El Niño Que Enloquecio de Amor v4
El Niño Que Enloquecio de Amor v4
de amor
Eduardo Barrios
todavía cómo cayó en mis manos este cuaderno
¿Habéis oído cantar un pájaro en la noche? doloroso e ingenuo. Os diré tan sólo que ahora lo
Suele ocurrir que un rayo de luna, un rayo publico porque ello no puede ya herir a nadie.
levemente dorado, derramándose, derramándole Respeté muchos años el secreto de aquel niño, de
por entre el misterio del follaje, alcanza la rama aquel pájaro que cantó en la noche y no tuvo
donde se acurruca el avecita dormida, y la mañana. Me lo entregó la casualidad, y lo he
despierta. No es el alba, como imagina el ave. guardado respetuoso, con el respeto que merece
Pero... ella canta. un niño sentimental y entristecido, una víctima del
Luego, si el avecilla es lo que se llama un rayo venenoso que ilumina los corazones antes de
equilibrado y fuerte pajarito, descubre su engaño, tiempo y los lanza en ese vórtice llameante y
hunde otra vez el pico en la tibieza de las plumas obscuro, dulce y terrible del Amor.
y se vuelve a dormir.
No obstante, avecitas hay, inquietas y
frágiles, para quienes el rayo de luna tiene un
poder de sortilegio. Y tras de cantar, saltan Hoy ha comido aquí otra vez don Carlos
aturdidas y vuelan... Sólo que, como no es el día Romeral. Es el hombre más inteligente que
el que llegó, se pierden pronto en la obscuridad, o conozco. Como que cuando él habla, todos le
se ahogan en un lago iluminado por el pálido rayo escuchan y le encuentran razón. Yo, sobre todo, le
de oro, o se rompen el pecho contra las espinas encuentro razón siempre. Dice cosas que uno
del mismo rosal florido que, horas después, pudo siente. No se habrá fijado uno mucho en esas
escucharles sus mejores trinos y encender sus cosas, pero las ha sentido y son la pura verdad.
más delirantes alegrías. Esta noche me ha dicho que a la oración, junto
¿Cuál es el rayo venenoso que despierta con las golondrinas, pasan volando las
algunas almas en la noche, les roba el amanecer y campanadas de la iglesia. Y es cierto, pasan
las ahoga en una existencia de tinieblas? volando. Después me ha dicho: «Eso quiere decir
Voy a revelaros el secreto de un niño que que los niños, como las golondrinas, deben
enloqueció de amor. prepararse a esa hora para dormir»... lo cual ya
Fuera de mí, nadie —ni su madre, hoy no me parece nada. ¡Si él supiese—digo yo—
convertida en su esclava— poseyó nunca el cuánto me cuesta dormir a mí!
secreto de la locura de ese niño. No os contaré
2
También habló en la mesa de un diario que Ha venido Angélica esta tarde y he vuelto a
él lleva de su vida. Después de comer, me ha perder tontamente más de media hora de estar
hecho muchos cariños y yo le he preguntado qué con ella. ¡Que siempre me pase lo mismo!... Tanto
era eso del diario. «Un cuaderno—me ha como deseo verla, y oírla, y tocarla, y sentirla bien
explicado—en donde algunas personas escriben cerquita de mí, y luego pierdo así el tiempo... ¡Me
todos los días lo que les pasa, porque a veces no da más rabia!... ¿Por qué seré tan nervioso? Pero
se pueden conversar con nadie ciertas cosas.» Yo en cuanto sé que ha llegado de visita, me
le dije que era cierto y que precisamente esas confundo todo. ¡Qué voy a hacer! Me lo dicen, y
cosas eran las más importantes, las que más se siento como si me dieran un golpazo en el pecho,
deseaban hablar y que no se podían sin embargo, y se me sube primero toda la sangre a la cara, y
como él decía, conversar con nadie. Él me ha después se me aflojan las piernas y me enfrío todo
mirado entonces mucho rato, pensativo, y me ha entero, y me pongo a tiritar y, en lugar de correr a
hecho muchas preguntas de esas que ponen verla, me voy al fondo de la casa, corriendo, sin
nervioso. Me entró una vergüenza... Y casi se me poderme contener. ¿A qué me voy?, eso digo yo.
saltan las lágrimas, como si hubiera hecho algo Me voy a esperar... no sé a qué. Y es que me da
malo, y me fui. miedo y no me atrevo a ir. Se me ocurre que,
Cuando pasó un rato, lo estuve mirando yendo así, de repente, me lo van a conocer... o
desde el corredor. Estaba en la misma postura, que me va a dar algo. Y me la paso dando rodeos,
solo en la salita, muy pensativo y fumando... hasta que poco a poco me voy acercando,
Me quiere mucho, más que mi mamá, se me acercando, y con un miedo... Me cuesta
ocurre a mí. Viene pocas veces, pero yo pienso muchísimo llegar al salón, así, como por casua-
todos los días en él. Lo quiero mucho, pero lidad. Y es, también, que como ella me quiere
mucho. Y desde ahora voy a llevar como él un tanto, en cuanto me ve me llama y me besa y me
diario en este cuaderno, bien escondido bajo la abraza. Si sólo me besara, no sería nada, no me
alfombra, para decir todo lo de Angélica... haría tanta impresión, pero me ha de abrazar, y
eso sí que no lo puedo sufrir. N o sé, no está en
mí: todo es que la sienta apretada contra mí, y ya
me entra una desesperación muy grande. Me
ahogo, me dan ganas de llorar a gritos. Yo la apre-
taría, ¡claro!, con todas mis fuerzas, y le diría todo
3
lo que sufro por ella, y que la adoro, y mil cosas. andábamos, más triste me ponía yo, hasta que, ya
Sin embargo, en esos momentos me desespero y en la esquina da casa, se me cayeron las lágrimas,
sólo atino a salir corriendo, hasta el último patio y cuando ella me ha visto llorar se ha llevado un
otra vez. Hoy me fui; tampoco pude soportar. susto y me ha preguntado por qué lloraba. Yo le
Después no sabía cómo volver. Menos mal, que he contestado que porque ese antipático se nos
ella me llamó. Me hizo sentarme en el sofá, a su juntó en la calle, y entonces ella ha soltado la risa,
lado, y ahí me estuve toda la visita, mirándola, ha dicho: —«¡Qué chiquillo tan rico!»—y me ha
oyéndola conversar con mi mamá y sintiendo su preguntado si yo quiero ser su novio. Yo, por
olorcito especial... A veces, cuando estoy así, supuesto, me he quedado mudo. ¿Qué iba a decir?
junto a ella, bien calladito, me dan deseos de estar Y ella se ha puesto seria un rato y luego me ha
enfermo para que hable de mí y de nadie más, y hecho cariños. Pero siempre tengo pena... y
me haga cariños... No es que no haya estado quisiera tener más...
contento esta tarde; pero es que también me he
puesto triste... Siempre me pongo triste. Yo digo
que me da esa pena de ver cómo la quiero yo, … y el tiempo va pasando y yo me voy
mientras ella me quiere como a un niño. Y es poniendo peor. Me acuesto temprano y me hago el
natural, ¿Cómo me iba a querer? ¡Qué desgracia, dormido inmediatamente para que me apaguen
Dios mío, qué desgracia! ¿Qué podría yo hacer?... pronto la luz y me dejen solo y poder llorar,
porque es tan bueno llorar cuando uno está así…
¡Con qué gusto se llora! Yo tengo que morder las
Tengo mucha pena y quisiera tener más. Por sábanas para que mis hermanos no me oigan.
