El Ultimo Deseo
El Ultimo Deseo
Jesús M. de Miguel
Universidad de Barcelona, y University of California San Diego
Cada vez se es más racional, se mira más hacia el futuro1. Se planifica más
la vida... pero no la muerte. La muerte es un tabú. La socialización sobre la
muerte se realiza a través de la experiencia moribunda de otros seres queridos,
dentro de la propia familia. Pero cada vez hay menos familiares —con los que
se conviva— que mueran. Y cada vez los/as pocos que se mueren no lo hacen
en casa, sino en el hospital. Su muerte se oculta o se disfraza simbólicamente,
aunque a todos/as les llega alguna vez el final, su hora2.
Se ha construido un tabú de la muerte. De un hecho normal y familiar se
ha pasado a un suceso raro e institucionalizado. La experiencia de la muerte de
otras personas es escasa. En España, la persona moribunda no suele saber que
se está muriendo; incluso ignora de qué se está muriendo. Menos aún los
1
Una primera versión de este artículo fue presentada como ponencia en el Quinto Congreso
Español de Sociología (Granada, 28-30 septiembre 1995). Agradezco el apoyo de la Fundación
Caja de Madrid. El artículo es parte de un estudio sociológico más amplio sobre cambio social
para la CICYT.
2
Muchas ideas fueron comentadas y discutidas con Omar G. Ponce de León. Agradezco las
sugerencias y críticas de Carmen Domínguez Alcón, María Teresa Bazo, Josep A. Rodríguez,
Jaume Farràs, Oscar Guasch, Ana Collado, Pablo Marí-Klose, Jordi Caïs y Emilio J. Castilla, así
como las ideas de Tamyko Ysa y de Xavier Martín. Gracias especiales a la comunicación epistolar
y e-mail con Xavier Coller. Las ideas y sugerencias de Mireya García Durán han sido una gran
ayuda.
niños/as o jóvenes dentro de un hogar. Quizás el sida vaya a cambiar este tabú
social en el futuro. Algunas personas sí que han tenido estas experiencias con
padres y abuelos/as, sobre todo cuando ya son adultos ellos/as mismos. No es
posible enfocar la muerte propia de forma adecuada sin haber sido socializa-
do/a antes en la muerte de otros seres queridos. La Sociología se enfrenta aquí
con un proceso histórico peculiar.
SOCIOLOGIA DE LA MUERTE
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«EL ULTIMO DESEO»: PARA UNA SOCIOLOGIA DE LA MUERTE EN ESPAÑA
compuesta de los vivos y los muertos3. En algunos casos, el culto a los muer-
tos/as es una forma de patriotismo, como los monumentos a los Caídos por
Dios y por España, Presentes.
En la actualidad la muerte (propia o de los otros) es un tema prohibido, o
tabú. En un mundo feliz postmoderno como el actual la muerte es evitada,
retrasada al máximo, escondida. No se muere en casa rodeado de los hijos/as,
sino en el hospital, incluso en un cuarto aislado (una unidad de cuidados
intensivos), intubado, inconsciente. Antes el hospital era el lugar donde iban a
morir los pobres: ahora es donde van a morir los ricos. No se va al hospital a
ser curado, sino a morir. No hay una ceremonia o un ritual de morir; la escasa
simbología mortuoria se traslada al funeral. Normalmente, la persona mori-
bunda no siente su muerte. En España, a menudo se le esconde el hecho de
que se está muriendo, se dice que para evitarle el sufrimiento. Suele estar
inconsciente. Son los médicos/as quienes diagnostican que la vida ha termina-
do, sobre un paciente a menudo intubado y en estado inconsciente. Es un
suceso secreto, definido por los médicos o el equipo hospitalario.
La muerte es discreta. Se trata de evitar situaciones emotivas. Ya no existen
casi manifestaciones externas de duelo. La banda negra en la manga ha desapa-
recido. No se guarda luto, ni se viste de negro. Se llora en secreto. Con la cre-
mación —cada día más popular— se evita la visita posterior a la tumba. Con
la dispersión de las cenizas (románticamente, para ocultar posibles remordi-
mientos: desde un acantilado al mar, desde una montaña al viento) se olvida
radicalmente a la persona muerta. No se la puede volver a ir a visitar. Una vez
al año existe un recuerdo institucionalizado (el primero de noviembre) de
forma ritualística y masiva.
Se ha dicho que en la actualidad la muerte ha reemplazado al sexo como el
tema prohibido, secreto, privado, tabú. Una sociedad feliz que exalta la juven-
tud y la alegría, la aventura de viajar, de estar permanentemente contento,
anula la idea de la muerte. Se prohíbe la idea de la muerte. Es un hecho que
ocurre sólo a personas muy viejas, en el hospital o una residencia-de-ancianos,
en estricto secreto, sin que otras personas se enteren demasiado4. Se suprime,
además, todo aquello que recuerda a la muerte propia. Pensar en la propia
muerte es una experiencia mórbida, representa incluso un síntoma de enferme-
dad mental. Hablar de la muerte en público es de mal gusto. La muerte no se
enseña en las universidades, no se investiga, no se publica apenas en España
sobre el tema. La muerte es un tema clandestino, incluso para los/as investiga-
dores sociales (Clark, 1993).
3
Un caso sorprendente es el sida, cuyas estadísticas comprenden no sólo los muertos por
sida, sino incluso los enfermos de sida: los que van a morir. Las tasas de sida se calculan por
millón de habitantes, pero incluyen las muertes por sida durante más de una década (pero no los
muertos por otras causas). Esta interpretación crea problemas metodológicos considerables.
4
Incluso los personajes reales se mueren sin saber que se están muriendo, como es el caso de
don Juan (el padre del rey Juan Carlos), ocultando incluso a la población el diagnóstico real
hasta después del suceso.
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JESUS M. DE MIGUEL
5
En español no hay una traducción fácil para la expresión inglesa dying. Aunque existe una
diferenciación interesante entre morir y morirse. Moribundo existe como adjetivo y como nomi-
nativo («se aplica al que está a punto de morir»), pero no existe moribundez. Muriendo es lo más
cercano. Quizás se podría traducir por agonía o agonizar, entre la vida y la muerte. No existe una
palabra clara para el proceso de morir. A menudo se utiliza mortal. Morir por una persona es
amarla en extremo. Existe moridera, como «sensación, generalmente pasajera, de muerte inmi-
nente que experimentan algunos enfermos» (DRAE). Existen numerosas palabras referentes a la
persona ya muerta, como mortaja, sudario, restos mortales, mortuorio, honras fúnebres, funeral,
cuerpo presente, exequias, luto (riguroso, además de medio luto, aliviar el luto), duelo, tanato-
rio; pero no una expresión clara sobre el proceso de morirse. Se habla con eufemismos a veces
vulgares y otras veces finos o espirituales: estirar la pata, tener las horas contadas, estar en capilla,
entregar el alma a Dios, diñarla, exhalar el espíritu, fallecer, llamar Dios a juicio, con un pie en
el sepulcro o en la tumba, irse de este mundo, cerrar los ojos, palmarla, quedarse como un pajari-
to, la última hora, exhalar el último suspiro, irse para el otro barrio, la hora suprema, óbito, tran-
ce, el más allá, sueño eterno, quedarse en el sitio, la vida eterna, la parca, soltar la pelleja, liar el
petate, RIP (requiescat in pace), pasar a mejor vida, estar criando malvas. El muerto es el finado,
el óbito, el interfecto, el occiso, fallecido. Existe la expresión medio muerto, próxima a la de
moribundo. Algo de mala muerte es muy pobre o sin ninguna importancia. Existe el no tener
donde caerse muerto. Se escenifica la muerte como un esqueleto con la guadaña, en que se utiliza
la expresión debatirse con la muerte, o luchar con la muerte. También se dice estar a las puertas
de la muerte. En español existe el muerto de hambre, de miedo, e incluso el de risa, vergüenza y
envidia. Y se utiliza coloquialmente la expresión de echarle a alguien el muerto encima.
6
Aunque en España los seguros de entierro son muy populares.
7
Dying en inglés, de difícil traducción.
112
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dencia especializada, en el hospital). Hay una cierta ansiedad por definir lo que
es una «buena muerte», garantizando a las personas su derecho a diseñar su
muerte ideal. Esto ha llevado a un humanitarismo adecuado, pero también a
una fragmentación e individualización de la experiencia de la muerte. Apenas
se atacan los problemas básicos de la expertización y medicalización previa de
la muerte, o sus contenidos políticos, sino que se propone la individualización
total de la muerte11.
Parece como si la Sociología participase en esa conspiración del silencio
contra la muerte12. La Sociología de la Medicina, que ha realizado contribucio-
nes considerables en el mundo de la salud y del sector sanitario, apenas se ha
dedicado al tema de la muerte. Hay estudios sobre enfermedad, sobre pacien-
tes, pero muy pocos sobre el proceso de morir, y menos aún sobre la gestión y
el tratamiento de los cadáveres. Los médicos/as siguen sin enfocar de forma
apropiada el tratamiento del proceso de morir, defendiendo su estatus de
expertos/as, pero al mismo tiempo marginándose de la muerte. Las personas
que mueren no suelen ser tratadas como seres humanos individuales: bastantes
de sus derechos no son garantizados y sus deseos son incumplidos. Muchos
pacientes/as mueren intubados, inconscientes, en unidades de cuidados inten-
sivos, aislados, rodeados de otros moribundos/as.
La epidemia de sida no sólo ha legitimado el análisis científico (y humani-
tario) de la conducta sexual, sino que ha llamado la atención sobre el cuerpo
humano, y ha permitido nuevos análisis sobre la muerte y el proceso de estar
moribundo/a. Hay bastante dinero para temas como sida (sociología médica) o
ancianidad (gerontología), pero, curiosamente, en ambos campos los estudios
sobre la muerte propiamente dicha son muy escasos. Es necesaria una Sociolo-
gía del morir (de personas moribundas), de la muerte, y del tratamiento de
los/as cadáveres después (funeral, duelo, la muerte en los medios de comunica-
ción). El objetivo es desmitificar el tema y presentarlo abiertamente a la pobla-
ción.
