0% encontró este documento útil (0 votos)
241 vistas9 páginas

La Neurastenia Literaria

El documento analiza la "neurastenia literaria" en América, donde escribir se hace desde la ciudad y lejos de América real, engendrando una literatura vacía y desarraigada. Los escritores buscan ser reconocidos imitando estilos europeos en vez de expresar lo americano. La literatura se vuelve una actividad superficial que perpetúa el vacío cultural, sin aportar contenido ni penetrar la realidad.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
241 vistas9 páginas

La Neurastenia Literaria

El documento analiza la "neurastenia literaria" en América, donde escribir se hace desde la ciudad y lejos de América real, engendrando una literatura vacía y desarraigada. Los escritores buscan ser reconocidos imitando estilos europeos en vez de expresar lo americano. La literatura se vuelve una actividad superficial que perpetúa el vacío cultural, sin aportar contenido ni penetrar la realidad.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

LA NEURASTENIA LITERARIA3

3 Este artículo apareció en la Revista "Idea'' como La Neurastenia


literaria, Lima, Perú, Año 5, No. 20; Marzo-Abril 1954, p.4.
Kusch, G. Rodolfo. (2008). La negación del pensamiento popular.
Ed. Las cuarenta. Bs. As.
Escribir, en América, es una manera de bucear en el va-
cío la falsa personalidad que somos en la ciudad. Como
no se escribe para el lector, sino para el amigo o para sí
mismo, la profesión literaria es una mera cuestión per-
sonal con la realidad, en la que se procura secretamente
poner en una versión relativamente auténtica, una visión
inauténtica de la realidad. Hacer literatura es asumir una
postura, es colocarse en falso, tergiversarse por un fin muy
simple. Por eso se hace literatura desarraigada, literatura
en el vacío aunque con un elemento a favor y es que se
resume en esta pantomima literaria, y frente a la realidad
-que se da afuera como mera cosa-, toda la fe que se tiene
en sí mismo como sujeto viviente. El escribir auténtico es
una liquidación de esa fe de vida, es poner al lado de las
cosas que ampara la ciudad, esa verdad íntima hecha cosa
que es el libro, el poema, el cuadro o la composición musi-
cal, pero como superación, casi como penetración vital de
la realidad. El intelectual penetra con su verdad personal
de vida la verdad impersonal de la realidad. Pero entre no-
sotros esta penetración se realiza a ciegas, se esquiva en lo
posible lo ajeno, porque se sospecha que también es mera
cosa, el esfuerzo ajeno convertido en muro, una postura
petrificada en el vacío.
Por eso escribir se convierte en una labor de perpetua-
ción, de supervivencia pero no en el plano de la existen-
cia sino sólo en el de la comidilla mítica de la literatura
194 RODOLFO KUSCH LA NEURASTENIA LITERARIA 195

