LEYENDAS
Leyenda de Robin Hood
Robin Hood es un personaje del folclore inglés, inspirado en una persona real,
probablemente Ghino di Tacco, forajido italiano. Si bien, como todas las leyendas, su
historia fue originalmente de transmisión oral, existen menciones escritas a Robin Hood
desde 1377.
Según la leyenda, Robin Hood era un rebelde que defendía a los pobres y desafiaba el
poder. Se escondía en el Bosque de Sherwood, cerca de la ciudad de Nottingham. Se
caracterizaba por su destreza como arquero. Se lo conoce también como “el príncipe de
los ladrones”.
EL CONEJO EN LA LUNA
Existe una leyenda misteriosa que nos habla del dios azteca Quetzalcóatl. Según esta leyenda, en
una tarde de verano, el dios azteca Quetzalcóatl pensó que podía ser muy buena idea ir a dar un
paseo. Pero se olvidaba de que su aspecto, en forma de serpiente emplumada, podría atemorizar
al mundo. De esta forma decidió que lo mejor sería bajar a pasear a la Tierra tomando un nuevo
aspecto humano y común.
Caminó sin parar durante todo el día el dios Quetzalcóatl disfrutando plenamente de todos los
maravillosos paisajes que le brindaba la preciosa Tierra. Y tras mucho caminar, cuando ya parecía
despedirse el Sol entre las luces rosadas y mágicas del atardecer, Quetzalcóatl sintió un hambre
terrible que le apretaba el estómago, además de un fuerte cansancio. Pero a pesar de todo aquel
malestar, Quetzalcóatl no se detuvo en su camino.
Finalmente cayó la noche, y junto a una hermosa y casi anaranjada Luna, brillaban miles de
estrellas que eclipsaban al mismísimo dios. Y en ese justo instante Quetzalcóatl pensó que debía
parar su paseo y descansar finalmente para reponer fuerzas. La belleza del firmamento le había
hecho darse cuenta de que el mundo merecía contemplarse con detenimiento y verdadera
atención.
Tomó asiento en aquel mismo instante sobre una piedra gruesa del camino, y al poco tiempo se le
aproximó un conejito que parecía observarle con mucha atención mientras movía los finos
bigotes.
¿Qué comes?- Dijo el dios al conejo.
Como una deliciosa zanahoria que encontré por el camino. ¿Deseas que la comparta contigo?
No gracias, no puedo quitarle su sustento a un ser vivo. Tal vez mi verdadero destino sea pasar
hambre y desfallecer como consecuencia de ello y también de mi enorme sed.
¿Y por qué habría de pasar algo tan terrible si yo puedo ayudarte? – Replicó el conejo.
Eres muy amable, conejito. Sigue tu camino y no te preocupes por mí. – Exclamó apesadumbrado
y agotado el dios Quetzalcóatl.
Solo soy un pequeño e insignificante conejo. No dudes en tomarme como tu alimento cuando
creas que no puedes más. En la Tierra, todos debemos encontrar la manera de sobrevivir.
Quetzalcóatl se quedó completamente conmocionado ante aquellas palabras del conejo y lo
acarició con mucho cariño y emoción. Después lo cogió entre sus manos y lo alzó hacia el cielo, en
dirección al brillo que despedían las estrellas en la noche. Tal alto lo subió con sus propias manos,
que su silueta quedó grabada en la gran Luna casi anaranjada. Mientras Quetzalcóatl volvía a
descender sus brazos con el conejo entre las manos, observaba el magnífico grabado que había
quedado en el cielo. La imagen del conejito quedaría para siempre en el firmamento, para que
fuese recordada siglos y siglos por todos los hombres que habitaran la Tierra como premio por su
bondad.
Después Quetzalcóatl se despidió del conejo, y agradeciéndole nuevamente su amabilidad,
continuó su camino. El pequeño conejito no podía creer lo que había visto. Aquel hombre tenía
aspecto de humano, pero se comportaba con una grandeza fuera de lo normal.
Y con aquella reflexión observó anonadado el brillo de su silueta en la Luna durante mucho,
mucho, tiempo.
El Martillo de Thor : Leyenda infantil
Poblaron en una época el interior de la tierra, una serie de enanos famosos por sus excelentes
trabajos artesanos. En una ocasión, aquellos enanos se preparaban para fabricar regalos que
pretendían reglar a los dioses, cuando uno de los enanos, llamado Brok, se puso a fanfarronear
ante todos aquellos regalos:
– ¡Buah! Esos regalos no valen nada- Dijo muy ufano el enano- Mi hermano fabrica con oro y
hierro cosas muchísimo mejores.
– Pues si es así, que lo demuestre- Dijeron algunos enanos molestos ante lo que parecía soberbia.
Tras aquello, Brok y su hermano se pusieron manos a la obra, y tras varios días, volvieron cargados
con un jabalí de oro, un anillo precioso, y un martillo con poderes mágicos. El juez de aquella
batalla fue el dios Loki, dios de las travesuras y del engaño, que convocó a todos los dioses para
que ellos mismos decidieran cuál les parecía el mejor de todos los regalos fabricados.
Cuando le llegó el turno a Brok, presentó en primer lugar su jabalí de oro, que brillaba más que el
sol y podía correr por la tierra, mar y aire. A continuación, sacó el anillo maravilloso que, cada
nueve noches, producía efectos cada vez más hermosos. Y para terminar, puso en manos del dios
Thor el poderoso martillo, diciéndole:
– He aquí la que será tu gran arma, ya que con ella vencerás siempre y nunca te abandonará…
Y el dios Thor, entusiasmado con el regalo, decidió tan solo con aquella satisfacción, a los enanos
que habían fabricado el mejor de los regalos.