Campos de la Antropología y su Diversificación
Campos de la Antropología y su Diversificación
Saussure (en la imagen) sentó los antecedentes del gran desarrollo de la lingüística moderna, cuyos
aportes han sido aprovechados especialmente por los antropólogos sociales.
Londres, fue una de las primeras ciudades analizadas desde el enfoque de la Antropología Urbana.
La Antropología, como ciencia que abarca los fenómenos del ser humano como parte de una
sociedad, se ha diversificado en sus métodos y sus teorías. La diversificación obedece al
interés por rendir mejor cuenta de los procesos que enfrenta la especie en diversas
dimensiones. De acuerdo con la American Anthropological Association (AAA), los cuatro
campos de la Antropología son la Antropología biológica, la Antropología cultural,
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la Arqueología y la Antropología lingüística.
La Antropología biológica o física es el campo de la Antropología que se especializa en el
estudio de los seres humanos desde el punto de vista evolutivo y adaptativo. Al adoptar una
postura evolucionista, los antropólogos físicos pretenden dar cuenta no solo de los grandes
cambios en los aspectos biológicos del ser humano —lo que se llama hominización—, sino en
los pequeños cambios que se observan entre poblaciones humanas. La diversidad física del
ser humano incluye cuestiones como la pigmentación de la piel, las formas de los cráneos, la
talla promedio de un grupo, tipo de cabello y otras cuestiones numerosas. Para abordar esta
diversidad, la Antropología física no solo echa mano de estudios propiamente anatómicos,
sino las interacciones entre los seres humanos y otras especies, animales y vegetales,
el clima, cuestiones relativas a la salud y la interacción entre distintas sociedades.9 El campo
de la Antropología biológica también es interés de otras ciencias con las que mantiene un
diálogo, por ejemplo, con la Primatología (estudio científico de los primates), la Demografía,
la Ecología o las ciencias de la salud. Cuenta entre sus especializaciones a
la Paleoantropología y la Antropología médica.
La Arqueología es una de las ciencias antropológicas con mayor difusión entre el público no
especializado. Se trata del estudio científico de los vestigios del pasado humano. Podría
decirse que este interés se ha encontrado en diversas épocas y lugares, aunque la
Arqueología tiene un antecedente muy claro en el coleccionismo de antigüedades en las
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sociedades europeas. Para lograr sus propósitos, los arqueólogos indagan en depósitos de
estos materiales que son llamados yacimientos arqueológicos —o sitios arqueológicos,
calcado del inglés archaeological site— a los que se accede normalmente por excavaciones. A
pesar de los estereotipos sobre los arqueólogos —a los que se suele imaginar como una
especie de Indiana Jones11— y los lugares comunes sobre lo que es la Arqueología, el
método arqueológico no comprende únicamente las técnicas de excavación. Ante todo se trata
de interpretar los hallazgos, tanto en relación con su contexto arqueológico como en relación a
los conocimientos ya comprobados, la historia del yacimiento y otros elementos.
La Antropología social, cultural o Etnología estudia el comportamiento humano, la cultura, las
estructuras de las relaciones sociales. En la actualidad la antropología social se ha volcado al
estudio de Occidente y su cultura. Aunque para los antropólogos de los países centrales
(EE. UU., Gran Bretaña, Francia, etc.) éste es un enfoque nuevo, hay que señalar que esta
práctica es común en la antropología de muchos países latinoamericanos (como ejemplo, la
obra de Darcy Ribeiro sobre el Brasil, la de Guillermo Bonfil Batalla y Gonzalo Aguirre
Beltránsobre México, etc.). Dependiendo de si surge de la tradición anglosajona se conoce
como antropología cultural y, si parte de la escuela francesa, entonces se le denomina
etnología. Quizá se haya distinguido de la antropología social en tanto que su estudio es
esencialmente dirigido al análisis de la otredad (condición de ser otro) en tanto que el trabajo
de la antropología social resulta generalmente más inmediato. Uno de sus principales
exponentes es Claude Lévi-Strauss, quien propone un análisis del comportamiento del ser
humano basado en un enfoque estructural en el que las reglas de comportamiento de todos
los sujetos de una determinada cultura son existentes en todos los sujetos a partir de una
estructura invisible que ordena a la sociedad. [cita requerida]
La Antropología lingüística o Lingüística antropológica estudia los lenguajes humanos. Dado
que el lenguaje es una amplia parte constitutiva de la cultura, los antropólogos la consideran
como una disciplina separada. Los lingüistas se interesan en el desarrollo de las lenguas. Así
mismo, se ocupan en las diferencias de los lenguajes vivos, cómo se vinculan o difieren, y en
ciertos procesos que explican las migraciones y la difusión de la información. También se
preguntan sobre las formas en que el lenguaje se opone o refleja otros aspectos de la cultura.
