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Astronautica

La astronáutica se encarga de la navegación y exploración fuera de la atmósfera terrestre, abarcando el diseño de naves espaciales y sistemas de propulsión. Esta disciplina involucra múltiples campos científicos y tecnológicos, y se clasifica en diferentes tipos de ingenios espaciales como satélites, sondas y naves tripuladas. El diseño de estas naves debe considerar factores como el medio de desplazamiento, la utilidad, los materiales de fabricación y los sistemas operativos necesarios para su funcionamiento y la supervivencia humana en el espacio.

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Astronautica

La astronáutica se encarga de la navegación y exploración fuera de la atmósfera terrestre, abarcando el diseño de naves espaciales y sistemas de propulsión. Esta disciplina involucra múltiples campos científicos y tecnológicos, y se clasifica en diferentes tipos de ingenios espaciales como satélites, sondas y naves tripuladas. El diseño de estas naves debe considerar factores como el medio de desplazamiento, la utilidad, los materiales de fabricación y los sistemas operativos necesarios para su funcionamiento y la supervivencia humana en el espacio.

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La astron�utica es la teor�a y pr�ctica de la navegaci�n fuera de la atm�sfera de

la Tierra por parte de objetos artificiales, tripulados o no, es decir, el estudio


de las trayectorias, navegaci�n, exploraci�n y supervivencia humana en el espacio.
Abarca tanto la construcci�n de los veh�culos espaciales como el dise�o de los
lanzadores que habr�n de ponerlos en �rbita, o llevarlos hasta los planetas,
sat�lites naturales, asteroides, cometas, etc.

Se trata de una rama amplia y de gran complejidad, debido a las condiciones


dif�ciles bajo las que deben funcionar los aparatos que se dise�en. En la
actualidad, la exploraci�n espacial se ha mostrado como una disciplina de gran
utilidad, en la cual est�n participando cada vez m�s pa�ses.

En t�rminos generales, los campos propios de la astron�utica, y en la que colaboran


las diversas especialidades cient�ficas y tecnol�gicas (astronom�a, matem�ticas,
f�sica, coheter�a, rob�tica, electr�nica, computaci�n, bioingenier�a, medicina,
ciencia de materiales, etc.) son:

El dise�o de los ingenios espaciales ("naves" en t�rminos generales), as� como


los materiales con que ser�n construidas.
La investigaci�n en sistemas de propulsi�n y aplicaci�n de los propulsantes que
posibiliten el despegue y la navegaci�n de los aparatos espaciales.
El c�lculo de las velocidades y trayectorias de despegue, navegaci�n, acople y
reingreso de los aparatos, sea en relaci�n a la Tierra o a otros cuerpos celestes,
as� como las t�cnicas a utilizar en las mismas.
La supervivencia de los seres humanos en el espacio, sea en el interior de las
naves o fuera de ellas.
Las t�cnicas de comunicaci�n de las naves con la Tierra, o entre ellas en el
espacio exterior.
La t�cnicas de exploraci�n y colonizaci�n del espacio y de los cuerpos
celestes.

La astron�utica, en combinaci�n con la astronom�a y la astrof�sica, ha dado origen


y potenciado a nuevas disciplinas cient�ficas: astrodin�mica, astrofotograf�a,
telemetr�a espacial, astrogeof�sica, astroqu�mica, astrometeorolog�a, etc.
El dise�o de las naves

Todo dise�o de un ingenio espacial debe tomar en cuenta:

1� El medio en que se desplaza (atm�sfera, espacio).

2� La utilidad a que ha sido destinado (carga, transporte de seres humanos,


investigaci�n, comunicaciones, militar, etc.).

3� El sistema de propulsi�n ideado y el tipo de carburante empleado (combustibles


l�quidos, combustibles s�lidos, combinados, o de otra naturaleza).

4� La fuerza de gravedad que deben vencer al abandonar o acercarse a la Tierra u


otros cuerpos celestes.
El medio de desplazamiento

Las naves deben desplazarse, a trav�s de la atm�sfera (en el proceso de despegue o


en el reingreso), y a trav�s del espacio, orbital o interplanetario; si tienen que
navegar en la atm�sfera de la Tierra o de otros mundos, deben adoptar una forma
aerodin�mica que suele ser dada por la presencia de alas, timones de direcci�n,
escudos refractarios. Estos elementos son esenciales en el despegue, la ascensi�n,
el frenado, reingreso, aterrizaje. Existen naves que prescinden de la mayor parte
de los elementos se�alados, aunque no renuncian a alguna forma b�sica que les
permita un frenado efectivo para emplear sistemas de paraca�das u otros que le
permitan tocar la superficie de la Tierra u otros mundos de manera segura (tal fue
el caso de los m�dulos de servicio de todas las naves de los programas Gemini y
Apolo, los cuales ten�an una forma c�nica oponible a la fricci�n de la atm�sfera).

