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El Deseo de Barbara

Bárbara desea tener a varios hombres a su disposición para satisfacer sus deseos, pero sus amigas no lo toman en serio. Ella viaja a otro país para trabajar con la Cruz Roja por dos meses para alejarse de problemas. Mientras sigue a militares, encuentra a un grupo de indígenas y toma fotografías de su cultura.

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El Deseo de Barbara

Bárbara desea tener a varios hombres a su disposición para satisfacer sus deseos, pero sus amigas no lo toman en serio. Ella viaja a otro país para trabajar con la Cruz Roja por dos meses para alejarse de problemas. Mientras sigue a militares, encuentra a un grupo de indígenas y toma fotografías de su cultura.

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El deseo de Bárbara D.H.

Araya

1
El deseo de Bárbara D.H. Araya

2
El deseo de Bárbara D.H. Araya

Serie Nuevo Eden


Libro Uno

El Deseo de Bárbara

D.H. Araya

3
El deseo de Bárbara D.H. Araya

2013
1ª edición

4
El deseo de Bárbara D.H. Araya

5
El deseo de Bárbara D.H. Araya

Serie nuevo Edén.


Libro uno
El deseo de Bárbara.

Cansada de ser la chica buena, la sensible, la dulce profesora, a


la que siempre terminaban usando y engañando, Bárbara Mills uso
su deseo de cumpleaños número 25 para cambiar su vida. Pero no
solo cambio su vida, sino su mundo y forma de pensar. Ahora
tiene que averiguar cómo regresar a su casa, como mantenerse
alejada de esos 5 hombres que ahora, al parecer, son sus
“esposos”, y sobre todo, debe intentar, no caer en esa dulce
tentación.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Contenido
Primera Parte. ................................................................................... 11

Capitulo 1 ...................................................................................... 12

Capitulo 2 ...................................................................................... 15

Capitulo 3 ...................................................................................... 19

Capitulo 4 ...................................................................................... 28

Capitulo 5 ...................................................................................... 31

Capitulo 6 ...................................................................................... 35

Capitulo 7 ...................................................................................... 41

Capitulo 8 ...................................................................................... 45

Segunda Parte ................................................................................... 52

Capitulo 1 ...................................................................................... 53

Capitulo 2 ...................................................................................... 60

Capitulo 3 ...................................................................................... 67

Capitulo 4 ...................................................................................... 75

Capitulo 5 ...................................................................................... 84

Capitulo 6 ...................................................................................... 96

7
El deseo de Bárbara D.H. Araya

Tercera parte ................................................................................... 107

Capítulo 1 .................................................................................... 108

Capitulo 2 .................................................................................... 113

Capítulo 3 .................................................................................... 116

Capitulo 4 .................................................................................... 127

Capitulo 5 .................................................................................... 138

Capitulo 6 .................................................................................... 147

Cuarta Parte .................................................................................... 152

Capítulo 1 .................................................................................... 153

Capítulo 2 .................................................................................... 158

Capítulo 3 .................................................................................... 163

Capítulo 4 .................................................................................... 168

Capítulo 5 .................................................................................... 173

Capítulo 6 .................................................................................... 180

Capítulo 7 .................................................................................... 187

Capítulo 8 .................................................................................... 192

Epilogo............................................................................................. 201

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

“La única forma de librarse de una


tentación es ceder a ella” Oscar Wilde
“La medida del amor es
amar sin medida” San Agustín
“Las pasiones destruyen mas
prejuicios que la filosofía” Denis Diderot

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Primera Parte.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capitulo 1

— Deseo…deseo—murmuro Bárbara Mills mientras observaba


el pequeño pastel y luego a sus tres amigas, Leslie, Jenna y Anaïs—
quiero tener a un grupo de hombres a mi disposición, quiero ser la
cosa más importante en su vida, y sobre todo—sonrió con
picardía—quiero que mis deseos sea lo único que les importe.
Las tres mujeres a su alrededor se miraron entre si unos
segundos en completo silencio hasta que soltaron una carcajada.
—Tú—dijo Leslie mientras llevaba una mano a su estómago—
una profesora de preescolar.
—La mujer más amable del mundo—dijo Jenna sin poder
respirar.
—La que siempre termina metiéndose con un hombre
retrograda y bastardo—concluyo Anaïs antes de limpiar una
lagrima de su ojo.
Suspiro.
Amaba a ese trio de locas, pero a veces se comportaban peor
que su madre, cuando estaba viva. Volvió a suspirar.
—Se les olvido la inteligente, hermosa, fuerte y sagaz.
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Sus amigas dejaron de reírse y se limpiaron las lágrimas de los


ojos.
—Amiga, si tú logras eso, llámame y te daré lo que quieras—
aseguró Jenna.
Anais y Leslie asintieron.
Jenna era dueña de una de las más grandes compañías de
modelos del mundo, incluso ahora ni siquiera era necesario que
fuera a trabajar y, a diferencia de sus empleadas, era la más baja del
grupo, con un cuerpo maduro y curvilíneo, su cabello era rojo y
largo y sus ojos de un profundo café. Anais era la chica lista del
grupo, de gafas y cabello castaño y desordenado, cuerpo delgado y
nariz pequeña, un genio de tomo y lomo, una ingeniera química.
Por último estaba Leslie, la bonita, alta, delgada, de cabello rubio y
ojos azules, piel pálida de porcelana, una modelo, que irónicamente
trabajaba para la competencia de Jenna.
Ella suspiro pesadamente y miro su reflejo en la ventana.
Bárbara tenía una estatura normal, 1.65 metros, ella pensaba
que le sobraba de arriba y de abajo, algo que sus amigas siempre
negaba. Su cabello era negro y corto hasta sus hombros,
simplemente debido a que en su trabajo como profesora de niños
de preescolar, no había año que uno de ellos no le pegara algo en
el. Sus ojos eran lo único que le gustaba, de un ámbar brillante y
profundo.
Volvió a suspirar y una voz mecanizada le informó que su vuelo
estaba por salir, miro a sus amigas.
—Suerte—le dijeron todas.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Se pusieron de pie y la acompañaron hacia la puerta de


embarque.
—Que no te maten—dijo Jenna y la abrazo—si no regresas en
dos meses voy por ti.
—Igual yo—dijo Leslie y la abrazo.
—A mí no me dejan aquí sola—dijo Anais y sonrió—cuídate—
también la abrazo.
—No se olviden de Lucas—pidió mirando al trio, asintieron al
unisonó.
—El gato, como olvidarlo—murmuro Jenna, al ver su mirada
sonrió—lo cuidaremos muy bien.
— El vuelo 275, con camino a…—Bárbara miro a sus amigas
por última vez.
—Me voy, nos vemos en dos meses—se despidió de sus amigas
y subió al avión.
Volvió a suspirar al mirar por la ventanilla. Dos meses de
trabajo ayudando en la cruz roja, dos meses lejos de sus siempre
recurrentes problemas. Nada podía salir mal.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capitulo 2

Bárbara se agacho al lado de un chaman, levanto su pequeña


cámara y tomó una fotografía de su perfil.
Ya era de noche, las estrellas se veían perfectamente desde esa
parte del mundo y la fogata, en el centro del grupo, creaba un
perfecto ambiente.
Había encontrado al grupo de indígenas mientras seguía a una
tropa de militares de la ONU. Se supone que por estar en la cruz
roja debía llegar a un pueblo en específico dentro de la selva.
Suspiro. Llevaban tanto tiempo caminando que últimamente se
preguntaba cada 10 minutos si en verdad ese pueblo existía.
El chaman, un hombre de avanzada edad, comenzó a hablar en
un extraño dialecto. Ella bajo la cámara y se sentó al lado de un
medico que también hacia de traductor.
—¿Qué dice?—le pregunto suavemente, él la miro y sonrió.
—Está relatando una vieja leyenda—murmuro, ella miro al
anciano y presto atención al médico—dice—continuo él—que
desde hace eones, desde que ellos fueron capaces de caminar sobre
sus piernas, los otros—lo miro—hombres altos y de una fuerza
sobre humana—se encogió de hombros—comenzaron a aparecer
en la selva—el médico se calló y hablo con el anciano un poco,
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

luego la miro—al parecer se llevaban o llevan, a las mujeres que se


internan demasiado en la selva—ella sonrió y miro al anciano—las
mujeres nunca regresan, son llevadas al nuevo Edén.
Se callaron y Bárbara miro al médico.
—¿Solo eso?—preguntó.
—Sí, relató la perdida de una de sus tías y la tía de su abuela,
pero también dijo, que con esto de las peleas entre los pueblos,
ellos habían dejado de venir.
—Vaya—murmuro.
Así que había mujeres desapareciendo en la selva, no por
animales salvajes o cosas por el estilo, si no raptadas por supuestos
extraterrestres, sonrió. Siempre disfrutaba de estas historias.
Saco una hoja y lápiz de su mochila y comenzó a escribir, lo
hacia debes en cuando, para mantener a sus amigas con noticias
suyas y para contarles estas historias. Si las conocía bien, estaba
segura que se emocionarían con algo así.
Termino la carta y la guardo.
—Iré a recostarme—le dijo al médico y este asintió. Como
recordó que mañana temprano tenía que seguir su camino, saco su
carta y se la entrego al médico—podrías mandarla por favor.
—Claro—dijo él y la recibió.
—Gracias.

Bárbara vagaba por la selva, se había quedado dormida y ahora


intentaba encontrar el rastro de los soldados. Extrañamente la

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

habían dejado atrás, algo que ella no lograba entender, como rayos
dejaban a una mujer sola en un campamento.
Suspiro pesadamente cuando encontró pisadas frescas y las
siguió, y las siguió, y las siguió, por cerca de 6 horas.
Cansada se apoyó en un árbol.
¿Cómo diablos habían avanzado tan rápido esos hombres? miro
las pisadas, parecían de personas, había leído sobre esto, no era
posible que aun no los alcanzara.
Soltando una grosería a todo pulmón, no es como si alguien la
oyera, siguió caminando. Lo único que le faltaba es que se hiciera
de noche y ella no tuviera donde dormir.
Horas después.
—Increíble—murmuro Bárbara mientras arrojaba un trozo de
madera a su fogata.
No había encontrado al grupo y había perdido el rastro. Creía
que estaba perdida, bien, lo sabía. Por lo menos había encontrado
una cueva para resguardarse.
Saco su mapa y lo observo. Mañana intentaría salir de la selva,
por suerte no estaba tan lejos de una carretera así que no serian
mas de unas horas de viaje.
Suspiro y se recostó.
—Extraterrestres—murmuro antes de reírse. Eso sería
divertido.
Más horas después.
—Maldito mapa—gruño mirando el gran trozo de papel—
maldito pedazo de porquería—miro alrededor—pero si aquí
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

debería haber una carretera—dijo, pero delante de si había un


enorme precipicio, y más abajo, un rio y el resto de la selva.
—Como…—suspiro y negó.
Arrugo el mapa y lo regreso a su mochila. Bien, siempre al lado
de un rio había un pueblo, solo tenía que seguirlo, pero como
diantres iba a bajar hasta él.
Unos pájaros asustados pasaron volando a su lado, se protegió
el rostro y se giro, luego escucho el rugido de un animal y abrió los
ojos. Delante de si tenía a un jaguar, un enorme jaguar que la
observaba como si ella fuera su presa.
El animal se agacho asechándola y ella levanto sus manos,
como si eso pudiera protegerla.
—Gatito, gatito—susurró mientras daba un paso hacia atrás,
miro alrededor, el animal se agacho listo para saltar y cuando lo
hizo, ella lo imito saltando hacia atrás sin pensarlo siquiera.
—Ho diantres—murmuro al darse cuenta de lo que había
hecho.
Por lo menos encontré una forma de bajar, pensó mientras caía
por el precipicio.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capitulo 3

Bárbara salió lentamente de su inconsciencia. A su alrededor


había un atrayente olor a rosas y cuando abrió los ojos, descubrió
que la agradable brisa que la envolvía venia de una ventana. Se
movió en la cama y volvió a mirar alrededor. Estaba en una
habitación blanca y pulcra, pero pequeña, había solo una silla a su
lado, bajo la ventana, y un ramillete de rosas blancas en la mesa de
la esquina.
Cuando la puerta a un lado fue abierta miro y se congelo. El
hombre más guapo que había visto en su vida ingreso a la sala
sonriendo. Era rubio y alto, de músculos definidos y elegantes,
tenía claros ojos verdes, vestía un traje blanco compuesto de
pantalones y camiseta, con un membrete enganchado delante de su
corazón. Miro su rostro y sonrió como él.
—Buenas tardes—le dijo suavemente, tenía una voz amable—
¿Cómo te sientes?
Él la ayudo a acomodarse en la camilla.
—Bien—murmuro, luego se limpió la garganta— ¿dónde
estoy?
—En un hospital—contesto él mirando un cuadernillo, ella
volteo sus ojos.
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Pero…
—Permite—él se acercó y ella leyó su gafete.
—Altaír—dijo, él la miro y asintió, luego procedió a examinar
su cabeza, la hizo inclinarse hacia delante para observar su espalda,
solo ahí noto que estaba vendada,
Él le hizo algunas pruebas físicas, como mover sus piernas y
manos, decirle su nombre y contestar algunos simples ejercicios
matemáticos.
—¿Qué paso?—le pregunto cuando él se alejó para anotar en su
cuaderno.
—Te caíste de un precipicio, un grupo de nuestros hombres te
encontró y te trajo aquí—le sonrió.
—Vaya—murmuro—debo conocerlos para agradecerles.
Él asintió y comenzó a irse.
—Mm—dijo ella, él se detuvo— ¿dónde estoy?
El medico miro alrededor y por último a ella.
—No te preocupes, aquí te cuidaran muy bien, dentro de unos
días alguien vendrá a contestar tus preguntas.
—No es más fácil que usted lo haga—él negó.
—Yo estoy aquí para cuidarte solamente, lo siento—con eso
desapareció.
Qué, pensó ella y se movió un poco hacia la ventana, aguanto la
mueca de dolor. Lentamente se puso de pie y llego a ella.
—Qué—murmuro y parpadeo varias veces.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Desde cuando la amazonia tenía arboles de color azul y


amarillo, y esas flores, y esos animales, y donde diablos podía estar
un hospital de 7 pisos sin que nadie lo supiera. Gimió, ¿Dónde me
he metido? pensó mientras el viento desordenaba su cabello.

Por casi dos semanas la mantuvieron recluida en esa habitación.


Y por ese mismo tiempo ella observo por la ventana toda esa
vegetación rara, hasta que un momento solo se encogió de
hombros y suspiro.
Todos los días Altaír la visitaba, pero nadie más, incluso era él
quien le llevaba su comida y luego la recogía.
—Estoy enferma—le dijo un día, él la miro—tengo algo
contagioso y por eso solo tú vienes a verme, estoy en cuarentena—
él abrió la boca sorprendido y gimió—es verdad.
Cubrió su rostro con sus manos y algunas lágrimas se le
escaparon. ¿Por qué siempre le pasaban estas cosas a ella? estaba
cansada de soportar novios idiotas, jefes horribles y ahora
enfermedades peligrosas. Una mano apareció en su hombro, al
mirar noto que Altaír se había acercado, nunca lo hacía, solo las
veces que la revisaba él le ponía un dedo encima, por lo demás se
mantenía a una distancia un tanto extraña.
—No estás enferma—le dijo sonriendo con amabilidad, paso su
pulgar por su mejilla—no llores, no…
—Doctor—ladro una voz a su espalda y se alejó enseguida.
Ambos miraron hacia la puerta y vieron a dos hombres, igual de
guapos y altos notó ella, entrar.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

El hombre mayor miro con obvia desaprobación a Altaír y se


preocupo.
—No lo regañe—dijo ella, todos la miraron— es mi culpa—sea
lo que sea que hizo mal. El hombre asintió y su mirada cambio
completamente, ahora era amable, casi cariñosa.
—No te preocupes—dijo él—yo soy el General Gutter de las
tierras del norte—ella arrugo su frente.
—Tierras del norte, no he oído sobre ustedes—él la miro
confundido y luego al hombre a su lado.
—Altaír, puedes retirarte—dijo el General, él asintió y luego de
una inclinación se fue.
Bárbara se sintió un poco abandonada.
—Por favor vístete—dijo él y puso sobre la cama una bolsa—
esperaremos afuera.
—Me voy—dijo ella, él asintió.
—Te lo explicaremos luego.
La dejaron sola y salió de la cama, luego de vestirse y peinarse
con sus dedos salió del lugar. El General y el otro hombre
esperaban a unos metros junto con Altaír, parecían que le decían
algo seriamente porque el médico solo asentía mirando el piso. Ella
se limpio la garganta y dejaron de hablar. Caminaron hacia ella.
—Sígueme por favor—dijo el General y lo hizo, más bien
camino a su lado, con Altaír y su compañero detrás.
Bárbara observó el pasillo largo, las puertas y ventanas, y sobre
todo a los hombres. Unos pocos vestían de blanco, la mayoría
usaban diferentes trajes, algunos parecidos a los del general, algo

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

así como una tenida militar, otros más simple y de un solo color.
No le importo eso, si no el hecho que solo había hombres, todos
altos, guapos, de diferente musculatura pero muy sanos. Era como
si estuviera en la compañía de Jenna, una vez estuvo en una sala
con modelos de GQ, se sentí igual que en esa ocasión, pequeña e
invisible. Bueno, debía quitar lo de invisible, cada vez que pasaban
cerca de alguien la miraban fijamente, pensó al principio que
miraban al General, luego tuvo que aceptar que era a ella.
Salieron del lugar y Bárbara jadeo al ver la increíble entrada. Por
todo el frente se encontraba una fila de cerezos enormes, con sus
hojas en pleno apogeo, creaban un hermoso y extraño paisaje.
—Hace años que están aquí—dijo el General mirándola.
—¿Si?—pregunto.
—Fueron plantados por idea de una de nuestras mujeres—lo
miro arrugando la frente—dijo que estos árboles causarían una
agradable impresión.
—Es así, debe felicitarla— murmuro.
—Lamentablemente no es posible, ella murió hace mas de una
década—Bárbara abrió la boca y la cerro.
—Qué triste.
Un automóvil se detuvo delante de ellos y abrieron la puerta.
—Adelante por favor—dijo el General.
Bárbara se agacho sorprendiéndolos a todos, cuando se puso de
pie miro al General.
—Esta flotando en el aire—dijo sorprendida.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Sí—dijo el General, se limpio la garganta—todos los


vehículos lo hacen.
—No que yo sepa.
—Mejor vamos—insistió el.
Mientras el auto se movía, solo, sin conductor, Bárbara
examino todo a su alrededor, los campos que pasaban, los
hombres que adelantaban, los demás automóviles, los animales, a
sus compañeros y su ropa, un vestido color gris. Miro a Altaír, este
tenía el ceño fruncido y los bazos cruzados, se veía tenso,
incomodo.
Pensó en preguntarle que tenía pero prefirió callarse, no sabía si
era buena idea.
—Llegamos—dijo el General y el auto doblo por una calle,
ingreso en un enorme edificio lleno de ventanales y se detuvo.
—¿Donde estamos?—pregunto luego de bajarse sola del auto,
nadie le ofreció ayuda.
—Este es el centro de justicia y reclamación—dijo el General.
Ella lo miro y luego se encogió de hombros, quizás si lo seguía
preguntado alguien le diría donde estaba geográficamente, no
físicamente.
Entraron en el edificio y esperaron un ascensor. Bárbara vio a
su lado a la primera mujer en dos semanas, esta ingreso también a
un ascensor escoltada por una docena de hombros, un grupo tuvo
que esperar otro para subir.
Cuando salieron del ascensor se acercaron a una mujer que los
esperaba sonriendo.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Hola—le dijo a ella sin dejar de sonreír.


Como ella, la mujer usaba un vestido largo de otro color. Esta
era bonita y baja, su piel era morena y bien cuidada, hablaba con
un extraño acento.
—Yo soy Anabela.
—Bárbara—murmuro.
—Sé quién eres, te hemos estado esperando.
—Aja—dijo.
—¿Por qué no caminamos mientras te explico lo que pasa?
—Claro—los hombres la siguieron.
—Lo que te voy a decir es increíblemente extraño, pero
cierto—la miro—no te sientas abrumada, ni atacada, no es la idea,
te aseguro que con el paso de los días te irás aclimatando a todo a
tu alrededor.
—¿Ha?—pregunto torpemente, la mujer sonrió.
—Primero te diré que mi trabajo es darle la bienvenida a todas
las mujeres que llegan a este lugar—sonrió—no soy la única mujer,
también esta Sara y Marcela, las conocerás después.
—Claro—murmuro.
—Bien, probablemente nadie te ha dicho donde estas.
—En el edificio de justicia y reclamación—dijo ella recordando
al General, Anabela rio como si fuera un chiste.
—Creo que eso no es lo que deseabas saber—sonrió
suavemente y asintió—mira.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Anabela la llevo frente a una serie de cuadros, el primero


mostraba a un grupo de hombres.
—Los padres de esta ciudad—dijo ella, apunto un cuadro de
una mujer muy bonita—una de las primeras mujeres en llegar, pero
quiero que veas este—se movieron hasta pararse delante de un
cuadro de la galaxia—te parece conocido.
—Es nuestro sistema solar—ella asintió.
—No te equivocas, completamente—la miro—es el sistema
solar, solo que tú y todos nosotros no estamos allí.
—Qué—dijo y miro alrededor, ella apretó un botón y el cuadro
cambio mostrándole otros planetas y dos soles—este es nuestro
sistema solar y nosotros estamos aquí—apunto el tercer planeta
entre los soles.
—Ya veo—dijo Bárbara sin comprender nada, qué demonios
pasaba aquí, al parecer esta mujer sufría de una seria locura.
—No estoy loca—dijo ella como si pudiera leer su mente—lo
siento, yo también pensé así cuando me lo explicaron—ella la miro
fijamente—Bárbara Mills, tú no estás en la tierra, estas ahora, en el
tercer planeta llamado Gaia de un sistema solar conocido como
Apollo, en la cuidad de nuevo Edén.
—Claro—dijo ella y dio un paso hacia atrás para alejarse de la
mujer, eso la hizo sonreír más.
—Estas en otra dimensión Bárbara, es mejor que lo aceptes lo
antes posible porque este es tu nuevo hogar.
—Claro—volvió a decir—tienes toda la razón, estoy en otro
planeta de otra dimensión—volvió dar un paso hacia atrás—creo

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

que mejor regreso al hospital, o porque no me indicas donde hay


un teléfono, debe haberlo no, solo quiero hacer una llamada.
—Si quieres—dijo Anabela metiendo la mano en su bolsillo,
luego le mostro un aparato pequeño que se parecía mucho a un
celular—puedes usar mi teléfono, pero te advierto que no tiene tan
buena señal como para llegar a la tierra.
Bárbara abrió la boca y la cerro, negando se giro sobre sus
talones pero se encontró rodeada de los tres hombres, con el
General delante de ella, todos la miraban como si quisieran saber
qué es lo que haría.
Si tenía surte podía pasarlos y salir de allí, pero no creía que la
tuviera y ni siquiera sabía donde rayos estaba como para correr.
Miro detrás, Anabela la observaba intensamente. Esto la estaba
asustando de forma increíble, se alejó de los hombres y Anabela se
movió en su dirección.
Bárbara comenzó a sentirse mareada.
—Calma—le dijo ella suavemente, pero no funciono de nada,
aun así se desmayo por primera vez en su vida.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capitulo 4

Cuando Bárbara despertó tuvo la increíble sensación de que


todo había sido un sueño, un enorme y estúpido sueño. Suspiró
más tranquila, segura de que ahora estaría en su casa, con su obeso
gato y un montón de trabajo que revisar en su escritorio. Eso la
hizo sentir mejor, solo que apenas abrió sus ojos y se encontró
rodeada de personas, su esperanza se desinflo.
Estaba en una oficina, sobre un sofá enorme rodeada de tres
hombres y una mujer.
—Déjame examinarte—dijo Altaír apareciendo a su lado.
—Estoy bien—le dijo mientras se sentaba, él no le hizo caso y
de todas maneras la examino.
—Duraste más que yo—dijo Anabela—me desmaye justo
después de llegar a la Central de Justicia—le sonrió.
—Me pregunto por qué.
—Está bien, solo fue la sorpresa—dijo Altaír y se alejó de ella.
—Entonces continuemos—dijo Anabela, Bárbara la miro.
—Saben, no sé qué pasa aquí y sinceramente no me importa,
podría alguien llevarme a…

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—No podemos—dijo Anabela—lo siento, pero debes pasar


primero por la reunión de asignación antes de poder irte.
—¿Qué demonios es eso?—dijo molesta.
Se puso de pie.
—Sígueme y te lo mostrare.
Caminaron fuera de la oficina y Anabela siguió hablando.
—Como te decía, estas en el Nuevo Edén, una ciudad con una
población pequeña, no más de unos cuantos miles de hombres y
cientos de mujeres—Bárbara apretó los labios—por un rasgo
genético los hombres de este planeta no pueden tener hijas, no
engendran mujeres, por eso mismo ellos recurren a otros planetas
con cierto parecido para obtenerlas.
—Las raptan—soltó Bárbara, Anabela la ignoro.
—Aquí las mujeres son muy importantes, mucho más que
cualquier hombre—la miro y se detuvo delante de unas puertas
dobles—son respetadas, amadas y veneradas, ya que sin ellas, ellos
no podrían existir.
—Ya, y.
Anabela volteo sus ojos y se cruzo de brazos.
—Ahora tú estás a punto de tener tu reunión de asignación, yo
la tuve hace 5 años cuando llegue aquí.
—¿Qué es eso de asignación?
—Se te presentara delante de varios hombres, los ancianos te
miraran de pies a cabeza, leerán tu informe médico y… lo más
importante—bajo la voz—te entregaran a un grupo de hombres
para tu servicio.
29
El deseo de Bárbara D.H. Araya

Anabela alzo una ceja.


—Servicio—repitió.
—Sí, serán tuyos—se encogió de hombros—ellos se encargaran
de la limpieza, mantención, orden, todo lo que requieras.
—Servidumbre—dijo, Anabela arrugo su frente.
—Más que eso, no son servidumbre, porque no es su trabajo
limpiar, lo harán claro, pero cuando ellos no trabajen—ella la
observo largos segundos—podría decir que pasaran a ser algo
parecido a tus esposos.
Bárbara abrió y cerró la boca varias veces.
—Incluso según las leyes de este lugar, lo serán.
—No entiendo—aseguró, claro que no entendía, si todo esto
era una maldita locura.
—Lo entenderás con el paso de los días, pero…—se acercó a
ella—recuerda simplemente, ellos están para servirte, no te harán
daño, no te obligaran a nada, a menos que esos sean tus gustos—
Bárbara se sonrojo—estarán allí para satisfacerte y cuidarte, está
claro.
—Como el agua—dijo con ironía, Anabela asintió y abrió las
puertas—entonces adelante—soltó con alegría.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capitulo 5

Camino lentamente hasta el centro de la sala como le indicaron.


Observó a todos los hombres que estaban en la reunión, muchos,
notó.
La sala era circular, le recordó vagamente a un anfiteatro.
Delante de si tenía una mesa larga y elegante, y sentada detrás de
ella había 7 hombres, los más viejos del lugar, vestidos con túnicas
negras y guantes grises. Uno de ellos se puso de pie y la observo.
—Bienvenida a Nuevo Edén señorita Bárbara Mills—dijo él
con voz seria—nosotros somos el concejo de esta ciudad y
estamos aquí para asignarles a los mejores hombres que se adecuen
a su usted.
Todos los ancianos observaron unos apuntes en la mesa unos
minutos, luego hablaron entre ellos y al acabar asintieron. Esto no
duro más de 5 minutos.
—Hemos llegado a una conclusión—Bárbara abrió su boca.
Tan pronto, pensó, ni siquiera le iban a pregunta que quería, cuales
era sus preferencias, la consideración no era parte de esta charada.
—Pasen a delante—dijo el hombre—Garrett de Barbaros—un
hombre de pelo oscuro y largo se puso de pie, llego a un lado del
lugar y se detuvo—Alec Front—un hombre atlético y delgado
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

camino hasta el primero, tenía el cabello castaño y enrulado—Isaac


Gutter— un hombre rubio e igual de alto se les unió—y—
continuo el anciano. Solo eso, pensó ella divertida—Martin Silas—
el último hombre era el más bajo de todos, con el cabello muy
corto y oscuro.
Al verlos en fila notó que todos se parecían un poco, su color
de piel variaba entre lo moreno y mas pálido, y sus cuerpos
musculosos y delgados, por lo menos tenían buen gusto.
—Ancianos—dijo el General y todos lo miraron—debo incluir
a alguien más.
Los hombres a su alrededor hablaron entre ellos.
—¿A qué se debe esto General?—pregunto el hombre.
El General se movió hacia el grupo para hablar en voz baja.
Luego de unos minutos asintieron.
—Entonces, dados los acontecimientos, el último en ser
asignado el día de hoy es Altaír Letelier.
Eso sí le sorprendió, tanto, que abrió su boca por la sorpresa.
Miro a un lado para ver a Altaír caminar tenso hasta los demás
hombres, su mandíbula estaba apretada y mantenía sus ojos en el
piso.
Los hombres a su lado lo miraron y luego entre sí como si todo
esto fuera raro, bueno, más raro de lo que parecía.
—Bien—dijo el anciano—con esto damos por terminada la
reunión, si la señora—¿señora? pensó —tiene alguna duda, sus
asignados le ayudaran en todo, dentro de unos meses tendremos
otra reunión para saber cómo van las cosas.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Llevaron a Bárbara a una sala y la hicieron espera un poco.


Se había vuelto loca o estaba muerta y esto era algún tipo de
infierno o paraíso perturbador, de lo única que estaba segura era de
que no entendía nada y ni siquiera sabía si quería llegar a entender.

El General y Anabela vinieron a la sala para despedirse de ella.