Dentro de las ciencias sociales, disciplinas como la lingüística y la antropología han mantenido
una relación que ha tomado la forma de un complejo proceso articulatorio influido a lo largo del
tiempo por las distintas condiciones históricas, sociales y teóricas imperantes. La lingüística, al
igual que la etnología, la arqueología, la antropología social, la antropología física y la historia,
es una de las disciplinas que conforman el campo de la antropología desde algunas
perspectivas. La lingüística estudia el lenguaje para encontrar sus principales características y
así poder describir, explicar o predecir los fenómenos lingüísticos. Dependiendo de sus
objetivos, estudia las estructuras cognitivas de la competencia lingüística humana o la función
y relación del lenguaje con factores sociales y culturales.
La relación entre la lingüística y la antropología ha respondido a distintos intereses. Durante
el siglo XIX y la primera mitad del XX, la antropología y la lingüística comparativa intentaban
trazar las relaciones genéticas y el desarrollo histórico de las lenguas y familias lingüísticas.
Posteriormente, la relación entre las dos disciplinas tomó otra perspectiva por la propuesta
desde el estructuralismo. Los modelos lingüísticos fueron adoptados como modelos del
comportamiento cultural y social en un intento por interpretar y analizar los sistemas
socioculturales, dentro de las corrientes de la antropología. La tendencia estructural pudo
proponerse por la influencia de la lingüística, tanto en lo teórico como en lo metodológico. Sin
embargo, al excluir las condiciones materiales y el desarrollo histórico, se cuestionó que la
cultura y la organización social pudieran ser analizadas del mismo modo que un código
lingüístico, tomando al lenguaje como el modelo básico sobre el que se estructura todo el
pensamiento o clasificación.
No obstante estos puntos de vista diferentes, se puede llegar a acercamientos productivos
reconociendo que la cultura y la sociedad son producto tanto de condiciones objetivas o
materiales como de construcciones conceptuales o simbólicas. De esta forma, la interacción
entre estas dos dimensiones nos permite abordar a los sistemas socioculturales como una
realidad material a la vez que una construcción conceptual. Las lenguas implican o expresan
teorías del mundo y, por tanto, son objetos ideales de estudio para los científicos sociales. El
lenguaje, como herramienta conceptual, aporta el más complejo sistema de clasificación de
experiencias, por lo que cada teoría, sea ésta antropológica, lingüística o la unión de ambas,
contribuye a nuestra comprensión de la cultura como un fenómeno complejo, ya que «el
lenguaje es lo que hace posible el universo de patrones de entendimiento y comportamiento
que llamamos cultura. Es también parte de la cultura, ya que es transmitido de una generación
a otra a través del aprendizaje y la imitación, al igual que otros aspectos de la
[cita requerida]
cultura».
Roman Jakobson plantea que «los antropólogos nos prueban, repitiéndolo sin cesar, que
lengua y cultura se implican mutuamente, que la lengua debe concebirse como parte
integrante de la vida de la sociedad y que la lingüística está en estrecha conexión con la
antropología cultural». Para él, la lengua, como el principal sistema semiótico, es el
fundamento de la cultura: «Ahora sólo podemos decir con nuestro amigo McQuown que no se
da igualdad perfecta entre los sistemas de signos, y que el sistema semiótico primordial,
básico y más importante, es la lengua: la lengua es, a decir verdad, el fundamento de la
cultura. Con relación a la lengua, los demás sistemas de símbolos no pasan de ser o
concomitantes o derivados. La lengua es el medio principal de comunicación informativa».
Ramas y subramas[editar]
A su vez, cada una de estas cuatro ramas principales se subdivide en innumerables subramas
que muchas veces interactúan entre sí.
De la antropología cultural o social (también conocida como antropología sociocultural),
se desprenden:
Además de: antropología económica, antropología política, aplicada, rural, urbana, visual,
todas las que deben entenderse como enfoques o puntos de partida diversos para
analizar los fenómenos sociales.
