Dmitri Shostakóvich
Ir a la navegaciónIr a la búsqueda
Dmitri Dmítrievich Shostakóvich
Dmitri Shostakóvich en 1950.
Información personal
Nombre de
Dmitri Shostakóvich
nacimiento
Nombre
Дмитрий Дмитриевич Шостакович
nativo
Nacimiento 25 de septiembre de 1906
San Petersburgo, Imperio ruso
Fallecimiento 9 de agosto de 1975, 68 años
Moscú, URSS
Causa de la
Cáncer de pulmón
muerte
Lugar de
Cementerio Novodévichi, Rusia
sepultura
Nacionalidad Ruso (1906-1917)
Sovietico (1917-1975)
Religión Ateísmo
Partido Partido Comunista de la Unión Soviética (desde
político 1960)
Familia
Cónyuge Nina Varzar
Margarita Kaynova
Irina Supínskaya
Hijos Galina Dmítrievna Shostakóva
Maksim Dmítrievich Shostakóvich
Educación
Educación Doctorado en Historia del Arte
Educado en Conservatorio de San Petersburgo (1919-1925)
Información profesional
Ocupación Compositor
Cargos Miembro del Sóviet Supremo de la Unión
ocupados Soviética
Empleador Meyerhold State Theatre
Workers' Youth Theatre (1930-1933)
Conservatorio de San Petersburgo (desde 1937)
Conservatorio de Moscú (1943-1948)
Estudiantes Gueorgui Svirídov
Géneros Ópera, sinfonía, música de cámara y música
clásica
Instrumento Piano
Obras Sinfonía n.º 1
notables Sinfonía n.º 10
Sinfonía n.º 12 (Shostakóvich)
Sinfonía n.º 7 (Shostakóvich)
Miembro de Unión de compositores soviéticos
Academia Nacional de Ciencias
Academia Estadounidense de las Artes y las
Ciencias
Real Academia de Música de Suecia (desde 1954)
Academia Nacional de Santa Cecilia (desde 1956)
Academia de las Artes y de las Ciencias de
Serbia (desde 1965)
Distinciones Medalla "Por el trabajo valiente en la Gran Guerra
Patriótica 1941-1945"
Orden de la Bandera Roja del Trabajo (1940)
Premio Stalin (1941, 1942, 1946, 1950 y 1952)
Artista honorario de la República Socialista
Federativa Soviética de Rusia (1942)
Orden de Lenin (1946, 1956 y 1966)
Artista del Pueblo de la RSFSR (1947)
Artista del pueblo de la URSS (1954)
World Peace Council prizes (1954)
Premio Lenin (1958)
Premio Wihuri Sibelius (1958)
Héroe del Trabajo Socialista (1966)
Medalla de Oro de la Royal Philharmonic
Society (1966)
Medalla «Hoz y Martillo» (1966)
Gran Condecoración de Honor en plata por
Servicios a la República de Austria (1967)
Premio Estatal de la URSS (1968)
Orden de la Revolución de Octubre (1971)
Estrella de la Amistad de los Pueblos (1972)
Orden de la Amistad de los Pueblos (1972)
Premio Musical Léonie Sonning (1973)
Glinka State Prize of the RSFSR (1974)
Premio Nacional Shevchenko (1976)
Firma
Web
Sitio web www.shostakovich.ru
[editar datos en Wikidata]
Dmitri Dmítrievich Shostakóvich (en ruso: Дмитрий Дмитриевич
Шостакович, romanización: Dmitrij Dmitrievič Šostakovič, pronunciación (?·i); San
Petersburgo, 25 de septiembre de 1906-Moscú, 9 de agosto de 1975) fue
un compositor y pianistasovietico, uno de los músicos más importantes del siglo XX.
Shostakóvich se hizo famoso en los años iniciales de la Unión Soviética, con obras como
la Sinfonía n.° 1 o la ópera La nariz, que combinaban con gran originalidad la tradición rusa
y las corrientes modernistas procedentes de occidente. Posteriormente, su música fue
unas veces denunciada como decadente y reaccionaria y otras, alabada como
representativa del nuevo arte socialista por el Partido Comunista de la Unión
Soviética (PCUS). En público, siempre se mostró leal con el sistema soviético, ocupó
responsabilidades importantes en las instituciones artísticas, aceptó pertenecer
al PCUS en 1960 y llegó a ser miembro del Soviet Supremo de la URSS. Su actitud frente
al gobierno y el Estado soviético ha sido objeto de agrias polémicas y se ha discutido
enconadamente si fue o no un disidente clandestino frente a la URSS.
Tras un período inicial en el que parecen primar las influencias de Prokófiev, Ígor
Stravinski y Paul Hindemith, Shostakóvich desarrolló un estilo híbrido del que es
representativa su ópera Lady Macbeth de Mtsensk (1934). Posteriormente derivó hacia un
estilo posromántico, donde destaca la Sinfonía No. 5 (1937), y en el que la influencia
de Mahler se combina con la tradición musical rusa, con Músorgski y Stravinsky como
referentes importantes. Shostakóvich integró todas esas influencias creando un estilo muy
personal. La música de Shostakóvich suele incluir contrastes agudos y elementos
grotescos,1 con un componente rítmico muy destacado. En su obra orquestal destacan
quince sinfonías y seis conciertos; en su música de cámara cabe mencionar especialmente
sus quince cuartetos para cuerdas; también compuso varias óperas, así como música de
cine y ballet.