La mujer le dijo que tenía a una amiga en ella si lo deseaba y le dio
su número telefónico, luego la acompañaron a un automóvil.
Bárbara permaneció de pie observándolo.
—No estoy segura de esto—les dijo— ¿qué se supone que pasa
ahora?
Anabela suspiro y se acercó suavemente.
—Estarás bien, en serio—Bárbara la miro—ahora iras a la casa
que les asignaron, es tu nuevo hogar.
—Casa—repito un tanto angustiada y miro al General—en
serio, se supone que debo subir a esto—apunto con su mano al
automóvil—para que me lleve a una casa que desconozco
completamente, en un lugar extraño y lo más importante—movió
su mano hacia los hombres que le habían asignado, todos parados
a un costado de diferentes automóviles mirándolos—con un grupo
de extraños.
El General asintió.
—No te harán daño, parte de su deber es protegerte, cuidarte,
jamás te habrían asignado a cada uno de ellos si consideraran que
podían hacerte el más mínimo daño.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Esto es…—no supo como decirlo, luego bajo los hombros


derrotados—¿por lo menos podré recuperar mis cosas?—
pregunto.
Anabela apunto el maletero del vehículo.
—Están ahí—ella asintió.
—Bien—murmuro—pero juro que la primera cosa extraña que
vea me largo de allí y no me va a importar nada lo que los demás
piensen—ambos asintieron.
Sí claro, pensó.
Luego de despedirse subió al auto y este se puso en marcha, ella
observó a los automóviles que la seguían. Ellos están para
protegerte, recordó, pero quien iba a protegerla de si misma.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capitulo 6

Bárbara despertó de su ensoñación cuando el vehículo se


detuvo, miró alrededor y saco su cabeza y parte de su cuerpo por
la ventana para observar la increíble mansión que había delante de
ella. Esta tenía tres pisos de alto, ventanales grandes que permitían
la entrada de la luz y una puerta doble de color blanco con
adornos. Miró alrededor y observó el jardín lleno de flores y
arboles, no pudo evitar sonreír ante la vista, algo bueno, pensó, y
comparado con su antiguo y muy pequeño departamento era más
que bueno.
No te acostumbres, le dijo la parte racional de su mente, en
cuanto puedas te largas de ese lugar.
—¿Te gusta?—le preguntaron y miro a un lado.
Un hombre de cabello negro y largo hasta los hombros la
miraba sonriendo, tenía los ojos casi tan oscuros como su cabello
y la piel morena, debía de medir como un metro ochenta, calculó.
—Sí, es bonita—dijo, se encogió de hombros para restarle
importancia.
—Él la diseño—dijo otro de los hombres, todos se habían
acercado.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Este era el hombre delgado y de cabello castaño enrulado, sus


ojos eran verdes claros y su piel también morena.
—En serio—dijo, el hombre asintió.
—Soy arquitecto y trabajo normalmente en diseño de casas y
paisajes.
—Mm—dijo y miro a los demás, todos la observaban
fijamente, excepto Altaír que miraba la casa, arrugo su frente.
—¿Por qué no bajas y la vemos por dentro?—le pregunto el de
cabello enrulado. Asintió y regreso su cuerpo dentro del auto,
luego volvió a salir y la miraron.
Los apunto uno a uno.
—¿Tu eres?—dijo apuntando al primero que le había hablado.
—Garrett de Barbaros—dijo él con voz grave, punto al
segundo.
—Alec Front—al siguiente.
—Martin Silas—apunto al más bajo de todos ellos, aunque a
ella la sobrepasaba sin problemas, tenia el cabello muy corto y
oscuro, ojos azules y era mas pálido, tenia una voz firme y segura.
— Isaac Gutter—ella se detuvo en él.
—Tienes relación con el General Gutter—pregunto, el hombre
asintió.
—Es mi padre.
—Aja—murmuro, sí se parecía un poco, era igual de rubio y
poseía los mismos ojos verdes—a él ya lo conozco—dijo
apuntando a Altaír y regreso al auto, luego la puerta se abrió y
salió.
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Garrett extendió una mano para ayudarla y la recibió, sintió su


piel caliente al tacto y como su mano la tomaba con delicadeza.
—Gracias—le dijo aparatándola con amabilidad.
—De nada.
—Entremos—dijo Alec y asintieron.
Garrett saco una tarjeta de su bolsillo y la paso por un lector, la
puerta se abrió enseguida. Él la mantuvo abierta para ella, paso a su
lado y le agradeció suavemente.
Por dentro la casa era tan bonita como por fuera, llena de luz y
acogedora. Camino por el recibidor observando la escalera y la
lámpara que colgaba del techo, llego a una puerta y la abrió, se
encontró con una habitación enorme, con tres sofás rodeando algo
que parecía una pantalla de televisor gigante, había pequeñas mesas
por el alrededor y cuadros, no muchos y los pocos mostraban
paisajes. Se acercó a uno que retrataba el mar y una hermosa playa.
—Esa es la Playa del Coral—dijo Alec a su lado—esta a una
hora de aquí.
—Eso es genial—dijo—se ve muy bonita.
—Lo es—aseguro él sonriendo—podemos ir unos de estos
días—ella le sonrió, el hombre tenia una voz cálida y amable, casi
alegre.
—Eso me gustaría.
—Entonces hecho—dijo Garrett y lo miro, ella le sonrió a él.
Continúo mirando las cosas y llego al comedor, adecuado para
doce personas, luego a la cocina equipada con muchas más cosas
de las cuales conocía algunas. Siguió por un pasillo y halló una sala

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

rodeada por ventanales, había libreros alrededor, muy pocos eran


ocupados con libros niños y demás. Al tomar uno notó que se
parecían a los que ella tuvo en la universidad mientras estudiaba
pedagogía.
—Este lugar es para ti—dijo Garrett—sabemos en qué
trabajabas y por eso esto se adecuo a lo que pudieras necesitar.
—Gracias—le dijo con sinceridad, el saber que tenía algo que
amaba la hizo sentir mejor.
La siguiente puerta daba a un gimnasio que no tenía nada que
envidiarle a los de su barrio, estaba lleno de maquinas y equipos,
espejos ocupaban una pared completa. Se movió hacia una puerta
y halló un cuarto con baños, como si fuera de colegio, todos con
cubículos privados pero con un lugar en común, el vestidor.
—Les gusta el ejercicio—dijo regresando al gimnasio.
—Bastante—dijo Alec—y a ti.
Se encogió de hombro.
—Sí, pero siempre hago otro tipo de ejercicios—sintió la
mirada de todos en ella, incluso la de Altaír y un estremecimiento
paso por su espalda.
Al observarlos notó que todos la miraban con algún tipo de
anhelo en sus rostros, comenzó a sonrojarse al darse cuenta de lo
que había dicho.
—Me…me refiero a que camino mucho, como soy profesora
de pre escolar debo hacerlo—algunos hombres sonrieron al ver su
incomodidad—no me refiero al ejercicio de cama—las sonrisas
aumentaron y ella se sonroja a un mas—yo…solo…—se calló y se

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

giro, camino rápidamente a la puerta—mejor continuemos—dijo


sin mirar atrás.
Torpe, torpe, torpe, se dijo mientras llegaban a otra puerta, en
qué demonios estaba pensando. Ahí estaba la biblioteca, una
enorme de dos pisos repleta de libros, varios escritorios ocupaban
el centro. Demasiado avergonzada para darle la admiración que se
debía salió al pasillo y caminó hasta la siguiente puerta, se detuvo al
ver que esta daba a una sala más grande con una piscina olímpica
en medio, a lo lejos vio otra más pequeña y supo que era un jacuzzi
para varias personas. La ultima puerta del lugar le mostro un
invernadero. Con este ya fue capaz de pensar y pregunto.
—¿A quién le gusta la jardinería?—miro a los hombres.
—A mi—dijo Martin, ella asintió.
Luego subieron al segundo piso y descubrió que aquí estaban
todos los cuartos de los hombres y que cada uno de ellos tenía su
propio baño y oficina, también descubrió que en todas las
habitaciones las camas parecían ser el doble de grandes.
El tercer piso tenía su habitación, en el centro de todo, con una
cama igual de enorme y una puerta que daba a un balcón. También
tenía su baño privado, tan grande como su cuarto y otra oficina
más pequeña.
Habían mas habitaciones a los lados pero estaban vacías,
prefirió evitar las preguntas del porque esto y solo salió a su balcón
para observar que el terreno que rodeaba la casa era enorme, lleno
de vegetación y con un riachuelo a los lejos.
Suspirando se giro y notó que aún los hombres estaban detrás
de ella, esperando.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Porque no descansas—dijo Garrett—subiremos tus cosas,


debes saber que hay cosas para ti en el ropero, todo lo que puedas
necesitar.
—Cuando quieras comer algo—continuo Alec—solo baja, yo
voy a hacer la cena.
—Gracias—le dijo y todos se despidieron, el último en salir fue
Altaír que solo cerró la puerta.
—Así que ahora comparto una casa con un grupo de
hombres—dijo, y sabía perfectamente lo que ellos querían.
No fue capaz de decirlo en voz alta, acostarse con 5 hombres
desconocidos, hacer el amor con 5 hombres desconocidos, follar
con 5 hombres desconocidos, gimió y se lanzo a la cama, que era
enorme, en verdad como iba a lograr largarse de ese lugar.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capitulo 7

Lo primero que hizo Bárbara fue conocer la que sería su


habitación de arriba a abajo, luego, observó y tocó cada vestido,
blusa, pantalón, zapatos, zapatillas, ropa interior, etc. Todo lo que
había en su ropero, que era enorme.
Por último, ocupo la ducha y se vistió con ropa holgada,
pantalón y camiseta. Bajo a la sala y se encontró con Altaír y
Martin mirando lo que antes había creído era la televisión.
El par dejo de mirar la televisión y al hombre en ella cuando
entro. Martin se puso de pie y se acercó.
—Tengo una duda—le dijo, él espero—toda la ropa que está en
mi habitación es para mí.
—Toda—aseguró—siéntete con toda la libertad de usarla.
—Gracias—dijo y luego se limpio la garganta, miro a Altaír y
Martin —¿y los demás?
—En la cocina—dijo Altaír mirando la televisión. Lo observó
unos segundos antes de arrugar su frente.
—Entonces—dijo—yo iré a ayudarles, por suerte soy buena
cocinando.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Te acompañamos entonces—dijo Martin y Altaír se puso de


pie.
Caminaron hacia la cocina y al entrar Bárbara observó a Isaac,
Alec y Garrett moverse por el lugar preparando diferentes cosas.
Notó que Alec era el más seguro y rápido, como si fuera un
experto. Otra vez todos los hombres la observaron.
—Hola—dijo levantando una mano— ¿quieren que les ayude
en algo?—se acero un poco.
—No te preocupes—dijo Alec—podemos hacerlos nosotros,
por qué no te sientas mientras acabamos.
—En verdad no me importa—dijo ella.
Alec la miro unos segundos y luego asintió.
—Está bien—apuntó una olla puesta sobre la estufa—¿puedes
vigilar eso?
—Claro—aseguró y llegó a su lado.
—Revuélvela muy lentamente—le instruyo él.
Tomó la cuchara que estaba a un lado y lo hizo, luego de unos
minutos Alec se acercó y observó dentro de la olla.
—Ya esta—apago el fuego—lo hiciste muy bien—ella volteo
sus ojos y se alejó.
—Si—sonrió—mí especialidad en la cocina es revolver una olla
con la mayor habilidad posible, soy un genio en eso—él sonrió de
vuelta.
—Pues yo sé de lo que hablo y si digo que lo hiciste bien, lo
hiciste—asintió—además piensa que si se lo hubiera pedido a uno

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

de ellos—apunto a los hombres que estaban sentados—no


hubieran sido capaz de hacerlo bien.
—Oye—se quejó Isaac arrugando su frente.
Todos se rieron incluyéndola.
—Aquí tú eres el cocinero—dijo Garrett, Bárbara los miro a
ambos.
—¿Cocinero?—pregunto.
—Soy chef profesional—dijo Alec—tengo un restaurant en el
centro de la ciudad.
—Guau—dijo ella, así que un chef profesional—es bueno saber
que hay alguien a quien molestar para que me alimente.
Él la miro y sonrió lentamente.
—Ese será mi placer—le regreso la sonrisa.
Alto, le estaba sonriendo a uno de ellos, ¿por qué?, no debía
hacer eso, conocerlos, ni nada. Pero no podía negar que había algo
en cada uno de ellos que la hacían desear conocerlos más, y no
solo eso. Se limpio disimuladamente la garganta antes de
preguntar.
—¿Qué hacen ustedes?—miro al resto de hombres.
—Martin e Isaac son soldados—dijo Garrett.
—Ya me lo imaginaba—dijo ella—con esa cara seria que tiene.
Él la observo y arrugo su frente, sonrió un poco.
—Y Altaír es el médico—el hombre la miro—entonces
tenemos—conto con sus dedos—dos soldados, un médico, un
cocinero y un arquitecto, nada mal. Pues yo soy…

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Profesora—dijo Garrett, lo miro— lo sabemos—ella miro a


cada hombre en la habitación y luego la mesa.
No dijo nada. Hasta ahí llego el sentimiento alegre que había
crecido dentro de ella. Claro que sabían quién era, si habían
instalado en la casa una habitación para que pudiera trabajar.
—Creo que tengo hambre—dijo luego de un rato.
—Esto ya está listo—dijo Alec como si nada malo hubiera
pasado pero, ella sabía que todos la habían mirado fijamente
cuando se calló—vamos al comedor.
En la cena mantuvieron una conversación amable pero distante.
Hablaron de la ciudad y donde trabajaban todos, luego del tiempo
de ese lugar, estaban a finales de la primavera, y por último, sobre
la playa y el paseo que harían el fin de semana. Cuando acabo se
disculpo diciendo que estaba un poco cansada, todos se pusieron
de pie cuando ella lo hizo, les deseo buenas noches y se fue a su
habitación.
En la cama recordó la conversación en la cocina, en como se
había sentido por esos segundos, curiosa, alegre, tranquila, y como
luego todo había regresado a lo normal. Solo los conocía de un día,
como era posible siquiera sentirse así con ellos, como si fuera lo
más corriente del mundo. Si eran 5 hombres desconocidos, 5, no
uno o dos, si no 5. Se tapo el rostro con la manta y gimió, como
rayos iba a compartir su cuerpo con 5 hombres, no tenía la
habilidad de la multiplicación, volvió a gemir, y por qué rayos
pensaba en compartir su cuerpo con alguien, se quejó y tomó una
almohada, la puso sobre su cabeza. ¿Qué rayos le pasaba para
siquiera considerara algo así?

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capitulo 8

—Este lugar es increíble—murmuro mientras se detenía cerca


de la orilla del mar.
El lugar era hermoso, como si estuviera en una de esas
fotografías del Caribe, solo que más increíble y mágico. El agua era
transparente y cristalina, podía ver algunos peces pequeños nadar
cerca de ella sin problema.
Miro detrás de ella y observó a los 5 hombres vestidos en
pantalones cortos y diferentes camisetas, solo Alec no traía una y
eso la perturbaba, el hombre aunque delgado era puro musculo.
Camino hasta ellos y observo las mantas en la arena y canastas
con comida alrededor que habían traído. Ella miro sus piernas un
tanto pálidas y pensó que esta salida le daría la oportunidad de
tostarse un poco.
—Hace años que no veía el mar—dijo y se sentó entre Isaac y
Garrett, de todos eran los que menos la intimidaba.
—Ahora podrás venir cuando desees—dijo Alec—pero no lo
hagas sola.
—No—dijo— ¿por qué?
Él se apoyó en sus codos y la miro.
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Por los alrededores hay algunos animales peligrosos—abrió


la boca y miro a los demás, algunos asintieron —así que si deseas
venir por lo menos hazlo con uno de nosotros.
—Está bien.
Se acercó a una canasta y saco una manzana, la miro.
—He notado que aquí hay verduras y frutas que conozco y
otras que no.
—En este planeta hay diferentes plantaciones de alimentos,
todas varían dependiendo del planeta donde haya vivido una de las
mujeres—conto Alec—es para hacerlas sentir más cómodas.
—Las otras verduras y frutas son originarias de aquí—dijo
Isaac, asintió.
—¿Entones ustedes tienen que comer lo que yo?—pregunto,
asintieron.
—No hay mucha diferencia con la nuestra—dijo Garrett—
luego de un tiempo, cuando te acostumbres a la comida de aquí la
iremos cambiando—la miro—claro eso no quiere decir que
dejemos de comprar de la comida de tu planeta, solo no será como
ahora.
Ella se sorprendió de todo lo que ellos tenían que hacer. Con el
paso de los días notó que ellos siempre hacían cosas por ella, el
lavar los platos sucios, limpiar, ordenar, pasaba todo el día sin
saber qué hacer. Además, si ella quería algo siempre había alguien a
su lado para dárselo, desde un vaso de agua hasta un lápiz.
Incluso cuando habían arreglado su oficina de trabajo en la casa
no la habían dejado ayudar, lo único que hizo fue dar unas
instrucciones de donde quería tal mesa, tal silla o tal librero.
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Bárbara miró el mar y suspiró, mordió la manzana. Esta era más


dulce y agradable que las de la tierra, debía ser por el cuidado con
que las plantaban.
Miro alrededor en la playa y notó que a unos metros había otro
grupo de personas, una mujer con un niño en brazos y tres
hombres a su lado. Los observó más detenidamente, la forma en
que sonreía la mujer, como la miraban los hombres, con amor y
felicidad. Se fijo que el niño en sus brazos se parecía a uno de
ellos, cuando ellos se alejaron volvió a observar el mar.
Incluso tres hombres era algo más o menos aceptable, pero
cinco, suspiro.
—¿Quieres nadar?—le pregunto Garrett, lo miro y se pregunto
qué pasaría si les dijera que la idea de cinco hombres con ella la
asustaba como el infierno.
—Claro—dijo al ver que Garrett seguía esperando su respuesta.
Garrett, Alec y ella se metieron en el agua, cuando se quito su
ropa para quedar en traje de baño evito mirar a los lados. El traje
de baño era un bikini bonito y cómodo, solo que un tanto
revelador, descubrió en su armario que todos eran así, o incluso
peor.
Los demás se metieron al agua luego de un rato. Durante ese
momento Bárbara simplemente se olvido de donde estaba y se
divirtió, jugó con Alec, Isaac y Garrett a un partido de algo
parecido al voleibol en el agua, ella y Alec ganaron, estaba segura
porque la dejaron pero no dijo nada. Después nado con Martin
hasta unas rocas para ver una cueva. Por último simplemente floto
en el agua mirando el cielo y se encontró pensando en Altaír y su
negativa a jugar o nadar con ellos.
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Lugo de un rato se hundió en el agua y regreso a las mantas, se


envolvió en una toalla esponjosa y miro su hombro. Sí, lo que
había sospechado, se había quemado y ahora su piel estaba roja y
caliente. Debía parecer un cangrejo, pensó.
Cuando regresaron a la casa descubrió que no se había
equivocado, su espalda, pecho y brazos estaban rojos por el sol
pero se alegró de no ser la única. Alec tenía la espalda
completamente roja y caliente, ella había puesto un dedo encima
para molestarlo y él se había quejado e imitado, ambos ahora no
lograban sentarse bien por el dolor.
—Esto les hará sentir bien—dijo Altaír en la sala de la casa, le
entrego un tubo a Garrett y la apunto.
Garrett la hizo sentarse delante de ella para aplicarle el gel en la
espalda. Bárbara miro a Altaír que se acercaba a Alec.
—Ni lo pienses amigo—soltó este y se alejó.
—Quieres que te duela toda la noche—dijo Altaír alzando una
ceja.
—No voy a dejar que me toques—dijo él mirándolo serio.
Bárbara sintió las manos de Garrett frías y grasosas tocar su
espalda, se estremeció.
—Lo siento—dijo él.
—Está bien—murmuró.
Volvió a mirar a Alec y descubrió que seguía negándose a que
Altaír le untara el gel en la espalda.
—No vas a ser el primer hombre que toque—dijo Altaír
volteando los ojos.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—No vas a ser el primer hombre que me toque—dijo Alec.


Bárbara se quejo y la miraron.
—Me van a dar dolor de cabeza—acuso, estiro una mano hacia
Altaír—no creo que te moleste que yo lo haga—le dijo a Alec, él
sonrió y tomó el gel de la mano de Altaír.
—Para nada—aseguró.
Alec se sentó sobre unos cojines frente a ella, dándole una vista
de su esbelta y colorada espalda. Antes había pensado que esto le
serviría para dejar de pensar en las manos de Garrett tocándola,
pero ahora, al pensar en que un hombre la tocaba mientras ella iba
a tocar a otro solo empeoro su imaginación.
Garrett se movió mas abajo en su espalda y decidió ponerse
manos a la obra. Unto gel de color azul en sus manos y la esparció,
con cuidado toco la espalda de Alec, él se estremeció un segundo
pero no se detuvo y se movió por sus hombros, bajo por sus
omoplatos y regreso a su cuello.
Continuaron haciendo esto largo rato, Bárbara apenas fue
consciente de que en la habitación el único sonido era la televisión
y la respiración de todos. Movió sus dedos por la columna de Alec,
sintió los dedos de Garrett por su propia columna y trago. Tenía
que acabar pronto con esto, pensó. Si seguía haciendo esto
terminaría tan excitada que siquiera una ducha fría podría ayudarla,
y eso la llevaría a autosatisfacerse en su cuarto.
En un momento permitió que Garrett siguiera untando gel en
sus brazos, luego él se movió un poco y la giro para hacer el
mismo trabajo por su cuello, rostro y parte de su pecho y su
vientre. Cuando acabo la miro a los ojos y trago.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Eso es mirar con deseo a alguien, pensó.


Se mordió el labio distraídamente y Garrett gimió. Este acto
causo que se pusiera de pie rápidamente tropezando con Alec, se
disculpo y mintió diciendo que no tenía hambre y que estaba
cansada, luego huyo de la sala y llego a su habitación.
—Santa macarena—murmuró.
Los hombres no deberían hacer esos ruidos, como si no
pudieran soportar el estar quietos, como si ella fuera todo lo que
desea, como si….gimió y se movió al baño. Aún tenía el tubo de
gel en la mano y lo leyó.
Ahora debía esperar una hora aproximada antes de quitarse el
gel, luego tenía que aplicárselo 8 horas después, con eso se
aseguraba que la piel se regeneraría rápidamente sin problemas ni
nada, incluso aseguraba que no dejaría marcas de quemaduras o
cicatrices.
—Una hora—murmuró, solo había una cosa que podía hacer
por una hora, caminar.
Así lo hizo, por todo el cuarto, baño, oficina, tantas veces que
se sorprendió. Se quejo otra vez por el roce de la ropa sobre su
sexo.
—Esto no ayuda—murmuró y se quitó la ropa.
Siguió caminando completamente desnuda por el cuarto,
tratando de controlar el deseo de mover sus dedos hacia su centro
y masturbarse como tanto deseaba.
Cuando la hora se cumplió se metió a la ducha y luego a la
cama, ya había logrado calmarse, pero ahora solo le quedaba la
sensación de frustración en su mente y cuerpo. Recordó a Garrett
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

y sus manos en su espalda, a Alec y su piel bajo sus manos, a los


demás mirándola, porque había sabido que los miraban y sin poder
o querer evitarlo volvió a excitarse y cedió ante sus deseos. Metió
una de sus manos entre sus piernas y suspiro, enterró su rostro
contra la almohada y la mordió. Luego movió sus dedos
lentamente por sus pliegues hasta que toco su hinchado nudo, al
tocarlo un estremecimiento paso por su cuerpo, volvió a hacerlo y
uso su otra mano para meter dos dedos dentro de ella.
Se imagino que era Garrett quien lo hacía. Era él quien con sus
dedos gruesos le daba placer. Imagino a Alec tocando su cuerpo, a
Martin besándola, a Isaac jugando con sus pechos y cuando Altaír
entro en su muy saturada fantasía tocándole su nudo con
intensidad se corrió. Jadeo contra la almohada, se estremeció de
pies a cabeza y aguanto la respiración.
Cuando recupero el sentido supo algo que cambiaría la forma
de ver las cosas. Deseaba a esos 5 hombres, a cada uno por
separados y también juntos y ya era tiempo de tenerlos. Que
importaba si estaba en otro mundo, en otra galaxia e incluso en
otra dimensión. No iba a sobrevivir un día más si no los tenía, y
solo después, cuando saciara sus deseos pervertidos, buscaría la
forma de largarse de allí.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Segunda Parte

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capitulo 1

Bárbara llevaba dos semanas en esa casa, viviendo con esos


hombres que habían dejado de ser unos extraños y se había
convertidos en sus amigos, aunque no hubiera querido.
Ese día, todos, excepto Altaír, estaban trabajando. Ellos nunca
la dejaban sola, por lo menos uno de ellos la acompañaba y aunque
lo agradecía, siempre les decía que no era necesario.
Bárbara miro de reojo a Altaír sentado al otro lado del enorme
sofá que estaba de frente a la televisión. Su comportamiento no
había cambiado, incluso él se había alejado de ella, creando un tipo
de muralla impenetrable entre los dos.
Amable, eso era él, una persona amable con ella.
Cansada de eso se puso de pie y se sentó a su lado, Altaír no la
miró. Ella suspiró y observó alrededor.
—Y cómo van las cosas en tu trabajo—preguntó.
—Igual que siempre— nada más.
—Ya veo—murmuró, miro alrededor— ¿atendiendo a otra
mujer?—dijo curiosa.
—No.
—No han llegado más—él negó.
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Yo no las atiendo.


—Ok—suspiró, cerró los ojos un segundo y lo miro
directamente— ¿qué hice?— él la miro luego de un rato.
—A qué te refieres.
—Qué hice mal para que te comportes así conmigo, como un
completo extraño—él arrugo su frente.
—No te conozco—dijo y miro la pantalla.
—Porque tú no quieres—le dijo, no la miro—se mas de la vida
de los demás que la tuya—continuo—no entiendo por qué en el
hospital eras tan amable y ahora eres así, como si te molestara estar
aquí—él suspiro y cerró los ojos—antes siempre me peguntabas
cosas, sobre mí, lo que me gustaba, cosas así, ahora ni siquiera me
hablas.
—Si lo hago.
—Solo si te pregunto algo—le dijo molesta— ¿por qué el
cambio?
—Antes era mi trabajo averiguar cosas de ti—soltó el.
Ambos se quedaron callados y se miraron.
—Ha—dijo ella—y ahora es tu trabajo estar aquí—él miro
hacia otro lado—eso es—murmuró—no quieres estar aquí.
—Bárbara—dijo él y apago la televisión, la miro fijamente.
—No es mi culpa—murmuró ella—yo no pedí esto.
—No he dicho que…
—¿Por qué el General te ordeno estar aquí?— él miro
alrededor un segundo—Altaír—lo llamo.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Recuerdas el día que él apareció en tu habitación—ella


asintió—recuerdas que estaba haciendo antes de que entrara—lo
pensó.
—Estábamos hablando y tú me tocaste, creo—él asintió y la
miro fijamente, Bárbara abrió la boca—fue por eso, porque me
tócate una fracción de segundo.
—Sí—dijo—está prohibido tocar a una mujer que no sea tu
asignación—ella hizo una mueca al escucharlo decir esa palabra,
sonaba a obligación, algo impuesto, como un castigo horrible—
menos si esta es nueva.
—¿Por qué?—preguntó—que lo hagas no significa nada.
—Sí, lo hace—dijo él—a los hombres del lugar o a las mujeres
como quieras verlo, se le une a su mejor pareja posible genética y
mentalmente hablando—arrugó su frente—solo ese hombre puede
tocarla hasta que procreen su primer hijo, luego no hay problema.
—No entiendo nada—dijo.
—Es para aumentar los lazos sentimentales entre ellos, el
contacto físico con otro hombre que no sea la pareja puede alterar
esos lazos de forma importante—él suspiro—durante los primeros
meses o el primer año se generaran en las parejas designadas todos
los lazos que puedan existir para que su convivencia durante el
resto de sus vidas sea la mejor posible—él miro sus manos—estos
lasos son tres, físicos, sentimentales y mentales. Si uno de ellos es
“contaminado” la pareja no lograra alcanzar esa enlace y su vida
será miserable—la miro—como si fueran dos extraños teniendo
que vivir bajo el mismo techo porque alguien lo dijo.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Bárbara permaneció en silencio varios segundos, sin saber que


decir o pensar. Cómo es que las cosas podían ser tan complicadas.
—Eso no puede cambiarse—él negó.
—Una vez hecho la elección es irrevocable—ella abrió y cerró
la boca.
—A ti no te pusieron conmigo porque fueras el adecuado para
mi, si no porque me tocaste—él miro por la ventana pero
asintió—ya veo.
Sentía la garganta apretada y su boca seca, ¿por qué el saber esto
le afectaba tanto?
—Siempre hablaste de una pareja, por qué yo tengo 4
asignados—ella miro sus manos—es en caso que no resulte con
uno lo intente con otro.
—No—dijo suavemente él—en un principio se uso las
asignaciones para solo un hombre y mujer, pero con el paso de los
años se descubro que había mujeres que tenían coincidencias no
solo con un hombre si no con mas, dos o tres.
—¿Pueden lograr ese tipo de lazo con tres hombres en su
vida?—pregunto.
—Sí—dijo él—se lograba bastante bien, tanto que se dejo de
buscar solo uno si no varios.
—Con varios pueden nacer más hijos—murmuro ella.
—También, pero lo importante es que ellos sean felices—hizo
una mueca, sí claro.
—Yo tengo 4—lo miro—¿cómo es eso?

