KristevaJulia PoderDeLaPerversion
KristevaJulia PoderDeLaPerversion
,
DE LA PERVERSION
Ensayo sobre Louis-Ferdinand Céline
por
JULIA KRISTEV A
)J((J
siglo
veintiuno
editores
ÍNDICE
Ni sujeto ni objeto
Hay en la abyección una de esas violentas y os-
curas rebeliones del ser contra aquello que lo ame-
naza y que le parece venir de un afuera o de un aden-
tro exorbitante, arrojado al lado de lo posible y de
lo tolerable, de lo pensable. Allí está, muy cerca, pe-
ro inasimilable. Eso solicita, inquieta, fascina el de-
seo que sin embargo no se deja seducir. Asustado,
se aparta. Repugnado, rechaza, un absoluto lo pro-
tege del oprobio, está orgulloso de ello y lo mantie-
ne. Y no obstante, al mismo tiempo, este arrebato,
este espasmo, este salto es atraído hacia otra par-
te tan tentadora como condenada. Incansablemen-
te, como un búmerang indomable, un polo de atrac-
ción y de repulsión coloca a aquel que está habita-
do por él literalmente fuera de sí.
Cuando me encuentro invadida por la abyec-
ción, esta torsión hecha de afectos y de pensamien-
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8 Julia Kristeva Poderes de la perversiÓ~ ' 9
tos, como yo los denomino, no tiene, en realidad, ob- reconozco como cosa. Un peso de no-sentido que
jeto definible. Lo abyecto no es un ob-jeto* en fren- no tiene nada de insignificante y que me aplasta.
te de mi, que nombro o imagino. Tampoco es este En el linde de la inexistencia y de la alucinación, de
oh-juego, pequeño objeto "a", punto de fuga infinito una realidad que, si la reconozco, me aniquila. Lo
en una búsqueda sistemática del deseo. Lo abyecto abyecto y la abyección son aqui mis barreras*. Es-
no es mi correlato que, al ofrecerme un apóyo so- bozos de mi cultura.
bre alguien o sobre algo distinto, me permitiría ser,
más o menos diferenciada y autónoma. Del objeto,
lo abyecto no tiene más que una cualidad, la de opo-
nerse al yo. Pero si el objeto, al oponerse, me equili- La suciedad**
bra en la trama frágil de un deseo experimentado
que, de hecho, me homologa indefinidamente, infini- Asco de una comida, de una suciedad, de un des-
tamente a él, por el contrarto, lo abyecto, objeto cal- hecho, de una basura. Espasmos y vómitos que me
do, es radicalmente un excluido, y me atrae hacia protegen. Repulsión, arcada que me separa y me
allí donde el sentido se desploma. Un cierto "yo" desvia de la impureza, de la cloaca, de lo inmundo.
(moO que se ha fundido con su amo, un super-yo, lo Ignominia de lo acomodaticio, de la complicidad,
ha desalojado resueltamente. Está afuera, fuera del de la traición. Sobresalto fascinado que hacia alli
conjunto cuyas reglas der]uego parece no recono- me conduce y de alli me separa.
cer. Sin embargo, lo _aj:>ye~to no cesa, desde el exi- Quizá el asco por la comida es la forma más ele-
lio, de desafiar al amo. Sin avisar(le), solicita una mental y más arcaica de la abyección. Cuando la
descarga, una convulsión, un grito. A cada yo (mol) nata, esa piel de superficie lechosa, inofensiva, del-
su objeto, a cada supexyó, su abyecto. No es la capa gada como una hoja de papel de cigarrtllo, tan des-
blanca o del aburrimiento quieto de la represión, preciable como el resto cortado de las uñas, se pre-
no son las versiones y conversiones del deseo que senta ante los ojos, o toca los labios, entonces un
tironean los cuerpos, las noches, los discursos. Si- espasmo de la glotis y aun de más abajo, del estó-
no un sufrtmiento brutal del que "yo" se acomoda, mago, del vientre, de todas las visceras, crispa el
sublime y devastado, ya que "yo" lo vierte sobre el cuerpo, acucia las lágrimas y la bilis, hace latir el
padre (padreversión):** yo lo soporta ya que imagina corazón y cubre de sudor la frente y las manos. Con
lí que tal es el deseo del otro. Surgimiento masivo y el vértigo que nubla la mirada, la náusea me retuer-
'1 abrupto de una extrañeza que, si bien pudo serme ce contra esa nata y me separa de la madre, del pa-
1 familiar en una vida opaca y olvidada, me hostiga dre que me la presentan. De este elemento, signo de
ahora como radicalmente separada, , repugnante. su deseo, "yo" nada quiero, "yo" nada quiero saber,
No yo. No eso. Pero tampoco nada. Un "algo" que no "yo" no lo asimilo, "yo" lo expulso. Pero puesto que
este alimento no es un "otro" para "mi", que sólo
• IA'l <:onlinuaclón del texto juega con la partículajet (verbojeter.
arrojar, expulsar), tntentando dar cuenta de la construcción del yo
(m<ll3 eomo resultado de las fuerzas de atracción y de repulsión en- • En el original francés, garde:fOUs.
lrr: el yo y el no-yo.
•• En el original, tmpropre. La continuación del texto jugará en la
•• · Jnc¡.:o d., palabras intraducible. Pere-version, que significa "pa- doble vertiente del significante francés: impropre (no propio) e lm-
•h.,vcr.,.lón", es homófono de peroersion. propre (suelo).
10 Julia Kristeva Poderes de la peruersión 11
existo en su deseo, yo me expulso, yo me escupo, yo hablarles, pensarlos, aquí y ahora está arrojado, ab-
me abyecto en el mismo movimiento por el que "yo" yectado, en "mi" mundo. Por lo tanto, despojado del
pretenao presentarme. Este detalle, tal vez instgnifl- mundo, me desvanezco. En esta cosa insistente,
caiite, pero que ellos buscan, cargan, aprecian, me cruda, insolente bajo el sol brillante de la margue
imponen, esta nada me da vuelta como a un guante, llena de adolescentes sorprendidos. en esta cosa
me deja las tripas al aire: así ven, ellos, que yo estoy que ya no marca y que por lo tanto ya nada signifi-
volviéndome otro al precio de mi propia muerte. En ca, contemplo el derrumbamiento de un mundo que
este trayecto donde "yo" devengo, doy a luz un yo ha borrado sus límites: desvanecimiento. El cadá-
(mol} en la violencia del sollozo, del vómito. Protes- ver -visto sin Dios y fuera de la ciencia- es el col-
ta muda del síntoma, violencia estrepitosa de una mo de la abyección. Es la muerte infestando la vida.
convulsión, inscripta por cierto en un sistema sim- Abyecto. Es algo rechazado del que uno no se sepa-
bólico, pero en el cual, sln poder nl querer integrar- ra, del que uno no se protege de la misma manera
se para responder, eso reacciona. eso abreacciona, que de un objeto. Extrañeza imaginaria y amenaza
eso abyecta. real, nos llama y termina por sumergirnos.
El cadáver (cadere, caer}, aquello que irremedia- No es por lo tanto la ausencia de limpieza o de
blemente ha caído, cloaca y muerte, trastorna más salud lo qlie-vueíve abyeCto, sino aquello que pertur-
violentamente aun la identidad de aquel que se le ba una identidad, un sistema, un orden. Aquello que
confronta como un azar frágil y engañoso. Una heri- no respeta los l.ínlites, fos lugares, lasreglas. La com-
da de sangre y pus, o el olor dulzón y acre de un su- plicidad, lo ambiguo, lo mixto. El traidor, el mentiro-
dor, de una putrefacción, no sfgn!ftcan la muerte. so, el criminal con la conciencia limpia, el violador
Ante la muerte significada -por ejemplo un encefa- desvergonzado, el asesino que pretende salvar... To-
lograma plano- yo podria comprender, reaccionar do crimen, porque señala la fragilidad de la ley, es
o aceptar. No, así como un verdadero teatro, sin di- abyecto, pero el crimen premeditado, la mue_rte so-
simulo ni máscara, tanto el desecho como el cadá- lapada, la venganza hipócrita lo son aun mas por-
ver, me indican aquelló. que yo descarto permanen- que aumentan esta exhibición de la fragilidad legal.
temente para Vfvtr.- ESos humores:'*esta impureza, Aquel que rechaza la moral no es abyecto -puede
esta mierda,"s'Oñ aquello que la vida apenas sopor- haber grandeza en lo amoral y aun en un crimen
ta, y con esfuerzo. Me encuentro en los límites de
que hace ostentación de su falta de resp~to de_ la
mi condición de vlvlente. De esos llml!es se des- ley, rebelde, liberador y suicida. La abyecciones m-
prende ml cuerpo como vlvlente. · Esos desechos
moral, tenebrosa, amiga de rodeos, turbia: un terror
caen para que yo Viva, hasta que, de pérdida en pér- que disimula, un odio que sonrie, una pasión por un
dida, ya· nada me quede, y mi cuerpo caiga entero
cuerpo cuando lo comercia en lugar de abrazarlo,
más allá del límite, cadere-cadáver. SI la basura slg-
un deudor que estafa, un amigo que nos clava un
nlftca el otro lado del límite, allí donde no soy y que
puñal por la espalda ...
me permite ser, el cadáver, el más repugnante de
En las oscuras salas que quedan ahora del mu-
los desechos, es un límite que lo ha invadido todo.
seo de Auschwitz, veo un montón de zapatos de ni-
Ya no soy yo (mol} quien expulsa. "yo" es expulsado. .
