SEBASTIÁN FAURE
“ . . . la fa lt a de in telig en cia , la pobreza y ca
rencia de ed u cación , son lo s tres gran d es fa cto res
de lo s cr ím en es” .
E l g rito inm enso de ¡L ib erta d ! jL ib erta d 1 so
nará a travós de b is ed a d es. T odas las p rotestas,
to d a s la s reivin d icaciones, la s revoluciones tod as,
responden a ese santo y señ a .
BUENOS A I RGB
B . F Ü B Y O , k d ito k — P A V O N 1‘ -
1020
C A P IT U L O P R IM E R O
LA C U E S T IO N S O C IA L
D iv e r s a s m a n e r a s de p r e s e n t a r la
I--'« m v o s a r io p r e c is a r lo s té r m in o s . — - D iv e r s a s m a n e r a s f a ls a s
o in c o m p le t a s d e p r e s e n t a r la c u e s tió n .
lía c e irnos q u in ce años un trib u n o , fam o so p o r la r a
p id ez d e slu m b ra n te de su e x tr a o r d in a r ia c a r r e r a p o lític a ,
a tr e v ía s e a d e c ir : “ N o hay cu estión s o c in l” , y e sta f r a
se* hallaba eco en casi to d a s las clases d e la so c ie d a d .
I Mucho lian ca m b ia d o los tie m p o s! N o lia y en n u e stro s
díjis un p e rs o n a je p o lític o , u n m in istro , u n hom b re de
lOsUido, qu& no' se c re a o b lig a d o a h a b la r poco o m uch o
d. esta 'Cuestión, im p o r ta n te . C o n v ie n e a d v e r t ir qué' t o
dos esos- h on orables se lim ita n a so sten er q u e el g o b ie rn o
y las C á m a r a s r iv a liz a n en -celo p a r a . l l e g a r a l a , splu-j
«•ion más p r o n ta y m e jo r de, lo s-p ro b le m a s -c o m p le jo s q u é
tan fo r m id a b le cu e stió n levanta,* y q u e s e g u a r d a n m u y
b i e n d e s a l i r d e esa fó r m u la v a g a , ta n bu en a p a r a d is ip a r
ios tem o res d e n n o s com o p a ra e n tr e te n e r la s e sp era n za s
d e ; o (¿ros.
■.K sto'U 'o im p id e qu e la '’e x is t e n c ia ‘de- nna'cw s*t.ión so cia l
<!4lé,‘ d esd e h a ce p o c e ;.t a n im p erio sam en te a fir m a d a , •qiúi
n a d ie .ty n u M íi h o y - la 'A u d acia d é n e g a r l a *.'■I n ú t il
rósl-in- (•^[Link]'no, •.no -o b sta n te, p regu n tarse» p r im e r o ’ e n
que H ijisisKí-^sít c u e s tió n , y- d e ja n d o - a-Mttr ln*i*> to d a' -ira*
se<>| in n e c e sa ria , e sta b le c e r cla ra m e n te su
SEBASTIÁN F aurk
Nadie ignora que se ahorrarían m ultitud de discusio
n e s , o se abreviarían, si se cuidase antes de ponerse de
acuerdo en la significación de las palabras y en los tér
minos del litig io . E n este asunto— una vez no hace eos-
lum bre— pienso como todo el mundo.
H a y, pues, una cuestión social. ¿ E n qué consiste? ¿Q ué
problem a es el que presenta y ha de dilu cid ar?
I)c todo punto necesario es el precisar categóricam en
te los térm inos si quiere evitarse toda logom aquia.
*
¿S e trata de m ejorar la suerte de las clases tra b a ja
doras? ¿D e establecer o restablecer la buena in teligen
cia entre patronos y obreros, de in stitu ir u n modus vi-
vendi equitativo entre el C a p ita l y el T rabajo, de asegu
rar al proletario el derecho al trabajo cuando es apto, el
derecho a la asistencia cuando es viejo, está enferm o o
im posibilitado? ¿D e im pedir que se muera de ham bre o
busquen en el suicidio un refu gio contra la m iseria? ¿D e
extender la instrucción con tanta am plitud entre todas las
clases que la “ concurrencia lib r e ” ponga fren te a fre n
te adversarios provistos de arm as iguales, bajo este as
pecto al menos? ¿D e a b rir realm ente el acceso de todas
las carreras a todos los ciudadanos y hasta al sexo cuya
debilidad constituye a veces la fu erza? ¿Se tra ta de su
m in istrar a cada individuo, merced a una especie de cré
dito popular, los medios de sustraerse a las exigencias
draconianas del ca p italista ? ¿D e poner a disposición de
sindicatos agríeolas e industriales, mírales y urbanos re
cursos y útiles que les perm itieran prescin dir del p atro
no y el propietario? O, habiéndose convertido el su fra g io
universal en la clave de la bóveda de la sociedad, ¿se
trata de asegu rar su libre ejercicio, tanto y tan bien, que
la vid a política y económica lleguen a ser verd ad era
mente la expresión de las necesidades, de las aspiracio
nes, de las tendencias del pueblo todo entero, y realice
prácticam ente esas tendencias, esas aspiraciones, esas ne
cesidades ? . . .
Kb D o lo r U n i v e r s a l 7
Míe a«i<*lanl<% y al exam in ar a l por menor las diver-
niih numeras de exponer la cuestión y de resolverla, ten
drá o<•iiviún de dem ostrar lo que valen esos planes de re
forma .
I’or ahora me b astará decir que todos, adem ás de que
■mpequeñecen sin gularm en te la cuestión, tienen a mis ojos
lu fnlta im perdonable de consagrar im plícitam ente las
bases de la organización social m oderna, de colocarlas
fuera de toda discusión, y de esq u ivar por una especie
de cuestión p revia , toda controversia sobre ese punto.
H ablar de “ clases tra b a ja d o ra s ’ ’ es d a r a entender que
deben ex istir otras que no son laboriosas. L as p alab ras
imtronos y obreros, “ ca p italistas y p ro le ta rio s” im pli-
enn lógicam ente el concepto de una sociedad d ivid id a en
é«tos y aquéllos. L a s expresiones “ concurrencia lib r e ” ,
"»•rédito” , “ c a r r e r a s ” , “ su fra g io u n iv e rs a l” , tra en con
sigo necesariam ente el antagonism o de interés; el fa cto r
“ propiedad in d iv id u a l” , la id ea de una posición social
jn á s o menos lu crativa , liberal o elevad a del sistem a p a r
lam entario.
H ay <^ue con ven ir en ello; p roced er de ta l modo es ne
garse de antem ano a ir más a llá de los estrechos lím ites
trazados por la organización m oderna; es ap rision ar la
••uestión social en ese cuadro m ezquino; es condenarse a
evolucionar en el fondo de un restrin gid o núm ero de
ideas a nriori; as lim ita r el h o rizo n te ; es p roh ib ir la ex
ploración de los espacios; d el más allá y , p a ra decirlo de
una vez] es proceder de un modo irracio n al y a n ticien tí
fico .
Pero los hay que van más lejos y no tem en som eter a
exam en las bases m ismas del organism o social. P a r a es
tos últimos, asegurar a cada c u a l, el desarrollo integral
de sus facultades, el producto entero d¿ su trabajo— y p a
ra ello exp ro p ia r, con o sin indem nización a la clase po-
f**sora y en tre g a r al cuidado de organizaciones co rp o ra
tivas todos los instrum entos de producción, suelo, su b
suelo, herram ientas, inm uebles, etc., con la m isión aqu é
llas de d istrib u ir el tra b a jo a sus m iembros y de re p a rtir
8 SRHASTIÁN F a FKE
el valor de los productos obtenidos a prorrata del nú-
iruTo de horas del trabajo realizado por cada uno; con
vertir en servicios públicos todas las m anifestaciones co
lectivas de la vida social, hacer, en fin, colectivas todas
las funciones, desde las más modestas hasta las más ele
vadas— lodo bajo la inspección, la vigilancia, la dirección,
d el cuarto Estado de nombre; en una palabra, establecer
la igualdad económica— -es solucionar la cuestión social.
Más adelante me entregaré a un estudio tan im parcial
y profundo como sea posible del socialismo, del Estado
y de sus corrientes diversas; por ahora debo lim itarm e a
rechazar por idénticos motivos que anteriorm ente, esta
manera de plantear la cuestión.
A l ocuparse de la forma de la propiedad, los estadistas
evitan, a no dudar, parte de los muchos círculos vicio
sos en que están condenados a dar vueltas aquellos de
que al principio he dado el motivo inadm isible; ploro por
que las iniquidades económicas son más tangibles y las
necesidades físicas las prim eras que hay que satisfacer,
han cometido la falta grave de hacer de la cuestión social
una cuestión puram ente económica y de no ver ep el hom-
bn más que un aparato ilígestivo.
Reducir la cuestión spcial .a un sim ple asunto dé vien
tre,. cotij,o sé ha lucho en Alem ania, es reducirla/ muc.h.í;
simt}:.i .s, isdí'más. v'leyjir [Link] las que la [v ista nq
UO(h*;V espiidríñar, iilii'einé)ite. las .legiones infinit; s; .’liga
mos! 0* jiña vez más, es. irracional v anticientífico.
Ua iniquidad ecoiv’mik;a, «dipe [Link] autor- del J§0£Íg*
integral ( 1 ) , es la más irritante, pero no la única
[Link] sokia) q u e jia y . quv.‘;cpmUatwv,IVr lo..lauto* el
syv alisen o >Ube .atacar, t-utlps; (w jn alvs sociales ,y . murales,
1. M 1«V explotación. del hombre 1 [Link]
miuil/r* -todas la% yp^e^io^ws ,e, iniquidades religiosas,
- ; ■' i; ■. -. ■ iíjfnibieu a ípdog "1"
•da la : dun-zas .1 |/)S. \ . ]>■
■]. .i-mio. a !'■
V^fcnjojí *< .‘ »A v . - i * - • - * ’>.* '.‘ i
Kft «I»
El. DOU»K U n IVKKBíU, 9
La cuestión social no es solo, como pretenden los hom
bros de Oslado, una cuestión política, ni únicam ente una
«•uestión económica, corno afirm an algunas escuelas socia
listas; no es tan solo una cuestión moral, como sin cesar
repiten los curas y algunos especialistas en psicología;
<’S ;i la vez política, económica y moral, porque abarca
al hombre lodo entero, toca a la.s relaciones de toda espe
n e (pie le ponen en contacto con sus sem ejantes, com
prende sus necesidades morales así como las intelectua
les con igual derecho que las físicas; pues, como dice
• iuillcn no de (írc c f en su fniroduction o lo Sociolorjie,
**la ciencia social tiene por objeto el estudio de los fenó
menos de toda n aturaleza concernientes al organism o in
d ivid ual y al superorganism o so c ia l” .
Ms incontestable que cuantos han estudiado la cues
tión fian reconocido que el problem a consiste en dism inuir
la suma de sufrim ientos humanos y aum entar el total
di- satisfacciones.
Sobre este punto no hay divergencia posible; pero
m ientras los unos desdeñan el investigar si la felicidad
universal es com patible con la. estru ctura social existeñ-
Ic. y ' basta con frecuencia rehusando de propósito el
exam en de esta cuestión que debe ju zga rse previam ente,
I ieiu'U esta estructura por inim itable, y estudiado el. me*
d¡<> de secar algunas lágrim as en vez de-esforzarse en ago-
t'nr el m anantial de lados los: llantos: los otros, heridos
por el-■acrecentamiento.'-del pauperism o a q u ú eur-respoiu
dit iido a yo a acnniulpción de> riq u e z a s a llá : en prestmeia
de lo ? .terribles efectos, de un« 'concurrencia asesina. 11a-
irí,( l >s a cvnrprobiH' tpie cuanto más se dfcwirrolla elu .ú -
mero, lá- potencia y Ja p erfecció n del"¿forero de lüet’FO y,
il*1 iim diéión; es;m ás intensa la a n g u stia 'd e l obrércá'dft
©Unir y {meso* •registrando- escrupulosam ente-el pióoc*ti*
«•[Link] alista qúcáreiiile. á una coneeiiü'ación ' form idable i
pm «n-presencia. [Link] olimináífián gradu al y ,fa ta l
•0il.l. [Link] bia'gu'csa v a e ltó a i piule t ar ia d'o,‘ •ba j o /la ins-
for i Mon ule un .Ubre m agistral, l i l Xhrpitah de-M'arxv in
tuí [Link],-¡o ¿por escritores »Lc-ta’leitío.y•oiradon•sipodoVosOí;;
ij.j ttlo 'lo jque ellos •^laman*’^datOS^del . fatalism o
10 S e b a s t iá n F attre
económ ico” y se han lanzado a una luch a ard ien te, pero
i. re tusiva, con tra la p ro p ied a d cap italista.
Los prim eros han cerrad o los ojos, y así no han visto
n ada; los segundos los han abierto y han d istin gu id o al
go, pero fascinados p o r el espectáculo que se p resen tab a
en p rim er term ino, no lo han distin gu id o todo.
E l estudio de la cuestión social exige u n a a m p litu d
de ideas, una tendencia sistem ática, una indepen dencia
v una im p arcialid ad (pie h agan rad icalm en te im posibles
la cegu ed ad v o lu n ta ria o inconsciente de los unos y el
esp íritu de clases o de escuela de los otros.
II
E l problema a resolver
C om entarios d etallad os de cada uno de esto s té rm in o s:— In sta u ra r
un m ed io so c ia l que a se g u r e a nada in d iv id u o tod a la su m a d e
fe lic id a d a d ecu a d a en tod a ép oca al d esa rro llo p ro g resiv o d e
ta h u m an id ad .
He aqu í el problem a que h ay que resolver. ¿ C u á l debe
ser ese m edio? ¿ C u á l su grad o de p la sticid a d ? ¿ A qué
organización dará o rig e n ? ¿D e qué acontecim iento su r
g irá ?
T odas estas cuestiones serán exam in adas y resueltas en
el orden conveniente. B a sta al presente que se en tien da
que la ciencia social tien e p or objeto la fe lic id a d de todos
los seres hum anos, sin excepción a lg u n a ; que la con d i
ción in d isp en sable p ara obtener tal objeto es la in sta u ra
ción de un medio social fav o rab le . M as como p u d iera ob
je ta rse que los térm ino« del problem a careeen de c la ri
dad o de precisión, quiero, sin más ta rd a r, d e fin irlo sr
«‘em entándolos, p or d ecirlo así, uno por uno, e in d ican d o
por qué los he p referid o a todos los demás.
I n s t a u r a r . — Todo evoluciona en la n atu ra leza , sin
descanso; nada, lo fija o detiene; el in d ivid u o , com o
lo demás, se tran sfo rm a perpetuam ente, no perm anece
un instante idéntico a sí mismo; su hoy está n ecesaria
mente hecho con todos los ayeres y contiene el estado po-
E l, D olor U n iv e r s a l 11
Imi. t i ilt todos su s m añanas. L a m asa h u m a n a no es,
|mi< h, mu i i|u«* u n a fo rm a p a s a je r a d e la m a te ria e te rn a .
) rula minina m asa s tifr e to d o s los d ía s, to d o s los se-
■UtuloN las m o d ific a c io n e s m ás d iv ersa s.
Lu«'k«», d ice S p e n e e r ( E l in d iv id u o con tra el E s ta d o ) :
L» n a tu ra le za d e la s m asas e s tá n e c e sa ria m e n te f ija d a
pm la n a tu ra le z a d e las u n id a d e s c o m p o n e n te s .” D e d o n
de resu lta qu e n o p o r ser m enos v is ib le s la s in c e s a n te s
m o d ifica cio n e s de la m a sa c o le c tiv a , son m enos rea le s la s
nm di íica cio n es de la s in d iv id u a le s. C o m p u esto d e ele
m entos co n sta n te m e n te n u evo s, el c u e rp o so cial se tr a n s
form a sin rep oso a lg u n o . S u p r esen te está h echo co n to
do« los m a te ria le s de su panada, y co n tien e en g erm e n
i mi iis las e v o lu cio n es d e l fu tu r o .
L a n a tu r a le z a 110 p ro c e d e p o r sa lto s, sin o qu e c a d a f e
nóm eno lle g a p o r u n tr a b a jo len to , g r a d u a l, im p e rc e p ti-
M«< con fre c u e n c ia , a veces m isterio so. L a e v o lu c ió n s o -
m u 1 no p o d ría p ro c e d e r de o tro m odo.
*‘ T o d o in d iv id u o , to d o p u eb lo , to d a c ie n c ia y la m ism a
h u m a n id a d p a s a n p o r to d as la s f a s e s ” , d ic e A . C o m te ; y
• ti o tra p a r t e : “ L a so cio lo g ía es la in v e s tig a c ió n de la s
leyes d e la so cied a d 111 los m ism os fen óm en os s o c ia le s .”
fia s id eas q u e c a r a c te r iz a n 1111 p e río d o n a cen d e id ea s
de p erío d o s p re c e d e n te s, se d e s a r r o lla n y a g r a n d a n in
sen sib lem en te a costa d e a q u é lla s, y lu e g o , a su ve z, d e
crecen in sen sib lem en te ta m b ién , d e sp u és de d a r o rig e n
a las id ea s del p e río d o s ig u ie n te .” ( 1 )
A lg u ie n ha p re te n d id o q u e las id ea s g o b ie rn a n el m u n
do. N o p u e d o a d m itir o p in ió n se m e ja n te , s iq u ie ra te n
g a g r a n p a r te d e v e r d a d . P e ro si la s id eas no g o b ie rn a n
el m u n d o, 110 d e ja n p o r eso d e s e r p a r t e in te g r a n te ;
no p u ed en s e r d e él s e p a ra d a s ; e x iste de hecho e n tr e
u n a fa s e h istó ric a c u a lq u ie r a y la s id eas qu e g e r m in a n ,
se d e sa rro lla n y d e sa p a re c e n p a ra le la m e n te a d ic h a fa s e ,
in n e g a b le rela ció n d e a ccio n es y re a cc io n e s in cesa n tes.
( I V .G onit* 4 ‘ I n tr o d u e tio n a la M fta p h y s iq o e ’ j>&£. 156
12 S e b a s t iá n F aurk
Las precedentes frases do Comte son, pues, p erfecta
mente aplicables al pensam iento que expreso.
“ La vida social, dice tí. de Greof, es decir, la corres
pondencia siempre completa y perfecta de sus órganos
y sus funciones, en condiciones cada vez más num ero
sas y particulares, es un eterno cjim biar de estad'.»; así
no hai'e más que conform ai’se con las leyes universales
de la naturaleza y de la fu e r z a .” (1 ) Y adem ás: “ La
sociedad es u n organism o cu yo e q u ilib rio , inestable siem
pre. sobrelleva ó rgan os y funciones qu e lo atan al pasado
y otros lo lig a n al porvenir." (2)
¡ N o ta b le rareza de la ó p tica h u m a n a ! Dos fenóm enos
q u e ju n to s hacen n a c e r en el in telecto u n a especie de con
tra d icció n p o r su curso a n tité tico , ve lan a n u estro s ojos
el en cad en am ien to de los hechos que en la za todas las
p á g in a s de la h isto ria h u m a n a : es la in m en sid ad de ca m i
no re co rrid o com p arado con la le n titu d de la evolución
s o c ia l.
La v id a de lodos nosotros es tan co rta y n u e s tra
vista tan d ébil, que no ad vertim o s los in n u m erables ele
m entos que en to rn o n u estro se m ueven, m a tan d o esto y
dan do la v id a a aqu ello. C reem os ten e r b a jo la m ira d a el
esp ectácu lo de la in m o v ilid a d . E s ta sensación fa ls a de la
estancación social, o por lo menos de la le n titu d e v o lu
cio n a ría os la que p o r un efecto re fle jó ' en ‘ p a rte , con
tr ib u y e a esa m ism a le n titu d , “ /vio ríti cam biará 'nU ncd1.
t r i todo 'cuso si '¿ámbia, nfisotros ito- ln v ir e m o s ."
E sto d ice m u ltitu d dé gentes. Y los' desheredados se
r e s ig n a n ,'lle v a n e l'm a l « o n ■
p a te n c ia * y a c e it a n hv-que
m'ii’an como u n a e s p e j e de jfótaUdoíd-:*/«<*’. * tofr
bcr-'-nuün! : y 1o srp ri v ilop i a fjofc. 1ntJiqttili^ándosí',
d o los-ojjos. y encenagad os -.eu lh in d ife re n cia , ^¡•dp'tpufa
rí[Link]' d d ilu v io ! Y - i w ©litante,••’|qTí6* ¡n ea lcu ia lM
rie [Link]«afottiiaicifM ies; desdi. Iok gi?oseró&•osbojíos^le
I; i<ti) i rá meivis a gloniaraci o»cs. h x\man A* ‘h ast a 6 rgani za-
( íro p ' ‘ J í'f r o flu c tio jj u 1." Sncii>l<*gíy ’ I.
•jqilrr' ; w i*!t - .-i; •* . (; ;
I*.!, l»ilU>ll i* NIVKtlSAI. 13
1*11» |i»nii|»li jii l .11 m aravillosam ente ajustada (lo las
un-I. i m is! (¿uédaso el esp íritu estupefacto y
■f lmul.n. |M, oJoh unte <•! grandioso espectáculo de
JpillfiiiMll.i Imi adm irable.
K w j ,1 lnw Ilumines que más han contribuido en nues-
B b o n i ii ln vulgarización de la idea m aterialista, L.
jlHlt'r, i \presa así:
Plilt'ttuia un tiem po en que la distancia entre el p un to
B u l l d n v el <k- llegada se ensanchará de tal modo,
K w mismos subios del porven ir se negarían a adm itir
| |m> ili [Link] de un lazo entro ambos, si los escritos y Jos
H j U f i " ’ del pasudo no les dieran los m ateriales nece-
para gu iarles en su ju ic io ." (11
H it' tía parecido necesario insistir acerca de las eonsi-
l iiii io n e s q u e m e han obligado a servirm e de la p alab ra
■ tii/mr con preferencia a la de crear: por ejem plo, y es-
H i m , -,ó|o porque el térm ino es muchísimo más exacto,
■til además, y sobre todo porque me propongo in dicar
K fenómenos (pie em pujan triu n falm en te a las genera-
K " .' presentes hacia esa instauración y los medios que
B m i c i i c em plear para ap resu rarla. (2)
*
* *
Di. M e d io S o c i a l . — E stas palabras no exigen apena«
{»Hplicación; bien claras son por sí mism as.
i:i medio social es como la síntesis de las innum erables
relaciones de los individuos, de los sexos, de los grupos
m i r e sí. Es la resultante de lodos los organism os, insti-
Huciones y costumbres. Es una especie de ser imperso-
iriiI. como la sociedad misma, constituido por relaciones
ih toda n a tu raleza : físicas, intelectuales, morales, que
engendra la p ráctica de la sociabilidad.
S i hoy existe una teoría fuera de discusión y sacada
(1 ) 1 ‘Lúa y V id a ’
( 2 ) Se vertí, por lo Im ito, que no hay que confundir esto estudio
«orí íns u topías forjad a» la s m ás de la s vece» por hom bres qu®
l»-r. ú n tfm el porvenir, p ero que en sus concepciones respetables
no llenen en cuenta los m ateriales de que d ispone«.
S e b a s t iá n F au be 14
a luz esplendente por los naturalistas, es seguram ente
la de la adaptación ch I .ser al medio. Notorio es que en
el mundo físico el medio ejerce sobre todos y sobre todo
influencia decisiva; ¿quién osará pretender que en el
mundo psíquico no sucede lo mismo?
A firm an algunos que si el medio social obra sobra el
individuo, éste es capaz do resistir su acción. Esta opi
nión es justa, en cierto modo. Sostener lo contrario
sería reconocer de paso y de modo im plícito que el me
dio social es hasta cierto punto independiente de las p er
sonalidades que lo componen, lo cual sería u n absurdo,
y que no influyendo nada en el individuo sobre el me
dio, y siendo vano todo esfuerzo no hay más que cru
zarse de brazos.
N inguna doctrina sería más peligrosa, y conviene com
b atirla con la m ayor energía, 110 tanto p o r peligrosa, si
no por contraria a la verdad, a la observación. Pero 110
es menos cierto que así como la fau n a y la flora, sacan
del ambiente cósmico los elementos de su vida, y que un
observador atento y perspicaz podría, exam inando un
anim al o una planta, determ inar sus condiciones de épo»
ca, de clima, de atm ósfera y de topografía, lo mismo s a
ca el individuo de la estructura social sus ideas, sus sen
timientos, sus aspiraciones, sus costumbres.
Compréndese por ésto cuánta im portancia tiene el me
dio social que se trata de establecer, puesto que debe
ría, por decirlo así, posar su garra sobre todas las m a
nifestaciones de la vida social y j>rivada; puesto que ta n
to como vale el medio vale el hombre; puesto que el uno
es el árbol y el otro es el fru to ; puesto que, en fin , sería
tan ilógico pensar en transform ar al individuo sin tocar
al medio, como es racional el preveer con certidumbre,
sin que haya necesidad de ser profeta, que, m odificado
el medio, se m odificarían también los hombres.
*
s{c *
Q u e a s e g u r e a c a d a i n d i v i d u o . — Las form as sociales
que hasta hoy ,se han sucedido han tenido por consecuen
cia invariable al establecer jerarquías en las funciones y
E i, J)olou U n iv e r sa l 15
los seres, el a segu rar todas las ven tajas a un núm ero más
0 menos restringido de aquéllos en contra de todos los
demás. ¿C onviene, p o r tanto, buscar el modo de trastro
có r el orden de los factores con objeto de favorecer al
mayor núm ero ¡ L a cuestión social, ¿se ap lica a algunos,
a la m ayoría, o a la universalidad de los seres hum anos?
L asta exponer la pregu n ta. Todos p ueden contestar.
H u biera podido escribir en lu g a r de estas tres p a la b ra s :
" a cada in d iv id u o ” , estas o tra s: “ al p u eb lo ” ; o éstas:
" a la hum anidad” ; o tam bién éstas últim as “ o io d o s” .
iY r o desconfío de esas expresiones por dem asiado gene-
m ies y que caracterizan las entidades. L a exp erien cia me
lia enseñado que casi siem pre ocultan u n lazo, o que son
más o menos capaces de ello.
j Pobre “ p u eb lo ” , pobre “ h u m an id ad ” , pobre “ todo
el m undo” ! ¡C u á n to se lia .u sa d o y abusado de vosotros
j: ¡a d isim u lar m ejor las com binaciones vergonzosas de
V gobiernos y de las clases! H an existido y existen alio-
m ultitud de ficciones que por u n ju eg o de espejos
mente dispuestos p roducen la ilusión de la realidad.
| es, i>or ejem plo la ig u a ld a d ante la ley ; basta pasar
detrás de los espejos p a ra descubrir el lim o.
a frase “ a cada in d iv id u o ” tiene la v e n ta ja de irn-
v las interpretaciones am biguas y d e ja r perfectam en-
itablecido que el problem a social no tien e sólo p oi
i o aquella fórm u la u n tanto v a g a : “ la, felicid a d co-
” , sino ésta, mucho más sig n ific a tiv a y ex a cta : “ la
dad de cada in d iv id u o ” .
; que n i u n niño, ni un adulto, ni un anciano; ni un
•re, ni u n a m u jer; n i u n inválido; ni un ser liuma-
i uno solo, pueda ser p rivad o de la p arte de goces que
1 i consigo el derecho a la existencia en toda su inte-
id. T a l es el problem a que exam ina y debe resolver
■' iisador preocupado p o r la cuestión social,
i uno he dicho, porque b a staría que el derecho de uno
no fuese reconocido, p a ra que el derecho de todos es-
• t se am enazado; p orq ue existe, piensen algunos lo
quieran, solidaridad tan gran d e entre todas las par-
de] cuerpo social, que si un órgano, uno solo, no re-
1 •; S e b a s t iá n F a it íe
cibe t-u |¡arl-e do vid a, el nial se extiende y el organism o
entero se resiento poco a poeo, se abate y se destruye.
E l problem a soeial resuelto para todos, exceptuando a
uno, se refu g ia ría en éste, el eual, protesta vivien te, se
a lzaría contra los demás, y con voz que no ta rd a ría en
ser escuchada, resonaría discordante en el armonioso
concierto que debe form ar una sociedad verdaderam ente
dichosa. Preciso es evitarlo, y añado que es forzoso que
(•so no pueda o cu rrir; pues si es verdadero el axiom a de
Ja escuela nb tic tu acl posse volet consecutio. del hecho a la
posibilidad la consecuencia es buena, y so puede a tre v i
dam ente asegu rar que no es peor la consecuencia de la
posibilidad al hecho, podiendo estar seguro de que bas
taría que la cosa fuese posible p ara que se realizara. Por
tanto 110 he em pleado a la ligera la palabra asegurar,
y por com prenderlo así, la he usado.
*
* *
T oda la si m a d e f e l i c i d a d . — Siem pre ha sido el es
pectáculo de los infortunios m ás o menos inm erecidos, de
las m iserias más o menos in ju stificad as, lo que ha in ci
tado ¡i los filósofos, los pensadores y los m oralistas a bus
car las causas de sufrim ientos ta les p ara com batir sus
efectos.
R e b a ja r la tasa de los dolores sociales, aten u ar las
desigualdades patentes, m ejorar las condiciones de la v i
da, en otros térm inos, buscar la felicid ad universal, tal
ha sido el objeto de todos los tiem pos, de todos los p la
nes, de todos los sistem as de renovación social. Cuantos
se imn ocupado de Ja cuestión social m uéstram e unáni
mes sobre este punto. P o d ría c ita r centenares, pero me li
m itaré a linos cuantos.
D ejo a 1111 lado los antiguos para d a r m ayor espacio
a los modernos en estas citas, que no m ultiplicaré por no
fa tig a r al lecto r:
“ E l objeto de la sociedad es el bien de sus m iem bros’ ’.
— Grotius.
“ La sociedad está obligada a hacer fe liz a todos la v i
d a ” .— Bossuel.
E i, D olor U n iv e r s a l 17
“ M a b ly ( 1 ) con sidera la com u n id ad de b ien es como el
único orden conforme, con el v e rd a d e ro o b jeto de la socie
dad , que es la fe lic id a d durable de todos sus m iem bros.
S e g ú n él, siendo todos los m ales que a flig e n a la socie
d ad hum ana efecto s de la a v a ric ia y de la am bición , la
p olítica se reduce al a rte de co m p rim ir e fic a zm e n te esas
p asio n es; ia a v a r ic ia sólo p uede ser so fo cad a p o r la c o
m u n id ad de b ie n e s” .— V illeg u rd elle ( 2 ) .
“ ¿ C u á l es el o b jeto de la cien cia m o ral? Sólo p u ed e
serlo la fe lic id a d de todos. S i a los p a r tic u la re s se le s
e x ig e v irtu d e s , es p orq u e las v irtu d e s de los in d iv id u o s
hacen la fe lic id a d del to d o .” — H e lv é tiu s ( 3 ) .
“ B u s c a d la fe lic id a d hacien do el bien, ten ien d o siem
pre p resé n te que no h a y m ás «que u n a sola v ir tu d , la j u s
tic ia ; u n sólo deber, h acerse f e l i z .” — D id e ro i.
“ E l o b jeto de la so cied ad es la fe lic id a d c o m ú n ” . D e
claración de los derechos d el hom bre, a rtícu lo l . 9
“ E l o b jeto de la rev o lu ció n es d e s tr u ir la d e s ig u a ld a d
y esta b lecer la fe lic id a d c o m ú n .” — O on sp iration B a+ou-
i'iste ( 4 ) .
