0% encontró este documento útil (0 votos)
443 vistas19 páginas

Esopo

1) La fábula "La zorra y el espino" trata sobre una zorra que se agarra a un espino para evitar caer pero se lastima, y el espino le dice que ella es la culpable por agarrarse a algo que lastima a todos. 2) La fábula "El asno que cargaba una imagen" trata sobre un asno que carga una imagen de un dios y se siente orgulloso porque la gente se postra, pero su conductor le dice que no lo adoran a él. 3) La mayoría de las fábulas tratan sobre lecciones de vida como

Cargado por

evelyn
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
443 vistas19 páginas

Esopo

1) La fábula "La zorra y el espino" trata sobre una zorra que se agarra a un espino para evitar caer pero se lastima, y el espino le dice que ella es la culpable por agarrarse a algo que lastima a todos. 2) La fábula "El asno que cargaba una imagen" trata sobre un asno que carga una imagen de un dios y se siente orgulloso porque la gente se postra, pero su conductor le dice que no lo adoran a él. 3) La mayoría de las fábulas tratan sobre lecciones de vida como

Cargado por

evelyn
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Fábulas

De
Esopo
La zorra y el espino

Una zorra saltaba sobre unos montículos, y es-


tuvo de pronto a punto de caerse. Y para evitar
la caída, se agarró a un espino, pero sus púas le
hirieron las patas, y sintiendo el dolor que ellas le
producían, le dijo al espino
—¡Acudí a ti por tu ayuda, y más bien me has
herido! A lo que respondió el espino:
—¡Tú tienes la culpa, amiga, por agarrarte a mí,
bien sabes lo bueno que soy para enganchar y
herir a todo el mundo, y tú no eres la excepción!

Nunca pidas ayuda a quien


acostumbra a hacer el daño.
La rana gritona y el león

Oyó una vez un león el croar de una rana, y se


volvió hacia donde venía el sonido, pensando que
era de algún animal muy importante.
Esperó y observó con atención un tiempo, y
cuando vio a la rana que salía del pantano, se le
acercó y la aplastó diciendo:
—¡Tú, tan pequeña y lanzando esos tremendos
gritos!

Quien mucha habla, poco es lo que dice


El asno que cargaba una imagen

Una vez le correspondió a un asno cargar una


imagen de un dios por las calles de una ciudad
para ser llevada a un templo. Y por donde él
pasaba, la multitud se postraba ante la imagen.
El asno, pensando que se postraban en respeto
hacia él, se erguía orgullosamente, dándose aires
y negándose a dar un paso más.
El conductor, viendo su decidida parada, lanzó
su látigo sobre sus espaldas y le dijo:
—¡Oh, cabeza hueca, todavía no ha llegado la
hora en que los hombres adoren a los asnos!

Nunca tomes como tuyos los méritos ajenos.


El águila y la flecha

Estaba asentada un águila en el pico de un


peñasco esperando por la llegada de las liebres.
Más la vio un cazador, y lanzándole una flecha le
atravesó su cuerpo. Viendo el águila entonces
que la flecha estaba construida con plumas de su
propia especie ex- clamó:
—¡Qué tristeza, terminar mis días por causa de
las plumas de mi especie!

Más profundo es nuestro dolor cuando nos


vencen con nuestras propias armas.
La tortuga y el águila

Una tortuga que se recreaba al sol, se quejaba a las aves


marinas de su triste destino, y de que nadie le había
querido enseñar a volar.
Un águila que paseaba a la deriva por ahí, oyó su lamento
y le preguntó con qué le pagaba si ella la alzaba y la
llevaba por los aires.
—Te daré —dijo— todas las riquezas del Mar Rojo.
—Entonces te enseñaré al volar —replicó el águila.
Y tomándola por los pies la llevó casi hasta las nubes, y
soltándola de pronto, la dejó ir, cayendo la pobre tortuga
en una soberbia montaña, haciéndose añicos su coraza.
Al verse moribunda, la tortuga exclamó:
—Renegué de mi suerte natural.
¿Qué tengo yo que ver con vientos y nubes, cuando con
dificultad apenas me muevo sobre la tierra?

