Esdras
Nehemías
Ester
JOHN F. BRLUa G
BIBLIA
Popular
Roland Cap Ehlke
Eclesiastés
Cantar de los Cantares
1 Crónicas
2 Crónicas
Ester
Job
Salmos
Proverbíos
Isaías
Jeremías
Lamentaciones
Ezequiel
La Biblia Popular
ROLAND CAP EHLKE
Editor General
JOHN C. JESKE
Editor del Antiguo Testamento
JOHN A. TRAPP
Editor del Manuscrito
Eclesiastés
Cantar de los Cantares
CONTENIDO
Prefacio del Editor...................................................................v
Prefacio a la edición en español.............................................vi
ECLESIASTÉS O EL PREDICADOR
Introducción.............................................................................1
Prólogo (1:1–11)......................................................................7
La vida debajo del sol (1:12–6:12) ........................................17
La vida debajo de Dios (7:1–12:8).........................................66
Conclusión (12:9–14)...........................................................127
CANTAR DE LOS CANTARES
Introducción.........................................................................136
La primavera del amor (1:1–35)..........................................147
La boda (3:6–5:1).................................................................172
La separación y reunión (5:2–8:4).......................................189
Los recuerdos (8:5–14)........................................................215
ILUSTRACIONES
El sonido del pandero....................................................cubierta Salomón y su
harén ...............................................................viii
“Vanidad de vanidades, dijo el Predicador” .............................8
“Examiné todas las obras que se hacen debajo del sol;
y he aquí, todo ello es vanidad y esfuerzo inútil”...................16
“Mira la obra de Dios”............................................................65
“Y cuando más sabio fue el Predicador, tanto más enseñó
sabiduría al pueblo................................................................128
Novia judía ...........................................................................137
Gacelas en las colinas de Israel ............................................146
“Ven conmigo desde el Líbano, oh esposa mía,
ven conmigo desde el Líbano” .............................................171
El imperio de Salomón (mapa).............................................228
PREFACIO DEL EDITOR
La Biblia Popular es precisamente lo que su nombre implica: una
Biblia para el pueblo. Incluye el texto completo de las Sagradas
Escrituras que se encuentran en la versión Reina Valera 1995. Los
comentarios que siguen a las secciones de las Escrituras contienen:
aplicaciones personales, antecedentes históricos, y explicaciones del
texto.
Los autores de La Biblia Popular son eruditos con buen discernimiento
intelectual y que saben aplicarlo, por sus años de experiencia en los
ministerios de la enseñanza y la predicación. Han tratado de evitar el
lenguaje técnico que caracteriza a muchas series de comentarios y que
dificulta su lectura para todos aquellos que no son eruditos en el estudio
de la Biblia.
La característica más importante de estos libros es que están centrados
en Cristo. Hablando de las Escrituras del Antiguo Testamento, Jesús
declaró: “Ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39). Cada
volumen de La Biblia Popular dirige nuestra atención a Jesucristo; él
es el centro de toda la Biblia, él es nuestro único Salvador.
Los comentarios vienen acompañados de: mapas, ilustraciones, e
información arqueológica, cuando se considera conveniente. En la
parte superior de cada página aparece un encabezamiento que remite
al lector al pasaje específico que desee encontrar.
Esta serie de comentarios fue iniciada por la Comisión de Literatura
Cristiana del Sínodo Evangélico Luterano de Wisconsin.
Oramos para que esta labor pueda continuar como empezó. Dedicamos
estos volúmenes a la gloria de Dios y al bien de su pueblo.
Roland Cap Ehlke
Salomón y su harén
ECLESIASTÉS
INTRODUCCIÓN
Nombre y autor
Aunque el libro de Eclesiastés forma parte del Antiguo
Testamento en hebreo, su nombre es en realidad una palabra griega
que se remonta a la antigua traducción griega del Antiguo
Testamento. Eclesiastés significa “maestro”, o “predicador”. La
palabra viene del primer versículo del libro: “Palabras del
Predicador,…” Por lo tanto, el título se refiere al maestro o al
Predicador cuyas palabras conforman el libro.
El versículo inicial nos dice quién era esa persona: “…
Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén”. Por supuesto, era el
rey Salomón, quien gobernó la nación de Israel durante su época
de oro, desde su ciudad capital. Su reinado duró cuarenta años, en
el período comprendido entre los años 970 - 931 a.C.
En algunas ocasiones, Salomón le enseñó o le predicó al
pueblo, y por eso se refirió a él mismo como el Predicador. Una
de esas ocasiones fue la dedicación del templo, cuando se nos dice
que Salomón se dirigió a “toda la congregación de Israel” que se
había reunido (1 Reyes 8). Quizás en esa asamblea se presentó por
primera vez el libro de Eclesiastés, probablemente en la forma de
un discurso que le dirigió el rey a la nobleza después de cenar (se
puede leer todo el libro en voz alta en unos cuarenta minutos). No
se cuentan las circunstancias en las que se escribió el libro.
Cuando quiera que haya presentado Salomón por primera vez
el contenido de Eclesiastés, fue en algún momento de la etapa final
de su vida. La tradición judía reconoce este libro como la obra de
un anciano que reflexiona sobre la vida y se prepara para morir.
A pesar de lo que dice el libro, la mayoría de los eruditos
modernos niegan que Salomón haya sido el autor, para mantenerse
así en la tendencia actual de negar la autoría tradicional de muchos
libros de la Biblia. Por ejemplo, un comentarista afirma ¡que el
1
autor de Eclesiastés pudo haber vivido en una época comprendida
entre los años 500 a.C. y 100!
Esos comentaristas recurren a dos argumentos principales.
Primero, el libro de Eclesiastés contiene palabras arameas dentro
del texto en hebreo. El antiguo idioma arameo era como un primo
del hebreo, porque ambos idiomas pertenecen a la misma familia
semítica. Suponen que Salomón escribió en hebreo puro, pero el
arameo era el idioma internacional del comercio en el mundo
antiguo. Dados sus contactos internacionales, no es una sorpresa
que Salomón utilizara algo de arameo, como los modernos
suramericanos conocen y utilizan algunas palabras del inglés en
nuestros días. Aparte de eso, es interesante saber que el arameo
fue el idioma que habló Jesús.
Otros argumentan que las circunstancias y el panorama del
libro no concuerdan con la vida de Salomón. Sin embargo, vamos
a ver que sí se ajustan perfectamente a su vida. La vida lujosa que
se describe en Eclesiastés y las vastas experiencias del autor
ciertamente señalan a Salomón.
El inspirado libro de Eclesiastés fue redactado por Salomón el
rey Predicador, tal como se establece en sus primeros versículos.
Su lugar en la Biblia
Los judíos antiguos clasificaron al Eclesiastés dentro de los
cinco “Megilloth” (rollos). Los otros cuatro eran: el Cantar de los
Cantares, Rut, Lamentaciones y Ester. Estos libros tienen en
común que eran las lecciones de la Escritura para cinco fiestas
judías importantes: el Cantar de los Cantares para la Pascua, Rut
para el Pentecostés, Lamentaciones para la conmemoración de la
caída de Jerusalén ante los babilonios, Ester para el Purim (que
conmemora la salvación por medio de Ester de la aniquilación del
pueblo judío), y Eclesiastés para la fiesta de los Tabernáculos
(también conocida como Sucot, o cabañas).
Entre otras cosas, la fiesta de los Tabernáculos era también la
fiesta de la vendimia de otoño. Con sus sombrías advertencias
sobre muerte y la necedad de vivir para el placer, Eclesiastés
ayudaría a desalentar los excesos asociados con esa fiesta. Así
también las grandes fiestas actuales de la Navidad y la Pascua, se
deberían centrar en la Palabra de Dios en lugar de dejarse dominar
por vicios y pasiones.
El libro de Eclesiastés se agrupa en nuestra Biblia con los
libros de: Job, Salmos, Proverbios, y Cantar de los Cantares, a los
que conocemos los libros poéticos del Antiguo Testamento.
Tendemos a pensar en la poesía en términos de ritmo y rima,
pero la poesía del Antiguo Testamento consiste en una armonía de
pensamientos más que de palabras y sonidos; a esa armonía se la
llama paralelismo. Eso significa que una línea en la poesía hebrea
está en paralelo con la siguiente: por ejemplo, la segunda parte de
un verso le hace eco a la idea de la primera. Otros dos tipos de
paralelismo se dan cuando la segunda línea contrasta con la
primera o cuando la amplía. He aquí ejemplos de los tres tipos
básicos de paralelismo que se encuentran en Eclesiastés:
El segundo pensamiento hace eco al primero:
“Vanidad de vanidades,
dijo el Predicador;
vanidad de vanidades,
todo es vanidad.” (1:2)
El segundo pensamiento contrasta con el primero:
El sabio tiene sus ojos abiertos,
mas el necio anda en tinieblas. (2:14)
El segundo pensamiento amplía el primero:
Todo el trabajo del hombre es para su boca,
y con todo, su deseo no se sacia. (6:7)
Aunque varios de los profetas tienen grandes secciones
poéticas, muchas partes del Eclesiastés no están escritas en esta
forma poética. Así que la clasificación de este libro como poético
es algo arbitraria.
En ocasiones se ha dicho que los cinco libros poéticos de la
Biblia conforman la literatura de sabiduría de la Escritura, porque
hacen énfasis en cómo vamos a vivir como pueblo de Dios y dan
sabiduría piadosa respecto de algunos de los problemas más
complejos de la vida. Por ejemplo, el libro de Job trata el problema
del sufrimiento en la vida de un creyente. El tema central de la
sabiduría de Eclesiastés será de interés en la siguiente sección.
Perspectiva y propósito
La Biblia es un todo unificado, ya que todo su contenido señala
a Jesucristo; presenta la ley de Dios y el evangelio de su amor en
Cristo. Sin embargo, dentro de esa unidad hay espacio para la
diversidad. Algunos libros son históricos, otros son doctrinales;
algunos libros hacen énfasis en un tema (por ejemplo, Santiago en
las buenas obras), mientras que otros destacan alguna otra cosa.
En otras palabras, cada libro de la Biblia tiene su énfasis propio y
especial. Con esto en mente, podemos considerar la perspectiva y
el propósito de Eclesiastés.
Dos conceptos importantes aparecen una y otra vez a lo largo
del libro, conformando una combinación que revela la perspectiva
que tenía Salomón sobre la vida.
El primer pensamiento se resume en los términos “vanidad” y
“debajo del sol”. En repetidas ocasiones Salomón vuelve al
estribillo inicial de Eclesiastés: “Vanidad de vanidades…todo es
vanidad” (1:2). Así es como describe la vida “debajo del sol”: en
este mundo. De acuerdo con Salomón, la vida sobre la tierra está
llena de problemas; y aun cuando encontramos placer, es fugaz y
pronto desaparece como el aliento de una persona en un día de
invierno.
Este es el primer pensamiento clave de Eclesiastés: debajo del
sol todo es, en sí y por sí, vanidad.
El uso repetido que hace Salomón de este concepto implica
que hay algo “más allá del sol”; allá en alguna parte existe algo o
alguien que no está sujeto a este mundo de vanidad. Por supuesto,
ese alguien es Dios. El papel de Dios en nuestra vida es el segundo
pensamiento principal en Eclesiastés. Salomón describe a Dios
como un juez estricto (“Al justo y al malvado juzgará Dios”, 3:17),
y también como el Dios misericordioso que nos bendice con dones
incontables. El más grande de esos dones es la vida después de la
muerte: “Antes que el polvo vuelva a la tierra, como era, y el
espíritu vuelva a Dios que lo dio” (12:7).
Al unir estos dos pensamientos principales, se hace evidente
lo que Salomón ha hecho en Eclesiastés. Presenta la vida desde
dos perspectivas: primero ve el mundo sin Dios y esa visión lo
conduce a la conclusión de que “todo es vanidad”; pero también
contempla la vida controlada por Dios; en ella encontramos
muchos dones y bendiciones. Podemos representar los dos
aspectos de la presentación de Salomón de la siguiente manera:
_m_u_n_d_o_ _e_sp_i_r_it_u_a_l
mundo material
El incrédulo no ve nada más allá del mundo material, o a lo
más vislumbra ocasionalmente que debe haber algo más allá. Su
vista está enfocada en lo que está debajo del sol. Por otro lado, el
creyente ve la vida mediante los ojos de la fe.
El incrédulo, desde su perspectiva, sólo puede concluir que
todo es vanidad, ya que para él hubiera sido mejor no haber nacido
(4:2-3). Sin embargo, el creyente ve la mano de Dios en todo y así
encuentra: la paz, el contentamiento, y la estabilidad en el mundo
cambiante.
Y esto nos lleva de la perspectiva de Salomón al propósito que
tuvo al escribir; nos dirige a Dios y a su amor para fortalecer
nuestra fe y nuestro ánimo, mientras proseguimos “debajo del sol”.
Bosquejo
Hay casi tantos bosquejos de Eclesiastés como comentaristas
y no hay dos que estén completamente de acuerdo. Sin embargo,
en medio del desacuerdo, hay dos escuelas principales de
pensamiento. La primera cree que el libro de Eclesiastés se puede
organizar en un tipo de bosquejo lógico y la segunda argumenta,
con más verosimilitud, que Eclesiastés representa un estilo de
escritura de “monólogo interior” que se resiste a un bosquejo
detallado.
Por supuesto, el monólogo interior no necesariamente implica
desorden porque hay una progresión de pensamiento a través del
libro. Salomón comienza con una nota de vacío, hablando de la
vida sin Dios, “debajo del sol”. Pero en el capítulo 7 cambia el
énfasis y habla de la vida bajo Dios. Continúa construyendo este
tema (mientras que todavía se entrelaza con el otro) hasta que en
los versículos finales dice: “El fin de todo el discurso que has oído
es:…”(12:13).
Mientras se encamina a la conclusión, Salomón que es experto
artista, hace variaciones. La corriente de su pensamiento no es
monótona, ya que hay en ella diversas partes tranquilas y otras
tormentosas. Así como la corriente de un río tiene puntos
tranquilos y puntos rápidos, el libro de Eclesiastés alterna entre
estados apacibles y explosiones poderosas.
Más que tratar de hacer un bosquejo detallado de Eclesiastés,
simplemente dividiremos el libro en cuatro secciones principales:
Prólogo (1:1-11)
La vida debajo del sol (1:12–6:12)
La vida bajo Dios (7:1–12:8)
Conclusión (12:9-14)
Ahora viajemos con Salomón escuchando “las palabras del
Predicador”. Aunque se escribieron hace casi tres mil años, le
hablan de manera directa a nuestra generación: a cada uno de
nosotros.
PRÓLOGO
ECLESIASTÉS 1:1-11
Todo es vanidad 1 Palabras del Predicador, hijo de David, rey en
Jerusalén.
Este versículo verdaderamente es más un título que una parte
del libro, porque nos indica el nombre del libro: “El Predicador”
(“Eclesiastés”, en griego; algunos comentaristas conservan el
término hebreo original, “Koheleth”). Nos dice que el Predicador
es “hijo de David, rey en Jerusalén”.
Si usamos la imaginación podemos regresar en el tiempo, a
una época lejana y a una ciudad distante. Ahora somos parte de
una congregación en la antigua Jerusalén, tal vez estamos de pie
en el atrio del templo.
Delante de nosotros se encuentra el grandioso templo de
Salomón, cuya construcción hecha por los mejores trabajadores
del rey tardó siete años. Hay dos columnas macizas que sirven de
armadura al portal del edificio con sus capiteles de bronce. Como
un tributo al Señor, su Dios, Salomón les dio a esas columnas los
nombres de Joaquín y Boaz, que significan “él establece” y “en él
está la fortaleza”.
Repentinamente aparecen en la escena el rey y su séquito. Es
el gran rey Salomón, conocido en todo el mundo por su inigualable
sabiduría y su fabulosa riqueza; lleva una corona de oro y un
vestido escarlata. Pero cuando la atención se desplaza de los
adornos al hombre mismo, vemos la cara de un anciano; sus ojos
muestran una pena abrumadora.
“Vanidad de vanidades, dijo el Predicador”
Este es el rey cuyo nombre nunca será olvidado y cuya historia
vivirá hasta el final de los tiempos. En verdad es una historia de
grandeza, pero también de tragedia. El historiador sagrado relata
los acontecimientos de la siguiente manera:
Cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres le
inclinaron el corazón tras dioses ajenos, y su corazón
no era ya perfecto para con Jehová, su Dios, como el
corazón de su padre David. Salomón siguió a Astoret,
diosa de los sidonios, y a Milcom, ídolo abominable
de los amonitas. E hizo Salomón lo malo ante los ojos
de Jehová, pues no siguió cumplidamente a Jehová
como su padre David.
Entonces edificó Salomón un lugar alto a Quemós,
ídolo abominable de Moab, en el monte que está
enfrente de Jerusalén, y a Moloc, ídolo abominable de
los hijos de Amón. Lo mismo hizo para todas sus
mujeres extranjeras, las cuales quemaban incienso y
ofrecían sacrificios a sus dioses.
Y se enojó Jehová contra Salomón, por cuanto su
corazón se había apartado de Jehová Dios de Israel,
que se le había aparecido dos veces, y le había
mandado sobre este asunto que no siguiera a dioses
ajenos: Pero él no guardó lo que le mandó Jehová.
Entonces Jehová dijo a Salomón: Por cuanto has
obrado así, y no has guardado mi pacto y los estatutos
que yo te mandé, te quitaré el reino y lo entregaré a tu
siervo (1 Reyes 11:4-11).
Este es el hombre que está delante de nosotros, en sus oídos
todavía debe estar resonando el juicio de Dios. Como el hombre
de la parábola de Jesús que “no quería ni aun alzar los ojos al cielo,
sino que se golpeaba el pecho”, Salomón debió haber orado miles
de veces: “Dios, sé propicio a mí, pecador” (Lucas 18:13).
No escuchamos mencionar el nombre del rey. Tal vez ya no se
sentía digno del nombre Salomón, que significa “Paz”, porque
había quebrantado la paz con Dios.
Este es Salomón el gran rey…y el pecador humillado; ahora
comienza su discurso:
2 «Vanidad de vanidades //—dijo el Predicador—;
vanidad de vanidades, todo es vanidad.»
La primera palabra que oímos del Predicador es todo menos
de ánimo. “¡Vanidad!” Como esta palabra es tan importante y
aparece con tanta frecuencia en Eclesiastés (treinta y siete veces),
nos vamos a tomar un minuto para examinarla. La idea original
que hay detrás del término es “aliento [aire que se expulsa al
respirar]”; esa idea cobra mucha vida en un día frío, al observar lo
rápido que el aliento visible se desvanece. Santiago usó este
pensamiento cuando escribió: “¿Qué es vuestra vida? Ciertamente
es neblina [vapor, en otras versiones] que se aparece un poco de
tiempo, y luego se desvanece” (Santiago 4:14). Por ser tan fugaz
e inestable, la vida parece: fatua, frustrante, sin propósito, vacía;
en una palabra, “vana”.
¡Qué precisa es esta descripción de la vida sobre la tierra!
Detrás de todo el afán y el trajín, el oropel y el esplendor, está
escondida esa terrible sensación de vacío. Pero no fue así en el
Edén, antes de que el hombre cayera en pecado; eso es parte del
juicio de Dios sobre nuestro mundo pecador. El apóstol Pablo dijo:
“La creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad,
sino por causa del que la sujetó”, es decir, Dios mismo (Romanos
8:20). Es interesante notar que el nombre que Adán y Eva le dieron
a su segundo hijo, Abel, corresponde a la palabra “vanidad” en
hebreo. Tal vez ese fue su comentario sobre la vida después de la
caída.
En los versículos restantes del Prólogo, Salomón muestra que
la afirmación de que “todo es vanidad” en realidad describe todas
las cosas.
3 ¿Qué provecho obtiene el hombre
de todo el trabajo con que se afana//debajo del sol?
4 Generación va y generación viene,
pero la tierra siempre permanece.
5 Sale el sol y se pone el sol,
y se apresura a volver//al lugar de donde se levanta.
6 El viento sopla hacia el sur,
luego gira hacia el norte;//y girando sin cesar,
de nuevo vuelve el viento a sus giros.
7 Todos los ríos van al mar,
pero el mar no se llena.
Al lugar de donde los ríos vinieron,
allí vuelven para correr de nuevo.
El primer ejemplo que da el rey sobre la vanidad de todas las
cosas alcanza su objetivo convincentemente: habla sobre los
esfuerzos humanos. Cuando hace la pregunta “¿Qué provecho
obtiene el hombre…?”, la respuesta implícita es “ninguno”. A
pesar de la tecnología y de las máquinas modernas, el trabajo sigue
siendo duro y desalentador, el trabajo del hombre siempre ha
estado bajo la maldición de Dios desde la caída.
Maldita será la tierra por tu causa;
con dolor comerás de ella
todos los días de tu vida…
Con el sudor de tu rostro
comerás el pan
hasta que vuelvas a la tierra,
porque de ella fuiste tomado;
pues polvo eres,
y al polvo volverás. (Génesis 3:17,19).
Cada generación crece, trabaja, envejece, y finalmente regresa
a la tierra. Para utilizar la expresión de Shakespeare, “la vida no
es sino una sombra andante, un pobre actor que se pavonea y se
desgasta en su papel en el escenario y después no se vuelve a
escuchar más”. Esa es la “ganancia” de nuestro trabajo “debajo
del sol”. Ya hemos tratado sobre esta frase, que se repetirá
numerosas veces en Eclesiastés, que habla de nuestra vida sobre
la tierra.
En contraste con las generaciones que vienen y van, Salomón
dice que “la tierra siempre permanece”. ¡Qué ironía! En el
principio Dios creó al hombre para señorear sobre toda la tierra
(Génesis 1:26), pero es la tierra la que permanece, no el hombre.
El hombre, creado para señorear, es tragado por la tierra, la
sometida. El término “siempre” no significa que la tierra nunca se
acabará; aunque “siempre” se puede referir a la eternidad, aquí
significa un tiempo largo e indefinido. Finalmente Dios destruirá
la forma actual de esta tierra y creará “un cielo nuevo y una tierra
nueva” (Apocalipsis 21:1).
Salomón volverá al tema de la inutilidad del esfuerzo humano
debajo el sol, pero antes de hacerlo demuestra que la naturaleza
también está completamente atrapada por esta condición
frustrante. Habla de la salida y de la puesta del sol, sólo para
apresurarse “a volver al lugar de donde se levanta”. No pretende
con eso hacer una afirmación científica, simplemente refleja
nuestro punto de vista condicionado por la tierra, en el cual parece
que el sol se moviera a través del firmamento. ¡Aun el sol está
atrapado por el tedio de tener que trabajar día tras día tras día!
El gran novelista Ernest Hemingway acudió a este versículo
de Eclesiastés para darle el título original a una de sus novelas,
conocida en español como Fiesta. El título en inglés, The Sun Also
Rises, se traduce literalmente “el sol también sale”. Como la mayor
parte de la literatura moderna, esta primera novela de Hemingway
presenta héroes y heroínas desilusionados y cansados con la vida.
A continuación, Salomón habla sobre el viento. Sopla hacia el
sur, después gira hacia el norte, “va girando sin cesar”. El viento
se mueve y se mueve constantemente. ¿Para qué? Todo eso parece
tan vano.
En el mundo antiguo se hablaba de cuatro elementos que
componían la naturaleza: la tierra, el aire, el fuego, y el agua. Al
señalar: la tierra, el viento, y el sol, Salomón se refiere a los tres
primeros y ahora se vuelve hacia el cuarto, el agua. “Todos los ríos
van al mar…” En este versículo, el rey da una idea del ciclo del
agua; pero, nuevamente, no intenta hablar en términos científicos,
sólo da otro ejemplo para demostrar que todo debajo del sol es
vanidad.
Observamos la naturaleza y no vemos nada permanente,
excepto el cambio continuo. Ese desasosiego es lo que San Pablo
describe como el “gemido” de la creación (Romanos 8:22). Al
demostrar que toda la naturaleza está en esta condición, Salomón
vuelve a hacer énfasis en la verdad de que la satisfacción y el
descanso verdaderos no se van a encontrar en ninguna cosa creada.
Ahora el rey prosigue para mostrar el conflicto que hay dentro
de cada persona, mientras lucha por tener la certidumbre en este
mundo en continuo cambio.
8 Todas las cosas son fatigosas,
más de lo que el hombre puede expresar.
Nunca se sacia el ojo de ver
ni el oído de oír.
9 ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será.
¿Qué es lo que ha sido hecho?
Lo mismo que se hará,
pues nada hay nuevo debajo del sol.
10 ¿Acaso hay algo de que se pueda decir:
«He aquí esto es nuevo»?
Ya aconteció en los siglos//que nos han precedido.
11 No queda memoria de lo que precedió,
ni tampoco de lo que ha de suceder
quedará memoria en los que vengan después.
De acuerdo con Salomón, todas las cosas son tan molestas que
no hay palabras para describirlo: “Todas las cosas son fatigosas”.
Este versículo contrasta con las palabras de San Juan sobre
Jesús: “Hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales
si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo
cabrían los libros que se habrían de escribir” (Juan 21:25). Esta es
la exclamación de un hombre cuyo espíritu había encontrado
descanso en Cristo y en su promesa: “Venid a mí todos los que
estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo
11:28). En Cristo todo es nuevo y fresco, más allá de lo que se
puede describir.
Pero Salomón no está hablando de eso, habla de la persona
que vive sin Dios. Esa persona constantemente observa y escucha,
pero nunca está satisfecha. Continuamente aparecen nuevos estilos
de vestidos, sólo para ser reemplazados por una “apariencia”
diferente. Los registros de música popular cambian
constantemente porque la gente quiere tonadas nuevas. ¿Por qué?
Porque lo antiguo se vuelve fastidioso muy pronto.
El rey pasa a mostrar que, por mucho que se busque,
verdaderamente “nada hay nuevo debajo del sol”. Exactamente
¿qué quiere decir Salomón con esto? ¿No hay muchas cosas de las
que se puede decir “esto es algo nuevo”? Sin duda nuestra
moderna época materialista se quisiera oponer a las palabras de
Salomón: observe todos los logros de la tecnología, ¿no son
novedades: las naves espaciales, la televisión, los hornos
microondas, y las computadoras? Parecería que la afirmación de
Salomón invita a la contradicción, pero esa apariencia sólo resulta
de una lectura superficial. Aquí el interés de Salomón no está en
las “cosas”; en este punto tampoco habla de Cristo ni del
evangelio, se refiere a la condición humana: “Nunca se sacia el
ojo de ver, ni el oído de oír”. El estado desesperado de desasosiego
humano no cambia de una generación a la siguiente.
Salomón, a lo largo de todo el Prólogo, describe el mundo
caído. Este es el cuadro desolador de la creación bajo la maldición
del pecado, completamente incapaz de introducir algo “nuevo”
para su propia salvación.
Como hemos visto, cuando el rey comienza a describir esta
vida vanidosa, nos llega de manera personal la inutilidad de
nuestros esfuerzos (“¿Qué provecho saca el hombre de toda su
fatiga?”). Al concluir su Prólogo, Salomón dirige nuestros
pensamientos hacia lo que más nos molesta: no hacia el flujo
interminable de los ríos que van al mar, ni a las tediosas salidas y
puestas del sol que perturban a la mayoría de las personas. Más
bien se trata de esto, de que mi trabajo parece inútil y mi vida
terminará y será olvidada.
Cuando Salomón declara “no queda memoria de lo que
precedió…”, provoca otra vez la contradicción. Ciertamente las
personas son recordadas, pero no como se debiera o como ellas
quisieran. Cada generación comete los mismos pecados: de
codicia, de odio, y de concupiscencia; y aunque la historia registra
muchos ejemplos del juicio de Dios sobre naciones e individuos,
no recordamos lo que les sucedió a los otros y no lo nos aplicamos
a nosotros mismos.
Y aun si los nombres y los hechos de ciertos individuos se
registran para ser conmemorados por futuras generaciones, eso no
nos da consuelo. Cabe citar de nuevo a Shakespeare: “El mal que
hacen los hombres permanece después de ellos; el bien,
corrientemente se entierra con sus huesos”.
Las civilizaciones antiguas construyeron grandes monumentos
para inmortalizar a los líderes sobresalientes. ¿Quién los recuerda
hoy de la manera como ellos esperaban que fueran recordados?
¿A quién le interesan verdaderamente los antiguos romanos,
griegos, o egipcios? ¿Quién, en las generaciones futuras, apreciará
los logros de nuestra época? Mucho menos ¿a quién le van a
interesar los esfuerzos y los logros que significan tanto para usted
y para mí?
Por lo tanto vemos que las generaciones futuras no son de
ayuda para nosotros. Ellas, como nosotros, estarán atrapadas por
el ciclo inquebrantable de esta existencia de vanidad.
Con este pensamiento termina el rey su enérgico Prólogo.
“Examiné todas las obras que se hacen debajo del sol;
y he aquí, todo ello es vanidad y esfuerzo inútil”
LA VIDA DEBAJO DEL SOL
ECLESIASTÉS 1:12–6:12
Imaginemos por un momento que estamos de nuevo en la
antigua Jerusalén, escuchando a Salomón. Ahora el rey Predicador
hace una pausa. Nuestra atención se desplaza por el valle y hacia
las colinas que hay alrededor de la ciudad de Jerusalén. A lo lejos
vemos a un hombre que lleva hacia la ciudad un burro
pesadamente cargado; probablemente va camino al mercado.
Pensamos en lo que Salomón acaba de decir “¿Qué provecho saca
el hombre de toda su fatiga con que se afana debajo del sol?”
Dentro de mil años esa escena será la misma, la gente que viene
de los campos a la ciudad a vender, a comprar. Nuevas
generaciones habrán venido e ido. “No queda memoria de los que
precedió, ni tampoco de lo que habrá de suceder quedará memoria
en los que vengan después”.
Nuestra meditación se interrumpe cuando el rey comienza a
hablar otra vez, y nos damos cuenta de que hay un escriba al lado
de Salomón, y está anotando las palabras del rey.
Ahora el rey, en lugar de hablar del mundo y de la gente en
general, se vuelve muy personal, comienza a hablar de sí mismo.
La sabiduría es vanidad
12 Yo, el Predicador, fui rey sobre Israel en Jerusalén.
13 Me entregué de corazón a inquirir y a buscar con
sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo; este
penoso trabajo dio Dios a los hijos de los hombres para que
se ocupen en él. 14 Miré todas las obras que se hacen debajo
del sol, y vi que todo ello es vanidad y aflicción de espíritu.
15 Lo torcido no se puede enderezar,
y con lo incompleto no puede contarse.
Sin referirse a él mismo por su nombre, Salomón menciona
otra vez su prominente posición. No se jacta, simplemente muestra
que tenía una posición tan buena como ninguno para experimentar
la vida en su plenitud, y habiendo vivido a plenitud, Salomón
encontró qué tan vacía puede ser la vida.
Cuando el rey comienza otra vez a contar su vida, lo hace con
el tópico de la sabiduría. Eso es natural, ya que la sabiduría fue la
que hizo famoso al rey Salomón por todo el mundo. Las Escrituras
registran el alcance de su sabiduría y su fama.
Dios dio a Salomón sabiduría y prudencia muy
grandes, y tan dilatado corazón como la arena que está
a la orilla del mar. Era mayor la sabiduría de Salomón
que la de todos los orientales, y que toda la sabiduría
de los egipcios. Fue más sabio que todos los demás
hombres…
Y fue conocido entre todas las naciones de los
alrededores. Compuso tres mil proverbios y sus
cantares fueron mil cinco. También disertó sobre los
árboles, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que
nace en la pared. Asimismo disertó sobre los animales,
sobre las aves, sobre los reptiles y sobre los peces. Para
oír la sabiduría de Salomón venían de todos los
pueblos y de parte de todos los reyes de los países,
adonde había llegado la fama de su sabiduría. (1 Reyes
4:29-34).
Con ese vasto tesoro intelectual, el sabio rey Salomón se
propuso descubrir el significado de la vida sobre la tierra, o como
también la llama, la vida “debajo del cielo”. La primera cosa que
observó fue la más obvia: “este penoso trabajo dio Dios a los hijos
de los hombres”. La expresión que utiliza Salomón en hebreo para
“hijos de los hombres” significa literalmente “los hijos de
hombre”, es decir, los hijos de Adán. De nuevo nuestros
pensamientos se remontan a la historia inicial de la humanidad y
a todo lo que significa ser descendiente del primer hombre y de la
primera mujer. Somos concebidos y nacemos en pecado, como
dijo David, el padre de Salomón, en el Salmo 51. La humanidad
se debate bajo la maldición del pecado. Todo esto es parte del
“penoso trabajo” al que Dios ha sometido a la creación caída.
Salomón continúa: “Miré todas las obras que se hacen debajo
del sol”. No debemos tener la idea de que Salomón fue un
despreocupado observador de la vida. No, su visión de la vida era
producto de haberla experimentado.
Por experiencia llegó a saber que todo es vanidad y “esfuerzo
inútil”. La Nueva Versión Internacional traduce la frase como “es
correr tras el viento”, mientras que la Reina-Valera, edición de
1995 tiene “aflicción de espíritu”. Como la palabra del hebreo para
viento y espíritu es la misma, cualquiera de las dos se puede
adecuar al tono de Eclesiastés. Sin embargo, la expresión “correr
tras el viento” parece que nos da una mejor imagen. Todos los
esfuerzos humanos, por sí y en sí, son intentos inútiles para agarrar
el viento. Usted lo agarra entre sus puños y ¿qué tiene? ¡Una
manotada de nada! No importa cuánto aprenda o vea, es con eso
con lo que termina.
El filósofo griego Sócrates (460-399 a.C.), junto con Salomón
y algunos otros, figura como uno de los grandes pensadores de la
historia. Su búsqueda de la sabiduría lo llevó a una conclusión no
diferente a la de Salomón: “Sólo sé que no nada sé”. La sabiduría
humana no puede encontrar el significado de la vida.
Ahora, el rey Salomón inserta un pequeño proverbio en su
discurso: “Lo torcido no se puede enderezar, y con lo incompleto
no puede contarse”. Con estas palabras dice algo como: “Así es,
usted no lo puede cambiar”. ¡Usted no puede contar con lo que ni
siquiera existe! De la misma manera es completamente ilógico
para el hombre caído pensar que puede encontrar un camino para
escapar de su condición. Los recursos y la sabiduría para ese
escape están más allá de su alcance. En efecto, ¡ni si quiera puede
concebir cómo pudieran ser!
16 Hablé yo en mi corazón, diciendo: «He aquí, yo me he
engrandecido, y he crecido en sabiduría más que todos mis
predecesores en Jerusalén, y mi corazón ha percibido mucha
sabiduría y ciencia.» 17 De corazón me dediqué a conocer la
sabiduría, y también a entender las locuras y los desvaríos. Y
supe que aun esto era aflicción de espíritu, 18 pues
en la mucha sabiduría//hay mucho sufrimiento;
y quien añade ciencia, añade dolor.
¿Era muy pesimista Salomón en la valoración que hacía de la
sabiduría? Como queriendo darnos seguridad, y tal vez dársela a
él mismo, nos recuerda su sabiduría y su conocimiento
inigualables. Nadie podría hablar con más autoridad sobre el tema
que el rey Salomón.
Al compararse con todos los que habían gobernado en
Jerusalén, Salomón no piensa sólo en su padre David, que fue el
primer rey israelita en Jerusalén, ya que Jerusalén había tenido
otros reyes antes de David. Anteriormente, en el tiempo de
Abraham, Melquisedec fue “rey de Salem”, el antiguo nombre de
Jerusalén (Génesis 14:18); en el tiempo de Josué, Jerusalén fue
gobernada por Adonisedec (Josué 10:1). Sin duda existieron
muchos otros gobernantes cuyos nombres no conocemos, pero
ninguno de ellos superó a Salomón en conocimiento y sabiduría,
es decir, en el conocimiento de hechos y en la capacidad de
entenderlos y aplicarlos.
Después de examinar los inconvenientes de la sabiduría, el rey
se dirigió a “las locuras y los desvaríos”. Pensó que tal vez le
podamos encontrar significado a la vida abandonando la sabiduría.
Eso es parecido a la desesperación que se ve en la actualidad por
encontrar significado y valor en la sabiduría convencional. A pesar
de todos los descubrimientos de la ciencia, esta no ha acercado al
hombre al conocimiento del significado de la vida. Por eso la gente
se aparta de la razón a la sinrazón, precipitándose temerariamente:
a lo oculto, a las drogas, al alcohol, o al misticismo oriental. Eso
también es un “esfuerzo inútil”.
Salomón, con otro proverbio puesto en forma de verso da la
conclusión sobre su experiencia con la sabiduría: “…en la mucha
sabiduría hay mucho sufrimiento”. Aquí es a dónde conduce
inevitablemente la sabiduría humana. No es placentero conocer
más profundamente la condición miserable del mundo, y lo que
lo hace aún más triste es la conciencia de la incapacidad de uno
para cambiar las cosas.
Sin embargo, hay una sabiduría que no lleva al pesar, y Jesús
la mencionó cuando dijo: “La reina del Sur…porque ella vino de
los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y en este
lugar hay alguien que es más que Salomón” (Mateo 12:42). Para
hallar la sabiduría verdadera y eterna nos debemos volver a aquel
que es mayor que Salomón: a Cristo “en quien están escondidos
todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Colosenses
2:3).
Salomón, en lugar de volverse a esa sabiduría piadosa (que
conoció siendo joven), se apartó de ella, y dirigió su búsqueda
hacia el placer.
Los placeres son vanidad 2 Dije yo en mi corazón: «Vamos ahora, te
probaré con
el placer: gozarás de lo bueno.» Pero he aquí, esto
también era vanidad. 2 A la risa dije: «Enloqueces»; y al
placer: «¿De qué sirve esto?»
3 Decidí en mi corazón agasajar mi carne con vino y, sin
renunciar mi corazón a la sabiduría, entregarme a la
necedad, hasta ver cuál es el bien en el que los hijos de los
hombres se ocupan debajo del cielo todos los días de su vida.
Quizá a las personas de habla inglesa o española les parezca
extraño que Salomón diga: “Dije yo en mi corazón.” Eso ocurre
sólo porque el concepto que tienen del corazón es muy diferente
del que tenían los antiguos hebreos. Para esos lectores modernos
de la Biblia, “corazón” significa el órgano físico o la parte
emocional de una persona; los judíos raramente se referían al
corazón en un sentido estrictamente físico, sino que incluían en él
toda la vida interna de: pensamientos, voluntad, emociones, y
personalidad del hombre. La palabra hebrea para corazón contiene
un amplio rango de significados. La Nueva Versión Internacional
la traduce como “mente” en el versículo 3.
Su experiencia con la sabiduría lo había conducido al vacío, y
por eso el rey entregó su corazón a la búsqueda del placer.
Salomón presenta los resultados aún antes de entrar en los detalles
de su búsqueda: encontró que vivir para el placer es vanidad y
locura; solamente pudo menear la cabeza y preguntarse: “¿De qué
sirve el placer?”
Aunque Salomón sostiene que mientras se mimaba a él mismo
con el placer, su mente todavía lo guiaba “en sabiduría”, sin
entregarse al necio libertinaje y a la borrachera. No fue así, ya que
en realidad quería hacer dos cosas opuestas: andar al mismo
tiempo en misa y en la procesión. Quiso mantener sus sentidos
mientras se dejaba tentar para poder determinar qué es provechoso
hacer con su vida.
A pesar de los esfuerzos de autocontrol que hizo Salomón, el
cuadro que vemos es el de un hombre desesperado, que busca a
ciegas donde poder encontrar el significado de la vida. ¿Qué tan
lejos se había apartado el rey Salomón de su juventud, cuando se
arrodilló humildemente delante del Señor y oró: “Concede, pues,
a tu siervo un corazón que entienda para juzgar a tu pueblo y
discernir entre lo bueno y lo malo, pues ¿quién podrá gobernar a
este pueblo tuyo tan grande?” (1 Reyes 3:9). Por la manera como
Salomón se describe en Eclesiastés, él había llegado a ser un
hombre que trataba de arreglárselas sin Dios.
Muchas personas nunca van más allá de “agasajarse con vino
y abrazar la necedad”. Beber y reír parecen ser el todo y el fin de
todo para muchos. Aunque se comprometan a refrenarse, el placer
se puede convertir en una adicción, en un dios que controla la vida.
El Señor Jesús pudo haber basado una de sus parábolas en
estos versículos de Eclesiastés. La parábola describe a un hombre
que se dijo a él mismo: “muchos bienes tienes guardados para
muchos años; descansa, come, bebe y regocíjate” (Lucas 12:19).
El veredicto de Dios para este hombre fue severo: “Necio”. Ese
es el juicio del Creador para los que no viven para otra cosa que:
comer, beber, y divertirse.
La búsqueda del placer por el rey Salomón no terminó con
vino y risa. Él continúa relatando la manera como esa búsqueda
incluyó las alegrías, de los logros y de la adquisición de bienes.
4 Acometí grandes obras, me edifiqué casas, planté viñas
para mí; 5 me hice huertos y jardines, y planté en ellos toda
clase de árboles frutales. 6 Me hice estanques de aguas, para
regar de ellos el bosque donde crecían los árboles. 7 Compré
siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa. Tuve
muchas más vacas y ovejas que cuantos fueron antes de mí
en Jerusalén. 8 Amontoné también plata y oro, y preciados
tesoros dignos de reyes y de provincias. Me hice de cantores
y cantoras, y de toda clase de instrumentos musicales, y gocé
de los placeres de los hijos de los hombres.,
9 Fui engrandecido y prosperé más que todos cuantos
fueron antes de mí en Jerusalén. Además de esto, conservé
conmigo mi sabiduría.
Ahora el rey pasa de la complacencia personal a los logros
personales: describe en los versículos 4-6 lo que construyó para
él. El templo, que fue el más grande logro arquitectónico de
Salomón, es notable por su ausencia en esta lista. Sin embargo, es
obvio que el templo no encajaría aquí, porque construido para la
gloria del Dios eterno, el propósito del templo supera grandemente
los proyectos de Salomón para su propio servicio, descritos aquí
con la constante repetición de referencias a la primera persona
singular.
Salomón comienza diciéndonos que no sólo construyó, sino
que también llevó a cabo sus proyectos de una manera grandiosa:
“Acometí grandes obras”. Después procede a enumerar sus logros:
“me edifiqué casas”. En 1 Reyes 7 encontramos una descripción
de los palacios de Salomón.
Edificó Salomón su propia casa en trece años [en
comparación con los siete que tomó para el templo], y
la terminó del todo…
Hizo asimismo el vestíbulo del trono en que había
de juzgar, el pórtico del juicio, y lo cubrió de cedro
desde el piso hasta el techo. La casa donde él vivía, en
otro atrio dentro del pórtico, era de una obra de estilo
semejante a esta. Edificó también Salomón para la hija
del faraón, a la que había hecho su mujer …(1 Reyes
7:1-12).