Índice
1Su vida
o 1.1Sus primeros años
o 1.2Primera denuncia
o 1.3La guerra
o 1.4Los últimos años de Stalin y el deshielo
o 1.5Su vinculación con el partido
o 1.6Sus últimos años
2Su obra
3Su carácter
o 3.1Ortodoxia y revisionismo
4Notas y referencias
5Lecturas complementarias
o 5.1Libros y artículos
6Enlaces externos
o 6.1Audio
7Véase también
Su vida[editar]
Sus primeros años[editar]
Dmitri Shostakóvich en 1925.
Nacido en San Petersburgo, Imperio ruso, Shostakóvich fue un niño prodigio como pianista
y como compositor. Su padre, Dmitri Boleslávovich Shostakóvich, de origen polaco conoció
en 1902 a Sofía Vasílievna Kokoúlina, futura madre del compositor. La pareja contrajo
matrimonio en 1903 y durante los siguientes cinco años dio a luz a sus tres hijos: María,
Dmitri y Sofía Shostakóvich. La música ocupó un lugar muy importante en la vida de la
familia. Su madre fue una gran pianista que tuvo que dejar sus aficiones para dedicarse
plenamente a la maternidad. Sin embargo, gracias a su elemental enseñanza musical, su
oído absoluto y su extraordinaria memoria, Shostakóvich encarriló su camino como futuro
pianista. Tras los acontecimientos de la Primera Guerra Mundial, compuso su primer
poema para piano "El soldado". Años después el compositor confesó que "era un pieza
excesivamente larga, plagada de detalles ilustrativos y de aclaraciones verbales (del tipo
de "aquí disparó el soldado" etc.)".
De una familia intelectual con influencias políticas, en sus años de adolescencia fue testigo
de las revoluciones de 1917 y escribió alguna obra conmemorativa de las víctimas de la
revolución como :"Himno a la libertad", "Marcha fúnebre por las víctimas de la Revolución"
y "Pequeña sinfonía revolucionaria". Shostakóvich fue admitido en el Conservatorio de
Petrogrado, donde recibió las enseñanzas de Maximilian Steinberg. Fue uno de los
alumnos más asiduos y perseverantes. En las clases de composición se les instruía acerca
de las disciplinas de armonía, fuga y contrapunto. Shostakóvich recordaba años después:
"Yo estudiaba con una enorme pasión, diría incluso que con un entusiasmo excesivo.
Recogía ávidamente cuanto me enseñaba Steinberg y absorbía como una esponja cada
una de sus instrucciones y de sus propuestas." Dichas palabras se dieron en forma de
agradecimiento por parte del compositor al que fue su gran maestro. Sin embargo, éste
nunca llegó a comprender la música de su prodigioso alumno. A su vez, recibió clases de
piano de la mano del profesor Leonid Nikoláiev, donde desarrolló nuevas técnicas
pianísticas y aprendió distintas formas de interpretación. Durante su estancia, sufrió las
consecuencias de su falta de interés por la política, y fue suspendido en su examen de
metodología marxista.
El mismo año de su ingresó en el Conservatorio, la familia Shostakóvich sufrió un gran
revés. El padre del compositor cayó gravemente enfermo y finalmente murió el 24 de
febrero de 1922. La falta de dinero hizo que aquellos años fueran duros para el
mantenimiento de toda la familia. A principios de 1923, a Dmitri Shostakóvich le fue
diagnosticada una tuberculosis de los ganglios linfáticos y de los bronquios. Tuvo que
someterse a una operación, lo que supuso nuevos gastos además de numerosas deudas.
Durante su recuperación, en un sanatorio de Koreiz (Crimea), tuvo la oportunidad de
conocer a distintos músicos y entablar nuevas relaciones. A su regreso, obtuvo una beca y
así pudo continuar sus estudios en el Conservatorio. Además, durante los dos años
siguientes, comenzó a trabajar como pianista en una sala de cines de películas mudas.
Nikoláiev dejaba a sus alumnos gran libertad de elección de sus obras. El repertorio de
Shostakóvich era muy extenso pero no muy variado. Entre sus preferencias destacaba
Beethoven mientras que Haydn y Mozart no despertaban un gran interés en el compositor.
Al terminar sus estudios de piano, en el examen final interpretó la "Sonata
"Hammerklavier" de Beethoven con la que obtuvo una gran calificación. Por razones
inexplicables a día de hoy, tras realizar dicho examen no solo fue denegada su solicitud
para el nuevo "curso académico" (también llamado "Aspirantura" o Doctorado), sino que
fue expulsado del Conservatorio por su "gran inmadurez". Ante esta situación, su profesor
Nikoláiev se ofreció a darle clases de piano particulares para así poder continuar con su
carrera. Sin embargo, dichas clases fueron muy irregulares y, ante semejante situación,
comenzó a dedicarle tiempo a la composición en lugar de a su carrera como pianista.
