Must Love Fangs
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Sinopsis
Marie Bellevance ha sabido por años que va a morir del mismo mal
incurable que tenía su madre. Es por eso que nunca ha tenido citas y
no permite a nadie acercarse demasiado a ella. Pero ahora, como
empleada de una agencia de citas paranormal, Midnight Liaisons, tiene
una oportunidad: Si puede encontrar a alguien que la convierta en una
criatura sobrenatural, ¡estará curada!
Un coqueto hombre puma, Joshua Russell, ha solicitado a la distante
Marie para él, pero ella está fuera de todos los límites por ser humana.
Cuando la atrapa escabulléndose de una cita con un vampiro que salió
mal, él entra y ofrece sus propios servicios. Como escolta contra
vampiros, es capaz de decirle qué hombres serían los perfectos para
citarse. Pero secretamente tiene un mejor plan en mente: Si ella quiere
citarse con alguien sobrenatural, un apuesto hombre puma sería la
mejor elección.
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Índice
Sinopsis Capítulo 11
Capítulo 1 Capítulo 12
Capítulo 2 Capítulo 13
Capítulo 3 Capítulo 14
Capítulo 4 Capítulo 15
Capítulo 5 Capítulo 16
Capítulo 6 Capítulo 17
Capítulo 7 Epílogo
Capítulo 8 Wanted: Wild Thing
Capítulo 9 Jessica Sims
Capítulo 10 Agradecimientos
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Para Ilona
Quien siempre ofreció un comentario acerca de cómo arreglar mis
argumentos… y nunca se enfadó cuando ignore sus siempre excelentes
sugerencias. ¡Esa es amistad verdadera!
Gracias por ser mi caja de resonancia para cada libro.
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Capítulo 1
Traducido por Mari NC y BookLover:3
Corregido por Nony_mo
C
uando yo era niña, mi padre solía dejar que me quedara hasta
tarde para ver películas con él en las noches de sábado. Mi papá
tenía increíblemente mal gusto en las películas. ¿Su favorita?
Mothra vs. Godzilla. Recordaba estar aterrorizada por las enormes y
furiosas criaturas que gritaban y bramaban mientras destrozaban
Tokio.
Esos gruñidos furiosos y chillidos indignados sonaban un poco como lo
que estaba pasando en este momento en la sala de conferencias de
Midnight Liaisons. Sin rayos láser disparándose desde los ojos, pero
había suficientes gruñidos para hacer que cualquier humano se sintiera
en el límite.
Mi jefa, Bathsheba Russell, estaba sentada en la esquina de mi
escritorio, retorciéndose las manos y mirando a la puerta principal.
Eso hizo imposible el trabajar, y empujé mi bloc de notas bajo una pila
de papeles.
—¿Algo con lo que pueda ayudar, Bath?
Me miró, sorprendida, luego sacudió la cabeza. Otra ronda de gruñidos
furiosos provino de la sala de conferencias, y ella hizo una mueca
cuando los gruñidos se convirtieron en gritos.
—No, estoy segura de que estarán aquí pronto.
Bueno, eso era frustrante, y no presagiaba nada bueno para mis
propios planes. Eché una mirada oblicua sobre mi compañera de
trabajo, Ryder. Ella abrió mucho los ojos y me dio un encogimiento de
hombros impotente, como diciendo: ¿Qué se puede hacer?
Claro, a Ryder no le importaba si la jefa se quedaba por ahí una hora o
dos. No descarrilaría su noche como descarrilaría la mía.
Y yo necesitaba esta noche.
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Necesitaba cada día que me quedaba. Cuando te estás muriendo,
tiendes a estar un poco irritado sobre perder tiempo.
La puerta principal se abrió, y justo así, la sala de conferencias se
tranquilizó. Prácticamente podía escuchar sus oídos de cambiante
esforzándose por descubrir quién acababa de llegar. Entró un joven
larguirucho con cara de pocos amigos, de la mano con una bonita, pero
asustada, pelirroja. La chica me miró con miedo, y luego miró a
Bathsheba como si hubiera estado a punto de saltar.