De la antropología física (también como antropología biológica), se desprenden:
Aquí se aprecia a Boasposando como la “danza canibal” de los indígenas Kwaklutl, durante
una exhibición en el National Museum of Natural History, en 1895.
Historia de la antropología[editar]
Nacimiento institucional de la antropología[editar]
Se considera que el nacimiento de la antropología como disciplina tuvo lugar durante
el Siglo de las Luces, cuando en Europa se realizaron los primeros intentos
sistemáticos de estudiar el comportamiento humano. Las ciencias sociales —que
incluyen, entre otras a la jurisprudencia, la historia, la filología, la sociología y, desde
luego, a la antropología— comenzaron a desarrollarse en esta época.
Por otro lado, la reacción romántica contra el movimiento ilustrado —que tuvo su
corazón en Alemania— fue el contexto en el que filósofos como Herder y,
posteriormente, Wilhelm Dilthey, escribieron sus obras. En ellas se puede rastrear el
origen de varios conceptos centrales en el desarrollo posterior de la antropología.
Estos movimientos intelectuales en parte lidiaron con una de las mayores paradojas
de la modernidad: aunque el mundo se empequeñecía y se integraba cada vez más,
la experiencia de la gente del mundo resultaba más atomizada y dispersa. Como Karl
Marx y Friedrich Engels observaron en la década de 1840:
Todas las viejas industrias nacionales, han sido o están siendo destruidas a diario.
Son desplazadas por nuevas industrias, cuya introducción, se convierte en un tema
de vida o muerte para las naciones civilizadas, por industrias que no trabajan sólo
con materias primas locales, sino también, con materias primas traídas de los
lugares más remotos; industrias cuyos productos, no son consumidos solo por la
población local, sino también por gente de todo el globo. En lugar de las antiguas
demandas de consumo, satisfechas por la producción del país, encontramos
nuevas necesidades, requiriendo para su satisfacción, productos de lugares y
climas distantes. En lugar del antiguo aislamiento nacional y la auto-suficiencia,
tenemos relaciones en todas las direcciones, interdependencia universal de
naciones.
Foto de una mujer del pueblo suri en donde las mujeres expanden su labio inferior, los
antropólogos son especialistas en el análisis de las modificaciones corporales.
Tanto basándose en los métodos de las ciencias naturales, como también creando
nuevas técnicas que involucraban no solo entrevistas estructuradas sino la consabida
«observación participante» desestructurada, y basada en la nueva teoría de la
evolución a través de la selección natural, propusieron el estudio científico de la
humanidad concebida como un todo. Es crucial para este estudio el concepto
de cultura. La cultura ha sido definida en la antropología de las formas más variadas,
aunque es posible que exista acuerdo en su conceptualización como una capacidad
social para aprender, pensar y actuar. La cultura es producto de la evolución humana
y elemento distintivo del Homo sapiens y, quizás, a todas las especies del
género Homo, de otras especies, y como una adaptación particular a las condiciones
locales que toman la forma de credos y prácticas altamente variables. Por esto, la
«cultura» no solo trasciende la oposición entre la naturaleza y la consolidación;
trasciende y absorbe peculiarmente las distinciones entre política, religión,
parentesco, y economía europeas como dominios autónomos. La antropología por
esto supera las divisiones entre las ciencias naturales, sociales y humanas al explorar
las dimensiones biológicas, lingüísticas, materiales y simbólicas de la humanidad en
todas sus formas.
La antropología francesa tiene una genealogía menos clara que las tradiciones
inglesa o estadounidense. Muchos comentaristas consideran falsamente a Marcel
Mauss como el fundador de la tradición antropológica francesa. Mauss era un
miembro del grupo del Annee Sociologique, la revista dirigida por su tío Émile
Durkheim y mientras Mauss estudiaba la situación de las sociedades modernas,
Mauss y sus colaboradores (como Henri Hubert y Robert Hertz) recurrieron a la
etnografía y filología para analizar las sociedades que no estaban tan diferenciadas
como las naciones-estado europeas. En particular, en el Ensayo sobre los dones se
probaría de relevancia permanente en los estudios antropológicos acerca de
la redistribución de los bienes y la reciprocidad.
