DOY MARTINEZ (2016)
Para comprender el interés por el análisis y la búsqueda de soluciones para la
delincuencia juvenil, es necesario ubicar este fenómeno dentro de la problemática de
la sociedad actual. La estructura social en que les ha tocado vivir a los niños y jóvenes
de hoy, está caracterizada por una complejidad cada vez mayor, donde la búsqueda
de soluciones no depende ni de fórmulas tradicionales, ni de líderes carismáticos.
Hay que distinguir lo que es un hecho aislado que con la edad desaparecerá y lo que puede ser
el inicio de una prolífica carrera delictiva. Un menor que comete un hurto puede hacerlo
movido por otras motivaciones que no son el ánimo de lucro en sí: demostración de valor o
rebeldía, como respuesta a un alto control familiar, como imitación de su entorno social, un
trastorno de comportamiento, etc.
La delincuencia juvenil es hoy un problema vital y de gran importancia, no solo a nivel
nacional y local, sino en todo el mundo, es un mal social de los más inquietantes,
porque se ha agudizado a tal extremo que hoy los adolescentes entre los 12 y 18
años de edad, no solo se dedican a la delincuencia tradicional de los jóvenes, es decir
a robos o hurtos, sino que ha llegado al crimen organizado y al sicariato, todo ello
porque por que las leyes internacionales que protegen a los niños y adolescentes los
consideran inimputables, es decir no sancionables por los delitos que cometen, los
mismos que para ellos son considerados como conducta inadecuada.
Hoy en día es probablemente el tema que más preocupa a juristas, sociólogos,
pedagogos y psicólogos, porque cada vez más los jóvenes que delinquen, debido a
que saben que gozan de ese sesgo de impunidad que les ha dado la ley, y sobre
todo, porque son muchos los adultos que divergen en opiniones de cómo solucionar o
enfrentar el problema que cada vez convierte a la seguridad ciudadana en un tema
solo de papel, porque no existe en ningún lugar del mundo, y menos del país, ante el
aumento indiscriminado de la delincuencia, y entre ella la delincuencia juvenil.
Se sabe, que el delincuente adulto, comienza desde temprana edad sus acciones
delictivas, y es la sociedad y la familia la única que puede enmendar el rumbo de los
jóvenes que tienden a conductas delictivas, sobre todo la familia que es la primera
institución del Estado que educa y forma en valores sociales y personales a sus
integrantes, y si ella no cumple con esa función primordial, sin lugar a dudas que es
caldo de cultivo de la delincuencia de los adolescentes.
Conociendo esos factores preponderantes que engendran la delincuencia juvenil
dentro de las familias, se puede elaborar programas de intervención familiares de
prevención y de reincorporación de los jóvenes delincuentes dentro de la sociedad, de
acuerdo a los cánones establecidas por ella
CAUSAS DE LA DELINCUENCIA JUVENIL
De acuerdo a Reinhart, L. (2001), son diversas la causas que conlleva al adolescente
a inducirse en el mundo de la criminalidad estas pueden ser biológica, fisiológicas,
patológicas, influencias externas como el medio en que desarrolla los primeros años
de su vida, carencia de afecto, y atención por parte de los padres o simplemente mala
orientaciones.
El mismo autor indica que, para determinar las causas de la delincuencia juvenil hay
que atender a factores individuales, esto es, a los defectos o taras debido a la
herencia, a la existencia de anormalidades mentales y psíquicas, a las características
del temperamento y del carácter, no lo es menos, y en esto casi no hay discrepancias
que lo que mayormente influye en la delincuencia, el mundo circundante.
Son muchos los estudios hechos acerca del factor familiar del niño, del urbanismo, de
las malas compañías, de la literatura mal sana, del ludo, del juego, del factor
económico.
Frente a los datos estadísticos y a una delincuencia infantil en escandaloso
crecimiento, se ha afirmado que el menor delincuente es ante todo una víctima del
medio social, que si hay alguien responsable, lo es la sociedad, que, en fin, género de
delincuencia
CLASIFICACIÓN DE LOS DELITOS DE LA DELINCUENCIA JUVENIL
FACTORES SOCIALES DE LA DELINCUENCIA JUVENIL
Los factores Sociales son los que emplazan directamente al sujeto dinámicamente
con el exterior, integrando al marco social dentro del cual se desenvuelve su vida
Los factores sociales, dinamizadores de la vida humana, inciden en la personalidad
del sujeto y pueden provocar su antisocialidad.