A principios de 1926, intentó reanudar sus estudios y esta vez fue admitido en el área de
composición. Sin embargo, continuó ampliando su técnica y repertorio en el ámbito
pianístico. En sus actuaciones públicas interpretaba no solo música clásica o
contemporánea sino también música rusa y extranjera. Varias obras de Schuman,
Beethoven y Chopin fueron elegidas para su nuevo repertorio así como composiciones de
Prokófiev, Rajmáninov y Liádov. Por otra parte, también realizó sus primeros intentos
como director de orquesta en el Conservatorio. La primera obra musical que obtuvo fama
internacional la compuso a los 19 años: la Sinfonía n.º 1 en fa menor, Op. 10 (1925), que
presentó como trabajo de graduación y que ganaría el primer premio de composición.
Cuando la obra fue estrenada por la Orquesta Filarmónica de Leningrado, el 12 de mayo
del año siguiente, el júbilo se apoderó de los medios artísticos de la joven República
soviética. El éxito de la sinfonía en Europa y América corroboró la revelación de un nuevo
talento y, lo que era aun más decisivo, del primer gran autor de la "nueva Rusia".
Shostakóvich transmitió su impresión tras el concierto de la siguiente forma: " Ayer mi
sinfonía resultó muy bien. Se percibía la complicidad entre el compositor, el director, la
orquesta y el auditorio. El éxito fue enorme. La sala estaba llena. El público aplaudió largo
tiempo y tuve que saludar cinco veces. Todo salió extraordinariamente bien... Todo sonó
perfectamente. Todavía estoy aturdido: por la sinfonía, por la interpretación, por el éxito, en
una palabra, por todo".
Durante sus años de aprendizaje, siguió firmemente las nuevas tendencias que iban
surgiendo en el ámbito artístico. Sin embargo, nunca se sometió profundamente a la
vanguardia por su juventud. Tras la graduación, sufrió una "crisis de compositor" acerca de
su futuro y de si realmente era válido para la música. Finalmente, tras superarla, decidió
iniciar una carrera doble como compositor y pianista, pero su estilo frío de interpretación no
fue demasiado apreciado. Escribió así una "Sonata para piano" en un solo movimiento,
rompiendo tanto con la tonalidad como con los esquemas formales. Pronto limitaría sus
actuaciones básicamente a aquellas en las que presentaba sus propios trabajos.
En 1927 compuso su Sinfonía nº2 (denominada Dedicatoria a Octubre). Mientras
componía esta sinfonía comenzó a escribir su ópera satírica La nariz, basada en
un cuento de Nikolái Gógol. En cada página de la partitura hay ideas marcadas por su
fuerte personalidad y carácter. En La nariz se utiliza casi de principio a fin el recitativo en
lugar del canto tradicional. En 1929, su ópera fue tildada de “formalista” por la Asociación
Rusa de Músicos Proletarios, una de las asociaciones de músicos de la URSS.
En 1927 comenzó también su relación con Iván Sollertinsky, que sería su mejor amigo
hasta su muerte en 1944. Sollertinsky dio a conocer a Shostakóvich la obra de Gustav
Mahler, que iba a tener una gran influencia en su música a partir de su Cuarta sinfonía.
Hacia finales de los años veinte Shostakóvich colaboró con el TRAM, un teatro juvenil
proletario de Leningrado. Aunque desarrolló poca actividad, el puesto lo protegió de
ataques ideológicos. Durante este tiempo se dedicó intensamente a componer su
ópera Lady Macbeth de Mtsensk, que se estrenó en 1934 y tuvo un éxito inmediato,
aunque luego fue prohibida en su país durante veintiséis años.
En 1932 contrajo matrimonio con su primera esposa, Nina Varzar. Aunque las dificultades
que tuvieron desde el principio los llevaron al divorcio en 1935, la pareja se reconcilió poco
tiempo después.
Primera denuncia[editar]
En 1936, Pravda publicó una serie de ataques contra su música. En un famoso artículo
titulado Caos en vez de música, se condenó a Lady Macbeth en términos drásticos,
acusándola de esnobismo antipopular, pornofonía y formalismo. El artículo no tenía firma y
se creía que el mismo Stalin era el autor. Los biógrafos de Shostakóvich no han
establecido en forma unánime la verdadera autoría del artículo. Es posible que su autor
fuese el editor del Pravda David I. Zaslavski (1880-1965) o el funcionario del área de
cultura Víktor Gorodinski.2
Las representaciones de la ópera, que estaban teniendo lugar simultáneamente en varios
teatros, fueron suspendidas y el compositor vio desplomarse sus ingresos y su prestigio,
en un contexto en el que la represión política estaba haciendo estragos. Era la época de
las grandes purgas, en las que amigos y conocidos del compositor fueron enviados a
prisión o ejecutados.[cita requerida] En este periodo nació su hija Galina en 1936; su hijo
Maksim nació dos años después.
Tras algunos ensayos, en diciembre de 1936 Shostakóvich retiró su Cuarta sinfonía sin
llegar a estrenarla, probablemente por temor a la reacción que pudiera provocar. La
sinfonía, una de las más trágicas del compositor, podría haber caído como una bomba en
el clima de terror que las autoridades soviéticas pretendían encubrir con obras de arte
brillantes y optimistas. La obra, que exige una enorme orquesta, no fue estrenada hasta
1961 y, hasta hoy sigue siendo una de sus sinfonías menos conocidas.