Pero la Sociología se enfrenta con un problema. La tendencia actual es a
participar en las corrientes pro-humanitarias que trabajan para que las perso-
nas mueran en los hospitales (o residencias), pero de forma suave, indolora,
agradable, con un máximo cuidado individual. Pero esta tendencia es poco
radical. Muchos problemas no son individuales, ni dependen de mejorar las
condiciones dentro de los hospitales. Se trata de desmedicalizar la muerte, de
11
Un estudio extraordinario es el de Omar G. Ponce de León, titulado Médicos enfermos
(tesis doctoral en la Universitat de Barcelona, 1995). Analiza la reacción de los/as expertos —los
médicos/as— ante su propia enfermedad, las limitaciones de la ciencia médica y, en ocasiones, su
posible muerte. Es un estudio muy original realizado con entrevistas en profundidad. En la
Sociología española representa una nueva forma de analizar la enfermedad y la muerte, utilizan-
do a los/as propios expertos. El estudio ganó el primer premio a tesis doctorales españolas del
Centro de Investigaciones Sociológicas.
12
Un excelente artículo es el de Tony Walter, «Sociologists never die: British sociology and
death» (1993).
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13
Véase Pablo Marí-Klose, Anna Nos, y Margarita Marí-Klose, «El opio del pueblo enfer-
mo: Burocratización y desacralización de la asistencia religiosa en el Hospital Clínico y Provin-
cial de Barcelona», en Quinto Congreso Español de Sociología (Granada, septiembre 1995).
14
Jessica Mitford (1963).
15
A pesar de los esfuerzos de sociólogas como Carmen Domínguez (de la Universidad de
Barcelona), dedicada a este tema, con una labor investigadora y docente (de doctorado) muy
interesante sobre el cuidado.
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16
Los datos pueden verse en el Informe Foessa de 1994 (p. 1003), citado como Fundación
Foessa (ed.) (1994), en el capítulo de salud y sanidad (pp. 823-1106), de J. M. de Miguel.
116
TABLA 1
Seguro sanitario que tiene Total Mujer Varón 18-21 22-25 26-35 36-45 46-60 Más de 60
Iguala ............................................................... 2,8 2,7 2,8 1,3 1,7 2,8 3,9 2,6 3,1
De entierro ...................................................... 22 22 21 13 17 17 22 24 29
De accidentes ................................................... 9,7 7,5 12 6,5 8,3 12 15 11 3,8
De vida ............................................................ 8,5 7,5 9,6 3,9 5,7 8,5 12 11 5,8
Otros (*) .......................................................... 1,4 1,5 1,3 0,8 1,2 1,6 1,6 1,1 0,7
Número medio de seguros ................................ 1,5 1,5 1,6 1,2 1,4 1,6 1,6 1,5 1,4
N ...................................................................... (8.500) (4.388) (4.112) (816) (764) (1.696) (1.522) (1.841) (1.860)
(*) Incluye seguro dental, de maternidad, y contra alguna enfermedad determinada (no incluye seguro económico privado, pago por día de enfermedad).
FUENTE: Encuesta Foessa 5 (junio 1993), 8.500 casos, muestra nacional.
Pregunta 58: ¿Qué tipo de seguro sanitario tiene usted? (leer y señalar en cada caso).
JESUS M. DE MIGUEL
Existe una asociación clara por estatus socioeconómico. Como puede verse
en la tabla 2, las personas con menos recursos son las que prefieren asegurarse
de entierro (14 por 100 en la clase alta a 28 por 100 entre los/as pobres),
mientras que los/as ricos prefieren los seguros de vida (0 por 100 entre los/as
pobres a 22 por 100 en la clase alta). El seguro de entierro es típico de las cla-
ses bajas, pero sobre todo en las zonas urbanas. En la España de municipios de
400.000 a un millón de habitantes, nada menos que el 41 por 100 de la pobla-
ción tiene un seguro de entierro. El seguro de entierro es elevado en el norte de
la Península (a excepción de Galicia): representa el 54 por 100 de la población
en Asturias, 39 por 100 en el País Vasco, 30 por 100 en Cantabria.
Pero la muerte no es un tema únicamente de seguros, como tampoco lo es
de hospitales, ni de médicos. Al medicalizar la muerte se la margina de otras
esferas de investigación y de gestión, fundamentalmente de las manos no
expertas o no organizadas. La tendencia reciente a humanizar la muerte —una
causa social laudable— ha supuesto una individualización y fragmentación
todavía más acusada del proceso de morir. El tratamiento de la muerte puede
TABLA 2
Seguros sanitarios que posee la población española según la clase social subjetiva
(en porcentajes)
Clase social subjetiva
Media
Seguro sanitario que tiene Total Alta (b) Media baja Obrera Pobre
De entierro ......................................... 22 14 20 21 28 28
De accidentes ...................................... 9,7 18 11 7,3 6,7 3,1
De vida ............................................... 8,5 22 10 6,7 4,6 —
Número medio de seguros ................... 1,5 1,8 1,6 1,4 1,5 1,3
N ......................................................... (8.500) (469) (4.195) (1.613) (2.047) (177)
(a) Incluye seguro dental, de maternidad, y contra alguna enfermedad determinada (no incluye
seguro económico privado, pago por día de enfermedad).
(b) Incluye alta y media alta (como respuesta dada en la encuesta).
FUENTE: Encuesta Foessa 5 (junio 1993), 8.500 casos, muestra nacional.
Pregunta 58: ¿Qué tipo de seguro sanitario tiene usted? (leer y señalar en cada caso).
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americana). Hay ya una historia oral de la epidemia, algo que no había existido
hasta ahora con ninguna otra enfermedad, salvo algo con el cáncer. El sida ha
desplazado al cáncer en popularidad, así como en recursos nuevos para investi-
gación. La muerte por sida ha demostrado la creatividad e imaginación de las
personas ante un proceso mortal predecible y con un diagnóstico preciso.
Ha contribuido incluso a un renacimiento artístico en algunas áreas y países.
Con el alargamiento de la esperanza de vida y la progresiva disminución de
las enfermedades infecciosas y parasitarias, una persona cualquiera puede espe-
rar estar muriéndose durante varios años. Parte de ese tiempo será en el hospi-
tal, pero también en casa. Las enfermedades crónicas suponen un diagnóstico
bastante preciso sobre la forma de morir, y las posibilidades vitales durante ese
proceso. Pero el sistema sanitario —con la excepción del sida— se resiste a una
prognosis clara sobre las enfermedades mortales. Los pacientes pocas veces
acceden a una discusión clara sobre la evolución real de su enfermedad, y
menos aún sobre su estado moribundo. Si no hay información y comunica-
ción, difícilmente se produce la muerte social. Muchos pacientes en España
ignoran su estado real, y no pueden prepararse para el proceso de morir. Las
justificaciones suelen ser del tipo de incerteza médica, paternalismo o supues-
tas explicaciones psicológicas de que el/la paciente no asimilaría apropiada-
mente la noticia. Se produce una conspiración entre el equipo médico, el sani-
tario y los familiares para engañar sistemáticamente al paciente moribundo/a.
La mayoría mueren sin saber que mueren, o sólo sospechándolo. La confianza
en los seres más queridos (familiares y amigos/as) es algo que se les roba en los
últimos días de sus vidas. Se les engaña o se les abandona.
El tema insoluble de la muerte se descompone en sus aspectos sociales y
médicos, que sí permiten tomar acciones racionales. Parte del proceso de medi-
calización de la muerte proviene de que la organización hospitalaria sí sabe
tomar acción respecto de las enfermedades, e incluso los/as pacientes muy gra-
ves. Se libera así a la muerte de los contenidos más insolubles y se concentra la
atención en los aspectos médicos y técnicos, que pueden ser medidos, contro-
lados, medicados, predecidos. La medicalización de la muerte no debe ser vista
como una estrategia cínica por parte de la profesión médica para conseguir
más recursos o poder, sino quizás como una salida de la sociedad para domesti-
car la muerte en un mundo altamente racional21.
Las personas ancianas son conscientes de su «mortalidad», es decir, de su
posibilidad de morir. No les gusta mucho hablar del tema (especialmente con
extraños), pero es parte de su vida cotidiana. La muerte para ellos/as —igual
que para el resto de la población, aunque se den menos cuenta— es un factor
importante en la estructuración de sus vidas, y en la construcción de la reali-
dad social, y en el proceso de dar sentido a sus vidas. Pero tanto el nacimiento
como la muerte apenas si son experiencias personales. Uno/a no vive su naci-
21
La racionalidad es tal que todavía se abren las ventanas al morir un paciente para que el
alma pueda salir más fácilmente.
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JESUS M. DE MIGUEL
miento, al igual que apenas vive su muerte: ya existe o todavía vive. Son los
otros/as los que tienen que explicar ambos sucesos. Nuestra experiencia inves-
tigadora sobre la muerte no ha sido fácil. A menudo, los/as entrevistadores se
saltaban la pregunta (sobre la muerte). Los/as entrevistados no contestaban.
Los grupos de discusión no discutían ese punto. Uno de los entrevistadores
(varón) confiesa: «Yo creo que es incluso más difícil preguntar a los jóvenes
cómo quieren morirse que a los viejos acerca de la muerte. Mis inhibiciones
fueron mayores con los jóvenes. Me costó más entrar en el tema. Los ancianos
ya me marcaban la pauta. Me iban indicando qué hilo tenía que tocar para
hablar de la muerte. En cambio, con los jóvenes en absoluto: el tema caía como
una losa. De repente planteaba el tema de la muerte. Ellos hacían un esfuerzo.
Incluso se nota en ciertas pausas. Les ha caído de repente, sin esperárselo. Lo
planteé discontinuamente»22. Si el tema se deja en manos de entrevistadores/as,
nunca aparece. Aun explicitando la pregunta, se evadía sistemáticamente. Nadie
quería hablar del tema. Incluso los mejores entrevistadores/as se rindieron ante
el tabú de la muerte: «Yo cuando pasé el cuestionario y llegaba a las preguntas
finales sobre la muerte, había preguntas que no podía hacer. No sé. Cultural-
mente había algo que yo no podía decir: ¿cómo le gustaría morirse a usted? No se
lo podía preguntar»23. Difícilmente se contesta a una pregunta jamás realizada.