—Somos humanos —dijo Bath con voz seca—. De los que tienes que
tener miedo están ahí. —Ella hizo un gesto hacia la sala de conferencias
ahora demasiado tranquila.
El chico cuadró los hombros y tiró de la mujer bajo su brazo protector.
Ella fue de buena gana, con el rostro completamente pálido. Pobrecita.
Caminaron hacia delante, hacia la sala de conferencias.
—Se ven como si se dirigieran a un funeral —le susurré a Bath.
—Puede serlo —susurró ella—. Vic quiere matarlo.
Ella se sonrojó cuando el muchacho se detuvo frente a la sala de
conferencias y se volvió para mirarnos.
Nadie dijo ni una cosa mientras la puerta de la sala de conferencias se
abría. Entraron. Cerraron la puerta. Una pausa.
Y entonces los ánimos estallaron de nuevo.
—¿Cómo te atreves a convertir a un humano? —rugió Vic. El gruñido de
la voz del tigre alfa subió por encima de todos los demás—. ¿Qué
demonios estabas pensando?
—No hay nadie para nosotros —gritó el hombre de regreso—. No hay
mujeres de mi edad. ¡No hay mujeres, punto!
—Entonces utiliza esta maldita agencia y encuentra una cita —rugió Vic
de vuelta.
—Vamos a calmarnos —dijo Beau firmemente. El líder de la Alianza, un
hombre-puma y el marido de Bath, normalmente estaba tranquilo y en
control de cada situación, pero él no sonaba tranquilo ahora.
Vic dio otro rugido ensordecedor, y oí el grito tragado de la mujer.
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—Ella sigue pensando como un humano —dijo Bath irritada,
poniéndose de pie—. Y van a asustarla hasta la mierda. Voy a entrar
ahí.
Mientras se movía hacia la sala de conferencias, me quité las gafas y
fingí chequearlas por manchas. Actúa calmada. Fácil. No hay problema.
Pero mi corazón latía a mil por hora. Mi cabeza palpitaba con la
adrenalina. Lo ignoré, al igual que hacía con todos los demás síntomas
fisiológicos últimamente. No tengo tiempo para jugar con ellos.
Ryder señaló a su monitor de la computadora, indicando que ella me
iba a enviar un mensaje instantáneo.
Me volví a mi pantalla y esperé.
“Caramba”, envió. “Suena como que podría estar allí un rato”.
Escribí de vuelta rápidamente. “¿Qué es exactamente lo que está
pasando? ¿Ese chico realmente convirtió a un ser humano?”
“Sí”, envió de vuelta. “Llegué aquí justo cuando estaban empujando a
Sara por la puerta. Ya sabes cómo B la protege. Ramsey, también”.
Sara era la tranquila y delicada hermana de Bath; que normalmente
pasaba el rato en la agencia hasta que su compañero, Ramsey, un
hombre-oso, la recogía en la noche. Parecía que Sara era una mujer
lobo y todo el mundo sabía esto excepto yo. Los humanos, siempre los
últimos en enterarse. Pero desde que trabajaba en una agencia de citas
que atendía exclusivamente a los paranormales, tenía sentido que
alguien del personal sería, bueno, paranormal.
Miré a Ryder de nuevo. Más de un alguien. Sara acababa de salir del
armario, pero Ryder estaba todavía en la clandestinidad. Puse mis
manos sobre el teclado. “Entonces, ¿tienes la primicia?”
“Bueeeeenooo”, tipeó Ryder. “Por lo que he podido escuchar, suena como
que el viejo Johnny se enamoró de su novia, y el Tío Vic allí no estaba de
acuerdo. Así que Johnny la convirtió y decidió pedir permiso después.
¿Puedes creer eso?”
Eso era malo. Muy malo. Se suponía que los humanos no debían saber
sobre sobrenaturales a menos que se les permitiera en la Alianza
primero. Y todos los humanos que habían sido admitidos en la Alianza
se encontraban actualmente en esta oficina: yo, Ryder y Bathsheba.