“Planté viñas para mí”. El Cantar de los Cantares dice que
“Salomón tuvo una viña en Baalhamón, y la encomendó a unos
guardas, y cada uno le llevaba por su fruto mil monedas de plata”
(Cantar de los Cantares 8:11). Tal vez debido a que el rey tenía
viñas, eso llegó a ser una moda por todo Israel: “Judá e Israel
vivían seguros, cada uno debajo de su parra y debajo de su higuera,
desde Dan hasta Beerseba, todos los días de Salomón” (1 Reyes
4:25).
“Me hice huertos y jardines…” La palabra para huertos,
pardes, es posiblemente de origen persa u oriental, y de ella viene
el término “paraíso”. En esta declaración vemos de nuevo el lujo
del reino de Salomón, que trae a la mente la imagen de los
“jardines colgantes” de Babilonia o los jardines de los reyes de
Persia. Todavía es una fuente de orgullo y una señal de riqueza
entre las personas ricas del medio oriente tener jardines con “toda
clase de árboles frutales”.
“Me hice estanques de aguas…” Unos 500 años después de la
época de Salomón, Nehemías mencionó el “estanque del Rey” en
Jerusalén (Nehemías 2:14). Josefo, el historiador judío (37-95) lo
llamó “el estanque de Salomón”. La función de los estanques de
Salomón era proporcionar el agua para sus muchos árboles.
“Compré siervos y siervas…” El rey ya ha descrito su
búsqueda de placeres mediante fiestas y proyectos, ahora introduce
un tercer y final elemento, sus bienes. Aquí también parece que
Salomón no se contuvo. Se nos dice que cuando la reina de Sabá
visitó a Salomón, “se quedó asombrada” (1 Reyes 10:5), entre
otras cosas, por “el porte y los vestidos de los que le servían”. Con
todos sus siervos, la imagen es, otra vez, la de un potentado
oriental de riqueza y poder fabulosos.
“Tuve muchas más vacas y ovejas que cuantos fueron antes de
mí…” Es interesante que Salomón pase directamente de sus
siervos a su ganado y sus ovejas. ¿Había considerado, en su
condición pecaminosa, a sus esclavos como simple ganado? El rey
Salomón poseyó más ganado que cualquier otro gobernante que
le precediera en Jerusalén. ¡Eso puede explicar por qué, en la
dedicación del templo, pudo sacrificar 22,000 bueyes y 120,000
ovejas! (1 Reyes 8:63)
“Acumulé también plata y oro…” El libro de Reyes tiene
mucho que decir respecto a los inmensos tesoros de Salomón.
El peso del oro que Salomón tenía de renta cada
año, era 666 talentos [alrededor de 25 toneladas]…
Todos los vasos de beber del rey Salomón eran de
oro, y asimismo toda la vajilla de la casa del bosque
del Líbano era de oro fino; nada de plata, porque en
tiempo de Salomón no era apreciada…
Y todos le llevaban cada año sus presentes: alhajas
de oro y de plata, vestidos, armas, especias aromáticas,
caballos y mulos…
E hizo el rey que en Jerusalén la plata llegara a ser
como las piedras… (1 Reyes 10).
“Me hice de cantores y cantoras,…gocé de los placeres de los
hijos de los hombres…” Junto con todo lo demás, Salomón
procuró disfrutar de la música y de las mujeres. La expresión que
se traduce como “toda clase de instrumentos musicales” se traduce
como “harén” en otras versiones de la Biblia; y la rara
combinación de palabras muy probablemente se refiera a un harén
y sus deleites. Esto también se ajusta al relato de 1 Reyes: “Tuvo
setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas” (1 Reyes
11:3).
En medio de todo ese esplendor y gloria, Salomón sostiene:
“Conservé conmigo mi sabiduría”. Aunque se había apartado del
Señor, el rey todavía podía mantener un sentido de equilibrio. En
su estado de apostasía no hubiera estado inclinado a reconocerlo,
pero fue solamente la gracia de Dios la que guardó a Salomón de
tomar el camino que muchos otros gobernantes absolutos han
tomado, el camino de la complacencia exagerada hasta la ruina
final.
10 No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni
privé a mi corazón de placer alguno, porque mi corazón se
gozaba de todo lo que hacía. Ésta fue la recompensa de todas
mis fatigas.
11 Miré luego todas las obras de mis manos y el trabajo
que me tomé para hacerlas; y he aquí, todo es vanidad y
aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol.
El versículo 10 resume la búsqueda del placer por Salomón:
no se abstuvo de nada. No negué a mis ojos “ninguna cosa que
desearan” literalmente significa “que mis ojos solicitaran”. Como
un niño malcriado, Salomón obtuvo lo que quiso.
Él habla del gozarse en su trabajo; sin duda su gozo estaba en
el logro así como en el trabajo mismo.* Por lo tanto vemos que
Salomón sí encontró algún placer pasajero en la vida.
Sin embargo, señala en el siguiente versículo que ni aun toda
esa riqueza y todo ese placer verdaderamente lo dejaron satisfecho.
¡El gran rey tuvo todo lo que un hombre pudiera desear, sin
embargo no le pareció suficiente!
Nuevamente Salomón muestra que había caído de la fe: había
llegado a decir que sus logros eran “las obras de mis manos” y “el
trabajo que [yo] me tomé para hacerlas”. Posteriormente veremos
que Salomón le atribuye las bendiciones terrenales a Dios, pero al
* La Nueva Versión Internacional dice: “Mi corazón… disfrutó de todos mis afanes”.
volver a contar aquí sus experiencias, tiene el punto de vista del
hombre natural, que ve sólo sus propios esfuerzos y deja de ver al
Dios escondido, que le ha dado el éxito.
¿Y a qué conclusión llega Salomón? Repite el triste estribillo:
“Todo es vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo
del sol”.
¡Con qué fuerza le habla esta sección de Eclesiastés a nuestra
generación! Las comparaciones con la Roma en decadencia son
frecuentes pero están algo fuera de lugar, nuestra sociedad todavía
no está dada a borracheras y lascivia desenfrenadas. No, nuestra
debilidad más bien es el placer “con sabiduría” y control. Comidas
y bebidas finas, comer afuera, el teatro y el cine, el mundo de los
deportes y de la recreación, los éxitos en los negocios, las
ganancias financieras, todo eso se busca sin complacencia
exagerada, no sea que uno pierda su ventaja competitiva.
Para concluir esta sección, sobre la búsqueda que hace
Salomón de significado en el placer, citamos estos adecuados
pensamientos del comentarista luterano Paul Kretzmann:
Salomón hizo lo que tantas personas han tratado
de hacer desde su tiempo: en lugar de aceptar las
declaraciones de la Palabra de Dios respecto a lo que
es bueno y de beneficio para ellos, determinan probar
por sí mismos lo que es bueno y por eso están
obligados a aprender por medio de muchas
experiencias amargas y dolorosas. Salomón, teniendo
los medios, aprovechó toda oportunidad para
experimentar.1
La sabiduría y la necedad son vanidad
12 Después volví a considerar la sabiduría, los desvaríos y
la necedad; pues ¿qué podrá hacer el hombre que venga
después de este rey? Nada, sino lo que ya ha sido hecho. 13 He
visto que la sabiduría aventaja a la necedad, como la luz a
las tinieblas.
14 El sabio tiene sus ojos abiertos,
mas el necio anda en tinieblas.
Pero también comprendí que lo mismo ha de acontecerle
al uno como al otro.
15 Entonces dije en mi corazón: «Como sucederá al necio,
me sucederá a mí. ¿Para qué, pues, me he esforzado hasta
ahora por hacerme más sabio?» Y dije en mi corazón que
también esto era vanidad. 16 Porque ni del sabio ni del necio
habrá memoria para siempre; pues en los días venideros
todo será olvidado, y lo mismo morirá el sabio que el necio.
Ahora Salomón regresa a un tema que ya había tratado, la
sabiduría. Primero se esfuerza por demostrar la ventaja de la
sabiduría sobre la necedad; después discute el final común de los
sabios y de los necios.
Nos podemos preguntar ¿por qué regresó al tema de la
sabiduría, si ya lo había tratado (1:12-18)? Sin embargo, la
sabiduría es la constante en las búsquedas y en las pruebas de
Salomón. Por ejemplo, hemos visto que su complacencia con el
vino era moderada por la sabiduría. Como la sabiduría es la base
de todas las pruebas de la vida de Salomón, no es sorprendente
que regrese con frecuencia a ese tema.
Salomón, en el versículo 12, relaciona la estimación que tiene
por la sabiduría con su posición como rey. Apenas ha terminado
de describir sus grandes logros, y ahora pregunta: “¿Qué podrá
hacer el hombre que suceda al rey?” En otras palabras: “Si yo no
pude encontrar satisfacción en los enormes proyectos que terminé,
¿qué razón hay para suponer que la siguiente generación de alguna
manera encuentre las respuestas?” Han pasado casi tres mil años
desde la época de Salomón, y a pesar de todas las generaciones
que han venido y se han ido, la humanidad no está más cerca de
encontrar el significado de la vida.
Note el paralelismo que se encuentra en estos versículos en
donde Salomón compara al sabio con el necio. ¡La diferencia es
parecida a la que hay entre la luz y las tinieblas! Salomón describe
una imagen del hombre sabio que camina por todos lados con los
ojos bien abiertos, mientras que el necio tropieza en la oscuridad.
Al observar la vida de los demás, parece que unos llevan una vida
desorganizada y van de un lado a otro sin dirección. Sin embargo,
la ventaja del hombre sabio que lleva una vida ordenada y
planeada, no tiene tanta importancia. Previamente Salomón trató
las enormes limitaciones que, debajo del sol, tiene la sabiduría, y
también señaló la tristeza que trae. Ahora habla sobre el gran
igualador entre el hombre sabio y el hombre necio: la muerte.
Cuando dice “como sucederá al necio, me sucederá a mí”, no
quiere decir pura casualidad o suerte ciega, pues la Biblia en
ninguna parte enseña eso.*
La pregunta del rey, ¿Para qué, pues, me he esforzado hasta
ahora por hacerme más sabio?, es retórica. La respuesta es obvia,
¡Para nada! “Eso también es vanidad”.
En el versículo 16, Salomón habla de ser olvidado, tema que
presentó en el Prólogo (1:11). La muerte es amarga y el olvido por
el que todos debemos pasar la hace aún más amarga. Al pasar el
tiempo nadie se interesará por los que murieron años antes, muy
pocos los recordarán.
Por supuesto, Salomón todavía está hablando de las cosas
debajo del sol. El creyente sabe que existe el Dios misericordioso
que nunca olvida a los suyos: “En memoria eterna será el justo”
(Salmo 112:6).
Después de desarrollar con mucha habilidad el tema, Salomón
termina esta sección con esta “nota final”: “y lo mismo morirá el
sabio como el necio”. Todo el orgullo humano fundado en la
sabiduría se destruye con esta afirmación. Tanto los sabios como
los necios terminan igual, dos metros bajo tierra.
El trabajo es vanidad
17 Por tanto, aborrecí la vida, pues la obra que se hace
debajo del sol me era fastidiosa, por cuanto todo es vanidad
y aflicción de espíritu.
18 Asimismo aborrecí todo el trabajo que había hecho
debajo del sol, y que habré de dejar a otro que vendrá
después de mí. 19 Y ¿quién sabe si será sabio o necio el que se
adueñe de todo el trabajo en que me afané y en el que ocupé
mi sabiduría debajo del sol? Esto también es vanidad.
20 Volvió entonces a desilusionarse mi corazón de todo el
trabajo en que me afané, y en el que había ocupado debajo
del sol mi sabiduría. 21 ¡Que el hombre trabaje con sabiduría,
con ciencia y rectitud, y que haya de dar sus bienes a otro
que nunca trabajó en ello! También es esto vanidad y un
gran mal.
22 Porque ¿qué obtiene el hombre de todo su trabajo y de
la fatiga de su corazón con que se afana debajo del sol?
23 Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos
molestias, pues ni aun de noche su corazón reposa. Esto
también es vanidad.
Las palabras del rey Salomón “Por tanto, aborrecí la vida” nos
recuerdan la afirmación de Cristo: “El que ama su vida, la perderá;
y el que aborrece su vida en este mundo, la guardará para vida
eterna” (Juan 12:25). Salomón se describe como una persona:
mundana, aburrida, y amargada. Cristo habla del hombre de fe que
vence este mundo agonizante y pecador, aferrándose a aquel que
es eterno. Sin embargo los dos no están tan lejos el uno del otro
como puede parecer inicialmente: la persona cuyo corazón está
lleno de desesperación y odio por su vida terrenal, a menudo está
lista para las buenas noticias y el amor victorioso de Cristo.
A través de todo el capítulo 2 de Eclesiastés aparecen pasajes
que nos recuerdan la parábola de Jesús sobre el rico insensato, que
había atesorado cosas “para sí mismo” pero no era “rico para con
Dios” (Lucas 12:13-21). El versículo 18 tiene el mismo tono que
las palabras que le dijo Dios al rico insensato: “Y lo que has
provisto, ¿para quién será?” La preocupación de Salomón por la
persona que vendrá después de él no es simplemente una
declaración generalizada de verdad, la aplica a su propia vida. Tal
vez cuando escribió eso tenía serias dudas respecto de su hijo
Roboam, y sucedió que Roboam sí llevó a la ruina muchos de los
logros espectaculares de Salomón (1 Reyes 12).
El rey Salomón utiliza nueve veces en esta corta sección los
términos “vanidad” y “debajo del sol”. El rey hace énfasis de
nuevo en que sin Dios todos los esfuerzos humanos son vanidad.
Y eso sólo puede llevar a la desesperación. Los logros de
Salomón le dieron algo de felicidad (2:10), pero cuando reflexionó
sobre ellos, se perturbó y se desanimó.
Como si estuviera obsesionado con ese pensamiento, el
Predicador repite el hecho de que la riqueza de un hombre
industrioso muchas veces cae en las manos de un inútil. ¿Qué es
lo que hace de esto un “gran mal”? Esta es una de esas cosas que
hacen la vida tan injusta, una persona no sólo lucha durante toda
la vida, sino que baja a la tumba sin ninguna garantía de que lo
que deja detrás, será apreciado o utilizado sabiamente. La pregunta
que hace Salomón, “¿qué obtiene el hombre de todo su trabajo, y
de la fatiga de su corazón?”, concuerda exactamente con estos
pensamientos.
Para completar el cuadro, Salomón describe los cotidianos
esfuerzos del trabajador durante el día y su desasosiego en la
noche. Lo que describe en el versículo 23 no es una exageración,
ni una visión excesivamente pesimista del trabajo, sino la vida
como verdaderamente se vive. Aunque escrito hace siglos por un
rey judío, pudiera haber sido escrito ayer por un hombre de
negocios del siglo 21.
24 No hay cosa mejor para el hombre que comer y beber,
y gozar del fruto de su trabajo. He visto que esto también
procede de la mano de Dios. 25 Porque, ¿quién comerá y
quién se gozará sino uno mismo? 26 Porque al hombre que le
agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo; pero al pecador
le da el trabajo de recoger y amontonar, para dejárselo al
que agrada a Dios. También esto es vanidad y aflicción de
espíritu.
Después de examinar: la sabiduría, la necedad, el placer, los
logros, y todo lo que está debajo del sol, Salomón encontró todo
deficiente. Pero la vida continúa, y nos inquieta la pregunta:
“Entonces ¿cómo debemos vivir?” La respuesta a esta pregunta
ocupa el resto de Eclesiastés. Sin embargo, Salomón no lo dice
todo de una vez, sino que comienza gradualmente, señalando el
control de Dios. De esta manera el pasaje que tenemos frente a
nosotros nos presenta uno de los cambios en la corriente de
pensamiento de Eclesiastés.
Salomón dice que, en esta vida, lo mejor que una persona
puede hacer es “comer y beber, y gozar del fruto de su trabajo”.
Pero ¿cómo puede uno seguir el consejo del Predicador y
“gozar del fruto de su trabajo”, cuando Salomón ha demostrado
tan convincentemente que el trabajo es vanidad y esfuerzo inútil?
El rey contesta inmediatamente que eso es posible solamente “de
la mano de Dios”. La mano de Dios simboliza su poder, y ese
poder es sin límite. Como dijo Jesús: “Para Dios todo es posible”
(Mateo 19:26).
Aquí la fe entra en la imagen, porque sólo la fe en Cristo puede
penetrar en la nube oscura de vanidad del mundo caído para ver el
amor y la misericordia resplandecientes del Dios todopoderoso.
La persona que “agrada” a Dios no es ninguna otra sino el
creyente, como la Escritura dice: “Sin fe es imposible agradar a
Dios” (Hebreos 11:6).
Salomón pone a quien le es grato a Dios en contraste con el
“pecador”. Aunque todos son pecadores, aquí el término se aplica
solamente al incrédulo, al pecador impenitente. Este pecador no
posee nada, mientras que el creyente recibe todas las cosas buenas.
A primera vista esta afirmación de Salomón no parece
concordar con la realidad, ya que muchas veces los impíos son
muy ricos. Con su habilidad característica para ver el corazón del
asunto, Martín Lutero resuelve rápidamente el aparente problema:
“En resumen, los piadosos verdaderamente poseen todo el mundo,
porque lo disfrutan con felicidad y tranquilidad. Pero los impíos
no lo poseen aun cuando lo tienen. Esta es la vanidad que posee el
impío” 2
Por lo tanto hay tiempo y lugar para el trabajo y su alegría;
ciertamente hay tiempo para todo.
Un tiempo para todo 3 Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere
debajo
del cielo tiene su hora:
2 Tiempo de nacer
y tiempo de morir,
tiempo de plantar
y tiempo de arrancar lo plantado,
3 tiempo de matar
y tiempo de curar,
tiempo de destruir
y tiempo de edificar,
4 tiempo de llorar
y tiempo de reír,
tiempo de hacer duelo
y tiempo de bailar,
5 tiempo de esparcir piedras
y tiempo de juntarlas,
tiempo de abrazar
y tiempo de abstenerse de abrazar,
6 tiempo de buscar
y tiempo de perder,
tiempo de guardar
y tiempo de tirar,
7 tiempo de rasgar
y tiempo de coser,
tiempo de callar
y tiempo de hablar,
8 tiempo de amar
y tiempo de aborrecer,
tiempo de guerra,
y tiempo de paz.
Estos versículos forman parte de una de las porciones más
famosas del libro de Eclesiastés. Salomón, en cortas líneas
poéticas, retoma la verdad que establece en el primer versículo:
“Todo tiene su tiempo”.
Los versículos 2-8 consisten en catorce pares de palabras
opuestas (“nacer…morir”, etc.). El uso del número siete o de sus
múltiplos es común en el Antiguo Testamento, como lo
encontramos en otras partes en Eclesiastés y en el Cantar de los
Cantares. Siete significa plenitud, aquí Salomón lo utiliza para
incluir todas las actividades humanas.
Cada par de palabras parece reflejar el pensamiento del par
cercano dentro del mismo versículo. Por ejemplo, en el versículo
4 “llorar…reír” está en paralelo con “endechar…bailar.” O en el
versículo 8: “amar…aborrecer” está en paralelo con “guerra…
paz”.
Aunque aquí la mayoría de los pensamientos de Salomón se
explican por ellos mismos, caben unos pocos comentarios.
Algunos ven las referencias a: arrancar, curar, y edificar, en
los versículos 2 y 3, como alusiones al trato de Dios con su pueblo
escogido. Por ejemplo, el Salmo 80:8-9 establece “Hiciste venir
una vid de Egipto; echaste las naciones, y la plantaste. Limpiaste
el suelo delante de ella, e hiciste arraigar sus raíces, y llenó la
tierra”. Tal vez construyendo con las palabras de Salomón, el
profeta Jeremías utiliza un lenguaje similar con referencia al
pueblo de Dios: “Los edificaré, y no los destruiré; los plantaré y
no los arrancaré” (Jeremías 24:6). Pero aun si Salomón está
pensando en la historia específica de Israel, también está hablando
de experiencias humanas generales, esa es su tendencia en todo el
Eclesiastés.
A ciertos comentaristas les parece que el versículo 5 pudiera
tener un significado sexual. Los judíos eruditos tomaron el término
“esparcir piedras” como si se refiriera a relaciones sexuales y
“juntar” como refiriéndose a abstinencia. En vista del paralelismo
en la segunda parte del versículo, “tiempo de abrazar…abstenerse
de abrazar”, esa sugerencia no carece de mérito.
Hay otra manera de entender esto: cuando Jesús habló de la
destrucción del templo, describió el derrumbamiento de piedras:
“No quedará piedra sobre piedra que no sea derribada” (Marcos
13:2). Si entendemos de esta manera el versículo que tenemos
delante, Salomón está describiendo el tiempo para edificar
(prosperidad) versus el tiempo para la destrucción. La segunda
mitad del versículo concordará de manera indirecta: el tiempo para
abrazar es el tiempo de prosperidad y el tiempo para abstenerse de
abrazar es el tiempo de la necesidad.
Otra palabra de esta sección, “rasgar” que aparece en el
versículo 7, nos recuerda la costumbre hebrea de rasgar las
vestiduras en momentos de ira o de tristeza. Por ejemplo, en el
juicio de Jesús, “el sumo sacerdote se rasgó las vestiduras” por la
ira que le dio (Mateo 26:65). En contraste a rasgar está “coser”.
Hasta el odio y la guerra, tienen su tiempo junto con el amor
y la paz. Los cristianos van a odiar la vaciedad de este mundo;
también van a aborrecer el mal (Proverbios 8:13). Estamos
constantemente en guerra con “los dominadores de este mundo de
tinieblas, contra huestes espirituales de maldad” (Efesios 6:12); y
si somos llamados debemos servir a nuestro país en tiempo de
guerra. Además, Dios mismo manifiesta el odio (Salmo 5:5) y el
amor (Juan 3:16) hacia este mundo pecador.
En todo caso, no tenemos que insistir en cierta imagen
específica en estos versículos, el rey Salomón habla de un tiempo
para todo. Los ejemplos que da son suficientemente amplios como
para incluir exactamente todo.
La pregunta principal que se hace en esta sección de
Eclesiastés no está relacionada con detalles específicos, más bien
tiene que ver con la idea central de todo el pasaje. ¿Qué nos trata
de enseñar Salomón cuando dice que hay tiempo para todo? Los
comentaristas han dado varias respuestas.
Algunos afirman que Salomón enseña aquí que “es sabio hacer
lo correcto en el momento correcto”. 3 La idea es saber cuándo
hacer cada cosa; con la elección del momento oportuno una
persona obtendrá lo máximo de sus oportunidades y tendrá una
vida exitosa. Aunque esta interpretación puede ser muy atractiva
(especialmente en nuestra época humanista), simplemente no
concuerda con el texto. El momento en el que nacemos está más
allá de nuestro control; de la misma manera no están en nuestras
manos los acontecimientos que le traen alegría o pesar a nuestra
vida.
Otros concluyen, con base en estos versículos, que “todos los
acontecimientos de la vida son parte de un esquema fijo; le
suceden al ser humano sea que quiera o no; por lo tanto el esfuerzo
humano es infructuoso”. 4 Pero Salomón no intenta sofocar el
esfuerzo humano, los últimos capítulos de Eclesiastés están llenos
de consejos sobre cómo vivir.
La mejor explicación es que aquí el Predicador señala el
control de Dios. Salomón muestra que todo está en las manos de
Dios. Un comentarista nos dice que Dios es “el Gobernador de
este mundo y el Predecesor de la historia, que hace que aún lo malo
ayude a su plan”. 5 En lugar de abandonar el esfuerzo humano,
esta verdad nos anima a seguir la voluntad de Dios como se revela
en las Escrituras. Como hijos de Dios hacemos lo que podemos, y
dejamos el resultado en sus manos poderosas.
9 ¿Qué provecho obtiene el que trabaja de aquello en que
se afana? 10 He visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos
de los hombres para que se ocupen en él. 11 Todo lo hizo
hermoso en su tiempo, y ha puesto eternidad en el corazón
del hombre, sin que este alcance a comprender la obra hecha
por Dios desde el principio hasta el fin.
12 Sé que no hay para el hombre cosa mejor que alegrarse
y hacer bien en su vida, 13 y también que es don de Dios que
todo hombre coma y beba, y goce de los beneficios de toda su
labor. 14 Sé que todo lo que Dios hace es perpetuo:
Nada hay que añadir ni nada que quitar.
Dios lo hace para que los hombres//teman delante de él.
15 Lo que antes fue, ya es,
y lo que ha de ser, fue ya;
y Dios restaura lo pasado.
Dios controla todo con su sabiduría y su poder infinitos,
dispone todo dentro de su plan eterno, y así todo es “hermoso en
su tiempo”. El apóstol Pablo escribió: “Y sabemos que todas las
cosas cooperan para bien de los que aman a Dios, de los que son
llamados conforme a su propósito” (Romanos 8:28). Ver de igual
forma las adversidades y las alegrías de la vida, como parte de este
gran esquema, es ver la vida como un bello mosaico salido de las
manos del Artista maestro.
Con esto en mente, Salomón regresa a la pregunta: “¿Qué
provecho obtiene el que trabaja, de aquello en que se afana?” ¿Por
qué preocuparse por hacer algo si Dios de todas maneras va a hacer
lo que le place? El rey ofrece varias respuestas.
La primera se encuentra en la magnífica declaración “Ha
puesto eternidad en el corazón del hombre”. Dios ha puesto
profundamente dentro de nosotros el anhelo por aquello que
permanece para siempre, un anhelo que las experiencias fugaces
de la vida son incapaces de satisfacer. Junto con este anhelo, está
dentro de nosotros la conciencia de que esta vida no es el final. A
pesar de la aparente inutilidad del esfuerzo humano, el hombre
siente que lo que hace tiene repercusiones eternas. Sin embargo,
sin el evangelio de Cristo el hombre no tiene manera de saber
cómo llegar a Dios y a la vida eterna, y el anhelo por la eternidad
viene a ser sólo otra irritación y frustración debajo del sol.
Es interesante notar que la palabra para eternidad en hebreo
significa básicamente “el tiempo escondido”. Aunque tenemos un
sentido natural de lo que es la eternidad, nos hace falta la
capacidad adecuada para poder ver a los distantes pasado y futuro,
que se esconden de nosotros. Felizmente, Dios nos ha dado un
poco de información en la Biblia; en ella nos explica algo respecto:
al comienzo y a la creación (Génesis 1), y sobre el fin, juicio, el
cielo y el infierno (el libro de Apocalipsis y muchas otras partes
de la Escritura). También nos indica el camino al cielo: por medio
de Jesucristo que es “el camino” (Juan 14:6).
Además de un sentido incorporado de eternidad que le da
significado a nuestro trabajo, Salomón señala otra razón para
trabajar: da satisfacción. En esta vida “no hay para el hombre cosa
mejor” que trabajar y “hacer el bien” y disfrutar de cualquier fruto
que pueda resultar de su esfuerzo.* Como todo lo demás que es
bueno en la vida, esta capacidad para encontrar alguna satisfacción
en nuestro trabajo es “don de Dios”.
Todo buen don viene de Dios. ¡Qué Dios tan magnífico! Todo
lo que hace “será perpetuo”. Nadie puede quitar lo que Dios decide
dar porque, si él nos da el más grande don de todos, su amor y
perdón en Cristo, entonces “¿quién nos separará del amor de
Cristo?” (Romanos 8:35) Desde luego que la respuesta es: nadie
podrá.
Es necio tratar de agregar a los grandes planes de Dios. Por
ejemplo, no hay nada que algún hombre pueda agregar al plan de
salvación de Dios. Las buenas obras no agregan nada a lo que
Cristo obtuvo para la humanidad. “Es don de Dios; no por obras,
para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).
También es necio e inicuo agregarle o quitarle a la Palabra de
Dios: “Si alguno añade a estas cosas [las palabras de Dios], Dios
traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si
alguno quita…Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la
santa ciudad [el cielo]” (Apocalipsis 22:18-19).
En lugar de tratar de agregar o de quitar a lo que Dios dice y
hace, nosotros solamente debemos adorarlo y temerle.
El amor de Dios permanece “para siempre” (Salmo 136), su
Palabra “permanece para siempre” (Isaías 40:8), “Jesucristo es el
mismo, ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8). Por lo tanto
“aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya”. El plan de
salvación de Dios fue desarrollado antes de la creación del mundo.
El último renglón de esta sección se puede entender en
cualquiera de las siguientes maneras: “Dios restaura lo pasado”*
o “Dios juzgará el pasado”. La primera posibilidad se ajusta a todo
lo que Salomón ha dicho hasta este punto en el capítulo; en el
momento apropiado Dios traerá lo que es necesario para mantener
sus designios. La otra manera de entender el versículo se ajusta a
lo que va a seguir. Ahí el rey habla del juicio de Dios, un tiempo
para llamar a cuentas al pasado.
16 Vi más cosas debajo del sol:
en lugar del juicio, la maldad;
y en lugar de la justicia, la iniquidad.
17 Y dije en mi corazón: «Al justo y al malvado juzgará
Dios; porque allí hay un tiempo para todo lo que se quiere y
para todo lo que se hace.»
Muchas veces parece que el trabajo bueno y honesto no es
provechoso debajo del sol, muchas veces lo opuesto parece ser lo
conveniente. El pecado tiene tal dominio sobre la humanidad, y el
mundo está tan lleno de la iniquidad, que deja que los hacedores
de maldad se salgan con la suya. Aun donde esperaríamos
encontrar justicia, no la hay. En los días de Salomón, como en los
nuestros, los tribunales no eran todo lo que debieron ser. Cuando
uno observa eso es fácil que se convierta en un cínico, como dijo
el famoso abogado Clarence Darrow que comentó: “No hay cosa
tal como la justicia, dentro o fuera del tribunal”. Aun en ocasiones
uno puede tener la idea de que el crimen sí es provechoso.
¿O no? El Predicador inmediatamente dice que vendrá un
tiempo de ajuste de cuentas. “Al justo y al malvado juzgará Dios”.
Entonces “todo lo que se hace” saldrá a la luz.
Junto con el sentido de eternidad, Dios ha puesto en las
personas la conciencia y el sentido del bien y del mal (Romanos
2:14-15); la naturaleza también da testimonio de que hay un Dios
(Salmo 19:1). La conciencia natural que tiene el hombre de su
necesidad de dar cuenta delante de Dios ayuda a explicar por qué
el mundo no está completamente arrollado por la iniquidad. Pero
ni las actividades más justas del hombre son suficientes para ganar
la salvación, eso debe venir como don Dios.
18 Dije también en mi corazón: «Esto es así, por causa de
los hijos de los hombres, para que Dios los pruebe, y vean
que ellos mismos son semejantes a las bestias.» 19 Pues lo
mismo les sucede a los hijos de los hombres que a las bestias:
como mueren las unas, así mueren los otros, y todos tienen
un mismo aliento de vida. No es más el hombre que la bestia,
porque todo es vanidad.
20 Todo va a un mismo lugar;
todo fue hecho del polvo,
y todo al polvo volverá.
21 ¿Quién sabe si el espíritu de los hijos de los hombres
sube a lo alto, y el espíritu del animal baja a lo hondo de la
tierra?
22 Así, pues, he visto que no hay cosa mejor para el
hombre que alegrarse en su trabajo, porque ésa es su
recompensa; porque, ¿quién lo llevará para que vea lo que
ha de venir después de él?
Anteriormente Salomón comparó al hombre sabio con el
hombre necio. ¡Ahora compara a todas las personas con los
animales! Al hacer eso, de nuevo hace entender su punto: “Todo
es vanidad.” Bajo la maldición del pecado tanto el hombre como
la bestia deben volver al polvo. En este sentido, a pesar de todos
sus logros “no es más el hombre que la bestia”.
¿Por qué “prueba” Dios al hombre así? Es como si Dios
restregara la mugre en la cara común de la humanidad y dijera “así
son ustedes”. Dios creó al hombre para que señoreara sobre todos
los animales (Génesis 1:26); ahora comparten el mismo fin en este
mundo: la muerte. Esta es otra prédica fuerte del juicio de Dios
sobre el mundo.
Una nota de pie de página en la Nueva Versión Internacional
indica que el versículo 21 se puede traducir de otra manera:
“¿Quién conoce el espíritu del hombre, que se remota a las alturas,
o el de los animales, que desciende a las profundidades de la
tierra?” Esa traducción es bastante diferente de esta otra: “¿Quién
sabe a dónde va el espíritu del hombre?” Sin embargo, estas dos
traducciones aceptables señalan la misma verdad: un hombre por
sí mismo es incapaz de conocer algo espiritual, no puede conocer
algo sobre su vida espiritual. Tampoco puede saber algo sobre la
vida del espíritu después de la muerte porque es tan ignorante
sobre estos asuntos como los animales.
Si dependiera del hombre, probablemente concluiría que no es
nada más que un animal altamente desarrollado. Sólo podemos
aprender la verdad mediante la revelación dada por Dios.
Posteriormente Salomón hablará sobre lo que le espera al
espíritu del hombre (12:7), por ahora, el Predicador simplemente
nos insta a disfrutar de nuestro trabajo. Acepte la parte que Dios
le ha dado en la vida, y en cuanto al futuro déjelo en las manos de
Dios.
Opresión, trabajo, vida solitaria 4 Me volví y vi todas las violencias que se
hacen debajo
del sol: las lágrimas de los oprimidos, sin tener quien
los consolara; no había consuelo para ellos, pues la fuerza
estaba en manos de sus opresores. 2 Alabé entonces a los
finados, los que ya habían muerto, más que a los vivos, los
que todavía viven. 3 Pero tuve por más feliz que unos y otros
al que aún no es, al que aún no ha visto las malas obras que
se hacen debajo del sol.
El rey Salomón nos invita otra vez a examinar, junto con él, la
miseria del mundo. Ya ha hablado sobre el mundo en general y
sobre su propio desagrado, ahora se centra en los problemas de
otros, comienza con los oprimidos. El comentarista Ernest
Hengstenberg explica el propósito del constante énfasis que hace
el Predicador en la miseria humana: “Al hacernos repugnar
completamente al mundo, y hacernos conscientes de su absoluta
vanidad, Dios quiere atraernos a él… Mediante mucha tribulación
debe soltarse nuestro aferramiento a las cosas terrenales y entrar
en el reino de Dios”. 6
Algunos arguyen que Salomón no pudo haber sido el autor de
esta sección de Eclesiastés, porque su reino fue de paz, libre de la
clase de opresión que se describe aquí. Sin embargo, Salomón no
quiso ignorar lo que sucede en el mundo, ya que simplemente
observa la condición normal de las cosas.
Job también observó esa opresión injusta y se preguntó en voz
alta ¿por qué parece que Dios no hace nada respecto a ella?: “En
la ciudad gimen los moribundos, y claman las almas de los heridos
de muerte, pero Dios no atiende su oración” (Job 24:12). Desde
luego, Dios guarda la cuenta de los malhechores, aunque desde
nuestra perspectiva no podemos ver el resultado de su justicia.
Tampoco nos tenemos que esforzar mucho para ver la opresión
en nuestros días. La tiranía abunda en todo el mundo, y nuestra
propia tierra tiene parte en la injusticia y en la falta de interés por
los necesitados: los ricos se vuelven más ricos y los pobres más
pobres.
El rey Salomón, al observar toda esta vileza, decidió que ¡sería
mejor estar muerto, o en primer lugar no haber nacido jamás! Pero
así es la vida “debajo del sol”. Si todo lo que tuviéramos fuera la
miseria de este mundo, bien pudiéramos concluir con el filósofo
francés Voltaire (1694-1778): “Deseo que nunca hubiera nacido”;
o, como comentó el estadista británico Benjamín Disraeli (1804-
1881): “La juventud es una confusión; la madurez, una lucha; la
ancianidad, una pena”. Las religiones orientales como el
hinduismo y el budismo han llegado a una conclusión similar, el
máximo bien es lograr el nirvana, un estado de nada. Estos
comentarios son de personas de todas las épocas y de todo el
mundo.
Los cristianos también desean escapar de esta vida. Junto con
el apóstol Pablo exclamamos: “teniendo deseo de partir y estar con
Cristo, lo cual es muchísimo mejor” (Filipenses 1:23). Y también
tenemos un propósito para permanecer aquí: “Sé que quedaré y
permaneceré con todos vosotros, para vuestro provecho y gozo de
la fe” (Filipenses 1:25). A diferencia del incrédulo, tenemos un
maravilloso lugar a donde ir cuando salgamos de este valle de
lágrimas y tenemos algo valioso para compartir mientras vivimos
sobre la tierra, el amor de Cristo.
4 He visto asimismo que toda obra bien hecha despierta la
envidia del hombre contra su prójimo. También esto es
vanidad y aflicción de espíritu.
5 El necio se cruza de brazos//y se consume en sí mismo.
6 Más vale un puño lleno de descanso,
que ambos puños llenos de trabajo//y aflicción de
espíritu.
El Predicador regresa del tema de la opresión al del trabajo.
Presenta dos actitudes erróneas hacia el trabajo, ambas comunes.
La primera la conocemos como “ambicionar el lujo de los
demás”. Piense en esto: ¿qué motiva a las personas a tener éxito?
Todos quieren demostrar que llevan una vida fructífera. ¿Cuántas
historias no hay de pobres que se convierten en ricos como
resultado de los sueños que tuvieron de vivir algún día en uno de
los mejores lugares de la ciudad? Algunos han comentado que la
gente trabaja más duro por los lujos que por las necesidades
básicas de la vida. Muchos hombres de negocios que buscan el
éxito trabajan más horas que la persona que apenas se sostiene.
También en el trabajo de la iglesia, la envidia puede ser el motivo
escondido cuando hay mucha actividad: hay personas que quieren
sobresalir de los demás en todos los aspectos de la vida.
Cuando el Predicador dice que “toda obra bien hecha despierta
la envidia del hombre contra su prójimo”, habla de la clase de
trabajo que no puede satisfacer. Se refiere a los incesantes
actividad y esfuerzo, que al final son vanidad.* En una palabra,
Salomón describe el trabajo que se hace sin Dios.
Muchas veces una persona exitosa es despectiva con los que
no logran mucho. Parece que el versículo 5 es un proverbio que
Salomón pone en boca del que trabaja duro: “El necio se cruza de
brazos y se come en sí mismo”. Cierto, si una persona se sienta
con las manos cruzadas sobre el estómago y nunca las utiliza
constructivamente, se va a arruinar.
El versículo 6 parece ser la respuesta “del necio”. “Por lo
menos he logrado alguna tranquilidad. Mire todos sus esfuerzos
para alcanzar el éxito. ¿Para qué? Su esfuerzo es inútil”.
Entonces, por una parte, Salomón señala a la persona que es
motivada por la envidia y no descansa en sus intentos de tener
éxito en el mundo; por otro lado, señala a la persona perezosa que
no tiene preocupaciones y deja que la vida transcurra sin siquiera
utilizar las capacidades que Dios le dio. Dos ejemplos más de la
vida debajo del sol.
7 Me volví otra vez, y vi vanidad debajo del sol. 8 Un
hombre está solo, sin sucesor, sin hijo ni hermano. Nunca
cesa de trabajar, sus ojos no se sacian de riquezas, ni se
pregunta: «¿Para quién trabajo yo y privo a mi vida de todo
bienestar?» También esto es vanidad y duro trabajo.
9 Mejor son dos que uno, pues reciben mejor paga por su
trabajo. 10 Porque si caen, el uno levantará a su compañero;
pero ¡ay del que está solo! Cuando caiga no habrá otro que
lo levante. 11 También, si dos duermen juntos se calientan
mutuamente, pero ¿cómo se calentará uno solo? 12 A uno que
prevalece contra otro, dos lo resisten, pues cordón de tres
dobleces no se rompe pronto.
El Predicador continúa enumerando los problemas de la vida,
de los temas de la opresión y el trabajo, nos lleva a la soledad. Así
como el del trabajo enraizado en la envidia, este tópico tiene
mucho que ver con la vida contemporánea. Cada día es mayor el
número de personas que deciden permanecer solteras: más de la
mitad de la población adulta de los Estados Unidos son personas
solteras. Escuchamos hablar mucho sobre la alienación y la
soledad, dentro de los casados tanto como dentro de los solteros.
No es que no haya suficiente gente en derredor, pero la amistad
real y perdurable es difícil de conseguir en nuestra época en la que
nos movemos con facilidad, existen mucha competencia y
materialismo.
No es difícil encontrar ejemplos de la vida moderna que
concuerden con la descripción que hace Salomón del hombre rico
y solitario. A veces los individuos muy ricos y famosos pasan sus
últimos sus años viviendo casi como ermitaños, como Howard
Hughes y Elvis Presley.
En el versículo 8 las palabras “se pregunta” no están en el texto
original en hebreo, los traductores las han agregado para clarificar
que el hombre rico se habla a sí mismo. Podemos ver mediante
esta pequeña luz la manera tan completa cómo Salomón se pone
en la situación del otro hombre. El Predicador, de manera
completamente simple y natural, se mete en las palabras y en los
pensamientos del otro. Es lo mismo que hizo antes en este capítulo
con el breve diálogo entre el hombre que trabaja duro y “el necio”.
En los versículos 9 - 12, Salomón enumera cuatro ventajas del
compañerismo comparado con la falta de amigos: la cooperación,
“reciben mejor paga de su trabajo”, ayuda en tiempo de necesidad:
“Si caen, el uno levantará a su compañero” el calor: “Si dos
duermen juntos, se calientan mutuamente” (podemos ampliar este
calor para incluir el apoyo emocional y el ánimo), y defensa: “los
dos lo resisten”.
Y el rey va a decir ¡Más aún, tres son mejor que dos! En
muchas áreas de la vida la fortaleza está en los números. El
cristiano que piensa que puede seguir adelante sin una iglesia
(“puedo leer la Biblia en casa”) debe tener esto en mente.
Necesitamos la cooperación, la ayuda, el calor, y la defensa, de los
que comparten el tesoro común de la fe.
El mejoramiento es vanidad
13 Mejor es el muchacho pobre y sabio
que el rey viejo y necio
que no admite consejos,
14 aunque haya salido de la cárcel//quien llegó a reinar,
o aunque en su reino naciera pobre.
15 Y vi a todos los que viven debajo del sol caminando con
el muchacho sucesor, que ocupará el lugar del otro rey. 16 La
muchedumbre que lo seguía no tenía fin; y sin embargo, los
que vengan después tampoco estarán contentos de él. Y esto
es también vanidad y aflicción de espíritu.
Debió ser difícil para el rey Salomón hablar sobre un “rey viejo
y necio”, su triste ejemplo no podía estar lejos de sus pensamientos
o de los de sus piadosos contemporáneos. Entre los antiguos era
común igualar a la edad con la sabiduría: entre más años de vida,
más sabiduría. Entonces, que un anciano fuera necio era una
vergüenza.
Salomón pasa a contar sobre un joven sabio que “aunque haya
salido de la cárcel…quien llegó a reinar, aunque en su reino
naciera pobre…” Como los antecedentes del joven no son
específicos, podemos concluir que Salomón no habla de una
persona en particular, cuenta una historia que se repite muchas
veces con pequeñas variaciones en los detalles. Sin duda Salomón
“vio” cómo sucedió eso durante los muchos reinados de su época.
