiaba de presiento el fin de ella; se me ocurre que cuanto
actitudes, ensayaba nuevos modos de ser, estoy sufriendo es el comienzo, únicamente, de
esperando encontrarme alguna cualidad, algún algo que ha de abatirme. No, no me contradiga.
aspecto que tal vez yo mismo ignorase tener y Los desgraciados tenemos corazón de profeta…»
que, marcándome una nueva norma de conducta, Mí emisario le preguntó si había logrado
me acercase a ella. ¡Sueños! Cada vez me le hacía hablar conmigo alguna vez acerca de esto, «—
menos simpática. Ahora lo veo. Me falseaba y valía Nunca,—contestó— nunca vislumbró ella mi
menos aún. Era la esperanza lo que me impulsaba, verdadero espíritu. No sé por qué, siempre aparecí
era esta esperanza absurda de los muy falseado ante ella. Muchas veces, las
desgraciados que creemos aun en lo imprevisto, circunstancias le obligan a uno a encogerse en sí
en la magia... y forjamos sobre ello cada torre, mismo y a mostrarse diferente de como es, sobre
todo cuando el medio en que uno vive le es hostil.
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Y, usted sabe, yo he vivido aquí siempre Ya ves: yo permitía que se burlasen de él, y le
desconcertado en medio de tanta burla. Además, detestaba, le detestaba...
soy débil, no sé imponerme. Desde niño me Y ahora, ¿qué debo hacer? ¿Lo que mi co-
amansaron las gentes.» razón me dicte? Tengo miedo. Te pido un consejo.
«—¿Y por qué no le habla usted ahora?»—le Te prevengo, con toda franqueza, que ya hoy no
insinuó mi emisario, ya conmovido. José podría querer a estos hombres que no han sufrido
respondió: «— No, no, no; comprendo las y viven en una indiferencia espantosa. Pero, el
aspiraciones que tendrá ella. Son muchos sus caso es que es tan feo, tan feo, el pobre José. Sin
méritos y sus encantos. No debo protestar ni decir embargo, es limpio, viste bien, tiene los dientes
una palabra. No hay derecho a ser tan feo, me dijo blancos y sanos y aun su tristeza me parece ahora
una vez Luisita. Y, para este caso, es cierto. A mí hermosa. Y ya tengo también, veinticinco años.
debían haberme torcido el pescuezo apenas nací, Casi soy una solterona, una carga para mamá. En
como piensa esa chiquilla. Y perdóneme si le fin, aconséjame tú. Tú tienes corazón y conoces la
importuno con mis lamentos. Cuesta tanto vida...
resignarse... Déjeme usted hablar siquiera. La
tortura es superior a mis fuerzas, y usted ha MI CONTESTACIÓN A ISABEL
venido a abrirme una válvula. Perdóneme si
abuso. Reviven mis desgracias del pasado y ¡Pobre primita mía! ¡Qué buena eres, qué
recrudece la negrura del porvenir: la soledad, buena y qué graciosa! Conque ¿una solterona de
siempre la soledad. A sangre fría, estas cosas son veinticinco años? En esto sí que has hecho
cursis, ya lo sé. Pero no sabe usted la amargura literatura, y literatura cursi, que es lo peor. En lo
de sentir abolida la felicidad cuando no se ha demás, no. En la mujer sucede lo que en el
tenido siquiera la pobre dicha de comenzarla...» pueblo: dice las cosas muy bien cuando le salen de
Y no recuerdo más, primo. Se me escapan muy adentro. La intensidad y el colorido de tus
muchas cosas, algo de su madre... ¡qué sé yo! No últimas cartas sólo me prueban hoy que sientes
podría recordar más en este momento. No ceso de muy hondo la desgracia de Bambú. Y, en parte, lo
llorar, te soy franca ¡Quién hubiera sabido antes celebro: así has vivido más, vida intensa y útil.
todo esto! Las mujeres jamás nos detenemos a Pero te aplaudo en este único sentido. Mi consejo,
