Ciudad Barroca
EL URBANISMO EN LA ÉPOCA BARROCA
El barroco se caracteriza por su interés integrador de espacios en un todo
unitario, ya sea urbano o paisajístico. En el modo de darle un ordenamiento
a la necesidad del desarrollo de las ciudades que se expresan a través de
la arquitectura monumental como plazas, edificios, fuentes, jardines, etc.
Que expresaban el poder del estado y/o de la iglesia.
De aquí la gran creación del barroco que es del concepto de Estado
Nacional, como una forma de monarquía absoluta con la concentración del
poder y con esto la aparición de ciudad capital como una forma de
represtación y centralización del poder. En este período surgen los planes
reguladores de lo que ha venido a llamarse la ciudad capital.
La ciudad capital (del latín caput, capitis, “cabeza”) se refiere a que es una
nueva cara representante del poder de un país, centralizando en una
ciudad, como una especie de centro de control el poder absoluto. En donde
se instaura la cabeza principal del poder, sea el gobernante electo o la
máxima autoridad de una monarquía en representación del pueblo
custodiado. Es por esto que en la ciudad se ve reflejada a modo de darle
un ordenamiento que no existía en épocas anteriores, y de una
preocupación para los habitantes de la ciudad. Las mediadas que se
tomaron fueron regidas por cuestiones de manifestaciones del poder a
través de grandes edificios públicos; tratando la higiene dado las urgencia
sanitarias de las anteriores ciudades, como enfermedades mortales, se
preocupan de reparar tanto en los servicios básicos como en la vida
urbana como la circulación de las aguas y el aire por las calles y edificios;
además darle un ordenamiento a una escala urbana a la ciudad a través
de elementos arquitectónicos como los grandes bulevares, avenidas, ejes
ordenadores, etc. Siempre buscando el bienestar de la sociedad
custodiada y la exhibición del poder.
HISTORIA DE LAS CIUDADES
La ciudad no es sólo un objeto de estudio importante de las Ciencias
Sociales, sino, sobre todo, un problema que ha ocupado y preocupado a
los hombres desde que éstos decidieron asentarse formando
agrupamientos estables. Es obvio que los asentamientos humanos, aún
en sus formas más simples, requieren de un mínimo de acuerdos sociales
para asegurar el equilibrio del grupo, y que de la fragilidad o solidez de
dichos acuerdos depende de la estabilidad necesaria para la convivencia
adecuada. Es por ello, que la ciudad debe entenderse como un fenómeno
vivo y permanente, íntimamente ligado a la cultura con la que comparte la
característica de la complejidad.
Son variados los conceptos que se podemos formular sobre ciudad. A lo
largo de la Historia, la han destacado con el elemento material (la
pavimentación, el cierre amurallado, los equipamientos), mientras que
otros han considerado las relaciones sociales o a las visiones utópico-
filosóficas del fenómeno urbano. Es así que en las primeras ciudades del
mundo antiguo respondían a una concepción simbólica del espacio, propia
del pensamiento mágico y del pensamiento religioso. El ordenamiento del
espacio debía ser coherente con la cosmología y la orientación astrológica
de cada cultura.
Toda la cultura europea durante la Edad Media tiene un acusado carácter
agrícola. La ciudad medieval es una ciudad amurallada que aparece como
lugar cerrado dentro del paisaje agrícola y forestal, sirviendo de fortaleza
defensiva y refugio de sus habitantes y campesinos del entorno, a la vez
que constituye el mercado del área de influencia. Durante la Edad Media,
caracterizada por las sucesivas oleadas de invasiones que se sucedieron
hasta el siglo X (refiérase a germanos, musulmanes, vikingos, húngaros,
etc.), continuó el proceso de ruralización que se remonta a la crisis del
siglo III e impone el feudalismo.
En cambio la ciudad renacentista el auge del pensamiento racional durante
el Renacimiento determinó un resurgir de estas ideas. Se trata ahora de
una ciudad señorial donde los hombres se dedican a cultivar las artes y las
letras, en la que vuelve a resurgir el ágora como un centro público en
donde se puede compartir los conocimientos. Un concepto de ciudad
donde el arte urbano adquiere un protagonismo importante, cuyas calles
invitan al paseo y a la conversación.
