Talleres Educación Sexual
Talleres Educación Sexual
Convergencias y
divergencias de sentido en
los talleres de Educación
Sexual Integral de la
formación docente1
Resumen
En continuidad con los lineamientos nacionales, desde el 2011 se incluye en los Palabras clave
Profesorados de Enseñanza Inicial y Primaria de la Ciudad de Buenos Aires el “Taller educación sexual
de Educación Sexual Integral” en el campo de formación general. El carácter multi- formación docente
disciplinario del campo ha generado una incorporación diversa de perfiles docentes currículum
géneros
en esos talleres, incluyendo en consecuencia miradas, tematizaciones y modalidades
pedagógicas diversas que coexisten, de maneras convergentes y de maneras divergentes.
Las tensiones se producen entre miradas que tienden a proponer un sentido normativo
de los géneros y las sexualidades (aún desde una perspectiva democratizadora), miradas
que tienden a construir respuestas pedagógico-didácticas para hacerse cargos de la ESI
establecida en la ley, y miradas más centradas en el análisis contextual crítico de las
relaciones sexo-genéricas hegemónicas. Esta dinámica de convergencias y divergencias
se interpreta como propia de un campo novedoso en construcción.
Abstract
Following national curriculum parameters, since 2011 “Sexual Education Workshops” Keywords
have been included in general teachers training for preprimary and primary education sexual education
in Buenos Aires City. As the field is basically multidisplinary, there has been a wide teacher training
variety in academic profiles of teachers in charge of those areas. This includes conver- curriculum
gender
gent and divergent perspectives, topics and pedagogical approaches. There are tensions
among “normative approaches” on gender and sexualities, that, even from a democra-
tizing purpose, lead to a “right/wrong” scheme, “didacticizing approaches” leading to
analyze curriculum topics and “critical approaches” that emphasize the incorporation
40 ISSN 0327-7763 (impresa) / ISSN 2451-5434 (en línea)
Revista del IICE /38 (2015) [39-62] Graciela Morgade y Paula Fainsod
proceso de negociación entre los sectores legislativos y una manifiesta decisión política
por parte del ejecutivo nacional, se concreta la votación.
La ley 26150 es un texto breve y marca algunas orientaciones centrales; sobre todo el
carácter integral de un abordaje de la sexualidad, que transciende las visiones parciali-
zadas clásicas en las miradas biomédicas o moralizantes hegemónicas y que incorpora
sus dimensiones histórico- culturales, psicológicas, éticas y afectivas. La normativa
abarca a todas las escuelas del país, y en todos los niveles y modalidades.
La efectivización de la ley en las escuelas presenta resistencias y luchas entre los distintos
actores que inciden de manera desigual en la determinación de lo que se legisla con
esta normativa. Así, como expresa Díaz Villa (2012: 35) “la ley de ESI resultó ser más
una suerte de deseo expresado con una corrección política intachable, en virtud de su
carácter de ley no programática, y de sus objetivos manifestados con cierto carácter
de utópicos. No obstante, en tanto y en cuanto señala una obligación para las escuelas,
resulta ser una herramienta potente para correr los límites impuestos a la tarea docente
en su capacidad de transformar la escuela-organización en la que desarrolla su trabajo
pedagógico”.
Es evidente que la ESI configura una experiencia en que la política institucional, las
políticas públicas y los movimientos sociales entablan un diálogo, condensado en el
articulado de una ley y un programa pero que, a partir de debates constantes, va cobran-
do contenido y densidad en su despliegue.
La Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) fue una de las primeras jurisdicciones
en sancionar una Ley de ESI (ley 2110) en sintonía con la nacional. En esa reglamenta-
ción se instituye al igual que en la de mayor rango, el enfoque integral y la obligatoriedad
de garantizar el derecho a la educación sexual desde el nivel inicial hasta la formación
docente. En este campo de la formación docente en particular, y en continuidad con los
lineamientos nacionales, en el 2011 se generan aportes para el desarrollo curricular y se
42 ISSN 0327-7763 (impresa) / ISSN 2451-5434 (en línea)
Revista del IICE /38 (2015) [39-62] Graciela Morgade y Paula Fainsod
Hemos anticipado en el punto anterior que la ley de ESI se hace cargo de un importante
caudal de antecedentes académicos.
Ahora bien, siempre orientado por interesas políticos emancipatorios, este campo
también produjo herramientas para la praxis pedagógica. En 1994, Gloria Bonder, ins-
pirada en los trabajos de Peggy McIntosh en el Wellesley College, describió y propuso
un modelo de “fases interactivas” para la interpretación y a la vez para la progresiva
transformación de los saberes propuestos en el currículum (Morgade, 1995: 42).
Así, establece que los primeros estudios realizados desde la perspectiva “de las mujeres”,
y posteriormente “de género” o “desde la teoría queer de los cuerpos sexuados” mos-
traron la “invisibilización” (de “las mujeres” en los primeros tiempos del feminismo,
de las cuestiones de género, etnia y clase social en los desarrollos posteriores, de las
sexualidades disidentes en la actualidad). Frente a estas omisiones sistemáticas, que
serían la primera “fase”, según Bonder la respuesta desde la política curricular ha sido
DOSSIER Convergencias y divergencias de sentido en los talleres de Educación Sexual [...] [39-62] 43
ISSN 0327-7763 (impresa) / ISSN 2451-5434 (en línea)
Revista del IICE /38 (2015)
con frecuencia realizar “añadidos” en los programas de estudio. Nació entonces, entre
otros, la historia “compensatoria” en las ciencias sociales, el “rescate” de las mujeres
escritoras en la literatura y las mujeres astrónomas en ciencias naturales, y la misma
psicología “de la Mujer”: se comenzó entonces a “visibilizar” a los grupos “ausentes”, en
general en su versión “extraordinaria” o bien como “caso” al pensarlos como “víctimas”.