ños, o algo asi, que ya he visto en otra parte, quizás
El limite se ha vuelto un objeto. ¿Cómo puedo ser
bajo un árbol de Navidad; muñecas, tal vez. La ab-
sln limite? Ese otro lugar que imagino más allá del
yección del crimen nazi alcanza su apogeo cuando
pn·~·wnte. o que aludno para poder, en un presente,
[Link] que, de todas maneras me mata, se mez-
12 JuliaKrlsteva Poderes de la perversión 13
cla con aquello que, en mi universo viviente, está lla- Queda abierto el interrogante, totalmente laico,
mado a salvarme de la muerte: con la infancia, con de si la abyección puede constituir la prueba para
la ciencia, entre otras cosas ... aquel que, en el llamado reconocimiento de la cas-
tración, se desvía de sus escapatorias perversas pa-
ra ofrecerse como el no-objeto más precioso, su
La. abyección de sí propio cuerpo, su propio yo (moi), perdidos en lo su-
cesivo como propios, caídos, abyectos. El fin de la
Si es cierto que lo abyecto solicita y pulveriza si- cura analítica puede llevarnos hacia allí, ya lo vere-
multáneamente al sujeto, se comprenderá que su mos. Angustias y delicias del masoquismo.
máxima manifestación se produce cuando, cansa- Esencialmente diferente de lo Msiniestro"•, inclu-
do de sus vanas tentativas de reconocerse fuera de so más violenta, la abyección se construye sobre el
sí, el. sujeto encuentra lo imposible en sí mismo: no reconocimiento de sus próximos: nada le es fa-
cuando encuentra que lo imposible es su ser mis- miliar, ni siquiera una sombra de recuerdos. Me
mo, al descubrir que él no es otro que siendo abyec- imagino a un niño que se ha tragado precozmente a
to. La abyección de sí sería la forma culminante de sus padres, y que, asustado y radicalmente Msolo",
esta experiencia del sujeto a quien ha sido devela- rechaza y vomita, para salvarse, todos los dones,
do que todos sus objetos sólo se basan sobre la pér- los objetos. Tiene, podría tener, el sentido de lo ab-
dida inaugural fundante de su propio ser. Nada me- yecto. Aun antes de que las cosas sean paiP
jor que la abyección de sí para demostrar que toda él -por lo tanto, antes de que sean significables-,
abyección es de. [Link] reconocimiento de la falta las ex-pulsa, dominado por la pulsión, y se constru-
fundante de todo ser, sentido, lenguaje, deseo. En ye su propio territorio, cercado de abyecto. Maldita
general se pasa por alto demasiado rápidamente figura. El miedo cimienta su recinto medianero de
esta palabra, falta, de la que el psicoanálisis no re- otro mundo, vomitado, expulsado, caído. Aquello
tiene en la actualidad más que el producto más o que ha tragado en lugar del amor materno, o más
menos fetiche, el Mobjeto de la falta". Pero si uno se bien en lugar de un odio materno sin palabra para
imagina (y justamente se trata de imaginar, ya que la palabra del padre, es un vacío; esto es lo que tra-
lo que aquí se funda es el trabajo de la imagina- ta de purgar, incansablemente. ¿Qué consuelo pue-
ción) la experiencia de la falta misma como lógica- de encontrar en esta repugnancia? Quizás un pa-
mente anterior al ser y al objeto -al ser del objeto- dre, existente pero vacUante, amante pero inesta-
entonces se comprende que su único significado ble, simple fantasma,•• pero que retorna permanen-
sea la abyección, y con más razón la abyección de
sí, siendo su significante ... la literatura. La cristian-
dad mistica hizo de esta abyección de sí la prueba • El texto or1gtna1 dice frup.détante étrongeté (Inquietante extra-
última de la humildad ante Dios, como lo atestigua ñeza), que es la fonna con la cual, a partir de Marte Bonaparte, el
psicoanállsis francés traduce el das urnheimllch del texto de Freud.
Santa Isabel, quien Mpor más grande princesa que Las versiones castellanas optan entre "siniestro" y "ominoso". La
fuera, amaba por sobre todo la abyección ue SÍ continuidad del texto juega con la oposición "extraño/familiar",
misma".I acorde con el término &ancés.
•• Fantasma que retorna es un juego de palabras intraducible en-
tre revenant (fantasma) y reuenant (que vuelve, que retoma), ho-
1 Sal ni Fmn~x>ls de Sales, IntroductiDn a la vie dévote, t. III, l. mófonos.
14 Julia Kristeva Poderes de la perversión 15
temente. Sin él. el maldito muchacho no tendría clones) que por ello no acceden a la conciencia, si-
probablemente ningún sentido de lo sagrado:* suje- no que operan modificaciones en el sujeto, sea de]
to nulo, se confundiría en el basural de los no-obje- discurso (lapsus. etc.), sea del cuerpo (sintomas),
tos siempre caídos de los que por el contrario trata sea de ambos (alucinaciones, etc.). Correlativamen-
de salvarse armado de abyección. Ya que aquel pa- te a la noción de represión, Freud propuso la de de-
ra quien lo abyecto existe no está loco. Del entume- negación para pensar la neurosis, y la de rechazo
cimiento que lo ha congelado frente al cuerpo into- (forclusión) para situar la psicosis. La asimetría de
cable, imposible, ausente, de la madre, y que ha cor- ambas represiones se acentúa dado que la denega-
tado los impulsos de sus objetos, es decir de sus ción recae sobre el objeto mientras que la forclu-
representaciones, de este entorpecimiento hace ad- sión afecta el deseo mismo (aquello que Lacan, si-
venir, digo, con el asco. una palabra: el miedo. El fó- guiendo impecablemente la linea de Freud, inter-
1) bico no tiene más objeto que lo abyecto. Pero esta preta como Mforcluslón del Nombre del Padre").
palabra Mmiedo" -bruma fluida, viscocldad inasi- Sin embargo, frente a lo ab-yecto, y más especift-
ble- , no bien advenida se deshace como un espe- camente a la fobia y al clivaje del yo (mol) (ya volve-
jismo e impregna de inexistencia, de resplandor remos sobre ello), cabe preguntarse si estas articu-
alucinatorio y fantasmático, todas las palabras del laciones de la negatividad propia del inconsciente
lenguaje. De esta manera, al poner entre paréntesis (heredadas por Freud de la filosofia y de la psicolo·
al miedo, el discurso sólo podrá sostenerse a condi- gia) no han caducado. Los contenidos Minconscien-
ción de ser confrontado incesantemente con este tes" permanecen aqul excluidos pero de una ma-
otro lado, peso rechazante y rechazado, fondo de nera extraña: no tan radicalmente como para per-
memoria inaccesible e intimo: lo abyecto. mitir una sólida diferenciación sujeto/objeto, y sin
embargo con una nitidez suficiente como para que
pueda tener lugar una posición de defensa, de re-
Más allá del inconsciente chazo, pero también de elaboración sublimatoria.
