1.
Resumen ______________________________________
2. Introducción___________________________________
3. ¿Qué es la nanotecnología?_______________________
4. Ley de Moore y la evolución de la
microelectrónica__
5. Pros y contras de la nanotecnología______________
6. Biología y microelectrónica: complementos
perfectos___________________________________________
7. Aplicaciones ___________________________________
8. Conclusiones___________________________________
9. Bibliografía____________________________________
1. Resumen
Cada día es más frecuente escuchar los términos nanotecnología, nano
partículas, nano estructuras, etc., en conversaciones de la vida cotidiana, pero para la
mayoría de las personas aún es difícil imaginar estos términos fuera del contexto
científico o de la ciencia ficción. Sin embargo, es innegable el impacto que el estudio
de las nano ciencias y los desarrollos nanotecnológicos tendrán en los ámbitos social,
cultural y económico de la vida diaria de todos nosotros. Por un lado, el escenario
positivo nos presenta los grandes beneficios que nos traerá la nanotecnología en los
ámbitos de salud, alimentos, energía, medio ambiente, electrónica y
telecomunicaciones, etc. Sin embargo, la visión contraria nos muestra también, casi en
los mismos ámbitos de aplicación, los riesgos que acarrearía el uso de los nuevos
desarrollos nanotecnológicos.
En este trabajo queremos hacer un paralelismo entre lo que sería la
nanotecnología actual y lo que ha sido el desarrollo de la industria microelectrónica
desde su origen hasta nuestros días, con el fin de resaltar los beneficios innegables que
la microelectrónica ha aportado a nuestro modo de vida. Por otro lado, si nuestros países
latinoamericanos no son capaces de afrontar las fuertes inversiones económicas que se
requieren para realizar investigación en nano ciencias, estaríamos rezagándonos una vez
más de los grandes avances tecnológicos, como sucedió en el caso de la industria
microelectrónica y de semiconductores.
Este hecho a la larga nos trajo dependencia económica y tecnológica de los
países industrializados y constituye uno más de los riesgos colaterales que la
nanotecnología traería a los países menos desarrollados si no se toman a tiempo las
decisiones pertinentes para lograr una mayor inversión en ciencia y tecnología. Sin lugar
a dudas, la nanotecnología será la ciencia del siglo XXI y nos traerá innumerables
desarrollos en la industria electrónica y de la información, y en general con importantes
aplicaciones médicas, industriales y medioambientales. La nanotecnología no
solamente está abriendo el camino a la próxima revolución tecnológica, sino que el
impacto social, cultural y económico que tendrá en nuestra vida diaria es apenas
imaginable, ya que al igual que el automóvil y la computadora, la nanotecnología bien
puede cambiar al mundo.
2. Introducción
La nanolectrónica estudia los fenómenos de transporte y distribución de carga y
espín en la escala del nanómetro. Avances instrumentales en las últimas décadas han
permitido la visualización en el espacio real y la manipulación controlada de los átomos.
En paralelo las técnicas de litografía han ido reduciendo el tamaño de los motivos que
se pueden fabricar, llegando en la actualidad la industria semiconductora a pistas de 90
nm en obleas de 300 mm de diámetro. Las dos aproximaciones científicas al mundo que
separa lo atómico de lo macroscópico se conocen como “bottom-up” y “top-down”. Éste
es un mundo mesoscópico, donde las propiedades físicas no escalan con el tamaño y los
efectos cuánticos como el confinamiento y la coherencia propician que añadir o quitar
un átomo, haga que cambien drásticamente las cosas; es decir, un mundo donde el
tamaño realmente importa.
La implementación de la nanolectrónica en la tecnología actual será un proceso
gradual, sustituyendo componentes individuales y eventualmente sistemas complejos.
La microelectrónica, incluso con tamaños de puerta de transistor por debajo de los 50
nm, no es estrictamente una implementación de la nanolectrónica, ya que no hay una
propiedad física relacionada con la reducción de tamaño que esté siendo utilizada.