El joven surge de orígenes humildes, vence obstáculos, llega
a ser rey en reemplazo del necio anciano gobernador y disfruta de
una inmensa popularidad. “Todos los que viven debajo del sol
caminando con el muchacho sucesor…La muchedumbre que lo
seguía no tenía fin”.
Una vez que el joven sabio se establece en el poder, parte de
su gloria se comienza a empañar, como cualquier otro mortal
comete errores. Tal vez acabe como un “rey viejo y necio que no
admite consejos”. Y “los que vengan después”, tanto personas
como gobernantes, “tampoco estarán contentos” con él.
Entonces se completa el ciclo, esperar solamente que otro
joven se levante de la oscuridad y tome posesión del trono.
La historia está llena de personas que se ajustan a ese patrón
general. La Biblia relata la manera como José pasó de la prisión a
la segunda posición más alta en Egipto (Génesis 41). A pesar de
haber llegado al poder, José conservó su sabiduría y su fe. La
mayoría de las historias no terminan tan felizmente. Saúl, el primer
rey de Israel, tuvo un origen humilde, pero después de que llegó
al poder cayó de la fe y finalmente acabó con su vida (1 Samuel
31). David y Salomón comenzaron sus reinados bien, pero ambos
cayeron en graves pecados mientras reinaban. David también tuvo
que luchar contra la rebelión de su hijo Absalón, quien intentó
tomar el trono (2 Samuel 15-18). El reinado del emperador romano
Nerón comenzó con esperanza y alegría pero llegó a ser notorio
por su depravación y crueldad. Muchos presidentes de nuestros
días han conocido tanto las alturas de la popularidad como las
profundidades de la burla pública.
Lo que sigue siendo cierto en el mundo de los gobernantes y
de los políticos también se aplica a los campos de los negocios,
los deportes, y el entretenimiento: muchas personas se levantan
sólo para caer. Otros comienzan bien sólo para volverse corruptos
e incompetentes. El héroe de hoy, en el futuro, se convierte
fácilmente en el que fue.
“Esto es también vanidad y aflicción de espíritu”.
Permanecer en el temor de Dios 5 Cuando vayas a la casa de Dios, guarda
tu pie.
Acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio
de los necios, quienes no saben que hacen mal.
2 No te des prisa a abrir tu boca, ni tu corazón se
apresure a proferir palabra delante de Dios, porque Dios
está en el cielo, y tú sobre la tierra. Sean, por tanto, pocas tus
palabras. 3 Porque de las muchas ocupaciones vienen los
sueños, y de la multitud de palabras la voz del necio.
Esta sección señala otro giro importante en la corriente de
pensamiento del Predicador. Él ha dicho mucho sobre la vanidad
de la vida debajo del sol sin Dios, también ha mostrado que Dios
tiene el control, y que así nos demos cuenta o no, dependemos
completamente de él (capítulo 3). Ahora el rey Salomón trae a Dios
aún más dentro del tema. En este punto, también comienza a
vincular más directamente al lector o al que escucha; en lugar de
hablar del mundo o de él o de otros, utiliza el pronombre de la
segunda persona singular: “tu”.
Salomón nos conduce “a la casa de Dios”. Tal vez usted ha
notado que cuando Salomón habla de Dios evita utilizar el término
común “el Señor”. En el libro de Eclesiastés nunca utiliza ese
título sino que habla solamente de “Dios”. “Yahveh” o “el
SEÑOR”, el nombre especial que Dios le reveló a Israel su nación
del Antiguo Testamento, representa las cualidades divinas de
gracia gratuita y constante (Éxodo 34:4-7). Las promesas del
perdón y del Salvador que vendría estaban asociadas de una
manera muy estrecha con el nombre “el SEÑOR”, que aparece
más de 5,000 veces en el Antiguo Testamento. Posiblemente
debido a que está les hablando en términos generales a todas las
naciones, el rey Salomón utiliza la palabra más general para Dios.
O como han sugerido otros, puede ser como un signo de “su
desmerecimiento de los privilegios de un hijo del Pacto que evita
el nombre del SEÑOR del Pacto”. 7
En el tiempo de Salomón “la casa de Dios” era el magnífico
templo que el rey construyó en Jerusalén, ese era el centro de
adoración del pueblo de Dios. Las fiestas anuales hacían que
Jerusalén se llenara de peregrinos que subían al templo. El gran
altar del sacrificio que estaba frente al templo llenaba cada día el
aire del humo de los interminables holocaustos.
Salomón les advierte a todos los que van a la casa de Dios:
“guarda tu pie”, es decir: “Ten cuidado”. El rey Predicador agrega
inmediatamente la razón para ese cuidado: “Acércate más para oír
que para ofrecer el sacrificio de los necios”. Estas palabras son
similares a las que el profeta Samuel le dijo al rey Saúl: “¿Acaso
se complace Jehová tanto en los holocaustos y sacrificios, como
en la obediencia a las palabras de Jehová? Mejor es obedecer que
sacrificar, prestar atención mejor es que la grasa de los carneros”
(1 Samuel 15:22). Saúl no obedeció el mandato que le dio el Señor
de destruir completamente a sus enemigos los amalecitas y todas
sus posesiones, sino conservó algunas. Cuando Samuel lo
confrontó por esto, Saúl protestó diciendo: “El pueblo tomó del
botín ovejas y vacas, lo mejor del anatema, para ofrecer sacrificios
a Jehová tu Dios en Gilgal” (1 Samuel 15:21). Saúl pensó que
podía eludir el mandato de Dios ofreciéndole algunos sacrificios,
pero el resultado fue trágico. Samuel dijo: “Por cuanto rechazaste
la palabra de Jehová, también él te ha rechazado para que no seas
rey” (1 Samuel 15:23).
Esta es una advertencia a las personas de hoy en día que
piensan que pueden engañar a Dios de maneras parecidas, y
piensan que pueden pasar por alto sus leyes estrictas sobre los
pecados de: engañar, maldecir, la embriaguez, o el divorcio; y para
aplacar a Dios se vuelven miembros activos de la iglesia y
contribuyen generosamente con tiempo y dinero. Ese es “el
sacrificio de los necios”.
De primera importancia es escuchar y tomar a pecho la Palabra
que se lee y se proclama en la iglesia. Jesús dijo: “Antes bien,
bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios, y la obedecen”
(Lucas 11:28). Sin embargo, el necio piensa ciegamente que
agrada a Dios con una conducta que tiene la apariencia de ser
correcta. Para los hebreos, un necio no era una persona a quien le
faltaba inteligencia, sino una persona que no tenía moral ni una
correcta relación con Dios.
Salomón continúa diciendo que debemos estar ansiosos de
escuchar la Palabra de Dios, y no debemos hablar
apresuradamente. Santiago lo dice de esta manera: “Todo hombre
sea pronto para oír; tardo para hablar” (Santiago 1:19). De la
misma forma que tenemos una inclinación pecaminosa natural
para tratar de sobornar a Dios, también tenemos la tendencia a
hacer promesas precipitadas. Muchas veces en un momento de
necesidad, la persona promete hacer toda suerte de cosas grandes
si Dios la saca de su dificultad, y después, una vez que el problema
ha pasado, olvida la promesa.
La tendencia a decir mucho es señal de necedad. Salomón dice
que del necio vienen muchas palabras, así como los sueños
acompañan a la mente confundida. Con este comentario
simplemente hace una comparación: las palabras vacías fluyen de
la boca de un necio así como los sueños revolotean en una mente
desasosegada.
Jesús también nos dice que evitemos la palabrería cuando le
hablemos a Dios. “Y al orar, no uséis vanas repeticiones, como los
gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os
hagáis, pues, semejantes a ellos, porque vuestro Padre sabe de qué
cosas tenéis necesidad antes que vosotros le pidáis” (Mateo 6:7-
8). Nosotros, criaturas terrenales, debemos recordar que estamos
tratando con nuestro todopoderoso Padre celestial. Podemos ser
honestos con él, no podemos engañarlo con una gran cantidad de
palabras vacías.
4 Cuando a Dios hagas promesa, no tardes en cumplirla,
porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que
prometes. 5 Mejor es no prometer que prometer y no
cumplir.
6 No dejes que tu boca te haga pecar, ni delante del ángel
digas que fue por ignorancia. ¿Por qué hacer que Dios se
enoje a causa de tus palabras y destruya la obra de tus
manos?
7 Pues,
donde abundan los sueños
abundan también las vanidades
y las muchas palabras.
Pero tú, teme a Dios.
Hablando todavía de la relación con Dios, Salomón nos
exhorta a cumplir nuestros votos a Dios. El primer voto que se
registra en la Escritura lo hizo Jacob, que cuando se fue de la casa
siendo joven prometió: “Si va Dios conmigo y me guarda en este
viaje en que estoy…Jehová será mi Dios…y de todo lo que [Dios]
me des, el diezmo apartaré para ti” (Génesis 28:20-22). Años más
tarde Jacob regresó a Betel, el lugar donde hizo ese voto, construyó
un altar allá y podemos asumir que con gratitud cumplió su
promesa (Génesis 35:7). En otra ocasión, Ana prometió que si Dios
le daba un hijo lo dedicaría “a Jehová todos los días de su vida” (1
Samuel 1:11). Efectivamente tuvo un hijo y lo dio para la obra de
Dios después de ponerle por nombre Samuel, que significa “Dios
oye”. Dios había escuchado su oración y la había bendecido con
un hijo.
Los votos jugaron un papel importante en la vida de muchas
personas del Antiguo Testamento. Incluso Dios estableció leyes
específicas sobre los votos (Deuteronomio 23:21-23), y Salomón
hace eco de ellas. Los votos no se debían tomar con indiferencia
ni se debían rechazar encogiendo los hombros: “Ni delante del
ángel digas que fue por ignorancia”. El “ángel” se puede referir al
sacerdote. Como “mensajero” y “ángel” corresponden a la misma
palabra en hebreo, la versión Reina-Valera revisión 1995 la traduce
como ángel. Posiblemente se refiere al Ángel del Señor, o sea, a
Cristo mismo. Sin tener en cuenta quién es el mensajero, Dios
toma nota del voto.
¿Pero qué pasa si un voto es en realidad un error inadvertido?
Por ejemplo, una persona puede hacer erróneamente voto de
desquitarse de alguien que lo ha ofendido; ese voto tiene que ser
descartado a la luz de la Palabra de Dios, que prohíbe un espíritu
vengativo y nos enseña a amar a los enemigos. Salomón más bien
habla de las promesas que hacemos y que le agradan a Dios.
Para la gente del Antiguo Testamento los votos eran
opcionales, así como lo son hoy en día. No tenemos que hacer
promesas, pero si las hacemos, las debemos tomar con seriedad.
Los padrinos de bautismo prometen recordar al niño en sus
oraciones; los jóvenes en su confirmación hacen voto de
“permanecer fieles al Dios trino, hasta la muerte”; algunos
cristianos se comprometen dar a Dios una cantidad definida de
dinero, que representa una porción de sus ingresos; las personas
que se casan hacen voto de permanecer fieles “hasta la muerte”.
Todos esos son votos delante de Dios, no son sólo palabras
vacías que se olvidan como pasa con el sueño de la noche anterior.
Debemos “temer a Dios”, el Señor Jesús advierte que Dios llamará
a cuentas a las personas por sus palabras “ociosas” (Mateo 12:36-
37). Tomemos esto muy en serio.
Las riquezas son vanidad
8 Si ves en la provincia que se oprime a los pobres y se
pervierte el derecho y la justicia, no te maravilles: porque
sobre uno alto vigila otro más alto, y uno más alto está sobre
ambos. 9 El provecho de la tierra es para todos y el rey
mismo está al servicio del campo.
10 El que ama el dinero//no se saciará de dinero;
y el que ama la riqueza no sacará fruto.
También esto es vanidad.
11 Cuando aumentan los bienes,
aumentan también quienes los consumen.
¿Qué beneficio, pues, tendrá su dueño,
aparte de verlos con sus propios ojos?
12 Dulce es el sueño del trabajador, coma mucho o coma
poco; pero al rico no le deja dormir la abundancia.
Salomón acaba de hablar de cosas sublimes, como nuestra
relación con el Dios de los cielos. Ahora baja a la tierra de nuevo
y habla sobre un tema muy terrenal, y una vez más demuestra que
las riquezas son vanidad.
David, el padre del rey Salomón, escribió en los Salmos: “De
Jehová es la tierra y su plenitud” (Salmo 24:1). Por su amor, Dios
da la tierra para las necesidades del hombre: “Él hace brotar el
heno para las bestias, y la hierba para el servicio del hombre, para
sacar el pan de la tierra” (Salmo 104:14). Pero en cambio de
cultivar la tierra con acción de gracias y de compartir sus cosechas
con amor, el pecador ha visto la tierra como un medio para sus
fines egoístas. Un pobre trabaja la tierra, alguien le cobra
impuestos, mientras que otro funcionario más importante se
asegura de sacar su tajada de este último y así continúa como una
reacción en cadena. “El provecho de la tierra es para todos si el
rey mismo está al servicio del campo”.*
Detrás de esta voracidad hay un deseo insaciable de dinero:
los que aman el dinero nunca tienen suficiente. Al anciano
Rockefeller le preguntaron una vez: ¿”Cuánto dinero se requiere
para satisfacer a una persona”? El billonario contestó bruscamente:
“¡Siempre un poco más!”
Además de que no pueden dar satisfacción, las riquezas traen
otros problemas. Entre más consigue uno, hay más oportunistas
para consumir los bienes. Un hombre puede llegar a ser tan rico
que tenga más riquezas que las que jamás podrá consumir; todo
lo que puede hacer es “verlas como un espectáculo para sus ojos”.
Con toda su riqueza, ese hombre no está en mejores condiciones
que un pobre que también ve como un espectáculo las riquezas
que no puede utilizar. Otra persona puede tener suficiente dinero
para tener muchísimas comodidades, pero por una razón u otra
nunca puede disfrutar de ellas.
En contraste con el codicioso, el Predicador describe al
trabajador piadoso cuyo sueño es “dulce”. Aunque estropeado por
la caída en pecado, el trabajo sigue siendo una bendición, y el
Señor espera que todo su pueblo, capaz de trabajar, lo vea así: “Si
alguno no quiere trabajar, tampoco coma” (1 Tesalonicenses 3:10);
si hay trabajo, hágalo.
13 Hay un mal doloroso que he visto debajo del sol: las
riquezas guardadas por sus dueños para su propio mal, 14 las
cuales se pierden por mal empleadas, y al hijo que ellos
engendraron nada le queda en la mano. 15 Desnudo salió del
vientre de su madre y así volverá; se irá tal como vino, sin
ningún provecho de su trabajo que llevarse en la mano.
16 También eso es un gran mal: que tal como vino se haya de
volver. ¿Y de qué le aprovechó trabajar en vano? 17 Además
de esto, todos los días de su vida comerá en tinieblas, con
mucho afán, dolor y miseria.
El esfuerzo por alcanzar riquezas no sólo no trae satisfacción,
sino que también una vez que una persona las tiene, le traen toda
clase de nuevas preocupaciones. En su codicia, un hombre puede
atesorar su riqueza y obsesionarse tanto con ella que se convierte
en su esclavo, y no hay garantía de que no perderá esa riqueza por
alguna calamidad. En la versión en inglés la expresión “mal
empleadas” se tradujo como “desgracia” lo cual no debe dar la
idea de que Salomón habla de mala suerte. Como se mencionó
anteriormente, la Biblia excluye los conceptos de: destino, suerte,
y azar, porque de detrás de cada suceso Dios siempre está obrando.
Él tiene el control.
Aunque un hombre se vuelva rico y conserve su riqueza toda
la vida, pronto llega el momento en que tiene que dejarla. Se dice
que cuando Alejandro Magno estaba en su lecho de muerte ordenó
que, al contrario de la costumbre normal, no le ocultaran las manos
bajo el manto fúnebre, sino quiso que todos vieran sus manos
vacías mientras lo llevaban a la tumba. Y así en la muerte el gran
conquistador y rey de naciones estaba en las mismas condiciones
que el mendigo más pobre.
Cuando Job perdió toda su riqueza, dijo: “Desnudo salí del
vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, Jehová
quitó; sea bendito el nombre de Jehová” (Job 1:21). Probablemente
Salomón está pensando en las palabras de Job (algunos piensan
que Salomón escribió el libro de Job, en cuyo caso tuvo que haber
estado íntimamente familiarizado con sus palabras). Note que en
los pasajes de Eclesiastés, Salomón no agrega las palabras con las
que Job manifestó su confianza en el Señor. El hombre que vive
debajo del sol sin Dios no tiene ese beneficio.
Probablemente San Pablo tuvo en mente tanto a Job como al
libro de Eclesiastés cuando escribió:
Pero gran ganancia es la piedad acompañada de
contentamiento, porque nada hemos traído a este
mundo y, sin duda, nada podremos sacar. Así que,
teniendo sustento y abrigo, estemos ya satisfechos;
pero los que quieren enriquecerse caen en tentación y
lazo, y en muchas codicias necias y dañosas que
hunden a los hombres en destrucción y perdición,
porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el
cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe y
fueron atormentados con muchos dolores (1 Timoteo
6:6-10).
Las palabras de Salomón respecto a comer en tinieblas pueden
representar al hombre codicioso que trabaja hasta las altas horas
de la noche sin tomar tiempo para comer. Pero es más
probablemente que representen la tristeza que tan comúnmente
acompaña a las riquezas. “Afán, dolor, y miseria” es lo que la gente
obtiene si las riquezas son su obsesión, y al final no heredan ni el
viento que sopla por su tumba.
La codicia ha conducido a la caída a muchos hombres y
también fue una razón por la cual Dios destruyó a Sodoma. “Esta
fue la maldad de Sodoma, tu hermana: soberbia, pan de sobra y
abundancia de ocio tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la
mano del afligido y del necesitado. Se llenaron de soberbia e
hicieron abominación delante de mí, y cuando lo vi, las quité. ”
(Ezequiel 16:49-50). Dios deja claro que las concupiscencias
pecaminosas de Sodoma no fueron solamente sexuales; incluyeron
codicia y egoísmo. Ciertamente la advertencia que hace Salomón
contra la codicia también se aplica a nuestra generación.
18 He aquí, pues, el bien que he visto: que lo bueno es
comer y beber, y gozar de los frutos de todo el trabajo con
que uno se fatiga debajo del sol todos los días de la vida que
Dios le ha dado, porque ésa es su recompensa. 19 Asimismo, a
todo hombre a quien Dios da bienes y riquezas, le da
también facultad para que coma de ellas, tome su parte y
goce de su trabajo. Esto es don de Dios. 20 Porque así no se
acuerda mucho de los días de su vida, pues Dios le llena de
alegría el corazón.
Aquí Salomón pinta una escena mucho más feliz que la de los
versículos anteriores. Nos muestra una casa donde reinan la piedad
y el contentamiento, en lugar de la codicia y el descontento.
Retrata a un hijo de Dios, a un creyente.
Aunque el trabajo sigue siendo “fatiga” para esta persona, ella
puede “gozar…de los frutos de todo el trabajo”. Dios le permite
disfrutar de sus posesiones y gozar “de su trabajo”.* Este
trabajador acepta su parte en la vida: sus talentos, oportunidades,
y posesiones. Su trabajo no es un intento frenético para acumular
riquezas, sino que trabaja porque esta es la parte que Dios le ha
dado en la vida. En palabras de San Pablo, debemos hacer “todo
para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31). Procuramos hacer el
mejor uso posible de nuestra vida como una manera de darle
gracias a Dios por el don de la vida y por sus muchas otras
bendiciones.
Finalmente, el hombre piadoso “no se acuerda mucho de los
días de su vida, pues Dios le llena de alegría el corazón”, es decir
no está lleno de preocupaciones sino de alegría.** Jesús dice: “No
os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de
beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida
más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? … Mas
buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas
cosas os serán añadidas” (Mateo 6:25-34).
¿Dónde encuentra uno la alegría de corazón y el reino de Dios
y su justicia? Solamente vienen al escuchar la Palabra de Dios,
porque sólo la Biblia nos cuenta del amor de Dios en Cristo el
Salvador, prometido en el Antiguo Testamento y cumplido en el
Nuevo. Tener a Cristo es poseer la más alta sabiduría y el tesoro
más invaluable. Entonces nuestra vida será verdaderamente feliz
a pesar de las circunstancias.
¡Bendita casa cualquiera que sea
Donde Jesucristo es todo en todos!
¡Si él no habitare allá,
Qué oscuro y pobre y vacío sería!
(Traducción de The Lutheran Hymnal, 625:1)
6 Hay un mal que he visto debajo del cielo, y que es
muy común entre los hombres: 2 el del hombre a quien
Dios da riquezas, bienes y honra, y nada le falta de todo lo
que su alma desea; pero no le da Dios facultad de disfrutar
de ello, sino que lo disfrutan los extraños. Esto es vanidad y
mal doloroso. 3 Aunque el hombre engendre cien hijos, viva
muchos años y los días de su edad sean numerosos, si su
alma no se sació del bien, y además careció de sepultura,
digo que más vale un abortivo.
4 Pues éste en vano viene,
y a las tinieblas va,
y las tinieblas ocultan su nombre.
5 No ha visto el sol,
ni lo ha conocido.
¡Más reposo tiene éste que aquél! 6 Y aun si aquél viviera
mil años dos veces, sin gustar del bien, ¿acaso no van todos al
mismo lugar?
A menos que Dios dé, el hombre no tiene nada. Al contrario
del sueño americano, no existe hombre alguno que pueda hacerlo
todo por su propio esfuerzo. No importa qué tan duro pueda
trabajar una persona, es Dios quien le da al hombre “riquezas,
bienes, y honra”. El esfuerzo o el trabajo de los humanos son
simplemente el canal por medio del cual el Señor da “toda buena
dádiva y todo don perfecto” (Santiago 1:17). Lutero lo describe
de esta manera:
[Todas las actividades humanas] son las máscaras
de nuestro Señor Dios; él decide estar escondido y
hacer todo detrás de ellas. Si Gedeón no hubiera
cooperado y hubiera tomado el campo contra Madián,
los madianitas no hubieran sido derrotados. Sin
embargo, Dios los hubiera podido herir sin Gedeón.
Sin duda [Dios] puede crear niños sin hombres y
mujeres, pero no tiene la intención de hacerlo así; en
cambio, une al hombre y la mujer para hacer parecer
como si el hombre y la mujer hicieran la procreación.
Sin embargo él, escondido detrás de esta máscara, es
quien lo hace. Se dice: Dios confiere toda buena cosa;
sin embargo, usted debe “poner manos a la obra” y
“tomar el toro por los cuernos”, es decir, usted debe
trabajar y darle a Dios una razón y un pretexto. 8
Salomón continúa en el capítulo 6 con este pensamiento y se
extiende sobre él. No sólo debe Dios darnos lo que tenemos, sino
que sólo él puede hacer que lo disfrutemos. El poseer algo no
necesariamente significa gozar de ello. De hecho, muchas veces
las dos acciones no van de la mano. Ambas tienen que venir de
Dios.
Cuando la gente tiene posesiones sin disfrutarlas resulta otro
“mal…debajo del cielo”. Los propios temores de una persona le
pueden impedir el disfrute de sus posesiones. Las telenovelas
populares frecuentemente describen esa clase de individuos: él es
rico y poderoso, pero por su egoísmo y su codicia es presa de una
tras otra situación frustrante. El televidente raramente, si es que
ocurre alguna vez, lo ve disfrutando de sus vastas posesiones.
Salomón dice que en la vida real un “extraño” puede terminar
disfrutando las riquezas de otro hombre. Tal vez el hombre rico
no tiene hijos, o tal vez algún ladrón toma posesión del dinero
ilícitamente. De cualquier manera que suceda, es Dios quien obra
detrás de todo. Por una u otra razón Dios no deja que la persona
disfrute: puede que no la deje disfrutar porque quiere que la
persona pierda la esperanza en las riquezas y se vuelva a él, o
puede que no la deje disfrutar como un juicio sobre una persona
inicua.
Aunque este hombre tenga “cien hijos, y viva muchos años”
su vida puede ser triste. Los cien hijos se pueden referir a los hijos
inmediatos o incluir también los nietos; en cualquier caso, tiene
una familia muy grande. En los tiempos antiguos las familias
grandes se consideraban como bendiciones especiales de Dios, y
Salomón menciona esto en uno de sus Salmos: “Herencia de
Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre,…Como
saetas en mano del valiente, así son los hijos tenidos en la
juventud. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos”
(Salmo 127:3-4). Actualmente tener muchos hijos sigue siendo
una bendición de Dios, aunque algunos no lo puedan ver de esa
manera.
Parece que en el versículo 3 Salomón describe un hombre rico
que hace a un lado su propio gozo y lo guarda para sus hijos, pero
ellos son desagradecidos y ni siquiera honran a su padre con un
funeral apropiado, un asunto que siempre se consideraba de
importancia entre la comunidad judía. El hombre está frustrado en
la vida y aun en la muerte.
“Digo que más vale un aborto”. Esta es una afirmación fuerte;
además de los muchos niños que mueren en el parto, pensamos en
los millones que han sido abortados en los diversos países (un
millón y medio en los Estados Unidos por año cuando se escribió
este comentario). A ellos les va mejor que a un hombre que lleva
una vida miserable sin Dios y sin poder disfrutar de sus dones.
Lutero observa que “por lo tanto el inicuo comienza su infierno
en esta vida”.
El abortivo nunca disfruta la luz del día, y pasa de la oscuridad
del vientre de su madre a la oscuridad de la tumba. Si al niño se le
dio algún nombre, el nombre rápidamente pasa a la oscuridad, para
ser recordado sólo por sus padres y por supuesto por el Señor. Por
todo este pesar relacionado con su existencia, el abortivo disfruta
de algo que el adulto miserable no tiene: descanso. El abortivo
descansa: del disgusto, la fatiga, la frustración, la soledad, y la falta
de amor.
Cuando Salomón habla del abortivo simplemente compara la
vida “vana” de este con la del hombre que no puede disfrutar sus
bendiciones. No podemos llegar a ninguna conclusión respecto a
lo que Dios hace con todos los niños que no nacen, cuyas vidas
han sido extinguidas. Aquí la Biblia no nos da una respuesta
concluyente, debemos dejarlo en las manos de Dios.
El hombre que vivió la mayor cantidad de años fue Matusalén:
alcanzó la edad de 969 años (Génesis 5:27). Pero aunque un
hombre viviera más del doble de ese tiempo, “mil años dos veces”,
tendría una vida de miseria, a menos que Dios le dé el don de
disfrutarla.
Una de las expresiones sobre la que más se escribe y más se
habla en nuestros días es la “calidad de vida”. De acuerdo con la
perspectiva de la calidad de la vida, no vale la pena vivir ciertos
tipos de vida, como en el caso de las personas: gravemente
retardadas, incapacitadas, seniles, etc. Las personas que sufren
varias incapacidades, supuestamente se pierden de tantas alegrías
de la vida que para ellos sería mejor estar muertos que vivos. Este
tipo de pensamiento juega una parte importante en las
controversias de nuestra época respecto: al aborto, el infanticidio,
y la eutanasia.
Salomón habla de algo muy diferente a la idea moderna de
“calidad”. El rey Salomón no ve que la calidad de vida dependa
de las capacidades de una persona o de la falta de ellas, la
verdadera calidad de vida viene solamente con el contentamiento
y la gratitud dados por Dios. Si se considera de esta manera,
muchas veces a las personas más ricas y con más dones les falta
la verdadera calidad de vida, mientras que el hijo de Dios
minusválido lleva la vida de máxima calidad, en términos de:
felicidad, contentamiento, y esperanza.
El Predicador termina estos versículos con la pregunta: “¿No
van todos al mismo lugar?” Presenta de nuevo a la muerte; sea que
su vida haya sido feliz o miserable, aun así usted tiene que morir.
7 Todo el trabajo del hombre es para su boca,
y con todo, su deseo no se sacia.
8 ¿Qué más tiene el sabio que el necio? ¿Qué más tiene el
pobre que supo caminar entre los vivos? 9 Más vale lo que
ven los ojos que un deseo que pasa. También esto es vanidad
y aflicción de espíritu.
Ahora, Salomón recita rápidamente una serie de proverbios;
cada uno se relaciona de una manera diferente con la vanidad
mundana de la riqueza y las ocupaciones; en conjunto contienen
todo lo que Salomón ha dicho sobre la vida debajo del sol.
“Todo el trabajo del hombre es para su boca”, todo lo que un
hombre hace es para su propia preservación. Debemos recordar
que Salomón está describiendo la vida debajo del sol; cada uno
cuida de sí mismo. El término “boca” se puede referir a todas las
necesidades físicas del hombre, como cuando Jesús habla del “pan
de cada día” en el Padrenuestro, donde da a entender que habla de
cualquier cosa que necesitemos para nuestro bienestar corporal.
La actitud de cuidar de uno mismo ha llegado a ser casi una
religión en nuestra “generación del yo”. La publicidad, la
televisión, y la sabiduría popular, nos bombardean con este tema:
“Usted es número 1…Usted se merece lo mejor…Usted se lo
merece.” ¿Y cuál es el resultado de todo ese énfasis? Nunca “se
sacia”, nunca tenemos lo suficiente. Estaremos contentos (o así
pensamos) sólo si obtenemos un incremento más o mejoramiento
o…
El versículo 8 consiste en dos preguntas. La primera cuestiona:
“¿Qué más tiene el sabio que el necio?” La respuesta implícita a
esta pregunta retórica es que el sabio no tiene nada más que lo que
tiene el necio. A pesar de toda su sabiduría, el sabio está
completamente atrapado en las frustraciones de la vida. Salomón
pregunta enseguida qué más tiene el pobre “que supo caminar
entre los vivos”. Un pobre se puede conducir con: sabiduría,
amabilidad, y honestidad, solamente para ser ignorado o apartado
en favor de un necio rico. Nuevamente, parece no tener ventaja,
por lo menos no debajo del sol.
“Más vale lo que ven los ojos que un deseo que pasa”.* La
palabra que se traduce como “deseo” tanto aquí como en el
versículo 7 significa literalmente “alma”; el alma, como dice un
comentarista, es el “asiento del apetito”. Cuando los analizamos,
la mayoría de nuestros deseos que “pasan” son problemas
espirituales. Muchos hombres casados no están satisfechos con sus
esposas, y para utilizar la expresión de Jeremías, son como
“caballos bien alimentados, cada cual relinchaba tras la mujer de
su prójimo” (Jeremías 5:8). Otros nunca tienen suficiente dinero
y siempre quieren más y más; otros nunca están satisfechos con
su posición en la vida. Esas personas están constantemente
inquietas; detrás de su desasosiego está escondido uno de dos
problemas: o anhelan a Dios (tal vez sin darse cuenta) o conocen
de Dios pero están insatisfechos con lo que él les ha dado. San
Agustín consideró ambos problemas cuando dijo: “El alma está
inquieta hasta que descansa en Dios”; y “Quien no está satisfecho
solamente con Dios, es demasiado codicioso”. En cualquier caso,
el problema es espiritual porque es una enfermedad del alma.
En lugar de dejar que nuestros deseos divaguen, debemos
aprender a controlarlos. Un viejo proverbio dice: “Más vale pájaro
en mano que ciento volando”, y Salomón lo expresa con sus
palabras: “Más vale lo que ve los ojos que un deseo que pasa”.
Podemos aprender a apreciar lo que tenemos cuando vivimos en
humilde gratitud por lo que Dios nos da.
10 Respecto de lo que es, ya hace mucho que tiene
nombre. Se sabe lo que es un hombre: que no puede
contender con quien es más poderoso que él.
11 Ciertamente las muchas palabras multiplican la
vanidad, y eso de nada le sirve al hombre.
Aquí Salomón presenta una variación de sus palabras en el
Prólogo: “Nada hay nuevo debajo del sol” (1:9). Cuando se trata
de la naturaleza humana, el hombre siempre será hombre, porque
“se sabe que es un hombre”. Las mismas debilidades y pecados
que acosaron a los antiguos todavía nos hostigan, así que aún
tenemos las mismas necesidades urgentes de la salvación del
pecado y de la muerte. El hombre sigue siendo hombre.
En consecuencia hoy es tan cierto como en el tiempo de
Salomón, que ningún hombre “puede contender con quien que es
más poderoso que él”. El término “quien” muy probablemente se
refiere a Dios. Qué necio es tratar de ir en contra de la voluntad
de Dios, qué necio es que el hombre moderno piense que puede
ignorar las lecciones del pasado. Dios todavía castiga el pecado.
No importa lo que hagamos, simplemente no podemos vencer a
Dios y a sus planes. En lugar de intentar inútilmente de oponernos
a Dios, debemos confiar en él y persistir cerca de él y de su
palabra.
Sin la Palabra de Dios, todas las palabras humanas son
vanidad. Podemos hablar de cómo va el mundo o de la suerte que
nos toca en la vida, pero eso no querrá decir nada: “Las muchas
palabras multiplican la vanidad.” Y eso de nada “le sirve” a nadie.
12 Porque ¿quién sabe lo que conviene al hombre en su
vida, todos los días de su vano vivir, los cuales él pasa como
una sombra? ¿Y quién le enseñará al hombre lo que
acontecerá después de él debajo del sol?
Varios pasajes de la Escritura comparan la vida con una
sombra. Un ejemplo es el Salmo [Link] “El hombre es semejante
a un soplo, sus días son como la sombra que pasa”. Como una
sombra que desaparece en la oscuridad al final del día, la vida
debajo del sol pasa rápidamente: es corta y hay poco tiempo para
averiguar “lo que conviene al hombre en su vida”. ¿Quién le puede
decir qué es lo bueno? y “¿quién le enseñará al hombre lo que
acontecerá después de él debajo del sol?”
La sabiduría humana no tiene respuestas verdaderas a esto, lo
más que puede hacer es suponer. Sólo el Dios que lo ha creado
sabe qué es lo mejor para el hombre, sólo ese mismo Dios eterno
puede conocer lo que guarda el futuro.
Las respuestas a estas preguntas aparecerán en el resto del libro
de Eclesiastés. El Predicador, en la primera mitad del libro, ha
descrito dramáticamente la vida vana del hombre debajo del sol,
más en el resto del libro hará énfasis en la manera como se debe
llevar la vida bajo Dios.
LA VIDA DEBAJO DE DIOS
ECLESIASTÉS 7:1–12:8
A diferencia de las Biblias que utilizamos hoy en día, las
copias más antiguas de las Escrituras no estaban divididas en
capítulos y versículos. Esas divisiones han sido agregadas para
ayudarle al lector a encontrar con facilidad pasajes bíblicos. De la
misma manera, los títulos de las secciones de este comentario no
son parte de las Escrituras originales, sino los títulos que insertaron
los traductores de la New International Version. 10
Ahora hemos terminado seis de los doce capítulos de
Eclesiastés. Y aunque estas divisiones no estaban en el original,
en esta mitad hay un cambio muy obvio y fuerte en el énfasis del
libro. Antes, Salomón ha hablado de Dios, y ha hecho énfasis en
la vanidad de la vida debajo del sol; ahora hace el énfasis en el
otro sentido, comienza a hacer énfasis en cómo evitar una
existencia vana mediante una vida piadosa.
Si estuviéramos en Jerusalén escuchando a Salomón, aquí lo
veríamos hacer una pausa. Detectamos una nueva energía en su
discurso porque deja de hacer preguntas y ahora da respuestas,
abandona el pesar desesperado y ofrece soluciones definitivas.
Comienza a hablar sobre lo que es “bueno” y lo que es “mejor”:
Sabiduría 7 Mejor es la buena fama//que el buen perfume, y
mejor el día de la muerte//que el día del nacimiento.
2 Mejor es ir a la casa del luto
que a la casa del banquete,
porque aquello es el fin//de todos los hombres,
y el que vive lo tendrá presente//en su corazón.
3 Mejor es el pesar que la risa,
porque con la tristeza del rostro//se enmienda el corazón.
4 El corazón de los sabios//está en la casa del luto,
mas el corazón de los insensatos,//en la casa donde reina
la alegría.
5 Mejor es oír la reprensión del sabio
que la canción de los necios,
6 porque la risa del necio es//como el crepitar de los
espinos
debajo de la olla.
Y también esto es vanidad.
A primera vista pareciera que el tono de Salomón es más
pesimista que nunca antes: en versículos poéticos, uno tras otro,
alaba: la muerte, el luto, el pesar, y los considera preferibles a: la
vida, las fiestas, la risa, y el placer. Al observar más de cerca, es
obvio lo que hace, y en efecto, el rey dice: “Si quiere vivir como
se debe, enfrente la vida de manera realista, como se ha convertido
en este mundo pecaminoso”.
En efecto, la vida se encuentra en tal estado de dolor que
“mejor [es] el día de la muerte que el día del nacimiento”. La
muerte para el cristiano es por supuesto la puerta al Paraíso. Y aun
desde un punto de vista mundano, al considerar los muchos
dolores de la vida, sería mejor no ser que ser. Antes en 4:2 El rey
Salomón expresó sentimientos similares: “Consideré más felices
a los que ya han muerto que a los que aún viven” (Nueva Versión
Internacional).
La primera parte del versículo 1, “Mejor es la buena fama que
el buen perfume”, está ahí simplemente para efecto de
comparación: así como un buen nombre es mejor que el buen
perfume, también el día de la muerte es mejor que el día del
nacimiento. Salomón también habla en el libro de Proverbios del
valor de una buena reputación: “De más estima es el buen nombre
que las muchas riquezas” (22:1). Al comparar el nombre o la
reputación que uno tiene con el perfume, Salomón no sólo señala
lo agradable que es buen nombre, también hace un juego con las
palabras del hebreo para nombre (shem) y perfume, o aceite
(shemen). Este juego de palabras es común en la poesía tanto en
hebreo como en español. Salomón utiliza la misma expresión en
el Cantar de los Cantares: “Tu nombre es como un ungüento”
(1:3).
Regresando al punto principal, Salomón compara la “casa del
luto” con la “casa del banquete”. Explica la razón por la que es
mejor visitar una sala de velación que un salón de banquetes:
“Porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo
tendrá presente en su corazón”. El inquirir sobre la muerte hace
que nos demos cuenta de lo frágil y corta que es la vida; también
nos mueve a pensar sobre la causa de la muerte: “El pecado entró
en el mundo por medio de un hombre, y por medio del pecado la
muerte, así también la muerte alcanzó a todos los hombres, por
cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12), y nos lleva a reflexionar
sobre la única solución y escape de la muerte: “Pero cuando el
pecado abundó, sobreabundó la gracia; porque así como el pecado
reinó para muerte, así también la gracia reinará por la justicia para
vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro” (Romanos 5:20-
21). Por medio de la vida perfecta de Cristo, del sacrificio de su
muerte en la cruz y su resurrección de entre los muertos, tenemos
perdón y vida eterna.
Salomón continúa y expresa que es mejor entrar en el pesar de
la vida que tratar de huir de él. Debemos compartir el dolor de
otros. Ese fue el camino de nuestro Salvador, como dijo el profeta
Isaías: él fue “varón de dolores y experimentado en quebranto”, y
“él llevó nuestras enfermedades, y soportó nuestros dolores”
(Isaías 53:3-4).
El rey Salomón no tuvo la visión que tiene el creyente del
Nuevo Testamento de todas estas verdades, ni aun Isaías que vivió
dos siglos después de Salomón. Sin embargo, el Predicador
ciertamente conoció la realidad del pecado y del Salvador
prometido.
Las personas que no comparten la esperanza del creyente
tratarán de evitar el dolor y la muerte. Esta filosofía quiere olvidar
la tristeza de la vida y vivir para los placeres de cada instante, lo
mismo que Salomón había probado. Nuestra cultura ha ido un paso
más allá, al tratar de sacar a la muerte de la esfera de la realidad.
La violencia que se ve en la televisión da la impresión de que de
alguna manera la muerte no es completamente real: los buenos
matan a los malos como a moscas, sin pensarlo dos veces, ya que
todos saben que esto es sólo ficción. Mientras tanto en la vida real
la muerte ocurre en todas partes, muchas veces sin que la familia
de la persona moribunda esté a su lado.
“Necios” es como Salomón llama a los que no quieren
enfrentar la vida como es. Un necio no se ayuda ni ayuda a otros;
en lugar enfrentar el mal y de tratar de corregirlo, se ríe de él y
con palabras vacías alaba al malhechor; esa es “la canción de los
necios”. Aunque la crítica sea dura y produzca tristeza, “mejor es
oír la reprensión del sabio”.
Es inútil el intento necio de reírse en el camino de la vida,
pensando sólo en divertirse y no llevando una vida seria. Esto es
como hacer un fuego con espinos que pueden dar un sonido fuerte
y crujiente, pero que nunca dura. Así es “la risa del necio”, vana y
vacía.
A veces los problemas son tan graves que ni las personas más
necias pueden continuar esquivando el lado serio de la vida. C. S.
Lewis observó que el dolor es el “megáfono” de Dios: los
problemas pueden resultar en una bendición invaluable, si en su
necesidad una persona llega a confiar en Dios. En ocasiones
comunidades enteras son sacadas de su estado de satisfacción. En
nuestra época llena de problemas, muchos buscan valores
espirituales.
7 Ciertamente la opresión//hace enloquecer al sabio,
y las dádivas corrompen el corazón.
8 Mejor es el fin del negocio//que su principio;
mejor es el sufrido de espíritu//que el altivo de espíritu.
9 No te apresures en tu espíritu a enojarte, porque el
enojo reposa en el seno de los necios.
10 Nunca digas: «¿Cuál es la causa de que los tiempos
pasados fueron mejores que estos?», porque nunca hay
sabiduría en esta pregunta.
El necio algunas veces puede llegar a ser sabio, y viceversa.
No se enorgullezca en su piedad ni en su sabiduría, porque puede
estar listo para caer. Tal vez esté en un puesto donde maneja mucho
dinero o se ha convertido en un rico, entonces atienda a las
palabras del salmista: “Si se aumentan las riquezas, no pongáis el
corazón en ellas” (Salmo 62:10). La tentación de engañar a otros,
o de dar o de recibir sobornos, puede ser la caída de cualquiera.
La tentación por el éxito mundano y la impaciencia, van juntas,
pues muchas veces nos volvemos impacientes cuando las cosas no
avanzan tan rápido como quisiéramos. Por eso Salomón nos
recuerda: “Mejor es el fin de un negocio que su principio”, es
decir, es mejor una tarea terminada que una que ha quedado
incompleta y por lo tanto inútil. Salomón nos advierte: “No salte
de un proyecto a otro con la esperanza de éxito repentino”. El
comentarista C. Wolff da su opinión sobre este pasaje:
Con seguridad existen espíritus orgullosos que se
creen capaces de lograr cosas grandes y cuyo cerebro
está afiebrado con proyectos grandiosos… comienzan
muchos proyectos, pero cuando su trabajo no avanza
con la facilidad y velocidad deseadas, rápidamente se
cansan y el trabajo se queda sin terminar. En contraste,
Dios por lo común comienza sus obras de una manera
pequeña y las desarrolla lentamente en medio de
muchas dificultades, de manera que el hombre pueda
aprender la paciencia y la perseverancia que las
Escrituras le atribuyen a Dios en la realización de sus
obras. “El reino de los cielos es semejante a un grano
de mostaza, que un hombre tomó y lo sembró en su
campo; el cual a la verdad es menor que todas las
semillas” (Mateo 13:31-32). Jesús comenzó su reino
enviando al mundo doce pescadores galileos. 9
No sólo es necesario que aprendamos a ser pacientes, también
necesitamos evitar el enojo. De la impaciencia fluye el enojo: los
seres humanos tendemos a irritarnos cuando no resultan nuestros
planes; esa es otra característica del necio. El sabio entiende que
Dios tiene el control: confiemos nuestro trabajo a él y esperemos
el tiempo de él.