podemos mencionar los siguientes:
a) La Familia: Tiene como objetivo llevar la calidez afectiva de entrega al menor que
se requiere para su normal desarrollo, y de suministrarle los medios indispensables
para encaminarse a su plena realización. Por tal razón es el grupo de más próxima
pertenencia para la personalidad infanto juvenil con un valor modulado según las
particularidades de cada uno de los períodos evolutivos.
b) La Escuela: En la escuela se hace palpable una estructura caracterológica
antisocial que preexiste y que se puntualiza de cierta incapacidad de reaccionar a los
métodos escolares comunes, de disciplina, dificultad de comprender los derechos
ajenos y de una fuerte actitud de rebelión contra la autoridad. La vida escolar
promueve la aparición de la pandilla porque es allí donde se asocian para el juego, en
forma paulatina aumenta el grado de pertenencias que los vigoriza y los estimula a la
actividad en común.
c) El Medio Ambiente: Aparte de la familia y la escuela que constituyen los primeros
grupos sociales del individuo, además consideramos todos aquellos que nos
identifican como parte de un grupo como lo son: barrios, la colonia, el país o
nacionalidad, el nivel económico, preferencia
política, selección deportiva, y otros, dentro de estos círculos el menor encuentra
seguridad y ocupación mientras las pandillas o delincuenciales se forman a la vista de
padres, educadores, psicólogos, sociólogos, etc. El ambiente es considerado factor
dinamizador en la formación personal del niño y adolescente.
d) La sociedad: Aloja en si elementos dinamizadores de la delincuencia juvenil y que
hacen que graviten desde temprano directa e indirectamente.
Las manifestaciones cotidianas en las formas de vida inducen al sujeto a salirse de su
hogar, las dificultades económicas, la desigualdad en el acceso a los servicios
básicos, los medios de comunicación alienantes y las exigencias personales que se
ven frustradas son factores que refuerzan la formación de pandillas ya que con ello
dinamizan el sentimiento de minusvalía ante la sociedad demandante.
Familia:
la familia juega un papel de primer orden en la integración y adquisición de valores,
asimismo en la adaptación del individuo a la sociedad; y esto lo cumple a cabalidad,
cuando está perfectamente integrada, lo cual trae dos consideraciones importantes:
La Función Social de la familia, es decir sus responsabilidades para con la sociedad y
con sus integrantes.
La integración familiar, que es considerada también como una familia integrada.
Según Pérez y Fuentes (1997): La familia es un espacio social básico de adultos y niños, que
permiten que cada individuo, al sentirse amado, protegido y pleno de sentido de pertenencia,
desarrolle un discernimiento responsable y una escala de valores para enfrentar la vida.
En la familia se satisfacen, como en ninguna otra estructura social, las necesidades
de desarrollo personal y se suceden las primeras experiencias de relación con el
mundo.
Una buena relación familiar permite a las personas relacionarse mejor en las diferentes áreas
de la vida social, desarrollando así la confianza en las propias capacidades que posee.
RELACIONES FAMILIARES
Según Minuchin, (1978): Las relaciones familiares se sustentan en límites, ya que él
dice que los limites son reglas que definen a quienes participan o sea que les dan
forma a las interacciones.
Los limites son unidades funcionales al interior del grupo familiar, que posibilitan la
individualización de los mismos y sobre todo la adquisición de roles en el grupo familiar.
La afectividad y la comunicación son parte de las relaciones familiares, logrando así
establecer el sentimiento de pertenencia y el sentimiento de unidad, sobre todo la
protección e intimidad que la familia da al elemento que la conforma, éstas relaciones
familiares se caracterizan por este tipo de elemento afectivo donde el individuo se
siente parte de la estructura del yo, el ego que le dan las normas y valores en función
de su propia capacidad y
necesidades a su proceso de evolución que se le incorporan las reglas, las normas, leyes y la
fuerza de coerción en la familia y superan cualquier desfase.
a) Familia integrada. Es aquella estructura familiar en la que todos los miembros o
elementos se encuentran presentes dentro del grupo en forma estable.
b) Familia Desintegrada: Tipo de estructura en la que falta uno o varios miembros
del grupo familiar, provocado por diversas causas: divorcios o separación de los
cónyuges, muerte, emigración, etc.
Se dice que una familia está bien integrada cuando hay unión entre ellos, porque cada
quien cumple cabalmente con las funciones que le corresponden.