Aun así, la necesidad de la nanotecnología, y de la nanoelectrónica en particular,
se justifica a menudo por el hecho de que la ley de Moore — relacionando la mejora de
prestaciones con el tamaño más pequeño de los dispositivos — llega a su fin. Las
razones son tanto económicas como físicas. Sin embargo este es un argumento
debatible. La tecnología del Silicio avanzará con dificultad por este camino durante una
década o más. Se espera mantener la tendencia integradora usando dieléctricos de alta
K basados en Hafnio y puertas metálicas. Se prevé también que las prestaciones
continuarán mejorándose durante 15 años optimizando el diseño del chip, haciendo un
uso más eficiente del área de la oblea de Silicio. En el futuro se desplazará la tecnología
de dispositivos actuales a dispositivos de superficie, como en los dispositivos tipo
trigate. Una nueva tecnología sólo remplaza una existente con éxito si mejora las
prestaciones (incluyendo el coste efectivo) ordenes de magnitud, o si suministra
características que la tecnología existente es físicamente incapaz de suministrar. Este es
el reto, la búsqueda de nuevas propiedades, paradigmas y arquitecturas para crear la
nueva nanoelectrónica.
3. ¿Qué es la nanotecnología?
El prefijo “nano” proviene del latín “nanus” que significa muy pequeño o enano, y
corresponde a una milmillonésima (10-9) parte de algo. Generalmente se aplica a nombres
de unidades de medida para designar el submúltiplo correspondiente. Así por ejemplo, un
nanómetro (nm) equivale a la milmillonésima parte de un metro (o millonésima parte de un
milímetro). Para tener un punto de comparación podemos decir que un cabello humano tiene
80000 nm de grueso, que el diámetro de una molécula de ADN es de 2.5 nm y que el
diámetro de un átomo es de un tercio de nanómetro.
Las nanociencias se pueden describir como aquellas que estudian estructuras u
objetos con al menos una de sus dimensiones en la escala del nanómetro.
El análisis de dichas estructuras incluye la caracterización de sus propiedades (sean
químicas, mecánicas, electrónicas, ópticas, magnéticas, etc.), el estudio de la interacción
que puedan tener con otras nanoestructuras, con ondas electromagnéticas, con medios
biológicos, etcétera y la descripción de los 3 fenómenos que puedan ocurrir a dicha escala.
Por otro lado, la nanotecnología correspondería a la capacidad técnica para modificar y
manipular la materia para poder desarrollar estructuras o dispositivos funcionales, con
dimensiones inferiores a los 100 nm, para potenciales aplicaciones tecnológicas [1,2]. Por
ejemplo, una estructura típica en los dispositivos producidos por la industria
microelectrónica actual sería cientos de veces más grande que una nanoestructura con
dimensiones inferiores a unas pocas decenas de nanómetros. Hasta ahora las estructuras
más pequeñas que se han alcanzado en circuitos integrados hechos en laboratorios de
investigación van de los 10 a los 20 nm, es decir, una décima parte de las dimensiones que
encontramos actualmente dentro de los circuitos integrados comerciales.
La primera referencia detonadora de la posibilidades de las nanociencias fue la
plática que Richard Feynman (Premio Nobel de Física, 1965) dio en 1959 en la reunión
anual de la American Physical Society con el título “Hay espacio de sobra al fondo” [3], en
la cual predecía la posibilidad de que los físicos pudieran eventualmente manipular la
materia a la escala molecular y aun a la escala atómica, y que esto debería producir una
nueva revolución tecnológica. “Los principios de la física, como yo los veo, no niegan la
posibilidad de maniobrar cosas átomo por átomo. Esto no es un intento de violar alguna ley;
es algo que en principio se puede hacer, pero en la práctica no se ha hecho porque somos
demasiado grandes”, decía Feynman en 1959. Fue hasta principios de la década de los 80´s
con la invención de los microscopios de tunelaje y de fuerza atómica que comenzó a
vislumbrarse la posibilidad no solamente de ver, sino de verdaderamente manipular los
átomos.
4. Ley de Moore y la evolución de la microelectrónica
Hoy por hoy, en nuestra rutina de todos los días difícilmente nos detenemos a pensar
en que estamos constantemente en contacto con dispositivos y equipos desarrollados por la
microelectrónica.
Desde el momento en que despertamos hasta la hora de dormir interactuamos, de
una u otra forma, unas 20-30 veces con desarrollos debidos a la microelectrónica. Incluso
mientras dormimos nuestra interacción con la microelectrónica continúa con la calefacción,
alarmas, lámparas, etc. Sin prestar mayor atención, llegamos incluso a considerar de manera
casi natural como parte del entorno a muchos de los avances tecnológicos que nos rodean.
