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Jurisprudencia sobre la responsabilidad
internacional del Estado por omisión. Reflexiones
a partir del caso de los homicidios y desapariciones
de mujeres y niñas en ciudad Juárez, México
DERECHO INTERNACIONAL
Enero de 2007
En el presente documento se reproduce fielmente el texto original presentado por el autor, por lo cual el contenido, el estilo y la
redacción son responsabilidad exclusiva de éste. D. R. © 2007, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de
Investigaciones Jurídicas, Circuito Maestro Mario de la Cueva s/n, Ciudad de la Investigación en Humanidades, Ciudad
Universitaria, 04510 México, D. F. v Venta de publicaciones: Coordinación de Distribución y Fomento Editorial, Arq. Elda
Carola Lagunes Solana, Tels. 5622-7463/64 exts. 703 o 704, fax 5665-3442.
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CONTENIDO
l. Introducción ............................................................................................................................ J
II. La Comisión General de Peticiones entre México y los Estados Unidos ............................. 6
V. Epílogo ................................................................................................................................ 24
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JURISPRUDENCIA SOBRE LA RESPONSABILIDAD INTERNACIONAL DEL ESTADO POR OMISIÓN
I. INTRODUCCIÓN
El presente artículo es una reflexión sobre la responsabilidad internacional del Estado por omi-
sión, a partir del análisis y estudio de algunos casos relevantes que nos proporciona la jurispru-
dencia internacional. Asimismo, el presente trabajo tiene su origen en la necesidad de explicar la
posible responsabilidad del Estado por negligencia u omisión ante las violaciones a los derechos
humanos de las mujeres y niñas asesinadas y/o desaparecidas en Ciudad Juárez, México.
Entre 1993 y 2006 han tenido lugar en esta ciudad fronteriza una serie de homicidios y
desapariciones de mujeres. Las cifras sobre el número de mujeres asesinadas y/o desaparecidas
varía, según provengan de organismos e instituciones vinculadas al Estado mexicano, de orga-
nismos internacionales encargados de la protección de derechos humanos, o bien, de organiza-
ciones no gubernamentales (ONGs). Así, por ejemplo, la Comisión Nacional de Derechos Hu-
manos reporta en su informe especial, 263 homicidios y 40 desapariciones 1; la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos (en adelante la Comisión IDH), señala en su informe es-
pecial que se detectaron 268 homicidios y 257 reportes de mujeres desaparecidas 2; Amnistía In-
ternacional reporta 370 mujeres asesinadas y 70 desaparecidas 3; por su parte, la organización no
gubernamental denominada Nuestras Hijas de Regreso a Casa (NHRC) creada por familiares de
las víctimas, reporta más de 430 homicidios y 600 desapariciones 4. Más allá de estas cifras, lo
cierto es que podemos hablar alrededor de trescientos homicidios de mujeres y decenas de desa-
parecidas, lo que ha hecho de este caso, uno de los sucesos más graves de violación de los dere-
chos humanos en la historia reciente de México.
Como decía, la Comisión IDH ha emitido un informe especial en el que ha expresado con
toda claridad una serie de recomendaciones al Estado mexicano sobre estos terribles aconteci-
mientos 5. Asimismo, del total de homicidios y desapariciones de mujeres en Ciudad Juárez, cin-
co casos han sido admitidos para su examen en cuanto al fondo por la Comisión IDH, pues la
mayoría de los familiares de las víctimas se han visto impedidos de hacer llegar sus peticiones
ante el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, principalmente porque carecen de recur-
sos para ello.
De esta forma, con base en los artículos 46 y 47 de la Convención Americana, la misma
Comisión IDH ha admitido cinco casos, correspondientes a Esmeralda Herrera Monreal (15
años), Claudia Ivette González (20 años), Laura Berenice Ramos Monarrez (17 años), Paloma
Angélica Escobar Ledezma (16 años) y Silvia Arce (29 años). Los tres primeros casos admitidos
por la Comisión IDH en 2005, corresponden al triste y paradigmático caso del predio baldío de
Ciudad Juárez, en donde aparecieron 8 cuerpos sin vida entre el 6 y 7 de noviembre de 2001 6.
Los casos de Paloma Escobar y Silvia Arce fueron admitidos por la Comisión IDH en 2006.
1
Véase, http://www.cndh.org.mx/lacndh/informes/espec/espec.htm
2
Véase, http://www.cidh.oas.org/annualrep/2002sp/cap.vi.juarez.htm
3
Según se indica en la introducción del Informe Especial de la Comisión Nacional de Derechos Humanos,
nota 1.
4
Véase, http://www.mujeresdejuarez.org/
5
El informe puede consultarse en http://www.cidh.oas.org/annualrep/2002sp/cap.vi.juarez.htm
6
La admisión de estos casos para su examen de fondo por la Comisión IDH, pueden examinarse en las siguientes
direcciones electrónicas: el caso de Esmeralda Herrera en www.cidh.oas.org/annualrep/2005sp/Mexico282.02sp.
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Los cinco casos fueron admitidos por la Comisión IDH para efecto de examinar la su-
puesta violación de derechos humanos, en particular de los artículos 2, 4, 5, 7, 8, 11, 19 y 25 de
la Convención Americana, en conexión con el artículo 1(1) de ese mismo instrumento; así como
de los artículos 7, 8 y 9 de la Convención de Belém do Pará. Al momento de enviar el presente
artículo a prensa, los cinco casos siguen siendo examinados en la Comisión IDH en cuanto al
fondo. En el supuesto de que la Comisión IDH determine que es probable la comisión de viola-
ciones a los derechos humanos, los cinco casos o cualquiera de ellos, podrá ser turnados a la Cor-
te Interamericana de Derechos Humanos (en adelante la Corte IDH) para que resuelva en defini-
tiva si hubo violaciones de derechos humanos.
Por no ser este el lugar para desarrollar los temas relativos a la competencia de la Comi-
sión IDH y de la Corte IDH, y sólo a manera de introducir al lector que no estuviese versado en
estos asuntos, diré lo siguiente. Dentro del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, la
Corte IDH es la única competente para determinar si existió violación de derechos humanos. Para
que la Corte IDH pueda ejercitar su jurisdicción contenciosa en un caso, el Estado acusado de
haber violado un derecho humano no sólo debe haber ratificado la Convención Americana, sino
además haber aceptado la jurisdicción contenciosa de la Corte. En el caso que nos ocupa, México
ha cubierto los dos requisitos, pues no sólo ha suscrito la Convención, sino que además ha acep-
tado la jurisdicción de la Corte. Las víctimas individuales de una violación de derechos estable-
cidos en la convención no tienen derecho legal o legitimidad para llevar su caso ante la Corte,
sólo lo puede hacer a través de la Comisión IDH. Ningún caso contencioso puede ser llevado a
la Corte hasta que la Comisión IDH lo hubiese examinado antes, y haya determinado que existen
elementos suficientes para presumir la violación de derechos humanos. Por esto último es tan
importante la función que sobre el estudio de fondo haga la Comisión IDH. Finalmente, si la
Corte IDH llegara a concluir que el Estado ha participado en la violación de derechos humanos,
declarará la responsabilidad del Estado y determinará la reparación o indemnización correspon-
dientes.
Dicho lo anterior, sólo nos resta esperar que la Comisión IDH se pronuncie sobre los cin-
co casos de mujeres y niñas asesinadas o desaparecidas y, en caso de que éstos lleguen a la Corte
IDH, esperar a que ésta emita su veredicto. Seguramente, la resolución de estos casos serán de la
mayor importancia, no sólo para México, sino para la protección integral de los derechos huma-
nos de las mujeres en la región americana.
Desde luego, en el caso de Ciudad Juárez, el estudio sobre la responsabilidad del Estado
plantea un problema evidente: no se ha probado hasta el momento que el Estado, a través de sus
funcionarios, hubiese participado en la violación de los derechos humanos de las mujeres asesi-
nadas y desaparecidas. Más aún, en la investigación de los hechos, ha sido constante la hipótesis
de que los homicidios y las desapariciones de mujeres pudieron haber sido perpetrados por gru-
pos vinculados a la delincuencia organizada, lo que supondría la realización de hechos delictivos
y la violación de derechos humanos por particulares. Derivado de este problema, las preguntas
que deberíamos hacernos es si el Estado puede ser responsable por el actuar de particulares cuan-
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do ello implica violación a los derechos humanos, y si la respuesta fuera afirmativa, bajo qué
condiciones podría ser responsable.
Desde luego que el Estado sí puede ser responsable cuando los particulares hayan come-
tidos hechos que impliquen violaciones a los derechos humanos, la jurisprudencia internacional
ha sido constante al respecto, como veremos más adelante. Ahora bien ¿bajo qué condiciones
puede ser responsable de los hechos realizados por particulares? Cuando los tolera o permite que
se lleven a cabo, lo cual puede constituir una responsabilidad internacional por omisión. En efec-
to, la violación a los derechos humanos por omisión tiene lugar cuando el Estado deja de cumplir
con las responsabilidades que tiene a su cargo para hacer efectivos esos derechos. Es decir, aún
cuando la violación de los derechos humanos no puede ser percibida con la misma nitidez, cuan-
do el Estado deja de cumplir con sus deberes, deberes que están precisamente referidos a la pro-
tección de los derechos humanos de su población, tiene lugar la violación de esos derechos por
omisión.