“ Q ue la in fin ita v a rie d a d de deseos, de sen tim ien to s,
de in clin acio n es, se reú n a n en u n a sola v o lu n ta d qu e m ue
va a los h om bres h a cia un fin ú n ic o : la fe lic id a d c o m ú n .”
M orelly ( 5 )
“ E l p la c e r sin ig u a l, s e r ía fu n d a r la fe lic id a d p ú
b lic a ...”
“ N o sé si m e en g a ñ a el deseo, m as pien so que la q u í
m ica p o d ría h a lla r en todos los cu erp o s u n p rin c ip io nu*
tritiv o , y entonces le sería al hom bre tan fá c il n u tr ir s e
<< mo a p a g a r su sed con el a g u a de un río; ¿a qué qu e-
d ,irían en tonces red u cid o s los com bates del o rg u llo , de la
am bición, d e la a v a r ic ia , de to d a s las in stitu cio n e s c ru e
les <le los g ra n d e s im p erios? l ’n alim en to fá c il, a b u n d a n
i I) M nblv <’s el herm ano (I>.‘ C o n d ilk ic.
i ) ' ‘ H is to ir c di .s id e e s sociales
• :¡) " D r . r h o n n r t " , son c<lu<ation. S e e t . 1. c a p . 12.
• l) ** B a s é s d e la R epitbliq itf’ d e s [Link] ''. urt. I1'.
i tí) “ I.« B a s i l i a d c '
18 Hkbasti An F’aitbk
te, a la disposición «lol hombre, sería prenda segura de
su tranquilidad y «le sn v ir t u d " .- Mrrrirr ( 1 ).
*'S i (‘1 prim er "rito di la naturaleza es el deseo de
nuestra propia dicha, las voces reunidas <le la prudencia
y la bondad, nos d icen : buscad vuestra felicid ad en la
felicid ad de los otros. S i cada uno, obrando c o n c o n o c i
miento <le causa en su interés individual, obtuviese la m a
yo r cantidad de u lic id a d posible, la hum anidad enton
ces llega ría a la felicidad suprem a, y el objeto de toda
moral, (a filic id a <1 universal, se habría alca n za d o ". —
Bentani.
“ E l principio general al que todas las reglas de la
práctica deben conform arse, no es otro que la felicidad
del género humano v de*todos los seres sen sib les."—
J . S . M ili.
“ La sociedad debe estar organizada de ta l suerte (hoy
no es frecuente el caso por desgracia), que la felicid ad
del uno no nazca de la ruina de los-otros, sino que cada
individuo encuentre el bien propio en el de la colectivi
dad, y vici versa, que resulte de la colectividad únicam en
te el del in d ivid u o “ .— L . B u cltn ir ( 2 ) .
“ P o r efecto de la solidaridad, cada vez más grande, el
problem a de la felicid a d universal está dominado hoy,
más que nunca, por el problema do la felicid ad social.
No son ya nuestros dolores presentes y personales, sino
los de la hum anidad del p orven ir, los que se convier
ten p ara nosotros en motivo de in q u ie tu d ."— Marc (lu
yan ( 3 ).
“ E l ideal p uro sería que la totalidad universal de los
seres se convirtiera en una sociedad consciente, unida,
y feliz.— A lfred o F o u ü lec ( 4 ) .
‘‘‘ L a m ayor felicid a d del m ayor número, por la ciencia,
la ju sticia, la bondad, el perfeccionam iento m oral, no se
(1) “ L e Tableau de P a r u ” .
(2) “ Fucrza y Ma te ria '
(3) “ La irreUfliôn (tel parvenir M.
(4) “ Critiqu - des Systèmes dr. morale contem porain*“ .
E l D olor U niversal 19
Imii11 i.i encontrar motivo ético más vasto y más hum ano.”
liiito ll M tilo n (1).
Perdóneme, mi querido Malón; hay un motivo más po
d e n -so v más humano que la felicidad del m ayor núme
ro, o t.i di* casi todos: la de todos absolutamente. ¿No es
cierto ?
N aquí aparece una pregunta form idable. ¿Qué es la
IVI'h ¡dad? ¿E n qué consiste? ¿D e qué elementos está lie-
Hia : ¿C uál es su base? ¿Dónde está su medida?
Porque si todos los sociólogos convienen en que el fin
que hay «pie lograr es la felicidad universal, ¡cuán po
li eos están de acuerdo respecto al modo de comprender
esta expresión! D e esc concepto, sin embargo, depende el
resultado de los esfuerzos que hay que hacer, es decir, el
objetivo verdadero y la dirección que es necesario dar
n esos esfuerzos; en fin, la táctica que hay que seguir.
Así os que, convencido de la importancia de este punto,
quier» insistir en é l .
( ’uantos lian observado con p erseveran cia a ese ser,
el hombre, ser eminentemente complejo y caprichoso,
lien en el convencim iento absoluto, que el único m óvil
. ¡i sus acciones todas, desde las de menor hasta las de
m ayor im portancia,*es la persecución al p lacer o la hui
da al sufrim iento, es buscar entre dos p laceres el más
grande, entre dos su frim ientos hu ir del más doloroso.
Y esto sería facilísim o de com probar, si no existieran
forzosam ente en la m anera d el ser del individuo social
una serie de acciones que a prim era vista p arece que
contradicen el hecho ; servicios prestados, actos de gene
rosidad, de adhesión, de sacrificio, llegan do a veces
hasta el sacrificio más g lan d e y único d efin itivo: el de
la vida.
De ahí las disputas, por p alab ras casi siem pre, entre
Egoístas y A ltruistas. Ku la últim a categoría de actos,
el sentim iento del yo, el egoísmo en el sentido vu lgar
de la p alabra, es [Link] difícil de descifrar; pero llégase
ll) *‘ ¿iociitlisxtt integral-.", t . I , ]>ág. 245.
S e b a st iá n F auke
¡i ello por fin a poco que se quiéra recordar que el yo tie
ne necesidades intelectuales y morales no menos que .fí
sicas .
D ejo a un lado m ultitud de acciones de im portancia
mínima; atenciones, favores pequeños que exige la vi
da de sociedad, y que, lejos de h acerla d esagradable,
contribuyen a em bellecerla, y que, p o r su ca rá cter de
reprocidad, form an tino de los lados más seductores de
la existencia. ¿Quién no lia sentido el encanto de esas
m il m onadas insignificantes, tom adas aisladam ente, pe
ro que sumadas con otras forman como el tejido de la
vid a social, y ponen la nota clara y alegre sobre el fo n
do, con frecu en cia obscuro, de la vida?
Cierto es que paralelam ente a esas ensilas, se desenvuel
ven hechos más notables en que parece d ifícil sorpren
der el cuidado del yo. A q u í el problema se complica. Pro
curaré no obstante hacer ver que si en esta serie de ac
ciones el sentim iento in d ividu al se borra en apariencia,
se afirm a en realidad.
Los laureles de MM. B arres y Bourguet no turban mi
sueño, así. pues, no psicologiaré hasta perderm e di- vista.
Me bastará hacer n otar:
Que en materia tal, rara vez logramos discernir el por
qué verdadero do nuestros propios actos: y aún con me
nos frecuencia echar una m irada en el santuario del
vecin o ; lo que exp lica la d ificu lta d de resolver el p ro
blema de que se trata;
Que a esta d ificu lta d hay que añ adir la de que " n o s
cuesta tra b a jo ” , merced a una pequeña vanidad humana,
sin embargo, aparecer a nuestros propios ojos ignorantes
respecto a los verdaderos m óviles de un acto de ese
g é n e ro ;
Que el filó sofo no podría adm itir, razonablem ente,
que el individuo, sobre todo cuando se trata de d eja r
una página en su vida, puede olvidarse completamente
de sí mismo-.
Que viviendo el individuo en el seno de la aglom e
ración humana, es absolutam ente imposible, y cada día
N i. |)< i|,o it l'.V I V K I '.S A I .
•mIinI [Link] ¡i las ideas v sentim ientos que le ius-
14» ,» - I « ••nía«’ !«) p erm an en te de sus s e m e ja n te s ; que el
m i hum ano se halla com p u esto de n ecesid ad es, de ape-
III o*, d •• ten d en cia s su m am en te d iv ersa s, y a veces
0Jine».l u n , «le m odo que se ve a rra stra d o en este o el
#1«‘II Ni*ni ido, segú n esté en el m om ento d om in ad o p or
ítltftN o p or o tr a s ;
l^ue las n ecesid ad es a fe c tiv a s , que form an la t ó r n e n
le ncn lim ental p ro p iam e n te diclm , desde la ten d e n cia
fid u iiia l a la sociabilidad, que es el m anantial, hasta
el ill m ism o, que es la d e sem b o cad u ra, son en a lg u n a s
n n iu ra leza s m ás n ervio sas, m ás d e lica d a s, m ás firm es,
jiim h o m ás im p eriosas, y . p or co n sigu ien te, que quien
•timii- su a g u ijó n si(‘nte tanta a le g r ía al sa tisfa cerla s,
mun con p e lig r o de su v id a , com o p en a le c a u s a ría con-
l-iic iia s ;
(>uc la hum anidad, <f el yo general, no es m ás (pie una
iNfpi'cie de p rolo n gació n de cada yo particular; y que si
m d.i uno puede, en aquello que le concierne, considerarse
«’un ju sto títu lo como centro del l'n iv erso , ese yo in d iv i
dual no puede tam poco abstraerse más del yo colectivo
<|in el centro de la circu n fe ren cia ;
<Jue, p o r c o n sig u ien te , el que s irv e a otro se sirv e
a sí m ism o: el que hace un fa v o r a otro se lo hace a sí
p r o p io ;
(¿ue p asa en el m undo moral un hecho análogo al que
los biólogos señalan en el m undo físico : los cuerpos o r
gánicos no cesan de to m ar y d evo lver al todo ambiente,:
i % la asim ilación y la dcm m m ilación. La in teligen cia y
• I corazón — y entiendo por tales las facu ltad es in te lec
tuales y e fe ctiv a s — no proceden de otra su erte; es un
cam bio p erp etu o entre el in d ivid u o y el g ra n to d o : la
hum anidad;
(¿ue, en fin , la v id a , la v e rd a d e ra vida lle v a con sigo,
para ser co m p leta m en te dich osa, a lg u n a p a r te d e fe
cu n d id ad , que esta fe cu n d id a d no es más que una ex u
b era n cia que nos im p ulsa irresistib le m e n te a e x te n d e r
nos, a g astarn os, a darnos; en p a rte o en todo, a al-
22 S ebastián F aitbe
gu ien o a algo. ICs lo dem asiado lleno que h a y que v e r
t e r ; es la sa v ia generosa y abu n d an te que sube a nos
otros, m erced a circu n stan cias p a rticu la rm en te fa v o
rab les, p a ra h a cer que florezcan sentim ien tos elevados
y m aduren en accion es sublim es.
líe aquí ese no se que alrededor del que han dado
v u e lta s m ucho tiem po, sin lle g a r a d e scu b rirlo — porq ue
les fa lta b a n los elem entos de in v estig ació n — todos los
gra n d es talen to s que en el tran scu rso de los años, des
de las civilizaciones más an tigu as hasta los siglos pró
xim os. han buscado esta p ied ra filo so fa l de los m ora
lis ta s : la unión del egoísm o y el altruism o. No han com
p ren d id o , no han podido com p ren d er que los sentim ien
to s ego ístas y a ltru ista s se com binan arm ón icam en te
en la m ism a in d iv id u a lid a d , cuando llega a cierto g r a
do de d esarrollo, que p o r tan to u<> ha lu g a r a oponerse
los unos a los otros, pues constituyen sencillam ente ilos se
ries de fenómenos relacionados con órganos diferen tes.
En una obra ju sta m en te notable ( 1) ha esclarecido
este pun to un jo v e n filó sofo de altos vuelos, M a rc
(Iu yau :
•‘ E s preciso que la vida in d ivid u al se d ifu n d a p o r el
prójim o y en el prójim o, y que se dé en caso necesario.
P u es bien, esta expansión no se realiza contra la n a tu ra
leza; está, por el contrario, conform e con e lla ; m ás aún.
es la condición de la verdadera v id a .”
De lo que precede se saca que el egoísmo y el a ltru is
mo rep resen tan dos cosas que, lejos de ex clu irse, se
con ciban sin esfu erzo ; que el altruism o no es en re a li
dad m ás que el egoísm o bien co m p re n d id o ; y que, aun
cuando en el estado a ctu a l de la so cied ad p arece d if í
cil arm onizarlos, no estoy lejos de creer, con B ern ard in a
de Saint P ierre. que “ solo se hace la p ro p ia fe lic id a d
ocupándose en la de los o tr o s " ; y con H eriberto Spen-
cer, que “ lle g a rá un día e n que <0 instinto a ltru ista se-
(1) “ E sb o zo s ih una moral sin obligación ni s a n c ió n "
Eli Pouut U niversal 23
rá tan poderoso, que los hom bres se disputarán las oca*
sienes de em plearlo, las ocasiones de sa crificarse y
m orir*'.
Dedúcese además que lodos los que buscan la felicid ad
en las solas satisfacciones egoístas, lo mismo que los que
cifran en lo» solos contentos allruístas, se engañan o
son incom pletos, porque no ad vierten en el in dividuo
más que una parte del mismo, sea porque creyendo es-
tlidiarlo m ejo r com eten la falta de separarlo, de a isla r
lo del medio so cia l: sea porque no miren más que una
parte de la m áquina humana, la que come, bebe, d u er
me, trabaja y procrea, despreciando la que piensa y
la que ama. Esta, como aquéla, tiene sus necesidades; en
"cu eral las prim eras no son ni más ni menos im perio
sas que las segundas; más fuertes en unos, son cu otros
más d ébiles; solo el individuo que las siente conoce su
extensión, m ide su fu erza, sabe en qué momento y en
qué orden se presentan, y puede calcu lar así la suma
de felicidad que a su satisfacción corresponde.
H ay, pues, que volver al individuo p a ra estim ar la
felicidad y d e jarle a él el cuidado de bu scar y h allar
la suya propia. La medida y la base de esta últim a en él
hallan: cualquier otro subsidíelo sería erróneo, 'm al
quiera otra medida arbitraria. Puedo, por lauto, ahora,
defin ir la felicidad con estas palabras: " E s para cada
individuo la facultad d i' satisfacer libremente lodas sus
ni i esidadrs físicas, in ld eciv a h s >) m ondes." Cuanto más
i.e . xlienda esta facultad, tanto más dism inuirá el núme
ro y ii poder de ios obstáculos naturales // artificiales
qu< dificultan su libre ejecución, y más se acrecentará
hi suma de felicidad realizada
Mas, entiéndase bifrn: para cada individuo, Ja facultad.
e s d*' ir, el conjunto, no solamente el derecho, que podría
W‘ r ti nii lam ente platónico y que ya existe, sino la po-
pi^Hidm dt salisfacer sus necesidades todas y la seguri
dad d que tal posibilidad jam ás le será arreb atad a por
|¡|t xiolcnei». Porque p ara el ser humano es un* su fri-
Icoto. no solo el sentir la necesidad y no tener los me
24 HkkartU n Ku ’kk
dios de satisfacerla, sino también el prever que 1111 día
m ás o menos lejan o podrá una fu erza ex tra ñ a p riv arle
de aquellos m edios. Por el con trario, la seg u rid ad da
al esp íritu esa tran q u ilid ad serena ya por sí sola
es una dicha p reciad a.
H a y que vo lv er la espalda tran qu ilam en te a esos que
n o s presentan un plan social que con firiese a unos cu an
tos— siquiera fuesen los m ejores— ¿ y quién los ga ra n ti
z a ría — la m isión de aseg u ra r la fe lic id a d de todos.
E sta ven tu ra p revista, uniform e, reglam en tad a con me
dida, sería muy pronto la coacción para iodos, el fastidio
p a ra la m ayor p arte.
“ C ada cual tom a el p lacer donde lo e n c u e n tra “ , a fir
ma un antiguo dicho popular, y ese dicho es perfec
tam en te ju sto . Com o los gustos, los sentim ientos, las
n ecesid ad es form an un todo de una v a ried a d casi in
fin ita , no solam ente lo que a la m ultitud de los seres
concierne, sino tam bién en lo que atañe al propio indi
viduo, dotado de una m ovilidad extrem a; como la natu
raleza es esencialm ente espontánea y caprichosa, el
único medio de g a ra n tiza r a cada cual toda la suma de
felicidad realizable es el no perm itir institución social
ninguna que sirva p ara m utilar, en quien quiera que
sea, esa fa n tasía adorable en aspiraciones y esa m ara
villosa d iversid ad de gustos.
No obliguéis a nadie a beber en vuestra misma copa;
vu estro s labios sacan de ella nn n éctar d e licio so ; los
la b io s de otro p od rían h allar la hiel. Que todos puedan
con independencia com pleta hundir sus m anos ávid a s en
«•I colosal tesoro de goces (pie nos han legado las g e n e r a
cio n es p a sa d a s; las presentes y las fu tu ra s se u tiliz a
rán en alim entarlo y engrosarlo sin tregu a. H ay, y h a
brá para to d o s; p ara los grandes como p a r a los peque
ños ; pero, por fa v o r, si queréis v e r anim arse todos los
sem blantes con la radian te alegría d e v i v i r ; ?.i no qu e
réis oír a los hum anos lanzar g r i t o s «I. o d i o , p ro ferir
am en azas; si ya no queréis v e r l o s bal : l l ar ferozm ente
entre sí, no rodeéis este t e s o r o i na i r o l a bl e de ningún
Ni, DojiOK IT n iv k r s a l 25
m uro p rohibitivo, ni siquiera de In valla nías débil.; d e
ja d a todos lib re su acceso, pura que c a d a uno p u ed a
v n co n tra r en él todo la sum o dr felicid a d que soliciten
mus deseos.
1’ iui sola barrera existe ;illí. lim itando las sa tisfa ccio
nes : la qu e separa los bienes a d q u irid o s de los que lian
de con quistarse, los goces r ir ib h s para las generaciones
a ctu a les de los que podrán g u sta r nu estros descendien
tes. Pero esta barrera no es p ara con ten er o re fr e n a r los
a p etito s, sino, por el con trario, para ex cita rles; no es
tá colocada d elan te de n u estras riquezas, sino d e trá s.
B a jo el vuelo poderoso del deseo in saciable que nos ele
va m ás a lio cada vez, la barrera se a le ja y reb a ja in
sensiblem ente, d ejan d o cada día d escu b rir a n uestra m i
rada nuevos m anantiales «le p lacer y p ersp ectivas cada
vez más deslu m b rad oras. E ste lím ite es el que m arca
el p u n to a que en su vertigin o sa ca rrera han llegado las
fa la n g e s hum anas m archando hacia las regiones de la
felicid ad , cada vez más vastas y fecundas.
He a q u í la ju stific a c ió n de esta s* ú ltim a s p a la b ra s:
4*adecuadas <u toda ('¡toco id desarrollo ¡iroyre.il1:0 de la
h u m a n id a d ” . E stá en la n atu ra leza de in d ivid u o s y so
ciedades salidos desde hace m illares de años, de los or
ganism os más ru d im en tario s el m arch ar hacia las fo r
mas cad a vez más p erfectas. Mucho, m uchísim o tiem po,
hom bres y cosas se d ib u ja n sobre 1111 fon do cu y a s tin ta s
pasan invisiblem ente de la som bra a la cla rid a d , de lo
o bscuro a lo lum inoso. E l pasado es la obscuridad, la
ign o ran cia, la in fe lic id a d ; la luz, el saber, la felicid a d ,
tv.e i s el p o rv en ir. N o se puede vo lver al pasado; se va
irresistiblem en te hacia el p orv en ir. Loco sería quien p re
tendiese p rever o d esign ar un térm ino a ese mañano de
in comen su rabí es espacios. ¡ La ed ad de oro no está de
trás, sino «leíante de nosotros, radiante y accesible!
KkiiahtiAn Kauk !::
III
i,Vn. ecuencias que han de sacarse de lo que precede.
.*ii ti.- :,, IN p úb liea, Igu ald ad , F r a te r n id a d .— L a cu estión so cia l
h:■ tiarido coji la prim era forma Jo la socied ad y sólo dcsapa-
r i'c r á con la ú ltim a. - La cu estión so cia l siem p re estará pon-
*I¡t*ii 11*. D e fe c to s de toda sistem a tiza ció n en sociología.
A sí: INSTAURAR U N MEDIO SOCIAL QUE ASEGURE A CADA
IN DIVIDI 'O TODA LA SUM A DE FELICIDAD ADECUADA EN CADA
ÉPOCA AL DESARROLLO PROGRESIVO DE LA HUM ANIDAD.
Tal es el objeto que debe perseguir sin descanso quien
se resuelvo a estu diar el problema social sin dejarse de
tener por concepciones a priori. ni encerrarse en un credo
de escuela.
( ’reo de mi deber sacar en el acto las conclusiones si*
j-nientcs, que no podrán menos de im presionar al lecto r:
I.” Dejemos en sus trabajos, sinceros a menudo, pe
ro con más frecuencia inútiles [»ara lo que nos ocupa, a
los que dan por objeto ;i sus esfuerzos el triu n fo de la
ju sticia social; el advenim iento de una rep ú blica del tra
bajo o <le los trabajadores, el establecim iento de la ig u a l
dad social; el reinado de la fratern id ad humana. ¡V e r
ba! ¡Y e r b a ! ¡V e rb a ! ¡Todo palabras!, palabras tanto
más peligrosas, cuanto que representan las cosas más
deseadas, pero que se prestan a mil interpretaciones
contradictorias. ¡ <>h m agia incontestable del V erbo! ¡A
qué adm irables arranques has dado aliento, .Justicia!
¡ De cuántas sublimes acciones has sido la palanca, Ig u a l
dad! ¡C uántos héroes. República, han vertido por tí su
sangre generosa! ¡F ratern id a d , F ratern id ad , que de co
sas grandes han hecho tus fieles! Mas tam bién, F r a te r
nidad, ¡cuántos pillos te han invocado, qué de explo
taciones favoreces! ¡ Por millones se cuentan los que han
am etrallado, y a los que han hecho padecer hambre en
tu nom bre! ¡ R ep ú b lica! ¡C u án tas iniquidades han sido
por ti sancionadas, Igualdad, y consagradas por tí. .lus
E l, J)om)R U nivkrsal 27
lieia! ¡.Justicia, qué <k crímenes se lian convelido y se
|m i petran bajo tu égida !
¡I>li, sí! L a Justicia, la República, la Igualdad, la
l'[Link]'iuidad, llegarán a sur en los pueblos futuros otras
lan ías realidades; pero será como por acum ulación, co
mo consecuencia, y por decirlo así, sin que se las haya
buscado. La felicidad de todos y cada uno las hará na
cer sin esfuerzo; así se cubre de rosas el rosal.
2." Llevando en sí el hombre necesariam ente el ins-
linto de conservación y la tendencia a la felicidad, la
cuestión social no es de ayer, como muchas personas
piensan. Como todas las cosas, ha atravesado una serie
de estados que la han m odificado sin cesar; nació con
la prim era forma de la sociedad y sólo desaparecerá con
la últim a.
3 .“ A l desarrollarse la humanidad de un modo con
tinuo. la cuestión social sigue fatalm ente una línea p a
ralela o ilim itada, es decir, (pie ha pasado y pasará por
m últiples fases, que está dotada de la elasticidad de las
formas sociales a que se adapta ; pero que en realidad
seguirá siempre pendiente, y que la frase solución de la
i urstión social sólo puede tener un valor esencialmente
dependiente eu la época.
4 .11 Lógicamente, toda sistematización en sociología,
por más perfecta que parezca, es resultado de un méto
d o 'fa ls o , y por tanto, debe ser repudiada im placable
mente. pues toda sistem atización social trae consigo, por
necesidad forzosa, algunas instituciones concordantes
que, teniendo por misión prever, reglam entar, m edir, re
partir, ordenar, prohibir, unifornar, en ’ una p alabra,
com prim ir en poco o en mucho, los individuos no po
drían tener la deseada libertad de moverse porque esos
reglamentos y prescripciones constituyen fatalm ente una
usurpación a la dicha individual, y porque, en fin , le
jos de favorecer el desarrollo di* las iniciativas persona
les y su marcha paralela al de las ciencias y las artes,
son un obstáculo tanto para estas iniciativas, como p a
ra el desarrollo científico y artístico.
o fl B kbasttXn K a I'KK
V ahora, lector amigo, ({tu* este capítulo sea la antor
cha. puesta en 1u mano que alum bre tu marcha hasta el fi
nal de este libro. Recuerda bien estas líneas, de las que
las páginas que siguen sólo serán para paráfrasis tan
sencilla y tan luminosa como mis modestas fuerzas me
lo perm itan:
‘ 'Instaurar un medio social rpte asegure a cada indi-
riduo tuda la sumo de felicidad adecuada en todo ( ¡meo
id desarrollo progresivo de la hum anidad,”
¡ T oda i <\ m -kstión está kn ksto . y x a da m á s !
C AP IT ULO II
P R O L E T A R IA D O M A N U A L
T rabajo ex c esiv o ; p rivacion es; .salario in su ficien te,' v e je z - in d i
g en cia ; sin trabajo; m iseria esp an tosa; m en d igos; vagab u n d os;
lad ron es; p ro stitu ta s; m uertos de ham bre; su icidas.
lloraos visto que la felicid a d es el objeto que h a y que
alcanzar. P u es bien; noventa y cinco años cuenta el si
glo; veamos si estamos lejos del objeto.
“ A los que habiendo nacido en la clase acomodada
nunca han experim entado personalm ente la m iseria; a
esos que viviendo en un am biente elegante, perfum ado,
luminoso, no pueden im aginarse que exista otro en (pie no
se conoce ni el lu jo ni el confort; a ésos lan numerosos,
que ven en el trabajo, más que una necesidad, un medio
de distraer sus ocios, un campo abierto a su actividad n a
tural, o la probabilidad de acrecentar su riqueza, dedico
la prim era parte do este capítulo.
Los otros, cuya vida, desde la adolescencia hasta la
v e j e z , no os más que una especie do condona a t r a b a
j o s f o r z a d o s , pueden pasar p o r alto estas páginas; tie
nen por objeto cantar la qu eja de sus sufrim ientos, de sus
miserias. Basta con que la vivan p ara conocerla de sobra.
Educado como burgués en situación brillante, gastan
do sin cuenta, porque ganaba mucho y pronto, hasta la
edad do 25 años, costóme trabajo creer que hubiese cria
turas que de la vida no conocieran más que las aspere
zas, las muecas do desprecio, las contradicciones, y de
cía como tantos otros: "<1 que resueltam ente busca una
ocupación la halla; el que trab aja puede y debe ah o rrar
para la vejez y »¡i nuestra época los únicos desvalido»
son los holgazanes y los p ród igos.”
{(i S e b a s t ia n F a u r e
Después m is ojos se han abierto a la realid ad .
listo de que vo y a hablar lo he visto, y casi lo he v i
vido yo mismo. M i corazón se ha conm ovido con las lla
gas eu ya p rofu n d id ad han sondeado m is ojos; se ha su
blevado mi cerebro ante el espectáculo de tan tas to rtu
ras y hum illaciones tan tas, y he llorado con los que llo
ran.
A . vosotros que blasfem áis como yo blasfem aba, por
que como vosotros pensaba y hablaba sin conciencia, de
dico estas cuan tas hojas.
L eed las; os lo r u e g o " .
¡Sf. F aure.
“ Vam os, vamos, p roletario; la gente que puede d iv er
tirse va a m eterse <*n la cam a. Va es hora de que los que
deban tra b a ja r salgan de las su yas; las gentes de socie
d ad van a qu itarse el tr a je de b aile; hora es y a de que
te vistas; los restauran! s nocí u n io s se vacían y las fá
bricas v a n a llenarse. ¡A r r ib a , date p r is a ! "
Y en las noches glaciales del invierno más riguroso y
a las cinco de la m añana vístese el p roletario, b a ja b rin
cando sus seis pisos, se d irig e apresuradam ente al ta
ller, a m enudo m u y distante, y se engancha al trab ajo ,
que com ienza antes que el d ía y no acabará hasta des
pués. ¡ Y qué tra b a jo ! P ara form arse de él una idea
aproxim ada, es preciso haber entrado en esos hornos
gigantescos, a los que con ju sticia se ha dado el nom
ine de ‘ ‘ presidios c a p ita lista s” , en que seres humanos
d e todas las edades y sexos se' p recip itan en avalanchas
com pactas, y allí«perm anocen sin tregua en el esfuerzo
d u ran te 10 , 12 y 14 horas a! día.
13njo la m irada de un capataz que ap lica severam en
te un reglam ento bárbaro, los esclavos modernos en tre
sacan, machacan, estiran, reducen, cortan, p liegan , rom
pen. hilan, tejen , calientan o e n fría n la m ateria tran s
form able en productos que enriqu ezcan a todos los iner-
cnuImh del globo. O ra de pie, ora agachado, expuesto a l
t e r n a t i v a m e n t e al frío y al calor, a la hum edad o la co
.El, D oloi: U n iv e r s a l 31
m e n te (le aire, una vez solo y otras con cien m ás, com
binando sus esfuerzos, y a con la m áquina que d irig e y
vig ila , y a con los de sus com pañeros de tra b a jo , desde
«■ [ com ienzo al fin a l del año, el obrero su da o tir ita . S u s
jadeos altern an con el ruido de las tenazas, el ch ocar de
los m artillos, el roce de las correas, el rech in a r de las
ruedas, el ch irrid o de las sierras y el resop lar del vapor,
i 'oufún dese su respiración con el jadeo de la m áquina.
Los gritos, las llam adas, las ad verten cias so cru zan en
I aire, que lleva un polvo sucio y v icia d o .
Q ue no se d istra ig a un segundo; puede depender de
d io la v id a de todos, resentirse la obra y ser rechazado
el trab ajo .
L a jo rn a d a , la rg a , m u y la rg a , lia term inado por fin .
V osotros c u y a v id a está com puesta do ociosidad, decid
m e: ¿los habéis visto? ¿H ab éis visto esas filas interm i
nables bajan do p o r el cam ino fangoso, rem ovido p or los
pesados cam iones que traen los m ateriales y lleva n el
producto? ¡C u á n to su frim ien to impreso en la fisonom ía
de sus com pañeros, qué la x itu d en el rostro de sus com
pañeras, cuánta resignación e n el sem blante de los n i
ños! P o rq u e a llí h ay n iños; m uchachitas de diez años
y rapaces do doce, cuyos miembros tiernos y delicados,
com prados con reb aja, hacen a los de sus p adres u n a
oom petencía desastrosa.
Y osas olas do carne m a gu llad a p or u n tra b a jo que
exten ú a, ruedan hacia los barrios extraviad o s p ara bus
ca r a llí el reposo do algu n as horas.
C u an to m ás vasto es el taller, más exigua es la habi
tación del tra b a ja d o r ( 1 ) . Se sube a ella por una escale
( 1 ) C ualquiera que h ab ito en un barrio do n u estras ciu dad es, a u n
que. sea poco céntrico, ap en as podrá creer qm sea ta n m iserable
el a lb erg u e de m uchos m illonea de personas, l i e aq u í los d a to s que
lo a te stig u a n : ‘.‘ E x isten en F ran cia 3.500 cp-v- que para lib rarse
del im p uesto sobre el aire y la luz, no tien en t - i que una ab ertura,
es d ecir, ninguna v e n t a n a ; y m ás d<» do.' m illnnot que no tien en m as
que una p u e r t a y una ve n tana. (D e Cliabrol. i »form e en IS30, com o
m inistro de H a cien d a .)