considerar estas cosas que los hombres no hablan. mi consejo frío, sereno, es duro, va en contra de
tu encantadora sensibilidad y acaso la hiera. Al
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dártelo, no procedo por un sentimiento que ti. No te alucine el heroísmo, mi querida prima;
pudiéramos llamar un egoísmo de familia, no. Bien mira que nadie puede saber de antemano si es de
dolorido me tiene el pobre José. Sobre todo, hay la pasta de los héroes. Sé dura, pues. En estas
en su vida algo que desgarra: su terrible y justa ocasiones estamos obligados a serlo. ¡Sabes tú si
falta de esperanza. Ni es iluso ni es torpe, sabe mañana encontrarás en tu camino un hombre a
que su existencia correrá sombría y abominable quien amar con cariño entero y apasionado? Y si
mientras el amor sea la suprema ley de la vida, lo antes has cedido a la piedad, ¿qué harás
irreemplazable, lo único irreemplazable. Acaso aun entonces? Por no haber sido fuerte hoy, serías
en los momentos en que una clemente entonces cruel e infame, probablemente. Le
conformidad empiece a germinar en él, subirá de faltarías, le… ¡Ay, no sabes cuánta crueldad nace
su corazón el grito desesperado «¡tengo sed de de un corazón enamorado en tales casos para con
ternura!». Es cruel esto, muy cruel; porque ni es el dolor del ofendido! Por tu estado de soltera, por
él un miserable, ni es un vicioso, ni es un ruin; el respeto que debo a tu pudor, no puedo hablarte
porque no ha perdido por culpa suya el derecho al con la claridad que quisiera. Pero busca en tus
amor. Él es un feo; he ahí todo; es un horrible. No recuerdos. ¿No has visto algunos casos ya en la
hay otra razón. Y esto es lo trágico. Porque un feo vida? Medítalos.
es, hasta cierto punto, un fracaso de la ¡Pobre José! Yo siento mucho esto, mucho.
Naturaleza, algo que salió mal, poco servible para Ofrécele amistad. Ya ganará él con ello; puesto
concurrir al sublime prodigio del amor... ¿Qué que, según dice, n i los amigos le han querido. Tú
genio siniestro mezcló en estos seres esas ansias estás ahora admirablemente preparada para ser
infinitas de amar y ser amados y esa fealdad su buena amiga. Aunque, pensándolo bien,
repulsiva? Misterio. Parece que el supremo tomando en cuenta la blandura de tu corazón, veo
concierto de la creación precisa de estos el caso peligroso... tanto, que no te lo aconsejo
desgraciados para hacer los dichosos. ¡Oh formalmente. No, no; mejor no intimes con él:
necesidad innegable del dolor! puedes, por piedad, caer en desgracia y matar en
Y hemos de conformarnos. Lo absurdo es flor la dicha que mereces. Él puede hallar una... no
desear que quienes como tú nacieron destinados a diré una fea... una modesta figura con un corazón
mejor suerte, vayan, por piedad, también a formar semejante al suyo, y celebrar una dulce alianza,
en el bando negro. Divino absurdo éste, sin tal vez gozar de un hondo e intenso cariño con
embargo, que crea héroes; pero no lo deseo para ella, por afinidad, etcétera… Pero tú, ¿tú? No;
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jamás. Tendrías hijos; y ¿te resignarías a tener hi- Y no ha vuelto. Es la una de la mañana y no
jos que corriesen la suerte del pobre José, hijos ha vuelto...
bambúes, para ser cantados por los más o menos
poetas de las casas de pensión? ¡Bah! Debes ser
fuerte, dura; éste es mi consejo.
Y hasta mañana. Quedo en ascuas espe-
rando el desenlace de esta historia que supuse
divertida y que me inquieta hoy terriblemente. Fin