Viéndolo de esta manera parecería que la gente aprecia completamente el impacto positivo
que la microelectrónica ha tenido y puede tener en nuestra vida diaria. Tradicionalmente, la
electrónica se asocia a la radio, a la televisión, y quizás ahora más a las computadoras y a
los aparatos de telecomunicación en general. ¿Pero cuánta gente asocia a la
microelectrónica con el transporte, el ocio, la medicina y la biología? Las aplicaciones
tecnológicas en estas áreas son realmente impensables hoy en día sin la microelectrónica.
Los hospitales e instituciones de salud utilizan rutinariamente equipos avanzados
para realizar estudios y diagnósticos más rápidos, más exactos y menos invasivos para los
pacientes. Conducir un coche es casi como sentarse detrás de una computadora; los juegos
de niños ya no son los mismos que antes. Las industrias de todos los sectores incorporan
nuevas tecnologías para efectuar el control de calidad de sus productos finales, aumentar la
productividad del sistema y reducir los residuos de sus procesos.
La microelectrónica es un campo totalmente multidisciplinario. Desde los primeros
días la integración entre la física, la ingeniería y la ciencia de materiales fue necesaria para
realizar el primer transistor. Para dar el salto a los circuitos integrados se requirió de más
ingeniería y un poco más de química y de ciencia de materiales, especialmente para el
desarrollo de los equipos y de las tecnologías de producción. Ahora que estamos
adentrándonos en los sistemas micro y nano, es decir, aquellos sistemas inteligentes que
combinan sensores, actuadores, estructuras mecánicas y electrónicas para detectar la
información del ambiente y poder reaccionar a él, vemos que la química y la biología son
cada vez más importantes.
Al mismo tiempo, nuevos materiales y particulares fenómenos físicos desempeñan
un papel importante en el potencial desarrollo de novedosos micro y nanosistemas. Como
veremos más adelante, no podemos simplificar el surgimiento de la nanotecnología
simplemente como el camino trazado por la miniaturización en la microelectrónica, pero
nos ayudará a entender mejor dicho proceso.
El impacto de la tecnología de los microsistemas es mucho más grande de lo que
podemos imaginar. Al aumentar la funcionalidad de un chip (es decir, el agregar funciones
ópticas, térmicas, químicas y mecánicas a un circuito electrónico) la gama y el potencial de
usos han crecido de manera exponencial. Por otra parte, las dificultades se han multiplicado
también debido al fuerte carácter multidisciplinario del campo de aplicación. De hecho la
microelectrónica se está incorporando a muchos sectores industriales que a su vez se están
convirtiendo en campos cada vez más multidisciplinarios, tales como la biotecnología, la
atención médica y las telecomunicaciones. Podríamos decir que en general nuestra calidad
de vida ha mejorado con tantos y tantos desarrollos debidos a la microelectrónica, que
simplifican gran parte de nuestras labores rutinarias, y que también alcanzan los ámbitos
del entretenimiento, de la información y de la salud.
El desarrollo de la industria de la microelectrónica y de semiconductores hacia
dispositivos más pequeños, más rápidos, más eficientes, más baratos y altamente
especializados ha sido impulsado desde hace 40 años por la llamada Ley de Moore. En 1965
Gordon Moore (co-fundador en 1968 de la compañía Intel) afirmó que el número de
transistores por centímetro cuadrado en un circuito integrado se duplicaba cada año y que
la tendencia continuaría durante las siguientes dos décadas. Más tarde, en 1975, modificó
su propia afirmación y predijo que el ritmo bajaría, y que la densidad de transistores se
duplicaría aproximadamente cada 18 meses. Esta progresión de crecimiento exponencial de
la densidad de transistores, o sea, el duplicar la capacidad de los microprocesadores cada
año y medio, es lo que se considera actualmente como la Ley de Moore. En abril de 2005
se cumplieron 40 años de la ley de Moore y la industria de la microelectrónica estima que
seguirá siendo válida al menos otros 20 años.
Para todos nosotros realmente es difícil imaginar la enorme cantidad de transistores
que constituyen actualmente un circuito integrado o un microprocesador de computadora.
El primer circuito integrado fue inventado en 1958 en la compañía Texas Instruments y
estaba constituido de un único transistor y algunos otros componentes sobre una placa de
germanio de alrededor de 1 cm2.