32 S e b a s t iá n F a u k e
ra obscura y pegajosa, al fu lg o r indeciso de una lam p a
rilla o de una, v e la que apesta, hay que com er una ra
ción pocas veces apetitosa, con frecu en cia in su ficien te y ,
com ido el últim o bocado y bebida la últim a gota de vin o,
exten d er los m iembros entum ecidos p or la fa tig a sobre
un pobre cam astro, y gozar un sueño de bestia can sa
da p a ra v o lv e r a em pezar al d ía sig u ien te la misma fa e
na. siem pre la m ism a ¡q u é su p licio !, co rrer los m ism os
p eligros y s u fr ir el rig o r de los m ismos reglam entos.
P ero ¿qué es esa fie b re de tra b a jo obstinado, de ser
vidum bre incesante? ¿Q ué fu erza m isteriosa em p u ja a
esas gentes a extenuarse de tal m odo? ¿C on sien ten p r i
vaciones tan tas (.1) con el f in de se rv ir una causa no
ble, o hacer du lce la v id a a los seres qu eridos? N o; la
m ayor p a rte produce en provecho de gentes que no co
noce, que uo lia visto jam ás, que no verán n u n ca ; los
otros p o r cuenta de un p atron o qu e ap en as se d e ja v e r
y que pasa ju n to a su m iseria con la in d iferen cia más
p rofu n d a. ¿T en d rá n acaso la intención de a d q u irir en
pocos a filfa, con un tra b a jo asiduo y a costas de p riv a -
V ein tiséis m illones trescien to s nuevo m il ciu dad an os de F ra n cia
viven en cab añ as, ch ozas o g u a rd illa s, y de este núm ero ¿ 1 4 .0 0 0
se re fu g ia n en la s cu evas (P evrrem on d .) ”
l i e aquí la s c ifr a s m ás recien tes cita d a s por la ('iiestión S ocial:
“ A la hora p resente hay tod avía en F ra n cia 3 0 0 .0 0 0 chozas cu
b ie rta s de p a ja que no tien en ven tan a: 1 .S 0 0 .0 0 0 ca?as con una
.«ola v en ta n a y 1 5 0 .0 0 0 que no tien en m ás que dos. D e los.
7 .0 0 0 .0 0 0 de ca sa s con que se cuenta en F ra n cia , hay -1 .5 0 0 .0 0 0
que tien en m enos de cinco huecos, sin con tar la p u e r ta ; las h ab itan
dos terceras p artes de la población de F r a n c ia .' *
P o r esta s c ifr a s se v e que la situación uo ha cam biado desde 1S30.
(1 ) S ien to com o un hecho que en la m itad del pueblo francés
la alim en tación no es su ficen te conform e a la h ig ien e (M ic h c l ('hr-
la lier).
“ E n un estad o como F ra n cia en que se calcu la (pie hay doce m i
llo n es de fa m ilia s, con tan d o tres in d ivid u os por cad a una, se sabe
que existen dos m illon es de fa m ilia s que ap en as tien en lo n©cesari>,
tres m illones que tienen lo preciso, cerca de un m illón que d is
fr u ta n un principio de op ulen cia, y a lo m ás dos o tres cen ten ares
que gozan de la opulencia m ism a. (A . T h ie rs.) ’ ’
Ktj [Link] UnivkksaIí 33
c unes incesantes, ahorros que aseguren ¡i su vejez el re
poso y i-l bienestar? Hasta esa osperanzn les está prohi
bida; saben, aunque no conozcan a .luán B autista Say,
“ c|iie no son los miserables los que hacen economías,
porque el que no tiene con qué vivir no puedo guardar
nada, y que a expensas suyas es como se hacen los aho
rros” . ( l j , y así los últimos jam ás podrán ahorrar na
da. listo s no ignoran, siquiera no hayan leído probable
mente jam ás la Filosofía <hl I 1or reñ ir, “ que ('I que no
posee no puede, llegar a nada, si 110 es por excepción,
por grande que sea su in teligen cia" { 2 ). ¡H an visto
t intos (pie. después de haber sufrido desde los 20, 30 y
•10 años, viejos, gastados, echados a la calle, 110 tenían
otro recurso (pie el hospicio y la m endicidad!
Alguna vez, en los tiempos que pasaron, podíase aún,
cuando la suerte tomaba parte en (dio, hallar el modo de
giiiii'ilar algún dinero, trabajar para sí, poner las car
nes ;:l abrigo de la necesidad; pero hoy es imposible;
los alquileres son m uy altos, el material m uy costoso y
lu concurrencia abrumadora. ¡P obre, pobre gente!
I’ero m ientras trabajan, ¿es suficientem ente elevado el
precio de su trabajo ? ¿ Se les ha dejado una parte ra-
Konablc de los valores salidos de sus m anos/ ¿Les queda
m iro sus dedos una liarte equitativa de las riquezas con
que inundan los mercados? No; esos productores vénse
¡forzados, en cambio de un salario irrisorio, a abdicar
ludo sus derechos, salvo los productos de que son fac
tor- indispensables. No lienon el poder «le discnitir uor-
midifn iite la tasa de su salario, lil que lo da puede aguar
dar. y debe comprender la abstinencia del obrero, que
no pu-dc esperar, pues es preciso que coma, que viva.
I 1 [Link] no depende tam poco del capricho o la volun
tad d < I q u e da e l salario. S e determina por un concurso
lio i*lrouuntaneias que todo o! mundo conoce: necesida-
. II) i |: Nuy. Traite d‘ F e o no mié ¡iolUiqm, 1." e d itió n píig, 117.
(IH un »le liiTPtubro tS90, p¡íg. 172. artiele ih .\f. F redcric
l l » h i r.
;U S e b a st ia n F aurk
des de l¡t con cu rren cia, le y de la o ferta y la dem anda,
etc., circu n sta n cia s que lian o bligad o a los mismos eco
nom istas o ficia le s a reconocer la existen cia de una ley
llam ada dt salarios, que se fo rm u la de este m odo: líl
sa la rio del obrero no exced erá norm alm ente, cu tiem po
y m edio dados, al Uintum de subsistencia estrictam en te
necesario p ara que viva y se rep ro d u zca.
E n la ciu d a d h a y cientos de m iles, m illones, p erten e
cientes a m u ltitu d de corporaciones que sobrellevan las
d iversas ram as de la a ctiv id a d in d u stria l. F orm ad os co
mo vosotros y como yo. hechos como todos para la c u l
tu ra in telectu a l, la a c tiv id a d m oral, los goces de la v id a ,
el b ien estar su ficien te , esos m illones de seres nacen, c re
cen, viven y m ueren sin otro horizon te que la pobreza,
sin más p ersp ectiva que una m uerte p rem a tu ra o la v e je z
in d igen te. N ada saben de los goces del esp íritu , de bis
satisfa ccio n es del cerebro; su pasado se llam a decep
ción, su presente dolor, desesperación su p o rv en ir ( 1 ) .
*
* *
Si Ituímos di- la atm ósfera in festad a de las gran d es
ciu d ad es o b reras y nos encam inam os a tra v é s de lla n u
ras y m ontañas h acia las com arcas rurales, n uestras m i
ra d a s se fija n en un espectáculo no menos lam entable.
Con esas p incelad as m aravillo sas de a rtista , Zola ha
tra zad o de modo ad m irab le el re tra to del tra b a ja d o r de
los cam pos, desde el p ro p ic ia rlo codicioso y ávid o de
unas cu an tas fanegas de tierras, hasta el sim ple jo r n a
lero alq u ilan d o sus brazos a los otros. HJste, tra ta d o con
más d u reza que las bestias que debe cu id a r, encorvado
(1 ) V oté con la C ám ara <le D ip u ta d o s un créd ito pura la em an
cip a ció n d e lo s n eg ro s; p ero ¿lio sabéis» que n u estros obreros
b la n co s son mucho m enos fe lic e s que los n egros de cu ya em an ci
pación se tra ta ? (B c r r y e r .)
“ L a m iseria p ública es un bocho so cia l, esp ecia lm en te un los
tiem p o s m odernos, y que se m a n ifie s ta ca da vea m a y o r a m edida
qu e la civ iliza ció n se ex tie n d e. (A . R lanqui, Tíiftlorir d i E conom ie
p o l i t i q m . ) ■'
Ei, I >01,01; U n iv e r s a l 35
bajo «I peso ili* fuenas rudas, gim iendo bajo bis cargas
«luis pesadas, es el prim ero de la gra n ja en levantarse
\ el i'ill iino en acostarse, regando con su sudor la tierra
fllle 110 t*s ni nunca será su ya, contentándose con la so-
im. > Lis berzas que nadie quiere, y hasta disputando a
MneN a los huéspedes de la pocilga las m alas p atatas des-
H1111das ¡1 engordarlos, y com partiendo la cama con los
«limaUs de la cu ad ra; objeto de las risas, enredos y
'nuil . burlescas; sin sostén, sin fam ilia, sin amigos,
t*l< p añ a arrastra tristem ente su cuerpo enflaquecido
• granja en gra n ja, de establo en establo, viviendo una
A jilc u c ia espantosa hasta que al anochecer recógesele
llii día como a un perro- en un surco o un bache. Como
hii bi rmano de la ciudad, este personaje es el tipo siu-
[Link] , de toda una clase de individuos que com prende
Ullllom s de millones.
Con frecuencia, con mucha frecuencia, estos m alditos
JR11 lomado odio a su esclavitud, y , sublevados, han pen-
Mdo en acercarse a sus hermanos en m iseria, a cuantos,
« n o v a d o s bajo el mismo yu go, padecían las mismas
WvneioijCH, debían s u frir Jos mismos dolores y sentir
..liliurnaciones iguales. No querían someterse por más
..... .. 11 sem ejantes abominaciones; se reivin d icaría lo
jk k io ; se reclam aría su derecho; eran, al fin y al ca-
1, el número y la fuerza, j Cómo se verían los amos te
lendo que hacer la obra sin obreros! Y despuqs de una
linda más fatigosa que las demás, se acuestan habien-
("iniido resoluciones suprem as. Pero al día siguiente
rlvcn ni campo o al taller, más tristes, más resigna-
qm nunca, un poco por costum bre, especie de velo-
ilml adquirida, y mucho p or reflexión. H an pensado
que cm >1. nna masa sin trabajo, en demanda de salario,
«l'ii por tanto, la [daza que se abandonase no queda-
ffo desocupada; esa plaza sign ifica el pan asegurado,
Un pan muy am argo y pagado bien caro; pero, en fin ,
tiiei *.!ii n- para sí, para su m ujer, para los h i j o s . .. Y
'lo ni pensar que ha estado a punto de fa lta rle s y d«
36 Hebastí An I'ai kk
verso privados <le él esos pobres pcqueñuclos. casi están
dispuestos a (-roerse privilegiados.
¡P rivilegiad o s! Lo son. sin duda, ¡olí, ironía mons
truosa! estos [Link] existencia acabo de bosquejar; y re
cordaré toda mi vida ffquel camarada que. tras larga-
huelga forzosa de algunas semanas, me anunció, todo re
gocijado, que acababa de hallar contrata y exclam ó:
“ ¡ A l fin he encontrado un patrón que cww-enti. en e-x-
Id o t a r m e ! "
¡S in trabajo! ¡Cómo cambian de significación esas
dos palabras según el estado de fortuna de aquellos a
quienes se a p lic a n ! H ay personas que desde la cuna has
ta ti sepulcro están sin trabajo,, y no lo buscan; el tra
bajo de los otros basta para su opulenta ociosidad. No
es de esas personas de las que aquí se trata; se trata de
las que sin trabajo se hallan sin salario, y. por lo tanto,
sin pan. ¡Q ué situación tan horrible!
H asta aquí liemos permanecido n la puerta del in fier
no social; hay que franquearla. ¡Q ue no tenga yo p a ra
escribir este infierno la lengua mágica del inm ortal au
tor de la Divina (''omrdia!
* *
E sta es la morada fría de la desnudez y del ham bre,
Vése errar por aquí sin tregua ni reposo, con la m ira
da suplicante. :i los que parece rechazar el taller. T ie
nen. sin embargo, los brazos fuertes y no piden más que
emplearlos en servicio de alguien; ¡no quedará descon
tento de (‘líos! ¡Los dedos de aquellos son hábiles, van
de prisa, corren tan ágiles sobre la labor y costarán tan
p o c o al que los utilice!
Semanas hace que estas desgraciadas criaturas van
de puerta en puerta ofreciendo sus servicios. Los p r i
meros días sostenidos por la esperanza, teniendo en el
bolsillo el resto de la última paga, contando, con el cré
dito, (pie no le han rehusado aún el panadero ni el ten
dero de comestibles, han recorrido sin gran pena los ta
lleres y las fábricas. Pero en todas partes han recibido
Kl D o u í l i Ü N tV E B K A Í. 57
la mis ni n respuesta irritan te: “ hoy 110 hay: 110 m u s i
tamos a nadie; vuelvan dentro de unos «.lías y verem os.”
Kl xin-lntbajo lia vuelto y la respuesta lia sitio: ‘ ‘ aún no.
espere lista frase resuena lúgubremente. ¡E sp era r, es
p ira r todavía mientras esas pequeñas y queridas frus-
leríns rpic miraba como su riqueza tocia, y con tanto tra
bajo compradas, han ido al Monte de Piedad! ¡E sp erar,
esperar y mañana habrá que llevar al Monte los últimos
recu rrís! ¡E sp erar, y el panadero reclama lo que se le
debe y retira el crédito! ¡E sp erar, y cum ple el alquiler
y el señor B uitre habla de embargo y exp u lsió n !
Poco a poco la confianza de los primeros días cede
<•1 puesto al abatim iento; el sin-frabajo tiene como el
presentimiento de. que nada encontrará. V uelve, 110 obs
tante, a buscar queriendo seguir hasta el fin su doloro
so calvario. M ientras ha podido ha m ostrado alta la
frente, altiva la m irada, firm e la voz: no e s él pura
mendigar, ni aun trabajo. Pero a medida que avanzaba
por el camino de su calvario espantoso, la cruz ha d epri
mido sus hombros y agotado sus fuerzas ( 1 ) . H o y su
frente está abatida, sus ojos suplicantes, su voz tiem
bla. ¡O h, trabajo, trabajo siquiera no sea más qué una
semana, un día, una hora, cualquiera que sea la labor y
cualquier precio! No teme que le ex ija n una faena
muy penosa, o que le ofrezcan un jornal irrisorio; sólo
tiembla porque le rehúsen el trabjo, y el salario, por
consiguiente.
La crisis de la huelga se prolonga y se agrava.' E n
cuentra a las puertas de los talleres centenares de po
bres diablos como él en busca de un trabajo cualquiera
( 2 ). Los ojos hundidos, am arillo el cutis, el cuerpo en
flaquecido. los zapatos rotos, el vestido hecho jirones, la
( 1 ) La m iseria (leí trazador salvaje que con tan ta frecuencia
jxMv. e tic hambre, 110 iguala a la do esos m illares de fa m ilia s que
l>- |>i <N* una m anufactura. (D e S ism on di).
[ ) Un los años do crisis, el número de los obreros sin tra b a
jo 1' eleva hasta el -10 por 100 de la. población.
m S K U A H T IÁ N F avrk
■■orra grasicnta, la ropa blanca sucia do estos desgra
ciados. proclam an brutal monte sn n egra an gustia, su
tremenda miseria. Cada día trac nuevas privaciones y
añade el disgusto a la desesperación. ¿Q ué hacer? No
lian leído a M írabeau; esos ham brientos no saben que
hace más de un siglo decía aquel trib u n o : " N o hay
para el p roletario más que tres modos de v iv ir : traba-
jury mendiga)- o robar.'' Y por más que han buscado, no
lian hallado el cuarto. D ecididam ente el t r a b a jo % o los
quiere ya. Pues bien, se liarán m endigos o ladrones; aca
s o las dos c o s a s .
¡M en digar, robar! Sólo con las palabras sube ¡i su
trente la poca sangre que corre aún por sus aném icas
venas. ¡T en d er aquella mano que tan valientem ente ma
nejaba en otro tiem po la herram iento o el arad o ! ¡Im
plorar una limosna con aquella voz que hasta entonces
nunca había pedido más que tra b a jo ! ¡C o g er con mano
fu rliv a e s o s mil objetos que hacían pesar o con tar cu su
presencia para e l com erciante al por menor, y que, con
alegría, llevábalos a veces a su h ogar! No, no: el sin-
trabajo no podrá decidirse a eso. A unque quisiera no po
drid.
Pero esa idea que ha rechazado al principio, le obse
siona sin cesar, se le presenta bajo el aspecto de una
fatalidad ineludible, toma posesión de su cerebro y se
instala en él como soberana. El sin-trahaju se acostum
bra a m irarla con menos horror: poco a poco desapare
ce su repugnancia p rim itiva; aún se lleva bien con «‘lia
y bastará para que la obedezca una circunstancia que se
presentará tarde o tem prano; bastará que una noche, al
regresar a su tabuco, oiga la voz de los niños que le
piden de comer, que contem ple la cara pálida y flaca de
su com pañera, para que se haga m endigo o ladrón.
E xtrañ a filiación la do todas las cosas en esta socie
d a d Kl robo de arriba engendra el robo de abajo; la ri
q u e z a de los unos hace fata l la m endicidad de los otros.
; No e s preciso que haya manos llenas de htuses para »pie
K t, D o i .o k IJ n i v r r s a i .
huya o tras im plorando un m u s? Las p rim eras se tien den
para «lar; p ara re c ib ir l;is otras.
/„Podrá al menos ese p aria robar y m en d igar tr a n
qu ilo ? No, la ley que, consagrand o, sancionando la o r
ganización social, hace in falib lem en te vagabu n dos, m en
digas y ladrones, esa ley dispone de gen d arm es y p oli
zontes p ara d eten er a esos hombres ¡nliyroHOs, de m agis
trados que los condenen y de prisiones donde ence
rrarlos ( 1 ) .
Y cuando una vez, una sola, l;i mano du ra de los p ri
meros ha caído sobre el cuello del d elin cu en te; cuan d o
una sola vez la voz tra n q u ila del p residen te ha p ronun
ciado la sentencia con d en ato ria; cuand o una sola vez se
han cerrad o tra s el crim inal las p uertas, todo paso a trá s
le está prohibido* le es im posible volverse a le v a n ta r (2 ) .
Los J esú s m odernos no resucitan a los Lázaros de la po*
t I ) K1 sim p le robo, la v agan cia \ la m endicidad son los deli-
in.s d ep en d ien tes de Ih ju risd icción de los trib u n a les correcciona
les. V éase una e sta d ística que ser vi r» para d eterm inar el aúm ero,
iv m uchos ao son co g id o s) fie Ion que se ven im p ulsad os casi siem
pre por la m iseria al robo, a la v a ca n cia y ti la m endicidad.
Núm ero de acu sad os . . . . 22S .211
\ ño de l SS-S
N úm ero de condenados .. . 1 0 0 .4 6 9
Y agu acil!, m endicidad .. . 15‘ 00
Uebnlión, d esa ca to ................ 8‘ 20
D e lito s contra ln moral . . . 1*90
Kn 100 casos.
Mohos, frau d es, tim o s. .. . .’13*00
Ctolpes v h e r id a s........................ 11*50
Otros d e l i t o s .................................. 20*50
100‘ 00
En 100 casos, se encuentran MI hom bres y 14 m u jeres; ésta s
recurren a la p ro stitu ción . V éase tam bién que h a y cada año cien
mil in d iv id u o s por térm ino m edio arrojad os a la p risión por el
h am b re.
(2 ) ha esta d ístic a dem uestra que de cada cien con d en ados hay
57 rciu cid en tes. N a d ie ignora ad em ás que la p risión , le jo s de ser
unn escuela de regeneración y en m ien d a, es. por el con trario, de
cn vih'cim iento y d esm oralización.
I1 S k b a s ti.I n Faukk
lii' /ii. <*iiiiiii no rehabilitan ¡i las Maffdnltuas de la pros
titución.
Porque si ;iI hombre sin trabajo solo «los alternativas
si' l( presentan, a la m ujer s«> le presenta o tra: la pros
titución. Esas a quienes se llama filies <h joic sin duda
porque se han hecho para vender la alegría a otros
mientras su vida es generalm ente dolorosa, han hallado
y a defensores elocuentes. So han alzado voces conmovi
das en favor de esas jóvenes arrojadas por la miseria al
arroyo en las ciudades populosas, chiquillas marchitas a
los dieciséis años; muchachas forzadas, para comer, a so
portar las caricias vinosas de los noctámbulos retrasa
dos en alguna taberna o prestarse a los caprichos de los
Señores viejos; m ujeres inscritas en registro vergonzoso
<pic atestigua sn miserable oficio.
¡Pobre carne a la que so pone precio como a la que
al matadero se lleva, visitada, inspeccionada corno aque
lla, como el pescado y los frutos do los mercados, para
que no envenenen :il com prador; carne que la mano de
los agentes acapara para poblar las prevenciones y los
calabozos, como los acaparadores el azúcar y el café pa
ra llenar sus almacenes; carne que te vendes por la
comida «le la tardo y el albergue para la noche; carne
mordida por <*l hambre, más* que por la pasión; carne
que habitas las guardillas, los mesones y las chozas; car
ne que no puedes entregarte libremente a nadie porqu<
tienes la obligación de prostituirte con cualquiera que
te ajuste, te compre o te pague al contado! ¡ I)e tí es di*
quien hablo!
Las Naná y las Safo que tienen c^balllos, hoteles y
criados, han tenido su pintor. Irm a de la casa pública.
T itin a «leí boulevar, M argot de la callo, a vosotras os
pregunto: ¿No os verdad, pobres hijas de gente pobre,
«pie a los doce años os pusieron a aprender un oficio en
un taller? ¿No fue el ejemplo, el arrebato, la falta de
trabajo, la miseria, en fin, lo que os impulsó a vender
esos besos «pie con tanta alegría hubierais d a d o ? ...
Sin duda no es esta la historia di* todos los mendigos,
Kt D í u .o k U n i v k u .s a i . 41
d e Indos los vagabundos, do lo d o s ios la d r o n e s , de t o d a s
his prostitutas; pero eso no quita el que ahí esté el gé
nesis de la prostitución, del robo, de 1« vagancia. de la
m endicidad.
Hay. sin embargo, mujeres que, a pesar de todo, rehú
san el prostituirse; pobres hay que retroceden ante el
robo y la mendicidad; la tercera plana de los periódi
cos nos dan cuenta casi diariam ente de la vida, o más
bien de la muerte de esos desdichados. Ora son viejos
que después de trabajar medio siglo contribuyendo a la
brar la fortuna do muchos patronos, se ven fallos de
todo recurso, y en lucha feroz con la inanición pierden
la poca vida que les resta; ora son hombres y mujeres
en plena edad m adura, cayendo en las calles muertos de
hambre y de frío, privados hace días de alimento y al
bergue; ya son mozos y mozas a quiénes en la prim a
vera de la vida siega la tisis, resultado de un trabajo
prematuro y excesivo, como también las privaciones; ya
son los pobres inocentes que la ternura de una madre
con el seno agotado y vacío el cajón del pan puede arran
cárselos a la muerte (1 ).
(1 ) A pena pensar, mas en honor ¡i la verdad debe decirse,
que todos los años hasta cu las naciones ntús prósperas, una partí*
de ia población perece do necesidad (.1. B . 8 a v ). Traite d* amnomie
poUtiquc, 1.“ ('clieión, p ág. 421.
Micliol Chevalier reconoce quo “ la muerte, que la miseria trae
dr la mano, se a p ila para rechinar los bruzo» que quieren hacer
com petencia a los do sus padres y cerrar para siempre las bocas
que piden ese pan que sus padres no pueden d arles.M
E l doctor Villermo declara que, “ entre los h ijos de los pobres
hl m ortalid ad es siete vccea mayor que entre los h ijos do los ricos; ”
y el doctor Orosselet, médico de los hospitales do lid ie (en un in
forme reproducido por B lanqui hecho por orden del G obierno),
lineo la siguiente declaración: 1' Mueren en un período de cincuenta
años un uiiio por cada tres que nacen en la calle Ii<>y ("el barrio
lu jo so ); siete por cada diez en las calles del barrio burguíis, y
en la calle des Ataques, considerada como de pobres, ludíamos
cuarenta y sois defunciones por cuarenta y ocho nacim ientos.
He necesita un dique para esa ola; es preciso que no pueda de
cirse en Francia, como en Manchestcr, que do d i . 000 niños nunv
S e b a s tiá n ' F aurk
O lm s. in¡i*n1 ras esperan que é s ta llegue, la hallan de
masiado lenta y corren a su encuentro. ¿ A qué abismo
de desesperación es fuerza que hayan rodado insensible
mente esos desdichados, para que no vean más salida a
sus angustias que el fin inexorable de todo, de tristezas
\ goces? ¿No han necesitado beber hasta la última nota
la hiel de todas las decepciones, la am argura de todas
las miserias, el veneno de todas las humillaciones los
que buscando un refugio en el suicidio, se precipitan en
él eon (‘I fruto de sus entrañas? ( 1 ) .
ron 2 0 .7 0 0 untos do lti edad de cinco años. Entretanto. no nos
cansaremos de repetirlo; aquí, a tíos pasos do nosotros, cu la vi
vienda del obrero, **de cada v ñ n tm u r o niño* uno sólanit nlf' -partir
llegar a lo# ciñen unos.''
En 1867 el doctor B ertillón, miembro de la Academia de me
dicina, d ecía: “ cien to treinta mil personas sucumben en Francia
todo* los años de los males que se llaman barbarie, miseria,
ignorancia. ' ’ Y el 20 de abril ile 1892, M. Aureliuno Scholl.
conmovido unte una estadística publicada el día anterior, escri
bía en Lr M atina: ' ‘ ; Es posible lo que liemos leído! ¿Habrán
muerto de hambre en l ’rancia nóvenla mil personas? ¡En Fran
cia, el país más rico de Europa: aquel que rodeado de una Humi
lla de la China, tiene para alimentar a todos sus h a b ita n tes!”
( 1) El hecho p a re c e ría in c re íb le si no e s tu v ie ra p re s e n te en
la m e m o ria de to d o s la o d isea d e s g a r r a d o r a de la s f a m ilia s 1 layen»
(P arís, calle di* A vrom y S o u lin in , L im o g e s).
En el año 1892, para no citar sino tos ejem plos más terri
bles, se sustrajeron a la miseria por la muerte violenta:
20 de Enero, Clemencia Burdet, enferm a, de r>0 años, y su
hijo Enrique, de 15.
14 de Febrero. <’alle de Meaux, 80. Una muj> r de 2.’> años con
sus dos niños, uno de tres años y otro de seis meses.
2 de A gosto. En ia. aldea de Ay, la señora V illotc se arrojó
al canal con sus tres hijos de .'5 y í años y 7 meses.
12 de (Septiembre. El obrero Johallier y su hermana.
1." de Octubre. En Saint-Oyr-sur Morin la fam ilia Montpert.
el padre, la madre y cuatro hijos.
0 de Noviembre. En l'repv-en Valléis, laseñora Carriol*, do
28 años, con sus dos hijos de 2 y 0 años.
No pasa día que no se señale con un drama de la miseria.
¡Cuántos quedan ignorados! Seria larga la lista de esas víctim as
de la mala organización social, donde es desconocido elderecho
y sólo reina el ••cada tino para s í " .
E l D olor U ntvkküal 43
lisa s ;i qu ien es los a zare s de la vida nunca han pues
to en presencia de ta n lú gu b res tra g e d ia s; los que ja m á s
han visto de cerca la horrib le odisea que determ in a la
últim a m iseria; esos a quienes su ed ucación , (‘1 m edio
esp ecial, su situ ació n los tienen siem pre a le ja d o s de los
a lb erg u es de los sin -irabajo y basta de la población obre
ra. g r ita r á n acaso que h a y exa gera ció n en esto. P u es
bien, no. Me he quedado forzo sam en te p o r b a jo de la
realid ad , p u e s p o r rica que sea nuestra len g u a, es im-
p olen te p a ra p in ta rla ni e x p re sa rla siq u iera ( 1 ) .
II
Proletariado intelectual
E m p le a d o s ilo a d m i n is tr a c io n e s p ú b lic a s y . p r iv a d a s. — M o n o to
n ía de s u s o c u p a c io n e s. — D ific u lta d e s d el a sc e n s o , a u se n c ia
d el id e a l. S u je c ió n . — R u tin a . — H o n o r a rio s irriso r io s. —
M e d ia n ía . 'M isaría d e l e v it a . — E m p le a d o s en el co m ercio
y In in d u s tr ia . —• C o g id o s e n tr e el p a tr o n o y la c lie n te la .
In seg u rid a d d ei m a ñ a n a . — S in plasta.
N o h ay que crecí1 que hemos reco rrid o todo el país
de la d esd ich a, y que fu e ra de esa reg ió n donde lodo
es tra b a jo excesivo, p rivacion es y desn ud ez la m irad a
del o b serv ad o r sólo puede posarse en el con solador es
pectáculo de una a c tiv id a d razon able y una existen cia
cóm oda.
P a ra lela m en te a esa clase tan num erosa de seres hu
m anos qu e co n stitu y e el p ro letaria d o m an u al, existe otra
de in d iv id u o s que p u eb lan los escritorios, los alm acenes,
los m ostradores, las ad m in istracio n es, y que form an el
p ro le ta ria d o in te lectu a l. C o m p ren d e esta d a s e a todos
los que. ¡\ títu lo cu a lq u ie ra d ife re n te del de obrero m a
nual. perten ecen a la socied ad del tra b a jo a sa la ria d o ; ta-
(1 > Porque no so m e acu se «le haber in ten cio n a d a o in volu n
ta r ia m en te extrem a d o la n ota, in v ito al lecto r a m ed ita r sobre
la s c ita s y lo s núm eros que p ara no ob scurecer el te x to ! he cr eí
do m ejor poner en n ó ta , o sta s dos p á g in a s som b rías.
-M Xkkaktián F achk
les son los empleados en la industria o en el comercio
dedicados a escribir, a la venta, a la recepción o expe
dición de las mercancías: los que en las grandes admi
nistraciones públicas o privadas, bancos, sociedades de
seguro, compañías de ferrocarriles, ministerios, funcio
narios modestos, sólo plazas secundarias o inferiores
ocupan.
Preciso es reconocer que la situación de estos últimos
ofrece más estabilidad; que tienen menos que temer que
sus he raíanos los manuales la inseguridad del mañana;
que, en fin, por una retención sobre su sueldo se les
asegura el retiro para la vejez. Tales son a primera, vis
ir» las ventajas: pero ¡qué caramente com pradas! ¡Qué
vida tan espantosa la de esos hombres que. entrando jó
venes aún en una de esas gigantescas jerarquías, tienen
que comenzar las tareas más humildes correspondientes
a una retribución casi siempre insuficiente, y desde
1.° de Enero al 31 de Diciembre inclinarse sobro los mis
m o s formularios, redactar los mismos informes, llenar
los blancos de las mismas casillas, consultar los mismos
registros, dando como la ardilla -vueltas en su jaula sin
descansar jam ás! ¡ Y esa existencia tirada a cordel no
le permite un sólo día a la imaginación vagar por las
alturas del ensueño, sin que se caiga maltrecho sobre el
suelo de la realidad! ¡V esa carencia de lo im previsto.•
que es no obstante una de las seducciones más bri
llantes para la juventud, en la vida mediocre, ignora
da, sacando de ella la fuerza para sobrellevar durezas
del presente, mientras se espera la X problemática que
mañana ha de traer el esplendor y la notoriedad! ¡ Y ese
curso monótono de días invariables, sin más volun
tad que la de no perder la plaza, sin otra esperanza que
la de alcanzar un ascenso o una gratificación, sin más
deseo que llegar a viejo para tener derecho al retiro,
sin más seguridad que la de no morirse de hambre!
i Quién podrá narrar en términos exactos las humilla
ciones, las bajezas, las tonterías, las delaciones, las hi
pocresías a que s> Ve en todo instante obligado aquel
Ki4 Thu.u!; UNivicKSAr,
que fstíí lJamado a moverse trabajosamente durante to
da su vida on los corredores, las antecámaras y los des
pachos do las grandes oficinas públicas y privadas; »‘l
([lio empieza como simple aspirante y silbe uno a uno
los escalones do esa jerarquía tan complicada, tan du
ra, tan rígida, con los ojos fijos en esto ideal; la direc
ción do un escritorio, de una sección de un servicio?