Si las naves deben desplazarse en el espacio, su forma no tiene la obligaci�n de


adoptar elementos aerodin�micos, pues en ausencia de aire esos elementos son
in�tiles, y para proporcionar direcci�n a los aparatos, �stos deben hacer uso de
otros mecanismos (chorros de gas direccionales, uso de los motores o de la energ�a
orbital); por lo tanto, la forma de la nave puede responder libremente a los otros
condicionantes se�alados. Por ejemplo, las estaciones espaciales prescinden
totalmente de elementos aerodin�micos, pues su funci�n no es navegar en la
atm�sfera, sino exclusivamente en el espacio.
Los materiales de fabricaci�n

El dise�o debe contemplar una estructura capaz de resistir las aceleraciones, el


impacto de los micrometeoritos y la acci�n de los vientos solares, fuerzas capaces
de desestabilizar cualquiera de los sistemas de las naves, inclusive de provocar su
inutilizaci�n parcial o destrucci�n total. Esta estructura est� conformada por
ciertos materiales dotados de propiedades que le permite enfrentar los rigores del
despegue, la navegaci�n y el reingreso. Mediante avanzados programas inform�ticos,
los dise�adores suelen simular las condiciones y tensiones que deber�n soportar los
materiales y elementos que conformar�n los diversos aparatos espaciales. Los
materiales cumplen con elevados est�ndares de resistencia al impacto de
micrometeoritos, de gran capacidad refractaria del calor, capaces de resistir las
enormes presiones y vibraciones que significa el despegue, la aceleraci�n o el
frenado, absorbentes al m�ximo posible de las mortales radiaciones espaciales, pero
a la vez capaces de captar la energ�a lum�nica mediante su aplicaci�n en los
paneles solares. Sin embargo, los materiales deben cumplir con la limitaci�n que
impone el uso de los combustibles qu�micos tradicionales, que exigen naves con la
menor masa posible: a menor masa de la nave, menor gasto de combustible y mayores
posibilidades de realizar viajes largos con retorno incluido (el caso de las
astronaves); a mayor masa, mayores gastos y menores posibilidades de realizar lo
anterior. Por ejemplo, la gran masa de los transbordadores de la NASA les impide
realizar vuelos extraorbitales ([Link]. de exploraci�n lunar) dado que sus reservas
de combustible son limitadas. Por lo tanto, el ideal es que los materiales
utilizados procuren el m�ximo de resistencia, solidez estructural y funcionalidad,
pero con ahorro en todo lo posible de masa.

El dise�o de las naves que deben trabajar en ambientes muy hostiles, con
condiciones extremas de calor, fr�o o presi�n, deben contar con una tecnolog�a que
las haga soportarlas. Por ejemplo, las sondas espaciales sovi�ticas de nombre
Venera, que exploraron Venus a partir de 1961, contemplaban en su dise�o materiales
capaces de resistir temperaturas que derret�an el plomo, pudiendo operar por
algunas horas en la superficie venusiana.
Clasificaci�n de los ingenios espaciales

En cuanto al segundo aspecto (utilidad) los ingenios espaciales suelen clasificarse