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Se han encontrado coincidencias de hasta 12 hombres y una


mujer—Bárbara abrió la boca sorprendida. Agradeció a quien
fuera que la había llevado a todo esto no ser esa mujer.
—Y yo sintiéndome incomoda por sentirme atraída hacia tantos
hombres—él la miro fijamente.
—Si es así no debes ocultar tus sentimientos—lo miro—entre
mas pronto crees los lazos más fuertes serán. Bárbara—dijo él
serio—esos lazos puedes hacer de tu vida un paraíso o un infierno,
eres tú quien decide cómo quieres que sea el resto de tu vida y la
de los demás.
Apretó la mandíbula.
—¿Y tú?—le preguntó—no existe eso entre nosotros—él miro
hacia otro lado—qué va a pasar con tu vida, porque posiblemente
ahí afuera esta esa otra mujer que es tu asignación.
—No puedo hacer nada—Bárbara sintió que le enterraban un
cuchillo en su pecho, miro hacia otro lado.
—Por lo menos inténtalo—se puso de pie y se alejó dándole la
espalda, se detuvo en la puerta—yo hablare con el General—él la
miro enseguida— y le diré que tu no perteneces aquí, que el
ponerte en esta situación solo a emporado las cosas y que lo mejor
es que te vayas, que yo no soy esa mujer para ti—llevo su manos a
su pecho, el cuchillo se estaba moviendo mas hondo—él no puede
permitir, ni tú tampoco, que seas miserable—cerro los ojos y al
abrirlos los sintió lleno de lagrimas—yo no lo voy a permitir.
Con eso salió del lugar.
Llegó a su habitación soportando lo mejor que pudo, pero al
cerrar la puerta se derribo. Su cuerpo tembló al sollozar y apoyo su
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

espalda en la pared. Ahora entendía todo, su deseo de estar con los


demás, su necesidad de ellos, era como si hubieran nacido para
eso, pero también había sentido lo mismo por Altaír, aun lo sentía
solo que él no. Para él todo esto era una tortura porque se perdía la
oportunidad de conocer a la mujer que sería parte de su vida,
estaba condenado por un pequeño error a vivir en esta casa, con
una mujer que no le interesaba, con una familia que no sentía suya.
—Tiene que irse—sollozo. Aunque eso la hiciera sentir como si
perdiera algo importante, sabía que él tenía que irse, no lo quiera
triste y miserable a su alrededor.
Pero si se iba posiblemente lo asignarían a otra mujer, ¿sería
capaz de verlo con otra? Su pecho volvió a doler. Trato de
imaginarse a cualquiera de los demás así, con otra mujer y también
dolió, de igual forma.
Eso no estaba bien, se suponía que no iba a quedarse allí, por
qué esta sufriendo por todo esto, no lograba comprender.
—Tengo que dejar ir a Altaír—susurró ella—esto no está
bien—no podía estar sufriendo por algo así, se supone que no se
quedaría en ese lugar, pero aun así dolía demasiado.
Paso el resto de la tarde en su cama. Cuando vinieron a decirle
que la comida estaba lista dijo que no tenía hambre y que no
bajaría, lo mismo pasó en la cena. Cuando era muy tarde se ducho
y salió del cuarto, todos dormían.
Ella se movió hacia la biblioteca y comenzó a buscar libros que
hablaran sobre las asignaciones de parejas, encontró varios y leyó
rápidamente. Luego de unas horas lanzo un libro lejos de ella.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Así que a eso se resumía todo, ella era la adecuada para 4


hombres, ellos tenían el pene adecuado para su vagina, así lo ponía
el maldito libro. Por extrañas razones su cuerpo era el adecuado
para ellos. Su mente y personalidad era la adecuada para tratar con
la personalidad y mente de ellos. Y su espíritu, su alma tenía un
tipo de unión mística con las almas de los otros. Definitivamente
ellos habían nacido para estar juntos, no habían coincidencia, los
malditos libros hablaban de formulas matemáticas, predicciones
astrológicas, astronómicas, cualquier ciencia existente demostraba
la verdad.
Bárbara Mills tenía 4 hombres en su vida y quizás para siempre.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capitulo 2

Suspiró y se sentó en una de las sillas, inclinó el respaldo hacia


atrás y observó el techo abovedado de cristal. Las estrellas se veían
claramente.
Cerró los ojos e intento concretarse en otra cosas que no fuera
todo lo que había averiguado. Recordó a sus amigas y sonrió, si
ellas supieran que estaba en esta situación probablemente la
alabarían y le dirían que no perdiera la oportunidad quejándose.
Pensó en su trabajo y como lo extrañaba, intentaría encontrar uno
para perder el tiempo un poco.
La puerta a su derecha se abrió y levantó la cabeza. Garrett
apareció allí vistiendo un piyama simple, pantalón y camiseta
oscura.
Él se acercó lentamente.
—¿No puedes dormir?—pregunto suavemente, con esa voz
tranquila y agradable. Se sentó a su lado.
—No, y tú—él se encogió de hombros.
—Siempre me ha costado dormirme temprano, por eso
normalmente trabajo hasta tarde—ella observó su rostro y su
cabello peinado hacia atrás.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Garrett tomó uno de los libros que había estado leyendo y lo


observó, luego la miró alzando una ceja.
—Solo quería saber un poco más sobre las asignaciones, que
significaban—él asintió.
—Puedes preguntarnos, lo sabes—ella lo pensó.
—Dime que significa para ti esto de las asignaciones, no les
molesta que les ordenes ir con una mujer que no conocen—él la
observó.
—No—dijo y se recostó en la silla—siempre hemos sabido que
esto pasaría alguna vez en nuestra vida, incluso es algo que todos
desean que suceda—él miro alrededor y luego a ella—puede pasar
que jamás encuentren a la mujer adecuada.
—Pero no te dan la opción de elegir—él sonrió suavemente.
—No se trata de elegir o no, el consejo siempre te da la mejor
opción—él paso su mano por su cabello, peinándolo hacia atrás—
si tuviéramos que elegir, elegiríamos a la misma mujer, no habría
un cambio.
—¿Nunca un hombre se ha negado?—él arrugo su frente.
—No, como te niegas a una vida junta a la mujer que amas—
ella miro la mesa.
Amar, pensó, no quería pensar en amor.
—No te molesta saber que tendrás que compartir a esa mujer—
lo miro—que no serás el único en su vida—él negó.
—Sé que en tu mundo eso de un hombre y una mujer es muy
importante—se encogió de hombros—aquí el hecho de estar con

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

la mujer de tu vida lo es más, y si tienes que compartir es lo de


menos.
Ella volteo sus ojos.
—Pero ¿no te molesta?—insistió, él sonrió y negó.
—No, no me molesta.
—Ya veo—lo miro largo rato— ¿se conocían de antes?—
pregunto—tú y los demás.
—Conocía a Alec desde la escuela, a Altaír lo conocí un día en
el hospital y, a Isaac y Martin el día de la asignación.
—Me dijiste que tenías tres padres.
—Tres padres y cinco hermanos, soy el del medio.
—Ellos saben de esto—asintió.
—Mi madre se siente muy emocionada, quiere conocerte—le
sonrió—mis dos hermanos mayores ya tienen familias, mis
hermanos menores no y mis padres se sienten igual que mi madre.
—Una familia enorme—murmuro, él asintió.
—¿Quieres nadar un rato?—preguntó Garrett, ella lo miró y
asintió.
—Déjame ponerme un traje de baño.
—No te preocupes por eso, vamos—estiro una mano hacia ella
y la tomó.
Caminaron así, sin separarse hasta la piscina. Bárbara miro en
todas direcciones, menos hacia él o sus manos unidas.
Cuando llegaron a la piscina él la soltó y se quito la camiseta,
trago al ver su pecho y luego su espalda. Se iba a volver adicta a los
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

hombres de cuerpo musculoso y firme. Una se acostumbra con el


tiempo, pensó.
Como él le dio la espalda para dejar la camiseta en una silla y
comenzó a empujar sus pantalones hacia abajo algo la hizo
caminar hasta pararse detrás de él. Garrett se congeló.
Bárbara estaba cansada, cansada de pensar, de decirse que no
podía hacer esto.
Qué más da, murmuro muy suavemente.
Sus dedos tomaron vida propia. Subieron por la columna
vertebral de él, se movieron por sus hombros y bajaron hasta su
cadera, escucho a Garrett gemir suavemente y sonrió. Luego
acaricio sus brazos, codos y manos, él solo la dejo hacer.
Lo rodeo sin dejar de tocarlo y se detuvo delante de él,
continuo su exploración por su vientre, hizo un círculo alrededor
de su ombligo y subió hacia su pecho. Con ambos pulgares toco
sus pezones y los acaricio, luego se acercó más a él y lo abrazo.
Garrett se estremeció levemente pero le devolvió el gesto. Él
movió su nariz por su cabello, oliendo y ella lo imito. Luego
sintiéndose más valiente saco su lengua y saboreo su piel, él jadeo y
tomó su rostro entre sus manos.
—No puedo…—dijo mirándola con deseo pero lo silenció, se
paró en la punta de sus pies y lo besó.
Bárbara gimió al sentir sus labios, eran firmes, cálidos y
agradables. Enredo sus dedos en su cabello cuando el beso se
volvió más necesitado. Garrett tocó sus labios con su lengua y le
permitió entrar, explorar su boca y jugar con la suya.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Ella abrió los ojos un segundo para ver que él también la


miraba. Garrett se alejó solo un segundo para acercarse mas a su
cuerpo y besarla como deseaba, para explorar sus labios y su boca.
Luego de minutos que le parecieron segundos besándose, ella se
alejó un poco y lo miró.
—Vamos a mi cuarto—murmuró, él volvió a besarla.
—Sí—susurro.
No supo cómo llegaron, solo fue consciente del cálido cuerpo
de Garrett siempre a su lado, de sus labios recorriendo los suyos,
luego su cuello, su rostro, pero cuando dejaron de caminar se dio
cuenta de que estaban al lado de su cama, empujando sus ropas
lejos.
Ambos se subieron a la cama, Bárbara se recostó en ella y
Garrett se posiciono sobre su cuerpo, aplastándola levemente.
—Garrett—susurró ella, él la beso y se movió hasta sentarse a
su lado, apoyando su espalda en el respaldo.
—Sienta sobre mí—le dijo.
Bárbara se sentó a horcajadas sobre él, sintiendo y mirando
como su sexo se apoyaba en su vientre. Podía sentirlo caliente y
pesado contra ella. Movió su cadera para acariciarlo y Garrett
gimió. Volvieron a besarse intensamente, solo que ya no era un
simple beso, era una batalla, cada uno deseando doblegar a otro,
cada uno empujando con su lengua.
Esto es increíble, pensó ella, mejor de lo que podía recordar,
como si algo intensificara las sensaciones, el deseo, su propia
necesidad.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Las manos de Garrett la recorrían con delicadeza pero


confianza, cuando él se detuvo sobre sus pechos jadeo y dejo de
besarlo, inclino su rostro hacia atrás con los ojos cerrados. Él tiro
de sus pezones y se estremeció. Ya no podía resistirlo, era más
fuerte que ella. Levantó su cadera y ambos observaron como su
cuerpo aceptaba a Garrett, como su desaparecía dentro de ella
lentamente.
—Increíble—jadeó Bárbara cuando lo tomó por completo, él la
llenaba tanto.
—Hazlo—dijo él con voz ronca, lo miro, un leve sudor corría
por su rostro—móntame cariño.
Bárbara gimió y lo hizo, se alejó de él hasta casi sacarlos por
completo y volvió a bajar, apoyo sus manos en sus hombros y
continúo.
—Eso es—jadeo él y se obligo a abrir los ojos, Garrett tenía los
ojos entrecerrados y los labios levemente separados—toma todo
de mi.
Ella aumento el ritmo y Garrett gruño.
No hay nada mas erótico que un hombre sintiendo placer,
pensó. Y no había nada mejor que el saber que era ella quien lo
proporcionaba.
Garrett tomó sus pechos y los acaricio, luego saqueo su boca
con hambre y chupo su lengua. Bárbara se concentró lo mejor que
pudo en no correrse, en hacer lo más largo posible esto, pero
cuando él comenzó a acariciar su nudo jadeo y lo monto más
rápido, más profundo y más fuerte. Él también movió sus caderas

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

contra ella y esto causo que se corriera, con un grito de placer que
él se tragó.
Él siguió moviéndose hasta que lo sintió correrse dentro de ella,
por largos segundos.
Luego de unos segundos ella abrió los ojos y descubrió que
estaban acostados en la cama, que estaba sobre él aun unidos por
sus sexos, cuando quiso moverse él la detuvo.
—No—le susurro en su oído—déjame disfrutar de esto—sus
manos acariciaron su trasero y su espalda.
Suspiró contra él y cerró los ojos. Luego de un rato notó que
Garrett otra vez estaba duro dentro de ella, sonrió y se sentó.
Él la miro a los ojos y se movió levemente, gimió. Se mordió el
labio y volvió a moverse, su cuerpo también estaba excitado y listo
para él. Al cabo de unos minutos estaban haciendo el amor de
nuevo, más lento y dulce, disfrutando de cada embestida, de cada
roce de piel contra piel. Él también se movió, empujando hacia
arriba cada vez que ella lo hacia abajo y solo necesito de un toque
en su clítoris para mandarla otra vez a la luna, esta vez siguiéndola
enseguida. Luego solamente se dejo caer sobre él y cerró los ojos.
No hay nada mejor que esto, pensó antes de caer dormida.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capitulo 3

Bárbara despertó al sentir que unas manos tocaban su rostro,


abrió los ojos lentamente y se encontró con el rostro de Garrett
cerca del suyo, sonrió y se levanto un poco, al comprender lo que
quería él se acercó más y la beso.
Luego se sentó en la cama y miró su cuerpo desnudo, luego a él
que vestía un traje.
—Ya te bañaste—murmuró un poco decepcionada, le hubiera
gustado bañarse con él.
—Ya es hora que vaya a trabajar—bajo sus hombros.
—Lastima—dijo y tocó su camisa de color azul oscuro,
suspiró—¿estás muy justo de tiempo?—le preguntó, él arrugó su
frente y negó.
—No, estoy bien—sonriendo se acercó a él y lo abrazo del
cuello, Garrett la beso enseguida profundamente.
—¿Quieres ducharte conmigo?
—Ya me duche—dijo él moviéndose por su cuello.
—Nunca se está lo suficientemente limpio.
—En ese caso—dijo él y la tomó en brazos.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

La llevó hasta la ducha y la dejo ahí para dar el agua sin siquiera
desnudarse. Bárbara soltó una carcajada y le ayudo a salir de su
ropa. Cuando lo tuvo desnudo lo acaricio y beso.
Garrett la agarro de la cintura, lo miro a la cara, sonreía.
—Tengo una idea—murmuro él levantándola del suelo y
apoyándola en la pared, Bárbara rodeo su estrecha cintura con sus
piernas y se afirmó de sus hombros.
Él la acaricio meticulosamente hasta tenerla jadeando debido a
su necesidad, luego sin dejar de mirar su rostro la penetro y
comenzó a moverse. Garrett movió su boca por su cuello hasta su
un pecho para tomarlo en su boca. Bárbara gimió
descontroladamente y cuando quiso moverse en contra él la
detuvo, se quejó y levantó el rostro de su pecho para besarlo. Él
aumento su empuje y dejo de besarlo para poder respirar. Se
afirmó de sus hombros y movió las caderas contra él.
—Bárbara—jadeo él sin dejar de moverse. Ella se movió hasta
su oído y gimió—hazlo—susurro él—córrete conmigo.
Bárbara se quejó contra él y cerró los ojos con fuerza cuando
paso, sintió a Garrett seguirla enseguida, lo escuchó decir su
nombre suavemente mientras su cuerpo se tensaba.
Luego de recuperar la respiración se bañaron juntos, riéndose y
gastándose bromas.
Bárbara miró su reflejo en el espejo y se congeló al observar su
vientre. Cómo había sido tan estúpida, miro a Garrett que también
se había detenido. Se había acostado con él las tres veces sin
ningún tipo de protección.
—¿Qué pasa?—preguntó preocupado.
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Miró el piso.
—No…—cerró los ojos y luego lo miró—no nos
protegimos—él pareció confundido—yo no quiero, no puedo
quedar embarazada—los ojos de Garrett se entrecerraron al
comprender—hay cosas que aun no entiendo, no puedo tener un
bebé ahora, así—negó y llevé sus manos a su cabello húmedo.
La mano de Garrett tomó las suyas y lo miró.
—Jamás te fecundaría sin tu consentimiento—él acaricio su
rostro con delicadeza—nosotros podemos controlar la
reproducción—besó su frente—no te preocupes de eso, si llega a
pasar será porque así lo deseas, no de otro modo.
Ella lo observó sorprendida antes de contestar.
—Lo siento—murmuró luego de unos segundos al ver que
había arruinado el momento.
—No te disculpes, es comprensible que te sientas así, estas
confundida y pasara un tiempo antes de que te sientas cómoda con
todos esto—ella lo abrazo y apoyó su cabeza en su pecho.
—Gracias—le dijo, él la estrecho suavemente.
—¿Por qué?
—Por no molestarte conmigo—él levantó su rostro y la miró.
—Nunca podría molestarme contigo por algo así—sonrió—y
menos si estas desnuda y completamente mojada—ella sonrió—
solo no ocultes lo que sientes o piensas porque creas que no nos
agradara—asintió y lo beso, él gimió al alejarse—debo irme a
trabajar.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Bárbara sonrió al verlo salir de su habitación solo con una toalla


envuelta en su cintura. Con esa misma sonrisa se seco y vistió.
Ya había roto el hielo con uno de ellos, y de la mejor manera
posible. Se sonrojo al pensar en los demás, en qué pensarían por
esto, qué pensarían de ella, y lo más importante qué pensarían
cuando comenzaran a acostarse con los demás. Luego pensó en lo
que le dijo Garrett, no se embarazaría si no lo deseaba, si era cierto
era una muy buen noticia, llamaría a Anabela para preguntarle.
Cuando llegó a la cocina se detuvo un segundo, todos estaban
allí, al entrar la miraron.
—Buenos días—saludo y se obligo a sonreír.
—Buenos días—respondieron en coro.
—Ya tengo que irme—dijo Garrett apareciendo detrás, él pasó
a su lado y tomó una fruta de la mesa.
—¿No tenías una reunión importante?—le pregunto Alec,
Bárbara se tensó y lo miró.
—Tenías una reunión importante—le dijo y se sintió culpable.
—No importa si llego un poco tarde—dijo él mirando a Alec,
luego se acercó a ella—está bien—le dijo sonriendo, tomó su
rostro y la beso suavemente—nos vemos en la noche—se
despidió—nos vemos chicos—y salió de la cocina.
Nadie le respondió, todos la miraban fijamente. Tragó y abrió la
boca para decir algo, pero como no logro encontrar que decir la
cerró y simplemente se sentó a desayunar.
Luego de un rato, todos comenzaron a levantarse, los miro y
vio a Martin aun sentado.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Tú me acompañaras hoy—le dijo.


—Sí—lo oyó responder.
Sonriendo golpeo la mesa con su mano causando que todos la
miraran de nuevo.
—Me encantan estas conversaciones con Martin—comentó
alegremente, luego de un segundo se rieron, excepto él que solo
arrugo su frente.
Se despidió de todos con un beso en la mejilla y solo con un
movimiento de cabeza de Altaír, se le había olvidado
completamente ese asunto, le preguntaría a Anabela, también.
Martin comenzó a recoger las cosas de la mesa.
—Te ayudo—le dijo.
—No es necesario—dijo él y lo miró, pocas veces le oía decir
tantas palabras juntas.
—Insisto—dijo, se estaba cansando de ser la princesa
consentida del lugar. Ignorando la mirada de Martin tomó varios
platos y los dejo en el lavavajillas.
Continuaron trabajando en silencio hasta que ella pregunto.
—¿Que haremos hoy?
—Yo pensaba—dijo él deteniéndose a mirarla—trabajar en el
invernadero.
—Te molesta si te acompaño—él negó suavemente—gracias,
pero primero llamare a Anabela, luego nos vemos ahí—él asintió.
Cuando acabaron ella salió de la cocina y llego a la sala, tomó el
teléfono y le dijo el nombre de con quien deseaba hablar. Luego de
unos segundos la alegre voz de Anabela le contesto.
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Bárbara, cuanto me alegro de que me llamaras—ella se sentó


en un sofá — desde hace días que no tenía noticas tuyas.
—Lo sé, ¿cómo has estado?
—Muy bien y tú.
—Bien—se calló.
—Mm, eso me huele a pregunta.
—Es una duda, más bien dos.
—Dispara.
—Me dijeron que si yo no quería no podrían quedar
embarazada—silencio—es cierto.
—Pues si—dijo ella—una capacidad extraña que poseen estos
hombres es controlar la procreación.
—Pero, qué quieres decir eso, que ellos no…—se calló, como
decirle eyaculan sin sonar rara.
—Terminan—dijo Anabela.
—Eso—ella rio.
—Lo hacen, pero, si lo digo de una forma más simple,
biológicamente hablando, lo que eyaculan no te embarazaría, es
como si no liberan espermatozoides.
—Rayos—murmuró—eso es posible.
—Aquí, sí—la oyó suspirar—es para ayudar a que se produzcan
más nacimientos, porque si ellos quieren embarazarte lo harían, te
lo aseguro, solo que son tan considerados con eso que solo lo
harán con tu consentimiento.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Entonces ellos no dejan de disfrutar por no… liberarlos—


Anabela se rio.
—Por lo que me dicen el hacerlos les da más placer pero eso no
quiere decir que el que no lo hagan les quite su disfrute,
simplemente están en un nivel diferente—silencio—Bárbara no te
preocupes por eso, no vas a quedar embarazada si no quieres y
ellos disfrutaran el acto de igual forma.
—Bien, eso me relaja—suspiró—lo otro que quería preguntarte
era sobre qué puedo hacer para que uno de ellos ya no sea mi
asignado.
—¿Qué?—la oyó jadear—no puedes hacer eso, no es como si
pudieras devolverlos porque no te gusten—hizo una mueca.
—Anabela, no es…eso—miró alrededor—solo quiero saber
que tendría que hacer, el consejo de ancianos puede equivocarse y
asignarme alguien que no…—como decirlo.
—¿Te guste?—pregunto ella.
—Algo así—mintió.
—Jamás ha pasado algo así—la oyó murmurar—nunca se
equivocan.
—¿Nunca, jamás?—preguntó.
—Esto no es amor a primera vista—dijo ella más seria—debes
conocerlos, el cariño comienza a formarse con el tiempo, ten
paciencia.
—Pero y si no resulta, si no hay ningún sentimiento ni de mi
parte ni la de él, incluso si la convivencia es incómoda.
—No sé qué decirte—confesó—pero intentare averiguar.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Anabela, esto es…


—Lo hare con cuidado, no te preocupes.
—Gracias—le dijo.
—Bárbara, por favor solo intenta conocerlo, solo han pasado
unas semanas, aun no está todo dicho—suspiro.
—Veré que hacer, gracias por todo.
—De nada, llámame de nuevo para que hablemos.
—Lo hare, adiós.
—Adiós.
Dejo el teléfono a un lado y lo miro largo rato.
Intentar algo con Altaír le parecía excelente idea, pero no era
ella la del problema si no él, no podía obligarlo a nada. Negando se
puso de pie y caminó hacia el invernadero. Sonrió, es tiempo de
conocer mejor a Martin.
Ella se estremeció cuando la idea de que se estaba comportando
como una cualquiera llego a su mente. Se encogió de hombros, al
diablo, si por acostarse con diferentes hombres en un lapso de
horas la hacía una zorra por lo menos lo iba a disfrutar.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capitulo 4

Bárbara abrió la puerta del invernadero y busco a Martin. Él


estaba agachado entre unas flores enormes y brillantes. Caminó
hasta pararse a su lado y se agacho para ver.
Él la miro un segundo antes de seguir su trabajo.
—Es muy linda—le dijo y estiró su mano para tocarla, Martin la
sorprendió al detenerla y alejarla de la planta.
—No lo hagas—murmuró.
—Lo siento—se disculpó, él negó.
—No es eso—dijo—mira—tomó algo de una fuente y lo
acerco a la flor. Bárbara trago al ver su centro abrirse y mostrar
una fila de dientes, pequeño y peligrosos, Martin soltó el objeto y
este cayó en ella, desapareció luego de unos segundos. Ella miró la
fuente y vio que eran trozos de carne.
—Guau—dijo—puedo hacerlo yo—él la miro sorprendido.
—Claro—le dijo, apunto otra—esa.
Bárbara tomó un trozo de carne y lo acercó a otra flor, como la
anterior su centro se abrió y soltó la carne, la planta se la comió y
cerró su boca.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Es increíble—le dijo sonriendo, él también sonrió


convirtiendo su rostro en uno más amable y dulce, sus ojos azules
brillaban un poco por la luz del lugar.
Él asintió.
Pasaron un rato alimentando una serie de flores, al acabar se
movieron hacia otra más pequeña, dudó y miró a Martin.
—Estas también es carnívora—él negó—entonces si la toco no
perderé un dedo.
—Para nada, a lo mucho se pondrá verde y enorme—ella alejo
su mano enseguida y lo miró, él sonrió ante su reacción. Parpadeo
confundida al notar que él le había hecho una broma.
—Que gracioso—respondió, miro la flor dudando.
—Es una simple flor—dijo él y se acero, paso sus dedos por
ella para demostrarle que no había peligro.
—Existen muchas plantas carnívoras en este planeta—le
pregunto mientras le ayudaba.
—Pocas—dijo él—esa la cree yo.
—Tú—él asintió—una flor carnívora, es raro—él sonrió y
negó.
—Un poco, pero de ella se obtiene un medicamento muy
raro—Bárbara lo miro. Tiene una voz de profesor pensó, si
impartiera clases todo el mundo se callaría apenas abriera la boca.
—Haces investigaciones en el ejército—él afirmó.
—Mi padre también lo hacía—ella asintió, su padre habría
muerto hacía unos años en un laboratorio.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Es sorprendente—murmuró ella luego de terminar de


trasplantar pequeños brotes en masetas.
—Es relajante—le dijo Martin a su lado, lo miro.
Él tenía un aire de misterio, como James Bond.
—Eres muy callado—le dijo, él la miro a los ojos y luego
alrededor.
—Lo siento—murmuró, Bárbara se rio un poco y él la miró
con la frente fruncida.
—No tienes que disculparte por ser así—sonrió—eres Martin
— dijo—un hombre callado al cual le gusta trabajar con plantas.
Él sonrió.
—Puedo preguntarte algo—ella asintió— ¿te acostaste con
Garrett?
Bárbara sintió su rostro enrojecer y miro en todas direcciones.
—Sí—dijo luego de limpiare la garganta, al verlo él sonreía.
—Me alegro.
—¿Te alegras?—dijo sorprendida.
—Eso significa que confías en nosotros, o en él, es un gran
paso.
—En todos—dijo ella—confió en todos—él asintió.
—Vamos a comer algo—dijo Martin y se pusieron de pie.
Ella le ayudo a preparar un almuerzo simple y luego de comer
regresaron al invernadero.
Bárbara se mordió el labio mientras lo miraba desde lejos.
Martin estaba muy concentrado entre unas plantas de color rojo,
77
El deseo de Bárbara D.H. Araya

tomando notas y examinando. Llevaban una hora así, ella llevaba


toda la mañana y parte de la tarde viéndolo agacharse, ponerse de
pie, sentarse, estirar su cuerpo, todo y no podía creer que eso la
excitara, ya lo estaba, pero no lograba saber que era lo que sentía
él. Martin era amable con ella, ayudándola y respondiendo sus
preguntas, ni una sola vez la había tocado, sí la miraba cuando
creía que ella no lo notaba, pero solo era eso.
Suspiró pesadamente y Martin quito su atención de la planta
para mirarla.
—¿Estas bien?—dijo, ella asintió.
—Solo pensaba en el invernadero—y en ti. En el invernadero y
el cuerpo de ese hombre, sonrió, más bien pensaba en sexo en el
invernadero, nunca lo había hecho, ya era hora.
Camino hacia él decidida y puso una mano en su hombro, él la
examino fijamente.
—A decir verdad pensaba en ti—dijo, él espero—y en este
lugar.
—Sí—dijo él, ella asintió.
—Solo que no logro averiguar algo.
—¿Qué?—se acercó a su rostro.
—Si tú me deseas—él abrió la boca y ella se aprovechó de eso
para besarlo.
Pensó que Martin no le respondería enseguida pero se
equivoco, apenas su boca tocó a de él, él la beso, lentamente y
luego con más intensidad. Ella se sentó a horcajadas sobre él.
Cuando él siguió besando su cuello dijo.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—No me has respondido—jadeo al sentir sus dientes en su


piel.
Martin no respondió, solo la levantó y la llevó a una mesa,
empujo las cosas al piso y la hizo recostarse. Bárbara lo vio
quitarse su camisa, le ayudo a desnudarla y gimió cuando él libero
su miembro, más ancho que el de Garrett pero igual de duro y
caliente.
Martin la arrastró un poco hasta el borde de la mesa, puso sus
piernas sobre sus hombros y la penetro con un solo movimiento,
sacando un jadeo de su boca. Él fue directo al grano, comenzó a
moverse enseguida, con fuerza, afirmándola de su cintura para que
no se alejara.
—¿Te hago daño?—le preguntó con voz ronca, ella negó y
tragó.
—Dios, no te detengas—rogó, lo vio sonreír y se estremeció
cuando empujo más rápido. A los pocos segundo Bárbara se
corrió, gimiendo y estremeciéndose, él no se detuvo—Martin—
rogó, era demasiado para su cuerpo sensible. Otro orgasmo
comenzó a construirse dentro de ella a una velocidad
sorprendente. Él le permitió bajar sus piernas y se inclino hacia
adelante para lamer sus pechos. Jugó con cada punta, mordió y
tiro.
Ella volvió a correrse con más intensidad y él la siguió esta vez
gruñendo cerca de su oído. Cuando fue capaz de hablar y moverse
lo miro, llevo su mano a su rostro y luego a su cuello, acaricio un
poco antes de que él la mirara.
—Lo siento—dijo él luego de tomar aire—creo que me excedí.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—No, fue genial—suspiró—¿siempre eres así?—él se sonrojo y


miro hacia otro lado.
—Fue…mi primera vez—le oyó murmurar, ella se tenso.
—En serio—él asintió y como quiso alejarse lo afirmo, lo miro
a los ojos y luego lo beso con dulzura, tomándose un largo
tiempo—debo decirte—le dijo al oído—que es uno de tus talentos
naturales.
Él la volvió a besar y se movió un poco dentro de ella, ambos
gimieron. Ella lo empujo un poco.
—Vamos a la silla—murmuró.
Martin hizo lo que pidió y se sentó, ella volvió a sentarse a
horcajadas sobre él. Ahora disfrutaron de las caricias y los besos,
ella saboreo la piel de su cuello y él la imito, luego hicieron el amor
lentamente. Bárbara se movió sobre él como si tuvieran todo el
tiempo del mundo, alargándolo lo más posible. Ambos acabaron
en un tempo perfecto, besándose y gimiendo.
Ella suspiro contra su oído mientras él acariciaba su espalda,
satisfecha y feliz.
—Tenemos que averiguar qué te gusta más—le dijo.
—Mm—murmuro él.
—Si prefieres hacer el amor lentamente—lo miro—o como la
primera vez—sonrió y él le devolvió el gesto.
—Y tú, ¿cómo lo prefieres?—se encogió de hombros.
—Soy una mujer abierta a las posibilidades—se besaron.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

La puerta detrás de ellos se abrió de repente. Bárbara miro por


sobre el hombro de Martin a Alec aparecer allí, él se detuvo al
verlos, ella jadeo y ocultó su rostro en el pecho de Martin, gimió.
—Ha— dijo Alec —lo siento, solo…venía a decir que llegamos
—con eso los dejo solos.
Volvió a quejarse y llevo sus manos a su cara.
—¿Estas bien?—preguntó Martin, ella gimió y lo miró por
entre sus dedos, él sonrió—no te sientas mal—le dijo.
Asintió, quiso ponerse de pie pero Martin la afirmo de la
cintura. Él espero a que quitara sus manos de su rostro para
besarla. Lentamente se relajo contra él.
—¿Mejor?—le pregunto luego de un rato, asintió.
—Sí—suspiro— no debería avergonzarme.
—No—estuvo de acuerdo él—lo más probable es que en algún
momento esto vuelta a pasar.
—Lo sé—murmuro ella—lo he imaginado—él sonrió.
—Yo igual—la beso un segundo—vamos, vistámonos.
Cuando entraron en la cocina vio a todos los hombres de pie
preparando algo.
—Llegaron temprano—dijo ella luego de que se sentaron a
comer, ella lo hizo al lado de Garrett, al verla él le sonrió y le
devolvió el gesto.
—Hubo poco trabajo—dijo Alec, los demás asintieron.
Martin se sentó a su otro lado. Ella miro a Alec y luego a Isaac
un segundo, evito mirar a Altaír, no deseaba saber que pensaba ni
nada. Las expresiones de ambos le indicaron que hubieran
81
El deseo de Bárbara D.H. Araya

preferido quedarse con ella ese día, se preguntó cómo decidían


quién se quedaba y qué pasaría ahora.
Cuando se sentaron a comer, hablaron sobre sus trabajos y
como les estaba yendo, ella guardo silencio un segundo y dijo.
—Me gustaría trabajar—todos se callaron y los miro.
—No creo que sea prudente—dijo Garrett lentamente, lo miro.
—¿Por qué?—él miro a los demás como si pidiera ayuda.
—Sabes que no es necesario que trabajes—dijo Alec, ella soltó
un bufido.
—No voy a ser una mantenida—negó molesta.
—Pero…—dijo él, lo miro.
—Si trabajas—comenzó a decir Altaír, no lo miro—puede
pasar que toques a otro hombre—suspiró y lo miró—eso no es
recomendable por ahora—ella mantuvo su rostro inexpresivo y
miro a los demás.
—Pero puedo hacer otra cosa—les dijo.
—Bárbara—dijo Altaír—lo mejor es que primero te
acostumbres a todo esto, luego podrás buscar trabajo en alguna
escuela.
—Entonces ninguna posibilidad de hacer algo mas que pasar el
tiempo aquí.
Algunos asintieron.
—¿Cómo lo hace Anabela?
—Ella lleva más tiempo que tu aquí—dijo Altaír—y creo que
antes trabajo en relaciones públicas.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Arrugó su frente y miró a un lado, un cuadro.


