Universidad Católica Andrés Bello - Guayana
Escuela de Derecho
Facultad de Derecho
6to Semestre
Cátedra: Filosofía del Derecho II
Sección: 401
Planchart Marrero, Coraima Carolina – 26.073.301
Venganza y Justicia
La venganza es un instinto profundo que casi todos los seres humanos experimentan a
lo largo de la vida, a menudo, es vista como una manera de restablecer la justicia o
como garantía de que aquel que ha causado un daño, no vuelva a hacerlo en el futuro.
La justicia es la interpretación que cada sociedad hace de sus leyes jurídicas a lo largo
del tiempo. Se trata de un bien común de la humanidad que surgió frente a la necesidad
de garantizar y mantener la armonía entre una comunidad. De este modo, puede decirse
que la justicia responde a un grupo de normas, explícitas o implícitas, que regulan la
vida en sociedad, puesto que determinan qué cosas pueden hacerse o no en las
relaciones entre individuos y entre estos y las instituciones.
Es políticamente correcto pedir justicia y condenar la venganza. Al menos en el
discurso público, la mayoría se cuida de rechazar cualquier proximidad con esta
práctica. A primera vista, las líneas divisoras entre ambas se atenúan, ya que, si se
observa su desarrollo histórico, no son dos categorías ontológicas ni morales tan
diferentes, puesto que nacen de una misma noción, obtener una reparación por el daño
que se ha causado.
“Porque la justicia es una venganza institucionalizada, y la venganza una justicia
personalizada”.- (Comprensión moderna del dicho de Epicureo)
Por ejemplo: a un sujeto A, un familiar muy querido le es asesinado, y el asesino alega
asesino alega que esa muerte es necesaria para lograr la autodeterminación de un
pueblo. Es muy probable que el primer impulso de A fuera tratar de matar al autor del
crimen, ya que al quitarle la vida alguien, eso es lo que se merece, aunque dicho instinto
vaya en contra de los principios de la civilización, y luego caiga sobre el todo el peso de
la ley.
Esto en razón, de que la labor de justicia, en una sociedad civilizada, corresponde
exclusivamente al Estado, una justicia con garantías, para hacer que el delito sea
retribuido mediante la pena pública adecuada.
Sin embargo, en sociedades primitivas era la regla común la venganza privada. A la
familia del asesinado le corresponde vengar el mal con otro semejante, a costa del
malhechor o de los suyos. La venganza fue quedando de lado en cada ocasión en que
una sociedad pasó a regirse por un poder político organizador que impone y se guía él
mismo por reglas jurídicas abstractas, lo que significa que es el legislador quien
determina con carácter general qué conductas merecen castigo público, y son los
propios órganos del poder los que ejecutan tal castigo como pena.
Sin embargo, vemos que la venganza no es solo una capacidad que posee el
individuo, el conglomerado de individuos sobre el cual se ejerce un poderío, también
en visualizado como una entidad única en sí misma, es decir, lo que conocemos como
Estado o País, tiene una capacidad, si no sentir plenamente, si de reaccionar.
Un Estado es una organización política, constituido por instituciones burocráticas y
administrativas idealmente estables, a través de las cuales se ejerce el uso legal de la
justicia (soberanía) para la resolución de conflictos, aplicada a una población dentro de
unos límites territoriales establecidos. El estado para Hobbes “es un estado de
obligaciones que se da con el pacto de unión, que crea al estado absolutista que tiene
por función primordial el mantenimiento del orden, garantizando la superación de la
anarquía y el descontrol irracional de las personas malvadas por naturaleza.”
Por ejemplo: En Venezuela hay una banda de matones que se ha llevado por delante la
vida de los familiares de muchas personas más. El Estado, en algunos casos logra
detener y juzgar a unos cuantos, pero no consigue erradicar la banda, porque son
muchos y tienen poder.
Un día, los jefes de la banda hacen saber que están dispuestos a dejar de matar, pero
solo si se les garantiza impunidad y reconocimiento y legitimidad para sus móviles. Pero
advierten también que, si el Estado no cede, volverán a las andadas y con nuevas
víctimas inocentes.
En tal situación, la autoridad pública pondera todo tipo de razones y consecuencias para
decidir, y los ciudadanos, temerosos a la situación, razonan que, si a cambio del perdón
que los delincuentes demandan, se liberan de todo temor, pues que se haga lo que se
debe hacer, no van a arriesgarse todos por darles satisfacción a ellos.