en sat�lites artificiales, cuando orbitan la Tierra en funci�n de alguna utilidad
espec�fica, como fue por ejemplo el sat�lite ruso Sputnik I, primer objeto orbital
puesto por el hombre en el espacio, en astronaves, cuando est�n tripuladas por al
menos una persona y disponen de propulsante propio que les permite maniobrar en el
espacio y/o en la atm�sfera, como por ejemplo los trasbordadores, o como fueron los
m�dulos del programa norteamericano Apolo, sondas espaciales, cuando las naves
est�n destinadas a la investigaci�n en direcci�n al espacio profundo, sea en
demanda de los cuerpos celestes del Sistema Solar o fuera de �l, como por ejemplo
las sondas del programa Viking, de la NASA, destinadas a explorar Marte, y las
estaciones espaciales, complejos orbitales en torno a la Tierra que pueden albergar
un n�mero mayor de ocupantes y con medios de supervivencia que les permitan largas
estad�as, como por ejemplo la estaci�n sovi�tica Salyut 1.
Morfolog�a de las naves espaciales
Por otra parte, la utilidad que se le asigne a una nave espacial condicionar� su
morfolog�a, su masa y su tama�o. Por ejemplo, la variaci�n en las formas, masa y
tama�os que tienen los sat�lites es enorme, abarcando desde la forma absolutamente
esf�rica (como el sat�lite norteamericano Explorer IX, lanzado en febrero de 1961 y
de s�lo 6 kg de masa) hasta formas cil�ndricas, c�nicas, estrelladas, etc. M�s
condicionada puede resultar la morfolog�a de los diversos tipos de sondas,
astronaves y estaciones espaciales, en que dominan ciertas estructuras
caracter�sticas: paneles solares, antenas, cohetes, tanques de combustible, bodegas
de carga y alas (como es el caso de los transbordadores), m�dulos de servicio (como
es el caso de las astronaves de exploraci�n lunar), secciones modulares de
construcci�n (como es el caso de las actuales estaciones espaciales), etc.

En cuanto al tercero (los sistemas de propulsi�n) y cuarto aspecto (la gravedad a


vencer), la nave destinada a operar a partir de un despegue directo de la
superficie terrestre, deber� ser dise�ada para soportar las fuertes tensiones que
significa el funcionamiento de los cohetes por un determinado espacio de tiempo.
As� mismo, deber� contar con el volumen suficiente de almacenamiento de
combustible, dependiendo de la misi�n que emprenda. Una nave tripulada destinada a
la exploraci�n de un cuerpo celeste, tiene por lo general estructuras de
almacenamiento de mayor tama�o que una no tripulada, pues tiene contemplado el
regreso a la Tierra en el m�s breve lapso de tiempo, mientras que las no tripuladas
cuentan con m�rgenes mayores de tiempo, suelen aprovechar con eficiencia los
impulsos gravitatorios y son en su mayor�a desechables. El dise�o deber� tener en
cuenta el tipo de carburante o propulsante; hasta hoy los carburantes usados son de
tipo qu�mico, y ocupan un cierto volumen.

La cantidad y la calidad del combustible inicial, as� como el sistema de


propulsi�n, estar�n en funci�n de la masa total de la nave. A mayor masa a elevar,
mayor ser� el gasto de combustible a utilizar, por lo que el dise�o de la nave
deber� contemplar las medidas de volumen y los materiales de fabricaci�n adecuados,
para sostener una estructura capaz de soportar la fuerza necesaria que la llevar�
al espacio, o la har� navegar en �l.
Los sistemas operativos

Toda nave espacial, independientemente de la utilidad que tenga, est� estructurada


sobre la base de los siguientes sistemas operativos b�sicos: propulsi�n,
navegaci�n, energ�tico de alimentaci�n (almacenamiento, acumulaci�n y distribuci�n
de la energ�a el�ctrica) y comunicaci�n. La propulsi�n suele lograrse mediante el
empleo de los sistemas de cohetes; la navegaci�n mediante el empleo de sofisticados
sistemas computacionales, girosc�picos y direccionales y de alarma; la
administraci�n de la electricidad mediante bater�as, paneles solares,
transformadores, etc; la comunicaci�n, mediante un sistema de radio y antenas
especialmente orientadas.

Especial cuidado tiene el dise�o de las naves tripuladas; fuera de todos los
sistemas antedichos, las naves tripuladas, y en particular las destinadas al
reingreso, cuentan con otra serie de sistemas adicionales: sistema de control de la
temperatura y humedad interna, presi�n y provisi�n de aire, alimentos y l�quidos,
un volumen interior m�nimo que permita el trabajo y el descanso de los astronautas,
uno de acceso y salida de la nave por parte de sus ocupantes, un sistema de acople
que permita a los astronautas acceder a otro veh�culo en el espacio, en fin, todos
los sistemas necesarios para la supervivencia humana. Adem�s, cuentan con un
eficiente sistema de aterrizaje, constituido por paraca�das, o por alas y trenes de
aterrizaje de car�cter aeron�utico, o especialmente dise�ados para el descenso en
otros cuerpos celestes.
Los sistema de propulsi�n y los carburantes

El medio esencial de propulsi�n que tienen las naves espaciales, especialmente en


su etapa de despegue, es el uso del sistema de cohetes alimentado por propergoles
especiales; tambi�n son usados para su evoluci�n orbital o para la navegaci�n
profunda. Una vez en �rbita las naves pueden aprovechar el impulso inercial -a la
manera de un proyectil lanzado por una honda- que les comunica movimiento propio en
torno a la Tierra, para impulsarse en direcci�n al espacio profundo, sea en
direcci�n a la Luna, los otros planetas o fuera del Sistema Solar.