—Pero no me gusta estar sin hacer nada—murmuró, escucho a
algunos suspirar pero no se volteo a verlos.
Luego de un rato poco a poco los hombres comenzaron a
levantarse y recoger las cosas, ella solo permaneció sentada y en
silencio. No había pensado en que al ser profesora tocaría a
alguien, y obviamente ese era un problema. ¿Cuánto tendría que
esperar para poder tener una vida normal?
Suspirando se puso de pie y camino fuera de la casa, se sentó al
lado de unas flores.
No tenia que preocuparse de eso, se dijo, por ahora lo más
importante era conocerlos a todos, luego se preocuparía de otras
cosas. Aún le faltaban dos hombres. El primero que se le vino a la
cabeza fue Alec y su sonrisa, tenía que lograr estar a solas con él.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capitulo 5

—¿Te molesta si te acompaño?—le dijo a Alec temprano en la


mañana, lo pilló justo cuando bajaban las escaleras, él la miro.
—¿Acompañarme?—repitió, asintió.
—Sí, siempre tienen que dejar a alguien conmigo y llevo varias
semanas sin salir—sonrió—quería saber si te molestaría que te
acompañara a tu trabajo.
Lo observó esperando sin dejar de sonreír, él abrió la boca y
luego la cerró, al final sonrió.
—Claro, creo que es buena idea pero, te advierto que
pasaremos la mayoría del tiempo en mi oficina—ella sonrió aún
más.
—Me parece bien, ¿quién iba a quedarse hoy?
—Altaír.
Uf, pensó, de lo que me salve.
Como llegaron a la cocina y todavía nadie se levantaba aun,
decidió ayudarle a preparar el desayuno. Con el paso de los
minutos los hombres comenzaron a aparecer, el último fue Altaír.
—No es necesario que te quedes Altaír—dijo Alec, lo miraron
mientras ella preparaba un juego de naranjas.
—¿Quieres quedarte tú?—pregunto él.
84
El deseo de Bárbara D.H. Araya

—No—dijo Alec, Bárbara los miró.


—No puedes dejarla sola—dijo Garrett, volteo sus ojos.
—No la dejare sola—se quejó Alec—déjenme terminar de
hablar—sonrió—ella vendrá conmigo a mi trabajo.
—¿Qué?—dijeron algunos, la miraron y sonrió.
—Pero…—dijo Altaír.
—Yo quiero ir—lo interrumpió Bárbara—no he salido de aquí
en semanas y me pareció buena idea, así nadie tendrá que faltar a
su trabajo—se encogió de hombros.
Ellos se miraron entre si y esperó.
—Vamos gente—dijo Alec— estaré siempre con ella.
—Bien—dijo Garrett, los demás asintieron, Altaír no dijo nada.
—Genial—dijo y término el jugo, lo llevo a la mesa. Cuando se
giró vio a Garrett parado detrás de ella.
—¿Estás segura?—le preguntó, ella asintió y se acercó, lo rodeo
con sus brazos.
—Sí, puede ser divertido.
—Bien—él suspiró.
Bárbara tomó su rostro con sus manos y lo acercó más a ella,
mientras se besaban él la rodeo con sus brazos para tenerla más
cerca de su cuerpo. Se alejaron cuando alguien paso a su lado,
miro, Altaír.
Luego de desayunar salieron fuera. Ella se puso uno de los
vestidos que tenia, este era de color celeste pastel con lazos azules,
peino su cabello hacia atrás y lo afirmó con un pinche.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Alec la esperaba al lado de su automóvil, Altaír ya estaba


caminando a su vehículo, ella dudo un segundo y regresó por las
escaleras para encarar a los demás. Sonriendo se acercó a Garrett,
tomó su rostro y lo beso, luego se movió hacia Martin y también lo
beso, el siguiente fue Isaac solo que él afirmo su rostro para besarla
como quería. Cuando la dejo ella jadeo y abrió los ojos, sonrió.
Se limpio la garganta y dio un paso hacia atrás.
—Bien—dijo—nos vemos.
Con eso se alejó de todos y llego al auto de Alec.
—Ya está, podemos irnos—él arrugo su frente.
—¿Y mi beso?—preguntó, sonrió.
—Esos son besos de despedida, no voy a despedirme de ti—él
se quejo—vamos—le dijo y sonrió con picardía—¿por qué crees
que quiero pasar todo el día contigo?
Alec la miró intensamente, luego su lengua apareció para
humedecer sus labios, ella siguió este hecho fascinada.
—Me lo debes—dijo en voz baja y seria.
—Te lo pagare—respondió.
Las puertas del vehículo se abrieron, antes de subir Bárbara
miro a un lado y se encontró con los ojos de Altaír. No supo que
pensar, él solo la observó sin moverse. Suspirando dejo de mirarlo
y subió al auto.
Alec la observó un segundo pero no pregunto nada, luego se
puso en marcha.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Bárbara miro por la ventana a la ciudad con edificios pequeños


y elegantes, a los hombres moverse por el alrededor y las pocas
mujeres que jamás estaban solas. Alec se detuvo junto a un edificio
de dos pisos, el nombre DulceVita estaba escrito en el centro de
este con una letra especial.
—Mi otro amor—dijo él y lo miro, sonrió.
Mientras caminaban hacia el lugar él la tomo de la mano.
Algunos hombres los miraron unos segundos.
—¿Cuánto tiempo has trabajando aquí?—preguntó y miró los
ventanales con marco de madera.
—Compre el lugar hace varios años ya, iban a demolerlo—lo
miro—me gustaron las terminaciones en madera así que decidí
hacer de esto un restaurant, Garrett me ayudo a reconstruirlo—
sonrió—es bueno trabajando en madera.
—Es muy bonito—le dijo.
—Gracias—entraron al lugar.
Alec la sorprendió presentándola como su mujer pero no dijo
nada. De esa manera debían verla, pensó, como su mujer. Los
hombres del lugar la saludaron con un movimiento de cabeza y
sonrisas.
—Ven, te mostrare el lugar—dijo él y lo siguió.
Vieron el restauran por completo, la barra, luego la cocina. Allí
él le mostro los diferentes platos que preparaban y le permitió
tomar un trozo de pastel de chocolate. Luego la llevo al segundo
piso, ahí solo habían un grupo de oficinas, saludo a los hombres de
la zona y llegaron a su oficina privada.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Ella se acercó a una ventana y miro hacia afuera, tenia vista al


estacionamiento.
—Y este es mi lugar de trabajo la mayoría del tiempo—lo miró.
—Yo pensé que cocinabas la mayoría del tiempo—él asintió un
poco.
—Cuando tengo tiempo lo hago, pero eso no es muy seguido.
Bárbara dejo el plato en el escritorio y se acero a él, Alec sonrió
y abrió sus brazos para ella, en ese momento tocaron a la puerta.
Ambos suspiraron.
—¿Si?—pregunto Alec, Bárbara volvió a tomar su pastel y se
sentó en el sofá. Un hombre con su cabello poblado de canas
entro, al verla sonrió.
—Hola—le dijo.
—Hola—respondió ella.
—¿Qué pasa?—pregunto Alec.
—Llegaron los nuevos productos—Alec asintió y la miró.
—Tengo que salir un momento.
—Está bien—dijo ella—no te preocupes por mí.
Alec miro al hombre y este salió, se acero para arrodillarse en
frente.
—Regresare pronto—ella asintió.
—Te molesta si curioseo un poco—él sonrió y negó.
—Solo no toques nada.
—Oye—dijo Bárbara y él rio.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—No, bromeo, lo único que te pido es que no muevas los


papeles del escritorio y—la miro a los ojos—no salgas de aquí.
—Está bien—dijo ella, antes de salir él la beso.
—Regreso pronto—insistió.
Bárbara se comió su pastel mirando alrededor, cuando acabo se
acercó a las fotografías en la pared. Alec aparecía en algunas, en la
mayoría estaba con los hombres que había visto abajo, en otras
con dos hombres mayores y una mujer, supo enseguida que eran
sus padres y su madre, se parecía mucho a la mujer, sobre todo en
los ojos verdes.
Vio una fotografía de él mucho más joven, escalando una
montaña y sonrió, tenía la misma sonrisa increíble de ahora.
Luego miró por el escritorio y algo que parecía un computador,
no lo toco. Se sentó en la silla y cruzo sus manos. El hombre tenía
un leve problema con la organización notó, la mayoría de los
papeles sobre la mesa estaban desordenados, algunos arrugados y
otro sucios, no encontró ninguna lógica entre ellos, simplemente
eran una pila de facturas y demás casi arrojadas sobre la mesa
como si buscaran algo.
Siguió mirando los papeles sin tocarlos, al cabo de una hora la
puerta se abrió y vio a Alec entrar. Él suspiro pesadamente y la
miro.
—Lamento la tardanza—dijo, ella sonrió.
—Está bien, sé que tienes que trabajar—apuntó con sus dedos
los papeles—es idea mía o buscabas algo.
Él arrugo su frente.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Sí, es un estúpido papel que no logro encontrar—ella asintió.


—¿Quieres que te ayude?—él volteo sus ojos.
—No te traje para que trabajaras, lo buscare luego—ella lo
miro.
—Pero ese papel debe ser importante, qué es, dímelo—él negó.
—Ven, sentémonos aquí—ella negó y se recostó contra la silla.
—Dímelo—pidió sonriendo, él suspiro y sonrió.
—Simplemente es una factura que demuestra que pague algo—
ella asintió—es de hace más de un año.
—Te ha causo problemas ese papel—él asintió.
—Sí, mi antiguo proveedor insiste en que no le pague, pero yo
estoy seguro que si, si tuviera ese papel lo demostraría.
—¿Cómo se llama la empresa?
—Mariscos M—murmuro, ella miro los documentos y arrugó
su frente. Luego sonriendo metió su mano entre los papeles y
tomo la punta de uno, lo saco y miro.
El papel estaba sucio y arrugado, manchas de aceite y algo mas
tapaban parte de su nombre.
—Será este—le dijo a él sonriendo con suficiencia.
Él se acercó rápidamente y lo tomó, lo miro completamente,
por último a ella.
—¿Cómo?—preguntó—espera un segundo.
Rápidamente salió del lugar, ella lo vio entrar en una oficina del
frente y se acercó a la puerta.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Usted es la mujer del jefe—le pregunto alguien y miro a un


lado, el mismo hombre de hace un rato estaba allí.
—Sí—dijo ella y lo miro.
El tipo era mayor y como todos con un cuerpo musculoso,
tenía los ojos grises y los labios delgados, ella arrugo su frente.
Había algo en su mirada que la hacía sentir incomoda. Alec regresó
de la oficina y la miro.
—Era ese—le dijo sonriente.
Ella entro en el lugar y llego cerca de la ventana, Alec la siguió y
cerró la puerta tras de si.
—Me merezco un premio—le dijo.
—Pide lo que quieras y lo tendrás—ella alzo una ceja y toco la
tela del vestido sobre su pecho sonriendo.
Él se acercó lentamente sin dejar de ver sus dedos. Bárbara
agarro su chaqueta y la empujo hasta quitársela, lo miro.
—Tienes que hacer otra cosa—le pregunto.
—Nada es más importante que ese momento—dijo con
solemnidad, ella sonrió.
—En ese caso—lo empujó hacia abajo y lo beso.
Alec la beso dulcemente, con cariño y lentitud, ella empujo su
camiseta hacia arriba y él levanto los brazos para quitársela.
Aprovechándose de que tenía sus manos ocupadas beso su pecho
y mordió suavemente, él se estremeció y arrojó la camiseta al otro
lado de la oficina. Bárbara lo miró sonriendo y volvieron a besarse.
Él le quito el vestido rápidamente, Bárbara se estremeció
cuando él empujo su sujetador hacia abajo exponiendo sus pechos.
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Alec—lo llamó.
—Mm—dijo él sin dejar de acariciarla.
—Tenemos que alejarnos de la ventana—él paso su lengua por
su pecho y luego soplo.
—Nadie nos vera desde afuera—la miro—jamás haría esto aquí
si hubiera esa posibilidad.
Volvió a besarla pero con más intensidad. Luego él la giró y
llevó más cerca del vidrio, tomó sus manos y las apoyo en el.
—No las quites—ordeno en su oído, luego la empujo hacia
abajo, hasta tener su espalda de forma horizontal y su trasero
expuesto. Ella jadeo cuando él empujo sus bragas hacia el piso y
las quito, lo vio meterla en el bolsillo de su pantalón.
—Si alguien nos ve, te mato—le advierto, él se rio entre diente.
—Si alguien nos ve, yo lo mato—paso su mano por su nalga y
apretó—nunca dejaría que nadie viera esto.
Ella rio.
—Eso es un tanto difícil—él toco su otra nalga y pellizco—
oye—se quejó.
—Ellos son otra cosa—murmuro—incluso haría esto mismo
en presencia de ellos—Bárbara se quejo al imaginarse a los demás
mirándolos y trago al escuchar el cierre de su pantalón bajar.
Observó entre sus piernas como se los quitaba y los dejaba a un
lado, como quiso levantarse para mirarlo él la detuvo.
—Sin moverse—le recordó.
—Quiero verte—se quejó, él se rio.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Después—pasó sus dedos más cerca de su sexo.


—Alec— gimió, ya estaba húmeda por él, no tenía que hacerla
esperar.
Él la ignoro y jugó con ella, solo rozándola, tentándola y
alejándose y volviendo a comenzar, cuando sus brazos
comenzaron a protestar por el esfuerzo se lo dijo.
—Entonces apresurémonos—murmuro él con voz roca.
Bárbara sintió la polla de Alec penetrarla lentamente y volver a
salir, luego él lo hizo de nuevo más profundo, una y otra vez.
—Por favor—jadeo y él la penetro por completo. Alec la agarró
de la cintura y siguió pistoneando.
Ambos jadeaban y gemían, las palmas de Bárbara comenzaron a
resbalarse, intento afirmarse pero no pudo, pensó que caería pero
Alec la levantó sin salir de ella causando que un jadeo escapara de
sus labios.
—Nos bajare hasta el suelo—le dijo con voz ronca—apóyate
en tus manos y rodillas—ella tragó pero lo hizo.
Cuando estuvo en esa nueva posición él siguió moviéndose,
solo que ahora Alec fue capaz de tomar cada pecho para
acariciarlo. Bárbara comenzó a moverse, empujando en contra y él
la recomenzó con un gemido bajo y ronco. Luego de unos minutos
de ese vaivén placentero ella se corrió con fuerza pero recordó no
gritar y solo apoyo su frente en la alfombra. Él la siguió luego de
dos empujes con un gruñido, Bárbara levanto la cabeza justo a
tiempo para verlo con el rostro inclinado hacia atrás y los labios
separados.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Cuando se recuperó se miraron, él salió de ella y Bárbara se giró


para quedar frente a él, volvieron a besarse. Él la abrazo y deposito
un beso en su frente.
Mientras se vestían Bárbara miró fuera de la ventana y se
congeló, luego dio un paso hacia atrás y chocó con el escritorio,
Alec la miro.
—¿Qué pasa?—preguntó, ella apunto fuera y cuando él se
acercó a ver soltó una grosería. El mismo hombre que le había
hablado estaba allí, mirándola fijamente y no solo eso, había tenido
su mano entre sus piernas.
Él se vistió rápidamente y se movió hacia la puerta, antes de
salir le dijo que no saliera de la oficina. Bárbara esperó un rato a
que regresara.
El hecho de que los hayan visto la avergonzaba, pero el saber
que ese hombre había sido hacia que su estomago se revolviera.
Cuando Alec regresó estaba sentada en el sofá, él llego a su lado.
—Lo siento—dijo suavemente—no debí…—apunto la ventana
y negó molesto.
Ella se inclinó hacia él y lo abrazo, apoyo su rostro en su pecho
y cerró los ojos, él también la abrazo.
—Ya paso—dijo—no te preocupes—él suspiro y acaricio su
espalda.
—Es que…deseaba tanto tenerte que no pensé claramente—
ella sonrió y lo miro.
—Lo disfrute y no me arrepiento que lo hiciéramos ahí—él
suspiro y acaricio sus labios—no te preocupes, no voy a cumplir

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

mi amenaza de muerte—él rio un poco, luego deposito un beso en


su frente y la atrajo mas hacia su pecho.
—Me alegro, ya veía que sacabas un cuchillo de este vestido—
lo tocó—lista para cobrar venganza.
Ella suspiro feliz.
—Cariño—dijo él—¿quieres regresar a casa?
—¿No tienes trabajo?—preguntó, él se encogió de hombros.
—Puedo dejarlo para otro día—él tomó su rostro—o
podríamos dar una vuelta por la ciudad en automóvil—sonrió.
—Esa es una mejor idea.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capitulo 6

Alec y ella recorrieron la ciudad por largas horas, hablaron sin


parar y él le contó cómo habían surgido ciertos lugares. Bárbara se
sorprendió de que todo pareciera tan normal, era como una ciudad
pequeña cualquiera, solo que más moderna y limpia.
Cuando regresaron a la casa vio todos los automóviles ya allí,
Alec la detuvo antes de bajar de vehículo.
—Puedo preguntarte algo—lo miró— ¿qué pasa entre tú y
Altaír?—ella arrugó su frente. Era obvio que alguien lo iba a notar,
observó a Alec pero no supo que decir.
—Solo es un leve desacuerdo—dijo, no quería mentirle pero
tampoco decirle todo—lo arreglaremos.
—Estás segura que solo es eso—ella asintió.
—Es un asunto entre nosotros—murmuro, él asintió al
comprender.
—Está bien—dijo y bajaron del vehículo.
Al llegar a la sala saludo al grupo de hombre sentados en
diferentes lugares.
—Voy a hacer la cena—dijo y camino hacia la cocina.

96
El deseo de Bárbara D.H. Araya

Cuando estaba en el lugar Garrett apareció a su lado y le mostro


el teléfono.
—Es Anabela, quiere hablar contigo.
—Gracias—le dijo ella, antes de que se alejara por completo lo
agarró de la camisa y lo beso, cuando se alejó notó que sonreía—
hola—saludo a Anabela.
—Hola, ¿estas ocupada?
—No, ¿qué pasa?
—Encontré algo sobre lo que me preguntaste—se tensó y
camino hasta una ventana—si ha pasado antes—continuo ella—
uno de los asignados ha sido retirado y alejado de una mujer.
—¿Qué paso? ¿Sabes por qué?—ella suspiró.
—No, lo siento, solo pude averiguar eso, ni siquiera sé que paso
luego con ellos, sus registros fueron borrados.
—Vaya—dijo desanimada—pero es posible.
—Creo que sí, he pensado que la forma de hacerlo sería
presentándote ante los ancianos y contar cual es el problema, ellos
decidirían al final—suspiró.
—No sé si sea buena idea eso—murmuró.
—No has intentado…—se calló
—Por ahora estoy concentrada en otras cosas.
—Entonces aún no estás segura—Bárbara miro alrededor,
Alec, Garrett y Isaac estaba ahí.
—Ahora debo colgar, gracias por llamarme—le dijo.

97
El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Ha, moros en la costa—dijo—bien, llámame y continuamos


con esto, seguiré investigando.
—Está bien, adiós.
—Adiós—colgó.
Dejo el teléfono y se acero a los demás, comenzó a ayudarles.
—Y cómo estuvo el día—le pregunto Garrett, lo miro.
—Bien, divertido—sonrió aún más—y salve el día—él la miro
confundido y Alec se rio. Les contó a ambos sobre el documento
perdido.
Luego de comer se sentaron a ver televisión un rato, cuando el
programa acabo se despidió de todos y camino hacia su habitación
pero se detuvo en la escalera, decidió que mejor iría a nadar un
rato. Cuando llego al lado de la piscina se desnudo y se metió
lentamente, solo se estremeció un segundo por el frio del agua
pero lo ignoró y comenzó a nadar. Buceó un poco y cuando salió
vio a Isaac mirándola desde una silla, él sonrió.
—¿Me vas a acompañar?—le pregunto.
—Claro—se quitó la camisa—vengo a nadar todas las noches
antes de acostarme—ella lo observó llevar sus manos a su
pantalón—el ejercicio me ayuda a dormir—se los quito y quedo
completamente desnudo, Bárbara trago, qué rayos hacen con estos
hombres que son tan… dejo de pensar cuando él se arrojó al agua.
Isaac buceo unos segundos y salió a un metro de ella, paso sus
manos por su cabello rubio y sonrió.
—¿Qué haces en el ejercito?—le pregunto y nadaron juntos.

98
El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Ahora soy uno de los entrenadores de nuevos reclutas—ella


alzo ambas cejas.
—¿Como un profesor?—él asintió—¿te gusta?
—Sí—dijo—me gusta, es divertido.
—¿Cómo eres?—ella paso a su lado y él la siguió con la vista—
como esos entrenadores amables que ayudan a sus subordinados y
los alienta a seguir o—siguió moviéndose—todo gruñón, de esos
que gritan y dan ordenes para ser cumplidas en seguida y, que
imparten castigos como dulces.
Él lo pensó.
—Un poco de ambos—la miró—me gusta alentar a los chicos,
pero si debo imponer un castigo lo hago sin problema—ella sonrió
y se acercó.
—Si yo me portara mal me castigarías—él también se acercó y
asintió— ¿qué clase de castigo?—preguntó.
Isaac recorrió la distancia que los separaba y tocó su cadera, la
llevo hasta el borde de la piscina y la aprisiono allí con su cuerpo.
—Depende de que hicieras mal—aseguró—pero posiblemente
te ataría—ella tomó aire y él sonrió—te vendaría los ojos y
luego…—se calló y acerco su boca—te haría el amor sin descanso.
Bárbara gimió y él la beso, Isaac mordió sus labios y los chupo,
luego se movió por su cuello besando, mordiendo y chupando. En
una ocasión la mordió tan fuerte que saltó por la impresión y se
quejó, él paso su lengua sobre la marca luego.
—Debo advertirte algo primero—dijo él, ella lo observó—voy
a tomarte de todas las formas posibles—tragó—si me permites

99
El deseo de Bárbara D.H. Araya

continuar debes saber que voy a disfrutar de cada parte de ti—la


beso suavemente—sin tapujos ni vergüenza—volvió a besarla más
intensamente—me gusta que me obedezcan—ella lo miró con los
ojos abiertos por la impresión—pero—agregó—nunca voy a hacer
algo que te haga daño, que no te haga sentir bien, me detendré
cuando tu lo quieras—la miro a los ojos—solo debes confiar en
mí—había una suave suplica allí.
Ella lo pensó, se imagino que a él le gustaba el sexo donde el
dolor y placer se mesclaban, una vez tuvo un novio así, pero las
cosas no habían pasado de una noche luego de que la atara a la
cama sin su permiso.
—Si te digo que te detengas lo harás—él asintió.
—Nunca hare algo que no quieras—aseguro él y esperó.
Bien, también había que intentar algunas cosas diferentes.
Asintió y él la beso intensamente.
—No te arrepentirás—dijo con voz ronca—sígueme.
Luego de envolverse en unas toallas la llevó de la mano a su
habitación. Bárbara observó todo el lugar luego de que él
encendiera la luz. Isaac se acercó a su ropero y desapareció, ella se
acercó a su cama y toco la sabana de seda de color negro. Cuando
él regreso lo miro, traía un pequeño bolso.
—Un amigo compro estas cosas en la tierra—dijo sonriendo—
me las entrego antes de ayer—ella se acercó para mirar.
—¿Qué son?—preguntó, Isaac la detuvo y la guio a la cama.
—Te las mostrare, pero primero—le mostro un par de esposa
forradas en cuero— ¿puedo atarte?—preguntó con una sonría de
niño, ella suspiró y asintió.
100
El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Pero luego yo voy a atarte a ti—él se estremeció.


—Si quieres primero me atas a mi—negó sonriendo—tu
elección.
Isaac le ayudo a acomodarse sobre la cama, se aseguró de que
sus hombros y cabeza estuvieran bien apoyados para que no le
dolieran. Al acabar se alejó para sacar otra cosa de su bolso, ella
movió un poco sus brazos sintiéndose rara.
—Sabes qué es esto—le preguntó de repente, mostrándole un
objeto pequeño.
—Un tapón para el…—cerró las piernas en seguida y él sonrió.
—Eso me dice que nunca te has tocado ahí—negó—entonces
seré el primero.
—Es mi trasero—dijo ella con la frente arrugada, él tomó otra
cosa del bolso y comenzó a acercarse sin dejar de sonreír—Isaac, si
tú te atreves a poner eso ahí—lo miro a la cara—cuando te ate
hare lo mismo—él se rio entre dientes.
—Dulce, que clase de hombre seria si no permitiera que
hicieras conmigo lo mismo que yo haga contigo—ella se quejó.
—Qué, tú si te tocas ahí—él la miro serio.
—Claro que si—jadeo por la sorpresa y él la beso intensamente,
enterró su lengua en su boca y cuando la tuvo gimiendo se alejó—
esto te ayudara a tomarme cariño, así no habrá dolor—ella
gimió—además, debes acostumbrarte a la idea con tantos hombres
en tu vida—lo miró—en algún momento uno de nosotros tomara
tu dulce vagina mientras otro hace lo mismo con tu ano—cerro los
ojos ante la imagen—sé que te gusta la idea—le susurro al oído.

101
El deseo de Bárbara D.H. Araya

Bárbara vio a Isaac bajar hasta su sexo y abrir sus piernas con
cuidado, luego sintió su lengua saboreándola y se quejó, eso era
algo que no esperaba. Él continuo probándola con su lengua, luego
chupo sus labios y llego a su clítoris para morderlo. Saltó por la
sorpresa y cuando él lo hizo de nuevo no pudo evitar correrse.
Cuando recuperó el sentido, sintió algo frio en su ano y miro a
Isaac. Él la acaricio con un dedo y levantó la vista para observar su
rostro, se movió dentro de ella midiendo su reacción, la forma en
que gemía o se quejaba, luego ella sintió el tapón tomar el lugar del
dedo y se tensó.
—Calma cariño—dijo él—solo relájate—asintió y lo hizo. Isaac
empujo el tapón y cuando acabo sonrió—ya esta—subió por su
cuerpo dando besos y llego a su boca, Bárbara se sintió rara con el
objeto en su trasero, pero no le dolía así que dejo de pensar en el.
Él la beso un rato, acaricio su cuerpo y jugó con sus pezones.
Bárbara abrió las piernas bajo él y se restregó contra su vientre
mientras él chupaba, al entender su necesidad movió una mano
entre los dos, la penetro con sus dedos y los movió, tocando justo
esa parte dentro de ella tan placentera.
—Me voy a correr de nuevo—susurró, él dejo su pecho un
segundo.
—Hazlo—le dijo—no te contengas, hare que te corras de
nuevo—como él se movió más rápido y chupo con más intensidad
se corrió por segunda vez—perfecta—le dijo él al acabar.
Bárbara sentía su cuerpo pesado, de gelatina y sudoroso.
—Cariño voy a quitarlo—lo oyó decir, asintió un poco—se
sentirá extraño—él abrió sus piernas aún más y con cuidado quitó

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

el tapón, ella sintió la falta del objeto enseguida pero otro comenzó
a tomar su lugar, levantó la cabeza y vio que él estaba metiendo
otro, mas grande y ancho. Mientras lo hacía acaricio su nudo y se
estremeció, siguió haciendo eso y solo se detuvo cuando estuvo
completamente dentro de ella.
—Solo ese y luego será mi turno—le dijo.
Isaac subió por su cuerpo acariciándola con su lengua, Bárbara
noto la tensión de su cuerpo, el sudor en su frente y su sexo duro
tocar su vientre, suspiro contra él.
—Creo que ya es hora—le dijo, quería tenerlo a él y no un
pedazo de plástico, él asintió suavemente y la beso.
—Voy a liberarte y te girare—lo hizo, la puso de frente en la
cama, apoyada sobre sus rodillas bien separadas y con la frente y
manos en la cama.
Cuando él la tuvo como quería la acaricio y le quito el tapón
con cuidado, luego metió un dedo en ella y lo movió alrededor,
hizo lo mismo con tres dedos, estirándola en todas direcciones.
Ella se quejó y mantuvo sus ojos cerrados, no podía soportar esto.
—Solo hazlo—se quejó, él se rio al oírla.
—Lo hare cuando yo quiera—respondió él, luego una mano
calló sobre su nalga derecha, se quejó y lo miró sobre su hombro.
—Oye—le dijo, él volvió a hacerlo en el mismo lugar—qué…
—Es tu castigo por decirme que hacer—volvió a hacerlo y
apoyo su frente en la cama.
Cómo era que le gustaba esto, no le dolía, era más como una
picazón, como una corriente eléctrica que le recorría el cuerpo y

103
El deseo de Bárbara D.H. Araya

llegaba a su sexo. Isaac se movió más cerca de ella y jadeo al


sentirlo entrar en su cuerpo. Él se movió dentro de ella un par de
veces antes de salir y empujar su sexo en su ano, jadeo, él continuo
haciéndolo, estirándola sin detenerse. Cuando se enfundo por
completo gimió y se quedo quieto, permitiéndole acostumbrarse.
Bárbara se sentía extraña, rara con él allí, su piel se estiraba
increíblemente para tomarlo. Sentí un ardor en su trasero, algo leve
comparado con lo que había imaginado. Él se movió fuera de ella y
jadeo, allí estaba la sensación de placer con un dejo de dolor, algo
que no llegaba a distinguir. Isaac acarició su cuerpo, su cadera y
espalda, luego siguió por sus piernas de arriba abajo, varias veces,
por ultimo sus dedos llegaron a su sexo y gimió. Empujo contra
ella despacio al principio, lentamente, hasta que ella jadeo su
nombre y el perdió el ritmo. Al parecer su jadeo lo hizo empujar
más rápido y profundo, causando que ella volviera a jadear.
No pasó mucho tiempo antes de alcanzar su liberación, eran
demasiadas sensaciones mescladas y al cabo de unos minutos se
corrió, estremeciéndose y gritando. Él la siguió luego de unos
empujes con un gemido bajo y ronco.
Suspiró luego de recuperar el aliento, Isaac estaba acostado a su
lado también recuperando el aire, ella quitó los cojines bajo su
cuerpo y se acomodó, él se movió hasta abrazarla y quedar en
forma de cucharita. Isaac depósito un beso en su hombro y lo
miro, estaba apoyado sobre su codo.
—¿Cómo te sientes? —ella sonrió.
—Cansada—le dijo, levanto la cabeza y se besaron—pero me
siento bien, no te preocupes.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Mm—murmuro él—eso quiere decir que la próxima vez


haremos otras cosas.
—Otras cosas—repitió, él sonrió y se acercó más a ella.
—Tienes muchas cosas que aprender —ella se quejó y aplastó
su rostro en la almohada.
—Lo veremos con el tiempo—dijo, sonrió—durmamos—él se
rio suavemente y se acomodó a su lado, luego recordó y lo miro—
me debes el atarte a esta cama, no lo olvidare—él gruño un poco y
se rio, luego de eso se durmieron.
Cuando despertó en la mañana abrió los ojos y levanto la
sabana de su cuerpo, Isaac tenía su mano entre sus piernas,
apoyada en su sexo, lo miro y sonrió al ver que dormía
profundamente, incluso roncaba un poco.
Suspirando se alejó de él, no creía que estuviera lista para otra
ronda, quizás más tarde. Además, sentía su cuerpo un poco
cansado por tanto ejercicio en estos días, debía suspender su
proyecto por un rato.
Llego al baño de Isaac y luego a la ducha, suspiro cuando el
agua tocó su cuerpo y salto del susto cuando unas manos tocaron
su cadera. Isaac se rio por su reacción.
—Oye, no me asustes así—él se mordió el labio y la giro,
Bárbara gimió al sentir su erección contra su vientre, estos
hombres la iban a matar de placer.
—¿Cómo dormiste?—pregunto él mientras acariciaba sus
pechos, luego se lleno las manos con jabón y continúo.
—Bien—suspiró y miro su rostro.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Él estaba muy concentrado en sus pechos y una pequeña


sonrisa se mantenía en su boca, sonriendo lo empujo hasta la pared
y cayó de rodillas.
—Qué—jadeo él y se calló cuando lo tomó en su boca. Lo
acaricio lentamente al principio y luego con más energía, Isaac se
corrió luego de unos minutos diciendo su nombre. Lo libero solo
cuando él dejo de correrse.
Sonriendo se puso de pie y lo miró, Isaac seguía apoyado en la
pared con los ojos cerrados, la abrirlos la observo unos segundos
antes de atraerla a su cuerpo para besarla, el estomago de Bárbara
protesto por el hambre y ambos se miraron.
—Mejor bajemos—dijo ella, él asintió y volvió a besarla.
—Sí, debes reponer energía—él gimió—y yo también.
Bárbara regreso a su cuarto envuelta en una toalla, suspiro y se
vistió. Bajo al comedor y saludo a todos con un beso, excepto a
Altaír. Esta vez, el hecho de que pasaba algo aquí fue obvio, los
cuatro hombres los miraron a ambos pero nadie dijo nada.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Tercera parte