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Para un sobrenatural (o “súper”, como nos gustaba llamarlos) revelar su
verdadera naturaleza a un humano estaba en contra de las reglas. Dar
a conocer su verdadera naturaleza y luego convertir a un humano en
un cambiante era peor que malo. Esto causaba todo tipo de problemas.
¿Qué pasaba si se separaban? ¿Qué se supone que harían los padres
humanos con una hija mujer-tigre? ¿Quién iba a explicar por qué su
pequeña y linda Lola tenía que utilizar un poste para rasguñar y se
pusiera loca cuando la madeja rodara?
Al revelar su verdadera naturaleza a un humano, Johnny había puesto
en peligro a todos en la Alianza. La red se basa en un fideicomiso tenue
de las otras especies, y ahora se había roto.
E iba a causar estragos con mis planes.
A medida que el gritar en la otra habitación aumentó, saqué mi libreta
de nuevo y miré la lista en la que había estado trabajando.
Potenciales Sobrenaturales
Hombre-algo
Vampiro
Fruncí el ceño, disgustada por lo muy pequeña que era. ¿Tal vez estaba
olvidando algo?
—Oye, ¿Ryder?
—¿Hmm? —Mi compañera de trabajo arrastró su mirada de la sala de
conferencias, donde se había puesto todo muy tranquilo de nuevo.
Golpeé mi lápiz en mi escritorio, pensando mientras miraba hacia abajo
a la lista.
—¿Puedes pensar en algunos sobrenaturales que puedan convertir a
alguien?
—¿Convertir a alguien?
—Ya sabes, convertir a alguien —le dije. Ante su mirada sospechosa,
señalé a la sala de conferencias, donde un bajo argumento retumbando
entre dos hombres se oía, intercalada por una voz ocasional más alta
que probablemente era Bathsheba, tratando de interponer un cierto
sentido común en el argumento.
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Ryder negó con la cabeza.
—Mal momento —murmuró—. Déjalo reposar.
Pero no podía permitirme el lujo de dejarlo reposar. Me quedé mirando
el papel, pensando, mientras las voces ahora se levantaban en la sala
de conferencias.
—¡Esto es abominable! —gritó Vic—. ¡Una vergüenza!
Oooh, abominable me hizo pensar en yeti. ¿Hombre-yeti? Lo escribí y
puse un signo de interrogación al lado de él. Entonces lo taché. Nadie
en su sano juicio quería ser un yeti. Asqueroso.
Mordí el borrador, pensando. ¿Hada? Nacían, no se hacían, pero
también eran secretas. Tal vez ellos sabían algo…
La campana sonó contra el cristal de la puerta principal, indicando que
alguien había entrado en la oficina. Miré hacia arriba, poniendo una
sonrisa en mi cara...
Y suspiré con desaliento al ver al hombre ingresando. Joshua Russell,
mi cliente menos favorito.
—Hola, Josh —dije con mi voz más aburrida.
Él sonrió, haciendo una línea recta hacia mi escritorio.
Maldita sea. Suspiré y empujé la libreta bajo una pila de informes de
nuevo, luego centré mi atención en el hombre alto y atractivo de pie
delante de mi escritorio. Mi mirada estaba justo a la altura de su
entrepierna, lo que hacía las cosas un poco incómodas cuando yo
estaba tratando de ignorar al hombre.
De repente una grande rosa perfecta apareció delante de mis narices.
—Para ti, hermosa.
La empujé a un lado. Algunos coqueteos nunca cambian.
—Buen intento, Josh. Soy humana, ¿recuerdas?
—Sí, pero eres una humana de la Alianza. Eso es diferente —dijo con
una sonrisa devastadora que habría eliminado las bragas de cualquier
mujer-gato en la zona—. Diferente es bueno.
—Tengo alergia al polen —mentí con mi voz más dura y le di una
mirada recatada.
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Él suspiró como derrotado, pero caminó hacia el escritorio de Ryder en
su lugar, presentándole la flor. Ella levantó la vista de sus informes, le
sonrió y tomó la flor con un guiño.
