1.
LA ADOLESCENCIA:
Adolescencia es un término que tiene su origen en el verbo latino adolescere, que
significa crecer, desarrollarse. Dos términos que aparecen relacionados habitualmente con el
de adolescencia son pubertad y juventud. Pubertad hace referencia fundamentalmente a los
cambios biológicos que aparecen en el final de la infancia y que suelen englobarse en una
primera fase de la adolescencia. Mientras que juventud es un término que alude a los procesos
formativos y de incorporación al mundo laboral a partir de la pubertad, y que se prolongarían
más allá de los 20 años.
La OMS define la adolescencia como el periodo de crecimiento y desarrollo humano
que se produce después de la niñez y antes de la edad adulta, entre los 10 y los 19 años. Se
trata de una de las etapas de transición más importantes en la vida del ser humano, que se
caracteriza por un ritmo acelerado de crecimiento y de cambios.
Si bien todos los seres humanos pasaran por los mismos cambios biológicos, cada uno
se desarrolla de manera individual, pues no hay tiempos exactos ni establecidos para atravesar
dichos cambios; a nivel psicológico y emocional, cada persona evolucionará, dependiendo de
factores internos y externos, de las experiencias vitales que atraviese, el entorno familiar, las
relaciones sociales y redes de apoyo, el nivel socioeconómico y cultural en el que se
encuentre la persona.
La adolescencia es un periodo de preparación para la edad adulta durante el cual se
producen varias experiencias de desarrollo de suma importancia. Más allá de la maduración
física y sexual, esas experiencias incluyen la transición hacia la independencia social y
económica, el desarrollo de la identidad, la adquisición de las aptitudes necesarias para
establecer relaciones de adulto y asumir funciones adultas y la capacidad de razonamiento
abstracto.
La adolescencia es una etapa fundamental en el desarrollo psicológico de una persona,
pues es el periodo en el que se forja su personalidad, se consolida su conciencia del yo
(adquirida en la primera infancia), se afianza su identidad sexual y se conforma su sistema de
valores.
Es una época de búsqueda, de oposición, de rebelión, de extremismo, la edad de los
ideales, de verlo todo claro, y al instante verse inmerso en la confusión mental más absoluta;
de transgredir normas y de ir en contra de todo y de todos; de revolución personal para, poco
a poco, ir reconstruyendo el propio yo fragmentado.
2. Teorías de la adolescencia:
2.1 Perspectiva psicoanalítica
Desde el psicoanálisis se parte de considerar la adolescencia el resultado del brote
pulsional que se produce por la pubertad (etapa genital), que altera el equilibrio psíquico
alcanzado durante la infancia (etapa de latencia). Este desequilibrio incrementa el grado de
vulnerabilidad del individuo y puede dar lugar a procesos de desajuste y crisis, en los cuales
están implicados mecanismos de defensa psicológicos (fundamentalmente la represión de
impulsos amenazantes) en ocasiones inadaptativos.
Con la pubertad se inicia la fase genital en el individuo, que se prolonga hasta la edad
adulta. En esta fase se produce una reactivación de los impulsos sexuales que conduce al
individuo a buscar objetos amorosos fuera del ámbito familiar y a modificar los vínculos
establecidos hasta ese momento con los padres. Así, el adolescente está impulsado por una
búsqueda de independencia, esta vez de índole afectiva, que supone romper los vínculos
afectivos de dependencia anteriores.
El individuo tiene que ir construyendo una noción de identidad personal que implica
una unidad y continuidad del yo frente a los cambios del ambiente y del crecimiento
individual. Debe integrar los cambios sufridos en los distintos aspectos del yo (por ejemplo,
en el ámbito de su autoimagen y autoconcepto) y establecer procesos de identificación y
compromiso respecto a valores, actitudes y proyectos de vida que guíen su tránsito a la vida
adulta. En este proceso, el sujeto puede experimentar crisis de difusión de la identidad con
resultados inciertos.
El psicoanálisis acentúa la importancia de los factores internos en el curso adolescente,
que desencadenan en mayor o menor medida conflictos de integración social.
2.2 Perspectiva cognitivo - evolutiva
Desde la perspectiva cognitivo-evolutiva (Jean Piaget) la adolescencia es vista como un
periodo en el que se producen importantes cambios en las capacidades cognitivas y en el
pensamiento de los jóvenes, asociados a procesos de inserción en la sociedad adulta.
Durante esta etapa los jóvenes acceden en un grado u otro a formas de razonamiento
propias de lo que se denomina pensamiento formal, estas nuevas capacidades cognitivas les
capacita para el desarrollo de un pensamiento autónomo, crítico, que aplicará en su
perspectiva sobre la sociedad y en la elaboración de proyectos de vida.
Desde esta perspectiva la adolescencia se produce por una interacción entre factores
individuales y sociales.
2.3 Perspectiva sociológica
La adolescencia es el periodo en el que los jóvenes tienen que consumar los procesos de
socialización a través de la incorporación de valores y creencias de la sociedad en la que
viven y la adopción de determinados papeles o roles sociales.