¡ Desgraciado aquel (pie so permitiese denunciar un escán
dalo, alzarse contra una injusticia, señalar un abuso,
censurar una iniquidad, proponer una reform a! Inme-
diamonte vería oso leal, eso cándido, alzarse contra él
a toilos los antiguos servidores do la rutina, a todos esos
que anima el ridículo espíritu de cuerpo, pomposamen
te adornado con la “ solid arid ad " por los hipócritas y
los necios; habría un clamor general por parte de todos
esos que. habituados a su tranquilidad de ostras, tomen
más que todo el que so arme bull;^ sería aquello un
clamor universal de todos Jos que el favoritism o ha co
locado o promete hacer que avancen; y contra esta for
midable protesta, el desventurado, abandonado por los
mismos que le em pujaran hacia adelanto, se quedaría solo
y sin defensa.
¡Todavía, si a cambio de esa sumisión ciega, de una
mutilación tan horrible de Ja voluntad, do imposición
tan execrable de todas las rutinas, se. asegurara a esos
asalariados altos honores puniéndolos en condiciones de
encontrar en ellos una compensación! Poro, no; esos mi
llones de hombres empleados en bancos, sociedades de se
guros y caminos de hierro, modestos funcionarios em
pleados on ministerios, maestros, empleados de correos
y telégrafos, esos millones de sores cada día más aplas
tados por oso mecanismo homicida de la jerarquía pape
lera, burocrática y adm inistrativa, obteniendo una remu
neración do insuficiencia notoria y viviendo en perpe
tuo temor a los acreedores, que pueden quejarse y per
judicarlos así en sil buena nota, y con la necesidad de
sostener su rango, llevan una vida do incesantes priva
ciones, de estrechez dolorosa.
-4t> Hk h a s t iá n F a c ió -:
¡(Mi ! La pobreza con levita negra, camisa blanca y
sombrero <l<* copa, ¿110 es acaso más penosa «pie la que
va con blusa y zuecos!
*
* *
¿Son menos esclavos y más dichosos los asalariados
del Comercio y de la industria, compradores, vendedores,
viajantes, los que llevan las cuentas, los encargados de
Ja correspondencia, de la recepción y expedición de las
m ercancías, mozos de almacén o de mostrador, proleta
rios que no son productores, pero que pertenecen a esa
m ultitud de corporaciones que necesita el sistema de lo
intermcdiiirio que roe a nuestra sociedad, gastando sin
provecho una gran parte de las actividades humanas?
Cogidos entre el yunque del patrón y el m artillo de la
clientela, obligados a servir al uno y a la otra, forzados
a m irar por el interés del primero y a fin gir que bus
can el de la segunda, su vida no les pertenece; obedecer
al principal y su frir los caprichos del cliente, ser obse
quioso con éste, servir con aquél, esto es preciso para
ascender un puesto o conservar el (pie tienen. Puede
sin duda cam biar de tienda o de despacho; pero dejar
un amo para tomar otro, volver la espalda a un cliente
para encorvarse humildemente ante otro, ¿a qué con
duce ?
Necesitaría, además, estar seguro al dejar una plaza,
de que había de hallar su equivalente; y nada hay me
nos seguro, pues a consecuencia de las aplicaciones de
la ciencia a la industria que, m ultiplicando los in stru
mentos mecánicos y aumentando así la producción, dis
m inuye proporcionalmente el instrumento humano, es
decir. (0 número de productores empleados, por conse
cuencia también de la difusión de la cultura en las cla
ses populares, el proletariado intelectual ve ensancharse
gradualm ente sus cuadros y reclutar la masa que ya el
trabajo manual no quiere.
Así, pues, seria d ifícil decidir en cuál de los dos mun-
Ei. D olor U niykksai » 47
•los, obrero o empleado, se encuentra m ayor número de
xin-lnihrijo.
III
Clase m edia
com ercio: zozobra perpetua, 1ticlia ilo concurrencia, uum’-
miza 'le quiebra, ruina fa ta l. — roq u eñ a ind u stria: inferiori-
•Iml como resultado tic la m aquinaria, an iq u ilam iento seguro.
I'mpieilm l pequeña: im puesto, usura, hip oteca, m alas cosechas,
ioisi('ita<l co n sta n te, ruina.
Acaso hallará »*1 leelor que le he hecho pasear mucho
lam p o por las callejuelas de esa mísera ciudad. Recor
daré aquí que muchísimas personas cuya vida se desli
za «lulee y lacil, ni aún siquiera sospechan que a su lado
■kistan m artirios tales; éstas son las que lie cogido de la
muño para hacerles visitar el triste laberinto.
Ahora, venid, los que vivís penosamente; vosotros eu-
vo estómago se queja a veces de hambre, los que habi-
t¡ i i las gu ardillas y las chozas, los que gemís bajo el y u
ro del trabajo, todos los que contempláis con ojos pre
ñados do envidia a esos que, colocados por encim a de
toso tros en la escala social, os parece que disfrutan la
felicidad <lUP <>s esquiva, y comprobaréis, pobres deshe
r e d a d o s . ([ue no por más disim uladas dejan de ser las
llagas de esos dichosos tan horribles como las vuestras;
<111<■por ser de naturaleza distinta su desdicha, en nada
en le n la que os abrum a.
( ' o r n e n a medida de su apetito, reposan lo suficiente,
habitan un cuarto confortable, poseen un m obiliario bo
ni to, van bien vestidos, concun-en al café, al teatro, al
b a i l e , a los establecimientos balnearios, van en coche
q u e veo ilesl’ilar ante vosotros; pero abrid bien los ojos
\ r e p a r a r é i s que sufren también, no del mismo modo ni
p o i l a s mismas causas que vosotros, pero tal vez tanto,
p i l e * n o existe frttthomctro y el hombre es tan inepto p a
ra medir el dolor como el placer de los otros.
4N S e b a s tiá n F a i .'RK
*
* *
.Mirad detrás de osa vidriera aquel joven com ercian
te: levantado desde muy tem prano y habiéndose acosta
do tarde, pasa el día en dar órdenes, en vigilar, en ins
peccionar <lientas, en servir a los m archantes, en bus-
ear créditos, en p rever fracasos, en efectu ar pagos, en
hacer inventarios y balances.
lia puesto «'llanto tenía y hasta lo de su m ujer, lo de
sus hijos en un pequeño negocio, y atorm entado por el
miedo de inm ovilizar gran parte de su cap ital aumen
ta mió el surtido; dominado, no obstante, por la necesi
dad de tener en el almacén con (pié satisfacer las ex i
gencias de los m archantes y alarg ar sus caprichos, v i
viendo con la preocupación constante de las m alas ven
tas, de los descubiertos im previstos, de las letras de
vueltas (pie hay que recoger, no tiene un solo día de
t ranquilidad.
No se aparta de un foso sino para sentar el pie en
el borde de un precipicio; sale de un vencim iento para
entra en otro, y es m ártir de los 15 y 30 de cada mes. La
menor im prudencia, el retraso más pequeño pueden bas
tar para perderlo, anulando su crédito, quitando todo
valor a su firm a, y si da el vuelco, este será saludado
con las risas y aplausos de sus im placables com petidores.
Dos espectros le visitan día y noche: la competencia
y la quiebra, precediendo la una a la otra y la prim era
arrastrando tras sí forzosamente a la segunda. V esta
situación es tanto más terrible cuanto que no podrá es
quivar el lazo de la com p etencia; hay que ingeniarse pa
ra hacer algo m ejor cada día. algo más grande, más be-
lio y menos caro; hay que luchar contra el gran alm a
cén (pie amenaza ¡el ladrón! con llevarse la clientela, y
hay que defenderse a toda costa contra las usurpaciones
del alto comercio. Y presa de rabia sorda e impotente,
inyéctanse sus ojos, hínchase de ira su corazón y sus pu
ños cerrados se tienden am enazadores contra esos mons-
K i. i>i n .o t; l ; n i v K i t s \ i. ■V)
Irnos enorm es «pie se tragan todo lo que vivo del com er
cio bajo, del alm acén pequeño, de la tienda chica.
\ o tratan m ejor a sus hombres las industrias m edianas
y p e q u e ñ a s ; his exigencias son las mismas, la com peten
cia igualm ente desastrosa y no menos in evitab le la rui-
Bl •l ).
Los trab ajo s im portantes, las adju dicacion es lu cra ti
vas. las con traías a destajo, van in faliblem en te a esas
grandes fábricas, talleres y em presas que disponen de
m aterial poderoso y perfeccionado, y de numeroso per
sonal.
Puede l;i lucha ser más o menos larga, pero el resul
t a d o no es dudoso, y un gran pesar para el modesto p a
t r ó n «pie ve perderse una a una todas sus ilusiones, ele
vación y prosperidad, y a s i s t e im potente a la pérdida de
mi bienestar, al derrum bam iento de su fo rtu n a , a esa
ruina que m añana le o bligará a pedir ocupación a los
A fortunados riva les que han acelerado su derrota.
*
* *
Siem pre que se alza una voz para estigm atizar la opu
lencia escandalosa de unos cuantos e in d ign arse ante la
m i-cria de los más. los econom istas de la escuela libe
ral creerían fa lta r a su deber, si no objetaran «pie des
de 17Sí) la tierra q u itad a a la nobleza se repartió entre
la población ru ral (2) y que. gracias a su fracciona-
•
i I 11«re notar aquí que gran número 'le itom em ajites o indus-
1 11iiI•*s que su arruinan y se retiran «1**1 n eg o cio , se libran de decla-
i iii i- i n quiebra, \ no ob stan te, el núm ero de quiebras y la irapor-
tniK'ia ile los pasivos aum entan «le modo continuo. E jem p lo: en
l hho, quiebras 2.U1S, p a siv o : 1 2 8 ,194.000 fr a n co s; eu 1S87,
■ |iiI tr :<-: s . l-jí?. pasivo: 293.180.7tM francos.
i i Hs« población -se eleva (<*i‘nso de lSSi.5) a l7.ti9S .00O do
Iiim •111< t».9 1 1 .0 0 0 form an la parte que viven del trab ajo de
Ion iiirn*- 7. 7 S 7 .0 0 0 . E stos ú ltim os comprenden 2 .4 3 J .4 0 0 p rop ieta
rio» luliitidorcs, 1 .0 9 4 .0 0 0 arren datarios o colonos, y >>.731.000
|miinti io \ criados. (F ern an d M nurice, La franct, a f/r k o lt e t
i'//«<! Mr g.
50 SríKBASTrÁN í ’ai ki:
m iento, pertenece, a muchos m illones de individuos, cuyos
m edies de existencia constituye.
E s del todo exacto qüe, relativam ente, son m uy nume
rosos los que poseen algun a porción de tierra, ¿pero
quiere esto decir que son felices el pequeño propietario,
el que 110 tiene más que un pedazo de tierra ( 1 ) y hasta
el mismo que tiene más?
(Gimiendo bajo el peso de los im puestos, abatido por
las deudas contraídas en los malos años, están por lo re
g u lar cargados de hipotecas, y sus tie rra s sólo son suyas
en el nom bre: viviendo con la preocupación constante
fie la helada, de la sequía, de las epidem ias que se lle
van o comprometen la fruta, la viña, la rem olacha, la
p a ta ta , el ganado, etcétera, m irando m añana y ta rd e al
horizonte p a ra buscar pronósticos, el labrador en p e
queño pasa la vida entre m ortales angustias.
H ace dos años filé preciso p asar por la hipoteca, el
año pasado hubo que vender tira d a la cosecha a uno de
esos agentes que, m ostrando el dinero con la punta de
sús garras, especulan con la miseria <le los cam pesinos
y acaparan los productos de una com arca entera. ¿Q uién
sabe a lo que habrá que recu rrir este año y lo que reser
va el que vien e?
¿H ab rá que ver p asar a manos extrañ as, girón a g i
rón, despedazada por la usura, recortada por los acree
dores. esa 1 ierra que ha costado tanto ad q u irir, ese bien
que han poseído dos generaciones di* la fam ilia/ ¡Q u e
desgracia, qué desdicha! Esa tierra que tanto tiem po
h a colmado de rudas caricias sus manos trab ajad o ras,
y ha regad o con las lágrim as de su sudor, esa tierra de
la que ha hecho su querida, que ha fecundado sin des-
(l) E x isten tui F ran cia 4 .4 5 7 .2 0 0 propietarios, 'lo los que
3 .8 4 5 .0 0 0 poseen m enos d e diez hectáreas, o sea IjH del suelo
n acional.. E l segundo tercio p ertenece a 4 3 8 .Oü individuos y el te r
cero a 7 2 .7 0 0 .
7 2 0 .0 0 0 retienen de cincuenta m illones de hectáreas, treinta
m illones, y no viven en sus tierras y colonias, o las alq u ilan . (F er-
nand M auriee. 1.a Franee agricol* e t a g r a ir e ) .
K i. [Link]. U n' i v i :i ; s a i .
«•anso para que ció buenos fru to s, la verá a rra n c a d a de
sus brazos, p asar a los del vecin o o del S eñ or de la c iu
dad .
Y será objeto de la cu rio sid ad del paés cu tero, que se
fro ta ra las m anos de g u s to : y cu an to s hayan sido sus
rivales, p ro p a la rá n qu e el o tro es un im bécil y un torpe,
su m u jer u n a van id osa y su h ijo un derro ch ad or.
¡Q ué fatalid ad !
IV
Clase elevada
S u f r im ie n t o do o tr a n a tu r a le z a , p e r o real. — F e lic id a d im p o sib le
pura el lite r a to , el a r t is t a , el s a b io , el rico . — C o ra zo n es t r i
tu rad os. — D o lo r en to d o s, lo m ism o arrib a q u e a b a jo . — P e
.•.¡mismo u n iv e r s a l.
A sí. pues, servid u m b re a b so lu ta, sa la rio in su ficien te,
p rivacion es, fa lta de tra b a jo , m en d icid ad , p ro stitu ció n ,
m uerte p o r h am bre, ta l es el lote del p ro le ta ria d o . M e
d io crid a d , in q u ietu d es, a n g u stia s, riv a lid a d e s, q u ieb ra,
ru in a, ta l es el de la clase m edia.
líe a q u í la v id a en F r a n c ia , de lo m enos 35 m illones
tic in d ivid u os, entre 38 m illones y medio de h ab itan tes,
\. sin e x a g e ra r, la v id a del 1)0 p o r 100 de l a s perso
nas ( 1 ).
i I ) Kn los p a íse s que so llam an flo re cien tes, a p en a s h ay uu
ili por ca d a cien m il h a b ita n te s, y no h ay una persona en tro mil
que ilisfr u te de un b ien esta r d ece n te, ••H o r a c io S a y ” , Discofirx
/" . Iimiiia¡re, p á g . 0 3 .
Mojemos la p a la b ra a M . T h ie rs: “ H a y a lg u n o s ricos, por«
ru cierto n ú m ero ; a lg u n a s p erson as m ás acom od ad as, p ero pocas
t i ni lo en ; y un núm ero in f in ito que no tien e m ás que lo extrie,ta-
Iii4*iiie n ecesario y m uchos que n i aun eso t ie n e n ” .
M e iiin ic , en fin { ! . ’ A g i o t a g c soiia la H é p u b liq u e ) , esta -
Moer que en 1899 do cad a cien in d iv id u o s h a y och en ta y tr es
jume, dores, y d ie c isie te quv nada p o seen . H a y ad em ás que ad-
t o i i i t que <’h irae coloca en la c a teg o ría de p oseed ores a tod os
le» que tienen mu pasar, por ex ig u o que sea .
f»j Nk b a s tiAn F apkk
; Pero y los otros diez? lisos no tienen <|iie participa!*
linda de los dolores sociales, y al abrigo de eventualida
des desdichadas, pueden probar todas las felicidades, sa
borear con delicia las beatitudes todas.
; Qué nube podrí» obscurecer o velar por un i n s t a n t e
el azul del cielo? Para ellos la riqueza, los honores, la
influencia, el respecto de las masas, la adm iración pú
blica; para ellos todas las satisfacciones, todas las di
chas.
Esto es l o que piensan el proletario y el pequeño bu r
gués. Pues bien, se equivocan.
No diré que esos privilegiados de la cuna, del saber
u de la riqueza, no se libren sin luchar de casi todos lo s
sufrim ientos que dim anan del pauperismo m aterial. Pe
ro ¿quién se atreverá a sostener que la felicidad se ci
fra en un hotel suntuoso, en un m obiliario de lujo, en
los públicos honores o ('I dominio sobre las multitudes¡T
Por mi parte, estoy convencido de que en sociedad,
loda situación lleva consigo considerable parte de. ven ta
jas, y acarrea necesariamente disgustos; y si se adm ite:
1 que la felicidad es pitra inda uno lu facultad d< sa-
I isfacer [Link] todas sus necesidades, fines intelec
tuales n m onths, tie.: 2' y que está en la naturaleza del
hombre, satisfecha ya una de esas tres clases de necesi
dades. el sentir más vivam ente el aguijón por la resis
tencia (pie encuentre para satisfacerla, 110 costará tra
bajo com prender que los ricos, los sabios, los artistas y
los poderosos del día. no son, no pueden ser felices.
¡No, 110 es feliz, no puede serlo aquel, (pie tiene una
pluma y no puede dejarla correr libremente sin chocar
en cada página con un prejuicio, con un error sancio
nado por la opinión, con una iniquidad glorificada por
la ignorancia o la mala fe. sin herir susceptibilidades
ridiculas, sin ofender inconcebibles pudores, sin contra
rrestar convenciones grotescas! ¡No. no es íe l'z , no pue
de serlo el intelectual (pie ve m utilar sin tregua a la ra
za humana, castrar el cerebro, encerrar el pensamiento
rn una red estrecha, métodos falsos tic procedim ientos
K i, D o tifu t I ' n i v k u s .m , 53
irn irio iu ilcs! ¡N o, no os «lidioso. »10 puede serlo, «‘I ar-
Iist ¡1 que se indigna ¡inte la estética dom esticada del piu-
. <«l vendido, del bu ril prostituido, di* la lira avasallad a.
«Ir la camisa di* fu erza que am enaza a todo el qué m a
n ifieste alguna independencia, alguna o rig in a lid a d , a
todo aquel «ftic quiera lanzarse fuera del c a rril clásico,
salirse del cam ino trillad o , luchar contra el mal gusto
del día, a lza r la bandera de la revolución con tra la o r
todoxia do la escuela an tigu a y lan zar la vida a rtística
por derroteros desconocidos!
¡N o, no es feliz, no puede serlo el rico que, cern ién
dose en las altas regiones de la ciencia, descubre a sus pies
In m u ltitu d que bulle en el fondo p ro fu n d o de la ig
norancia, dispuesta siem pre a d ejarse lleva r por ch a r
latanes y em baucadores; el sabio cuyos d e s c u b r i m i e n t o s
más gen erales y más sublim es ideas están expuestos a
las crítica s acerbas de sus envidiosos com pañeros, a los
ch istes insolentes de los burlones, al gesto de in d ife
rencia do los escépticos y a la terquedad incrédula de la
m u ltitu d r u t in a r ia !
¡ No, no es feliz, no puede serlo, el rico que se. siente
<•1 blanco de todas las codicias y puede d a r constante
m ente vu elta s, sin resolverlo jam ás, al problem a de sa
ber si el que lo estrecha la mano cariñosam ente no ve
<•11 él m ás que la ca ja , a que puede llam ar llegado el c a
so: si la m ujer, cuyos labios se acercan a los suyos y cu
yo solo contacto hace que circu le la lava p o r sus venas,
si osa m u jer, a p esar de su apariencia de am ante desin
teresada. de sus apasionadas caricias, sólo, p ien sa en la
posición que él le ha dado, en el lu jo de que la rodea,
en la riqueza con que suem l; si sus propios h ijos no ace
chan <‘l accidente, la im p ru dencia, el exceso, la en ferm e
dad. que al a b rir su testam ento les d a rá la posesión de
s u s b ie n e s! ¡ P u ed e d a r fiestas en su palacio, o frecer en
su q u in ta, d ign a de 1111 p rín cip e, h o sp ita lid a d a lo más
escogido de la a ris to c ra c ia ; no conocerá las fiesta s del
corazón, las más dulces, las m ás p uras, las más p ro fu n
d as!
S e b a st ia n F aitre
Recorrerá en vano las capitales y sitios de recreo; en
vano verá estrecharse en sus antesalas la m ultitud ser
vil de solicitantes; en vano será su nombre objeto de ve
neración y de elogios; en vano m ultiplicará las ocasio
nes de regocijo; en vano se arro jará a las más diversas
extravagancias, las más costosas; arrastrará sin tregua
consigo el peso de sus ansiedades internas, que se irá
haciendo cada día mayor, porque, extenuado por los g o
c e s , pronto conocerá la saciedad.
*
★ *
Y no hablo de esas desesperaciones, de esos accesos de
indignación y disgusto que sienten las alm as generosas,
los espíritus levantados al contacto de las bajezas, las
pillerías, las vulgaridades, las dobleces, las desigualda
des monstruosas, los actos escandalosos, las calum nias
infames, las ferocidades sin nombre del rebajam iento
moral, de los desengaños de toda especie que deshonran
nuestro fin de siglo. Las conciencias rectas, las inteli
gencias am plias son más numerosas de lo que se cree y
se encuentran en todas las clases de la sociedad.
E n fin, puso en silencio esa compresión doloroso. de
las necesidades efectivas que resulta de una moral men
tid a basada en, el desprecio de la Carne, la invariabili-
dad del deseo y las exigencias económicas.
Si, en este desierto de espacios inexplorados que acaba
mos de recorrer en parte, existe un oasis en que el in d i
viduo puede refrescar sus fauces abrasadas por la sed,
calm ar sus entrañas desgarradas por el hambre, recli
nar su cabeza rota por la ansiedad, extender sus pies
entumecidos por el cansancio y hallar confortación y
bienestar; ese oasis debe ser el amor.
Va es casi inconcebible que se esclavice el trabajo, que
se reglam ente la propiedad, que se tracen líneas de d i
visión entre los ciudadanos, que se refrene el pensa
miento, se comprima el arte y se monopolice la ciencia
y la riqueza; pero lo que no so concibe os el que en nom
bre de principios de los que es fácil derivar el a rtifi-
El, UOMIR l ’ NI VE KS Al i 55
r io , en nombre de un« moral que descansa sobre una
metafísica insostenible, en nombre de una tradición y
unas costumbres que llevan el sello de tales principios
y moral, se baya osado someter a reglamentación uni
forme y codificar la misteriosa atracción de los sexos y
de los individuos.
Imponer al corazón un modo de amar, a la carne un
modo de entregarse, introducir en fenómenos, a menu
do inalizabhs. las cuestiones de duración, consultas fa
miliares. consagración oficial, eso parece imposible: y.
sin embargo, así es.
Y tal mUíjormivión de las cosas del amor en permi
tidas y prohibidas, en honestas y deshonestas, es el pun
to de partida de infinidad de dolores* morales, en los
ricos como en los pobres, en los hombres como en las
mujeres, para los hijos como para los padres. Nadie se
libra. Desde hace siglos, la historia, la poesía, el teatro,
la novela, no dejan de pintarnos las conmovedoras pe
ripecias, las odiseas amorosas. Los corazones se conmue
ven, so humedecen los ojos al relato de esos dramas te
jidos de violencias, de decepciones, de remordimientos, de
venganzas, de maldiciones y do crímenes.
Aquí son dos jóvenes que la naturaleza parece haber
dispuesto para que uno con otro gocen todas las volup
tuosidades del amor, y entre los que se alzan, como in-
fraqueables barreras, las conveniencias sociales, los odios
o rivalidades de fam ilias, los prejuicios de casta, el ve
lo paterno; allá son dos seres que no se quieren, que
nunca se han amado, que no se amarán nunca, y que
por combinaciones más o menos innobles, se han atado
juntos; forzado del matrimonio. A quí un amante, cuyos
c e lo s feroces piden la sangre do la infiel y do su cóm
plice; allá una niña seducida por unos labios llenos de
promesas seductoras y que la ley sublime de la repro
ducción hace arrojar al negro montón de las estigm ati
zadas.
Manchadas con estos dramas del abandono, del adul-
terio. de los celos que acaban por el incendio o el ase-
.Sebastián F atkk
Minuto, aparece siempre la plana tercera de nuestros dia
rios. Todo esto, sin embargo, es nada comparado con «1
cúmulo <l«' lágrim as vertidas, en silencio, de escenas ín
timas. de llagas del corazón <|n<* sólo las víctimas cono
cen .
Eñ pocas p alab ras: el amor en nuestras sociedades
modernas es un manantial inagotable de lágrimas verti
das y sangre derramada.
*
*• *
Por más que para buscar un hombre Feliz c o j o la lin
terna de Diógenes, en ninguna parte lo encuentro, ni en
tre los patronos, ni entre los obreros, ni entre los pro
pietarios. ni en!re lo s pobres, ni entre los instruidos, ni
entre los ignorantes, ni entre los directores, ni entre los
dirigidos.
Los males no son en todas partes dé la misma n atu ra
leza. Los que roen a los de arriba no son los mismos que
matan a los d< ahajo: las llagas están, aquí en el estóma
go. allí en el cerebro, más allá en el corazón; unos su
fren. sobre todo, en la periferia, otros en el centro. En
los capítulos siguientes veremos si esos males deben ser
atribuidos a una causa única, o si conviene hacerlas pro
ceder de causas diferentes.
Por ahora, basta dejar sentado que a cualquier lado
que se mire, a lo alto o a lo lejos, no se encuentra más
que dolor. Cien veces, mil veces he oído decir en reu
niones públicas que con el poder y la riqueza tienen los
grandes aseguradas las felicidades todas, im plícitam en
te al menos: en esta opinión se inspiran todas las rei
vindicaciones socialistas. Oradores y publicistas paréce-
me que si- engañan: el sufrim iento está en todas partes;
visita el palacio como la morada del pobre; más se pre
senta bajo aspectys que cabían a cada instante, y a tra
vés de sus incesantes emigraciones se melamoforsea has
ta lo infinito.
La vida no es más que un prolongado m artirio desde
el vagido del niño hasta el postrer suspiro del moribun-
K i. I)< )ii0 n U s iv k ü s m . f,7
i }«>: (‘I tormento liga la cuna con la fosa: la alegría «le
v iv ir no es más que. una frase. D isgusto inmenso se apo
dera de la hum anidad: “ La vida es tonta, dicen unos,
y no merece la pena do que se hagan tantos esfuerzos
por conservarla. ; A qué vivir, dicen otros, si ha «le
ser para s u fr ir sin c e s a r '!'
Bostezan los prim eros paseando por todas p a ites su
aspecto alm rido, m elancólico o lú gu bre: gimen los otros
arra stran d o su esqueleto harapiento y m agullado.
Schopenhniier im pera: “ La existencia es un mal. el
mundo es la historia natural del dolor: toda vida es su
frim ie n to ". y el autor «le la Filosofía dt lo i nronsrit ni i .
el célebre H artm ann, tr iu n fa : “ La vida es y n<» puede
ser más «iu«‘ su frim ien to; «•! único rem edio está en <*1
an iquilam iento del globo y de sus habitantes, por la
cien cia humana conscientem ente d irigid a a este o b je to ".
Y ambos augures del pesimismo dejan o ír su horrible
risa sardónica. ¡V iv a Ila rtm a n n , viva S clio p en h a ü er!. . .
¿S erán verdad las p alab ras del E va n g elio : “ La di-
<*ha no es de este m u n d o” ? ¿S erá la tierra un valle de
lágrim as?
1*71 furioso aquilón doblega con su aliento poderoso los
árboles de la selva, los grandes y los pequeños, la enci
na y la «aña. Así sopla sobre la tierra un viento de m i
seria m aterial, intelectual y moral que abate las cabe
zas todas, las de los grandes <*omo las de los chicos, las
de los poderosos como las de los débiles, las fren tes a lti
vas como las hum ildes. E l m artinete-pilón del su frim ien
to aplasta generaciones, sin detenerse ja m y s; el cáncer
i leí dolor extiende en la hum anidad sus llagan cada Vez
más horribles.
T al t*s la situación en 1 ¡ ( "uán lejos estamos del
fin !
C A P I T U L O 11 r
CAUSA DEL DOLOR UNIVERSAL
CAUSAS FALSAS
LA NATURALEZA — EL INDIVIDUO
La Naturaleza
L en guaje de los que acusan «le in su fic ie n te a la n aturaleza.
Insuficiencia innegable en la s época» prim itivsa, en tiem pos
.le las civ iliz a c io n e s greco-rom anas y h asta en los ú ltim os s i
glos. — Mas hoy hay lo su ficien te.
( 'liando un observador luí reconocido la existencia del
mal, la misión del pensador es buscar el origen de aquél
y determ inar sus causas. Sobre este plinto se han ex
puesto y corren numerosas opiniones. Mas, en suma,
todas pueden reducirse a tres: la prim era consiste en
acusar a la naturaleza; la segunda en acrim inar al hom
bre mismo; la tercera en echar todas las responsabilida
des sobre las instituciones sociales.
A lgunos os dirán, haciendo uso de ira eclecticismo f á
cil, que en esos tres modos de ver la cuestión, existe, en
cada uno se entiende, una parte de verdad, y que, p o r
tanto, la verdad entera s e .encuentra en una sabia reu
nión de todas.
No es esta mi opinión y creo que en esto el eclet ¡cismo
proviene generalmente de pereza de espíritu, o del temor
«le lom ar abiertam ente parte en la querella.
Voy a proceder por eliminación, y este será, según
• reo, el método más seguro. Oigamos prim ero a los que
.te n s a n 11 la naturaleza. Me aquí su len gu aje:
K i, D o iv o t t U n i v e r s a Ií
•‘ Lanzado hace m illares de años sobre nuestro plane
ta. el hombre ha corrido inútilmente tras la felicidad, la
r a im a , la tranquilidad y la abundancia. La intemperie,
las plagas, las epidemias, todas las fuerzas ciegas del
Cosmos coaligáronse contra él. Cierto es que la humani
dad ha sabido arrancar a la tierra algunos preciosos te
soros, y sería locura pretender que no se ha realizado
progreso alguno; tampoco es aventurado el suponer que
»*n la sucesión interminable de los siglos será cultivado
y explotado el suelo hábilmente; se desarrollará la in
dustria lo bastante para (pie. las necesidades de la nu
trición, el vestido, la vivienda, sean por todos satisfe
chas. ¡Pero está tan lejos ese tiempo id eal”
“ A l presente — y ésta e s toda la cuestión — ¿puede
sostenerse que la humanidad esté tan bien provista de
todo que, a cambio de un trabajo normal, cada cual ob
tenga el bienestar, ni aun siquiera lo necesario? No, se
guramente. La naturaleza es perezosa; la humanidad no
lo es bastante en lo que toca a la reproducción do la es
pecie, y esta es una de las causas que agravan la insu
ficiencia. El trabajo excesivo, las privaciones, la miseria,
la m uerte p or el hambre, son calamidades horribles; só
lo la naturaleza de ello es responsable.’ ’
“ Repartid tan equitativam ente como sea posible los
productos de toda especie, y la pobreza m aterial, en
vez de ser la suerte de una clase, sería la de la huma
nidad entera. Y además, ¿quién sabe? L a naturaleza
no sólo es avara de sus bienes, sino también de sus se
cretos. ¿Cuáles son los que habéis logrado arrancarle?