La evolución de los circuitos integrados continuó hasta llegar a los
microprocesadores de computadora y a otros dispositivos aún más complejos en los que el
número de transistores por unidad de superficie es enorme. En el caso de la compañía Intel,
por ejemplo, en 1978 el procesador 8086 contenía ya 29000 5 transistores, en 1982 el
procesador 286 contenía 120000 transistores, hasta llegar al Pentium-II con 3 millones de
transistores en 1993, al Pentium-III con más de 8 millones en 1997 y al Pentium-IV con 24
millones en 1999, y todo en un cuadrado de 2 cm por lado. Actualmente ya existe el
microprocesador “Itanium 2” de Intel que está constituido por la inimaginable cantidad de
410 millones de transistores y en el cual se espera llegar a integrar hasta 1000 millones de
transistores.
De esta manera, la predicción del crecimiento exponencial de la densidad de
transistores en los procesadores ha venido cumpliéndose de acuerdo a la ley de Moore. Todo
parece indicar que la ley de Moore pasó de ser una profecía autocumplida por la industria
microelectrónica a una obligación que los fabricantes de semiconductores deben de
satisfacer para poder vender sus productos a precios más competitivos. Así, si en 1954 el
precio de un transistor era de casi 6 dólares, actualmente su precio es del orden de una
milmillonésima parte de un dólar, o sea, casi un nanodólar.
Las ventas a nivel mundial en el área de semiconductores ascenderán a 250000
millones de dólares en 2006 y tan sólo en 2005 estos componentes abastecieron a nivel
mundial un mercado de productos finales al consumidor de alrededor de 1.2 billones de
dólares. En esta carrera tecnológica, la ley de Moore constituye actualmente la motivación
principal de la industria microelectrónica y de semiconductores para encontrar mejores
materiales y desarrollar nuevos dispositivos electrónicos más compactos, más rápidos, más
eficientes y sobretodo más baratos para llegar a un número cada vez más grande de usuarios.
La supervivencia de la ley de Moore dependerá seguramente de los resultados de las
investigaciones en el área de las nanociencias, que llevarán a la industria de la alta
tecnología a otros caminos como la nanoelectrónica, la optoelectrónica e incluso, la
bioelectrónica. Por lo tanto, todavía nos quedan muchas cosas por ver en el futuro cercano,
y la única limitación tal vez sea una dimensión de nivel fundamental, como lo es el tamaño
del átomo mismo.
5. Pros y contras de la nanotecnología
La ciencia y la tecnología son evidentemente entes sociales por el hecho mismo de
pertenecer a la sociedad. Sin embargo, desde siempre los individuos que conforman la
sociedad se han visto en la necesidad imperiosa de cuestionarse sobre los beneficios o los
impactos negativos que tal o cual invento o desarrollo tecnológico pudiera tener sobre la
sociedad misma. Así, los potenciales desarrollos nanotecnológicos, como toda nueva
tecnología que aparece en el mercado, son obviamente susceptibles a este tipo evaluación
relativa a las implicaciones sociales de su uso. Son numerosos los ejemplos de tecnologías
con buena reputación de origen que luego son unánimemente rechazadas, y viceversa. En
general, cuando aparece una nueva tecnología es inmediatamente exhibida para resaltar los
beneficios que su aplicación pudiera aportar a la sociedad.
Sin embargo, a medida que se va conociendo un poco más sobre ella misma,
comienzan a aparecer sus aspectos negativos y con ellos sus más fieros detractores. Es en
la época actual que los medios masivos de comunicación pueden erigirse jueces para evaluar
las bondades o lo perjuicios potenciales de las nuevas tecnologías.
El problema principal radica en que a menudo las visiones sobre el nuevo objeto de
crítica se polarizan al extremo y para el público que recibe estas opiniones es difícil crearse
su propia idea para encontrar el equilibrio entre los pros y los contras.
Así ha sucedido históricamente con las aplicaciones en el ámbito de la energía
nuclear, con el uso de los diversos tipos de radiaciones, y más recientemente con la
aparición de los organismos genéticamente modificados, la clonación y la ingeniería
genética, por mencionar sólo algunos casos.