Estas ideas influirían notablemente en el urbanismo de los nuevos
territorios americanos. En efecto, la conquista de América, iniciada en el
siglo XVI, permitió a los urbanistas llevar a la práctica en un territorio virgen
las ideas utópicas del modelo griego, construyendo ciudades conforme al
planteamiento aristotélico. Acorde al modelo político de plaza mayor donde
las cabeceras eran ocupadas por la iglesia y el Ayuntamiento o el concejo
y en los laterales las casas de la gente principal.
En el barroco se produce un cambio radical en el modo de concebir la
ciudad. El espíritu de la “ciudad-estado” cerrada en sí misma que de un
modo u otro había subyacido en la ciudad medieval y en el Renacimiento,
desaparece para dar paso a la ciudad capital del Estado. En ella, el
espacio simbólico se concibe subordinado al poder político, cuyo papel
sobresaliente tratará de destacar la arquitectura urbana mediante un
nuevo planteamiento de perspectivas y distribución de espacios.
En el neoclásico la preocupación de la Ilustración por el escenario donde
transcurre la vida del ciudadano, no es más que la aplicación de un ideario
plagado de términos alusivos a la comodidad de la comunidad frente al
bienestar privado, al progreso de los pueblos, al ornato público, a la
salubridad, a una vida más razonable y participativa. Se plasma en los
proyectos de construcción de ciudades nuevas y en planes parciales que
resolvieran problemas concretos, todo ello perfectamente inscrito en el
nuevo interés por el desarrollo de la vida civil.
ARQUITECTURA
La arquitectura barroca es aquella fase de la que vino precedida del
Renacimiento y del Manierismo; se concibió en Roma durante el siglo XVII
y se extendió hasta mediados del siglo XVIII por los Estados absolutistas
europeos.
El término Barroco, derivado del portugués “barroco”, “perla de forma
irregular”, se utilizó en un primer momento de forma despectiva para
indicar la falta de regularidad y orden del nuevo estilo. La característica
principal de la arquitectura barroca fue la utilización de composiciones
basadas en líneas curvas, elipses y espirales, así como figuras
policéntricas complejas compuestas de motivos que se intersecaban unos
con otros. La arquitectura se valió de la pintura, la escultura y los
estucados para crear conjuntos artísticos teatrales y exuberantes que
sirviesen para ensalzar a los monarcas que los habían encargado.
En algunos países europeos como Francia e Inglaterra y en otras regiones
de la Europa septentrional se produjo un movimiento más racionalista
derivado directamente del Renacimiento que se denominó Clasicismo
barroco.
A lo largo del siglo XVIII se fue desarrollando en Francia un movimiento
derivado del Barroco que multiplicaba su exuberancia y se basaba
fundamentalmente en las artes decorativas que se denominó Rococó y se
acabó exportando a buena parte de Europa.
LAS IGLESIAS
Entre las iglesias, el punto de partida de la arquitectura barroco puede
considerarse la Iglesia del Gesù de Roma, construida a partir de 1568
según el proyecto de Vignola. el edificio, que representa una síntesis entre
la arquitectura renacentista, manierista y barroca, satisfacía plenamente
las nuevas exigencias surgidas tras la Contrarreforma: la disposición
longitudinal de la planta permitía acoger al mayor número de fieles,
mientras que la planta de cruz latina con numerosas capillas laterales
suponía un retorno a la tradición del Concilio de Trento.
Por otro lado, la presencia de una cúpula subrayaba la centralidad del
espacio hacia el fondo de la nave, y presagiaba la búsqueda de una
integración entre el esquema longitudinal y el centralizado. También la
fachada, construida según el proyecto de Giacomo della Porta, anticipaba
los elementosmás marcadamente barrocos, comparables a los de los
alzados de Santa Susana y San Andrés del Valle.
De este modelo derivaron una serie de iglesias de planta longitudinal
centralizada o planta central alargada, caracterizadas por el eje
longitudinal y por la presencia de un elemento catalizador de la
composición, generalmente una cúpula.