la tarde vino Angélica y le pidió a mi mamá que Pero no se puede llorar mucho rato, ¿por qué
me dejara acompañarla a las tiendas, y en la calle será? Se va uno calmando sin querer y se le pone
se nos juntó un joven que ni me miró y no hizo a uno el pecho muy fresco y, aunque quiera seguir
sino hablar con ella. A ninguna tienda entramos; llorando, no puede. Yo digo que no debía ser así,
anduvimos por muchas calles y a mí me echaban porque uno se queda con la pena. Yo, entonces,
por delante cuando no había gente. Yo quería pienso en ella, en muchas cosas de ella y mías.
mirar para atrás, pero no me atrevía. Después se Anoche me acordé de cuando vino por primera vez
despidió él y nos hemos vuelto muy ligero. Ella a casa. Se había puesto un vestido solferino, y se
estaba muy contenta. Mientras más ligero le reflejaba el color en la cara, y en los ojos se le
4
veían también dos puntitos solferinos. ¡Estaba creerán, porque todo el día me ha dolido la cabeza
muy linda, pero muy, muy linda! ¡Cada día es más y en el colegio lo han sabido... Y por último,
linda!... Esos ojos... como nuevecitos, flamantes, aunque me castiguen. Yo tengo que escribir este
que pestañean de un modo tan raro, tan bonito: diario porque no puedo conversar con nadie estas
muy rápido, alegrándolo a uno; y el pelo se le riza cosas, porque ¿a quién se las voy a decir, si a
y en las puntas se le va poniendo rubiecito... Yo la decírselas a ella no me atrevo y si mis hermanos
miraba, la miraba, ese día, y si ella me llegaba a son todos tan brutos?...
mirar a mí, yo tenía que quitarle la vista porque
me entraba una cosa muy extraña. Pero entonces Mis hermanos no me quieren. Nunca me
sentía yo en la cara su mirada, como una cosa convidan a jugar porque dicen que no sé. Y tienen
tibia que me dejaba sin fuerzas para moverme, razón; yo no entiendo bien ningún juego, y es que
¡Por Dios, qué terrible! Mi mamá parece que lo no me gustan; y además no me divierten los otros
notó, porque le dijo: —Este chiquillo se ha chiquillos porque he visto que todos son muy
enamorado de ti, Angélica. No te despega la distintos a mí. Ellos se olvidan de sus personas y
vista.— Mi mamá lo dijo riéndose, sin intención, de todas las cosas y pueden jugar a sus anchas,
pero yo, desde entonces, ya no pensé sino en ella, mientras que yo no me puedo olvidar de mí ni de
en Angélica digo, y en lo que dijo mi mamá y… nada, así es que nunca llego a fijarme bien en los
hasta hoy. juegos y siempre pierdo y hago perder a los de mi
Ah, y otro día me preguntó ella si la quería y partido. Por eso dice mi abuela que soy una pobre
yo le contesté que más que a nadie en el mundo. criatura, que estoy flaco y paliducho, que tengo las
¡Qué bárbaro! Pero no me pude contener, se me piernas como palillos y que me tiene lástima. Más
escapó. Entonces me miró mi mamá y yo me tuve le tengo yo a ella, que tiene las manos llenas de
que corregir y decirle que después de mi mamá y venas y la cara color tierra seca y los labios
de mi abuela y de mis hermanos. Pero no es blancos y los dientes amarillos, y que ni siquiera
cierto, ¡la quiero más que a todos! ¡Más que a sabe tocar el piano como mi mamá, y no hace sino
todos, más que a todos! ¡Ay, qué gusto me da te- pelear con los sirvientes. En cambio, yo haría
ner este cuaderno para decirlo! muchas cosas si fuera grande. Y si soy tristón,
Me llaman para acostarme y no he como ella dice, ¿qué le importa a nadie? Además,
alcanzado a hacer mis tareas del colegio. Me yo siempre he sido así; lo que sí que antes no
disculparé con que me dolía la cabeza, y me lo tenía pena sino cuando hacía tristeza, en esos días
5
raros, y ahora más que antes, pero es por No fue a San Francisco sino a la Catedral,
Angélica, y es una tristeza que a mí me gusta. para pasearse en la plaza después de la misa,
¿Cuándo volverá Angélica? ¡Mi Angélica de mi dijo; pero en la tarde sí la vi. No estuvo más que
alma!... Yo creía que iba a poder escribir en este de pasadita en la casa de mis primos y cuando ya
cuaderno todos los cariños que le digo con mi iba anocheciendo. Yo estaba con mi tía Carmencita
pensamiento; pero ahora veo que aunque nadie en el balcón, y me había quedado mirando cómo
vea lo que escribo, siempre me da una vergüenza titilaban los focos de la calle para encenderse y
muy grande escribir esas palabras que le digo sin cómo se ponía entonces descolorido el cielo,
hablar o a su retrato. Anoche me robé su retrato cuando ¡ella que se nos aparece en la acera!
del salón, antes de acostarme, y me lo llevé a la ¿Cómo no la vi llegar?, digo yo. No quiso subir
cama y lo estuve besando mucho y le dije todas porque se le había pasado la hora y también
esas cosas que me da vergüenza poner aquí. Yo porque a la Raquelita, que andaba con ella, le
quería guardármelo para tenerlo siempre en mi molestaban los zapatos nuevos; pero entonces mi
cuaderno; pero de repente me entró mucho miedo tía y yo bajamos y nos estuvimos paseando todos
de que me pillaran y no me pude quedar tranquilo, desde la puerta hasta la esquina. Venía tan
hasta que me levanté en camisa y lo puse otra vez contenta, que nos contagió, y después se puso a
en el álbum. ¡Claro!, me hubieran descubierto, hablar en secreto con mi tía, y entonces las dos se
porque en cuanto hubiesen preguntado, ye me reían y miraban lejos, hacía el lado por donde
habría puesto nervioso y me lo habrían conocido Angélica había llegado, pero con disimulo, porque
en la cara. yo no me pude dar cuenta de lo que buscaban con
Mañana domingo puede que la vea en misa, la vista. ¿Qué sería? Es lo malo que tiene, y eso
y si no, le voy a decir a mi mamá que nos mande que nadie sería más reservado con sus secretos
a la casa de mis primos. Allá va Angélica loa que yo. Pero pasa siempre así, que nadie adivina
domingos por la tarde, muchas veces, y yo me nunca quiénes son las personas que quisieran ser-
puedo pasar la tarde con ella en el balcón, y con virle a uno para todo y están cerca de uno y no se
mi tía Carmencita, que me quiere mucho porque lo dicen sólo porque no se atreven. Yo digo que se
dice que yo soy muy afectuoso. Ella sí que es debía adivinar; lo que es que había de ser con
buena y muy bonita, y tiene las manos gorditas y seguridad, como me pasa a mí con don Carlos.