En su forma b�sica, los cohetes destinados a la astron�utica responden al siguiente


dise�o: una forma m�s o menos cil�ndrica que tiene en su interior, por regla
general, dos contenedores en que se encuentran los propergoles a reaccionar: el de
combustible ([Link]: hidr�geno l�quido) y el de comburente ([Link]: ox�geno l�quido).
Ambos se ponen en contacto en el momento del encendido en una c�mara de ignici�n
inferior; los gases producidos en la combusti�n son eyectados al exterior trav�s de
una tobera. Gracias al principio de acci�n y reacci�n la eyecci�n del gas en un
sentido provoca el movimiento de la nave en el sentido opuesto. La velocidad de la
nave, si s�lo se toma en cuenta la fuerza de empuje proporcionada por los cohetes,
depender� de la velocidad de eyecci�n de los gases, y �sta aumentar� en la medida
en que se calienten y disminuyan su densidad.

Los combustibles m�s usados son la hidrazina, el queroseno, el hidr�geno l�quido y


el amoniaco l�quido. Los oxidantes m�s usados son el ox�geno l�quido, el per�xido
de nitr�geno y el per�xido de hidr�geno.

Las t�cnicas de lanzamiento suponen, dada la casi imposibilidad de obtener el


empuje a partir de un �nico sistema de cohetes, la aplicaci�n de un sistema
compuesto, es decir, un veh�culo en varias etapas o secciones dotadas de carburante
propio, que se van desprendiendo en la medida en que lo van agotando, Los veh�culos
conocidos se trasladan a velocidad mas o menos constante. El cohete lo hace
acelerando fuertemente al iniciar su marcha al mismo tiempo que disminuye
notablemente su masa. Esta gran aceleraci�n contribuye a disminuir notablemente la
p�rdida por gravitaci�n. Este dise�o lleg� al extremo con los gigantescos y
poderosos cohetes Saturno V (de tres fases) capaces de elevar 130 toneladas a una
�rbita baja y lanzar 45 toneladas en direcci�n a la Luna; un nuevo avance lo
constituy� el sistema compuesto de los transbordadores espaciales, estructurado
sobre la base de dos cohetes laterales y un gran contenedor central que alimenta el
motor de las lanzaderas.

El tipo de propulsante que utilizan las astronaves en la actualidad, tanto para


despegar como para navegar en el espacio, es el constituido por los combustibles
qu�micos, ya sean en estado l�quido o s�lido, aunque tienen el inconveniente que
sirven s�lo para cortos per�odos de aceleraci�n, ya que se agotan r�pidamente una
vez producida la ignici�n. Un futuro prometedor tiene la aplicaci�n de propulsi�n
i�nica, la cual permite largos per�odos de aceleraci�n en viajes de mayor
distancia, con un costo relativamente bajo y con la posibilidad te�rica de alcanzar
grandes velocidades.

Otros sistemas de propulsi�n propuestos se encuentran en etapa de investigaci�n


te�rica. Ejemplos son: la propulsi�n lum�nica (la aceleraci�n se obtendr�a mediante
la proyecci�n de rayos luminosos); la propulsi�n mediante velas solares (la
aceleraci�n se obtendr�a mediante la captaci�n del viento solar); la propulsi�n
nuclear (la aceleraci�n se obtendr�a mediante una serie de explosiones nucleares
controladas). Esta �ltima ha sido prohibida por tratados internacionales, poniendo
fin a antiguos proyectos, como el Ori�n, consistente en una nave interestelar capaz
de alcanzar, te�ricamente, velocidades pr�cticamente lum�nicas. Todos estos
proyectos tienen como dificultad pr�ctica el que las aceleraciones obtenidas son
muy progresivas, lo que implica dificultad en su aplicaci�n en los espacios
cercanos a la Tierra, estando m�s bien dise�ados para vuelos en el espacio
profundo.
Mientras no se descubra alg�n principio de propulsi�n totalmente ajeno a la ciencia
y tecnolog�a actuales, seguir� siendo la propulsi�n convencional mediante cohetes,
a partir de la ignici�n de combustibles qu�micos, el principal medio de obtener una
aceleraci�n r�pida de las naves espaciales
Velocidades y trayectorias