Como si aquí la oposición fundamental estuviera
Es decir que hay existencias que no se sostienen dada entre Yo y Otro, o, más arcalcamente aun, en-
con un deseo, siendo el deseo, deseo de objetos. tre Adentro y Afuera. Como si esta oposición, elabo-
Esas existencias se fundan en la exclusión. Se dis- rada a partir de las neurosis, subsumiese la opera-
tinguen nítidamente de aquellas entendidas como da entre Consciente e Inconsciente.
neurosis o psicosis, que articulan la negación y sus Debido a la oposición ambigua Yo/Otro, Aden-
modalidades, la trW1Sgresión. la denegación y la jor- tro/Afuera -oposición vigorosa pero permeable,
clusión. Su dinámica cuestiona la teoría del incons- violenta pero incierta-, los contenidos Mnormal-
ciente, pues ésta misma es tributaria de una dialéc- mente" inconscientes en los neuróticos se hacen
tica de la negatividad. explícitos cuando no conscientes en los discursos
Se sabe que la teoría del inconsciente supone y comportamientos Mlímites" (borderlines). En oca-
una represión de contenidos (afectos y representa- siones, estos contenidos se manifiestan abierta-
mente en prácticas simbólicas, sin Integrarse por
ello al nivel del juicio consciente de los sujetos en
• Juego de palabras Intraducible entre sacré (malditn) y sacré (sa- cuestión: puesto que hacen impertinente la oposi-
grado). homófonos.
ción consciente/inconsciente, estos sujetos y sus
16 Julia Krlsteva Poderes de la perversión 17
discursos son terreno propicio para una discursivi- El tiempo: olvido y trueno
dad sublimatoria ("estética" o "mística", etc.) más
que científica o racionalista. Pues obtiene su goce de este extravío en terreno
excluido. Este abyecto del que en resumidas cuen-
tas no cesa de separarse, es para él una tierra de ol-
Un exiliado que dice: "¿Dónde?" vido constantemente rememorada. En un tiempo
ya borroso, lo abyecto debió haber sido un polo
Por lo tanto, aquel en virtud del cual existe lo ab- [Link] de corlicia. Pero ahora las ceruzas del ol-
yecto es un arrojado Ueté), que (se) ubica, (se) sepa- vido hacen de parabrisas y reflejan la aversión, la
ra. (se) sitúa, y por lo tanto erra en vez de reconocer- repugnancia. Lo propio (limplo) (en el sentido de lo
se, de desear, de pertenecer o rechazar. Situacionis- incorporado y lo incorporable) se vuelve sucio; lo
ta en un sentido, y apoyándose en la risa, ya que solicitado hace un viraje hacia lo desterrado, la fas-
I,dr es una manera de situar o de desplazar la ab- cinación hacia el oprobio. Entonces el tiempo olvi-
yección. Forzosamente dicotómico, un poco mani- dado surge bruscamente, y condensa en un relám-
queo, divide, excluye, y sin realmente querer recono- pago fulgurante una operación que, si fuera pensa-
cer sus ábyecciones, no deja de ignorarlas. Ade- da, sería la reunión de los dos términos opuestos
más, con frecuencia se incluye allí, arrojando de es- pero que, en virtud de dicha fulguración, se descar-
ta manera al interior de sí el escalpelo que opera ga como un trueno. El tiempo de la abyección es
sus separaciones. doble: tiempo del olvido y del trueno, de lo infmito
En lugar de interrogarse sobre su "ser", se inte- velado y del momento en que estalla la revelación.
rroga sobre su lugar. ·¿Dónde estoy?, más bien que
"¿Quién soy?". Ya que el espacio que preocupa al
arrojado, al excluido, jamás es uno. m homogéneo. 1
Goce y afecto
m totaltzable, sino esencialmente dMsible, plega-·'
ble, catastrófico. Constructor de territorios, de len- Goce, en suma Ya que el extraviado se considera
guas, de obras, el arrqjado no cesa de delimitar su como el equivalente de un Tercero. Se cerciora del
universo, cuyos confines fluidos -estando consti- juicio de éste, se apoya en la autoridad de su poder
tuidos por un no-objeto, lo abyecto- cuestionan para condenar, se funda sobre su ley para olvidar o
constantemente su solidez y lo inducen a empezar desgarrar el velo del olvido. pero también para eri-
de nuevo. Constructor infatigable, el arrojado es un gir a su objeto como caduco. Como caído. Eyectado
extraviado. Un viajero en una noche de huidizo fin. por el Otro. Estructura ternaria, si se quiere, consi-
Tiene el sentido del peligro, de la pérdida que repre- derado por el Otro como piedra angular, pero ·es-
senta el pseudo-objeto que lo atrae, pero no puede tructura" exorbitada, topologia de catástrofe. Ya
dejar de arriesgarse en el mismo momento en que que, al construirse un alter ego, el Otro deja de ma-
toma distancia de aquél. Y cuanto más se extravía, nejar los tres polos del triángulo donde se sustenta
más se salva. la homogeneidad subjetiva, y deja caer al objeto en
un real abominable, inaccesible salvo a través del
goce. En este sentido, se lo goza. Violentamente y
con dolor. Una pasión. Y, como en el goce, donde el
objeto llamado "a" del deseo estalla con el espejo
Selección ae
18
'";"v.
Julia Kristeva
se en el Otro, lo abyecto nada tiene de objetivo, ni si- Otro, habiéndome habitado como alter ego, me lo
quiera de objeta!. Es simplemente una frontera, un indica por medio de la repugnancia.
don repulsivo que el_ Otro, convertido en alter ego, Es una manera de decir una vez más que el flujo
deJa-caer -pará que "yo_:_no desaparezca en él, y en- heterogéneo, que recorta lo abyecto y remite a la ab-
cuentre en esta sublime alienación una existencia yección, viVe ya en un animal humano fuertemente
desposeída Por lo tanto un g~e en el que el sujeto alterado. Sólo experimento abyección cuando un
se sumerge pero donde el Otro, en cambio, le impi- Otro se instaló en el lugar de lo que será 'YO" (mol).
de zozobrar haciéndolo repugnante. Ahora se com- No un otro con el que me identifico y al que incorpo-
prende por qué tantas víctimas de lo abyecto son ro: sino un Otro que precede y me posee, y que me
víctimas fascinadas, cuando no dóciles y compla- hace ser en virtud de dicha posesión. Posesión an-
cientes. terior a mi advenimiento: estar allí de lo simbólico
Frontera sin duda, la abyección es ante todo am- que un padre podrá o no encamar. Inherencia de la
bigüedad, porque aun cuando se aleja. separa al su- significan cía al cuerpo humano.
jeto de aquello que lo amenaza - al contrario, lo de-
nuncia en continuo peligro- . Pero también porque
la abyección misma es un mixto de Juico y de afec- En el limite de la represión primaria
to, de condena y de efusión, de signos y de pulsio-
nes. Del arcaísmo de la relación pre-objetal, de la Si en virtud de este Otro se delimita un espacio
violencia inmemorial con la que un cuerpo se sepa- que separa lo abyecto de aquello que será un sujeto
ra de otro para ser, la abyección conserva aquella y sus objetos, es porque se opera una represión a la
noche donde se pierde el contorno de la cosa signi- que podría llamarse "primaria" antes del surgimien-
ficada, y donde sólo actúa el afecto imponderable. to del yo (mol), de sus objetos y de sus representa-
Por supuesto, si yo estoy afectada por aquello que clones. Estos, a su vez, tributarios de otra repre-
no se me aparece todavía como una cosa, es por- sión, "secundarla", recién llegan a posterlori sobre
que hay leyes, relaciones incluso, estructuras de un fundamento ya marcado, enigmático, y cuyo re-
sentidos que me gobiernan y me condicionan. Este cuerdo fóbico, obsesivo, psicótico, o, de una mane-
gobierno, esta mirada, esta voz, este gesto, que ha- ra más general e Imaginaria, bajo la forma de abyec-
cen la ley para mi cuerpo aterrado, constituyen y dbn, nos significa los límites del universo humano.
provocan un afecto y no todavía un signo. Lo erijo En este limlte, y en última instancia, se podría
como pura pérdida para excluirlo de aquello que ya decir que no hay inconsciente, el cual se construye
no será, para mí, un mundo asimilable. Evidente- cuando representaciones y afectos (ligados o no a
mente, sólo soy como cualquier otro: lógica miméti- aquéllas) construyen una lógica. Aquí, por el contra-
ca del advenimiento del yo (mol), de los objetos y de rio, la conciencia no se hizo cargo de sus derechos
los signos. Pero cuando (me) busco, (me) pierdo o para transformar en significantes las demarcacio-
gozo, entonces "yo" es heterogéneo. Molestia, males- nes fluidas de los territorios aún inestables donde
tar, vértigo de esa ambigüedad que, con la violencia un "yo" en formación no cesa de extraViarse. Ya no
de una rebelión contra. delimita un espacio a partir estamos en la órbita del inconsciente sino en el ll-
del cual surgen signos, objetos. Así retorcido, teji- mite de la represión pr1marla que sin embargo en-
do, ambivalente, un flujo heterogéneo recorta un te- contró una marca tntrlnsecamente corporal y ya
20 JuliaKrtsteva Pcxleres de la perversión 21
significante, síntoma y signo: la repugnancia, el as- sublime desencadena -desde siempre ha desenca-
co, la abyección. EfeiVescencia del objeto y del sig- denado- una cascada de percepciones y de pala-
no que no son de deseo, sino de una signiflcancia bras que ensanchan la memoria hasta el infinito.