Pero en Sociología hemos aprendido que cuando un tema es difícil es tam-
bién importante. En la muerte debe estar el secreto; incluso la estructura de la
vida social, como señala Zygmunt Bauman en su libro Mortality, Immortality
and Other Life Strategies (1992), o Norbert Elias en su excelente La soledad de
los moribundos (1987). En los pocos casos en que el entrevistador/a sí pregun-
tó, las contestaciones fueron evasivas o estereotipadas: «Se habla con mucha
superficialidad de la muerte. En el caso de los ancianos el tema sale fluidamen-
te. Pero ¿en qué medida esto no es una forma de rehuir hablar seriamente de la
muerte? En las entrevistas no se profundizó en el tema: que se afrontaba sin
temor, que no causaba traumas especiales. Pero no se comenzó a hablar acerca
de las neurosis que te producía en el sentido de llegar a tener una enfermedad,
de que te comunicaran la muerte, llegar a tener un accidente. Nunca se habló
de haber estado cerca de la muerte, de haber tenido una enfermedad y haberse
planteado seriamente la muerte. Se habló en términos muy genéricos de la
muerte. La muerte no me preocupa en absoluto, tendrá que llegarme. Pero no se
habló de la muerte en concreto. Se hablaba de la muerte pero no como algo
familiar»24. Hay estereotipos para definir el proceso de morir: morir durmien-
do, sin sufrir, sin enterarse, sin ser un estorbo o carga para los familiares, rápi-
da, natural25. Son parte de ese análisis superficial de la muerte. Nadie —ni los
más viejos/as— quiere debatir el tema de la muerte propia en profundidad.
22
GD2, A (es el Grupo de Discusión 2, cinta A).
23
GD2, A.
24
GD2, A.
25
No queda claro lo que es una «muerte natural». El DRAE la define como «la que viene
por enfermedad y no por lesión traumática». María Moliner especifica que no sea por accidente
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«EL ULTIMO DESEO»: PARA UNA SOCIOLOGIA DE LA MUERTE EN ESPAÑA
o violencia. Pero entre la población el término «natural» se acerca más a lo que en Antropología
se define como la buena muerte: sin dolor, pacífica, sin gran conciencia, no desfigurante. Tam-
bién se utiliza la expresión de «morir en la cama» o la más popular de «morir con las botas pues-
tas». Se realiza una distinción interesante entre morir y morirse.
26
GD12, A.
27
GD9, A.
28
GD7, A.
123
JESUS M. DE MIGUEL
abuela cuando tenía veintiséis hasta que se murió. Ha visto morir —pobre
mujer— a sus hermanos, a sus tíos, a sus padres, y además cuando ella estaba
al lado. De una manera física y tangible. Se murió mi abuelo pero yo los tres
días últimos no le vi. Ves la muerte de una manera muy abstracta. Te la escon-
den. Antes no era así. Ahora se esconde la muerte trágica. El momento de la
muerte. Pero el velatorio y la parafernalia del entierro es la misma de hace cien
años. Pero se esconde cuando se muere. Cada vez es en lugares más inocuos,
más pulcros, casi como un hospital. Ya el mismo hospital te arregla una capilli-
ta para que no haya lío con el muerto»29. La muerte aparece continuamente en
la televisión y en otros medios de comunicación, pero no en la vida privada.
La muerte se define como un tabú en la sociedad contemporánea. Cada
vez menos personas tienen la experiencia de un familiar (en primer grado) que
se muere, hasta que llegan ellos/as a la vida adulta: «La muerte siempre es una
cosa que está próxima. Pero es un problema cultural. En nuestra cultura, la
muerte es una cosa casi clandestina. Antes la gente se moría en casa, ahora se
los llevan al hospital, se los llevan al tanatorio. Es casi pecado morirse. En los
entierros la gente se controla, y procura llorar lo menos posible. Hay un senti-
miento de la muerte como si fuese ilegal morirse. Ahora es todo muy escondi-
do. Es que la gente ya ni se muere en casa. Antes era diferente. Pero ahora es
como un tabú. Se habla de pasada»30. No existe un proceso claro de sociali-
zación en el tema de la muerte. No ocurren, y si ocurren se esconden, muertes
próximas, con lo que la actitud ante la propia muerte apenas existe o es confu-
sa. Se teoriza sobre la normalidad de la experiencia de la muerte antes, y cómo
en la actualidad no existe un proceso de socialización claro: «Dentro de la
familia se vivía muchísimo el tema de la muerte. Se tenían muchos hijos, pero
también se morían muchos. Una madre podía asistir a siete entierros de hijos
suyos. El tema de la muerte tenía que estar muy presente. La muerte era una
cosa más normal. Ahora una muerte es una cosa muy fuerte. Cuando ahora se
tienen dos hijos, que se muera uno es bastante traumático. En cambio, cuando
tienes doce... hay una aceptación total. El tema de la muerte era más asequible,
más normal, más natural. Estaba dentro de las posibilidades»31. Las experien-
cias son limitadas y, sobre todo, son escondidas a la infancia y a la juventud.
La pérdida de los seres queridos es un tema difícil de investigar y de preguntar.
Casi tanto como la propia muerte. Cuando las personas crecen empiezan a
conocer alguno de esos casos en su propia familia: «La muerte es un tema tabú.
Se menciona de pasada. De la muerte de mi tío me enteré hace cinco años.
Hasta hace cinco años yo no sabía que tenía un tío que se murió con dieciocho
años. Me enteré por mi abuela. Estaba un día en verano, con todos, y dijo que
hacían una misa por mi tío Víctor. Me lo explicaron: se murió de dieciocho
años de tal cosa. Pero yo no lo sabía. Nunca se había tratado eso en familia»32.
29
GD2, A.
30
GD12, A.
31
GD13, A.
32
GD12, A.
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33
GD9, A.
34
GD3, B.
35
GD10, A.
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36
GD1, C.
37
GD1, D.
38
GD12, A.
39
E81 (se refiere a la entrevista 81).
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fue más duro porque no me afectó, y me sentí fatal. Dije: No es posible. Con
mis familiares se me pone como una pantalla de acero delante y no entra nada.
Eso me fastidia mucho. A mí me gusta sentir. Todo el mundo hecho polvo, y
yo pensando: No es posible, ni siquiera... Me sentía vacío. Me dolía no sentir
nada. Me sentí muy frío, muy cabrón»40. Bastantes jóvenes no saben muy bien
cómo reaccionar ante una muerte: «Se murió mi abuela. No sé ni cómo me
afectó. No sentía ni lástima, no sabía cómo sentirme. El dolor que siente una
persona joven, no lo sé. Si la gente siente diferente que yo quiere decir que
estoy loco. Es un tema muy complejo. Yo hacía primero de BUP. Cuando se
me murió mi abuela no me gustaba expresar mi dolor a la gente. No le dije
nada a los amigos. Es algo muy fuerte. Estaba en casa y llamaron del hospital,
y mi hermano mayor se fue al hospital. Yo me quedé con mi hermano peque-
ño. Lo que hice fue comprarme un paquete de Fortuna41. Empecé a fumármelo
en la terraza todo seguido, todo seguido. No sabía cómo sentirme. A la maña-
na siguiente fuimos al entierro»42. Quizás estas muertes que no tienen efecto
son las primeras, y son de familiares pero no de padres.
Cuando la persona que muere es el padre, el impacto suele ser mayor. Así
lo experimenta una mujer: «Mi padre se murió hace cinco años; yo tenía vein-
te. Mi padre era muy mayor (tenía 71 años entonces). Yo siempre, ya desde los
diez años, era consciente de que mi padre se podía morir al día siguiente. En
casa ya siempre teníamos preparado un vestidito para mí por si se moría. Ya
tenía yo la faldita y la camisa preparada, por si acaso. Estaba muy mentalizada.
Pero siempre quieres que pase un día más. No me afectó con mucha pena, pero
siempre te acuerdas de él, sobre todo el primer año. Lo mitificas mucho, como
si fuese una gran persona, y con grandes cualidades. Te olvidas de sus defectos.
Muchas veces te gustaría hablar con él. Me gustaría haber hecho más cosas con
él»43. En el caso de un varón, la muerte del padre le convierte en padre de la
familia, y le otorga una nueva responsabilidad y rol: «Cuando murió mi padre,
mi vida dio un giro de trescientos sesenta grados. De ser una persona que no
estaba por nada, que estaba haciendo el pamplinas por ahí; pues tuve que apo-
sentarme un poco. Tuve que tomar conciencia un poquillo de que tenía que
controlar mi vida, que no podía estar siempre haciendo el loco. Me asenté. Vi
que tenía que poner cartas en el asunto para que la casa no se hundiera. Al fal-
tar el padre se tenía que ayudar más en casa, ayudar a la madre. Empecé a bus-
car los primeros empleos. Es cuando empiezas a ver la muerte de otra manera.
Ya ves que te puede llegar en cualquier momento. Me aposenté. En cualquier
momento puedes petar, te puede coger un coche, te puede dar un pasmo.
Cambié totalmente lo que yo pensaba de la muerte; la ves tan cerca. Tenía
unos dieciséis años. Fue un shock, un shock superbestia. En parte me hizo bien,
40
E74.
41
Marca de cigarrillos de tabaco.
42
E83.
43
E70.
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44
E73.
45
Uno de los jóvenes se pregunta: «¿Es que acaso hay que aprender a morir?»
46
E49.
47
E47.
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día que no lo teníamos fue horrible. Al cabo de cuatro o cinco años que había
muerto aún pensaba que la única suerte es que eso tan horrible ya lo tenía
pasado y no volvería a pasar más. Nos dejó un vacío muy fuerte durante
muchos años. No creo que la muerte de mi madre —y estamos muy bien—
pueda afectarme ni la mitad que lo que sufrí cuando murió mi padre»48. Una
mujer, actualmente de 49 años, recuerda así la muerte de su padre: «La muerte
de mi padre me afectó muchísimo. Mi padre tenía mucha ilusión por todo. Era
el alma de la familia. Él disfrutaba mucho de sus nietos, de las reuniones, de
cuando estábamos juntos. En cambio, la mamá es más apagada en este sentido:
no tiene afición a hacer estas cosas. Mi padre tuvo una enfermedad y una
muerte muy dolorosa. Veías cómo se iba deteriorando día a día, y que pasaban
los días. ¡Y lo que sufría! Entonces esto te afecta realmente muchísimo»49. Otra
mujer recuerda: «La muerte de mi padre no se me quita de la mente. Se murió
en el día de mi cumpleaños. Para mí era una persona especial. Tenía un don...
creció con él, y eso era único. Me recuerdo mucho de él. Ya han pasado
muchos años. Yo le tenía en casa, con nosotros. Mi padre era un caso especial.
