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1 de Noviembre Día de Todos Los Santos

El documento habla sobre el Día de Todos los Santos, una fiesta cristiana celebrada el 1 de noviembre en honor a todos los santos. Explica que se originó para honrar a santos que no tenían su propia fiesta y que con el tiempo se extendió a toda la Iglesia. También resume la historia de Juan León Mera, escritor ecuatoriano que escribió la letra del himno nacional y la novela Cumandá, considerada la primera novela del Ecuador.
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1 de Noviembre Día de Todos Los Santos

El documento habla sobre el Día de Todos los Santos, una fiesta cristiana celebrada el 1 de noviembre en honor a todos los santos. Explica que se originó para honrar a santos que no tenían su propia fiesta y que con el tiempo se extendió a toda la Iglesia. También resume la historia de Juan León Mera, escritor ecuatoriano que escribió la letra del himno nacional y la novela Cumandá, considerada la primera novela del Ecuador.
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1 DE NOVIEMBRE DÍA DE TODOS LOS SANTOS

"El Día de Todos Los Santos es una solemnidad cristiana instituida en honor de Todos
los Santos, conocidos y desconocidos, según el papa Urbano IV, para compensar
cualquier falta a las fiestas de los santos durante el año por parte de los fieles.
En los países de tradición católica, se celebra el 1 de noviembre; mientras que en la
Iglesia Ortodoxa se celebra el primer domingo después de Pentecostés; aunque
también la celebran las Iglesias Anglicana y Luterana. En ella se venera a todos los
santos que no tienen una fiesta propia en el calendario litúrgico. Por tradición es un
día feriado no laborable.

Historia
La Iglesia Primitiva acostumbraba celebrar el aniversario de la muerte de un mártir
en el lugar del martirio. Frecuentemente los grupos de mártires morían el mismo día,
lo cual condujo naturalmente a una celebración común.
En la persecución de Diocleciano el número de mártires llego a ser tan grande que no
se podía separar un día para asignársela. Pero la Iglesia, sintiendo que cada mártir
debería ser venerado, señaló un día en común para todos. La primera muestra de ello
se remonta a Antioquia en el Domingo antes de Pentecostés.
También se menciona lo de un día en común en un sermón de San Efrén el Sirio en
373. En un principio solo los mártires y San Juan Bautista eran honrados por un día
especial. Otros santos se fueran asignando gradualmente, y se incrementó cuando el
proceso regular de canonización fue establecido; aún, a principios de 411 había en el
Calendario Caldean una “Commemoratio Confessorum” para el viernes de los
cristianos orientales. En la Iglesia de Occidente el papa Bonifacio IV, entre el 609 y
610, consagró el Panteón en Roma a la Santísima Virgen y a todos los mártires,
dándole un aniversario.

Consagración de la capilla a todos los Santos en la Basílica de San


Pedro
Gregorio III (731-741) consagró una capilla en la Basílica de San Pedro a todos los
Santos y arregló el aniversario para el 1 de noviembre. La basílica de los Apóstoles
que ya existía en Roma, ahora su dedicación sería recordada anualmente el 1 de
mayo. Gregorio IV extendió la celebración del 1 de noviembre a toda la Iglesia, a
mediados del siglo IX. La vigilia parece haber sido llevada a cabo antes que la misma
fiesta. Y la octava fue adicionada por Sixto IV en el siglo XV.
Esta vigilia, resultó, sin embargo, coincidir con la celebración pagana de Samhain el
31 de octubre, ahora llamado Halloween (nombre que proviene de la frase "All hallow's
Eve" o "Víspera de Todos los Santos" entre los anglosajones), que marcaba el final
del año celta. En esta fecha se celebraba entre los antiguos, la apertura dimensional
entre el mundo tangible y el mundo de las tinieblas.