Bueno. Tal vez él me dejaría en paz ahora.
Al igual que los otros grandes felinos por los que todo su clan era
tristemente célebre, Joshua Russell era una mezcla de poder y alegría.
Lo estudié bajo mis pestañas mientras charlaba con Ryder, inclinado
sobre su escritorio. Su pelo castaño muy corto, apenas un zumbido bajo
su negra gorra de béisbol de Russell Security. Había un toque atractivo
de barba en su fuerte mandíbula, como si se hubiera olvidado de
afeitarse. Al igual que todos los hombre-pumas Russell, tenía rasgos
fuertes y masculinos. Cuando las características de su hermano Beau
eran un poco más refinadas, más severas, las de Josh parecían estar
hechas para reír. Tenía un hoyuelo ridículo en una mejilla que brillaba
de vez en cuando, y sus ojos eran de un tono injusto de azul,
enmarcados por unas pestañas lo suficientemente gruesas para poner a
cualquier mujer celosa. Sus hombros eran grandes y musculosos, y
cuando llevaba una camisa ajustada —como hoy— se podía ver los
contornos de sus pectorales y el bulto de sus bíceps. Sin embargo, estos
casi palidecían en comparación con su culo deliciosamente apretado,
que destacaba actualmente hacia mi escritorio. Me quedé mirándolo.
Qué pena que una hermosa pieza de carne masculina estuviera adjunta
a tal manifiesto calentón.
Él miró por encima del hombro, justo a tiempo para atraparme mirando
su culo. Me sonrojé y desvié mi mirada, pero no antes de que viera su
sonrisa.
Maldita sea.
Suspiré internamente mientras él caminaba de vuelta a mi escritorio y
se dejó caer en la silla frente a mí. Le lancé una mirada irritada.
—¿Puedo ayudarte en algo?
—Creo que te atrapé apreciándome, Marie.
—No lo hiciste —dije con frialdad.
—No pasa nada si no puedes admitirlo. —Se inclinó hacia adelante y
susurró—: Me han dicho que mi culo es muy provocativo de morder.
Me incliné hacia él a cambio.
—Tu madre no cuenta.
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Josh sonrió, luego olfateó el aire y deslizó mi bloc de notas de debajo de
la pila de papel.
¿Cómo demonios se había enterado que estaba allí? Traté de
arrebatárselo de regreso, pero era demasiado lenta. Josh lo sostuvo en
alto, luego se puso de pie, leyendo en voz alta.
—Potenciales: vampiro, hombre-algo, hada. ¿Yeti? —Me miró—. ¿Lista
de compras?
—Estoy ayudando a un cliente a decidir con quién salir —dije,
sosteniendo mi mano hacia el bloc.
Hizo un gesto hacia mí.
—No estás siendo muy exigente para tu cliente aquí. ¿Hombre-algo?
—Solo regrésalo —espeté—. Y dime por qué estás aquí, así yo puedo
sacarte fuera de la puerta y seguir adelante con mi vida. ¿Necesitas una
cita? Eso es una sorpresa.
—Ah, una cita —dijo Josh, dejando caer la lista en mi escritorio y
encorvándose en la silla de nuevo. Me dio una mirada pensativa, esas
largas pestañas sobre sus hermosos ojos haciéndolo lucir soñoliento, o
sexi, o ambos. Su mirada era intensa, pero su sonrisa era
encantadora—. ¿Crees que debería? Todavía estoy evitando a la última
chica.
Solté un bufido. La última chica con la que él había salido no había
estado demasiado emocionada cuando Josh nunca le devolvió la
llamada. Ella me llamó para quejarse, ya que yo era la que los había
emparejado.
Alcancé la lista de nuevo y la alejó de mi alcance, moviendo las cejas
hacia mí. Ugh. Decidida, me levanté, caminé alrededor de la mesa, y le
arrebaté la lista fuera de sus manos de nuevo.
Mientras regresaba de vuelta a mi silla, le miré.
—Deberías tratar de salir con alguien más que una vez. No me hagas
caso, pero he oído que es como tener una relación.