Sin embargo, los Estudios de Género están promoviendo una transformación mucho
más profunda en el campo epistemológico que, más allá de cuestiones “sumativas”,
redefine los modos de construcción del sujeto curricular a la vez que plantea una
estrategia transversal para todas las áreas del currículum. A más de treinta años de
las primeras aproximaciones, nos encontramos en la fase de la crítica a toda mirada
sesgada que oculte o estereotipe cualquiera de las subjetividades posibles y existentes
en el mundo de la vida.
Ahora bien, dos de los nudos constitutivos de esos discursos se vinculan estrechamente
con las cuestiones de género: por una parte, la escuela pensada no solamente (y tal
vez ni siquiera principalmente) como un espacio de transmisión de “contenidos” sino,
sobre todo, como una arena de homogeneización cultural y moral; por otra parte, el
trabajo docente, sobre todo en el nivel primario, como una tarea “apropiada para muje-
res” (Morgade, 1997, 2010). Así, según el mandato fundacional del sistema educativo
las docentes, entonces, no solo debían enseñar a leer, escribir y contar, sino también
desarrollar otras empresas estrechamente relacionadas con la dinámica doméstica.
Pero para lograr el objetivo de la escuela, debían completar su obra enseñando hábitos
“civilizados” –asumiendo ellas mismas inclusive el aseo infantil cuando era necesa-
rio– y transmitiendo a las masas inmigrantes o nativas la noción y el sentimiento de
la nacionalidad. Un “trabajo femenino” de mujeres sin cuerpo y sin sexualidad que,
como otros, por décadas estuvo precarizado económica y materialmente y caracterizado
por la subordinación intelectual y organizacional: participar en cargos de conducción
44 ISSN 0327-7763 (impresa) / ISSN 2451-5434 (en línea)
Revista del IICE /38 (2015) [39-62] Graciela Morgade y Paula Fainsod
Estas dimensiones históricas, políticas y culturales toman formas concretas en las polí-
ticas dirigidas a las instituciones formadoras por una parte y en la llamada “pedagogía
de la formación” por otra.
Ahora bien, a pesar de sus fuertes diferencias, es posible anticipar que en todos los
formatos institucionales existentes, en la formación de base para los/as docentes de
todos los niveles se registra una escasa o nula crítica de lo que la epistemología femi-
nista viene denominando como el androcentrismo heteronormativo de las ciencias.
Es posible identificar al menos tres tradiciones en los desarrollos del feminismo respecto
de la epistemología. Por una parte, el llamado “empirismo feminista”, que sostiene que
la condición sexuada del sujeto de conocimiento, en sus aspectos físicos y en sus poten-
cialidades biológicas, incide de manera crítica en sus posibilidades de construir cono-
cimiento ya que determina el tipo de problemas a investigar. La presencia de más
mujeres en la ciencia tenderá, desde esta perspectiva, a ampliar la agenda de temáticas
y plantearse aspectos importantes para la vida de las mujeres. Por otra parte, la epis-
temología del “punto de vista femenino”, en los trabajos de Sandra Harding en Estados
Unidos o de Dorothy Smith en Canadá, que también subraya la centralidad del sujeto
de conocimiento ‒con sus valores, creencias y su “cuerpo” construido culturalmente‒ y,
básicamente, de la relación entre ambos. Antes que una cuestión empírica, objetan que
se niegue en la construcción del conocimiento la intervención de la experiencia personal
–es decir, histórica y cultural– producida en un determinado marco de relaciones de
género. El conocimiento subyugado de las mujeres en función de su papel en la sociedad
DOSSIER Convergencias y divergencias de sentido en los talleres de Educación Sexual [...] [39-62] 45
ISSN 0327-7763 (impresa) / ISSN 2451-5434 (en línea)
Revista del IICE /38 (2015)
del capitalismo industrial moderno. Por otra parte, también coinciden en que es solo
reciente la recuperación sistemática de algunos saberes “tradicionales” de las mujeres,
que habilitan nuevas formas de pensar las tecnologías de la vida cotidiana.
Las epistemologías queer son más recientes. En este terreno, en 1998, Eve Segdwick
irrumpe en el escenario con una provocativa obra denominada “Epistemología del
armario”. Desde sus disciplinas de origen, la lingüística y crítica literaria, Sedgwick se
pregunta cómo se reinterpreta un texto desde una mirada desprejuiciada y no heterose-
xista. Señala la necesidad de un desarrollo particular de la crítica gay y antihomofóbica
desde su propia especificidad teórica y encontrando sus propios puntos de apoyo y sus
particulares líneas de desarrollo. Sin dejar de estar vinculada, inevitablemente, a las
cuestiones más amplias sobre el género y la política antipatriarcal, para Segdwick la
cuestión de los homosexuales masculinos, al igual que, en otra esfera, la de las mujeres
lesbianas, ha de encontrar su propio desarrollo y profundizar en sus especificidades en
la producción de conocimiento ya que, entre otros, una de las condiciones propias de
la condición glbttti es el “ocultamiento” y el “pánico homosexual”. Estas lecturas van
habilitando el desocultamiento de la condición disidente en la investigación sobre las
historias de personajes públicos (algunos reconocidos políticos, escritores o artistas)
y de sus producciones; y habilitan también la crítica sistemática de la exclusión de la
perspectiva de la disidencia sexual en la producción de conocimientos científicos y
tecnológicos sobre los cuerpos sexuados.
Mucho más recientemente otros procesos interpelan también a la academia: las tex-
tualidades y las formas de relación mediadas por las TIC (llamadas “2.0”) de nuestros
tiempos, la crítica decolonial, los avances en el reconocimiento de la ciudadanía trans
y las tecnologías de arquitectura corporal, entre otros, que vienen profundizando la
multiplicación de “centros” y puntos de vista epistémicos.
La selección de casos se realizó por muestreo intencional que podrá llegar a constituirse
en muestreo teórico posteriormente en el proceso del desarrollo de la investigación.