En efecto, en el caso de Ciudad Juárez, desde el principio había una línea de trabajo que
podía dirigir nuestra investigación: en la gran mayoría de los casos de homicidios y desaparicio-
nes de mujeres, las investigaciones del ministerio público y los procesos judiciales, no habían
podido determinar quiénes eran los responsables: la impunidad era evidente y ello suponía una
probable responsabilidad del Estado. Al respecto hay que decir que la investigación de los delitos
y la imposición de las penas, a través de juicios que cumplan con las formalidades del procedi-
miento es, hasta el día de hoy, un deber estatal. Y lo seguirá siendo mientras la comunidad inter-
nacional esté conformada principalmente por Estados nacionales, y las unidades políticas funda-
mentales para resolver los diversos conflictos que tienen lugar al interior de las naciones, sigan
siendo los Estados. Que el Estado sea el responsable primordial para administrar justicia, es un
hecho que no se modificara en el futuro previsible, no obstante que la globalización haya traído
consigo una incesante acumulación de poder en las organizaciones y los corporativos privados.
Ello será así, por lo menos para nuestra generación y la siguiente.
Así es, no obstante el intenso fenómeno de la globalización, en el futuro previsible los Es-
tados nacionales seguirán siendo las principales unidades políticas al interior de los cuales tendrá
lugar la acción pública de la mayor parte de los seres humanos. Es por ello que es indispensable
que las mujeres, las minorías etnoculturales y los grupos en desventaja accedan, dentro del Esta-
do nacional en el cual se encuentran ubicados, a las libertades y derechos básicos, en igualdad de
condiciones a como lo hacen los integrantes de la sociedad predominante. Esta es, indiscutible-
mente, la primera regla que debe garantizar todo Estado que se precie de respetar las libertades y
derechos esenciales.
Estos derechos básicos son, en esencia, los siguientes: el derecho a la vida, a la integridad
y seguridad personal, el derecho a la libre expresión, el derecho a la libertad de pensamiento, de
tránsito, de asociación; el derecho a acceder a las libertades políticas básicas (derecho a votar y
ser electo), el derecho a la propiedad, al trabajo y aun salario digno, así como el derecho a ser
escuchado en juicio para defenderse y la libertad de no ser detenido arbitrariamente, sin que me-
die un juicio justo y conforme a las reglas esenciales del procedimiento.
Ahora bien, ¿qué sucede cuando algunos de estos derechos y libertades fundamentales no
son respetados, como ha tenido lugar en el caso de las mujeres asesinadas y desaparecidas en
Ciudad Juárez? ¿qué mecanismos institucionales de protección tenemos cuando a las mujeres no
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se les garantiza el acceso a estas libertades y derechos básicos? Al respecto, podemos decir que
como en teoría cualquier Estado debe asegurar el acceso a esos derechos y libertades básicas para
todos los integrantes de su sociedad política, lo primero que debemos hacer es preguntarnos por
los mecanismos de tutela de los derechos fundamentales que posee ese Estado, mismos que pue-
den ser muy variados según la naturaleza particular de cada sistema estatal. Sin embargo, es fre-
cuente que semejantes mecanismos de protección no operen u operen en condiciones deficientes,
como ha sucedido en el caso de los homicidios y desapariciones de mujeres en Ciudad Juárez,
pues hasta la fecha en la mayor parte de ellos no se ha podido determinar quiénes son los respon-
sables. Cuando esto sucede, se puede acudir a las instancias internacionales y exigir al Estado
una responsabilidad internacional por aquellas omisiones en los que hubiese incurrido, y que fue-
ron causa directa o indirecta de la violación de los derechos y libertades básicas de las mujeres.
Ahora bien, es en la arena internacional más que en los sistemas jurídicos nacionales,
donde se dieron los primeros pasos para la protección de los derechos humanos no sólo de las
mujeres, sino también de las minorías etnoculturales y de los grupos en desventaja, en particular
en el área del derecho internacional de los derechos humanos. Para algunos, la construcción de
estos mecanismos de protección ha sido lenta y no ha tenido la celeridad que merece, sin embar-
go, tales avances son importantes, y van conformando una doctrina y una práctica jurídica inter-
nacional de protección de tales grupos. Más aún, los Estados nacionales poco a poco han ido in-
tegrando tales pautas internacionales de protección a su derecho interno. Así ha venido
sucediendo en Latinoamérica, por ejemplo, con la incorporación de los derechos de los pueblos
indígenas en sus sistemas constitucionales 7.
No sería exagerado señalar que los Estados nacionales han tenido un ritmo más lento -en
comparación con el derecho internacional-, para la construcción de mecanismos institucionales
que procuren la defensa de las libertades y los derechos básicos de estos grupos. En efecto, nor-
malmente han sido los Estados nacionales quienes han ido integrando a su derecho constitucional
interno, una buena parte de la discusión que ya había tenido lugar en los foros internacionales
sobre la protección de los derechos básicos. Ha sido la justicia internacional, y en particular, la
jurisdicción internacional en materia de derechos humanos, la que ha marcado el ritmo para la
formación de la jurisprudencia protectora de los derechos de los grupos más vulnerables.
Por lo que respecta a la responsabilidad internacional por omisión o negligencia del Esta-
do, ésta también se ha ido formando recientemente en la doctrina y la práctica internacionales,
misma que durante la primera mitad del siglo XX, estaba prácticamente restringida a la repara-
ción de daños a favor de los extranjeros, que hacían negocios o se encontraban de paso en otros
Estados nacionales. Normalmente, en estos casos, el Estado era responsable por denegación de
justicia, ya que no realizaba todas las diligencias necesarias para determinar la responsabilidad de
quienes cometían algún delito en contra de los extranjeros, ni para reparar los daños correspon-
dientes. Este fue el caso de la Comisión General de Peticiones entre México y los Estados Uni-
dos, uno de los antecedentes más importantes sobre responsabilidad internacional del Estado por
omisión, como veremos más adelante.
7
Véase, Van Cott, Donna Lee, The friendly liquidation of the past: the politics of diversity in Latin America,
University of Pittsburg, Estados Unidos, 2000. Para el estudio particular de cómo Colombia ha ido integrando las
directrices emanadas el derecho internacional, se puede consultar, Castrillón Orrego, Juan Diego, La dinámica inter-
nacional y nacional en la formación de los derechos indígenas: el caso Colombia, México, UNAM-IIJ, 2006.
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8
Steiner, Henry J., y Alston, Philip, International Human Rights in context, Reino Unido, Oxford University
Press, pp.83-84
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ciones que, por ejemplo, pudiese dirigir un Estado X en contra de un Estado Y. Más bien com-
prendían litigios que surgían de las reclamaciones que un ciudadano de X podría dirigir contra el
gobierno de Y. Por ejemplo, un ciudadano de X podía reclamar que el Estado Y había afectado
sus propiedades, o le hubiese encarcelado, sin juicio o sin causa justificada. Normalmente el ciu-
dadano de X había agotado los recursos internos que ofrecía el Estado Y para reclamar el respeto
de sus derechos, recursos que se habían probado insuficientes o inútiles para resolver sus recla-
maciones. En ese caso, el ciudadano de X, podía solicitar la protección de su Estado y acudir al
arbitraje correspondiente. Este derecho de la responsabilidad estatal, claramente implicaba que la
conducta reclamada fuese atribuida en última instancia por acción u omisión al Estado 9.
Los casos Caire, Massey y James, los tres derivados de sendas reclamaciones de los Esta-
dos Unidos en contra de México, son ilustrativos de las reclamaciones que se ventilaron en la
Comisión General de Peticiones. En estos casos, se reclamaron al gobierno mexicano una serie
de reparaciones a favor de ciudadanos estadounidenses que habían sido afectados por el conflicto
social que tuvo lugar en México por esa época.
En el caso Caire, un capitán y un mayor de las fuerzas convencionistas que controlaban
una parte del territorio mexicano durante la revolución, exigieron al señor Caire dinero bajo
amenaza de muerte. Cuando el dinero no llegó, los oficiales revolucionarios ordenaron la muerte
y fusilamiento de su victima. En su momento, Verzil, Presidente de la Comisión de Peticiones,
dijo que “el Estado también es responsable internacionalmente por los actos cometidos por sus
oficiales y órganos, siempre y cuando tales actos sean delictivos conforme al Derecho Internacio-
nal. Ello con independencia de si el oficial o el órgano ha actuado dentro de los límites de su
competencia o ha excedido tales limites(…)”. 10
Sin embargo, fue en del caso Massey, donde podemos apreciar una clara responsabilidad
por omisión. En este caso, los Estados Unidos recobraron a favor de los deudos una cantidad
monetaria que ascendía, en ese entonces, a la suma de quince mil dólares. Esto en virtud de la
ineficiencia de las autoridades mexicanas para tomar mediadas adecuadas y castigar al asesino de
Massey, quien era un ciudadano de los Estados Unidos que se encontraba trabajando en México
(la reclamación fue interpuesta en representación de la viuda y de los dos hijos menores de Mas-
sey).