suaves, y sabe contar cuentos con una voz bien Estoy seguro de que él quisiera que yo le contara
suavecita y bien tranquila... todos mis secretos, y a él sí se los confiaría yo si
6
llegara el caso. Angélica no adivina; pero, de todas Ahora mi mamá me observa. He pasado
maneras, estoy contento: le dijo a mi tía que yo anoche un susto terrible. Mis hermanos jugaban
era un encanto y habló varias cosas buenas de mí después de comer, corriendo en el patio, y yo los
y después me besó...y yo también, y como me miraba desde el corredor, recostado en un pilar y
tuvo de la mano todo el tiempo, me ha quedado el pensando en Angélica, cuando oí que mi mamá le
olor de sus guantes. Estoy bien, bien feliz. ¿Por decía a mi abuela:—¿Estará enfermo?— Y
qué me quedaré tan contento cuando la veo sólo entonces se me puso en el acto que estaban
un momentito y cuando paso mucho rato con ella, hablando de mí, y me quedé de una pieza. No me
no?... atreví a mirarlas, pero sentía que ellas me
...Me voy a acostar. Ojalá no golpeen la miraban a mí. Y así era, de mí hablaban, porque
pared en la casa de al lado. Les ha dado ahora por mi mamá volvió a decir:—Hace muchas noches
golpear, y me asustan. ¿Qué harán? Es un fastidio. que no juega.— Y mi abuela le dijo que me dejara,
Tanto como espero la hora de acostarme para que si no sabía de sobra que yo era así, apagado y
estar completamente solo, a obscuras, y poder tristón y no vivo como mis hermanos; pero mi
sentir bien esta especie de sed y de felicidad, este mamá me llamó. Yo estaba como una estatua; ni
ahogo tan dulce, este amor tan grande, y suspirar, voz tenía del susto... La pura verdad, yo creo que
y llorar de gusto hundiendo la cara en la me estoy enfermando, porque ya es mucho lo
almohada... y sin embargo, tantos sustos que he nervioso que me he puesto... —Tienes muchas
de pasar hasta ahí en mi cama. Y es que oigo una ojeras, hijito. ¿Por qué no corres tú también un
porción de ruidos que me hacen saltar el corazón. poco?—me preguntó mi mamá, y yo le contestó
Cuando no es un mueble que cruje, se cae un que tenía sueño, y ella me tocaba la frente,
plato en la cocina, o cierran una puerta, o golpean creyendo que estaría con fiebre; pero yo le
la maldita pared de al lado. Yo no debía aseguré que no tenía nada, y me puse a reír, a la
asustarme, porque no hago nada malo, sino estar fuerza, eso sí, y porque sólo de pensar que,
despierto, y el pensamiento no me lo adivinarían; creyéndome enfermo, me llevaran mi cama al
pero me entra un miedo atroz y no lo puedo dormitorio de mi mamá, temblé. No tuve más
remediar… remedio que reírme, porque perder mi soledad de
la noche... ¡eso sí que no! Mi abuela me encontró
la frente fresca. Mi abuela opina siempre antes de
examinar; así es que antes de haberme tocado ya
7
tenía resuelto hallarme fresco. Algo bueno había duermo
de tener la pobre. Si mi mamá tuviera ese como un lirón, siempre me sobresalta eso de que
carácter, yo sería muy independiente y más feliz. mi mamá vaya a verme dormir. Le había dado por
Pero me cuida demasiado. Porque me quiere ir. A mí me da rabia. ¡Pobre mamacita! Ella lo hace
será... y a de buena que es; pero ¿cómo no me ha de dar
mí me gusta que me quiera... pero es fastidioso rabia?... ¡Todo por ella, por mi Angélica! En estos
que se fijen tanto en uno… días, dice mi mamá, vamos a ir a su casa de
visita. Ya era tiempo…
14
¡Cómo me pesa, cómo me pesa haberlo varias cosas, pero yo no le podía contestar.
hecho! He sido un idiota, un animal. Y todo lo he Entonces me dice él, con un tono de gran
perdido, y para siempre, tal vez, No sé qué voy a personaje, el muy imbécil: —¿Cómo estás,
hacer ahora. ¡Dios mío, Virgen Santa, que se chiquitín?— Y tampoco le contesto, sino que lo
arregle esto! Pero si ya no es posible, si ya ni miro con un odio atroz. Entonces se miran los dos
como a un niño me quiere... ¡Qué desesperación! muy admirados, y él me pone la mano en la
No, si no puede ser. Angélica mía, perdóname, ten cabeza y yo se la quito de un manotón. Y él me
compasión de mí, que soy muy desgraciado. dice no sé qué cosas más, como haciéndome
Nunca más seré grosero. Es que soy celoso y me bromas. Yo no le contesté nada todavía, pero ya
volví loco. ¿Qué me daría? Debe de haber sido cuando me preguntó que por qué estaba tan
cosa del diablo... Me había acostumbrado a ir furioso, le dije: —Cállese, intruso, animal, bestia.
todas las tardes. Nunca me animaba a pasar de la ¿No se había ido al campo?— Y ella,... no lo haría
esquina; pero por las puertas del almacén la por maldad,... pero me reprendió y me dijo que
divisaba, y aunque fuera temblando de impresión eso estaba muy mal hecho y que era muy feo, y
y de nerviosidad, pasaba el rato y me venía que de cuándo acá me había vuelto un niño
conforme. Pero ayer, yo que me asomo, y veo que grosero y mal criado. No lo haría por maldad,
está con el bandido ese del Jorge en el balcón. Si pero... entonces, peor, pensé yo, porque rabia sí
hubiesen estado los demás de la casa, siquiera... que se le conocía en la cara; y le contesté que
pero no, los dos solos, juntitos, y él le hablaba con más feo era lo que estaba haciendo ella con ese
la cara muy cerca de la suya y ella se reía. Y, ¡cla- tipo ahí. Entonces se puso más enojada porque le
ro!, ¿cómo iba a poder contenerme? Todo fue decía tipo al otro,... tanto, que primero me asusté
verlos y obscurecérseme toda la calle y zumbarme y después solté el llanto y me salí a la galería. Ella
los oídos, y correr y subirme a su casa... —Yo lo salió riéndose, entonces, detrás de mí, y ya me
mato, lo mato,—iba diciendo por el camino, me habló con suavidad otra vez y, afuera, me dio un
acuerdo, pero en cuanto me vi ya en la mampara beso y me quiso tomar en brazos, pero yo no soy
y preguntaron quién es y yo no sabía quién decir, ningún imbécil y me limpié la cara donde me había
se me cortó el ánimo y me quedé como un tonto y besado y no la dejé que me tocara. —¡Qué
con un dolor aquí atrás, en la nuca, terrible. Y la chiquillo más divertido! ¡Celoso! ¡Qué divertido!—
sirvienta me abrió y me hizo entrar hasta el decía la muy... ¿Y no quería también que volviera
balcón, y ella, muy alegre, me besó y me preguntó y le dijese a él que me disculpara?... Que porque
15
era muy bueno y la quería mucho a ella... Pues No ha venido, me he pasado todo el día
menos que nunca, en ese caso. Así se lo dije. Y ahí temblando de verla llegar y, al mismo tiempo,
fue la grande: se puso muy seria, de verdad; me deseando que viniera para ver si hablaba con ella.
estuvo mirando un rato, callada; luego me volvió a Pero no ha venido. ¿Qué será? Ahora me pesa no
hablar: —Anda, vamos, no te pongas antipático.— haber ido al liceo, porque así habría pasado a su
Me dio una rabia... Y como le dije que más an- casa después y le hubiera pedido perdón; en tanto
tipática estaba ella, (porque la odié con toda mi que ahora me sigue el susto...