A. Un espacio multidisciplinario
En esta primera etapa de la investigación participaron de la etapa de la investigación a la
que aquí referimos trece docentes que dictan el taller ESI en Profesorados de enseñanza
inicial y primaria de la CABA. Algunos/as de ellos/as dictan el taller en más de una
institución y/o turno, razón por la cual se llega a cubrir casi la totalidad de las institu-
ciones que dictan este espacio curricular en esta jurisdicción. De los/las entrevistados/
as, algunos/as (cinco) dictan otras asignaturas en este nivel educativo, otros/as dos en
escuelas secundarias, también hay quienes dictan espacios vinculados a la perspectiva
de género o la incluyen en materias de carreras universitarias. La mayoría de los/las
entrevistados se incorporan al dictado de clases en formación docente a partir de su
inserción en el Taller ESI, es decir que no vienen de una tradición de trabajo en esta
modalidad del nivel superior: seis comenzaron alrededor del año 2010/2011; cinco en
2013/2014 y otras dos en el 2015; solo tres de los/las trece docentes cuentan con más
de diez años de antigüedad en el nivel.
Una de las particularidades del taller no solo radica en que desde la propuesta integral
conlleva un abordaje inter-disciplinario sino que también, y vinculado a lo anterior,
quienes lo dictan pueden provenir de diferentes carreras. En tal sentido, la muestra
quedó constituida por seis Licenciados en Ciencias de la Educación, cuatro del área de
la psicología ‒licenciados/as y profesores/as o psicología social‒, dos antropólogas y una
historiadora. En la mayoría de los casos en sus trayectorias de formación se menciona
el pasaje por instancias de formación en posgrado vinculadas al área y/o perspectiva
enmarcadas ‒en algunas ocasiones‒ a especializaciones, maestrías o doctorado, cursos
y postítulos específicos en Educación Sexual Integral.
Al hacer referencia al modo a través del cual llegan al dictado de esta asignatura se
mencionan no solo cuestiones vinculadas a un proceso de inquietud-formación aca-
démica que da cuenta de un interés en un campo de problemas particular.
B. Un espacio de ruptura
Uno de los puntos indagados en las entrevistas giró alrededor de los sentidos/objetivos
asignados a este espacio curricular. Como una insistencia generalizada se presenta
una intencionalidad otorgada al espacio ligada a la promoción de rupturas en los/las
estudiantes. En general, el modo de entender esta ruptura es la de ejercer una distancia
con el sentido común. En consecuencia, el taller de ESI se propone como un ámbito
relevante para reconocer, desarticular y rearticular los sentidos que los/las estudiantes
portan sobre las sexualidades, la educación sexual, las identidades sexo-genéricas, las
infancias, el papel de las instituciones educativas, los procesos y prácticas sociales que
en ellas tienen lugar.
Sin embargo, y re-editando un histórico debate del campo de las ciencias sociales, esta
ruptura se entiende de diferentes modos entre los/las entrevistados/as. Las ciencias
sociales han cargado con la voluntad de remediar los signos exteriores del rigor de las
disciplinas científicas “más reconocidas”. Desde sus inicios, se ha instalado en ellas una
fuerte preocupación por la consolidación de un campo racional, objetivo, distanciado;
que al modo de las ciencias naturales ‒y a partir de la aplicación de una metodología
adecuada que propiciara la perfecta inocencia epistemológica‒ permitiera arribar a la
construcción del conocimiento científico de lo social. Al remitir a estas tensiones en
el campo de las ciencias sociales se encuentran distintas tradiciones desde las cuales se
estipuló el oficio del investigador/a y que también permearon los modos de entender
la docencia. “Dejar las emociones afuera del aula”, “Querer a todos los alumnos por
igual”, “Brindar solo información científica” fueron algunos de los mandatos que –aún
hoy‒ resuenan entre las paredes de las escuelas.
De este modo, podría decirse que el oficio del sociólogo/a, al igual que el del/de la
docente se produce desde un marco conceptual y contando con la relatividad –no el
relativismo‒ de los instrumentos de conocimiento, ya que dependen de los contextos
socio-históricos y culturales en que se utilizan, como así también de las condiciones
de producción de las experiencias de quienes allí participan. Estas tensiones en los
modos de concebir cómo deben generarse las rupturas con el sentido común se hacen
presentes en los relatos de los/las entrevistados/as. Si bien en cada uno de ellos/ellas se
50 ISSN 0327-7763 (impresa) / ISSN 2451-5434 (en línea)
Revista del IICE /38 (2015) [39-62] Graciela Morgade y Paula Fainsod
Hay para quienes el taller de ESI debe proporcionar las herramientas para despojarse
de los prejuicios, entendiéndolos como aproximaciones incorrectas que conllevan efec-
tos negativos en las prácticas sociales y escolares. La necesidad de despojarse de estos
prejuicios es visto por los/las docentes como un medio para des-hacerse de miradas
erróneas. Entienden que el espacio debe promover una revisión sobre los propios pre-
juicios, los modos de mirar las infancias y las adolescencias. En esos casos se enfatiza
la necesidad de “hacer entrar la cotidianeidad” como un modo de poder des-hacerse
de juicios y estereotipos que desconocen/omiten las realidades de ciertos sujetos y
refuerzan la estigmatización hacia ciertos grupos.
Yo trato de trabajar mucho con lo que es poder, poder observar, juzgar, criticar, con
poder ir más allá del discurso inmediato, ¿no? Con poder detectar cosas que están por
detrás de lo inmediato. […] O sea, no trabajo tanto en relación a la didáctica de cómo
transmitir a los chicos algo de lo que es ESI. Sino cómo transmitirle a las maestras,
cómo hacer, digamos, que ellas puedan incorporar algo de esto, que ya es bastante
difícil. Me parece muy importante, primero, romperle la cabeza a las maestras, ¿no?