No pareció disuadido por mi tono mordaz.
—¿Y tú eres la experta en relaciones? ¿Cuánto tiempo has salido con tu
novio?
Yo no tenía novio.
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—No tengo citas.
—Con mayor razón deberías salir conmigo. Cambiaré tu opinión.
—Especialmente no tengo citas con clientes.
—La primera vez para todo.
Criss, me maldije mentalmente en el francés de mi madre. Hablar con él
era como correr en círculos. Me volteé a mi computadora y comencé a
escribir su número de perfil. Venía tan a menudo que lo había
memorizado. Al menos, eso es lo que me decía.
—¿Qué tal una mujer-jaguar?
—Demasiado agresiva. Me gustan las chicas que son un poco fulanas,
pero se derriten en mis brazos.
Rodé los ojos. Oh, hermano.
—¿Arpía?
—Boca sucia.
—¿Dríada?
—Lo único que quieren hacer es pasear. Yo soy más del tipo de hombre
de “acurrucarse frente al fuego y llegar a conocerse el uno al otro”.
Acabo de apostar que lo era.
—¿Hada?
—Demasiado delicada. Me gusta una chica a la que pueda agarrar.
Oh, eres un cerdo.
—¿Vampiro?
Se tocó la nariz.
—No soy un fan del olor muerto.
Me aparté de mi teclado, exasperada.
—¿Por qué no me dices lo que estás buscando, y veré si tenemos un
perfil que podría coincidir con la descripción?
Josh hizo con un dedo círculos perezosos en la superficie de mi
escritorio.
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—No he dicho que estaba aquí para una cita. A menos que túestés
dispuesta, por supuesto.
—¿Entonces por qué estás aquí?
Hizo un gesto hacia la habitación trasera, donde aún continuaban los
sonidos de discusión.
—Oí que Vic Merino se iba a enfurecer, y a esos tigres les gusta rugir.
Pensé en venir a darle a mi hermano algo de respaldo antes de ir a
trabajar.
Mis ojos se entrecerraron hacia él.
—Así que, ¿por qué todo ese pretexto sobre tus opciones de citas?
—Dímelo tú, Marie. Eres la única que es tan rápida en tratar y hacer
que me relajé.
Apreté los dientes.
—¿No tienes un sitio donde estar? —¿Al igual que en cualquier lugar
pero no aquí?
Josh se ajustó la gorra de béisbol, y atrapé otra visión de esos
inhumanamente hermosos ojos azules.
—No hay lugar en el que prefiero estar que aquí contigo, Marie.
—Vete —dije, volviendo a mi computadora—. Estoy ocupada aquí.
—¿Ocupada con tu lista? ¿Juntando yetis para mujeres cambiantes?
Lo miré.
—Vete.
Se rio y se inclinó hacia delante, sus grandes hombros cerniéndose
sobre mi escritorio.
Mi piel se erizó con conciencia y me miró fijamente, esperando.
Sus fosas nasales se abrieron y Josh inclinó la cabeza, luego lució
satisfecho con todo lo que había olido. Miró hacia mí.
—Resulta que Beau no me necesita. Suena como que terminó la
conversación.
Levantó tres dedos en al aire, entonces contó hacia atrás a dos, luego
uno.
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La puerta de la sala de conferencias se abrió.
Un hombre corpulento con el pelo negro como la tinta salió de la
oficina. Beau lo siguió, con una expresión sombría en su rostro.
Pisándole los talones, Bathsheba tiró de su larga y rubia platina cola de
caballo, luciendo nerviosa.
El líder del clan tigre parecía fríamente furioso, y evité hacer contacto
visual con él. Tenía una mirada peligrosa, como muchos de los tipos de
depredadores más grandes. Sus brazos eran enormes y marcados con
venas, pero sus grandes y brutales características tenían una apelación.
Y parecía muy fuerte. En realidad malditamente fuerte. Fuerte era
bueno.
Saqué mi lista e hice una nota de “tigre” bajo “hombre-algo”.
—Cálmate —le dijo Beau—. Vamos a hablar de esto racionalmente.