alma en ese instante,) me gritó: —¡Al diablo,
chiquillo tonto! Mañana te voy a acusar a tu mamá ¡Mamacita, yo te lo quisiera decir todo a
estas gracias, verás.— Y se fue y ya no regresó. ti!... Pero ¿cómo supiera yo que no se iba a
Qué más, no sé, sino que llegué a casa enfermo y enojar? Porque no es que me den ganas de
llorando a gritos. Mi mamá me preguntó que qué decírselo por miedo de que Angélica me acuse; ya
me dolía y yo le dije que el estómago. Y me acos- no me acusa, es un hecho, porque entonces no
taron y me hicieron la mar de remedios y me habría dejado pasar casi dos semanas, me parece
dieron un purgante. Así es que, encima de todo, a mí, sin dar acuerdo de su persona; pero es que
tuve que soplarme aceite de castor. Pero ya había así no me desesperarían todos como me
dicho yo que era el estómago y todos decían: — desesperan. Esa sería la cuestión. Ahora duermo
Cólico, es cólico.— Además, así podía llorar con menos que nunca, y es natural, porque estoy más
motivo. A veces no quería llorar más, de pena de triste que nunca también; pero eso no quita que
ver a mi mamá tan afligida, pero no podía sujetar por las mañanas no pueda despertar, bien borra-
el llanto, era imposible... Lo raro es que no me cho de sueño y con la cabeza como una piedra,
desvelé. Al contrario, me quedé dormido muy que se me cae encima de la almohada, y no tengo
temprano y sin saber cómo. Hasta que hoy fuerzas para sostenerla, ni para abrir los ojos, ni
desperté, ya muy tarde, cuando mis hermanos se para levantar los brazos, ni para oír siquiera lo que
habían ido al colegio sin mí. Yo no voy a ir en todo me grita mi abuela, porque estoy dormido con
el día, porque estoy como atontado, y además todo el cuerpo y no con el pensamiento solo, como
quiero estar aquí cuando llegue Angélica para dormía antes. Bueno, pues mi abuela no para
pedirle perdón y que no me acuse a mi mamá... hasta que me siento en la cama y estoy
vistiéndome y me acuerdo de nuevo de mi
desgracia y de nuevo me entra este dolor a latidos
16
en el cerebro. ¡Qué desesperación me dan a mí me perdona una sola noche. Y me observa a toda
estas cosas! Como sino hubiera más que hacer hora, porque también dijo don Carlos que no es
sino darle rabia a uno encima de su pena. Ya es bueno eso de que un niño esté horas de horas
mucho, es mucho. Esta mañana me ha mojado la solo. ¿Me estarán tomando fastidio mi mamá y
cara cuando ha visto que no podía despertar, don Carlos también? Por eso digo que sus motivos
diciendo que es el santo remedio para la flojera y tendrá mi abuela para odiarme así... Otra: que
que si me levantara más temprano todavía, ayer me han llamado los dos, mi mamá y don
tendría más salud, como mis hermanos, y que así Carlos, digo, y me han hecho seguirlos, y
no haría sufrir a mi pobre mamá, que es una atravesábamos la casa y yo decía: ¿A qué vendrá
infeliz tonta de remate. Y después ha empezado esto? ¿Me habrá acusado Angélica? Y no, sino que
con lo de siempre, a decir que yo no daba sino cuando hemos llegado al salón y se han sentado
molestias y que más valía que hubiera vivido la ellos, mi mamá ha comenzado con unas preguntas
hermanita que dicen que se murió de pecho y no muy raras primero: que por qué estaba cada día
yo, porque da todas las calamidades de la familia más ojeroso y más distraído, y que con qué niños
yo solo tengo la culpa, Y yo, sin chistar, como me me juntaba en el liceo, y que si nadie me había
ha aconsejado don Carlos; pero ella, dale y dale. enseñado travesuras; y luego, cuando ya me han
¡Será mala! Y además, a mí me parece esto una visto nervioso, me han metido susto con que si
brutalidad... Pero también pienso a veces que supieran algo me quemarían las manos y me
cuando ella lo repite tanto y tan convencida, no mandarían preso. ¿No digo yo? Si ya es mucho
será sin motivo, y... ¿qué voy hacer?... me da más sufrir. Porque esto parece de esas cosas que uno
pena, porque ¿cómo voy a conformarme con sueña y asustan aunque no se entiendan...
eso?... Aunque ahora llego a creer que así debiera
haber sido. Y mi mamá, también empeñada en
martirizarme. Eso es lo raro. Parece que se la
llevara pensando cosas malas de mí. Cómo puede
ser esto, no me lo explico; pero es la impresión
que me deja con su vigilancia y su cara
preocupada y su empeño en que juegue sin ganas.
Desde que se le ocurrió el otro día a don Carlos
decir que los niños deben acostarse cansados, no
17
¿Y por qué no viene Angélica?, digo yo. ¡Esto faltaba! El rector del liceo ha mandado
¿Será que se ha enfermado? Si se muriera... Sí, llamar a mi mamá y le ha dicho que el consejo de
sí; podrá ser pecado mortal pensarlo; pero más profesores ha resuelto preguntarle por qué soy tan
valdría, quién sabe, porque así me moriría yo tam- quieto. Dicen que es mucha mi formalidad y que
bién y asunto concluido. Lo que falta es que haya eso no está bien. ¿Serán brutos? En lugar de estar
resuelto no acusarme, pero no venir más tampoco. contentos de que tenga buena conducta. Pues no
¿Y qué haría yo entonces? Yo que ahora me señor, y le han dicho a mi mamá que además el
espanto sólo de pensar en ir a su casa, ¿Y para señor Latorre, que es inspector, me ha espiado
qué voy a ir?, también. ¿Para encontrarme otra toda la semana y no me ha visto jugar ni una sola
vez con el cuadro del otro día y caerme muerto? vez. Miren cuándo viene a darse cuenta de que yo
No sé, no sé qué voy a hacer. Don Carlos, dicen no juego... Con el chisme, ¡natural!, mi mamá se
que piensa irse de viaje y llevarme. ¡Que no lo ha preocupado más y ha vuelto del colegio
haga, por Dios! ¿Qué sería de mí entonces, sin es- llorando, y en cuanto yo he llegado me ha repetido
peranza siquiera de verla y de que me perdone? las preguntas, llora que llora, y después me ha
Porque todavía me parece a mí que todo se podría sentado en sus faldas y me ha hecho muchos
componer. Pero es que no viene, Dios mío, no cariños y me ha dado muchos consejos que ni
viene, y yo me voy a morir. Hoy, de tanto venían al caso. Yo estuve tentado de contárselo
acordarme de ella, me puse a llorar a la mitad del por fin todo, porque cuando uno tiene pena y ve
almuerzo; y como fue delante de todos, se armó que otro también tiene, dan ganas da contar. Pero
una bolina, porque mi mamá se afligió muchísimo, no me atreví. ¡Claro, cuándo me atrevo yo a nada!
y mi abuela dijo que con azotes y baños fríos de Soy más poquita cosa... Y esto no es lo peor.
asiento se quitaban esas mañas, y mis hermanos Cuando yo digo que ya no es vida la mía...
soltaron la risa, y terminaron peleando las dos. Después se apareció don Carlos con el doctor, que
¿Por qué no podría contenerme? ¡Ave María! Y es me oyó el pecho y la espalda, y me golpeó la ba-
que ya no me doy cuenta de lo que hago. No sé en rriga poniendo los dedos como un martillito, y me
qué va a parar esto. Me siento enfermo... miró adentro de los ojos, y me tocó todo el cuerpo
a ver si tenía glándulas, y la mar de historias,
mientras mi mamá le iba diciendo que a media
noche me quejo dormido, unas veces, y otras doy
18
saltos en la cama, y otras hablo... ¿Qué hablaré, da la sopa por su propia mano y me corta el
Dios mío? No lo dijo mi mamá y el doctor tampoco asado, tener que pasar atento a la voluntad de
se lo preguntó; pero yo me llevé siempre un susto. todo el mundo, es insoportable. Si a veces, de
Ah, y el doctor me hizo también las preguntas tanto sufrir, me pongo como insensible y me
esas que ponen nervioso, y yo, por supuesto, no parece que me voy a quedar dormido en donde
supe contestar. Mi mamá me decía: —Contesta, estoy. Si supieras todo esto, Angélica, ¿no me
niño.— Pero si yo no entendía, ¿qué iba a querrías?... ¿Y a dónde me pensará llevar don
contestar? Me avergonzaba, lo único, porque me Carlos? Yo no voy, yo soy capaz de confesárselo a
parecía que me querían pillar en algo, y a uno le él antes. Sí, él es muy bueno, y muy inteligente, y
entran nervios con esas cosas siempre, aunque no me quiere mucho, y debe saber también lo que
tenga culpa ninguna. Al último, el doctor dijo: — son angustias, puesto que lleva un diario de su
No es gran cosa, señora. No se aflija. Está un poco vida; y quién sabe
anémico, el chico. Parece que se va a desarrollar si hablaba con Angélica y le pedía que no me
demasiarlo temprano.— Y entonces me preguntó a dejase morirme, y que no le hiciera caso a ese
mí: —Y tú ¿qué dices de eso? ¿Te gustaría ser criminal, y que me esperase un poco nada más
hombre pronto?— ¡Ay!, me saltó el corazón y le porque ya ha dicho el doctor que seré hombre
contesté inmediatamente que sí. Y ya me había pronto... Yo se lo digo, porque si no, tendré que
alegrado, cuando dijo que me convendría hacer valor y hablar con Angélica yo mismo,
levantarme a las seis... ¡Qué sabrá él!.. Y que me aunque me dé un ataque en cuanto la vea…
bañasen y me diesen unas fricciones con agua de
Colonia y las píldoras que me recetó. Ah, y que si … y por eso no quiero alegrarme, porque
me pudieran sacar al campo, mejor, aunque cada vez que espero contento alguna cosa, me
perdiera el colegio. Y cuando él se ha ido, ha dicho resulta mal. Así es que más bien tengo miedo. En
don Carlos: —Bueno. Estoy resuelto. Me lo llevo.— fin, la voy a ver, siquiera. ¡Ay, qué angustia!