El sujeto tiene que realizar opciones en este proceso haciendo frente a las exigencias y
expectativas adultas.
Desde esta perspectiva se enfatizan los procesos de integración en el mundo laboral,
como soporte necesario de ese tránsito desde una situación general de dependencia a otra de
independencia. La situación de segregación social de la que provienen y el alargamiento de
los procesos de tránsito a la sociedad adulta les coloca en una situación de vulnerabilidad.
La adolescencia se atribuye principalmente a causas y factores sociales, externos al
individuo.
3. Adolescencia y desarrollo de la personalidad
La personalidad en la adolescencia se entiende un conjunto de sistemas
comportamentales, estrechamente relacionados entre sí, y que principalmente se definen por
el hecho de que individuos distintos reaccionan y se comportan de manera diferente.
Se usa el concepto de personalidad para referir a ciertas clases de conductas relativas al
autoconocimiento, al reconocimiento interpersonal en la presentación de la propia identidad
en las relaciones sociales.
Existen momentos o etapas por las que el adolescente atraviesa en el proceso de
formación de su personalidad, así tenemos:
3.1 Afirmación de sí mismo: Quizás la tarea más importante de la adolescencia
consiste en la búsqueda o la construcción de la propia identidad. Los adolescentes necesitan
desarrollar sus propios valores, opiniones e intereses y no sólo limitarse a repetir los de sus
padres. Han de descubrir lo que pueden hacer y sentirse orgullosos de sus logros. Desean
sentirse amados y respetados por lo que son, y para eso han de saber primero quienes son.
La adolescencia es clave para la afirmación de uno mismo, para el descubrimiento
reflexivo del yo y del mundo; es la época más clara de oposición al ambiente. El adolescente
tiene ante sí tres problemas vitales fundamentales: el trabajo, la vida social y el amor. Y, por
encima de ellos, el problema de sí mismo. Las respuestas del adulto ya no lo satisfacen; es
preciso llegar a una respuesta personal, a una toma de conciencia reflexiva y personal ante la
vida.
La personalidad se afirmará de forma negativa o positiva: oponiéndose a otros, sobre
todo padres y maestros, o mostrándose susceptible cuando siente que no se respeta su
dignidad o no es «tomado en serio» o comprendido; manifestando su singularidad cuando
menos de forma superficial en la indumentaria y el cuidado del cuerpo, en el gesto y en el
andar, en el modo de hablar, en las costumbres y la conducta.
La confusión de la identidad típica de la adolescencia, los lleva a agruparse entre ellos y
a no tolerar bien las diferencias, como mecanismos de defensa ante dicha confusión. A veces
también muestran su confusión actuando de maneras más infantiles e irresponsables para
evitar resolver conflictos o actuando de manera impulsiva y sin sentido.
3.2 Desarrollo de la identidad Los cambios físicos, intelectuales y sociales suscitan en
el adolescente una crisis de identidad («¿quién soy yo realmente?»).
Durante esta etapa analizan sus opciones y buscan llegar a comprometerse con algo en
lo que puedan tener fe. Estos compromisos de carácter ideológico o personal ayudan a formar
la identidad y moldean la vida en los años siguientes. El nivel de confianza que los
adolescentes tengan en sus compromisos influye en su capacidad para resolver sus crisis de
identidad.
De la crisis de identidad surge la fidelidad a algo, la lealtad, la constancia o la fe y un
sentido de pertenencia.
Durante la adolescencia es muy importante la confianza en uno mismo, o transferir la
confianza que antes se tenía depositada en los padres, hacia otras personas, generalmente del
grupo de pares, amigos íntimos o parejas.
Al compartir con otras personas sus ideales, pensamientos, sentimientos y confianza, el
adolescente está explorando su posible identidad y viéndola reflejada en otra persona, lo cual
puede ayudarle a afianzar o aclarar mejor quien es.
No obstante, la intimidad madura, que implica compromiso, sacrificio y entrega, no se
alcanza hasta haber logrado una identidad estable.
Para Marcia, hay dos elementos clave en el desarrollo de la identidad, la crisis y el
compromiso: «crisis se refiere al periodo que pasan los adolescentes intentando elegir entre
alternativas significativas para ellos; el compromiso se refiere al grado de implicación
personal que muestra el individuo».
Según el autor James Marcia, existen cuatro estados en la evolución de la identidad:
1. Exclusión. En este nivel existe un compromiso, pero no ha habido
crisis. En él, la persona no ha dedicado tiempo a dudar y considerar las alternativas
(no ha estado en crisis) sino que se compromete con los planes de otra persona para su
vida.
Suele tratarse de personas con altos niveles de autoritarismo y pensamiento
estereotipado, obedecen la autoridad, se rigen por un control externo, son dependientes
y presentan bajos niveles de ansiedad. Pueden sentirse felices y seguros, tienen
vínculos familiares estrechos, creen en la ley y el orden y se vuelven dogmáticos
cuando alguien cuestiona sus opiniones. Los padres de estos adolescentes suelen
involucrarse demasiado con los hijos, evitan expresar las diferencias y usan la
negación y la represión para evitar manejar cosas que no les agradan.
