Karmelo C.
Iribarren
Lo que hay
Me estoy haciendo viejo,
he ahí un hecho
incuestionable,
una verdad absoluta
de la que se desprenden
circunstancias varias,
todas ellas adversas para mí.
Por ejemplo:
ya no puedo ir a ninguna parte
y decir que quiero llegar rápido,
ahora ya sé a dónde voy,
Karmelo C. IRIBARREN (San el tiempo no es un concepto abstracto
Serbastián, 1959). Ha publicado Bares
del que me pueda reír,
y noches, Ateneo Obrero de Gijón,
1993, La condición urbana, está aquí siempre, a mi lado,
Renacimiento, 1995, Serie B, como ese conocido incómodo
Renacimiento, 1998, Desde el fondo al que nos es imposible despistar.
de la barra, Línea de fuego, 1999, La vida se lo va tragando todo,
Gainontzekoa, kontuak dira (antolo-
gía en euskera), Erein, 2000, La ciu-
la muerte se frota las manos,
dad (Antología 1985-2001), y en el cielo, qué te voy a contar,
Renacimiento, 2002, prólogo de hace siglos que se acabaron las localidades.
Vicente Tortajada, La frontera y otros
poemas, Renacimiento, 2005, Seguro
que esta historia te suena. Poesía
En fin, para qué más.
completa (1985-2005), Renacimiento, Sin esperanza pero con
2005, El tamaño de los sueños (anto- veinte euros,
logía), Anaya, 2006, Ola de frío, me encamino hacia el próximo bar.
Renacimiento, 2007, La ciudad
(Antología 1985-2008) (segunda edi-
ción corregida y aumentada),
Renacimiento, 2008, prólogo de
Joaquín Juan Penalva, epílogo de
Vicente Tortajada, reseña de solapa de
Abelardo Linares, Atravesando la
noche, Huacanamo, 2009, Ola de frío
(segunda edición), Renacimiento,
2009, Versos que el viento arrastra,
El jinete azul, 2010, ilustraciones de
Cristina Muller, Otra ciudad, otra
vida, Huacanamo, 2011, Seguro que
esta historia te suena. Poesía comple-
ta, 1985-2012 (segunda edición),
Renacimiento, 2012.
26
Al caer el sol
Nunca lo he visto antes,
pero conozco
a ese hombre.
(Si me acercase,
distinguiría en sus ojos
ese brillo gastado,
como sin vida,
que tanto me recuerda, por cierto,
a los oficinistas
de mi infancia).
Pronto
se llevará la cerveza a los labios,
le dará un sorbo,
y volverá a dejarla
suavemente sobre la barra.
Sin prisa. No la hay. No le hace falta.
Nada nuevo va a ocurrir
y lo sabe. Se encuentra
más allá de la esperanza,
en su perpetuo
atardecer.
Conozco a ese hombre, sí,
y me da miedo.
A veces, de madrugada,
poco antes de acostarme, me mira
desde el espejo.
27
La calle
Para Antonio Ventura
He recorrido esta ciudad
de punta a punta
casi todos los días
durante más de treinta años.
Abriéndome paso a codazos
en las vísperas de fiesta,
o a través de las madrugadas
fantasmagóricas
de los días laborables de invierno,
o solo y borracho y mojado
hasta los cuernos,
o en compañías que mejor no recordar.
Estas calles no guardan secretos para mí.
Conozco sus plazas, sus antros,
sus mujeres, el brillo
de una navaja al doblar una esquina,
el calor de una mirada
desde el fondo de un bar.
Hubo un tiempo en que el cielo
se miraba en ellas.
Yo formé parte de aquello.
Eso ya nadie me lo puede arrebatar.
28
Las resacas
Las primeras tienen
su cosa, es cierto.
Otra vez con el trago en la mano,
uno se siente a gusto de sentirse tan mal,
de tener ese cuerpo,
de ser al fin el blanco
de miradas y risas
(comentarios jocosos, vacilones),
ya sabes, de sufrir
como un hombre.
Luego vienen las otras,
las de siempre,
las clásicas,
sin el encanto de la novedad,
las que uno ya conoce
en su justa medida,
aburridas y tercas,
pegajosas,
las que apenas sorprenden,
las que una mañana te avisan
que ojo al parche,
pero tú ni te enteras.
Las últimas resacas,
las auténticas,
las de verdad,
las que ni risas ni miradas que valgan,
las del vómito
encima,
las del asco y las lágrimas,
las del miedo
a vivir y a morir
de repente,
las de la más absoluta soledad,
esas, amigo mío, mejor
que no las tengas que pasar.
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