Si los arquitectos manieristas alteraban la composición rigurosa de las
fachadas renacentistas añadiéndoles temas y decoraciones
caracterizadas por un intelectualismo refinado, pero sin modificar la lógica
planimétrica y estructural de la fachada de los edificios, los arquitectos
barrocos modificaron tanto la composición en planta como en fachada,
generando una concepción nueva del espacio. Las fachadas de las
iglesias dejaron de ser la continuación lógica de la sección interna, para
convertirse en organismos plásticos que marcaban la transición entre el
espacio exterior y el interior. El espacio interior, por tanto, estaba
compuesto a partir de figuras complejas basadas en elipses y líneas
curvas, y se definía a través del movimiento de los elementos espaciales,
diferenciándose radicalmente de la concepción renacentista que generaba
una sucesión uniforme de elementos dispuestos de forma simétrica entre
ellos.
LOS PALACIOS
En la arquitectura civil del momento se puede distinguir entre dos tipos de
construcciones nobles: el palacio, situado generalmente en el interior de la
ciudad, y la villa del campo.
El palacio italiano y sus derivados europeos permanecieron fieles a la
tipología residencial desarrollada durante el Renacimiento, con un cuerpo
edificado cerrado en torno a un patio interno. Se dotó a las fachadas
principales de cuerpos centrales resaltados y decorados mediante el uso
de órdenes gigantes, que ya habían sido anticipados por Palladio. Se
extendieron los ejes de simetría al interior del edificio, donde se abrían el
vestíbulo y el patio interno; por ejemplo, el eje longitudinal introducido en
el Palacio Barberini de Roma contribuía a la definición de la planta y
subrayaba la conexión con el exterior del edificio. Por otro lado, este
palacio constituyó un punto importante del desarrollo de la tipología
residencial palaciega italiana: la planta se constituía en forma de H, y la
entrada se producía mediante un profundo atrio que iba haciéndose más
estrecho sucesivamente, hasta llegar a una sala elíptica que servía de
centro nodal al palacio entero.
En Francia, no obstante, el palacio urbano de la nobleza, denominado
hôtel,recuperó para sí el esquema de los castillos medievales. El clima
más duro reclamaba una optimización del soleamiento en las principales
estancias, lo que generó fachadas escalonadas y grandes alas laterales.
El cuerpo principal se encontraba retrasado respecto a la calle y precedido
de la cour d’honneur, un espacio de transición abierto al exterior que al
mismo tiempo separaba el palacio de la ciudad. Un ejemplo de este
esquema es el parisino Palacio del Luxemburgo, construido a partir de
1615 por Salomon de Brosse. Aquí, a diferencia de otros edificios del
mismo estilo y época, los pabellones angulares no fueron destinados a
locales de servicio, sino que contenían estancias principales en cada
planta.
Fue notable el desarrollo francés de residencias en el campo, los
denominados châteaux, que llevaron a la realización de extensos
complejos de los que partían los ejes viarios principales que ordenaban el
entorno. Entre ellos cabe destacar el Palacio de Vaux-le-Vicomte (1656-
1659), proyectado por Louis Le Vau, y el Palacio de Versalles, máximo
símbolo del absolutismo francés y cuyas labores de reconstrucción fueron
iniciadas por el mismo Le Vau por encargo de Luis XIV.
URBANISMO
Roma es el prototipo de esta ciudad capital su desarrollo urbanístico se
había iniciado, de manera efectiva, en tiempos de Julio II, pero su máximo
organizador fue Sixto V (1585-1590), ayudado por el arquitecto Doménico
Fontana. Su regulación se basa en un entramado de grandes vías que se
articulan referenciadas a centros significativos, tanto edificios como
plazas. Las siete basílicas quedan entrelazadas entre ellas en base a un
centro teórico que es la basílica de Santa María la Mayor, que se convierte
en lugar de encuentro y de partida, verdadero paradigma de la
espacialidad barroca. A su vez, las plazas, a veces tan sólo cruce de
calles, se individualizan a través de elementos simbólicos, como son los
obeliscos y columnas que fueron cristianizadas coronándolas con las
estatuas de San Pedro y San Pablo, o cruces. Estos obeliscos no eran
sólo elementos de decoración, sino que se convertían en ejes para el
cambio de dirección de las calles.