La Iglesia ha instituido la Fiesta de Todos los santos por las


siguientes razones:
1.- Para alabar y agradecer al Señor la merced que hizo a sus siervos, santificándolos
en la tierra y coronándolos de gloria en el cielo.
2.- Para honrar en este día aun a los Santos de que no se hace fiesta particular durante
el año.
3.- Para procurarnos mayores gracias multiplicando los intercesores.
4.- Para reparar en este día las faltas que en el transcurso del año hayamos cometido
en las fiestas particulares de los Santos.
5.- Para animarnos más a la virtud con los ejemplos de tantos Santos de toda edad,
sexo y condición, y con la memoria de la recompensa que gozan en el cielo.
Ha de alentarnos a imitar a los Santos el considerar que ellos eran tan débiles como
nosotros y sujetos a las mismas pasiones; que, fortalecidos con la divina gracia, se
hicieron santos por los medios que también nosotros podemos emplear, y que por los
méritos de Jesucristo se nos ha prometido la misma gloria que ellos gozan en el cielo.
Se celebra la fiesta de Todos los Santos con tanta solemnidad porque abraza todas
las otras fiestas que en el año se celebran en honor de los Santos y es figura de la
fiesta eterna de la gloria.

Para celebrar dignamente la fiesta de Todos los Santos debemos:


1.- Alabar y glorificar al Señor por las mercedes que hizo a sus siervos y pedirle que
asimismo nos las conceda a nosotros.
2.- Honrar a todos los Santos como a amigos de Dios e invocar con más confianza su
protección.
3.- Proponer imitar sus ejemplos para ser un día participantes de la misma gloria.
Es importante en este día detenernos a pensar en todo el bien que Dios ha dado a la
humanidad por medio de tantos hombres y mujeres que fieles a la voluntad de Dios,
fieles a su amor fueron testigos del Reino del Señor. La cantidad de santos, santas y
mártires que dejaron una huella tan profunda en su paso por esta tierra que ni el
tiempo ni los cambios de generaciones han podido borrar. Y si decimos que es de
todos los Santos es porque también celebramos a tantos Santos y Mártires que Dios
ha querido tener en el anonimato, y que nosotros no conocemos por su nombre, pero
sabemos por la fe que están dando gloria a Dios.
Celebremos con gozo este día, y pidámosle a Dios Nuestro Señor nos conceda disfrutar
en esta tierra de la protección de sus santos y que un día nos conceda estar con ellos
para glorificarlo en su eternidad.
Juan León Mera

Juan León Mera

(Juan León Mera Martínez; Ambato, Ecuador, 1832 - id., 1894) Escritor ecuatoriano.
Heredero y admirador del romanticismo francés, en particular de Chateaubriand, se
le atribuye el papel de fundador de la crítica literaria en su país. Miembro del Partido
Conservador, fue senador, gobernador en dos ocasiones y ministro del Tribunal de
Cuentas. Fundó la Academia ecuatoriana y fomentó la conciencia literaria criollista.
Esta preocupación por la cultura criolla se refleja en su Ojeada histórico-crítica sobre la
poesía ecuatoriana (1868) y en una carta que dirigió al erudito español Menéndez Pelayo en
1883. Escribió la letra del himno nacional ecuatoriano, los versos de Melodías
indígenas (1858) y la leyenda inca en verso La virgen del Sol (1861). Su obra más
popular, Cumandá o un drama entre salvajes (1879), se inscribe en el género del melodrama
y narra los amores frustrados de los hermanos indios Carlos y Cumandá, ignorantes
de su parentesco.

De familia humilde, fue abandonado por su padre antes de nacer, y se formó de


modo autodidacta, al amparo de la ternura maternal; ya en Quito, aprendió pintura
y escribió en los periódicos. Se empleó en Correos, llegó a diputado con tendencias
liberales y acabó por ocupar la presidencia del Senado.