DE ISABEL

...Estoy desolada, Eduardo, desolada. ¡Qué


criatura, pero qué criatura! ¿Sabes lo que ha
hecho Luisita? Pues ha tomado a escondidas de mí
tu carta y se la ha llevado a José. Dice que para
vengarse, ¡Dios mío, Dios mío, lo que son los
niños cuando se mezclan en las cosas de los
grandes! Qué ha pasado, no lo sé; mejor dicho, no
sé lo que va a pasar. La chiquilla llegó llorando a
gritos. Dice que leer José la carta y darle una
cachetada fue todo uno. Y no se sabe más. Los
sirvientes, que acudieron a los chillidos de Luisita,
le vieron salir como un loco. Cuentan que llevaba
en las manos el retrato de su madre y que decía:
«¡Nunca, nunca, nunca más!», y que salió
repitiendo: «¡Nunca, nunca, nunca!», hecho un
verdadero loco, hasta desaparecer en la calle...

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Papá y
mamá
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A prima noche, en la paz de una calle de escucha incomprensivo y mira con ojos ma-
humildes hogares. ravillados. Ramoncito ha mudado ya los dientes;
Un farol, tras el ramaje ralo y polvoriento de es vivo, muy locuaz y sus piernecillas nerviosas
un árbol, alumbra el muro de ladrillos desnudos. están en constante movimiento. Juanita es menor.
Próxima se abre la ventana de la salita modesta, Sentada como el nene sobre la piedra del umbral,
en cuya penumbra se opaca el espejo, brilla el acomoda en un rincón de la puerta paquetitos de
inmenso caracol que sobre la consola canta su tierra, y botones, y cajas de fósforos, y palitos...
sorda y evocadora canción de mar y se desdibuja Juegan a la gente grande, porque ellos,
la esposa sentada en el vano del balcón. como todos los niños, sienten, sobre todo en las
Es joven, la esposa; tiene el rostro empa- noches, una inconsciente necesidad de imaginar y
lidecido por la luz de la calle; los ojos, como fijos preparar la edad mayor.
en pensamientos.
¿Qué piensa la esposa todas las noches a Ramoncito, deteniéndose frente a su hermana, con
esa hora, cuando el marido, en acabando de las manos en los bolsillos y las piernas abiertas. —¿A qué
comer, sale? ¿Qué piensa todas las noches, jugamos, por fin?
sentada en el vano del balcón, mientras la criada Juanita. Ya, ya está el almacén listo.
lava dentro la vajilla y los niños juegan un rato en Y corrige la alineación de los botones y las cajitas.
la acera embaldosada y resonante?... ¿Aflora? Ramoncito. Pero ¿vamos a jugar otra vez a
¿Sueña?... ¿O simplemente se rinde a escuchar el las compras?
péndulo que en el misterio de la sombra marca el Juanita. Es claro, sigamos. Yo soy siempre
paso al sigiloso ejército de las horas?... la madama, y tú me sigues comprando. ¿No ves
Es plácida, la noche. El cielo, claro: nubes que mucha gente de todas estas casas no me ha
transparentes blanquean en el azul ya lechoso, la comprado nada todavía?... Ni la hija del sastre, ni
vía láctea empolva una banda de paz, hay una el tonto de la cité...
polvareda de estrellas y, muy blanca y muy Ramoncito. Bueno. Entonces, ahora soy el
redonda, la luna recuerda viejas estampas de chiquillo tonto de la cité.
romanticismo y de amor. Se aleja unos pasos hasta la esquina. Luego vuelve,
Dos niños juegan en la acera: Ramón y silbando, a pasos descoyuntados, arrastrando los pies, rayando
Juanita. Un tercero, nene que aun no anda, el muro.
sentado en el peldaño de la puerta de calle,
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Ramoncito, con voz gangosa. Madama, trabajo, a comer, pidiendo apurado la comida, que
madama, dice mi mamá que me diga qué hora es tengo que ir al teatro. ¿Te parece?
y que me dé la llapa de huesillos. Juanita. Espléndido.
Juanita. Muy seria en su papel de madama Y renace la animación. La chica da nuevo acomoda a las
indignada. ¡Ah, estúpido qui sei! Dile a tua mama cajas de fósforos, agrupa los botones, desenvuelve la tierra.
que me pague el demanche que le fié a la matina. Entre tanto, Ramoncito, erguido, braceando y a largos pasos que
Pero sobreviene una pausa desairada. A Ramoncito ya retumban en las baldosas, vuelve otra vez de la esquina.
no le divierte aquello. Ramoncito. ¿Está esa comida, Juana?...
Ramoncito. Mira, mejor juguemos a otra Pronto, ligerito, que tengo que salir.
cosa. Siempre al despacho, aburre. Juanita. Voy a ver, Ramón, voy a ver...
Juanita. Palmoteando. Al abuelito, ¿quieres? A Esta cocinera es tan despaciosa...
contar cuentos. Se vuelve hacia su fingida cocina y pregunta: ¿Mucho
Ramoncito. Oye, ¿para qué le servirán los le falta, Sabina?... ¿Sí?... ¡Ave María!
anteojos al abuelito? El chico levanta los brazos, admiradísimo. Luego frunce
Juanita. ¡Tonto! Para ver. el ceño: se ha enfadado súbitamente.
Ramoncito. Así decía yo; pero ¿no te has Ramoncito. ¡Qué! ¿No está todavía esa
fijado que para hablar con uno mira por encima de comida?
los vidrios y para leer se los pone sobre la frente? Juanita. Ten paciencia, hijo, por Dios... A
Juanita. Cierto. ¿Para qué le servirán los ver, mujer, déjeme a mí. Páseme el huevo, la
anteojos al abuelito? harina... Eche más carbón... ¡Viva, anímese!...
Ramoncito. Bueno, bueno. Juguemos... a... Ramoncito, que ha emprendido una serie de
Juanita. ¿A la casa? curiosos paseos, bastón en mano, renegando. ¡Habrase
Ramoncito. Ya. visto, hombre! ¡Qué barbaridad! Se mata uno el
Juanita, con creciente entusiasmo. ¿Al papá y a día entero trabajando, para llegar después a casa
la mamá? Yo soy la mamá, o la cocinera... Lo y no encontrar ni siquiera la comida lista.
mismo da, como tú quieras. Las dos, puedo ser las ¡Caaramba!
dos. Juanita, riendo. Así, así, muy bien.
Ramoncito, improvisando un bastón con una ramita Ramoncito, en un paréntesis. No hables de
seca que recoge del suelo. Yo, el papá. Llego del otra cosa. Ahora eres la mamá y nada más. De