Este tema tiene relaci�n con las velocidades de escape que deben alcanzar los
ingenios espaciales al momento de despegar de la Tierra o de otro cuerpo celeste,
las velocidades m�nimas que deben adquirir para sostener una �rbita segura en torno
a la Tierra y los otros cuerpos, la velocidad m�nima que deben adquirir para
alcanzar �stos o abandonar el Sistema Solar. El tema incluye el c�lculo, la
ejecuci�n y seguimiento de los movimientos orbitales de las naves en torno a los
cuerpos celestes, las diferentes alturas a alcanzar en la realizaci�n de las
�rbitas, la determinaci�n de las trayectorias m�s eficientes en t�rminos de gasto
de combustible y tiempo de aquellas naves que pretenden alcanzar los mundos del
Sistema Solar, tanto interiores como exteriores; as� mismo, se aborda el c�lculo de
las trayectorias de reingreso de las naves a la atm�sfera de la Tierra.
Las velocidades c�smicas

Respecto a las velocidades que deben alcanzar las naves, existe una primera llamada
de satelizaci�n (7,9 km/s), que es la velocidad m�nima que les permite sostener una
�rbita circular sin caer a la Tierra. Al aumentar la velocidad, las �rbitas ser�n
cada vez m�s el�pticas. Al alcanzar los 11,2 km/seg (velocidad parab�lica) la nave
se libera de la atracci�n gravitatoria de la Tierra y entra en la del Sol a la
manera de un peque�o asteroide. Al alcanzar los 42 km/s (velocidad hiperb�lica) la
nave es capaz de liberarse de la atracci�n del Sol, y escapar del sistema solar.2?

Cuanto m�s cerca se encuentre una nave orbitando la Tierra, m�s r�pido deber�
moverse para sostener su �rbita; de lo contrario, caer� en las capas altas de la
atm�sfera. Por lo tanto, el per�odo de vida orbital de toda nave depender� de la
altura que hayan alcanzado (p. ej. el sat�lite Explorer I ten�a una velocidad de 28
000 km/h para alcanzar un apogeo de 2475 km a partir de la superficie). La duraci�n
de la �rbita de una nave depender� de la distancia en altura que haya alcanzado.

Las �rbitas satelitales pueden ser descritas en cualquier sentido en relaci�n al


Ecuador terrestre, aunque se prefieren trayectorias predeterminadas que permitan un
seguro rastreo por parte de las estaciones de Tierra.

En cuanto a las trayectorias y velocidades requeridas para la exploraci�n de la


Luna, las naves deben alcanzar el punto de equilibrio entre la atracci�n terrestre
y la lunar. La velocidad establecida para alcanzar este punto es de 10,9 km/s, lo
que permite a los artefactos orbitar la Luna sin el peligro de estrellarse en su
superficie o pasar de largo. Debido a que la Luna tiene una fuerza de gravedad
inferior a la de la Tierra, su velocidad de escape es de 2.3 km/s.

Las velocidades y trayectorias el�pticas, que llevan a las naves a la exploraci�n


del resto de los cuerpos celestes del Sistema Solar, plantea condiciones de c�lculo
de trayectorias y velocidades m�s dif�ciles, pues se deben tomar en cuenta una
serie de factores: movimiento de la Tierra, atracci�n gravitatoria del Sol y de los
planetas, cercan�a o lejan�a del cuerpo a explorar, velocidad de dichos cuerpos,
capacidad de combustible y empuje desarrollados por la nave. En t�rminos generales,
resulta m�s f�cil para los cient�ficos y controladores la exploraci�n de los mundos
interiores del Sistema Solar que los mundos exteriores; en el primer caso las naves
aprovechan la fuerza gravitatoria del Sol, mientras que en el segundo deben vencer
dicha fuerza, y la de los otros cuerpos mediante un mayor gasto de combustible, y
efectuando complejos c�lculos de trayectorias que las hagan alcanzar su objetivo.
En este �ltimo caso, las trayectorias elegidas suelen ser las m�s largas, pero las
m�s econ�micas en t�rminos de gasto de combustible. B�sicamente, las naves
destinadas a los mundos exteriores, lanzadas en direcci�n al Este, deben aprovechar
la fuerza inercial que les otorga el movimiento de rotaci�n de la Tierra(unos 1.670
km/h), a lo que suman su propio impulso proporcionado por los cohetes.