ciudadana. Expresar una situación vista con hondura ya nimiento, para pasar el tiempo y ganar un nombre por el
sería convertir nuestra literatura de la mera cosa en una camino más caprichoso y que resulte a su vez, del punto
literatura movediza e insegura y dejar lugar a una conce- de vista de la forma y del contenido, el más trillado, el más
sión demasiado franca y sospechosa con esta honda in- impersonal, como el que entronca con la línea española,
capacidad de ser americano. De ahí que se pretenda ser la inglesa o la alemana, postergándose indefinidamente el
siempre un literato perfecto pero se concluya en el plano camino de integridad, ese poner sobre el tapete la vida, esa
de la comidilla. suerte de heroísmo literario que han hecho valer a Kafka
Sin embargo subsiste hondamente una cuestión de vida en Alemania, a Rimbaud en Francia.
trunca, de mutilación y algo de venganza contra una rea- Nuestra literatura vive un idilio arcádico, una placidez
lidad que prescinde del individuo, que es demasiado so- paradisíaca en que todo esfuerzo triunfa en tanto con-
fisticada para recoger una verdad personal. Esto engendra cuerda con lo anterior. De que estamos en este plano de
resentimiento, pero como la labor del intelectual no debe ficción lo prueban el hecho de que tenemos escritores sin
ser resentida, porque, de serlo, perdería su derecho a la libros a que en cualquier momento ese affaire privado de
universalidad, es juguetón, busca una realidad falsa en su la literatura puede ser substituido por la política o por la
obra, en la que explota exclusivamente la pureza de estilo, burocracia.
la belleza de la forma, no importándole que todo su idea- La literatura americana es la literatura del vacío. El lite-
rio no salga de un monstruoso lugar común. Se cultiva rato nada ve en el vacío en que yace fuera de esa apetencia
la puntilla literaria, el lugar común expresado con nuevos personal de ver lo suyo en el plano del gran entretenimien-
adjetivos, nuevos giros que dejen pruebas de su ingenio, to que es el mundillo literario. Se esfuerza en continuarlo,
pero siempre cuidando de no rozar la idea que lo condu- pero claro está a costas de su verdad más Íntima. Por otra
ciría automáticamente al resentimiento. parte es siempre ciudadano y desde la ciudad es fácil ver
Y es que el fenómeno común de ser escritor se defor- el vacío, al que apareja una infinitud de temas, helénicos,
ma en América porque se hace literatura desde la ciudad, hindúes o europeos, todo menos americanos. Y como en
o sea lejos de América, en el terreno de la negación de el plano del juego todo concurre a modificar las verdades
América. Se es llevado por el afán de ser lo mejor; pero en que queremos anquilosarnos, la literatura americana
como lo mejor sólo se entiende cuando hay elementos de seguirá en él para no pasar por menos, pero cambiando
comparación, se quiere ser lo mejor en la línea de Gide, periódicamente sus tendencias, siempre de acuerdo al úl-
Sartre o Kafka. timo autor extranjero de moda. Se viven muchas escuelas
La labor literaria se torna así ímproba por la falta inten- porque nada une al intelectual ni lo hace gravitar en su
cional de contenido. Se concluye por escribir por entrete- medio. Se escribe en superficie, en postura y para justifi-
LA NEURASTENIA LITERARIA
197
196 RODOLFO KUSCH

zación y barbarie significa respetar aún la vida, compren-


car esa actitud se recurre a un individualismo desteñido derla en su evolución y por lo tanto concederle su derecho
cuyo fondo no es más que el hondo vacío en que todo ciu- a la supervivencia.
dadano se desplaza y que no va más allá de un no querer Y es que toda definición perturba la sensación natural
escribir por encargo, siempre y cuando no se trate de una que poseemos de la vida como un fluir continuo y placen-
revista importante. tero. Constituye por otra parte una verdad muy antigua
Claro está que ese vacío tampoco tiene mucha firmeza. ésta de que una definición resiente el curso natural de las
Es ante todo la confesión de una defraudación más que de cosas, en el que se desliza nuestro sentir y también lo es el
una realidad. Pero la cultura toda se engendra en América que, en el momento de la definición, la vida retoma nece-
por defraudación. Nuestra historia es precisamente la his- sariamente otro camino.
toria de ese desplazamiento del americano sobre el vacío La definición sobreviene como una detención o como
de América. Es la historia del esfuerzo de encontrar un un último momento de proceso vital que, en ese instante
sentido en América aunque fuera imponiéndolo. Con ya ha agotado la creación en que nos hallábamos empeña-
esta imposición se engendra la falsa cultura sin caer en la dos. La definición es ajena a nuestra voluntad. Se define
cuenta de que se está enceguecido. por necesidad y si la definición no se produce es porque
Pero ¿cuál sería la contraparte del vacío, la que llena al aún no era el momento propicio. Pero así como la defini-
vacío, aquel contenido que haría de la labor de existir en ción brota biológicamente de la vida, ésta pierde su vitali-
América una labor típicamente americana? dad a medida que aquélla alcanza su claridad meridiana e
¿No será este vacío una postura, una incapacidad co- inteligente. Y como en ese punto se desvirtúa a la vida, se
lectiva de parte de la ciudad para encontrar un trasfondo la repudia, ella emprende otro camino.
germinativo a la existencia? Cuando Sarmiento nos habla Y lo bárbaro, tomado como opuesto a la civilización,
de civilización y barbarie roza en este sentido uno de los es una definición a medias porque abarca todo y no opta
problemas mas hondos del desarraigo americano, porque por nada. Sin embargo, bárbara era la fuerza avasallado-
marca precisamente una época decisiva en el conocimien- ra que acometía a la civilización con cierta sed primitiva.
to de lo americano, máxime si incluimos en uno y otro Representaba simplemente lo opuesto y negativo y encar-
concepto algo má~ que su significado directo, hasta darles naba por excelencia lo opuesto a la pólis o al imperium, a
esa categoría antinómica que existe entre la nada y el ser, todos los bienes culturales ya adquiridos. El concepto de
Dios y el Diablo. lo bárbaro suponía un bien cuya estabilidad estaba amena-
Tiene la definición de Sarmiento una virtud capital y zada por fuerzas negativas y por lo tanto debía ser defen-
es que es una definición a medias. Definir como lo hace dido de éstas. Por eso hay en su enunciado una defensa.
Sarmiento a una realidad social por opuestos, como civili-
198 RODOLFO KUSCH LA NEURASTENIA LITERARIA 199

