Tanto si uno es minusválido como si no, la actitud tiene una importancia
fundamental a la hora de encontrar el Elemento. La fuerte determinación de
llegar a ser uno mismo tiene un poder indomable. Sin ella, incluso una persona en
perfecta forma física está en desventaja. Según mi propia experiencia, la
may oría de la gente tiene que afrontar sus propios miedos y su poca confianza en
sí misma tanto como cualquier impedimento externo de circunstancia y
oportunidad.
Esta escala de angustias se refleja en el floreciente mercado mundial de
libros y cursos de autoay uda, muchos de los cuales se centran justamente en
estas cuestiones. Para mí, el libro de referencia dentro de este campo es Aunque
tenga miedo, hágalo igual[9], de Susan Jeffers. Se ha traducido a treinta y cinco
idiomas y ha vendido millones de ejemplares. En él, Jeffers escribe con pasión y
elocuencia acerca de los miedos persistentes que impiden a tantas personas vivir
su vida con plenitud y contribuir al mundo. Estos temores incluy en el miedo al
fracaso, el miedo a no ser lo suficientemente bueno, el miedo a que descubran
que quieres algo, el temor a la desaprobación, a la pobreza y a lo desconocido.
El miedo es, quizá, el obstáculo más común para encontrar el Elemento.
Puede que te preguntes cuántas veces el miedo ha desempeñado un papel
importante en tu vida y te ha impedido hacer lo que desesperadamente querías
intentar. La doctora Jeffers propone una serie de técnicas bien comprobadas para
pasar de tener miedo a la sensación de sentirnos realizados, la más poderosa de
las cuales queda explícita en el título de su libro.
Social: es por tu bien
El miedo a la desaprobación y a que descubran que queremos algo, a menudo se
da en las relaciones con las personas más cercanas a nosotros. Es muy probable
que tus padres y tus hermanos, y tu pareja y tus hijos (si los tienes), tengan
firmes opiniones sobre lo que deberías y no deberías hacer con tu vida. Desde
luego, tal vez estén en lo cierto y tengan un papel positivo como mentores a la
hora de estimular tus verdaderas habilidades. Pero también podrían estar
completamente equivocados.
La gente puede tener razones muy complejas para intentar cortar las alas de
los demás. Tal vez el hecho de que escojas un camino diferente no se adecue a
sus intereses, o les complique la vida y crean que no se lo pueden permitir.
Cualesquiera que sean las razones, alguien que te impida hacer aquello que amas
—o incluso ir tras ello— te puede provocar una intensa frustración.
Puede que los otros no tengan ningún motivo para oponerse. Es probable que
sencillamente te encuentres envuelto en una red de obligaciones sociales y
expectativas que, de forma tácita, pongan límites a tus ambiciones. Muchas
personas no encuentran el Elemento porque no tienen la confianza o el estímulo
necesarios para salir fuera de su círculo de relaciones.
A veces, por supuesto, tus seres queridos creen sinceramente que estás
malgastando tu tiempo y talento haciendo algo que ellos desaprueban. Eso fue lo
que le pasó a Paulo Coelho. Sus padres fueron más lejos que la may oría
intentando desanimarle. Le enviaron repetidas veces a una institución
psiquiátrica, donde le sometieron a terapia de electrochoque « porque le
querían» . La próxima vez que te sientas culpable por haber reñido a tus hijos, a
lo mejor te consuela no haber recurrido a las técnicas de los Coelho.
La razón por la que los padres de Coelho le ingresaron en un manicomio fue
que de adolescente le apasionaba la idea de llegar a ser escritor. Pedro y Ly gia
Coelho creían que así malgastaría su vida. Le aconsejaron que escribiera en su
tiempo libre si necesitaba hacerlo, pero su verdadero futuro estaba en la
abogacía. Cuando Paulo insistió en que quería dedicarse al mundo del arte, sus
padres crey eron que no tenían otra opción que enviarle a una institución mental
para que le sacaran esas ideas destructivas de la cabeza. « Ellos querían
ay udarme —dijo Coelho—. Tenían sus sueños. Yo quería hacer esto y aquello,
pero mis padres tenían otros planes para mí. Llegó un momento en que y a no
podían controlarme y estaban desesperados» .
Sus padres lo ingresaron tres veces en el manicomio. Sabían que su hijo era
muy listo, creían que tenía una carrera prometedora por delante e hicieron lo que
creían que tenían que hacer para que fuese por el buen camino. Aun así, ni
siquiera un método tan extremo impidió que Paulo Coelho encontrara su
Elemento. Pese a la firme oposición de su familia, se dedicó a la escritura.
Sus padres estaban en lo cierto al suponer que tenía un futuro prometedor por
delante, pero este no tenía nada que ver con la abogacía. La novela de Coelho El
alquimista fue un best seller internacional del que se han vendido más de cuarenta
millones de ejemplares en todo el mundo. Sus libros se han traducido a más de
sesenta idiomas, y es el escritor más vendido en lengua portuguesa de todos los
tiempos. Su radio de acción creativo se extiende a la televisión, los periódicos e
incluso a la música pop: ha escrito las letras de varios éxitos musicales del rock
brasileño.
Es muy posible que Paulo Coelho hubiese llegado a ser un eminente abogado.
Sin embargo, su sueño era escribir. Y aunque sus padres trataron firmemente de
llevarle por « el buen camino» , se mantuvo centrado en su Elemento.