Su Quinta sinfonía, estrenada en 1937, es musicalmente conservadora. En ella la trágica
emotividad de los movimientos lentos se combina con un dinamismo electrizante. La
apoteosis final de la obra ha sido interpretada como optimista por unos, como burla a una
alegría forzada por otros. Afortunadamente para Shostakóvich, el régimen entendió lo
primero y ensalzó la obra, que fue un gran éxito en su país. Aunque recibió malas críticas
en Occidente, la Sinfonía n.º 5 era una de las sinfonías más populares del siglo XX. Fue en
esa época cuando Shostakóvich comenzó a escribir cuartetos para cuerdas. Sus trabajos
de cámara le permitieron experimentar y expresar ideas que hubieran sido inaceptables en
sus piezas sinfónicas más populares.
En septiembre de 1937, comenzó a enseñar composición en el conservatorio, lo cual le
brindó cierta estabilidad financiera pero a la vez interfirió con su propio trabajo creativo.
La guerra[editar]
Prokófiev, Shostakóvich y Jachaturián en 1940.
Cuando Alemania atacó la URSS en 1941, Shostakóvich permaneció inicialmente
en Leningrado durante el asedio y comenzó su Séptima sinfonía, conocida precisamente
como Leningrado. En octubre de 1941, el compositor y su familia fueron evacuados hacia
Kúybishev (ahora Samara), donde terminó su trabajo, que fue adoptado como símbolo de
la resistencia soviética tanto en la URSS como en Occidente.
En la primavera de 1943, toda la familia se trasladó a Moscú. De esa época es la Octava
Sinfonía, trabajo extenso y oscuro que no fue aprobado por las autoridades. La obra fue
muy poco interpretada, pese a su excepcional calidad a juicio de gran parte de la crítica
actual. De la Novena Sinfonía (1945) esperaban las autoridades una música adecuada a
las resonancias históricas del número 9 en lo sinfónico y a la marcha victoriosa de la
guerra contra Alemania. Esas expectativas fueron frustradas por el compositor con una
extraña sinfonía, con alusiones a Rossini y momentos que parecen pura música circense.
El 10 de febrero de 1948, Shostakóvich y otros compositores (Prokófiev, que optó por el
silencio, o Jachaturián, que cedió a la presión) fueron condenados por «desviaciones
formalistas antipopulares» a través de la resolución del Politburó del Partido Comunista de
la Unión Soviética sobre la ópera "La Gran Amistad", de Vanó Muradeli, también conocida
como decreto Zhdánov. Sus composiciones fueron prohibidas y fueron retirados los
privilegios de los que gozaba la familia del compositor. Solo en 1958, tras la muerte de
Stalin, el PCUS consideró injustas las críticas y levantó las prohibiciones de las
composiciones condenadas en las resoluciones de 1948.
Los últimos años de Stalin y el deshielo[editar]
En los años siguientes a la condena de 1948, Shostakóvich compuso trabajos oficiales
para asegurar su reivindicación oficial, a la vez que trabajaba en obras serias «para el
cajón del escritorio». Entre estos estaban el Concierto para violín Nº 1 en La menor,
dedicado a David Óistraj y que no se estrenaría hasta después de siete años de su
redacción, y el ciclo de canciones De la poesía popular judía (Op. 79), obra que ha
provocado controversia por sus indudables connotaciones políticas. Hay quien ha visto en
este ciclo de canciones un acto heroico de afirmación crítica contra el antisemitismo ruso,
entonces promovido por las autoridades soviéticas. Laurel Fay dice, en cambio, que
Shostakóvich estaba intentando adecuarse a la política oficial adoptando la canción
popular como tema de inspiración. Las tres últimas canciones del ciclo, en las que se
glorifica la situación de los judíos «en la nueva Rusia», parecen abundar en la
interpretación de Fay.
Las restricciones impuestas a la música de Shostakóvich y sus condiciones de vida
mejoraron en 1949, cuando Shostakóvich fue enviado con una delegación de
personalidades soviéticas a Estados Unidos. Ese mismo año, escribió su cantata Canción
de los Bosques, la cual elogiaba a Stalin como el «Gran Jardinero». En 1951 el compositor
se convirtió en diputado del Sóviet Supremo.
Shostakóvich se representó a sí mismo en algunos trabajos con el motivo DSCH: D-E♭-C-B.
A la muerte de Stalin en 1953 e inicio del deshielo de Jrushchov siguió la Décima sinfonía,
una de sus composiciones más populares, a menudo descrita como una tragedia
optimista. La sinfonía contiene el famoso «tema Shostakóvich», que deriva de las iniciales
del nombre y apellido del compositor, transliteradas al idioma alemán, es decir «D SCH».
En la notación musical alemana, la serie D–Es–C–H representa los sonidos re natural, mi
bemol, do natural, si natural. En el tercer movimiento de su Décima sinfonía, Shostakóvich
usa ese motivo DSCHjunto con otro que representa el nombre «Elmira», en homenaje a su
alumna Elmira Nazírova. Siglos antes, Johann Sebastian Bach había usado el mismo
recurso con las letras B–A–C–H que, también en la notación alemana, representan los
sonidos si bemol, la natural, do natural, si natural.
