0% encontró este documento útil (0 votos)
2K vistas2 páginas

La Profecía

El poema narra la historia de amor juvenil entre el narrador y una chica llamada Malena. Cuando eran niños jugaban juntos y se enamoraron, pero Malena ahora está casada. El narrador le profetiza que a pesar de estar casada, lo seguirá recordando y soñando con él, despertándose llorando al darse cuenta que su amor verdadero fue él y no su marido.

Cargado por

Luis Fidalgo
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
2K vistas2 páginas

La Profecía

El poema narra la historia de amor juvenil entre el narrador y una chica llamada Malena. Cuando eran niños jugaban juntos y se enamoraron, pero Malena ahora está casada. El narrador le profetiza que a pesar de estar casada, lo seguirá recordando y soñando con él, despertándose llorando al darse cuenta que su amor verdadero fue él y no su marido.

Cargado por

Luis Fidalgo
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

LA PROFECÍA

Me lo contaron ayer las lenguas de doble filo,


que te casaste hace un mes y me quedé tan tranquilo.
Otro cualquiera en mi caso, se hubiera echado a llorar,
yo, cruzándome de brazos dije que me daba igual.
Nada de pegarme un tiro ni enredarme en maldiciones
ni apedrear con suspiros los vidrios de tus balcones.

¿Qué te has casado? ¡Buena suerte! Vive cien años contenta


y a la hora de la muerte, Dios no te lo tenga en cuenta.
Que, si al pie de los altares mi nombre se te borró,
por la gloria de mi madre que no te guardo rencor.
Porque sin ser tú marido, ni tu novio, ni tu amante,
yo fui quien más te ha querido, con eso tengo bastante.

Y haciendo un poco de historia, nos volveremos atrás,


para recordar la gloria de mis días de chaval.
¿Qué tiene el niño, Malena? Anda como trastornado,
le encuentro cara de pena y el colorcillo quebrado.
Y ya no juega a la tropa, ni tira piedras al río,
ni se destroza la ropa subiéndose a coger nidos.
¿No te parece a ti extraño? No es una cosa muy rara
que un chaval de doce años lleve tan triste la cara?
Mira que soy perro viejo y estás demasiado tranquila.
¿Quieres que te dé un consejo? Vigila, mujer, ¡vigila!
Y fueron dos centinelas los ojitos de mi madre.

Cuando sale de la escuela se va para los Olivares.


Y ¿qué es lo que busca allí?
Una niña. Tendrá el mismo tiempo que él.
José Miguel, no le riñas, que está empezando a querer.
Mi padre encendió un pitillo, se enteró bien de tu nombre,
y te compró unos zarcillos y a mí un pantalón de hombre.
Yo no te dije ¡te adoro! pero amarré en tu balcón
mi lazo de seda y oro de primera comunión.
Y tú, fina y orgullosa, me ofreciste en recompensa
dos cintas color de rosa que engalanaban tus trenzas.

-Voy a misa con mis primos.


-Bueno, te veré en la Ermita.
Y qué serios nos pusimos al darte el agua bendita.
Mas luego en el campanario, cuando rompimos a hablar:
Dice mi tía Rosario que la cigüeña es sagrada,
y el colorín, y la fuente, y las flores, y el rocío,
y el romero de los montes, y el bronce de esta campana
y aquel torito valiente que está bebiendo en el río,
y aquella cinta lejana que la llaman horizonte.
¡Todo es sagrado: cielo y tierra, porque todo lo hizo Dios.
¿Qué te gusta más? ¡Tú pelo! ¡Qué bonito le salió!
¿y tu boca, y tus brazos, y tus manos redonditas,
y tus pies fingiendo el paso de las palomas zuritas?

Con la pureza de un copo de nieve te comparé;


te revestí de piropos de la cabeza a los pies.
A la vuelta te hice un ramo de pitiminí precioso.
Y luego nos retratamos en el agüita del pozo.
Y hablando de estas pamplinas que se inventan las criaturas,
llegamos hasta la esquina cogidos por la cintura.
Yo te pregunté: -¿En qué piensas?
Tú dijiste: -En darte un beso.
Y yo sentí una vergüenza que me caló hasta los huesos.

De noche, bañados de luna, nos vimos por la ventana.


¡Shss! Mi hermanito está en la cuna, le estoy cantando la nana.
"Quítate de la esquina, chiquillo loco,
que mi madre no quiere ni yo tampoco."
Y mientras que tú cantabas yo, inocente me pensé
que nos casaba la luna como a marido y mujer.

¡Pamplinas! Figuraciones que se inventan los chavales,


después la vía se impone, tanto tienes, tanto vales.
Por eso, yo al enterarme que llevas un mes casada,
no dije que iba a matarme, sino que me daba igual.
Mas como es rico tu dueño, te vendo esta profecía:
Tú, cada noche, entre sueños soñarás que me querías,
y recordarás la tarde que mi boca te besó.
Y te llamarás ¡Cobarde! como te lo llamo yo,
y verás, sueña que sueña, que me morí siendo chico.
Y se llevó la cigüeña mi corazón en su pico.
Pensarás, no es cierto nada. Yo sé que lo estoy soñando.
Pero allá en la madrugada te despertarás llorando,
por el que no es tu marido, ni tu novio, ni tu amante,
sino el que más te ha querido, con eso tengo bastante.

Por lo demás, todo se olvida. Verás cómo Dios te envía


un hijo como una estrella. Avísame enseguida,
me servirá de alegría cantarle la nana aquella:
"Quítate de la esquina, chiquillo loco,
que mi madre no quiere ni yo tampoco."
Pensarás, no es cierto nada. Yo sé que lo estoy soñando".
Pero allá en la madrugada te despertarás llorando
por el que no es tu marido ni tu novio, ni tu amante,
sino el que más te ha querido, con eso tengo bastante.

RAFAEL DE LEÓN

También podría gustarte