En los primeros nueve versículos del capítulo 7, el Predicador
ha hecho siete comparaciones utilizando la palabra “mejor”. En el
versículo 10 presenta una octava comparación, según la cual no debemos utilizar la
expresión “Nunca digas: ¿Cuál es la causa de
que los tiempos pasados fueron mejores que éstos?” A muchos nos
gusta hablar de los “buenos tiempos pasados”. Sea que aludamos
a los días de nuestra niñez o a cuando nuestros abuelos eran
jóvenes o a alguna otra época, pero ese tipo de comparaciones no
es de “sabios”. ¿Por qué no? Simplemente porque los tiempos
pasados no fueron mejores ya que, desde la caída en el pecado, los
tiempos siempre han sido malos. Nuestra época puede ser peor en
algunos aspectos, pero mejor en otros. Por ejemplo, aunque los
medios masivos de hoy han ayudado a difundir muchas ideas
paganas, también les han ayudado a los cristianos a compartir el
evangelio.
Así como toda época está llena de iniquidad, la bondad de Dios
también permanece de generación en generación. La Palabra de
Dios está presente para que la aprendamos y la vivamos, y en este
aspecto ningún día ha sido mejor que el de hoy. La Escritura
declara: “Si oís hoy su voz [de Dios], no endurezcáis vuestros
corazones” (Hebreos 4:7).
Queremos estar conscientes de los peligros de nuestros
tiempos; también queremos buscar las oportunidades especiales
que tenemos de servir a Dios.
La impaciencia, el enojo, el deseo del éxito mundano, el
anhelo por los tiempos pasados, todo esto viene del deseo que
tienen los necios de hacer de la tierra un cielo y de escapar de los
dolores de la vida. Es mucho mejor buscar el verdadero tesoro, la
sabiduría de Dios:
Eclesiastés 7:7-10
71
11 Buena es la ciencia con herencia, y provechosa para los
que ven el sol; 12 porque escudo es la ciencia y escudo es el
dinero; pero más ventajosa es la sabiduría, porque da vida a
sus poseedores.
13 Mira la obra de Dios. ¿Quién podrá enderezar lo que él
torció? 14 En el día del bien goza del bien, y en el día de la
adversidad, reflexiona. Dios hizo tanto el uno como el otro, a
fin de que el hombre no sepa qué trae el futuro.
A diferencia de las traducciones que existen en español, según
la New International Versión (en inglés) en el versículo 11 (“la
sabiduría, como la herencia, es buena”) el Predicador compara la
sabiduría con una herencia. Ambas son buenas y ambas son de
beneficio para las personas “que ven el sol”, es decir, que viven
en la tierra, porque ambas sirven como protección. De manera
parecida, el dinero en el banco o en una póliza de seguros, protege
de desastre financiero cuando hay enfermedad o muerte en la
familia.
Pero la sabiduría tiene una “ventaja” sobre el dinero: “da vida
a sus poseedores”. Aquí uno puede pensar en las ventajas de una
buena educación o del conocimiento de algún oficio. La persona
que posee las habilidades apropiadas puede encontrar trabajo y
sostenerse.
Hay otra sabiduría que va más allá de esta y preserva para
siempre la vida: viene del conocimiento de las Sagradas Escrituras,
“las cuales te pueden hacer sabio para salvación por medio de la
fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3:15).
La correcta clase de sabiduría nos lleva a mirar “la obra de
Dios”. Llegamos a ver que todo está en sus manos: nadie puede
“enderezar lo que él torció”, nadie puede cambiar lo que Dios
ordena.
Entonces es sabiduría aceptar lo que Dios envía: malos
tiempos así como buenos. Cuando la vida es placentera podemos
estar felices y agradecidos, reconociendo aun las bendiciones
temporales como regalos del Dios amoroso. Cuando vienen los
72
Eclesiastés 7:11-14
problemas, también los podemos aceptar, confiando en que ellos
también son para nuestro bien. Podemos ir aún más allá de aceptar
nuestros problemas, nos podemos gozar en ellos. “Tened por sumo
gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba
de vuestra fe produce paciencia” (Santiago 1:2-3).
No hay manera de saber cuánto durarán los tiempos buenos o
malos, sólo el Dios todopoderoso lo sabe. Y él “hace todas las
cosas según el designio de su voluntad” (Efesios 1:11), es decir,
su plan de salvación por medio de Cristo. Él simplemente quiere
que confiemos en él tanto en los tiempos buenos como en los
malos.
La Biblia define la fe como “la fe la certeza de lo que se espera,
la convicción de lo que no se ve” 11 (Hebreos 11:1). Salomón insta
a la fe; necesitamos la fe porque no podemos ver lo que está
adelante en nuestra vida; también necesitamos la fe porque muchas
veces parece como si la bondad y la justicia de Dios no se pudieran
encontrar en ninguna parte en este mundo.
15 Todo esto he visto en los días de mi vanidad. Justo hay
que perece pese a su justicia, y hay malvado que pese a su
maldad alarga sus días.
16 No seas demasiado justo,
ni sabio en exceso;
¿por qué habrás de destruirte?
17 No quieras hacer mucho mal,
ni seas insensato;
¿por qué habrás de morir//antes de tu tiempo?
18 Bueno es que tomes esto,
sin apartar de aquello tu mano;
porque el que teme a Dios
saldrá bien de todo.
Cuando el Predicador habla de “los días de mi vanidad”
debemos recordar todo lo que está detrás de la palabra “vanidad”.
La vida es fugaz como un suspiro, de modo que durante nuestra
73
Eclesiastés 7:15-18
corta vida nos faltan el tiempo y la perspectiva para ver el
panorama completo de los planes eternos de Dios. En
consecuencia, frecuentemente parece que Dios ha perdido el
control: la vida parece estar al revés, el hombre justo perece, el
impío prospera en su maldad. Este es un tema que Salomón tocó
antes en Eclesiastés (4:1), y lo volverá a hacer (8:14). Es un tema
que muchas veces molesta al pueblo de Dios. Atormentó a Job en
su sufrimiento y molestó mucho al salmista Asaf, quien escribió:
Porque tuve envidia de los arrogantes,
viendo la prosperidad de los impíos.
No se atribulan por su muerte,
pues su vigor está entero…
Y dicen: ¿Cómo sabe Dios?
¿Y hay conocimiento en el Altísimo?
Estos impíos,sin ser turbados del mundo,
alcanzaron riquezas.
Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón,
y lavado mis manos en inocencia;
pues he sido azotado todo el día,
y castigado todas las mañanas…
(Salmo 73)
Continuando con sus observaciones sobre la injusticia, la
siguiente observación de Salomón parece algo cínica: “No seas
demasiado justo ni sabio en exceso; ¿por qué habrás de
destruirte?” Lo que dice es: no seas justo por ti mismo, o en las
palabras de Jesús: “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de
tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?”
(Mateo 7:3). Sin duda, los injustos sí florecen en el mundo, pero
antes de perturbarnos por esto, debemos observar nuestra propia
vida y decir: “Si Dios me castigara por todo lo que he hecho,
estaría en peor situación de la que estoy”. Hay más que suficientes
hechos malvados y necios en nuestro pasado para evitar que
seamos “demasiado justos” o “sabios en exceso”.
74
Eclesiastés 7:15-18
Las personas que son demasiado justas o sabias, pueden
terminar destruyéndose a ellas mismas, llegando a ser tan rígidas
que invitan a la rebelión y al desastre. Los padres, los maestros, y
los legisladores del gobierno, deben aprender a administrar la
justicia con misericordia. Hay ocasiones en que podemos pasar
por alto algo de necedad.
El extremo opuesto de ser demasiado justo es ser demasiado
“malo”. Neciamente algunos pueden concluir que como el mundo
es tan malvado, también pueden ser permisivos con ellos mismos.
Salomón responde a esa actitud diciendo: “¿Por qué habrás de
morir antes de tu tiempo?”
Aunque algunas personas demasiado malas se las arreglan para
escapar de la pesada mano de la ley en esta vida, todavía tienen
que enfrentar la justicia de Dios. Aquellos que abiertamente se
rebelan contra las leyes de Dios finalmente sufrirán la ira de ese
mismo Dios. El salmista Asaf llegó a reconocer esto: “¡Cómo han
sido asolados de repente! Perecieron, se consumieron de terrores”
(Salmo 73:19).
El Predicador nos enseña que evitemos los extremos, como
dice literalmente el versículo 18: “El hombre que teme a Dios
atenderá a los dos”. La idea es tomar el camino del medio entre
los dos extremos. Llegamos a conocer este camino apropiado
cuando estudiamos regularmente las Escrituras y las aplicamos en
la dura escuela de la vida.
19 La sabiduría fortalece al sabio
más que diez poderosos//que haya en una ciudad.
20 Ciertamente no hay en la tierra hombre tan justo, que
haga el bien y nunca peque.
21 Tampoco apliques tu corazón a todas las cosas que se
dicen, para que no oigas a tu siervo cuando habla mal de ti;
22 porque tu corazón sabe que tú también hablaste mal de
otros muchas veces.
Eclesiastés 7:19-22
75
El hombre que tiene sabiduría se convierte en buen
gobernante, porque evita extremos y es capaz de equilibrar la
justicia con la compasión. Eso lo hace poderoso y más efectivo
“que diez poderosos que haya en una ciudad”. En sus primeros
años como rey, Salomón fue ese tipo de gobernador, de modo que
otros reyes y reinas lo respetaron por su capacidad para gobernar
sabiamente.
Una de las oraciones del Himnario Luterano (The Lutheran
Hymnal) incluye la petición: “Da salud y prosperidad a todos los
que tienen autoridad…y dales gracia para gobernar con tu
beneplácito, para el mantenimiento de la justicia y para estorbar y
castigar a los malvados…” Los gobernantes excepcionalmente
sabios son una bendición poco frecuente para sus ciudades y
territorios. Sigamos orando a menudo para que Dios les dé esa
sabiduría a nuestros dirigentes.
Una característica de los gobernantes sabios es un agudo
entendimiento de la naturaleza humana, es decir, están conscientes
de que “no hay hombre en la tierra que sea tan justo, que haga el
bien y nunca peque”. Si un gobernante tiene un concepto
demasiado alto de la naturaleza humana, cometerá uno de dos
errores: será demasiado estricto y no tendrá voluntad para dejar
pasar por alto las debilidades humanas comunes; o será demasiado
blando y dejará que la gente ande desenfrenadamente asumiendo
que harán naturalmente lo que es correcto.
Las palabras del versículo 20 aparecen en otras partes de la
Escritura. Por ejemplo, Salomón utilizó casi exactamente las
mismas palabras en la oración que hizo en la dedicación del
templo: “No hay hombre que no peque” (1 Reyes 8:46), y continuó
pidiéndole a Dios: “Perdonarás a tu pueblo”. San Pablo parafrasea
el versículo 20 en Romanos [Link] “Como está escrito: No hay
justo, ni aun uno”. Pablo pasa a demostrar la completa incapacidad
del hombre para salvarse a sí mismo y su completa dependencia
de la gracia de Dios: “La justicia de Dios [viene] por medio de la
fe en Jesucristo, para todos los que creen en él” (Romanos 3:22).
76
Eclesiastés 7:19-22
Salomón quiere que estemos conscientes de nuestra completa
dependencia de Dios en todos los aspectos de la vida.
Debido a la pecaminosidad del hombre, un sabio aprenderá a
no ser demasiado susceptible a lo que otros le dicen: “Tampoco
apliques tu corazón a todas las cosas que se dicen, para que no
oigas a tu siervo cuando habla mal de ti.” Después de todo, agrega
Salomón, ¡usted ha hecho muchas veces lo mismo! Con qué
frecuencia maldice a los demás, es decir, los denigra o habla mal
de ellos. Dada la condición pecaminosa y la tendencia a criticar
que hay en el hombre, probablemente ha escuchado algunos
comentarios desfavorables al oír furtivamente lo que los demás
dicen de usted. Entre más lo conozcan, más conocerán sus fallas.
Alguien comentó: “Ningún hombre es un héroe entre sus más
allegados”.
23 Todas estas cosas probé con sabiduría, diciendo: «¡Seré
sabio!»; pero la sabiduría se apartó de mí. 24 Ya está lejos lo
que fue; y lo muy profundo, ¿quién lo hallará?
25 Me volví entonces, y apliqué mi corazón a saber,
examinar y buscar la sabiduría y la razón, para conocer la
maldad de la insensatez y el desvarío del error.
26 Y más amarga que la muerte//he hallado a la mujer
cuyo corazón es trampas y redes,
y sus manos ligaduras.
El que agrada a Dios escapará de ella,
pero el pecador queda en ella preso.
Al comienzo del libro de Eclesiastés Salomón demostró que
la sabiduría del mundo es vanidad (1:12-18). Aunque había
adquirido mucha sabiduría, esta no le trajo sino pesar y dolor. ¿De
qué clase de sabiduría habla el Predicador ahora, cuando dice que
obtener la sabiduría estaba “lejos” de él? Con su cambio de énfasis
a la vida bajo Dios, es probable que hable de la sabiduría divina.
Eclesiastés 7:23-26
77
Por supuesto, en cierto sentido, esta sabiduría no está lejos de
la gente, ya que la verdadera sabiduría reside en la Palabra de Dios.
De acuerdo con Deuteronomio 30:11-14, la Palabra de Dios “no
es demasiado difícil… Porque muy cerca de ti está la palabra, en
tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.” La Palabra de Dios
es tan clara como una “lámpara” y una “luz” (Salmo 119:105).
Eso no significa que siempre vamos a entender todo lo que
está escrito en la Biblia. Por ejemplo, la Biblia enseña claramente
que Dios es trino, un Dios en tres Personas, pero no podemos
entender la Trinidad aunque sabemos que eso lo enseñan las
Escrituras. Entonces, lo que está “lejos” de nosotros no es la
capacidad de leer y saber lo que la Biblia enseña, más bien es el
hecho de que muchas de las verdades bíblicas sobrepasan nuestra
capacidad de entenderlas.
También hay algo más implícito aquí: Salomón dice que los
seres humanos nunca llegarán a conocer todo lo que hay por
conocer, nadie llega a saberlo todo. ¡Aun si llegamos a conocer
una enorme cantidad de información, todavía debemos aprender
a utilizarla prácticamente!
Así, mientras que la sabiduría de Dios es accesible (“muy
cerca de ti está la palabra”), al mismo tiempo es inagotable (“lejos”
de ti). Nunca dejemos de estudiar y aplicar la Palabra de Dios. La
afirmación que hace el rey Salomón respecto a que la sabiduría es
“profunda” tiene otro paralelo en los escritos del apóstol Pablo:
“¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y del
conocimiento de Dios!” (Romanos 11:33)
Es triste que tan pocas personas tomen tiempo para investigar
las profundidades de esas riquezas. Tantos están satisfechos con
tan poco: algunos piensan que son expertos en la Biblia con sólo
saber los Diez Mandamientos y el Padre Nuestro; otros tienen poco
o nada de tiempo para buscar la sabiduría divina, porque están
demasiado ocupados en la sabiduría del mundo.
Lo que Salomón siguió haciendo fue “examinar e inquirir la
sabiduría… a conocer la maldad de la insensatez y el desvarío del
78
Eclesiastés 7:23-26
error”. Aquí comparte una de sus observaciones: el peligro de una
mujer cuyo “corazón es trampas y redes, y sus manos ligaduras”.
Como el pasaje sobre una mujer aparece repentinamente a la
mitad del discurso de Salomón sobre la sabiduría, algunos
comentaristas piensan que esa mujer mala simboliza la falsa
sabiduría que pierde a las personas. Es cierto que Salomón, en el
libro de los Proverbios, personifica la sabiduría como una mujer:
“La sabiduría clama en las calles, alza su voz en las plazas”
(Proverbios 1:20). Sin embargo, como en Eclesiastés 7 el
Predicador habla de asuntos prácticos de la vida diaria, como la
importancia de evitar extremos (7:16-18), es muy probable que
Salomón describa a una mujer que no mantiene un equilibrio
apropiado en sus relaciones.
Al contrario de las normas de la Escritura, podría ser una
mujer: que carece de “un espíritu afable y apacible” (1 Pedro 3:4),
y es dominante, tal vez “demasiado justa” o “demasiado mala”.
Se puede tratar de una mujer chismosa o de una mujer que quiere
perder todo su tiempo en una “casa de jolgorio”. Tenga las fallas
que tenga, es una trampa “más amarga que la muerte”.
Salomón habla con experiencia, ya que sus esposas lo
desviaron y lo convirtieron en un necio. Acerca de este pasaje,
Lutero opina: “Los que son sabios en la Palabra de Dios huyen de
estas trampas, pero no del sexo femenino”. En otras palabras, no
evite a todas las mujeres, sino sólo a las mujeres de mala clase.
27 He aquí, dice el Predicador, que pesando las cosas una
por una para dar con la razón de ellas, 28 he hallado lo que
aún busca mi alma, sin haberlo encontrado:
Un hombre entre mil he hallado,
pero ni una sola mujer entre todas.
29 He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al
hombre recto, pero él se buscó muchas perversiones.
Eclesiastés 7:27-29
79
Salomón sigue hablando de la sabiduría: “Aquí hay algo que
he averiguado mientras que estaba buscando debajo del sol las
artimañas de las cosas…” Lo que el rey encontró fue esto: “Un
hombre entre mil he hallado, pero ni una sola mujer entre todas”.
En la New International Version utilizan el término “sencillo” que
no está en el texto hebreo original. Salomón dice literalmente:
“Encontré un hombre…pero no una mujer…” ¿A qué clase de
hombre o de mujer se refiere? Los traductores al inglés agregaron
la palabra “sencillo” porque concuerda con el contexto y se utiliza
en el siguiente versículo. Los traductores hubieran podido insertar
la palabra “sabio” en lugar de “sencillo”, ya que Salomón ha
estado tratando sobre la sabiduría a través de todo este capítulo.
Cuando hace alusión a mil mujeres, ¿piensa Salomón en su
harén de setecientas esposas y trescientas concubinas? Tal vez
después de sus amargas experiencias con ellas el rey ha llegado a
la conclusión de que ninguna era sabia o sencilla. Cuando
menciona un hombre entre mil, tal vez se refiera a alguno de los
grandes jefes del pueblo de Dios, como: Abraham, José, o Moisés.
Salomón, al principio del capítulo, mencionó las cualidades
necesarias en un jefe sabio. De acuerdo con la inspirada Palabra
de Dios, de la cual Eclesiastés forma parte, los hombres tienen que
ser líderes en el hogar (1 Pedro 3:1-7) y en la iglesia (1 Corintios
14:33-36). Aun entre los hombres el liderazgo sabio es un don
extraño, tal vez lo tiene uno entre mil. Salomón simplemente
señala lo extraña que es una persona verdaderamente sencilla y
sabia, sea hombre o mujer.
Ahora el rey afirma que todos, tanto hombres como mujeres,
tienen un problema en común: están bajo el juicio de Dios por el
pecado. Aunque en el principio “Dios hizo al hombre recto”, todos
nos hemos desviado, perdiendo nuestro tiempo desarrollando
nuestras propias “perversiones” en lugar de seguir la voluntad de
Dios. Como en muchos otros pasajes, el apóstol Santiago refleja
los pensamientos de Salomón: “Que nadie diga cuando es tentado:
Estoy siendo tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser
tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es
80
Eclesiastés 7:27-29
tentado, cuando es atraído y seducido por su propia
concupiscencia” (Santiago 1:13-14). ¡Cuán a menudo hemos
seguido nuestros propios malos deseos y artimañas en lugar de
seguir la sabiduría de la Palabra de Dios!
Con esto termina el capítulo más largo de Eclesiastés. Salomón
lo termina como comenzó, recordándonos que debemos enfrentar
la realidad: vivimos en un mundo caído lleno de muerte y de
pecado.
Ahora el Predicador está por dirigirse a la siguiente lección
para llevar una vida piadosa debajo del sol: la obediencia al Rey.
Pero antes incluye un versículo más sobre la sabiduría. 8¿Quién como el sabio?
¿Quién como el que sabe//interpretar las cosas?
La sabiduría del hombre ilumina su rostro
y cambia la tosquedad de su semblante.
Aquí Salomón alaba el maravilloso don de la sabiduría. Las
preguntas que hace en este versículo son retóricas, o sea no espera
una respuesta. Pregunta algo parecido a esto: “¿Quién se puede
comparar con el hombre sabio? ¿Quién conoce la explicación de
las cosas como él? ¿La sabiduría hace feliz a una persona?”. No
podemos dejar de comparar esta alegre sabiduría con la sabiduría
vacía del mundo que no trae sino “mucha pesadumbre” (1:18). La
verdadera sabiduría es un tesoro infinito, y está para adquirirse en
la Palabra de Dios.
La persona verdaderamente sabia no sólo llega al
conocimiento de las “cosas”, sino también a “interpretar” todas
las cosas. Muchos tienen una gran cantidad de datos en su mente
o de títulos junto a su nombre, pero no tienen una comprensión
verdadera de lo que significa todo.
Esto no sucede con el sabio: él conoce la explicación de las
cosas; sabe que detrás de las complejidades de la vida y de las
injusticias aparentes, Dios está trabajando; entiende que Dios
utiliza todo para el bien de su pueblo. El sabio entiende todo esto
Eclesiastés 8:1
81
y confiadamente pone su vida en las amorosas manos de Dios.
Cada área del aprendizaje recibe una nueva luz cuando se ve
de esta manera. La historia, por ejemplo, llega a ser más que un
recuento del surgimiento y la caída de las naciones, se convierte
en la historia de las bendiciones y de los juicios del Todopoderoso
sobre las naciones para llevar a cabo los planes de Dios.
Con razón la sabiduría de Dios “ilumina su rostro, y [que]
cambia la tosquedad de su semblante”. David, el padre de
Salomón, lo dijo de esta manera: “Los mandamientos de Jehová
son rectos, alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro,
alumbra los ojos” (Salmo 19:8). ¿Pero cómo concuerda esto con
las palabras de Salomón en el capítulo 7: “Mejor es el pesar que
la risa; porque con la tristeza del rostro se enmienda el corazón”?
El hecho es que los cristianos están “entristecidos, mas siempre
gozosos” (2 Corintios 6:10). La verdadera sabiduría lleva al pesar,
por nuestros pecados y por la perdida, miserable condición del
mundo. Al mismo tiempo conduce a la felicidad, no a los
superficiales placeres que este mundo puede ofrecer, sino a la
solución que le da Dios al pecado y a la muerte. Siempre estamos
alegres por causa de nuestro Salvador Jesucristo.
Mientras que el mundo incrédulo se está perdiendo en
jolgorios y risa, la persona sabia está triste, ya que sabe del fin de
tal locura. Por otro lado, se puede regocijar aun cuando todo parece
estar en su contra, porque sabe que Dios está a cargo. Cuando
Esteban, el primer mártir cristiano, fue juzgado por su vida, su cara
resplandecía “como el rostro de un ángel” (Hechos 6:15). Pronto
se iba a reunir con su Dios.
Obedeced al Rey
2 Te aconsejo que guardes//el mandamiento del rey,
por el juramento que pronunciaste delante de Dios.
3 No te apresures a irte de su presencia,
ni en cosa mala persistas;
porque él hará todo lo que quiera,
82
Eclesiastés 8:2-6
4 pues la palabra del rey es soberana
y nadie le dirá: «¿Qué haces?»
5 El que guarda el mandamiento//no conocerá el mal;
el corazón del sabio discierne//cuándo y cómo cumplirlo.
6 Porque para todo lo que quieras//hay un tiempo y un
cómo,
aunque el gran mal que pesa//sobre el hombre
Como Salomón habla de manera general en el libro de
Eclesiastés, algunos pasajes podrían tener diversas aplicaciones.
Este es uno de esos pasajes: el rey de quien habla puede ser un
gobernante terrenal o el Rey de reyes, es decir, Dios. Como el
idioma hebreo no hace distinción entre minúsculas y mayúsculas,
la decisión depende de los traductores.
El ver a Dios como Rey no era cosa nueva para la época de
Salomón, ya que David en varios salmos así se refiere de Dios.
Por ejemplo, en el Salmo 5:2 escribió: “Atiende a la voz de mi
clamor, Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré”. En mi opinión,
Salomón se acuerda de ese pasaje.
En realidad, la obediencia a Dios y al gobierno humano van
juntos, el segundo sigue al primero. Lutero señala: “La obediencia
política está incluida en la obediencia a Dios”. El Señor espera que
su pueblo respete la autoridad del gobierno: “Sométase toda
persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad que
no provenga de Dios, y las que hay, por Dios han sido
establecidas” (Romanos 13:1).
Si Salomón está hablando directamente de Dios, entonces Dios
y “rey” en el versículo 2 son sinónimos. Y el “juramento delante
de Dios” (traducido “ante Dios” en la Nueva Versión
Internacional) puede ser la fidelidad que el pueblo de Dios le
prometió. En Deuteronomio Moisés menciona el juramento entre
Dios y su nación de Israel: “Vosotros todos estáis…a punto de
entrar en el pacto de Jehová tu Dios, y en su juramento, que Jehová
tu Dios concierta hoy contigo” (29:10,12). Posteriormente, en el
tiempo de Nehemías (alrededor del año 445 a.C.), los judíos
Eclesiastés 8:2-6
83
juraron de nuevo “que andarían en la ley de Dios” (Nehemías
10:29).
La lealtad a Dios es el mejor fundamento de la lealtad al
gobierno. Cuando Salomón llegó a ser rey, las personas del pueblo
“sacrificaron víctimas a Jehová…, todos los príncipes y poderosos,
y todos los hijos del rey David, presentaron homenaje al rey
Salomón” (1 Crónicas 29:21,24). Hoy los ciudadanos de los países
prometen lealtad a la bandera de la nación y a la república de la
cual es símbolo.
Para nosotros es difícil apreciar la prohibición: “No te
apresures a irte de su presencia”. En tiempos antiguos la gente era
reverente con sus gobernantes, no se entraba ni se salía de la
presencia del rey sin su permiso. La expresión “irte de su
presencia” era otra manera de decir “irte sin su permiso”.
Sencillamente darle la espalda a un rey y salir era un insulto
terrible al monarca y ameritaba casi con seguridad la muerte.
Irse de la presencia de Dios significa dejar a Dios. Génesis
4:16 utiliza una expresión similar cuando dice que Caín “salió…
de delante de Jehová”. Ponerse en contra de Dios atrae la muerte
segura y eterna.
Tampoco nos debemos atrever a ponernos en contra de nuestro
gobierno terrenal: “Quien se opone a la autoridad, a lo establecido
por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí
mismos” (Romanos 13:2). Solamente debemos resistir la autoridad
terrenal si nos ordena ir en contra de la autoridad superior de Dios.
Esta es otra advertencia para no oponerse al Rey: “ni en cosa
mala persistas; porque él hará todo lo que quiera”. Otra vez las
palabras de Pablo en Romanos 13 reflejan las de Salomón: “Si
haces lo malo, teme; porque no en vano [la autoridad gobernante]
lleva la espada.” Desde luego, sólo Dios el Rey hace
completamente “todo lo que quiera”. Los gobernantes terrenales
tienen un gran poder, inclusive el poder para castigar a los que
quebrantan la ley, pero esto es nada comparado con el poder del
Altísimo.
84
Eclesiastés 8:2-6
Al vivir en una democracia y en una sociedad donde más se
sospecha y se tiene menos respeto, los ciudadanos del siglo
veintiuno tienden más a preguntarles a sus funcionarios en el
gobierno: “¿Qué haces?” Por supuesto que, como buenos
ciudadanos en una democracia (el gobierno del pueblo), es nuestra
obligación hacer esto; pero debemos recordar que “la palabra del
rey es soberana”. No estamos en posición para cuestionar la
Palabra de Dios. Como dijo el profeta Isaías: “¡Ay del que…,
pleitea con su Hacedor” (Isaías 45:9). Tampoco debemos hablar
en contra de las leyes terrenales que son justas y benéficas.
San Pablo preguntó y contestó: “¿Quieres, pues, no temer a la
autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es un
servidor de Dios para tu bien” (Romanos 13:3-4). El rey Salomón
nos asegura en sus palabras: “No conocerá el mal”. Si un gobierno
funciona de la manera que debe, castigará al malhechor y protegerá
al ciudadano que respeta la ley. Si no, Dios derribará a ese
gobierno a su tiempo, pues los gobiernos que patrocinan la
injusticia están sembrando la semilla de su propia destrucción.
El “corazón del sabio” discierne “el cuándo y cómo
cumplirlo”: sabe que cuando Dios lo crea pertinente hará justicia.
Mientras tanto puede ser difícil esperar. La miseria de un hombre
bajo un gobierno opresor puede “agobiarlo grandemente”
(versículo 6, vea la New International Version).
Pero todo tiene su tiempo (3:1), y en el tiempo apropiado Dios
rescatará a su pueblo. Si la liberación no sucede en esta vida, será
en la próxima. Al final Dios nos salva de todo mal, incluyendo
esas fuerzas espirituales que pudieran oprimir y destruir nuestra
alma. Una vez más citamos a San Pablo; preso, esperando un juicio
y esperando la sentencia de muerte, Pablo escribió: “El Señor me
librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial”
(2 Timoteo 4:18). El Rey tiene el control.
7 es no saber lo que ha de ocurrir;
y el cuándo haya de ocurrir,//¿quién se lo va a anunciar?
Eclesiastés 8:7,8
85
8No hay hombre que tenga potestad//sobre el aliento de
vida
para poder conservarlo,
ni potestad sobre el día de la muerte.
Y no valen armas en tal guerra,
ni la maldad librará al malvado.
Podemos estar seguros de que al final Dios utilizará todo para
nuestro bien, pero en esta vida nunca podemos estar seguros de lo
que sucederá en el futuro. Dios no nos da esa información, y nadie
más la puede dar. Por lo tanto, debemos estar contentos, vivir un
día a la vez, y confiar todo a Dios.
A propósito, la Escritura se opone claramente a los intentos de
descubrir el futuro en las estrellas (horóscopos o astrología) o por
adivinos. El profeta Isaías ridiculizó a los que confían en las
estrellas para guiarse: “Comparezcan ahora y te defiendan los
contempladores de los cielos, los que observan las estrellas, los
que cuentan los meses para pronosticar lo que vendrá sobre ti…
no salvarán sus vidas” (Isaías 47:13-14). Y hablando de los que
acuden a los adivinos, a los que tratan de consultar a los espíritus
de los muertos, Isaías dice: “Si os dicen: Preguntad a los
encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded:
¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por
los vivos? ¡A la ley y al testimonio! Si no dicen conforme a esto,
es porque no les ha amanecido” (Isaías 8:19-20). Cualquier intento
de predecir el futuro que no se pega a la Palabra de Dios está
prohibido.
Los seres humanos no pueden determinar el momento de su
muerte más de lo que pueden controlar la dirección en que sopla
el viento; aun un intento de suicidio puede fallar si Dios decide
detenerlo. Como dijo Jesús: “El viento sopla de donde quiere”
(Juan 3:8). Como la palabra hebrea para viento y para espíritu es
la misma, la declaración que hace Salomón respecto al viento
también se podría traducir como: “Ningún hombre tiene el poder
sobre el espíritu para retenerlo”, es decir, para impedirle que salga
del cuerpo en el momento de la muerte.
86
Eclesiastés 8:7,8
Aunque el hombre no puede predecir ni puede controlar los
eventos de su vida, sí puede estar seguro de una cosa: tarde o
temprano va a morir. Así como “no valen armas” en guerra contra
la muerte, así nadie se escapa de la lucha final con la muerte. Para
el impío no hay paz: “ni la maldad librará al malvado”; debe
enfrentar las consecuencias de su maldad, si no en esta vida
entonces delante de Dios quien “restaura lo pasado” (3:15).*
9 Todo esto he visto, y he puesto mi corazón en todo lo
que se hace debajo del sol, cuando el hombre se enseñorea
del hombre para hacerle mal.
10 Asimismo he visto a los inicuos sepultados con honores;
en cambio, los que frecuentaban el lugar santo fueron luego
olvidados en la ciudad donde habían actuado con rectitud.
Esto también es vanidad. 11 Si no se ejecuta enseguida la
sentencia para castigar una mala obra, el corazón de los
hijos de los hombres se dispone a hacer lo malo. 12 Ahora
bien, aunque el pecador haga cien veces lo malo, y sus días se
prolonguen, con todo yo también sé que les irá bien a los que
a Dios temen, los que temen ante su presencia, 13 y que no le
irá bien al malvado, ni le serán prolongados sus días, que son
como sombra; por cuanto no teme delante de la presencia de
Dios.
14 Hay vanidad que se hace sobre la tierra, pues hay
justos a quienes sucede como si hicieran obras de malvados,
y hay malvados a quienes acontece como si hicieran obras de
justos. Digo que esto también es vanidad.
15 Por tanto, alabé yo la alegría, pues no tiene el hombre
más bien debajo del sol que comer, beber y alegrarse; y que
esto le quede de su trabajo los días de su vida que Dios le
concede debajo del sol.
Eclesiastés 8:9-15
87
* Vea la nota acerca de este pasaje.
En esta sección Salomón regresa a temas que presentó antes:
la opresión, la maldad, la justicia final de Dios, y la alegría de la
vida.
El primer versículo se puede referir a una persona que se
enseñorea de sí misma “para hacerle mal” o, como lo indica en la
nota de pie de página de la New International Version, oprime a
otros para el mal “de ellos”. En la primera lectura el versículo dice
que al final el opresor sufrirá las consecuencias de su maldad; en
la última habla del mal que se ha hecho a otros. El significado real
es que “un hombre oprime a otro hombre para su mal”, donde “su”
se puede referir a cualquiera de las partes. Ambas lecturas
concuerdan con lo que Salomón ha dicho.
El versículo 10 también habla de los inicuos, esta vez de su
sepultura. Según la Nueva Versión Internacional, los describe
como “los que frecuentaban el lugar santo”, es decir, la casa de
Dios.* Si suponemos que “los inicuos” y “los que frecuentaban el
lugar santo” eran los mismos, estos inicuos recibieron honra o son
olvidados (como lo traduce la Nueva Versión Internacional).** La
primera interpretación señala las injusticias de la vida debajo del
sol: aun en la casa de Dios los inicuos reciben alabanza; la otra
señala el resultado final de su vida: son olvidados. En las palabras
del Salmo [Link] “La ira de Jehová está contra los que hacen mal,
para eliminar de la tierra la memoria de ellos”. Dios tiene cuidado
de que los inicuos sean olvidados o, si son recordados, la gente no
los honrará sino que querrá olvidarlos. De nuevo, las dos maneras
de comprender el versículo se ajustan al contexto del pensamiento
de Salomón.
En todo este comentario he señalado algunas variaciones en la
traducción del texto bíblico para los lectores que se hayan dado
cuenta de ellas al estudiar diferentes versiones de la Biblia. Como
acabamos de encontrar dos versículos consecutivos con
88
Eclesiastés 8:9-15
* “Vi también a los malvados ser sepultados –los que solían ir y venir del lugar santo”.
** El hebreo no tiene dos sujetos distintos (“los inicuos” y “los que frecuentaban” en
este versículo como lo implica la Reina-Valera, ediciones de: 1960, 1977, y 1995.
variaciones, sería bueno explicar lo siguiente: algunas de las
diferentes lecturas se basan en las varias traducciones posibles del
idioma original al español, otras se basan en pequeñas variaciones
en copias antiguas de la Escritura escritas a mano. En cualquier
caso esas variaciones no nos deben perturbar, porque no afectan
ninguna enseñanza de la Escritura. Además, la Biblia, tanto el
Antiguo como el Nuevo Testamento, han pasado por las
generaciones con asombrosa exactitud, más que cualquier otro
libro antiguo. Al referirse al Antiguo Testamento en particular, un
erudito resume: “Se puede decir con seguridad que ningún otro
libro de la antigüedad ha sido transmitido tan exactamente”. 10
Si dejamos a un lado el asunto de las variaciones, vemos que
Salomón procede a explicar ¿por qué los inicuos muchas veces se
salen con la suya con lo que hacen?: “Si no se ejecuta enseguida
la sentencia para castigar una mala obra, el corazón de los hijos
de los hombres se dispone a hacer lo malo”. Estas palabras tienen
un tono muy moderno, ya que hoy escuchamos muchas voces
pidiendo sentencias más estrictas y más rápidas para los
malhechores. Un sistema judicial corrupto no sólo estimula a los
inclinados al mal, también es una tentación para que otros piensen:
“¿Por qué debo tratar de hacer lo que es correcto?”
Aunque pueden ser tentados, “los hombres temerosos de Dios”
tienen fuertes motivos para combatir la tentación de recrearse en
el mal. Por un lado, el hecho de que los inicuos se salgan con la
suya no durará mucho: Dios advierte, y Dios castiga. Antes de que
los inicuos logren la mitad de lo que se han propuesto hacer, su
fin vendrá repentinamente; su vida no se alargará como se alarga
una sombra en las horas de la tarde.
Además de comprender la inutilidad de la iniquidad, el pueblo
de Dios “teme” ante su presencia; tienen temor de Dios y le tienen
demasiado respeto como para pecar contra él voluntariamente.
Al tratar de servirle a Dios, algunas veces los justos parece que
obtienen lo que merecen los inicuos, y los inicuos son
recompensados. Hombres piadosos como Estaban y Pablo, son
asesinados, mientras que los tiranos son honrados y alabados.
Eclesiastés 8:9-15
89
Como vivimos, en el mundo caído en el pecado, eso no nos
debe sorprender, ni tampoco nos debemos amargar. La única
persona que llevó la vida completamente perfecta fue la más
perseguida de todas, y él nos da esta seguridad: “Si el mundo os
odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais
del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del
mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os odia”
(Juan 15:18-19).
Lutero afirma al comentar, ¿por qué Salomón regresa
continuamente al tema de la injusticia de la vida?: “Esto se dice
tan a menudo para que podamos instruir a nuestros corazones y
enseñarle a la buena gente lo que es el mundo, una bestia furiosa
y desagradecida,…que no puede hacer algo diferente de exaltar a
los inicuos y oprimir a los piadosos. No podemos esperar ninguna
otra cosa”.
Cada vez que Salomón toca el tema de la injusticia, lo hace
desde un punto ligeramente distinto y con una lección ligeramente
diferente para enseñar. Aquí la utiliza como una razón para alabar
“la alegría” de la vida. Haga lo mejor que pueda para vivir su fe y
compartirla, y disfrute los dones que Dios le da, porque usted no
va a cambiar el mundo. Mientras que los disfruta, piense en lo
bueno que es Dios, y entonces encontrará satisfacción en su trabajo
durante el tiempo que Dios le da debajo del sol.
16 Yo, pues, dediqué mi corazón a conocer sabiduría y a
ver la faena que se hace sobre la tierra (porque hay quien ni
de noche ni de día retiene el sueño en sus ojos); 17 y he visto
todas las obras de Dios, y que el hombre no puede conocer
toda la obra que se hace debajo del sol. Por mucho que
trabaje el hombre buscándola, no la hallará; y aunque diga
el sabio que la conoce, no por eso podrá alcanzarla.
“Ansiedad: Millones son atormentados por este desorden”, así
dice el titular de un periódico moderno. El artículo continúa
relatando un ejemplo: “Una madre de 37 años recostada en la
90
Eclesiastés 8:16,17
cama, sin poder dormir, se estremecía llena de temores que las
sábanas no podían calmar; su primer ataque de pánico”. 11 Como
muestran las palabras de Salomón, el problema no es nada nuevo,
muchas generaciones han pasado innumerables noches en vela y
días difíciles, sin encontrar un remedio para sus problemas. La
vida sigue tan fatigosa e incomprensible como siempre. Eso es
parte de la acción de Dios: ha sometido al mundo caído en el
pecado o a una condición de frustración.
Algunos filósofos pueden pretender que han resuelto el enigma
de la vida, pero ¿qué nos han podido decir los sabios del mundo
sobre: el origen, el propósito, y el destino, de la vida debajo del
sol? Dios declara: “Perecerá la sabiduría de sus sabios, y se
desvanecerá la inteligencia de sus entendidos” (Isaías 29:14). El
hecho de que Salomón utilice la frase “debajo del sol” indica que
se refiere a la sabiduría del mundo en lugar de la sabiduría de Dios.
Ningún ser humano por él mismo puede descubrir el
significado de la vida. Sólo Dios la puede revelar.
Un destino común para todos 9 Ciertamente me he dado de corazón a
todas estas
cosas, para poder declarar que los justos y los sabios,
y sus obras, están en la mano de Dios. Y que los hombres ni
siquiera saben qué es amor o qué es odio, aunque todo está
delante de ellos.
2 Todo acontece a todos//de la misma manera;
lo mismo les ocurre al justo//y al malvado,
al bueno, al puro y al impuro,
al que sacrifica y al que no sacrifica;
lo mismo al bueno que al pecador,
tanto al que jura como al que teme jurar.
En los últimos dos capítulos el Predicador ha mostrado cómo
llevar la vida piadosa debajo del sol: la vida piadosa incluye
enfrentar la vida de manera realista (capítulo 7). Esto incluye
Eclesiastés 9:1,2
91
también obediencia al Rey y respeto por la autoridad (capítulo 8).
En la mayor parte del capítulo 9 Salomón hace énfasis en que para
vivir como debiéramos, debemos estar siempre conscientes de la
brevedad de la vida terrenal.
“Los justos y los sabios, y sus obras, están en la mano de
Dios”. ¡Qué consuelo tiene esta corta frase para los creyentes! Por
naturaleza todos somos injustos y necios, inclinados a salir de la
presencia del Rey y a seguir nuestros propios designios, pero Dios
nos ha dado el don del perdón y de la sabiduría por medio de su
Palabra. Él nos hizo su propio pueblo, de quien Jesús dice: “Yo
les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará
de mi mano” (Juan 10:28). Es bueno saber que estamos en las
manos de Dios.
En esta vida uno nunca puede tener la certeza de encontrar el
“amor” o el “odio”.* En los capítulos anteriores Salomón puso
muy en claro que la manera como una persona es tratada en este
mundo no indica su relación con Dios. Además, las Escrituras nos
enseñan que como pueblo de Dios muchas veces podemos esperar
el odio del mundo, que Dios mismo permite que aparezca en
nuestro camino. Sólo Dios sabe cómo y cuándo vamos a
experimentar el odio o el amor.