Quiere hacer siempre el viaje y llevarme. Así es Desde que mi mamá dijo al regresar de misa que
que la cosa va peor y peor. Porque todo esto es un el sábado es el santo de Angélica y yo le pedí que
martirio que no tenía yo por qué sufrirlo. Tras que me llevara y ella me contestó que bueno, que me
no veo a mi Angélica y me la paso con el alma llevaría por distraerme un poco, no sé lo que me
oprimida, tras que ni siquiera como sino por que pasa. Vamos a ver...
no chille mi abuela y no se aflija mi mamá, que me
19
No sé por qué ahora, mientras más sufro, llamas una cosa muy enorme, y se me viene
más quisiera sufrir, y que me pasaran cosas muy encima, como para aplastarme, y yo me pongo a
horribles, de esas que ponen a todos muy tristes; gritar de espanto y quiero salir corriendo; pero en-
y que me muriera, por último;... pero que lo tonces no me puedo mover, y sigo a gritos, y
supiese todo ella, eso sí!... Porque no hay después... debo de dormirme bien dormido,
remedio, ya se acabó todo: le han avisado que porque ya no sé nada. Yo digo que no será delirar,
estoy muy enfermo y no ha sido capas de venir un porque de esto me acuerdo, y de las cosas que
ratito. Eso ya es tener mal corazón, digo yo. Le dicen mis hermanos que hablé anoche, no. Me
debía tener odio, y sin embargo la quiero más que acuerdo sólo hasta cuando me trajeron. Eso no se
nunca. Y debe ser verdad que estoy tan grave. me borra.
¡Mejor! ¡Ay, qué bueno sería que me muriese y le Mi mamá me llevó a casa de Angélica y,
dijeran que me había muerto por ella!... Lo que como era su santo, había tertulia, y muchísima
me asusta es esta cosa tan rara que me da de gente había comido en la casa y estaban todos en
repente ¿Esto será delirar? Dicen que me he el salón cuando nosotros llegamos, Pero en el
pasado toda la noche delirando, y debe de ser comedor quedó siempre la mesa puesta con tortas
esto. Aunque, no me acuerdo de lo de anoche sino y helados y muchas botellas, y la Raquelita me
hasta cuando me trajeron, y yo digo que si fuera llevó allá. Al poco rato mi mamá fue a buscarme
delirar esto que me pasa ahora, me acordaría. ¿Y para que saludase a Angélica, y entonces fue
qué es entonces esto tan horrible? Tengo un cuando ya comencé a sufrir, pero más de lo que
miedo... Si no fuera porque me han dado unos yo había sufrido nunca. Ella me recibió muy seca,
deseos muy grandes de consolarme con mi y mi mamá me dijo que la besara; pero yo no me
cuaderno, despertaría a mi abuela, que se ha atreví, sino que me puse a tiritar de pura
dormido en la mecedora, cuidándome mientras impresión. Y ella no me dijo más que: —¡Hola! Tú
duerme mi mamá, que dicen que no se ha también has venido a saludarme. Muy bien
acostado en toda la noche por velarme, ¿Qué será hecho.— Pero del beso, nada. Y mi mamá me
esto? No me atrevo ya a mirar a la ventana, preguntaba:—¿Ni un cariño siquiera, hijito? Y
porque de repente me quedo sin poder quitar la tanto como la quieres...— Y luego le contó a ella
vista de la cordillera, y en esto, de los cerros mis nervios y mis cosas, y que si estoy muy ané-
empieza a salir fuego, y todo el cielo se pone mico, y que si había tenido un cólico atroz, y qué
colorado, y después va saliendo de entre las sé yo; pero que cómo la querría a ella, a Angélica,
20
cuando hasta en sueños, muchas veces, le decía volvió a decir: —Dale un beso, niño.— Yo bajé la
frases de cariño. Yo me impresioné muchísimo vista, muerto de pena y de vergüenza; y sin
cuando mi mamá dijo estas cosas, pero me alegré embargo, de tonto, esperé a ver si ella me lo
también, porque yo quería que Angélica las pedía también. Nada; se rió, con una risita de esas
supiese, a ver si se compadecía y me volvía a para salir del paso, y se volvió a mirar al espejo, y
querer, y además porque no habría tenido valor en seguida llamó a la Raquelita para que me
para contárselas yo mismo. Pues, ella, apenas si llevase a tomar helados, y ella se fue con mi
habló no sé qué de loa cólicos. Me entró un mamá no sé a dónde. Entonces ya me dieron
desconsuelo tan grande... Y eso que mi mamá, se ganas de llorar a gritos. Y es que me pareció que
lo explicó todo bien claro, y ella comprendió que me quedaba muy solo y sentí como que se me
no había sido cólico sino la pena de esa tarde, que enfriaba toda la vida para siempre. Así es que, sin
bien se lo conocí yo en la cara. Pero ¿me dijo algo darme cuenta de lo que hacía, me dejé llevar de la
para consolarme, siquiera? Ni una palabra; sino: mano por la Raquelita...
—Vaya. Pobre chico,— y mirándose al espejo que En el comedor, me acuerdo que la Raquelita
hay arriba del sofá, como si ni oyese o si estuviera me sirvió una porción de cosas, pero yo no quise
pensando en otra cosa. Y mi mamá seguía sino limonada. Ah, me acuerdo también que unos
explicándole; pero ella no salía de:—¿Sí? ¿Sí? caballeros hablaban mucho y se balanceaban
Pobre,— y sin ganas. ¡Parece mentira! Yo ya no la desde los talones hasta las puntas de los pies,
miraba, porque no sabía de mi persona, con la parados alrededor de un viejo muy feo con lentes
tristeza, que me iba ahogando; y ella tampoco me amarillos, y que yo tenía la vista clavada en un
miraba a mí, estoy seguro, porque en tal caso gobelino de la pared, donde unos hombres medio
habría sentido yo sobre la cara ese calor que desnudos y muy mal hechos querían cazar un ja-
siento siempre cuando alguien me mira y yo no. balí muy bravo... Ese jabalí me parece ahora que
¡Ni me miraba siquiera! ¿Tendrá perdón? es la cosa enorme que sale de los cerros... No, no
Un momento tuve miedo de que me acu- sé bien... Bueno, en esto, pasó un bulto por el
sara; pero después comprendí que no lo haría y pasadizo y... me lo avisó el corazón, porque di un
que, al contrario, estaba nerviosa por irse a otro salto en la silla... y lo vi pasar por la otra puerta
lado y con ganas de acabar pronto, como si del comedor, y era él, Jorge.