Si fácilmente adquiriéramos todo lo que deseamos,


fácilmente llegaríamos a la desgracia.
La zorra y el cuervo gritón

Un cuervo robó a unos pastores un pedazo de carne y se


retiró a un árbol. Lo vio una zorra, y deseando apoderarse de
aquella carne empezó a halagar al cuervo, elogiando sus
elegantes pro- porciones y su gran belleza, agregando además
que no había encontrado a nadie mejor dotado que él para
ser el rey de las aves, pero que lo afectaba el hecho de que
no tuviera voz.
El cuervo, para demostrarle a la zorra que no le faltaba la
voz, soltó la carne para lanzar con orgullo fuertes gritos.
La zorra, sin perder tiempo, rápidamente cogió la carne y le
dijo: —Amigo cuervo, si además de vanidad tuvieras
entendimiento, nada más te faltaría realmente para ser el rey
de las aves. Cuando te adulen, es cuando con más razón de-
bes cuidar de tus bienes.

Nada bueno esperes de los aduladores.


El pastor y el lobo

Un joven pastor, que cuidaba un rebaño de ovejas cerca


de una villa, alarmó a los habitantes tres o cuatro veces
gritando —¡El lobo, el lobo!
Pero cuando los vecinos llegaban a ayudarle, se reía
viendo sus preocupaciones. Mas el lobo, un día de
tantos, sí llegó de verdad. El joven pastor, ahora
alarmado él mismo, gritaba lleno de terror:
—Por favor, vengan y ayúdenme; el lobo está matando a
las ovejas.
Pero ya nadie puso atención a sus gritos, y mucho menos
pensar en acudir a auxiliarlo. Y el lobo, viendo que no
había razón para temer mal alguno, hirió y destrozó a su
antojo todo el re- baño.

Al mentiroso nunca se le cree, aun cuando diga la


verdad.
El lobo con piel de oveja

Pensó un día un lobo cambiar su apariencia para así


facilitar la obtención de su comida. Se metió
entonces en una piel de oveja y se fue a pastar con
el rebaño, despistando totalmente al pastor.
Al atardecer, para su protección, fue llevado junto
con todo el rebaño a un encierro, quedan- do la
puerta asegurada.
Pero en la noche, buscando el pastor su provisión de
carne para el día siguiente, tomó al lobo creyendo
que era un cordero y lo sacrificó al instante.

Según hagamos el engaño, así recibiremos el daño.


Zeus y la tortuga

Para celebrar sus bodas, Zeus invitó a todos los


animales. Sólo faltó la tortuga.
Intrigado por su ausencia, le preguntó al día siguiente:
—¿Cómo solamente tú entre todos los animales no
viniste a mi festín?
—¡Hogar familiar, hogar ideal! —respondió la tortuga.
Zeus, indignado contra ella, la condenó a llevar
eternamente la casa a cuestas.

No nos encerremos en nuestro pequeño mundo.


Ampliemos nuestro horizonte compartiendo sanamente
con nuestro alrededor.
La zorra y el cuervo hambriento

Un flaco y hambriento cuervo se posó en una higuera, y


viendo que los higos aún estaban verdes, se quedó en
el sitio a esperar a que maduraran.
Vio una zorra al hambriento cuervo eternizado en la
higuera, y le preguntó qué hacía. Una vez que lo supo,
le dijo:
—Haces muy mal perdiendo el tiempo confiado a una
lejana esperanza; la esperanza se llena de bellas
ilusiones, mas no de comida.

Si tienes una necesidad inmediata, de nada te servirá


pensar satisfacerla con cosas inalcanzables.
El águila, el cuervo y el pastor

Lanzándose desde una cima, un águila arrebató a un


corderito. La vio un cuervo y tratando de imitar al
águila, se lanzó sobre un carnero, pero con tan mal
conocimiento en el arte que sus garras se enredaron en
la lana, y batiendo al máximo sus alas no logró soltarse.
Viendo el pastor lo que sucedía, cogió al cuervo, y
cortando las puntas de sus alas, se lo llevó a sus niños.
Le preguntaron sus hijos acerca de qué clase de ave
era aquella, y él les dijo:
—Para mí, sólo es un cuervo; pero él, se cree águila.