Previamente a la realizaci�n del viaje a lo largo de la trayectoria elegida, las


naves deben ser colocadas en una �rbita terrestre llamada de aparcamiento.

El mejor momento para iniciar el viaje a los planetas interiores(como es el caso de


Venus) es cuando �stos se encuentran en conjunci�n, es decir, entre la Tierra y el
Sol. En cambio, para iniciar el viaje a los planetas exteriores(como es el caso de
Marte) se debe esperar el momento en que �stos se encuentran en oposici�n, es
decir, de la parte opuesta del Sol respecto a la Tierra.2?
La navegaci�n

Durante la navegaci�n espacial, las naves deben ir controlando permanentemente su


ruta mediante la gu�a de poderosas computadoras, tanto a bordo como ubicadas en
Tierra. Sorprenden los extraordinarios logros alcanzados en materia del c�lculo y
control en la �poca previa a la invenci�n de los microprocesadores, con limitadas
velocidades de procesamiento y de memoria por parte de los ordenadores. En �rbita
en torno a la Tierra, el horizonte del planeta es una referencia v�lida para la
orientaci�n de las naves. Durante la navegaci�n profunda, la computadora interna de
la nave suele guiarla usando una serie de referencias estelares. La estrella
Canopus es la m�s usada como gu�a.

En toda navegaci�n, e incluso en el despegue y en el aterrizaje, juega un


importante papel el sistema de alarma.1? Este sistema tiene como finalidad avisar a
los tripulantes y/o a las computadoras a bordo, merced a las �rdenes de Tierra, que
se deben corregir situaciones de posici�n, trayectoria, impulso, movimiento, u
otros, o bien activar protocolos de misi�n, o detectar fallos en los sistemas, o,
en el peor de los casos, avisar de un peligro real. Tanto el sistema de alarma del
control en Tierra como el de la propia nave est�n interconectados, aunque en la
medida en que �stas se alejen de aquel en direcci�n a los astros el sistema interno
de la nave pasa a jugar un papel m�s aut�nomo.
Las t�cnicas de lanzamiento

Las t�cnicas de lanzamiento contemplan cuidadosos controles internos de los


sistemas de la nave, regidos por una cuenta regresiva, y un cuidadoso control de
las condiciones del tiempo atmosf�rico. Una vez terminada la cuenta comienza la
ignici�n de la fase inicial del sistema de cohetes. Este momento reviste especial
dramatismo, en especial para las tripulaciones que pueden encontrarse a bordo. La
nave acelera con constantes impulsos para alcanzar la velocidad requerida. Las
fuertes tensiones, el ruido y los movimientos que genera el empuje, pone a prueba
la resistencia de los materiales y el entrenamiento de los astronautas. Una vez
alcanzadas las capas superiores de la atm�sfera el rozamiento de la nave disminuye,
as� como el ruido y el movimiento. Las diversas secciones de la nave se van
desprendiendo una a una y la nave entra en la �rbita asignada.

Otras t�cnicas de lanzamiento est�n en fase de propuesta te�rica: "Catapultas


electromagn�ticas" proporcionar�an la aceleraci�n de las naves mediante largas
rampas de lanzamiento, aplicando el principio del electromagnetismo, a modo de un
"ca��n espacial". Tambi�n se ha pensado en la construcci�n de un ascensor espacial,
mediante un sistema de anclaje puesto en �rbita. La propuesta m�s factible, es la
construcci�n de una lanzadera que despegue a manera de un avi�n convencional, o que
sea lanzada a una �rbita baja por un transporte a�reo de gran altura.
El aterrizaje

La fase de descenso a la Tierra genera otra serie de inconvenientes que deben ser
resueltos. En primer lugar, determinar y acertar el �ngulo correcto de re-entrada a
la atm�sfera, un verdadero "corredor" de ingreso. El �ngulo no puede ser ni muy
oblicuo ni muy vertical. Un �ngulo muy vertical provocar�a que la nave se
estrellase pr�cticamente con la capa de aire, aumentando fuertemente la fricci�n y
el calor, lo que ocasionar�a su destrucci�n. Por el contrario, un �ngulo demasiado
oblicuo y a mucha velocidad har� que la nave rebote en las capas superiores,
describiendo una par�bola y pasando de largo; a menor velocidad la nave rebotar�,
pero ingresar� en la atm�sfera m�s all� del punto fijado como �ptimo.1? En un
�ngulo correcto y a la velocidad correcta, la nave cortar� progresivamente las
capas atmosf�ricas superiores, disminuir� su velocidad, y reducir� los niveles de
roce y calor. Previamente al re-ingreso, la nave enciende sus cohetes de frenado,
disminuyendo dr�sticamente su velocidad y perdiendo altura; durante el proceso la
nave debe ser girada en tal forma que ofrezca su flanco m�s resistente a la zona de
fricci�n. Afortunadamente, las naves poseen un eficiente escudo t�rmico que disipa
el calor.