Durante los años cuarenta y cincuenta, Shostakóvich tuvo una relación muy cercana con
dos de sus alumnas, Galina Ustvólskaya y la citada Elmira Nazírova. Ustvólskaya fue
alumna del compositor entre 1937 a 1947. La naturaleza de su relación no está clara:
mientras que Rostropóvich la describe como «tierna», Ustvólskaya dijo en una entrevista
en 1995 que había declinado una propuesta de matrimonio suya en los años cincuenta. La
relación con Nazírova parece haber sido unilateral, según las cartas que él le escribía, y se
puede datar entre 1953 y 1956. En el trasfondo estaba el matrimonio abierto de
Shostakóvich con Nina Varzar, quien murió en 1954. Shostakóvich contrajo matrimonio
con su segunda esposa Margarita Kaynova en 1956; tres años después se divorciaron.
La Undécima sinfonía de 1956-1957 se titula 1905 en referencia explícita a los sucesos
revolucionarios que ocurrieron ese año en el marco de la Revolución Rusa de 1905.
Algunos han querido ver también en esta obra una referencia a la Revolución Húngara de
1956.
De 1958 es su opereta en tres actos Moscú, Cheryómushki, Op. 105.
Su vinculación con el partido[editar]
Rostropóvich, Shostakóvich y Richter en 1968.
El año 1960 marcó otro punto de ruptura en la vida de Shostakóvich: se vinculó al Partido
Comunista. Este evento ha sido interpretado como una muestra de compromiso o de
cobardía, o como resultado de la presión. [cita requerida]
En este periodo también fue afectado por la poliomielitis que comenzó a sufrir en 1958.
La respuesta musical de Shostakóvich a estas crisis personales fue su Octavo cuarteto de
cuerdas, que al igual que su Décima sinfonía incorpora diversos códigos y citas.
En 1962 el compositor contrajo matrimonio por tercera vez. La novia, Irina Supínskaya,
tenía sólo 27 años. Ese mismo año Shostakóvich volvió al tema del antisemitismo en
su Sinfonía n.º 13, Babi Yar. La obra es una sinfonía coral basada en poemas de Yevgueni
Yevtushenko, el primero de los cuales conmemora una masacre de judíos durante
la Segunda Guerra Mundial. Hay opiniones contrapuestas en cuanto al riesgo asumido por
el compositor al estrenar esta obra. El poema de Yevtushenko había sido publicado y no
había sido censurado, aunque era controvertido. Después del estreno de la sinfonía,
Yevtushenko fue presionado para que añadiera a su poema una estrofa en la que se decía
que rusos y ucranianos habían muerto junto a los judíos en Babi Yar. [cita requerida]
Sus últimos años[editar]
En sus últimos años de vida la salud de Shostakóvich estuvo seriamente quebrantada por
una mielitis, probablemente consecuencia del cáncer, y por problemas cardíacos. La
mayoría de sus últimos trabajos –su Decimocuarta y Decimoquinta sinfonías, y los últimos
cuartetos– son oscuros e introspectivos. Atrajeron muchas críticas favorables de
Occidente, ya que no tenían los problemas de interpretación que tenían sus anteriores
trabajos, que eran piezas más públicas.
Shostakóvich, que había sido un gran fumador, murió de cáncer de pulmón el 9 de agosto
de 1975. Fue enterrado en el cementerio de Novodévichy en Moscú, Rusia. Su hijo, el
pianista y director Maksim Shostakóvich, fue el dedicatario y primer intérprete de varios de
sus trabajos.
Su obra[editar]
Este artículo o sección necesita referencias que aparezcan en una publicación
acreditada.
Este aviso fue puesto el 12 de diciembre de 2010.
Véase también: Anexo:Obras de Dmitri Shostakóvich
La música de Shostakóvich muestra la influencia de varios de los compositores a los que
admiraba: Bach en sus fugas y sus passacaglias; Beethoven en sus últimos
cuartetos; Mahler en sus sinfonías y Berg en el uso de códigos musicales y de citas. Las
composiciones de Shostakóvich son ampliamente tonales dentro de la tradición romántica,
pero con elementos de atonalidad, politonalidad y cromatismo. En algunas composiciones
tardías (por ejemplo, en el Duodécimo cuarteto) Shostakóvich utilizó series dodecafónicas.
Muchos comentaristas han notado una diferencia clara entre sus obras anteriores a las
críticas de 1936 y los trabajos posteriores, más conservadores.
Indudablemente las quince sinfonías forman el núcleo de la obra shostakoviana, al menos
en lo que hace a popularidad. A juzgar por el número de versiones discográficas en el
mercado y de interpretaciones en salas de conciertos la Sinfonía No. 5 parece ser la más
popular, seguida a buena distancia por la No. 7, Leningrado y luego por las sinfonías
números 1, 10, 9 y 8. De los seis conciertos, dos para piano, dos para violín y dos para
violonchelo, el primero de cada pareja parece ser bastante más popular que el segundo.
Entre los cuartetos para cuerdas, muy frecuentemente interpretados en años recientes, en
número de grabaciones discográficas el No. 8 destaca claramente sobre los demás. Otras
obras muy interpretadas y grabadas son el Trío para piano, violín y violonchelo n.º 2 y
el Quinteto para piano y cuarteto de cuerdas.