A pocos de nosotros nos presionan con tanta firmeza para que nos avengamos
a las expectativas de nuestra familia. Pero son muchas las personas que tropiezan
con esas barreras: « No te apuntes a un curso de baile, no puedes ganarte la vida
siendo bailarín» ; « Eres bueno en matemáticas, deberías ser contable» ; « No
voy a pagar para que te especialices en filosofía» …
Por regla general, cuando las personas cercanas a ti intentan disuadirte de que
tomes determinado camino, creen que lo hacen por tu propio bien. Algunas
tienen razones menos nobles, pero la may oría creen saber qué es lo mejor para
ti. Y el hecho es que el oficinista medio probablemente tiene may or seguridad
económica que la may oría de los trompetistas de jazz. Pero es difícil que te
sientas realizado cuando no haces algo que te importe. Hacer algo « por tu propio
bien» pocas veces será por tu propio bien si consigue que seas menos de lo que
en realidad eres.
La decisión de ir sobre seguro, de seguir el camino más fácil, puede parecer
irresistible, en particular si se tienen dudas y miedo a las alternativas. Y para
algunas personas es más sencillo evitar los conflictos y contar con la aprobación
de sus padres, hermanos y parejas. Pero no es así para todo el mundo.
Algunas de las personas de este libro tuvieron que apartarse de su familia, al
menos durante un tiempo, para llegar a ser las personas que necesitaban ser. Su
decisión de tomar el camino menos cómodo y aceptar pagar el precio de tener
relaciones problemáticas, vacaciones familiares tensas y, en el caso de Coelho,
incluso perder células cerebrales, a la larga les reportó considerables grados de
satisfacción y realización personal. Consiguieron hacer caso omiso a sus seres
queridos para no tener que pagar el precio de renunciar a sus sueños.
En la década de los sesenta, Arianna Stasinopoulos, una adolescente griega,
tuvo un repentino y apasionado sueño. Estaba hojeando una revista cuando vio
una fotografía de la Universidad de Cambridge. Solo tenía trece años, pero
decidió en el acto que tenía que conseguir estudiar allí. Todo el mundo al que se lo
contaba, incluidos sus amigos y su padre, dijeron que era una idea ridícula. Era
una chica, era demasiado caro, no tenía parientes allí y aquella era una de las
universidades más prestigiosas del mundo. Nadie la tomó en serio. Es decir, nadie
excepto ella misma. Y otra persona.
Su madre decidió que tenían que descubrir si el sueño de Arianna era
remotamente posible. Hizo algunas averiguaciones y se enteró de que Arianna
podía solicitar una beca. Incluso encontró unos billetes de avión baratos « para ir
a Inglaterra y visitar Cambridge en persona. Fue un ejemplo perfecto de eso que
hoy llamamos “visualización”» . El vuelo a Londres fue largo; llovió todo el
tiempo que pasaron en Cambridge. Arianna y su madre no conocieron a nadie de
la universidad, simplemente pasearon e imaginaron cómo sería vivir allí. Con su
sueño fortalecido, Arianna solicitó su admisión en cuanto cumplió los requisitos.
Para su alegría y para sorpresa de todo el mundo (excepto de su madre),
Cambridge la aceptó y Arianna consiguió una beca. Con dieciséis años se
trasladó a Inglaterra y acabó licenciándose en Económicas por Cambridge. A los
veintiún años era la primera mujer presidenta del célebre círculo de debate y
discusión Cambridge Union.
Asentada en la actualidad en Estados Unidos, Arianna Huffington es autora de
once libros sobre historia cultural y política, columnista leída en todo el país y
copresentadora de Left, Right & Center, programa de debate político de la radio
pública nacional. En may o de 2005 lanzó al mercado Huffington Post, una página
web de noticias y un blog que se ha convertido en « uno de los más leídos y
citados con may or frecuencia en internet» . En 2006, Time Magazine la incluy ó
en la lista de las cien personas más influy entes del mundo.
Huffington sabe que los may ores obstáculos para alcanzar el éxito pueden ser
la desconfianza en uno mismo y la desaprobacion de otras personas. Dice que
esto es especialmente cierto en el caso de las mujeres. « Me llama la atención la
de veces que cuando he pedido a una mujer que escribiera un artículo para el
Huffington Post he visto que lo pasaba mal porque no confiaba en que lo que tenía
que decir valiese la pena, incluso escritoras de reconocido prestigio […] Creo que
demasiadas veces las mujeres no lo intentamos porque no queremos correr el
riesgo de fracasar. Concedemos tanto valor a la aprobación de los demás, que nos
resistimos a asumir riesgos.
» Las mujeres todavía tenemos una relación difícil con el poder y los
atributos necesarios para ser líderes. Tenemos interiorizado ese miedo a que si
somos demasiado poderosas nos considerarán crueles, agresivas o chillonas:
adjetivos todos ellos que son un golpe certero a nuestra feminidad. Todavía
tenemos que intentar superar el miedo a que el poder y la feminidad se excluy an
mutuamente» .
Huffington dice que hubo dos factores clave a la hora de perseguir su antiguo
sueño. El primero fue que en realidad no entendía en lo que se estaba metiendo:
« Mi primera experiencia de liderazgo la tuve siendo extranjera y felizmente
ignorante. Fue en la universidad, cuando me convertí en presidenta de la sociedad
de debate Cambridge Union. Como me había criado en Grecia, nunca había oído
hablar de la Cambridge Union ni de la Oxford Union y no sabía el papel que
tenían dentro de la cultura inglesa, así que para mí nunca fue una carga el
abrumador prestigio que tal vez impidió a las chicas inglesas plantearse siquiera
pretender semejante cargo […]. De este modo, fue una bendición empezar mi
carrera fuera del entorno de mi casa, aunque tenía sus propios problemas, como
el hecho de que se burlasen de mi acento y me humillaran por hablar de forma
curiosa. Pero también aprendí que es más fácil sobreponerse a las opiniones de
los demás que vencer la opinión que tenemos de