intolerable y que, si bien se balancean entre el no- Me olvido ahora del punto de partida y me encuen-
sentido y lo real imposible, se presentan a pesar de tro asomada a un universo segundo, desfasado de
"yo" (mol) (que no es) como abyección. aquel en el que "yo" estoy: delectación y p~rdida. No
más acá, sino siempre y a trav~ de la percepción y
de las palabras, lo sublime es un además que nos
Premisas del signo, doblez de lo sublime infla, nos excede, y nos hace estar a la vez aquf. arro-
jados, y aU~ distintos y brillantes. Desvto, clausura
Detengámonos un poco en este punto. Si lo ab- imposible. Todo fallido, alegria: fascinación.
yecto_ya es un esbozo de signo para un no-objeto ...!::..
enÍos Uinttes de la represión primaria, podemos
oornprender que por un lado pueda bordear el sinto- Antes del comienzo: la separación
ma somático, y por el otro la sublimación. El sinto-
ma: un lenguaje, que al retirarse, estructura en el Entonces lo abyecto puede aparecer como la su-
cuerpo un extranjero inasimilable, monstruo, tu- blimación más .frágU (desde una perspectiva sincró-
mor y cáncer. al cual los escuchas del inconsciente nica), más arcaica (desde una perspectiva diacróni-
no oyen, ya que su sujeto extraviado se agazapa fue- ca) de un "objeto" todavia inseparable de las pul-
ra de los senderos del deseo. La subltmcrción. en siones. Lo abyecto es aquel pseudo-objeto que se
cambio. no es otra cosa que la posibilida(fde nom- constituye antes, pero que reci~n aparece en las
brar lo pre-nominal, lo pre-objetal, que en realidad brechas de la represión secundarla. Por lo tanto lo
sólo son un trans-nominal, un trans-objetal. En el abyecto serta el "objeto" de la represión prlmarla.
síntoma, lo abyecto me invade, yo me convierto en Pero, ¿qué es la represión primaria? Digamos: la
abyecto. Por la sublimación, lo· poseo. Lo abyecto capacidad del ser hablante, siempre ya habitado
está rodeado de sublime. No es el mismo momento por el otro, dé diYf.<fJi, rec~. repetir: Sin que es-
def trayecto, pero es el mismo sujeto y el mismo dis- tén constituidos U1la diVIsión, una separación, un
curso lo que los hace existir. sujetó/objeto (no todavía, o ya no). ¿Por qué? QUi-
Pues lo sublime tampoco tiene objeto. Cuando el zás a causa de la angustia materna, incapaz de sa-
cielo estrellado, er alta mar o algúri vitral de rayos tisfacerse en lo simbólico del medio.
violetas me fascinan, entonces, más allá de las co- Por un lado, lo abyecto nos confronta con esos'·r'
sas que veo, escucho o pienso, surge:q, me envuel- estados frágiles en donde el hombre erra en los te-
ven, me arrancan y me barren un haz de sentidos, rritorios de lo animal. De esta manera, con la abyec-
de colores, de palabras, de caricias, de roces, de aro- ción, las sociedades primitivas marcaron una zona
mas, de suspiros, de cadencias. El objeto "s.!!!?llin~~ 1
precisa de su cultura para desprenderla del mundo '
se disuelve en los transportes de una memoria sin amenazador del animal o de la animalidad, ima-
\ fondo, que es la que, de estado en estado, de recuer- ginados como representantes del asesinato o del
\ do en recuerdo, de amor en amor, transfiere este ob- sexo .
. jeto al punto luminoso del resplandor donde me Lo abyecto nos confronta, por un lado, y esta vez
, pierdo para ser. No bien lo percibo, lo nombro,_ lo en nuestra propia arqueología personal, con nues-
1.
Julia Kristeva Poderes de la perversión 23
22
tros intentos más antiguos de diferenciamos de la rnaneció en su lugar y donde aquello que reprime
entidad materna. aún antes de ex-istir fuera de ella siempre toma su fuerza y su autoridad prestadas a
gracias a la autonomía del lenguaje. Diferenciación aquello que aparentemente es muy secundario: el
violenta y torpe, siempre acechada por la recaída lenguaje. Por lo tanto no hablarnos de origen sino
en la dependencia de un poder tan tranquilizador de inestabilidad de la función simbólica en lo que
corno asfixiante. La dillcultad de una madre para re- tiene de más significativo: a saber, la interdicción
conocer (o hacerse reconocer por) la instancia sim- del cuerpo materno (defensa contra el auto-erotis-
bólica -dicho de otro modo, sus problemas con el mo y tabú del incesto). Aquí, es la pulsión la que rei-
falo que representa su propio padre o su marido- na para constituir un extraño espacio que llama-
no está evidentemente conformada para ayudar al remos, con Platón (Timeo, 48--53), una xora, un re- \.,, ...
futuro sujeto a abandonar el alojamiento natural. ceptáculo. -- ···
Si bien el niño puede servir de índice para la auten- En beneficio del yo (mol) o contra el yo (mol), las
tificación de su madre, ésta en cambio no tiene ra- pulsiones de vida o de muerte tienen por función co-
zón para servir de intermediario de la autonorniza- rrelacionar ese "todavia no yo (mol)" con un "obje-
ción y autentificación del hijo. En este cuerpo a to", para constituirlos a ambos ... Dicotómico [aden-
cuerpo, la luz simbólica que un tercero puede apor- tro-afuera, yo (mol) - no yo (mol)) y repetitivo, este
tar, eventualmente el padre, le sirve al futuro sujeto, movimiento tiene, a pesar de todo, algo de centrípe-
si además éste está dotado de una constitución pul- to: apunta a situar al yo (mol) como centro de un sis-
sional robusta, para contínuar la guerra en defensa tema solar de objetos. Hablando con propiedad, lo
propia con aquello que, desde la madre, se transfor- que es exorbitante es el hecho de que a fuerza de re-
mará en abyecto. Repulsivo, rechazante: repulsán- gresar, el movimiento pulsional termine por hacer-
dose, rechazándose. Ab-yectando. se centrífugo, aferrándose por consiguiente al Otro
En esta guerra que va dando forma al ser huma- y produciéndose allí como signo para de esta mane-
no, el mimetismo en virtud del cual se homologa a ra hacer sentido.
otro para devenir él mismo, es, en suma, lógica y Pero a partir de ese momento, cuando reconozco
cronológicamente secundario. Antes de ser como, mi imagen como signo y me altero para signlflcar-
"yo" no soy, sino que separo, rechazo, ab-yecto. La me, se instala otra economia. El signo reprime la
abyección, desde la perspectiva de la diacronia sub- xora y su eterno retomo. De ahora en adelante, sólo
jetiva, es una pre-condición del narcisismo. Le es el deseo será testigo de .este latido ·original". Pero
coextensiva y lo fragiliza constantemente. La ima- el deseo ex-patria al yo (mol) hacia otro sujeto y ya
gen más o menos bella donde me miro o me re- no admitirá las exigencias del yo (mol) como narci-
conozco se basa en una abyección que la fisura sistas. Entonces el narcisismo aparece como una
cuando se distiende la represión, su guardián per- regresión operada antes del otro, como un retomo
manente. hacia un refugio autocontemplativo, conservador,
autosuficiente. De hecho, este narcisismo no es ja-
más la imagen sin arrugas del dios griego en una
La "xora", receptáculo del narcisismo fuente apacible. Por ello los conflictos de las pulsio-
Introduzcámonos por un instante en la aporta nes empañan el fondo, enturbian sus aguas y se lle-
freudiana llamada de la represión primaria. Curto- van todo aquello que, para un sistema dado de sig-
so origen, donde aquello que fue reprimido no per- nos, al no integrarse, es del orden de la abyección.
.•.. ,..