, Dónde están vuestros descubrimientos seguros, exactos?
Redúecnsc a m uy pocos. ¿Sabéis siquiera en qué c o n
siste la vida, cuál es su principio? M ientras que de mo
do indiscutible no hayáis establecido el por qué, el có
mo y hasta el por qué del por que, el c/>mo del cómo, no
sabréis nada, y seguirá todo como hasta ah ora” .
Con formes con que se deplore el pauperismo intelec
tual y arranque quejas la miseria pública. /Pero qué
queréis hacer? Iíxiste una fatalidad natural, a la que
<jO S [Link]Án [Link]
hay que inclinarse, sea cualquiera el dolor que se su fra.
Ksta es la o b s t in a d a a f ir m a c i ó n con q u e en primer
t é r m in o se t r o p i e z a .
Veamos lo que vale.
$
* *
Hubo un tiempo en que nuestros antepasados vivían
1*11 chozas o en grutas húmedas y obscuras, iban desnu
dos o poco menos; apoderarse y cubrirse con la piel de
una fiera pasaba por verdadero lujo: sus únicas armas
oran un hacha, una honda o un arco. No sabían nada
de los inestimables tesoros que el suelo guarda, ignora
ban las propiedades (U* la materia, y el menor fenóme
no tenía el don de sumirlos en temeroso asombro; nada
entendían de agricultura, no tenían la más pequeña no
ción de industria, erraban vagabundos y miserables por
bosques y desiertos, sin caminos, sin medios de trans
porte, incapaces de orientarse, expuestos de continuo a
m orir de fatiga, de frío, di* hambre, por la picadura de
los reptiles, bajo el diente o la garra de las fieras que
poblaban territorios sin fin, articulando penosamente al
gunos sonidos que más bien podían pasar por gritos que
por lenguaje.
Se explica, sin necesidad de insistir en ello, que en
aquellos tiempos lejanos la vida no fuese más que unu
continua lucha cuerpo a cuerpo con las dificultades na
turales, un batallar incesante contra los elementos co
ligados. una lenta y horrible agonía. Pero hace miles de
m illares de años que los huesos de aquellas generaciones
prim itivas yacen en las profundidades terrestres.
Si saltamos de pronto al período de las civilizaciones
egipcia, caldea, persa, y , en fin , greco-romana, adverti
mos que ya son completamente distintas las condiciones
de la vida. Ved importantes ciudades levantadas, casas
construidas, palacios edificados; los vestidos son de m ag
níficas telas. Tebas, Menfis, E sparta, Tiro, Oartago, A te
nas, Roma, reinas del mundo, cuentan m illares de habi
tantes. Cúbrem e las llanuras do doradas mi eses; la in
Et, I3ot;0i< U nivkknai. Uf
dustria, .aunque n i sus comienzos posee ya modesta ma
quinaria; abandona la tierra parte do sus riqyezas me
tálicas, ol snelo está cruzado por senderos, caminos y has
ta grandes vías, <jue admiramos aún; lit navegación pue
bla ol Océano de mástiles y velas; so abren los mercados
y el comercio se establece, deja sus pañales, y aventura
sus prim eros pasos. Poco a poco sus caídas son menos
f r e c u e n t e s y más firm e su m archa. Fúndanse escuelas,
reclutan los maestros numerosos discípulos; explóranse
regiones hasta <511toncos desconocidas; las investigaciones
se m ultiplican, la ciencia no está aún establecida, poro
se p resien te. Deja oír la f ilosofía sus primeras afirm a
ciones. Toman las artes inaudito vuelo y dotan a la hu
manidad de verdaderas obras maestras. 101 lenguaje si-
gue una marcha paralela; la poesía, la elocuencia, el tea
tro brillan con fu lgar extraordinario, y las fiestas, repre
s e n t a c i o n e s y regocijos públicos, son un chorro de oro y
p iala.
Mas compréndese que aun entonces parte de la huma
nidad vivió en la m iseria, Sabido es que aquellas c iv ili
zaciones no podían sostener su prestigiosa supremacía
sino reduciendo a la esclavitud después do la conquista
;i las hordas vencidas: se sabe que las capitales eran el
abismo donde iban a sumergirse las riquezas del mundo
• otero; que siendo el único derecho entonces el de con
quista. los generales victoriosos nunca volvían al fronte
d e sus tropas sin tra er un cuantioso botín, a menudo un
rxhorbitante número de esclavos, y que los •honores del
I rum io, concedidos a los conquistadores, daban ocasión a
f i e s t a s brillantes, do las que pagaban el gasto los ven
cidos.
Un el transcurso de los veinte siglos siguientes las ra-
fcilN humanas van desarrollándose constantemente, dejando
Míreos gloriosos en el campo de la historia. Marismas
defecadas, saneadas regiones, terrenos roturados, tala-
di" b o s q u e s , entrañas de la tierra sondeadas, registradas
\ d< .p o j a d a s de sus-bienes, son cosas que se encuentran
II on d a p a so .
Ó!¿ ¡sk banti An F avkk
Todas las generaciones heredan conocimientos a d q u iri
dos por las precedentes, los desarrollan, los precisan, les
adoptan V los transm iten a la generación siguiente.
L as prim eras d ificu ltad es están resueltas, las nociones
fundam entales conquistadas. Los instrum entos de trab a
j o se perfeccionan, se m ultiplican los descubrim ientos;
las ciencias aplicadas hacen m aravillas.
El planeta desde este momento es exiguo para absor
ber el espíritu humano; no le basta a éste tender la v is
ta en torno suyo; quiere ver alto y lejos; ahora quiere
v ia ja r por el espacio inconm ensurable y p en etrar el mis
terio que guardan celosam ente esos mundos que ruedan
en las regiones in fin itas. Y en tanto que los n a tu ra lis
tas, los físicos, los quím icos se inclinan sobre el globo te
rráqueo ansiosos e interrogantes, m ientras se esfuerzan
en dedu cir de una m ultitud de fenóm enos p articu lares
leyes de orden general, m ientras buscan el secreto de las
transform aciones, combinaciones, casam ientos y d ivor
cios de la m ateria, Jos m atem áticos y los astrónomos, f i
jos los ojos en el inundo sideral, estudian nuestro siste
ma planetario con indom able terq u ed ad .
Unos y otros vénse poco a poco ayudados en sus inves
tigaciones por instrum entos de una precisión rigu ro sa y
una potencia enorme, y todos escudriñando en la n a tu
raleza con tal encarnizam iento y éxito tan grande, que
consiguen asentar la ciencia sobre las bases inquebran
tables de la reiterada observación, del experim ento y del
análisis. Ln volumen no bastaría {jara indicar uno por
uno los más im portantes estados de esa m agn ífica radia
ción del intelecto, y no es esto lu g ar de g lo rifica r inten
sam ente esa m ágica florescencia, que comenzó siglos ha
y produjo el ram illete deslum brador (pie vió la hum ani
dad de hace cien años. Desde esa época, no les fue y a d i
fíc il a los espíritus clarividentes en trever en breve pla
zo la posibilidad de vencer a la m iseria y de hacer que
desaparezcan p ara siem pre sus consecuencias espantosas.
No obstante, hace un siglo que, aun deplorando la v i
da m iserable de una p arte im portante de la población.
E li DOLOK U-NIVERSAI. 6;*
«leseando de todo corazón que nadie se viese privad» de
lo extrictam ente necesario, podíase apreciar (pie la sum a
de productos indispensables p ara la satisfacción de las
necesidades de todos, no era aún bastante fácil de oble-
nía' p ara ¡pie soñase en satisfacía' a cada uno.
Adem ás, a pesar del viento de igualdad (pie desde el
«•omienzo del siglo X V 111 se había levantado, y que es
pecialm ente desde la m itad del siglo sopló con violencia
extraordinaria, el espíritu humano estaba aún apegado en
demasía a los p reju icios de casta, fuertem ente arraigad as
las tendencias religiosas, la creencia en hombres y razas
superiores demasiado inveterada, para que pareciese irri
tante que unos individuos vivieran en el lujo y la ocio
sidad, m ientras los otros vacían en Ja miseria y abru
mados por el tra b a jo .
E n fin , púdose creer hasta nuestros días, con más o
menos razón, que la tierra no es más que un lu g ar de
expiación y de prueba, una especie de purgatorio, y por
lo tanto, como todas las religiones dicen, es n atu ral que
4•1 hombre sólo conozca en ella el sufrim iento.
A.— Nuestras riquezas materiales
I *r .arrollo a g ríco la ; p rovision es a lim e n tic ia s; form id ab le m aqui
naria in d u stria l; p oten cia «le producción enorm e; num erosa»,
•¿pidan v sep u ras com u n icacion es en todo el m undo.
I Pero hoy! Hoy, a menos tic estar ciego o decidido a
un verlo, nadie puede m irar al frente, sin sentirse des
lum brado por el grandioso espectáculo que tiene delante.
Las generaciones presentes aprovechan los esfuerzos aeu-
ildll ados, las elaboraciones sucesivas de todas las genera
ciones pasadas. L a penuria prim itiva ha cedido el pues
to a nna abundancia indecible; la potencia de producción
luí tomado inesperadas proporciones; tales son nuestras
rjipie/.iis, «pie han dejado atrás las más optim istas pre-
umioiii s. Los territorios sin fin en que se ensangrenta-
Iniii l o s desnudos pies de los vagabundos antiguos, se han
hierlo de ciudades im portantes, y en los lioteles de elo-
Í.4 SliUASTlÁív F aukk
{í ;i nt i* estru etu ra «iiit- alineados Cernían avenidas, y en los
inmensos inm uebles que componen anchas y espaciosas,
calles, se am ontona una población enorm e.
Todo co n trib u ye ni bienestar en esas esplén d idas mo
rad as; escaleras anchas y alfo m brad as p or las que se su
be sin esfu erzo: ascensores en los que cóm odam ente sen ta
dos llega n a su cuarto los vecinos de los pisos su periores;
agua, j;as, electricid ad en cada dom icilio; h ab itacion es
vastas, aireadas, con luz, in d ep en d ien tes; piso y tabiques»
bastante gruesos p ara que cada cual se h alle a sus anchas,
en su dom icilio y pueda v iv ir a su gusto, sin m olestar a
sus vecinos, y sin ser m olestado por éstos; cortin as y ta p i
ces que perm iten g ra d u a r el aire y la luz, segú n la hora*
la tem p eratu ra, la estación, o el gu sto (leí momento.
Las gran d es ciudades, verdaderos depósitos, poseen tal
ca n tid a d y va ried a d de productos, que es d ifícil form ar
se idea de ello . Rebosan los alm acenes de m ercancías de
toda clase y calid ad , desde los artícu los do p rim era nece
sidad. hasta los de lu jo y su p e rfin o s. Los m ercados o fre
cen por la m añana, a los ojos del com prador, montones
de alim entos que el consum idor hace desaparecer por la
tard e, y que vuelven a form arse a la m añana sig u ien te.
Y como el consumo no absorbe en seguida todos los p ro
ductos. los sobrantes invaden los alm acenes y depósitos,
form an do esa aglom eración de m ercancías cuyo in ven ta
rio nos causaría ju stific a d a estu p efa cció n . Plantaciones,
de caña de azúcar, arrogan tes cam pos de rem olacha, de
p atatas, de cereales, se despojan de sus riquezas; m illo
nes de árboles y p lan tas abandonan sus fru to s o su sa
via; m u ltitu d de anim ales entregan su carne, su p iel, su
lana o su m ateria te x til; el suelo abre su seno al pico del
extracto r que se apodera »le los tesoros que en cierra; el
Océano, los ríos, las p layas, ceden a los pescadores sus
m illonadas de habitantes, y esto form a los in d escrip ti
bles montones de a zú car de arroz, de café, de pastas a li
m enticias. de grano, de fo rra je , de carnes, de caza, de
pescado, de vino, de alcohol, de licores; una acum ulación
enorme de sedas, de algodones, de lanas, de hilo, de te-
E l , DOljOtt UjSflVBRRAIj 05
julos, de pioles de cueros; mui provisión incalculable fio
m in ó rales
Y en tanto que esos depósitos so tienen como reserva,
bajo el esfuerzo constante de la agricu ltura, ayudada hoy
por una mecánica poderosa, la tierra, enriquecida con el
abono que activa su fecundidad y reconstituye sus ener
gías, no cosa, de cubrirse de cosechas; circula y sube la
vida por árboles y plantas, savia generosa que en breve
vivifica rá nuestros m úsculos; los animales domésticos son
sacrificados por millones sin que, gracias a la tendencia
prolífica de su naturaleza, dism inuya su núm ero; la m ar
y los miles de aflu ven tes que le dan sus aguas, no cesan
de llenar nuestros mercados con sus pescados y m ariscos;
nos trae el espacio el tributo de población a la d a ; en fin ,
el subsuelo no se debilita aquí, sino para fortalecerse allá;
\ cuando la herram ienta del minero ha agotado un f i
lón. descubre otro los planes del “ingeniero y la sonda del
trabajad o r. No pasa día sin que se consuman m ultitud
de productos, pero tampoco transcurre una hora en que
no se produzcan nuevas riquezas.
Ks la tierra como una. fáb rica colosal, en la que ja
más para el trab ajo y en la que laboran centenares do
millones de obreros; desde la superficie hasta la profun
didad de algunos cientos de metros, el trab ajo se efectúa.
I*!! planeta suministra la prim era m ateria, que los instru-
meutros de trabajo y el trabajador mismo transform an in-
lel icyutem ente por la industria.
hesde hace medio siglo, la m aquinaria se lia extendi
do de una manera asombrosa. Ya son motores 1 de fu erza
Irresistible, que ponen en movimiento mecanismos, ora
peso enorme, ora de. una ligereza v delicadeza raras;
ui raudos hornos en que los metales más resistentes
*nn del rojo obscuro al blanco para e n tr a r e n liquidac-
m; allá bloques de hierro o do acero que al golpe for-
Inble del m artinete pilón echando chispas quedan
tÉtndos, como la masa fresca Jo sería por el brazo de
•litio . más allá pedazos inform es de m etal, que some
tí altísim as tem peraturas son doblados, retorcidos,
5
OH S e b a s t iá n F ap k k
rotos, redondeados, extendidos, calentados con rapidez
pasm osa. E n otra p arte, tornos, telares, fáb rica s de p a
sam anería, lazos, cintas, terciopelos, sedería, tules, enca
jes, y de cuya m ateria textil h ilad a, te jid a , lim pia, se
com binan los hilos m ecánicam ente con precisión y soli
dez notables.
E n los países de extracción hay pozos de p rofu n d id ad
tal, que es todo u n v ia je el descender a su fon d o ; en u n a
extensión de m u ltitu d de kilóm etros cuadrados vese la tie
rra rem ovida en todas p artes; sobrepónense y se cruzan
las galerías sobre un plano horizontal las unas, las otras
sobre un plano in clin ad o; bombas de desagüe y ven tila
ción fun cion an sin pararse un m om ento; los ra ils se e x
tienden en dirección de los pozos, y, arrastrad os p o r c a
ballerías. vagonetas y volquetes que a cada instante lle
nan las palas de los mineros, circu nlan sin cesar.
V ed esas fáb ricas de loza, de p apel, de refin o, de c a l
zados, de sombreros, de harinas, esas sierras de vap or.
V ed, en fin , esos ta lleres gigantescos de construcción me
cánica. de donde salen m illones de instrum entos, a p a ra
tos, m áquinas y todo lo necesario a un desarrollo cie n tí
fico increíble, que lleva en sí aplicaciones in d ustriales
de riqueza y variedad siem pre en aum ento.
B a jo el im pulso de las ciencias ap lica d a s a la in d u stria,
la potencia de producción se ha m u ltip licad o de suerte,
que ningún cálculo puede asign arle un m áxim um de in
tensidad.
*
* *
P ara u n ir todas las p artes de esta fáb rica colosal, que
es la tie rra ; p a ra asegurar la circulación rá p id a y fácil de
hombres y cosas, el suelo está surcado de vías de com uni
cación, y los medios de transporte se hallan a la a ltu ra
de las necesidades.
D en tro de las ciudades los coches, los óm nibus, los tra n
vías, los ferro ca rrile s de circu n valación . F u era , una red
de líneas férrea s extendiéndose p or la su p erficie de los
continentes civilizad os; el blanco penacho de las in fa ti
gables locom otoras arrastran do en pos de sí m iles de va-
Eli D ó u w U nivkksal. 67
Kones con m illones de viajero s y di- toneladas de m ercan
cías. Recórrese en medio día cientos de kilóm etros; sin
mil i r di* su coche-salón el gentlem an con el coni'ord del
hom t. puede atravesar la E u rop a en cuaren ta y ocho ho-
riis. Los ríos y los canales se ju n ta n con los caminos p ara
i'om pletar (-1 sistem a de nuestras vías de com unicación.
Va 110 son los océanos un obstáculo; los servicios regu-
In res de los buques de vapor enlazan entre sí los continen
tes. No hay que esperar a que el viento hinche las velas;
*.<■navega sople del lado que sople, y hasta cuando no so-
pln. N o hay ya que tem er el fu ro r de las olas; tienen los
limpies solidez a toda prueba; pueden las olas elevarlos a
fantásticas alturas, precipitarlos entre dos líquidas mon
tanas; el agua baldeará el puente o lo invadirá, pero to
do quedará reducido a devolver a la m ar ir rita d a su peli-
v ro so regalo sin que el barco se sum erja entre las abier
tas fauces del abismo. C ada vez es m ás rara la p érdida
• le lo s buques, y las catástrofes en el m ar lio son ya más te
mibles que en la tierra.
E stán perforadas las m ontañas y abiertos los istmos;
anchos y sólidos puentes se extienden sobre los ríos y no
faltan los medios de transporte. Pero el más prodigioso
t .iI vez de los esfuerzos, el resultado positivam ente más
notable que la hum anidad ha obtenido en el últim o cu ar
to de siglo de su existencia, es la seguridad, la facilid a d
> rapidez en que se transm ite el pensamiento. E n u n a s
euantas horas puede saberse en P arís por el cable, lo que
pa sa en M elburne y en Chicago, lo que ocurre en Moscou.
Trasm ítese en pocos m inutos desde miles de kilóm etros
a vi so s, órdenes, informes. El tedéfono perm ite que dos
personas, separadas por cientos de kilóm etros, hablen de
•ais asuntos y se escuchen como si se hubiera suprim ido
toda distancia.
A sí, escalando los picos más elevados, cruzando los m a
res, efectuando en un a b rir y cerrar de ojos, fabulosos
viajes, el agente eléctrico pono en relación directa, fá c il e
instantánea a los habitantes del mundo civilizado, a la vez
que recogiendo con avidez las noticias más pequeñas,
apreciándolas, discutiéndolas, m illares de periódicos lie-
«8 Nk b a St i A n P a c r k
van d iariam en te a la-s cinco p a rtes del inundo las in fo r
m aciones más com pletas y precisas.
*
* *
tóstas son, p resen tad as de modo m uy in com pleto y sin
el calien te colorido necesarios en cuad ros de tal a m p litu d ,
las im ponentes ap licaciones de la ciencia a la v id a m ate
rial de la sociedad.
B.— N uestras riquezas in telectu ales
P ro g r e so s c ie n tífic o s , a str o n o m ía , m a te m á tic a s , f ís ic a , q uím ica,,
h is to r ia n a tu ra !, p s ic o lo g ía , a n a to m ía , m e d ic in a , f ilo s o f ía , s o
c io lo g ía , le n g u a je , p o e sía , lite r a tu r a , te a tr o , m ú sica , p in tu
ra, e sc u ltu r a , a rq u itectu r a .
¿Q u é d e cir de n u estras riquezas in telectu ales? C ierto
que, si com param os lo que sabemos con lo que nos resta
que ap ren d er, se tiene que ser m odesto; pero ¿no se tiene
el derecho a le v a n ta r la cabeza con un juico de orgullo,
cuando exam inado e! puuto de p a rtid a , se tiende la vista
p or el terren o conquistad o? Ln el bosque in e x tric a b le y
obscuro de la ignorancia,*se han abierto cam inos p ra c tic a
bles. i (¡lo ria a los leñadores heroicos cu y a s hachas han
derrib ad o los prim eros árboles! A p la sta d o s por la caíd a
de los g ig a n te s cabelludos, m illares de aquellos pagaron
su au d a z a rd o r con la v id a ; pero siguien do su h u ella y
arrastra d o s jio r su ejem plo, miles de tra b a ja d o re s han era-
jju ñ ad o el hacha y continuad o virilm en te la g lo rio sa
tarea.
L as vías se han echo am plias, p roseguidas con a c tiv i
dad incesante, y esas vias p ractica d a s *n el bosque se e n
lazan form an do una serie de aven id as que permiten, c ir
c u la r librem ente al a ire y p en etra r a la luz. y a llí el a l
ma se esp arce con d elicia. Los geóm etras y m atem á
ticos de las generaciones precedentes, los M ü llcr, C o p ér-
nico. V i ote. G alileo. K ejd er, D escartes, P ascal, B oy lo.
N ew ton, L ein b n itz, littfer, <1 'A lem b ert, de L alan d e, L a-
f r a n g e , H a lle y , M orge, L aplace, L a v e m e r , han d ejad o
continuad ores num erosísim os de su obra, y en casi todos
E l. T>ouik U n iv e r s a '-
los puntos del globo si' alzan observatorios provistos
<le ap aratos do una precisión, una sensibilidad y una po
te ncia incom parable. Los T o ricclli, los R éaum ur, Ilors-
elioll. (¡aivan i. Volt-a. A m peré. O ersted, Seh w crger, t a
rada y , Morse, De la Rive. F rom enL O larke, R u m k o rff,
I Jiot. F ra n k liu , A ra g o , han abierto los físicos de nues
tra época perspectivas i n f in it a s . • Sen tiríanso raram ente
em .X'ií. r ados y profundam ente dichosos los L avoisier, Ca-
vondish, P riostley. Scheele, L iebig, D a vy, S tab l, Berg-
man. <«ay Lussac. Thénad, Robertson, si Ies fu e ra dado
« n tra r en esos laboratorios m aravillosos en que hoy tra
bajan ios que tienen en sus m anos *1 cetro de la quím ica.
¿Q ué d irían los U u y de la Brosso, los T o u rn e fo rt, la di-
i.¡istia de los cinco Jussieu, los B u i’fon, D aubenton. La-
<?epodo, L atreille, Linneo, H a ller, A dam son, Saussure, Cu
vier, L am arck. E steban e Isidoro (¡e o ffro y , S a n t-H ila ire,
si tu vieran la dicha de reco rrer nu estros museos, nuestras
« alerías de historia n a tu ral, donde rem an sus dignos su
cesores'/ V los B iclia t. los B roussais, Cabanis, D eatutl
do T r a c y , Alamo de B ira n . D u p u ytren , N elaton, A le
ja n d ro de U u m bold t. F lou réns, OUiudio B ern ard , si en
nuestras clínicas, hospitales, facu ltad o s, academ ias, p u d ie
ran ellos darse cuenta del b rillo p restigioso con que lu-
<••■11 las ciencias que los fueron tan ca ra s: la fisiolo gía, la
anatom ía com parada, la biología, la m edicina, la ciru g ía, la
Inviene? ¿Q ué d iría n los B acon, los Hobbes, D escartes,
Spinoza. Loeko, Liebnitz, MontesqUÍeu. C on dillac, Ilel-
>i cio. d T Io lb ach , K a n t, V o ln e y, y aqu ella p léya d e de f i
lósofos de p rin cip io del sig lo : los <'ousin, los A . Comte,
lo s .lo u ffro y , si viesen la filo so fía desem barazada al fin
de las fórm u las que la retenían ca u tiva , d e los métodos
<pn retrasaban o despistaban su m archa, de la estrechez
<l» esp íritu que caracterizaba a los adeptos de la ortodo
xia, qué d iría n ?
/ C u á l, en fin , sería la sorpresa dio los prim eros inves
t i g a d o r e s do la ciencia social y de lí» econom ía p olítica y
b a s t a de los que vieron en el trascu rro de esto sig lo : de los
.111 Sim ón, F o u rie r, R oberto O w en, A . Com te, Oabet.
4'olins. lY oqu eu r, V id a l, Proudhor», y los J . B . S a y .
70 S ebastián F auke '
Ion Adam Sm ith, Ricardo Sism ondi, Michcl C h evalicr,
Dunoyer, B1 anquí, Benthan, B astiat. si viesen el ancho
puerto que lia tomado la sociología en las esferas políticas
y las preocupaciones del esp íritu humano, si pudieran co
nocer los trabajos interesantísim os form ados por K a rl
M arx, Éngels, Lassalle, Tchernich w ski, Spencer, Bakou-
nine, Enrique G eorge,*Em ilio de L avelcye, G uillerm o de
(íraef, A gathou de Pother, Federico B orde, César de
Paepc, H éctor Denis. Elíseo Reclus, Benito Malón, C h i
rac, K ropotldne, Grave, Malato, M olinari, Federico Pas-
sy, Courcelle Seneuil, Pablo Leroy-B eaulieu. Carlos <íi-
de, Morosti, Le P la y 1
Profunda fue la erudición do los grandes filósofos y
enciclopedistas del siglo últim o: V oltaire, D iderot, Mon-
tesquieu, de A lem bert. J . J . Rousseau, Condorcet; es.
cierto. ¿Pero qué son sus trabajos, comparados con esos
monumentos de los que han echado las bases o continúan
la edificación, los Besehereli. los B ouillé, los L ittré, los
Flamm arión, los Laurousse?
*
S i es verdad que no sabemos nada y que oslamos conde
nados a la ignorancia absoluta m ientras 110 tengamos la
certidum bre de haber descubierto el “ cómo y porqué*'
de todas las cosas, dígaseme para qué sirven esas escue
las, esos colegios, esos liceos, que se cuentan por m illares, y
en los que a millones de jóvenes se enseña «pie nada se sa
be, pues, que todo se ignora. Dígasem e con qué objeto esas
bibliotecas colosales, en que cientos de millones de kilo gra
mos de papel form an millones de volúmenes, son consulta
das por m ultitud de investigadores y estudiosos; por qué
i‘sos museos grandiosos en que cada objeto está clasificado,
tiene su etiqueta y ocupa su sitio, dando al público una
lección sugestiva y cristalizando, digámoslo así, para ha
cerlo presente ante nuestro cerebro y nuestros ojos, un
pasado que se pierde en la noche de los tiempos. ¿ P o r qué
el nacim iento de un río se oculte a nuestra investigación r
hay que adm itir que no conocemos nada del curso de sus
Kij D oloi; U n iv e r s a l 71
aguas, que no podem os u tiliza rla s para la n avegación o
la in d u stria, que nos es im posible p recaver sus d esborda
m i e n t o s y n e u tra liz a r sus efecto s desastrosos? ¿ E s fu er-
/;i creer que sea in ú til ex p lo ra r una cadena de m ontañas,
subir a algu n o s de sus p icos, estu d ia r su co n fig u ra ció n ,
mi n atu raleza y los alrred ed o res, porque n u estra s fu erza s
n o n o s p erm iten escalar las cim as alta s? ¿N o se sabe m a
n ejar el arco de v io lín porq ue no se es un P a g a n in i, un
p im vi porque no se es u n R a fa e l, u n a lira porq ue no se es
mi \hteiset? ¿N o se sabe h a b la r p orq u e no se es u n M ira-
b au. escrib ir porque no se es un F la u b e rt o un R en án ?
{ Será, en fin , verdad que no sabrem os nada porque 110 lo
>a b e m o s t o d o “-
Nuestvo haber cie n tífic o es inm enso, nuestro tesoro ar-
I ieo n i lo i*s menos. E l legua je a rticu la d o se enrique-
radu lím ente; las lenguas m odernas, dulces, sonoras,
Imiaguen as, m usicales, a p r e s a n n u estras ideas e im pre-
niones c*<n una precisión, una cla rid a d y un acierto no-
Iii bles, j» conversación tien e u n encanto conm ovedor;
ludas la g alas del ingenio, la s creaciones de la im agina-
ión y |As m atices del sentim iento se tra d u cen en una p a
labra, ,ya vib ran te, ya delicad a, que tu rb a, que h alaga,
que im presiona. De lo alto de la c á ted ra y la Irib u n a re-
lum bá la elocuencia grandiosa, doblando las cabezas con
el pesos del encanto y los corazones con el de la emoción.
[Link] república de las letras cu en ta en toda n ació n m illones
de ciudadanos. E l hálito poético hincha en ella los pechos:
in flam an los corazones las p asiones generosas; los cin ce
ladores de fra se s persiguen obstinadam en te el d e cir me-
J n r; las perlas y brillantes del pen sam ien to ap arecen ad
m irablem ente engastadas p o r la estética en lín eas arm o
niosas y exquisitos contornos. El teatro tien de a despo
jo ruc de todo el aparato an tig u o ; el gusto del p ú b lico no
un* pin la tram a y los golpes de efecto de los dram a tu r
imih an tigu os; públicos num erosos represen tando el mo-
NMieo di» las posiciones sociales, p a te a n de entusiasm o
miando la escena reproduce situ acio n es v erd a d era s y re
pudian las q u ejas, las indignaciones, los odios y los am ores
verdaderam ente humanos, creados, cantados o llorados en
\
I
72 .Sebastián Fatfrk
un len gu aje 1)1031 rim ado, ardien te, abundante .y lím pido.
Lúa mise en setnr esm erada, decoraciones lujosas com
pleta 11 la ilusión y acentúan el atra ctivo de e s o s espec
tácu lo s en nuestros corazones y se llenan de fuertes emo-/
«iones, nuestros ojos de lágrim as o nuestras gargan tas/
d i 1 risas. H a y teatros en todas partes y por m illares se
cu en tan tam bién los artistas líricos y dram áticos.
L a m úsica, esa m atem ática adm irable del sonido*, or-j
dena las vibraciones sonoras con tan ta seguridad/com o
los guarism os la otra. RJ1 número im portante de conser
vatorios, de salones de conciertos, de teatros líricos, de.
sociedades de música vocal e instrum ental, atestiguan
elocuentem ente el puesto alcanzado p or ese a r l/ en las
necesidades in telectuales de nuestra época. E le 'idas or-
questas d ejan oír las páginas m agistrales de lo eompo-
sitores; las m úsicas m ilitares, las charangas, I >s o rfco
nes llenan <le música nuestras plazas públicas. 1 rro ja la
p in tu ra sobre el lienzo inanim ado, con verdad sorpren-
dente, las sonrisas y los gestos, la alegría \ la t VIul
la paz y la gu erra, la d u lzu ra y la ferocid ad , l\i calm a
y Ja tem pestad, la luz y las tinieblas, la servidum bre y
Ja sublevación, la vejez y la infan cia, la vida y la\muer
te. La escultura encarna en el mármol y el bronce-la le-
yenda m itológica, la historia de los gran des capitanes,
de Jos m onarcas poderosos, de los sabios ilustres,
de los legisladores renom brados, las alegorías místicas,
las aspiraciones para lo p orvenir. Y toda ciu dad, por po
ca im p ortan cia que tenga, se precia de poseer muscos,
galerías, colecciones de cuadros, gru pos de estatuas/ de
los que con ju sticia está orgullosa. La arq u itectu ra pro
duce obras m aestras, levan ta m onum entos m ajestuosos y
espléndidos palacios; con ayu d a de sus herm anas la es
cu ltu ra y la p in tu ra decora con m agn ificen cia.
E 11 u n a p alab ra, el arte, bajo todas sus form as y en
sus m últiples m anifestaciones, ha llegado a vertiginosas
alturas.