Pero de esto podemos estar seguros: “Al final, una misma
suerte aguarda a todos”, todos moriremos. Los justos, los impíos,
los buenos, los malos, los limpios, los inmundos, los que sacrifican
y los que no, los santos y los pecadores, los que juran como los
que temen al juramento, todos morirán.
La lista completa que hace Salomón se entiende en sí, pero
algunos términos requieren un comentario. Los “limpios” son los
que guardaron las muchas leyes ceremoniales del Antiguo
Testamento, que le fueron dadas a Moisés en el monte Sinaí junto
con los Diez Mandamientos. Estas leyes (tratadas en el libro de
Levítico) incluían: el lavamiento, comer solamente los alimentos
correctos (limpios), y distinguir entre las enfermedades infecciosas
92
Eclesiastés 9:1,2
* La New International Version dice: “nadie sabe si el amor o el odio le espera”, en el
versículo 1.
y las no infecciosas. Levítico 13:38-46 provee un ejemplo:
Cuando un hombre o una mujer tenga en la piel de
su cuerpo manchas blancas, el sacerdote lo examinará,
y si en la piel de su cuerpo aparecen manchas blancas
algo oscurecidas, es una erupción que brotó en la piel;
la persona está limpia … Y si la hinchazón de la llaga
blanca rojiza en su calva o en sus entradas se parece a
la lepra de la piel del cuerpo, leproso es, impuro…
El leproso que tenga llagas llevará vestidos
rasgados y su cabeza descubierta, y con el rostro
semicubierto gritará: ¡Impuro!, ¡Impuro! Todo el
tiempo que tenga las llagas será impuro; estará impuro
y habitará solo, fuera del campamento vivirá.
Salomón también se refiere “al que sacrifica, y al que no
sacrifica”. Las leyes ceremoniales del Antiguo Testamento exigían
varios sacrificios en diferentes ocasiones. Los judíos piadosos
ofrecieron fielmente esos sacrificios durante los catorce siglos que
transcurrieron entre Moisés y la destrucción del segundo templo
en el año 70. Por ejemplo, cuando Jesús era un bebé, José y María
lo llevaron al templo para consagrarlo al Señor y “para ofrecer un
sacrificio conforme a lo dicho en la ley del Señor, un par de
tórtolas, o dos palominos” (Lucas 2:22-24).
El rey Salomón también menciona al que jura y “al que teme
jurar”. Previamente el Predicador tocó el tema de los juramentos
en Eclesiastés 5:4-7.
Al hacer la lista de todas las diferentes clases de personas,
Salomón alude a toda clase de reputación entre los hombres.
Algunos son proscritos (los inmundos), algunos son respetados
(los buenos y los que sacrifican); algunos son menospreciados (los
pecadores), algunos son considerados valientes (los que hacen
juramentos); otros parecen tímidos (los que temen hacer
juramentos). A pesar de su posición dentro de los hombres, todas
esas personas llegan al mismo nivel en la muerte. Cuando estén
delante del trono del juicio de Dios, será cuando comience la
verdadera clasificación.
Eclesiastés 9:1,2
93
94
3 Este mal hay entre todo lo que se hace debajo del sol:
que un mismo suceso acontece a todos, y que el corazón de
los hijos de los hombres está lleno de mal y de insensatez
durante toda su vida. Y que después de esto se van con los
muertos.
4 Aún hay esperanza para todo aquel que está entre los
vivos, pues mejor es perro vivo que león muerto.
5 Porque los que viven saben que han de morir, pero los
muertos nada saben, ni tienen más recompensa. Su memoria
cae en el olvido. 6 También perecen su amor, su odio y su
envidia; y ya nunca más tendrán parte en todo lo que se hace
debajo del sol.
Todo el mundo debajo del sol tiene el mismo final. Desde un
punto de vista humano sobre la vida y la muerte, es casi natural
concluir que no importa cómo se viva. La muerte es una realidad
tan sombría que puede anonadar: el innato sentido de eternidad
que hay las personas, así como su conocimiento natural de Dios,
y la voz de la consciencia.
¡Todos moriremos! Observamos que los buenos mueren junto
con los inicuos; y al hacerlo, podemos percibir el mal que hay
dentro de nuestro propio corazón. Jesús declaró: “De dentro, del
corazón de los hombres salen los malos pensamientos, los
adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las
avaricias, las maldades, el engaño, la lujuria, la envidia, la
calumnia, el orgullo, y la insensatez” (Marcos 7:21-22). No
importa lo que usted haga, morirá de todas maneras, entonces ¿por
qué no seguir todos los deseos de su corazón?
El corazón de los hombres no sólo está “lleno de mal”, sino
que, Salomón continúa: hay también “insensatez”. Un
comentarista define la insensatez como “una conducta
desenfrenada sin escrúpulos, que resulta de la convicción de que
la vida es vanidad y que no hay ley moral que opere en el mundo”.
12 Una canción moderna le grita descaradamente a una nueva
generación: “¡Enloquezcámonos!” El poeta Dylan Thomas
Eclesiastés 9:3-6
expresó la relación que hay entre la insensatez y la muerte con sus
bien conocidas líneas:
No entres dócilmente en la noche,
Rabia. Rabia por la agonía de la luz.
Dentro de cada corazón humano rabian el pecado y la locura,
precipitándose para salir antes de que se extinga la breve llama de
la vida. Para el cristiano eso significa que hay una guerra dentro
de su corazón. San Pablo lo dice de esta manera: “Veo otra ley en
mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente” (Romanos
7:23). Por medio de su Palabra, Dios nos ha llamado a la fe, y
ahora nos llama como caballeros de la fe a dar una batalla diaria
contra los dragones del pecado y de la maldad interior.
Muchos han abandonado la batalla, o nunca han entrado en
ella desde el principio. Para esas personas, la concupiscencia de
su corazón ha vencido, pues su vida está controlada por el pecado
y la maldad interior. Por eso Hemingway en su novela Fiesta
describió héroes jóvenes aburridos del mundo, que viven
solamente para los breves placeres diarios.
Al final, tanto el cristiano como el incrédulo “se van con los
muertos”. Para el hijo de Dios, irse con los muertos marca el fin
del tormento interior; para el incrédulo es apenas el comienzo.
Las palabras del Predicador:“Aún hay esperanza para todo
aquel que está entre los vivos”, nos recuerdan otra expresión
antigua: “Donde hay vida hay esperanza”. Las palabras de
Salomón se aplican tanto a los inicuos como a los piadosos. A la
persona mundana, la muerte le trae el fin a todos sus sueños y
esperanzas, pero también trae el fin a su tiempo de gracia y de
cualquier esperanza de salvación. Hay una manera en la cual la
muerte marca el final de algunas de nuestras esperanzas; por
ejemplo, sólo mientras permanecemos en la tierra podemos tener
la esperanza de dar testimonio delante de otros. Recuerde estas
palabras de Pablo: “[Tengo] deseo de partir y estar con Cristo, lo
cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario
por causa de vosotros” (Filipenses 1:23-24).
Eclesiastés 9:3-6
95
Para respaldar su afirmación sobre la esperanza de los vivos,
Salomón posiblemente citó una frase común en su tiempo, al decir
que “mejor es perro vivo que león muerto”. Hacemos lo mismo
que Salomón cuando hablamos: desarrollamos una tesis y la
terminamos con, “Ustedes saben lo que siempre se dice…”
En todo caso, se nos queda grabada la frase. Un perro típico
del oriente era el carroñero, así que decir que alguien era un perro
era un verdadero insulto. Por ejemplo, cuando Abner fue acusado
de pecar se sintió insultado y preguntó agriamente: “¿Acaso soy
un perro?” (2 Samuel 3:8). Apocalipsis 22:15 dice que los malditos
son como “los perros”. Aunque en la actualidad se disfruta mucho
de la compañía de un perro y se les mima mucho, las especies
caninas todavía no han obtenido una completa respetabilidad.
Decir que alguien es un “perro sucio” o simplemente un “perro”,
no es un gran cumplido. Por otro lado, el león siempre ha sido
respetado como el salvaje pero majestuoso rey de las fieras.
Proverbios 30:30 describe al león como “fuerte entre todos los
animales, que no retrocede ante nada”. Sin embargo, es mejor ser
un pequeño perro carroñero que vaga por las calles que un león
muerto, porque aquel todavía tiene vida.
Salomón declaró antes en Eclesiastés [Link] “Alabé yo a los
finados, los que ya habían muerto, más que a los vivos, los que
todavía viven”. Ahora habla de ciertas ventajas que tienen los
vivos sobre los muertos. No se contradice, simplemente ve el
asunto desde un ángulo diferente.
Una ventaja que tienen los vivos es que todavía juegan un
papel activo debajo del sol: están conscientes de todo, incluyendo
el hecho de que “han de morir”; en cambio, “los muertos nada
saben”. Eso sólo se puede aplicar a la vida debajo del sol,
ciertamente los muertos están conscientes del juicio de Dios pero
no saben lo que pasa en la tierra. Isaías 63:16 lo comprueba al
hablar de los patriarcas, Abraham e Israel, que llevaban mucho
tiempo muertos: “Abraham nos ignora, e Israel no nos reconoce”.
Además, los muertos ya no están para disfrutar “más
recompensa” sobre la tierra, y al pasar el tiempo “su memoria cae
96
Eclesiastés 9:3-6
en el olvido”.
Cuando la gente se va de este mundo, sus emociones, es decir
“su amor, su odio y su envidia”, se van con ellos. Esas emociones
que una vez fueron las que los motivaron desaparecen de la escena.
El Predicador resume esta sección sobre la muerte con las
palabras: “Nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo
del sol”. Los que tienen la esperanza de “volver por aquí” mediante
algún tipo de reencarnación quieren hacer ver que todo va a estar
bien. “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez,
y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). Una vez que usted
salga de esta tierra, es el final, nunca más regresará.
7 Anda, come tu pan con gozo
y bebe tu vino con alegre corazón,
porque tus obras ya son agradables a Dios.
8 Que en todo tiempo//sean blancos tus vestidos
y nunca falte perfume sobre tu cabeza.
9 Goza de la vida con la mujer que amas,
todos los días de la vida vana
que te son dados debajo del sol,
todos los días de tu vanidad.
Ésta es tu recompensa en la vida,
y en el trabajo con que te afanas//debajo del sol.
10 Todo lo que te venga a mano para hacer,
hazlo según tus fuerzas,
porque en el seol, adonde vas,//no hay obra,
ni trabajo ni ciencia ni sabiduría.
La muerte es inevitable y la vida es corta. Una vez que usted
se haya ido, nunca volverá a vivir en esta tierra. Entonces, ¿para
qué perder el tiempo atormentándose con lo que no puede
controlar? El Predicador exhorta a “gozar de la vida”: usted puede
disfrutar de la vida sin entregarse al pecado y a la necedad.
¡Coma, beba, y esté alegre!, no con la actitud de los epicúreos,
que piensan que la vida es vanidad y nada más importa, sino
Eclesiastés 9:7-10
97
dándose cuenta de que: la comida, el vino, los vestidos, y el amor
humano, son todos dones de la mano de Dios. Él le da estos dones
ahora, entonces ¿por qué esperar neciamente hasta el futuro?
San Pablo le dijo a su joven ayudante Timoteo: “No bebas
agua, sino usa de un poco de vino por causa de tu estómago y de
tus frecuentes enfermedades” (1 Timoteo 5:23). Como ciertas
comidas y bebidas, el vino es bueno, aun medicinal, si no se utiliza
en exceso. ¡Disfrute moderadamente de los buenos dones de Dios!
Salomón cambia del tema del vino al de los vestidos. Los
antiguos judíos se vestían de manera especial en las ocasiones
festivas con vestidos blancos y se ungían la cabeza con aceite, ya
que el aceite de oliva y los vestidos blancos, se asociaban con la
felicidad. La Biblia utiliza esas costumbres para simbolizar la
alegría espiritual del pueblo de Dios. Por ejemplo, Isaías predice
la manera como el Salvador le “dará” a su pueblo “aceite de gozo”
(Isaías 61:3), y San Juan dice que los santos en el cielo son los que
“han lavado sus ropas, y las han emblanquecido” (Apocalipsis
7:14).
Para los casados, Salomón menciona otra bendición: “Goza de
la vida con la mujer que amas”. Una de las más grandes
bendiciones de la vida es un cónyuge amoroso. El Predicador no
aboga para que una persona vaya y encuentre una pareja diferente
si no le gusta la que tiene, sino que ata el amor con el matrimonio,
como Dios lo quiere. Si estamos casados debemos trabajar
constantemente para hacer del matrimonio una relación de amor.
El sencillo hecho de reconocer que su pareja es un don de Dios le
ayudará mucho a mantener vivo el amor en su matrimonio.-
El matrimonio es una bendición temporal, porque “en la
resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento” (Mateo
22:30). Así que en lugar de perder los años en descontento y
amargura, los casados deben disfrutar su compañía durante esta
corta vida de “vanidad” en la tierra. Una buena esposa es una
ayuda invaluable “en el trabajo con que te afanas debajo del sol”.
Los pensamientos de Salomón sobre gozar de la vida
encuentran un extraordinario paralelo en una obra de la literatura
98
Eclesiastés 9:7-10
antigua de Babilonia. La epopeya de Gilgamesh, una antigua
historia de una inundación que data de aproximadamente al año
2000 a.C., contiene estas palabras de consejo al héroe Gilgamesh
(o Gilgamés):
Tú, Gilgamesh, llena tu vientre,
Goza de día y de noche.
Cada día celebra una fiesta regocijada,
¡Día y noche danza tú y juega!
Procura que tus vestidos sean flamantes,
Tu cabeza lava; báñate en agua.
Atiende al pequeño que toma tu mano,
¡Que tu esposa se deleite en tu seno!
¡Pues ésa es la tarea de la [humanidad]!13
Estas palabras ayudan a demostrar que a través de los siglos
los incrédulos también han visto el valor de gozar la vida, pero
sólo la Biblia pone ese gozo en la apropiada perspectiva espiritual.
El gozo debe estar equilibrado con nuestras obligaciones de servir
a Dios y al prójimo.
Todos los placeres de la vida también deben estar equilibrados
con la realidad del trabajo. El Predicador nos dice que hay sólo
una manera de tomar el trabajo, es decir: “según tus fuerzas”.
Cualquier trabajo que usted haya encontrado, hágalo lo mejor que
pueda: si es estudiante, estudie duro; si es padre, aprenda de la
Palabra de Dios lo que es mejor para sus hijos, y sígalo. ¿Trabaja
en una fábrica o en una oficina, en un almacén o un colegio? ¿Es
vendedor, ama de casa, panadero, predicador, conductor de
camiones, policía, soldado, abogado, enfermera…? No gaste su
tiempo quejándose de su trabajo o deseando tener los talentos de
otra persona, sólo haga el trabajo que Dios le ha puesto enfrente,
y hágalo mejor posible.
Salomón habla frecuentemente, en el libro de los Proverbios,
en contra de la pereza; pregunta: “Perezoso, ¿hasta cuándo has de
dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño?” (Proverbios 6:9). En
Eclesiastés, el Predicador explica por qué es importante trabajar
Eclesiastés 9:7-10
99
con todas las fuerzas: usted no puede regresar y volverlo a hacer.
Si no estudió en el colegio, si descuidó sus talentos, si despreció a
sus hijos, si les ha hecho daño a otros por su negligencia, quizá no
tendrá la oportunidad de enmendar o de volver a hacer el trabajo
de la manera correcta. Finalmente, en el Seol, se habrá perdido
toda oportunidad.
La palabra que se traduce como “Seol” es el término hebreo
sheol. Esta palabra, que quizá haya visto en comentarios y
versiones de la Biblia que lo dejan sin traducir, se refiere a todo el
reino de los muertos. Dependiendo del contexto, sheol tiene una
gran variedad de significados específicos: el estado de los muertos,
la tumba, también a veces el infierno. Cualquiera que sea su
significado específico, una vez que alguien esté en del sheol ya no
puede regresar a la vida en la tierra.
Cuando se trata de trabajar para nuestro Salvador, la urgencia
es máxima. Jesús dice: “Me es necesario hacer las obras del que
me envió, mientras dura el día; la noche viene, cuando nadie puede
trabajar” (Juan 9:4). Lo que tú puedas hacer para Dios, “esmérate
en hacerlo según tus fuerzas”.
11 Me volví, y vi debajo del sol
que ni es de los veloces la carrera,
ni de los fuertes la guerra,
ni aun de los sabios el pan,
ni de los prudentes las riquezas,
ni de los elocuentes el favor;
pues a todos les llega el tiempo//y la ocasión.
12 Ahora bien, el hombre tampoco conoce su tiempo:
Como los peces apresados en la mala red,
o como las aves que se enredan//en el lazo,
así se ven atrapados//los hijos de los hombres
por el tiempo malo, cuando de repente//cae sobre ellos.
No importa qué tan hábil y duramente trabajemos, no nos
debemos atrever a jactarnos de nuestro fruto; eso está en las manos
de Dios, y con humildad dejémoslo ahí.
100
Eclesiastés 9:11,12
Salomón da varios ejemplos para demostrar que esta verdad
se aplica a todas las áreas de la vida. A veces el corredor más veloz
se cae y pierde la carrera, como ha pasado en los juegos Olímpicos;
a veces un ejército fuerte pierde ante uno más débil, como los
ejércitos madianitas, que aunque eran como “langostas en
multitud” fueron vencidos por Gedeón y sus 300 hombres (Jueces
7). Un verdadero sabio puede vivir en la pobreza, mientras que
algún necio gana una fortuna en la lotería o firma algún contrato
multimillonario para jugar beisbol. Un artista brillante puede morir
sin un centavo, y no es “descubierto” hasta que se va de esta vida.
Un trabajador hábil e inteligente podría recibir sólo desprecios en
lugar de alabanza por sus esfuerzos.
Dios decide la suerte de todos: “a todos les llega el tiempo y
la ocasión”. Por lo tanto debemos aprender a depender de Dios y
no de los factores humanos. Así lo afirma el Salmista:
El rey no se salva por la multitud del ejército,
ni escapa el valiente por la mucha fuerza.
Vano para salvarse es el caballo;
la grandeza de su fuerza a nadie podrá librar.
El ojo de Jehová está sobre los que temen,
sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus almas de la muerte,
y para darles vida en tiempo de hambre. (Salmo 33:16-19).
Salomón afirmó que la hora de la muerte llega pronto e
inesperadamente para muchos. ¿Alguna vez se ha imaginado lo
que sentiría si fuera un pez que va nadando tranquilamente y de
repente se encuentra atrapado en una red? ¿O un pájaro, que cae
en una trampa? En un instante todo se acaba.
No sólo la muerte nos sorprende como una trampa, también
“así se ven atrapados los hijos de los hombres por el tiempo malo,
cuando de repente cae sobre ellos”. Justo cuando la gente piensa
que ha triunfado en esta vida, la tragedia azota: un accidente, una
enfermedad repentina, una pérdida en la familia, la ruina
financiera, un desastre nacional. Esta es otra razón para vivir un
día a la vez, confiando en Dios.
Eclesiastés 9:11,12
101
102
La sabiduría es mejor que la necedad
13 También vi debajo del sol esto que me parece de gran
sabiduría: 14 Había una pequeña ciudad, con pocos
habitantes, y vino un gran rey que le puso sitio y levantó
contra ella grandes baluartes; 15 pero en ella se hallaba un
hombre pobre y sabio, el cual libró a la ciudad con su
sabiduría. ¡Y nadie se acordaba de aquel hombre pobre!
16 Entonces dije yo: «Mejor es la sabiduría que la fuerza,
aunque la ciencia del pobre sea menospreciada y no sean
escuchadas sus palabras.»
17 Las palabras serenas del sabio
son mejores que el clamor//del señor entre los necios.
18 Mejor es la sabiduría//que las armas de guerra;
pero un solo error destruye mucho bien.
Salomón no dice quién fue ese hombre pobre y sabio. Muy
probablemente se ha perdido la historia de ese hombre, como lo
indica el rey con la nota: “Y nadie se acordaba de aquel hombre
pobre”.
Tampoco nos dice el rey Salomón la manera como el hombre
sabio “libró a la ciudad con su sabiduría”. ¿Convenció al rey
enemigo para que no peleara? ¿Ideó alguna estrategia ingeniosa
para derrotar al rey poderoso? Salomón no da la información
porque eso, también, está fuera del tema. Su punto es simplemente
este: por valiosa que pueda ser la sabiduría y por mucho que sea
el bien que le pueda hacer a otros, no hay garantía de que una
persona buena y sabia sea recompensada debajo del sol.
Cuando la pequeña ciudad estaba desesperada escuchó al sabio
pobre; una vez que la ciudad estuvo a salvo “nadie se acordaba de
aquel hombre pobre”. Tal vez tan pronto como el peligro hubo
pasado la gente le atribuyó su liberación al azar, o quizá algún
oficial jactancioso tomó todo el crédito.
Un comentarista sugiere que el pobre fue despreciado “porque
no tenía una apariencia espléndida, de acuerdo con la que la
Eclesiastés 9:13-18
103
multitud estima el valor de las palabras de un hombre”. 14 Hoy eso
puede suceder fácilmente en la política: el hombre que luce mejor
en la televisión gana la elección; también puede suceder en la
iglesia: la gente se congrega para escuchar al Predicador que tiene
una figura imponente y tiene una voz magnífica, o un manejo
inteligente de las palabras, pensando equivocadamente que esas
cosas implican un mensaje profundo.
Debido a estas tristes realidades, Salomón agrega este
proverbio: “Las palabras serenas del sabio son mejores que el
clamor del señor entre los necios”. Aprenda a escuchar más allá
de la fuerte e impresionante voz. A veces la sabiduría más
invaluable está escondida en el empaque más ordinario; muchas
veces la voz de Dios no viene con el rugido del viento ni el
sacudimiento de un temblor o la furia de un incendio, sino con
“silbo apacible y delicado” (1 Reyes 19:11-12).
El rey concluye esta sección con otro proverbio: “Mejor es la
sabiduría que las armas de guerra; pero un solo error destruye
mucho bien”. Toma años construir una bella catedral, pero un solo
descuido la puede reducir a cenizas. Un imprudente acto malo
puede destruir mucho bien.
Parece que la sabiduría es un don muy frágil: se olvida
fácilmente, muchas veces no tiene recompensa y se deshace
rápidamente. Sin embargo, el sabio rey Salomón reitera que, con
toda su delicadeza, “mejor es la sabiduría que las armas de guerra”.
La sabiduría refuerza y salva la vida en lugar de destruirla. 10 Las moscas
muertas hacen heder
y corrompen el perfume//del perfumista;
así es una pequeña locura
al que es estimado//como sabio y honorable.
2 El corazón del sabio//está a su mano derecha,
mas el corazón del necio//a su mano izquierda.
3 Aun mientras va de camino,
al necio le falta cordura,
y va diciendo a todos que es necio.
Eclesiastés 10:1-3
Eclesiastés 10 es como una porción aparte del libro de
Proverbios, ya que el rey Predicador saca de la manga un corto
proverbio o dicho sabio tras otro. En general, hay poca o ninguna
transición cuando Salomón salta de un pensamiento al siguiente,
pero hay un tema consistente que va por todo el capítulo: la
sabiduría es mejor que la necedad. Salomón respalda este tema
con muchos ejemplos de la vida. Nos ofrece sabiduría para que la
pongamos en práctica en nuestra vida, es sabiduría piadosa para
la vida debajo del sol.
“Moscas muertas” son literalmente “moscas de muerte”. La
expresión puede significar moscas que están muertas o moscas que
dan muerte, es decir, que son venenosas. En cualquier caso, cuando
esas moscas caen en un perfume aceitoso, le dan mal olor. La
palabra hebrea para mosca merece una pequeña consideración, que
es de interés. La palabra es zebub (casi se puede escuchar el
zumbido en su pronunciación). Combinándola con la palabra baal o beel (que quiere
decir señor, amo), tenemos Beelzebú: el señor
de las moscas que traen enfermedad y muerte. Este es uno de los
nombres que se le da a Satanás, “príncipe de los demonios” (Mateo
12:24). El demonio es el señor de lo inmundo, del reino de los
demonios del mal, que trae enfermedad.
Así como una pequeña mosca puede hacer que apeste todo un
frasco de perfume, “así es una pequeña locura al que es estimado
como sabio y honorable”. Basta una pequeña equivocación necia
o un desliz imprudente de la lengua de un alto funcionario, como
un presidente, para que en un instante todos los periódicos y los
noticieros lo anuncien. Eso puede significar el fin de una excelente
carrera, hasta puede llegar a decidir el curso de la historia. Seamos
figuras públicas o no, estas palabras se aplican a todos. ¿Alguna
vez ha cometido “una pequeña necedad” por lo que ha pasado años
tratando de borrarla? Aquí muchos podemos hablar con
experiencia.
Salomón, al comparar al sabio con el necio, utiliza las
direcciones “derecha” e “izquierda”. La derecha frecuentemente
simboliza lo bueno y la izquierda lo malo, como cuando Jesús dice
104
Eclesiastés 10:1-3
que “pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda”
en el Día del Juicio (Mateo 25:33). Salomón compara la sabiduría
piadosa con la falta de ella; el sabio confía en Dios; el necio, por
otro lado, no atiende a Dios ni a su Palabra. Al final, esa persona
terminará a la izquierda, y será condenada.
Cuando Salomón describe al necio que va “por el camino”, se
refiere a estar público, en contraste con estar en casa.
Deuteronomio 6:7 pone ambas situaciones a la par: debemos estar
atentos a los mandamientos de Dios sin que importe dónde
estemos. “Hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el
camino”. Sin embargo, el necio ignora la Palabra de Dios tanto en
público como en privado.
Salomón no necesariamente describe algún tipo de payaso
cuando dice que el necio “va diciendo a todos que es necio”. El
necio puede ser listo y encubrir sus palabras con un manto de falsa
sabiduría. ¡Y pueden existir suficientes necios que consideran la
estupidez de esta persona como la más alta sabiduría!
4 Aunque el ánimo del príncipe//se exalte contra ti,
no pierdas la calma,
porque la mansedumbre//hace cesar grandes ofensas.
5 Hay un mal que he visto debajo del sol, a manera de
error emanado del príncipe: 6 que la necedad está colocada
en grandes alturas, y los ricos están sentados en lugar bajo.
7 He visto siervos a caballo, y príncipes que andaban como
siervos sobre la tierra.
En lugar de ser conocidos por lo que son, los necios muchas
veces llegan a posiciones importantes debajo del sol. Ahora
Salomón agrega unos pocos proverbios sobre el tema.
En primer lugar nos exhorta a no ceder ante la ira injusta de
otros, aun si son personas que tienen autoridad. Si usted sabe que
lo que ha hecho es correcto y está de acuerdo con la Palabra de
Dios, aférrese a eso. Tal vez su jefe está enojado con usted porque
fue honesto o no se aprovechó de algún cliente; no lo obedezca, y
Eclesiastés 10:4-7
105
no se enoje ni se vaya, sino tenga calma. El “príncipe” puede
volver en sí y al final agradecérselo. Piense en la manera calmada
como el profeta Natán reprobó al rey David por sus pecados de
adulterio y asesinato (2 Samuel 12:1-13). Si Natán no le hubiera
hablado tan francamente al rey, tal vez David nunca se hubiera
arrepentido de sus pecados.
Salomón continúa: el hecho es que los príncipes pueden ser
tan necios y estar tan necesitados de corrección como cualquier
otra persona. Este es otro de los males de la vida. Es triste decirlo,
pero muchas veces hay personas que están en lugares que no les
corresponden debajo del sol: los necios están “en grandes alturas”
mientras que “los ricos están sentados en lugar bajo”. En este
contexto “rico” significa alguien que es rico en sabiduría y
conocimiento. De la misma manera, “siervos a caballo, y príncipes
que andaban como siervos sobre la tierra” es una manera de indicar
que las cosas andan al contrario de cómo debía ser, que las cosas
no son lo que debieran ser.
Este mundo al revés produce mucho “error”. Cuando estaba
ebrio, de repente y sin pensarlo, el rey Herodes le hizo una
promesa a una bailarina (Marcos 6:14-29). Ese error condujo a que
Juan el Bautista fuera decapitado, el hombre a quien Jesús había
honrado como la persona mayor de toda la época del Antiguo
Testamento (Mateo 11:11). El siglo veinte ha sido testigo de que
todo el mundo ha estado sumergido en guerra, en gran parte debido
al ansia de poder de un solo hombre.
Lutero comenta: “Así es que los necios son quienes tienen los
cargos de responsabilidad en todas partes, prevalecen en el senado,
en la corte, etc. El mundo es necio, y es gobernado por necios y
por conceptos necios”.
Es bueno que guardemos estas verdades en mente, que nos
guardan de temer a las palabras de los altos y poderosos. También
nos guían a las Escrituras, la única fuente del verdadero
conocimiento.
106
Eclesiastés 10:4-7
8 El que haga un hoyo caerá en él;
y al que aportille el vallado,
lo morderá la serpiente.
9 Quien corta piedras, se hiere con ellas;
el que parte leña, en ello peligra.
10 Si se embota el hierro
y su filo no es amolado,
hay que aumentar el esfuerzo;
lo provechoso es emplear la sabiduría.
11 Si la serpiente muerde//antes de ser encantada,
de nada sirve el encantador.
En estos cuatro versículos, Salomón usa como ejemplo las
ocupaciones y las experiencias de su época, para presentar algunas
verdades que no se limitan a ninguna época.
En el versículo 8 quiere mostrar que las malas intenciones se
pueden volver contra quienes están empeñados en hacerles daño
a otros. El Salmo 57:6 también utiliza la imagen de cavar un hoyo
para atrapar a alguien: “Hoyo han cavado delante de mí; en medio
de él han caído ellos mismos”. La otra imagen, la del que aportilla
el vallado [el que rompe un muro, como traduce Reina-Valera
1960], posiblemente se refiere a una persona que trata de entrar
violentamente en el campo o en la casa de otra persona. La tierra
de Israel ha sido siempre muy pedregosa; los agricultores todavía
utilizan piedras de los campos para construir muros divisorios o
terraplenes en las laderas. Al entrar una persona violentamente por
esta clase de paredes, construidas no muy firmemente, podía
alborotar una serpiente que estuviera en alguna grieta. El punto de
Salomón es que muchas personas, que buscan hacerle daño a otras,
terminan haciéndose daño sólo a ellas mismas.
Mientras que las actividades que se mencionan en el versículo
8 pueden ser mal intencionadas, las que se describen en el
versículo 9 no lo son. Sin embargo, aun así pueden hacerle daño a
la persona a quien se aplican. El trabajo de cortar piedras era un
gran negocio en el tiempo de Salomón; cuando construyó el
Eclesiastés 10:8-11
107
templo, “tenía también…setenta mil que llevaban las cargas, y
ochenta mil cortadores en el monte; sin los principales oficiales
de Salomón que estaban sobre la obra, tres mil trescientos, los
cuales tenían a cargo el pueblo que hacía la obra. Y mandó el rey
que trajeran piedras grandes, piedras costosas para los cimientos
de la Casa, y piedras labradas.” (1 Reyes 5:15-17). Sin duda,
mover esos grandes bloques podía ser un trabajo peligroso. El otro
trabajo que menciona el Predicador en el versículo 9, el de partir
leña, también tenía que ver con la construcción del templo: “Los
albañiles de Salomón…cortaron y prepararon la madera y las
piedras de cantería para edificar la casa” (1 Reyes 5:18). La Biblia
menciona uno de los peligros relacionados con ese trabajo: “Como
el que va con su prójimo al monte a cortar leña, y al dar su mano
el golpe con el hacha para cortar algún leño, se suelta el hierro del
cabo, y da contra su prójimo y éste muere” (Deuteronomio 19:5).
Salomón reitera que hay peligro en el trabajo honesto así como
en el trabajo deshonesto. Por eso, debemos orar pidiendo la guía
y la ayuda de Dios y ver que nuestro trabajo sea agradable a Dios.
Las palabras del rey sobre el hierro no son difíciles de
entender: si el hierro del hacha embota; el trabajador requerirá de
un esfuerzo mayor al que se necesita con un hierro amolado
(afilado). Pero “lo provechoso es emplear la sabiduría”, es decir,
¡usted se ahorrará mucho esfuerzo si tiene cerca a alguien con la
suficiente habilidad para afilar el hierro! De cierta forma, todos
estamos embotados: somos hierros imperfectos por causa del
pecado. Cuando Dios utiliza nuestros servicios, se requiere tanto
de fortaleza como habilidad para llevar a cabo el trabajo. Los
padres también necesitan la habilidad para “amolar” (encausar) a
sus hijos para que lleven una vida útil en el reino de Dios.
El versículo acerca del encantador de serpientes tiene un doble
significado. Por supuesto que un encantador de serpientes perderá
el negocio si esta muerde a alguien antes de que sea encantada. Es
interesante notar que las palabras que se traducen como
“encantador” literalmente significan “amo de la lengua”. Entonces,
entendidas de esta manera, Salomón también dice: “Tenga cuidado
108
Eclesiastés 10:8-11
de su lengua, no hable sin pensar”. David expresó un pensamiento
similar: “Líbrame, oh Jehová, del hombre malo;…aguzaron su
lengua como la serpiente; veneno de áspid hay debajo de sus
labios” (Salmo 140:1,3). Debemos aprender a encantar nuestra
lengua antes de que muerda. Santiago lo advierte enérgicamente:
“Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua,
sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana” (Santiago
1:26).
12 Las palabras del sabio//están llenas de gracia,
mas los labios del necio//causan su propia ruina.
13 El comienzo de las palabras de su boca es necedad;
el final de su charla, nocivo desvarío.
14 El necio multiplica sus palabras.
Si nadie sabe lo que ha de acontecer,
¿quién le hará saber//lo que después de él será?
15 Tanto fatiga a los necios el trabajo,
que ni aun saben por dónde ir//a la ciudad.
Vivimos en una época en la que se pasa por alto la importancia
de las palabras. “Los hechos hablan más que las palabras” es una
frase muy común. Además, hoy muchos ven el idioma
simplemente como un medio para despertar las emociones, y no
como un medio para comunicar la verdad objetiva. En la
publicidad, en la música popular, en la política y en la religión,
muchas veces la manera como se dice algo tiene más importancia
que el contenido de lo que se dice.
Con frecuencia la Biblia hace énfasis en que las palabras (junto
con los actos y los pensamientos) son importantes. Es mediante
palabras humanas que el Dios todopoderoso se ha revelado a
nosotros. A la vez, debemos tener cuidado con nuestras palabras;
Salomón nos mostró antes que lo que le decimos a Dios no se debe
tomar en poco: “No te des prisa con tu boca… a proferir palabra
delante de Dios” (5:2). Ahora hace énfasis en que también nos
debe importar lo que les decimos a otras personas: nuestras
Eclesiastés 10:12-15
109
palabras y la manera como las decimos son importantes.
“Las palabras del sabio están llenas de gracia”. ¿Qué significa
que las palabras estén “llenas de gracia”? Significa contestar a los
demás “con mansedumbre y reverencia” (1 Pedro 3:15), guardar
nuestra boca de “palabras deshonestas” (Colosenses 3:8), y
aferrarnos “a la verdad en amor” (Efesios 4:15).
El Predicador hace el contraste entre las palabras llenas de
gracia del sabio y las palabras del necio. “Los labios del necio
causan su propia ruina”, es un proverbio con significado similar
al dicho moderno de “meter la pata”. El necio en su conversación
va de mal en peor, de “necedad” a “nocivo desvarío”; “multiplica
sus palabras”, tal vez comienza con una “mentirita blanca” y
después pasa a extensas maniobras para encubrirla. La negación
de Cristo por parte de Pedro es un ejemplo clásico de eso (Mateo
26:69-75). Cuando una criada le afirmó que estuvo con Cristo,
Pedro contestó: “No sé lo que dices”; cuando le preguntaron por
segunda vez, “negó otra vez con juramento: No conozco a ese
hombre”; cuando la gente que permanecía alrededor todavía seguía
tras Pedro, “él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco a ese
hombre”.
¿Alguna vez se ha encontrado usted “multiplicando palabras”
para tratar de salirse de una situación peligrosa? ¿O simplemente
para hacer valer sus derechos? Decir demasiado no es sabio,
porque nos puede conducir a decir cosas que no debiéramos. “En
las muchas palabras no falta el pecado; mas el que refrena sus
labios es prudente” (Proverbios 10:19).
El necio tiene mucho que decir sobre muchos temas diferentes,
incluyendo el futuro, sobre el cual no sabe nada. Santiago, quien
parece que extrae mucho de Eclesiastés, ofrece este consejo en un
pasaje al que ya se hizo referencia:
¡Vamos ahora!, los que decís: Hoy y mañana
iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año,
negociaremos y ganaremos; cuando no sabéis lo que
será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida?
Ciertamente es neblina que aparece por un poco de
110
Eclesiastés 10:12-15
tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual
deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y
haremos esto o aquello. Pero ahora os jactáis en
vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala.
(Santiago 4:13-16).
El necio hace sus planes, habla y habla, y continúa con sus
labores sin terminarlas, aun hasta el punto de quedar exhausto.
Puede tener ambiciones y planes muy definidos, pero en realidad
todo su trabajo es vanidad, porque sus esfuerzos son sin Dios. Así
vaga el necio desorientado por la vida. En este sentido, “no saben
por dónde ir a la ciudad”.
16 ¡Ay de ti, tierra,//cuando tu rey es un muchacho,
y tus príncipes banquetean//desde la mañana!
17 ¡Bienaventurada tú, tierra,
cuando tu rey es hijo de nobles
y tus príncipes comen a su hora
para reponer sus fuerzas y no para beber!
18 Por la pereza se cae la techumbre,
y por cruzarse de brazos//hay goteras en la casa.
19 Por placer se hace el banquete,
el vino alegra a los vivos
y el dinero responde por todo.
20 Ni aun en tu pensamiento//hables mal del rey,
ni en lo secreto de tu cámara//hables mal del rico;
porque las aves del cielo llevarán la voz,
los seres alados se lo harán saber.
¡Qué tragedia cuando las personas necias llegan al poder y
gobiernan toda una nación! Aquí la palabra para “muchacho”
literalmente significa “niño”. Sin tener en cuenta su edad
cronológica, es inmaduro y está más interesado en disfrutar la vida
y los privilegios del poder que en guiar al pueblo y buscar su
bienestar. El rey Salomón ni siquiera se imaginaba que después de
su muerte su propio hijo Roboam “[iba a dejar] el consejo que los
Eclesiastés 10:16-20
111
ancianos le habían dado, y [pediría] consejo de los jóvenes que se
habían criado con él” (1 Reyes 12:8). Así que las palabras de
Salomón resultaron proféticas, aunque él no tuvo esa intención.
Una nación se puede considerar “bienaventurada” cuando su
rey o líder “es hijo de nobles”. Lo que quiere decir el rey Salomón
no es que el líder deba venir de la alta sociedad o de la nobleza,
sino con sus propias cualidades de nobleza. Este tipo de
gobernante mantiene el equilibrio: él y sus consejeros, son
eficientes y buenos en lo que podemos llamar gerencia del tiempo.
Trabajan durante el día; cuando hacen una pausa para comer,
comen “para reponer sus fuerzas y no para banquetear”. Estas
palabras nos recuerdan un pasaje de Proverbios: “No es para los
reyes beber vino, ni para los príncipes los licores; no sea que
bebiendo olviden la ley, y perviertan el derecho de todos los
afligidos” (Proverbios 31:4-5).
El frecuente énfasis que hace el Predicador sobre el buen
liderazgo inculca en nosotros lo muy agradecidos que debemos
estar por los líderes eficientes que hay en nuestro gobierno.
Debemos estar agradecidos por los sabios líderes que hubo en el
pasado, y debemos orar por tener esa clase de líderes.
Salomón, como es su costumbre, inmediatamente contrasta lo
bueno con lo malo. Lo opuesto al líder bueno e industrioso es el
perezoso; si el perezoso es un dueño de casa entonces deja que el
techo se hunda y se caiga; si es un líder en el gobierno o en la
iglesia, entonces esa casa pronto comienza a hundirse y a caerse.
Cuando existe un liderazgo débil, la corrupción y la inmoralidad,
se pueden comenzar a desarrollar en la organización.
Ciertamente también hay un tiempo: para el banquete, para la
risa, para el vino, y para la alegría. El sabio sabrá cuándo es ese
tiempo y no dejará que interfiera con sus responsabilidades en la
vida. En lugar de excederse en estos placeres, los reconocerá como
dones que Dios da para tiempos necesarios de recreación y
distracción.
El perezoso y el desenfrenado, a quienes Salomón ha estado
describiendo, no tienen esa perspectiva; para ellos la vida no tiene
112
Eclesiastés 10:16-20
otra razón más que la búsqueda del placer. Parece que Salomón
insertó la última línea del versículo 19 como una ilustración más
de la actitud del perezoso y el desenfrenado: “El dinero responde
por todo”. En capítulos anteriores el Predicador ha hecho énfasis
en que el dinero no es la respuesta. Las riquezas en ellas y por ellas
mismas son vanidad (5:8-6:12). Entonces, qué triste es cuando la
gente, especialmente las personas de influencia, no pueden ver
más allá de su propia codicia.
Aun si nos tocara vivir bajo esa clase de gobernante o si
trabajáramos para esta clase de jefe, les debemos respeto debido a
su posición; debemos tomar sus palabras y acciones de la manera
más amable que sea posible y no rebajarlo ni hablar mal de él. Esta
apropiada actitud comienza en el corazón, con nuestros
pensamientos. Si el corazón está lleno de amargura y
resentimiento, tarde o temprano resultará una expresión
imprudente. Jesús dice: “De la abundancia del corazón habla la
boca” (Mateo 12:34). Sucede muy a menudo que los siervos
maldicen a sus amos (7:21-22), los empleados maldicen a sus
jefes, y los ciudadanos maldicen a sus funcionarios. Y antes de que
se dé cuenta, un ave ha llevado sus palabras a donde usted no
quiere que vayan y puede terminar perdiendo su trabajo y, si vive
bajo un gobierno opresor, su vida.
No es que la Biblia nos aconseje ser cobardes y que no nos
arriesguemos; si hay errores que necesitan corrección, debemos
confrontar directamente al que los comete. Jesús nos instruye así:
“Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él
solos” (Mateo 18:15). Esta es la manera correcta y amorosa y no
el dejar que los demás se enteren.
Pan sobre las aguas 11 Echa tu pan sobre las aguas;
después de muchos días lo hallarás.
2 Reparte a siete, y aun a ocho,
porque no sabes qué mal//ha de venir sobre la tierra.
113
Eclesiastés 11:1,2
Salomón se acerca al fin de su presentación. Con una serie de
proverbios pintorescos ahora nos invita a trabajar diligentemente
y a dejar los resultados en las manos de Dios.
Primero que todo, debemos confiar en que Dios bendecirá el
bien que le hacemos a otros. Para comunicar este pensamiento
Salomón nos indica: “Echa [la palabra hebrea también puede
significar “envía”] tu pan sobre las aguas”. Probablemente alude
a los barcos mercantes enviados con pan, o sea, bienes para
comerciar. El propio rey Salomón “tenía en el mar una flota de
naves… Una vez cada tres años venía la flota de Tarsis, y traía oro,
plata, marfil, monos y pavos reales” (1 Reyes 10:22). Desde el
puerto de Ezyón-géber en el mar Rojo (1 Reyes 9:26) sus barcos
navegaban a Arabia y posiblemente a la lejana India.