Y de la misma manera lo entiende Sarmiento. Facundo Y Sarmiento es quien primero le da ese sentido de justo
encarnaba lo bárbaro porque amenazaba los bienes de la medio, de cosa habilitada aunque fuera en son de lucha.
civilización que, por extraña paradoja estaban aún en el De ahí que al anteponer a ambos no se descarta a nin-
plano de lo teórico, ya que no se hallaban madurados. guno, sino que se participa de los dos y por formulismo
Tenía un significado simbólico. Una defensa de la luz con- por exigencia se aparenta creer en el que menos partici-
tra las sombras, en tanto éstas eran la negación de la luz, pación tenemos, en este caso, la civilización. No podía ser
aquello a donde ella no llegaba y que encubría una amena- de otra manera. El malón que aún asolaba a los villorrios
za, la probable afrenta de un callejón mal iluminado. situados a pocos kilómetros de la Capital no podía pasar
Pero esta definición negativa de la sombra, es también inadvertido en la teoría.
una definición por limitación y hasta encierra un recono- La definición de Sarmiento implica una actitud dual
cimiento, en cierta manera positivo, de la limitación de que marca un momento definido en nuestra cultura. Es
la luz, de la limitación de la civilización. Cuando se habla el momento de transición entre una actitud que nada
de barbarie se satisface un afán de limitación, se corta de encuentra en América y escribe en el vacío y otra que lo
improviso el mundo social en dos parcelas, por un lado encuentra todo. Es el antagonismo entre Montalvo en el
Facundo y por el otro Buenos Aires, queda por un lado pasado y Miguel Ángel Asturias en el presente, que en
la sombra y por el otro la civilización, o sea que se man- la política se da entre los gobiernos de ficción, ejercidos
tiene una oposición similar a la que existe entre la nada y por familias y terratenientes y los otros mantenidos por
el ser, pero no sin dejar de lado el recóndito temor de que caudillos sangrientos. Literariamente es la división entre
ambos pueden tener una zona de transición en la que se los que escriben desde fuera de la vida y los que lo hacen
pueden tergiversar. En esta actitud de limitar a uno y a desde adentro de ella. Es la escisión entre una literatura
otro se desliza una mínima sospecha de que la civilización, antibárbara, absolutista por reacción y otra bárbara en el
o sea Buenos Aires, no lo es todo, que hay en ella algo de mejor sentido. Es la alternancia, la vibración continua y
monotonía en un orden pensado en términos demasiado trágica de América entre los dos equivalentes en la época
lógicos por no decir bárbaramente lógicos. Por esta razón del Descubrimiento, Colón y los indios que luego se tra-
resulta que cuando se habla de barbarie se atribuye a la ducen en Santa Cruz y Belzú, Rivadavia y Rosas, Iturbide
luz alguna intrínseca ficción y que la creación del concep- y Juárez.
to de luz o civilización o Buenos Aires responde apenas a Con esta sospecha situamos a Sarmiento firmemente
una necesidad primordial, por parte de la razón, de crear en el tiempo. Sarmiento ocupa en nuestro país aquel pa-
diferencias y límites para encajonar al mundo es su justo saje de una actitud absolutista frente al destino profundo
medio, de tal modo de poder encontrar en él un sentido. de América, a una actitud de reconocimiento de la barba-
200 RODOLFO KUSCH LA NEURASTENIA LITERARIA 201