Sacarles algunos prejuicios y hacerles pensar algunas cosas distintas. […] Para mí es
importante desestructurarlas al principio. (Z, Lic. en Psicología)
Por momentos, aunque cercanos a una mirada que reconoce las diversidades y res-
petuosa de los derechos, desde este posicionamiento se genera una suerte de práctica
normativa en tanto se propone que el taller debiera tender hacia un “cambio de cabeza”
de un/a otro/a. En algunos relatos aunque persiste la tendencia a priorizar en el taller
el trabajo sobre los prejuicios, se entiende este trabajo desde una estrategia pedagógica
tendiente al diálogo y al encuentro de percepciones a fin de generar interrogaciones
que propicien el cambio hacia la mirada esperada.
Hacemos un análisis constante entre teoría y práctica, donde las chicas o los chicos
traen ejemplos de las residencias que están haciendo, de lo que escucharon de la
escuela de sus hijos. Tratamos de que en general las clases sean activadas por preguntas
de la cotidianeidad, ya sea algo que traen ellos personalmente o una noticia del diario.
Y a partir de ahí poder articular con la teoría, poder empezar a jugar con algunos
conceptos, ver películas con respecto a esto y laburar bastante el tema de los prejuicios,
porque yo sigo notando que en muchísimas cosas estos prejuicios van desapareciendo
en la medida en que uno va hablando esto. Creo que el espacio del taller es un espacio
para hablar, para charlar, para opinar, para decir y para que en algún momento el otro
te diga algo y te enojes o no y que lo puedas repensar. (P, Psicólogo)
Desde otras voces, la ruptura con el sentido común se propone como un cambio teórico-
conceptual. El taller debiera posibilitar abrir la mirada a ciertas dimensiones, en este
caso referidas a las sexualidades, que quedan invisibilizadas frente a las argumentacio-
nes reduccionistas del paradigma biologicista. En tal sentido, esta instancia curricular se
dirigiría a la producción de una perspectiva integral que promueva el reconocimiento
de las dimensiones sociales e históricas de las sexualidades. Este modo que adquiere la
ruptura se acerca muy fuertemente, vis a vis con los desarrollos del Programa Nacional
de Educación Sexual Integral. La recurrencia a la integralidad, las puertas de entrada
de la ESI, la promoción de la salud y de los derechos suelen estar presentes en este
modo de pensar los objetivos del espacio curricular. El espacio, así entendido, se dirige
a privilegiar el ofrecimiento de conceptos, estrategias, materiales didácticos y recursos
que hagan posible la ESI en las escuelas.
Como un objetivo primero que por ahí está un poco plasmado en los papeles eh, pero
para mí es transversal y medio permanente es […] tratar de establecer lo que fue,
al menos para mí […] el cambio de perspectiva”. “Correr el velo que circula y sigue
siendo muy densamente ¿fuerte?, o sea más allá de que hay tensiones y que se yo,
pero correr el velo en relación algunas cuestiones de género para mí es un objetivo[…]
transversal porque además la gran mayoría de mis estudiantes son mujeres”. (A, Lic.
en Ciencias de la Educación)
Como de trabajar las cosas que en la militancia una trabaja en términos de demanda
política, trabajarlas en función del rol docente que van a asumir ¿no? como ¿qué les
importa el debate legislativo? obvio les importa, lo discutimos y les aporta como le
aporta a cualquiera, pero siempre hago mucho hincapié en -bueno ustedes van a ser
docentes y sus opiniones en su rol docente. (V, Lic. en Ciencias de la Educación)
Asimismo surge como interrogante, de la mano de ciertas reflexiones que realizan los/
las profesores/as, ¿cómo generar desde estos espacios una propuesta que no resulte
normativa?, ¿cuáles son las posibilidades transformadoras del taller? Como plantearía
Debora Britzman (1999: 97), ¿cuáles son los desafíos que se nos presentan al momen-
to de plantear una pedagogía interesante y estimulante en la cual en el vínculo entre
curiosidad, sexualidad y propuesta curricular se potencie la relación entre la libertad
para explorar nuevas ideas y una pedagogía significativa?. Desde diferentes posiciona-
mientos, algunos/as profesores/as realizan reflexiones en este sentido:
Uno transmite algo en relación a cómo mirar, por ejemplo, no sé, todo lo que es ahora
las nuevas sexualidades; y te encontrás con un escrito que decía algo así como... “Que
al homosexual no hay que tenerle asco porque son iguales a nosotros, entonces hay
que respetarlos como, como todos”, una cosa así. Pero bueno, uno leía, no hay que
tenerles asco, bueno por ahí entendió, pero no pudo cambiar su posición interna
respecto a cómo mirar al otro. (Z, Lic. en Psicología)
Por ejemplo yo creo que, amo la Ley de ESI, amo todo, pero como toda ley y como toda
política educativa, es altamente prescriptiva en algunas cuestiones, y sobre todo porque
se trata de sexualidad es altamente prescriptiva. Yo muchas veces tengo la sensación
de que si bien ya no es de un enfoque moral, moralista, sí seguimos teniendo esta
cuestión como de una buena sexualidad, como que sigue impregnada esta cuestión y
me parece que a veces hay que trabajar más fuerte. O sea, poder ver también aquello
otro que se nos escapa de la potencia en la sexualidad, de la cuestión creativa, de la
cuestión que desborda, que es una fuerza en la que podemos dar herramientas para
el ejercicio del derecho, dar herramientas para la autonomía, para la protección [...]
Como que esas cosas siguen quedando, me parece que es por capas, uno no puede
pretender en 12 clases destruir todo un edificio que se armó en décadas de crianza, que
apenas uno puede meter unos interrogantes, ir trabajando por capas y que decantará
con la trayectoria de cada quien”. (M, Lic. en Antropología)
La potencia transformadora del taller ESI se presenta como una preocupación en casi
todas las entrevistas. De diferentes modos, la pregunta por cómo tornar significativo
el espacio conlleva a los/las docentes a una búsqueda constante por generar una alter-
nativa estimulante, cercana a las experiencias de quienes por allí transitan y que a la
vez incentive a la producción de nuevos saberes. A modo de primeras aproximaciones
se podría vincular esta búsqueda constante de los/las docentes con dos aspectos sobre
los cuales seguir explorando. Por un lado, el taller ESI resulta un espacio curricular
relativamente nuevo. Si bien se instituye en la CABA a partir del 2009, su presencia en
los institutos de formación docente fue progresiva. Por otro lado, se trata de un espacio
interdisciplinario que para su construcción o consolidación requiere de una estrategia
político-pedagógica-institucional que propicie y oriente un proceso que favorezca la
discusión y producción de un corpus acerca de este campo.