Era maravilloso. Yo le recordaré toda mi vida. Esa muerte es la que me marcó
mucho. Como mi padre ni hablar, hasta ahora ninguno»50. El impacto diferen-
cial es normalmente más importante en el caso del padre, quien socialmente ha
ocupado el papel importante dentro de la familia. El machismo generalizado
de la sociedad española se aplica incluso a la muerte, y al recuerdo de las perso-
nas muertas. El padre atrae bastante más la atención.
Al experimentar la muerte del padre, algunos hijos/as se arrepienten de lo
que no hicieron con él: «Cuando murió mi padre me afectó tanto, tanto, que
cada cosa que me lo recordaba lloraba. Al final estábamos en muy buenas rela-
ciones con mi padre. A veces, como estaba muy enfermo no podía salir, nos
llamábamos por teléfono, y hablábamos, y tal. Quizás al morirse pensé que
quizás podríamos haber tenido mejores relaciones, y no las tuvimos. Aquella
época en que nos peleábamos; porque además yo me marché de casa porque
era muy rígido conmigo y no me dejaba hacer no sé qué, no sé cuántos. Lo
sentí pero muchísimo, muchísimo. Hasta ahora, a veces cuando me acuerdo de
mi padre, me acuerdo con mucha ternura. Le admiro porque siendo un hom-
bre tan mayor como era, que por tanto tenía que tener una mentalidad más
antigua, me apoyó mucho a estudiar. Se lo agradezco y se lo valoro. Me afectó
muchísimo. Me daba por llorar»51. Es una visión de reconciliación final entre
una hija rebelde (típica de la generación del 68, que se va de casa) y un padre
autoritario.
En el proceso de morir, los recuerdos de la agonía son importantes. Este
es el de un padre que, según su hijo, se murió de pena: «Primero murió mi
48
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E46.
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E41.
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E43.
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«Mi madre murió a los noventa y ocho años. Vivía con mi hermano, que era el heredero.
Ella mientras pudo bajaba y pasaba un mes o dos conmigo, aquí en la ciudad. Pero ya luego
decía: Yo no quiero bajar más, porque si me pongo enferma yo quiero morir en el pueblo. Ya no quie-
ro bajar» (E7).
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yentes por fuerza. Ir a la iglesia era un acto social. Si eras de clase alta tenías
tus bancos. Era mucho de mantener un estatus. Era como una muestra peque-
ñita de la sociedad. Si te clasificaban de ateo era muy malo. Todas las escuelas
eran religiosas. Han cambiado, pero la educación que recibieron aún se les
nota. Son liberales y más tolerantes, pero en algunos casos lo notas. Les impu-
sieron algunos valores, muy duros, muy estrictos. Después ven que sus hijos
han roto con todo, y no les convence. Ellos nunca tuvieron que pensar la reli-
gión: estaba ya allí»63. Esa religión que estaba ya allí les va a permitir interpre-
tar su propio proceso de morir, si es que su familia les deja participar en su
propia muerte. Pero las generaciones posteriores lo van a tener más complica-
do. Muchas personas ancianas desean no ser un estorbo, no hacer sufrir a sus
familiares, no ser una carga para sus seres queridos. Algunos hacen explícito
ese deseo de morir sin estorbar. Un nieto (varón) lo explica así: «Los viejos tie-
nen muy asumida la muerte. Yo creo que es un tabú para los de cuarenta a cin-
cuenta años. Es una edad buena, que normalmente la persona está estabilizada,
y la muerte representa un mal rollo horroroso. Además, es un período en el
cual hay mucha preocupación por ataques al corazón, por cáncer. La gente está
muy jodida por el tema. En cambio, los abuelos y las abuelas están en un plan:
Lo tengo asumidísimo. No quiero estar mal ni dejar mal a la familia. Ni que me
cuiden. Ni sentir dolor. Si sufro un poco o soy un estorbo, me muero tranquilísima.
Mi abuela siempre dice: Yo rezo para que un día me quede así, tiesa en la cama.
Y ningún problema para nadie: ni para mí ni para nadie»64. Es un tema de edad.
Los ancianos/as más jóvenes les preocupa la muerte, pero no toman decisiones
sobre ella. Los viejos/as contemplan el proceso de morir como más real y cerca-
no, y son capaces de expresar ya preferencias o decisiones.
La aceptación del proceso de morir se atribuye con facilidad a las personas
ancianas: «Los ancianos aceptan la muerte. Has de aceptar la vida y has de
aceptar la muerte, porque es parte de la vida. Cuando eran jóvenes la muerte
no la aceptaban tanto. Estaban igual de cagados que nosotros cuando pensaban
en la muerte. ¡Hostias, yo no quiero morir! Pero según te haces mayor lo vas
aceptando que te toca morir un día u otro. Cuando tienes ochenta años pien-
sas: igual mañana la palmo, o pasado mañana. Cuanto mayor te haces es más
fácil aceptar la muerte, porque la tienes más cerca»65. Pero este principio no es
tan fácil. Nadie suele querer morir. Vivimos como si nunca fuésemos a morir,
incluso las personas mayores.
Una forma de dejar de pensar en el proceso de morir es no llegar a imagi-
narse como un anciano/a. Los/as jóvenes tienen serias dificultades de verse
como ancianos/as: «Yo cuando pienso en la muerte no pienso para nada en la
enfermedad. Pienso en accidente o algo súbito. Yo siempre he tenido la manía
de que me moriré de joven. No sé si es por el hecho que yo no me imagino de
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GD9, B.
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GD2, A.
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Mi suegra la hemos tenido muy enferma y siempre dice: Yo como esté como
hasta ahora... ¡Y mira que está pocha! Ya se habría muerto no sé cuántas veces.
Pero siempre se agarra al último clavo ardiendo. Yo mientras vaya así, yo, al
menos si puedo durar dos o tres añitos más... Cada año dice si puede durar dos o
tres añitos más. Lo que no quiere es enfrentarse que se le acaba el camino. Ella
lo sabe, y es consciente de que se le acaba. Pero es que enfrentarse a la recta
final...»69. La sociedad española sigue ocultando a los/as moribundos que se
están muriendo, y así el debate de la eutanasia se escamotea. Sólo algunos
entrevistadores/as reconocieron haber tratado el tema: «Para mí es más tabú lo
de la muerte que no para las personas que entrevistaba. Incluso ellas me han
hablado de esto sin que yo les preguntase apenas. Me han llegado a decir que
cuando ellas tengan una cierta edad y no puedan manejarse por sí mismas pues
que optarán por la eutanasia. La gente cuando se acerca a una determinada
edad piensa sobre la muerte, y lo tiene asumido»70. La afirmación es un poco
exagerada; pocos españoles/as tienen asumida su muerte.
La juventud actual no se plantea mucho el futuro, así que se piensa muy
poco en la muerte. «No tengo ningún problema con la muerte. Considero que si
la persona ha sido buena pues estará bien, y si ha sido mala pues pasará lo suyo.
Considero que pensar en la muerte es deprimente. No tengo miedo a la muerte.
Considero que la muerte no pasa nada por morirte. No tengo que pensar en
ella. Cuando venga vendrá. Me gustaría morirme de viejo pero viviendo normal,
sin depender de residencia. Morirme de muerte natural. Pensar en el dolor no
lleva a ningún sitio; o sea que no pienso»71. El estereotipo es ya conocido, igual
que en otras generaciones: muerte natural, súbita, sin dolor, mejor durmiendo.
Pero algo es distinto en esta generación. Sí que hay jóvenes que piensan en la
muerte; pero no de viejos/as, sino ahora, como consecuencia de un suicidio:
«Pienso en la muerte, porque a veces es la salida más rápida a muchos proble-
mas. No creo en que haya nada después de la muerte. Por lo tanto, cuando tie-
nes problemas te planteas decir: Mira, lo dejo todo, y ya está. Pum. Cuando me
muera no habrá nada. Cuando digo nada es nada. Por lo tanto, ni me voy a
enterar, ni voy a sufrir, ni nada. Voy a morir y ya está. Y se va a acabar. Me voy a
pudrir y me van a olvidar. Si ahora para mí la muerte no es una salida es por la
gente que dejo aquí. Si cuando fuese viejo estuviese solo la muerte sería la mejor
salida»72. Otros piensan ya en el suicidio: «La muerte para un joven no es tan
lejana. Todos los jóvenes pensamos en la muerte por medio del suicidio. Una
cosa muy cercana al joven. (Si esto sólo me pasa a mí estoy loco.) Buscaría un
suicidio que no me supusiera mucho dolor. No lanzarme desde un piso o así.
Sino algo como hacían los romanos: una bañera caliente y se cortaban las venas.
Así se morían rápidamente»73. Lo que es imaginación no falta.
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E77 (es una transcripción literal de la entrevista 77).
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estás unos años, después de repente te jubilan pero te dan ofertas de ocio. Yo
creo que el dolor o el sufrimiento casi casi se quiere eliminar. De vez en cuan-
do se te ofrece. Pero simplemente es para enseñarte cómo son los enfermos ter-
minales. Para decirte que tú no serás así. Que eso sólo les pasa a unos cuantos.
La gente está muy mal criada, muy mal acostumbrada»83. La muerte, como
todo, se ha comercializado. Sólo se mueren y sólo sufren los otros; a ser posi-
ble, por la tele.
Hay quienes mantienen una actitud casi chulesca —aunque igualmente
fatalista— ante la muerte, imaginando una lucha hasta el final: «Yo de viejo
me veo cachondo total. No; me veo bien. Si llego. Lo único es que me daría
mucha pena que mis hijos me metiesen en algún asilo. Antes cojo yo y me voy.