En definitiva, la organización de Roma se orientó de Noroeste a Sudeste,
teniendo como eje principal la Strada Felice, que fue proyectada desde la
plaza de Santa María la Mayor en dirección a la basílica de la Santa Croce
in Gerusaleme y a la Plaza del Popolo.
La plaza como elemento urbano tiene un significado distinto en Roma o en
París. En la primera se integra en un plan amplio, mientras que en la capital
francesa se convierte en lo que podríamos llamar un «episodio suelto». La
Plaza del Popolo se relaciona a la famosa tridente que forman las Stradas
del Babuino, Corso y Ripetta, vías de acceso a la Roma moderna, con la
construcción de las iglesias gemelas de Rainaldi. La solución de Pietro de
Cortona en la plaza de Santa María della Pace hace dudar de si estamos
ante una obra integrada en un espacio urbanístico o si éste está en función
de aquella. La columnata de San Pedro es un espacio de doble
significación: potenciador plástico de la fachada de San Pedro y símbolo
de la Iglesia.
Por último, en lo que a Roma se refiere, la plaza Navona es el ejemplo más
significativo de lo que podríamos denominar urbanismo puntual, y que
tiene en los ejemplos de Plaza Mayor, Place Royale las manifestaciones
más afines. La unitariedad de sus edificios, la singularidad de la fachada
de Santa Agnese y las fuentes de Bernini, crean un todo unitario en el que
las arquitecturas parecen más superficies continuas que masas
individualizadas.
Esta singularización es la que define el urbanismo de París, que busca el
uniformismo de sus plazas y grandes avenidas. En vez de empezar con
un sistema. París experimenta una serie de episodios monumentales. Fue
Enrique IV quien primero se planteó la construcción de plazas con un claro
sentido mitificador del rey. El monumento se convirtió así en elemento
polarizador de todo un espacio, en un factor urbanístico alrededor del cual
se organizaba todo un entorno. La plaza Dauphine, la de los Vosges en
tiempos de Enrique IV, y la de las Victoires y la de Vendome en el reinado
de Luis XIV, resumen los cuatro ejemplos de Place Royale de esquema
triangular, rectangular, circular y cuadrangular.
No podemos olvidar, en este apartado urbanístico, un hecho importante,
en la valoración de la ciudad barroca, cual es la ruptura de las murallas, lo
que la convierte en ciudad abierta. París suprimió en tiempos de Luis XIV
las fortificaciones, sustituyéndolas por un anillo casi completo de
boulevards. El plano ideal de Londres, proyectado por Ch. Wren, pretendía
incidir en este carácter abierto. Articulando la ciudad en base a grandes
vías transversales. La principal unía la catedral de San Pablo, centro
religioso, con el Royal Exchange, centro económico. Se creaban sistemas
radiales y una cuadrícula que unía el centro con el sector comercial situado
junto al río. El carácter práctico no impedía la realización de grandes
perspectivas y la singularización de los nudos de las calles con la
construcción de 51 iglesias, verdaderas arquitectura - monumento.
El urbanismo de jardines tiene en el barroco su máximo representante en
André le Notre. Iniciado en la planificación paisajística de Vaux-le-Vicomte,
tuvo en Versalles y las Tullerías sus máximas posibilidades creativas. Le
Notre rompe con el jardín renacentista, de clara organización estática, e
introduce un sistema de ejes y diversidad de espacios. Sin embargo, la
ordenación es simple. Parte de un eje longitudinal que tiene como final del
recorrido la percepción de un espacio infinito. A este eje se subordinó el
palacio, en el caso de Versalles, que divide el recorrido separando el
mundo urbano del paisaje infinito antes aludido, compuesto de parterres,
bosquecillos y naturaleza libre y desordenada. Se introducen ejes
transversales y esquemas radiales, con lo que la idea antes aludida de
integración y dispersión está presente. Las fuentes, estanques y canales
dan variedad al espacio.
Es, en definitiva, un urbanismo abierto en contacto con la naturaleza y que
busca la integración de las partes en un todo organizado.
