LECTOESCRITURA SEXTO PERIODO I
¿Cómo se formó la tierra?
1
En el principio, había una nube de materia gaseosa, con el joven Sol en su centro. Gradualmente, esta nube fue
perdiendo su calor en el espacio. Cuando se enfrió lo suficiente, los átomos del interior de la nube comenzaron a
juntarse hasta formar pequeños grumos de materia sólida y que aparecieron en abundancia, eran diminutos
trozos de hierro. Fueron los primeros en hacer su aparición porque los restantes y es, por tanto, más probable que
se reúnan formando pequeños bloques. Después del hierro, los siguientes trozos de materia sólida en aparecer
fueron granos de materiales parecidos a las rocas. Luego, esos trozos de rocas y de hierro comenzaron a dar
vueltas alrededor del Sol, inmersos en los gases más ligeros de la nube primordial. Algunos chocaron y se
unieron, o se vieron atraídos hasta unirse por la fuerza de gravedad, formando así cuerpos más grandes hasta
alcanzar el diámetro de un kilómetro y medio.
Después, el Sol resplandeció en el medio de un violento estallido, como acostumbr/an a hacer las estrellas
jóvenes. Ese estallido hizo volar los gases ligeros, partiendo de la zona interior del sistema solar. Pero, aquellos
cuerpos formados por rocas y hierro eran demasiado pesados para ser expulsados fuera de las corrientes de
partículas y por la radiación procedente del sol. Continuaron moviéndose en círculos alrededor del Sol después de
que los gases hubieran desaparecido, convertido cada uno de ellos en un planeta en miniatura, por derecho
propio. Más tarde, esas bolas de rocas y hierro se juntaron para formar la Tierra y sus planetas hermanos;
Mercurio, Venus y Marte.
Robert Jastrow, La exploración del espacio, Barcelona, RBA Editores S.A, 1993.
1 la expresión ¨en el principio…¨ se refiere a la formación de:
el sol.
una estrella joven
la tierra.
las rocas.
¿Cómo se formó la tierra?
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En el principio, había una nube de materia gaseosa, con el joven Sol en su centro. Gradualmente, esta nube fue
perdiendo su calor en el espacio. Cuando se enfrió lo suficiente, los átomos del interior de la nube comenzaron a
juntarse hasta formar pequeños grumos de materia sólida y que aparecieron en abundancia, eran diminutos
trozos de hierro. Fueron los primeros en hacer su aparición porque los restantes y es, por tanto, más probable que
se reúnan formando pequeños bloques. Después del hierro, los siguientes trozos de materia sólida en aparecer
fueron granos de materiales parecidos a las rocas. Luego, esos trozos de rocas y de hierro comenzaron a dar
vueltas alrededor del Sol, inmersos en los gases más ligeros de la nube primordial. Algunos chocaron y se
unieron, o se vieron atraídos hasta unirse por la fuerza de gravedad, formando así cuerpos más grandes hasta
alcanzar el diámetro de un kilómetro y medio.
Después, el Sol resplandeció en el medio de un violento estallido, como acostumbr/an a hacer las estrellas
jóvenes. Ese estallido hizo volar los gases ligeros, partiendo de la zona interior del sistema solar. Pero, aquellos
cuerpos formados por rocas y hierro eran demasiado pesados para ser expulsados fuera de las corrientes de
partículas y por la radiación procedente del sol. Continuaron moviéndose en círculos alrededor del Sol después de
que los gases hubieran desaparecido, convertido cada uno de ellos en un planeta en miniatura, por derecho
propio. Más tarde, esas bolas de rocas y hierro se juntaron para formar la Tierra y sus planetas hermanos;
Mercurio, Venus y Marte.
Robert Jastrow, La exploración del espacio, Barcelona, RBA Editores S.A, 1993.
cuando se refiere al ¨joven Sol¨, el autor quiere decir que el Sol:
era un rebelde sin causa.
Siempre era escandaloso.
era inexperto con los planetas.
era una estrella en formación
¿Cómo se formó la tierra?