Así como se requería fe en que la flota finalmente iba a
regresar con su carga, también necesitamos fe en que el bien que
enviamos al mundo finalmente regresará con una carga de
bendiciones. Así como el viento y las olas llevaban la flota más
allá del alcance de la vista y al olvido, también debemos hacer bien
y olvidarlo. Entonces, tal vez años más tarde, cuando menos lo
esperemos, el bien regrese.
Muchos pastores han tenido la experiencia de que los visita
inesperadamente un antiguo miembro y les recuerda alguna buena
obra de hace años. Ese es el tipo de experiencia que todo cristiano
puede tener. Es muy probable que no obtengamos gran
recompensa en esta vida, y Eclesiastés ha dejado muy en claro que
la vida es así. Pero tarde o temprano los actos de amor que se hacen
por la fe que Dios da, tendrán su recompensa. Jesús señala que
posiblemente las mayores y más desinteresadas obras de amor no
reciban recompensa en esta vida; sin embargo, como los barcos
mercantes, finalmente regresarán llenos de bendiciones en la vida
eterna.
Cuando hagas comida o cena, no llames a tus
amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a
vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a
convidar, y tengas ya tu recompensa. Antes bien,
114
Eclesiastés 11:1,2
cuando hagas banquete, llama a los pobres, los
mancos, los cojos y los ciegos; y serás dichoso; porque
ellos no te pueden recompensar, pero te será
recompensado en la resurrección de los justos (Lucas
14:12-14).
Al indicarnos “reparte a siete, y aun a ocho”, el Predicador nos
llama a ser generosos. El tema de la generosidad se encuentra a
través de toda la Escritura. Por ejemplo, San Pablo advierte: “El
que siembra escasamente, también segará escasamente, y el que
siembra generosamente, también segará generosamente… Dios
ama al dador alegre” (2 Corintios 9:6-7).
Nosotros no sabemos “que mal ha de venir sobre la tierra”.
Dios puede enviar: hambrunas, cosechas que no se produzcan,
depresiones económicas, y otros problemas innumerables. Cuando
sucede un desastre queremos hacer lo que podemos para ayudar a
los que tienen necesidad. Tal vez algún día, cuando tengamos
necesidad, nuestra generosidad sea recompensada. Salomón ya nos
advirtió de la tragedia de acumular riquezas sólo para que caigan
en las manos de una persona que ni las necesita ni las utiliza
apropiadamente (2:18-21). Ahora ofrece una alternativa a esa
avaricia: dar a los necesitados.
La expresión “a siete, y aun a ocho” se refiere a un tipo de
generosidad que no se interesa en números exactos, no vamos a
ayudar a otros simplemente para tener un registro de ello. Es más
importante estar motivados a dar por amor, que conservar la lista
de las personas a quienes hemos ayudado.
3 Si las nubes están llenas de agua,
sobre la tierra la derramarán;
y si el árbol cae hacia el sur,//o hacia el norte,
en el lugar donde el árbol caiga,//allí quedará.
4 El que al viento observa, no sembrará,
y el que a las nubes mira, no segará.
5 Así como tú no sabes cuál es el camino del viento ni
Eclesiastés 11:3-6
115
cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así
también ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas.
6 Por la mañana siembra tu semilla, y a la tarde no dejes
reposar tus manos; pues no sabes qué es lo mejor, si esto o
aquello, o si lo uno y lo otro es igualmente bueno.
Lo que será, será. Si va a llover, lloverá. Si un árbol se cae por
aquí o por allá, en el lugar donde caiga, “ahí quedará”. En
consecuencia, podemos hacer nuestra vida y no preocuparnos
sobre lo que pueda o no suceder.
Algunas personas observan constantemente el viento y la
nubes para conocer exactamente “el momento preciso” para
emprender sus planes. Esa nada provechosa precaución no es la
demostración de una fe plena en el control que Dios tiene del
futuro. Pablo dice: “No nos cansemos, pues, de hacer bien, porque
a su tiempo segaremos, si no desmayamos.” (Gálatas 6:10). La
forma apropiada de llevar la vida es actuar confiada y
persistentemente en todos los aspectos de la vida, pero en especial
al hacer la obra del Señor.
Muchas veces las cosas resultan bastante diferentes de como
las planeamos. No podemos ver el soplo del viento, ni tampoco
podemos observar a una criatura desarrollarse dentro del vientre
de la madre. Así es con los caminos de Dios, y es importante
recordar esto cuando se hace un trabajo misionero o de
evangelismo. Jesús combina las dos imágenes del viento y del
bebé cuando describe la manera en que Dios nos lleva a la fe. “El
viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; pero no sabes de
dónde viene, ni adónde va; así es todo aquel que es nacido del
Espíritu” (Juan 3:8). El cristiano cuando comparte su fe con un
incrédulo puede recibir solamente rechazo y fracaso aparente;
mientras tanto el Espíritu de Dios trabaja invisiblemente mediante
la palabra plantada en el incrédulo. Tal vez, después de muchos
años la fe nazca en esa persona para que forme parte de la familia
de Dios.
116
Eclesiastés 11:3-6
La ilustración final de esta sección, de sembrar semillas, la da
el Predicador para ilustrar aplicaciones similares. Debemos hacer
todo lo mejor posible y dejar los resultados a Dios. En lugar de
poner todo en una sola empresa, Salomón nos aconseja que
aprovechemos todas las oportunidades, “porque no sabes qué es
lo mejor…”. De nuevo, la aplicación es especialmente adecuada
en el reino espiritual; cuando y como sea posible, debemos plantar
las semillas de la Palabra de Dios. Sólo Dios sabe dónde y cuándo
vendrán resultados del esfuerzo.
A lo largo de toda la Biblia Dios compara la naturaleza—la
lluvia, el viento, la siembra, el crecimiento—con realidades
espirituales: la siembra de la Palabra de Dios, el crecimiento
espiritual, la vida cristiana. Las parábolas de Jesús están llenas de
estas comparaciones, como su famosa parábola del sembrador
(Mateo 13:1-23) en la que recuerda las palabras del rey Salomón
sobre la semilla. De una manera muy sencilla, las ilustraciones
prácticas nos invitan a observar más de cerca la maravillosa
creación de Dios, y ella tiene mucho que enseñarnos.
Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud
7 Suave ciertamente es la luz y agradable a los ojos ver el
sol; 8 pero aunque un hombre viva muchos años y en todos
ellos tenga gozo, recuerde que los días de las tinieblas serán
muchos, y que todo cuanto viene es vanidad.
9 Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu
corazón en los días de tu adolescencia. Anda según los
caminos de tu corazón y la vista de tus ojos, pero recuerda
que sobre todas estas cosas te juzgará Dios. 10 Quita, pues, de
tu corazón el enojo y aparta de tu carne el mal, porque la
adolescencia y la juventud son vanidad.
Eclesiastés 11:7-10
117
Trabaje duro, déjele los resultados a Dios, y disfrute entonces
de la vida. De esta manera, la vida debajo del sol puede ser dulce:
disfrute los días de sol y felicidad, trate de encontrar alegría en la
vida mientras viva.
Ciertamente cualquier alegría que tengamos va empañada por
“los días de las tinieblas” que “serán muchos”. Cuando Salomón
habla de esta manera, no lo hace como un anciano amargado; sólo
expresa la realidad que también se presenta a través de toda la
Biblia. Cinco siglos antes de la época de Salomón, Moisés dijo
algo similar: “Los años de nuestra vida son setenta años. Si en los
más robustos, hasta ochenta años, con todo, su fortaleza es
molestia y trabajos, porque pronto pasan, y volamos” (Salmo
90:10). La afirmación que hace Salomón cuando dice: “todo
cuanto viene es vanidad”, subraya la naturaleza molesta y fugaz
de la vida sobre la tierra.
Ahora el anciano rey les dirige sus pensamientos a los jóvenes:
“Alégrate, joven, en tu juventud, y tome placer tu corazón…”.
Generalmente la juventud es una época de ímpetu, novedad, amor
por la vida, y sentimiento de aventura. Como las flores de la
primavera, también muy a menudo todas las alegrías de la
juventud se marchitan por las debilidades y los problemas de la
ancianidad. Por eso Salomón exhorta: “Alégrate,…tome placer…
Anda según los caminos de tu corazón y la vista de tus ojos”.
Algunos comentaristas ven en este pasaje una contradicción
con las palabras que Dios da por medio de Moisés en Números
[Link] “…os acordéis de todos los mandamientos de Jehová. Así
los pondréis por obra y no seguiréis los apetitos de vuestro corazón
y de vuestros ojos, que han hecho que os prostituyáis”. Pero
cuando consideramos el contexto de las palabras de Salomón es
claro que no les dice a los jóvenes que sigan las concupiscencias
y los malos deseos de sus ojos y de su corazón, sino que habla de
los objetivos de la juventud que agradan a Dios. Habla de cosas
como: proseguir la educación, viajar, salir con amigos, casarse,
reír, jugar, y sencillamente pasarla bien.
118
Eclesiastés 11:7-10
De inmediato el rey desecha las concupiscencias juveniles
como borracheras, promiscuidad sexual, odio, celos y pereza,
cuando agrega: “Pero recuerda que sobre todas estas cosas te
juzgará Dios”. La alegría tiene sus límites, está circunscrita por
los mandamientos de Dios. Muchos jóvenes han cometido
excesos, sólo para vivir las consecuencias durante toda una vida.
Y después de esta vida vendrá el juicio.
Vale la pena compartir en detalle los pensamientos de Lutero
sobre este pasaje:
Los jóvenes deben evitar sobre todo la tristeza y la
soledad. Para los jóvenes es tan necesaria la alegría
como la comida y la bebida, ya que el cuerpo es
vigorizado por un espíritu feliz. La educación no debe
comenzar con el cuerpo sino con el espíritu, de tal
manera que esto no se pase por alto; porque cuando el
espíritu haya sido instruido apropiadamente, será fácil
gobernar el cuerpo. Por lo tanto uno debe ser tolerante
con los jóvenes, y debe dejarlos ser felices y hacer todo
con un espíritu feliz. Sin embargo, uno debe cuidar de
que no se corrompan con los deseos de la carne.
Porque las parrandas, las juergas, y las aventuras
amorosas no son la felicidad del corazón de la que él
habla aquí, porque en cambio ellas ponen triste el
espíritu.
Muchos jóvenes piensan que la religión le va a poner un freno
a su diversión. En un sentido sí: los jóvenes que tratan de vivir su
fe van a tener que decirle no a mucho de lo que otros jóvenes de
su misma edad consideran una diversión. Pero Salomón lo ve de
otra manera: una consciencia del juicio de Dios nos ayuda a
“quitar, pues de [nuestro] corazón el enojo, y apartar de [nuestra]
carne el mal”. ¿Cómo? La persona que trata de vivir de acuerdo
con la Palabra de Dios disfruta de libertades y placeres que nunca
se pueden encontrar en la satisfacción pecaminosa. Tiene paz en
Eclesiastés 11:7-10
119
su consciencia y paz con Dios: su mente no está atacada por una
consciencia acusadora, ni está su cuerpo agobiado con la
preocupación de que sufrirá las consecuencias de sus malas
acciones.
Es un buen consejo, ¿verdad? Saboree los días felices de la
juventud, “porque la adolescencia y la juventud son efímeras”. La
palabra hebrea que se traduce como “juventud” probablemente
está más relacionada con la palabra que denota “la oscuridad del
cabello”, que contrasta con la vejez cuando el cabello se vuelve
blanco o se cae. El tiempo de la juventud es corto, y su vigor es
tan fugaz como una exhalación. 12 Acuérdate de tu Creador//en los días
de tu
juventud, antes que vengan los días malos,
y lleguen los años de los cuales digas:
«No tengo en ellos contentamiento»;
2 antes que se oscurezcan el sol y la luz,
la luna y las estrellas,
y vuelvan las nubes tras la lluvia;
3 cuando tiemblen los guardias de la casa
y se encorven los hombres fuertes;
cuando cesen de trabajar las molineras,//porque habrándisminuido,
y se queden a oscuras//las que miran por las ventanas;
4 cuando las puertas de afuera se cierren,
y se vaya apagando el ruido del molino;
cuando se escuche la voz del ave,
pero las canciones dejen de oírse;
5 cuando se tema también a las alturas,
y se llene de peligros el camino,
y florezca el almendro,
y la langosta sea una carga,
y se pierda el apetito;
porque el hombre va a su morada eterna,
y rondarán por las calles//quienes hacen duelo;
120
Eclesiastés 12:1-5
Dado que esta sección continúa el pensamiento del capítulo
anterior, se hubiera podido hacer la división entre los capítulos 11
y 12 en un lugar mejor. Aquí Salomón pasa del tema de la juventud
a los de la ancianidad y de la muerte. Estos versículos constituyen
una de las más conmovedoras y bellas porciones de Eclesiastés, y
por supuesto de toda la literatura.
Cuando Salomón dice: “Acuérdate de tu Creador”, quiere decir
mucho más que sólo: “Piensa en Dios”; más bien utiliza la palabra
para recordar como lo hace el profeta Malaquías cuando dice:
“Acordaos de la ley de Moisés” (Malaquías 4:4). A Dios no le
satisface que simplemente lo recordemos como recordamos algún
hecho histórico o con alguna pequeña trivialidad. Recordarlo
significa mantenerlo a él y a su Palabra constantemente en la
mente y en el corazón, confiar en él y vivir cada nuevo día con él
y para él. Significa estar agradecido por todos los dones y
promesas que nos ha dado, y acudir a él en tiempo de necesidad.
Los jóvenes no deben tener la idea de que se pueden olvidar
de Dios hasta que lleguen a ser mayores. Puede que ese día nunca
llegue, y las personas que han llevado su vida sin Dios no lo
encuentran fácilmente en el último momento. Por cada ladrón en
la cruz que es salvo al final de su vida (Lucas 23:39-43), hay otros
incontables que pasan por la oscura puerta de la muerte de la
misma manera en que llevaron su vida, sin preparación para
reunirse con su Hacedor. Ahora es el tiempo para acordarse de
Dios, ahora es el tiempo para el estudio de la Biblia, para la oración
y para asistir a la iglesia. Así, cuando los problemas de la vida
aumenten, los podremos afrontar con Dios a nuestro lado.
De esto podemos estar seguros: “los días malos” vendrán. Si
vivimos mucho tiempo, vendrán años en los que diremos: “No
tengo en ellos contentamiento”. Salomón, habiendo afirmando
esto, procede a pintar un cuadro muy poético de la llegada de la
ancianidad. Describe una escena de una villa en un día nublado, y
cada aspecto del cuadro representa un aspecto de la ancianidad.
Salomón dice primero que el sol, la luna y las estrellas “se
oscurecen”, esto señala la tristeza de volverse viejo. Los amigos y
Eclesiastés 12:1-5
121
los amados mueren, aparecen la soledad y la enfermedad, los días
de productividad han pasado. Muchos ancianos anhelan el día en
que dejarán el valle oscuro de la vida sobre la tierra.
“Vuelvan las nubes tras la lluvia”. Cuando somos jóvenes, la
luz del sol sigue a la lluvia; pero cuando se amontonan: la
enfermedad, los pesares, y los problemas de la vida, la
recuperación no viene tan rápidamente. Una persona anciana
muchas veces sale de una enfermedad o de problema sólo para
entrar en otro. Hengstenberg anota correctamente que este
amontonamiento de problemas tiene dos propósitos: uno es para
los creyentes y el otro es para los incrédulos. “El poder para sufrir
se extingue en la ancianidad; el corazón ya está agotado. Sin
embargo, aquí esa no es la única consideración. La voluntad de
Dios es humillar a su propio pueblo antes del fin de la vida, y darle
a los inicuos una prueba del infierno”. 15
Después de pintar como fondo un cielo nublado, Salomón se
enfoca en la casa misma. Aunque algunos detalles pueden permitir
más de una interpretación, es claro que la casa representa el cuerpo
del anciano.
“Los guardias de la casa” representan los brazos y las manos.
En la juventud son veloces y fuertes para proteger el cuerpo, en la
ancianidad “tiemblan” con debilidad. “Los hombres fuertes” son
las piernas junto con los músculos más fuertes del cuerpo; aquí
también la fortaleza de la juventud da paso a la ancianidad y las
piernas se comienzan a “encorvar”.
“Las molineras” en la casa son las mujeres que muelen la
harina y preparan la comida. En el cuerpo los que muelen son los
dientes, ellos dejan de hacer su trabajo “porque habrán
disminuido”. A continuación Salomón menciona los ojos: “las que
miran por las ventanas”. De nuevo, la aplicación es obvia: la visión
se disminuye con la edad.
“La puertas de afuera” representan los oídos; cuando se
“cerrarán”, dejarán de escuchar los sonidos comunes de afuera.
Uno de esos sonidos sería la molienda del grano. A pesar de la
pérdida de la audición, Salomón dice que los ancianos se
122
Eclesiastés 12:1-5
levantarán “cuando se escuche la voz del ave”, pero esto no es
porque escuchen a los pájaros, sino más bien porque simplemente
no pueden dormir. Aunque los ancianos se puedan despertar con
los pájaros madrugadores, no lo pueden apreciar, ya que el canto
de los pájaros es muy suave.
Todas esas debilidades llevan al temor de salir: “se tema
también a las alturas”. Los hombres tienen miedo de caer, están
temerosos de tropezar con obstáculos inadvertidos. Y también
existe el temor de que “se llene de peligros el camino”. Por no
tener la fortaleza para defenderse, a muchos ancianos no les gusta
aventurarse en las calles.
Al continuar con la descripción de la casa, ahora el Predicador
pinta un almendro florecido en el cuadro de la ancianidad. Las
flores de ese árbol son rosadas, pero se vuelven blancas cuando
están listas para caer: el cabello blanco es otra señal de que el fin
está cerca. Acompañan a esta señal de la ancianidad la rigidez de
los ancianos y el caminar inseguro, representado por una langosta
que es una carga.
“Y se pierda el apetito”. Esta frase dice literalmente: “la
alcaparra pierde su efecto”. Tal vez Salomón se refiera a este
alimento como una fruta para estimular el deseo sexual, o como
un condimento para estimular el deseo de comer. Para lo que
hubiera sido utilizada esta fruta, ya no hace efecto en la persona,
deja de crear el deseo. Podemos agregar otros deseos que se acaban
con la edad avanzada: el deseo de aprender, los muchos deseos de
la voluntad y las emociones. Todos los deseos, incluyendo hasta
la voluntad de vivir, cesan.
Llega el fin, el hombre se va de su casa de carne y huesos,
desgastada por el tiempo, y se traslada a su “morada eterna”. Tal
vez el apóstol Pablo tuvo en mente a Eclesiastés cuando escribió
tan bellamente sobre el hecho de dejar atrás la “morada terrestre”
y el trasladarnos a la permanente “casa…eterna, en los cielos” (2
Corintios 5:1-10).
Mientras tanto allá en la villa la vida continúa: “rondarán por
las calles quienes hacen duelo”. Hay amargura en este comentario:
Eclesiastés 12:1-5
123
en el momento en que una persona se va de esta vida, los
endechadores profesionales vienen de todos lados y se pelean por
el trabajo de endechar. Jeremías menciona esta costumbre cuando
especifica: “Llamad a las plañideras para que vengan; buscad a las
hábiles en el oficio” (Jeremías 9:17). Jesús encontró “a los que
tocaban flautas” y a “los que lloraban y daban grandes alaridos”
en la casa de la niña que resucitó (Mateo 9:23; Marcos 5:38). Sin
duda Salomón se refería a esta clase de endechadores contratados.
Los habitantes del Medio Oriente expresan sus sentimientos de
manera abierta, exteriorizan su dolor con grandes alaridos mientras
caminan por las calles. En tiempos antiguos los endechadores
contratados ayudaban a crear el ambiente deseado. Cada uno tiene
su propia manera de expresar dolor, incluyendo el uso de
profesionales contratados para ayudar en un funeral.
6 antes que la cadena de plata se quiebre,
se rompa el cuenco de oro,
el cántaro se quiebre junto a la fuente
y la polea se rompa sobre el pozo;
7 antes que el polvo vuelva a la tierra, como era,
y el espíritu vuelva a Dios que lo dio.
8 «¡Vanidad de vanidades —dijo el Predicador—,
todo es vanidad!»
El Predicador describe la muerte mediante varias formas de
expresión: se quiebra la cadena de plata, se rompe el cuenco de
oro, el cántaro se quiebra junto a la fuente, la polea se rompe sobre
el pozo. Las primeras dos imágenes, de plata y de oro, describen
lo precioso de la vida. Algunos han visto en la cadena de plata una
referencia a la médula espinal, pero no es probable que Salomón
haga algún tipo de declaración anatómica, más bien describe la
vida como una lámpara de oro que cuelga de un cordón de plata.
Cuando se rompe el cordón, la lámpara se estrella contra el piso y
se quiebra.
124
Eclesiastés 12:6-8
El Predicador representa a la muerte como el fin de la utilidad de la vida con las
imágenes quebradas del cántaro y de la polea.
Los antiguos utilizaban cántaros de barro para sacar el agua de
fuentes o pozos; la polea también servía en este proceso, ya que
una cuerda amarrada a la polea hacía más fácil sacar agua. El
constante deterioro de la rueda hacía que finalmente se rompiera.
Pequeños trozos de barro y ruedas desgastadas son más imágenes
tristes de la muerte.
Con la muerte viene el regreso al polvo. Cuando Salomón dice
que el cuerpo es polvo, nos recuerda las palabras que le dijo Dios
a Adán:
Con el sudor de tu rostro
comerás el pan
hasta que vuelvas a la tierra,
porque de ella fuiste tomado;
pues polvo eres,
y al polvo volverás. (Génesis 3:19)
“Y el espíritu vuelva a Dios que lo dio”. Esta clara afirmación
contradice directamente a los comentaristas que sostienen que los
creyentes del Antiguo Testamento no tenían el concepto de vida
después de la muerte. Salomón habló previamente del juicio que
vendría (3:17); ahora en la discusión que hace del final de la vida,
afirma otra vez que cada uno de nosotros algún día comparecerá
ante la presencia de su Hacedor. Cuando su espíritu vuelva a Dios,
¿qué cuentas rendirá? ¿Qué hizo con la vida que él le dio? ¿Qué
otra cosa puede usted implorar sino la sangre y los méritos de su
Salvador?
En el fin del mundo el cuerpo resucitará y se reunirá con el
espíritu. Salomón no habla de esto, pero el profeta Daniel sí
sostiene: “Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra
serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y
confusión perpetua” (Daniel 12:2). En general, el Antiguo
Testamento no presenta la resurrección en la plenitud con que la
conocemos en el Nuevo Testamento. El comentarista H. C.
Leupold ha anotado acertadamente que esto no significa que el
125
Eclesiastés 12:6-8
Antiguo Testamento sea imperfecto o que tenga errores:
Cuando observamos que la doctrina de la otra vida
no fue revelada en toda su plenitud en el Antiguo
Testamento no implicamos que hubo algún defecto o
error en su exposición, o que su declaración en el
Antiguo Testamento fue tan rudimentaria como para
permitir la aparición de todo tipo de conceptos
erróneos. Las mismas verdades que presenta el Nuevo
Testamento son ofrecidas por el Antiguo, pero el
Antiguo no presenta todos los detalles de estas
verdades. 16
Habiendo tratado el fin de la vida, el Predicador reitera su tema
de la vida debajo del sol: “¡Vanidad! ¡Vanidad!…” Sin Dios la vida
es un caparazón vacío. Sin él no hay esperanza de una vida feliz
en el más allá.
La vida en la tierra es corta y fugaz, así que miremos más allá:
la eternidad se extiende delante de nosotros.
126
Eclesiastés 12:6-8
CONCLUSIÓN
ECLESIASTÉS 12:9-14
Las sombras se alargan a través del pórtico del templo mientras
que el rey Salomón continúa su discurso. Ha hablado sobre el
vacío que hay en la vida debajo del sol y de la plenitud de la vida
bajo Dios, y en un bello lenguaje descriptivo destaca la corta vida
del hombre sobre la tierra, antes de que “vaya a su morada eterna”.
Podemos percibir ahora que el rey está por concluir su
discurso.
La conclusión del discurso
9 Cuanto más sabio fue el Predicador, tanto más enseñó
sabiduría al pueblo. Escuchó, escudriñó y compuso muchos
proverbios. 10 Procuró el Predicador hallar palabras
agradables y escribir rectamente palabras de verdad.
11 Las palabras de los sabios son como aguijones, y como
clavos hincados las de los maestros de las congregaciones,
pronunciadas por un pastor. 12 Ahora, hijo, a más de esto
acepta ser amonestado. No tiene objeto escribir muchos
libros; el mucho estudio es fatiga para el cuerpo.
Como aquí el Predicador se refiere a él mismo en tercera
persona (“él” en lugar de utilizar la primera persona, “yo”),
muchos comentaristas opinan que Salomón no escribió los
versículos finales del libro de Eclesiastés. Pero esta no es la
primera vez que Salomón habla así: ya había utilizado la tercera
persona al comienzo del libro (1:2) y en la mitad (7:27). Entonces,
no es de ninguna manera extraño que se exprese así en la
conclusión. El libro de Nehemías es otro libro en el que el autor
se refiere a él mismo de ambas maneras (Nehemías 1:1; 8:10).
¡Cristo muchas veces fluctuó entre llamarse a él mismo “el Hijo
del Hombre” y “Yo”, a veces dentro de la misma frase! (Marcos
14:62)
127
128
“Y cuanto más sabio fue el Predicador;
tanto más enseñó sabiduría al pueblo”
Aquí Salomón dice que una cosa es ser sabio, y otra cosa es
compartir la sabiduría con el pueblo. El Predicador compartió su
gran sabiduría, pues 1 Reyes 4:32 nos informa que Salomón
“compuso tres mil proverbios”. Dios tuvo cuidado de que varios
centenares de ellos pasaran a través de los tiempos en los libros
de Proverbios y Eclesiastés.
¿Se vanagloria Salomón cuando se refiere a su propia
sabiduría? No, a través de todo el libro de Eclesiastés ha mostrado
que todo depende de Dios. Cuando aquí se refiere a su sabiduría,
lo hace para exponer otra tesis: quiere que estemos conscientes de
que sus palabras no se pueden tomar a la ligera. Lejos de
vanagloriarse, Salomón está por recordar que su sabiduría le vino
de Dios mismo. En Números 12:3 Moisés dijo de él mismo que
era “muy manso, más que todos los hombres que había sobre la
tierra”. Lo hizo para exponer una tesis, es decir, que Dios había
escogido a ese hombre humilde para ser el vocero del
Todopoderoso. Dios utiliza todo tipo de personas para que sean
instrumentos de su poder y de su sabiduría, pero la gloria le
pertenece al Señor y no al instrumento humano.
No importa cómo nos imaginemos a Salomón escribiendo el
libro de Eclesiastés, podemos estar seguros de que fue guiado por
el Espíritu Santo y por lo tanto escogió con cuidado “exactamente
las palabras correctas”. El Predicador afirma que su manuscrito
(sea escrito por su propia mano o dictado) contenía “palaras de
verdad”, y eso se aplica a la misma Palabra de Dios: su Palabra es
verdad.
Estas palabras que hemos recibido de Salomón son más que
simples opiniones humanas, son inspiradas por el Señor. Salomón
las compara con “aguijones” y con “clavos hincados”. Los
aguijones eran varas puntiagudas que se utilizaban para empujar
a los bueyes o para que los pastores guiaran sus ovejas. Como los
aguijones, las Escrituras inspiradas mueven a las personas a la
acción: la Palabra de Dios punza nuestra consciencia, nos afecta
profundamente, nos lleva al arrepentimiento y nos guía a la fe. A
la vez que los aguijones describen acción, los clavos hincados
Eclesiastés 12:9-12
129
simbolizan estabilidad: mantienen las cosas juntas y las refuerzan.
La Palabra de Dios mantiene nuestra vida fija; es nuestra fortaleza
y nuestra estabilidad. Por supuesto, es el único fundamento sólido
en este mundo de inestabilidad y cambio.
Las palabras del sabio tienen esas cualidades porque son
“pronunciadas por un Pastor”; aquí el término Pastor sólo se puede
referir al Señor. A través de toda la Biblia Dios es llamado el
Pastor, y desde Génesis 48:15 Jacob menciona a “Dios en cuya
presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me
mantiene desde que yo soy hasta este día”. Y Jesús el Hijo de Dios
se llama a él mismo “el buen pastor” que “da su vida por las
ovejas” (Juan 10:11). En una de las frases más recordadas de la
Escritura, David el padre de Salomón escribió: “Jehová es mi
pastor” (Salmo 23:1).
Este Pastor guía a su pueblo por medio de las palabras de la
Biblia. Los “sabios” que menciona Salomón son los mismos que
Pedro describió así: “…hombres de Dios hablaron siendo
inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21). Estos son los
hombres a quienes Dios les dio los pensamientos y las palabras
que han llegado a ser la Biblia; sus palabras son verdaderas y sin
error, provienen de un solo Pastor.
La traducción de la primera parte del versículo 12 en la New
International Version es diferente a la manera como traduce la
versión que usamos en español y a otras; dice: “Ten cuidado, hijo
mío, de cualquier cosa aparte de ellas”. Las palabras del Pastor se
deben creer por encima de todo lo demás. El rey Salomón advierte
contra agregar algo; le dirige la advertencia al “hijo mío”, que era
un antiguo término afectuoso que utilizaban comúnmente los
maestros para dirigirse a los discípulos. Por ejemplo, en Proverbios
3:1 Salomón doce: “Hijo mío, no te olvides de mi enseñanza.”
La advertencia que hace Salomón contra el agregar a la Palabra
de Dios va a la par con la advertencia que hace la Biblia de
guardarse de “los falsos profetas” (Mateo 7:15) y contra
distorsionar la Escritura para “su propia perdición” (2 Pedro 3:16).
130
Eclesiastés 12:9-12
Una de las razones por las que surgen estas advertencias es por
la proliferación de la literatura engañosa. A través de los siglos es
cierto que “nunca se acaba de hacer muchos libros”. Y de la gran
cantidad que se publican, no vale la pena leer muchos de ellos.
Eso era cierto en la época de Martín Lutero hace cinco siglos.
“Porque sucede que cuando se publica un buen libro”, observó
Lutero, “también se publican diez malos”. El porcentaje parece
ser más alto en nuestros días.
Vivimos en una época de tremendos avances en los medios de
comunicación. Se han combinado: radio, cine, televisión, teléfono,
video, grabadoras de cintas magnéticas, y otros productos de la
tecnología moderna, para crear una comunicación más rápida y
más fácil de lo que nuestros antepasados se hubieran podido
imaginar. Junto con estos avances, la industria de los libros ha
florecido como nunca antes. Por ejemplo, en los Estados Unidos
se publican alrededor de 50,000 libros cada año, y casi la tercera
parte de ellos son publicaciones religiosas.
Estamos saturados con todo tipo de comunicaciones.
Obviamente algunas de ellas son basura, y la mayoría son
engañosas. A pesar de toda clase de mensajes que nos llegan y de
todo lo que hay por leer, es de suma importancia que no
descuidemos la única cosa necesaria, la Palabra de Dios. El
cristiano tratará de dedicar tiempo a la lectura de la Biblia y de
buenos libros que le ayuden al estudio de la Palabra de Dios.
Lutero dio un buen consejo sobre cómo nos podemos ocupar de
la lectura:
Si un estudiante no quiere que la labor de su lectura
sea en vano, debe leer y volver a leer un buen escrito
para que el autor del mismo y el lector sean uno.
Porque la lectura de una gran variedad de escritos no
implica el aprendizaje sino causa confusión; hace que
el estudiante sea como un hombre que habita en todas
partes pero en realidad no vive en ninguna. De la
misma manera que no disfrutamos diariamente de la
Eclesiastés 12:9-12
131
compañía de todos nuestros amigos sino de unos pocos
escogidos, así mismo debe ser nuestra lectura. 17
Al agregar Salomón: “El mucho estudio es fatiga del cuerpo”,
no se refiere al estudio de la Escritura, porque lo dice al final de
esta sección, inmediatamente después de la advertencia que hace
contra hacer agregados a la Palabra de Dios. Además, otras partes
de la Escritura lo aclaran. Mientras que las filosofías y los
entretenimientos del mundo llegan a ser fatigosos, la Palabra de
Dios no. El justo “medita de día y de noche” en la Palabra de Dios
(Salmo 1:2), y esta lo reanima, sustenta y ensancha su corazón
(Salmo 119:25-32).
13 El fin de todo el discurso que has oído es: Teme a Dios y
guarda sus mandamientos, porque esto es el todo del
hombre. 14 Pues Dios traerá toda obra a juicio, juntamente
con toda cosa oculta, sea buena o sea mala.
A través de todo Eclesiastés Salomón ha ido desarrollando su
conclusión y finalmente la presenta. Esta es la manera de vivir en
medio de la vanidad del mundo, sobreponiéndose a su vanidad:
“Teme a Dios”.
La palabra hebrea que se traduce como “teme” significa más
que terror, tiene la idea de: respeto, temor, y reverencia. En efecto,
¡los que temen a Dios son liberados de todo terror! David declaró:
Busqué a Jehová, y él me oyó,
y me libró de todos mis temores…
El ángel de Jehová acampa alrededor
de los que le temen,
y los defiende…
Temed a Jehová, vosotros sus santos,
pues nada falta a los que le temen.
(Salmo 34:4,7,9)
132
Eclesiastés 12:13,14
A veces el “temer” se asocia muy de cerca con “confiar”, como
cuando David escribió en otro Salmo: “Verán esto muchos, y
temerán, y confiarán en Jehová” (Salmo 40:3). En las palabras de
Salomón: “¡Teme a Dios!”, todos estos conceptos están presentes.
Confíe en Dios, porque todo está en sus manos, y en su amor él
cuidará de usted.
Donde hay temor a Dios, también hay deseo de guardar sus
mandamientos. “El temor de Jehová es aborrecer el mal”
(Proverbios 8:13). Por el respeto que le tienen a Dios, los creyentes
sólo quieren hacer lo que le agrada a él.
Salomón dice que es de esto de lo que se trata la vida. “Esto
es el todo del hombre”: durante su existencia, la vida no tiene otro
propósito que buscar la gloria de Dios.
Tal vez a algunos les pueda parecer simplista la conclusión del
Predicador; se podría parecer a lo que un niño de cinco años le
repetiría a su maestro de la escuela dominical. Sin embargo, el
hombre más sabio del mundo estima esto como el pasaje más lleno
de sabiduría: “Teme a Dios”.
Quizá la fe cristiana tenga una naturaleza infantil y sencilla,
pero es el camino de la salvación.
En Eclesiastés Salomón abordó en gran manera los temas de
la bondad y los dones de Dios para los hombres, además de
mencionar la realidad del juicio que vendrá. Ahora de manera
abrupta termina el libro con la misma nota de juicio. San Pablo
cita en sus cartas a los corintios esta nota de juicio en el último
versículo del libro de Eclesiastés: “El cual [el Señor] aclarará
también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de
los corazones. Entonces, cada uno recibirá su alabanza de parte de
Dios” (1 Corintios 4:5). “Porque es necesario que todos nosotros
comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno
reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea
bueno o sea malo” (2 Corintios 5:10).
El hecho de que Salomón haya terminado su libro con una
palabra de juicio ha perturbado a muchos eruditos. Al hacer copias
133
Eclesiastés 12:13,14
de Eclesiastés, los escribas judíos muchas veces repitieron el
penúltimo versículo al final para crear un final más feliz (lo mismo
hicieron con: Isaías, Lamentaciones, y Malaquías). Pero eso no
era necesario, porque el hijo de Dios, temeroso de Dios, no tiene
que aterrorizarse del juicio; sabe que en su Salvador encontrará
perdón, aun de sus “errores…ocultos” (Salmo 19:12).
Así que no hay nada más importante en la vida que esto: ¡Tema
a Dios! Sígalo a él y a su Palabra. Él lo guiará por este mundo
hasta el día de juicio, lo guiará más allá del sol y a la gloria eterna.
Estos versículos finales de Eclesiastés son las palabras de un
hombre arrepentido, y muy posiblemente las últimas palabras
registradas de Salomón. La descripción histórica final de Salomón
que se da en el libro de Reyes no menciona su trágica caída en
pecado, en cambio elogia, “su sabiduría” (1 Reyes 11:41).
Luego agrega que “durmió Salomón con sus padres, y fue
sepultado en la ciudad de su padre David” (1 Reyes 11:43).
Podemos darle gracias a Dios porque antes de que el rey
Salomón durmiera nos dejara el libro de Eclesiastés. En esta
maravillosa porción de la Escritura él ha demostrado que la vida
se puede llevar solamente de dos maneras: sin Dios o con Dios.
No tenemos que ver más allá para darnos cuenta de inutilidad de
la primera manera. Por la gracia de Dios hemos venido a conocerlo
como nuestro Salvador. Siempre que sea posible, compartamos
con otros nuestra vida bajo Dios, para que nuestro don también
llegue a ser de ellos. El tiempo que tenemos en esta vida es corto:
pronto se quebrará el cordón de plata, pronto el espíritu volverá a
Dios que lo dio, y pronto dormiremos con nuestros padres.
Los años pasan rápidamente, y muchas generaciones han
vivido y muerto en los veintinueve siglos que han transcurrido
desde el tiempo de Salomón. Sin embargo, el sol todavía sale y se
pone sobre Jerusalén, el viento todavía corre a través de las
antiguas colinas alrededor de la ciudad eterna, las fuentes siguen
fluyendo al mar, y el hombre todavía se fatiga debajo del sol
ardiente.
Mientras tanto, las palabras del Predicador, el hijo de David y
rey de Jerusalén, están vivas.
“Vanidad de vanidades,
dijo el predicador;
vanidad de vanidades,
todo es vanidad.”
.........
La conclusión de todo el discurso oído es ésta:
Teme a Dios, y guarda sus mandamientos;
porque esto es el todo del hombre.
CANTAR DE LOS CANTARES
INTRODUCCIÓN
Nombre y autor
El nombre del libro se ha tomado del versículo inicial: “Cantar
de los cantares, de Salomón”. Además del título Cantar de los
Cantares, el libro también es conocido como el Cantar de Salomón o Cántico,
siendo esta última una palabra latina que significa
canción.
El término “Cantar de los Cantares” es un superlativo hebreo
que significa “la mejor de las canciones” o, como lo interpreta una
traducción: “la más bella de todas las canciones”. Este tipo de
expresión es común en el hebreo del Antiguo Testamento.
Pensemos, por ejemplo, en expresiones como “Señor de señores”
(es decir, el Señor más grande), “santo de los santos” (el lugar más
santo en el tabernáculo y en el templo), “vanidad de vanidades”
(la vanidad más grande). El Cantar de los Cantares es un libro
especial.
El versículo inicial le atribuye el cantar a Salomón: lo escribió
personalmente o pertenecía a su colección real de literatura.
Muchos de los eruditos modernos niegan que Salomón haya sido
el autor de este libro, como sucede con Eclesiastés. El argumento
principal en que se apoyan es que el poema contiene varias
palabras arameas, que supuestamente hacen que el libro encaje
unos siglos después de la época de Salomón. Como ya se ha
indicado en la Introducción a Eclesiastés, este no es un argumento
convincente, ya que es parte de una tendencia general a asignarle
a los libros de la Escritura fechas posteriores a las que la misma
Biblia da.
Este escritor acepta la autoría tradicional, en la que se da
crédito a Salomón, como lo sugiere convincentemente el primer
versículo. Además, el contenido del libro habla de Salomón.
También, la Biblia dice que Salomón escribió una gran cantidad
Novia judía
de cantares. “Compuso tres mil proverbios, y sus cantares fueron
mil cinco” (1 Reyes 4:32).
El Cantar está lleno de referencias a la vida de las plantas (se
mencionan diecinueve plantas) y (trece) animales. Esto coincide
con el vasto conocimiento que tenía Salomón de la flora y de la
fauna. 1 Reyes 4:33 relata la manera como el rey Salomón habló
“sobre los árboles, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que
nace en la pared. Asimismo disertó sobre los animales, sobre las
aves, sobre los reptiles y sobre los peces”. La obvia familiaridad
que tenía el escritor con muchos materiales costosos como el
marfil y las piedras preciosas, también señalan al rico monarca
como el autor.
Algunos de los escritos de Salomón forman parte de la
inspirada Palabra de Dios: Cantar de los Cantares, Proverbios,
Eclesiastés, y los Salmos 72 y 127. Según la tradición antigua, el
Cantar de los Cantares es un producto de los años de juventud de
Salomón, el libro de Proverbios fue escrito durante su edad
madura, y el libro de Eclesiastés en su ancianidad. El contenido
de estos libros parece confirmarlo.
Lugar en la Biblia
El Cantar de los Cantares formaba parte de los Megilloth, que
eran los cinco libros que se leían cada año durante las fiestas
judías. El Cantar de los Cantares se utilizaba para la Pascua,
cuando se conmemoraba la liberación de los israelitas de la
esclavitud en Egipto. Aunque el libro describe el amor entre un
hombre y una mujer, también es una imagen del amor entre Dios
y su pueblo. Un tema de esta índole ciertamente sería apropiado
para la Pascua.
Es interesante observar que durante el tiempo de la Pascua
Jesús hizo alusión muchas veces al tema de la novia y el novio:
las parábolas del banquete de bodas (Mateo 22:1-14) y de las diez
vírgenes (Mateo 25:1-13); su disertación sobre el matrimonio y la
resurrección (Mateo 22:23-33); y las palabras de despedida a sus
discípulos: “Voy, pues, a preparar lugar para vosotros” (Juan 14:1-
4). Esta última referencia es una alusión a la costumbre de que el
novio preparaba un lugar para su novia y después regresaba para
tomarla. No podemos decir con certeza que todas esas referencias
brotaron directamente del Cantar de los Cantares, que se leía en
esa época del año.
Todo el Cantar es un poema y tal vez fue originalmente
compuesto para ser acompañado con música; en nuestras Biblias,
es uno de los cinco libros poéticos. La introducción que hicimos
al libro de Eclesiastés incluye una plática sobre la poesía bíblica.
Los libros poéticos a veces también son clasificados como
literatura de sabiduría.
Interpretación
El Cantar es un libro corto que se puede leer en voz alta en
menos de veinte minutos. A pesar de su brevedad, el libro ha sido
fuente de comentarios interminables.