Pero los sistemas de defensa continuaban siendo esenciales. Sebastián
le Preste de Vauban, arquitecto militar francés, proyectó una serie de
ingeniosas fortificaciones y ciudades, acordes con la nueva estrategia
militar. Su influencia fue capital durante el siglo XVIII, tanto en Francia
como en España. Neuf Brisach (1698), ciudad proyectada por Vauban, se
convierte así en la excepción dentro de un concepto de ciudad de carácter
abierto.
Abstrac
En el barroco la principal manifestación fue en la arquitectura y en el modo
de darle un ordenamiento a la necesidad del desarrollo de las ciudades,
que a la vez se expresan a través de una arquitectura monumental como
plazas, edificios, fuentes, jardines, etc. Como forma de enaltecer el poder
del estado o de la iglesia.
El término Barroco, derivado del portugués “barroco”, “perla de forma
irregular”, se utilizó en un primer momento de una manera despectiva para
sugerir la falta de regularidad y orden en este nuevo estilo. La
característica principal de la arquitectura barroca fue la utilización de
composiciones basadas en líneas curvas, elipses y espirales, así como
figuras policéntricas complejas compuestas de motivos que se
intersecaban unos con otros. La arquitectura se valió de la pintura, la
escultura y los estucados para crear conjuntos artísticos teatrales y
exuberantes que sirviesen para ensalzar a los monarcas que los habían
encargado. Pero esta situación se le da nuevos valores a las artes, siendo
la expresión más característica del peso de la religión en los países
católicos y del gusto burgués en los países protestantes. Se desarrollan
nuevos géneros como los bodegones, paisajes, retratos, cuadros de
género o costumbristas, así como se enriquece la iconografía de asunto
religioso. Existe una tendencia y una búsqueda del realismo que se
conjuga con lo teatral y lo efectista. El color, la luz y el movimiento, son los
elementos que definen la línea. Incluso, la profundidad, perspectiva y
volumen se consiguen más con los contrastes de luz y de matices del color
que con las líneas nítidas y definidas del dibujo, a luz para la pintura
barroco se trasforma en un elemento fundamental.
Volviendo al punto sobre la arquitectura barroca, entre las iglesias, el punto
de partida de la arquitectura barroco puede considerarse la Iglesia del
Gesù de Roma, construida a partir de 1568 según el proyecto de Vignola,
el edificio, que representa una síntesis entre la arquitectura renacentista,
manierista y barroca, que satisfacía plenamente las nuevas exigencias
surgidas tras la Contrarreforma: la disposición longitudinal de la planta
permitía acoger al mayor número de fieles, mientras que la planta de cruz
latina con numerosas capillas laterales suponía un retorno a la tradición
del Concilio de Trento.
Por otro lado, la presencia de una cúpula subrayaba la centralidad del
espacio hacia el fondo de la nave, y presagiaba la búsqueda de una
integración entre el esquema longitudinal y el centralizado. También la
fachada, construida según el proyecto de Giacomo della Porta, anticipaba
los elementos más marcadamente barrocos, comparables a los de los
alzados de Santa Susana y San Andrés del Valle.
Roma es el prototipo de esta ciudad capital su desarrollo urbanístico se
había iniciado, de manera efectiva, en tiempos de Julio II, pero su máximo
organizador fue Sixto V (1585-1590), ayudado por el arquitecto Doménico
Fontana. Su regulación se basa en un entramado de grandes vías que se
articulan referenciadas a centros significativos, tanto edificios como
plazas.
En definitiva, la organización de Roma se orientó de Noroeste a Sudeste,
teniendo como eje principal la Strada Felice, que fue proyectada desde la
plaza de Santa María la Mayor en dirección a la basílica de la Santa Croce
in Gerusaleme y a la Plaza del Popolo. Por último, en lo que a Roma se
refiere, la plaza Navona es el ejemplo más significativo de lo que
podríamos denominar urbanismo puntual, y que tiene en los ejemplos de
Plaza Mayor, Place Royale las manifestaciones más afines. La
uniformidad de sus edificios, la singularidad de la fachada de Santa
Agnese y las fuentes de Bernini, crean un todo unitario en el que las
arquitecturas parecen más superficies continuas que masas
individualizadas. A su vez, las plazas, a veces tan sólo cruce de calles, se
individualizan a través de elementos simbólicos, como son los obeliscos y
columnas que fueron cristianizadas coronándolas con las estatuas de San
Pedro y San Pablo, o cruces. Estos obeliscos no eran sólo elementos de
decoración, sino que se convertían en ejes para el cambio de dirección de
las calles.