Sin embargo, sus primeras inclinaciones políticas sufrieron progresivamente una


evolución que lo acercaron a Gabriel García Moreno, a quien había atacado antaño, y no
tardó en convertirse en el más apasionado de los propagandistas católicos. Por esta
razón fue primero amigo y después enemigo irreconciliable de su paisano Juan
Montalvo, quien le atacó desdeñosamente y sin piedad. Al contrario de Montalvo, Juan
León Mera fue un firme defensor de la aristocracia criolla que reconocía, en la
existencia de lo indígena, un camino para tomar conciencia "de su historicidad, su
conflictivo ser y la crisis de su ideología".
Influido esencialmente por José Zorrilla en el terreno lírico, llevó los acentos románticos
al tema indígena. Como poeta publicó, además de un volumen de Poesías (1858), el
poema La Virgen del Sol (1861), leyenda indígena que es una verdadera novela en verso
y un antecedente indudable de Cumandá. Esta obra ponía en práctica las doctrinas que
el escritor mantenía con respecto a la poesía indigenista y nacional, y que para él
significaban la posibilidad de una americanización de la literatura. A estos títulos debe
añadirse otra leyenda en verso de tema colonial, Mazorra (1875), y Melodías
indígenas (1887, con una reedición de La Virgen del Sol). Mera fue también el autor de la
letra del himno nacional del Ecuador.
Como prosista, Juan León Mera ofrece diversos aspectos: desde el biográfico
(Cevallos, García Moreno y otros), hasta el critico (Ojeada histórico-crítica sobre la poesía
ecuatoriana, 1868, en la que mostró un pronunciado interés por la lírica quichua, y La
Dictadura y la Restauración), pasando por el de novelista, que es, sin duda, el que da más
relieve a su personalidad. Su novela Cumandá o un drama entre salvajes (1879) le aseguró
un sólido prestigio, pero es posible que a la larga sean reconocidas como de mayor
interés literario algunas de sus narraciones breves, de carácter costumbrista, como Los
novios de una aldea ecuatoriana(1872), Entre dos tías y un tío y Un matrimonio inconveniente.
Cumandá o un drama entre salvajes
En la historia de la literatura ecuatoriana, Cumandá o un drama entre salvajesmarca la
iniciación de la novela, a la vez que significa la culminación del romanticismo como
asimilación de escuela literaria. Aunque el argumento de Cumandá recuerda mucho al
de Atala de Chateaubriand, la verdad es que tiene bastantes perfiles que le son propios.

La obra relata el amor imposible de dos jóvenes en la selva virgen del Ecuador, exótico
marco que el autor describe con detalle, mostrando a los pueblos indígenas orientales
como bárbaros y salvajes. Cumandá, la heroína, que vive entre los salvajes indígenas
que admiran su belleza; Carlos, el amado, cristiano blanco que se enamora
platónicamente de Cumandá; y el Padre Orozco, misionero religioso, que al final
resulta ser el padre de los tiernos amantes, son los personajes más caracterizados.

Pero Cumandá es sobre todo la novela de la selva, de la naturaleza tropical. La selva


es el personaje principal de la obra; frente al protagonismo del paisaje, los personajes
parecen moverse como en un segundo término. Las descripciones que Juan León Mera
hace de la naturaleza primitiva del Oriente ecuatoriano o el relato de las fiestas entre
las tribus salvajes son episodios que confieren interés permanente a la novela.
Escrito en irreprochable estilo y alejado del costumbrismo, el relato propone la
posibilidad de un encuentro entre lo aborigen y lo culto, entre el caos de la selva y el
orden de la formación cristiana. La novela entusiasmó a Juan Valera y a muchos de sus
coetáneos por el conocimiento que revela de la selva y del indio, pero está muy lejos
de producir la misma impresión en la crítica moderna.
Antonio Neumane