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nuevo en son de marido tonante: ¿En qué pasan el día Juanita. Cuidado, Ramón, que cuesta
entero dos mujeres, digo yo? mucho encontrar sirvientes,
Juanita. Cosiendo, hijo, y lavando y... Ramoncito. ¡Qué sé yo! Tú sabrás. Podías
Ramoncito. Nada. Mentira. Flojeando... aprender de mi madre, ya te lo he dicho. Esa sí
¡Brrr!... que es ama de casa.
Juanita. ¡Dame tu santa paciencia, Dios Como Juanita calla, sin atinar a responder, el chico la
mío! ¡Chsss! auxilia.
Afanada, simula freír, en un botón, un huevo... de paja. Ramoncito. Enójate un poco tú también.
Ramoncito. Paciencia... Me das risa. Tengo Dime, así, rezongando: «Ya me tienes loca con lo
hambre y estoy apurado... apurado, ¿oyes? que sirve mi suegra. Ella será un prodigio; pero
Trabajo como un bruto y llego muerto de hambre, yo, hijo, ¿qué quieres?...una inútil...»
¡Ah! Ya esto no se puede aguantar. La chica suelta una carcajada.
Juanita, que ríe con loco entusiasmo. ¡Chsssss! Juanita. ¡De veras! No me acordaba.
Y... este aceite, Dios mío, no sé qué tiene... Ramoncito. Dilo, pues. No sabes jugar.
¡Chsssss! Juanita, entre dientes. «Ya me tienes loca con
Ramoncito. ¡Buena cosa!... Está muy bien, lo que sirve mi...
muy bien... ¡Ah, y cásese usted! Ramoncito, rabioso, sin dejarla concluir. ¿Qué?
Sus paseos se hacen cada vez más furiosos. ¿Rezongas?
Juanita. NO te quejes así. Y a los niños, a Juanita. Déme esa cuchara, Sabina.
estos demonios, ¿quién los lava, quién los viste, Ramoncito. No, no. Ahora me debías
quién les cose, quién... contestar: «¡Ave María! ¡Qué genio! Debes estar
Ramoncito. ¡Basta! Lo de siempre. Yo no obra vez cargado de bilis. Es tiempo de que tomes
tengo nada que ver con eso. otro purgantito»... No sabes, no sabes jugar.
Juanita. Pero es que... ¡Uy, que se me Juanita. Espérate. Ahora, sí, verás...
queman las lentejas!... Pero es que, por un lado, Ramoncito, dándose por replicado y montando en
estos niños; por otro lado, la calma de esta mayor cólera. ¡Bilis, bilis!... Siempre la culpa ha de
mujer... ser de uno. ¡Ah, casarse, casarse! Para gastar,
Ramoncito, iracundo. Si la Sabina es floja, se para eso se casa uno. Así les digo a mis amigos:
manda cambiar. ¡Caramba! cásense y verán...