Me veo bien, tranquilo, reposado, esperando que vengan a recogerme con el
plumier. ¡Lo tengo tan asumido! No puedes hacer nada. Se ha de vivir hasta
que el cuerpo pete, o hasta que digas basta. ¡Se ha de vivir!»84. Una joven de
diecisiete años se ve a sí misma luchando hasta ese final: «A los ochenta años
me veo arrugada. Pero me gustaría seguir siendo yo misma; no quedarme sen-
tada en una silla esperando mi muerte. Me gustaría luchar hasta el último
momento. No me gustaría acabar sola. Creo que eso debe de ser una de las
cosas más tristes»85. Es una generación individualista pero que prefiere morir
acompañada. El problema es que habrá que esperar hasta el año 2057 para
poder comprobarlo.
Se dice que la experiencia es la madre de la ciencia. En la madurez, cuando
las personas se hacen mayores, consideran —progresivamente— a la muerte
cada vez más cerca. Empiezan a pensar sobre la muerte. Pero entonces ya se
han acostumbrado a considerar a la enfermedad y muerte como temas tabú, de
los que no se quiere hablar, o que no se pueden explicar: «La muerte cada vez
la veo más cerca. La sigo viendo como la gran incógnita. Es el paso en falso, es
el desconocido total. Es el único concepto que todo el mundo puede entender
con referencia a los demás pero no con referencia a uno mismo. Es muy difícil
de sentirlo como algo propio. Es algo que sucede fuera de ti pero es muy difícil
adaptártelo a ti mismo. Me gustaría morir durmiendo. Es más miedo al sufri-
miento que a la muerte. No me gustaría morirme ni en una UVI ni en una
residencia. Me gustaría estar cuidada por mis hijos»86. Es un proceso que no se
puede entender, y que se convierte en tabú, del que no se quiere hablar: «Yo no
pienso en mi muerte. Este tema no. Esto no se puede hablar. Yo cuando venga
mi hora me moriré. Pero yo no pienso en la muerte; no, no, no. Que piense
otro, quien quiera, pero yo no. Yo cuando venga mi hora, bienvenida sea. Ya
está. Y si me matan, ya está. Pero yo no, yo no pienso nada, no, no. Es que
esto no es agradable hablar. De la muerte, no. A nadie le gusta» 87. Otros
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«En nombre de Cristo, en nombre de Dios y en nombre de la religión se han hecho las
barbaridades más grandes de la historia, y se seguirán haciendo. Pues yo no lo entiendo de esta
forma. Entiendo el cristianismo de seguir a Jesús, el que dijo: Yo soy el camino, la verdad y la
vida. El que me sigue a mí tiene vida eterna. Este es el camino que yo quiero seguir» (E42).
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ger. Viene cuando viene»112. Hay una actitud —lógica— fatalista respecto de la
muerte. Uno/a es poco protagonista de su propia muerte, pero, además, se
renuncia a ese protagonismo en favor de una muerte no esperada, de la que no
se es consciente.
Hay personas ancianas que expresan directamente que desean morirse:
«Ahora tengo artrosis degenerativa, tengo calambres, tengo las piernas mal. Yo
lo que quiero es morirme; cuanto antes, mejor. No salgo a ninguna parte. Me
estoy metida todo el día en casa. Tengo un abuelo en casa —mi marido— que
está enfermo de Parkinson. Me da muchísimo trabajo. Mis huesos se quejan
mucho. Mi vida muy mal, muy mal, muy mal. Porque no me deja dormir ni
de noche ni de día, y me da mucho que hacer. Mucho. Por lo tanto, mi vida,
mis próximos años (no creo que sean muchos), ya estoy desesperada. Fatal»113.
Es una situación dramática.
Algunas personas piensan incluso en la posibilidad del suicidio. El caso de
esta anciana es un suicidio premeditado llamativo: «No tengo futuro yo. ¡A los
setenta años voy a tener futuro! El problema es éste: la vitalidad de la cabeza
no está de acuerdo con la del cuerpo. Ahora estoy sola. Pero nunca me siento
sola yo. Pinto cuadros, leo, escucho música, muchas cosas. No me aburro
nunca. Me moriré pronto, ¡y hay tantos libros por leer! No los podré leer, y me
sabe mal. Tengo ratos buenos. Me pongo música sinfónica, haciendo media o
leyendo. Soy feliz, me siento bien. Me sabe mal morirme. No tengo miedo. No
quiero morirme. Pero no estoy obsesionada con la idea de la muerte. A veces le
digo a la perra (porque, claro, como no hay nadie aquí): Pronto nos vamos a
morir las dos: ¡Qué le vamos a hacer! Estas paredes tienen ciento veinticinco
años, son más viejas que yo, pero las quiero. Me sabría mal marcharme de aquí
e ir a morir a otro sitio. Me gustaría morir aquí. Le digo a la perra: Me mataré.
¿Pero cómo la mato yo a ella? Entonces le digo: Nos vamos a colgar. Primero
colgaré a la perra, y luego me colgaré yo. ¡Entonces cuando entren se encontra-
rán con los dos fiambres aquí colgados!»114. Es un relato impresionante de una
anciana cuya mejor compañía es su perra, hasta el punto de hablar con ella
diariamente. La anciana piensa en un suicidio doble.
Otras viejecitas piensan en el sacrificio final: «Que sea lo que Dios quiera.
Como ya he dado mi cuerpo a la Universidad para que me hagan trozos y lo
estudien, tanto me da. A mi edad ya no puedo dar los ojos, ni esto, ni lo otro,
porque ya no lo quieren. En cambio, yo he cedido mi cuerpo a la Universidad.
Tengo un papel firmado, tengo la tarjeta, y todo. El día que yo me muera mis
hijos que llamen, que vengan a buscar mi cuerpo. Que me lo destrocen. Que
uno estudie los huesos, otro la cabeza, que el otro estudie el pie. Una vez
muerto, ¿un cuerpo para qué vale? ¿Para que me lo entierren allí? No vale la
pena. En cambio, si puede ser vir para algo, para estudiar, pues que
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E10.
113
E9.
114
E12.
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BIBLIOGRAFIA
Aging and Society. Es la revista publicada por Cambridge University Press desde 1980. The Jour-
nal of The Centre for Policy on Ageing and The British Society of Gerontology. Es impor-
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ALTARRIBA, Francesc X.; CAMMANY, Rosa, y COROMINAS, August (1989): La tercera edad (Barce-
lona: La Vanguardia), 63 pp. Es el número 6 de la conocida colección de Guías. Es un
manual de difusión popular (se regalaba con el ejemplar dominical del periódico La Vanguar-
dia) interesante. Incluye temas de ancianidad relacionados con nutrición, sexualidad, rehabili-
tación, familia, ocio, instituciones e incluso unas «normas básicas para envejecer mejor».
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99 pp. Es traducción del griego de Francisco de P. Samaranch. De la memoria y el recuerdo
aparece en las pp. 81-98.
BARENYS, María Pía (1991): Residencias de ancianos: Análisis sociológico (Barcelona: Fundació
Caixa de Pensions), 191 pp. Estudio premiado sobre los ancianos/as en residencias en el
ámbito catalán. Investigación con un enfoque netamente sociológico.
BAUMAN, Zygmunt (1989): Modernity and the Holocaust (Cambridge: Polity).
— (1992): Mortality and Immortality and Other Life Strategies (Cambridge: Polity Press). Uno
de los libros sociológicos teóricos más importantes sobre el tema de la muerte. Intento de
reinterpretación del proceso de morir, ser moribundo y muerte desde la postmodernidad. Es
un libro central.
— (1995): Life in Fragments: Essays in Postmodern Morality (Oxford: Blackwell), 293 pp. Es
continuación de Postmodern Ethics (Blackwell, 1993). Es un excelente libro sobre la teoría
del postmodernismo. Es importante ver el capítulo 2, «Forms of togetherness» (pp. 44-71), y
el capítulo 3, «Broken lives, broken strategies» (pp. 72-104).
BAZO, María Teresa (1990): La sociedad anciana (Madrid: Centro de Investigaciones Sociológi-
cas/Siglo XXI), 223 pp. Un estudio sociológico global sobre la ancianidad en Bilbao, utili-
zando una encuesta. Es uno de los mejores estudios sociológicos sobre el tema de la anciani-
dad en España.
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Un artículo analizando la visión de los jóvenes (277 universitarios/as en el País Vasco) ante la
vejez y las personas ancianas.
115
E11.
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315 pp. Manejamos la edición española de 1928 (Madrid: Editorial Reus, Biblioteca Jurídica
de Autores Españoles y Extranjeros, vol. 127, 1928), 450 pp., que incluye un estudio preli-
minar de Mariano Ruiz-Funes (también traductor, y catedrático de Derecho Penal de la Uni-
versidad de Murcia) sobre «Etiología del suicidio en España», pp. I-XXXIX (aparece dedica-
do a Constancio Bernaldo de Quirós). La primera edición en francés es de 1897. La primera
edición en inglés no es hasta 1951. Hay, pues, impacto bastante temprano de esta obra en
España.
ECHEVERRI, Beatriz (1993): La gripe española: La pandemia de 1918-1919 (Madrid: Centro de
Investigaciones Sociológicas), 194 pp.
ELIAS, Norbert (1987): La soledad de los moribundos (México: Fondo de Cultura Económica),
111 pp. Uno de los estudios teóricos más interesantes sobre el tema de la ancianidad y muer-
te desde una perspectiva sociológica, analizando los procesos de soledad y dependencia. Ori-
ginalmente publicado en 1982 y 1985 con el título The Loneliness of the Dying (Oxford:
Blackwell).
— (1991): Sociología del tiempo (Madrid: Fondo de Cultura Económica).
ERIKSON, Erik (1963): Childhood and Society (Nueva York: W. W. Norton).
— (1981): La adultez (México: Fondo de Cultura Económica). Conviene leer el capítulo «Refle-
xiones sobre el ciclo de vida del Doctor Borg» (pp. 14-57), sobre la película Las fresas silves-
tres (en España traducida como Fresas salvajes). El libro Adulthood se publicó en inglés en
1978. Véase especialmente el cuadro de la página 49.
EVANS, Mary (1993): «Reading lives: How the personal might be social», Sociology, vol. 27, núm.
1, pp. 5-13.
FERNÁNDEZ-BALLESTEROS, Rocío (1992): Mitos y realidades sobre la vejez y la salud (Barcelona:
SG Editores y Fundación Caja de Madrid), 159 pp. Un estudio empírico esencial sobre el rol
de la ancianidad en España. Investigación premiada por la Fundación Caja de Madrid.