Hasta el momento dos han sido los m�todos de aterrizaje usados en las naves, en
particular las tripuladas: el empleo de paraca�das, a partir de unos 15 km de
altura, seguido por un amerizaje (t�cnica empleada por EE. UU.), o por un descenso
directo en tierra (t�cnica empleada por la ex Uni�n Sovi�tica), o bien el empleo
del m�todo aeron�utico de planeo (transbordadores de EE. UU.) seguido de un
aterrizaje en una pista convencional.

Un momento de gran incertidumbre durante el re-ingreso, lo constituye el paso de


las naves por la llamada franja de silencio, que dura unos cinco minutos,
produci�ndose en cierta regi�n de la atm�sfera, y que supone la interrupci�n
completa de las comunicaciones radiales con el control de tierra.
La supervivencia humana en el espacio

Es objetivo esencial de toda misi�n tripulada consiste en llevar al espacio en


forma segura a los seres humanos, permitirles su navegaci�n y trabajo, y traerlos
vivos y en las mejores condiciones de salud de vuelta a la Tierra. La supervivencia
humana en el espacio est� en funci�n de la habilitaci�n de un medio ambiente
seguro, sea en el interior de las naves, en el exterior, al momento del despegue,
en la navegaci�n, en la exploraci�n directa de los cuerpos celestes(ej: en el
alunizaje), en el trabajo exterior, y en el re-ingreso y aterrizaje de las naves.
El dise�o de este medio debe recrear al m�ximo posible las condiciones que el
organismo humano encuentra en la superficie terrestre, vale decir, de presi�n,
temperatura, humedad, respiraci�n, procesos alimenticios, aseo, desechos org�nicos,
ejercicio, descanso y sue�o. Para lograr esto, la bioingenier�a debe tomar en
cuenta los factores hostiles que presenta el espacio al cuerpo humano y que no
suelen encontrarse en la Tierra: el vac�o espacial y la carencia absoluta de aire,
las violentas oscilaciones t�rmicas, la acci�n del viento solar y los rayos
c�smicos, la presencia de los micrometeoritos, la ausencia de gravedad, el
rompimiento de los patrones de d�a y noche, etc; a esto se suma el espacio reducido
en que deben trabajar los astronautas en el interior de sus naves y la obligada
convivencia entre ellos. Un factor clave en la supervivencia humana, es el dise�o
interior y exterior de las astronaves y estaciones espaciales, as� como el dise�o
de los trajes espaciales.

Para enfrentar las dif�ciles condiciones del despegue, del espacio y el re-ingreso,
los astronautas se someten a programas de riguroso entrenamiento que intentan
simular las diversas situaciones: respuesta frente a la aceleraci�n extrema, a la
ingravidez, a la navegaci�n, al confinamiento, a la convivencia, al trabajo, a la
manutenci�n, a enfrentar situaciones imprevistas, al re-ingreso en la atm�sfera.
S�lo los sujetos m�s aptos psicol�gica y f�sicamente ser�n los seleccionados para
las misiones.
El despegue

El primer problema que plantea el viaje espacial es el despegue mismo. Mientras no


se descubra o invente algo totalmente distinto, la aplicaci�n de fuerza bruta
seguir� siendo la forma m�s eficaz de elevar una nave al espacio, por lo que los
astronautas deber�n seguir soportando las fuertes tensiones que genera una
aceleraci�n violenta. En esta fase es fundamental la utilizaci�n de los trajes y
sillas especialmente acondicionados para aminorar sus efectos.
La ingravidez y sus efectos

En segundo lugar est� el problema de la ingravidez. La ingravidez obliga al cuerpo


humano a re-acondicionar todos sus sistemas, en especial, el cardiovascular, el
�seo y el muscular. La ingravidez provoca, durante los trayectos largos, la p�rdida
de tejido �seo y muscular, lo que afecta incluso al coraz�n. Estos efectos
negativos son combatidos mediante rigurosas rutinas de ejercicio, lo que
contrarresta, en parte, la p�rdida de tejido.