Eso puede parecer sorprendente, ya que en nuestros días el
Cantar de los Cantares es probablemente uno de los libros menos
predicados y menos leídos de toda la Biblia. ¿Cuántos sermones
sobre este libro ha escuchado, o cuántos de sus pasajes ha
memorizado? Aunque al Cantar de Salomón no se le da la atención
debida en ciertos niveles, sigue siendo tal vez el libro del Antiguo
Testamento sobre el cual se ha escrito más. Y si fuéramos a juntar
toda la literatura de los siglos anteriores, estaríamos de acuerdo
con un comentarista que observó: “Un estudio completo de la
historia de la interpretación de los Cánticos requeriría la labor de
toda una vida de equipos de eruditos”. 1
Una primera razón de la vasta cantidad de material sobre el
Cantar (y de la falta de su uso popular) es la dificultad que se
presenta en la interpretación del libro. Otro erudito reafirmó que
el Cantar de Salomón es el “libro más enigmático del Antiguo
Testamento”. 2
Existen tres interpretaciones básicas del Cantar, con muchas
variaciones cada una.
La primera es la interpretación literal (algunas veces llamada
secular). Según esta visión, el Cantar de Salomón simplemente
describe el amor entre un hombre y una mujer. Aunque esta visión
ya fue sugerida desde el año 300, ha llegado a ser especialmente
popular en nuestra época de secularismo y racionalismo, que exalta
los pensamientos y los sentimientos humanos.
Bajo el techo de esta interpretación secular hay muchas
variaciones: algunos ven en el poema nada más que el amor entre
Salomón y la pastora sulamita. Encuentran un triángulo amoroso,
en el que los personajes principales son: Salomón, la joven pastora,
y un pastor. Otros consideran que el libro es una canción escrita
para conmemorar la boda de Salomón y la hija del faraón (1 Reyes
3:1). Discutiremos estos puntos de vista en el comentario sobre
los versículos 1:7 y 1:9. Sin embargo, hay otros que ven el libro
como una colección de poemas de bodas. Y algunos han
pretendido que el libro consiste en antigua poesía cananea de amor
que se utilizaba en los ritos de fertilidad.
La interpretación literal enfrenta dos problemas. Por un lado,
si el Cantar es solamente secular, ¿por qué está en la Biblia?
Aunque de vez en cuando se ha cuestionado su presencia en la
Biblia, la aceptación del Cantar se remonta a los tiempos antiguos.
Los rabinos judíos así como los cristianos del comienzo,
reconocieron el libro como parte de la Palabra de Dios. Y como
es parte de las Escrituras inspiradas, el libro debe señalar a Cristo
de alguna manera, porque nuestro Salvador afirma que toda la
Escritura “da testimonio” de él (Juan 5:39). Un libro que no se
levanta por encima del tema del amor humano puede ser valioso,
pero no tiene parte en la Biblia, que “te puede hacer sabio para
salvación por medio de la fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo
3:15). Una visión elevada de la Escritura no admite la noción de
que el Cantar es simplemente poesía de amor, ¡especialmente
poesía que fuera utilizada en los ritos cananeos de la fertilidad!
El otro problema con la interpretación literal o secular es que
no concuerda con todos los detalles del libro. Mientras que a
primera vista el Cántico puede dar la impresión de que es sólo un
poema de amor, un minucioso análisis revela detalles que sugieren
una explicación más allá de la literal. Por ejemplo, en ocasiones
cuando se mencionan las “doncellas de Jerusalén” (2:7) se usa el
género masculino; esta es una indicación de que el Cantar aquí se
refiere al pueblo en general y no sólo a las mujeres.
Una segunda aproximación principal al libro es la
interpretación típica. En la interpretación bíblica eso significa que:
una persona, un evento, un cargo, o una institución real del
Antiguo Testamento, es un tipo de: la persona, el evento, el cargo,
o la institución en el Nuevo Testamento, que es su antitipo (la cosa
misma). Por ejemplo, la serpiente de bronce (Números 21:4-9) fue
un tipo de Cristo (Juan 3:14-16); Cristo es el antitipo. Así como la
serpiente fue levantada en un asta, también Jesús fue levantado en
una cruz. Y así como los que miraron a la serpiente de bronce
fueron perdonados de la muerte, todos los que miran en fe a Cristo
son perdonados de la muerte eterna en el infierno.
Si interpretamos el Cantar de esta manera, Salomón llega a ser
un tipo de Cristo. Como en el caso del tratamiento literal, esta
interpretación ve el libro como una historia de amor. De acuerdo
con la interpretación típica, el Cantar relata el amor entre Salomón
y la doncella, pero la interpretación típica da un paso más allá: así
como Salomón amó a la pobre campesina, también Cristo ama su
iglesia. El poema, entonces, tiene dos significados, el literal y el
típico. Aunque ésta aproximación explica la presencia del libro en
la Escritura, presenta el problema de que no se conforma a la
historia verdadera. Como veremos, Salomón no concuerda con la
descripción que él mismo da de un pastor.
La tercera clase principal de interpretación es la alegórica, o
espiritual. Una alegoría es una historia en la cual las personas y
los sucesos, que pueden ser o no reales, tienen significados
escondidos o simbólicos. Con esta aproximación el entendimiento
literal se va perdiendo de vista y a veces se olvida por completo.
Hay poca o ninguna intención de relacionar el Cántico: con la
historia, con Salomón, o con cualquier otra persona en particular.
En cambio, desde el principio hasta el fin se ve un significado
espiritual en el Cantar. Por años este ha sido el método más popular
de interpretación del libro. Los antiguos rabinos judíos vieron el
Cántico como la historia del amor de Dios por su pueblo escogido,
Israel. Muchos cristianos ven en este libro el amor entre Cristo y
su iglesia. Lutero vio al Cantar como un retrato de la relación entre
los gobernantes puestos por Dios (Salomón) y el pueblo (la
doncella). Otros han visto el libro como una representación de la
sabiduría y de los que la buscan.
La interpretación alegórica tiene varios aspectos
impresionantes. Por una parte, no se tropieza con las dificultades
que presentan los significados literales de palabras y pasajes;
tampoco existe la necesidad de que el poema concuerde con una
historia real. Además, si se utiliza para señalar a Dios y a Cristo,
el Cantar por supuesto sí concuerda con el propósito la Escritura
que es revelar el amor de Dios.
Este tipo de interpretación no es desconocido en el resto de la
Escritura. Cuando Moisés escribió los primeros libros de la Biblia,
utilizó la relación entre cónyuges como ilustración para representar
a Dios y a su pueblo. Con frecuencia, Moisés comparó la
infidelidad a Dios con la infidelidad matrimonial (Éxodo 34:14-
16; Levítico 20:5,6; Deuteronomio 31:16). Los profetas que
vivieron en las épocas después de Salomón asociaron muy
estrechamente la relación de Dios con Israel con la relación entre
el esposo y la esposa. Por ejemplo, Isaías escribió: “Como el gozo
del esposo con la esposa, así se gozará contigo tu Dios” (Isaías
62:5). Mientras estudiamos el Cantar consideraremos otros pasajes
semejantes de los profetas. El Salmo 45, “Un Cantar de Amor”,
es un paralelo al Cantar de los Cantares en varios aspectos:
describe la boda de un rey, a quien se hace referencia como a un
hombre y como a Dios mismo (versículos 6,7). Hebreos 1:8-9 cita
estos versículos y los aplica a Jesucristo. Otros pasajes del Nuevo
Testamento retoman este tema y se refieren a Cristo como el novio
(Mateo 9:16) y a la iglesia como su novia (Apocalipsis 21:2).
A pesar de todo esto, la interpretación alegórica del Cántico
tiene un inconveniente mayor: los intérpretes que siguen este tipo
de interpretación tienden a ignorar el texto verdadero y ven casi
cualquier significado en él. Sin embargo, existe el hecho de que el
Cantar sí describe el amor entre un hombre y una mujer; también
permanece el hecho de que el poema a veces habla de Salomón en
términos muy concretos. Es difícil ignorar la impresión de que por
lo menos partes del Cantar son tomados de eventos reales de la
vida de Salomón.
Sería conveniente agregar un breve repaso para aclarar las tres
tipos de interpretaciones principales que existen del Cantar de los
Cantares:
Literal: un poema sobre el amor humano.
Típica: un poema que relata una historia de amor humano que
es un tipo del amor entre Dios y su pueblo.
Alegórica: un poema que utiliza el amor humano para
simbolizar el amor entre Dios y su pueblo.
Hemos visto que cada una de estas aproximaciones refleja
alguna verdad. Cada una también tiene inconvenientes.
Obviamente el Cantar de Salomón no encaja completamente en
una sola clasificación. A través de los siglos el Cantar se ha
levantado por encima de los intentos que han hecho los
comentaristas de forzarlo dentro de este o aquel género literario.
En lugar de tratar de clasificarlo, sería mejor dejar que el libro
hable por sí sólo a la luz del resto de la Escritura. El libro habla de
amor y de matrimonio; al mismo tiempo es imposible hablar de
estos temas sin referirse a Cristo, el novio celestial, y su amor hacia
nosotros. Para los cristianos estos temas están relacionados: al
principio Dios instituyó el matrimonio (Génesis 2:18-25) y diseñó
esta institución con él mismo en su centro. Sólo donde Dios y su
amor perdonador están presentes, puede el matrimonio acercarse
a lo que Dios quiere.
Entonces el poema tiene incorporado un doble significado:
habla del amor humano, muchas veces tomado de la experiencia
personal de Salomón, y también se dirige hacia otro amor, al que
existe entre Cristo y su pueblo.
Seamos casados o no, apreciaremos la belleza del Cantar más
excelente de Salomón. Y casados o no, podemos disfrutar el amor
de Jesucristo el novio celestial.
Bosquejo
El Cantar ha sido bosquejado de muchas maneras, casi cada
comentarista tiene su propia idea sobre dónde y cómo dividir el
poema. Como en el caso de Eclesiastés, hay dos escuelas
principales de opinión respecto a la estructura del libro: unos creen
que el Cantar no es verdaderamente un poema, sino una colección
de muchos poemas. ¡Un comentarista divide el Cantar en
veintinueve poemas cortos de amor! Otros, incluyendo este
escritor, estamos convencidos de que todo el Cantar es una unidad.
Aunque no siempre es fácil seguir las transiciones del libro de
una parte a otra, hay excelentes razones para tomarlo como un solo
poema. El título lo llama el Cantar, no los cantares. En todo el libro
aparecen frases comunes: por ejemplo, la expresión, “que no
despertéis ni hagáis velar el amor, hasta que quiera”, aparece varias
veces (2:7; 3:5; 8:4); los mismos personajes principales—
Salomón, la pastora, los amigos—aparecen en todo el poema.
También podemos trazar una progresión del pensamiento desde el
principio hasta el fin. El Cantar comienza con el noviazgo, pasa a
la ceremonia de boda, después muestra a la pareja luchando
durante un corto tiempo de separación, y finalmente termina con
la pareja recordando felizmente el pasado.
Siguiendo esta progresión y tomando el libro como un solo
poema, podemos dividir el Cantar en estas cuatro secciones:
La primavera del amor (1:1–3:5)
La boda (3:6–5:1)
La separación y reunión (5:2–8:4)
Los recuerdos (8:5-14)
Con esta información de fondo, proseguiremos directamente
al Cantar. Bebamos la poesía magnífica y tomemos a pecho el
mensaje del más bello de los cantares.
Gacelas en las colinas de Israel
LA PRIMAVERA DEL AMOR
CANTAR DE LOS CANTARES 1:1–3:5
Las lluvias del invierno han terminado, las flores cubren los
árboles y las colinas. Ha llegado la primavera. Es la época para el
amor. 1 Cantar de los cantares, el cual es de Salomón.
La amada *
2 ¡Ah, si me besaras con besos de tu boca!,
porque mejores son tus amores//que el vino.
3 Delicioso es el aroma de tus perfumes,
y tu nombre, perfume derramado.
¡Por eso las jóvenes te aman!
4 ¡Llévame en pos de ti! ¡Corramos!
¡El rey me ha llevado//a sus habitaciones! **
El versículo inicial del libro es en realidad su título; sobre esto
se habló en la Introducción.
En seguida del título escuchamos la voz de la primera persona
que habla, la “amada”. Las indicaciones de quiénes son los que
hablan no están en el texto original, pero los traductores las han
agregado. La siguiente nota fue agregada por los traductores de la
New International Version para explicar la manera como
determinaron quiénes son los que hablan: “Principalmente con
base en el género de los pronombres hebreos que se utilizan, los
hablantes masculinos y femeninos se indican al margen usando los
títulos El amado y La amada respectivamente. Las palabras de
otras personas se marcan como Los amigos. En algunos casos las
divisiones y sus títulos son debatibles”.
Es obvio en las palabras de apertura que la amada está
enamorada de su amado. No es claro si él está presente o no en
ese momento. Ella se refiere a él de manera indirecta, en la versión
Reina Valera 1960: “si él me besara…”. Sin embargo, habla como
si él estuviera con ella, “… tus amores…” Cuando las personas se
aman siempre están unidas, aunque estén separadas. Él siempre
está en su mente y en su corazón, y ella está intoxicada con su
amor, porque “mejores son tus amores que el vino”.
Sus “perfumes” o aceites (los podemos llamar colonias) son
exquisitos de aspirar. Ella exclama, como se traduce en la versión
Reina-Valera 1960: “¡Tu nombre (shem) es como un ungüento
(shemen, perfume)!” Aun el escuchar su nombre es emocionante.
¡Todo lo relacionado con él la deleita!
Ella no es la única que se sobrecoge al pensar en este hombre,
las “jóvenes” también lo aman. La palabra que se traduce como
“jóvenes” es la misma que Isaías utilizó para describir a la madre
del Salvador: “La virgen concebirá, y dará a luz un hijo…” (Isaías
7:14).
La Reina-Valera, edición de 1960 traduce la línea de apertura
del versículo 4: “Atráeme; en pos de ti correremos”. Esta
traducción se acerca más a la antigua interpretación de este
versículo. Y este es el primero de un número de pasajes que de
diversas maneras sugieren algo más allá de historia de amor literal
que tiene lugar en el Cantar de los Cantares. A duras penas sería
natural que una joven quisiera escaparse con su amado junto con
una multitud. ¿No quisiera ella estar a solas con el rey? Pero si el
Rey representa a Cristo, entonces tiene sentido. Los creyentes
quieren que otros se unan a ellos al seguir a Jesús.
Entendido de esta manera, el renglón es el tema de un bello
himno antiguo de Ascensión, que describe el amor de los creyentes
por su Salvador:
Atráenos a ti,
porque entonces
caminaremos en tus pasos para siempre
y apresúrate
a donde tú vas
para estar contigo amado Salvador.
(Christian Worship, 170:1)
El mismo Jesús habló con un estilo similar cuando dijo: “Yo,…
a todos atraeré a mí mismo” (Juan 12:32).
Repentinamente la amada dice: “El rey me ha llevado a sus
habitaciones”. Ella espera estar en el hogar de quien ama, tal como
nosotros esperamos estar con Cristo.
Los amigos
Nos gozaremos y alegraremos contigo,
nos acordaremos de tus amores//más que del vino.
La amada
¡Con razón te aman!
5 Morena soy, hijas de Jerusalén,
pero hermosa como las tiendas//de Cedar,
como las cortinas de Salomón.
6 No reparéis en que soy morena,
pues el sol me miró.
Los hijos de mi madre//se enojaron contra mí;
me pusieron a cuidar las viñas,
mas mi viña, que era mía, no guardé.
Los amigos, a quienes también se hace referencia en el Cantar
como a las “hijas de Jerusalén” (1:5), ahora se entremeten, y hacen
eco a la admiración de la amada por su amado: “Nos gozaremos y
alegraremos contigo”, la Reina-Valera traduce más fielmente:
“Nos gozaremos y alegraremos por ti” La expresión hebrea por
“ti” es masculino singular, se refiere al amado. Comparan su amor
también con el vino.
La amada alaba el buen gusto de sus amigos: “Con razón te
aman”. Un comentarista observa que esto es lo que toda joven
debe ser capaz de decir respecto al hombre con quien tiene la
intención de casarse:
Una mujer debe poder decir hoy lo mismo respecto al hombre
con quien se pueda casar algún día. De manera general, ella no
debe ser la única persona que vea la buena calidad de persona que
tiene su potencial compañero. No debe ser tan atolondrada que se
imagine a un truhán o pícaro como su caballero con armadura
brillante; debe ser capaz de decir: “Te amo con justa razón”. Él
debe ser la clase de persona que merece ser respetada, porque si
no lo es, para ella será mucho más difícil responder a su liderazgo.3
Con un amado tan especial y digno de admiración, la amada
sólo puede preguntarse: “¿Qué ve en mí?” Ese es un sentimiento
natural en las personas enamoradas: están plenamente conscientes
de sus propios defectos y les es difícil imaginar por qué el objeto
de su afecto se pueda interesar en ellas.
La joven dama procede a decirles a sus amigos cuáles son sus
defectos: es “morena… como las tiendas de Cedar”. Su apariencia
morena contrasta fuertemente con la de las jóvenes de piel clara
del palacio. Hoy un bronceado oscuro es muchas veces señal de:
riqueza, tranquilidad, y belleza; para los antiguos era exactamente
lo opuesto. Los ricos y la nobleza se mantenían protegidos del sol,
mientras que la gente de clase baja era forzada a trabajar al aire
libre. Tener oscurecida la piel por el sol simbolizaba para los
antiguos trabajo y frecuentemente pobreza. La Biblia representa
al cielo como un escape de la fatiga debajo del sol: “El sol no caerá
más sobre ellos, ni calor alguno” (Apocalipsis 7:16).
El término “Cedar” se refiere a los nómadas o tribus beduinas,
en particular a los que vivían en la región sur oriental de Damasco.
Esas tribus eran descendientes de Cedar, un hijo de Ismael, que
era hijo de Abraham (Génesis 25:13). La joven compara su
apariencia con la de las tiendas nómadas que estaban (y todavía
están) cubiertas con pelo oscuro de cabra. Ella estaba familiarizada
con Cedar y los nómadas de esa región porque, como el poema
indicará ella era de la región cercana.
La comparación con “las cortinas de Salomón”, que también
debieron haber sido oscuras, es una segunda referencia a su color
moreno. Luego ella expresa el deseo de que los demás no se fijen
“en que [es] morena”. Obviamente su tez morena la molestaba
bastante.
Y, sin embargo, dice que es “hermosa”. ¿Cómo puede ser esto?
Sabe que a los ojos de su amado es hermosa. A través de todo el
poema él la describe en términos como, “la más bella de las
mujeres” (1:8), “el lirio entre los espinos” (2:2), “paloma mía”
(2:14), “amiga mía” (4:1), “encantadora” (6:4). Se dice que el
amor es ciego, pero en este caso no se trata de ceguera sino de que
él pasa por alto los defectos de su amada.
Este es un ejemplo maravilloso para los que hoy en día tienen
la intención de casarse: franqueza respecto a los propios defectos
y la voluntad de pasar por alto los del futuro cónyuge. Esas
actitudes nos recuerdan los frutos que el evangelio produce en los
cristianos. Aunque tenemos la piel quemada y cicatrizada, a los
ojos de Cristo somos bellos. El Señor dice: “Aunque vuestros
pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos;
aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca
lana” (Isaías 1:18). Confiados en el amor y en el perdón de Cristo,
nos podemos amar y perdonar unos a otros.
La amada pasa de su apariencia a sus otros problemas. “Los
hijos de mi madre se enojaron contra mí”. Como no los llama
directamente hermanos, se podría tratar de los hermanastros. En
su ira ellos la pusieron a cuidar las viñas, pero no explica por qué
estaban airados. Dice que mientras ella trabajó en las viñas de ellos
no guardó la suya.
La Biblia hace frecuentes referencias a la viña, muchas veces
la compara con lo espiritual. Eso lo examinaremos más en el
último capítulo donde se vuelve a presentar el tema de la viña
(8:11-12). Aquí muchos comentaristas alegóricos relacionan la
viña con la iglesia, y el mantenerla significa permanecer fiel a la
Palabra de Dios. Así que la observación de la joven respecto a no
guardar su propia viña significa una confesión de pecados. Eso no
es difícil de aplicar a nuestra vida cristiana, ni es difícil confesar,
que muchas veces todos también hemos dejado de hacer lo que
debiéramos haber hecho.
Quemada por el sol, maltratada por sus hermanos, incapaz de
cumplir con su trabajo, esta humilde joven campesina anhela el
consuelo y el apoyo del hombre que ama, el mismo rey. Pero no
se refiere a él como a un rey, sino habla de él como un pastor:
7 Dime tú, amado de mi alma,
dónde apacientas tu rebaño,
dónde descansas al mediodía;
pues ¿por qué he de andar//como errante
junto a los rebaños de tus compañeros?
Como en muchos otros pasajes en el Cantar, se ha encontrado
una gran variedad de interpretaciones de este pasaje en cuanto al
pastor amado. Sería conveniente detenernos a considerar algunas
de las interpretaciones que se le dan a este versículo, ya que nos
ayudan a concretar algunas de las aproximaciones básicas al
Cantar de los Cantares.
Algunos ven en el poema un triángulo de amor: la sencilla
joven campesina enamorada del pastor, el rey Salomón fracasando
al tratar de enamorar a la joven, y el pastor que también ama a la
joven. Esta aproximación suprime la necesidad de explicar por qué
se le llama a Salomón pastor, pero también se necesita leer mucho
entre las líneas. Por ejemplo, más adelante en el capítulo 1 hay un
diálogo entre el rey y la doncella, donde le asegura: “Zarcillos de
oro te haremos…” (1:11, obviamente esas no son las palabras de
un pobre pastor); y ella contesta: “Mi amado es para mí un saquito
de mirra” (1:13). Aunque ella se dirige al rey, tendríamos que
suponer que utiliza un doble sentido y en realidad se refiere a su
verdadero amado, el pastor. ¿Suena complicado? Así es. La así
llamada “hipótesis del pastor” le agrega tantas complicaciones al
Cantar de modo que no se puede sostener.
Este versículo también presenta problemas para la
comprensión estrictamente histórica del Cantar. El hecho es que
Salomón no fue pastor de ovejas; David su padre fue pastor en su
juventud, pero no Salomón. Sin embargo, a través de todo el
Cantar, Salomón no solamente es comparado con un pastor sino
que es verdaderamente llamado pastor.
Si aplicamos este versículo a Dios, corresponde muy bien: él
es tanto Rey como Pastor. Siglos antes de la época de Salomón,
Jacob se refirió a Dios como “Pastor” (Génesis 49:24). El padre
de Salomón declaró: “Jehová es mi pastor” (Salmo 23:1). Y siglos
después de Salomón, el Hijo de Dios diría: “Yo soy el buen pastor”
(Juan 10:11).
La amada quiere estar con su amado, aun cuando él está afuera
con las ovejas; por lo tanto pregunta dónde lo puede encontrar
apacentando su rebaño y descansando al medio día. Con esta
solicitud muestra su modestia, al agregar: “¿Por qué he de andar
como errante…?” Siguiendo el Texto Masorético, la New
International Version traduce: “andar como una mujer cubierta con
un velo”.* Una mujer cubierta con un velo era una prostituta o por
lo menos una mujer inapropiadamente agresiva. Con el rostro
detrás de un velo podía atraer hombres o vagar sin un acompañante
apropiado. Fue con un velo que Tamar se disfrazó como prostituta
y sedujo a su suegro Judá (Génesis 38). En muchas partes del
Medio Oriente las mujeres todavía utilizan velos, no como una
cubierta para la inmoralidad sino como una señal de modestia. Para
una mujer del Medio Oriente salir sola, con velo o no, se considera
inmodestia, excepto en las ciudades más grandes occidentalizadas.
La amada no quiere vagar ni tener que preguntarles a los
amigos de su amado dónde lo puede encontrar. ¿Qué pueden
pensar de ella? ¿Qué pueden pensar de él por hacer vagar a su
* Vea la nota al pie de la página en la Nueva Versión Internacional.
amada por las colinas en su busca? Aún en nuestra sociedad
moderna y liberal, la modestia es apropiada para los jóvenes
cristianos. Las palabras del apóstol Pablo se aplican a los cristianos
de todas las épocas: “Pero la fornicación y toda inmundicia, o
avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos”
(Efesios 5:3). San Pedro les habla a las mujeres cristianas en
particular cuando dice: “Vuestro atavío no sea el externo de
peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino
el interno, el del corazón, en el incorruptible adorno de un espíritu
afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1
Pedro 3:3-4).
Esto no quiere decir que las mujeres cristianas se cubran la
cara o que nunca salgan solas. Pero sin tener en cuenta dónde viven
o lo que hacen, Dios les exige tanto a los hombres como a las
mujeres cristianos que se conduzcan de manera casta y decente.
Este espíritu de modestia y pureza se extiende por todo el Cantar
de los Cantares.
Los amigos
8 Si no lo sabes,//hermosa entre las mujeres,
sigue las huellas del rebaño,
y apacienta tus cabritas
junto a las cabañas de los pastores.
El amado
9 A la yegua del carro del faraón
te he comparado, amada mía.
10 ¡Qué hermosas son tus mejillas//entre los pendientes
y tu cuello entre los collares!
11 Zarcillos de oro te haremos,
con incrustaciones de plata. 4
Aquí los amigos se dirigen a la hermosa joven campesina,
“hermosa entre las mujeres”, le indican que puede encontrar a su
amado entre los pastores.
Entonces el amado habla por primera vez. No da indicios de
cómo o dónde conoció a la joven campesina. Nada de eso parece
tener importancia, lo único que importa es el amor que comparten.
La preocupación de la doncella por su apariencia, sus problemas,
y la búsqueda de su amado, quedan todos deshechos cuando él
habla. Ella sabe: que él cuida de ella, que la encuentra hermosa, y
que estará a su lado cuando lo necesite.
El rey comienza haciéndole un cumplido muy extraño: “A
yegua… te he comparado”. ¡Hoy en día ninguna joven se sentiría
alagada con semejante comentario! Sin embargo, era un cumplido.
Varios caballos jalaban los carros, pero la yegua más valiosa iba
al frente; más refinada, bella, y noble, que todos los otros,
sobresalía de entre la multitud.
En la referencia a “los carros del faraón”, algunos ven un
indicio del trasfondo histórico del poema. Al comienzo de su
reinado Salomón confirmó una alianza con el faraón de Egipto
casándose con su hija (1 Reyes 3:1). Aparentemente Salomón
estaba tan encariñado con su esposa, que le construyó un palacio
especial (1 Reyes 7:8). Sin embargo, la joven del Cantar de los
Cantares difícilmente concuerda con la descripción de la hija del
faraón, así que la referencia que hace Salomón a los carros
egipcios debe ser sólo eso, una referencia pasajera sólo para hacer
una comparación. El mismo rey Salomón tenía una buena
provisión de “mil cuatrocientos carros, y doce mil jinetes” (1
Reyes 10:26). Esos caballos fueron importados “de Egipto y de
todos los países” (2 Crónicas 9:28). El hecho de que Salomón
mencione en su comparación los caballos de Egipto, en particular,
indica que los de ese país debieron ser considerados como los
mejores.
La amada es pastora y viñadora, sin embargo está adornada
con pendientes y joyas del rey, quien promete que continuará
adornándola con joyas de oro y plata. Salomón bien podía costear
todo eso con su fabulosa riqueza. Aunque la expresión, “te
haremos…”, está en plural, se puede referir al rey, ya que habla
por sí mismo y por sus artesanos que realmente harán el trabajo.
Nuevamente, no podemos pasar por alto el paralelo espiritual.
Somos pobres y estamos en bancarrota espiritual, porque no
tenemos nada que ofrecerle a Dios. Pero en su amor él nos
proporciona las cosas más invaluables para ponernos. Así lo
precisa Isaías: “En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se
alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación,
me rodeó de manto de justicia” (Isaías 61:10).
Las palabras, “te haremos”, nos recuerdan las palabras del
Dios trino en el primer capítulo de la Biblia. Cuando Dios creó al
hombre, el Todopoderoso mandó: “Hagamos al hombre a nuestra
imagen, conforme a nuestra semejanza” (Génesis 1:26). Allá el
plural nos permite llegar a oír el consejo de las tres personas de la
Trinidad: el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo.
La amada
12 Mientras el rey está en su reclinatorio,
mi nardo esparce su fragancia.
13 Mi amado es para mí un saquito de mirra
que reposa entre mis pechos.
14 Ramo de flores de alheña// en las viñas de En-gadi
es mi amado para mí.
La amada se refiere a una visita anterior que había hecho al
palacio del rey. Dice que se sentó a una mesa de banquetes, pero
lo que viene a la mente no es la comida, más bien es la
embriagadora fragancia del aire lleno de amor y perfume.
Anteriormente ella había alabado el perfume de él (1:3); ahora
describe el suyo, mencionando tres tipos.
El primero es el nardo o espicanardo importado de la India.
María de Betania ungió a Jesús con ese costoso ungüento que tenía
un valor equivalente al trabajo de un año de una persona (Marcos
14:3-9; Juan 12:1-8).
A continuación la amada habla de “un saquito de mirra”. Una
mujer con dinero portaba una pequeña bolsa de tela con esa
costosa resina; a dondequiera que iba, llevaba la fragancia. De la
misma manera el amado estaba en el corazón de ella, dondequiera
que iba. La mirra fue uno de los presentes que le ofrecieron los
sabios al niño Cristo (Mateo 2:11).
El tercer perfume es la “alheña”. Al moler las hojas de este
arbusto se produce un tinte color naranja que se utilizaba como
colorante para el cabello o esmalte para la uñas. Las florecitas
blancas de esa planta emiten una fragancia dulce.
En-gadí fue y sigue siendo un oasis lujoso situado en la costa
occidental del mar Muerto. Para la amada, el rey es como un oasis
en el desierto.
Estas son las imágenes del Cantar de los Cantares: fragancias
exóticas, y bellos escenarios.
El amado
15 ¡Qué hermosa eres, amada mía,
qué hermosa eres!
¡Tus ojos son como palomas!
La amada
16 ¡Qué hermoso eres, amado mío,
qué dulce eres!
Frondoso es nuestro lecho;
El amado
17 las vigas de nuestra casa, cedro;
nuestro artesonado, ciprés.
El diálogo entre el amado y la amada continúa con cortas
declaraciones de admiración y afecto mutuo.
Después de reafirmarle que piensa que es hermosa, le vuelve
a repetir: “¡Qué hermosa eres!” El hecho de que él diga “tus ojos
son palomas” en el texto hebreo, y no “como palomas” muestra
que está especialmente enamorado de sus ojos.* En efecto, cree
que los ojos de ella son: mansos, palpitantes, vivos, y puros.
Resulta interesante mencionar que Job le puso por nombre Jemimá
a una de sus hijas (Job 42:14), y esta palabra hebrea significa
paloma. Aún más interesante es el hecho de que el Espíritu Santo
decidió aparecer como una paloma en el bautismo de Jesús (Mateo
3:16). Sin duda esto indica algo sobre la naturaleza del Espíritu,
que ha sido llamado “el tímido miembro de la Trinidad”. Con su
forma de ser pura y mansa, el Espíritu obra en el corazón de las
personas, dirigiéndolas no a sí mismo sino a Jesús. Los cristianos
también deben ser tan “sencillos como las palomas” (Mateo
10:16), así manda Jesús.
La amada le expresa con cariño al rey, “¡Qué hermoso eres...!”,
utilizando en hebreo la misma palabra que él utiliza para
describirla, que se tradujo como “hermosa” en el versículo
anterior. El diálogo entre los dos es algo como esto: él dice, “Tú
eres bella”, y ella responde, “No, tú eres bello”. No les basta un
cumplido por lo que ella agrega: “¡Y qué delicioso!” En hebreo
esta es la misma palabra básica que utiliza Moisés en el Salmo
90:17(NVI): “Que el favor del Señor nuestro Dios esté sobre
nosotros.”. (La nota en la Nueva Versión Internacional ofrece la
traducción: “belleza”)
El amor de la joven por el campo es muy evidente cuando
agrega apresuradamente otro pensamiento: “Frondoso es nuestro
lecho”. Su corazón no está en las ciudades ni los palacios, sino en
las exuberantes colinas del norte: allá en los maravillosos lugares
al aire libre ella se puede reclinar junto con el que ama.
El amado reasume este pensamiento y exclama: “Las vigas de
nuestra casa son de cedro, nuestro artesonado ciprés”. Mientras
que ella puede estar pensando en las ramas de los árboles debajo
del cielo, el rey, aparentemente, piensa en su palacio allá en
Jerusalén. Con “columnas de cedro, con vigas de cedro sobre las
columnas” (1 Reyes 7:2), la estructura era conocida como la casa
del “Bosque del Líbano”. La madera era escasa en Palestina y era
importada para proyectos exclusivos de construcción.
Aunque todavía no se han casado, él habla de “nuestra” casa,
lo que es suyo lo quiere compartir con ella.
La amada 2 Yo soy la rosa de Sarón,
el lirio de los valles.
El amado
2 Como el lirio entre los espinos
es mi amada entre las jóvenes.
Parece que la doncella ha entendido la alusión que hace el rey
a su palacio, pero en forma humorística continúa expresando el
hecho de que es sólo una campesina. Se compara con una flor
silvestre de la pradera, es decir un azafrán, o una rosa (Con base
en base las palabras hebreas no es posible saber exactamente a qué
flor se refiere). Estas flores crecen en el valle de Sarón a lo largo
de la costa de Israel en el Mediterráneo.
En hebreo, como en español, la primera persona no indica el
género. El pronombre “yo” se puede referir a un hombre o a una
mujer. Algunos símbolos antiguos de la iglesia representan a Jesús
como la Rosa de Sarón, y si así fuera en el versículo 1, el rey
(Cristo) es de quien se habla. Sin embargo, es más probable que
este versículo se refiera a la joven, porque va mejor con la
conversación.
En un paralelismo poético a “la rosa de Sarón”, la amada
procede a compararse con una flor que se encuentra en los valles.
La flor a la que hace alusión es muy probable que sea un nenúfar
que no puede ser confundida con lo que llamamos el lirio de los
valles. Tal vez para el escritor de cantares este lirio era un tema
popular. El Salmo 45, que es un cantar de bodas con muchas
semejanzas con el Cantar de Salomón, tiene por encabezamiento:
“Sígase la tonada de ‘Los lirios” (Nueva Versión Internacional).
La timidez de la joven es evidente por su preferencia por la
rosa y el lirio, comparándose así con dos flores silvestres
ordinarias, que muchas veces pasan inadvertidas en la llanura y se
esconden en los valles.
Su amado dice: “Como el lirio entre los espinos es mi amada
entre las jóvenes”. A los ojos de él otras mujeres no se pueden
comparar con su amada. Así como las flores bellas brotan en la
llanura pantanosa o en los ásperos valles, también su flor ha
brotado donde menos se hubiera esperado encontrarla.
La amada
3 Como un manzano//entre árboles silvestres
es mi amado entre los jóvenes.
A su sombra deseada me senté
y su fruto fue dulce a mi paladar.
4 Me llevó a la sala de banquetes
y tendió sobre mí//la bandera de su amor.
5 Sustentadme con pasas,
confortadme con manzanas,
porque estoy enferma de amor.
6 Su izquierda esté debajo de mi cabeza;
con su derecha me abrace.
7 ¡Yo os conjuro, hijas de Jerusalén,
por las gacelas y las ciervas del campo,
que no despertéis a mi amor!
¡Dejadla dormir mientras quiera!
Después de elogiarse el uno al otro, ahora la amada inicia un
extenso monólogo. Aquí nos podemos imaginar una escena
diferente, ya que ella no le habla a él sino habla acerca de él.
De nuevo toma de la naturaleza sus elementos de comparación.
Cuando lo compara con los árboles silvestres del bosque que no
dan fruto provechoso, él es “como un manzano”. La amada
continúa describiendo su deleite por haberse sentado “a su sombra
deseada”, la cual simboliza protección. Así, por ejemplo, el
salmista afirma: “Jehová es tu guardador, Jehová es tu sombra a
tu mano derecha. El sol no te fatigará de día ni la luna de noche”
(Salmo 121:5-6). De la misma manera como Dios protege a su
pueblo, espera que los cristianos protejan y cuiden a sus mujeres,
que sean su sombra.
La amada continúa con la comparación del manzano y
exclama cuánto se deleita en “su fruto”. No sólo es él su vida y
protección, sino también su sustento, porque él provee para sus
necesidades.
Al parecer, la conversación sobre el manzano la ha hecho
pensar en la comida, porque repentinamente deja de mencionar la
vida al aire libre para aludir a la sala de banquetes, (literalmente,
“la casa del vino”) Aquí de nuevo el tono es de modestia y decoro.
Esta escena de la bodega, o de una sala, es muy diferente de la que
se describe en los antiguos cantos egipcios de amor: “El amado
está sentado a su derecha. Se desordena la fiesta con la
borrachera”. 5
La bandera del rey pende en la sala, así como las tribus de
Israel tuvieron sus banderas particulares (Números 1:52). El
estandarte del rey, o bandera, era un signo muy visible de su
presencia. El amor del rey por la doncella es evidente para todos,
como una bandera.
Enferma de amor, ella pide alimento. Algunos comentaristas
que siguen la interpretación secular ven aquí una referencia erótica
a los antiguos ritos cananeos de la fertilidad, porque supuestamente
las manzanas y las pasas se usaban como afrodisíacos. Los
paganos muchas veces relacionaban el comer tortas de pasas con
su adoración inmoral (Oseas 3:1). Aunque ciertamente no hay
necesidad de interpretar esta referencia con la adoración pagana,
la mención de manzanas y pasas que hace la amada podría tener
un significado más profundo que la solicitud de comida. Es muy
probable que se trate de una alusión a su deseo de tener el amor
del rey, que es su fuente de alimento y fortaleza.
La Biblia de las Américas, junto con otras versiones de la
Biblia traducen el versículo 6 como un deseo: “Esté su izquierda
bajo mi cabeza y su derecha me abrace”; pero la declaración
directa de la Reina-Valera es una traducción más exacta. El amado
viene a ella en su debilidad y la abraza, ya que él es su fortaleza.
Así también, San Pedro insta a los esposos: “vivid con ellas
sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil” (1
Pedro 3:7). Sin describir al hombre o la mujer como inferior o
superior, la Biblia normalmente señala al hombre como el líder.
Esta fuerte pero respetuosa cualidad en el amado es evidente en el
Cantar de los Cantares.
El versículo final de esta sección se presentará dos veces más
en el poema (3:5; 8:4). Cada vez que esto sucede, marca un cambio
en la trama. Aunque cada versículo en el Cantar está lleno de un
lenguaje figurado, este versículo es en especial fascinante. Algunos
sostienen que estas son las palabras del amado. Sin embargo, como
es la amada quien habla en los versículos anteriores y posteriores
a estos, es más probable que sea ella quien se expresa.
Aunque ella se dirige a las hijas de Jerusalén, ¡la palabra “os”
es de género masculino! Este es otro indicio de que Cantares tiene
un doble significado; la amada no se dirige solamente a las
mujeres. En el pasaje 1:4 se señaló que las doncellas que siguen
al rey podrían representar a los creyentes en general. Aquí también
podemos ver en las hijas de Jerusalén una referencia a la iglesia.
Muchas veces cuando la Escritura hace referencia al pueblo de
Dios lo menciona como Jerusalén; por ejemplo, Hebreos 12:22-
23 nombra a la iglesia en los cielos como “la Jerusalén celestial”.
Se les habla a las hijas de Jerusalén como si se les pidiera hacer
un juramento. De acuerdo con Deuteronomio 6:13, si la gente
hacía un juramento debía ser en el nombre de Dios, pero aquí ellas
son conjuradas por “las gacelas y las ciervas del campo”.
Probablemente se trata de un juego de palabras, ya que en hebreo
“ciervas” y “gacelas” (ayyaloth, sebaoth) suenan muy parecido al
nombre de “Dios de los ejércitos” (Elohei Sebaoth). El poema
contiene varios juegos de palabras de este tipo que se pierden en
la traducción, pero que son evidentes para los oyentes originales.
Las hijas de Jerusalén son conjuradas para que no despierten
ni hagan velar el amor. De nuevo aquí hay varias sugerencias sobre
el significado; algunos comentaristas sugieren que los amados
simplemente no quieren que los perturben, desean estar solos hasta
que estén listos para que los interrumpan. Pero el pasaje no habla
directamente de los amados, sino que habla de amor. Entonces, la
idea es que el amor no se puede apresurar. A veces las personas
están tan ansiosas por encontrar el amor que se lanzan a una
relación imprudente. En el campo religioso, por el deseo de la paz
interna y del amor de Dios, muchas veces el cristiano se acoge a
algo que no es verdadero. En el matrimonio y en la vida espiritual
el verdadero amor es un don de Dios, y no lo podemos forzar. Hay
que darle a Dios y al amor tiempo, él puede bendecir el matrimonio
y la vida con amor. Mientras tanto, permanezca cerca de él y de
su Palabra, la única fuente del amor verdadero y eterno.
8 ¡La voz de mi amado! ¡Ya viene,
saltando sobre los montes,
brincando por los collados!
9 Semejante a una gacela es mi amado;
como un joven cervatillo.
Helo aquí, está tras nuestra pared,
mirando por las ventanas,
atisbando por las celosías.
10 Habló mi amado, y me dijo:
«Amada mía, hermosa mía,
levántate y ven.
11 Ya ha pasado el invierno,
la lluvia ha cesado y se fue;
12 han brotado las flores en la tierra,
ha venido el tiempo de la canción
y se oye el arrullo de la tórtola en nuestro país.
13 Ya la higuera ha dado sus higos
y las vides en cierne, su olor.
»¡Amada mía, hermosa mía,
levántate y ven!
Estos versículos marcan otro cambio del paisaje. De la sala *
regresamos al campo. “¡La voz de mi amado!” Al escuchar la voz
de su amado, se emociona.
Aunque a través de todo el poema ella se refiere a Salomón
como su “amado”, no implica la idea de una relación sexual ilícita
comúnmente relacionada en la actualidad con la palabra “amante”.
La utiliza simplemente como un término de cariño para el que
ama; sólo en el ámbito del matrimonio (3:6-5:1) el Cantar sí habla
de la consumación física de ese amor. A propósito, es interesante
notar que el otro nombre de Salomón, Jedidías (2 Samuel 12:25),
significa “amado de Jehová”.
La emoción de Salomón es tan grande como la de ella, por lo
que se le representa a él brincando por el campo para llegar a
donde está su amada. Así el poema compara a Salomón con una
gacela o un cervatillo, porque estos animales simbolizan el vigor
y la velocidad juvenil.** También en 2 Samuel 2:18 se describe a
un joven veloz como “ligero de pies como una gacela del campo”,
y en el Salmo 18:33, David exalta la protección de Dios: “Quien
hace mis pies como de venados”.
Habiéndose apresurado a llegar a la casa de su amada, el rey
se asoma ansiosamente por las ventanas para tratar de verla. En
los versículos 10-13, la amada cita a Salomón, quien la invita a
salir. Ya ha pasado la estación lluviosa de invierno en Palestina,
aproximadamente de noviembre a marzo; al invitar a su amada
para que se reúna con él, Salomón describe un hermoso cuadro de
primavera: flores, tórtolas que arrullan, árboles y viñedos
florecidos que llenan el aire con su fragancia, toda la tierra
animada con cánticos.