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En el principio, había una nube de materia gaseosa, con el joven Sol en su centro. Gradualmente, esta nube fue
perdiendo su calor en el espacio. Cuando se enfrió lo suficiente, los átomos del interior de la nube comenzaron a
juntarse hasta formar pequeños grumos de materia sólida y que aparecieron en abundancia, eran diminutos
trozos de hierro. Fueron los primeros en hacer su aparición porque los restantes y es, por tanto, más probable que
se reúnan formando pequeños bloques. Después del hierro, los siguientes trozos de materia sólida en aparecer
fueron granos de materiales parecidos a las rocas. Luego, esos trozos de rocas y de hierro comenzaron a dar
vueltas alrededor del Sol, inmersos en los gases más ligeros de la nube primordial. Algunos chocaron y se
unieron, o se vieron atraídos hasta unirse por la fuerza de gravedad, formando así cuerpos más grandes hasta
alcanzar el diámetro de un kilómetro y medio.
Después, el Sol resplandeció en el medio de un violento estallido, como acostumbr/an a hacer las estrellas
jóvenes. Ese estallido hizo volar los gases ligeros, partiendo de la zona interior del sistema solar. Pero, aquellos
cuerpos formados por rocas y hierro eran demasiado pesados para ser expulsados fuera de las corrientes de
partículas y por la radiación procedente del sol. Continuaron moviéndose en círculos alrededor del Sol después de
que los gases hubieran desaparecido, convertido cada uno de ellos en un planeta en miniatura, por derecho
propio. Más tarde, esas bolas de rocas y hierro se juntaron para formar la Tierra y sus planetas hermanos;
Mercurio, Venus y Marte.
Robert Jastrow, La exploración del espacio, Barcelona, RBA Editores S.A, 1993.
los trozos de hierro fueron los primeros en aparecer porque sus átomos:
giraban muy rápido.
el Sol los derretía.
Median un kilómetro y medio.
Podían juntarse más fácilmente.
¿Cómo se formó la tierra?
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En el principio, había una nube de materia gaseosa, con el joven Sol en su centro. Gradualmente, esta nube fue
perdiendo su calor en el espacio. Cuando se enfrió lo suficiente, los átomos del interior de la nube comenzaron a
juntarse hasta formar pequeños grumos de materia sólida y que aparecieron en abundancia, eran diminutos
trozos de hierro. Fueron los primeros en hacer su aparición porque los restantes y es, por tanto, más probable que
se reúnan formando pequeños bloques. Después del hierro, los siguientes trozos de materia sólida en aparecer
fueron granos de materiales parecidos a las rocas. Luego, esos trozos de rocas y de hierro comenzaron a dar
vueltas alrededor del Sol, inmersos en los gases más ligeros de la nube primordial. Algunos chocaron y se
unieron, o se vieron atraídos hasta unirse por la fuerza de gravedad, formando así cuerpos más grandes hasta
alcanzar el diámetro de un kilómetro y medio.
Después, el Sol resplandeció en el medio de un violento estallido, como acostumbr/an a hacer las estrellas
jóvenes. Ese estallido hizo volar los gases ligeros, partiendo de la zona interior del sistema solar. Pero, aquellos
cuerpos formados por rocas y hierro eran demasiado pesados para ser expulsados fuera de las corrientes de
partículas y por la radiación procedente del sol. Continuaron moviéndose en círculos alrededor del Sol después de
que los gases hubieran desaparecido, convertido cada uno de ellos en un planeta en miniatura, por derecho
propio. Más tarde, esas bolas de rocas y hierro se juntaron para formar la Tierra y sus planetas hermanos;
Mercurio, Venus y Marte.
Robert Jastrow, La exploración del espacio, Barcelona, RBA Editores S.A, 1993.
según el primer párrafo, la fuerza de gravedad hizo que:
Se produjeran explosiones.
Los trozos de rocas y de hierro se unieran.
Explotara el sol.