DOSSIER Convergencias y divergencias de sentido en los talleres de Educación Sexual [...] [39-62] 53
ISSN 0327-7763 (impresa) / ISSN 2451-5434 (en línea)
Revista del IICE /38 (2015)
Como uno de los obstáculos para concretar los objetivos del espacio de Taller, todos
quienes fueron entrevistados/as coinciden también en la duración de la cursada. El
taller de ESI forma parte del Ciclo de Formación General de la carrera, se cursa una vez
por semana con una duración cuatrimestral con tres horas cátedra (tres horas reloj).
Los/las docentes comparten que la materia requiere mayor tiempo para su despliegue
y que en ocasiones esto se vuelve un obstáculo. Esta percepción, en ocasiones, es tam-
bién compartida por los/las estudiantes que cursan el espacio, según las palabras de
las entrevistadas. De acuerdo a lo relevado en las respuestas, el tiempo resulta poco
para poder llegar a generar una transformación en la mirada, la apropiación de cierto
marco conceptual y normativo y al mismo tiempo trabajar en torno a su abordaje
en el aula. Esta situación se lee en la mayoría de los casos como un obstáculo que
refiere al lugar-tiempo asignado a este taller, pero también en una de las entrevistas
se menciona que quizá este obstáculo no solo se refiera a una limitación del tiempo
sino con la necesidad de volver esta perspectiva transversal. Es decir, se advierte por
ejemplo que esta perspectiva debiera estar presente en otras materias y sobretodo en el
espacio de las prácticas. Algunos/as comentan que los/las estudiantes al momento de
las prácticas se acercan para consultar acerca de los modos de incluir esta perspectiva,
lo cual es visto para algunos/as como un logro del espacio pero también como una
necesidad institucional.
Los modos de ver y dar sentido al espacio de educación sexual se vincularán también
con ciertos énfasis en qué enseñar y cómo enseñar la ESI. Acercarse a estas dimensiones
de la pedagogía de la ESI en este nivel de formación también permiten identificar las
interrogaciones, los procesos de búsqueda que desde los/las docentes se proponen en
la configuración de este espacio curricular.
Otro de los modos de acercarse a las formas que toma el abordaje de la ESI en los
Talleres de formación docente consistió en la indagación sobre la propuesta de conte-
nidos que se ofrece en estos espacios. Vale aclarar aquí que luego de la sanción de la Ley
Nacional de Educación Sexual Integral, el Consejo Federal de Educación desarrolla en
el año 2008 una serie de lineamientos curriculares referidos a este campo para todos
los niveles educativos, incluyendo la formación docente.
En todos los casos los contenidos se agrupan en grandes ejes que se recorren a lo largo
de la cursada. Así por ejemplo hay quienes organizan sus contenidos en ejes tales como
construcción social de la sexualidad/identidad, derechos y marco normativo y como un
último eje aspectos referidos al abordaje de la educación sexual. Estos ejes adquieren
diferentes secuencialidades y a la vez, en algunos casos, se apegan más vis a vis a la letra
de la Ley de Educación Sexual Integral y sus lineamientos. En otros casos se presentas
ejes vinculados a aquellos instrumentos pero enfatizando las miradas/perspectivas en
torno a las diversidades, el feminismo y la perspectiva de género. También hay quienes
recorren estos ejes pero desde una propuesta más abierta a temáticas e intereses que
surjan en el grupo. Para otros/as docentes los contenidos se organizan en torno a las
normativas vigentes vinculadas a la educación sexual integral y a partir de ellas se
abordan temáticas específicas que parecieran ligar más la sexualidad a la salud sexual
o como peligrosidad. En esta línea, estas propuestas se orientan a trabajar temáticas
tales como violencia, VIH-SIDA, entre otras.
También ligadas a las reflexiones sobre los contenidos abordados en el taller, se men-
cionan algunas tensiones, algunos silenciamientos. La mayoría de los y las entrevista-
dos/as observan en el contenido mismo de la ESI algo disruptivo, un contenido que
interpela, que moviliza. Tal como se explicita en algunas entrevistas, los contenidos
de la ESI generan –en variadas ocasiones‒ la posibilidad de hablar temáticas que no se
habían hablado antes, de nombrar situaciones innombradas en los espacios escolares o
en otras circunstancias de la vida cotidiana. Es decir el contenido de la ESI se presenta
como disruptivo en relación a lo que tradicionalmente aloja la escuela. Según algunos/
as entrevistados/as, esta característica de los contenidos conlleva ciertos obstáculos,
resistencias y movilizaciones en los/las estudiantes que encuentran diferentes resolucio-
nes en los/las docentes. Este suele ser un aspecto de la enseñanza que se resalta como
un elemento diferenciador respecto de la enseñanza de otras materias, la implicación
personal.