Entre otros aspectos, el comisionado Nielsen, encargado de la investigación del caso
Massey estableció “(...)que es un principio general e importante que cualquier comportamiento
indebido por parte de personas al servicio del Estado, cualquiera que sea su estatuto particular
bajo el Derecho interno, y que resulte en la falta de cumplimiento por parte del Estado de sus
obligaciones de Derecho Internacional, debe ocasionar la responsabilidad del Estado por los ac-
tos indebidos de sus servidores” 11. En la resolución, también se argumentó que los actos de vio-
lencia cometidos por los oficiales policíacos y todas aquellas fallas existentes para sancionar a
los culpables, también darían como resultado la responsabilidad del Estado, lo que sentaba las
bases iniciales de la responsabilidad por omisión. Asimismo, se estableció que la distinción entre
oficiales de mayor o menor jerarquía no tiene mayor importancia para la adscripción de respon-
9
Ibidem, pp. 81-82
10
Brownlie, Ian, Principles of Public International Law, Oxford, Claredon Press, Reino Unido, 1979, Tercera
edición, p.450. (La traducción es mía).
11
Ibidem, pp.447 (La traducción es mía)
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sabilidad por parte del Estado. En cualquier caso, corresponderá a la disposición jurídica relevan-
te según el caso, establecer si la responsabilidad proviene de los actos de un oficial, o bien de la
insuficiencia de medidas tomadas por otro órgano estatal para lidiar con las consecuencias del
acto de ese oficial 12.
En otro claro ejemplo de responsabilidad por omisión, en el caso James los Estados Uni-
dos presentaron un conjunto de reclamaciones basadas en el fracaso de México para tomar las
medidas adecuadas y aprehender al asesino de un ciudadano americano. La resolución determinó
responsabilidad en virtud de los daños causados a los deudos de la víctima y, en consecuencia,
concedió compensaciones para los familiares de James por la “indignidad” causada por la ausen-
cia de castigo para el criminal 13.
Con el tiempo, la Comisión General de Peticiones establecida entre México y los Estados
Unidos, y los arbitrajes que en ella tuvieron lugar, sentarían las bases para el desarrollo del dere-
cho sobre la responsabilidad internacional del Estado por daños causados a los extranjeros que se
encontraban en territorio de otro Estado, una rama del derecho internacional que más tarde se en-
contraría entre los predecesores del derecho internacional de los derechos humanos. Esta naciente
responsabilidad del estado por omisión, normalmente referida a casos de denegación de justicia
en contra de extranjeros, comenzó a modificarse sustancialmente a partir de la Segunda Guerra
Mundial 14. Los terribles acontecimientos que desencadenó esta conflagración mundial, hicieron
mucho más sensible a la comunidad internacional de la necesidad de prever e inclusive, detener a
los Estados nacionales cuando emprendieran acciones encaminadas a violar los derechos huma-
nos no sólo de los extranjeros, sino de también de segmentos de su población. Desde entonces,
lenta pero constantemente, se ha ido configurando una teoría de la responsabilidad internacional
del Estado por omisión que, en buena medida, tiene su origen en la jurisprudencia internacio-
nal que diversos tribunales internacionales han expedido.
12
Idem
13
Ibidem, p.464
14
Entre otros aspectos, la evolución de la responsabilidad internacional del Estado es muy bien examinada en
Aguiar, Asdrúgal, Derechos humanos y responsabilidad internacional del Estado, Venezuela, Monte Ávila Editores
Latinoamericana-Universidad Católica Andrés Bello, 1997.
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dos de ellos se impactaron con minas explosivas que les causaron importantes daños materia-
les, así como la muerte de algunos marinos. Algunas minas fueron extraídas del mar y examina-
das: eran minas Alemanas. Meses después, el Reino Unido demandó ante los tribunales interna-
cionales la reparación de los daños y una indemnización para los familiares de los marinos muer-
tos. Al respecto, Albania alegó que ella no era la responsable de haber plantado las minas, pues
evidentemente fueron puestas en su mar territorial por Alemania durante la Segunda Guerra
Mundial. Más tarde, Albania alegó que tampoco había tenido conocimiento de que esas minas
estuvieran en su mar territorial.
No obstante los argumentos esgrimidos por Albania, la Corte Internacional de Justicia
consideró que para efectos de la responsabilidad del Estado, era irrelevante que las minas hubie-
sen sido plantadas por los alemanes años atrás, pues el sólo hecho de que las minas se encontra-
ran en el mar territorial de Albania, suponía que este país debía tener conocimiento de semejantes
hechos. En este sentido, el hecho alegado por Albania de que no se había percatado de que las
minas se encontraban en su mar territorial, no la eximía de la responsabilidad correspondiente.
Semejante omisiones implicaron la responsabilidad internacional de Albania, y la Corte llegó a la
conclusión de que Albania era responsable, ante el derecho internacional, de las explosiones que
habían tenido lugar. De lo anterior, derivó la obligación de Albania de pagar compensaciones al
Reino Unido, tanto de la pérdida de vidas como de los daños sufridos en los navíos.
En el caso Corfu Channel, el tema de mayor relevancia para la Corte fue determinar si
había tenido lugar o no la violación a un deber, pues ello otorgaría contenido a la imputabilidad.
De esta manera, la responsabilidad de Albania no residía en si había o no plantado las minas,
sino el hecho de que no había cumplido con su deber de advertir a los barcos británicos sobre la
posible existencia de minas en su mar territorial. Así las cosas, aún cuando Albania alegó que no
dio aviso a los navíos pues desconocía que esas minas hubieran sido plantadas en su mar territo-
rial, ello no fue suficiente para eximirla de su responsabilidad. La Corte señaló que en virtud de
tratarse de su mar territorial, se presuponía que debió tener conocimiento de que las minas habían
sido plantadas.
En consecuencia, la base de la responsabilidad fue el hecho de que Albania debió saber
sobre la plantación de minas, pues la Corte consideró que éste “había sido probado a través de
evidencias indirectas, pues Albania debió tener conocimiento de la plantación de minas en su mar
territorial, independientemente de que existiera cualquier colaboración de su parte en esta opera-
ción”. En el mismo sentido, la Corte concluyó que la plantación de minas “no pudo haber tenido
lugar sin el conocimiento del gobierno de Albania” y señaló que “cada Estado tiene la obligación
de no permitir, teniendo conocimiento de ello, que su territorio sea usado para actos contrarios a
los derechos de otros Estados” 15. En síntesis, fue el hecho de que Albania supiera de la planta-
ción de minas y no diera aviso de ello, lo que constituyo la condición indispensable para acreditar
la responsabilidad del Estado por omisión, ya que en el juicio se colocó a Albania bajo el deber
de asumir los cuidados razonables para descubrir las actividades de aquellos sujetos que hubiesen
entrado en su territorio sin su permiso.
Otro sentencia relevante para determinar la responsabilidad internacional del Estado por
omisión, es el Caso del personal diplomático y consular americano en Teherán, juzgado por la
Corte de La Haya el 24 de mayo de 1980, conocido simplemente como el caso de los rehenes de
15
Brownlie, Ian, op.cit., nota 9, p.434, 438-440 (la traducción es mía).
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Teherán. Este caso tuvo lugar en 1979, después de la caída del Sha y el establecimiento del nue-
vo régimen islámico en Irán. En noviembre de ese año unos manifestantes atacaron la embajada
de los EEUU en Teherán, la ocuparon y tomaron como rehenes al personal diplomático y a sus
visitantes, al tiempo que destruían los archivos. La mayor parte de los rehenes fueron detenidos
por un lapso de cerca de 14 meses. Al momento del ataque de los manifestantes a la embajada
estadounidense, las fuerzas de seguridad iraníes no intervinieron, y más tarde el Ayatollah Kho-
meini daba públicamente su aprobación al ataque contra la embajada y la toma de los rehenes. En
este caso, a pesar de que la conducta de los manifestantes no era atribuible inicialmente al Estado
iraní, la negativa a dar protección a la misión diplomática configuró una violación del derecho
internacional. Asimismo, en vista de las declaraciones del alto líder revolucionario Khomeini
que otorgaban su respaldo al ataque de la embajada, fue posible configurar la responsabilidad del
gobierno iraní por los acontecimientos, motivo por el cual la Corte Internacional de Justicia de-
claró la responsabilidad del Estado, y le ordenó a Irán dejar en libertad a los rehenes, devolver la
embajada y pagarle a los EEUU una compensación por lo daños sufridos 16.
En este caso, la Corte hizo notar que no obstante que el ataque a la Embajada americana
en Teherán, así como la detención del personal estadounidense y el secuestro de archivos eran, en
un primer momento, producto del actuar de militares revolucionarios que no podían ser conside-
rados como agentes u órganos del Estado de Irán, ello no exoneraba a éste de la responsabilidad
correspondiente. Efectivamente, la Corte haría notar que esta ausencia de vínculo formal entre
los “revolucionarios” y el Estado iraní, no exoneraba a éste último de la responsabilidad interna-
cional en la materia, en la medida en que había incumplido con su obligación de proteger a la
embajada y de controlar los actos ilícitos de los atacantes. Igualmente, la Corte Internacional de
Justicia sostuvo que en el desarrollo del conflicto se apreció una aprobación oficial a posteriori,
de parte del gobierno iraní sobre los actos de los secuestradores. Esto transformó de manera radi-
cal la naturaleza jurídica de los acontecimientos, ya que esos militantes revolucionarios que ini-
cialmente habían tomado la embajada y secuestrado a sus integrantes, pasaban a convertirse en
auténticos agentes del Estado iraní, que con sus actos comprometían la responsabilidad interna-
cional del Estado 17.