24 Julia Kristeva Poderes de la peroersión 25
Entonces la abyección es una especie de crisis una resurrección que pasa por la muerte del yo
narcisista; atestigua lo efunero de ese estado al que (mol). Es una-alquimia que transforma la pulsión
se llama, sabe Dios por qué con celos reprobato- de muerte en arranque de vida, de nueva signift-
rlos, Mnarcisismo"; es más, la abyección confiere al cancia.
narcisismo (a la cosa o al concepto) su estatuto de
Msemblante".
Sin embargo, basta con que una interdicción, un Perverso o artístico
superyó por ejemplo, se erlja como barrera frente
al deseo tendido hacia el otro -o que este otro, Lo abyecto está emparentado con la petversión.
como lo exige su papel, no satisfaga- para que el El sentimiento de abyección que experimento se
deseo y sus significantes desanden el camino y ancla en el superyó. Lo abyecto es petverso ya que
vuelvan sobre lo Mmismo", enturbiando de esta ma- no abandona ni asume una interdicción, una regla
nera las aguas de Narciso. la represión secunda- o una ley, sino que la desvía, la descamina, la co-
rla, con su envés de medios simbólicos, intenta rrompe. Y se sitve de todo ello para defl.~ªrl<>.!>· Ma-
trasladar a su propia cuenta, así descubierta, los re- ta -erf nombre de la vida: es el déspota progresista,
cursos de la represión primarta, precisamente en vive al seiVicio de la muerte: es el traficante genéti-
el momento de la perturbación narcisista (estado co: realimenta el sufrimiento del otro para su pro-
que, en resumidas cuentas, es permanente en el ser pio bien: es el cínico (y el psicoanalista); sienta su
hablante por poco que se escuche hablar). la eco- poder narcisista fingiendo exponer sus abismos: el
nomía arcaica es extraída a la luz del día, significa- artista es quien ejerce su arte como un Mnegocio".
da, verbalizada. Por lo tanto sus estrategias (recha- Su rostro mas conocido, más evidente, es la corrup-
zantes, separantes, repitientes-abyectantes) en- ción. Es la figura socializada de lo abyecto.
cuentran una existencia simbólica, a la que deben Para que esta complicidad petversa de la abyec-
plegarse las lógicas mismas de lo simbólico, los ra- ción sea encuadrada y separada, hace falta una
zonamientos, las demostraciones, las pruebas, etc. adhesión inquebrantable a lo Interdicto, a la Ley.
Es entonces cuando el objeto cesa de estar circuns- Religión, moral. derecho. Evidentemente siempre
crlpto, razonado, separado: aparece como... abyecto. más o menos arbitrarlo; invartablemente mucho
Dos causas aparentemente contradictorias pro- más opresivos que menos; dificilmente domina-
vocan esta crlsis narcisista que, con su verdad, bies cada vez más.
aporta la visión de lo abyecto. Una excesiva severi- la literatura contemporánea no los reemplaza.
dad del Otro, confundido con el Uno y la Ley. la fa- Más bien se diría que se escrlbe sobre lo insosteni-
lencia del Otro que se trasparenta en el derrumba- ble desde las posiciones superyoicas o petversas.
miento de los objetos de deseo. En ambos casos, lo Comprueba la imposibilidad de la Religión, de la
abyecto aparece para sostener ~o" en el Otro. Lo Moral, del Derecho -su abuso de autorldad, su sem-
abyecto es la violencia del duelo de un Mobjeto" des- blante necesario y absurdo- . Como la petversión,
de siempre perdido. Lo abyecto quiebra el muro de la literatura los usa, los deforma y se burla. Sin em-
la represión y sus juicios. Recurre al yo (mol) en los bargo, toma distancia en relación con lo abyecto.
límites abominables de los que, para ser, el yo El escrltor, fascinado por lo abyecto, se imagina su
(mol) se ha desprendido -recurre a él en el no-yo lógica, se proyecta en ella, la introyecta y por ende
(moil. en la pulsión, en la muerte. la abyección es pervierte la lengua -el estilo y el contenido- . Pero
t--
Q..
E 26 Julia Krtsteva Poderes de la perversión 27
M
por otro lado, como el sentimiento de la abyección la abyección que determinan diversos tipos de lo
es juez y cómplice al mismo tiempo, igualmente lo sagrado.
es en la literatura que se le confronta. En conse- la abyección aparece como rito de la tmpw-eza y ;e
cuencia, se podrta decir que con esta literatura se de la contaminación en el paganismo de las sacie- f
realiza una travesía de las categortas dicotómicas dades donde predomina o sobrevive lo matrilineal, (
de lo Puro y lo Impuro, de lo Interdicto y del Peca- donde toma el aspecto de la exclusión de una sus-
do, de la Moral y de lo Inmoral. tanela (nutritiva o ligada a la sexualidad), cuya ope-t;
Para el sujeto sólidamente instalado en su super- ración coincide con lo sagrado ya que lo instaura.
yó, una escritura como ésta participa necesaria- la abyección persiste como exclusión o tabú (ali-
mente del intervalo que caracteriza a la peiVersión, mentario u -otro) en las religiones monoteístas, par-
el cual en consecuencia provoca abyección. Sin em- ticularmente en el judaísmo, pero deslizándose ha- •
bargo, los textos apelan a una flexibilización del cia formas más "secundarias" como transgresión
supexyó. Escribirlos supone la capacidad de imagi- (de la Ley) en la misma economía monoteísta. Final-
nar lo abyecto, es decir de verse en su lugar desear~ mente, con el pecado cristiano encuentra una ela-
tándolo solamente con los desplazamientos de los boración dialéctica, integrándose como alteridad '
juegos de lenguaje. Recién después de su muerte, amenazadora pero siempre nombrable, siempre to-
eventualmente, el escritor de la abyección escapa- talizable, en el Verbo cristiano.
rá a su cuota de desechos, de desperdicio o de ab- las diversas modalidades de [Link] de lo
yecto. Entonces, o caerá en el olvido, o accederá al abyecto -las diversas catarsis- constituyen la his-
estatuto de ideal inconmensurable. la muerte serta toria de las religiones, tenninando en esa catarsis
por lo tanto el principal custodio de nuestro museo por excelencia que es el arte, más acá o más allá de
imaginario; en última instancia nos protegerla de la religión. Desde esta perspectiva, la experiencia
esta abyección que la literatura contemporánea se artística, arraigada en lo abyecto que dice y al decir-
exige desperdiciar al nombrarla. Una protección lo purifica, aparece como el componente esencial
que ajusta sus cuentas con la abyección, pero tam- de la religiosidad. Quizá por ello está destinada a
bién quizá con la incómoda apuesta, incandescen- sobrevivir al derrumbamiento de las formas histó-
te, del mismo hecho literario que, promovido al es- ricas de las religiones.
tatuto de lo sagrado, se encuentra separado de su
especlflcidad. Así, la muerte limpia nuestro univer-
so contemporáneo. Purlflcándonos de la literatura,
constituye nuestra religión laica.
Fuera de lo sagrado,
lo abyecto se escribe
En la modernidad occidental, y en razón de la cri-
De tal abyección, tal sagrado sis del cristianismo, la abyección encuentra reso-
nancias más arcaicas, culturamente anteriores al
pecado, para alcanzar su estatuto bíblico e incluso
la abyección acompaña todas las construccio- el de la tmpw-eza de las sociedades primitivas. En
nes religiosas, y reaparece, para ser elaborada de un mundo en el que el Otro se ha derrumbado, -~1 e~- .
una nueva manera, en ocasión de su derrumba- fuerzo estético -descenso a los fundamentos del~·
miento. Distinguiremos varias estructuraciones de edi.ñcio simbólico- consiste en volver a trazar las ¡
28 Julia Kristeva Poderes de la pell.!ersión 29
frágiles fronteras del ser hablante lo más cerca po- tinguir el fuego, una especie de conmoción ner-
sible de sus comienzos, de ese "origen" sin fondo viosa semejante al despertar de los instintos de
que es la represión llamada primaria. Sin embargo, destrucción que duermen en todos los espíritus,
en esta experiencia sostenida por el Otro, "sujeto" incluso en el más tímido y metódico funcionario.
y "objeto" se rechazan, se enfrentan, se desploman Esta oscura sensación casi siempre es embria-
y vuelven a empezar, inseparables, contaminados, gadora. •Dudo que sea posible contemplar un in-
condenados, en el límite de lo asimilable, de lo pen- cendio sin expertmen tar cierto placer• ... "2
sable: abyectos. Sobre este terreno se despliega la
"Hay instantes, que duran cinco o seis segun-
gran literatura moderna: Dostoievsk.i, Lautréa-
dos, en que, de pronto, se siente la pres~ncia de
mont, Proust, Artau d. Kafka, Céline ...
la armonía eterna. Eso no es terrestre, ni quiero
decir que sea celeste; pero el hombre, bajo su as-
pecto terrenal, se siente incapaz de soportarlo.