*
* *
Ki, D olor U n iv e r sa l
¡Q u é adm irable laboratorio os la n a tu ra le za ! ¡(Jomo
fun cion a todo, so com bina, so d isgrega, so tran sform a!
¡C ó m o todo se m antiene, so encadena, se sucedo! No hay
parto dol Universo, por infinitesim al que sea, que esté
vacía; por todas partes se encuentra la m ateria en un
■estado cualqu iera, y con olla la fuerza, el m ovim iento.
S in duda que este con jun to m aravilloso do fenóm enos
no os p ecu lia r de nuestra época y que en todo tiem po han
•existido esas leyes inm utables del m ovim iento, pero obra
■es do las generaciones m odernas haber logrado com pren
der osas leyes y haber deducido y utilizado de mil mo
dos sus incuestionables consecuencias. Sin duda que la
tie rra oculta hace siglos provisiones enorm es de hulla,
d e hierro, de cobre, de p ia la, de antim onio, de m angane
so; pero defendía eon celo sus riquezas contra toda ex
plotación, a causa «de su rap acid ad o rigin al, se ha nece
sitad o una obst inación heroica por p arte de los hombres
y la sabia perspicacia de los investigadores, p ara poner
nos en el cam ino de los m edios propios para ap rovech ar
la victo ria alcan zada sobre la avaricia del subsuelo. Sin
du da tam bién que la su p e rficie sólida del globo contie
ne hace m ucho tiem po, en estado potencial, las doradas
espigas, las vastas praderas, los alegres viñedos, los bos
ques de árboles fru ta le s; m as tam bién ha sido preciso
qu e legiones innum erables de trab ajad o res se en treg a
ran a una labor constante para p resen tir esas energías
latentes y sacar gradualm ente p artid o de ellas. S in d u
d a, en fin , que el cerebro de nuestros ascendientes en
cerrab a el germen de todos los desenvolvim ientos f u
turos; pero era preciso p a ra su p u rifica ció n la obra se
c u la r do las generaciones hum anas, diferenciándose más
m ás d el resto de los anim ales, evolucionando sin cesar
hacia una estru ctu ra m ás ad a p tad a al medio, tendiendo
un ideal cada día más am plio y elevado. Una vez más
atravesam os un período de la historia hum ana llam ado
;i recoger el beneficio de todas esas p ro lija s in v estig a
ciones anteriores, do esas gestaciones Lentas y d ifíciles,
de esas víctim as que se m ultiplican, de esas conquistas
71 Sebastián P auke
<¡uc si* sum an. Y después de esta revista pasad a a la s
fu erza s de que dispone la h u m an idad contem poránea,
con tra la p reten d id a este rilid a d o rgán ica de la n a tu ra
leza. o su rap a cid a d inconsciente, le p regu n to a todo
hombre im p arcial, qué queda de esos ataqu es in ju s tifi
cados, de esas afirm acion es g ra tu ita s que he resum ido en
a lgu n as líneas y con las que quedan contestados.
P ero tales p ruebas de abu n dan cia no satisfacen acá
so ;i ciertos esp íritu s predispuestos, que p a ra ced er en
su terq u ed ad necesitan argum entos m ás decisivos y m ás
precisos sobre todo. V o y , pues, a a lin e ar aqu í algunas,
c ifra s, que acabarán, así lo espero, con los reca lcitran tes.
C.— A lgun as cifras
P roducción a g r íc o la ; e x c e d e n te ile e s ta p rod u cción con relación
it las n e c e s id a d e s n u tr itiv a s ; p rod ucción in d u str ia l; e x c e d e n te
de p ro d u cto s in d u str ia le s con relación a las n e c e sid a d e s que
hay que s a tis fa c e r .
E stas c ifra s no son de ayer, es cierto; d atan de 18KIL
pero adem ás de que no he podido p rocu rarm e otras de ca
rá cter tan gen eral, se ine concederá de buen grado que
en diez años la p rod ucción no ha podido menos de aum en
ta r; y añado que si en 1882 sobrep u jaba a la realid ad ,
no pueden hoy estar m ás abajo ( 1 ).
E ntiéndase que ha sido preciso elim in ar de dichas ri
quezas las de los países de donde no se tienen datos es
tadísticos seguros. L a s c ifra s siguien tes son las que se
aplican a las regiones m ás conocidas del m undo c iv iliz a
do; la E u ro p a (excep to la T u rq u ía , S e rv ia y M ontene
gro ) y los E stados Unidos de A m érica.
Nótese adem ás que estos cálculos se ap lican precisa
m ente ¡i los países que más nos im porta estu d iar, que tie-
(1 ) E sta s c ifr a s están tom adas del lie v o itc y se atrib u yen por
la generalidad al sabio g e ó g r a fo E líse o R eclús, de quien tod o el
mundo ap recia los ad m irab les trab ajos c ie n tífic o s . H á lla u se igual
m ente en un fo llc tito que se t i tu la : L es p r o d u its (Ir kt trr re et
dfi 1 'in ihu itñ e.
E l . D oM IK I 'K [Link] i
iicn casi idéntica estru ctura social en cuanto al fondo, y
<|iie habiendo alcanzado igual desarrollo intelectual y
m aterial, p resen tan fenóm enos casi sem ejantes; sim ilares
por lo menos. H e aquí en prim er lugar los productos de
l:i tierra que corresponden ;i las necesidades de n u tr i
ción en E u ro p a y los E stados Unidos, com prendiendo una
población (fin de 1881) de 368.676.000 de personas,
reduciendo el total a kilogram os y resultando de térm i
n o medio, obtenido conform e a las estadísticas de 1875
> 1882, precaución necesaria para responder de antem ano
,i las objeciones que podrían sacarse de los años m alos:
Pan de t r ig o ..................................... 51.324.0 00 .00 0 k il.
Pan de otros c e r e a le s ..................... [Link] „
l.g u m b r e s diversas y fru tas . . [Link] „
A zú car de remolacha sin m elaza 1.8 38 .429 .0 0 0 ,,
i'n m e y a v e s .................................... [Link] 00
Leche ................................................. [Link] „
N u e v o s ............................................... i 70 1.250 .0 0 0 ,,
Pescados, moluscos y crustáceos 3.700-000.000
T o t a l ................. 3 8 1.12 8 ,5 8 7.0 0 0 „
Si se divid e esta enorme can tid ad de trescientos ochen
ta y un millares de millones, cu n to veintiocho millones
quinientos óchenla y siete m il kilogramos a que se eleva
• I ingreso alim enticio de E uropa y los Estados Unidos,
por el núm ero de habitantes que tienen esos territorios,
nr llega al resultado sigu ien te:
MSI. 128.587.000
— 1.033 kilogs. por cabeza.
368.676.000
D ivididos como sigu e:
Ciin de t r i g o ....................................................... 139 k iL
I’ ,ni de otros c e r e a le s ....................................... 332 ,,
Legumbres diversas y f r u t a s ...................... 361
A n> jir de r e m o la c h a ....................................... 5
• m iies d i v e r s a s ................................................. 34 ,,
lr .h r .............................................................. 150
7 (i SKBASTt-ÁN' Rump;
H u e v o s ................................................................. 2
Pescados, moluscos, ote.............................................. 10
T o t a l ................ 1.0 3 3 ,.
T rátase de p reg u n ta r si esta can tidad de 1.033 k ilo g ra
mos al año. es o no suficiente.
D e im portantes y numerosos trabajos sobre «1 asunto,
resulta que p ara v iv ir norm alm ente tiene el hombre que
sacar de dos clases de alim entos fisiológicos: de los cuer
pos ternarios y cuaternarios, una cuota d iaria 1.300 g ra
mos que puede descom ponerse a sí: [Link] gram os de a li
mentos ricos en carbono (pan, legum bres u otros) y 300
gram os de alim entos ricos en ázoe (carne, queso, huevos,
legum bres azoadas). E s ta ración de 1.300 gram os por
día que necesita el adulto p ara v iv ir en buena salud, re
presenta en un año 474 kilogram os, de diversas sustan
cias n u tritiv a s. S i m ultiplicam os estos 474 kilogram os
por el núm ero de la población, o sea 368 .0 7( i.000. a lca n
zamos un total de 174 .752 .0 2 4 .0 0 0 kilogram os; lo que do
ja sobre el to tal un excedente de 2 0 6 .376 .16 3 .0 0 0 kilogs.
A la vista está: más cl< doscientos millares di millo
nes, más de la mitad de la producción total. Lo que viene
a decir que esta tierra, a la que se acusa di' sordidez,
produce dos veces más de |.o que sería necesario para que
la v id a de todos quedase asegurada.
Contado la industria con más m aquinaria que la a g ri
c u ltu ra , y siendo menos ru tin aria, no es do extra ñ a r que
el excedente, en lo que a la producción in dustrial con
cierne, sea mucho más grande, l i e aquí, valorada en
francos, la producción de los diversos países a que nos
referim os:
O ran B r e t a ñ a .................... [Link] f r .
F rancia..................................... [Link]
A l e m a n i a .............................. [Link] „
R u s i a .................... [Link] ,,
A u stria H u n g r í a ............... [Link] „
B élgica . . ' . ....................... 3 .0 0 0 . 000 .000 .,
I t a l i a ...................................... "[Link]
E i, D olos U n iv e r sa l 7 7
E s p a ñ a ................................. 2 .4 0 0 . 000.000 .!
H o l a n d a ................................ [Link] „
E s c a n d in a v ia ....................... 025.000.000 „
S u i z a ............................................. 8 00.000.000 „
P o r t u g a l ............................... 500.000.000 „
D in a m a r c a ............................ 400.000.000 ..
Estados Unidos . . . . 2 6 .7 0 0 .0 0 0 .0 0 0 ,,
96.900.<100.000 „
Hay que a ñ ad ir a los m illares
d. millones de com bustibles m i
to i .des y vegetales que dan an u al-
n n u le los bosques y las m inas
>!< hulla, una suma (no utiliza-
du ¡ior la in d ustria) de . . . . [Link] ..
T o t a l.. . . . . 99.900..000.000 „
I,uego existe una c a n tid a d de p ro d u cto s industrial«»,
ntii d u ran y sirv e n m uchos añ os; otros que con sum i
d a . b ajo una form a se v u elv e n a u tiliz a r b a jo o tra y
lo iie u rr e n a una n u eva p rod u cción . P uédese, por ta n
to. sin escrúpulo, au m en tar en dos tercio s la suma de
Bl'tiduf’tos an u ales. Esta adición d a :
[Link] fr .
[Link] f r .
T o ta l. . . . 1 6 2 .8 0 0 . 000 . 000 f r .
Ility que n o ta r adem ás que la evalu ació n en fra n co s re-
■¿resienta el precio de fáb rica . A h o ra bien; to„do el mun-
il«i wdie que la producción pasa por m uchas manos antes
de licuar a consum idor, y que en cad a m ano deja un bene-
......... cscontado «leí precio de venta. La casa fab rican te
Vende a las grandes casas, éstas a las m edianas, y las ul-
I IrmiM .i Ios com erciantes al por menor. Y todo interm e-
ilinrin vive de su com ercio que, como dice F o u rie r, eon-
IInIi1 «ii vender en seis fra n co s lo que vale tres. L a m er-
ÉAlH'in r iit regad a al consum id or se h alla, p o r tan to, g ra -
VmiIo ron una p orción de gastos, tasas, descuentos, y es
MAM «aluda que su v a lo r com ercial se halla, p o r lo menos,
78 S e b a s t iá n F at?r k
cuadruplicado. E l valor eu el m ercado de la producción
industrial de E uropa y los E stados Unidos, es, pues, en
realidad, fran cos [Link] X 4 = [Link]
D ivid ien d o esta can tid ad por el núm ero de habitan tes
se obtiene el siguiente resultado:
[Link]
---------------------------- F raucos 1.766 por cabeza.
368.676.000
La ración industrial disponible por habitante y cabe
za sería, pues, de 1.766 francos, o sea de 7.064 por fam i
lia de 4 personas. A q u í las necesidades son m ás d ifíciles
de estim ar con precisión; creo, sin embargo, que uno
puede atenerse a un térm ino medio de 800 francos, re
partidos como sigu e:
C alefacción y a lu m b r a d o ..................... 100 fr.
V estid os y calzad os . . . . . . . . 500
Gastos s e c u n d a r io s ................................ 200 „
T o t a l ....................... 800 „
P odría hacer notar que hay una categoría entera de
necesidades en las que la vida en com ún perm ite re a li
zar verdaderas economías, y que para las necesidades in
dustriales, como p ara las de alim entación, el medio que lie
adoptado traspasa con mucho las exigencias de m ultitud
de personas, de niños, (cincuenta m illones próxim a
m ente) viejos, enferm os, m ujeres, teniendo en cuenta
que dicho método es aplicable a los adultos validos. ¿ P e
ro a qué hacerlo, pues que queda todavía una diferen cia
considerable entre lu producción in d ustrial y las nece
sidades que han de satisfacerse? Si de 1.766 francos que
cada uno podría gastar anualm ente, restamos 800 fr a n
cos, la d iferen cia es de 966 francos, que m ultiplicada por
368.676.000 personas, alcanza un sobrante total de fra n
cos 3 5 6 .14 1.0 16 .0 0 0 de valores in dustriales, estando sa
tisfechas las necesidades de cada uno, perm iten tam bién
d u p licar con exceso la cuota media.
*
* *
Ei, D olor U niversal 7l>
Lo que sucedo con osos [Link] do kilogram os
.|i género alim enticios y esos [Link] francos, os
que, a posar de osa d iferen cia increíble en tre las necesi
dad« que h ay que satisfa cer y los recursos de que se d is
pone, existen m illones de in felices seres careciendo de
lo necesario, vivien d o entre p rivaciones hasta que m ue
ren; esto es lo que me propongo e x p lica r m ás adelante,
piu H no es cuestión del momento, y me lim ito a exponer
Id defensa de la naturaleza in ju stam en te acusada, y a
deeir que no so la debe hacer responsable de estas cosas.
Tam poco tengo por qué ocuparm e al presente de las con
diciones deplorables en que se obtiene la producción a g r í
cola y de las trabas que su fre la in d ustria, ni de las me
jo ra s que p od rían introducirse en las p rim eras y de las
ven tajas que rep o rta ría la supresión de las segundas.
T o d o ol m undo sabe que, p or consecuencia del fra ccio
namiento de la propiedad ru ral, de la in su ficien cia de
lo s útiles de los pequeños agricu ltores y de las tra d icio
nes ru tin aria s veneradas en el cam po, m uchas tierras s<
d ejan incultas y las p arcelas cu ltiva d as lo son d efectu o
sam ente.
D .— C onclusión.
|,«t mui ’ii ilol d olor u n iv er sa l no está cu la n a tu ra leza ; cen sid o
riu*lories im p o rta n tísim a s; por qué no ha sid o n unca tan m -
u cn tr reso lv er el problem a s o c ia l.
A lim entación, albergue, vestidos, todos ios productos
que ni- infieren a cu alqu iera de esas necesidades, existen
lU peniblindantes* C ad a vez más y m ejor cu ltiv a d a la tie
rra como en prueba de g ra titu d p or los cuidados in teli-
m es que so le prodigan, se m uestra cada día m ás gene
ren», ile una m aquinaria form idable, vin ien d o en auxi-
I " de la . fuerzas m usculares y reem plazándolas en mu-
dio cunos, salo una enorm e producción ind tria l; la
tintín vil ida del globo veso surcada p or una rea extensa
do vlit’i do com unicación; p or los océanos, como por los
MiiiUm ni» viajeros, productos, ideas, circu lan con se-
nundiid \ velocidad m aravillosas. Doctas sociedades, Tns-
80 S e b a st iá n F auke
m u ta s , Academ ias, U niversidades, <Jbsorvatorios, M u
seos, Laboratorios, Colee»-iones de todas clases testifican,
el desarrollo cien tífico de nuestras sociedades contem po
ráneas. ( ’onservatorios, Teatros, Conciertos, Bibliotecas,,
G alerías de P in tu ra y E scu ltu ra, P alacios y M onum en
tos atestiguan nuestra riqueza litera ria y artística. Los.
asertos de M althus están gloriosam ente an ulad os. H a y
sitio p ara todos, para iodos absolutamente, en el banque
te de la vida. Los convidados tienen la segu rid ad de no.
carecer de nada. Por m uy ham brientos que estén sus-
estómagos, no hay que tem er que falte lo necesario.
Se engañan (no quiero em plear otra fra se más d u ra
para ellos) los que se obstinan en m over ¡a cabeza co
mo desesperados, deplorando que la n aturaleza sea irre
misiblem ente avara, y proclam ando a la vez que esta ta
cañería es inevitable y fatal. V después de esta r e fu ta
ción, que algunos hallarán acaso un poco larga, pero en
la que hr creído deber insistir con g ra n lu jo de detalles,
atendiendo a lo im portante del número de las personas,
a quienes se dirige, no vacilo en d ecir:
" S i una gran parto de la población está p riv ad a dé
lo estrictam ente necesario. 110 es por falta de ropa, do
substancias alim enticias, de habitaciones. A h ora nues
tro haber perm ite y a la satisfacción am plia de todas la s
necesidades. Si existe una m u ltitu d de ignorantes y de
no versados en las letras, no quiere eso decir que la h u
m anidad esté condenada al pauperism o in telectu a l. L a
causa de todos tos mides, físicos e intelectuales no está
civ tu Xitluraleza■ ; hay que buscarla en otra p a rte” .
*
* *
Preséntase aquí u n a consideración tan im p ortan te
que me es im posible pasarla en silencio:
l i e dicho en el prim er capítu lo que el problem a que
h ay que resolver consiste en establecer un medio social
que asegure a cada individuo toda la felicid ad posible.
E n otros términos, q u é se trata di establecer soeialmen-
te una relación constante entre las necesidades y la po
sibilidad de satisfacerlas, o lo que es igual, una especie
E i, D [Link]: tTsiVKiisAii Si
1 11 ' e c u a c i ó n e n t L*i‘ 1« felicidad d isfru la b le y la felicid ad
. 1i i r 111;m1;i. Es adem ás fá c il do com prender, que la ne-
id ,id de resolver el problema, social será tan to más i m
p e r io s a v u r g e n t e , cuanto más desarrollado esté el espí-
iiIh ile exam en, sean más num erosos los elem entos do
investigaciones fisiológicas; y , por consiguiente, m ás d ifí
cil d e d isfra z a r esa fa lta de eq u ilib rio .
\ hora bien, en época a lgu n a de la h isto ria ha sido el
Abismo tan ancho y tan profundo; jam ás tam poco tan
y« in ral y categórica la necesidad de exam en ; .ja
mán. en fin , más fácil, el p ro b ar la incoherencia inconce
bible de esta sociedad donde podría y debería haber bien-
rHl.n*. instrucción y fe lic id a d para todos, y en Ja que ei
dolor, la ign o ran cia y la m iseria, ap rietan los corazones
y lo s estómagos. C uando en presencia de actos graves
lie sublevación o in d iscip lin a se esfuerzan los m agistra
do'; en rem on tar la respon sabilidad hasta preten d id os
■gritadores; cuando los p eriod istas y los polizontes atri-
Im.M'ii a la in geren cia de agentes ocultos el fu r o r de las
W i\indicaciones obreras, las indignaciones populares, el
•lis lento de las m u ltitud es, las protestas enérgicas,
Ion i uinultos, los m otines, la s insurrecciones, legislad o
res, periodistas y m agistrad os dan prueba de una triste
h>imi .ciencia o de u n a detestable b ellaqu ería. L o agud o
d<' la crisis que atravesam os, denunciado por m il m ani-
M tiin o n e s p articu la re s y colectivas, no tien e otro o ri
llen que el arriba indicado.
T odas las excitaciones a la sublevación— excitaciones y
l|llile \ a c ió n siem pre p eligro sas para el sublevado y el
• fechador— sería n im potentes si se d irig iera n a seres que
Hozaran de toda la suma de felicid ad com patible con el
)iro|![Link] humano. Sólo la com presión de Jas necesidades
|M'o\oca la cólera.
I.i sil nación verdaderam ente revolu cion aria se des-
pn 'iid *1 de los hechos mismos, y aunque se en carcelara o
fiiNilawc a todos los agitadores, perm anecería lo mismo.
iN» erre ipie los ham brientos no verían y a en el cam po
Ion frutos cosechados, en la ciu d ad los alim entos alm ace
n ó lo s «pío no con tin u arían los harapientos a d virtie n d o
6
82 S khavSTJÁn K’a i 'kk
que existen m ontañas de ropa; que no ten d ría n los des
calzos la aud acia de com probar de q u e en los alm acenes
h a y pirám id es de calzad o; que los que carecen de asilo no
ten d ría n el mal gusto de pen sar que se está bien en las
casas y que en la cam a se duerm e cóm odam ente? 4 No
se vería p o r eso la clase m edía menos abrum ado por la
con cu rren cia, y reflu yen d o , im p ulsad a por la ru in a, a las
fila s del p ro leta riad o ? E n fin, las personas de corazón
y de talen to ¿110 su friría n menos in iq u id ad es sociales,
represiones rid icu las, persecuciones asesinas?
S i la cuestión social domina a la hora presente, a todas
las preocupaciones, es porque en mámenlo alguno fu é tan
desmesurada la distancia entre lo qve es y lo que pudik-
RA y DEBERÍA SCI'.
II
El individuo
Acto ile neufiación con tra el in d iv id u o
Véase ahora el acto de acusación d irig id a contra el
hom bre m ism o:
La h u m anidad es desgraciad a. E s im posible d e ja r de
co n v en ir en esto. ¿ P e ro a qué b u scar ta n lejos la causa
de este triste estado de cosas? L a buena opinión que te
nemos de nosotros mismos nos im pulsa a acu sar a la n a
tu raleza o a la sociedad; pero si a un m inucioso exam en de
conciencia nos dedicásem os, llagaríam os m uy pronto a
reconocer que el hombre mismo, ser esencialm ente vicio
so y m alo, es el único au to r responsable de todos los m a
les que le ab ru m an . E l es quien por sus p rop ias m anos
te je la tún ica de Neso que enven en a y m ata su ven tu ra.
E l lleva en sí el germ en in d estru ctible de todas las ten
d en cias crim inales. El es perezoso, egoísta, violento, re
ñid or, cru el, em bustero, falso, codicioso, dom inante. T o
d as las m alas pasiones se a g ita n victoriosas en 61 y es
esto como especie de m ancha o rigin al y tan indeleble,
qu e n in gú n tratam ien to ha logrado h asta ahora, ni me
dicación algu n a, que desaparezca. E n todos los tiem pos
E l , D ')l.()i: [Link] 83
(r lin s itio im potente la represión p ara e x tirp a r la raíz del
niitI. D ejad, pues, de buscar en oirá parte que en el ser
i ItUinano la causa de sus desgracias. E stá en él y no fue-
f rn M uy bien podrían la naturaleza y la sociedad hacer
un ser feliz, pero él es quien se esquiva de la p ro p ia fe
licidad. ¿ E s capaz de resistir contra el feudo mismo de
••n i/o, de dism inu ir la sum a de sus vicios? N adie ten d rá
■lit audacia de contestar categóricam ente E sta p ro
blemática m odificación no pod ría ser, a lo sumo, sino la
r uln a de los siglos por ven ir; reduzcam os la cuestión a los
i- lim ites del presente, y repitam os que si el sufrim iento ex
tiende nu luctuoso velo sobre la tierra, es por que el hom-
H ln e e s malo p or naturaleza e irrem ediablem ente; que,
ip o i tanto, el m anantial inagotable de todos los dolores
¡(itie torturan a la hum anidad brota de las ínfim as pro-
■fUndidades del propio individuo.
Di'xde luego se observará que tal lengu aje se in sp ira eji
Un concepto com pletam ente distinto del que tienen los
■fot factores de la n atu ra leza . E stos miran sobre todo a
Inii m iserias físicas o intelectuales, estim ando, sin duda,
■tin nquella las engendra todas.
I on que contra el hombre elevan requisitoria sem ejan-
ir, m-onoeen im plícitam ente, por el contrario, que no
fult mi ¡i las sociedades modernas las riquezas y el saber,
cilie tampoco carecen de los elementos externos de la
1'[Link], pero que el ser humano se h alla en la incapa-
fltln d absoluta de aprovecharlos beatíficam ente, de adap-
1 .1 » ii e l l o s sus elementos internos, y que en fin,*todo está
ptfw» l M*i parte de la naturaleza y de la organización so-
ílo l, y que todo el mal procede del hombre, de sus im-
lw e e iim e s ; de sus defectos, de sus vicios y de las mi-
Í ÍÍM morales inherentes a su constitución o rgán ica. En
i i m pnliibra, todas estas afirm aciones pueden resumirse
• n •I*•• líneas:
ffiétt humanidad es desgraciada porque el genero hu-
i\fá atacado de fa ta l e incurable p erversidad ' '.
s\ SKBASTIÁX FaL'KE
A.— Cuestiones que deben juzgarse previam ente
¡ Kn qué i-cm^isíen el v ic io y la v irtu d ? -— CJontradietorias r e s
p u e sta s «lo los m u r a l i s t a s . — l,n que es la c o n c ie n c ia ,
lá b r e alb ed río y d e te r iu in ism o . — A toraliatas co g id o s en su s
p rupias rod os. — D ios, le y , co n cien cia , n o son m á s (pío ab s
tr a c c io n e s . - - D e fin ic ió n e x a c ta del b ie n y d el m a l. —
A u to r id a d e s en ap o y o de e s ta d e fin ic ió n . — E l hom bre,
s er so cia l y so cia b le, no es tiiiis que un p rod ucto d<d m e d io .
— Por n a tu ra leza no es b ueno n i m alo, os n e u tr o . — Poro
se lia ce b u en o o malo cu razón al TUimero y p od er de loa-
m o tiv o s que lo lle v a n a s e r cato o a q u e llo . — V ea m o s p o r
qué es: B (1 ) P erezoso. — (2 ) E g o ís t a . — (3 ) V io le n to .
— (4 ) E m b u stero . (ó ) C o d icio so . — ((>) D o m in a n te .
Si tuviese un puco d< m alicia, p od ría darm e ol gu sto
do poner en ap rieto :i los que así se expresan respecto a
sus sem ejantes, suplicándoles que contestasen ante todo
y de un modo m uy claro, a ciertas p reg u n ta s de la m a y o r
im portancia.
i ed iríales lo prim ero, que d efin ieran con cla rid a d lo
que entendían por estas p ala b ra s: “ bien y m a l" , “ v i
cio y v ir t u d ” , “ bueno y malo ’. l*no me respondería, qu e
el hombre virtuoso e s el que v iv e conform é ít los p recep
tos de D ios y sus m inistros; otro, que el bien consiste, en
poner sus actos en arm onía con la leyes de su país; aquel
me d iría que el hombre bueno es el que se esfu erza en no
p e rju d ica r a otro y hasta en serle ú til; este, en fin , cre
yéndose m ás discreto, me d eclararía que llevam os en nos
o t r o s una especie de trib u n a l perm anente, único apto p ara
ju z g a r nuestros actos y decirnos cuáles son buenos y
cuáles son m alos; que esta m agistra tu ra íntim a es nuestra
p rop ia conciencia, que debem os in spirarn os en sus fallos,
y que nos m uestra el cam ino dol " d e b e r " . P e ro como d i
ce el au to r de F u e r za // M ateria, “ la conciencia del v ie
jo es otra que la .del hombre hecho; que la de éste no es-
la del joven, y que la del joven d ifiere de la del niño. L a
conciencia del rico es d ife ren te de la del pobre, la del
sabio d^ la del ign oran te, la del enferm o se d iferen cia de
la del sano, etc. Y yo a ñ a d iré: el hom bre de hace vein -
Ki. líoi.o:; U m v k h s a i - 85
I it*ineo siglos lio raciocinaba. no sentía como el de hoy;
• i oriental no piensa, no aprecia como él de occidente;
t'l hombre de sociedad tiene su código particular de re
írlas. de usos, de principios completamente distintos de las
'" lumbres en vigor entre la clase obrera.
Lo que viene a decir, que la conciencia no es más qür
' un conjunto de asociaciones de ideas, y por consiguien
te de costumbres, agrupadas alrededor de un centro" que
\uría con la época, el medio, la edad, la situación social
■lo cada, individuo; que, por tanto, hablar de moral, d-
M >‘piraciones, de temores, de felicitaciones y reproches de
a conciencia, es reconocer con Taine, el filósofo acadé
mico mué rio recientemente, que “ la virtud y el vicio son
Uos productos como el azúcar y el vitriolo’ ’, pues que la
fume ¡cuela en sí no es más que un efecto variable por
¡inicia, y 110 una causa fija, inmutable. Con esas pa
labra,. abstractas, "principios, deber, conciencia'’, es
pifie de dogmas morales tan caras a las escuelas metafí-
Ica.t vle todos los países, es con lo que han arrullado nut>
fíi niñez, y confieso que solo a costa de luchar se llega
desembarazarse de ese Jaira Siuioniswr obscuro y peli-
himo .
*
age ^
HRl'ro esto no es todo; podría hacer esta cuestión duran-
mikIo.s el gasto de una polémica interminable entre los
telurios del libre albedrío y los deterministas, polómi-
qu< hoy parece agotada a causa de la derrota irreme-
Me «le los primeros. Pero no rae gusta pisotear eadá-
m Será patente en lo sucesivo que todo hecho tiene
»•i»n: a„ v que todo acto, por inconsciente que parezca,
ib ttminiado por uno o varios motivos; que la vaci-
}n proviene de la comparación que se establece en-
Iiin influencias que nos impulsan en una dirección y la
lint» incitan seguir opuesto camino; que “ cada deter-
tteión es un Hmple eslabón de una cadena de causas
.'Hit. que se extiende hasta el infinito en el mundo
mi llcrtzon tuvo razón al escribir: “ E n lo más
indi' 1Ir nuestra conciencia sentimos repulsión iu-
S k bah ti An F aurk
vencible a considerar el libre albedrío como algo rea!,
como otra cosa que un subterfugio destinado a oeul
tar nuestra ignorancia eventual tocante a un eslabón do
la cadena de la casualidad” . Moleschott afirma más ro
tundamente: “ No hay libre albedrío, dice; no hay acto
volutario independiente de las influencias que obligan
al hombre en todo momento y circunscriben la acción de
los más poderosos/'
Esa teoría del deterniinismo, contra la que en derecho
se sublevan tantos ignorantes y obstinados, se impone de
hecho tanto y tan bien, que la crónica judicial todos
los días nos revela la absolución de acusados que recono
cen el delito o el crimen de que so les pide cuenta.
“ Cuando se consultan los procesos por infanticidio, di
ce M. Legouvé, hállase allí este hecho verdaderamente te
rrible: por cada ocho acusaciones de infanticidio proba
do hay cuatro absoluciones. ¡De ocho homicidas, cuatro
absueltos; cuatro homicidas convictos y confesos!” Y
cuando magistrados y jueces 110 llegan hasta la absolu
ción, entran por el camino de eso que se llama circuns
tancias atenuantes, que resultan del detenido examen de
las circunstancias, móviles o influencias de toda espe
cie que han producido el crimen.
Absolución o admisión de circunstancias atenuantes,
una y otra son tácito reconocimiento del deterniinismo, la
condenación de ese libre albedrío dogmático y en cier
to modo inmaterial, en virtud del que, abstracción hecha
de su origen, de su educación, del medio de todo ambien
te, el individuo obraría según su voluntad, completamen
te independiente, autónomo en absoluto.
Hermosa y profundamente justa es esta comparación
de Lavater: “ E l hombre es libre como el pájaro en su
jaula: puede moverse en límites determinados.”
*
* *
Seríame fácil aún poner en aprieto a mis interlocuto
res, preguntándoles si han estudiado la naturaleza hu
mana con todo el cuidado y la imparcialidad apetecibles.