Como se podrá apreciar, tanto en el caso Corfu Channel como en el Caso de los rehenes
de la embajada estadounidense en Teherán, el control insuficiente por parte del Estado de los
actos de terceros que afectaron los bienes y la seguridad de los extranjeros, fundamentó una res-
ponsabilidad directa al Estado por la omisión de los órganos estatales. En ambos casos, se pudo
alegar que el Estado violó el criterio objetivo de debida diligencia, mismo que debía guardar para
proteger los derechos de los extranjeros que se encontraban en su territorio. En todo caso, se re-
clamaba el deber de diligencia apropiada que deben guardar los Estados y que es reconocido por
la comunidad internacional. Ello tiene su origen en que, respecto de los extranjeros, un Estado
tiene que proveer en la medida de que disponga, de las fuerzas del orden público, de un estándar
mínimo de protección (a través de los órganos de policía y de la jurisdicción interna) frente a los
ataques que se dirijan en contra de esos extranjeros 18. En estos dos casos, a semejanza de los ca-
16
Matthias Herdegen, Derecho Internacional público, México, UNAM–Fundación Konrad Adenauer Stiftung,
2005, pp.414-415. Véase también, U. S. Diplomatic and Consular Staff in Teherán Case, ICJ Reports, 1980, p. 3
17
Gómez-Robledo Verduzco, Alonso, Derechos humanos en el sistema interamericano, México, UNAM-Porrúa,
2000, pp.178-179.
18
Matthias Herdegen, Derecho Internacional público, op.cit., nota 17, p.414-415
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JURISPRUDENCIA SOBRE LA RESPONSABILIDAD INTERNACIONAL DEL ESTADO POR OMISIÓN
Durante los últimos años, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha venido con-
formando un cuerpo jurisprudencial que abarca un gran número de temas del mayor interés para
el desarrollo de los derechos humanos en la región y el mundo. Sobre el tema de la responsabili-
dad internacional del Estado por omisión, es conveniente que examinemos algunos de los casos
más relevantes ante la Corte IDH en los que ésta se haya pronunciado en torno a la responsabili-
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dad internacional del Estado por actos probablemente cometidos por particulares, pues semejante
responsabilidad tiene su origen en una omisión o en un dejar hacer por parte de las autoridades y
órganos estatales. Este podría ser el caso de los homicidios y desapariciones de mujeres en Ciu-
dad Juárez, pues mientras no se acredite que en semejantes hechos han colaborado agentes del
Estado, podemos presumir que esos ilícitos han sido cometidos por personas distintas a la públi-
cas, como podría ser el caso del crimen organizado. Asimismo, por la naturaleza de los hechos
que han tenido lugar en Ciudad Juárez, nos interesa examinar las jurisprudencias relevantes en
torno a la ampliación de la noción de víctima y sobre el derecho a la verdad, por las razones que
explicaremos en su oportunidad.
La posible responsabilidad por omisión del Estado mexicano tendría lugar en tres mo-
mentos primordiales: primero, ante la imposibilidad de éste para impedir que semejantes hechos
tengan lugar, segundo, en su fracaso para encontrar a los criminales e imponer las penas corres-
pondientes y, tercero, ante la falta de reparación de las víctimas. En el primer supuesto, la res-
ponsabilidad por omisión tendría su origen en la ineficiencia de los cuerpos de seguridad (cuer-
pos policíacos, principalmente) para impedir la comisión de los ilícitos que impliquen
violaciones a los derechos humanos, en el segundo supuesto, la responsabilidad nacería del insu-
ficiente actuar del aparato de investigación de los delitos y administración de justicia (básicamen-
te ministerio público y tribunales). El tercer supuesto se deriva precisamente del segundo: ante la
impunidad, no sería posible reparar a las víctimas directas o indirectas por las violaciones a sus
derechos. Conforme examinemos la jurisprudencia de la Corte IDH, estos supuestos quedarán
mejor explicados todavía.
Las jurisprudencias que nos interesa examinar se desprenden de los siguientes casos: caso
Velásquez Rodríguez, caso Godínez Cruz, caso Caballero Delgado y Santana, caso Paniagua
Morales, caso Blake, caso Bámaca y Villagrán Morales. Pasemos al examen de cada uno de
ellos.
19
Para todos los casos que cite a la sentencia Velásquez Rodríguez y sus puntos resolutivos, Véase, Caso Velás-
quez Rodríguez, Sentencia del 29 de julio de 1988 en www.corteidh.or.cr/series/seriec_04_esp.doc
20
La sentencia del caso Godínez Cruz, de fecha 20 de enero de 1989 puede consultarse en www.corteidh.or.cr/
docs/casos/artículos/seriec_05_esp.doc
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JURISPRUDENCIA SOBRE LA RESPONSABILIDAD INTERNACIONAL DEL ESTADO POR OMISIÓN
hechos, así como de auxiliar a quienes se interesaban en averiguar el paradero y la suerte de las
víctimas.
Por lo que respecta a la responsabilidad internacional del Estado por omisión, en la sen-
tencia del caso Velásquez Rodríguez se reconoció el deber de los Estados de organizar todo el
aparato gubernamental, a través del cual se manifiesta el ejercicio del poder público, de manera
tal que se aseguren jurídicamente el libre y pleno goce de los derechos humanos. Como conse-
cuencia de esta obligación, se estableció que los Estados deben prevenir, investigar y sancionar
toda violación de los derechos humanos, no hacerlo compromete la responsabilidad internacional
del Estado. En este sentido, la obligación de garantizar el disfrute de los derechos humanos no se
agota con la existencia de un orden normativo, pues también es indispensable que la conducta de
los órganos y titulares del gobierno, garanticen el ejercicio de los derechos humanos (párrafos
166 y 167 de la sentencia correspondiente) 21.
Ahora bien, como ya lo ha establecido la jurisprudencia internacional, en esta sentencia se
recogió la idea de que es irrelevante si el órgano o funcionario actuó en contravención de dispo-
siciones del derecho interno, o realizó hechos que desbordaron los límites de su propia compe-
tencia, pues si ello acontecía, el Estado respondería por los actos u omisiones de sus agentes
(párrafo 171).
Pero no sólo los agentes u órganos del Estado pueden cometer violaciones de los dere-
chos humanos mediante un acto u omisión que traiga como consecuencia la violación de esos
derechos, también hay responsabilidad por omisión cuando el Estados tolera que sean los particu-
lares quienes cometan las infracciones correspondientes. Con toda claridad lo establece así el
párrafo 172 de la sentencia:
172. Es, pues, claro que, en principio, es imputable al Estado toda violación a los derechos reconocidos por la
Convención cumplida por un acto del poder público o de personas que actúan prevalidas de los poderes que
ostentan por su carácter oficial. No obstante, no se agotan allí las situaciones en las cuales un Estado está
obligado a prevenir, investigar y sancionar las violaciones a los derechos humanos, ni los supuestos en que su
responsabilidad puede verse comprometida por efecto de una lesión a esos derechos. En efecto, un hecho ilí-
cito violatorio de los derechos humanos que inicialmente no resulte imputable directamente a un Estado, por
ejemplo, por ser obra de un particular o por no haberse identificado al autor de la trasgresión, puede acarrear
la responsabilidad internacional del Estado, no por ese hecho en sí mismo, sino por falta de la debida diligen-
cia para prevenir la violación o para tratarla en los términos requeridos por la Convención. 22
21
En el presente apartado sobre los casos Velásquez Rodríguez y Godínez Cruz y con el propósito de abreviar,
los párrafos que se citan corresponden sólo a la sentencia Velásquez Rodríguez.
22
Véase caso Velásquez Rodríguez, Sentencia del 29 de julio de 1988 en www.corteidh.or.cr/series/seriec_04
_esp.doc
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responsabilidad internacional del Estado por omisión. Como se ha dicho, esta responsabilidad
descansaría no en el hecho mismo, sino en la ausencia de la debida prevención del Estado para
evitar que los derechos humanos sean violados.
Continuando con el caso Velásquez Rodríguez y Godínez Cruz, el hecho de que el respon-
sable aún no haya sido identificado, no exime de su responsabilidad al Estado, pues es irrelevante
la intención o motivación del agente que materialmente haya violado los derechos humanos, has-
ta el punto de que la infracción a la misma puede establecerse incluso si dicho agente no está
individualmente identificado. En este supuesto, la responsabilidad descansaría en el deber del
Estado de encontrar a los responsables y castigarlos, ya que éste controla el aparato judicial y de
policía correspondiente, no hacerlo puede suponer una tolerancia del Estado. Lo importante, se-
gún la Corte IDH, es determinar si las violaciones a los derechos humanos han tenido lugar con
el apoyo o la tolerancia del poder público. Es decir, lo relevante es poder determinar si la viola-
ción de esos derechos, tiene su origen en una inobservancia por parte del Estado de los deberes a
su cargo para que tales derechos se respeten por todos los integrantes de la sociedad política. En
consecuencia, si el aparato estatal actúa de tal modo que la violación queda impune, puede afir-
marse que ha incumplido su deber de asegurar el libre y pleno ejercicio de los derechos funda-
mentales a las personas sujetas a su jurisdicción, no importando si ello tiene su origen en actos de
particulares o grupos de ellos. La jurisprudencia de la Corte IDH es muy clara al respecto: si el
Estado no encuentra y sanciona a los responsables, es responsable por omisión, pues ello impli-
caría una tolerancia inaceptable del Estado de actos violatorios de derechos humanos realizados
por terceros (párrafo 173).