rie. Él ocupa el punto medio entre ambas actitudes. Es un lo americano fue siempre una realidad aparte. El suelo
poco antibárbaro por un lado, pero bárbaro por el otro esquivo aumenta la desazón primordial y la falta de tie-
aunque a regañadientes y por seducción. Sarmiento es rra en que asentarse hace que el tema se importe o que
uno de los primeros pensadores que presienten en la bar- se haga literatura de turista. Es el caso de Montalvo que
barie una fuerza seductora, porque si no no habría sido llena el vacío con la continuación del ~jote en un país
rotundamente absolutista. sin quijotes, y que en el plano político vive la mentira del
La América elaborada desde la Conquista, que se orden en un país que aún no se había ordenado. Es el caso
crea en la guerra de la Independencia hasta la aparición de Rómulo Gallegos que con su Doña Bárbara pretende
de los primeros caudillos debía por seducción dar lugar hacer literatura americana cuando en verdad está plaga-
a una justificación aunque negativa de lo bárbaro. Y con da de actitudes que denotan todo lo contrario como su
Sarmiento -que la da- se socavan los fundamentos de costumbrismo anecdótico, la conciencia elemental de
la América definitiva, creada por aquéllos que actuaban un orden social creado a priori mediante una constitu-
desde el terreno de una verdad europea, formal, puesta ción sin nacionalidad, personajes jerarquizados según la
en América. Es la América sin destino, planificada por el simpatía ciudadana y con cierto interés de turista, expre-
hombre, o sea con un destino creado sobre el vacío, en una siones típicas diseminadas ad hoc a lo largo del texto con
América sin contenido, sin mestizos, sin indios, ni euro- una estrategia de político ciudadano pero callejero y, por
peos desheredados, como lo soñaran Echeverría, Moreno, encima de todo, un fin primario, demasiado directo que
Rivadavia, Bello, Montalvo o Martí. Estos zambullen en pone de manifiesto una intención catequizante. En resu-
ese prejuicio de lo americano, como en un vacío, como en men se trata de un trabajo de acumulación, de i11tencio-
una realidad incontrolable -que es lo mismo-, la forma nes, de mero ensayo novelado en el que falta una síntesis
de un país, modelado en el aire según el prejuicio del pro- interior que sólo puede ser dada por la conciencia de una
greso ilimitado, según aquella idea que supone a la cultu- nación realmente formada desde dentro. Esto ocurre aun
ra como un elemento, una cosa trasladable, sin caer en la en el plano del indigenismo como el de Ciro Alegría. La
cuenta de que ese concepto es un prejuicio meramente eu- situación de El mundo es ancho y ajeno es la misma aun-
ropeo, una consecuencia de la esplendorosa evolución de que a la inversa. En todas las páginas persiste la supresión,
la civilización occidental que, por motivos de decadencia, el desplazamiento de la verdadera realidad, la afirmación
ya en aquella época esta tomando demasiada conciencia en cambio de prejuicios de clase media ciudadana y ame-
de su valer. ricana atribuidos insensatamente al indio. Y es que en el
Y esta conciencia desarraigada se refleja en una litera- fondo de toda literatura americana es una literatura del
tura de supresión facilitada por el hecho de que el sue- vacío en la que se vuelca sólo el plano ideal del escritor, los
202 RODOLFO KUSCH LA NEURASTENIA LITERARIA 203