1. A veces hay silencios, pero siempre hay comentarios, siempre se aportan ideas, es raro que
se queden todas calladas. En general, muchas veces hacen solamente el gesto y por supuesto
que hay temas que son muy delicados y nos tocan a cada uno de manera diferente, entonces
esto también se habla. (I, Lic. Psicología)
2. Uno de los temas más resistentes a este enfoque en relación a la higiene personal, es el abor-
dar el cuerpo y los nombres; “hasta “pene” y “vulva” se llega” y consideran que con nombrar
correctamente ya está cumplida la incorporación de la perspectiva. Cuesta mucho. Una vez
DOSSIER Convergencias y divergencias de sentido en los talleres de Educación Sexual [...] [39-62] 55
ISSN 0327-7763 (impresa) / ISSN 2451-5434 (en línea)
Revista del IICE /38 (2015)
en una dramatización sobre escenas temidas que era sobre las preguntas de los niños/as
acerca de cómo se gestan los bebés, una de las pibas no podía… o sea, habían armado como
el guion, y en el momento de decir que “el hombre introducía el pene en la vagina de la
mujer” plantearon que era un indecible, (eso) fuertísimo me pareció, dijo: “no, no, no profe
basta!” yo esto no lo puedo decir. (A, Lic. en Ciencias de la Educación)
3. El cuatrimestre pasado tuve un alumno, heterosexual, hecho y derecho que me cuestionaba
todas las clases que no era tan así la violencia, que no era tan así la desigualdad...Y en una
clase me dijo “todo bien con los putos, todo bien con las lesbianas, pero a mi el travesti es co-
mo que no puedo, no lo entiendo, no me pasa...”. No podía, no podía, y había algo interesan-
te en lo que él planteaba, porque era sincero, se estaba sincerando, en una postura desde mi
lado bastante fuerte, porque yo me presento como feminista, me presento como activista. Y
el trabajo final que él hizo, él dijo “yo quiero trabajar sobre el travestismo” “quiero trabajar
sobre eso, porque siento que no estoy pudiendo, entonces quiero a ver si académicamente se
me pasa un poco esto que me está pasando. (N, Lic. en Historia)
También en las entrevistas se hacen presentes los aspectos omitidos en los contenidos.
Una de las entrevistadas hace mención a la ternura, a los afectos, a la corporalidad
como contenido de su propuesta curricular en tanto estos puntos no se nombran casi
en ninguna otra entrevista aun siendo parte de los contenidos en el diseño. La posi-
bilidad de advertir el currículum nulo resulta potente ya que como expone De Cunha
(2015: 159) este constituye un metacurriculum en tanto que “lo no dicho tiene sobre
los sujetos pedagógicos un efecto (per) formativo mucho más potente y subjetivante”.
D. Pedagogías en tensión…
énfasis en los modos de abordar la ESI. Por un lado hay quienes, en la búsqueda por
desafiar los prejuicios, priorizan un modo de trabajo en el cual prevalecen actividades
en las cuáles se prioriza el debate, el encuentro de perspectivas con un objetivo dirigido
a la transformación de las visiones en torno a las sexualidades, a las infancias, entre
otros. Se propone un espacio tendiente a un cambio subjetivo, en el cual se reflexione
fundamentalmente sobre la propia experiencia social y de los episodios que irrumpen
en la cotidianeidad de la escuela. En ella se ofrece una serie de actividades abiertas, en
las cuales los contenidos a abordar se van estableciendo de acuerdo a los intereses y
necesidades del grupo. Prevalece la lectura de materiales literarios, cinematográficos,
audiovisuales. Sin embargo, y paradójicamente, en esta modalidad, en la cual se ubican
generalmente docentes provenientes del campo de la psicología, se presenta cierta ten-
dencia que busca un cambio de posicionamiento subjetivo que encuentra sus límites
en una propuesta que aunque más laxa en su forma termina forzando la “bajada de
línea” de un deber ser en torno a la sexualidad.
Otra de las tendencias encontradas se encuentra en una que podríamos llamar técnico-
didáctica. EN ella se priorizan actividades que permitan a los/las estudiantes apropiarse
de herramientas para el desarrollo de la ESI en las escuelas. En algunos casos se trata de
brindar herramientas para su abordaje en el aula y en otra para el abordaje personal-
grupal o institucional de temáticas vinculadas a las sexualidades, a la salud sexual y
a la vulneración de derechos. Se trata de propuestas más estructuradas, en las cuales
ya hay una serie de guías de trabajo estipuladas, temáticas delimitadas. A través de las
actividades se ofrecen recursos didácticos, los materiales producidos por el PNESI y
otras instituciones/organizaciones, recursos normativos e institucionales.
Como parte de estas tendencias, también se encuentra una de corte más pedagógico.
Esta tercera tendencia, pedagógico crítica de género, insiste fuertemente en trabajar
los aportes de los movimientos sociales, los feminismos, la perspectiva de género. Las
propuestas en las que insiste esta tendencia se vinculan a docentes provenientes de la
formación en ciencias de la educación, antropología, historia. Algunas de ellas con
experiencia de militancia en este campo. El abordaje se dirige a la reflexión en torno a
la pedagogía de la ESI, al lugar de los/las instituciones, al lugar de los/las docentes, de
los/las estudiantes, las familias, otras instituciones. Si bien recorriendo en ocasiones los
mismos ejes que quienes se ubican en el énfasis anterior y hasta utilizando en ocasiones
los mismos materiales, las actividades se dirigen a identificar la producción social de
las sexualidades y cómo en estos procesos se condensan diferentes dimensiones y que
se particularizan en las escuelas. Aquí se evidencia como la forma hace al contenido.
Es decir desde el trabajo a veces de los mismos contenidos –en palabras de las/los
entrevistados/as‒, con los mismos materiales se producen una serie de propuestas
tendientes hacia otro lugar: la producción de una perspectiva.