Diferenciar en la obra de un compositor lo que es mejor y lo que es peor es tarea vana si lo
que se quiere es hacer ciencia, ya que los juicios de valor son inverificables y la
musicología ha de ser empíricamente verificable. Sin embargo, las preferencias del público
y de la crítica son datos objetivos. Las composiciones antes citadas están sin duda entre
las obras más "accesibles" de Shostakóvich. Varias, por ejemplo la Sinfonía n.º
5, la Sinfonía n.º 7, Leningrado y el Quinteto para piano y cuerdas, siguen muy fielmente
los patrones de la música tonal en los que a menudo coincidió el gusto del público
occidental y el "posromanticismo patriótico" que los líderes de la URSS reclamaron de
Shostakóvich durante varias décadas. No es el caso de la Sinfonía n.º 9 que recibió duras
críticas en la URSS y que ahora parece ser de las más populares, aunque, por ejemplo,
muchos de quienes conocen bien la obra shostakoviana la considerarían una obra menor
comparada con cualquiera de las tres últimas sinfonías. La n.º 9 es en el ciclo sinfónico la
obra en la que el compositor parece adoptar en máximo grado la actitud de bufón o, dicho
menos claramente, el uso histriónico, humorístico y sarcástico de la música. Dado el
significativo carácter del número 9 en las series sinfónicas (ni Beethoven ni Schubert ni
Bruckner ni Mahler pasaron de él) y las expectativas de los dirigentes rusos (que
esperaban que "su compositor" les compusiera "otra novena" grandiosa una vez ganada la
gran guerra patriótica contra el nazismo), la Novena Sinfonía de Shostakóvich parece ser
interpretable en clave de burla, no sabemos si de la muerte, de los políticos del Kremlin, de
la comunidad mundial de compositores o quizá de todos ellos. Pero esa burla parece ser
muy del gusto del público actual.
Público y crítica han coincidido sin embargo en apreciar significativamente la Sinfonía n.º
1, en la que las influencias evidentes de otros compositores sobre el compositor casi
adolescente que la compuso no solo no anulan sino que realzan su genialidad. Difícil seria
hacer algún reparo contra esa obra que desborda melodías instantáneamente atractivas,
cambios de humor que mantienen la atención del oyente al máximo y una pujanza juvenil
que convierte su audición en una experiencia jubilosa. Una obra maestra de un genio
precoz. De las dos sinfonías siguientes no puede decirse lo mismo. Siempre encontraron
las reticencias de la crítica y la extrañeza del público. El vanguardismo estilístico de
ambas, mal casado con textos de carácter propagandístico, no pareció calar bien en
ninguna parte. No parece extraño que sean de las sinfonías menos populares del
compositor. La Sinfonía n.º 4 es otra cosa, sin embargo. Que no fuera interpretada hasta
1961, casi tres décadas después de haber sido compuesta, y que la orquesta que requiere
sea descomunal, la mayor de las exigidas en cualquier sinfonía de Shostakóvich, son sin
duda razones por las que esta sinfonía que se interpreta muy raramente podría
considerarse infravalorada. Según Laurel Fay, cuando el compositor la oyó interpretada
dijo emocionado que era lo mejor que había escrito en toda su vida3 y, desde luego, la
audición de esta sinfonía en directo es una experiencia que puede ser transcendente. Pero
si en la Primera Sinfonía el mensaje fundamental es de pujanza, brío y ánimo vital, el final
de la Cuarta en un pedal larguísimo que desaparece en la nada puede suscitar todo tipo
de pensamientos ominosos tras casi una hora de música en la que los ritmos siniestros, la
ironía y la sensación de inseguridad y violencia son sobrecogedoras. No es de extrañar
que esta música fuera compuesta en un periodo histórico y un país en el que muchos,
incluido el compositor, temían por su vida. Es esta una sinfonía que, como sucede también
por ejemplo con la Quinta o la Novena de Mahler, incluso el mejor equipo de sonido deja
caricaturizada.
De las sinfonías Quinta, Sexta y Séptima de Shostakóvich se ha escrito mucho, pero no
así de la Octava, que suele ser una de las sinfonías menos interpretadas aunque más
apreciadas por algunos. El compositor polaco Krzysztof Meyer4 afirma que es una obra
maestra. Compuesta cuando el Ejército Rojo estaba a punto de derrotar a Alemania, su
carácter ambiguo en el que predomina una mirada introspectiva y a menudo trágica, cayó
como una bomba entre los dirigentes rusos. En muchos casos la crítica occidental
tampoco pudo digerirla. Quizás la ya fuerte influencia en aquellos años del dogmatismo
dodecafónico hacía que algunos críticos vieran en ella una nueva aplicación de recetas
compositivas periclitadas, de la misma manera que en la Quinta Sinfonía se habían visto
simplemente "migajas caídas de la mesa de un banquete romántico" que algún crítico
español dijo odiar.5
Las sinfonías números 10 y 11 forman un díptico en el que el molde sinfónico tradicional es
reutilizado por el compositor con una enorme maestría. Parece como si Shostakóvich
hubiera querido demostrar que en los viejos odres de los cuatro movimientos de la forma
sinfónica tradicional pueden criarse vinos nuevos, que son además buenos. En la Décima
Sinfonía la firma musical del compositor (el motivo re, mi bemol, do, si, o sea, DSCH en
nomenclatura musical germánica) es el núcleo estructural de una obra que, yendo de la
oscuridad a la luz parece recuperar de alguna manera el optimismo que muchos años
antes había brillado en la Primera Sinfonía. La Sinfonía n.º 11, subtitulada "1905" en
alusión a la crisis revolucionaria de ese año en Rusia, podría considerarse como la más
conseguida entre las sinfonías programáticas de Shostakóvich. Sean los campesinos y
obreros rusos masacrados en el Domingo Rojo de 1905 por las tropas zaristas6 (como
indican el subtítulo de la sinfonía y los títulos de sus cuatro movimientos), sean los
estudiantes, trabajadores y ciudadanos húngaros en general, masacrados por las tropas
rusas en 1956, poco antes de la composición de la obra (subtexto que se ha sugerido
como posible interpretación de la obra y que, según indica Laurel Fay,3 fue expresamente
negado por el compositor antes de su muerte, lo cual no significa necesariamente que sea
falso), quien sin duda habita en los compases de esta obra es el dinamismo de los
tumultos callejeros y de los disturbios en los que se enfrentan fuerzas muy desiguales.