Para ejemplificar esta ambivalencia entre una imagen positiva y la negativa, para
todos nosotros es claro que algunas de las aplicaciones que ahora vemos como netamente
positivas tuvieron su origen en desarrollos militares (lo que sería la cara negativa de la
moneda), como son la energía nuclear, las microondas, el internet o el ancestro del teléfono
celular. Vistos desde la perspectiva actual, otros ejemplos que nos pueden parecer
paradójicos son los miedos que causaron inicialmente el uso de radiaciones como los rayos
X o de diversos elementos radiactivos con fines curativos o de diagnóstico en el ámbito de
la salud.
Antes de comenzar la discusión sobre los posibles efectos positivos y negativos de
la nanotecnología tenemos que mencionar algunas de las potenciales áreas de aplicación en
las que a decir de los científicos la nanotecnología tendrá mayor impacto:
A. Almacenamiento, producción y conversión de energía.
B. Aumento en la productividad agrícola; detección y control de plagas.
C. Tratamiento de aguas residuales y soluciones a la contaminación atmosférica.
D. Diagnóstico, monitoreo y cura de enfermedades; sistemas de administración de
fármacos.
E. Procesamiento de alimentos y otros bienes de consumo.
F. Nuevos materiales para diversas industrias (textil, automotriz, construcción,
pinturas, deportes).
G. Desarrollo en general de la nanoelectrónica, la optoelectrónica y la bioelectrónica.
Descritas en detalle, muchas de las aplicaciones que aún están por venir podrían
parecer más a ciencia ficción que a otra cosa. Sin embargo, en el área de la salud, ya se
habla de nanodoctores, nanorrobots o más bien de nanocápsulas que viajarán a través de
cuerpo humano con la finalidad de detectar enfermedades, virus, tumores o alguna otra
anomalía fisico-química y poder administrar en ese momento, de manera selectiva y
específica, los medicamentos necesarios para solucionar el problema.
A largo plazo, esto podría llevarnos a pensar que muchas de las enfermedades que
aquejan a los seres humanos serán controladas o completamente erradicadas. También se
podría eliminar la necesidad de cirugía y detener los procesos de envejecimiento. Todo esto
constituye un gran mercado económico para las grandes compañías farmacéuticas de los
países desarrollados.
Por otro lado, en el área de la computación, la información y las telecomunicaciones
ya estamos tan acostumbrados a la aparición periódica en el mercado de nuevos desarrollos
tecnológicos, que ya no nos asombra la gran capacidad de almacenamiento de los discos
duros o la memoria, el aumento en la velocidad de procesamiento debido no solamente a la
miniaturización, sino también por la integración de componentes ópticos o el
descubrimiento de nuevos materiales.
Al final de cuentas tendremos máquinas y dispositivos electrónicos más rápidos,
más potentes, más compactos, más baratos y que se desarrollaron usando menos materiales
y menor energía. Por otro lado, en el caso de la industria de la manufactura, al volverse los
componentes más pequeños, los métodos de la robótica convencional no servirán y por lo
tanto el autoensamblado ofrece una nueva manera de acercarnos al problema del
ensamblado de estructuras con dimensiones nanométricas.
Aquí, la mención del autoensamblado nos hace pensar por ejemplo en el ADN. Se
trata de una molécula bien conocida por la biología, forma estructuras predecibles y se
autoensambla de manera programada a partir de pares de secuencias de base. Esto ha
llevado a pensar en integrar al ADN en los componentes usados por la actual industria
microelectrónica para conectar nanocircuitos, incluyendo nanoalambres y nanopartículas,
aprovechando la selectividad del DNA, ya que puede adherirse al área superficial de las
nanopartículas para construir arreglos o estructuras ordenadas. Nuevamente este sería un
gran paso hacia adelante en el desarrollo de la micro y nanoelectrónica hacia la
bioelectrónica. Sin embargo, esta posibilidad de encontrar soluciones para conectar
transistores también ha llevado a pensar escenarios negativos, en los cuales diminutos
robots, invisibles y descontrolados, se autoreplicarían hasta el punto de poner en peligro a
la humanidad entera.
Eric Drexler en su libro “El surgimiento de las máquinas de creación” fue el primero
en dar a conocer al gran público una visión global sobre esta nueva tecnología molecular.