Desaparecieran los gases.
¿Cómo se formó la tierra?
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En el principio, había una nube de materia gaseosa, con el joven Sol en su centro. Gradualmente, esta nube fue
perdiendo su calor en el espacio. Cuando se enfrió lo suficiente, los átomos del interior de la nube comenzaron a
juntarse hasta formar pequeños grumos de materia sólida y que aparecieron en abundancia, eran diminutos
trozos de hierro. Fueron los primeros en hacer su aparición porque los restantes y es, por tanto, más probable que
se reúnan formando pequeños bloques. Después del hierro, los siguientes trozos de materia sólida en aparecer
fueron granos de materiales parecidos a las rocas. Luego, esos trozos de rocas y de hierro comenzaron a dar
vueltas alrededor del Sol, inmersos en los gases más ligeros de la nube primordial. Algunos chocaron y se
unieron, o se vieron atraídos hasta unirse por la fuerza de gravedad, formando así cuerpos más grandes hasta
alcanzar el diámetro de un kilómetro y medio.
Después, el Sol resplandeció en el medio de un violento estallido, como acostumbr/an a hacer las estrellas
jóvenes. Ese estallido hizo volar los gases ligeros, partiendo de la zona interior del sistema solar. Pero, aquellos
cuerpos formados por rocas y hierro eran demasiado pesados para ser expulsados fuera de las corrientes de
partículas y por la radiación procedente del sol. Continuaron moviéndose en círculos alrededor del Sol después de
que los gases hubieran desaparecido, convertido cada uno de ellos en un planeta en miniatura, por derecho
propio. Más tarde, esas bolas de rocas y hierro se juntaron para formar la Tierra y sus planetas hermanos;
Mercurio, Venus y Marte.
Robert Jastrow, La exploración del espacio, Barcelona, RBA Editores S.A, 1993.
cuál de las siguientes secuencias de sustantivos refleja mejor el orden planteado en el texto:
nubes-grumos-bloques-planetas
nubes-bloques-grumos-planetas.
bloques-planetas-nubes-grumos
grumos-nubes-bloques-planetas.
Noche primitiva
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(Prefacio)
Tras cada hombr/e viviente se encuentran treinta fantasmas, tal es la proporción con que los muertos superan a
los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien millones de seres humanos han transitado por el
planeta tierra.
Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay la misma cantidad estrellas,
aproximadamente, en nuestro universo local: la Vía Láctea. Así, por cada hombr/e que jamás ha vivido, luce una
estrella en el universo.
Pero, cada una de esas estrellas es un sol, a menudo mucho más br/illante y magnífico que la pequeña y cercana
a la que denominamos Sol. Y muchos - quizá la mayoría - de esos soles lejanos tienen planetas circundándolos.
Así casi con seguridad hay suelo suficiente en el firmamento para ofrecer a cada miembr/o de las especies
humanas, desde el primer hombr/e-mono, su propio mundo particular. Cielo… o infierno.
No tenemos miedo alguno de conjeturar cuántos de esos cielos e infiernos se encuentran habitados, y con qué
clase de criaturas: el más cercano de ellos está a millones de veces más lejos que Marte o Venus. Más las
barreras de la distancia se están desmoronando, y día llegará en que daremos con nuestros iguales, o nuestros
superiores entre las estrellas. Los hombr/es han sido lentos en encararse con esta perspectiva, algunos esperan
aún que nunca se convertirá en realidad. No obstante, aumenta el número de los que preguntan: ¿Por qué no han
acontecido ya tales encuentros? ¿Por qué no, en efecto? Sólo hay una posible respuesta a esta razonable
pregunta. Más recordad, por favor, que ésta es sólo una obr/a de ficción. La verdad, como siempre, será mucho
más extraordinaria.”
Arthur C. Clarke, Una odisea espacial 2001, Navarra, Salvat Editores S. A. 1970.
1 la palabr/a alba, resaltada en el primer párrafo, puede ser reemplazada por:
amanecer.
ocaso.
crepúsculo.
juventud.