—¿Racionalmente? —rugió Vic Merino, las venas abultándose en su
cuello. El gran hombre gruñó, sus hombros encorvados con furia
cuando se volvió para mirar a Beau—. Uno de mi clan acaba de
convertir a un humano. ¿Sabes lo que esto significa? Significa que
ahora estoy atrapado con una jodida humana que no puede entender
por qué quiere convertirse en un maldito tigre de vez en cuando. Mi clan
no necesitaba esta mierda.
—Estoy seguro de que las cosas estarán bien —comenzó Bathsheba con
dulzura.
Vic volvió su mirada fulminante hacia ella.
—¿Bien? Mi clan se verá obligado a pagar indemnizaciones a todos los
otros clanes por violar la ley. Una vez que los otros clanes averigüen lo
que el mío ha hecho, nos van a llevar a la quiebra. Y también vamos a
tener que pagarle a sus padres para mantenerlos en silencio. Estamos
jodidos. —Sus ojos se volvieron feroces y salvajes—. Mi esposa está
embarazada de nuestro hijo. ¿Quieres que esté tranquilo y racional,
mientras que ese idiota está quitando la comida de la boca de mi
pareja?
Beau se puso delante de Bathsheba, en silencio protegiéndola, su
mirada ardiente.
—No tomes ese tono con mi compañera, Vic.
Vic gruñó a Beau, mostrando los dientes… luego dio un paso atrás,
alejándose.
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—Lo siento. Mierda. Solo estoy un poco estresado en este momento.
Taché con discreción “tigres” de mi lista. Uff. No estaba segura de poder
hacer frente a ese tipo de temperamento.
Un músculo palpitó en la mejilla de Beau.
—Estoy tan enojado como tú. Pero gritar no la va a convertirla en
humana de nuevo.
—¿Y qué se supone que debo hacer? Me tienen por mis putas pelotas y
a mi clan por mi billetera. ¿Con quién voy a quejarme? —Cruzó los
brazos sobre su amplio pecho—. Ella ya trató de ir a la policía una vez,
y tuvimos que terminar esa mierda rápido.
—No a la policía humana —dijo Beau, sin moverse de su postura
protectora frente a su esposa—. Sabes lo que tenemos que hacer.
Eso detuvo el ritmo furioso del tigre.
—¿Qué propones?
—La ley cambia hoy. Aquí. Ahora —dijo Beau con una parte de su mano
en el aire—. Primero el problema con los lobos y Sara, y ahora esto. Las
cosas están fuera de control, y está poniendo en peligro la seguridad de
todos. Tal vez la gente piensa que porque he tomado una compañera
humana, las normas se han relajado. Ese no es el caso. La vida de
Bathsheba fue amenazada. Su hermana ha estado bajo un ataque
constante. En todo caso, me está probado que los humanos y los
cambiantes no deben mezclarse. —La expresión de su rostro era
sombría—. De aquí en adelante, nos estamos moviendo a una política
de no tolerancia. No hay conversiones no aprobadas. ¿Cualquier
persona que lo haga? Puede unirse a su amigo recién convertido al
exilio permanente.
¿Exilio permanente?
—¿Exilio? —dijo Johnny, haciendo eco de mis pensamientos mientras
salía de la sala de conferencias, la pelirroja detrás de él, con la mano
apretada en la suya. Él Tragó saliva—. ¿Estamos exiliados?
—No lo hemos decidido todavía —gruñó Vic—. ¿Por qué no vas a
mostrarle a tu novia cómo controlar su cambio así no hace otra puta
escena en público?
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La chica se sonrojó con un brillante rojo, y Johnny frunció el ceño. Él
agarró el brazo de la chica e hicieron una precipitada salida de la
habitación.
Beau se frotó la cara luciendo décadas mayor. El tigre alfa parecía que
quería desvalijar algo, y Beau sacudió la cabeza.
—Nos sentaremos con esto durante unos días antes de decidir qué
hacer con su falta de respeto.