¿Cómo debe proceder ese Estado en una situación tal? Si asume todas las
condiciones que la banda solicita, parte de la ciudadanía a quienes sus familiares fueron
asesinado, pensaran que a ellos se les ha perjudicado, pues es claro que dichos
criminales no merecen tales beneficios, independientemente de que así lo hayan
querido los otros ciudadanos, pues solo buscan seguridad y paz para ellos y los suyos.
Ante tal situación, es comprensible la reacción de las familias afectadas, pero
recordemos que el único tipo de justicia que se puede garantizar en un orden
social, es aquella cuya percepción sea objetivo-colectiva, donde el interés
meramente individual de dar justicia a unos pocos, no puede predominar sobre el interés
general reconocidos por todos, como lo es la seguridad.
Pero ¿Qué sucedería si los delincuentes no se detuviesen a pesar de la situación?,
implicaría que lo hecho por el estado, no fue efectivo, y en este punto, ante la presión
social ejecutada por la sociedad, es donde puede surgir lo que peligrosamente se
conoce como la venganza sin descanso del Estado. La funcionalidad del argumento
es bien clara, tal concepción implica que, ante una situación de intransigencia, el Estado
no se detiene, ni se mide en sus actuaciones para lograr sus objetivos, es decir,
ejecutara las acciones que sean necesarias, así las mismas impliquen violaciones a los
derechos fundamentales, para lograr subsanar el error cometido, y en este caso, la
violación generada a los mismos conciudadanos. Lo cual puede ser muy bueno o muy
malo, se cumple el objetivo, pero la pregunta es, ¿a qué costo?
Precisamente, aquí es donde surge la importancia de las diferencias
fundamentales entre conceptos tan amplios como venganza y justicia. Algunas
de las cuales se pueden destacar como:
1-La justicia tiene la función de evitar agresiones y el quebrantamiento de la regla de
oro (“no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”). La venganza solo
busca, no enseñar, si no castigar, independientemente de que la persona objeto de la
víctima a fututo cometa otra vez la agresión, se busca es la satisfacción del castigo.
2-La venganza es predominantemente emocional; justicia principalmente racional. La
venganza se trata principalmente de "actuar" (típicamente a través de la violencia)
emociones marcadamente negativas. En cambio, la justicia trata de corregir un error
que la mayoría de los miembros de la sociedad estarían de acuerdo es moralmente
culpable.
3-La venganza es, por naturaleza, personal; la justicia es impersonal, imparcial y un
fenómeno social y legal. Lo que inspira la venganza es lograr una justicia personal,
donde si se tiene éxito, la parte que se percibe a sí misma como gravemente herida,
experimenta una gratificación considerable. Por otro lado, la justicia social es
impersonal, gira en torno a la corrección moral en situaciones donde ciertos principios
éticos y vitales han sido violados; cuando la justicia se aplica con éxito, la retribución
particular beneficia o protege tanto al individuo como a la sociedad.
4-La venganza se trata de represalias; justicia acerca de restaurar el equilibrio. El
motivo de la venganza tiene que ver principalmente con logar dañar. En sí mismo se
trata de que las víctimas afirman su derecho innato (pero no legal) de tomar represalias
contra algún mal que les hayan hecho. Por el contrario, la justicia se ocupa del
restablecimiento del equilibrio mediante la equidad. Se centra en la proporción de los
castigos, según sea el hecho doloso o culposo cometido. No se impulsa por la emoción,
la justicia dictada por un tribunal, busca más bien ser lo más objetiva e imparcial posible.
A pesar de las diferencias plasmadas, al fin y al cabo, la justicia es un sentimiento
antiguo, que de una u otra forma queda relacionado con la venganza, a pesar de ser
una institución social con reglas y leyes impersonales que exigen la sumisión a ellas.
Pero cuando la justicia falla como institución y como práctica del poder, los
individuos vuelven su mirada a su antepasado más primitivo, la venganza,
precisamente, en búsqueda de esa justicia que no llega. Si en el mundo
contemporáneo las víctimas normalmente se contienen, es debido a un entrenamiento
psicológico y moral que han recibido mediante la educación de una cultura civilizada, y,
frecuentemente, por la esperanza de que el viejo refrán: “la justicia tarda, pero llega”,
sea cierto.
Pero en un Estado donde no reina el derecho, ¿qué se puede hacer?, a la víctima, en
muchos casos, no le queda otra forma de justicia que aquella que se condena a toda
voz, pero ante la que cualquiera sería capaz de desfallecer, si así lo necesitase.