En el periodo de entreguerras, el interés en Francia por la antropología concurría en
movimientos culturales más amplios como el surrealismo y el primitivismo que
recurrían a la etnografía como fuente de inspiración. Marcel Griaule y Michel
Leiris son ejemplos de personas que mezclaron la antropología y la vanguardia
francesa. En este periodo la mayor parte de lo que se conoce como etnología se
restringía a los museos, y la antropología tuvo una estrecha relación con las
investigaciones del folclore.
Sin embargo, fue sobre todo Claude Lévi-Strauss quien ayudó a institucionalizar esta
ciencia en Francia. Además de la trascendencia del estructuralismo, Lévi-Strauss
estableció vínculos con antropólogos estadounidenses e ingleses. Al mismo tiempo
estableció centros y laboratorios por toda Francia para proveer de un contexto
institucional para la antropología mientras entrenaba a estudiantes influyentes
como Maurice Godelier o Françoise Héritier que se volvería muy influyente en su
escuela. Muchas particularidades de la antropología francesa actual son
consecuencia de que se investigue en laboratorios privados más que en
universidades.
El culturalismo estadounidense[editar]
La corriente culturalista fue llamada de esa manera por el especial interés que puso
en el análisis de la cultura, a diferencia de la antropología social británica (interesada
en el funcionamiento de las estructuras sociales), y la etnología francesa desarrollada
por Émile Durkheim y Marcel Mauss.
Los pioneros de la antropología estadounidense fueron miembros de la plana mayor
del Bureau of Indian Affairs (Agencia de Asuntos Indios) y del Smithsonian Institution's
Bureau of American Ethnology (Agencia de Etnología Estadounidense del Instituto
Smithsoniano), como John Wesley Powell y Frank Hamilton Cushing. La antropología
académica en Estados Unidos fue establecida por Franz Boas, quien aprovechó su
puesto en la Universidad de Columbia y el Museo Americano de Historia Natural para
entrenar y desarrollar múltiples generaciones de estudiantes.
La antropología de Boas era políticamente activa y sospechaba de las investigaciones
del gobierno o los mecenas. También era rigurosamente empírica y escéptica de
generalizaciones e intentos de establecer leyes naturales. Boas estudió hijos de
inmigrantes para demostrar que las razas biológicas no eran inmutables y que la
conducta y el comportamiento de cada grupo humano eran resultado de su
propia historia y de las relaciones que hubiera establecido a lo largo del tiempo con su
entorno social y natural, y no del origen étnico del grupo o leyes naturales. Para Boas
raza, lengua y cultura eran variables independientes que no podían explicarse en
relación con las demás.
Partiendo de la filosofía alemana, Boas (que era austriaco) sostuvo la diversidad de
culturas cuya evolución no podía ser medida respecto a la civilización europea. Boas
propuso como premisa básica que cada cultura debía ser estudiada en su
particularidad; y que no era posible generalizar sobre culturas diferentes, tal como se
había venido haciendo en la naciente antropología por imitación de las ciencias
naturales (Boas, 1964: Cap. III).
La primera generación de estudiantes de Boas incluyó a Alfred Kroeber, Robert
Lowie y Edward Sapir. Ellos produjeron estudios muy detallados que fueron los
primeros en describir a los indios de América del Norte. Al hacer eso, dieron a conocer
una gran cantidad de detalles que fueron usados para atacar la teoría del proceso
evolutivo único. Su énfasis en los idiomas indígenas contribuyó al desarrollo de
la lingüística moderna (comenzada por Ferdinand de Saussure) como una verdadera
ciencia general.
La publicación del libro Anthropology (Antropología), escrito por Kroeber, marcó un
punto clave en la antropología estadounidense. Tras décadas de recopilación
crecieron las ganas de generalizar. Eso fue más evidente en l os estudios sobre
cultura y personalidad llevados a cabo por boasianos como Margaret
Mead (1967), Ralph Linton (1972) y Ruth Benedict(1964). Influenciados por Sigmund
Freud y Carl Jung. Estos autores analizaron cómo las fuerzas socio-culturales forjan la
personalidad individual.
El funcionalismo británico[editar]
Durante las siete décadas que duró la experiencia socialista en la extinta URSS, se
desarrolló un particular método de etnografía, en particular analizando el impacto de la
experiencia socialista en la cultura, así como el estudio de la diversidad cultural en la
URSS. Uno de sus exponentes más importantes es Pavel Ivanov Kouchner.