Ahí describe no solamente la capacidad y enorme potencial de la nanotecnología, sino
también el impacto que pudiera tener en los ámbitos médico, ambiental y económico,
además de los posibles riesgos y miedos asociados. En este tenor, aquí podemos mencionar
también las investigaciones que llevan a cabo grandes corporaciones como Monsanto en al
área de la ingeniería genética para modificar organismos como semillas o plantas para lograr
en principio una mayor productividad en el campo. Sin embargo, aún faltan muchos
estudios para determinar cuál sería el impacto que tendrían los alimentos producidos a partir
de estos organismos genéticamente modificados en la salud del consumidor o en el medio
ambiente a corto y a largo plazo.
Estas visiones catastróficas sobre las posibles implicaciones negativas de los
desarrollos de la nanotecnología no han detenido las cuantiosas inversiones económicas
destinadas a la investigación en nanociencia y nanotecnología por parte de grandes
compañías multinacionales de todos los sectores industriales y organismos públicos de los
países desarrollados. Desgraciadamente, también se destinan grandes cantidades de dinero
para estudiar las potenciales aplicaciones militares de la nanotecnología. Con horror
escuchamos hablar de armas biológicas/químicas computarizadas, dispositivos inteligentes
suficientemente pequeños para no ser descubiertos, armas “inteligentes” para matar sólo a
soldados enemigos y no a personas inocentes, etc. Como hemos podido constatar, la
nanotecnología tiene un carácter realmente multidisciplinario, con muchos ámbitos posibles
de aplicación para sus desarrollos (salud, comunicaciones, ecología, alimentos, militar,
etc.).
Entonces, si queremos evaluar su impacto en tan diversas actividades humanas,
resulta que no podemos generalizar y es imposible utilizar la simple dicotomía buena-mala
para calificarla. Nos damos cuenta que todos los posibles usos no deseados y los riesgos 8
potenciales de la nanotecnología están directamente relacionados con los grupos o sectores
que destinan los recursos para tal o cual investigación y finalmente son quienes toman las
decisiones. Es obvio que las grandes corporaciones buscan recuperar su inversión y
multiplicarla en el menor tiempo posible, independientemente de los posibles efectos
negativos que sus desarrollos (medicamentos, alimentos, materiales, etc.) pudieran tener
sobre la salud del consumidor o sobre el medio ambiente, sobre todo si no existen los
estudios necesarios para evaluar dicho impacto a corto o mediano plazo.
El hecho es que el consumidor termina siendo una especie de rehén de las grandes
compañías que deciden sobre su salud, alimentación, hábitos de ocio o consumo en general.
Por más que nos parezcan terroríficas y con un cierto grado de cinismo, lo mismo sucede
con las aplicaciones militares en las que el bando que desarrolla una tecnología en particular
no durará en utilizarla en su propio beneficio para dominar a su oponente. Así, en cuestión
de desarrollos tecnológicos, todo pareciera depender de quién financia y para qué fines.
Llegamos entonces a la gran pregunta que todos debemos de plantearnos, y sobre
todo los científicos que desarrollan innovaciones nanotecnológicas. ¿Son realmente
neutrales en sí mismas las investigaciones científicas y tecnológicas o responden a ciertos
intereses? Como ya lo mencionamos antes, muchas de las tecnologías son financiadas por
las grandes corporaciones que buscan necesariamente recuperar su inversión en el menor
plazo posible. De esta forma, se deben en general a quienes las financian y deben responder
a sus intereses. Por lo tanto, la situación pareciera ser así de simple: las innovaciones
tecnológicas no se dan por sí solas, ni tampoco se vuelven posteriormente buenas o malas
dependiendo de quien las use.
Sin embargo, debido al vertiginoso desarrollo de la actividad científica y para
moderar un poco la gran responsabilidad que tienen los científicos ante la sociedad,
podemos mencionar que algunas veces no les es posible vislumbrar en el corto plazo
potenciales repercusiones o aplicaciones negativas que pudieran tener en el futuro sus
estudios, especialmente cuando se trata de investigaciones en ciencia básica o fundamental.
A pesar de esto, debemos tener la clara convicción de que no existe una fatalidad o
lógica inexorable en la investigación tecnología y de que ésta debe ser controlada por el
hombre, aun existiendo intereses tan simples como los del libre mercado capitalista. A la
conclusión a la que debemos llegar es que las nanociencias y la nanotecnología están
necesariamente condicionadas por valores, es decir, no podemos pensar utópicamente que
son neutrales en sí mismas y que no responden a ningún tipo de intereses.