nosotros le estuviésemos dando una lata. Pero mi Yo no sé qué hice entonces. Lo único que sé
mamá no se daba cuenta y seguía, hasta que me es que llegué solo al salón y que cuando yo
21
entraba, Jorge se iba con Angélica por la galería. se agacha y recoge del suelo una copa, y la huele,
Creí que me iba a caer muerto. Se me aflojaron y se la da a oler a los demás, y después dice: —
las piernas y se me clavó este dolor que todavía Esta es la madre del cordero. Ha dada cuenta del
tengo en el cerebro, y me agarré a una cortina y cacao.— Y toda la gente suelta la risa. Y unos
ahí me estuve hasta que me volvieron un poco las decían que por lo dulcecito me había gustado; y
fuerzas, y después me asomé a la galería, y ahí otros, que las borracheras lloradas eran las
estaban los dos paseándose de la mano. Me dio peores, y que pobre criatura, y que qué divertido,
una desesperación, que no podía respirar. y la mar de imbecilidades, mientras yo no podía
Después, me acuerdo que estaba fijándome en contener el llanto, que ya era como un ataque y
que el tal Jorge sabía hacer muy bien ademanes me venía como hipo que me ahogaba y me hacía
con los brazos y que yo pensaba en que no los doler el corazón. Hasta que por último mi mamá
podría yo hacer lo mismo porque a un niño no le perdió la paciencia y me dio de pellizcos, y me
resultan bonitos con los brazos tan chicos y el sacó y me trajo en un coche. Después... no sé
traje de marinero... cuando, de repente, ella se le más, sino que estoy con fiebre y que he pasado
pone delante y le empieza a arreglar la corbata, y toda la noche hablando esos disparates que
él le toma los brazos, y ella se echa atrás, pero él cuentan mis hermanos…
se agacha y le da un beso en la cara...
Ahí sí que no pude más. Primero se me dio
vueltas toda la casa y después solté el llanto y salí
corriendo, a perderme, y llegué otra vez al
comedor y, sin saber para qué, me metí debajo de
la mesa. Lloraba a gritos, y todos vinieron, y se
armó un alboroto; porque todo el mundo quería
saber lo que me pasaba, y las señoras me
preguntaban: —¿Qué tienes, hijito?— y los
hombres: —¿Qué pasa? — y mi mamá como una
loca. Pero yo escondía la cabeza entre los brazos y
seguía llorando, con ganas de morirme; y cuando
alguien me quería sacar de ahí, yo me hacía soltar
a puntapiés. Hasta que en una de estas, un señor
22
En este punto, el diario se vuelve de pronto Hablaba la señora con voz opaca, pero fe-
inconexo y contradictorio hasta el grado de brilmente. Obedecía sin duda a ese prurito
hacerse ininteligible en sus líneas restantes. absurdo, pero tan común en los contristados, de
Ignoro cuántos días después de escrito el último rememorar con cruel minuciosidad cuantos
renglón puso la casualidad en mis manos este fenómenos se sucedieron hasta la crisis final del
cuaderno doloroso e ingenuo. Sólo puedo decir enfermo a quien lloran. Aquella mujer había
que fue una tarde en que la tristeza de mi amigo llorado ya mucho. Ahora, un secreto instinto de
Carlos Romeral me exigió acompañarlo a ver al distracción, o acaso una vaga esperanza de
enfermito. Fue acaso la hora más amarga de mi amparo, arrastrábala a contar los desgarradores
vida. episodios. Yo atendía, no sé si por educación o
Los atardeceres son todos melancólicos en porque no hiriese mis oídos el monólogo
los cuartos de los enfermos; pero mi memoria terriblemente plácido del loquito. Por momentos,
conserva el de aquella estancia, como una llaga en percibíamos el murmullo de los médicos que en la
carne viva, siempre irritada y sangrante. Una habitación contigua deliberaban en junta. Entonces
insufrible congoja me oprime aún al recordar la la madre suspendía su relato, y yo podía leer en
penumbra en que todos nos desdibujábamos como su mirada suspensa la blanda y triste esperanza
espectros, la ventanita en alto por donde se veía de los débiles. Pero se apagaba el rumor, y ella
un trozo de cielo azul gris y asomaba de rato en proseguía.
roto un volantín silencioso, la lívida pincelada del En los comienzos de la enfermedad, tuviera
lecho sobre el cual erguíase borroso el busto del el niño delirios de terror que concluían en
loquito que hablaba sin cesar, borboteando un convulsiones; después desapareciera la fiebre,
monólogo exasperante. Cerca de mí, la abuela, pero la razón volvía sólo por intermitencias; por
con el gesto agrio de ciertos seres que gruñen al último, el delirio se había hecho tranquilo y
llorar, movíase afanosa, poniendo en orden frascos constante. De los terrores por un jabalí cuyos ojos
y cajas de medicinas; Carlos Romeral, hundido en redondos y cuyos bigotes recortados eran
un sillón, mordíase el bigote, nervioso, humanos, el tema declinara en disputas absurdas
desesperado, rebelde; y yo escuchaba el relato con unos lentes amarillos y en diálogos con
que la madre me hacía sobre el proceso de la campanadas que ya pasaban volando, ya flotaban
enfermedad de su hijo. en el aire, ya caían como goterones en una laguna
imaginaria.
23
— Y hoy, —concluyó la madre, — su tema Comprendí en aquel discurso docto, el
único es el de las campanas. Jamás nombra exordio de un desahucio próximo.
personas, ni a mí. Tampoco sufre, como usted ve; Minutos después, atravesaba yo la Alameda,
por el contrario, parece deleitarse con su delirio. camino de mi casa, y de pronto me di cuenta de
Es horrible; ese contento inmutable es espantoso. que llevaba el cuaderno. Por un movimiento
Y calló, ahogada por las lágrimas. automático, lo abrí...
Hubo un silencio, pesado, fúnebre. De Cuando terminé de leerlo, las campanas de
pronto recomenzó el monólogo del loquito. Aquella San Francisco iniciaban su tañer vespertino, lento,
vocecita tristemente encantada interrogaba a las grave, trágico, y yo, medio contagiado ya de aquel
imaginarias campanas el significado de sus sones. tema de locura, sentí que las campanadas se
Un momento, su mirada se encontró con la mía, y desplomaban una a una, como enormes lágrimas
el fulgor metálico de aquellos ojos perturbados me de pesadilla, sobre mi corazón.
apuñaleó las entrañas como una daga fría. Hice un
esfuerzo y le sonreí. Me respondió él con la
carcajada triturante de los locos y, convulso de
risa, se tendió en la cama, hundiendo la cara entre
las ropas,
Y fue entonces cuando el cuaderno, que tal FIN
vez estuvo bajo la almohada, cayó cerca de
nosotros. Maquinalmente, me apresuré a
recogerlo. Alcancé a leer en la cubierta: Historia y
Geografía, 1er año. Pero como en ese instante
volvían los médicos, me distraje y lo conservé
entre las manos. Sin sospechar siquiera el secreto
que el cuaderno contenía, mis dedos lo enrollaban,
mientras mi atención deteníase embobada en la
suficiencia facultativa que discurría sobre «los
perniciosos efectos del alcohol en el cerebro
infantil».
24
25
ternura de una cosa que pasó,
silenciosa y fugaz melancolía
de lo que pudo hablarse y no se habló…
I II
Surca la noche, y sueña que el empalidecido ¡Aquella alba lejana, y el ala temblorosa
zumo de luna, lívido, es sangre de la aurora, de la fiebre sagrada! No quiso sufrir más.
y queda, el ala abierta y el tibio pecho Y rasgó la negrura siniestra y silenciosa
hendido, ¡y el ala y el cantar no se oyeron jamás!
sobre los garfios vivos de una zarza traidora.