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capítulo 1

Días después Bárbara observó el paisaje a su alrededor, estaba


acostada sobre una manta y miraba alrededor. Llevaba un rato allí,
haciendo nada y eso la molestaba. Tanto tiempo sin hacer nada la
estaba fastidiando pero, no sabia que hacer. Ya había quedado
claro que no podía trabajar, menos salir, pero necesitaba
desesperadamente hacer algo con su tiempo, excepto acostarse con
cuatro hombres.
Suspiró y el viento sopló con energía.
—Bárbara—la llamó Alec.
Levantó la vista y lo encontró parado a un metro, observándola.
Le sonrió y apuntó el espacio a su lado.
—Tenemos visitas—dijo él, arrugó su frente y se puso de pie al
ver que estaba levemente tenso.
—¿Qué pasa?—le preguntó al notar su expresión, él negó y
sonrió suavemente.
Bárbara ingresó a la casa seguida de Alec y se detuvo un
segundo al ver al General, Anabela y un hombre alto y de piel
oscura, todos sentados en la sala.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—General—dijo Bárbara saludándolo, le sonrió y él se puso de


pie, miró a los demás—Anabela, que gusto verte—ella sonrió un
poco y miro al General, luego a ella y por ultimo el piso.
—Pero qué los trae por aquí, una visita familiar—miro a Isaac,
él se veía igual de tenso que Alec.
Miro a los demás y notó que todos estaban iguales, quietos y
callados, ¿qué habrá pasado? se preguntó.
—Es parte del motivo—dijo él—pero sinceramente el porqué
de mi visita tiene que ver contigo—ella arrugó su frente—por qué
no hablamos un momento—ella miró a Garrett que se había
acercado levemente a ella—a solas.
—Claro—dijo—vamos fuera—apuntó las sillas instaladas a
unos metros de la casa, él asintió.
—Por favor—apunto él la puerta y se giró para salir.
Caminaron en silencio hasta el lugar y se sentaron.
—Esto debe ser serio—dijo ella.
—¿Quién es?—preguntó, lo miró confundida— ¿quién de ellos
ha provocado que investigues sobre el términos de las
asignaciones? —se tensó y lo miró a los ojos, luego alrededor.
—¿Cómo lo supo?—preguntó suavemente, él suspiró.
—Nadie investiga algo así sin llamar la atención—ella hizo una
mueca al pensar en Anabela.
—¿Les dijo?—le pregunto en seguida—a ellos, les dijo esto, no
lo saben—él negó.
—No, quería hablar contigo primero.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Se miraron a los ojos, ella tragó nerviosa y miró sus dedos


entrelazados.
—Me lo dirás—dijo él, ella negó— ¿por qué?
—No estoy segura de que eso sea buena idea—no lo miro,
sentía que si lo hacia contestaría todas sus preguntas.
—Temes meterte en problemas—ella soltó un bufido y se
apoyó en el respaldo de la silla.
—Para nada.
—Temes meter a ese hombre en problemas—apretó su
mandíbula—me imagino quien puede ser—cerró los ojos.
—Esto es un asunto entre nosotros—murmuró.
—Las asignaciones no son un juego, no se hacen porque a los
ancianos les guste trabajar de celestinos—lo miró—se hace para
darte a ti y a ellos una familia, un hogar.
—No logro entender—dijo frustrada—ustedes esperan que
todas las asignaciones funcionen, que nunca aparezca un par de
personas que no se atraigan, eso es imposible—negó.
—Tenemos nuestras formas para saberlo.
—Así—soltó—en menos de una hora averiguan todo eso—él
sonrió con amabilidad.
—No, toma algunas semanas tener prospectos para ello, el día
de la asignación se realiza cuando están seguros de quienes son los
adecuados para esto, para ti—la apuntó con una mano.
—Pero…—él comenzó a negar, no se detuvo—y si no
funciona, no es posible que él sea asignado a otra mujer—él
suspiro.
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Me estas diciendo que estas dispuesta a dejar a uno de ellos


irse, que no sientes dentro de ti que son tuyos—ella arrugó su
frente—de la misma manera que ellos sienten que tú les
perteneces—él la estudio cuando no dijo nada—dime que es así y
veré que puedo hacer—Bárbara se quejó internamente, así
pensaba, que cada uno de ellos le pertenecían, incluso él.
—No se puede obligar a alguien a querer, o desear—negó—no
se puede.
—No los obligamos—ella quiso reírse de eso pero se contuvo.
—¿Qué paso con los hombres que perdieron sus asignaciones?
—lo miro, él apretó los labios y miró alrededor, luego de un rato
contesto.
—Solo te diré, que cuando la mujer de uno de los asignados a
muerto, nunca se ha logrado emparejarlo de nuevo, nunca—la
miró seriamente—y eso pasa en todos lo casos—abrió la boca
sorprendida—no es porque no lo intentemos, si no porque
simplemente ellos perdieron el amor de sus vidas—se puso de pie
y lo imitó.
—Eso es…—murmuró ella—triste.
—Es la verdad.
—Hablo de amor—comentó ella sin mirarlo, solo alrededor—
no hacen esto para aumentar su población entonces—por increíble
que fuera lo oyó reírse y lo miró.
—Chica—dijo—de que sirve que tengamos cientos de niños
por aquí—movió la mano alrededor—si no hay alguien que los
ame o, algo mas importante—la miro directo a os ojos—les
muestre como amar.
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Regresaron a la casa en silencio.


Luego de que el General se despidiera de todos, se encontró
siendo observada por 7 personas, miró a Anabela.
—¿Quieren comer con nosotros?—le preguntó.
Ella la miró por un segundo sorprendida y luego sonrió,
Anabela miró al hombre a su lado y luego a ella.
—Sí, nos gustaría—sonrió.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capitulo 2

— Lo siento—dijo Anabela, Bárbara la miró y negó.


Caminaban lentamente por el patio de la casa. Luego de comer,
ambas salieron al patio sin decir nada, sabían que tenían que
hablar.
—No es para tanto, solo hablo contigo cierto—ella asintió y
suspiró tranquila.
—No se cómo supo que estaba investigando, tuve que
decirle—la miró avergonzada y sonrió.
—En verdad, no te preocupes—insistió—yo debí investigar,
lamento haberte metido en esto.
Bárbara miró el bosque a unos metros y suspiró cansada.
—Puedes decírmelo—dijo ella, la miró—te aseguro que esto se
quedara entre nosotras.
Bárbara dudó un segundo pero luego se rindió.
—A decir verdad no he pensado en ello, he estado ocupada—
ambas sonrieron—es solo que Altaír no quiere estar aquí—ella
arrugó su frente.
—¿Cómo lo sabes?—se encogió de hombros.

113
El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Se nota la diferencia cuando un grupo de hombres te presta


excesiva atención y otro no, no es que no sea amable y esas cosas,
solo no hay ese algo ahí—arrugó su frente y luego negó—ni
siquiera sé por qué me molesta, debería tener suficiente con 4
hombres, tengo suficiente.
—También te gusta—dijo ella—a mi me paso algo parecido, yo
tengo tres asignados—caminaron alrededor de la casa—y al
principio solo uno me interesaba, los demás eran…extraños,
amables extraños—ella suspiró—luego simplemente trate de
conocerlos bien—la miró y se detuvo—con el paso del tiempo me
llegue a enamorar de cada uno de ellos, solo hizo falta la paciencia.
Bárbara la miró y luego la casa, suspiró. Pero no es que ella no
lo quisiera, es que él no la quería.
—Inténtalo—le dijo—si no eres tú el problema llama su
atención.
—¿Llamar su atención?—ella sonrió.
—Hay dos maneras de hacerlo al principio con un hombre—
ella se rio suavemente—es lo que mi madre decía—mostró dos
dedos y los tocó uno a uno—por el estomago o en una cama,
prueba eso.
—Pero no puedo obligarlo.
—Entonces—la miró sonriendo aún más—muéstrale lo que se
esta perdiendo, tienes 4 hombres a tu disposición, tendrás la
oportunidad—Bárbara abrió la boca y la cerró. Mostrarle, pensó,
una idea se le vino a la mente. Ella haciendo el amor con uno de
ellos, o con dos, bueno, con los que pudiera mientras él miraba.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Quizás no es mala idea—sonrió—y aunque a él no le afecte


creo que será divertido.
Anabela asintió y apunto la casa.
—Regresemos o saldrá a buscarme—Bárbara rio.
—Sí, vamos.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capítulo 3

Bárbara observó a los hombres a su alrededor, hacia dos días de


la visita del General y nadie le había preguntado nada. Sabía que
querían preguntarle pero estaba agradecida de que no lo hicieran,
no quería mentir.
Notó que Altaír no estaba entre ellos y suspiró. Era tiempo de
intentar llamar su atención. Aunque ni siquiera sabía por qué
quería hacerlo, seguía repitiéndose que apenas pudiera se largaría
de ese lugar, no se lo creyó antes y menos ahora.
Cuando terminaron las noticias se puso de pie y caminó hacia la
piscina, al ver a Altaír allí dudó solo un segundo, luego se encogió
de hombros.
Como él le daba la espalda solo se desnudó, trató de parecer
que no lo hacía porque él estuviera allí y calculó justo el momento
para meterse al agua. Lo hizo cuando él se giró y la vio. Cuando
salió a la superficie se movió por el lugar ignorándolo, él también
lo hizo y siguió su braceo hacia el otro extremo. Estuvieron así
cerca de 10 minutos, solo cruzándose cuando cada uno se movía
hacia la otra esquina.
Bárbara consideró que eso era suficiente así que se movió hacia
las escaleras y subió, el agua escurrió por su cuerpo y peino un
116
El deseo de Bárbara D.H. Araya

poco su cabello. Camino hacia una de las sillas y tomó una toalla,
se secó el rostro siempre dándole la espalda a Altaír, luego se
envolvió con ella y camino hacia su ropa, la tomó.
—Buenas noches—se despidió al mirarlo.
Él estaba quieto en el centro de la piscina, mirándola. No
esperó su respuesta, solo salió y se detuvo al otro lado de la pared,
esperó.
Sonrió un poco cuando lo escucho suspirar y decir.
—Buenas noches.
Camino hacia su cuarto. Bien, por lo menos había una reacción,
eso creía.
La siguiente noche regresó a la piscina cuando él estaba allí,
volvió a desnudarse y meterse al agua, solo que esta vez, cuando
salió a la superficie lo vio sorprendida caminar hacia una toalla,
cubrirse con ella e irse.
—Buenas noches—le oyó decir.
No respondió, no pudo hacerlo.
La siguiente noche no hizo nada, Alec estaba sentado solo en la
sala viendo televisión, así que se quedo con él, apoyada contra su
pecho, tranquila mientras él acariciaba la piel de su brazo.
No supo como se quedó dormida, solo que al día siguiente
despertó no en su cama, sino en la cama de él, apoyada sobre su
pecho.
Volvió a intentarlo esa tarde, al descubrir que Altaír era quien se
quedaría con ella. Se vistió con pantalones cortos, los mas cortos
que encontró y una camiseta, nada mas. De esa forma se paseo por

117
El deseo de Bárbara D.H. Araya

la casa, como si no fuera nada y siempre se vistiera así. Cuando él


fue a la biblioteca lo siguió 20 minutos después. Tomó un libro y
se sentó a una silla lejos de él, apoyando sus piernas en el borde de
la mesa, sentándose lo mas sexy que pudo sin ser obvia, esto la
estaba agotando.
Nada paso. Ni una mirada, ni una palabra, nada.
La última vez que intento llamar su atención sola lo hizo sin
querer, ambos debían hacer la cena así que se movieron hacia la
cocina. Se suponía que algo iba a hacer en ese lugar pero le salió
mal, mientras cortaba un tomate se distrajo pensando en todo
menos lo que hacia y no detuvo el avance del cuchillo, esto causó
que se cortara la palma de su mano.
Apenas sintió el corte se quejó, Altaír llegó a su lado enseguida
y tomó su mano. La llevó al lavaplatos y puso la herida bajo el
agua, ella cerró los ojos cuando sintió sus dedos contra su piel.
—No lo quites de aquí—le dijo él y lo vio desaparecer por la
puerta. Al regresar traía su maletín.
Ella lo observó limpiar su herida, sintió sus dedos en su mano y
apretó la mandíbula. Como era posible que ese simple acto causara
que su cuerpo se encendiera. Luego de vendarla él la llevó a la silla
y la sentó.
—Yo terminare—le dijo. Ella asintió y solo lo observó.
Sí, era toda una experta seduciendo hombres, pensó, luego se
rio suavemente y él la miro. Movió su mano delante para que no le
hiciera caso.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Un día después estaba sentada en el sofá de la sala mirando la


televisión, bueno se suponía que eso hacía. Se tensó al darse cuenta
de que nada de lo que hacia estaba dando resultado, era tan torpe,
gimió frustrada. Se congeló al darse cuenta de que lo había hecho
en voz alta, todos a su al redor la miraron. Fingió que veía la
televisión.
Distraídamente comenzó a jugar con sus piernas, moviéndolas
levemente.
Pero si no podía sola quizás ya era hora de pasar al plan b, sexo
en público.
Suspiro suavemente, era mas fácil pensarlo que hacerlo, se dio
cuenta.
Solo tienes que besar a uno de ellos, se dijo. Pero que pasaba si
todos se iban para darles privacidad, la idea era que Altaír los viera,
pero también quería que todos estuvieran ahí, ya los tuvo
separados, ahora los quería juntos. Soplo un mechón de su cabello
lejos de sus ojos. Eran 4 hombres, como rayos lo iba a hacer con 4
hombres, mañana no podría caminar, sonrió ante ese pensamiento.
—En que maldad estás pensando—le pregunto Alec. Estaba
sentado a su lado, muy cerca, al otro lado estaba Garrett, mas allá
estaba Isaac y en el sofá de su derecha Martin, Altaír estaba en
otros sofá, lejos de todos.
Lo miró y sonrió.
—Mm—murmuró—solo recordaba algunas cosas que pasaron
la semana pasada—sintió ambos cuerpos tensarse. Vamos, pensó,
en algún momento todos ellos harían esto juntos, más vale pronto
que tarde.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Alec la miro fijamente y ella se mordió el labio, él trago.


Sonriendo mentalmente ante este hecho tuvo una idea, quizás si
los tentaba lo suficiente…
Volvió a suspirar y miró por la ventana. El verano se estaba
yendo, ayer mismo había sentido el frio en ese lugar y hoy se había
paseado media desnuda por la casa, volteo sus ojos mentalmente.
Miro a Garrett un segundo y luego a Alec, el último era más fácil
de molestar así que se movió hacia él y apoyo la cabeza en su
pecho y una de sus piernas sobre las de él.
Alec no se quedo quieto, en seguida sus brazos la rodearon y
afirmaron contra él. De reojo notó que todos la miraban.
Comenzó a jugar de nuevo con su pierna sobre las de él, muy
suavemente, como si fuera un reflejo involuntaria, se acurruco más
cerca de él hasta que pudo llegar con su cabeza a su cuello, suspiró.
—Basta—dijo él deteniendo su pierna, obedeció y él quito su
mano, al cabo de unos minutos volvió a hacerlo y él gruño.
—Me gustaría regresar a tu oficina—le dijo sin dejar de ver la
televisión.
—Podemos ir mañana—dijo él pasando su mano por su brazo.
—No quiero esperar—suspiró—aquí hay muchas ventanas— él
se detuvo un segundo y luego continuo.
—En ese caso cuando quieras—respiró suavemente e inclinó su
rostro hacia su piel.
—¿Solo será cuando yo quiera?—pregunto, pero no solo a él—
creo que esperan que solo sea cuando yo quiera.
Él se rio entre dientes.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Somos 5 cariño, es…complicado—ella lo pensó.


—Ya le dije a Martin que soy una mujer abierta a las
posibilidades—comentó como si nada, la mano de Alec de nuevo
se detuvo—y es una noche tan fría—suspiró—necesito mucho
calor para estar bien y odio taparme con demasiadas frazadas—
volvió a suspirar.
Ellos se miraron entre si y evito reírse.
—Mm—dijo él, nada más.
Por Dios, casi grito, iba a tener que pedirlo abiertamente. Hey
chicos, quiero que me tomen todos ustedes, si quieren por turnos,
no lo sé, solo hagámoslo.
Un trueno estallo fuera y dio un brinco por el susto, Alec la
apretó contra él.
—Una tormenta de verano—dijo Garrett.
Luego de unos minutos todos seguían en el mismo lugar, y ella
seguía esperando, podía sentir la erección de Alec bajo su pierna y
se pregunto por qué los hombres tenían que ser caballeros cuando
no quería, o quizás pensaban que 5 era mucho para ella.
Me estoy volviendo una ninfómana, pensó divertida.
Un reportero apareció en la televisión, era guapo y musculoso,
como todos ahí, su voz era profunda. Suspiro y tuvo otra idea.
—Ese hombre es guapo—comentó como si nada, Alec se tensó
bajo ella y un gruñido salió de su pecho, lo ignoro—pero no tanto
como el presentador—los brazos de él se volvieron de piedra—
Mm—murmuró—he notado que todos los hombres de aquí son…

121
El deseo de Bárbara D.H. Araya

Una boca la calló y la tomó por sorpresa. Alec la beso con


posesividad, como si la marcara y le recordara a quien pertenecía.
—Basta—le advierto, ella lo miro con inocencia.
—Solo estoy diciendo que él es…—volvió a besarla, más
intensamente, haciendo que gimiera con deseo. Ella se inclino
hacia atrás y él la siguió, cuando choco contra el pecho de Garrett
casi sonrió, estaba avanzando.
Alec la abandono y miró hacia arriba para encontrarse con los
ojos de Garrett, se estremeció al ver su deseo. La miraba con
hambre y necesidad, movió sus ojos alrededor y se pregunto si
todo esto había sido buena idea. Solo había un hombre que la
miraba de una forma un poco diferente, no supo como describirlo,
o si era bueno o malo.
Los labios de Alec llegaron a su cuello y mordieron con fuerza
calculada, se quejó y él la miró.
—Te lo mereces—le dijo.
—Por decir que alguien es guapo—dijo ella y se levantó un
poco—si digo Garrett es guapo también harás esto—apunto su
cuello, él arrugo su frente.
—Él es parte de esta familia cariño—entrecerró los ojos—no
digo que no me hace sentir celoso pero puedo soportar el
compartirte con él, o con ellos—apunto a los demás—el resto de
los hombres ni siquiera deben estar en tus pensamientos.
Ella sonrió.
—No puedes controlar lo que pienso—Alec volvió a gruñir
amenazadoramente y ella se movió mas lejos de él, cayó en el
regazo de Garrett, lo miró— ¿piensas como él?—le pregunto.
122
El deseo de Bárbara D.H. Araya

Él sonrió un poco.
—Sí—dijo, tomó su rostro con sus manos y la afirmo—pero yo
te ataría a mi cama un tiempo como castigo.
Abrió la boca y él la beso, cuando se alejaron suspiró
suavemente. Él sonrió con suficiencia, se movió hacia el regazo de
Isaac, lo miró sonriendo.
—Y tu, ¿piensas como ellos?—él la miro unos segundos
pensando.
—También—dijo y miró a su amigo—pero a diferencia de él yo
te daría una zurra—jadeo, él tomó su boca y enterró su lengua en
ella, sabia diferente de Alec y Garrett, se pregunto si seria así
con… no, mejor no pensar eso—sé que te gustaría—murmuro él
al alejarse.
—¿Qué es lo que deseas?—preguntó Garrett, lo miró.
—Tengo que decirlo en voz alta—él sonrió y asintió, Isaac
acaricio su espalda con círculos lentos, delicados—es vergonzoso,
eso no quita que lo desee.
—Si lo pides sabremos que hacer—ella volteo sus ojos, luego
paso su lengua por sus labios. Ahí vamos, pensó.
—Quiero…—tomó aire, pudo sentir a todos prestar
atención—hacer el amor con todos ustedes.
—Lo has hecho—murmuro él, ella sabía que la estaba forzando
a decirlo.
—Juntos—agregó—los quiero a todos ustedes a la vez, aquí y
ahora—miró a cada uno de ellos—en verdad lo deseo.

123
El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Sabes lo que pides—dijo Isaac suavemente, lo miró—deberás


hacer lo que digamos.
Ella lo miró y alzo una ceja.
—Lo que ustedes quieran—miró a los demás, ellos
esperaban—puedo hacerlo por esta vez.
Isaac tomó su rostro y la beso suavemente, ella se alejó un
poco.
—Pero si no quieren—se encogió de hombros y él alzo una
ceja, la atrajo para seguir besándola y se movió por su cuello.
—Cariño—dijo—no hay hombre en esta habitación que no
haya imaginado esto—hay uno que no pensó, luego se arrepintió,
solo iba a disfrutar esto—¿y sabes lo que quiero ahora?—él chupo
su lóbulo suavemente y luego la miro.
—Mm—pregunto, él se acercó a su odio y dijo suavemente.
—Quiero ver como le chupas la polla a Garrett—ella tragó—
has que se corra.
Isaac deposito un beso en su hombro y la miró, ella observó a
Garrett.
—Como quieras—le dijo y se alejó de él.
Se sentó en el regazo de Garrett y lo beso intensamente. Se
movió por su cuello y comenzó a desabotonar su camisa.
—Bárbara—dijo él deteniendo sus manos, lo miro mientras
acariciaba con su lengua sus labios. Sin dejar de sonreír volvió a
besarlo, más lentamente, él permitió que le quitara la camisa, beso
su pecho y movió sus manos por su vientre hasta el broche de su

124
El deseo de Bárbara D.H. Araya

pantalón, cuando lo abrió, él suspiró. Lo miro sonriendo, se acercó


a su oído y susurró.
—No te he tenido en mi boca—Garrett se estremeció
levemente.
Bajo por su cuello, su pecho y su vientre, agarró su pantalón y
él se levanto un poco para que se lo quitara, no llevaba ropa
interior. Luego de desnudarlo completamente se arrodillo en la
alfombra y se acomodó entre sus piernas. Lo miró a los ojos antes
de tomar su sexo con una mano y bajar hasta tomarlo en su boca,
chupó y lo escucho gemir.
Comenzó a acariciarlo con su lengua, por toda su cabeza y
disfruto de su sabor, lo liberó para bajar hasta su raíz, uso sus
manos para masturbarlo y con su boca chupo la piel de sus
testículos. Él agarró su cabello pero solo la tocó. Regreso a su
punta y trato de tomarlo lo más que pudo, aun así parte de él
quedo fuera así que continuo con sus manos, tocándolo con
delicadeza, él gimió.
—Has que se corra—le recordó Isaac, sonrió en su cabeza al
oír la tensión en su voz y se concentro en su orden.
Continuo su caricia, chupando, lamiendo y acariciando, hasta
que él se quejo y levanto sus caderas para enterrarse en su garganta
y correrse, alcanzo a reaccionar y tragar su cálida esencia. Solo lo
libero cuando él dejo de temblar.
Se apoyó en sus rodillas para verlo. Garrett puso su mano en su
cuello y la atrajo hacia él para besarla intensamente, ella gimió
contra sus labios.

125
El deseo de Bárbara D.H. Araya

Cuando la libero notó que la miraba como nunca lo había


hecho, había algo allí, algo intenso, de dio cuenta. Garrett se apoyó
en el sofá.
—Debes hacer todo lo que te digamos—le dijo Isaac, lo
miró—no lo olvides otra vez—alzo una ceja y se cruzo de
brazos—ponte de pie y desnúdate—ella se tragó su respuesta a su
nueva orden y solo obedeció.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capitulo 4

Bárbara se puso de pie y comenzó a quitarse la poca ropa que


traía, al agarrar su camiseta con su mano vendada el dolor la
aguijoneo un segundo, no pudo ocultar su mueca ante eso. Se
había olvidado completamente de la herida. Alec llegó a su lado
enseguida y tomó su mano vendada.
—¿Estas bien?—le pregunto preocupado.
—Sí—le aseguró—solo me olvide de ella.
Él la miro a los ojos, la preocupación seguía allí. Isaac suspiró y
lo miró.
—Alec, hazlo tú—le pidió, él asintió y sonriendo se puso detrás
de ella.
—¿Qué?—pregunto enseguida pero se calló cuando Alec
movió sus manos por su cintura hasta el borde de su camiseta.
—Déjame a mi desnudarte—le dijo al oído, solo que en vez de
levantar la camiseta metió sus manos por ella y tomó sus pechos
para acariciarlos. Ella se estremeció al sentir como sus pezones se
endurecían enseguida. Alec beso su cuello y continúo
atormentándola.

127
El deseo de Bárbara D.H. Araya

Luego de unos segundos le quito la ropa y permitió que


observaran su desnudes.
—Mostrémosles—dijo él con voz baja, sus manos acariciaron
su vientre.
—¿Qué?—jadeo.
—Mostrémosles lo que hicimos en mi oficina—ella gimió ante
el recuerdo.
Alec la movió hasta que ambos estaban de lado hacia los demás.
—Recuerdas la posición en la que estabas—ella asintió—hazlo
—murmuró él y la liberó.
Bárbara calló sobre sus rodillas y miró hacia delante. Se
sorprendió un poco al ver que Altaír seguía allí, justo enfrente de
ella, mirándola intensamente.
Sin dejar de ver su rostro se apoyó con sus manos en la
alfombra.
—Ya puedo imaginar lo que le hiciste—dijo Isaac con voz
ronca. Ella sonrió un poco y como hacia pocos días volvió a tener
a Alec detrás de ella, de rodillas y desnudo, lo miró sobre su
hombro.
Él también la miró y lo siguió haciendo mientras la acariciaba,
mientras sus manos se movían por su espalda y amasaban su
trasero. Observó a los demás y notó que Isaac estaba sentado en la
punta del sofá, mirándolos fijamente, que Garrett volvía a estar
duro, y que Martin no se había movido ni un poco de su lugar,
parecía que se obligaba a estar allí. Ella observó a Altaír y vio la
protuberancia entre sus piernas, solo que no quería que estuviera
allí, cerca de ella pero a la vez tan lejos, lo quería delante de ella.
128
El deseo de Bárbara D.H. Araya

Con ese pensamiento acaricio su labio inferior con su lengua, los


ojos de él se volvieron más oscuros.
Alec la distrajo al meter un dedo dentro de ella para volverlo a
sacar, jadeo y él repitió el procedimiento.
—Tan caliente y húmeda—le oyó decir, dos dedos ingresaron a
su cuerpo y se estremeció, cuando él lo hizo con un tercero tomó
aire con fuerza.
Al oírla él quito sus dedos y la penetró, lentamente, pero sin
detenerse, hasta que estuvo asentado dentro de ella. Ambos
gimieron.
Bárbara miró sobre su hombro a Alec, él salió de ella mientras
observaba sus ojos y volvió a entrar lentamente, no pudo seguir
viéndolo y regresó su vista al frente, se encontró con la mirada de
Altaír. Sintió a Alec aumentar el ritmo y gimió. Él llegaba tan
profundamente dentro de ella, era como si tocara alguna parte de
su cuerpo que la hacia jadear por la intensidad.
Alec afirmo sus caderas y le oyó gemir.
—Vamos—le dijo—córrete alrededor de mi polla.
Ella se quejó por sus palabras, Alec se inclino hacia adelante y
agarró sus pechos, gimió al sentir como sus pezones eran
acariciados por sus palmas, él amasó con delicadeza y tiró de sus
duras protuberancias. Alec gimió cuando la sintió apretar sus
músculos internos alrededor de él en respuesta a su caricia.
—Vamos cariño—dijo él con voz baja y ronca—córrete
conmigo.
Él empujo más duro dentro de ella y gimió, luego de eso se
rompió y dejo de respirar al alcanzar su orgasmo, sintió a Alec
129
El deseo de Bárbara D.H. Araya

estremecerse detrás de ella y correrse. Él salió de ella con cuidado y


acaricio su espalda un segundo, luego su mano desapareció y otra
tomó su lugar, esta era mas áspera. Miró por sobre su hombro y se
quejó suavemente al ver a Martin ya detrás de ella desnudo y listo
para tomarla.
—No te muevas—gruño él.
Solo pudo quedarse quieta y estremecerse cuando Martin la
penetro.
Jadeo ante las sensaciones, ante el hecho de que tenía a un
hombre entre sus piernas cuando otro se había corrido dentro de
ella.
Martin afirmó sus caderas para impedir que se alejara y
comenzó a empujar con fuerza, ella tuvo que afirmarse de la
alfombra para no alejarse. Él no tuvo ni un tipo de consideración
al tomarla, la penetro como quería, con la fuerza y el empuje que
deseaba, y eso solo logró aumentar su excitación, en cosa de
segundos se encontró de nuevo gimiendo y respirando con
dificultad.
En un momento miro a su alrededor. Altaír seguía delante de si,
mirándola fijamente, notó su cuerpo tenso en el sillón, como si
estuviera congelado en ese sitio. Luego miró alrededor y vio a
Isaac, aun vestido, mirando como Martin la penetraba, él la miro
como si supiera que lo observaba.
—¿Te gusta?—le pregunto, su voz era apenas un gruñido, él
también se contenía.
Martin movió su mano por su espalda hasta su vientre, se
inclino hacia adelante un poco y sus dedos tocaron su clítoris.

130
El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Sí—jadeo, tanto a la caricia de él como a la pregunta de Isaac.