Es obvio que esto sucede particularmente con la investigación que se realiza en los
países industrializados, pero los países menos desarrollados muchas veces siguen las
mismas estrategias de los primeros. Lo ideal sería que los países menos desarrollados
pudieran generar un liderazgo científico que respondiera a sus expectativas y buscara
soluciones a las necesidades específicas de su población. Este sería realmente el sueño
dorado que permitiría llevar desarrollo económico y bienestar social a partir de la
investigación científica y sus potenciales aplicaciones tecnológicas.
Partiendo de la noción sobre la no neutralidad de la investigación científico
tecnológica y de que necesariamente está condicionada por valores de sus principales
actores, entonces sus implicaciones sociales deberían ser principalmente aquellas que
maximizaran el beneficio para toda la humanidad, sin ventajas o beneficios particulares para
los países más desarrollados, que generalmente ejercen una dependencia tecnológica sobre
los demás. Esta búsqueda del equilibrio tecnológico entre los países industrializados y no
desarrollados nos llevaría a la democratización de la ciencia y el conocimiento, lo cual
evidentemente acarrearía desarrollo económico y bienestar social para todos por igual.
Aquí podemos mencionar el caso único del internet que, aun sin haberse
democratizado lo suficiente como para ser utilizado de manera rutinaria por la mayoría de
la población mundial, ha permitido acceder a información y conocimiento específicos que
de otra manera estaban vedados aun para personas con un cierto nivel de preparación. Así,
a medida que la actividad científica genera nuevos conocimientos, también contribuye a la
formación de recursos humanos especializados y a la diseminación de la información en
general, todo lo cual es indispensable para la construcción de una sociedad más democrática
basada en el conocimiento. Por lo tanto, aun si está guiada y condicionada por una serie de
valores asociados al científico mismo, la investigación tecnológica deberá ser más valorada
en el caso de que tenga como fin el desarrollo económico y bienestar social de la mayoría
de la gente.
6. Biología y microelectrónica: complementos perfectos
Hay una tecnología emergente que, combinando moléculas orgánicas con
microelectrónica promete crear nuevos aparatos con nuevas capacidades.
Estos híbridos miniaturizados tienen diversas aplicaciones en el campo de la medicina
así como en aplicaciones con sensores, en procesamiento y almacenamiento de información. Se
trata de los biochips que son dispositivos que pueden realizar millones de reacciones biológicas
por segundo así como los microchips de las computadoras pueden realizar millones de
operaciones matemáticas en ese tiempo y surgieron a partir de la utilización de técnicas
microelectrónicas en la formación de chips de alta densidad de integración hechos con material
biológico en una oblea de silicio, cristal o plástico.
A pesar de ser una tecnología muy reciente y que, por lo tanto, está aún en vías de
experimentación, actualmente los biochips están siendo aplicados en:
Ciencias biológicas y medicina:
Se ha usado principalmente en la monitorización y secuenciación de la expresión
genética, detección de mutaciones y polimorfismos, así como en el diagnóstico clínico. Esto
tiene una aplicación directa en la medicina preventiva ya que permite tomar acciones antes de
que los síntomas de alguna enfermedad aparezcan.
Además se está investigando el uso de bacteriorodopsina para hacer una retina artificial,
que a diferencia de una cámara de televisión, sólo transmitiría cambios. Esta es la aproximación
que utilizan las cosas vivas y ayuda a explicar por qué los depredadores dependen del
movimiento para seguir a sus presas. Trasmitir solo cambios es más fácil computacionalmente
que enviar escenas completas. Por lo tanto una retina artificial podría encontrar uso en visión
robótica así como podría ser una prótesis para humanos.
7. Aplicaciónes
Nanoelectronica en la biología
Uno de los avances de la nano-electrónica en la biología, son los sensores
electrónicos, que son herramientas tipo robots que se implantan en la sangre, con el objetivo
del estudio de las células sin destruirlas y poder aprender e investigar más sobre ello, que
se podría detectar enfermedades precoces y proporcionar nuevos mecanismos de
reparación.
La sangre tiene alrededor de 10 micrómetros cuadrados, en la cual pueden colocarse
cientos de transistores en el interior de una célula. Se espera para el año 2020 se pueda
introducir 2.500 transistores en una célula viva, que es el equivalente a los procesadores de
primera generación. Los chips de sillico se pueden introducir en las células de diferentes
maneras, como por ejemplo: mediante lipofección, fagocitosis o microyección y una vez
dentro se pueden utilizar como sensores intracelulares.