FERRAROTTI, Franco (1981): Storia e storie di vita (Bari: Laterza).
FIELD, D. (1989): Nursing the Dying (Londres: Tavistock y Routledge).
FOUCAULT, Michel (1979): The History of Sexuality (Londres: Allen Lane), vol. 1, 168 pp. La
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French Hermaphrodite (Nueva York: Pantheon).
— (1984): Yo, Pierre Rivière (Barcelona: Tusquets). Aquí hemos manejado la edición en inglés:
I, Pierre Rivière, having slaughtered my mother, my sister, and my brother... A Case of Parricide
in the 19th Century, edited by Michel Foucault (Lincoln: University of Nebraska Press,
1975), 289 pp. Existe una edición en español (Barcelona: Tusquets, 1984). Un análisis teóri-
co de la historia del parricida normando que en 1835, para librar a su padre, mata a su
madre, su hermana de 18 años y su hermanito de 7 años. En la cárcel escribe su historia.
Foucault incluye el testimonio médico y legal, así como las investigaciones policiales, además
de las memorias de Rivière. Está menos preocupado por la historia de P. R. en sí que por la
visión de la enfermedad mental, la justicia y el crimen, así como los procesos de psiquiatriza-
ción de la justicia y la medicalización del crimen. La autobiografía sirve de excusa a Foucault
para analizar las estructuras de poder, conocimiento e ideologías en Francia.
FOX, Renée C., y SWAZEY, Judith P. (1974): The Courage to Fail: A Social View of Organ Trans-
plants and Dialysis (Chicago: University of Chicago Press), 395 pp.
FRASER, Ronald (1979): Recuérdalo tú y recuérdalo a otros: Historia oral de la Guerra Civil españo-
la (Barcelona: Crítica). Un estudio clásico de historia oral sobre la Guerra Civil española (de
1936-39), recogiendo testimonios de personas que vivieron la guerra.
FREIXAS, Anna (1993): Mujer y envejecimiento: Aspectos psicosociales (Barcelona: Fundación La
Caixa), 195 pp. Análisis psicológico y feminista de los procesos de envejecimiento, meno-
pausia, relaciones materno-filiales, vivencias personales y evaluación de la vida en una mues-
tra de 31 mujeres de 50 a 60 años, residentes en Córdoba capital. Utiliza una metodología de
entrevistas en profundidad.
FUCHS, Victor R. (1974): Who Shall Live? Health, Economics, and Social Choice (Nueva York:
148
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Basic Books). Uno de los libros esenciales sobre el coste de la supervivencia de grupos socia-
les ancianos en la sociedad contemporánea. Fue continuado posteriormente en The Health
Economy (publicado por Harvard University Press en 1986).
FUNDACIÓ CIREM (1993): Gent gran i adolescents: Estudi d'una relació (Barcelona: Fundació La
Caixa), 223 pp. Resultado de una encuesta a 1.250 personas entrevistadas (625 personas
mayores y otras tantas adolescentes).
FUNDACIÓN FOESSA (ed.) (1994): Quinto informe sociológico sobre la situación social en España:
Sociedad para todos en el año 2000 (Madrid: Fundación Foessa), 2.313 pp. Se trata del quinto
informe Foessa, que incluye capítulos relevantes sobre población y estructura social, sobre salud
y sanidad, estilos de vida, etc. Incluye datos originales de una encuesta nacional. Es el estudio
más ambicioso de análisis de la realidad social española en los años noventa. De Jesús M. de
Miguel véase, sobre todo, el capítulo 1, «La España del cambio» (pp. 1-144), y el capítulo 6,
«Salud y sanidad» (pp. 823-1106). Los datos sobre seguros aparecen en ese capítulo sexto.
GARCÍA PONCE DE LEÓN, Omar: Véase Ponce de León, Omar G.
GARRIDO, Luis, y GIL CALVO, Enrique (eds.) (1993): Estrategias familiares (Madrid: Alianza Edi-
torial), 358 pp. Reúne 16 estudios pluridisciplinares (sociológicos, económicos, demográfi-
cos) sobre los cambios de las familias españolas en el contexto mundial. Incluye una primera
parte extensa sobre capital humano y familia y un capítulo sobre formas de familia en la
España contemporánea (de Miguel Requena).
GILMORE, Leigh (1994): Autobiographics: A Feminist Theory of Women's Self-Representation (Itha-
ca: Cornell University Press), 255 pp. Un estudio teórico sobre el género y la construcción
autobiográfica de la realidad social, debatiendo los temas de verdad e ideología, cuerpo, iden-
tidad, género, violencia y autorrepresentación, e incluyendo un apartado sobre autobiografía
lesbiana. Analiza teóricamente cada uno de esos temas y discute obras importantes.
GLASSER, B. G., y STRAUSS, A. L. (1965): Awakeness of Dying (Chicago: Chicago University
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— (1968): Time for Dying (Chicago: Aldine).
— (1971): Status Passage (Londres: Routledge and Kegan Paul).
GOFFMAN, Erving (1959): The Presentation of Self in Everyday Life (Garden City, NY: Double-
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— (1961a): Asylums: Essays on the Social Situation of Mental Patients and Other Inmates (Garden
City, NY: Anchor Books), 386 pp. Incluye los artículos de 1957 a 1959.
— (1961b): Encounters: Two Studies in the Sociology of Interaction (Indianapolis: The Bobbs-
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— (1963): Stigma: Notes on the Management of Spoiled Identity (Englewood Cliffs, NJ: Prentice-
Hall), 147 pp.
— (1967): Interaction Ritual: Essays on Face-to-Face Behavior (Garden City, NY: Anchor
Books), 270 pp.
— (1969): Strategic Interaction (Filadelfia: University of Pennsylvania Press), 145 pp.
— (1971): Relations in Public: Microstudies of the Public Order (Nueva York: Harper Colophon
Books), 396 pp.
— (1974): Frame Analysis: An Essay on the Organization of Experience (Nueva York: Harper
Colophon Books), 586 pp.
— (1979): Gender Advertisements (Nueva York: Harper & Row), 84 pp.
GOL GURINA, Jordi; COLODRÓN, Antonio; ARANGUREN, José L.; CORDÓN, Faustino; NÁJERA, Enri-
que, y FOLCH MATEU, Pere (1985): Ensayo sobre la vida y la muerte (Barcelona: Teide), 145 pp.
Publicado por el Colegio de Médicos de Barcelona, incluye el texto de seis conferencias.
GORER , G. (1965): Death, Grief and Mourning in Contemporary Britain (Londres: Cresset).
Incluye una visión revisada de su trabajo sobre «The pornography of death», publicada en
Encounter en octubre de 1955, donde establece que la muerte ha sustituido al sexo en la
sociedad contemporánea como tabú.
HERTZ, Robert (1960): Death and the Right Hand (Aberdeen: Cohen and West), 174 pp. La edi-
ción original en francés es de 1907 y 1909.
149
JESUS M. DE MIGUEL
HINTON, John (1967): Dying (Harmondsworth: Penguin), 208 pp. Un punto de vista social y
psiquiátrico.
HOCKEY, J. (1990): Experiences of Death: An Anthropological Account (Edimburgo: Edinburgh
University Press).
INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICA (1987): Encuesta sobre discapacidades, deficiencias y minus-
valías (Madrid: INE), 2 vols., 805 pp. La encuesta más importante realizada en España sobre
dedimi, con una muestra muy amplia que incluye tres submuestras por edades. Los datos fue-
ron reanalizados por el propio INE (en otra publicación posterior) y por Ana Collado.
Jano: Medicina y Humanidades, 949 (2 mayo 1991). Incluye varios estudios bajo el título general
de «Hacia una sociedad anciana», en las pp. 55-95, con artículos de Jesús M. de Miguel,
Josep A. Rodríguez, Ana Collado, Josep M. Comelles, María Teresa Bazo y Carmen Domín-
guez Alcón.
KANE, Rosalie A., y KANE, Robert L. (1992): Evaluación de las necesidades en los ancianos: Guía
práctica sobre los instrumentos de medición (Barcelona: SG Editores y Fundación Caja de
Madrid), 334 pp. Un manual metodológico de evaluación de programas y necesidades de la
población.
KEARL, M. C. (1989): Endings: A Sociology of Death and Dying (Oxford: Oxford University
Press).
KENNY, Michael, et al. (1980): La antropología médica en España (Barcelona: Anagrama), 353
pp. Es un reader esencial para el tema de los aspectos antropológicos y culturales de la salud,
la medicina, enfermedad y muerte, incluyendo los procesos de envejecimiento. En su área es
el primer manual importante en nuestro país.
KEY, Sarah (1991): Freddie: A Diary of a Cot Death (Londres: Mandarin), 104 pp. La historia de
la muerte súbita de un hijo contada por su madre, una psiquiatra británica que reside en
Australia.
KLEIN, Max H. (1990): What I Still Remember (Barcelona: mimeografiado), 88 pp. Autobiogra-
fía con anécdotas personales de un americano (rico) en Barcelona.
KÜBLER-ROSS, Elisabeth (1969): On Death and Dying (Nueva York: Macmillan).
— (1983): On Children and Death (Nueva York: Macmillan).
— (1991): Vivir hasta despedirnos (Barcelona: Luciérnaga), 155 pp. Análisis cualitativo (median-
te entrevistas en profundidad, documentos y diario de campo) de historias de morbilidad y
mortalidad de personas ancianas. El tema que desarrolla es el de calidad de muerte. Incluye
un estudio fotográfico.
LAMO DE ESPINOSA, Emilio (ed.) (1993): «Monográfico sobre Karl Mannheim», Revista Española
de Investigaciones Sociológicas, 62 (abril-junio): 1-256. Incluye una reproducción del texto de
Karl Mannheim sobre «El problema de las generaciones», traducido por y con una presenta-
ción de Ignacio Sánchez de la Yncera, así como una compilación actualizada de los escritos
más relevantes de Mannheim.
LEVY, Elizabeth, y MILLER, Mara (1977): Doctors for the People: Profiles of Six Who Serve (Nueva
York: Alfred A. Knopf), 108 pp.
LEWIS, Oscar (1970): A Death in the Sanchez Family (Londres: Secker & Warburg).