Dostoievski De transformarse fisicamente o morir. Es un sen-
timiento claro, indiscutible, absoluto. De pronto,
Para Dostoievski, lo abyecto es el "objeto" de Los se percibe toda la naturaleza, y se dice uno: si, es-
endemoniados: es la meta y el móvil de una expe- tá bien así, es verdad. Cuando Dios creó el mun-
riencia cuyo sentido se pierde en la degradación do, dijo al final de cada día: •Sí, está bien, es jus-
absoluta por haber rechazado absolutamente el li- to, es verdad•. Pero no es enternecimiento ... es
mite (moral, social, religioso, familiar, indMdual) otra cosa: es alegría. Usted no perdona nada, por-
como absoluto, Dios. Entonces la abyección oscila que nada hay que perdonar. Tampoco es amor.
entre el desvanecimiento de todo sentido y de toda ¡Oh! Es algo superior al amor. Lo terrible es que
humanidad, quemados como entre las llamas de resulta espantosamente claro. ¡Y con semejante
un incendio, y el éxtasis de un yo (mol) que, habien- alegría! Si durase algo más de cinco segundos, el
do perdido su Otro y sus objetos, alcanza el colmo alma no lo soportaría y tendría que desaparecer.
de la armonía con la tierra prometida en el preciso En esos cinco segundos vivo toda una vida y da-
momento de este suicidio. Son abyectos tanto Ver- rta por ellos toda mi existencia, pues lo valen. Pa-
khovensk.i como Kirllov, tanto el asesino como el ra soportar eso durante diez segundos, serta ne-
suicida. cesario transformarse fisicamente. Pienso que
"La vista de un gran fuego, por la noche, siem- el hombre debe dejar de engendrar. ¿Para qué
pre produce una impresión molesta: excitante. los niños, para qué el desarrollo de la humani-
Tal vez ello implique la quema de fuegos artificia- dad, si el fm está conseguido? Está escrito en el
les, aunque éstos obedecen a cierto deseo orna- Evangelio, que después de la resurrección no se
mental, y no presentan peligro alguno; pero tam- engendrará más, y todos seremos como los ánge-
bién despiertan sensaciones ligeras, capricho- les de Dios. Es una imagen. ¿Su esposa pare?"3
sas y parecidas a las provocadas por una copa
de champaña. Pero en un incendio es distinto:
aquí, el esfuerzo y un sentimiento de peligro per- :J. Dostoievski. Los Endemoniadas, Barcelona, Bruguera. 1973,
p. 693.
sonal se unen a la excitación jovial, produciendo
en el espectador, salvo en quien trabaja para ex- :1 !bid., p. 787.
Julia Kristeva Poderes de la perversión 31
30
Proust escribe que si el objeto del deseo es real. só- tan te: para ella todo es nombrable, el todo es nombra-
lo puede apoyarse sobre lo abyecto imposible de col- ble. La escena sadiana integra: además no tiene im-
mar. Entonces el objeto de amor se vuelve inconfesa- pensable, no tiene heterogéneo. Racional y optimista,
ble, sosía del sujeto, parecido a éste, pero sucio, pues no excluye. Es decir que no reconoce lo sagrado, en
es inseparable de una identidad imposible. Por lo tan- el sentido en que constituye el colmo antropológico y
to, el deseo amoroso se experimenta como un pliegue retórico del ateísmo. La escritura proustiana, muy
interno de esta identidad imposible, como un acci- por el contrario, no abandona jamás una instancia
dente del narcisismo, ob-jeto, alteración dolorosa, que juzga, quizá bíblica, que escinde, expatria, re-
deliciosa y dramáticamente condenada a encontrar parte o condena. La trama de esta oración, de esta
al otro sólo en el mismo sexo. Como si no se accedie- memoria, de esta sexualidad y de esta moral prous-
ra a la verdad, abyecta, de la sexualidad. sino por la tianas que reúnen hasta el infinito diferencias (de los
homosexualidad: Sodoma y Gomorra. sexos, de las clases, de las razas) en una homogenei-
dad que no es más que signos, frágil red tendida so-
"Ni siquiera tuve que lamentar no haber llegado bre un abismo de incompatibilidades, de desechos,
a mi taller hasta pasados unos minutos. Pues, por de abyecciones, se contruye respecto de, con y contra
lo que oí al principio en el de Jupien, y que no fue aquella instancia.[En Proust, el deseo y los signos
más que sonidos inarticulados, supongo que po- tejen la tela infinita que no oculta sino que hace apa-
cas palabras se dijeron. Verdad es que aquellos recer lo inmundo tamizado. Como falencia, molestia,
sonidos eran tan violentos que, de no repetirse vergüenza, torpeza. En suma, como amenaza perma-
sucesivamente y cada vez una octava más alto en nente para la retóricahomogeneizante que el escritor
quejido paralelo, habría podido yo creer que una construye contra y con lo abyecto-¡
persona estaba degollando a otra muy cerca de mí
y que, después, el homicida y su víctima resuci-
tada tomaban un baño para borrar las huellas del
crimen. Posteriormente llegué a la conclusión de
Joyce
que hay una cosa tan estrepitosa como el dolor, y Resplandeciente, interminable, eterna -y tan dé-
es el placer, sobre todo cuando va acompañado- bil, tan insignificante, tan endeble- retórica del len-
a falta del miedo a tener niños, y aquí no era el ca- guaje joyceano. Lejos de sustraernos a lo abyecto,
so, a pesar del ejemplo poco probatorio de la leyen- Joyce lo hace brillar en ese prototipo de la palabra li-
da dorada- de los cuidados inmediatos de lim- teraria que es para él el monólogo de Molly. Si este
pieza".6 monólogo despliega lo abyecto, no es porque es una
Comparada con ésta, la orgía sadiana, encuadra- mujer quien habla. Sino porque, a distancia. el escri-
da en una "gigantesca filosofia, aunque sea de toca- tor se acerca al cuerpo histérico para hacerlo hablar,
dor, no tenía nada de abyecto. Pautada, retórica, y para hablar a partir de él de aquello que escapa a la
desde esta perspectiva, regular, ensancha el Sentido, palabra y que se revela como el cuerpo a cuerpo de
el Cuerpo y el Universo pero no tiene nada de exorbi- unamujerconotra, sumadreporsupuesto,lugarab-
soluto, ya que primordial, de lo imposible: de lo ex-
cluido, del fuera de sentido, de lo abyecto. Atopía.
6 Proust, Sodoma !1 Gomomi. Madrid, Alianza Edltoiial, 1978, p.
18. "... la mujer disimula para no dar tanto trabajo
\llll (ltlllt' t1t'l\tll\\ll\,\ 11111.1 )',l'lll"tll''¡·,···' 1111' 11
como ellos sí estoy segura que anduvo haciéndolo sola catarsis: la retórica del significante puro, de la ¡
por alguna parte se le conoce por su apetito de to- música, de las letras, Finnegan's Wake. ,.y
dos modos amor no es porque estaria sin apetito El viaje de Céline, al fin de su noche, también re-
pensando en ella o habrá sido una de esas damas encontrará el ritmo y la música como única salida,
nocturnas si fuera cierto que estuvo por allá aba- última sublimación de lo insignlficable. Pero, a dife-
jo y la historia del hotel nada más que un montón rencia de Joyce, Céline no hará de esto motivo de
de mentiras inventadas para ocultarlo mientras lo una salvación. Rechazando una vez más, sin salva-
planeaba Hynes me retuvo a quién encontré ah sí ción, desposeído, Céline se transformará, cuerpo y
me encontré con te acuerdas Men ton y a quién más lengua, en el apogeo de esta revulsión moral, políti-
quién déjame pensar esa gran cara de nene yo lo vi ca y estilística que marca nuestra época. Una épo-
y recién casado flirteando con una jovencita en Po- ca que parece haber entrado, hace un siglo, en un
oles Myriorama y le volví la espalda cuando se es- parto sin fin. La magia vuelve a quedar para otra
cabulló parecía muy avergonzado qué hay de ma- vez.