Cuando una familia no está integrada surgen conflictos que suelen manifestarse en
querellas continuas, falta de comunicación, falta de amor y protección mutua entre
ello, irresponsabilidad de padres e hijo, etc.
La estructura de la familia puede clasificarse también en extensa y nuclear.
La familia Extensa: Es la familia que está constituida por todos los parientes, tanto por
consanguinidad como por afinidad. Es decir, padres, hijo, sobrinos, primos, cuñados y
abuelos.
Familia Nuclear: Es la predominante en nuestra época y está constituida por padre, madre e
hijos.
FACTORES FAMILIARES QUE INCIDEN EN LA CRIMINALIDAD DE LOS HIJOS
LAWRENCE, (2010), dice que las carencias afectivas en la primera etapa de la infancia, por
falta de un adecuado núcleo familiar, son frecuentemente la base de imperfectos procesos de
desarrollo de la personalidad y de socialización de los menores.
Esto indica que la familia desarrolla un papel relevante en el proceso de socialización de los
niños y adolescentes, y aunque no sea el único factor explicativo de la delincuencia juvenil, si
es cierto que su influencia en el desarrollo psicosocial, emocional y personal de los menores es
indudable.
Aguirre (2007), dice que en estos momentos, en sociedades como la nuestra, en la que por
imperativos económicos, tanto el padre como la madre tienen la necesidad de trabajar fuera
de casa, la familia se constituye en una estructura nuclear en la que los hijos adquieren cada
vez más autonomía e independencia frente a los padres y las funciones tradicionales de cariño
y educación se transfieren en gran medida a otras instituciones, produciéndose lo que se ha
llamado doble socialización. Esta cultura adolescente, mayormente grupal, en la que el
contacto, la amistad y la aceptación por sus compañeros, se convierte casi en el único motivo
que da sentido a sus vidas, provoca con facilidad situaciones conflictivas favorecedoras de la
delincuencia juvenil.
Falta de supervisión o control de los padres. Supervisar consiste en saber qué
hace el menor dentro y fuera de casa. La escasa supervisión de los padres era la más
fuertemente relacionada con la delincuencia. Esta escasa supervisión se
caracteriza por una serie de evidencias de entre las que se pueden destacar:
desconocimiento por parte de los padres sobre lo que hace el niño o dónde está.
En aquellos casos en los que los padres tienen un comportamiento violento, mediante
frecuentes y duros castigos físicos, los hijos aprenderán que la violencia representa
una medida eficaz para resolver conflictos.
Disciplina férrea: Este concepto se aplica a aquellos padres que alternan entre libertad
y severidad de modo caprichoso, por ello la disciplina es aplicada de forma
inconsecuente que lleva a la constante alternativa entre la frustración y la gratificación,
produciendo en los jóvenes un sentimiento de inseguridad y frustración, ya que no
saben si por sus actos van a ser premiados o castigados.
Conflictos familiares. La ruptura de la familia tradicional, sobre todo por el aumento
de separaciones y divorcios que dejan, con frecuencia, a los hijos a cargo de uno de
los padres que tiene que trabajar obligatoriamente para sacar adelante a sus hijos,
produciéndose una desatención de los mismos, en muchos casos, ha sido esgrimido
como una de las causas generadoras de la delincuencia juvenil.
Familia numerosa. Para que el tamaño de la familia pueda influir en la conducta de
los hijos, es necesario además que se den los siguientes factores concurrentes: una
mala posición económica de la familia y un bajo status social que lleva a que los
padres no puedan dedicar a sus hijos los cuidados y atenciones necesarios,
produciéndose una desatención y una falta de control de los hijos por parte de sus
padres
Malos ejemplos conductuales.
Está demostrado que los niños tienen una tendencia natural a imitar el
comportamiento que observan en casa, como modelo a seguir, por lo que los hijos
con padres o hermanos mayores delincuentes poseen una más alta posibilidad de
llegar a delinquir.
Falta de comunicación entre padres e hijos. Este es uno de los problemas de la
sociedad actual, El exceso de trabajo, el ritmo de vida, el estrés, las relaciones
sociales, etc., por parte de los padres y, las actividades escolares y extraescolares por
parte de los hijos, unido al “culto a la televisión” llevan a una, a veces, total
incomunicación entre padres e hijos. Esto implica una desatención de los padres para
con sus hijos, lo que conlleva un desconocimiento de las actividades que realiza, los
lugares que frecuenta, los amigos con los que sale, etc., lo que dará lugar a que sea
imposible prever por parte de los padres, posibles conductas problemáticas o
delincuenciales cometidas por los hijos. Cuando se enteren, ya será tarde.