La ingravidez ocasiona que las funciones m�s b�sicas, como alimentarse y beber
l�quidos, sean experiencias complejas; las part�culas y los l�quidos tienden a
flotar libremente por el interior de la nave, lo que puede ocasionar desperfectos;
alimentos y l�quidos son llevados especialmente preparados(compactos,
herm�ticamente sellados). Otro problema es la evacuaci�n de los desechos org�nicos
del cuerpo, los cuales suelen ser procesados, almacenados y sellados para un
posterior an�lisis.

La ingravidez presenta especiales problemas al trabajo extra-vehicular de los


astronautas, que resulta muy complejo en gravedad cero, pues existe la posibilidad
de alejarse accidentalmente en el espacio, el cuerpo tiende a girar al realizar
movimientos al trabajar con llaves de apriete, los medios de locomoci�n son
limitados, etc; y a todo esto se suma la rigidez del traje espacial.
Suministros b�sicos: aire y agua

Dada la ausencia total de atm�sfera en el espacio, todo el aire respirable, as�


como los l�quidos, deben ser llevados �ntegramente de la Tierra. Es tarea esencial
de los sensores a bordo el monitoreo constante de los niveles de ox�geno y de
di�xido de carbono, as� como de la presi�n. El di�xido de carbono sobrante es
absorbido por materiales adecuados. Por otra parte, t�cnicas de generaci�n del
ox�geno a partir de un ciclo natural, con la presencia de algas resistentes a los
rayos c�smicos, se han ensayado desde la d�cada de 1960. En este sentido el alga
chlorella es muy f�cil de cultivar, se reproduce r�pido y hasta se puede comer. Por
su parte, el reciclaje del agua usada est� dentro de las funciones de las misiones.
Control de la temperatura ambiental

Es necesaria la manutenci�n de la temperatura ambiente en torno a unos 20 �C. El


sistema el�ctrico juega un papel capital en la calefacci�n o en la extracci�n del
calor interno. Las violentas oscilaciones t�rmicas externas obligan al uso de
materiales de revestimiento exterior (refractarios al calor durante la exposici�n
al Sol) e interior (que impide la disipaci�n del calor interior). Es conveniente
que las naves giren lentamente sobre s� mismas para evitar recalentamientos;
tambi�n se puede revestir el veh�culo, entre las paredes exteriores e interiores,
de una capa de fluidos destinados a absorber el calor. Adem�s, las naves cuentan
con mecanismos de absorci�n de energ�a solar y transmisi�n al interior para su
aprovechamiento en los momentos en que orbitan el lado oscuro de la Tierra.

Inclusive en el interior de naves no tripuladas, se debe mantener una temperatura


adecuada y una atm�sfera de aire para evitar el mal funcionamiento de los
instrumentos.
Vigilia y sue�o

Tambi�n es dif�cil la adaptaci�n de los astronautas a sus nuevos patrones de


vigilia y sue�o, dado que el ciclo natural diurno y nocturno se rompe. En la medida
de lo posible, se trata de mantener los ciclos de 24 h, estableciendo horarios de
descanso, trabajo y recreaci�n.
Los espacios y la convivencia
Los astronautas deben adaptarse a trabajar en espacios m�s bien peque�os. Al
principio de la exploraci�n espacial la movilidad era muy reducida. Con el programa
Apolo aument� un tanto el espacio disponible; pero fue gracias a la implementaci�n
de las estaciones espaciales y los transbordadores que los astronautas encontraron
mayores disponibilidades de espacio, lo que les ha permitido un trabajo m�s
holgado, algo de privacidad, y la realizaci�n de ejercicios. Aun as�, los espacios
habitables siguen siendo agobiantemente reducidos.

La presencia de los compa�eros ayuda al astronauta disipar el fuerte sentimiento de


soledad y lejan�a que se experimenta en el espacio, pero a la vez obliga a convivir
y a soportar caracteres que pueden mostrarse dis�miles. S�lo la selecci�n de
equipos de trabajo muy afianzados, con una mentalidad muy profesional, ayuda a
enfrentar los posibles problemas de convivencia, en especial si las misiones son de
largo aliento. La estabilidad psicol�gica de los astronautas es uno de los
objetivos esenciales del programa de supervivencia espacial, permiti�ndoseles
cultivar sus espacios recreativos, de ocio y comunicaci�n con sus familiares en
Tierra

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