lo pero él tuvo la desfachatez de galantearme una
vez se lo merece con su boca seductora y sus ojos
hexvidos de todos los grandes estúpidos que a mí
Borges
jamás y a eso se le llama hombre de leyes si no fue- Vertiginoso, alucinatorio es en todo caso, según
ra que detesto tener una larga disputa en la cama Borges, el objeto de la literatura. Es elAleph que apa-
que si no si no es eso es alguna ramerita cualquie- rece, en su verdad de transflnito, en ocaSión de un
ra con la que se metió en algún lado o levantó de descenso digno de Igttt '.r en los sótanos de una casa
contrabando si lo conocieran tan bien como yo por- natal por definición condenada. La literatura que se
que antes de ayer no más estaba garabateando al- atreve a relatar los abismos de este descenso no es
go en una carta cuando entré en la sala de la calle más que el escarnio mediocre de una memoria arcai-
buscando los fósforos para mostrarle la muerte de ca que el lenguaje prepara tanto como traiciona. Es-
Dignam ... ".7 te Aleph es exorbitante al punto que, en el relato, só-
Aquí lo abyecto no está en la temática de la sexua- lo la narración de la tnfamia podría captar su poder.
lidad masculina tal como la verla Molly. Tampoco es- Es decir la narración de la desmesura, del sin límite,
tá en el horror fascinado que las otras mujeres, per- de lo impensable, de lo insostenible, de lo insimboli-
filándose detrás de los hombres, inspiran a la habla- zable. Pero, ¿qué es?, sino la repetición incansable de
dora. Lo abyecto está, más allá de los temas, y para una pulsión que, propulsada por una pérdida inicial,
Joyce en general, en la manera de hablar: lo que re- no cesa de errar insatisfecha, engañada, desvirtuada,
vela lo abyecto es la comunicación verbal, el Verbo. antes de encontrar su único objeto estable, la muer-
Pero al mismo tiempo, sólo el verbo purifica lo abyec- te. Manipular esa repetición, ponerla en escena,
to. Es lo que Joyce parece querer decir cuando explotarla hasta que entregue, más allá de su eterno
devuelve a la retórica magistral que es su work tn pro- retomo, su destino sublime de ser una lucha con la
gress todos los derechos contra la abyección. Una muerte- ¿no es acaso aquello que caracteriza a la es-
critura? Y sin embargo, tocar así la muerte, burlarse
de ella, ¿no es acaso la infamia misma? El relato lite-
7 Joyce, Ulises, Buenos Aires, Editorial Rueda, 1972, p. 686. rario que dice los mecanismos de la repetición debe
36 Julia Kristeva Poderes de laperoersión 37
convertirse forzosamente, más allá de lo fantástico, "Recorrían- con algún momentáneo lujo de ani-
de lo policial o de la serie negra, en un relato de la in- llos, para inspirar respeto- las vastas plantacio-
famia (Historia de la infamia, Historia de la etemi- nes del Sur. Elegían un negro desdichado y le pro-
d~. Y el escritor no puede dejar de reconocerse, irri- ponían la libertad. Le decían que huyera de su pa-
sorio y desposeído en ese individuo abyecto que es La- trón, para ser vendido por ellos una segunda vez.
zarus Morell, el redentor espantoso, que resucita a en alguna finca distante. Le darian entonces un
sus esclavos con el solo fin de hacerlos morir, no sin porcentaje del precio de su venta y lo ayudarían a
antes haberlos hecho circular -y redituar- como otra evasión. Lo conducirían después a un Estado
moneda. ¿Es necesario decir que los objetos litera- libre. Dinero y libertad, dólares resonantes de pla-
rios, nuestros objetos de ficción, tales como los escla- ta con libertad ¿qué mejor tentación iban a ofrecer-
vos de Lazarus Morell, sólo son resurrecciones com- le? El esclavo se atrevía a su primera fuga
pletamente efrmeras de ese Aleph inasible? ¿Es ese
Aleph, "objeto" imposible, el imaginario imposible, "El natural camino era el rio. Una canoa, la cala
que sostiene el trabajo de la escritura, trabajo que sin de un vapor. un lanchón, una gran balsa como un
embargo no es más que una pausa provisoria en la ca- cielo con una casilla en la punta o con elevadas car-
rrera borgiana hacia la muerte contenida en el abis- pas de lona; el lugar no importaba, sino el saber-
mo de la caverna materna? se en movimiento, y seguro sobre el infatigable
río ... Lo vendían en otra plantación. Huía otra vez
"Los caballos robados en un Estado y vendidos
a los cañaverales o a las barrancas. Entonces los
en otro fueron apenas una digresión en la carrera terribles bienhechores (de quienes empezaba ya a
delincuente de Moren. pero prefiguraron el méto- desconfiar) aducían gastos oscuros y declaraban
do que ahora le aseguraba su buen lugar en una que tenían que venderlo una última vez. A su regre-
Historia Universal de la Infamia. Este método es so le darían el porcentaje de las dos ventas y la li-
único, no solamente por las circunstancias sui ge- bertad. El hombre se dejaba vender, trabajaba un
nerts que lo detenninaron, sino por la abyección
tiempo y desafiaba en la última fuga el riesgo de los
que requiere, por su fatal manejo de la esperanza perros de presa y los azotes. Regresaba con sangre,
y por el desarrollo gradual, semejante a la atroz con sudor, con desesperación y con sueño." "El
evolución de una pesadilla. Al Capone y Bugs Mo- prófugoesperabalalibertad. Entonces los mulatos
ran operan con ilustres capitales y con ametralla- nebulosos de Lazarus Morell se transmitían una
doras serviles en una gran ciudad, pero su negocio orden que podía no pasar de una seña y lo libraban
es vulgar. Se disputan un monopolio, eso es todo ... de la vista, del oído, del tacto, del día, de la infamia,
En cuanto a cifras de hombres, Morell llegó a del tiempo, de los bienhechores, de la misericordia,
comandar unos mil, todos juramentados. Dos- del aire, de los perros, del universo, de la esperan-
cientos integraban el Consejo Alto, y éste promul- za, del sudor y de él mismo. Un balazo, una puña-
gaba las órdenes que los restantes ochocientos lada baja o un golpe, y las tortugas y los barcos del
cumplían. El riesgo recaía en los subalternos. En Mississippi recibían la última información" .8
caso de rebelión, eran entregados a la justicia o
arrojados al río correntoso de aguas pesadas, con
una segura piedra a los pies. Eran con frecuencia 8 Borges, Historia universal de la trifamia, Buenos Aires, Emecé,
mulatos. Su fascinerosa misión era la siguiente: 1974, p. 297-299.
38 Julia Krlsteva Poderes de la perversión 39
Si se imagina esta máquina imaginaria transfor- En este nivel de caída del sujeto y del objeto, lo
mada en institución social, se verá la infamia del... abyecto equivale a la muerte. Y la escritura que per-
fascismo. mite recuperarse equivale a una resurrección. En-
tonces, el escritor se ve llamado a Identlflcarse con
Cristo, aunque más no sea para ser, a su vez, recha-
Artaud zado, ab-yectado:
MPues por más mierda que parezca, yo soy este.
Un "yo" invadido por el cadáver: esto es con fre- Artaud cruclflcado en el Gólgota, no como cristo si-
cuencia lo abyecto en el texto de Artaud. Pues es la no como Artaud, es decir como ateo hecho y dere-
muerte la que figura, violentamente, este estado ex- cho. Soy este cuerpo perseguido por la gula eróti-
traño donde un no-sujeto, extraviado, habiendo per- ca,la obscena gula erótica sexual de la humanidad
dido sus no-objetos, imagina, a través de la prueba de para la que el dolor es un humus, el licor de un mo-
la abyección, la nada. Horror de la muerte que -yo" co fértil, un suero sabroso para quien jamás alcan-
soy, asfixia que no separa el adentro del afuera sino zó por este medio menos ser hombre sabiendo que
que los aspira uno dentro del otro indefinidamente: llegaba a serlo. "12
Artaud es el testigo insoslayable de esta tortura - de
esta verdad. Estos diferentes textos literarios nombran dos ti-
pos de abyecto que dan cuenta, demás está decirlo, de
MUna niña muerta dice: Soy aquella que revien- estructuras psíquicas diferentes. Igualmente dlfleren
ta de risa y de horror en los pulmones de la viva.