Esta singularización es la que define el urbanismo de París, que busca el
uniformismo de sus plazas y grandes avenidas. En vez de empezar con
un sistema. París experimenta una serie de episodios monumentales. Fue
Enrique IV quien primero se planteó la construcción de plazas con un claro
sentido, el de la exposición del poder del rey. El monumento se convirtió
así en elemento polarizador de todo un espacio, en un factor urbanístico
alrededor del cual se organizaba todo un entorno. La plaza Dauphine, la
de los Vosges en tiempos de Enrique IV, y la de las Victoires y la de
Vendome en el reinado de Luis XIV, resumen los cuatro ejemplos de Place
Royale de esquema triangular, rectangular, circular y cuadrangular.
No podemos olvidar, en este apartado urbanístico, un hecho importante,
en la valoración de la ciudad barroca, cual es la ruptura de las murallas, lo
que la convierte en ciudad abierta a diferencias de épocas anteriores ésta.
En la ciudad se ve reflejada a modo de darle un ordenamiento que no
existía, y de una preocupación para los habitantes de la ciudad. Medidas
que se tomaron regidas por cuestiones de exhibiciones del poder a través
de edificios públicos; de la higiene dado las urgencia sanitarias de la
anteriores ciudades como enfermedades mortales, en estos puntos se
trata de reparar tanto en los servicios básicos como en la vida urbana;
darle un ordenamiento a escala urbana a la ciudad a través de elementos
arquitectónicos como los grandes bulevares, avenidas, ejes ordenadores,
etc.
La herencia que nos ha dejado esta época es de suma importancia dado
que hasta el día de hoy se sigue el modelo barroco implantado en las
ciudades y también la ciudad, como un plan urbano de ordenamiento y de
la centralización del poder en una ciudad representativa, que en la
actualidad la seguimos denominando ciudad capital.
Características de la arquitectura
barroca
El Barroco se inicia en Roma, alrededor de los Papas como
grandes mecenas. La Arquitectura prevalece sobre cualquier otra
manifestación artística, y escultura y pintura colaboran en el
efecto plástico del conjunto.
Frente a la belleza, armonía y equilibrio que se buscaba en el
Renacimiento, en el siglo XVII quieren asombrar con la
grandiosidad y el lujo, y expresar dinamismo y apasionamiento.
Es una arquitectura llena de contrastes, ya sean cromáticos (se
utilizan distintos materiales: ladrillo, piedra, mármol, bronce,...) o
lumínicos (alternando zonas oscuras con otras fuertemente
iluminadas). Pero sobre todo predomina el interés por el
movimiento, en plantas, alzados, o en los propios elementos
aislados (columnas, estípites, frontones, etc.).
Las plantas típicas del Barroco pierden ahora sus formas
tradicionales del Renacimiento (cuadradas y circulares) y se hacen
más complejas. Aunque se imite el modelo jesuítico, aparecen
plantas de muy diversas formas: ovales, elípticas, mixtilíneas, etc.
Las formas abandonan las líneas rectas y superficies planas por
las ondulantes. Los muros se quiebran y ondulan, se rompen
frontones y entablamentos y se describen curvas, espirales, etc.
Es el momento del apogeo de lo curvo, de los constantes
entrantes y salientes en las fachadas. Incluso las columnas
ondulan su fuste (columna salomónica). Las reglas que seguía la
arquitectura en el Renacimiento, desaparecen.
En la fachada se mantiene la división en plantas, pero la parte
central se suele organizar verticalmente marcando el espacio
central-vertical sobre el horizontal. Ese espacio, definido
claramente a la vista, concentra la ornamentación principal del
edificio. En las fachadas, por el gusto por el movimiento, los
muros dejan de ser rectilíneos y de cruzarse en ángulos rectos, se
ondulan. Son fachadas donde se muestra el dinamismo, el
movimiento, los contrastes lumínicos (entrantes y salientes) y
cromáticos, etc.