La antropología en Latinoamérica[editar]
La antropología latinoamericana enraíza en la escuela culturalista estadounidense de
Boas. Uno de sus alumnos, Manuel Gamio, fundó la tradición antropológica mexicana,
y el mismo Boas dio clases en ese país. Su desarrollo como disciplina científica en
casi todos los países latinoamericanos está ligada con la actividad estatal, además, la
antropología latinoamericana tiene un fuerte nexo con la arqueología. De hecho, en el
período comprendido aproximadamente entre los años 1930 y 1970, en muchos
países de América Latina se fundaron instituciones antropológicas par aestatales que
tenían la función de planificar y desarrollar programas de desarrollo dirigidos a la
integración de los indígenas en la sociedad nacional.
Posteriormente, durante la década de 1960 y hasta 1980 aproximadamente, la
antropología iberoamericana recibió una fuerte influencia del marxismo, que se
convirtió en la corriente dominante en muchas de las instituciones formadoras de los
antropólogos iberoamericanos. El avance de la teoría marxista en la antropología de
la región puso el énfasis de la investigación social en cuestiones relacionadas con
el subdesarrollo, las comunidades campesinas, la cuestión indígena y su exclusión
con respecto al resto de la sociedad.
Al mismo tiempo, los antropólogos volvieron la mirada a la ciudad, interesados en el
fenómeno de la rápida urbanización que se vivía en países
como Argentina, Brasil, Ecuador, México o Perú; proceso que iba acompañado de un
deterioro en las condiciones de vida de las familias de las primeras generaciones
suburbanas. Podemos mencionar a varios antropólogos(as) latinoamericanos tales
como: Gonzalo Aguirre Beltrán, Héctor Díaz-Polanco, Manuel Marzal, Mirian
Goldenberg, Luis Valcárcel, Carlos Reynoso, Federico Kauffmann, Patricio Guerrero
Arias, Beatriz Barba, entre otras y otros intelectuales, que han contribuido al desarrollo
de esta ciencia en esta región de América.
La antropología en tiempos modernos[editar]
El antropólogo Edward Tylor la define como «el conocimiento, las creencias, el arte, la
moral, el derecho, las costumbres, y cualesquiera otras capacidades y hábitos
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adquiridos por el hombre en cuanto miembro de la sociedad».
Antes de la Segunda Guerra Mundial la antropología social británica y la antropología
cultural estadounidense mantenían posturas diferentes sobre su método y concepción
de la antropología. Tras la guerra, se acercarían hasta crear una antropología
sociocultural.
En los años 1950 y la mitad de la década siguiente la antropología tendió a modelarse
siguiendo la ciencia natural. Algunos, como Lloyd Fallers o Clifford Geertz, se
concentraron en los procesos de modernización a través de los cuales se
desarrollarían los nuevos Estados independientes. Otros, como Julian
Steward o Leslie White estudiaron la forma en que las sociedades evolucionan sobre
su ambiente ecológico —una idea popularizada por Marvin Harris—.
La antropología económica, influenciada por Karl Polanyi y desarrollada por Marshall
Sahlins y George Dalton resaltaron las debilidades conceptuales de
la economía tradicional para abordar los mecanismos de explotación y distribución de
los bienes en las sociedades precapitalistas. Acusaban que las teorías ortodoxas
ignoraban los factores culturales y sociales en estos aspectos de la esfera económica
social, y que por tanto, sus preceptos no eran universales. En Inglaterra, el paradigma
de la Sociedad Británica de Antropología fue escindido cuando Max Gluckman y Peter
Worsley se inclinaron hacia el marxismo. Lo mismo ocurrió en el momento
que Rodney Needham y Edmund Leach incorporaron el estructuralismo de Lévi-
Strauss a su análisis antropológico (por ejemplo, en la obra Cultura y comunicación de
Leach).
El estructuralismo también influyó en ciertas investigaciones en los años sesenta y
setenta, incluyendo la antropología cognitiva y el análisis de componentes. Autores
como David Schneider, Clifford Geertz, y Marshall Sahlins elaboraron un concepto
más laxo de la cultura como red de símbolos y significados, la cual se volvió muy
popular dentro y fuera de la disciplina. Adaptándose a su tiempo, ciertos grupos de
antropólogos se volvieron más activos en política, sobre todo tras la guerra de
independencia argelina y su oposición a la guerra de Vietnam. En ese contexto,
el marxismo se volvió uno de los enfoques más difundidos en la disciplina.