LIFTON, Robert Jay (1961): History and Human Survival: Essays on the Young and Old, Survivors
and the Dead, Peace and War, and on Contemporary Psychohistory (Nueva York: Vintage
Books, Random House), 404 pp.
LINDE, Charlotte (1993): Life Stories: The Creation of Coherence (Nueva York: Oxford University
Press), 242 pp. Metodología de análisis de historias de vida y método biográfico desde una
perspectiva lingüística. Estudia sobre todo la causalidad, continuidad del discurso, sistemas
de coherencia y sentido común. Analiza la historia de vida desde la norma cultural de dar
obligada coherencia y sentido a una vida estudiando los textos como discursos.
LITTLEWOOW, Jane (1992): Aspects of Grief: Bereavement in Adult Life (Londres: Routledge).
— (1993): «The denial of death and rites of passage in contemporary societies», en David Clark
(ed.), The Sociology of Death: Theory, Culture, Practice (Oxford: Blackwell Publishers y The
Sociological Review, pp. 69-86), 302 pp.
150
«EL ULTIMO DESEO»: PARA UNA SOCIOLOGIA DE LA MUERTE EN ESPAÑA
LÓPEZ ALLER, Nora, y LÓPEZ-ACCOTTO, Ana I. (1993): Andares y caminos: Historias de seis fami-
lias españolas (Madrid: Fundación Argentaria), 197 pp. Es parte de los estudios realizados
para el Primer Simposio sobre Igualdad y Distribución de la Renta y la Riqueza, organizado,
en Madrid, por la Fundación Argentaria. Originalmente iba a ser un estudio de cien familias.
El análisis se presenta cronológicamente en siete capítulos, desde antes de la Guerra Civil
hasta «los años ochenta y principios de los noventa».
MACKLIN, Ruth (1987): Mortal Choices: Ethical Dilemmas in Modern Medicine (Boston: Hough-
ton Mifflin Company), 246 pp.
MANNHEIM, Karl (1993): «El problema de las generaciones», Revista Española de Investigaciones
Sociológicas, 62, pp. 193-242. Edición original: «Das problem der generationen» (publicado
en 1928).
MARÍAS, Julián (1949): El método histórico de las generaciones (Madrid: Revista de Occidente).
— (1989): Generaciones y constelaciones (Madrid: Alianza).
M ARSAL , Juan F. [Pancho] (1972): Hacer la América: Biografía de un emigrante (Barcelona:
Ariel), 340 pp. Uno de los estudios sociológicos españoles más interesantes sobre historias de
vida, con la vida de JS —un minutero (fotógrafo) ambulante— a través de las cartas enviadas
por él a Princeton University. El libro se empieza a escribir en 1961 y se publica en 1969,
con el apéndice metodológico en primera versión escrito en 1966. El libro se centra en torno
al proceso de maduración y envejecimiento, combinado con el de migración, y las tendencias
de cambio social. Texto imprescindible a nivel de metodología biográfica y de valores. Sin
embargo, el apéndice metodológico, «Historias de vida y ciencias sociales», no se publica en
la edición española de 1972. Hay que leerlo en la edición original: Hacer la América: Auto-
biografía de un inmigrante español en la Argentina (Buenos Aires: Instituto Torcuato Ditella,
1969), pp. 409-434. También aparece en J. Balán (ed.), Las historias de vida en ciencias socia-
les (1974), pp. 43-63. Hay una revisión crítica más interesante en Las historias de vida como
sociología y como vida: A modo de postdata autocrítica (Asunción: Centro Paraguayo de Estu-
dios Sociológicos, núm. 39, en 1973), que conviene leer con la edición española de un año
antes. Es el libro/artículo español más importante sobre el tema. El libro es más impresio-
nante aún si se sospecha la propia vinculación autobiográfica de la historia de JS (siglas ficti-
cias) con el autor de la recopilación (Pancho Marsal).
— (1973): «Las historias de vida como sociología y como vida: A modo de postdata autocríti-
ca», Revista Paraguaya de Sociología, vol. 10, núm. 28, pp. 3-12. Resume bien su punto de
vista en la frase final: «Creo que las historias de vidas depuradas por una mayor concienti-
zación de los vicios en que incurrimos los primerizos siguen siendo hoy un excelente puente
para salvar muchas de las estrecheces del academicismo numerológico por un lado y del acti-
vismo anticientífico por el otro que son el scila y caribdis de nuestra malandanza» (p. 11).
Hemos manejado la edición en forma de separata, número 89 de la Colección de Reimpre-
siones.
— (1977): La crisis de la sociología norteamericana (Barcelona: Península), 323 pp. Es interesan-
te leer el apéndice, «Las implicaciones metodológicas de la crisis» (pp. 291-322), especial-
mente el capítulo 11, «La investigación sociológica y lo cualitativo», a partir de la p. 307.
MARTÍN FERNÁNDEZ, Manuel (1994): Mujeres policía (Madrid: Centro de Investigaciones Socio-
lógicas y Siglo XXI), 159 pp. Uno de los primeros estudios del proceso de feminización de
una profesión en España. Realizado con una metodología cualitativa: historias de vida y una
entrevista en grupo con mujeres que son policías locales. Es también, indirectamente, un
análisis de generaciones femeninas.
MEAD, George H. (1934): Self and Society: From the Standpoint of a Social Behaviorist (Chicago:
The University of Chicago Press).
MELLOR, Philip (1993): «Death in high modernity: The contemporary presence and absence of
death», en David Clark (ed.), The Sociology of Death: Theory, Culture, Practice (Oxford:
Blackwell Publishers y The Sociological Review, pp. 11-30), 302 pp.
MELLOR, Philip A., y SHILLING, C. (1993): «Modernity, self-identity and the sequestration of
death», Sociology, 27.
151
JESUS M. DE MIGUEL
152
«EL ULTIMO DESEO»: PARA UNA SOCIOLOGIA DE LA MUERTE EN ESPAÑA
MISHIMA, Yukio (1969): Thirst for Love (Nueva York: Alfred A. Knopf), 175 pp. Aunque es una
novela, la descripción de diferencias generacionales, clase social y muerte es soberbia.
MITFORD, Jessica (1963): The American Way of Death (Greenwich, Conn.: A Fawcett Crest Book),
288 pp. Un excelente análisis crítico sobre la industria funeraria en los Estados Unidos.
MOIX, Terenci (1970): El sadismo de nuestra infancia (Barcelona: Editorial Kairos), 189 pp. Pró-
logo de Rafael Alberti. Retrato literario de una generación, desde la visión catalana.
MOMPART, Anna (1991): «Una aproximació a la morbiditat i mortalitat social a Barcelona»,
Papers de Demografía, 53, Universidad Autónoma de Barcelona, 31 pp. Un estudio intere-
sante sobre morbi-mortalidad, en que se tienen en cuenta los factores demográficos.
MORAGAS, Ricardo (1991): Gerontología social: Envejecimiento y calidad de vida (Barcelona: Her-
der), 304 pp. Un enfoque sociológico básico del tema de gerontología social, con las innova-
ciones estadounidenses. Recoge bien la bibliografía internacional.
MORGAN, D. H. J., y SCOTT, S. (eds.) (1993): Body Matters: Essays on the Sociology of the Body
(Londres: The Falmer Press).
M ULKAY , Michael (1993): «Social death in Britain», en David Clark (ed.), The Sociology of
Death: Theory, Culture, Practice (Oxford: Blackwell Publishers y The Sociological Review,
pp. 31-49), 302 pp.
MULKAY, Michael, y ERNST, J. (1991): «The changing profile of social death», European Journal
of Sociology, 32: 172-196.
N ULAND , Sherwin B. (1995): Cómo morimos: Reflexiones sobre el último capítulo de la vida
(Madrid: Alianza Editorial), 260 pp. Publicado originalmente en inglés en 1993. Una visión
médica, con interpretaciones filosóficas personales (catedrático de Medicina de la Universi-
dad de Yale), sobre las diversas formas de morir, según las enfermedades más comunes. Es
una contribución realista, para una audiencia general.
OECD (1988): Aeging Populations: The Social Policy Implications (París: OECD), 90 pp. Es uno
de los informes dentro de la colección de OECD Social Policy Studies. Contiene los mejores
datos sobre los países avanzados del mundo, con las estadísticas del Health Data File. Incluye
tendencias demográficas, implicaciones para el gasto social y público, políticas sociales, así
como proyecciones demográficas importantes.
OLTRA, Benjamín (1995): Cultura y tiempo: Investigaciones de Sociología de la Cultura (Alicante:
Editorial Aguaclara), 237 pp. Ver especialmente el capítulo 3, «Tiempo y cultura» (pp. 43-
55).
ORIZO, Francisco A. (1995): Dinámica intergeneracional en los sistemas de valores de los españoles
(Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas, Colección Opiniones y Actitudes), 119 pp.
Papers. Revista de Sociología: Monográfico sobre envejecimiento. Número extraordinario 40
(1993), compilado por María Pía Barenys. Entre otros artículos, es importante por el tema el
de Carmen Domínguez Alcón, «Envejecimiento y familia» (pp. 61-73).
PARSONS, Talcott (1967): El sistema social (Madrid: Revista de Occidente). Es la traducción de la
obra original de 1950. El capítulo 10 es esencial para el tema del rol del paciente. Es una
obra de consulta obligada, que luego ha tenido numerosas revisiones y críticas (entre ellas,
conviene ver las de Fox, Goffman, Freidson y Ponce de León).
PARSONS, Talcott, et al. (1972): «Death in American Experience», número monográfico de Social
Research, vol. 39, núm. 3, pp. 367-567. Incluye el conocido artículo «The "gift of life" and
its reciprocication», de Talcott Parsons, Renée C. Fox y Victor M. Lidz, además de otros
artículos por Bloom, Cassell, etc.
PERROW, Charles (1984): Normal Accidents: Living with High-Risk Technologies (Nueva York:
Basic Books), 386 pp.
PESET, Mariano, y PESET, José L. (1972): Muerte en España: Política y sociedad entre la peste y el
cólera (Madrid: Seminarios y Ediciones), 256 pp.
P INILLA DE LAS H ERAS, Esteban (1995): La memoria inquieta (Barcelona: Fundación Jaume
Bofill), mimeo, 401 pp.