Tras el monte, la aurora guiñó su guiño
Tal aquel niño insomne, que cuando el trino rosa;
siente una campana niña volteó jubilosa;
golpearle en el cristal de la garganta loca, las alas al azul se sintieron llamar...
desesperadamente llama al amanecer...
En un batir de gozo a los cielos subieron...
Y en vez de la plegaria que el hechizo ¡Sólo aquellas sangrantes en el polvo se
ahuyente, vieron!
enloquecido siente que prendido en la boca ¡La garganta, vaciada de fuego y de cantar!
tiene, como una brasa, un nombre de
mujer...
27
28
ternura, en su hambre de amor que nunca una
¡Pobre feo! bella saciará, sufriendo la crueldad suprema del
vientre monstruoso que los concibió débiles y
desarmados ante la Mujer y ante la Vida.
Tierna lectora:
30
DE ISABEL las narices y que, con el golpe, la nariz, como es
tan puntiaguda, se le quedó clavada en la puerta.
...Sí, primo; sí, curioso; me hace el amor. Yo le pregunté a él si era verdad esto, y se enojó
Precisamente por eso no te he escrito estos días. conmigo. Pero al poco rato nos pusimos bien,
Estoy irritada, furiosa; no quisiera oír hablar de él. porque yo le estuve contando a qué paseos va
A no ser porque te he prometido contarte... En fin, siempre la Chabelita y qué dulces le gustan más.
¿que te diré?... ¡Que me carga! No me dice nada, Entonces me llevó a su cuarto y me regaló una
no. Es muy tímido, parece de esos seres solitarios docena de postales preciosas. No tiene un santo
que se sienten mal en sociedad. (¡Y tiene razón!) en las paredes, ni siquiera un Corazón de Jesús,
Pero me mira, me mira, me mira, con ojos que lo tienen hasta las puertas de calle. Qué raro,
de perro humilde que implora de su amo una ¿no? ¿Será masón? A la cabecera de la cama tiene
piltrafa. Es desesperante. Yo debo de ponerle cara un retrato de su mamá en un marco antiguo de
de hiena; porque se va, entonces, con un gesto de esos que dan miedo. Igual, pero lo que se llama
tristeza profunda, con los enormes brazos igual a él era la vieja. ¡Pobre! No quiero burlarme
colgantes, más feo que nunca, ¡Imbécil, camello, de ella; no se juega con los muertos...
qué se habrá figurado!
No estoy de humor, no te digo más hoy...
DE ISABEL
...¡Ay, primito de mi alma! ¿Cómo quieres ...Mamá me ha pegado por culpa de ese
que no me ría? ¿Creerás que porque el domingo le animal, que ya lleva dos días haciéndose el
dije que nada le fastidiaba tanto a la Chabelita enfermo para que me castiguen. Como la Isabel
como los hombres tragones, nada más que por está de su parte… Hipócrita, coqueta. Después que
esto, ahora apenas toca los platos? Sí es muy se ría de él, se la lleva mandando preguntar por la
bruto, muy bruto. No le tengas lástima y no te salud de José. José, José... De repente le dirá
molestes conmigo... Pepito. Bien dicen que las mujeres son unas
farsantes. ¡Gracias a Dios que todavía no soy
mujer! ¡Ah! pero me han de pagar todas las que
me están haciendo. ¡Bonita cosa, pegarle a una
DE ISABEL por la estupidez de un extraño!...
DE ISABEL
40
Papá y
mamá
41
A prima noche, en la paz de una calle de escucha incomprensivo y mira con ojos ma-
humildes hogares. ravillados. Ramoncito ha mudado ya los dientes;
Un farol, tras el ramaje ralo y polvoriento de es vivo, muy locuaz y sus piernecillas nerviosas
un árbol, alumbra el muro de ladrillos desnudos. están en constante movimiento. Juanita es menor.
Próxima se abre la ventana de la salita modesta, Sentada como el nene sobre la piedra del umbral,
en cuya penumbra se opaca el espejo, brilla el acomoda en un rincón de la puerta paquetitos de
inmenso caracol que sobre la consola canta su tierra, y botones, y cajas de fósforos, y palitos...
sorda y evocadora canción de mar y se desdibuja Juegan a la gente grande, porque ellos,
la esposa sentada en el vano del balcón. como todos los niños, sienten, sobre todo en las
Es joven, la esposa; tiene el rostro empa- noches, una inconsciente necesidad de imaginar y
lidecido por la luz de la calle; los ojos, como fijos preparar la edad mayor.
en pensamientos.
¿Qué piensa la esposa todas las noches a Ramoncito, deteniéndose frente a su hermana, con
esa hora, cuando el marido, en acabando de las manos en los bolsillos y las piernas abiertas. —¿A qué
comer, sale? ¿Qué piensa todas las noches, jugamos, por fin?
sentada en el vano del balcón, mientras la criada Juanita. Ya, ya está el almacén listo.
lava dentro la vajilla y los niños juegan un rato en Y corrige la alineación de los botones y las cajitas.
la acera embaldosada y resonante?... ¿Aflora? Ramoncito. Pero ¿vamos a jugar otra vez a
¿Sueña?... ¿O simplemente se rinde a escuchar el las compras?
péndulo que en el misterio de la sombra marca el Juanita. Es claro, sigamos. Yo soy siempre
paso al sigiloso ejército de las horas?... la madama, y tú me sigues comprando. ¿No ves
Es plácida, la noche. El cielo, claro: nubes que mucha gente de todas estas casas no me ha
transparentes blanquean en el azul ya lechoso, la comprado nada todavía?... Ni la hija del sastre, ni
vía láctea empolva una banda de paz, hay una el tonto de la cité...
polvareda de estrellas y, muy blanca y muy Ramoncito. Bueno. Entonces, ahora soy el
redonda, la luna recuerda viejas estampas de chiquillo tonto de la cité.
romanticismo y de amor. Se aleja unos pasos hasta la esquina. Luego vuelve,
Dos niños juegan en la acera: Ramón y silbando, a pasos descoyuntados, arrastrando los pies, rayando
Juanita. Un tercero, nene que aun no anda, el muro.
sentado en el peldaño de la puerta de calle,
42
Ramoncito, con voz gangosa. Madama, trabajo, a comer, pidiendo apurado la comida, que
madama, dice mi mamá que me diga qué hora es tengo que ir al teatro. ¿Te parece?
y que me dé la llapa de huesillos. Juanita. Espléndido.
Juanita. Muy seria en su papel de madama Y renace la animación. La chica da nuevo acomoda a las
indignada. ¡Ah, estúpido qui sei! Dile a tua mama cajas de fósforos, agrupa los botones, desenvuelve la tierra.
que me pague el demanche que le fié a la matina. Entre tanto, Ramoncito, erguido, braceando y a largos pasos que
Pero sobreviene una pausa desairada. A Ramoncito ya retumban en las baldosas, vuelve otra vez de la esquina.
no le divierte aquello. Ramoncito. ¿Está esa comida, Juana?...
Ramoncito. Mira, mejor juguemos a otra Pronto, ligerito, que tengo que salir.
cosa. Siempre al despacho, aburre. Juanita. Voy a ver, Ramón, voy a ver...
Juanita. Palmoteando. Al abuelito, ¿quieres? A Esta cocinera es tan despaciosa...
contar cuentos. Se vuelve hacia su fingida cocina y pregunta: ¿Mucho
Ramoncito. Oye, ¿para qué le servirán los le falta, Sabina?... ¿Sí?... ¡Ave María!
anteojos al abuelito? El chico levanta los brazos, admiradísimo. Luego frunce
Juanita. ¡Tonto! Para ver. el ceño: se ha enfadado súbitamente.