Pon tu esfuerzo y dedicación en lo que realmente


estás preparado, no en lo que no te corresponde.
Las ranas y el pantano seco

Vivían dos ranas en un bello pantano, pero llegó el


verano y se secó, por lo cual lo abandona- ron para
buscar otro con agua. Hallaron en su camino un
profundo pozo repleto de agua, y al verlo, dijo una rana
a la otra:
—Amiga, bajemos las dos a este pozo.
—Pero, y si también se secara el agua de este pozo, —
repuso la compañera—, ¿Cómo crees que subiremos
entonces?

Al tratar de emprender una acción, analiza primero


las consecuencias de ella.
El perro, el gallo y la zorra

Cierta vez un perro y un gallo se unieron en sociedad para


recorrer el mundo. Llegada una noche, el gallo subió a un
árbol y el perro se recostó al pie del tronco.
Y como era su costumbre, cantó el gallo antes del amanecer.
Oyó su canto una zorra y corrió hacia el sitio, parándose al pie
del árbol. Le rogó que descendiera, pues deseaba besar a un
animal que tenía tan exquisita voz.
Le replicó entonces el gallo que, por favor, primero
despertara al portero que estaba durmiendo al pie del árbol.
Y entonces el perro, cuando la zorra buscaba como
establecer conversación con el portero, le saltó encima
descuartizándola.

Es inteligente actitud, cuando encontramos un ene- migo


poderoso, encaminarlo a que busque a otros
más fuertes que nosotros.
Las liebres y los leones

Las liebres arengaban en la asamblea y argüían que


todos deberían ser iguales. Los leones entonces
replicaron:
—Sus palabras, señoras liebres, son buenas, pero
carecen de garras y colmillos como los que tenemos
nosotros.

Acepta que todos tenemos diferentes cualidades


para diferentes circunstancias.
El asno juguetón

Un asno se subió al techo de una casa y brin- cando


allá arriba, resquebrajó el techado. Corrió el dueño
tras de él y lo bajó de inmediato, castigándolo
severamente con un leño. Dijo entonces el asno:
—¿Por qué me castigan, si yo vi ayer al mono hacer
exactamente lo mismo y todos reían felizmente, como
si les estuviera dando un gran espectáculo?

Trabaja siempre para lo que te has preparado, no


hagas lo que no es de tu campo.
El asno, el gallo y el león

Estaban un gallo y un asno en un pastizal cuan- do llegó


un hambriento león. Y ya iba el león a tirarse encima
del asno, cuando el gallo, cuyo cantar se dice que
aterroriza a los leones, gritó fuertemente, haciendo
salir corriendo al león tan rápido como pudo.
El asno al ver el impacto que un simple canto del gallo
realizaba, se llenó de coraje para atacar al león, y
corrió tras de él con ese propósito.
No había recorrido mayor distancia cuando el león se
volvió, lo atrapó y lo seccionó en pedazos.

Ten siempre presente que las cualidades de tu prójimo


no son necesariamente las tuyas.
La mujer y la gallina

Una mujer viuda tenía una gallina que le ponía un


huevo todos los días.
Pensó que si le daba más cebada pondría dos huevos, y
aumentó su ración.
Pero la gallina engordó y ya no pudo poner ni una vez al
día.

Si sin control ni sabiduría forzar lo que ya te está


sirviendo para que te dé más, sólo obtendrás que
perderás lo que ya tienes.
La lámpara

Borracha de aceite una lámpara y lanzando una luz


poderosa, se jactaba de ser más brillante que el sol.
Pero en eso sopló un fuerte viento y se apagó
enseguida. Alguien volvió a encenderla y le dijo:
—Ilumina, lámpara, pero cállate: el resplandor de los
astros nunca se eclipsa tan fácilmente como el tuyo.

Nunca nos jactemos como si nos perteneciera, de


aquello que no depende de nosotros.

También podría gustarte