También la doctrina se manifiesta unánimemente en el mismo sentido. Así por ejemplo,
Alfred Verdross hacia la segunda mitad del siglo XX, ya examinaba de una manera muy aguda la
responsabilidad del Estado por actos de particulares:
Para cuando Verdross escribe esas líneas, el derecho internacional de los derechos huma-
nos no era lo que ha llegado a ser en la actualidad, pues como podemos apreciar, Verdross se
23
Verdross, Alfred, Derecho internacional público, Madrid, Tecnos, pp.370-371. El subrayado es mío.
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JURISPRUDENCIA SOBRE LA RESPONSABILIDAD INTERNACIONAL DEL ESTADO POR OMISIÓN
refiere a la responsabilidad del Estado por hechos que atenten contra los derechos de los extranje-
ros, no a la responsabilidad estatal por violación de derechos humanos. Para ello, habrá que espe-
rar a la gran expansión que la doctrina y la práctica de los derechos humanos que tendrá lugar
después de la Segunda Guerra Mundial.
Más acorde con el derecho internacional de los derechos humanos, Gómez Robledo al
comentar la sentencia Velásquez Rodríguez señala que los actos de particulares que implican una
violación de derechos humanos, devienen actos públicos, pues en su opinión “se puede decir que
el Estado está ´endosando´, por su propio comportamiento, la conducta de sus nacionales que, en
un principio, no eran sino simples particulares, sin mayor conexión con el aparato gubernamen-
tal del Estado; el acto ´privado´ deviene ´público´ y por lo tanto susceptible de imputación al Es-
tado. 24
Regresando al examen del caso Velásquez Rodríguez, cabe señalar que en esta sentencia
se estableció que el Estado tiene el deber jurídico de prevenir, razonablemente, las violaciones de
los derechos humanos. Este deber de prevenir razonablemente, implica, entre otras cosas, la ne-
cesidad de investigar con prudencia y responsabilidad las violaciones que se hayan cometido den-
tro del ámbito de su jurisdicción a fin de identificar a los responsables e imponerles las sanciones
correspondientes. No hacerlo, como ha sucedido en numerosos casos de mujeres en Ciudad Juá-
rez, puede ser motivo de una responsabilidad internacional por omisión.
174. El Estado está en el deber jurídico de prevenir, razonablemente, las violaciones de los derechos
humanos, de investigar seriamente con los medios a su alcance las violaciones que se hayan cometido dentro
del ámbito de su jurisdicción a fin de identificar a los responsables, de imponerles las sanciones pertinentes y
asegurar a la víctima una adecuada reparación.
175.El deber de prevención abarca todas aquellas medidas de carácter jurídico, político, administrativo
y cultural que promuevan la salvaguarda de los derechos humanos y que aseguren que las eventuales viola-
ciones a los mismos sean efectivamente consideradas y tratadas como un hecho ilícito que, como tal, es sus-
ceptible de acarrear sanciones para quien las cometa, así como las obligaciones de indemnizar a las víctimas
por sus consecuencias perjudiciales. No es posible hacer una enumeración detallada de esas medidas, que va-
rían según el derecho de que se trate y según las condiciones propias de cada Estado parte. Es claro, a su vez,
que la obligación de prevenir es de medio o comportamiento y no se demuestra su incumplimiento por el me-
ro hecho de que un derecho haya sido violado(...)
176. El Estado está, por otra parte, obligado a investigar toda situación en la que se hayan violado los
derechos humanos protegidos por la Convención. Si el aparato del Estado actúa de modo que tal violación
quede impune y no se restablezca en cuanto sea posible, a la víctima en la plenitud de sus derechos, puede
afirmarse que ha incumplido el deber de garantizar su libre y pleno ejercicio a las personas sujetas a su juris-
dicción. Lo mismo es válido cuando se tolere que los particulares o grupos de ellos actúen libre o impune-
mente en menoscabo de los derechos humanos reconocidos en la Convención. 25
Ahora bien, el deber de investigar por parte del Estado no se incumple por el simple he-
cho de que el Estado no consiga un resultado satisfactorio, sin embargo, la investigación de los
ilícitos violatorios de derechos humanos debe realizarse con toda seriedad y diligencia, no hacer-
lo de esta manera, puede generar una responsabilidad internacional por omisión, por omisión de
24
Gómez-Robledo Verduzco, Alonso, Derechos Humanos en el Sistema interamericano, op.cit.
25
Caso Velásquez Rodríguez, Sentencia del 29 de julio de 1988 en www.corteidh.or.cr/series/seriec_04_esp.doc
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177. En ciertas circunstancias puede resultar difícil la investigación de hechos que atenten contra derechos de
las personas. La de investigar es, como la de prevenir, una obligación de medio o comportamiento que no es
incumplida por el solo hecho de que la investigación no produzca un resultado satisfactorio. Sin embargo, de-
be emprenderse con seriedad y no como una simple formalidad condenada de antemano a ser infructuosa.
Debe tener sentido y ser asumida por el Estado como un deber jurídico propio y no como una simple gestión
de intereses particulares, que dependa de la iniciativa procesal de la víctima o de sus familiares o de la apor-
tación privada de elementos probatorios, sin que la autoridad pública busque la verdad. Esta apreciación es
válida cualquiera sea el agente al cual pueda eventualmente atribuirse la violación, aún los particulares, pues,
si sus hechos no son investigados con seriedad, resultarían en cierto modo, auxiliados por el poder público, lo
que comprometería la responsabilidad internacional del Estado. 26
Más aún, el deber estatal de investigar los hechos que hayan significado violación de de-
rechos humanos, subsiste en tanto se mantenga la incertidumbre sobre la suerte final de la perso-
na desaparecida. Esto con independencia de que el orden jurídico interno permita o no aplicar las
sanciones correspondientes a los responsables, pues asiste a los familiares de la víctima el dere-
cho de conocer cuál ha sido el destino de ésta y, en su caso, dónde se encuentran sus restos. Este
derecho de los familiares de las víctimas representa una justa expectativa que el Estado debe sa-
tisfacer con todos los medios a su alcance (párrafo 181). Este derecho a conocer la suerte final de
las personas desaparecidas, ha sido posteriormente desarrollado por la Corte IDH en el caso
Bámaca Velásquez como el derecho a la verdad, como veremos un poco más adelante.
Con el devenir de los años, los casos contra Honduras se han convertido en casos para-
digmáticos para la formación de la jurisprudencia americana en derechos humanos en temas tan
importantes como el agotamiento de los recursos previos, la prueba, desaparición forzada e invo-
luntaria de personas, las obligaciones del Estado y la responsabilidad internacional del Estado,
sólo por mencionar a los más importantes.
En el caso Caballero Delgado y Santana, los hechos consistieron en la desaparición de
Isidro Caballero Delgado y María del Carmen Santana por una patrulla militar conformada por
unidades del ejército de Colombia, a partir del día 7 de febrero de 1989, en un lugar conocido
como Guaduas, en el departamento del César, Colombia. En la sentencia se reiteró que un hecho
ilícito violatorio de derechos humanos que inicialmente no resulte imputable directamente al Es-
tado, en virtud de que pueda ser obra de un particular o por no haberse identificado al autor de la
trasgresión, puede acarrear la responsabilidad internacional del Estado, no por ese hecho, sino
por la falta de la debida diligencia para prevenir la violación y tratarla adecuadamente, tal y como
ya se había establecido en los casos Velásquez Rodríguez y Godínez Cruz. Esta falta de diligen-
cia, es como ya señalamos en el apartado anterior, constitutiva de una responsabilidad por omi-
sión.
Ahora bien, el caso Caballero Delgado y Santana agrega que el Estado puede ser respon-
sable por omisión cuando no ha procedido a realizar una justa reparación en favor de las víctimas
o de sus deudos, aspecto que no había quedado suficientemente establecido en los casos contra
26
Ibidem
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JURISPRUDENCIA SOBRE LA RESPONSABILIDAD INTERNACIONAL DEL ESTADO POR OMISIÓN
58. (...) Sin embargo, para garantizar plenamente los derechos reconocidos en la Convención, no es su-
ficiente que el gobierno emprenda una investigación y trate de sancionar a los culpables, sino que es necesa-
rio, además, que toda actividad del gobierno culmine con la reparación a la parte lesionada, lo que en este ca-
so no ha ocurrido.
59. Por tanto, al no haber reparado Colombia las consecuencias de las violaciones realizadas por sus
agentes, ha dejado de cumplir las obligaciones que le impone el citado artículo 1.1. de la Convención. 27
En este caso se alegaron actos de secuestro, detención arbitraria, tratos inhumanos, tortura
y asesinato cometidos por agentes del Estado de Guatemala contra once personas entre los años
de 1987 y 1988 en la ciudad de Guatemala. Este caso también es conocido como el caso de la
“panel blanca”, pues las víctimas desaparecían en el momento en que eran introducidas en una
camioneta de color blanco.