—Y la chica…
—Será incluida en su castigo —estuvo de acuerdo Beau—. Tenemos que
ser firmes en esto. Si llega afuera que alguien ha ido y cambiado a un
ser humano, todos estamos en riesgo. Cero tolerancia.
—¿Pero no serás visto como un hipócrita después de haber tomado una
compañera humana? —preguntó Bath, su voz tranquila—. Tus hombres
se sienten solos.
—Y los hombres no están actuando racionalmente. No les estoy
protegiendo, estoy pensando en ti, en Sara. En cada mujer humana
soltera que va a ser objeto de caza y se convertirá en algo que no
entiende a menos que pongamos un freno a esto. —Él fijó una mirada
feroz en todos nosotros.
Nadie dijo nada.
Beau se volvió a Bathsheba.
—Necesito una lista de todas las manadas y clanes que tengan una
proporción de sexo femenino extremadamente baja. Tenemos que
asegurarnos de que los hombres se mantengan ocupados. Lo último
que queremos es una cadena de mujeres humanas convertidas por los
hombres que no pueden con lo que hay en sus pantalones.
Ella le dio una mirada en blanco.
—Lo siento, ¿me lo estabas pidiendo como tu esposa, o tu asistente?
Contuve una respiración, esperando que alguien explotara.
Pero Beau solo rio, inclinándose para besar su mejilla.
—Lo siento. ¿Podrías por favor ayudarme con esto? Te prometo que
miraré los currículums para un asistente una vez que las cosas se
calmen.
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Ella le dio una sonrisa apaciguada y asintió. Eso era a lo que nunca me
acostumbré de estar con cambiadores. Preferían cuando sus mujeres
les objetaban.
—Pero… —comenzó Johnny.
—No hay excusas —interrumpió Beau mientras giraba hasta fijar su
mirada en el hombre. Sus dientes al descubierto, y me di cuenta que
estaba furioso. Apenas controlado, a pesar de su actitud amorosa con
Bathsheba—. Nadie más es convertido, o van a ser exiliados de forma
permanente.
Mi corazón cayó en mi garganta, y muy tranquilamente taché “hombre-
algo” de mi lista.
Eso solo acortó mi lista de opciones disponibles... considerablemente.
Después de todo, estaba tratando de conseguir a alguien para
convertirme.
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Capítulo 2
Traducido por magdys83
Corregido por flochi
M
i madre murió cuando tenía dieciocho años. Se marchitó
paulatinamente, volviéndose poco a poco loca de una
enfermedad que tenía desconcertados a los médicos. Es
llamada insomnio familiar fatal, y es sumamente extraña.
Recuerdo que no pensé nada de eso cuando tuve que despertar para ir
a la escuela y descubría que mi madre había estado despierta toda la
noche, mirando repeticiones en la televisión, incapaz de dormir. Ella lo
había tomado a broma y dijo que tomaría una siesta durante el día.
Nadie en mi familia pensó demasiado en ello al principio. Después de
seis meses, mi padre empezó a preocuparse. Trató de tomar píldoras y
medicamentos para ayudarla a dormir, pero solo empeoró las cosas.
Fue a ver a especialista tras especialista, solo para que le dijeran que
nadie podía ayudarla. Cuando hicieron el veredicto final, insomnio
familiar fatal, nos dimos cuenta de lo que estaba reservado para ella.
Iba a morir de una lenta y dolorosa muerte, y no había nada que
alguien pudiera hacer al respecto.
Mi madre se deterioró más rápidamente de lo que anticipábamos. En
cuestión de meses, empezó a ver cosas. Cuando sus alucinaciones se
hicieron tan fuertes que tenía un tiempo difícil percibiendo la realidad,
tuvo que ser hospitalizada. Y de allí, fue cuesta abajo. La veíamos,
adormecida, mientras la enfermedad tomaba su mente y se volvía en
una cáscara loca y frágil de la mujer vibrante que había sido una vez.
Mi pobre y desconsolado padre siguió vigilándola junto a su cama,
sosteniendo su mano incluso mientras ella se apagaba.
¿Cómo podías morir de simplemente no ser capaz de dormir? Los
méd