prejuicios colectivos que lo animan -que hace a su litera- cultiva aún hoy en día entre nosotros, al obrar lejos de la
tura eminentemente crítica y social- pero carece de aquel barbarie o sea de la vida, mutila a ésta y engendra una lite-
clima que da el creador que se reconoce en su suelo y en su ratura de privación y de huida. La prescindencia de la vida
tiempo. Se escribe en el plano del deber ser, de la creación trae consigo la angustia o mejor dicho refuerza la con-
pura sin valoración del individuo, esa valoración y ese am- ciencia del vacío. Con la prescindencia de la vida se aísla
biente general de densidad humana que torna a Goethe el vacío en que se vive, se lo delimita conceptualmente, la
alemán o a Eliot profundamente anglosajón. postura literaria se convierte en enfermedad, se reconoce
Pero en esta forma negativa de encarar la realidad hay, como tal y una angustia primordial abisma al individuo
sin embargo, expresada un germen de seducción de la bar- en una gradual desconexión con el mundo que termina
barie que no se confiesa y que por eso mismo, porque no por negar al fin toda verdad, por falta de fe.
se confiesa, se tra_ruforma -paradoja humana- en todo lo Se pasa así del plano del absolutismo literario al de la
contrario. Pero la oposición o la descripción objetiva ya es neurastenia literaria que es el de la seducción llevada a la
una forma de aceptación de la barbarie. Y es que la barba- conciencia, una especie de suicido moral y que por ello
rie seduce por una ley atávica. Ello tiene que ocurrir pre- mismo se mantiene en el plano de lo absoluto. La facilita
cisamente en una generación que partía de lo absoluto o la desazón que vive el mundo europeo, que precisamente
sea de lo más antagónico respecto de lo bárbaro. El meca- dio los elementos formales para encuadrar la desazón más
nismo exterior de esta seducción está en que la postura ab- honda que vive el intelectual americano. El romanticis-
solutista es desmentida por la realidad. A partir de aquí se mo, primero, luego el simbolismo, el vanguardismo pari-
inicia el proceso dialéctico en que los absolutistas sienten siense de posguerra y finalmente Nietzsche, Kafka, Sartre,
que los bienes que tenían entre manos son falsos y por lo Heidegger abren el camino formal al miedo original de
tanto les nace la sospecha de que en el terreno de la litera- ser americano, que los absolutos, los literatos de supresión
tura, de la ciencia, del derecho, de la nacionalidad se está -los Rodó, Sarmiento, Rubén Daría, Montalvo, Marti-,
en el punto cero o sea en tren de definición. De ahí que la habían sorbido del mundo heleno, primero, luego de los
incorporación de lo bárbaro al lenguaje de Sarmiento ya clásicos españoles y franceses y ahora el juego parisiense
constituye el primer impacto que la verdad y el destino de de la literatura francesa. Ahora bien, ¿en qué consiste esta
América incrustan en la ciudad europeizante. neurastenia literaria, esta actitud mental que vino descom-
Pero basta pensar que la barbarie es la prolongación de poniéndose desde Sarmiento hasta ahora y sin embargo se
la vida, su perpetuación, o sea que la negación de ella tiene halla hondamente influida por la barbarie?
que llevar necesariamente a la frustración. La prueba está La negatividad de la neurastenia literaria estriba en que
en que la literatura antibárbara que aún siguió en pie y se todo el talento se alimenta de un futuro perpetuamente
204 RODOLFO KUSCH LA NEURASTENIA LITERARIA 205