Falta de enseñanza de valores prosociales.
Marginacion socioeconómica:
Las situaciones de pobreza, marginalidad, hacinamiento, falta de recursos y
oportunidades, se consideran factores influyentes en el desarrollo de la violencia en la
familia y de delincuencia juvenil en los hijos con el fin inicial de satisfacer de
necesidades de vida no satisfechas por los padres.
Rico Fuentes (2016)
El modelo integrador de Elliot La integración de varias teorías sobre desviación
social fue el modelo que desarrollaron Elliot, Huizinga y Ageton (1985, como se
citó en De la Peña, 2005) incorporando, en primer lugar, planteamientos de la
teoría de la anomia como marco explicativo de la conducta desviada, que se
centra en la discrepancia entre metas y aspiraciones adoptadas por los individuos
y los medios de que dispone para conseguirlas. Si la sociedad no facilita recursos
para lograr las metas que ella misma inculca (éxito, estatus, poder económico),
una reacción posible es el comportamiento desviado. En segundo lugar, Elliot
(como se citó en De la Peña, 2005) asume parte de las teorías de control social
(Hirschi, 1969, como se citó en De la Peña, 2005), según las cuales la conducta
desviada aparece si no hay vinculación estrecha con la sociedad convencional; si
el sujeto no asimila valores convencionales tenderá a transgredir las normas. Por
último, otorga una especial importancia a los procesos de aprendizaje,
principalmente en el grupo de amigos donde se modela y se refuerza la
delincuencia o el consumo de drogas (De la Peña, 2005).
Familia , los padres de jóvenes delincuentes se caracterizan por una tendencia a
ser duros o inconsistentes en sus actitudes y prácticas disciplinarias, a
recompensar la conducta desviada directamente por medio de la atención y
conformidad, y a ignorar la conducta prosocial (López Latorre, 1993; Kazdin y
Buela, 1994, como se citó en López, 2006).
Aun así, en la categoría de familia vemos como factor psicosocial influyente, de
forma constante, una condición socioeconómica baja, caracterizada por
necesidades básicas no cubiertas a falta de recursos económicos. Es este factor,
más allá del tipo de familia o el tipo de castigo, lo que genera, una necesidad base
de contribuir o ayudar con esta problemática en su hogar.
ESCUELA:
Junto a la familia, la escuela es el otro gran agente de socialización, ya que en ella
los niños aprenden las normas y conductas socialmente aceptables. En primer
lugar, los niños que asisten regularmente a la escuela y se esfuerzan por obtener
un buen rendimiento, tienden a aislarse de aquellas compañías y actividades que
favorecen el desarrollo de conductas ilegales. En segundo lugar, los niños que
provienen de hogares problemáticos están peor equipados para el desempeño
escolar. Esto puede constituir un factor frustrante para esos alumnos, ya que no se
ven preparados ni motivados para el éxito académico, lo que les puede inducir a
despreocuparse de la escuela y a implicarse en actividades delictivas, quizás
como una forma alternativa de mostrar que pueden triunfar en otros campos de la
vida (López, 2006).
ENTORNO:
Los pares son otra variable a estudiar en la explicación de la delincuencia,
especialmente la juvenil. La literatura nos muestra por un lado, que una gran
proporción de delitos, los más comunes y algunos serios, son cometidos en grupo,
generalmente formado por dos o tres persona; y por otro, que el grupo de iguales
desempeña un papel fundamental en el desarrollo de las conductas antisociales
en los jóvenes (Reiss y Roth, 1993, como se citó en López 2006). Las
asociaciones diferenciales, que pueden producirse tanto en los grupos primarios
(familia, amigos) como en aquellos secundarios o de referencia (medios de
comunicación, figuras de autoridad, entre otros). La mayor influencia la ejercen
aquellas asociaciones que poseen mayor frecuencia, duración, prioridad o
intensidad, así como las que provienen de las relaciones más importantes para el
individuo.
En la categoría de familia: los asociados a la condición socioeconómica (bajos
recursos, necesidades básicas no resueltas). En la categoría de escuela: violencia
escolar, poco interés y gusto por el ambiente académico. En la categoría de
entorno: relación con grupo de pares con conductas infractoras. Factores de
riesgo: asociados al consumo de SPA (Sustancias Psicoactivas); y como
reforzador del medio: percepción del poder tanto adquisitivo, como de autoridad.