Noche primitiva
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Tras cada hombr/e viviente se encuentran treinta fantasmas, tal es la proporción con que los muertos superan a
los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien millones de seres humanos han transitado por el
planeta tierra.
Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay la misma cantidad estrellas,
aproximadamente, en nuestro universo local: la Vía Láctea. Así, por cada hombr/e que jamás ha vivido, luce una
estrella en el universo.
Pero, cada una de esas estrellas es un sol, a menudo mucho más br/illante y magnífico que la pequeña y cercana
a la que denominamos Sol. Y muchos - quizá la mayoría - de esos soles lejanos tienen planetas circundándolos.
Así casi con seguridad hay suelo suficiente en el firmamento para ofrecer a cada miembr/o de las especies
humanas, desde el primer hombr/e-mono, su propio mundo particular. Cielo… o infierno.
No tenemos miedo alguno de conjeturar cuántos de esos cielos e infiernos se encuentran habitados, y con qué
clase de criaturas: el más cercano de ellos está a millones de veces más lejos que Marte o Venus. Más las
barreras de la distancia se están desmoronando, y día llegará en que daremos con nuestros iguales, o nuestros
superiores entre las estrellas. Los hombr/es han sido lentos en encararse con esta perspectiva, algunos esperan
aún que nunca se convertirá en realidad. No obstante, aumenta el número de los que preguntan: ¿Por qué no han
acontecido ya tales encuentros? ¿Por qué no, en efecto? Sólo hay una posible respuesta a esta razonable
pregunta. Más recordad, por favor, que ésta es sólo una obr/a de ficción. La verdad, como siempre, será mucho
más extraordinaria.”
Arthur C. Clarke, Una odisea espacial 2001, Navarra, Salvat Editores S. A. 1970.
el autor establece una clara relación entre los hombr/es y:
El planeta Tierra.
El universo.
Los fantasmas.
Las estrellas.
Noche primitiva
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Tras cada hombr/e viviente se encuentran treinta fantasmas, tal es la proporción con que los muertos superan a
los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien millones de seres humanos han transitado por el
planeta tierra.
Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay la misma cantidad estrellas,
aproximadamente, en nuestro universo local: la Vía Láctea. Así, por cada hombr/e que jamás ha vivido, luce una
estrella en el universo.
Pero, cada una de esas estrellas es un sol, a menudo mucho más br/illante y magnífico que la pequeña y cercana
a la que denominamos Sol. Y muchos - quizá la mayoría - de esos soles lejanos tienen planetas circundándolos.
Así casi con seguridad hay suelo suficiente en el firmamento para ofrecer a cada miembr/o de las especies
humanas, desde el primer hombr/e-mono, su propio mundo particular. Cielo… o infierno.
No tenemos miedo alguno de conjeturar cuántos de esos cielos e infiernos se encuentran habitados, y con qué
clase de criaturas: el más cercano de ellos está a millones de veces más lejos que Marte o Venus. Más las
barreras de la distancia se están desmoronando, y día llegará en que daremos con nuestros iguales, o nuestros
superiores entre las estrellas. Los hombr/es han sido lentos en encararse con esta perspectiva, algunos esperan
aún que nunca se convertirá en realidad. No obstante, aumenta el número de los que preguntan: ¿Por qué no han
acontecido ya tales encuentros? ¿Por qué no, en efecto? Sólo hay una posible respuesta a esta razonable
pregunta. Más recordad, por favor, que ésta es sólo una obr/a de ficción. La verdad, como siempre, será mucho
más extraordinaria.”
Arthur C. Clarke, Una odisea espacial 2001, Navarra, Salvat Editores S. A. 1970.
la palabr/a más, resaltada en el cuarto párrafo, puede ser reemplazada por:
algunas.
de
pero
siempre
Noche primitiva
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Tras cada hombr/e viviente se encuentran treinta fantasmas, tal es la proporción con que los muertos superan a
los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien millones de seres humanos han transitado por el
planeta tierra.
Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay la misma cantidad estrellas,
aproximadamente, en nuestro universo local: la Vía Láctea. Así, por cada hombr/e que jamás ha vivido, luce una
estrella en el universo.
Pero, cada una de esas estrellas es un sol, a menudo mucho más br/illante y magnífico que la pequeña y cercana
a la que denominamos Sol. Y muchos - quizá la mayoría - de esos soles lejanos tienen planetas circundándolos.
Así casi con seguridad hay suelo suficiente en el firmamento para ofrecer a cada miembr/o de las especies
humanas, desde el primer hombr/e-mono, su propio mundo particular. Cielo… o infierno.
No tenemos miedo alguno de conjeturar cuántos de esos cielos e infiernos se encuentran habitados, y con qué
clase de criaturas: el más cercano de ellos está a millones de veces más lejos que Marte o Venus. Más las
barreras de la distancia se están desmoronando, y día llegará en que daremos con nuestros iguales, o nuestros
superiores entre las estrellas. Los hombr/es han sido lentos en encararse con esta perspectiva, algunos esperan
aún que nunca se convertirá en realidad. No obstante, aumenta el número de los que preguntan: ¿Por qué no han
acontecido ya tales encuentros? ¿Por qué no, en efecto? Sólo hay una posible respuesta a esta razonable
pregunta. Más recordad, por favor, que ésta es sólo una obr/a de ficción. La verdad, como siempre, será mucho
más extraordinaria.”
Arthur C. Clarke, Una odisea espacial 2001, Navarra, Salvat Editores S. A. 1970.
Cuando el autor dice: ¨No tenemos medio alguno de conjeturar cuántos de los cielos o infiernos se encuentran
habitados¨, se refiere a:
Las estrellas.
los planetas.
el sol.
la tierra.
Noche primitiva
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Tras cada hombr/e viviente se encuentran treinta fantasmas, tal es la proporción con que los muertos superan a
los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien millones de seres humanos han transitado por el
planeta tierra.
Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay la misma cantidad estrellas,
aproximadamente, en nuestro universo local: la Vía Láctea. Así, por cada hombr/e que jamás ha vivido, luce una
estrella en el universo.
Pero, cada una de esas estrellas es un sol, a menudo mucho más br/illante y magnífico que la pequeña y cercana
a la que denominamos Sol. Y muchos - quizá la mayoría - de esos soles lejanos tienen planetas circundándolos.
Así casi con seguridad hay suelo suficiente en el firmamento para ofrecer a cada miembr/o de las especies
humanas, desde el primer hombr/e-mono, su propio mundo particular. Cielo… o infierno.
No tenemos miedo alguno de conjeturar cuántos de esos cielos e infiernos se encuentran habitados, y con qué
clase de criaturas: el más cercano de ellos está a millones de veces más lejos que Marte o Venus. Más las
barreras de la distancia se están desmoronando, y día llegará en que daremos con nuestros iguales, o nuestros
superiores entre las estrellas. Los hombr/es han sido lentos en encararse con esta perspectiva, algunos esperan
aún que nunca se convertirá en realidad. No obstante, aumenta el número de los que preguntan: ¿Por qué no han
acontecido ya tales encuentros? ¿Por qué no, en efecto? Sólo hay una posible respuesta a esta razonable
pregunta. Más recordad, por favor, que ésta es sólo una obr/a de ficción. La verdad, como siempre, será mucho
más extraordinaria.”
Arthur C. Clarke, Una odisea espacial 2001, Navarra, Salvat Editores S. A. 1970.
En la expresión: ¨Los hombr/es han sido lentos en encararse con esta perspectiva…¨, la perspectiva de la cual se
habla es:
La superioridad de las estrellas.
La lentitud del hombr/e.
La posibilidad de encontrar vida en otro planeta.
Algo que nunca se convertirá en realidad.