Ramoncito. Así decía yo; pero ¿no te has Ramoncito. ¡Qué! ¿No está todavía esa
fijado que para hablar con uno mira por encima de comida?
los vidrios y para leer se los pone sobre la frente? Juanita. Ten paciencia, hijo, por Dios... A
Juanita. Cierto. ¿Para qué le servirán los ver, mujer, déjeme a mí. Páseme el huevo, la
anteojos al abuelito? harina... Eche más carbón... ¡Viva, anímese!...
Ramoncito. Bueno, bueno. Juguemos... a... Ramoncito, que ha emprendido una serie de
Juanita. ¿A la casa? curiosos paseos, bastón en mano, renegando. ¡Habrase
Ramoncito. Ya. visto, hombre! ¡Qué barbaridad! Se mata uno el
Juanita, con creciente entusiasmo. ¿Al papá y a día entero trabajando, para llegar después a casa
la mamá? Yo soy la mamá, o la cocinera... Lo y no encontrar ni siquiera la comida lista.
mismo da, como tú quieras. Las dos, puedo ser las ¡Caaramba!
dos. Juanita, riendo. Así, así, muy bien.
Ramoncito, improvisando un bastón con una ramita Ramoncito, en un paréntesis. No hables de
seca que recoge del suelo. Yo, el papá. Llego del otra cosa. Ahora eres la mamá y nada más. De
43
nuevo en son de marido tonante: ¿En qué pasan el día Juanita. Cuidado, Ramón, que cuesta
entero dos mujeres, digo yo? mucho encontrar sirvientes,
Juanita. Cosiendo, hijo, y lavando y... Ramoncito. ¡Qué sé yo! Tú sabrás. Podías
Ramoncito. Nada. Mentira. Flojeando... aprender de mi madre, ya te lo he dicho. Esa sí
¡Brrr!... que es ama de casa.
Juanita. ¡Dame tu santa paciencia, Dios Como Juanita calla, sin atinar a responder, el chico la
mío! ¡Chsss! auxilia.
Afanada, simula freír, en un botón, un huevo... de paja. Ramoncito. Enójate un poco tú también.
Ramoncito. Paciencia... Me das risa. Tengo Dime, así, rezongando: «Ya me tienes loca con lo
hambre y estoy apurado... apurado, ¿oyes? que sirve mi suegra. Ella será un prodigio; pero
Trabajo como un bruto y llego muerto de hambre, yo, hijo, ¿qué quieres?...una inútil...»
¡Ah! Ya esto no se puede aguantar. La chica suelta una carcajada.
Juanita, que ríe con loco entusiasmo. ¡Chsssss! Juanita. ¡De veras! No me acordaba.
Y... este aceite, Dios mío, no sé qué tiene... Ramoncito. Dilo, pues. No sabes jugar.
¡Chsssss! Juanita, entre dientes. «Ya me tienes loca con
Ramoncito. ¡Buena cosa!... Está muy bien, lo que sirve mi...
muy bien... ¡Ah, y cásese usted! Ramoncito, rabioso, sin dejarla concluir. ¿Qué?
Sus paseos se hacen cada vez más furiosos. ¿Rezongas?
Juanita. NO te quejes así. Y a los niños, a Juanita. Déme esa cuchara, Sabina.
estos demonios, ¿quién los lava, quién los viste, Ramoncito. No, no. Ahora me debías
quién les cose, quién... contestar: «¡Ave María! ¡Qué genio! Debes estar
Ramoncito. ¡Basta! Lo de siempre. Yo no obra vez cargado de bilis. Es tiempo de que tomes
tengo nada que ver con eso. otro purgantito»... No sabes, no sabes jugar.
Juanita. Pero es que... ¡Uy, que se me Juanita. Espérate. Ahora, sí, verás...
queman las lentejas!... Pero es que, por un lado, Ramoncito, dándose por replicado y montando en
estos niños; por otro lado, la calma de esta mayor cólera. ¡Bilis, bilis!... Siempre la culpa ha de
mujer... ser de uno. ¡Ah, casarse, casarse! Para gastar,
Ramoncito, iracundo. Si la Sabina es floja, se para eso se casa uno. Así les digo a mis amigos:
manda cambiar. ¡Caramba! cásense y verán...
44
Juanita, con viveza. Se te olvida una cosa: Da un garrotazo contra la puerta de calle. La niña se
«¡Ah, si yo tuviera la desgraciada dicha de sobrecoge.
enviudar!» Y entonces yo te contesto: «No tendrás Juanita, realmente azorada. No se te vaya a
ese gustazo.» ocurrir...
Pero el hombrecito se siente herido en su amor propio Ramoncito, repitiendo EL palo con mayor furia,
por la lección y, blandiendo el palo, amenazante, brama: ¡Chit! ¡Callarse!
Ramoncito. ¡¡¡Callarse!!! Juanita, seria. No juguemos más, ¿quieres?
Juanita. Veamos ahora el asado. Sabina, Ramoncito. ¡Nada, nada! Pronto, la comida,
ábrame el horno... Respondiéndose a sí misma: Ya pronto, si no quiere usted que...
está, señorita... El palo cae repetidas veces sobre la puerta, zumba
Ramoncito. ¡Ay, ay, ay! ¡Linda vida, esta!... alrededor de la cabecita de la niña, que se alarma cada vez
En la oficina, aguantar al jefe; en la calle, los más. El chico sigue echando chispas y vociferando. De pronto,
ingleses; en el tranvía, las conductoras hediondas, con el palo alzado, se queda mirando a la presunta esposa. En
los pisotones, las viejas que han de ir todos los sus pupilas brilla la llama de las travesuras temerarias; aquel
días a misa, nada más que para hacer viajar de brazo armado parece que va a caer, que inicia la descarga en
pie a los hombres, que vamos al trabajo... o las serio sobre la cabeza de la niña. Entonces Juanita tiene primero
pollitas, que se largan a despilfarrar en las tiendas una sonrisa interrogativa, luego un gesto de miedo. El nene,
lo que a los padres nos cuesta... nuestro sudor. asustado también, suelta el llanto; y aquí Juanita, como
Juanita. ¡Ah, si tuvieras la desgraciada iluminada súbitamente por un recuerdo salvador, suelta botones
dicha de enviudar!... y pajitas, coge al nene en brazos, se yergue digna y altiva, y
Ramoncito. Imbécil. ¡Celosa! dice:
Juanita. ¿Celosa? No tendría el diablo más Juanita. ¡Ramón, respeta a tu hijo!
que hacer. Ya no, hijo; ya no soy la tonta de
antes.
Ramoncito. ¡Callarse, he dicho!
Y enarbola el palo, amenazador, terrible.
Juanita, en UN nuevo paréntesis. Oye, los palos
nos lo des de veras. FIN
Ramoncito. ¡Silencio! ¡¡¡Silencio!!! Estoy ya
cansado, aburrido, loco... ¡loco!... ¡¡Brrr!!...
45
MIENTRAS GIME EL ENFERMO...
De querer y sufrir, se turbó su razón:
anublada la luz, anublóse su faz;
Una lámpara proyecta reflejos verdosos y su dulce niñez, bajo extraña expiación,
sobre la lividez del niño que enloqueció de amor. se perdió en el terror de un supremo
El silencio canta su insonora canción en los jamás...
rincones y entre la sombra se agazapan los pálidos Arrullemos al Niño, que perdió el corazón.
fantasmas que ven los locos...
…Y ¿dónde estará esa Mujer? ¿Quién descifra el decir que callara el papel?
¿Quién alivia el pesar de tan casto sufrir?
Eduardo Barrios: Tú que eres amado, tú que Lo que calla el cantor, lo dirá algún pincel
sabes el misterio de muchas almas de mujer, con ansioso llorar o angustioso reír...
dime: ¿No pesará también sobre tu vida la gran Arrullemos al Niño, que enfermó por la infiel.
culpa de que una niña haya enloquecido de amor?
CLAUDIO DE ALAS
47