E l D olor U n iv e r s a l 87
¿No se habrán dejado influir sin saberlo por insinuacio
nes más o menos interesadas que zumbaban en sus oídos?
¿Están bien seguros de haber comparado seriamente las
virtudes y los vicios, las tendencias útiles y las perjudi
ciales, las tendencias buenas y las malas, único modo de
llegar a una conclusión inatacable? Algunos, hasta de
los más decididos, confiesan que existe en el individuo
un impulso hacia el bien, lo mismo que hacia el mal; mas
se apresuran a añadir que el hombre cede al último na
turalmente, sin esfuerzo, mientras que, para seguir el
primero, tiene que luchar, ser heroico; en otros términos,
que el vicio es fácil y la virtud penosa.
Pues bien, a menos de admitir que obramos sin moti
vo— teoría del libre albedrío— hánse preguntado esos por
qué nos inclinamos más fácilmente a las malas acciones
que a las buenas, y les parece demostrado que hecho tal
es la consecuencia rigurosa de nuestra constitución orgá
nica y no del medio social en cuyo seno tenemos que mo
vemos.
En fin, si fuere preciso, liaría constar que las muchas
controversias que he sostenido sobre este punto, he he
cho una observación digna de tenerse en cuenta. Esta: in
terrogados para saber si ellos mismos sentían a cada ins
tante la tentación del mal, esas tendencias a la inmo
ralidad, esa irresistible inclinación al crimen que atri
buyen al resto de los humanos, esos difamadores im
placables lo negaban con una indignación risible. No, 110;
ellos no son también esclavos de la naturaleza irremisi
blemente viciosa. Desde jóvenes manifestaron tendencias
il bien; si por casualidad han cometido alguna acción la
mentable, sólo ha sido un eclipse parcial de su virtud, o
lo más, que, como los otros, llevan en sí el germen del mal
y hasta del crimen; pero merced a una lucha encarnizada
y una serio de triunfos sobre sí mismos han llegado a
limpiarse completamente del germen pernicioso; en una
palabra, los unos, buenos de nacimiento, han sido y siguen
siendo virtuosos sin esfuerzo; los otros, dotados de malos
instintos, han sabido vencerlos.
Si tom ando acta de sus p rop ias d eclaracion es y con
88 SKItANTUN' l ’ \l *fCK
a yu d a de s u a u to b io g ra fía in ten táis d e cirles que, pues
<lesdc .su in fan cia han sido in d in a d o s al bien, os n atum !
pensar que otros ¿qu ién sabe •mantos? se han hallarlo en el
m ismo c a s o ; que puesto que han dado fin a su p e rv e rsi
d ad n a tiva, pueden otros segu ir su ejem p lo y con seg u ir el
mismo resultado; si, en fin dedu cís que la n a tu ra le za
no nos ha p red estin ad o el mal, o que a pesar de nuest ras
predisposiciones perniciosas nos es posible, en con d icio
nes dadas de educación y ni dio, p ortarn o s bien, esos im
béciles a lza rá n los o jos al cielo, se. en cogerán de hom bros,
y con sorisa de. conm iseración desdeñosa b a lb u cearán por
to d a resp u esta; “ q u e rid o : es usted can d id o, jo v e n in e x
perto, no c o n o c e la vid a, vive u sted en plena fa n ta sm a
go ría. C u an d o ten ga usted más edad recon ocerá que el
hom bre es el ser m ás lalso, cruel e in g rato que puede
im aginarse. ’ ’
No insistáis, perderíais el tiempo y la saliva; esos se
res aparlt no saldrán de ahí.
* *
Para tratar estas cuestiones c o m o se m e r e c e n , habría
que dedicarles un v o l u m e n completo, y espero con funda
mentó poder hacerlo algún día. Porque no hay que enga
ñarse; nuestro sistema de educación y nuestro sistema
social, tendiendo a un régimen de recompensas y castigos,
está basado en esta hipótesis largo tiempo tenida por
verdad axiomática, y en los nuestros apenas discutida:
“ el individuo es profundamente malo; el mal es fácil;
el bien difícil; para animarle a practicar el último, es
indispensable prometerle un; remuneración que alcanza
rá en vida, o después de muerto; para alejarle del pri
mero es necesario establecer un escalafón de represiones
para antes o después de su fallecimiento, estando el cas
tigo cu proporción a la mala obra” .
Convendría, pues, discutir escrupulosamente el valor
de esta hipótesis fundamental, y mover cuestión tan grave
de responsabilidad, así como todas las que con ella se
relacionan: sanción, mérito, demérito, cíe. Pero aquí es
cuestión de otra eosa que un íratado de moral, y 071 el
K l. l>K|,OK llf ¡!I V K lt S A I i
astado actual de osa ram a especial do los conocim ientos
humanos, no estaría yo tojos do decir con R enán: “ La
m oral no hace p rogreso s“ .
Debí echar una ojeada sobre diversos puntos, y esti
mo que esta sencilla ojeada a cuestiones, hasta cierto pun
ió prejudicialis. era necesaria para plantear la dis
ensión. Sólo al&unas palabras acerca de las consideracio
nes que preceden. “ lis sorprendente, dice Morelly, por no
decir prodigioso, el ver cuántos absurdos con el nombre
de principios o máximas nos suministra nuestra moral,
la misma próximamente en todas las naciones". Soy com
pletamente de esa opinión.
¿Es racional el atribuir a Dios el principio de toda mo
ralidad? Habría primero que probar la existencia de
Dios, y en seguida, llevar a la creencia de ose sér crea
dor, revelador, principio y fin de todas las cosas, a in
decible número do personas que no tienen fe en él. No
puede ni pensarse, a lo que imagino, en restablecer la
Inquisición, en preparar las hogueras, en quemar cuan
los libros combatan la idea de Dios, en abolir la ciencia,
su más morí al enemiga. Y en este caso... ¿es más lógico
adoptar como medida el respeto a las leyes dol país?
Para que esta opinión fuera sostenible, sería indispensa
ble justificar la existencia de los códigos, establecer una
relación constante y necesaria entre la ley y la idea de jus-
licia, probar, en fin, que las leyes no son ni pueden ser
otra cosa que la expresión más alta y fiel de lo que es
justo, bueno y bello. ¿Y dónde está el temerario capaz
•le emitir esta paradoja? ¿Debemos, por último, tomar
p o r baso las prescripciones de la conciencia., de esa rn.:
interior, cuya infalibilidad decantan los adeptos a las
religiones, de eso imperativo categórico del filósofo Kant,
c a r o a l o s extractores de la quinta esencia, de ese faro
cuyo resplandor debe guiar nuestra marcha a través de
lo s escollos y conducirnos al puerto de la virtud? En tal
ciiho , hágasenos oír esa música interna, dulce y halagüeña
para el bueno, dura y severa para el malo: determínese
c o n claridad en qué consiste ese imperativo categórico y
«Mírasenos por qué, con ser tan c a t e g ó r i c o o i m p e r a t i v o ,
90 Se b a s t iAn F a ü r b
se le obedece tan poco. Que se demuestre, en fin, qu*?
existe ese guía luminoso y que proyecta sin eclipses sus
rayos bienhechores. Dios, Ley, Conciencia, sólo son abs
tracciones que no pueden servir ni de substracto ni de
medida.
Pues bien; si no queremos extraviarnos, si queremos
conocer con seguridad la regla de conducta del indivi
duo, esa regla que marca sus derechos y los deslinda,
hay que atribuirlo todo al individuo mismo, recordando,
no obstante, esta definición: ** E l hombre es un ser so
cial y sociable".
Hallada esta pista, a poco trabajo que en seguirla se
tome, procurando no apartarse de ella, se llega a reco
nocer con Marmoutel, que “ es vicio lo que perjudica ai
hombre y virtud lo que le da el bien” ; con Helvecio, que
“ la virtud es todo lo que es constantemente útil a lo*
seres de la especie humana que viven en sociedad, y el
vieio todo lo que le es perjudicial” ; con Jouffroy, qu«*
“ el bien para un ser es el cumplimiento de su destino,
y el mal el que no se cumpla” ; con Fuerbach, que “ bien
es lo que conviene al hombre y mal lo que no le convie-
ne” ; con Benthan el utilitario, que “ el deber de un hom
bre no podrá jamás consistir en hacer lo que tiene inte
rés en no hacer, mediante una justa apreciación, alcanza
rá la coincidencia de sus intereses y de sus deberes” .
Sentado esto, y admitido— espero que sin protesta -
que el individuo obra bajo el influjo determinante de
las fuerzas y las circunstancias que le rodean, véase qut
la cuestión que hay que resolver está completamente fue
ra de su sitio.
Que se reconozca como exacta la teoría del determi
nismo, y dejando el hombre de ser considerado como un
organismo inmóvil y casual, se convertirá en lo que real
mente es: un agregado esencialmente modifieabje, dócil a
todos los cambios del medio, flexible para toda gimna
sia, apto para responder a todos los impulsos; y la volun
tad no será ya mirada como causa, sino como efecto.
La experiencia demuestra que el individuo tiene in
clinaciones buenas y malas, tendencias útiles y tendencias.
E l DOliOK U n iv e r s a l 91
perjudiciales, aptitudes para el bien y predisposiciones
para el mal; que desde el punto de vista general, único de
que nos ocupamos, sus instintos no son más innatos que
sus ideas. De estos datos exper imentables la razón debe
inferir que puedo no admitirse ni por un instante las
palabras de esos que dicen: “ R1 hombre nace malo, irre
misiblemente malo e incorregible” . V debo decir que
»‘reo con Juan Jacobo, que “ el hombre nace bueno y la
sociedad lo corrompe’ ’ .
Aunque tal opinión sea perfectamente sostenible, a
poco (pie se quieran recordar las diferentes definiciones
del bien que arriba he citado, 110 pareee suficientemente
demostrada para hacerla mía y romper lanzas por ella.
Además 110 se trata de eso. No tengo que sentar que el
hombre nace bueno; sería demostrar tan sólo que no es
malo por su naturaleza.
Diré únicamente, para expresar todo mi pensamiento,
(pie ('ii mi sentir el hombre cuando nace no es bueno ni ma
lo; desde el punto de vista moral es neutro; pero bajo la
influencia que sobre él ejercerán los tres tactores si
guientes: Ja herencia (el modo de ser heredado), la edu
cación y el medio (estos dos últimos sobre todo), es su-
eeptible de hacerse ésto o aquello, de tomar el camino
más justo como el más inicuo y de honrarse con sus bue
nas acciones o envilecerse con las malas. Representan la
serie de ascendientes que le han precedido, si en los di-
\crsos estados de su evolución, brevísimamente en ver
dad, porque la necesidad irresistible de la evolución le
impulsa sin cesar hacia adelante, repite la.s fases morfo
lógicas “ más o menos borrosas porque pasaron sus an
tecesores’ ’. Representan con fidelidad, tal vez más no
table, las condiciones del medio general y particular en
el seno de las cuales se desarrolla por su adaptación a
las condiciones circunstanciales, sintetiza sus ventajas
«• inconvenientes, si se asimila lo bueno y lo malo, y sus
actos, como sus sentimientos reflejan la educación que
ha recibido, si se inspiran en el medio que le rodea.
*
* *
<)2 S eb a st ia n F a v u s
101 hombre es malo, decís, tiende aJ mal; está plagado
de vicios, es perezoso, egoísta, violento, reñidor, cruel,
embustero, engañador, avaro, dominante. Pues bien, sea;
lo concedo todo. No quiero ni aun averiguar si es real
mente así ese monstruo de maldad. Renuncio a discutir
este punto. 101 individuo de nuestro fin de siglo está for
m a d o con el lodo de todas ios vicios y es cupaz de todas
las infamias. Quedamos en esto. La cuestión está en
saber, puesto que no es más qm un resultado, la causa
que se arrastre por el fango tan miserablemente.
Examinemos con frialdad los motivos que tiene cu
1 S!)f> para ceder así a las excitaciones del e g o ís m o , de la
avaricia, de la sed de dominio, antes que para seguir
los consejos de la -actividad, del altruismo, de !a manse
dumbre, de la verdad, de la franqueza, del desinterés,
del espíritu de igualdad.
Planteada así la cuestión,— y creo que no podría serlo
mejor y más claramente— redúcese a un sencillo cálculo
del que podemos prever las consecuencias que han de
sacarse; si en el balance pesan más las razones que im
pulsan al hombre hacia el bien, habrá que r e c o n o c e r
que esos motivos, por poderosos que sean, al no triun
far de su naturaleza viciosa, es por que ésta es real y
profundamente mala, y mis contrarios triunfarán. Mas»
si resulta lo contrario, deberán confesar que la perver
sidad humana s e explica s in que haya necesidad de ape
lar a los impulsos inherentes al propio individuo, y que,
por consiguiente, dicha perversidad sólo es la resultante
falta «le condiciones extrañas al hombre mismo.
JOn el primer caso, él será incurable, por el .presente
al menos, porque nadie tiene poder para transformar
de pronto la naturaleza humana, y aun suponiendo que
fuera realizable, no podría ser sino obra del tiempo; en
<-*1 segundo caso por el contrario, será posible curar al
enfermo, mas quedará el origen de la enfermedad.
Fijemos nuestra cuenta artículo por artículo; el re
sultado será más decisivo. Tomemos uno a uno los vicios
principales que se complacen en atribuirnos los que re
criminan a la naturaleza humana. Examinemos sucesi-
E l 1>olok U n*iv br sa l
va mente todas Jas razones que pacclon hacer deJ individuo
social un ser perezoso, egoísta, violento, em bustero, a va
ro y au toritario, com parém oslas con los motivos que le
im pulsan a ser trab ajad o r, altru ista, dulce, sincero, des
interesado y libertador, y sacarem os en conclusión:
B (1 ).— El hombre es perezoso
Si es ley n atural que reviste carácter universal, pues
to que responde a una necesidad existente en todos los
tiem pos y lugares la que condena los hombres al trab ajo ,
todo ser consume, y nada puede consum irse que 110 liuya
sido antes producido. E sta verdad parece tomada del
u p e rto rio del célebre Pero G rullo, y sería lógico dedu
cir de ella, que si es im posible v iv ir sin consum ir, sin
haber producido de antem ano, todo individuo que p ar
ticipa de la absorción de los productos, está obligado a
con trib u ir a la confección de éstos, salvo los casos de
im pedim ento, vejez, enferm edad, debilidad. E l qu( no
trabaja no debe comer, de San Pablo, no tiene otro o-ri-
iren Pues bien; nuestra sociedad está form ada de mo
do que se compone de dos clases de personas: la clase
que lo produce todo y la que nada produce. L a una ha
bita l a s (puntas en el cam po y los hermosos b arrios de
las ciudades, tiene en su mesa la carne más sana, la ca
za más rara, la fru ta más sabrosa, el vin o más añejo:
sus salones están adornados con flores de p erfu m es sua
ves, con artísticos bibélots. con cuadros de los m aestros,
c o n tapices de g ra n precio, con m uebles de lu jo ; en la es
tación de frío sus m iembros van cubiertos con Jas telas-
de más abrigo, en los días estivales con las más frescas»
y ligeras; tienen instrucción, o. p or lo menos, podrían
tenerla: prueba los hoteles a la moda, los establecim ien
tos balnearios, las ciudades de la costa, los teatroá, los sa
lones de espectáculos, todos los sitio en que la gente se
r«une p ara g u star el p la c e r: a rrastra coches y h ic e
i rindas.
La otra habita en las chozas o se re fu g ia en los cu ar
to s m alsanos de los barrios extraviad as; en su mesa la
94 Hk b a stia n Kaurk
sopa, las patatas, el aguapié o el vino adulterado; un
mobiliario escaso; las paredes desnudas; el vestido pobre,
sucio, insuficiente; ni instrucción ni la ocasión de ad
quirirla; ella puebla los hospitales, los asilos para la no
che, los hospicios para ancianos, los depósitos de cadá
veres y los anfiteatros; tiene ante sus ojos y en su pro
pio hogar el desgarrador espectáculo de la miseria de
sus hijos que tiritan; llora ante el aparador vacío, abre
los portier« y suministra gente de librea.
A la primera clase le pertenecen las tierras, las casas,
las cosechas, los instrumentos de trabajo, los productos;
e la segunda nada. Cualquier hombre sensato, pero des
conocedor de nuestra civilización, a quien se le pregun
tase cuál de Jas clases a que me refiero es acreedora a
todas las ventajas, respondería sin la menor vacilación:
la que trabaja, la que lo /traduce todo. 4'Esos bienes só
lo pueden ser retribución legítima de su saber, de sus
esfuerzos y de sus fatigas".
El buen hombre se equivocaría de medio a medio, pues
todos sabemos que los que tienen cómoda morada, mesa
abundante y escogida, trajes elegantes, coches y criados,
viven de renta, dividendos, alquileres, y que todos esos
diezmos salen del trabajo de los que apenas tienen lo nece
sario, y a veces ni aun eso; todos saben que los que pue
blan las quintas de recreo y llenan los salones, no son
los que llenan las fábricas y los almacenes, cultivan la
tierra o remueven el subsuelo. En vano los príncipes de
la economía política, para justificar tan extraordinario
estado de cosas, afirmarán que la holganza dorada de
hoy es el resultado de la actividad pasada, la cristaliza
ción del trabajo de ayer. A nadie convencerá este len
guaje, ni aun a los mismos que lo emplean, y nadie en
Francia que conozca un poco la historia de su país, igno
ra que la riqueza, monopolizada por el clero y la noble
za en la antigua y la edad media, 110 tiene otro origen
que la captación, el robo, la rapiña, la violencia; que du
rante el período revolucionario de hace cien años, fué
acaparada por la clase media, despojando a nobles y cu
ras; que desde un siglo acá no ha salido más que de la ex
E i, D o l o r U n i v e r s a l Of»
plotación dei hombre por el hombre, modo de la produc
ción capitalista. E l gran arte de nosotros para alcan
zar la riqueza, 110 consiste en trabajar uno mismo, sino
hacer que los demás trabajen para uno.
El capital, bajo todas sus formas, es trabajo ahorra
do, economizado, transform ado... Sí, pero trabajo aje
no. Los que edifican el palacio 110 son las que luego lo
habitan; los que tejen, cortan y cosen los vestidos de
baile no son los que lo llevan ; los productos de las minas
110 enriquecen a los mineros; los dividendos de las com
pañías de fcrrovarriles no van a manos de los que.
construyen la vía, dirigen la máquina, guardan las agu
jas o cargan los tardos. Las argucias más especiosas;
los sútilos argumentos no prevalecen contra la brutali
dad de los hechos. Con sólo abrir lo ojos los trabajado
res pueden ver albañiles sin albergue, sastres sin ropa,
labradores sin pan; que la clase pobre lo produce todo
y nada posee, mientras que la clase rica derrocha, acapa
ra, se sacia y nada produce.
De modo que el proletario sigue trabajando a causa
*1*' que, por dura e ingrata que sea la faena, le impide
morirse de hambre; pero ¿hay que extrañarse de que
envidie la suerte de los ociosos, que piense que son bien
dichosos los que pueden, sin trabajar, disfrutar todos los
bienes y todas las dulzuras? ¿hay que extrañarse de que
lome horror al trabajo y aspire a esquivarlo por todos
los medios? No, no es extraño; lo contrario sí que sería
verdaderamente prodigioso.
La consecuencia de tal situación incohefente .s que,
no necesitando los ricos aplicarse al trabajo, 110 han cui
dado de aficionarse a él; y que los pobres, pensando en
los tristes resultados que les produce, sólo obligados y
.1 despecho a él se someten. Si ai menos el trabajo fue-
si; atractivo por sí mismo, acaso se tuvieran menos en
cuenta sus resultados. Pero 110 lo es en manera algu
na. Tiene el proletario que trabajar largas horas todos
los días, bajo la mirada de un vigilante severo, al la
do de compañeros que con frecuencia 110 le son simpáti
cos, hacer hoy lo mismo que ayer hizo y hará mañana,
y ti .Seka .s t i An F aukk
y no perder un ¡tislanti* siquiera para sacar cu el d ía
el jo rn a l tic costum bre.
Bien sé que los que viven de sus ren ta s no se ca n sa n
de g lo r ific a r el tra b a jo , que los buenos lib ros lo c e le
bran a p o rfía , que el arte lo d eifica , que el teatro hace
del tra b a ja d o r el personaje .simpático, que la n ovela lo.
colm a de honores, recom pensas y éxito s. P ero la v id a
da un m entís d ia rio form id ab le ;i esos triu n fo s f ic t i
cios. a esos m entidos hom enajes, a esas o va cio n es hi
p ó critas.
101 saludo reverente de los unos, la a ctitu d respetuo
sa de los otros. I:i sencilla adm iración de éstos, la sonrisa
insinuante de aquéllos, p ru eb an bn llan U mente que a la
p ereza ele g a n te se la ve con m ejo res o jo s que al t r a
b ajo . A sí, pues, riqu eza, p la c e r, co n sid eració n , he aquí
el lote de la clase o cio sa : p o b reza, p en a, fa t ig a , p e li
gro. desprecio, lal es el de la clase p ro d u ctiva . L a pe
reza es com o co rtesan a (pie so n ríe a sus fa v o r ito s y les.
p ro d ig a sus m ira d a s se d u c to ra s ; el t r a b a jo es u n a f u
ria h o rrib le que sólo da m uecas h o rrib les p o r so n risa s
a cru eles m ordiscos p o r besos. T rá ta s e de h u ir de és
ta y do se g u ir a aq u ella.
¿N o tien e mil veces razó n el hom bre de 1895?
(2 ) El individuo es egoísta
101 p en sar en sí. no debe ser co n sid e ra d o com o v ic io .
La p e rce p ció n de n u estra existen cia y el in stin to de
co n servació n nos o b lig a n im p eriosam en te a e llo : así es
que, al a cu sar do egoísm o al in d ivid u o, no se tra ta do
im p u tarle com o un crim en el p en sa r en sí m ism o, p r e
o cu p arse de sus in tereses prop ios, sino que se le re p ru e
ba el no ten e r un pen sam ien to p a ra los dem ás y el s a
c r if ic a r sin escrú p u lo a sus in tereses y su g u sto al b ien
e sta r de sus sem ejan tes.
H ablo, pues, a q u í y lo rep ito p a ra que n a d ie se eq u i
voque. de esa ten d en cia vil que lle v a a este ser que Ja
filo so fía llam a el anim al pensante, a re fe rirlo todo a sí, a
no in sp ira rse m ás que en su u n id ad p erso n al, siquiera.
E i, D o l o r U n iv k r .s u . 97
h a ya de alzarse sobre heridos para subir, para vivir,
causar muertes, para reir, provocar lágrimas, para go
zar imponer dolores.
E n todas partes se encuentra alguna vez a este ser
feroz, a esta bestia m aléfica, y es preciso confesar que,
por el contrario, es d ifícil hallar un individuo dispuesto
a comprar con sus penas las alegrías de sus somcjiwi
íes. Apliquem os nuestro método a este orden de hechos.
La sociedad entera descansa sobre el antagonismo de
intereses. J31 interés del gobernante os contrario al del
gobernado, el interés del patrón es opuesto al del obre
ro, el interés del que vende es contradictorio al del
comprador. E xiste aquí un dualismo constante entre
el bien del rico y el bien del pobre. V no es esto todo,
hay un conflicto perpetuo entre gobernante y gober
nante, patrono y patrono, obrero y obrero, vendedor y
vendedor, pobre y pobre; y para resumir, h ay aquí
guerra sin cuartel, no sólo de clase a clase, de catego
ría ji categoría, ele grupo a grupo, de fam ilia a fa m i
lia, sino además de individuo a individuo, dentro del
mismo grupo, de la misma categoría, de la misma cla
se. Los directores celosos de su poder los defienden de
las usurpaciones de los dirigidos, bajo el impulso de
ineludibles necesidades de la concurrencia; los patro
nos procuran reducir el salario de los obreros que lu
chan por su aum ento; el vendedor ataca a la ca ja o ei
bolsillo del comprador que, naturalmente, se resiste; el
rico quiere acrecentar más y más su riqueza, y se es
fuerza (‘1 pobre por salir de la in d igen cia : ‘ dispútause
entre sí los gobernantes el poder, los patronos pelean
a golpes de rebaja en los precios de coste de sus pro
ductor, respectivos, los vendedores se arrebatan la clien
tela. los ricos rivalizan por llega)' a la aristocracia del
dinero, mientras los pobres obreros riñen a las puertas
de los talleres por alcanzar trabajo, intrigan contra
los que lian tenido la suerte do lograrlo, a fin de subs
tituirlos. y. en caso necesario, eonviértense en delato
res d»* s u s compañeros para congraciarse con el patrón
y sjienr una plaza de capataz. En todas partes lucha
7
08 S ííb a .s t iA n 1 ’ a u r k
bestial, sangrienta, atroz, por un bocado de pan como
por una embajada, por una plaza de guardia de cam
po como por un gobierno civil, por la dote de una mu
chacha como por la conquista de una herencia, por un
buen puesto en el mercado como por una expropiación
ventajosa.
Cada cual se siente solo, muy solo contra todos, y
sabe que si no aguza los dientes ni afila las garras,
sus implacables enemigos lo devorarán. Ya no es sola
mente “ el hombre convertido en un lobo ¡jara el hom
bre” , el famoso “ homo homini lupws” de ílobbes, pues
que “ lobo a Jobo no se m uerden ” , es el tigre sediento de
sangre que sólo piensa en alimentarse con la carne de su
víctima, sea lo que fuere.
¿ Que esto es horrible, monstruoso ? No lo discuto, y to
da protesta de indignación contra canibalismo semejante,
contra tan inconcebible antropofagia encontrará eco en
mi corazón, en mis labios, en mi pluma. Pero no se tra
ta aquí de indignarse, y conviene sólo preguntar si n<»
es fatal que en el seno de tan formidable conflicto de
fuerzas antagónicas, sea el individuo como le vemos; fe
rozmente egoísta, rudamente personal.
Más que la necesidad de defenderse, siente el impul
so de tomar la ofensiva. Si mira alrededor, verá que en
todas partes triunfa el egoísmo; que quien más empuja
con las codas es el que se sienta mejor; que de los patronos
los que más pronto y con más seguridad alcanzan la ri
queza, son los que con más dureza tratan a sus jornale
ros; que el personaje más respetado es el que mejor sa
lle hacerse temer, que el amo mejor servido es el que dis
pensa menos; que, en fin, los que han llegado son los qu<*
jamás se han detenido a levantar al compañero que des
fallece o cae, los que mejor supieron salir adelante a fuer
za de audacia, precipitando a la fosa a los vacilantes que
estorbaban la velocidad de su carrera. Y verá también
que los escrupulosos, los buenas, los compasivos, los ser
viciales, los que piensan en los demás antes que en sí
mismas han tenido por pago la más negra ingratitud,
E i. D olor U.v iv k bsa k 99
han sido rechazados por aquellos a quienes han, favo
recido, calumniados por los intrigantes, pisoteados por
Ion ambiciosas.
Y con el recelo de que 110 se llega al conocimiento de
falos monstruosidades sino por experiencia personal ad
quirida a costa del reposo, de la fortuna, del porvenir,
de la felicidad propia, los padres enseñan al hijo, niño
iCm, a no tener en cuenta más que lo que sirve, a poner
se en guardia contra las seducciones de la imaginación,
las generosidades de su corazón adolescente; arrancan
del alma joven todas las lozanas vegetaciones del altruis
mo, de la solidaridad, para no dejar allí más que las ma
las hierbas del personalismo a todo trance, hierbas que
brotarán con tanto más vigor cuanto que el terreno esta
rá completamente abonado. Así, pues, educación, circuns-
tancias, resultados, todo, absolutamente todo concurre a
hacer del individuo un egoísta; y esperar que nuestro me
dio social produzca un ser altruista y solidario, sería una
insensatez.
(3 ) El individuo es violento
I«as consideraciones que acabo de exponer respecto al
egoísmo bastarían para explicar — 110 vacilo en decirlo
— y para justificar la violencia del hombre en nuestra
/■poca.
Puesto en la necesidad de defenderse y hasta de atacar,
nada más natural que se procure un arsenal, limpie
m i s armas y se sirva de ellas. ¿No forma parte, además,
de una sociedad basada en la fuerza? ¿ Y el orden —
eso que P. J. Proudhon llamó el orden — es otra cosa
que la violencia organizada? En vano los acólitos de la
autoridad nos dicen que la fuerza ha cedido el puesto al
derecho; los tribunales y las prisiones, los gendarmes, los
policías y los soldados, muestran a las claras que el dere-
eho 110 es más que la fuerza disfrazada de sofisma, y que
1 oalquiora, por justa que sea su causa, que tenga el va
lor de sublevarse contra la ley, ha de ver dirigirse contra
100 8 Kr»j\h>TjÁN F a ü i í k
su pecho los fusiles de la fuerza armada. Es el nuevo
método de persuasión resellada a nuestra época, pero du
do que pueda hallarse gente que sepa apreciar sus bon
dades y admirar sus ventajas. Do suerte que hoy, como
en tiempos del fabulista, ‘ ’ La raison du plus fort est EN-
('O R E la m cillcurc” .
Arisco, disputador, áspero, reñidor, violento; ¿y cómo
no luí de serlo aquel cuya existencia 110 es más que un
calvario doloroso, ese comerciante presa de las angus
tias del vencimiento, ese dependiente obligado a aguan
tar el mal humor de sus jefes, ese obrero forzado a sufrir
las exigencias del patrono y las reclamaciones del case
ro, ese sin trabajo, llamando en vano a las puertas de to
dos los talleres? ¿ Y todos los desgraciados, los desban
cados, los vencidos, los triturados, los frutos secos, pue
den acaso ser buenos, dulces, acomodaticios, ellos que en
la lotería de la existencia nunca han logrado tener un nú
mero bueno; ellos, de los que se pierde la cuenta de las
decepciones y deberes; ellos, (pie gastada la vida retuór-
cense las manos con desesperación porque ya no es tiem
po de volverla a empezar; ellos, que no excitan la menor
conmiseración a los antiguos compañeros que han pros
perado? Sus corazones están llenos de odio, de resenti
miento, y sus bocas prontas al insulto, a la grosería.
¡Oh mujeres consagradas a esos desventurados, sed
indulgentes con vuestros maridos, y comprended (pie si
a veces os maltratan, mucho más que su mal carácter
o su violenta naturaleza, tienen la culpa las humillacio
nes que les obligan a aceptar en silencio por el afecto que
os tienen y el recuerdo de los angelitos de quienes son el
único sostén !
Preciso es también considerar que las luchas soste
nidas con la naturaleza por nuestros antepasados, así
como el estado de guerra incesante en que vivieron, han
dejado en nuestra sangre un atavismo, que lejos de ser
sofocado por el medio social, por él se desarrolla. El na
cionalismo arma las pueblas unos contra otros y 110 con
tribuye poco el militarismo a favorecer en nosotras el des
Kl. I>0LOK ü NIVKKSAX. 101
arrollo de los instintos hereditarios de acometividad y
salvajismo.
La bondad, en fin, se toma casi siempre por debili
dad y hasta por estupidez. Ser demasiado bueno— ¡como
si fuera posible serlo demasiado!— es sinónimo de ser de
masiado tonto, en tanto que la ferocidad pasa corrien
temente por energía, y el hombre violento y duro toma
sin trabajo la carta de la virilidad.
¿No se necesitaría un milagro para que en tierra pe
dregosa se abriera esa flor tan delicada y fragante, la
más bella acaso de todas, la mansedumbre?
(4 ) E l individuo es embustero
¿ Conocéis un placer mayor que el dejar a la boca decir
lo que rebosa del corazón— ex abundantia coráisf — ¿Sa
béis de un goce más dulce que el de expresar sin rodeos
los sentimientos que se experimentan? ¿Existe un supli
cio más cruel que el de ponerse una máscara, desnatura
lizar sus emociones, conducir sus labios a mentir?