Esta Sinfonía n.º 11, repleta además de referencias a canciones revolucionarias rusas e
internacionales (como La Varsoviana, en España muy usada por los anarquistas de la
CNT), que aluden entre otras cosas a la represión política, es todo un prodigio de
polisemia.
Ian MacDonald se indignaba contra los comentarios que consideraban la Sinfonía n.º 12,
El año 1917, como un fracaso, pero su opinión en esto7 parece ser no solo minoritaria sino
absolutamente marginal. Casi nadie defiende esta sinfonía de poco más de media hora de
duración en la que pareciera que el compositor se ha atascado en un material musical que
repite machaconamente, casi hasta la saciedad. Un dato enigmático es la presencia de un
motivo de la Suite Lemminkainen de Sibelius, cita evidente para la que no se ha dado
hasta ahora ninguna explicación convincente.
Muchos de quienes conocen las quince sinfonías de Shostakóvich consideran que en las
tres últimas se halla lo mejor de su producción sinfónica. Quienes se inclinan más hacia el
vanguardismo musical suelen optar por la Sinfonía n.º 14, mientras que la n.º 13, Babi Yar,
o la n.º 15 suelen ser la elección de quienes miran más hacia la tradición sinfónica y hacia
el siglo XIX. Sea como fuere, estas tres sinfonías, completamente distintas entre sí, casi
como si hubieran sido compuestas por tres compositores distintos, están a juicio de
muchos críticos musicales entre lo mejor que la forma sinfónica produjo en el siglo XX. Sin
embargo, la Sinfonía n.º 14, instrumentada para orquesta de cámara, con dos solistas que
cantan poemas de autores diversos, pero todos referentes a la muerte, en sus once
movimientos, no parece realmente una plasmación fiel de la forma sinfónica. Tampoco lo
es la Sinfonía n.º 13, que con solista y coro que intervienen en sus cinco movimientos
parece ser mucho más un oratorio. En la Sinfonía n.º 15 el compositor volvió a la música
puramente instrumental y a la estructura en cuatro movimientos, en los que sobre las citas
de sí mismo y de otros (Rossini y Wagner sobre todo) Shostakóvich construyó lo que
podría interpretarse como un enorme mausoleo musical.
De los seis conciertos de Shostakóvich (dos para piano, dos para violín y dos para
violonchelo) los de piano son simpáticos e intrascendentes (sobre todo el segundo) y, del
resto, el Concierto n.º 1 para violín parece ser el que suscita mayor consenso y
entusiasmo de crítica y público, por la introspección y la vehemencia emotiva de sus
movimientos lentos y la alegría contagiosa de su final. De los seis, es en el Concierto n.º 2
para violonchelo donde Shostakóvich se acercó más a la vanguardia.
La obra de Shostakóvich para grupos de cámara, para voz con acompañamiento y para
piano solista es inmensa. De los quince cuartetos el Octavo es claramente el más popular.
Se dice y parece haber pruebas que lo sugieren3 que el compositor pensaba suicidarse y
que compuso esta obra a modo de réquiem. Construido todo él sobre el núcleo DSCH, el
cuarteto tiene una unidad estructural monolítica y es una de las obras en las que más
claramente se expresa la voz trágica del compositor, que, no obstante, se refirma una y
otra vez con su firma musical. No hay firma en cambio en el Cuarteto n.º 13, una obra
descarnada y gélida que plantea musicalmente los interrogantes de la vida humana.
Saliendo de la tonalidad Shostakóvich parece irse en este cuarteto del mundo conocido,
quizá para adentrarse con el aullido final de un violín en el más allá.
El Trío n.º 2 para violín, violonchelo y piano tiene esquemas tonales y melodías que
sugieren el folclore judío. Fue dedicada a la memoria de su amigo íntimo Iván Sollertinsky.
La Sonata para violín y piano fue compuesta para David Óistraj, quien la estrenó
con Sviatoslav Richter. Este confesó en sus memorias8 que no le gustaba demasiado la
obra.
Un sello de Rusia con el retrato de Shostakóvich.