—Diablos Martin—gruño Garrett— ¿quieres atravesarla?
Ella miró a Garrett, sentado en el borde del sillón y Alec a su
lado con una nueva erección, solo que él se acariciaba lentamente.
Regreso su vista a Isaac, él seguía mirándola. Lentamente paso
su lengua por su labio inferior y luego lo mordió un poco, Isaac
tragó y comprendió su silenciosa suplica.
Quiso ver como se desnudaba pero Martin volvió a acariciar su
clítoris. Diablos, pensó, se iba a correr antes de tener a Isaac en su
boca, ya podía sentir como el orgasmo la estaba alcanzando y
rápidamente.
—Martin detente—dijo Isaac, Martin gruño pero lo hizo, ella se
quejó y miró en su dirección. Ahora que estaba tan cerca se
detenía, quería golpearlo.
Cuando una sombra se movió delante de ella miró. Isaac se
había arrodillado delante de ella, con su polla a solo centímetros de
su cara. Ella levantó la vista y lo miró, él sonrió un poco y tocó su
mentón.
—Chúpame—le dijo suavemente, con cariño, aun así se
estremeció por su orden.
Ella abrió la boca y él se guio dentro de su cavidad, Bárbara
chupo su cabeza y él gimió, lo tomó más en su boca con cuidado,
tratando de concentrarse en lo que hacia, pero con Martin detrás
de ella le era difícil solo recordar donde estaba. Aun así él empujo
un poco más en su boca y solo se quedo quieta, permitiéndole
entrar. Cuando lo sintió tocar su garganta solo se concentro en
respirar. Isaac comenzó a follar su boca lentamente al principio,
131
El deseo de Bárbara D.H. Araya

permitiéndole acostumbrarse a la sensación, luego aumento sus


empujes, clavándose en su garganta, ella tragó y lo escucho gemir,
volvió a hacerlo.
—Dioses—se quejó Isaac cuando ella gimió debido al empuje
de Martin.
Bárbara cerró los ojos y se concentro en las sensaciones, en
como su cuerpo aceptaba a Martin y el sabor de Isaac en su lengua,
volvió a gemir.
—Has que se corra—gruño Isaac, en ese momento Martin
volvió a acariciarla y ella se dejo llevar. Se corrió con fuerza,
estremeciéndose completamente y gritando alrededor de la polla de
Isaac, solo fue suerte que lo sintiera correrse antes de tragar su
esencia cálida. Martin se corrió al mismo tiempo que Isaac
quejándose tras ella.
Luego Isaac salió de su boca y cayó hacia adelante, no le
importaba ser decorosa ni nada, solo se desparramo sobre la
alfombra, con sus brazos y piernas en cualquier dirección.
Alguien la giró con cuidado, gimió al sentir sus muslos moverse
y abrió los ojos. Garrett apareció delante de ella mirándola con
preocupación, le sonrió suavemente y él se relajo. Bárbara movió
su mano hacia su rostro, acaricio su mentón y él depósito un beso
en su palma.
—¿Estas bien?—le pregunto suavemente.
—Muy bien—murmuro ella, luego suspiró—solo no creo que
pueda moverse.
Él sonrió un poco.

132
El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Levántala Garrett, aun no acabamos—dijo Isaac. Bárbara se


estremeció un poco ante sus palabras, pero olvido ese hecho al ver
la cara de molestia de Garrett. Ella puso su mano en su hombro y
la miro.
—Estoy bien, ayúdame a pararme.
Él dudo un segundo pero lo hizo, la apoyo en él y la afirmó con
un abrazo.
—Deja esto para después—dijo Garrett serio—es mejor que
descanse.
—Fue ella la que pidió esto — Garrett gruño
amenazadoramente y Bárbara se sorprendió, jamás había visto u
oídio a alguno de ellos así. Lo miró y tocó su vientre.
—Estoy bien—le aseguro.
—Ves—dijo Isaac sonriendo, Garrett solo suspiró.
Ella miró a Isaac y este extendió una mano hacia ella,
invitándola a acercarse. Lo hizo y tomó su mano. Él la atrajo a su
cuerpo y la beso suavemente, con cuidado, lo hizo con tanta
delicadeza que se estremeció. Él se movió por su mentón y llego a
su oído.
—Recuerdas lo que te dije no hace mucho—lo miró y arrugó su
frente, él sonrió—algo que tenia que ver con tu trasero—susurró él
en su oído, se estremeció y asintió suavemente— ¿quieres hacerlo?
Ella alzo una ceja. Estaba levemente cansada, pero acaso
alguien podía negarse ante la idea que él ponía en su mente, dos
hombres tomándola, follándola. Ni siquiera lo pensó un segundo.

133
El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Sí quiero—le dijo, ahora fue él quien se estremeció, luego la


beso intensamente, acariciando su lengua.
—Garrett—dijo Isaac con voz ronca—siéntate en el sofá.
Ella vio a Garrett mirándolos pero lo hizo, cuando se acomodó
Isaac la empujo suavemente hacia él.
—Móntalo cariño—ella asintió y se subió al regazo de Garrett,
lo beso y él la atrajo mas cerca, acariciando su espalda y luego su
trasero. Bárbara sintió su pene duro bajo ella, así que se alejó un
poco y lo llevo dentro de su cuerpo, ambos gimieron.
Dios, pensó, no se sorprendería si mañana no podía caminar.
Isaac apareció en su espalda y ambos lo miraron.
—Voy a tomarla por detrás—le dijo a Garrett, Bárbara lo sintió
tensarse un segundo pero él se relajo y asintió.
Garrett la empujo hacia arriba, liberándose de su cuerpo y la
inclino hacia él, dejando su trasero mas levantado. Las manos de
Isaac la acariciaron en seguida, luego sintió algo frio contra su ano
y miró sobre su hombro, arrugo su frente al ver que él tenia un
tubo en la mano. Se preguntó de dónde lo había sacado cuando
Isaac se lo arrojo a Alec, que estaba a un lado mirándolos. Martin
no estaba por ninguna parte.
Isaac introdujo un dedo dentro de ella y la acaricio suavemente,
ella tomó aire y se obligo a relajarse.
—Eso es cariño—murmuró Isaac en su oído, él la estiro en
varias dirección antes de acariciarla con dos dedos.
De repente Garrett invadido su cuerpo tomándola por sorpresa,
tomó aire con fuerza y lo observo. Él la beso enseguida mientras

134
El deseo de Bárbara D.H. Araya

empujaba suavemente. Dios, si se sentía llena solo de esa forma, se


pregunto como seria con Isaac y Garrett dentro de su cuerpo.
Garrett siguió moviéndose al ritmo de Isaac, luego este último
metió tres dedos dentro de ella y gimió. Cuando él y Garrett la
afirmaron supo lo que iba a pasar, sintió a Isaac empujar contra
ella y Garrett salir mientras él entraba. Dejo de respirar ante la
sensación y solo tomó aire cuando sintió las caderas de Isaac
contra su trasero. Luego gimió y se estremeció cuando ambos
comenzaron a moverse. Mientras uno salía el otro entraba a su
cuerpo, a un ritmo perfecto, como si lo hubieran practicado
muchas veces.
Bárbara podía sentirlos a ambos, muy bien. Podía sentir el
sudor de su cuerpo mezclándose con el de ellos. La respiración
pesaba de Garrett contra su cuello y la de Isaac contra su cabello,
rápida y superficial.
Unas manos tomaron sus pechos y apretaron sus pezones, no
se movió para ver, solo cerró sus ojos y se dejo llevar. Solo miró a
su alrededor cuando alguien tocó su cara para inclinarla hacia un
lado. Al mirar vio a Alec a su lado, con su pene frente a su boca, la
abrió sin pensarlo y él se introdujo enseguida.
Ahora si que estaba siendo usada, pensó una fracción de
segundo divertida. Olvido eso cuando Garrett e Isaac comenzaron
a moverse mas deprisa, Alec también lo hizo y lo chupo.
Él fue el primero en dejarse llevar y gimió al correrse, apenas
acabo se alejó pero solo para poder agacharse y besarla,
probándose así mismo en su lengua. Ella se quejó contra él y abrió
la boca cuando se corrió, los demás la siguieron enseguida al sentir

135
El deseo de Bárbara D.H. Araya

como convulsionaba, luego de eso no supo nada y solo cayó


contra el regazo de Garrett.
—Vamos cariño—dijo él luego de unos segundos y la levantó.
Bárbara miró alrededor de la sala, Alec e Isaac estaban
recogiendo las cosas. Isaac la miró y le sonrió suavemente, ella le
devolvió el gesto y volvió a mirar alrededor, no había nadie más.
Evito tensarse por eso, solo apoyo su cabeza en el hombro de
Garrett y suspiró, cerró los ojos.
Ya en su habitación él le ayudo a bañarse, luego la acostó en la
cama.
—Duerme conmigo—murmuro ella, Garrett se metió en la
cama y la abrazo por la espalda, atrayéndola mas a su cuerpo. Ella
abrió los ojos al tener una nueva incomodidad, lo miró.
—¿Qué pasa?
—No piensas que soy una…—no supo cómo decirlo y miró
alrededor—una mujer fácil—él arrugo su frente—de donde vengo
el hacer eso, lo de hace rato, es… inadecuado e incluso malo.
—No estás en la tierra.
—Pero que haya mantenido relaciones sexuales con tres
hombres delante de ti luego de hacerlo contigo—lo estudio—eso
no te hace pensar mal de mí.
Garrett la estudio unos segundos, luego tomó su rostro y la
giró, la beso suavemente, luego su frente y sus mejillas.
—Sabía que esto iba a pasar—él acaricio sus mejillas con su
pulgar—y sé que se volverá a repetir—al escucharla gemir
sonrió—y no es algo malo, de la misma manera que no lo es que

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

pase lo mismo solo entre tú, Isaac, Alec y Martin, es natural y


correcto, no creas, ni por un segundo, que al hacer esto no te
respetare como antes.
Ella asintió y se relajó contra él.
—Duerme cariño—le dijo suavemente y sonrió satisfecha.
Evito pensar en otra cosa que no fuera él abrazándola con cariño,
pensaría en eso otro día.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capitulo 5

Bárbara apoyó su cabeza en el borde de la piscina y suspiró.


Hacia ya una semana que había tenido esa increíble sección de
sexo con los hombres de esta casa, todos menos uno, claro. Volvió
a suspirar y cerró los ojos.
Ninguno de ellos había vuelto a tocarla, la besaban, la
abrazaban, pero solo eso. Era como si le dieran tiempo para
descansar, aunque lo agradecía también sentía que algo le faltaba,
era como si una parte importante de ella ya se hubiera
acostumbrado a esta vida, excepto a no trabajar, eso lo seguía
extrañando.
Se movió del borde de la piscina y braseo hacia el otro lado
rápidamente. Necesitaba saber que era lo que le pasaba seriamente,
ya la idea de regresar a su casa no era atractiva, para nada, pero la
idea de quedarse ahí, para siempre, haciendo lo mismo tampoco
era completamente agradable, por mucho que le gustara una parte
de ella.
Mientras nadaba pensó en cada uno de ellos y lo diferentes que
eran. Garrett era el que la trababa con delicadeza, con mucho
cuidado, como si fuera frágil, eso la hacia sentir muy querida. Alec
siempre la hacia reír, era muy pícaro y a él le gustaba tocarla en
138
El deseo de Bárbara D.H. Araya

cualquier momento, además de su forma de hacer el amor, al


parecer tenia un fetiche con eso de hacerlo por detrás, no era malo
pero también le gustaría verle la cara mientras tuvieran relaciones.
Martin era…lo pensó, duro, esa era la palabra, él era duro con ella,
la trataba con cuidado y todo pero cuando la tomaba, lo hacia con
fuerza, deseo, como si no pudiera pensar en otra cosa, era todo lo
contrario a Garrett y también le gustaba. Por ultimo estaba Isaac,
se estremeció un poco, él era posesivo, dominante, le gustaba tener
el mando y no se preocupaba en ordenarle cosas en la cama. La
primera vez que estuvieron juntos él fue mas delicado, pero
después, le mostro como era, un Dom. Sonrió un poco y negó.
Ella no tenia mucho de sumisa, pero algo le decía que si seguía con
él iba a terminar obedeciéndole en todo, pero no le preocupaba,
confiaba en él para eso, solo pondría sus reglas, nada mas.
Suspiro profundamente y se hundió bajo el agua unos
segundos, aguanto lo más que pudo su respiración y salió para
respirar con fuerza solo cuando sus pulmones se lo exigieron.
—¿Qué intentas?—le preguntó Martin y ella lo busco alrededor,
él estaba agachado en el borde mirándola.
Estaba pensando en mi vida, en ustedes, pensó ella pero
respondió.
—Nada—él alzo una ceja pero no insistió.
Él la observó y Bárbara sonrió un poco, de repente recordó que
él la había dejado luego de tomarla en su “reunión”, se pregunto
por qué.
—¿Quieres nadar?—le preguntó, él asintió y se puso de pie.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Él se desnudo rápidamente y entro al agua, Bárbara lo observó


bucear un rato antes de llegar a su lado. Martin la empujo hasta el
borde y la beso enseguida. Sonrió un poco al darse cuenta de que
él iba siempre directo al grano.
Cuando Martin bajo por cuello ella agarró su sexo con una
mano, lo sintió tensarse un segundo. Luego sus besos se volvieron
más frenéticos. Bárbara lo empujo hasta que él quedo entre ella y el
borde.
—Te pregunte si querías nadar conmigo—lo vio sonrojarse
levemente.
— Lo siento—murmuro él—yo…—ella negó y se acercó mas a
su cuerpo.
—No me molesta—le aseguró, luego paso sus manos por su
pecho—cuéntame como es que terminaste siendo soldado y
científico—lo miró a la cara, Martin observaba su mano.
—Te conté que mis padres fueron soldados—ella asintió—uno
de ellos era científico, trabajaba con plantas, seguí sus pasos—ella
lo observó.
—¿Te gusta?—le preguntó, él asintió y sonrió suavemente.
—Sí.
Bárbara movió su mano hasta su vientre y por su cadera, volvió
a tomar su sexo y lo apretó, Martin gimió.
—Si haces eso no podre…— ella sonrió.
—Qué—él la miro y entrecerró los ojos.
—Detenerme—le dijo, Bárbara chillo cuando él la levantó y
sentó en el borde.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Yo no quiero que te detengas—le dijo, Martin se posiciono


entre su piernas y la miró a la cara unos segundos, él acaricio sus
labios con sus dedos y empujó su rostro hacia abajo para besarla,
cuando la liberó mordió su labio inferior.
Él observó alrededor y luego detrás de ella, al ver que miraba
algo fijamente Bárbara movió su rostro en la misma dirección.
Solo había una silla de playa.
—Ven—le dijo tomándola de una mano, había salido de la
piscina.
La guio hacia la silla y la acostó, luego se subió sobre ella,
separo sus piernas con su rodilla y se acomodó entre sus muslos.
Ella gimió cuando el apretó su pene en su entrada, sin llegarla a
penetrar.
—Creo que la vez anterior no pensé mucho en lo que tú
querías—Bárbara lo miro a la cara, trago al ver la intensidad de su
mirada—ni tampoco la que siguió a esa vez—él hizo una mueca.
—Estuvo bien—soltó, más que bien, pensó internamente.
—Sí—dijo él solamente —pero ahora tenemos que superar ese
bien, a algo mejor.
Martin se restregó contra ella, Bárbara gimió.
—Martin—lo llamó suavemente.
—Me dijiste que teníamos que averiguar como me gustaba—
ella asintió—he pensado en eso.
—Y—ella acaricio su rostro con sus dedos, Martin beso su
palma.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Y, la imagen de ti en mi cama—la miro a la cara—atada y


vendada me ha perseguido.
Bárbara se congelo bajo él, pensó en seguía en Isaac y se
pregunto si podría soportar a otro Dom en su vida.
Martin esperó su respuesta, no supo que decir.
—Yo…—tragó.
—Nunca te haría daño—le dijo serio, ella negó enseguida.
—Nunca he pensado que puedas hacerme daño, solo…—miró
alrededor un segundo y luego a él—te gusta tener el control en la
cama— él arrugó su frente.
—No me refiero a tener el control, me gusta que tú también lo
tengas—eso hizo que se relajara en seguida.
—Entonces solo quieres probar esa nueva forma de hacer el
amor—Martin asintió enseguida.
—¿Entonces me dejaras hacerlo?—ella lo observó varios
segundos, hasta que asintió suavemente, Martin la beso
intensamente, luego se puso de pie y le dio la mano—vamos.
Al llegar a la habitación él la acomodo en la cama y amarro cada
muñeca al respaldo de esta. Le pregunto si estaba cómoda y puso
un cojín bajo su cabeza. Bárbara lo observó quitarse la toalla de su
cintura y tomar de una silla una bufanda de seda antes de acercarse
a ella, él la beso antes de taparle los ojos.
Tragó cuando él se alejó de ella, ahora estaba amarrada a una
cama sin saber que pasaba a su alrededor.
—Sabes—dijo Martin desde su derecha, movió su cara en su
dirección—esto también seria divertido si estuviera otro aquí.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—¿Qué?—jadeo ella y se estremecí ante la idea.


—Pero no ahora, por esta oportunidad solo te tendré para mí.
Ella volvió a tragar.
Pasaron segundos antes de que él se acercara a ella. Martin
acaricio sus piernas lentamente, masajeo cada musculo y beso sus
rodillas. Subió por su vientre y se detuvo delante de sus pechos, sin
hacer nada. Luego acaricio cada punta lentamente, jugo con cada
pico duro entre sus dedos. Lo sintió moverse en la cama, y jadeo
cuando él tomó uno de sus pezones en su boca. Martin jugo largos
segundos antes de hacer lo mismo con el otro, beso y mordió sus
pechos, bajo con su lengua hasta su vientre.
Bárbara suspiro cuando él separó sus piernas y se quejó cuando
él enterró un dedo dentro de su sexo, una y otra vez, tan
lentamente que intento ahondar su penetración, solo que él no se
lo permitió y se alejó de ella.
Martin volvió a desaparecer a su alrededor, ella se movió
inquieta en la cama intentando encontrarlo en la habitación.
—Martin—susurró cuando ya no pudo seguir aguantando.
Algo acaricio suavemente su brazo y se estremeció. Esa caricia
continuo por su piel hasta su pecho izquierdo, hizo círculos a su
alrededor y se movió hacia el otro, volvió a estremecerse. El objeto
se movió por su cuello y sus labios, al inspirar aire supo lo que era,
una rosa. Martin la acariciaba con una rosa, sonrió suavemente
dentro de su cabeza, no pudo hacerlo en realidad ya que el
continuo por la unión de sus pechos hasta su vientre, él se movió
alrededor de su ombligo y bajo por sus piernas.

143
El deseo de Bárbara D.H. Araya

Esto era muy tierno, pensó, bastante, pero una parte de ella
deseaba que el fuera directo al grano, se mordió el labio para evitar
hablar y permitirle seguir con esto.
Cuando la rosa desapareció, otra vez lo hizo Martin. Eso era
peor que su caricia, el no saber que hacia la ponía ansiosa y
nerviosa, y extrañamente también la excitaba.
—Martin—volvió a susurrar y sintió la cama moverse a sus
pies, ella separó sus piernas a propósito y sonrió un poco al oírlo
gemir.
Sintió el cuerpo de Martin moverse sobre el suyo, él se
acomodó entre sus piernas pero no la penetro.
—Martin—lo llamó, estaba muy tentada a rogarle—fóllame—
termino diciendo. Él deposito un beso en su mandíbula y movió su
rostro en su dirección, solo que no logro alcanzarlo.
—Follarte—repitió él besando su cuello—no quiero follarte—
jadeo.
—¿Qué?—preguntó confundida, él siguió depositando suaves
besos por su hombro, sus pechos, sobre su corazón, se estremeció
al sentir su lengua sobre su piel.
—No quiero follarte—repitió él—quiero hacerte el amor—
Bárbara tragó y se congeló, y eso fue lo que hizo él, el amor.
Entró en su cuerpo con cuidado, acariciándola, tentándola,
midiendo su placer. Se movió dentro de ella lentamente, pero por
completo. Haciendo círculos con sus caderas, besando y lamiendo
sus pezones.
Ella tuvo deseos de llorar por su caricia y agradeció tener los
ojos vendados. Martin la trataba con tanto cuidado, tanta
144
El deseo de Bárbara D.H. Araya

delicadeza que la abrumaba, le hacia sentir como si el llenara un


hueco dentro de ella, algo que ni siquiera sabia que tenia, algo que
también se había llenado cuando había estado con los demás.
Él jadeo su nombre, susurrándoselo en su oído.
—Bárbara—le oyó decir mientras empujaba sus caderas—
Bárbara—gimió con voz ronca, ella lo abrazo con sus piernas y
gimió.
Martin la beso y se movió mas rápido, pero aun así con
cuidado. Cuando se corrió él se trago su grito y se corrió al mismo
tiempo, llamándola.
Luego de unos segundos él la desato y masajeo sus muñecas,
Bárbara no quiso quitarse la venda, tenia miedo de haber llorado y
que él se asustara malinterpretando su reacción, así que cuando el
empujo la bufanda fuera de sus ojos llevo una mano a ellos en
seguida. Sí, había unas cuantas lágrimas, pero nada que no pudiera
pasar desapercibido.
—¿Estas bien?—le pregunto él, ella asintió y se recostó sobre
su pecho, abrazándolo y mirando hacia a los pies de la cama.
—Sí—le dijo suavemente—muy bien.
—Tu muñecas, te duelen—negó, aun así él siguió acariciando
una de ellas con sus dedos, solo las sentía levemente dormidas.
—¿Por qué quisiste atarme?—le preguntó, él suspiró.
—Quería ser yo quien te tocara, te diera placer, no deseaba que
te distrajeras pensando en lo que yo sentía o quería—él deposito
un beso en su cabello.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Ho—dijo ella conmovida por sus palabras, él solo había


pensado en ella, en complacerla y hacerla sentir bien.
—Cada uno de nosotros es diferente contigo—ella le prestó
atención—no se como ha sido esto con los demás, solo deseaba
demostrarte lo especial que eres para mi, para todos.
Ella apretó la mandíbula y cerró sus ojos con fuerza, no quería
llorar, no delante de él, pero sentía como las lagrimas luchaban
contra su voluntad, lo abrazo con fuerza y él también lo hizo.
—Descansa—le susurró, como si supiera que no sabia que
decir, así que solo le hizo caso, se quedo dormida casi enseguida.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capitulo 6

—¿Qué pasa?—le preguntó Garrett. Bárbara dejó de mirar por


la ventana de su oficina y se giró para verlo de pie cerca de la
puerta—has estado sentada ahí desde hace dos horas.
Ella arrugó su frente ante sus palabras y miró alrededor, ni
siquiera se había dado cuenta de que llevaba allí tanto tiempo.
Suspirando se movió y se puso de pie, Garrett llegó a su lado
enseguida.
—¿Estas enferma?—le preguntó enseguida, negó.
—No—aseguró—solo necesito pensar.
Él acaricio su rostro y le sonrió.
—¿Algún problema?—dudó unos segundos—¿deseas hablar de
eso?—volvió a negar.
—No por ahora—él asintió.
—Está bien, dejaré de preguntar y les diré a los demás que
deseas estar sola—ella asintió y lo abrazo, Garrett le devolvió el
gesto enseguida—¿en verdad estas bien?—asintió.
Bárbara se dio cuenta de que debía de pensar solo cuando
estuviera en su cuarto, sino terminaría preocupando a todos y no
quería eso.
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

También necesitaba hablar con alguien, pero no sabía con


quién. No podía hablar con ellos, no si sus dudas eran producto de
lo que sentía. No podía decirles que ahora no estaba segura de si
tenía que irse de ese lugar o no.
Garrett pasó sus manos por su espalda, solo acariciándola. Se
sentía protegida dentro de sus brazos, cuidada y segura. Desde que
Martin le había hecho el amor, había notado la forma en que cada
uno de ellos la cuidaba, con cariño, y aunque evitara pensarlo sabía
que también con amor. Se acercó lo mas que pudo a Garrett e
inhalo su aroma.
Amor, murmuro en su mente, acaso ella podía enamorarse de
todos ellos. ¿Una mujer podía enamorarse de tantos hombres?
¿podía tener una vida con ellos.?
Cerró los ojos, y ¿por qué lo estaba de Altaír?, sabia que lo
estaba de él, solo que no comprendía por qué si él no era participe
de esto.
Pero acaso, no estaba enamorada de ellos, de Garrett, Martin,
Alec e Isaac. Sabía que sí, solo que aún había algo de duda dentro
de su corazón.
—Garrett.
—¿Si?—dijo él sin dejar de acariciarla.
—Tú crees que yo, mas adelante, pueda trabajar como
profesora—él se quedo quieto—no digo que ahora, si no después.
Él regreso a su caricia.
—Tú eres profesora de niños—asintió.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Lo fui de un grupo de niños de 7 años—sonrió un poco al


recordarlos, como extrañaba su trabajo.
—Entonces no creo que haya problemas—lo miró—no tendría
por qué haberlo.
—¿Hay profesoras aquí?—él lo pensó.
—Yo nunca tuve profesora, pero creo que sí—sonrió, luego
arrugo su frente—extrañas tu trabajo—seguro él.
Asintió suavemente.
—Sí, pero ahora entiendo como son las cosas—ahora sabía que
no podía trabajar solo porque cabía la posibilidad de que tocara a
otro hombre y eso podía afectar su unión con los demás.
—Lo siento cariño—dijo él—debes aburrirte de estar todo el
día aquí.
—A decir verdad no mucho—era verdad—como siempre estoy
acompañada es difícil aburrirse—excepto cuando esta con Altaír,
era raro que estuvieran en la misma habitación mas de una hora.
—Te prometo que las cosas cambiaran mas adelante—como
cuando ella logre unirse a todos ellos y ya no halla problemas,
pensó.
—Lo sé—le dijo—lo sé—luego de eso lo beso e intento olvidar
eso que tanto le molestaba. Solo, que era difícil.
Había crecido creyendo que solo un hombre y una mujer era lo
correcto, había esperado tener algo así algún día. Jamás, nunca,
había esperado tener algo así. Se sentía un poco abrumada, un
poco asustada y otro poco ansiosa.

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De cierta manera esperaba alcanzar esa unión con los demás,


solo que lo esperaba con todos ellos. Y ese, era un gran problema.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Cuarta Parte

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capítulo 1

—Tan repulsivo es—dijo Bárbara apenas entró en la biblioteca


para hablar con Altaír, los demás habían ido a trabajar. Él dejo su
libro en la mesa y la miró.
—¿Qué pasa?—le preguntó calmado.
—Tan repulsiva te parezco—él la estudio.
—No te entiendo.
—Me cansé—le dijo y se paró al otro lado de la mesa—de esto,
tú no quieres estar aquí y yo no deseo verte todos los días sabiendo
que te sientes miserable—él permaneció callado—me hace daño—
suspiró.
—Bárbara, ya tienes a un grupo de hombres que te adora, que
deseas de mi—ella abrió la boca y luego la cerró, todo esto la hacía
sentir débil, no le agradaba.
—Me gustaría que fueras parte de esto—confesó—pero no es
así—rio sin humor—jamás en mi vida había intentado tantas veces
llamar la atención de un hombre—nunca me había interesado de
esta manera, pensó.
—Eso es lo que haces—dijo él y arrugó su frente—por eso…

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Por eso cuando tú estás en la piscina llego yo, por eso


cuando cocinas voy a ayudarte, por eso muchas otras cosas y ya me
cansé—negó—tienes razón, tengo a Garrett, Isaac, Alec y Martin
conmigo, no debería desear que tu…—lo apuntó con una mano y
se calló—tú quieres irte—le dijo, él solo la observó, esperó por un
segundo que él le dijera que no era así pero nada pasó—voy a
hablar con el General y luego con el consejo, como nada ha pasado
entre nosotros, quizás haya la posibilidad de que te asignen a otra
mujer.
Sin decir más salió del lugar. Se había acabado, ya tenía una
familia con los demás, eso era más de lo que habría obtenido en la
tierra. Se sintió triste por esto, pero ya había luchado por él, no
podía hacer más.
Estaba subiendo las escaleras cuando la voz de un hombre la
detuvo.
—Si te mueves, gritas o haces cualquier ruido, mataré al
hombre.
Bárbara tragó y miró por el reflejo de una ventana, había dos
hombres detrás de ella, dos hombres que nunca había visto. Eran
enormes, altos y musculosos, volvió a tragar.
—Qué…qué hacen aquí, quiénes…
—Shhh—le dijo una de ellos demasiado cerca, tembló.
Esto no estaba bien, ¿quiénes eran ellos?, ¿Qué hacían en su
casa?, ¿qué querían? Su cerebro trabajaba demasiado rápido y lento
a la vez. Cientos de posibilidades le vinieron a la mente pero
ninguna de ellas le dio una idea clara. Pensó en Altaír y se preguntó
si estaría bien.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Ni una sola palabra—repitió él, más cerca aun, se


estremeció—pon tus manos detrás de tu espalda—ella no lo
hizo—nos sería bastante fácil matar al doctor—dijo él—pero si
cooperas nadie saldrá herido.
Bárbara puso sus manos en su espalda y unas esposas la
apresaron, luego una mordaza fue puesta en su boca y sus ojos
fueron vendados.
Luego de eso la cargaron en brazos y se movieron rápidamente.
El hombro bajo su vientre golpeaba sus costillas, no podía
respirar bien y menos moverse.
No supo cuánto tiempo estuvo así. Solo era consciente del
movimiento, ninguno de ellos hablaba.
Bárbara se quejó cuando el dolor de sus costillas se hizo
insoportable, golpeo con sus rodillas el pecho del hombre y eso
causo que solo ataran sus piernas.
—Llegamos—dijo uno de ellos luego de una hora, la dejaron
caer y ella reboto contra una cama, la dejaron sola enseguida.
Esperó a que algo le indicara que estaba pasando, o donde
estaba. Se movió levemente en el lugar y sus pies colgaron por el
borde de la cama, no tenía energías para sentarse, el dolor de su
estómago la mantenía quieta.
Luego de más horas que le parecieron interminables la puerta
fue abierta, su cuerpo se tensó preparado para cualquier cosa. La
mordaza fue sacada de su boca y luego la venda, cuando logro
enfocar jadeo.
—Tú…—dijo, era el mismo hombre del restaurant de Alec, el
mismo que los había visto a través de la ventana. Él sonrió.
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Que agradable que me recuerdes, soy Matt—Bárbara miró


alrededor, estaba en un cuarto pequeño, sin ventanas ni
decoración, solo había una puerta y una cama, regresó su vista a
Matt.
—¿Por qué estoy aquí?—preguntó, el hombre la examinó,
cuando llegó a sus tobillos, regresó a su cara.
—Porque sí—dijo él y sacó una navaja, intento alejarse pero él
la retuvo y solo corto la cuerda de sus piernas, la miró cuando llego
a sus manos—voy a liberar tus manos, si intentas cualquier cosa
serás castigada—ella supo que era mejor no intentarlo, el hombre
hablaba con cierta amabilidad, pero había algo en su mirada que le
aseguraba que él no dudaría en hacerle daño. Asintió suavemente.
Matt liberó sus manos y dio un paso hacia atrás, ella se sentó en
la cama e hizo una mueca al sentir la puntada en sus costillas, llevó
una mano a su cuerpo.
—Estos chicos—dijo él negando, cuando se acercó ella gateo
sobre la cama lo más lejos que pudo, eso lo hizo detenerse, solo la
miro divertido—solo intento ayudarte.
—Esto no me ayuda—dijo apuntando alrededor.
—Pues más vale que te acostumbres—él suspiró y se movió
hacia la puerta—en unos días serás entregada a los hombres, así
que descansa—Bárbara se estremeció al oírlo pero no pudo decirle
nada, la puerta se cerró dejándola encerrada y sola.
Lentamente se puso de pie y camino alrededor.
Esto no podía estar pasando, tenía que salir de ahí, tenía que
regresar con su familia, tenía que escapar, y lo más importante,
tenía que impedir que alguien la tocara, gimió. Ya llevaba más de
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

medio año con ellos, como es que aún no les decía lo que sentía,
por qué no había terminado con el vínculo, porque era una tonta,
se dijo. Si alguien la tocaba no sabía que podía pasar, tenía que salir
de ahí.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capítulo 2

A la mañana siguiente alguien dejo comida en su cuarto, esto se


repitió por tres días más, al cuarto alguien sacudió la cama, salto
por la sorpresa y miró alrededor. Una mujer estaba parada a su
lado, tenía un corte en su labio y otra en su mejilla.
—Quién…qué…—la mujer negó y le dijo que guardara
silencio.
—Sígueme—murmuró.
Bárbara se puso de pie y la siguió.
Al llegar al pasillo vio varias puertas más y ninguna ventana,
luego doblaron por otro pasillo y bajaron unas escaleras. Ella se
detuvo delante de una puerta doble y la abrió. Era una cocina
enorme.
—Bárbara—dijo una voz chillona y miró en su dirección, una
mujer bajita la abrazo con fuerza, se congeló al saber quién era.
—Jenna—jadeo, la alejó un poco. La mujer estaba hecha un
desastre, pero al parecer estaba ilesa—cómo... ¿qué haces aquí?
—No lo sé—dijo ella y miró a la otro mujer—no sé dónde
estamos o qué hacemos aquí.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—¿Cuánto tiempo llevas aquí?