La luz es muy importante para el arquitecto barroco. Los
materiales serán importantes para conseguir los efectos lumínicos
apetecidos por el artista. La luz se concentrará en unas zonas,
mientras otras se dejarán oscuras.
La decoración jugará un papel destacadísimo en la nueva estética.
Dentro de un proceso general de enriquecimiento decorativo y
progresivo hasta llegar al recargamiento, conserva los temas
vegetales corrientes del arte clásico-Renacimiento, advirtiéndose
desde mediados del siglo XVII la tendencia a un tipo cada vez
más naturalista. Así, la decoración ocupa todos los lugares,
enmascara muros, etc. Los órdenes arquitectónicos se complican
(de los órdenes clásicos, el más utilizado es el corintio -que tenía
más motivos decorativos- y el orden compuesto romano). Los
elementos decorativos ayudan a crear efectos ilusorios, teatrales,
tan del gusto de la época. También, en los interiores de las
iglesias existe una exuberante decoración: en la cubierta, por
ejemplo, el artista barroco se esfuerza porque el cielo invada el
interior del templo. Las bóvedas se cubren de pinturas que
desarrollan escenas imaginarias, celestiales (celajes), etc.
Las construcciones principales del Barroco serán las religiosas
(templos, iglesias, etc.). También destacan los palacios y el
urbanismo.
En cuanto al templo, el Concilio de Trento impuso una nueva
liturgia religiosa que concedía importancia al sermón y a la
Eucaristía ante la multitud de fieles. Para ello se requiere, en el
marco de estas grandes ceremonias, una buena acústica y
visibilidad. De ahí el modelo de iglesia que impone la Compañía
de Jesús en Roma a partir del templo de Il Gesú, que será copiado
por toda la Cristiandad: cruz latina tradicional; espacio unitario
con circulación independiente por capillas laterales; gran cúpula
central en el crucero; etc. Aunque este es el modelo más
destacado, se dan otros muchos.
El palacio barroco: se rompe con el palacio-fortaleza renacentista
y los edificios se abren por alguno de sus lados hacia patios,
jardines, etc. Sus fachadas se hacen más dinámicas y sus salones
principales resaltan por su abundante decoración. Es el edificio
que manifiesta el poderío de la aristocracia ante el pueblo.
Características del Urbanismo en el Barroco
El urbanismo barroco aparece en el S. XVIII. Socialmente hay un gran cambio
que afecta a la ciudad: la aparición de los Estados Nacionales. La nobleza y los
municipios pierden poder a favor del Rey. La estructura del mundo medieval se
tambalea y muchas de sus instituciones desaparecen. El rey deja de ser itinerante
y fija la corte en una ciudad concreta, pues mover a toda la corte era muy
complicado y costoso por la gran cantidad de gente que la formaban: familia real,
ministros, jueces, etc. Este cambio político se inicia en el s. XVI, siendo su auge
esta época. En estas ciudades el rey hace grandes obras para mostrar su enorme
poder, la capital debe ser la imagen y condensación de la realidad nacional.
Dichas obras incluyen palacios, nuevos centros administrativos, etc. Aunque ya
había capitales, es en esta época cuando se engrandecen: París, Londres, Madrid,
Viena, San Petersburgo (de nueva construcción), etc.
Características:
1. Uniformidad: todo se hace a la vez. Trazado ortogonal.
2. Ostentación: la ciudad es un reflejo del poder del Rey.
3. Carácter periférico: no se modifica el centro de la ciudad, se construye
alrededor. Como mucho se construyen nuevos edificios sin modificar el
plano.
4. Perspectiva: los arquitectos barrocos dominan la perspectiva, usan la línea
recta con orden y sentido; focalizan la visión a los edificios. Hay una gran
variedad de espacios y formas. En definitiva, la ciudad abandona el plano
y empieza a verse en 3D.
5. Afán filantrópico: el Rey, siguiendo la máxima del despotismo ilustrado
de “todo para el pueblo pero sin el pueblo”, construye hospitales, impulsa
las obras civiles, etc.