Shostakóvich compuso también música para películas y para la escena, ballets, óperas y
una opereta. Su ópera Lady Macbeth del distrito de Mtsensk revisada como Katerina
Izmáilova, parece haberse convertido ya en parte del repertorio operístico. Shostakóvich
optó en ella por un naturalismo antirromántico (se dice que los glissandi pornográficos de
los trombones provocaron el escándalo de Stalin) al que es difícil encontrarle una
explicación clara (Taruskin ha hecho un intento). La nariz, ópera cómica basada en un
texto de Gógol, es probablemente una de las obras más conseguidas del Shostakóvich de
juventud, empeñado en enlazar con la tradición satírica rusa y a la vez con las tendencias
musicales de su tiempo. Vólkov comentó en la introducción de Testimonio que
Shostakóvich adoptó a menudo el papel del yuródivy o iluminado y el yuródivy desempeña
un papel importante en la ópera de Músorgski, Borís Godunov, que Shostakóvich admiraba
y de la que produjo una nueva orquestación. Siguiendo a Mahler, que se atrevió hasta con
Beethoven, Shostakóvich no tuvo reparos en enmendarle la plana a otros y así orquestó
también las Canciones y danzas de la muerte de Músorgski y la Canción de la pulgade
Beethoven y reorquestó el Concierto para violonchelo de Schumann. Pero, según cuenta
Michael Steinberg en sus comentarios a la Décima Sinfonía de Mahler, Shostakóvich no se
atrevió o no quiso terminar esta obra inacabada, tarea en la que intentó interesarle a
finales de los años cuarenta el musicólogo canadiense Jack Diether.
Su carácter[editar]
Shostakóvich era de varias formas un hombre obsesivo. Según su hija, estaba
«obsesionado con la limpieza» (Árdov p. 139); sincronizaba los relojes en su apartamento;
regularmente se enviaba cartas a sí mismo para probar cómo estaba funcionando el
servicio postal. En el libro Shostakovich: A Life Remembered, de Wilson, se listan 26
referencias a su nerviosismo. El director de teatro Yuri Lyubímov comenta que «el hecho
de que él fuera más vulnerable y receptivo que las demás personas era sin duda alguna un
componente importante de su genialidad» (Wilson p. 183). En sus últimos años de vida,
Krzysztof Meyer recordó: «Su cara era una bolsa de tics y gestos» (Wilson p. 462).
Cuando estaba de buen humor, el deporte era una de sus principales distracciones,
aunque prefería quedarse como espectador o como árbitro para participar (era árbitro de
fútbol calificado). También le gustaban el ajedrez y los juegos de cartas, particularmente el
solitario.
Ambas caras, oscura y clara, de su personalidad se hacían evidentes por su afición por los
escritores satíricos como Gógol, Chéjov y Mijaíl Zóschenko (Wilson p. 41). La influencia de
los anteriores se puede ver en sus cartas, en las que hace parodias perversas de los
funcionarios soviéticos. [cita requerida]
Shostakóvich era tímido por naturaleza. Flora Litvínova dijo que «era incapaz de decir “no”
a cualquier persona» (Wilson p. 162). Esto significaba que era fácilmente persuasible para
firmar comunicados oficiales, incluyendo una denuncia pública de Andréi Sájarov en 1973.
Ortodoxia y revisionismo[editar]
La respuesta de Shostakóvich a las críticas oficiales es discutible. Está claro que
aparentemente era parte del Estado. Pronunció discursos, o los leyó al menos, y firmó
artículos que expresaban la línea de pensamiento del gobierno. También es generalmente
aceptado que le disgustaba el régimen, punto de vista confirmado por su familia, sus
cartas a Isaak Glikman y la cantata satírica Rayok antiformalista, que ridiculiza la campaña
antiformalista y que se mantuvo oculta incluso después de su muerte.9
Lo que es incierto es hasta qué punto Shostakóvich trataba de mostrar su oposición al
régimen a través de su otra música. El punto de vista revisionista fue expuesto
por Solomón Vólkov en su libro Testimonio en 1979, que Vólkov presentó como si fueran
las memorias de Shostakóvich y cuya falsedad parece haber sido claramente demostrada
por el libro de Malcolm Brown. El Shostakóvich que supuestamente habla
en Testimonio dice que muchas de sus obras contienen mensajes en clave contra el
gobierno. Que esos mensajes en clave existan o no, es, claro está, independiente de que
Vólkov sea o no un farsante. Que Shostakóvich incorporaba citas y alusiones en su trabajo
es evidente, al igual que lo es su firma musical DSCH. Su colaborador por mucho
tiempo, Yevgeny Mravinsky, dijo que «Shostakóvich explicaba frecuentemente sus
intenciones con imágenes y connotaciones» (Wilson p. 139). La perspectiva revisionista ha
sido apoyada por los hijos del compositor, Maksim y Galina, y por varios músicos rusos. La
viuda Irina en general apoya esta tesis, pero afirma que Testimonio es una falsificación de
Vólkov. Un revisionista prominente fue el fallecido Ian MacDonald, experto en Los Beatles
y en Shostakóvich. Su libro The New Shostakovich interpreta la música de Shostakóvich
en clave conspirativa, casi cada corchea tiene un significado. Los antirrevisionistas niegan
la autenticidad de Testimonio y alegan que Vólkov hizo una compilación de diversos
artículos, chismes y posiblemente alguna información obtenida directamente del
compositor. Más en general, argumentan que la significación de Shostakóvich está más en
su música que en su vida, y que buscar mensajes políticos no mejora sino que va en
detrimento del valor artístico de la música del compositor. Entre los antirrevisionistas
destacan Laurel Fay y Richard Taruskin.
El libro de Elizabeth Wilson Shostakovich: A Life Remembered brinda interesantes
testimonios sobre el compositor. En español, el libro Shostakóvich: su vida, su obra, su
época, del compositor polaco Krzysztof Meyer, proporciona una introducción accesible a la
vida y la obra de Shostakóvich.