los tipos de enunciación (las estructuras narrativas,
Que me saquen rápido de allí. "9 sintácticas, los procedimientos prosódicos, etc., de
MPero muerto, mi cadáver fue arrojado a la basu- los diferentes textos). Así, lo abyecto, según los auto-
ra, y recuerdo haberme macerado no sé cuántos res, se encuentra nombrado de diversas maneras
días o cuántas horas esperando despertarme. cuando no está solamente indicado por modlflcacio-
Pues al principio de todo no supe que estaba muer- nes lingüísticas siempre un poco elípticas. En la úl-
to: tuve que decidirme a comprenderlo para poder tima parte de este ensayo, examinaremos detallada-
levantarme. Entonces algunos amigos, que al prin- mente una cierta enunciación de lo abyecto: la de Cé-
cipio me habían abandonado completamente, se line. Aquí digamos solamente, a titulo introductorio,
decidieron a embalsmar mi cadáver y se asombra- que la literatura moderna, en sus múltiples varian-
ron sin alegría al v0lver a verme vivo. "10 tes, y cuando es escrita como el lenguaje finalmente
posible de ese Imposible que es la a-subjetividad o la
MNo tengo por qué acostar contigo estas cosas, no-subjetividad, en realidad propone una sublima-
pues soy más puro que tú, dios, y acostarme no es ción de la abyección. Es así como se sustituye a las
ensuciarme sino iluminarme, al contrario, de ti." 11 funciones que antes cumplía lo sagrado, en los con- !
fines de la identidad subjetiva y social. Pero se trata \
9 "Süppots et suppllcations", OC, Parls, Gall!mard, t. XIV, p. 14 de una sublimación sin consagración. Desposeída. •11
Oa traducción es nuestra).
10 Ibid.,p. [Link]).
11 Ibld., p. 203 Oa trad. es nuestra). 12 "[Link] a A Breton", !bid., p. 155 Oa trad. es nuestra).
Julia Kristeva Poderes de la peroersión 41
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despiertan lo impuro, lo otro de la inteligencia, lo ral kantiana que gobernó durante mucho tiempo
pasional-corporal-sexual-viril, pero lo armonizan, los códigos modernos, y que sigue siendo fiel a un
disponiéndolo de un modo distinto a como lo hace cierto platonismo estoico. Se sabe que a través de
el conocimiento del sabio. Calman así los transpor- la "generalización de las máximas" el Kant de los
tes frenéticos (Platón en Las leyes sólo permitía es- Fundamentos de la metajisica de las costumbres o
te uso del ritmo y del metro a la madre que acunaba de la Doctrina de la virtud, preconizaba una "glm!lª-
al niño), por medio del aporte de una regla exterior, sia ética" para, a través de la conciencia, hacernos
poética, que colma el hiato entre alma y cuerpo he- dueños-de nuestras impurezas, y por esta misma
redado por Platón. A la muerte platónica que, en su- conciencia, libres y felices.
. ma, poseía la condición de la pureza, Aristóteles Más escéptico, y de alguna manera más aristoté-
\. opone el acto de la purifrcación poética: proceso lico, Heg~l. por el contrario, rechaza una "racionali-
que en sí mismo es impuro, y que sólo protege de lo zación" qúe pretende eliminar una impureza que le
abyecto a fuerza de sumergirse en él. Lo abyecto, parece jimdamentaL Haciendo eco quizás a la ciu-
'- imitado con el sonido y el sentido, es repetido. No dad griega, no ve otra_ ética que la del acto. Pero, asi-
se trata de liquidarlo -la última lección platónica mismo desconfiado frente a las oellas ·almas esteti-
ha sido entendida, no es posible desembarazarse zantes que hallan la pureza en la construcción de
de lo impuro- ; se trata más bien de hacerlo existir formas vacías, no rescata evidentemente la catar-
por segunda vez, y no como la impureza original. Re- sis mimética y orgiástica de Aristóteles. Es en el ac-
petición en ritníó y canto, porló tanto en aquello to histórico donde el maestro de lena ve disiparse
que todavía no es, o que ya no es más "sentido", la impureza fundamental; impureZa, de hecho, se-
sino que dispone, difiere, diferencia y ordena, armo- xual, cuya culminación histórica será el matrimo-
niza el pathos, la bilis, el calor, el entusiasmo... Ben- nio. Pero -y es aquí donde culmina asimismo, tris-
veniste traduce "ritmo" por "huella" y "encadena- temente, el idealismo trascendental- resulta que
miento". Prometeo está "ritmado", nosotros deci- el deseo (Lust} así normalizado para escapar a la
mos "encadenado" ... Asido más acá y más allá del animalidad abyecta (Begien:le), zozobra en la bana-
\ [Link]·.-Hay un disemso del sexo, que no es el del lidad que es tristeza y silencio. ¿Cómo? Hegel no
saber -parece decir Aristóteles- que es la única condena la impureza como una exterioridad a la
catarsis posible. Ese discurso se escucha, y, a tra- conciencia ideal. Más profundo -pero también
vés de la palabra que imita, repite en otro registro más solapado- piensa que esta puede y debe elimi-
, aquello que esa misma palabra no dice ... narse por sí misma en el acto histórico-social. Si
bien en ello difiere de Kant, no deja de compartir su
condena de la impureza (sexual). Coinciden en su
objetivo de mantener a la conciencia separada de
La tristeza filosófica la impureza que, sin embargo, la constituye dialécti-
y el desastre hablado del analista camente. Subsumida en el trayecto de la Idea, ¿en
que-puede transformarse la impureza. si no en el
Esta Cé!_~is [Link] que se comportará, duran- anverso negativo de la conctencta, es decir. falta de
te más de dos mil años, como la hermana menor de oomunicación y de ~a._braZ En otros términos, la
la filosofia en un cara a cara inconciliable con ésta, [Link] en el matrimonio, se vuel-
nos aleja de la pureza, y por consiguiente de la mo- ve ... tristeza. En este punto, no se separó demasía-
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do de su lógica, que consiste en ser un borde del dis- Si hay un goce analítico, está aqui, en esta mimesis
curso: un silencio) S totalmente poética que recorre la arquitectura de
Resulta eVidente que el analista, desde el abis- la palabra yendo de la imagen cenestésica a la arti-
mo de su silencio, roza el espectro de aquella triste- culación lógica y fantasmática. Sin por ello biologi-
za_ que Hegel veia en la normalización sexual. -Esta zar el lenguaje, y desprendiéndose de la identifica-
tristeza resulta más eVidente en la medida en que ción por medio de la interpretación, la palabra ana-
es rigurosa su ética - cimentada, como ocurre en lítica es una palabra que "se encarna•, en el senti- (
Occidente, sobre los restos del idealismo trascen- do fuerte del término, bajo la única condición de
dental-. Pero también puede sostenerse que la po- ser "catártica". Lo importante es comprender que,
sición freudiana. dualista y disolvente, descentra tanto para el analista como para el analizante,
esos cimientos. En este sentido, hace pesar el tris- equivale no a una purificación sino a un renaci-
te silencio analítico sobre un discurso extraño, ex- miento con y contra la abyección.
tranjero, que en realidad quiebra la comunicación
verbal (hecha de un saber y de una verdad no obs- ***
tante escuchados) con un dispositivo que imita el
terror, el entusiasmo o la orgía, emparentándose Este primer panorama de la abyección -aunque
más con el metro y con el canto que con el Verbo. fenomenológico- nos conducirá a una considera-
Hay mimesis (identificación, dicen), en el desffie in- ción más directa de la teoría analítica, de la histo-
cesante de la castración en el análisis. Pero aún es ria de las religiones, y finalmente de la experiencia
necesario que esta mimesis afecte la palabra inter- literaria contemporánea.
pretativa del analista (y no solamente su bilingüis-
. mo literario o ético) para ser una palabra analítica.
· En contraposición a una pureza que se reconoce
1 en la tristeza desengañada, el_descentramiento
· "p~tico" de la enunciación analítica atestigua su
¡ proximidad, su cohabitación y su "saber" respecto
de la "abyección".
En síntesis, pienso en la tdentiflcaclbn totalmen-
te mimética (transferencia y contra-transferencia)
del analista frente a los analizantes. Esta identifica-
ción permite reunir en su lugar aquello que, parcela-
do, los hace dolientes y desérticos. J><:nnite regre-
sar a los afectos que se dejan oír en las rupturas de
los discursos, ritmar, encadenar (¿es esto el "deve-
nir conciente"?) las fallas de una palabra entristeci-
da por haber dado la espalda a su sentido abyecto.