Una preocupación recurrente es cómo desafiar las categorías sociales que se presentan
en la clase y que presentan desigualdades en las formas que toman las voces. La clase
DOSSIER Convergencias y divergencias de sentido en los talleres de Educación Sexual [...] [39-62] 57
ISSN 0327-7763 (impresa) / ISSN 2451-5434 (en línea)
Revista del IICE /38 (2015)
Lxs alumnxs que recién comienzan su trayecto académico traen al aula experiencias y
vivencias cercanas a su familia (“traen el problema del sobrino, del hijo”). “Nosotros
decimos que lo tienen que poner en los últimos, donde incluso, por ahí, se pueda dar
que un alumno que esté haciendo prácticas pueda traer algún inconveniente.” Sería
necesario que lxs estudiantes puedan utilizar los contenidos pedagógicamente, para
intervenciones concretas en su práctica docente. Esto no sería posible cuando los
trayectos académicos son recientes o cortos. (Z, Lic. en Psicología)
Desde las expresiones de algunas docentes, sobre todo las que se ubican en la tendencia
pedagógica, se presenta cierta preocupación cercana a los desafíos de la pedagogía
feminista. ¿ Cómo dar lugar a las experiencias de los sujetos involucrados en las aulas,
se trata de que las voces de lxs alumnxs porten sus experiencias; en la dirección en
que las feministas de la diferencia italiana hablan de la construcción de “Saber que
se sabe” (Piussi y Bianchi, 1996: 2) en tanto “La capacidad de conferir sentido a sí
mismas, a los otros, al mundo, a partir de la propia experiencia, necesidades, deseos
como la condición para poder modificar la realidad de manera profunda y no solo en
sus aspectos exteriores y superficiales”.
La pregunta por el lugar que tienen las experiencias, las voces de los/las estudiantes no se
dirige solo hacia la necesidad de que todos participen sino a que las voces tengan lugar
en las aulas. Desde esta vertiente el lugar que se le quiere brindar a las experiencias no
se centra en poder advertir los prejuicios y modificarlos sino que se intenta potenciar
una perspectiva crítica que cuestione las condiciones de producción de los sentidos, de
las propias experiencias, de las experiencias de todos y todas. De allí la preocupación
porque las voces de las/los alumnas/os tengan lugar no se dirige solo a escuchar lo que
piensan y sienten sino que se dirige trata de generar un espacio pedagógico en el cual
las voces, las propias voces también, tengan lugar para repensarse.
El espacio de taller, en sí mismo, está planteado desde el diseño curricular como una
modalidad de cursada que, además dar la posibilidad de la promoción directa, implica
una metodología de trabajo particular. Ahora bien, esta modalidad es resignificada por
cada uno/a de los docentes que dictan ESI. Resultan significativas algunas reflexiones en
torno a lo vivencial en los talleres. En varias entrevistas insiste la finalidad de tornar el
taller una experiencia “vivencial” (en palabra de los/as entrevistados/as). Entendiendo
lo vivencial de diferentes maneras. Hay una búsqueda por interpelar, por convocar y
así se recurre a diferentes y variadas estrategias que en ocasiones se presentan en un/a
mismo/a docente. De este modo algunas entrevistas remarcan la necesidad de hacer
presente la corporalidad en el aula a través de dramatizaciones, juegos, movimien-
tos. Estrategia en la cual encuentran ciertas resistencias de los/las estudiantes por las
ausencia de estas metodologías de trabajo en el espacio de formación y en la educación
en general.
Yo lo puedo hacer, esto de la psicología social y las dinámicas del taller y la educación
física, trabajo mucho con el cuerpo. Me parece que ahí hay un combo que permite que
la cosa sea relajada, que salgan del escritorio y que se puedan mover, que se tiren en el
piso y hagamos otras actividades que no son las de solamente leer, tratar de explicar
o hacer un trabajito” Permanentemente con actividades y cuestiones que tengan que
ver con trabajo en grupo, experiencias y recuerdos que hayan tenido con el tema de
la sexualidad, de la escuela, de esto, de lo otro. Bueno, algunos niegan totalmente,
pero ahí empieza a salir y al terminar el taller transpiran mucho la camiseta. (S, Lic.
En Ciencias de la Educación)
Quiero hacerlo un poco más taller, más vivencial. No me encuentro todavía cómoda
trabajando con los textos en la clase, trato de que vaya saliendo de las alumnas, el
concepto de género, que vayamos primero viendo como con algunas cosas masculinas,
algunas cosas femeninas, cosas así y de ahí llegar más a lo conceptual por ahí. Uso
desde situaciones de aula posibles y ver qué harían ellas en esas situaciones, después
ver una puesta en común. (L, Lic. en Antropología)
Yo no tengo ningún problema en hablar de lo que sea y decir lo que sea, en el sentido
que en determinadas cuestiones la formalidad hay que correrla de lado y hay que
trabajar en adultos de igual a igual.” ¿Qué es correrse de la formalidad? Para trabajar
sería también necesario ¿diluir? las posiciones maestro-alumno. ¿El formato maestro-
alumno impide un debate fructífero? (S, Lic. En Ciencias de la Educación)
A su vez, replanteando el modelo tradicional donde el/la docente se erige como espacio
de certeza y seguridad también surgen en algunas entrevistas la necesidad de brindar
desde el Taller de la ESI ciertos mojones que permitan construir un marco contenedor
que anime a la entrada de la ESI en las escuelas
A veces está esa cuestión de la omnipotencia pedagógica de creer que uno quiere agotar
todo ahí, en esa instancia curricular. Digamos como que en algún punto la cuestión
tiene que ver con esto, con poder abrir algunas preguntas y generar algún espacio de
reflexión en torno a la sexualidad… como poniendo en tensión sentidos arraigados en
todos y en todas y en mí misma también obviamente. Pero dar la ESI, conocerla en
qué consiste, cuáles son los materiales, apropiarse de eso para poder desde ahí dar
algún punto de seguridad, porque si bien la incertidumbre esta buena también está
bueno darle seguridad a los pibes y las pibas que transitan por ahí para decir “bueno
sí, hay un marco normativo del cual te podes incluir para dar esto, y hay ciertas líneas
por donde podes seguir ¿no?, como enmarcar desde ahí para que eso sea posible
después de darse en la escuela porque si no, tenía miedo yo de que pasara como una
experiencia muy interesante y muy linda pero que después no pudiese verse cómo
eso entra a jugarse en las escuelas y en las aulas. (P, Lic. en Ciencias de la Educación)
Primeras conclusiones
Es evidente que existen cruces entre las miradas y trayectorias de quienes asumen los
talleres de ESI en la formación docente, y los sentidos, contenidos y propuestas pedagó-
gicas que van configurando la experiencia formativa de las/os estudiantes en ese espacio
curricular. Las tres tendencias esbozadas en estos primeros análisis se presentan como
posibles abstracciones a partir de lo que insiste en los relatos de los/las entrevistados.