negado porque se sabe que el país no puede ser pensado La neurastenia literaria se hace doblemente grávida en
en función de los elementos de diagnóstico de que se sir- nuestra ciudad porque la vida se prolonga infinitamente
ve Europa. Pero se mantiene en la misma base en que se más allá de ésta en selvas, llanos y montañas. De ahí que la
alimenta al absolutismo: porque acepta la ciudad, aunque vida, todo aquello que pudiera traer la verdad de América,
la precisa como un mal. A la ciudad la entroniza como un sobreviva en la ciudad como neurastenia cuando alinea en
fin primordial, porque sólo en ella ve la posibilidad de un las calles y se aplasta en casas cúbicas, inexpresivas y silen-
espíritu también negado por principio. ciosas, cuando los atardeceres angustiosos de otoño, cuan-
La literatura de desazón cuenta con la ciudad precisa- do simplifica y brutaliza a un burócrata o cuando se hace
mente porque constituye frente a la vida una enfermedad proselitismo sin ideales concretos. Se piensa en la vida pe-
necesaria y paradójica. La ciudad faculta al intelectual a riféricamente, en forma epidérmica, superficial y cuando
prescindir de toda afirmación que no sea negativa, ya que se la toma en cuenta sólo se la convierte en una cuestión
con la neurastenia, que ella engendra, éste vive en el futu- formal o libresca. Y cuando se la quiere vivir hondamente,
ro la perpetua negación del presente. O, mejor dicho, ve pero sólo en la ciudad, es neurastenia o sea que confiesa
el futuro desde lo que tiene de exclusivamente negativo al por una razón biológica su falta de sentido, aunque parez-
presente, por lo que la desazón encuentra una fuente de ca demostrar lo contrario.
infinitos recursos para su supervivencia. Pero esta actitud neurasténica que trae consigo la ciµ-
La neurastenia literaria es una simple seducción del dad americana, por su misma desconexión de América,
presente o, también, la confesión de un ideal inconfesa- tiene por base cierta actitud femenina porque espera una
ble que se vuelca entre tinieblas, como escatimando con conmoción que la resuelva. El motivo de esta neuraste-
balbuceos infantiles, una verdad demasiado elemental. nia literaria es la barbarie que la engendra a partir de la
Y como nada hay más opuesto que campo y ciudad en actitud absolutista. La literatura a la Rodó, a lo Oribe, a
América, esta oposición misma lleva al refugio definitivo lo Vasconcelos, o sea literatura de definiciones absolutas,
en la ciudad, su encumbramiento como fin máximo, sin alimenta por extenuación a la neurastenia literaria, me-
que, el que lo haga, caiga en la cuenta que está cometien- jor dicho es, en segunda generación, neurastenia literaria,
do un acto ficticio por excelencia, precisamente cuando como último período de una literatura de ciudad.
parece estar empeñado en una cruzada de revisionismo Triunfantes las fuerzas de lo absoluto en política, des-
americanista. Una ciudad como simple refugio no puede aparece la barbarie de la conciencia ciudadana. Pero con
coexistir con la vida, ni puede ser exhaustiva como la vida, ello se acrecienta el sentimiento del vacío, las fuerzas de la
sino ser un lugar de llanto, de negación y de abulia metafl- negación se liberan y el literato cae en la neurastenia. Ella
sica -y eso más que nada en la ciudad americana. es por decir así el segundo momento del drama america-
206 RODOLFO KUSCH

no, el segundo acto de este drama por su cultura que co­


tiza a la manera europea aún. La experiencia vital, inme­
diata y absolutista de Sarmiento se convierte en drama en
Ezequiel Martínez Estrada pero entra, finalmente, en un
callejón sin salida en nuestros jóvenes. Si Estrada repre­
senta el reconocimiento de ese desenlace metafísico del
drama americano, la juventud neurasténica lo escenifica,
lo utiliza y finalmente lo concluye. Lo lleva a la conciencia
con un presunto optimismo trágico que no es más que la
última y más contundente forma de la neurastenia lite­
raria. Consume precisamente el despliegue profundo del
problema que hace Estrada, con atisbos de profunda afir­
mación americana, ante la gran conmoción pero la enma­
raña con el individualismo estéril que entraña la postura
neurasténica a la europea, y pierden al fin toda probabili­
dad de salvación. La prueba está en que de la neurastenia
no es posible salir porque encarna una profunda falta de
fe en la barbarie. No comprenden que es preciso permu­
tar la negación de la barbarie, que asedia la ciudad mis­
ma, por la fe en ella porque, en caso contrario, queda en
ese terreno a lo más una especie de inanición literaria que
desembocará probablemente -como ocurrió siempre- en
el costumbrismo literario si no en el suicidio moral del
folletín o en las novelas con conflictos parisienses.

También podría gustarte