Noche primitiva
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Tras cada hombr/e viviente se encuentran treinta fantasmas, tal es la proporción con que los muertos superan a
los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien millones de seres humanos han transitado por el
planeta tierra.
Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay la misma cantidad estrellas,
aproximadamente, en nuestro universo local: la Vía Láctea. Así, por cada hombr/e que jamás ha vivido, luce una
estrella en el universo.
Pero, cada una de esas estrellas es un sol, a menudo mucho más br/illante y magnífico que la pequeña y cercana
a la que denominamos Sol. Y muchos - quizá la mayoría - de esos soles lejanos tienen planetas circundándolos.
Así casi con seguridad hay suelo suficiente en el firmamento para ofrecer a cada miembr/o de las especies
humanas, desde el primer hombr/e-mono, su propio mundo particular. Cielo… o infierno.
No tenemos miedo alguno de conjeturar cuántos de esos cielos e infiernos se encuentran habitados, y con qué
clase de criaturas: el más cercano de ellos está a millones de veces más lejos que Marte o Venus. Más las
barreras de la distancia se están desmoronando, y día llegará en que daremos con nuestros iguales, o nuestros
superiores entre las estrellas. Los hombr/es han sido lentos en encararse con esta perspectiva, algunos esperan
aún que nunca se convertirá en realidad. No obstante, aumenta el número de los que preguntan: ¿Por qué no han
acontecido ya tales encuentros? ¿Por qué no, en efecto? Sólo hay una posible respuesta a esta razonable
pregunta. Más recordad, por favor, que ésta es sólo una obr/a de ficción. La verdad, como siempre, será mucho
más extraordinaria.”
Arthur C. Clarke, Una odisea espacial 2001, Navarra, Salvat Editores S. A. 1970.
En las dos últimas oraciones, el mensaje está dirigido:
a Arthur C. Clarke.
Al lector.
Al escritor.
A Salvat editores.
Noche primitiva
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Tras cada hombr/e viviente se encuentran treinta fantasmas, tal es la proporción con que los muertos superan a
los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien millones de seres humanos han transitado por el
planeta tierra.
Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay la misma cantidad estrellas,
aproximadamente, en nuestro universo local: la Vía Láctea. Así, por cada hombr/e que jamás ha vivido, luce una
estrella en el universo.
Pero, cada una de esas estrellas es un sol, a menudo mucho más br/illante y magnífico que la pequeña y cercana
a la que denominamos Sol. Y muchos - quizá la mayoría - de esos soles lejanos tienen planetas circundándolos.
Así casi con seguridad hay suelo suficiente en el firmamento para ofrecer a cada miembr/o de las especies
humanas, desde el primer hombr/e-mono, su propio mundo particular. Cielo… o infierno.
No tenemos miedo alguno de conjeturar cuántos de esos cielos e infiernos se encuentran habitados, y con qué
clase de criaturas: el más cercano de ellos está a millones de veces más lejos que Marte o Venus. Más las
barreras de la distancia se están desmoronando, y día llegará en que daremos con nuestros iguales, o nuestros
superiores entre las estrellas. Los hombr/es han sido lentos en encararse con esta perspectiva, algunos esperan
aún que nunca se convertirá en realidad. No obstante, aumenta el número de los que preguntan: ¿Por qué no han
acontecido ya tales encuentros? ¿Por qué no, en efecto? Sólo hay una posible respuesta a esta razonable
pregunta. Más recordad, por favor, que ésta es sólo una obr/a de ficción. La verdad, como siempre, será mucho
más extraordinaria.”
Arthur C. Clarke, Una odisea espacial 2001, Navarra, Salvat Editores S. A. 1970.
El título del texto se refiere a:
El comienzo de la humanidad.
La oscuridad de la noche.
La oscuridad del firmamento.
La lejanía de marte y venus
¿Cómo se formó la tierra?