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Juanita, con viveza. Se te olvida una cosa: Da un garrotazo contra la puerta de calle. La niña se
«¡Ah, si yo tuviera la desgraciada dicha de sobrecoge.
enviudar!» Y entonces yo te contesto: «No tendrás Juanita, realmente azorada. No se te vaya a
ese gustazo.» ocurrir...
Pero el hombrecito se siente herido en su amor propio Ramoncito, repitiendo EL palo con mayor furia,
por la lección y, blandiendo el palo, amenazante, brama: ¡Chit! ¡Callarse!
Ramoncito. ¡¡¡Callarse!!! Juanita, seria. No juguemos más, ¿quieres?
Juanita. Veamos ahora el asado. Sabina, Ramoncito. ¡Nada, nada! Pronto, la comida,
ábrame el horno... Respondiéndose a sí misma: Ya pronto, si no quiere usted que...
está, señorita... El palo cae repetidas veces sobre la puerta, zumba
Ramoncito. ¡Ay, ay, ay! ¡Linda vida, esta!... alrededor de la cabecita de la niña, que se alarma cada vez
En la oficina, aguantar al jefe; en la calle, los más. El chico sigue echando chispas y vociferando. De pronto,
ingleses; en el tranvía, las conductoras hediondas, con el palo alzado, se queda mirando a la presunta esposa. En
los pisotones, las viejas que han de ir todos los sus pupilas brilla la llama de las travesuras temerarias; aquel
días a misa, nada más que para hacer viajar de brazo armado parece que va a caer, que inicia la descarga en
pie a los hombres, que vamos al trabajo... o las serio sobre la cabeza de la niña. Entonces Juanita tiene primero
pollitas, que se largan a despilfarrar en las tiendas una sonrisa interrogativa, luego un gesto de miedo. El nene,
lo que a los padres nos cuesta... nuestro sudor. asustado también, suelta el llanto; y aquí Juanita, como
Juanita. ¡Ah, si tuvieras la desgraciada iluminada súbitamente por un recuerdo salvador, suelta botones
dicha de enviudar!... y pajitas, coge al nene en brazos, se yergue digna y altiva, y
Ramoncito. Imbécil. ¡Celosa! dice:
Juanita. ¿Celosa? No tendría el diablo más Juanita. ¡Ramón, respeta a tu hijo!
que hacer. Ya no, hijo; ya no soy la tonta de
antes.
Ramoncito. ¡Callarse, he dicho!
Y enarbola el palo, amenazador, terrible.
Juanita, en UN nuevo paréntesis. Oye, los palos
nos lo des de veras. FIN
Ramoncito. ¡Silencio! ¡¡¡Silencio!!! Estoy ya
cansado, aburrido, loco... ¡loco!... ¡¡Brrr!!...
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MIENTRAS GIME EL ENFERMO...
De querer y sufrir, se turbó su razón:
anublada la luz, anublóse su faz;
Una lámpara proyecta reflejos verdosos y su dulce niñez, bajo extraña expiación,
sobre la lividez del niño que enloqueció de amor. se perdió en el terror de un supremo
El silencio canta su insonora canción en los jamás...
rincones y entre la sombra se agazapan los pálidos Arrullemos al Niño, que perdió el corazón.
fantasmas que ven los locos...

…Y ¿dónde estará esa Mujer? ¿Quién descifra el decir que callara el papel?
¿Quién alivia el pesar de tan casto sufrir?
Eduardo Barrios: Tú que eres amado, tú que Lo que calla el cantor, lo dirá algún pincel
sabes el misterio de muchas almas de mujer, con ansioso llorar o angustioso reír...
dime: ¿No pesará también sobre tu vida la gran Arrullemos al Niño, que enfermó por la infiel.
culpa de que una niña haya enloquecido de amor?

Me pregunto si Aquel que la historia


Arrullemos al Niño, que se muere de amor: encontró
embrujado Él está de una oculta inquietud del infante infeliz de la fiebre fatal,
que a sus ojos les da visionario esplendor, no será el mismo Ser que hace tiempo rodó
sin saber que llegó su sombrío ataúd... bajo el trágico ardor de ese amor
Arrullemos al Niño, que se muere de amor. espectral...?
Arrullemos al Niño, que su llanto lloró.

Su reír, su pesar, su terror, su querer


derramaron la luz de un doliente cantar Y, si fuera verdad, bien merece el placer
que cantó a su pesar una bella mujer, de olvidar el dolor y sentir el amor;
sin saber ni creer que hay locura de amar... y que en torno de sí, una extraña mujer
Arrullemos al Niño, que enfermó de querer. le prodigue su ser con ansioso fervor...
Arrullemos al Niño que entrevió ese querer.
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Evocación:

En la noche lunar o en el triste arrebol,


¡oh mujeres de amor! esta historia contad;
y ante el Niño infeliz, incendiado de sol,
¡oh mujeres de luz! con ternura llorad.

El querer, el sufrir, el pesar y el terror


le rompieron de amor su amoroso laúd:
albo lirio a su albor, deja aquí el trovador,
como nimbo de paz en su blanco ataúd.

CLAUDIO DE ALAS

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