Nanomotor magnético en sangre humana :
La idea de pequeños nanorobots viajando a través de fluidos biológicos como la
sangre, es uno de los desafíos más fascinantes de la nanotecnología, principalmente por sus
potenciales aplicaciones en el área biomédica, en una investigación reciente, un grupo de
investigadores indios, han logrado desarrollar por primera vez
un nanomotor (Nanopropeller), capaz de viajar a través de sangre humana
controlado magneticamente desde el exterior, investigaciones anteriores solo habían logrado
propulsar un nanomotor en agua desionizada o suero, o bien en sangre, pero en presencia
de Peróxido de Hidrógeno o hidrazina (utilizados como combustible) que resultan tóxicos para
un ser vivo, este nanomotor es no invasivo y no requiere combustible, su diseño tiene forma de
hélice construida a partir de SiO2 y recubierta por un material magnético (Ej: Fe, Co), estas
hélices tuvieron que generar un empuje lo suficientemente grande para superar la fuerza de
arrastre generada por las células sanguíneas.
Estos nanomotores podrían tener interesantes aplicaciones en nanomedicina, como por
ejemplo, el transporte de fármacos específicos para el cáncer hacia las proximidades del tejido
canceroso, con el fin de liberarlos y destruir en forma selectiva las células cancerígenas. A
continuación un vídeo en donde se visualiza el nanomotor viajando a través de una muestra de
sangre humana diluida.
8. Conclusiones
La nanotecnología es una ciencia multidisciplinaria que involucra a la Biología, la
Química, la Ciencia de Materiales y la Ingeniería, con la Física como su eje fundamental, y
nos llevará a potenciales aplicaciones tecnológicas. Sin lugar a dudas, la nanotecnología
será la ciencia del siglo XXI y nos traerá innumerables desarrollos en la industria electrónica
y de la información, y en general con importantes aplicaciones médicas, energéticas,
industriales y medioambientales. Estas investigaciones requieren una inversión económica
muy elevada en ciencia y tecnología que los países en desarrollo tal vez no sean capaces de
afrontar. Si así fuera, estaríamos rezagándonos una vez más de los grandes avances
tecnológicos, como sucedió en el caso de la industria microelectrónica y de
semiconductores, lo que a la larga nos trajo dependencia económica y tecnológica de los
países industrializados.
Esta dependencia sería uno más de los riesgos colaterales que la nanotecnología
traería a los países menos desarrollados si no se toman a tiempo las decisiones pertinentes
para lograr una mayor inversión en ciencia y tecnología para formar personal altamente
calificado, diseminar el conocimiento y generalizar el bienestar social.
Aun considerando los efectos positivos o negativos de algunos desarrollos
nanotecnológicos debidos a la inherente no neutralidad de la investigación científico-
tecnológica, portadora de valores e intereses sociales a través de los propios científicos,
podemos decir que la nanotecnología está abriendo el camino a la próxima revolución
tecnológica. Esperemos que todos los beneficios prometidos estén al alcance de la mayoría
de la población tanto de los países ricos como de los pobres, para no aumentar aún más el
abismo económico, social y cultural entre ambos esquemas de desarrollo.
Se requiere una democratización del conocimiento para que pueda permear a todos
los niveles de la sociedad, con lo cual se lograría a la larga una mayor participación social
para la resolución de controversias sobre los alcances de la investigación científica.
Finalmente, sólo nos resta decir que el impacto social, cultural y económico que tendrá la
nanotecnología en nuestra vida diaria es apenas imaginable, ya que al igual que el automóvil
y la computadora, la nanotecnología bien puede cambiar al mundo.
9. Bibliografía
[1] CHEANG WONG, Juan Carlos, “Ley de Moore, nanotecnología y nanociencias:
Síntesis y modificación de nanopartículas mediante la implantación de iones”. Revista
Digital Universitaria (en línea)., Vol. 6, No. 7, 10 de julio 2005. Disponible en Internet:
[Link]
[2] [Link]
ologia/nanotecnologia_aplicaciones.htm
[3] FEYNMAN, Richard, “There is Plenty of Room at the Bottom”, Engineering
and Science, California Institute of Technology, Pasadena, 1960.
[Link]
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