PLATÓN (1960): Critón (Madrid: Aguilar), 45 pp. Escrito originalmente entre el año 399 y el
394 a. JC, inmediatamente después de la muerte de Sócrates (en el año 399 a. JC).
153
JESUS M. DE MIGUEL
PLUMMER, Ken (1983): Documents of Life: An Introduction to the Problems and Literature of a
Humanistic Method (Londres: Unwin Hyman), 175 pp. Es parte de la colección de Contem-
porary Social Research (vol. 7). Es un manual importante. Hay una versión en español: Los
documentos personales (Madrid: Siglo XXI). Es un manual general, sobre todo tipo de docu-
mentos biográficos y autobiográficos. Sistemático, incluye la metodología, formas de obtener
y analizar los datos, problemas prácticos y los usos teóricos de las historias de vida y otros
documentos biográficos. Incluye una excelente bibliografía y revisión bibliográfica de los
principales estudios.
PONCE DE LEÓN, Omar G. [García] (1995): El médico enfermo (Barcelona: Universidad de Bar-
celona), tesis doctoral. Ochocientas cinco páginas con la investigación de médicos y médicas
enfermos, sobre la forma de enfrentarse a su propia enfermedad. Realizado con entrevistas en
profundidad. Primer premio a la mejor tesis doctoral de Sociología de 1995 en España, por
el CIS. Un estudio de médicos/as de diversas generaciones y dolencias en su experiencia con
la enfermedad, el dolor/sufrimiento, la soledad y la muerte. Es un excelente estudio de los
conflictos entre el rol del paciente y el rol de los/as expertos. Un ejemplo de utilización de
historias de vida con un objetivo teórico sobresaliente.
PUJADAS, Juan José (1992): El método biográfico: El uso de las historias de vida en ciencias sociales
(Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas), 107 pp. Es el número 5 de la colección de
Cuadernos Metodológicos. Es un manual de gran utilidad para la investigación cualitativa
(especialmente método biográfico) en sociología y antropología. Analiza las historias de vida
y sus usos, así como los procesos de elaboración y las diversas perspectivas. La bibliografía es
excelente (pp. 91-107), aunque con bastantes cosas de indios/as.
RAMOS, Ramón (ed.) (1993): Tiempo y sociedad (Madrid: Centro de Investigaciones Sociológi-
cas).
RIBERA, José M. (1982): Reflexiones sobre la propia muerte (Madrid: Mezquita), 125 pp. El resul-
tado de una encuesta realizada en el Hospital Clínico de Madrid.
R ILEY , Mathilda W. (1987): «On the significance of age in society», American Sociological
Review. Uno de los artículos más importantes sobre la importancia del factor edad en la
sociedad contemporánea, desde una perspectiva de las ciencias sociales.
— (1988): Sociological Lives: Social Change and the Life Course (Newbury Park, California:
Sage), 185 pp., vol. 2 de Social Change and the Life Course. Con una introducción de Mer-
ton, incluye las reflexiones autobiográficas de ocho sociólogos/as.
ROBINSON, David (1971): The Process of Becoming III (Londres: Routledge & Kegan Paul), 132
pp.
RODRÍGUEZ, Josep A. (1987): Salud y sociedad: Análisis sociológico de la estructura y la dinámica
del sector sanitario español (Madrid: Tecnos), 253 pp. Es un estudio sobre los recursos sanita-
rios en España, con especial dedicación a los establecimientos sanitarios en régimen de inter-
nado. El análisis sociológico incluye un estudio de los datos del INE, en forma evolutiva,
midiendo el cambio social producido.
— (1994): Ancianidad y familia (Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas).
RODRÍGUEZ, Josep A., y MIGUEL, Jesús M. de (1990): Salud y poder (Madrid: Centro de Investi-
gaciones Sociológicas y Siglo XXI), 271 pp. Un estudio empírico sobre las desigualdades
sociales y sanitarias en España y el impacto de las políticas sanitarias. Estudia también el
impacto de las profesiones y de sus intereses. Se pasa revista a los cambios producidos funda-
mentalmente a partir de 1982. El capítulo 5 («Minorías y salud», pp. 218-262) incluye un
análisis de historias de vida.
RODRÍGUEZ IBÁÑEZ, José Enrique (1979): «Perspectiva sociológica de la vejez», Revista Española
de Investigaciones Sociológicas, 7, pp. 65-85. Artículo incisivo sobre la sociología de la ancia-
nidad y los procesos de cambio diferenciales ocurridos con la ancianidad.
SAKS, Oliver (1986): The Man Who Mistook His Wife for a Hat (Londres: Picador), 233 pp. Aná-
lisis de 24 casos de enfermos/as neurológicos. El título del libro corresponde al primer caso.
— (1989): Seeing Voices: A Journey Into the World of the Deaf (Berkeley: University of California
Press), 180 pp.
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«EL ULTIMO DESEO»: PARA UNA SOCIOLOGIA DE LA MUERTE EN ESPAÑA
SAN ROMÁN, Teresa (1990): Vejez y cultura: Hacia los límites del sistema (Barcelona: Fundació
Caixa de Pensions), 219 pp. Análisis antropológico sobre los procesos de vejez en la sociedad
contemporánea y las teorías al respecto. Análisis concreto de ancianidad y marginación.
SÁNCHEZ DE LA YNCERA, Ignacio (1993): «La sociología ante el problema generacional: Anota-
ciones al trabajo de Karl Mannheim», Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 62,
pp. 147-192.
SÁNCHEZ VERA, Pedro (ed.) (1993): Sociedad y población anciana (Murcia: Secretariado de Publi-
caciones de la Universidad de Murcia), 331 pp. Trece trabajos de investigación diferentes
sobre el tema en torno a la construcción de una sociología de la vejez y del envejecimiento;
conceptos básicos sobre tercera edad y envejecimiento; política social y perspectiva jurídica, y
algunos enfoques económicos y sociales sobre el proceso de envejecimiento. Incluye una pre-
sentación interesante del sociólogo Juan Monreal.
SCHUMAN, Howard, y SCOTT, Jacqueline (1989): «Generations and collective memories», Ameri-
can Sociological Review, 54 (junio): 359-381. Artículo seminal sobre generaciones, estudios
de vidas y memoria colectiva en base a una muestra de estadounidenses preguntados en una
encuesta nacional sobre los cambios sociales ocurridos en el último medio siglo. Analiza
cohortes, generaciones y sus diferencias.
SMALL, Neil (1993): «Dying in a public space: AIDS deaths», en David Clark (ed.), The Sociology
of Death: Theory, Culture, Practice (Oxford: Blackwell Publishers y The Sociological Review,
pp. 87-111), 302 pp.
Sociology: The Journal of the British Sociological Association, vol. 27, núm. 1 (febrero 1993),
número extraordinario dedicado a «Auto/Biography in Sociology». Es el libro más actual e
importante sobre el tema de análisis cualitativo biográfico. Incluye 15 artículos, de excelente
calidad, sobre temas de escribir, investigar, textos, historias de vida, y un artículo especial
sobre autobiografías en la Sociología.
Solidaritat intergeneracional (Barcelona: Fundació La Caixa, 1993), 95 pp. Es un resumen de 13
conferencias en España realizadas por distintas figuras, durante septiembre y octubre de 1992.
SONTAG, Susan (1978): Illness as Metaphor (Nueva York: Farrar, Straus and Giroux), 88 pp. La
tesis de Sontag es que la enfermedad no es una metáfora. Véase la continuación en Aids and
its Metaphor (Londres: Allen Lane, 1988).
STANLEY, Liz (1992): The Auto/biographical I: The Theory and Practice of Feminist Auto/biography
(Manchester: Manchester University Press), 289 pp. Uno de los manuales críticos (feminis-
tas) del análisis autobiográfico. Imprescindible.
SUDNOW, David (1967): Passing On: The Social Organization of Dying (Englewood Cliffs, NJ:
Prentice-Hall), 212 pp.
SZCZEPANSKI, Jan (1978): «El método biográfico», Papers. Revista de Sociología, 10, pp. 231-256.
Una de las primeras publicaciones en España sobre historias de vida y autobiografías. Publi-
cado originalmente en alemán en 1967. Traducido por Marsal y publicado en 1978, repre-
senta el inicio del análisis biográfico en España realizado por sociólogos/as.
THE BOSTON WOMEN’S HEALTH BOOK COLLECTIVE (1984): The New Our Bodies, Ourselves:
A Book by and for Women (Nueva York: Simon & Schuster), 647 pp. Manual de salud comu-
nitaria de excelente calidad. Incluye un largo capítulo, el 22, sobre «Women growing older»
(pp. 435-472), que es imprescindible para estos temas. Es una edición muy corregida del
manual de los años setenta. Hay una edición en nuestro país de la edición previa por Icaria,
en 1982 (398 pp.).
THOMAS, W. I., y ZNANIECKI, Florian (1958): The Polish Peasant in Europe and America (Nueva
York: Dover). Edición original en 1918-1920: los dos primeros tomos por The University of
Chicago Press, y los tomos 3 a 5 en Boston por Badger Press. Hay una segunda edición en
1927 (Nueva York: Knopf). Es el estudio de historias de vida más famoso de la sociología.
Incluye la vida de Wladek Wisniewski, en 300 páginas: polaco, aprendiz de panadero, emi-
gra a Alemania y, finalmente, a Chicago.
TOHARIA, José Juan (1989a): Cambios recientes en la sociedad española (Madrid: Instituto de
Estudios Económicos).
155
JESUS M. DE MIGUEL
RESUMEN
ABSTRACT
The Sociology of Death has not been developed to any great extent in Spain. This paper
analyses the theoretical bases of the Sociology of Death and possible contributions to the
Spanish case. It draws on a qualitative analysis by cohorts in Spain carried out in 1994 and
examines attitudes to old age, care of the elderly, illness (pain and suffering), dying and death.
The analysis differentiates between the death of others and one’s own death, and places special
emphasis on the «last wish», namely how people would prefer to die and the reasons on which
they base this choice. The analysis fundamentally differentiates between cohorts (the generation
of the Civil War, the generation of ’68 and Generation X), and also sex, class and origin. The
paper analyses the various imageries that exist with regard to death. It also presents a basic
programme of research into the Sociology of Death in Spain.
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