2. Moratoria (crisis sin compromiso). Es el adolescente en crisis;
considera diversas alternativas, lucha por tomar una decisión y parece dirigirse hacia
un compromiso. Probablemente logrará la identidad. Estas personas suelen tener altos
niveles de desarrollo del yo, razonamiento moral y autoestima. Se muestran más
ansiosos y temerosos del éxito. A menudo mantienen una lucha ambivalente con la
autoridad paterna.
3. Logro de identidad (crisis que lleva al compromiso). En este nivel, el
adolescente se ha comprometido con algo después de un periodo de crisis; después de
un tiempo dedicado a pensar y sopesar alternativas. Son personas con altos niveles de
desarrollo del yo y razonamiento moral. Se rigen por un control interno, tienen
seguridad en sí mismas, alta autoestima y funcionan bien en condiciones de estrés y
cercanía emocional. Los padres de estos adolescentes estimulan la autonomía y la
relación con los profesores; las diferencias se analizan de un modo colaborador.
4. Confusión de la identidad (sin compromiso, crisis incierta). En este
nivel puede o no haberse considerado las opciones, pero se evita el compromiso. Son
adolescentes superficiales e infelices, a menudo solitarios. Tienen un bajo nivel de
desarrollo del yo, razonamiento moral y seguridad en sí mismos; presentan habilidades
deficientes para cooperar con los demás. Los padres de estos adolescentes no
intervienen en su crianza, los rechazan, los ignoran o no tienen tiempo para ellos.
Para Erikson, la llave de la verdadera intimidad es la apertura total, la capacidad
parcial de abandonarse al sentimiento de ser separado del otro y la voluntad de crear una
nueva relación dominada por la idea de nosotros antes que por la de yo.
Un estancamiento prolongado en un estado de identidad difusa, sin mayor desarrollo,
puede conducir a la desintegración de la personalidad y propiciar un trastorno psicopatológico
que puede conducir a la esquizofrenia o al suicidio.
3.3 Tendencia grupal: El fenómeno grupal adquiere una relevancia crucial, ya que se
transfiere al grupo gran parte de la dependencia que anteriormente se mantenía con la
estructura familiar, y en especial con los padres.
Durante la búsqueda de la propia identidad el adolescente se identifica con el grupo y
sus miembros, así el grupo constituye así la transición necesaria en el mundo externo para
lograr la individuación adulta, la cual se logrará una vez que la persona sea capaz de separarse
y asumir su propia identidad.
3.4 Necesidad de seguridad, comprensión y confianza: El adolescente necesita
seguridad, y para tenerla hace falta que llegue a dominar la anarquía de las tendencias, la
confusión de los instintos. Revelar al adolescente tanto las riquezas como las debilidades de
su ser en evolución supone enseñarle a aceptarse tal como es, con lucidez, es decir,
proporcionarle bases sólidas, objetivas, sobre las que construir su personalidad.
El adolescente encuentra también seguridad en la comprensión y la confianza que le
demuestran. Le gusta que sean sinceros y leales con él, que contesten a sus preguntas, que le
reciban bien y que le atiendan. Desea que se tomen en cuenta sus palabras, sus problemas, sus
actividades. Precisa que se le anime y se le felicite.
De esta manera, sabiéndose comprendido, atendido, apoyado por sus adultos de
referencia, puede trabajar con mayor seguridad en el pleno desarrollo de su personalidad.
De lo contrario, siempre se proyectarán en el adolescente las ansiedades del adulto y
se producirá ese colapso o crisis de enfrentamiento generacional, que dificulta el proceso
evolutivo y no permite el goce real de la personalidad.
3.5 La autointegración: durante la adolescencia, la comprensión de uno mismo se
vuelve más integrada, las diferentes estructuras que conforman la identidad se van acoplando
mejor entre sí, especialmente durante la adolescencia tardía, la cual es etapa que antecede a la
adultez.
Los adolescentes ya son capaces de detectar las propias inconsistencias que existen en
sus descripciones, conforme van describiendo su “yo” o su identidad.
Mientras afrontan presiones que los llevan a diferenciar su identidad en múltiples
roles, su pensamiento les presiona hacia la integración de su identidad, presentándose
contradicciones.
Al comienzo los adolescentes se enfrentan a sus descripciones y contradicciones, para
después pasar a resolver estas inconsistencias, para al final llegar a desarrollar su identidad.
Bibliografía:
Santrock, J. 2003. Psicología del desarrollo en la adolescencia. Capitulo 4:
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Madrid España.
Organización Mundial de la Salud. Sf. Desarrollo en la adolescencia.
Disponible en la red:
https://www.who.int/maternal_child_adolescent/topics/adolescence/dev/es/
Ruiz, P. 2013. Psicologia del adolescente y su entorno. P 4-7. Disponible en la
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