Antonio Neumane Marno

Antonio Neumane Marno (Córcega, 13 de junio de 1818 — Quito, 3 de


marzo de 1871) fue compositor, pianista y director de orquesta, autor de la música
del Himno Nacional del Ecuador.
Nació en Córcega el 13 de junio de 1818, hijo de padres alemanes, pero nacido en la
isla de Córcega el 13 de junio de 1818, hijo del Sr. Serafín Neumane y de la Sra.
Margarita Marno. Desde muy joven se despertó en él una marcada vocación musical.
Estudió música en la Universidad de Música y Arte Dramático de Viena, Austria, a
pesar de que sus padres deseaban que estudiara la carrera de medicina. En 1834 se
trasladó a Milán, Italia, donde se desempeñó como profesor en una academia de
música.2 Tres años después regresó a Austria, donde se casó, pero pocos años
después de la boda enviudó. Años más tarde contrajo matrimonio con la soprano
italiana Idálide Turrí en la ciudad de Turín (Italia), radicándose en Ecuador, donde
nacieron sus hijos. El emperador Fernando I de Austria lo condecoró por la
composición de algunos arreglos para la cantante de ópera María Malibrán.
Luego de recorrer varios países de América como director de la orquesta de una
compañía de ópera, llegó al Ecuador en el año 1841, donde se radicó y permaneció
durante diez años. En 1851 se ausentó a Europa, pero al año siguiente volvió para
establecerse definitivamente en Guayaquil, donde fundó una Academia de Música.
Vivía en el tradicional barrio de Las Peñas cuando a principios de 1866, y a solicitud
de la Cámara del Senado, compuso la música y escribió las partituras para el Himno
Nacional del Ecuador, basándose en los versos que para tal efecto habían sido escritos
por el gran poeta ambateño Juan León Mera.
Posteriormente viajó a Quito llamado por el presidente García Moreno, con cuyo apoyo
fundó, el 28 de febrero de 1870, el Conservatorio de Música de Quito, del cual fue su
primer director hasta el día de su muerte, ocurrida el 3 de marzo de 1871.
Antonio Neumane murió en Quito el 3 de marzo de 1871 en el Conservatorio de
Música. Sus restos fueron trasladados a Guayaquil siendo depositados en la Plaza San
Francisco. Su muerte fue gran escándalo en el país.
Sus restos mortales fueron sepultados en el cementerio de El Tejar, y más tarde
trasladados a Guayaquil y depositados en el templo de San Francisco, donde fueron
destruidos por el gran incendio de 1896.
Es conocido por componer el Himno Nacional del Ecuador junto a Juan León Mera. Los
documentos de otras obras suyas se perdieron en el Gran Incendio de Guayaquil de
1896. Pero hay algunas obras que sí sobrevivieron a la catástrofe, tales como
"Nocturno para Fagot"; "La suite ecuatoriana" o la alegría orquestal "Perdón". Una de
sus obras más conocidas es "Pour une damme"; que traducido al español significa:
Para una dama.

Salve, Oh Patria. (Himno Nacional de Ecuador)


Autor:
Letra: Juan León Mera
Música: Antonio Neumane
Año: 1844

CORO
¡Salve, oh Patria! Mil veces , Oh, Patria
Gloria a ti! Ya tu pecho rebosa,
Gozo y paz, y tu frente radiosa,
Más que el sol contemplamos lucir.

ESTROFAS

I
Indignados tus hijos del yugo
que te impuso la ibérica audacia,
de la injusta y horrenda desgracia
que pesaba fatal sobre ti,
santa voz a los cielos alzaron,
voz de noble y sin par juramento,
de vengarte del monstruo sangriento,
de romper ese yugo servil.

II
Los primeros los hijos del suelo
que, soberbio; el Pichincha decora
te aclamaron por siempre señora
y vertieron su sangre por ti.
Dios miró y aceptó el holocausto,
y esa sangre fue germen fecundo
de otros héroes que, atónito, el mundo
vio en tu torno a millares surgir.
III
De estos héroes al brazo de hierro
nada tuvo invencible la tierra
y del valle a la altísima sierra
se escuchaba el fragor de la lid;
tras la lid la victoria volaba,
libertad tras el triunfo venía,
y al león destrozado se oía
de impotencia y despecho rugir.

IV
Cedió al fin la fiereza española,
y hoy, oh Patria, tu libre existencia
es la noble y magnifica herencia
que nos dio, el heroísmo feliz;
de las manos paternas la hubimos,
nadie intente arrancárnosla ahora,
ni nuestra ira excitar vengadora
quiera, necio o audaz, contra sí.

V
Nadie, oh Patria, lo intente. Las sombras
de tus héroes gloriosos nos miran,
y el valor y el orgullo que inspiran
son augurios de triunfos por ti.
Venga el hierro y el plomo fulmíneo,
que a la idea de guerra, y venganza
se despierta la heroica pujanza
que hizo al fiero león sucumbir.

VI
Y si nuevas cadenas prepara
la injusticia de bárbara suerte,
gran Pichincha! prevén tú la muerte
de la patria y sus hijos al fin;
hunde al punto en tus hondas entrañas
cuanto existe en tu tierra: el tirano
huelle sólo cenizas y en vano
busque rastro de ser junto a ti.
UNIDAD EDUCATIVA FISCAL
“FRANCISCO DE ORELLANA”
INVESTIGACION DE ESTUDIOS
SOCIALES

NOMBRE:
ZULEYKA VEGA BRIONES
CURSO:
8 “A”
PROFESOR:
Virgilio veIntimilla
MATERIA:
Estudios sociales

AÑO LECTIVO
2018 - 2019

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