En el caso Paniagua Morales y como se venía estableciendo desde los casos contra Hon-
duras, se reiteró la responsabilidad internacional del Estado en virtud de su tolerancia para con
los hechos ilícitos violatorios de derechos humanos, así como por su negligencia para investigar
y sancionar a los responsables, examinemos algunos de párrafos de la sentencia correspondiente:
“91.Para establecer que se ha producido una violación de los derechos consagrados en la Convención,
no se requiere determinar, como ocurre en el derecho penal interno, la culpabilidad de sus autores o su inten-
cionalidad y tampoco es preciso identificar individualmente a los agentes a los cuales se atribuye los hechos
violatorios. Es suficiente la demostración de que ha habido apoyo o tolerancia del poder público en la infrac-
ción de los derechos reconocidos en la Convención. Además, también se compromete la responsabilidad in-
27
Caso Caballero Delgado y Santana, sentencia del 8 de diciembre de 1995, www.corteidh.or.cr/docs/casos/
artículos/seriec_22_esp[1].doc
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ternacional del Estado cuando éste no realice las actividades necesarias, de acuerdo con su derecho interno,
para identificar y, en su caso, sancionar a los autores de las propias violaciones.”
94. Por otra parte, ha quedado demostrado que, no obstante la investigación de la Policía Nacional de
Guatemala sobre los hechos, considerada exhaustiva por las partes en el presente caso, el Organismo Judicial
del Estado no actuó de manera diligente y efectiva para enjuiciar y, en su caso, sancionar a los responsables
de tales hechos.
95. Por tanto, en el presente caso existen suficientes elementos de convicción para concluir que los he-
chos señalados fueron realizados por personas que actuaban como agentes del poder público y aún cuando es-
ta Corte considera que las violaciones denunciadas no son atribuibles a una política de Estado, ni que sus au-
toridades superiores conocieran de las actuaciones de quienes las realizaron, tales circunstancias son
irrelevantes a los efectos de establecer la responsabilidad internacional de Guatemala, como Estado parte en
la Convención, ya que de acuerdo con la misma estaba obligado a garantizar a las personas y, en este caso, a
las víctimas, el pleno y libre ejercicio de sus derechos humanos.” 28
En general, la omisión del Estado, como bien se establece en este último párrafo, tiene su
origen en la imposibilidad del Estado responsable para garantizar a las personas o a las víctimas,
el pleno ejercicio de sus derechos humanos, obligación que está estipulada en el artículo 1.1 de la
Convención Americana, mismo que dispone lo siguiente.
los Estados partes en esta Convención se comprometen a respetar los derechos y libertades reconocidos en
ella y a garantizar su libre y pleno ejercicio a toda persona que esté sujeta a su jurisdicción, sin discriminación
alguna por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones políticas o de cualquier otra índole, ori-
gen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición social.
Finalmente, es importante destacar que la sentencia del caso Paniagua Morales define lo
que es la impunidad, al señalar que la omisión consistente en la incapacidad estatal para dar con
los responsables de los hechos que dieron origen a la violación de derechos humanos, negligencia
que va desde la investigación, hasta la imposición de las sanciones correspondientes, se denomi-
na en su conjunto precisamente como impunidad, y esta es causa de responsabilidad internacional
por omisión:
173. La Corte constata que en Guatemala existió y existe un estado de impunidad respecto de los hechos del
presente caso entendiéndose como impunidad la falta en su conjunto de investigación, persecución, captura,
enjuiciamiento y condena de los responsables de las violaciones de los derechos protegidos por la Conven-
ción Americana, toda vez que el Estado tiene la obligación de combatir tal situación por todos los medios le-
gales disponibles ya que la impunidad propicia la repetición crónica de las violaciones de derechos humanos
y la total indefensión de las víctimas y de sus familiares. 29
En ninguno de los casos anteriores se había hecho referencia a un estado general de im-
punidad, lo cual es posible de acreditar cuando es frecuente la incapacidad estatal para identificar
a los responsables de los ilícitos que han provocado la violación de los derechos humanos, y por
ello se puede hablar de una patrón constante de impunidad.
Por lo que respecta a Ciudad Juárez, es posible que se acredite un estado de impunidad
por lo que respecta a la identificación de los responsables de los homicidios y desaparición de
mujeres en esta ciudad fronteriza, pues la mayor parte de esos crímenes no han sido esclarecidos,
28
Véase, sentencia del caso Paniagua Morales y otros, 8 de marzo de 1998, www.corteidh.or.cr/docs/casos/
artículos/seriec_37_esp[1].doc
29
Ibidem. El subrayado es mío.
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JURISPRUDENCIA SOBRE LA RESPONSABILIDAD INTERNACIONAL DEL ESTADO POR OMISIÓN
no obstante los infructuosos esfuerzos del gobierno estatal y federal por tratar de convencer a la
opinión pública de que en algunos casos ha dado con los responsables. Así por ejemplo, en los
cinco casos que la Comisión IDH se encuentra examinando en cuanto al fondo, hasta el día en
que escribo estas líneas, las autoridades no han podido encontrar a quienes secuestraron y mata-
ron a Esmeralda Herrera Monreal, Claudia Ivette González, Laura Berenice Ramos Monarrez,
Paloma Escobar Ledesma y Silvia Arce.
4. Caso Blake y caso Villagrán Morales y otros (Caso de los “Niños de la Calle”)
Los casos Blake y de los Niños de la Calle, son importantes porque se refieren a otros as-
pectos de la violación de los derechos humanos en el caso de las mujeres y niñas asesinadas y
desaparecidas en Ciudad Juárez: la ampliación del concepto de víctima y la violación a los dere-
chos de los niños. Vayámos por partes, comencemos por examinar el caso Blake 30.
Nicholas Blake era un fotógrafo estadounidense que se encontraba cubriendo actividades
periodísticas en Guatemala, cuando fue secuestrado por agentes vinculados al Estado guatemalte-
co el 28 de marzo de 1985. Después del secuestro, Blake fue asesinado y sus restos enterrados en
un lugar desconocido. La desaparición se prolongó por más de siete años, hasta el 14 de junio de
1992, cuando fueron ubicados los restos mortales de Blake por sus propios familiares.
El caso Blake nos interesa, entre otros aspectos, por sus referencias a la desaparición for-
zada de personas, pues considera que los efectos de ésta podían prolongarse de manera continua
o permanente, hasta el momento en que se estableciera el destino o paradero de la víctima. Más
aún, la Corte IDH consideró que la desaparición forzada subsiste como un todo indivisible por
tratarse de un delito continuado o permanente, más allá de la fecha en que se produjo la muerte
(párrafo 54 de la sentencia). La desaparición forzada supone también el desconocimiento del de-
ber de organizar el aparato del Estado para garantizar los derechos humanos, como ya se había
reconocido en los casos Velásquez Rodríguez y Godínez Cruz (párrafos 65 y 66).
En este sentido, la Corte IDH señaló que el derecho a un proceso “dentro de un plazo ra-
zonable”, se fundamenta en la necesidad de evitar dilaciones indebidas que se traduzcan en pri-
vación o denegación de justicia. De esta forma, se dice en la sentencia que Guatemala incumplió
con la obligación de suministrar un recurso judicial sencillo, rápido y efectivo a los familiares
del señor Nicholas Blake. Además, se indica que las autoridades guatemaltecas impidieron y obs-
taculizaron el esclarecimiento de la causa de la muerte y desaparición del señor Nicholas Blake.
En consecuencia, los familiares del señor Nicholas Blake fueron privados del derecho a un pro-
ceso judicial independiente dentro de un plazo razonable, con lo cual se les impidió obtener una
justa reparación (párrafo 91). Con lo anterior, no sólo se refuerzan los argumentos sobre el dere-
cho a un proceso justo que se venían desarrollando desde el caso Velásquez Rodríguez, sino que
se privilegia este derecho en favor de los familiares de la víctima.
Es precisamente en la ampliación que hace la sentencia Blake para comprender también el
derecho de los familiares de la víctima a las garantías judiciales, por lo que ésta es particularmen-
te importante para nosotros. Como se dice en la Declaración de Naciones Unidas sobre la Protec-
ción de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas artículo 1.2, “todo acto de desa-
30
Sentencia del caso Blake, 24 de enero del año 1998, www.corteidh.or.cr/docs/casos/artículos/seriec_36_
esp[1].doc
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171.La Comisión señaló, en sus alegatos finales escritos, que las circunstancias de la muerte de las víc-
timas, así como la falta de actuación del Estado, habían provocado en los familiares de las mismas “angustia y
también considerable temor”. La Corte considera que el hecho de que este punto haya sido planteado tan sólo
en los alegatos finales, no impide, per se, el examen y decisión sobre el mismo.
