Universidad Politécnica De El Salvador
Facultad De Ingeniería y Arquitectura
Escuela De Arquitectura
Asignatura: Criterios de estructuras de concreto
Tema: Resumen
Estudiante: Jairo Vladimir Vasquez Toloza.
Carnet: VT201701
Sección: 01.
Tutora: Ing. Carlos Pastrana Palomo
Ciclo: 01 2019.
San Salvador, 05 de enero del 2019
1- Orígenes y evolución del cemento armado.
El hormigón armado ha sido uno de los materiales de construcción más empleados a lo largo de la
historia más reciente. Puentes, presas, túneles, edificios y otras muchas infraestructuras de todo el
mundo han empleado esta técnica por, entre otras muchas ventajas, su alta resistencia a las
vibraciones y a las altas temperaturas.
Las civilizaciones antiguas ya tuvieron la idea de juntar piedras usando un amalgamador. Así, hacia
el 2500 a.C., los egipcios ya emplearon un mortero de cal y yeso en la construcción de las
pirámides de Giza. Sin embargo, fueron los romanos los que emplearon el hormigón a gran escala
en obras como el Coliseo (en su cimiento y paredes internas) y el Panteón, construidos en los años
80 y 120 d.C. en Roma, o bien en el puente de Alcántara, en Hispania, del 104 al 106 d.C.
Tras la caída del Imperio Romano, el uso del hormigón decae hasta que, en la segunda mitad del
siglo XVIII se vuelve a emplear en Francia y en Inglaterra. Así, en 1758, el ingeniero John Smeaton
ideó un nuevo mortero al reconstruir el faro de Eddyston en la costa de Cornish. En esta obra se
empleó un mortero adicionando una puzolana a una caliza con una alta proporción de arcilla. Este
mortero se comportaba bien frente a la acción del agua del mar debido a la presencia de arcilla en
las cales, permitiendo incluso fraguar bajo el agua permaneciendo insoluble una vez endurecido.
Aunque Joseph Aspdin patentó en 1824 el cemento Portland, se considera al francés Vicat como
padre del cemento al proponer en 1817 un sistema de fabricación que se sigue utilizando
actualmente. Con todo, el cemento Portland actual se produce, desde el año 1845, con el sistema
de Isaac C. Jhonson. Este procedimiento se basa en altas temperaturas capaces de clinkerizar la
mezcla de arcilla y caliza.
Las nuevas dársenas en el puerto de Toulon (Francia), en 1748, constituyen la primera obra
moderna en la que se emplea el hormigón y que se encuentre documentada. Esta obra se ejecutó
mediante tongadas alternas de hormigón fabricado con puzolana y mampostería irregular. En
1845, Lambot empieza a fabricar en Francia objetos en los que combina el hormigón y el acero,
surgiendo de esta forma el primer hormigón armado.
Destaca la publicación, en 1861, del libro ‘Bétons Aglomérés appliqués à l’art de construire’, donde
François Coignet analiza la función del hormigón y del acero como partes integrantes del nuevo
material. Joseph Monier construye en 1875 el primer puente de hormigón armado del mundo en
Chazalet (Francia) con un vano de 16,5 m de luz, patentando el hormigón armado. En 1885, los
asociados Coignet y Monier, presentan en la Exposición Universal de París ejemplos de elementos
que podrían realizarse con hormigón como vigas, bóvedas, tubos, etc.
A finales del siglo XIX se comienza a utilizar el hormigón en países como Alemania y Estados
Unidos. Aunque las primeras aplicaciones del hormigón en Estados Unidos datan de 1875, fue a
partir de 1890 cuando su empleo alcanzó un impulso extraordinario. Eran unos años donde las
bases científicas del comportamiento del hormigón armado no estaban asentadas y, por tanto, las
aplicaciones estaban sujetas a patentes y sistemas de firmas comerciales. Así, a pesar de las
patentes de Monier sobre el hormigón armado, el desarrollo del nuevo material no despegó hasta
que empresarios alemanes como Freytag no compraron los derechos de explotación. Fue en 1885
cuando el ingeniero Gustaf Wayss, que acababa de asociarse a las empresas alemanas que poseían
los derechos de Monier, estableció los principios básicos del comportamiento del hormigón
armado.
Edmond Coignet y De Tedesco publicaron en 1884 el primer método de dimensionamiento
elástico de secciones de hormigón armado sometidas a flexión, mientras que el ingeniero Mathias
Koenen, director técnico de la empresa de Wayss y Freytag, publicó en 1886 el primer método
empírico de este tipo de secciones. La empresa de Wayss y Freytag construyó entre 1887 y 1899
trescientos veinte puentes distribuidos por toda Alemania y el Imperio austro-húngaro.
Las construcciones de Monier en Alemania supusieron un impulso potente en Francia, donde a
partir de 1890, empezó una auténtica revolución en la industria de este país. Jean Bordenave
patentó en 1886 un sistema de tuberías de hormigón armado (Sidéro-ciment) que se utilizaría por
primera vez en el abastecimiento de agua potable de Venecia. La primera patente realmente
significativa en el ámbito del hormigón la realizó F. Hennebique en 1892 en Francia y Bélgica. En
1902, Rabut define las leyes de deformación del hormigón armado y sus reglas de cálculo y
empleo. En 1904, De Tedesco publica el primer volumen completo sobre hormigón. La primera
tesis sobre hormigón estructural la presentó F. Dischinger en 1928, versando dicho trabajo sobre
láminas de hormigón para cubrir grandes espacios.
En España la técnica del hormigón armado también llegó a finales del siglo XIX, desarrollándose
simultáneamente con la industria del cemento Portland. Nuestro país se situó desde ese momento
en las primeras posiciones en el desarrollo internacional de la construcción con hormigón armado.
La fabricación de traviesas de ferrocarril por parte de Nicolau en 1891 y el proyecto y construcción
en 1893 del depósito de agua de Puigverd (Lleida) por parte del ingeniero Francesc Maciá, se
consideran las primeras aplicaciones de este material. En los primeros años del siglo XX, otros
ingenieros y arquitectos (Ribera, Zafra, Rebollo, Durán, Jalvo, Fernández Casado, Torroja, entre
otros) contribuyeron enormemente al desarrollo del hormigón armado en España. Por último, a
partir de 1910, se introduce la enseñanza del hormigón armado en la Escuela de Ingenieros de
Caminos de Madrid. No obstante, accidentes como el de la construcción del tercer depósito del
Canal de Isabel II hizo que estos inicios fueran complicados.