—Tres o cuatro días—ella negó—hace meses que no sabíamos
nada de ti, te buscamos y no sé cómo aparecimos aquí, un grupo
de hombres nos capturó y luego…—negó—aun no logro
entender—Bárbara gimió al saber que pasaba.
Alguien las había traído al Nuevo Edén sin llevarlas ante el
consejo de ancianos.
—¿Las demás?—preguntó.
—Nos separaron, no las he visto—Bárbara negó y miro a la
otra mujer.
—Tu sabes dónde estaba, no es cierto—la mujer dio un paso
hacia atrás, Bárbara la siguió—dímelo, son mis amigas.
—Debemos trabajar—dijo ella muy bajito.
—Qué, pero qué pasa aquí—la mujer negó— ¿tú tienes
asignados?—le preguntó, al ver que ella se estremecía y la miraba
con dolor supo que sí los tenia— ¿cuánto tiempo llevas aquí?—ella
negó, Bárbara se movió más cerca—dímelo.
—Dos semanas—susurró la mujer.
—Tenemos que escapar —miró alrededor— tenemos que
regresar — ella negó con énfasis.
—No puedo, ellos me…—la miró—ellos me tocaron—Bárbara
se estremeció al entender que no solo habían hecho eso—ya no
sirve que regrese.
—No—dijo ella—no pienses así—ella siguió negando.
—Bárbara, ¿Qué pasa? ¿Dónde estamos?—pregunto Jenna, la
miro.
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Te han tocado—le preguntó, ella la miró confundida—lo han


hecho, ten han tocado, han abusado de ti.
—No—dijo Jenna—solo me mandaron aquí, ¿qué pasa?
—Te lo explicare cuando salgamos de aquí.
—No los veras—le dijo la mujer, la miró—tú también los
tienes—ella asintió—olvídate de ellos, no los volverás a ver—
Bárbara se estremeció.
—Lo hare—aseguró—los volveré a ver.
—Yo pensaba así, llevo dos semanas aquí—una lagrima resbalo
por su cara.
—Si me toma un maldito año, saldré de aquí, regresare con
ellos.
—No te querrán—dijo temblando—no te quieren cuando otro
te ha tocado, cuando…—negó y tembló.
—No lo sabes—dijo ella, la mujer la miró—no sabes si es así,
ellos te tienen prisionera, no es lo mismo, no es que tú los quieras,
los desees, no es lo mismo—murmuró para sí misma, no podía ser
lo mismo—tenemos que salir de aquí—miro a Jenna—tenemos
que buscar a las demás.
—Las mataran—dijo la mujer.
—Entonces así será—dijo Bárbara, prefería morir que quedarse
ahí—dime dónde están las otras, llévame con ellas—la mujer se
alejó—por favor—pidió—por favor ayúdame.
La mujer comenzó a negar pero Bárbara la detuvo.
—Por favor ayúdame a sacarlas de aquí, ellas ni siquiera tienen
asignados, tú sabes lo que significa tener eso, algo así—dio un paso
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

en su dirección—no permitas que le quiten eso, o por ultimo hazlo


por ti misma, si logramos irnos serás libre.
Ella la miró y luego a su amiga, asintió suavemente, Bárbara se
relajó por esto.
—Llévanos con las demás.
—No ahora—dijo—tenemos que cocinar, si no nos ven aquí
nos buscaran, tiene que ser al medio día, cuando ellos salgan—
Bárbara asintió.
—Está bien, entonces hagamos esto.
Fueron las horas más largas de su vida. Bárbara esperó a que la
mujer les dijera que podían irse, pero eso jamás pasaba, cada vez
que pensaba que tenían una oportunidad ella solo negaba y, mucho
mas tarde del medio día, pudieron detenerse y hablar.
—Tenemos 30 minutos—murmuró mirando alrededor.
Bárbara asintió y miro a Jenna.
—Entonces busquemos a las demás.
Encontraron a Leslie en una sala, limpiando el piso con una
escobilla, cuando ella levanto su cabeza Bárbara se quejó y llego a
ella rápidamente, tenía un moretón en su rostro y su labio partido,
ambas se abrazaron con fuerza.
—Nos vamos—le dijo Bárbara, ella miró a las demás
asustada—ahora, nos vamos o esto nunca se detendrá—ella asintió
y la ayudo a ponerse de pie.
Anais estaba mejor, limpiaba un baño en el tercer piso y solo
estaba sucia. Al estar juntas las cuatro se abrazaron, llenaron de
preguntas a Bárbara pero solo negó.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Hay alguien más—pregunto ella, las demás negaron y asintió


tranquila—entonces—miró a la mujer— ¿cómo te llamas?
—Lucia.
—Lucia, ¿cómo salimos de aquí?—ella abrió la boca.
—No lo sé.
Se miraron entre sí.
—Tiene que haber una forma, una puerta, una ventana, algo—
se miraron entre sí.
—La bodega—dijo Anais—la limpie ayer y vi que ahí hay una
salida hacia una alcantarilla—Bárbara asintió.
—Entonces esa es nuestra salida.
—Alcantarilla—dijo Leslie, la miraron—por salir de aquí me
arrastraría por el mismo infierno.
—Vámonos.
Luego de quitar con mucho esfuerzo la tapa de la alcantarilla
descubrieron que iban a tener que arrastrarse por un estrello lugar.
—Lucia, tu primero, yo seré la última—dijo Bárbara.
—Vamos—apresuró Jenna.
Bárbara observó a su alrededor antes de entrar a la maloliente
alcantarilla, solo la idea de salir de allí y regresar a su casa le dio la
energía suficiente para moverse por ese lugar.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capítulo 3

Horas después de correr y caminar, Bárbara las hizo detenerse


cerca de un lago. En ese lugar les explicó dónde estaban y qué
pasaba.
—¿Quieres decir que una mujer puede tener varios hombres?—
pregunto Jenna, Bárbara asintió mientras terminaba de lavarse en
la laguna—increíble.
—¿Tú tienes esto?—preguntó Leslie, Bárbara las había revisado
a todas luego de alejarse lo suficiente, se tranquilizó un poco al
saber que solo la habían golpeado ese mismo día por no querer
limpiar—tú estás viviendo con varios hombres—ella asintió y
suspiró.
—Era extraño al principio—dijo—no quería pasar por algo así,
solo quería regresar pero después, cuando los conocí a todos,
luego de…—se calló y miró alrededor—vivir esto, supe, que no
podría regresar a la tierra—las tres se miraron entre si—es
increíble recibir ese cariño, esa atención.
—¿Qué pasará con nosotras?—preguntó Anais—crees que
nos…—la apuntó.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—No lo sé, pero no pienses que todos los hombres de aquí son
así, es todo lo contrario, solo…no se cierren a la posibilidad de
tener algo así—ninguna dijo nada.
—Debemos movernos—dijo Lucia nerviosa, Bárbara asintió.
—Sí, no podemos detenernos hasta que podamos pedir ayuda.
Siguieron caminando y cuando se hizo de noche se detuvieron.
—Ya no puedo más—se quejó Leslie sentándose en el piso, las
demás la imitaron.
—Debemos…—comenzó a decir Bárbara pero se calló, había
oído algo. Como las demás siguieron hablando las hizo guardar
silencio y presto atención, Lucia fue la primera en darse cuenta—
corran todo lo que puedan—susurró—no se detengan por nada, la
primera que encuentre ayuda hable de las demás—miró a sus
amigas—no toquen a nadie a menos que le digan que es médico,
entienden—ellas asintieron, cuando el ruido se hizo más claro
comenzaron a correr.

Bárbara permaneció detrás de sus amigas y Lucia, sabía que la


seguían pero no podía perderlas de vista, a ninguna. Anais y Jenna
se separaron adelante, algo golpeo la espalda de Bárbara y ella les
gritó que corrieran más rápido, dobló por entre los árboles y se
alejó un poco.
—Vamos—susurró, jamás había deseado tanto en su vida ser
más rápida.
Sus piernas protestaron por el ejercicio, sus músculos quemaron
y dolieron, el aire apenas entraba a sus pulmones y su cabeza dolía.
La oscuridad no le permitía ver a más de dos metro delante de ella,
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

y el miedo comenzaba a hacerla temblar. Se detuvo cuando


escucho un ruido y corrió en su dirección.
Un hombre tenía agarrada a Jenna de su cabello y la arrastraba.
Bárbara recogió un tronco y se lanzó contra él para golpearlo en el
rostro, este calló inconsciente enseguida. Tomó a la mujer de los
brazos y la empujó hacia arriba.
—Vamos—le dijo y comenzaron a correr.
Un segundo después tomaron a Bárbara del cabello y la
arrojaron al suelo, Jenna se detuvo y le grito.
—Corre, no te detengas—ella corrió en seguida.
Bárbara intento pelear contra su captor pero este la golpeo en
su vientre sacándola el aire, más hombres se detuvieron a su lado.
—Una va delante, deténganla—dijo su captor.
Sus muñecas fueron atadas delante de ella con cuerdas, sin
cuidado, aplastando sus muñecas, casi cortándole la circulación.
—Ve—dijo la voz molesta de Matt, Bárbara se congeló y se
negó a mirarlo—yo me hare cargo.
El hombre se alejó rápidamente.
Estuvieron minutos en silencio, Bárbara se sentó en el suelo y
miro al hombre, este solo observaba alrededor. Matt se giró un
poco y la miro, se sorprendió al ver que sonreía, como si el hecho
de estar en el medio del bosque con ella atada en el suelo fuera de
lo más normal, por eso mismo no pudo prepararse para el golpe
que recibió en su mandíbula y se estrelló contra el suelo. Tampoco
pudo preparar su cuerpo para el siguiente en su costado, pero si
logro levantar los brazos para cubrir su cara. Cuando él siguió

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

descargando su furia Bárbara no se quejó, solo se protegió lo más


que pudo.
Has algo, gritaba su cabeza, su cuerpo, muévete. Pero no sabía
cómo, solo lograba pensar en el dolor que le causaba cada golpe.
Cuando Matt se alejó de ella movió un poco sus manos de su
cara y lo miró, él respiraba agitadamente, cansado. Miró alrededor
lo mejor que pudo pero no logró ver nada que la ayudara, tosió
sangre cuando se movió suavemente, él la miro y ella se preparó
para su segunda ronda.
—Te dije—hablo él—que si hacías algo serias castigada—él se
limpió la ropa—cuando las otras mujeres sean atrapadas—se
agacho a su lado—vas a ver personalmente como son castigadas—
ella tragó y se tensó cuando Matt quitó sus manos de su cara
lentamente, él saco un pañuelo de su bolsillo y limpio la sangre que
caía de su boca.
—¿Por qué?—logro decir, él la miró a los ojos.
—¿Por qué?—dijo él—por qué hago esto o por qué te golpee.
—¿Por qué nos…—tosió, él la levantó del piso y la apoyo en
un árbol, Bárbara se mantuvo de pie lo mejor que pudo—…por
qué nos haces esto, nos encierras?—él miró alrededor un segundo
y luego regresó con ella.
—Porque no voy a esperar que un grupo de hombres me diga
que ya puedo tener lo que por derecho es mío—él tocó su
cabello—si podemos traer a miles de mujeres de una vez por qué
esperar—su mano se movió por su cuello—y no soy el único que
piensa así—él tomó la cuerda y la empujo hacia él—somos
muchos los que nos cansamos de esperar.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Ella soltó una carcajada y el hombre se congeló.


—Piensas secuestrar a miles de mujeres como si nada, crees que
nadie lo va a notar—ella negó, prefería que él la golpeara antes de
que la tocara como lo hacía—o que ellas no harán algo.
Eso le gano una bofetada, no se detuvo.
—Yo solo estuve ahí unos días y logre que ellas escaparan—el
hombre rio.
—Crees que son las únicas —negó—he hecho esto por años y
nadie lo sabe, nada va a cambiar, no son las primeras en intentar
huir—Bárbara tragó y se negó a sentir más miedo del que ya tenía.
Se puso de pie lo mejor que pudo y lo miró con desprecio.
—Ahora entiendo porque no te han asignado a nadie, no vales
la pena—él estrecho los ojos y ella supo lo que iba a hacer, antes
de que él la golpeara levanto los brazos y usando su codo lo
estrecho contra su nariz. No se detuvo a averiguar si le había
hecho daño o no, solo corrió cuando él se alejó lo suficiente.
Bárbara podía sentirlo detrás de ella, podía escuchar sus pasos y
más sus gritos, diciéndole que cuando la atrapara no la iba a matar,
sino algo mucho peor.
Se preguntó si sus amigas habrían logrado escapar o no, rogó
que sí. Intentó liberar sus manos pero las cuerdas eran demasiado
resistentes.
Ahora solo podía correr. Alejarse de él, de sus gritos, de todo.
No bromeo al pensar que prefería que la mataran antes que estar
encerrada de nuevo.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capítulo 4

Cuando alguien apareció delante de ella y chocó, luchó contra


su captor desesperadamente. El hombre la empujó hacia un lado y
observo sorprendida como interceptaba a Matt y lo golpeaba, en
cosa de segundos este estuvo inconsciente en el suelo.
Al ver al desconocido un estremecimiento pasó por su cuerpo.
—Altaír—susurró al reconocerlo, él la miro enseguida.
Bárbara no alcanzó a derrumbarse antes de que él la tomara en
sus brazos. Su cuerpo comenzó a temblar cuando se dio cuenta
que ya no tenia que correr, la perdida de la adrenalina en sus venas
la hizo mas consiente del dolor y miedo.
Él la estrecho contra su cuerpo e intento calmarla. Bárbara se
afirmó a su camisa desesperadamente, tenía miedo de que él no
estuviera allí, acunándola entre sus brazos. Altaír tomó sus manos
y quito la cuerda. Ella suspiró cuando estuvo libre y lo miró a la
cara, tenía la frente arrugada y los labios apretados, observaba las
marcas irregulares en sus muñecas.
—Mis amigas—dijo, él la miró—ellas están aquí, ellos…
Él volvió a abrazarla.
—Encontramos a cuatro mujeres hace menos de una hora, ellas
nos dijeron de ti—suspiró contra él y cerró los ojos. Entre los
brazos de Altaír se sentía como si hubiera regresado a casa.
—Llévame a casa—le dijo—por favor.
—Te llevare al hospital—ella negó y lo abrazo con más fuerza,
no quería alejarse de él.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Solo quiero ir a casa, por favor—él suspiró.


—Está bien—tomó su rostro con delicadeza y la hizo
mirarlo—pero harás todo lo que diga—ella asintió en seguida.
Altaír la ayudo a caminar por el lugar, la guio hasta un grupo de
personas y habló con varios hombres para explicarle donde la
habían encontrado y donde encontrarían a Matt. Ella fue
vagamente consiente de las llamadas de teléfono que hacia y de
que explicaba que él la atendería. Altaír le ayudo a subir a un auto y
luego condujo hacia su casa.
Ya en ella alguien la abrazo apenas bajo del auto, reconoció el
olor y lo abrazo, era Alec.
—Debiste llevarla a un hospital—dijo Garrett, ella miró por
entre los brazos de Alec, Martin también estaba ahí. Busco
alrededor a Isaac pero no lo encontró. Todos tenían ojeras bajo
los ojos, el pelo revuelto y si no se equivocaba usaban la misma
ropa del último día que los había visto.
—Yo le pedí que me trajera aquí—todos la miraron—solo
quería regresar a casa.
Alec tomó su rostro y lo miró.
—Ven—dijo él luego de observarla unos segundos.
Entraron a la casa.
—Garrett, Martin—dijo Alec—ayúdenla a darse una ducha
mientras yo preparo algo de comer—ellos asintieron—Altaír la
revisara luego de eso.
—¿Dónde está Isaac?—les preguntó. Garrett la afirmó contra
su cuerpo y le ayudo a caminar.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Regresara pronto, estaba trabajando con un grupo de


soldados buscándote—ella asintió y apoyó su cabeza en él.
Vio a Altaír pasar a su lado, este asintió hacia Garrett y subió las
escaleras, en ese momento, Bárbara notó el corte en el labio de
Altaír y arrugo su frente. Luego preguntaría que le había pasado,
Matt ni siquiera lo había tocado, eso era de antes.
Mientras Martin le quitaba el vestido con cuidado Garrett
preparó el baño. La lavaron con meticulosidad, con delicadeza.
Bárbara no pudo mantener los ojos abiertos, el verlos a ambos tan
concentrados en ella, mirando su cuerpo la hacía desearlos, a
ambos, pero sabía que ellos no harían nada, y tampoco tenía la
energía para hacer algo.
Luego de secar su cuerpo la acostaron en su cama, Alec llegó en
el momento en que la tapaban con las sabanas con una bandeja
llena de comida, Altaír entro detrás de él e Isaac apareció detrás de
este. Al verla se movió rápidamente hacia ella, se agacho a su lado
y tocó con cuidado su rostro.
—¿Estas bien?—le preguntó preocupado, asintió y él negó—
no, no lo estas, menos después de eso—él hizo una mueca—una
pregunta estúpida—le oyó murmurar.
—Deja que coma Isaac—dijo Alec, él lo miro y asintió, dio un
paso hacia atrás para que Alec llegara a su lado.
Él le ayudo a comer, suspiró satisfecha al acabar. Nadie quiso
salir de la habitación mientras Altaír la revisaba, lo hubiera
preferido pero permanecieron cerca de la cama, cuidándola y
observándola intensamente.

170
El deseo de Bárbara D.H. Araya

Bárbara observó al médico revisar su cuerpo, sus heridas y


moretones. Alec soltó una grosería al verla, y observó a los demás.
Garrett se había movido hacia la ventana y miraba hacia fuera,
Martin estaba sentado mirándola, tenso y quieto, Isaac permanecía
en el mismo lugar, con los brazos cruzados sobre su pecho y la
mandíbula apretada.
Altaír vendo algunas heridas y le dio de beber un remedio
amargo. Cuando acabo él suspiró y se sentó en la cama, mirándola
con cansancio.
—Esto me da sueño—dijo ella parpadeando para no dormirse,
él sonrió.
—Te ayudara a dormir sin soñar, es un calmante—ella suspiró y
apunto su rostro.
—¿Qué te paso?—él miró hacia otro lado y todos lo miraron a
él.
—Nada importante—lo observó y sus ojos comenzaron a
cerrarse.
—Es importante—murmuró—todo lo que les pasa es
importante — bostezo.
—Duerme—le oyó decir.
—Podrían hacerme un favor.
—Dime—dijo él, ella abrió los ojos para verlo.
—Podrían acompañarme esta noche, no quiero dormir sola—
todos se acercaron a la cama, Altaír la observó unos segundos,
levantó su manos y él la tomó—por favor—agregó, pero no supo

171
El deseo de Bárbara D.H. Araya

que contesto él, cerró sus ojos para parpadear pero se quedó
dormida en seguida.

172
El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capítulo 5

Bárbara suspiró y abrió los ojos un poco confundida. Una


mano acaricio su espalda con delicadeza, en ese segundo notó que
estaba recostada sobre el pecho de alguien, supo quién era en
seguida. Los conocía a todos y este era el único aroma que no
había tenido así de cerca.
Permaneció quieta en ese lugar, escuchando los latidos de Altaír
bajo su oído, disfrutando de los suaves movimientos de su mano
en su espalda. Quiso quedarse ahí hasta que su mente se cansara de
su olor, de su calor, para que cuando él se fuera, tuviera algo con
ella. Al recordar esto una lágrima cayó por su rostro, cerró los ojos
y se esforzó por no llorar.
Lentamente se levantó, miro alrededor y luego a él.
—Gracias—le dijo, él sonrió suavemente.
—No hay de que.
—¿Y los demás?
—Salieron no hace mucho.
Bárbara se sentó completamente y se congeló cuando el dolor
en una de sus costillas volvió, llevó una de sus manos hacia ella y

173
El deseo de Bárbara D.H. Araya

otra apareció encima, miró sobre su hombro a Altaír. Él la tocó


examinándola.
—No esta rota—le dijo—pasaran unos días antes de que se
cure por completo—ella asintió—te daré algo para que se recupere
más rápido y no sientas dolor.
—¿Me va a dar sueño de nuevo?—él sonrió y negó.
—No, aunque debería hacerlo, tienes que permanecer en cama.
—No puedo descansar en la sala, el sofá es cómodo—él la
estudio—no quiero permanecer aquí sola—Altaír suspiró.
—No estarás sola, no creo que nadie vaya a trabajar por un
tiempo—él miró alrededor.
—Esta bien—dijo ella y suspiró—si dices que debo estar aquí
lo estaré—lo miró—podrías averiguar cómo están mis amigas, las
chicas de ayer.
Él asintió enseguida pero ninguno de los dos se movió.
—Déjame llamar a Alec para que te traiga algo de comer.
Bárbara pensó que se movería a la puerta, que saldría de su
cuarto, pero él solo se movió hacia el velador para tomar su
teléfono, llamó a Alec y le dijo fue que ella había despertado.
A los minutos Alec apareció seguido de los demás, todos le
sonrieron al verla sentada.
—Hey dulce—le dijo Alec moviéndose hacia ella, él dejo una
bandeja a su lado y se sentó. Altaír se movió alejándose de ella y
poniéndose de pie. Lo observó unos segundos.
—¿Cómo te sientes?—le preguntó Garrett, lo miró y sonrió.
—Bien, creo que me recuperare pronto—él asintió suavemente.
174
El deseo de Bárbara D.H. Araya

Todos miraron a Isaac cuando él se subió a la cama y se sentó a


su lado, la atrajo hacia su pecho para que se apoyara en él, le
sonrió.
—Come—le ordenó y apuntó la bandeja, ella volteo sus ojos
pero sonrió.
Mientras comía observó a cada uno de ellos, se veían mas
tranquilos pero igual de cansados que la noche anterior.
—¿Cuánto tiempo han dormido?—les pregunto suavemente.
—Lo suficiente—le dijo Garrett—no te preocupes por
nosotros.
Ella miró a Altaír un segundo, él asintió un poco.
—Regreso enseguida—dijo y salió de la habitación, nadie lo
miro.
Cuando acabo suspiró y le agradeció a Alec, se apoyó
completamente en Isaac quien la abrazo.
—Entonces me dirán qué le paso a Altaír en el rostro—Isaac se
tenso detrás de ella.
—¿Por qué te preocupa?—le pregunto él, no se giró para verlo.
—Porque me preocupan cada uno de ustedes—él suspiró—no
me lo dirán.
—Yo lo golpee—dijo Garrett sorprendiéndola, lo miró sin
poder creerlo.
—¿Por qué hiciste algo así?—él miró hacia un lado un segundo.
—Porque decidimos acompañarte cada día solo por tu
seguridad, para que jamás estuvieras sola—ella abrió la boca
enseguida pero él se adelanto—sé que me equivoque, que nada
175
El deseo de Bárbara D.H. Araya

hubiera evitado que te…sacaran de aquí—él suspiró—ya me


disculpe con él.
—Se lo merece—murmuró Martin y lo miró enseguida, él no la
miro.
—¿Por qué se lo merece?—le pregunto, él la miro y luego a los
demás.
—Es mejor que te recuperes, luego hablaremos de esto—dijo
Garrett, negó.
—Ustedes ya deben tener una idea de lo que pasa entre
nosotros, o no pasa—todos la miraron—esperó que eso no tenga
algo que ver.
Martin suspiró y lo miró de nuevo.
—Su único deber era cuidarte—dijo él—protegerte, a pesar de
lo que pasara o no entre ustedes, él no lo hizo.
—Por eso crees que se mereció el golpe—él asintió.
—Él no sabe lo que esta perdiéndose solo por su testarudez—
continuo Martin—lo amas, probablemente desde antes de
conocernos a nosotros—ella se tensó, Isaac acaricio sus brazos.
—Relájate—le dijo suavemente—Martin, esta no es una
conversación para tener ahora.
Martin lo miró y luego a ella.
—Lo sé, lo siento—se disculpó, se puso de pie—descansa—le
dijo suavemente y se movió hacia la puerta.
Ella miró a Garrett y Alec. Ambos se despidieron de ella.
—No te preocupes—le dijo Isaac—eso ya paso.

176
El deseo de Bárbara D.H. Araya

Ella asintió y los vio salir, Isaac se quedo con ella.


Bárbara guardo silencio luego de que todos salieran, Isaac
acarició sus brazos lentamente.
—No puedo creer que Garrett golpeara a Altaír—murmuro.
Isaac suspiró detrás de ella.
—Nunca pensé que él pudiera hacer eso, fue bastante
intimidante—ella se quejó por sus palabras causando que Isaac
riera suavemente—pero no te preocupes, eso ya se arregló.
—¿Cómo se puede arreglar algo así?
—Somos hombres, podemos dejar algunas cosas atrás.
Ella volteo sus ojos y luego suspiró.
—¿Pelearon muy feo?—preguntó.
—No, Garrett solo lo golpeo una vez, Altaír ni siquiera se
defendió—ella suspiró ante eso—probablemente se sentía
culpable, además todos nosotros deseábamos hacerlo, que lo
hiciera él solo nos sorprendió y calmo. Bueno, un poco.
Bárbara miró por la ventana y volvió a suspirar pesadamente.
Todos sabían que amaba a Altaír, se dieron cuenta antes que ella y
no le habían dicho nada.
—No lo hagas—le murmuro Isaac, lo miró—no te preocupes,
ahora todo esta bien.
Él siguió acariciando sus brazos, con suma delicadeza.
—Bárbara—la llamó él suavemente, también había algo ahí,
como si le costara hablar.
—¿Si?—dijo, se movió un poco y lo miro, él suspiró
pesadamente.
177
El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Le prometí a los demás que no te preguntaría, pero necesito


saberlo—él la miró intensamente.
—¿Qué cosa? ¿Qué pasa?—él acaricio su rostro.
—Necesito saber si ellos…si alguno de los hombres que te
retuvieron te…—ella abrió la boca al comprender lo que deseaba
saber.
Isaac quería saber si alguien la había tocado, o quizás mas que
eso.
—Eso cambiaría la forma como piensas de mi—preguntó
suavemente, casi susurrando, sentía que se había formado un nudo
en su estomago.
Isaac la miró sorprendido en seguida, luego el pánico apareció
en su rostro, la agarró de sus hombros y se puso frente a ella.
—No, claro que no—negó enfáticamente—solo quiero saber si
te hicieron daño—hizo una mueca—mas del que ya te hicieron.
Ella sintió que una lágrima caía por su rostro. Isaac la atrajo a su
cuerpo enseguida, abrazándola contra su pecho, ella le devolvió el
gesto y cerró los ojos.
—Dioses, cariño, lo siento—él beso su cabello—no debí
preguntarlo, no quiero que tengas que recordar nada de lo que
paso, yo…—él la apretó un segundo—nada va a cambiar lo que
siento o pienso de ti, nada, nunca.
Ella se afirmó mas a él, tenia tantos deseos de llorar, había
pasado por tanto, pero no quería romperse delante de él, pero
también deseaba llorar mientras alguien la abrazaba, estaba muy
confundida.

178
El deseo de Bárbara D.H. Araya

—No me tocaron—susurró, él se congeló—solo…solo…—


solo la golpearon, quería decir.
—Está bien, entiendo—ella se estremeció.
—Pensé que lo harían, sabia que tenia que irme de allí, prefería
morir que permitir que alguien, que otro que no fueran ustedes, me
tocara—él acaricio su espalda.
—Ya paso, ahora estas segura—ella asintió y suspiró.
—Había una mujer, ella…—se estremeció —crees que sus
asignados ya no la quieran.
—No—dijo enseguida Isaac, lo miró—creo que no, pero…
—No estás seguro.
—Lamentablemente no, espero que todo salga bien para ella y
sus asignados.
Asintió.
—Ven, descansa—él la empujo a la cama y la recostó. Se
acomodó a su lado.
Bárbara lo observó unos segundos antes de cerrar sus ojos y
dejarse llevar por el cansancio. Se prometió que cuando se sintiera
mejor, se iba a asegurar de que su unión con los demás estuviera
completa, ya estaba segura de que no deseaba irse de allí, era
tiempo de hacer algo al respecto.

179
El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capítulo 6

Bárbara llevaba una semana en su cama. Estaba cansada de


estar allí, y de no hacer nada, y sobre todo estaba bastante segura
de que ya se encontraba bien. Ya solo tenía unas pequeñas
cicatrices en su cuerpo, pero nada más. Se recostó contra la cama y
miró hacia la puerta, Altaír entró en ese segundo y la observó. Se
sentó rápidamente.
—¿Las viste?—preguntó enseguida, él sonrió suavemente y
camino hacia ella, como si nada tomó una silla y la acercó a la
cama—si o no, pudiste verlas—insistió, Altaír se sentó antes de
contestar.
—Sí—ella esperó ansiosa—pude hablar con las tres.
—¿Cómo están? ¿Están bien? ¿Se quedaran aquí o no? ¿Les
darán asignados?—Altaír volvió a reír, ella solo arrugó su frente.
—Están bien, ya se han recuperado, probablemente están igual
de aburridas que tú por no poder salir—él la miró
significativamente, no dijo nada—y sí, se quedaran aquí, y eso
implica…
—Que les darán asignados—ella sonrío ante la idea, Altaír
asintió.

180
El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Te alegra que estén aquí—ella asintió enseguida, luego tuvo


una idea y arrugó su frente.
—Tú podrías ser el asignado de alguna de ellas—Altaír arrugó
su frente. Le dolió decirlo pero, ya sabía que él estaría mejor con
otra mujer, lo quería demasiado para mantenerlo con ella encontrar
de su voluntad, miró alrededor—ahora puedo hablar con el
General.
Como él no dijo nada lo miró.
—Son muy buena gente—le contó—creo que te llevarías bien
con Anais, ella es muy dulce—arrugó su frente—Jenna es muy
mandona para ti y Leslie…
Él suspiró y cerró la boca.
—Esto es mi culpa—dijo él suavemente mirando alrededor—
yo provoqué todo esto.
—¿Qué?—preguntó confundida.
Él la miró.
—Ya no quieres que este a tu lado—aseguró Altaír, lo miró
confundida.
—No entiendo, tú eres quien desea irse—él asintió un poco y
ella sintió que su corazón caía un metro de su pecho, tragó para
evitar esa sensación—entonces por qué…
—Yo deseaba irme—la calló él, no dijo nada—deseaba irme
porque no podía soportar ser tu asignado solo porque me atreví a
tocarte.
Él la miro con intensidad.