173. Es evidente, asimismo, que las autoridades nacionales no tomaron providencias para establecer la
identidad de las víctimas, las cuales permanecieron registradas como XX hasta que sus familiares se aperso-
naron a reconocerlos, a pesar de que tres de los jóvenes (Henry Giovanni Contreras, Federico Clemente Fi-
gueroa Túnchez y Jovito Josué Juárez Cifuentes) tenían antecedentes penales consignados en los “archivos
delincuenciales”. La negligencia por parte del Estado así puesta de manifiesto, debe sumarse al hecho de que
las autoridades no hicieron esfuerzos adecuados para localizar a los parientes inmediatos de las víctimas, noti-
ficarles la muerte de éstas, entregarles los cadáveres y proporcionarles información sobre el desarrollo de las
investigaciones. El conjunto de esas omisiones postergó y, en algunos casos, negó a los familiares la oportu-
nidad de dar a los jóvenes una sepultura acorde con sus tradiciones, valores o creencias y, por lo tanto, inten-
sificó sus sufrimientos. A ello se agrega el sentimiento de inseguridad e impotencia que le causó a esos pa-
rientes la abstención de las autoridades públicas en investigar a cabalidad los correspondientes delitos y
castigar a sus responsables.
176. La Corte Europea ha tenido oportunidad de pronunciarse sobre la condición de víctima de trata-
mientos inhumanos y degradantes de una madre como resultado de la detención y desaparición de su hijo a
31
Sentencia del caso Villagrán Morales y otros (Caso Niños de la Calle), 19 de noviembre del año 1999,
www.corteidh.or.cr/docs/casos/artículos/seriec_63_esp[1].doc
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manos de las autoridades. Para determinar si se había violado o no el artículo 3 de la Convención Europea,
correspondiente al artículo 5 de la Convención Americana, la Corte Europea ha valorado las circunstancias
del caso, la gravedad del maltrato y el hecho de no contar con información oficial para esclarecer el mismo.
En virtud de esas consideraciones y de que se trataba de la madre de la víctima de una violación de derechos
humanos, la Corte Europea concluyó que también ella había sido víctima y que el Estado era responsable de
la violación del artículo 3 mencionado. 32
190. La Corte, al considerar los diversos informes sobre la problemática de los “niños de la calle” en
Guatemala, y las características y circunstancias del presente caso, estima que los hechos que culminaron con
la muerte de los menores Caal Sandoval, Juárez Cifuentes y Villagrán Morales se vinculan con el patrón de
violencia contra ´niños de la calle´ en Guatemala, vigente en el período en que ocurrieron esos hechos.
191. A la luz del artículo 19 de la Convención Americana la Corte debe constatar la especial gravedad
que reviste el que pueda atribuirse a un Estado Parte en dicha Convención el cargo de haber aplicado o tole-
rado en su territorio una práctica sistemática de violencia contra niños en situación de riesgo. Cuando los Es-
tados violan, en esos términos, los derechos de los niños en situación de riesgo, como los ´niños de la calle´,
los hacen víctimas de una doble agresión. En primer lugar, los Estados no evitan que sean lanzados a la mise-
ria, privándolos así de unas mínimas condiciones de vida digna e impidiéndoles el ´pleno y armonioso desa-
rrollo de su personalidad´, 33 a pesar de que todo niño tiene derecho a alentar un proyecto de vida que debe
ser cuidado y fomentado por los poderes públicos para que se desarrolle en su beneficio y en el de la sociedad
a la que pertenece. En segundo lugar, atentan contra su integridad física, psíquica y moral, y hasta contra su
propia vida. 34
32
Corte Europea de Derechos Humanos, Kurt v. Turkey, pp. 1187, §§ 130-134. Véase en el mismo sentido, Co-
mité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Quinteros v. Uruguay, 21 de julio de 1983 (19.º período de
sesiones) Comunicación Nº 107/1981, párr. 14. En este caso, el Comité afirmó que “comprend[ía] el profundo pesar
y la angustia que padeció la autora de la comunicación como consecuencia de la desaparición de su hija y la continua
incertidumbre sobre su suerte y su paradero. La autora tiene derecho a saber lo que ha sucedido a su hija. En ese
sentido es también una víctima de las violaciones del Pacto [Internacional de Derechos Civiles y Políticos], en parti-
cular del artículo 7 [correspondiente al artículo 5 de la Convención Americana], soportadas por su hija”, en Senten-
cia del caso Villagrán Morales y otros (Caso Niños de la Calle), 19 de noviembre del año 1999, www.corteidh.or.
cr/docs/casos/artículos/seriec_63_esp[1].doc
33
Convención sobre los Derechos del Niño, Preámbulo, párr. 6.
34
Sentencia del caso Villagrán Morales y otros (Caso Niños de la Calle), 19 de noviembre del año 1999,
www.corteidh.or.cr/docs/casos/artículos/seriec_63_esp[1].doc
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Bámaca Velásquez, conocido como el comandante Everardo, dirigía el frente militar Luis
Ixtama de la Unidad Revolucionaria Nacional de Guatemala (URNG) cuando fue detenido en
marzo de 1992 por efectivos del ejército guatemalteco, torturado y posteriormente ejecutado, sin
que se pudieran identificar sus restos. La demanda y actividades para realizar justicia fueron rea-
lizadas principalmente por su esposa Jennifer Harbury, ciudadana estadounidense 35.
Independientemente de que la sentencia del caso Bámaca Velásquez resulta importante
porque confirma, entre otros aspectos, los precedentes jurisprudenciales sobre la desaparición
forzada que se venían desarrollando desde los casos contra Honduras, o porque confirma los ar-
gumentos sobre la extensión de la noción de víctima a los familiares que se expusieron en los
casos Blake y De los niños de la calle, el caso Bámaca Velásquez es relevante para el objeto de
nuestro estudio porque por primera vez desarrolla en la jurisprudencia interamericana sobre dere-
chos humanos la noción de derecho a la verdad, no sólo como un derecho a favor de las vícti-
mas, sino también favor de la sociedad o del cuerpo social en el cual tuvieron lugar las violacio-
nes a los derechos humanos:
197. En sus alegatos finales, la Comisión aseguró que, como consecuencia de la desaparición de Bámaca Ve-
lásquez, el Estado violó el derecho a la verdad de los familiares de la víctima y de la sociedad en su conjunto.
Al respecto, la Comisión afirmó que el derecho a la verdad tiene un carácter colectivo, que conlleva el dere-
cho de la sociedad a “tener acceso a información esencial para el desarrollo de los sistemas democráticos”, y
un carácter particular, como derecho de los familiares de las víctimas a conocer lo sucedido con su ser queri-
do, lo que permite una forma de reparación. La Corte Interamericana ha establecido el deber del Estado de
investigar los hechos mientras se mantenga la incertidumbre sobre la suerte de la persona desaparecida, y la
necesidad de brindar un recurso sencillo y rápido para el caso, con las debidas garantías. Siguiendo esta inter-
pretación, la Comisión afirmó que este es un derecho que tiene la sociedad y que surge como principio emer-
gente del derecho internacional bajo la interpretación dinámica de los tratados de derechos humanos y, en es-
pecífico, de los artículos 1.1, 8, 25 y 13 de la Convención Americana. 36
Los Jueces Antonio Cancado Trindade, Sergio García Ramírez, Hernán Salgado Pesantes
expresaron sus reflexiones en torno al derecho a la verdad en sendos votos razonados, en los
cuales expusieron, entre otros aspectos, la naturaleza colectiva o social de este derecho. Por la
importancia del tema para el objeto de estudio que nos ocupa, examinemos por su claridad algu-
nas de las consideraciones que sobre la doble naturaleza del derecho a la verdad (social y particu-
lar), señaló el juez Sergio García Ramírez en su voto razonado:
18. El derecho a la verdad se ha examinado en un doble plano, que implica una misma --o muy seme-
jante-- consideración: saber la realidad de ciertos hechos. A partir de ese conocimiento se construirá una con-
secuencia jurídica, política o moral de diversa naturaleza. Por una parte, se asigna aquel derecho a la sociedad
en su conjunto; por la otra, el derecho se atribuye a la víctima, directa o indirecta, de la conducta violatoria
del derecho humano. 37
35
Sentencia del caso Bámaca Velásquez, 25 de noviembre de 2000, www.corteidh.or.cr/docs/casos/artículos/
seriec_70_esp.doc
36
Ibidem.
37
Cfr. La administración de justicia y los derechos humanos de los detenidos. Informe final acerca de la cues-
tión de la impunidad de los autores de violaciones de los derechos humanos (derechos civiles y políticos) preparado
por el Sr. L. Joinet de conformidad con la resolución 1996/119 de la Subcomisión --de Prevención de Discrimina-
ciones y Protección a las Minorías--, E/CN.4/Sub.2/1997/20, 26 de junio de 1997, párr. 17, donde se distingue entre
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19. Bajo el primer significado, el llamado derecho a la verdad acoge una exigencia legítima de la socie-
dad a saber lo sucedido, genérica o específicamente, en cierto período de la historia colectiva, regularmente
una etapa dominada por el autoritarismo, en la que no funcionaron adecuada o suficientemente los canales de
conocimiento, información y reacción característicos de la democracia. En el segundo sentido, el derecho a
conocer la realidad de lo acontecido constituye un derecho humano que se proyecta inmediatamente sobre la
Sentencia de fondo y las reparaciones que de aquí provienen.