En la década de los años 1980 la cuestión del poder —analizada por Eric
Wolf en Europa y los pueblos sin historia— fue central en la disciplina. Libros
como Anthropology and the Colonial Encounter consideraron los vínculos entre la
antropología y la inequidad colonial, al tiempo que la amplia popularidad de teóricos
como Antonio Gramsci y Michel Foucault llamaron la atención hacia los temas del
poder y la hegemonía. El género y la sexualidad se convirtieron en temas centrales.
Lo mismo ocurrió con la relación entre historia y antropología, relación analiz ada
por Marshall Sahlins, que llevó a Lévi-Strauss y Fernand Braudel a examinar la
relación entre la estructura social y el agente individual.
A finales de los ochenta autores como George Marcus y Clifford Geertz cuestionaron
la autoridad etnográfica, particularmente en el cómo y el por qué es posible el
conocimiento y la autoridad de la antropología. La crítica de estos autores se centra
en la supuesta «neutralidad» de los etnógrafos. Forma parte de la
tendencia posmodernista contemporánea. En los últimos años (1990-2006) los
antropólogos han prestado más atención a la medicina y biotecnología, la
globalización, los derechos indígenas y la antropología urbana. Es importante señalar
que, en especial, los dos últimos temas (derechos indígenas y antropología urbana)
se encontraban presentes en la discusión antropológica de los países
latinoamericanos. Como ejemplo tenemos el análisis de la cultura de la pobreza,
emprendido por Oscar Lewis en la ciudad de México en la década de los cincuenta, y
los trabajos de la corriente indigenista latinoamericana surgida a partir de la década
de 1930 y que concluye con el México profundo de Guillermo Bonfil.
Algunos problemas éticos surgen de la sencilla razón de que los antropólogos tienen
más poder que los pueblos que estudian. Se ha argumentado que la disciplina es una
forma de colonialismo en la cual los antropólogos obtienen poder a expensas de los
sujetos. Según esto, los antropólogos adquieren poder explotando el conocimiento y
los artefactos de los pueblos que investigan. Estos, por su parte, no obtienen nada a
cambio, y en el colmo, llevan la pérdida en la transacción. De hecho, la llamada
escuela británica estuvo ligada explícitamente, en su origen, a la administración
colonial.
Otros problemas son derivados también del énfasis en el relativismo cultural de la
antropología estadounidense y su añeja oposición al concepto de raza. El desarrollo
de la sociobiología hacia finales de la década de 1960 fue objetado por antropólogos
culturales como Marshall Sahlins, quien argumentaba que se trataba de una posición
reduccionista. Algunos autores, como John Randal Baker, continuaron con el
desarrollo del concepto biológico de raza hasta la década de 1970, cuando el
nacimiento de la genética se volvió central en este frente.
Recientemente, Kevin B. MacDonald criticó la antropología boasiana como parte de la
estrategia judía para acelerar la inmigración masiva y destruir a Occidente (The
Culture of Critique, 2002). En tanto que la genética ha avanzado como ciencia,
algunos antropólogos como Luca Cavalli-Sforza han dado actualizado el concepto de
raza de acuerdo con los nuevos descubrimientos (tales como el trazo de las
migraciones antiguas por medio del ADN de la mitocondria y del cromosoma Y).
La antropología tiene una historia de asociaciones con las agencias gubernamentales
de inteligencia y la política antibelicosa. Boas rechazó públicamente la participación
de los Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, lo mismo que la colaboración de
algunos antropólogos con el servicio de inteligencia de Estados Unidos. En contraste,
muchos antropólogos contemporáneos de Boas fueron activos participantes en estas
guerras de múltiples formas. Entre ellos se cuentan las docenas de antropólogos que
sirvieron en la Oficina de Servicios Estratégicos y la Oficina de Información de Guerra.
Como ejemplo, se tiene a Ruth Benedict, autora de El crisantemo y la espada, que es
un informe sobre la cultura japonesa realizado a pedido del Ejército de los Estados
Unidos.
Fotografía del antropólogo Josef Mengele. A veces la antropología puede ser utilizada con fines
perversos, tal y como hizo durante el Holocausto.