181
El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Tú no querías estar aquí—murmuró ella—tú no querías ser


mi asignado—él negó enseguida.
—No, yo si quería ser tu asignado, desde el día que te observe
por primera vez, cuando entre a tu habitación en el hospital y te vi
inconsciente—ella abrió y cerró la boca, estaba sin palabras—pero
me sentí muy molesto cuando me convirtieron en tu asignado sin
que ningún examen lo dijera—él negó—para mí era como estar
metido en esta casa sin invitación, casi como un intruso.
—No es así— ahora entendía porque se comportaba de esa
forma, con ella y con todos—al principio para mi todos eran…
—Extraños—dijo él, asintió un poco.
—Sí—murmuró—al único que conocía eras tú y te mantenías
lejos de todo.
—Lo siento por eso.
Ella negó.
—No entiendo a donde quieres llegar, te molesto no ser
seleccionado por el consejo para mi, pero deseabas serlo—ella
volvió a negar aún más confundida, él suspiró.
—Sí, era así. Veía a los demás y sabia que todos ellos fueron
elegidos para ti por razones claras, verdaderas, no por un error, eso
me molestaba.
—¿Qué pensabas hacer?—lo estudio—si era así como te
sentías, ¿qué pensabas hacer? dejarme hablar con el General para
que te sacaran de aquí, te hubieras mantenido siempre al margen,
¿qué?—ella arrugó su frente y miró alrededor.

182
El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Me sorprendiste cuando dijiste que hablarías con el General,


no había pensado en irme.
—Entonces qué pensabas hacer—él permaneció callado.
—No lo sé—ella suspiró y se recostó en la cama, observó el
techo.
—¿Por qué me quisiste contigo?—le pregunto él, ella no lo
miró y pensó en su pregunta.
¿Por qué? porque habida sido el primero en ayudarla, el primero
en estar ahí, con ella. Lo habida querido, lo quería, por como había
sido con ella en el hospital, siempre cuidándola, tratándola con
suma atención. Lo había querido por como era tanto por dentro
como por fuera. Y lo quería, aun, sin saber el porqué, solo que lo
quería.
—Porque si—le respondió, no había otra razón, no para querer
a alguien, podía hablar de todo lo bueno que él tenia, pero no seria
suficiente.
—Me quisiste contigo porque era el único que no tenías—ella
tomó aire y lo soltó lentamente.
Probablemente, pensó.
—También, también esa fue una de las razones—él suspiró—
fui egoísta, pero…—lo miró—te quise porque me gustaba tu
forma de ser, el que te preocuparas de mi, una extraña, nadie me
había tratado así—se sentó y abrazo sus piernas—me gustaste
desde que te vi entrar en mi habitación del hospital, solo que luego
de enterarme de todo esto, lo olvide—sonrió suavemente—estaba
mas preocupada en buscar una forma de irme de aquí—lo vio
tensarse en la silla.
183
El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Tú piensas en irte—ella asintió un poco—pero qué…


—Antes lo pensaba—él se calló—pero ahora no, poco a poco
esa idea fue desapareciendo de mi cabeza.
—¿Y ahora?—ella lo miró.
—Ahora este es mi hogar, tengo una familia aquí—él asintió.
—Sigues queriendo trabajar como profesora—asintió.
—Eso no va a cambiar nunca, amo enseñar, me gustan muchos
los niños.
—Puede tomar un tiempo el que te permitan dar clases—se
encogió de hombros.
—Entonces esperare, no importa.
Altaír asintió suavemente.
—Ahora me gustaría saber si yo estoy dentro de tu familia—
ahora fue su turno para congelarse en su sitio, arrugó su frente un
segundo y luego negó tratando de borrar las miles de ideas que
atacaron su conciencia—lo creí—él se puso de pie—y sé que es mi
culpa, tu intentaste que me uniera a esto—él movió una mano
alrededor.
Qué, pensó ella confundida.
Él la observó unos segundos antes de comenzar a moverse
hacia la puerta.
—Gracias por todo—le sonrió un poco—y…—él negó y
suspiro—mm, ya puedes levantarte.
—¿Dónde vas?—le preguntó antes de que abriera la puerta, la
miró enseguida.

184
El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Voy a decirle a los demás que estas bien—ella negó.


—Me refiero, ¿por qué te vas si no he contestado a tu
pregunta?—él arrugó su frente.
—Dijiste que no.
—Yo no he dicho nada.
—Negaste con tu cabeza—ella arrugó su frente y él dio un paso
en su dirección—no estabas diciéndome que no.
—No, yo solo quería dejar de pensar en algo—él dio otro paso
en su dirección.
—¿Cuál es tu respuesta?—preguntó esperando.
Ella sonrió, ahora volvía a ser egoísta, volvió a quererlo para si,
sin importarle nada.
—Vas a tener que ponerte al día, has desaprovechado tu tiempo
conmigo—él soltó un suspiro desde el fondo de su corazón, como
si hubiera soportado mucho peso sobre sus hombros y ahora fuera
libre.
Luego de unos segundos asintió y dio otro paso hacia ella.
—Entonces me pondré al día enseguida—Bárbara alzó una ceja
y él llegó a su lado, tragó cuando lo vio pasar su lengua por su
labio inferior.
—No ibas a decirle a los demás que estoy bien—él sonrió con
malicia.
—Si les digo que estas bien, los cuatro estarán aquí exigiendo
tiempo contigo, que crean por unas horas mas que aun no puedes
moverte—ella se rio suavemente.
—Eso es un poco cruel—negó.
185
El deseo de Bárbara D.H. Araya

—No tanto, solo será hasta que me satisfaga de ti—Bárbara


alzo una ceja mientras él se inclinaba sobre ella, y la llevaba hacia el
colchón.
—Y para eso necesitas solo unas horas—él beso su mejilla,
Bárbara se estremeció con ese simple roce.
—No, para eso necesito de toda una vida—volvió a
estremecerse contra él—pero por ahora me conformare con esto.
Ella sonrió abiertamente y Altaír la beso.

186
El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capítulo 7

Bárbara observó a Altaír moverse sobre ella. Estaban desnudos


sobre su cama, mirándose con detenimiento, confianzudamente.
Ella observó el rostro de Altaír y estiró su mano para tocar su
cabello rubio, que ahora estaba desordenado. Se sintió feliz al ver
en sus ojos verdes deseo, necesidad, pero también cariño.
Él beso su mano y luego arrastro sus dientes por su palma
enviando un escalofrío por todo su cuerpo. Suspiró cuando él se
alejó de ella para llegar a sus pies.
Los dedos de Altaír tocaron sus rodillas, estudiándolas con
detenimiento, luego sus dedos subieron por sus muslos, apenas
acariciando. Bárbara lo observó llegar a su vientre y hacer un
círculo en su ombligo, él se movió mas arriba hasta sus pechos,
tocó los picos duros con sus pulgares y la miró. Ella le sonrió
suavemente.
Él llego a su boca y beso sus labios unos segundos, luego se
alejó para observar sus ojos antes de volver a besarla con más
intensidad y deseo, probando sus labios, mordiéndolos y
chupándolos. Lo hizo por largo rato, como si quisiera aprenderse
de memoria su textura. La beso de diferentes formas, de todas esas

187
El deseo de Bárbara D.H. Araya

maneras de las cuales se había privado. Suave y lento, duro y


profundo, apenas tocándola para luego devorarla.
Luego bajó a sus pechos para chupar cada pico dentro de la
humedad de su boca. Solo que antes le demostró lo sensible que
era su mentón y su cuello, la provocó con pequeños mordiscos y
caricias de su lengua.
—Altaír—susurró necesitándolo.
Él continuo más abajo, por la piel bajo sus pechos, por su
vientre y ombligo. Se movió hasta detenerse en su sexo solo para
observarlo. Bárbara gimió cuando separó sus piernas lentamente, él
acaricio sus muslos mientras se acercaba su centro sin dejar de ver
su rostro. Cuando la acaricio con su lengua, se estremeció, él
continuo probándola, torturándola dulcemente.
—Por favor—jadeo, lo había deseado demasiado tiempo como
para esperar.
Él aumento su intensidad, su lengua la penetró levemente una y
otra vez.
—Dios—gimió y se abrió más para él.
Luego de unos minutos la liberó y volvió a quejarse por su falta,
pero cuando lo vio subir por su cuerpo y posicionarse entre sus
piernas se preparo.
Altaír observó su rostro mientras la llenaba, se fijo en su
expresión como si quisiera la considerara importantísima. Bárbara
mantuvo sus ojos abiertos para observar el cambio en su rostro,
para ver el deseo y necesidad en sus ojos. Y cuando él la lleno por
completo jadeo y lo escucho gemir. Altaír se inclinó hacia ella para
acomodarse sobre su cuerpo antes de comenzar su baile.
188
El deseo de Bárbara D.H. Araya

Ella disfruto de sus suaves empujes, de su respiración sobre su


piel. Tocó su cabello, enredo sus dedos en el y entrelazo sus
piernas en su espalda.
Era tan maravillosa esa sensación, el poder hacer el amor con
los que amaba, con él. El poder sentirlo dentro de si, el sentir ese
placer enorme que crecía como una burbuja a su alrededor.
Altaír aumento su ritmo, se movió en círculos dentro de ella
hasta hacerla estremecer y gemir. Beso su rostro y su boca,
acomodó sus brazos a cada lado de su cabeza para afirmar su
rostro con sus manos. Lo observó con sus ojos entrecerrados y
toco su espalda, Bárbara sentía que necesitaba tocarlo aún más,
que no era suficiente. Se movió contra él y lo escucho gemir, él
pronuncio su nombre como un suspiro antes de besarla con
intensidad.
Cuando logró su liberación él se tragó su grito con ese beso
profundo y húmedo, siguió besándola mientras se movía más
rápido y desesperado, y solo se alejó cuando se estremeció y se
corrió dentro de ella.

Ambos jadeaban aun unidos, sin desear moverse y terminar con


esa conexión.
Bárbara se encontró acariciando su cabello y pensando en lo
maravilloso que era ese mundo.
—Te amo—dijo él de repente y la miró—no sabes cuanto.
Ella lo observó sorprendida unos segundos antes de sonreír,
tomó su cara con ambas manos y lo beso tiernamente.

189
El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Yo también te amo—él cerró los ojos un segundo al oírla y


luego la miró.
—Dilo de nuevo.
—Te amo—él gimió y la beso.
—Otra vez—pidió, ella sonrió.
—Te amo Altaír—él rio con ganas y la levantó de la cama sin
dejar de abrazarla, ambos se pusieron de rodillas sobre el colchón,
él acaricio su rosto—te amo—repitió. Altaír la beso intensamente.
Bárbara pensó en los demás y él, su corazón se lleno de alegría y
amor. Los amaba, a cada uno de ellos, y ya no tenia miedo. Lo
único que mas deseaba ahora era pasar el resto de su vida en ese
misma casa y formar una familia con ellos, quería una casa llena de
niños, quería darle a cada uno un bebe.
Apenas ese pensamiento llegó a ella con tanta seguridad, sintió
que algo dentro de si crecía rápidamente. Jadeo sorprendida y
Altaír la afirmó de sus hombros cuando se inclino sobre su vientre.
—Cariño—dijo asustado.
Ella lo miró sintiéndose extraña y esa burbuja en su interior se
expandió como pequeñas cuerdas en varias direcciones.
Altaír jadeo y llevo su mano a su corazón, ahora fue ella la que
se preocupo de él. También sintió que esa misma extraña energía
llegaba a Garrett, Alec, Isaac y Martin, alcanzándolos uno a uno.
Cuando acabó ella suspiró y llevo su mano a su corazón.
—Siento raro—dijo, miró a Altaír—tu también te sientes así—
soltó sorprendida.

190
El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Sí—dijo él mirándola fijamente, arrugó su frente—puedo


sentir tus emociones, creo—ella asintió.
—Sí, es algo extraño—murmuró— es una sensaciones suave
pero clara—miro hacia la puerta—los demás se sientes asustados y
sorprendidos.
—¿Los sientes a ellos?—asintió.
—¿Tu no?—él negó.
—Solo te siento a ti.
En ese momento la puerta de su habitación fue abierta y ambos
miraron en su dirección, el resto de su familia apareció ahí, con
rostros serios y confundidos.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Capítulo 8

Todos los observaron fijamente, primero a ella y luego a él,


completamente desnudos y en la cama.
—¿Estas bien?—preguntó Garrett preocupado. Ella podía
“sentir” su preocupación, sonrió suavemente antes eso.
—Creo que sé lo que están sintiendo—les dijo y se puso de pie.
—El vínculo—dijo Altaír, lo miró—es eso—también se puso
de pie—estamos vinculados, se terminó el proceso.
—Qué…—dijo Alec, pero ella se adelantó.
—¿Eso pasa? puedes percibir los sentimientos de los demás
cuando te vinculas—él asintió.
—A veces pasa otras cosas, el poder leer la mente, el poder
ubicar a tus familia en cualquier parte sin importar las distancias,
cosas por el estilo, pero tú puedes saber que estamos sintiendo y
nosotros sabemos que es lo que tú sientes.
Sonrió llena de alegría, él también sonrió.
—Genial—dijo, miró a los demás—creo que paso cuando
pensé que estoy enamorada de ustedes, que los amo a cada uno—
ella sintió un bombardeo de amor por todas direcciones, su mano
llego a su pecho—es increíble—dijo al saber de dónde venía cada
192
El deseo de Bárbara D.H. Araya

emoción. Con cada uno de ellos, solos, las sensaciones eran suaves,
pero juntos causaban un cosquilleo dentro de si.
Los observó detenidamente mientras sentía la lujuria, el deseo,
esa necesidad multiplicada por cinco, respondió sintiendo el
mismo deseo y los oyó gemir.
—Sí—dijo Alec—es increíble.
Ella lo vio acercarse, podía leer su deseo por ella en su rostro y
sentirlo en su cuerpo. Era como si algo agitara sus sentidos, como
una caricia en su piel, en zonas estratégicas de su cuerpo. Su propia
necesidad aumento y esta afectó a los demás, Martin gimió.
—Necesito…—él también se movió hacia ella y Altaír se
acercó por detrás.
—¿Qué es esto?—preguntó Garrett mostrándole una botella
pequeña. Isaac se acercó a él y la observó.
—La encontré entre la ropa que me dieron hace tiempo—lo
estudio—no sé en qué.
—No sabes lo que es—ella negó y él sonrió, miro a los demás y
se acercó mientras abría la botella—bebe un poco—le dijo y lo
hizo sin dudar.
—¿Qué es?—preguntó.
—Algo que mantendrá muchas horas despierta—ella arrugó su
frente.
—Es un afrodisiaco—él soltó una carcajada y los cinco la
rodearon.

193
El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Eso aquí no es necesario para nada—dijo él, tapó la botella y


la lanzo a un sofá—simplemente es algo que te mantendrá llena de
energía y despierta toda la noche—alzó una ceja.
Su lengua acaricio sus labios y los cinco gimieron.
—Entonces vamos a jugar toda la noche—sonrió.
Las manos de Altaír aparecieron por su espalda y tomaron sus
pechos, él la atrajo cerca de su cuerpo y acaricio sus tensas puntas,
gimió por el placer.
—Dios—dijo Isaac—puedo sentir eso.
—¿Puedes sentir lo que hace?—pregunto ella, él negó.
—No—dijo Martin—yo siento tu placer.
—Todos los sentimos—dijo Garrett, miró a Altaír— probemos
esto.
Bárbara observó a los cuatro hombres delante de ella quitarse la
ropa rápidamente, disfrutó de la diferencia entre ellos, de los
distintos tonos de piel, contexturas físicas, altura. Se maravilló de
las expresiones en sus rostros, de las diferentes sonrisas. Sonrió
suavemente antes de suspirar.
Altaír la rodeo con un abrazó y apoyó su mentón en su
hombro. Le susurró, aunque sabía que podían oírlo.
—Te gusta—sonrió aún más—saber que tienes a 5 hombres a
tu disposición.
—Mm—murmuró y acaricio los brazos de Altaír con sus
dedos. Los observó a cada uno unos segundos, Isaac se cruzó de
brazos, Alec alzó una ceja, Martin arrugó su frente y Garrett

194
El deseo de Bárbara D.H. Araya

esbozó una suave sonrisa—claro que sí—soltó al fin—estaría loca


si no fuera el caso.
—Más te vale—soltó Isaac mientras se acercaban.

Los cinco la dejaron en la cama con cuidado, ella gimió contra


los labios de Altaír cuando Garrett y Alec tomaron cada pecho en
sus bocas, pero cuando la lengua de Martin llego a su sexo se
alejaron para gemir. Observó Isaac a un lado, mirándola
intensamente.
—No te detengas—le ordenó a Martin y él volvió a lamerla, ella
gimió y los demás igual como si fueran un eco.
—No sé cómo vamos a lograr sobrevivir a esto—dijo Alec,
Martin aumentó la intensidad y ella se retorció por el deseo y
placer, los demás se quejaron.
—No les gusta—dijo ella entre jadeos—me siento como si
fuera a…—Martin la penetró con dos dedos.
—Como si fueras a estallar de placer—terminó Garrett. Ella
abrió los ojos y los miró.
—Entonces qué pasa si hago esto—tomó sus pechos y los
acaricio, el placer aumento y Martin dejo de lamerla.
— Increíble—jadeo él.
—O esto—bajo una de sus manos y comenzó a masturbarse,
todos se estremecieron.
—Vamos a tener que aprender a vivir con esto—dijo Garrett,
ella sonrió al oír la tensión en su voz y aumento sus caricias, él
gimió y tomó sus manos para detenerla—cariño, no me ayudas a

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

pensar—ella sonrió con malicia pero todos pudieron relajarse un


poco.
—Imaginen lo que voy a poder hacer—sonrió aún más—
excitarme cuando ustedes estén trabajando será una mala idea—
alzo una ceja y él se quejo—o masturbarme, tener un orgasmo—
los miró a los cinco sonriendo—veamos que pasa.
Libero sus manos de él y continúo tocándose, ahora con una
meta en mente. Los escuchó gemir, quejarse, gruñir mientras ella
solo sentía, era como una línea telefónica, lo que sentí era recibido
por ellos y, lo que ellos sentían lo podía percibir por cinco, eso
aumentaba su placer y el de ellos. Cuando se corrió lo hizo con
fuerza, con un grito de placer. Al segundo los escuchó a ellos y
abrió los ojos para saber que todos se habían corrido. Sonrió.
—Y ahora tengo toda la noche para hacer esto—volvió a
mover sus manos solo que la detuvieron.
—Esto merece un castigo—dijo Isaac, lo miró.
—Uno muy grande—soltó Altaír.
—Ponte sobre tu manos y rodillas—dijo Alec y ella se movió
enseguida. Sentía su cuerpo sensible, pero no estaba para nada
cansada, incluso creía que podía hacer esto toda la noche si se lo
proponía, sonrió, que bien que estuvieran los cinco.
Alec se puso detrás de ella y Garrett delante, ella observó su
sexo erecto y necesitado, abrió su boca para chuparlo y él tocó su
rostro con delicadeza antes de permitirle hacerlo, al mismo tiempo
que él lo metió en su boca sintió a Alec entrar en ella.
Gimió y luego jadeo dentro de lo que pudo cuando Altaír y
Martin tomaron cada pecho.
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Ella solo se quedó quieta cuando ellos comenzaron a moverse


dentro y fuera de ella. Las manos de Altaír y Martin amasaban sus
pechos y tiraban de sus pezones, recorrían su espalda, hombros,
muslos, todo. Sintió las manos de Alec en su trasero, las de Garrett
en su cabello y cuando sintió algo frio contra su ano y un dedo
entrar en ella, supo enseguida quien la acariciaba así.
La tensión de su cuerpo creció rápidamente, era demasiado para
ella, para su cuerpo, no podía contenerse teniendo a los cinco
tocándola, amándola y, cuando se corrió, vio luces detrás de sus
parpados y escucho los gemidos de los hombres. Sintió a Alec
correrse y solo por suerte pudo recibir a Garrett sin ahogarse en el
proceso, él se alejó y ella gimió, Alec se movió y le ayudo a
sentarse.
—Así no duraremos nada—dijo él, ella sonrió y lo miro sobre
su hombro.
—La práctica hace al maestro—todos se rieron.
—Pues necesitamos mucha practica —dijo Martin y lo miró, él
se levanto de la cama y fue al baño, cuando regresó traía dos
toallas, él limpio su espalda—van dos veces que me corro sin
siquiera estar dentro de ti—ella se acercó a él.
—Practiquemos entonces—lo empujó hasta acostarlo en la
cama, los demás se movieron para darle espacio, se subió sobre él
y lo montó, miró a los demás—veamos si logran aguantar mas
tiempo—los cuatros entrecerraron los ojos. Sabía que si los retaba
cada uno de ellos buscaría represalia, no le importaba, estaba más
que segura de que se iba a divertir.
Observó a Martin y este tomó cada uno de sus pechos y tiró sus
pezones, ella se estremeció y se levantó para acariciarlo con su
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

mano, en cosa de segundo estuvo duro de nuevo. Ella alzó una


ceja.
—Siempre me sorprende lo rápido que son para reponerse—él
gimió y ella sintió el placer que le causa esto.
—Te estas…—alcanzó a decir Martin pero se calló cuando ella
lo tomó dentro de si.
Se movió lentamente sobre él, quería hacer durar el momento.
Pero el saber que los miraban, el escuchar la respiración pesada de
los demás, de Martin y, ahora el sentir su deseo, lujuria, placer,
todo mesclado la llevaba mas lejos de lo creyó era posible, era
demasiado grande todo esto, solo quería ser follada rápidamente
pero tenia que tomarse su tiempo.
Bárbara giró su cabeza y vio que los cuatro hombres la
observaban fijamente mientras se acariciaban, miró a Martin y
rastrillo sus uñas por su vientre con cuidado, él gimió y comenzó a
moverse hacia arriba, se inclino levemente hacia adelante para
ahondar la penetración.
Luego de unos minutos no pudo soportar eso y se corrió,
Martin empujó un par de veces más y la siguió con un gruñido.
Luego suspiró y sonrió cuando no sintió ese cansancio que la
llenaba luego de hacer el amor varias veces. Miró a los hombres,
tensos y quietos en sus lugares, no se habían corrido.
—Ahora—murmuró y se movió hacia ellos—¿quién sigue?

Bárbara cayó agotaba contra Garrett, estaban sentados en una


silla, donde habían hecho el amor.
—Ya no puedo—dijo contra el cuello de él.
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Todos a su alrededor gimieron.


—Menos mal—dijo Alec, ella sonrió, era muy entrada la
mañana—no creo que pueda moverme—él estaba recostado en el
sofá en una esquina.
—Si no estuviéramos unidos de esta manera probablemente
duraríamos todos el día—dijo Altaír—pero me he corrido tantas
veces que creo que no lo volveré a hacer durante un tiempo.
Bárbara se rio contra Garrett y él acaricio su espalda.
Si que se habían corrido, cada vez que hacían el amor, pocas
veces fueron capaces de aguatarse pero las ultimas horas solo se
dejaron llevar y ella solo tenía que hacer el amor con uno de ellos
para que los demás se corrieran.
—Esa poción es increíble—dijo suavemente.
—Sí—dijo Altaír.
Bárbara lo vio ponerse de pie y llegar a la cama, él quito las
sabanas mientras Martin iba por unas limpias, suspiro feliz. Ahora
solo le faltaba una cosa para que todo fuera increíble.
Antes de que Martin saliera de la habitación, tomó aire y dijo.
—Los amo—la miraron enseguida—a cada uno de ustedes, los
amo con todo mi corazón.
Garrett tomó su rostro entre sus manos y la hizo mirarlo.
—Nosotros también te amamos cariño.
—Para siempre—dijo Alec.
—Claro que si—dijo Martin.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Con todo el corazón—dijo Isaac, él sonrió un poco—y


cuerpo.
Le sonrió y miró a Altaír, él le sonrió con dulzura.
—Te amamos—le aseguró—eso nunca va a cambiar.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Epilogo

Años después.
Bárbara despertó y miró alrededor, estaba en la habitación de
Garrett. Él estaba abrasándola por la espalda. Al verlo despertar
sonrió suavemente y lo beso.
—Buenos días cariño—dijo él antes de volver a besarla.
—Buenas días—murmuró ella y enredo sus dedos en su
cabello.
Él la aplasto dulcemente contra la cama, la miró a los ojos antes
de hacerle el amor.
Después de todo ese tiempo ya se había acostumbrado a esto, el
amor, el cariño, el sexo, todo. Y lo amaba, era su paraíso privado.
Minutos después se bañaron juntos y bajaron a la cocina. Ya en
ella observó a Alec e Isaac preparando el desayuno, los saludos a
ambos besándolos con cariño, Martin estaba sentado al lado de su
primer hijo, jugando con él.
Se acercó a ambos y beso a Martin, luego se agacho y abrazo a
su hijo de 6 años, Rafael. Este también la abrazo. Cuando la puerta

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

se abrió sonrió al ver a Altaír y segundo hijo. Se acercó a ambos,


beso al feliz padre unos segundos y luego tomó en sus brazos al
bebé de 10 meses ya despierto y lleno de energía. Este la abrazo y
beso en la cara, todos se rieron.
—Estas nerviosa—le dijo Altaír, ella asintió, no servía de nada
mentir, todos ahí sabían lo que sentía—estarás bien.
—Lo sé—dijo suavemente y acaricio la espalda de su bebe—me
acostumbrare con el tiempo, pero siempre me va a pasar esto.
Ese día comenzaban las clases, era profesora de un grupo de 12
niños de entre 6 y 7 años. Hacia años que había comenzado a dar
clases, pero lo había dejado cuando llego al último trimestre de su
primer embarazo, luego había pasado mas tiempo en casa
cuidando a su hijo, solo cuando él cumplió un año regresó a su
trabajo. De nuevo había pasado lo mismo con su segundo hijo,
ahora había decidido regresar a trabajar unos meses antes, eso la
ponía nerviosa, pero ambos niños estaban muy bien cuidados, sus
padres se quedaban en la casa un día, turnándose, para atenderlos
y acompañarlos, así ella podía trabajar sin problemas.
—¿Papá voy a ir al colegio?—preguntó Rafael, todos los
hombres lo miraron y sonrió. Siempre le parecía divertido y muy
tierno que todos se giraran en su dirección cuando él decía papá,
amaba eso de ellos, que no hubiera diferencias para ninguno.
Rafael tenía 5 padres y una madre, esa era la verdad.
—Recuerda que en la noche van a venir a comer tus amigas—
dijo Alec, ella lo miró y asintió.
—Apenas llegue te ayudare a cocinar—él sonrió suavemente y
asintió.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Altaír se movió hacia la cocina y tomó la mamadera de su bebé,


ella le entrego al niño para que lo alimentara, le gustaba hacerlo y a
ella le gustaba verlo mientras lo hacia. Llevo su mano a su
estomago y se acarició suavemente.
—¿Estas bien?—preguntó Isaac llegando a su lado, asintió.
—Sí, solo que desde hace unos días me siento un poco rara,
deben ser los nervios—él asintió y acaricio su rostro.
—Si no te sientes bien deberías quedarte en casa—ella le
sonrió.
—Se me pasara y si empeora regresaré.
—Bien—dijo él y la beso.
Luego de que él se alejara ella lo siguió, dio un paso en su
dirección pero tuvo que afirmarse de un mueble cuando el piso se
movió bajo sus pies.
—Bárbara—dijo Alec llegando a su lado enseguida, todos la
rodearon.
Ella inhalo suavemente intentando concentrarse.
—Ya paso—dijo—solo fue un mareo.
—Cariño, estas enferma—dijo Garrett, tocó su rostro como si
quisiera saber si tenía fiebre, todos miraron a Altaír. Este le
entrego el bebé a Isaac y se acercó a ella.
—Déjame revisarte—la llevó a una silla y la obligó a tomar
asiento.
Altaír la tocó por varios lugares, cuando llego a su vientre
movió sus dedos por el lentamente, como si buscara el problema,
al acabar él bajo los brazos y la miro fijamente.
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El deseo de Bárbara D.H. Araya

—Tu periodo fue hace casi un mes, cierto—ella lo miró y


asintió, eso pasaba cuando vivía con tantas personas pendientes de
ella, no había secretos, ninguno.
—Debería volver a tenerlo esta semana—él negó y sonrió, tocó
sus rodillas.
—Eso no va a pasar—se congeló en su sitio, sintió que todos la
miraban.
—Yo…quieres decir que…—él asintió.
—Estas embarazada.
Estaba embarazada, de nuevo, iba a tener a su tercer hijo.
Sonrió lentamente.
—Esta familia va a continuar creciendo.
Altaír rio y se acercó para besarla.
Todos a su alrededor se acercaron para felicitarla, y felicitarse
entre si, iban a ser padres de nuevo.
—Mamá enferma—dijo Rafael, ella lo miró y lo tomó en
brazos.
—No, mamá no está enferma, vas a tener otro hermanito—él
miro al bebé y luego a ella.
—Yo soy el hermano mayor—dijo Rafael, ella rio y beso su
mejilla.
—Siempre serás el hermano mayor.
Su hijo rio y se cambio a los brazos de Garrett, él la beso.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Ella sabia de quien era ese bebe, como lo había sabido de los
dos primeros. Nunca habían hablado de eso entre ellos, no era
importante, pero se alegró por él, y por los demás.
—Papá—dijo él bebe y todos lo miraron, él rio y tocó la cara de
Isaac—papá—repitió.
Isaac se rio y beso su frente.
—Dilo de nuevo—dijo Martin acercándose, él bebe lo miro y
rio con ganas.
—Papá—todos sonrieron con orgullo.
Alec la besó y abrazó.
—Gracias—le dijo suavemente.
—¿Por qué?—preguntó ella.
—Por darnos una familia, un hogar—ella lo besó y miró
alrededor.
Todos la observaban intensamente, sintió por varias direcciones
deseo y amor, esa era una clara señal de que esa noche, todos iban
a estar con ella. Se estremeció y miró a Alec.
—Eres el corazón de esta familia—dijo él.
—Y el cuerpo—murmuró Isaac, todos lo escucharon, ella se
rio—es la verdad.
Sí, lo era pensó, pero en ese caso ellos también lo eran, cada
uno de ellos tenia un pedacito de su corazón, y eran dueños de su
cuerpo, el que gustosamente les daba.
Eran sus amigos, sus compañeros, sus amantes, eran todo para
ella al igual que sus hijos.

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El deseo de Bárbara D.H. Araya

Apoyó su frente en el pecho de Alec y cerró los ojos.


Ella había encontrado su lugar entre cinco hombres, se rio un
poco ante la idea y agradeció a ese jaguar que la atacó en la selva
hacia tanto tiempo, si él no la hubiera hecho, nunca los hubiera
conocido y eso sí hubiera sido su fin.

Fin.

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