21. Por otra parte, la satisfacción del derecho a la verdad que corresponde a las víctimas, a través de la
investigación de los hechos y el enjuiciamiento de los responsables, que se difunde públicamente --como lo
ha dispuesto la Corte en los puntos resolutivos de la Sentencia-- permite atender además el requerimiento so-
cial de saber lo que ha ocurrido. Esta situación guarda parecido con la que se plantea a propósito de la efica-
cia que tiene, por sí misma, una sentencia declarativa de violación de derechos para reparar el agravio come-
tido en lo que respecta a la satisfacción moral de la víctima, tema en el que se han ocupado la jurisprudencia
internacional y varias resoluciones de la Corte. Esta “ha reiterado en su jurisprudencia que en relación a la so-
licitud de que el Estado presente una disculpa pública como reparación a las violaciones cometidas, la senten-
cia sobre el fondo del caso constituye, en sí misma, una forma de reparación y satisfacción moral de significa-
ción e importancia para la víctima y sus familiares 38 (...)
22. Esta es la primera vez que la Corte se refiere explícitamente al derecho a la verdad, aducido en la
demanda de la Comisión. La novedad que la Sentencia aporta en este punto pudiera conducir a mayor explo-
ración en el porvenir, que contribuya a fortalecer el papel de la jurisprudencia interamericana sobre derechos
humanos como factor de lucha contra la impunidad. La demanda social de conocimiento de los hechos viola-
torios y el derecho individual al conocimiento de la verdad se dirigen claramente al destierro de la impunidad,
que propicia la violación de los derechos humanos. 39
el “derecho individual que toda víctima o sus familiares tienen a saber lo que ocurrió, que es el derecho a la verdad”
y el “derecho a saber (que) es también un derecho colectivo”.
38
Así, en Caso Suárez Rosero. Reparaciones (art. 63.1 Convención Americana sobre Derechos Humanos). Sen-
tencia de 20 de enero de 1999. Serie C No. 44, párr. 72; Caso Loayza Tamayo. Reparaciones (art. 63.1 Convención
Americana sobre Derechos Humanos). Sentencia de 27 de noviembre de 1998. Serie C No. 42, párr. 158; y Caso
Caballero Delgado y Santana. Reparaciones (Artículo 63.1 Convención Americana sobre Derechos Humanos).
Sentencia de 29 de enero de 1997. Serie C No. 31, párr. 58.
39
Véase voto razonado del Juez Sergio García Ramírez, en sentencia del caso Bámaca Velásquez, 25/XI/2000,
www.corteidh.or.cr/docs/casos/artículos/seriec_70_esp.doc
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junto, pues esa sociedad ha sido agraviada con semejantes hechos. Saber la verdad no sólo nos
permitirá erradicar la impunidad que subsiste en la gran mayoría de estos casos e impedir que
vuelvan a repetirse, sino que además nos permitirá reconstruir sobre todo en el sector de la justi-
cia, la confianza y la solidaridad social que son siempre indispensables en todo cuerpo político
que se precie de ser democrático, pues no puede existir democracia sin la confianza de los ciu-
dadanos a sus instituciones de justicia. La consolidación de nuestra reciente democracia, pasa
necesariamente por el derecho a saber la verdad en Ciudad Juárez.
V. EPÍLOGO
Como se habrá podido apreciar, en el transcurso del siglo XX se fue construyendo toda
una práctica jurisprudencial sobre la responsabilidad internacional del Estado por omisión, muy
particularmente después de la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad, existe una jurispruden-
cia bien establecida que no deja duda sobre la responsabilidad en la cual puede incurrir un Estado
nacional, cuando no cumple con sus deberes de garantizar para todos, el goce y disfrute de sus
derechos fundamentales. Esta jurisprudencia existe tanto en el derecho internacional público,
como en el derecho internacional de los derechos humanos.
Por lo que respecta a los cinco casos de mujeres y niñas asesinadas y/o desaparecidas en
Ciudad Juárez, mismos que al momento de escribir esto, están siendo examinados en cuanto al
fondo por la Comisión IDH y que, eventualmente podrían llegar a la Corte IDH, habrá que espe-
rar a que éstos se resuelvan para examinar los avances que pudiera establecer el Sistema Inter-
americano de Derechos Humanos, sobre la materia de la responsabilidad internacional del Estado
por omisión y la protección de los derechos de la mujer.
Sólo quisiera agregar que en el supuesto de que en alguno de los cinco casos, o en los
cinco, se declara la responsabilidad del Estado por omisión, no se podría alegar que la responsa-
bilidad es del estado de Chihuahua, entidad federativa en la cual se encuentra ubicada Ciudad
Juárez. Esto no sería posible, pues si la responsabilidad por omisión se acredita, esta recaería en
el Estado Federal mexicano, del que Chihuahua forma parte. Como dice Ian Brownlie al referirse
a la responsabilidad de los Estados federales ante las reclamaciones internacionales: “En respues-
ta a las reclamaciones internacionales, un Estado no puede alegar principios de derecho munici-
pal, incluidos en su constitución. Por ejemplo, la jurisprudencia internacional contiene ejemplos
de responsabilidad de Estados federales por los actos de autoridades realizados por las unidades
federadas”. 40 Esto tiene su explicación, en buena medida, en la incapacidad de la entidad federa-
tiva de tener su propia agenda en materia de relacionales internacionales, como el propio Brown-
lie también explica:
en virtud de que el Estado protegido no está en posibilidades de actuar sin intermediario en el nivel interna-
cional … es el Estado protector el que debe cargar con la responsabilidad del Estado protegido…la responsa-
bilidad del Estado protector, está basada en el hecho de que este Estado, por si solo, es el que representa al
Estado protegido en los asuntos internacionales…Sin embargo, en aquellos casos donde el Estado dependien-
te retenga suficientes poderes legales como para mantener una personalidad separada, así como el derecho de
conducir sus propias relaciones internacionales, la incidencia de la responsabilidad dependerá de las circuns-
tancias. 41
40
Browlie, Ian, op.cit., nota 9, p.448 (la traducción es mía)
41
Ibidem, pp. 455-456 (la traducción es mía).
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42
Sobre la represión de los pueblos indígenas en Guatemala, puede consultarse en la página de la Corte IDH el
caso Plan Sánchez (29/IV/2004), www.cidh.or.cr/ seriec/seriec_105_esp.doc
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violaran los derechos humanos de las personas o grupos con los que se enfrentaba, ya fuese por
motivos políticos (opositores) o de justicia (presuntos delincuentes). A partir de los noventa,
cuando ya el Estado de partido hegemónico se encontraba en crisis, el temor no tiene su origen en
lo que pueda hacer el Estado y sus agentes, sino en lo que ha dejado de hacer, pues tal parece
que el Estado se ha retirado del escenario, dejando el campo libre a los grupos delictivos que
atacan a segmentos de la población bien identificados, como es probable que suceda en el caso de
Ciudad Juárez, con mujeres jóvenes y de bajos recursos económicos —ello mientras se pruebe la
participación de agentes estatales en tales ilícitos, lo cual evidentemente agravaría las cosas—.
En otras palabras, si antes la violación de los derechos humanos tenía lugar por una abrumadora
presencia del Estado, ahora la violación de esos derechos humanos parece tener su origen en la
ausencia del Estado, en su inoperancia para prevenir la violencia y sancionar a los responsables.
Al respecto, es importante decir que la construcción del régimen democrático en cual-
quier parte del mundo, no puede pasar por el desmantelamiento del Estado y sus instituciones de
justicia y de protección de los derechos humanos. Desafortunadamente, en algunas partes de La-
tinoamérica como en México, semejante proceso de apertura ha ido acompañado por un signifi-
cativo debilitamiento de casi todas las instituciones, incluidas las de justicia y de protección so-
cial, todo ello en aras de una ideología de la liberalización y la privatización que ha afectado a
todos los sectores, en beneficio de unos cuantas personas que se han enriquecido descomunal-
mente. Ello ha ocasionado la debilidad e inamovilidad del Estado para proteger efectivamente los
derechos humanos y hacer frente a la delincuencia organizada, lo cual constituye un déficit terri-
ble en la construcción de las nuevas democracias, pues todo sistema democrático que se precie de
tener éxito, debe estar en posibilidades de garantizar a su población, el goce y disfrute de sus
derechos fundamentales, pues esto será fuente de legitimidad.
Dicho de otra manera, si las violaciones a los derechos humanos de las mujeres y niñas en
Ciudad Juárez, son fenómenos que tienen su origen en el retiro del Estado de sus funciones pri-
mordiales de otorgar las garantías necesarias a su población para gozar de sus libertades y dere-
chos básicos, entonces hemos equivocado el camino en México, pues el desmantelamiento del
anterior sistema autoritario y el establecimiento de la democracia, no tenían que pasar por el de-
bilitamiento de las instituciones de protección de esos derechos. Si permitimos que ésto suceda,
la democracia mexicana será una frágil democracia, a merced de las redes delictivas que ope-
ran con o sin la complicidad de las autoridades, como lamentablemente ha sucedido en Ciudad
Juárez.
La democracia necesita de instituciones que aseguren el disfrute de los derechos humanos
para toda la población que se encuentra en el territorio del Estado, pues democracia no es igual a
debilidad y ausencia del Estado en la impartición de justicia. Por el contrario, la construcción de
la democracia necesariamente pasa por la creación de instituciones sólidas que aseguren el dis-
frute de los derechos humanos, pues sin éstas, el estado democrático estará en manos de sus
enemigos.
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