Por mí respondo sin vacilar: No, a esas diferentes pre
guntas y tengo la convicción de que pocas personas, en el
fondo, piensan de otra manera. Y, sin embargo, ¿dónde
están los que se muestran tal como son, los que hablan
francamente, los que son verdad ?
Todo el mundo miente o falsea alguna cosa. El elegido
falta a su programa, el magistrado a la justicia, el cura
a su misión, el niño miente a sus padres, el marido a su
mujer, el criado a sus amos; el comerciante falsea sus ba
lances, el industrial falsifica sus productos; todo se vuel
ve artería, engaño, doblez. La cortesía no es a menudo más
que un barniz halagüeño que disimula todas las hipocre
sías, la diplomacia, sólo es el arte de mentir hábilmente, y
en estos tiempos de democracia, la sociedad es únicamen
te una gigantesca antecámara adonde afluyen aparatosos
cortesanos y pretendientes melosos. Más aún, es como un
teatro colosal en cuyo escenario todo es ficción, fantas
magoría. i1lisióji; los personajes se agitan con trajes pres-
102 8 k b a s tj¿ n F a u b k
lados en actitudes estudiadas y falsas, con palabras con
vencionales en los labios, expresando fingidos sentimien
tos. Desgraciados de los Soint-Jean bouche d ’ or (San
Juan pico de oro) ; sus adversarios los persiguen, y sus
mismos amigos, desconfiando de su franqueza, que esti
man peligrosa, los tienen rigurosamente alejados.
Viejos vacíos, gastados, impotentes, acometidos do co
rrupción incurable, únense en nombre de una gazmoñe
ría miserable que disfrazan con la palabra virtud, para
predicar una moral contra la que se sublevan la natura
leza y la razón; esos pingajos, esas ruinas, cuya imagina
ción desvergonzada descubre en todas partes aparento u
oculto lo pornográfico, logran poner en movimiento el me
canismo judicial y piden a los magistrados que condenen
en nombre de la moral ultrajada, al arte y a la ciencia
Es de buen tono afectar sentimientos que no se tienen,
indignaciones que no se sienten, simpatías y ardores pn
ra los que el corazón esté cerrado, pudores que no rozan
siquiera la epidermis. Lo que hay en el hombre de más
mentiroso es la mujer. Oréese generalmente es por natu
raleza más callada, más astuta, más disimulada; os muy
posible, pues la herencia — uno de los factores que en
gendran al ser social — puede bien haber dejado en ellas
tendencias particulares al engaño, a la mentira. S ig lo s
há que su inferioridad social, las sujeciones que se le han
impuesto, los prejuicios y los sofismas con que ha sido
amamantada — y todo esto agravado por su debilidad fí
sica, — han tenido forzosamente que predisponerla espe
cialmente al artificio y al engaño. Desde muy pequeña
aprende lo que se debe decir y lo que conviene callar; lo
(pie es bueno enseñar y lo que conviene ocultar; muchacha,
es una flor que no tiene derecho a abrir sus pétalos sino
en ciertas condiciones y con el asentimiento de la familia;
se le enseña la coquetería, “ ese arte de las negativas pre
visoras y de las huidas que atraen” ; mujer, está dispues
ta para desempeñar su papel en la triste comedia de los
amores conyugales; preparada para representar el perso
naje que debe, lo hará como comedianta de raza.
K r, D o ;.< m U n iv k k s a Ií 103
Hay, sin embargo, uat«ralezas intrépidas y leales de
masiado amantes de la verdad y la franqueza para ple
garse a las exigencias de estrategia tan villana . En estos
caracteres tan bien templados, dicen los labios lo que el
cerebro p ien sa; sus disgustos, sus protestas, sus indigna
ciones salen de aquéllos como la revelación de sus aspira
ciones y su ideal.
Si son obreros, vénse arrojados «le la fábrica como ove
jas saniosas que pueden contagiar al rebaño; si comer
ciantes, pierden la clientela y el crédito; si funcionarios,
son destituidos; si escriben, rómpese su pluma; si hablan,
condénaseles al silencio de la prisión; sus mejores amigos
los juzgan comprometedores, sus parientes reniegan de
ellos, su propia fam ilia no les perdona el haber osado al
zar una voz vengadora enfrente de la mentira socialmen
te organizada y la multitud, feroz, los trata de malhecho
res; indulgente, los llama locos. T a tu ffe es rey; ¡él
t riu n fa !
Dittgid a vuestro auditorio las zalamerías más bajas,
las más viles adulaciones y os aclamará; decidle la ver
dad, lo será desagradable y se reirá de vosotros.
¡ Y Juego so asombran de que en el seno de la hipocre
sía universal el individuo sea embustero y engañador, as
tuto y artero, diplomático y habilidoso, diestro y disimu
lado!'
F in g ir sorpresa por esto es el colmo de la falsedad. T o
do lo g rita : “ Miente y engaña” . Y engaña y miente; su
interés se lo ordena, su educación le incita, su porvenir
depende de ello, el ejemplo es contagioso, la .corriente ge
neral le arrastra. Esto es lógico.
(5 ) E l individuo es codicioso
Conocí un joven de Levantado espíritu, abierto a las
ideas generosas; indignábanle las liviandades y las sober
bias, le exasperaban las iniquidades; en cambio todo lo
que llevaba el sello de lo bueno, de lo bello y lo verda
dero tenía el don de emocionarle fuertemente, de cautivar
104 H b t ia s t iX íí i*1W K K
le. Habiendo contado sin duda, la familia con sus futuros
éxitos en la sociedad, no cesaba de reprocharle con fra
ses amarga« el seguir un mal camino, mas guardó en ol
vido las reprensiones que el padre, hombre de edad y de
experiencia, resumía invariablemente en estas palabras:
“ Es, hijo mío, muy bonito el combatir por la justicia y
la verdad; muy hernioso el consagrarse a procurar la fe
licidad de sus semejantes; pero, en fin, hijo, ¿eso qué
producc?” . Y como el joven apóstol no podía seguramen
te contestar a su padre que aquello producía millones, el
papá, creyendo haber vencido, exclamaba: “ Ya ves tú
que Itaces, mal y no tienes que mezclarte más en esos
asuntos’ \
En nuestros tiempos de mercantilismo, esta verídica his
toria puede aplicarse a t odo, porque todo se aprecia en *
proporción a lo que eso produce.
Y se concibe; el oro es la llave que abre todas las piier
tas, el talismán que confiere los poderes todos, da todos
los ascendientes, confirma todas las superioridades* con
sagra todas las usurpaciones, triunfa de todas lasy resis
tencias.
Es lo que sirve para medir los actos y las intenciones;
es la unidad de valor a la que se refieren todas las (cosas.
Así no es de extrañar que el alma humana esté saturada
de avaricia y que de ello se resientan las relaciones socia
les. Todo es objeto de tráfico: el sufragio del elector, el
voto del mandatario, los sacramentos y las ceremonias
del culto, la asistencia de los ministros, la influencia de
los ricos, la protección de los poderosos, el descubrimiento
del investigador, la hermosura de la mujer, la virginidad
de la inocente.
El mundo es un bazar inmenso en que cada objeto cla
sificado, numerado, colocado en su sitio se ofrece a cual
quiera que pueda pagar su precio. E l que con la cartera
repleta recorre ese vasto bazar, puede realizar todos los
antojos, satisfacer todos los caprichos.
Ved a esc especulador riquísimo que se sienta entre
nuestros legisladores: tiene secretarios que preparan sus
104 H b t ia s t iX íí i*1W K K
le. Habiendo contado sin duda, la familia con sus futuros
éxitos en la sociedad, no cesaba de reprocharle eon fra
ses amarga« el seguir un mal camino, mas guardó en ol
vido las reprensiones que el padre, hombre de edad y de
experiencia, resumía invariablemente en estas palabras:
“ Es, hijo mío, muy bonito el combatir por la justicia y
la verdad; muy hermoso el consagrarse a procurar la fe
licidad de sus semejantes; pero, en fin, hijo, ¿eso qué
producc?” . Y como el joven apóstol no podía seguramen
te contestar a su padre que aquello producía millones, el
papá, creyendo haber vencido, exclamaba: “ Ya ves tú
que haces, mal y no tienes que mezclarte más en esos
asuntos’ \
En nuestros tiempos de mercantilismo, esta verídica his
toria puede aplicarse a t odo, porque todo se aprecia en *
proporción a lo que eso produce.
Y se concibo; el oro es la llave que abre todas las piier
tas, el talismán que confiere los poderes todos, da todos
los ascendientes, confirma todas las superioridades* con
sagra todas las usurpaciones, triunfa de todas las/resis
tencias.
Es lo que sirve para medir los actos y las intenciones;
es la unidad de valor a la que se refieren todas las (cosas.
Así no es de extrañar que el alma humana esté saturada
de avaricia y que de ello se resientan las relaciones socia
les. Todo es objeto de tráfico: el sufragio del elector, el
voto del mandatario, los sacramentos y las ceremonias
del culto, la asistencia de los ministros, la influencia de
los ricos, la protección de los poderosos, el descubrimiento
del investigador, la hermosura de la mujer, la virginidad
de la inocente.
El mundo es un bazar inmenso en que cada objeto cla
sificado, numerado, colocado en su sitio se ofrece a cual
quiera que pueda pagar su precio. E l que con la cartera
repleta recorre ese vasto bazar, puede realizar todos los
antojos, satisfacer todos los caprichos.
Ved a esc especulador riquísimo que se sienta entre
nuestros legisladores: tiene secretarios que preparan sus
106 S k ba k tiA n F auhk
de sus ojos, por estrechar su nmno o rozar su carne vo
luptuosa.
*‘ ¡ Enriqueceos, enriqueceos, hijos míos, honradamente
si podéis, pero por todos los medios!” tal es el cínico con
sejo que resuena en los cuatro puntos del horizonte so
cial. Cada cual se lanza atrevido al botín, ávido de po
seer, dispuesto a todo por adquirir el oro.
El oro lo mancha todo, marchita la conciencia, el cora
zón y el cerebro, mancha las relaciones más puras, envile
ce las acciones más bellas, deprime las inteligencias m á s
brillantes, degrada a las personas más dignas. V, no
obstante, por la conquista de esa fascinación amarillenta
el individuo sacrifica sus amores y sus odios, sus esperan
zas y sus alegrías, porque el oro lleva a los honores, por
que compra casas y conciencias, porque fascina a las her
mosas, porque domina a las multitudes, porque da inteli
gencia, honor, estimación, reputación.
Por tales consideraciones, la sed de oro se explica, se
concibo, sin necesidad de acusar a la humana naturaleza.
(6 ) E l individuo es dominante
líe dicho, a apropósito do la pereza, que la hay de dos
clases; la que trabaja y la que 110 produce. Los de la pri
mera son los que ocupan los primeros puestos y los me
jores cargos en todos los ramos de la actividad social. En
el orden político son los que gobiernan: ministros, sena
dores, diputados, gobernadores, altos funcionarios al fren
te de los principales servicios, colocados a la cabeza de las
administraciones públicas; en el orden económico, son los
privilegiados de la fortuna los capitalistas, los propieta
rias, los patronos. El innumerable ejército de los segun
dos abarca a todos los otros ciudadanos escalonados en
las gradas del anfiteatro social, recibiendo cada grada las
órdenes de la superior, y dándoselas a la inferior; de tal
suerte, que cuanto más alto se está colocado, menos leyes
hay (pie sufrir y más que imponer. Y además, que cuanto
más elevado se está, mejor se reciben los rayos del que
E l D om jr U n iv e r s a l 107
dispensa el calor y la luz, mientras qne los que están co
locados muy bajo solo reciben la que los de arriba han
dejado pasar. Este hermoso estado de cosas es lo que lla
man jerarquía.
En tiempos pasados, cuando decidía el nacimiento el si
tio que debía ocuparse toda la vida y existía una barrera
¡nfraqueablo entre las diversas castas de la jerarquía;
cuando nada podía hacer bajar a los unos y subir a los
otros, la competencia era mucho menos ardiente; pero hoy
que todo soldado lleva en la mochila el bastón de. capitán
(jeneral, que cualquier campesino puede llegar a señor, a
patrono cualquier obrero; que todo ciudadano puede ocu
par la magistratura suprema de la República, una sed in
creíble de dominio devora nuestras generaciones. ¿Hay
que asombrarse de ello? Seguramente que 110. Mandar es,
110 sólo seguir los impulsos de su propia voluntad, sino
imponer a los demás que los cumplan; obedecer es, 110 só
lo renunciar a hacer lo que se quiere, sino consentir en
ejecutar lo que se repugna. E l individuo que ordena, cen
tuplica su energía al utilizar la de sus subordinados; el
que sufre una coacción se debilita, se condena a una es
pecie de suicidio moral. El uno es el amo, el otro el es-
elavo; el primero empuña el látigo, el segundo es fusti
gado con él. Pertenecen al uno todos los derechos, todas
las prerrogativas; incumben al otro todos los deberes, to
llas las cargas. Si surge un bien, para el amo es el bene
ficio y la gloria; mas si so efectúa una acción mala, la
responsabilidad y la infamia recaen en el inferior. Está
éste a merced de aquél, nada puede [Link] jefe, y el
superior puede todo contra él. Parece que en ese cam
po de feria que se llama sociedad, alzase el mástil enorme
de una cucaña en lo alto, del cual está colgada la felici
dad como premio. A su alrededor se aglomeran los grupos
humanos; desgraciados los que están debajo; sus espal
das acardenaladas tienen que soportar el peso de los que
están encima; desgraciadados también los que se agarran
sólidamente; se pasa sobre sus cuerpos, se monta sobre
sus cabezas, se les precipita en el espacio, y la multitud.
108 s k b a k t i An F ackk
aullando al ver la caída, lanza exclamaciones tanto máa
furtos cuanto mayor sea el porrazo. ¡S v c h is Ufe,! ¡Tal
es la v id a !
Cuando como observador imparcial y sin preguntarse
si está bien o mal, si es o no necesario que tal ocurra, se
comprenden todas las ventajas anejas al mando y los in
convenientes do la obediencia; cuando se compara la con
dición de los humildes con la suerte de los poderosos; cuan
do, en fin, se mira esa invencible obstinación con que el
individuo persigue la felicidad y huye del sufrimiento,
explícase uno sin dificultad el encarnizamiento con que
procura elevarse sobre sus semejantes para 110 tener a que
inclinarse hacia ellos, a fin de poseer el derecho y la fuer
za de hacer que las cabezas se inclinen ante sus manda
tos.
Naturaleza humana; mira aquí otro crimen con el que
quisieran hacer cargar, pero no lo lograrán. Ahora se sa
be que el culpable está en otra parte. Tranquilízate: será
habido.
0 .— Conclusión
E l Ber s o c ia l es e l p ro d u c to d e loa tro s fa c to r e s s ig u ie n te s : h e
ren cia , ed u cación , m edio. — S i ea m alo, e s que tie n e in te
rós en s e r lo . — C ita s n u m ero sa s en a p o y o d e e s ta o p in ió n .
— I n u t ilid a d do la rep resió n y d e la s p r e d ic a c io n e s m o r a
l i s t a s . — A fir m a c ió n tr a n q u iliz a d o r a p a r a e l p o r v e n ir .
Se me hará esta justicia; que lejos de esforzarme a ne
gar las miserias morales que abruman a la humanidad,
ta l vez he pecado por exceso contrario. Algunos me halla
rán muy severo, yo les contestaré con el poeta:
“ S o u v en t la p cu r d ’ u n m al nuus je t te dons un p ir e .9'
Temía que se me tratara de P a n g lo sista interesado, y
que se pensase que, dispuesto a declarar inocente al indi
viduo, tenía empeño en 110 mostrarlo tal cual es. Si con
este temor me he corrido un poco en la exageración, me
alegro, porque mis argumentos no pueden menos de ga
nar con ello en vigor. Si he mojado la pluma en tinta muy
negra para delinear el ser humano con todos sus defectos,
E l. [Link] UNrVKUS-M. lu ^
sus vicios, sus bajezas, sus infamias, sus crímenes, y si,
110 obstante, he conseguido sentar que es perezoso, egoísta,
violento, embustero, avaro, dominante, es que todo se ex
plica sin que haya que tener en cuenta sus naturales in
clinaciones; si he probado además, como me alabo de ha
berlo hecho, que todo concurre a impulsarlo por el cami
no do los vicios, y nada, por el contrario, le incita a las
virtudes opuestas, «110 habré demostrado sobradamente
que el hombre, como todo lo demás en la Naturaleza, se
adapta perfectamente al medio, que es producto de éste
en el orden moral como en el tísico, que ha tenido nece
sariamente que sufrir a través de las edades todas las mo
dificaciones que llevan en sí la evolución; que se confor
mará necesariamente también en el porvenir a las condi
ciones que puedan resultar de una nueva fase de la evo
lución eterna?
Deduzco, pues: líl individuo social es, y sólo puede ser,
lo que le hacen la herencia, la educación y el medio. Se
ría perder el tiempo querer luchar contra este hecho. En
un medio antagónico, violento, falso, jerárquico, es fatal
que el ser sea egoísta batallador, hipócrita, dominante.
Contra esta fatalidad nada podrán consejos, adverten
cias y castigos: “ Todos los sistemas de penalidad, dice
15. de Giraldin, y todos los suplicios que han sido imagi
nados. ¿Para qué han servido, si no es para demost rar su
impotencia;
No hay, tal vez, uno siquiera de los grandes talentos
que se han ocupado de la cuestión, que no decida en idén
tico sentido. Platón dice que *‘ los crímenes son produci
dos por la falta de cultura, por la mala educación y pol
la mala organización del E stad o ." Se lee en la célebre
l ’ lo p ie t del ilustre Tomás Moro: “ La justicia en Inglate
rra y en otros muchos países se parece a esos malos maes
tros que pegan a los escolares en lugar de instruirlos,
lineéis sufrir a los ladrones tormentos horribles; ¿no val-
di h más asegurar la existencia de todos los miembros de
la sociedad, para que nadie se encontrase en la necesidad
<li iobnr primero y ser castigado después? Abandonáis
110 S e b a st iá n F autwc
millones de niños a los «.«tragos de una educación viciosa
c inmoral. ¿Qué hacéis, por tanto? Ladrones y asesinos
para tener el gusto de ahorcarlos. ’ ’
En su magnífico System e d e la N a tu re (capítulo 1 1 ),
Helvecio declara que ‘ ‘ si vemos tantos crímenes en la tie
rra, es porque todo conspira a volver a los hombres v i
ciosos y criminales; sus religiones, su educación, sus go
biernos los empujan irremisiblemente al mal. La moral,
por tanto, predica en vano la v ir tu d ."
Moreli se expresa así: “ He descubierto que todos los
tiempos, nuestros sabios, al pretender curar una depla
vación que desacertadamente han creído gaje fatal de la
condición humana, tomaron precisamente el veneno por el
remedio. Nunca han pensado en que su moral podía ser
causa de la corrupción; las leyes humanas parecen dema
siado augustas para ser nocivas, y han preferido acusar
a. la Naturaleza. V uestra educación corruptora, vuestra
triste moral, son las que han hecho el mal de que acusáis
a la- N aturaleza."
E l mismo Juan Bautista S ay ha dejado a su pluma es
tampar la confesión siguiente: “ .Si queréis un pueblo vir
tuoso, dadle bienestar y siempre bienestar, pues será per
petuamente inútil que os sofoquéis predicándole la mo
ral si 110 sabéis hacer útil la virtud y que resulte perjudi
cial el vicio.”
**Cenicienta verdadera , dice »John Scherr, mal vestida,
mal alimentada, haciendo las faenas más penosas de la
casa de la humanidad, mientras que la falsedad y el error
convictos, de tet'ciopclo y seda, llenos de bordadas y pe
drería, se ven halagados, rodeados de homenajes. Así es
que todo el mundo miente.”
El conde Cavour. que debía saber algo dt* esto, afirmabaf
que “ los poderosos y los ricas están desprovistos de una
mitad de las ideas y sentimientos del género humano.”
E l ilustre autor do F u e r za y M a teria declara que “ la
falta de inteligencia, la pobreza y carencia de edueaeión,
son los tres grandes factores de las crímenes’
K i. D o t.o i; IJ.v iv k u .s m . 111
Barni no teme llamar a la ignorancia “ la causa prin
cipal de los vicios que perturban la sociedad.
E l famoso explorador D avid Livingstone estima que
“ el hambre es una influencia poderosa sobre el carácter;
que las niños, los salvajes y en ciertas condiciones los pue
blos que blasonan de civilizados, ofrecen ciertos ejemplos
de ello, y que el hambre es el origen de m ultitud de vio
lencias.”
“ E l medio más seguro para impedir la perpetración
del asesinato y el robo, afirm a D e Greef, es suprim ir an
te todo la miseria; la pobreza es mueho más destructora
del orden, de la fam ilia, de la sociedad, que las ideas con
denadas subversivas.
Marc. G uyau opina que “ lo que desmoraliza los pueblos,
más que el decaimiento de la religión, es el lu jo y la p e
reza de los unos, la miseria irritada de las otros.”
E l economista Molinari da al crimen un aliciente origi
nal: ‘ ‘ Un asesino de profesión, dice, corre menos riesgo
de morir que un minero. U n a Compañía de seguros para
asesinos y obreros mineros, podría pedir a las primeros
una prima inferior a la que tuviera que exigir de los se
gundos. * ’
¿No habría motivo para exclamar con A ureliano Scholl:
“ la sociedad fabrica criminales para probar su utilidad
castigándoles V ’ ¿ Y 110 se podría con ju sticia d efin ir la
sociedad como el fundador de la F ilo so fía - d e l P o r v e n ir :
“ lina inmensa máquina de fabricar p illo s?”
*
sj» :¡e
Id, sacerdotes, legisladores, moralistas; hacer oir vues
tra voz; predicar el trabajo, el amor al prójimo, el culto
•!*• la verdad, el desinterés, la benevolencia, el espíritu
<!«• mansedumbre y resignación. H a y un verbo que cubri
rá, el vuestro; el que sale de las cosas y proclama el triun
fo de la pereza, de la mentira, de la codicia, del egoísmo.
Exponer a un hombre sudando a una corriente de aire
v implicarle que no se constipara, sería ridículo; condenar
n un hombre a beber trago a trago dos litros de vino y
112 S*:nA 8 T l ¿ K F a i ‘ RK
ordenarle que no se emborrachara, sería, absurdo; querer
<iue un cerezo en nuestro clima dé frutos en Diciembre,
pretender endulzar con sal un manjar, plantar un rosal
(*n la nieve, esperar que no envenene la cicuta, que el fue
go no queme, que el sol no alumbre, todo esto sería grotes
co e insensato. Pues bien, moralistas; no sois menos gru
tescos o insensatos cuando obsesionáis al género humano
con vuestras homilías sobre la vortud, cuando suplicáis
a los hombres que sean dulces y compasivos, cuando los
exhortáis a que no manchen sus labios con la mentira,
cuando los invitáis al trabajo penoso, humillante, arries
gado; cuando les mosteáis los beneficios de la sumisión,
de la gratitud, de la abnegación.
Y también sois un absurda todos vosotros, legisladores
y magistrados, cuando, para apartar al individuo de los
crímenes que perseguís, agitáis ante sus ojos el espectro
do vuestros tribunales, vuestras prisiones y vuestros patí
bulos. Pero hay otra cosa que me causa más estupefacción
que la actitud y el lenguaje de legisladores, magistrados
y curas — que después de todo no hacen más que repre
sentar en la comedia humana sus odiosos papeles, — y es
que, a posar del atavismo, de la educación, y de los he
chos para ahogar todas las predisposiciones generosas,
hállanse — más de lo que se piensa, — corazones puros,
rectas conciencias, naturalezas elevadas, que por el bien
y la justicia arrostran valientemente la pobreza; que osan
a la faz de los amos pregonar su cansancio, sus protestas,
su desprecio; que en el seno de la corrupción se preser
van de todo contacto impuro; que en medio de la prosti
tución general, rehúsan entregarse a ella; que se atreven
a decir en alta voz lo que los demás piensan por lo bajo;
que, remontando la corriente del servilismo que arrastra
;i nuestro siglo, no se dejan llevar por la contagiosa sim
pleza de las masas; que sabiendo, con Madame Stael, que
“ comprenderlo todo, es perdonarlo t o d o ” , tienen tanta
indulgencia para los demás, corno severidad pará sí mis
mos, y que cifran su gloria en decir con el autor de uno
¡noval siv obligación th sanción: ‘ ‘ Tengo dos manos, una.
lil, [)<U ,íilt U K tV K K .S A l. 113
pura estrechar la tic aquellos con quienes camino en la vi
da; otra para levantar a los que caen. A éstos hasta las
dos manos les tendeiía \ Tales protestas vivas contra la
depravación universal no son prueba innegable de las
magníficas aspiraciones, de las tendencias sublimes, que, a
pesar de todo, persisten en la humanidad? ¿No podrían
senil* de respuesta victoriosa a los que hallan p l a c e r en
calumniarla :
¡Qué poderosos deben ser e s o s impulsos al b i e n , cuando
así lian resistido a 1111 esfuerzo secular!
Por fin, que aquel todavía no se haya convencido, es
cuche la última palabra. Que consienta en penetrar en
sí mismo, en hacer memoria del pasado; que evoque los
recuerdos de sus veinte primaveras y que me diga si en
aquella época de su vida, cuando florecían sus ilusiones,
no rebosaba su joven corazón generosos enlusiasmos. ¿(,'uál
de nosotros no ha sentido a los veinte años la dulzura de
emocione# vivificantes, de alientos fecundos, de aspira
ciones desinteresadas, de espontáneos ardores, la alegría
infinita de cuanto, sin reflexión ni cálculo, ha latido con
más viveza de corazón y que la sangre circule más calien
te? Kl espectáculo de la iniquidad nos irrita; el ver una
desgracia nos entristece; el niño y el anciano nos intere
san por su debilidad; nuestro bolsillo está abierto para la
necesidad del amigo, como nuestro corazón a su confiden
cia y su expansión. Pero poco a poco, una a una, se mar
chitan las flores de nuestras ilusiones y entusiasmos; ad
vertimos que se ríen de nuestro quijotismo*' comprobamos
que e s a menudo peligroso decir lo que se piensa; que las
más de las veces la generosidad es pagada con la ingrati
tud; que no se puede hacer el propio negocio sin perju-
dedicar el de l o s otros; que la existencia es un combate te
rrible en que la victoria e s del más implacable, c insensi
blemente se cierran las puertas de nuestro corazón; no nos
?*>.lruña reírnos como de una tontería, o ruborizarnos co
mo por una falta de aquello que enriqueció la primavera
d» nuestra vida con las vivificantes plantas de lo Verda
dero y de lo lid io , y nos convertimos, sin desoíanlas por
l i l , [)<U,íilt [Link]. 113
pura estrechar la tic aquellos con quienes camino un la vi
da; otra para levantar a los que caen. A éstos hasta las
dos manos les leudaría \ Tales protestas vivas contra la
depravación universal ¿no s«»n prueba innegable d*' las
magníficas aspiraciones, de bis tendencias sublimes, que, a
pesar de todo, persisten en la humanidad? ¿No podrían
s e n ir de respuesta victoriosa a los que hallan placer en
calumniarla ?
¡Qué poderosos deben ser e s o s impulsos al b i e n , cuando
así hau resistido a 1111 esfuerzo secular!
Por fin, que aquel todavía no se haya convencido, es
cuche la última palabra. Que consienta en penetrar en
sí mismo, en hacer memoria del pasado; que evoque los
recuerdos de sus veinte primaveras y que me diga si en
aquella época de su vida, cuando florecían sus ilusiones,
no rebosaba su joven corazón generosos enl usiasmos. ¿ ( 'uál
de nosotros no ha sentido a los veinte años la dulzura de
emociones vivificantes, de alientos fecundos, de aspira
ciones desinteresadas, de espontáneos ardores, la alegría
infinita de cuanto, sin reflexión ni cálculo, ha latido con
más viveza de corazón y que la sangre circule más calien
te; Kl espectáculo de la iniquidad nos irrita; el ver una
desgracia nos entristece; el niño y el anciano nos intere
san por su debilidad; nuestro bolsillo está abierto para la
necesidad del amigo, como nuestro corazón a su confiden
cia y su expansión. Pero poco a poco, una a una, se mar
chitan las flores de nuestras ilusiones y entusiasmos; ad
vertimos que se ríen de nuestro quijotismo*' comprobamos
que es a menudo peligroso decir Jo que se piensa; qüe las
más de las veces la generosidad es pagada con la ingrati
tud; que no se puede hacer el propio negocio sin perju-
dedicar el de l o s otros; que la existencia es un combate te
rrible en que la victoria e s del más implacable, c insensi
blemente se cierran las puertas de nuestro corazón ; no nos
fylruña reírnos como de una tontería, o ruborizarnos co
mo por una falta de aquello que enriqueció la primavera
d» nuestra vida con las vivificantes plantas de lo Verda
dero y de lo Helio, y nos convertimos, sin desoíanlas por
111 S e b a s t iá n F acrk
ello, en estos animales fríos, calculadores, ferozmente
egoístas, profundamente depravados, que somos casi lo
dos.
Preténdese que existen algunas naturalezas radical
mente inclinadas al mal. No las conozco, pero no niego el
hecho; después de todo, es posible; hay muchos sordo
mudo«; /pero esto es una razón para asegurar que el no
hablar y el no oír está en la naturaleza del hombre? Ce
sen, pues, de repetirnos inútilmente que el individuo es
tá condenado a fatal perversidad y que de ahí emanan
sus desgracias todas. Sabemos ya que no hay nada de eso,
y (pie hay que* buscar en otra parte la causa de nuestros
males.
Se pensará acaso que me extendido con exceso en la
cuestión de saber si el hombre está, por su propia natu
raleza. condenado a incurable perversidad; pero lo que si
gue de esta obra probará que lie hecho bien en insistir eu
este punto delicado. Añado que me ha parecido indispen
sable tratar el asunto con toda la atención que merece:
l'\ por ser en sí mismo de los más importantes; 2V, porque
en otro tiempo era cosa segura, y aún en nuestros días es
tá generalmente admitido, que el hombre es malo; que este
es un hecho apenas discutido y sobre el cual los más au
daces se limitan a decir: ‘ ‘ sí, ciertamente que el hombre
es malo y vicioso, y hágase lo que se haga seguirá siendo
vicioso } malo; no obstante, con una educación cuidada,
un código de moral bien entendido y un sistema racional
de represión, puede disminuirse el número de sus vicio s";
39, porque, en fin. los sistemas sociales todos se han apro
vechado de esta pretendida fatal depravación humana pa
ra refrenar, reglamentar, comprimir y castigar, lo que jus
tifica y necesita un gobierno: leyes, tribunales, prisiones,
y, en una palabra, todo el aparato coercitivo y represivo.
Estudíese con cuidado y sin prejuicios el origen y la razón
de ser del sistema social de hoy, y veréis que se hallan en
esta afirmación, que he demostrado ser una calumnia inte
resada: “ E l hombre tiene tendencias innatas e invenci
bles al mal. Entregado a sí mismo, sin una autoridad que
Er. I>o i ,o r U n iv e r s a l 115
«•n freno sus pasiones y que en caso necesario castigue sus
desvarios, sería peor aún.
Si he conseguido probar que el individuo no es natu-
i.tímente bueno ni malo, sino susceptible de hacerse lo
uno o lo otro, puesto que es simplemente un producto, me
lisonjearé de haber desacreditado la idea de una autori
dad necesaria, base y principio de toda reglamentación
-oeial.