No se encuentran de modos puros en cada uno/una de ellos/ellas y en las entrevistas
es posible identificar pasajes en los cuales se fusionan en un mismo/a docente.
Sin embargo estos aspectos diferenciados pueden estar hablándonos de ciertas par-
ticularizaciones en la enseñanza de la ESI. Prima fascie parecería que los talleres de
ESI deberían quedar al margen de una forma clasificatoria fuerte entre “lo esperable
como normal –lo condenable o desechable‒” y, al mismo tiempo, es sabido que en la
formación docente es casi imposible escapar de la necesidad de tener “certezas situadas”
como para poder habilitar una práctica docente mínimamente anclada en la escuela.
También parecería que no debería fijar una serie de “contenidos” porque la crítica
epistemológica feminista y queer de los saberes de referencia continúa, y, a la vez, ya
hay lineamientos definidos que esperan su incorporación plena al currículum escolar.
Por último, es propio de la perspectiva de géneros contener a la vez una dimensión
descriptiva y una dimensión crítica y, a la vez, las pedagogías críticas han tematizado
a la enseñanza como problema político, en que contenidos y experiencia forman un
todo escindible solo en el análisis.
## Referencias bibliográficas
»» Alliaud, A. (2007). Los maestros y su historia: los orígenes del magisterio argentino.
Buenos Aires, Granica.
»» Alonso, G. y Díaz, R. (Comp.). (2003). Hacia una pedagogía de la experiencia de
las mujeres. Buenos Aires, Ed. Miño y Dávila.
»» Bach, A. (2010). Las voces de la experiencia. El viraje de la filosofía feminista.
Buenos Aires, Biblos.
»» Birgin, A. (2000). La docencia como trabajo: la construcción de nuevas pautas de
inclusión y exclusión. En Gentili, P. y Frigotto, G. Comps., La Ciudadanía negada.
Políticas de exclusión en la educación y el trabajo. CLACSO, Buenos Aires.
»» Bourdieu, P; Chamboredon, JC, Passeron, JC. (2008). El oficio del sociólogo:
presupuestos epistemológicos. Buenos Aires, Siglo XXI (1975).
»» Britzman, D. (1999). Curiosidade, sexualidade e curriculo. En Lopes Louro
G., Guacira. O corpo educado. Pedagogias da sexualidade. Belo Horizonte,
Autentica.
»» Butler, J. (2002). Cuerpos que importan. Barcelona, Paidós.
»» _____. (2004). Deshacer el género. Buenos Aires, Paidós
»» Da Cunha, M. (2015). El currículum como Speculum. En Bach, A.M. (Coord.). Para
una didáctica con perspectiva de género. Buenos Aires, UNSAM Edita.
»» Díaz Villa, G. (2012). Una pedagogía para la esi. En Cuadernos de Educación.
Universidad Nacional de Córdoba. Año X- Nº10 (10).
»» Edwards, V. (1995). Las formas del conocimiento en el aula. En Rockwell, E.
(Coord.). La escuela cotidiana. México, Fondo de Cultura Económica
»» Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Buenos Aires, Siglo XXI Editores
»» Harding, S. (1991). Whose science, whose knowledge? New York, Cornell University
Press.
»» Meinardi, E. (2008). Educación para la Salud Sexual en la formación de profesores.
En Meinardi, E. y Revel C., Andrea (comp.). Género y educación Sexual en las
escuelas. Buenos Aires, Ed. de autor.
»» Morgade, G. (1995). Mujeres y educación formal. De la lucha por el acceso a la
lucha por el curriculum. En Revista del Instituto de Investigaciones de ciencias
de la educación Nº 6, pp. 26-35
»» _____. (1997). Mujeres en la educación: género y docencia en la Argentina 1870-
1930. Miño y Dávila Editores
»» _____. (2010). Mujeres que dirigen poniendo el cuerpo. Buenos Aires, Noveduc.
»» _____. (2011). Toda educación es sexual. Buenos Aires, La Crujía Ediciones.
»» _____. (2013) Notas epistemológicas desde una investigación feminista sobre
educación sexual. Revista da FAEEBA, Universidade do Estado da Bahia.
»» Morgade, G. y Alonso, G. (Comp.) (2008). Educación, sexualidades, géneros.
Tradiciones teóricas y experiencias disponibles en un campo en construcción. En
Morgade, G. y Alonso, G. (comp.). Cuerpos y sexualidades en las escuelas. De la
normalidad a la disidencia. Buenos Aires, Paidós.
62 ISSN 0327-7763 (impresa) / ISSN 2451-5434 (en línea)
Revista del IICE /38 (2015) [39-62] Graciela Morgade y Paula Fainsod
»» Piussi, A.M. (1989). Educare nella diferenza. Gruppo pedagogia della differenza
sessual. Torino, Rosenberg & Sellier.
»» Piussi, A. M; Bianchi, L. (ed.). (1996). Saber que se sabe. Barcelona, Icaria
»» Sedgwich, E. (1998). Epistemología del clóset. Barcelona, Ediciones de la
Tempestad.
»» Sirvent, M. T., Lomagno, C., y Llosa, S. (2009). Intervención Comunitaria en
contextos de pobreza en la Ciudad de Buenos Aires desde una perspectiva de
Animación Sociocultural e Investigación- Acción Participativa. En IV Coloquio
Internacional en Animación. Universidad del Quebec en Montreal UQAM/Red
Internacional de Animación RIA, pp. 28-30.
»» Smith, D. (1999). Writing the social. Toronto, University of Toronto Press.
»» Wainerman, C.; Di Virgilio, M.; Chami, N. (2008). La escuela y la Educación
Sexual. Buenos Aires, Universidad de San Andrés.
Graciela Morgade
Paula Fainsod