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En el principio, había una nube de materia gaseosa, con el joven Sol en su centro. Gradualmente, esta nube fue
perdiendo su calor en el espacio. Cuando se enfrió lo suficiente, los átomos del interior de la nube comenzaron a
juntarse hasta formar pequeños grumos de materia sólida y que aparecieron en abundancia, eran diminutos
trozos de hierro. Fueron los primeros en hacer su aparición porque los restantes y es, por tanto, más probable que
se reúnan formando pequeños bloques. Después del hierro, los siguientes trozos de materia sólida en aparecer
fueron granos de materiales parecidos a las rocas. Luego, esos trozos de rocas y de hierro comenzaron a dar
vueltas alrededor del Sol, inmersos en los gases más ligeros de la nube primordial. Algunos chocaron y se
unieron, o se vieron atraídos hasta unirse por la fuerza de gravedad, formando así cuerpos más grandes hasta
alcanzar el diámetro de un kilómetro y medio.
Después, el Sol resplandeció en el medio de un violento estallido, como acostumbr/an a hacer las estrellas
jóvenes. Ese estallido hizo volar los gases ligeros, partiendo de la zona interior del sistema solar. Pero, aquellos
cuerpos formados por rocas y hierro eran demasiado pesados para ser expulsados fuera de las corrientes de
partículas y por la radiación procedente del sol. Continuaron moviéndose en círculos alrededor del Sol después de
que los gases hubieran desaparecido, convertido cada uno de ellos en un planeta en miniatura, por derecho
propio. Más tarde, esas bolas de rocas y hierro se juntaron para formar la Tierra y sus planetas hermanos;
Mercurio, Venus y Marte.
Robert Jastrow, La exploración del espacio, Barcelona, RBA Editores S.A, 1993.
en la oración ¨El Sol resplandeció en medio de un violento estallido¨ la palabr/a subr/ayada significa lo contrario
de:
fulguró.
iluminó.
br/illó.
opacó.
¿Cómo se formó la tierra?
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En el principio, había una nube de materia gaseosa, con el joven Sol en su centro. Gradualmente, esta nube fue
perdiendo su calor en el espacio. Cuando se enfrió lo suficiente, los átomos del interior de la nube comenzaron a
juntarse hasta formar pequeños grumos de materia sólida y que aparecieron en abundancia, eran diminutos
trozos de hierro. Fueron los primeros en hacer su aparición porque los restantes y es, por tanto, más probable que
se reúnan formando pequeños bloques. Después del hierro, los siguientes trozos de materia sólida en aparecer
fueron granos de materiales parecidos a las rocas. Luego, esos trozos de rocas y de hierro comenzaron a dar
vueltas alrededor del Sol, inmersos en los gases más ligeros de la nube primordial. Algunos chocaron y se
unieron, o se vieron atraídos hasta unirse por la fuerza de gravedad, formando así cuerpos más grandes hasta
alcanzar el diámetro de un kilómetro y medio.
Después, el Sol resplandeció en el medio de un violento estallido, como acostumbr/an a hacer las estrellas
jóvenes. Ese estallido hizo volar los gases ligeros, partiendo de la zona interior del sistema solar. Pero, aquellos
cuerpos formados por rocas y hierro eran demasiado pesados para ser expulsados fuera de las corrientes de
partículas y por la radiación procedente del sol. Continuaron moviéndose en círculos alrededor del Sol después de
que los gases hubieran desaparecido, convertido cada uno de ellos en un planeta en miniatura, por derecho
propio. Más tarde, esas bolas de rocas y hierro se juntaron para formar la Tierra y sus planetas hermanos;
Mercurio, Venus y Marte.
Robert Jastrow, La exploración del espacio, Barcelona, RBA Editores S.A, 1993.
cuál de las siguientes secuencias de sustantivos refleja mejor el orden planteado en el texto:
nubes-grumos-bloques-planetas.
nubes-bloques-grumos-planetas.
bloques-planetas-nubes-grumos.
grumos-nubes-bloques-planetas.
Los sinónimos son palabr/as que tienen un significado equivalente.
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Cual es el sinónimo adecuado para la palabr/aREMOTO:
antiguo
arcaico
distante
joven