Después del olivo, la higuera era el árbol más importante en
Israel, y se menciona frecuentemente en la Escritura. Este árbol
florece en marzo y pronto da sus primeros “higos”, pero el
verdadero fruto aparece más tarde y no madura hasta el otoño.
La primavera es otra imagen que la Escritura le aplica a Cristo
y su pueblo, la iglesia: “florecerá y echará renuevos Israel, y la faz
del mundo se llenará de frutos” (Isaías 27:6). Cuando Cristo vino,
hizo que todo fuera nuevo y fresco. Hasta el día de hoy, su
evangelio produce vida y fruto dondequiera que se siembra.
Quizá el autor desconocido del himno “Jesús Divino” estaba
pensando en el Cantar de Salomón cuando escribió:
¡Lindos los prados,
Bellos los bosques
Cuando adornados van con primor!
Cristo es más puro,
Cristo es más bello:
De corazón le doy loor.
(Culto Cristiano 38:2)
El amado
14 Paloma mía, //que anidas en lo oculto de la roca,
en lo escondido de escarpados parajes,
muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz,
porque tu voz es dulce//y hermoso tu aspecto.»
15 ¡Cazadnos las zorras,
esas zorras pequeñas
que destruyen las viñas,
nuestras viñas en cierne!
La amada
16 ¡Mi amado es mío y yo soy suya!
Él apacienta entre los lirios.
17 Mientras despunta el día//y huyen las sombras,
vuelve, amado mío,
como una gacela o un cervatillo
por los montes de Beter.
El versículo 14 es uno de los muchos lugares donde Salomón
se refiere a su amada con la palabra “paloma” (también 1:15; 4:1;
5:2; 6:9). Hay varias palabras hebreas para “paloma” y la que se
utiliza en estos versículos es la paloma de las peñas (yonah, de
donde proviene el nombre Jonás). Anteriormente en este capítulo
(2:12) se refiere a la tórtola.
Como la tímida paloma de las peñas que se esconde en los
agujeros de la peña, la joven permanece en su casa. El amado
quiere ver su hermoso rostro y oír su dulce voz; esta vez en lugar
de animarla con la mención de la primavera y la naturaleza, señala
un desafío que enfrentan: deben cazar las zorras (o chacales) “que
destruyen las viñas”. Aunque las zorras entran a las viñas y se
comen las uvas, causan más daño porque escarban las raíces de
las vides.
Estas zorras pueden representar todo lo que puede destruir el
amor entre el hombre y la mujer: el orgullo, el egoísmo, los celos,
la lujuria, los malos hábitos, y la falta de confianza. Por esto, el
amado invita a la doncella a que resuelvan cualquier problema que
puedan enfrentar. Antes del matrimonio, en la primavera del amor,
es el mejor tiempo para enfrentar y vencer los obstáculos que el
amor encara.
Ella responde con una declaración de fervor: “Mi amado es
mío, y yo suya”. Estas palabras se utilizan con frecuencia como
tema para las bodas, porque sirven para recordar la fidelidad que
Dios espera en el matrimonio. El rey pastor, que alimenta a sus
rebaños “entre lirios”, y su amada se pertenecen exclusivamente
el uno al otro.
En el Antiguo Testamento, el compromiso era el primer paso
en el matrimonio. El compromiso entre un hombre y una mujer
era obligatorio antes de que se realizara la ceremonia del
matrimonio, después de la cual el novio tomaba a la novia para
vivir juntos. En el antiguo Israel la infidelidad de uno de los novios
tenía el mismo castigo que la infidelidad entre los cónyuges: la
muerte (Deuteronomio 22:22-24).
Urge que nuestra sociedad aprenda del Cantar lo que es el
compromiso. Si se entiende correctamente, el noviazgo es una
promesa de matrimonio; pero por lo general se trata al noviazgo
(como sucede con el matrimonio) de manera ligera: con facilidad
se comienza una relación y luego se rompe de la misma manera.
En el versículo final, la joven parece que ve su futuro
matrimonio y anhela el veloz retorno del amado, “como una gacela
o un cervatillo”. Para ella la vida será oscura, hasta que él venga
y la refresque como la brisa de la mañana.
El último renglón de esta sección nos recuerda la dificultad en
la interpretación del Cantar. Aunque es uno de los libros más cortos
de la Biblia, el Cantar de los Cantares contiene la mayor cantidad
de hapax legomena, es decir, palabras que se encuentran sólo una
vez en el idioma original. Cuando hay poca o ninguna oportunidad
de comparar el uso de una palabra en varios contextos, su
significado puede ser incierto. Aunque se utiliza en otra parte del
Antiguo Testamento, la palabra que se traduce como “los montes
de Beter” una de las muchas palabras difíciles del Cantar; también
puede significar “separación” o “hendidura”. Al tratarse de este
significado, algunos comentaristas ven los “montes de separación”
como una referencia a los senos de una mujer. Si es así, el versículo
expresa el deseo de la consumación del matrimonio. Otras
traducciones, como la Reina-Valera, versión de 1995, tratan la
palabra como un nombre propio, “los montes de Beter”, que
significa según la Nueva Versión internacional las “colinas
escarpadas”.* Entonces la referencia es a obstáculos: el amado se
debe apresurar por encima de todos los obstáculos que se presenten
entre él y su amada.
En cualquier caso, claramente la doncella anhela el regreso de
Salomón; los siguientes versículos demuestran cuán grande es ese
anhelo. 3Por las noches busqué en mi lecho
al amado de mi alma;
lo busqué, mas no lo hallé.
2 Pensé entonces:
«Me levantaré, recorreré la ciudad,
y por calles y plazas
buscaré al amado de mi alma.»
Lo busqué, mas no lo hallé.
3 Me hallaron los guardias//que rondan la ciudad,
y les pregunté: «¿Habéis visto al amado de mi alma?»
4 Apenas me aparté de ellos un poco,
hallé al amado de mi alma;
me así a él, y no lo dejé
hasta llevarlo a casa de mi madre,
a la habitación de quien me dio a luz.
5 ¡Yo os conjuro, hijas de Jerusalén,
por las gacelas y las ciervas//del campo,
que no despertéis a mi amor!
¡Dejadla dormir mientras quiera!
Como esta secuencia ocurre en la noche y en su cama, se
podría tratar de un sueño de la amada. Teme que algo pueda
suceder y que pierda al amado antes de la boda.
La Biblia muchas veces presenta la noche como la hora de los
problemas. En su sufrimiento, Job habla de los pesares de la noche:
“Noches de sufrimiento me tocaron en suerte. Cuando estoy
acostado, digo: “¿Cuándo me levantaré?”. Mas la noche es larga
y estoy lleno de inquietudes hasta el alba.” (Job 7:3-4). Solamente
en el cielo estaremos completamente libres de la oscuridad y de
los pesares de la noche (Apocalipsis 22:5).
En su noche miserable, la amada busca pero no puede
encontrar a su amado; se refiere a él cuatro veces como “el amado
de mi alma” indicando de esa manera el profundo afecto que le
profesa.
Sale a las calles a buscarlo. No importa si está soñando o si
realmente va caminando por las calles. Esta es una representación
de lo que sueña o lo que hace, movida por el agitado estado mental
en que se encuentra, porque las mujeres no debían salir solas de
noche.
Al comienzo no encuentra a su amado, pero se encuentra con
los guardas de la ciudad. Más tarde (5:7) ella tendrá un encuentro
más trágico con un guarda malvado. En ocasiones, los profetas
describieron como guardas a los predicadores y a los jefes
espirituales. Por ejemplo, Dios le dijo a Ezequiel: “Yo te he puesto
por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, la palabra de mi boca,
y los amonestarás de mi parte” (Ezequiel 3:17). Los guardas
espirituales, deben mostrar los peligros y deben dirigir el pueblo
a Cristo.
La amada les pregunta a los guardas si han visto “al amado de
mi alma”. Al parecer le indicaron muy bien el camino, porque tan
pronto como ella se retira, encuentra el objeto de su búsqueda, se
agarra de él y lo trae a su casa. Pronto podrá estar con él por
siempre, la boda se acerca pronto.
La primera de las partes principales del Cantar de los Cantares
termina con el estribillo: “No despertéis a mi amor…”, dando una
conclusión alentadora a la búsqueda frenética de su amado.
Aunque temía que lo había perdido, él nunca estuvo lejos, sólo era
cuestión de tiempo para verlo.
Sería conveniente hacer un resumen de esta primera parte antes
de pasar a la siguiente división, La Boda. Hemos considerado
varias interpretaciones del Cantar y hemos visto dos corrientes
principales que fluyen a través del poema: el florecimiento del
amor entre un hombre y una mujer, y otro significado escondido
detrás de este, una representación del amor entre Cristo y su
pueblo. La primera es una bella historia de amor en la primavera,
marcada por: sinceridad, perdón, y pureza. Ese amor es
verdaderamente un don de Dios, que los jóvenes cristianos orarán
para que puedan encontrar y dar esta clase de amor en su
matrimonio.
El segundo amor también es un don de Dios, el amor
perdonador de Cristo por nosotros siempre es nuevo y puro.
Aunque en la noche del pesar podemos sentir que lo hemos
perdido, él nunca está lejos de nosotros.
“Ven conmigo desde el Líbano, oh esposa mía;
ven conmigo desde el Líbano”
LA BODA
CANTAR DE LOS CANTARES 3:6–5:1
El aire caliente del verano se llena de emoción cuando aparece
en el horizonte la gran procesión. Resuena un grito: “¡Mirad, viene
el novio!”
6 ¿Qué es eso que sube del desierto
cual columna de humo,
perfumado de mirra e incienso,
y de todo polvo aromático?
7 ¡Ved, es la litera de Salomón!
Sesenta valientes la rodean,
de entre los fuertes de Israel.
8 Todos ciñen espada//y son diestros en la guerra;
cada uno lleva su espada al cinto,
por los peligros de la noche.
9 El rey Salomón se hizo una carroza
de madera del Líbano,
10 con columnas de plata,
respaldo de oro
y asiento de grana;
su interior, recamado de amor
por las hijas de Jerusalén.
11 ¡Hijas de Sión, salid! Ved al rey Salomón
con la corona que le ciñó su madre
el día de su boda,
el día del gozo de su corazón.
Este es uno de los varios pasajes de la Escritura que describen
la antigua procesión judía del matrimonio. El Salmo 45 describe
la pompa de un matrimonio real, y la parábola que narró Jesús de
las diez vírgenes (Mateo 25:1-13) capta la expectativa de la
procesión de la media noche. Fred Wight en su libro Manners and
Customs of Bible Lands (Modales y Costumbres de las Tierras
Bíblicas) da la oportunidad de ver cómo se llevaba a cabo esta
costumbre.
En ocasiones los parientes de la novia, la llevaban
de la casa de su padre a la casa de su prometido, a su
nuevo hogar. Pero era más común, como en el caso de
las diez vírgenes en la parábola de Cristo, que el novio
mismo fuera en persona a llevarla al hogar de él, donde
se llevaban a cabo las festividades de la boda…
El novio y la novia, salían de la casa de los padres
de ella, y les seguía una gran procesión por todo el
camino hasta llegar a la casa de él. Las calles de las
ciudades asiáticas eran oscuras, y era necesario que
cualquiera que se aventurara a caminar de noche
llevara una lámpara o una antorcha. Los invitados que
no iban a la casa de la novia se podían unir a la
procesión a lo largo del camino, e ir con todo el grupo
a la fiesta del matrimonio. Sin una antorcha o una
lámpara no se podían unir a la procesión, ni entrar en
la casa del novio…
Al ir de la casa de la novia a la casa del novio, la
novia se dejaba el cabello suelto y ondeando [para ser
arreglado por las mujeres en la casa del novio], pero
tenía la cara velada. Algunos de sus parientes iban
delante de ella en la procesión, y les daban espigas de
grano tostado a los niños a lo largo del camino. Había
grandes demostraciones de alegría en el camino hasta
el lugar de llegada. Formaban parte de la procesión
hombres que tocaban tambores u otros instrumentos
musicales, y se bailaba durante la misma…6
El Cantar representa a Salomón que viene a tomar a su novia:
“sube del desierto”. Desde el tiempo del Éxodo, el desierto o el
yermo, se convirtieron en el símbolo de la transición de la
esclavitud a la libertad, de la humillación a la gloria. Aquí
simboliza la transición del rey de su estado anterior a las alegrías
del matrimonio. Está rodeado de una riqueza de colores y aromas:
el olor del incienso se mezcla con el polvo del camino que se
arremolina para formar una nube de olorosa fragancia.
El poeta, al describir esta procesión real, primero le da atención
especial a la escolta de Salomón y después a su litera. De acuerdo
con 1 Samuel 27:2 y 30:9, el rey David tenía seiscientos soldados
personales. Los sesenta guerreros que acompañaban a Salomón
pudieron ser una élite, la décima parte de la guardia real. Este
grupo selecto estaba integrado por guerreros con experiencia, o
sea la crema y nata de la guardia real.
En el campo espiritual estos guerreros armados representan a
los ángeles que acompañarán a Cristo cuando regrese en gloria al
final del mundo (Mateo 25.31). Ciertamente Jesús describe su
regreso glorioso como el de un novio que viene a llevar a su novia
a casa. “Y si me voy y os preparo lugar, vendré otra vez, y os
tomaré a mí mismo, para que donde yo esté, vosotros también
estéis” (Juan 14:3).
La litera de Salomón también es espléndida; la palabra que se
traduce como “litera es más probable que se refiera a un palanquín,
o un lecho que era llevado por sirvientes. Se hacía a la medida,
con materiales raros y costosos como: oro, plata, y madera del
Líbano. El púrpura era el color de la realeza y se extraía de
mariscos del Mediterráneo. El Nuevo Testamento relata que los
soldados vistieron a Jesús con un manto de púrpura para
escarnecer al “Rey de los judíos” (Juan 19:2-3). ¡Sin darse cuenta
que en realidad ese color correspondía al Rey de reyes! El interior
del primoroso palanquín o litera de Salomón estaba “recamado de
amor” por las mujeres de Jerusalén, también conocida como Sión.
Ahora estas mujeres están invitadas a venir y ver al gran rey
en procesión. El último versículo de este pasaje hace que ya no
tengamos la atención puesta en todas las cosas que rodean a
Salomón sino en el hombre mismo. Lleva puesta la corona
matrimonial con la cual lo coronó su madre Betsabé. Esa
coronación fue diferente de la coronación real en la cual el sumo
sacerdote coronó al rey (1 Reyes 1:32-48; 2 Reyes 11:11-20). De
acuerdo con la costumbre antigua, no sólo el rey sino todo novio
llevaba puesta una corona. Fred Wight ofrece una descripción del
novio de esta época:
Cuando llegaba la noche en que comenzaban las
festividades del matrimonio, y era hora de ir por la
novia, el novio se trataba de vestir lo más parecido
posible a un rey. Si era suficientemente rico para
costearlo, llevaba puesta una corona de oro; si no, era
una guirnalda de flores frescas. Sus vestidos se
perfumaban con incienso y mirra, su faja era de seda
de color brillante, sus sandalias se adornaban con
figuras y se amarraban cuidadosamente, y todo esto
daba efecto a los tejidos corrientes de las túnicas
sueltas y a los elegantes modales peculiares a las tierras
del Oriente. Por un momento el campesino parecía un
príncipe entre sus compañeros, y era tratado con la
reverencia que requería su exaltado rango. 7
Así como cada novio se convertía en un rey el día de su boda,
Salomón se convierte por un día en algo diferente a un rey. En el
día de su boda todo hombre experimenta la alegría del amor, este
es “el día del gozo de su corazón”.
El amado 4 ¡Qué hermosa eres, amada mía,
qué hermosa eres!
¡Tus ojos son como palomas
en medio de tus guedejas!
Tus cabellos, como manada de cabras
que bajan retozando//las laderas de Galaad.
2 Tus dientes, como manada de ovejas
que suben del baño recién trasquiladas,
todas con crías gemelas,
ninguna entre ellas estéril.
3 Tus labios son como un hilo de grana;
tu hablar, cadencioso;
tus mejillas,
como gajos de granada detrás de tu velo.
4 Tu cuello, como la torre de David,
edificada para armería:
de ella cuelgan mil escudos,
escudos todos de valientes.
5 Tus dos pechos, como gemelos//de gacela
que se apacientan entre lirios.
6 Mientras despunta el día//y huyen las sombras,
me iré al monte de la mirra,
a la colina del incienso.
7 ¡Qué hermosa eres, amada mía!
No hay defecto en ti.
Como la descripción del novio está completa, con estos
versículos nos dirigimos a la novia. Wight anota que “el adorno
de la novia consistía en un ornato muy costoso y cuidadosamente
elaborado, que llevaba mucho tiempo para prepararlo”. 8 Cuando
Salomón observa a su novia exalta su belleza; comienza
describiendo siete de sus características. No es una coincidencia
que escoja siete, ya que este es el número de lo completo y de la
perfección (vea los comentarios a Eclesiastés 3:1-8). A los ojos del
rey, su novia es perfecta.
Primero habla de sus ojos, llamándolos de nuevo palomas, al
verlos moverse “detrás del velo”.(como traducen varias versiones)
Por lo general, las mujeres no usaban velos, como se observó en
los comentarios del pasaje 1:7. Sin embargo, en ocasiones
especiales se podían cubrir el rostro con un velo. Cuando Rebeca
le fue presentada por primera vez a su futuro esposo Isaac, “ella
entonces tomó el velo, y se cubrió” (Génesis 24:65). Y cuando
Jacob recibió a Lea como esposa, no la reconoció; aparentemente
ella llevaba un velo (Génesis 29:22-25). Parece que los
compromisos y las bodas eran ocasiones para utilizar el velo.
La segunda característica que Salomón describe es su cabello.
La comparación con una “manada de cabras” nos puede parecer
algo extraña, pero si alguna vez ha visto una manada de cabras
negras bajando por una colina, entenderá las imágenes de su
cabello largo, lleno de gracia, negro azabache, ondeando con el
viento. Galaad, una montaña al oriente del mar de Galilea, es una
de las muchas referencias a los orígenes norteños de la novia.
Salomón muestra la consideración que tiene por su novia mediante
las muchas alusiones favorables a la tierra que ella ama.
Tercero, el rey habla de los dientes de su amada: blancos,
uniformes, y relucientes, como ovejas recién trasquiladas saliendo
del agua. La mención de gemelas da la imagen de la uniformidad
de sus dientes.
Se mencionan a continuación sus labios y su boca. Los labios
“como un hilo de grana” puede ser una referencia a un lápiz labial,
ya que los cosméticos eran utilizados comúnmente en el Medio
Oriente. Además de tener el color preciso, su boca está
perfectamente formada: es “encantadora”.
La quinta comparación que hace Salomón es entre las mejillas
de su amada y la granada, cuyo color rojizo sería una descripción
adecuada de su apariencia. La granada es una fruta muy refrescante
y era una comida popular de la época bíblica. Imágenes de
granadas ornamentaban el ruedo de las orlas del sumo sacerdote
(Éxodo 28:33) y las grandes columnas en frente del templo de
Salomón (1 Reyes 7:20).
La sexta característica de la novia es su cuello. Aquí Salomón
pasa de comparaciones pastorales a algo de su origen: el cuello de
su amada es recto y noble “como la torre de David”. El rey
Salomón había colgado en su palacio doscientos escudos de oro
grandes y trescientos pequeños (1 Reyes 10:16,17); las joyas de
oro que estaban alrededor del cuello de la novia son un recuerdo
de esos escudos.
La séptima y última característica que alaba Salomón son los
pechos de la novia. Mientras que en la actualidad los lectores
cristianos se podrían ofender un poco por las referencias físicas,
eso no incomodaba a los antiguos. El Señor mismo utilizó esa clase
de palabras para expresarse por medio del profeta Isaías: “Para
que [vosotros mi pueblo] maméis y os saciéis de los pechos de sus
consolaciones; para que bebáis copiosamente con deleite de la
abundancia de su gloria” (Isaías 66:11). Y se exhorta a los
cristianos a desear “como niños recién nacidos, la leche espiritual
no adulterada” (1 Pedro 2:2). Probablemente la comparación de
los pechos de la mujer con las crías gemelas describe su suavidad.
Con esta referencia Salomón completa la descripción en siete
partes (séptupla) de la belleza de su novia.
La primera parte del versículo 6 es una repetición del [Link]
“Mientras despunta el día y huyen las sombras”, donde hablaba la
mujer, pero ahora Salomón utiliza las palabras de ella, esperando
estar a su lado hasta el rayar del alba. Al mencionar la mirra y el
incienso, recuerda la conversación de la amada sobre perfumes y
fragancias (1:12-14). El monte de mirra también puede ser una
sutil alusión al monte Moriah sobre el cual estuvo el templo. La
palabra hebrea para mirra, mor, es similar a Moriah. ¡Ciertamente
el mejor lugar para comenzar un matrimonio es en la presencia del
Señor con su bendición y guía!
Salomón termina la descripción de su novia de la misma
manera como comenzó: “Qué hermosa eres, amada mía”, pero
ahora agrega: “No hay defecto en ti”. Para él ella es perfecta,
porque la ve con los ojos del amor.
En Efesios 5:22-33 el apóstol Pablo compara magistralmente
el matrimonio cristiano con la boda espiritual de Cristo y su
pueblo. El amor generoso y perdonador que un esposo debe tener
por su esposa es una representación del amor de Cristo por su
iglesia.
“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la
iglesia, y se entregó a sí mismo por ella”. Cristo ha muerto por
nosotros y nos ha limpiado de nuestros pecados. A los ojos de Dios
somos perfectos, porque él nos ve a través de los ojos del amor.
De esta misma manera los esposos deben amar a sus esposas.
8 Ven conmigo del Líbano, esposa mía;
baja del Líbano conmigo.
Mira desde la cumbre del Amana,
desde la cumbre del Senir y del Hermón,
desde las guaridas de los leones,
desde los montes de los leopardos.
9 Me robaste el corazón, hermana, //esposa mía;
me robaste el corazón//con una mirada tuya,
con una gargantilla de tu cuello.
10 ¡Cuán hermosos son tus amores, hermana, esposa mía!
¡Cuánto mejores que el vino tus amores,
y la fragancia de tus perfumes
más que toda especia aromática!
11 ¡Esposa mía! Tus labios,//como un panal, destilan miel;
miel y leche hay debajo de tu lengua,
y el aroma de tus vestidos
es como la fragancia del Líbano.
La procesión real de bodas ha llegado (3:6-11). Cuando
Salomón ve a la novia alaba su belleza (4:1-7). Ahora la invita
formalmente a venir y vivir con él (4:8-11). Mientras le pide que
deje su hogar del norte y lo acompañe a su palacio en Jerusalén,
el rey le reafirma a la novia su profundo amor por ella.
Por primera vez Salomón llama a su amada “esposa mía”. En
la invitación a que se vaya de su tierra natal, hace mención de
varias montañas o cadenas de montañas: Líbano, Amana y
Hermón, todas situadas al norte de Galilea; y Salomón las utiliza
de una manera general para referirse al norte del país. Cada uno
de estos nombres tiene conexiones con la historia bíblica.
El nombre Líbano significa “blanco” y viene de la
impresionante cadena de montañas cubiertas de nieve que se
levantan en el área que corre paralela a la costa del Mediterráneo.
Esta área todavía es famosa por los cedros que se utilizaron en la
construcción del templo de Salomón (1 Reyes 5:6). El pequeño
país de Líbano es probablemente la parte más bella del Medio
Oriente, pero desafortunadamente en nuestros días esta tierra ha
sufrido mucha guerra y destrucción.
Unos pocos kilómetros al oriente de las montañas del Líbano
está una cadena paralela conocida como la cadena Antilíbano. Su
pico más alto es el monte Hermón (2,800 metros), también
llamado Senir, localizado a unos setenta kilómetros al noreste del
mar de Galilea. La fuente principal del río Jordán es la nieve que
se derrite del monte Hermón. En la mitad de un territorio árido,
“el rocío de Hermón” (Salmo 133:3) llegó a simbolizar vida y
alegría. Muchos consideran que este fue el sitio de la
transfiguración de Cristo.
La otra área montañosa que menciona Salomón es Amana.
Esas montañas están en el extremo norte de la cadena Antilíbano,
y de ellas vienen las aguas del río Abaná, que corre por la ciudad
de Damasco. Cuando el profeta Eliseo le indicó a Naamán que se
lavara en el río Jordán y fuera limpio de su lepra, Naamán, que era
de Damasco, respondió inicialmente: “El Abaná y el Farpar, ríos
de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel?” (2
Reyes 5:12) Las alturas del norte con sus bosques y ríos
espumosos eran conocidas por su belleza.
Pero Salomón le recuerda a su novia que también la está
sacando de los peligros de esa región, donde se encuentran “las
guaridas de los leones” y “los montes de los leopardos”. En una
época esos animales abundaban en el territorio de la Biblia y
fueron un verdadero peligro en el campo (todavía se encuentran
leopardos en la región). Sansón una vez fue atacado por un león
(Jueces 14:5-6), y David tuvo que matar un león para proteger a
su rebaño de ovejas (1 Samuel 17:34-36). El Antiguo Testamento
también utiliza estos animales de manera simbólica para
representar peligros y castigos. Por medio del profeta Jeremías,
Dios previno así a su pueblo: “El león de la selva los matará,…el
leopardo acechará sus ciudades; cualquiera que de ellas salga será
arrebatado” (Jeremías 5:6). Así como Salomón protege a su esposa
en el Cantar, Cristo protege a su pueblo del mal. De la misma
manera los esposos deben cuidar de sus esposas.
Cuando Salomón reafirma su cuidado y amor por su novia, nos
recuerda que ella le robó el corazón. ¡Por segunda vez la llama
“esposa mía” mientras que también se refiere a ella como
“hermana”! Este es un término cariñoso y no tiene connotación
incestuosa, sino que expresa un deseo de familiaridad.
Salomón repite algunas de las cosas que su amada ha dicho
durante los días de sus cortejos; es como si recordara todas las
palabras que ella pronunció en el pasado. El rey declara que el
amor de ella es más placentero “que el vino”, hablando de forma
similar a lo que ella antes había dicho: “Mejores son tus amores
que el vino” (1:2). Ahora Salomón alaba “la fragancia de tus
perfumes”, tal como una vez ella dijo: “Exquisitos de aspirar son
tus suaves perfumes” (1:3). Él exclama: “tus labios, como un panal
destilan miel”, haciendo eco de la manera como ella comenzó el
Cantar con las palabras: “si él me besara…” (1:2).
El rey habla de la dulzura de sus besos como si fueran “miel y
leche”. Seguramente también debió tener en mente la bien
conocida referencia a la tierra de Israel como la tierra de la cual
“fluye leche y miel” (Deuteronomio 31:20). Así como Dios
bendijo al pueblo con la tierra prometida, también la esposa de
Salomón era un don del Señor. Con mucha frecuencia los casados
se olvidan de que el cónyuge es una bendición del Señor; en lugar
de estar agradecidos y apreciar sus buenas cualidades, le
encuentran defectos y se quejan. Pero los cristianos solícitos
siguen considerando a su cónyuge como un don de Dios, porque
eso es.
La nota final de Salomón compara la fragancia de los vestidos
de su novia con la del Líbano, tal vez haciendo una referencia al
olor del cedro. El otro gran cantar de bodas del Antiguo
Testamento, en el Salmo 45, habla del olor de los vestidos del
novio, “mirra, áloe y casia”. Parte de la riqueza del Cantar de
Salomón está en los muchos llamados que hace a los cinco
sentidos.
12 Jardín cerrado eres, hermana mía,//esposa mía;
fuente cerrada, sellado manantial,
13 vergel de renuevos de granado,
de frutos suaves,
de flores de alheña y de nardos,
14 nardo y azafrán,
caña aromática y canela,
árboles de incienso
y de mirra, áloes
y las más aromáticas especias.
15 Manantial de los jardines,
pozo de aguas vivas
que descienden del Líbano.
La procesión de la boda y el regocijo han terminado. Desde
ahora hasta el final de la sección de la boda, las imágenes cambian
a las de un jardín. Con esta modesta escena comienza la
consumación del amor (4:12–5:1).
Salomón dice: “Jardín cerrado eres”. El jardín cerrado y
amurallado todavía es común en el Medio Oriente, impidiendo así
la entrada de ladrones y animales; sólo el propietario legítimo tiene
acceso a él. Que la novia sea un jardín cerrado indica que es virgen,
o sea, se ha conservado pura para su esposo. El novio hace énfasis
en este pensamiento agregando que ella también es “fuente
cerrada, sellado manantial”. Este ideal es el que la Biblia tiene para
los jóvenes cristianos. En nuestra época de promiscuidad sexual
prematrimonial, todavía es el plan de Dios que una pareja se
guarde sólo para su vida matrimonial.
Bajo las leyes del Antiguo Testamento, una joven era
apedreada hasta morir si cometía vileza “fornicando en casa de su
padre”, es decir, antes de casarse. Y los cónyuges que eran infieles
corrían con la misma suerte (Deuteronomio 22:13-29). Esa es la
altura del valor que Dios le ha dado a la pureza y al compromiso
total entre el esposo y la esposa.
Aunque nosotros no vivimos bajo las mismas leyes civiles,
también nos debemos conducir en castidad antes y después del
matrimonio. El Nuevo Testamento lo señala muchas veces; por
ejemplo, Hebreos 13:4 afirma: “Sea honroso en todos el
matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los
adúlteros los juzgará Dios”. Y en 1 Corintios 6:18-20 San Pablo
afirma: “Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el
hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra
su propio cuerpo peca. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo
del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual habéis recibido
de Dios, y que no sois vuestros?, pues habéis sido comprados por
precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro
espíritu, los cuales son de Dios”. Si no nos hemos guardado puros
es tiempo de arrepentirnos y cambiar, porque Dios estableció el
matrimonio para que sea un compromiso sólo entre los cónyuges
y con nadie más.
Salomón continúa con una descripción de su novia, su jardín.
La palabra que se traduce como “vergel” es la palabra pardes. Se
encuentra sólo en otros dos lugares en el Antiguo Testamento:
Eclesiastés 2:5, donde se traduce como “jardines”, y en Nehemías
2:8 donde se traduce como “bosque”. La amada del rey es un
paraíso para él, llena de toda clase de frutas y especias. Ya hemos
tratado varias de estas plantas: granados (4:3), alheña (1:14),
nardos (1:12), y mirra (1:13).
Aquí podemos considerar brevemente las otras especias y
fragancias que Salomón menciona. El azafrán no se menciona en
ninguna otra parte del Antiguo Testamento; para obtener 30
gramos de esta preciosa especia se requieren más de 4,000 flores.
La caña aromática se puede referir a un junquillo o, en este caso
probablemente, a una hierba de la cual se extrae aceite de jengibre.
La canela viene de la corteza de un árbol originario del sureste de
Asia; fue utilizada en el aceite especial para la unción preparado
por Moisés (Éxodo 30:22-29). El incienso era la resina de otro
árbol que no crecía en Israel; fue uno de los regalos que los magos
le ofrecieron a Jesús (Mateo 2:11). El áloe puede ser una de varias
plantas; muy posiblemente es la misma especie con la cual se
sepultó el cuerpo de Jesús (Juan 19:39-40). El hecho de que
Salomón nombre estas plantas raras muestra lo preciosa que es su
novia para él.
Finalmente, ella es el “manantial de los jardines… [el] pozo
de aguas vivas”: rebosa vida y alegría. Es interesante que Jesús
describa a los creyentes de la misma manera: “El que cree en mí,
como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”
(Juan 7:38). Aunque no se sabe con certeza a qué pasaje de la
Escritura se refiere (véanse Isaías 58:11; Zacarías 14:8), las
palabras de Cristo reflejan las del Cantar. Como la novia de Cristo,
los creyentes están llenos de agua de vida eterna.
Para subrayar lo que se dijo en la Introducción: cuando vemos
referencias espirituales en el libro del Cantar de los Cantares, no
es porque estemos leyendo entre las líneas; más bien, nos
encontramos viendo el matrimonio como lo hace la Biblia a través
de sus páginas. La relación en el matrimonio es un constante
recordatorio de esta otra: la eterna relación entre Jesús y su novia,
la iglesia.
La amada
16 ¡Levántate, Aquilón, y ven, Austro!
¡Soplad, y mi jardín//desprenda sus aromas!
¡Venga mi amado a su jardín
y coma de sus dulces frutos!
El amado 5 He venido a mi jardín,
hermana, esposa mía;
he recogido mi mirra y mis aromas,
he comido mi panal y mi miel,
mi vino y mi leche he bebido.
La amada responde a la imagen del huerto cerrado, cuando lo
abre para su esposo en la boda, invitando a los vientos a soplar en
su “jardín”. La mezcla apropiada del viento frío del norte que viene
de las montañas con el viento caliente del sur que viene del
desierto crea un buen clima para producir las cosechas.* El deseo
de la novia es que pueda ser para su esposo ese bello huerto que él
ha descrito. Ahora es el tiempo para el pleno despertar del amor.
Ella se somete amorosamente al deseo de su esposo. Esto
también se debe cumplir en el matrimonio, como se bosqueja en
Efesios 5:22-33. El esposo debe amar a su esposa con un amor
como el de Cristo; ella se “somete” y “respeta” a su esposo. San
Pablo dice: “Como la iglesia está sometida a Cristo, así también
las casadas lo estén a sus maridos en todo”.
Estos son los papeles que Dios les ha asignado en el
matrimonio; no es una relación de tiranía y servil esclavitud, como
dicen algunos desdeñosamente. No, esta es una unión para amar y
dar, moldeada como el vínculo que hay entre Dios y su pueblo.
Así como la unión espiritual tiene una cabeza, así también la tiene
la unión matrimonial. El pasaje de Efesios enseña: “Porque el
marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la
iglesia”.
En la unión entre el esposo y la esposa hay otro factor
importante que la novia menciona: “Venga mi amado a su jardín”.
Sobre todo le pertenecemos a Dios nuestro Creador y Salvador;
en el matrimonio también le pertenecemos a nuestro cónyuge. El
jardín de la novia también es “el jardín” del novio. El apóstol Pablo
también subraya esta verdad: “La mujer no tiene dominio sobre
su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido
dominio sobre su propio cuerpo, sino la mujer” (1 Corintios 7:4).
Después de la consumación de su matrimonio, el novio se
regocija: “He venido a mi jardín…” ha entrado en el huerto, que
le pertenece sólo a él y no a ningún otro. La mirra y las especias,
el vino, y la leche, y la miel, son suyas para que las disfrute.
Con esta escena del huerto, el Cantar de los Cantares vuelve
al huerto de Edén y a la primera pareja (Génesis 2:18-25). Cuando
Dios creó la mujer y la trajo al hombre, Adán exclamó con alegría:
“Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne”. El relato
del Génesis continúa: “Y serán una sola carne. Estaban ambos
desnudos, Adán y su mujer, pero no se avergonzaban”.
Desde la caída en pecado, la institución divina del matrimonio
ha sido arruinada con toda clase de abusos e iniquidades. Sin
embargo, en su mejor expresión, la vida matrimonial todavía
puede reflejar el Edén. Esto sucede cuando el esposo y la esposa
viven juntos bajo Dios y siguen su voluntad. Se requiere más que
un amor romántico o una atracción física en la que la unión de dos
personas verdaderamente lleguen a ser una carne, se requiere de
Dios.
Él diseñó el matrimonio, y quiere que sea una experiencia
feliz. Las palabras finales del Cantar sobre la boda muestran esto:
Los amigos
Comed, amados amigos;
bebed en abundancia.
Junto con las palabras de la novia (4:16) y las del novio (5:1),
este medio versículo cae en la mitad del poema; esta sección
central es el corazón del Cantar. La novia y el novio se han dado
el uno al otro, han llegado a ser uno; todo en el noviazgo y en la
boda condujo hasta ese punto. Todo lo que ahora sigue lo reafirma.
Según la Nueva Versión Internacional, estos renglones son
dichos por los “amigos”, pero como el poema acaba de tratar la
parte más íntima de la boda, su consumación, no es probable que
los amigos estén presentes. Otros han sugerido que el viento está
personificado y les habla a los amados en su huerto. Hay una mejor
opción de quien está hablando, Dios mismo. Parece muy adecuado
que el Señor selle esta boda con su bendición, pues la unión de un
hombre y una mujer en matrimonio tiene la bendición de Dios.
Uno de los proverbios de Salomón lo afirma de esta manera: “El
que halla esposa, halla el bien, y alcanza la benevolencia de
Jehová” (Proverbios 18:22).
Los dos son llamados “amigos” y “amados”. Con estos papeles
el esposo y la esposa cumplen el plan original del matrimonio
(Génesis 2:18-25). Al comienzo Dios dijo: “No es bueno que el
hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.” Para responder a
la necesidad de compañía que tenía el hombre, Dios creó la mujer
y estableció el matrimonio para que sea la amistad más cercana
entre dos seres humanos. Más aún, el relato de Génesis también
declara que “serán una sola carne”: llegan a ser uno de muchas
maneras, y en especial física y sexualmente. Es por eso que la
infidelidad golpea tan devastadoramente la unión matrimonial. El
apóstol Pablo trata este tema en el mismo contexto en el que
describe nuestro cuerpo como el templo de Dios: “¿Quitaré pues,
los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? ¡De
ninguna manera! ¿O no sabéis que el que se une con una ramera,
es un cuerpo con ella?, porque ¿no dice la Escritura: Los dos serán
una sola carne’” (1 Corintios 6:15-16). El sexo está destinado
únicamente para el matrimonio.
La amistad y la unión sexual, son dos de las principales
bendiciones del matrimonio; por lo tanto se exhorta a los dos
amigos y amantes a comer y beber en abundancia. Dios le sonríe
a la pareja y le desea las alegrías de la vida de casados.
Con esta bendición la boda del Cantar llega a su fin. Sería
erróneo salir de esta feliz escena sin mirar una vez más a nuestro
novio celestial, Jesucristo. Al fin del mundo vendrá en gloria con
todos sus ángeles y tomará su novia con él; entonces nos uniremos
a “las bodas del Cordero” (Apocalipsis 19:7-9). Pero ya tenemos
la alegría de su presencia invisible. Comparándose a él mismo con
el padrino y a Cristo con el novio, Juan el Bautista expresó la
alegría de todo creyente: “El que tiene a la novia, es el esposo;
pero el amigo del esposo, el que está a su lado y lo oye, se goza
grandemente de la voz del esposo. Por eso mi gozo está completo”
(Juan 3:29). Cristo también habló de la alegría que él trae: “¿Acaso
pueden los que están de bodas tener luto entretanto que el novio
está con ellos?” (Mateo 9:15)
La Biblia hace muchas comparaciones entre una boda y
nuestra unión espiritual con Cristo. La Escritura también menciona
algunas diferencias. La unión entre los esposos dura sólo durante
esta vida y termina con la muerte (Mateo 22:30; Romanos 7:2),
pero con Cristo tenemos vida eterna (Juan 11:25-26). El
matrimonio terrenal se consuma con la unión física; “pero el que
se une al Señor, es un solo espíritu con él” (1 Corintios 6:17). Por
último, las relaciones de Cristo con nosotros siempre son perfectas,
y las relaciones entre humanos, por lo general, son distorsionadas
por el pecado.
Este último punto nos conduce a la siguiente parte del Cantar
de los Cantares. Allá por primera vez aparece un problema entre
la pareja amorosa.
LA SEPARACIÓN Y REUNIÓN
CANTAR DE LOS CANTARES 5:2–8:4
Afuera en el frío y la humedad, el amado quiere entrar y estar
con su amada, para quedarse con ella hasta la media noche y
mucho más, pero la respuesta de ella es lenta y fría.
La amada
2 Yo dormía, pero mi corazón velaba.
La voz de mi amado que llama:
«¡Ábreme, hermana mía, amada mía,
paloma mía, perfecta mía,
pues mi cabeza está cubierta de rocío,
mis cabellos, de la humedad de la noche!
3 »Me he quitado la ropa,
¿cómo vestirme otra vez?
Ya me he lavado los pies,
¿cómo ensuciarlos de nuevo?»
La luna de miel ha terminado, ahora la pareja se encuentra en
un escenario diferente, donde la expectativa y la emoción de su
noviazgo y de su boda se convirtieron en la rutina diaria de la vida.
La esposa está sola y sin duda tiene su propia habitación en el
palacio. Su esposo ha estado fuera y ahora ha regresado.
La amada está medio despierta o soñando, como lo indica con
las palabras: “Yo dormía, pero mi corazón velaba”. Una llamada
repentina a la puerta interrumpe su somnoliento estado; es su
esposo, y los sentimientos son evidentes por los muchos términos
de afecto con los que le pide que abra la puerta: “Hermana mía,
amada mía, paloma mía, perfecta mía”. Salomón, en ninguna otra
parte del poema se dirige a su amada con una lista tan larga de
palabras cariñosas.
Pero ella no quiere, ya que es mucha molestia. Qué contraste
encontramos, entre su indiferencia aquí, y la noche antes de la
boda cuando no podía dormir pensando en el “que ama mi alma”
(3:1).
Aunque las circunstancias pueden variar grandemente, esta
escena se revive innumerables veces en innumerables
matrimonios. La vida de casados está llena de pequeños incidentes
en los cuales uno o ambos de los cónyuges no responden a las
necesidades y deseos del otro. Poco a poco las paredes de las
heridas y la amargura comienzan a separar al esposo de la esposa.
“Incompatibilidad” es el término que se utiliza corrientemente para
describir el resultado final.
Aunque el Cantar no menciona el divorcio, su tercera sección
comienza con un tono de desacuerdo matrimonial, que
lamentablemente es muy conocida. Un comentarista observa:
“Realmente ella se parece a muchas amas de casa modernas que
llegan a estar tan ocupadas con el cuidado de los hijos y de la casa
que se olvidan del esposo”. 9 Desde luego, las esposas no son las
únicas que muestran la indiferencia, los esposos también muestran
la misma característica cuando dedican más tiempo y esfuerzo a
hacer dinero que a un matrimonio feliz.
Lo que sigue siendo cierto en el matrimonio, también sucede
frecuentemente en nuestra vida espiritual. De hecho, los problemas
del matrimonio muchas veces están relacionados con problemas
espirituales; cuando algo anda mal en un área, la otra también
sufre. Podemos ver esto claramente cuando entendemos la manera
como la relación matrimonial está moldeada de acuerdo con la
espiritual. Jesús dice: “Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye
mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”
(Apocalipsis 3:20). Con mucha frecuencia respondemos con
indiferencia egoísta y tranquila, porque no queremos que nos
molesten. De esa manera nuestra vida con Dios se comienza a
quebrantar.
4 Mi amado metió su mano//por el resquicio de la puerta
y mi corazón se conmovió dentro de mí.
5 Me levanté para abrir a mi amado
y mis manos gotearon mirra:
¡de mis dedos corría la mirra
sobre el pestillo de la cerradura!
6 Abrí a mi amado,
pero mi amado se había ido,//ya había pasado,
y tras su voz se me salió el alma.
Lo busqué, mas no lo hallé;
lo llamé, y no me respondió.
La amada continúa relatando cómo el amado dejó de llamar y
metió su mano por el agujero de la puerta. Ante esta situación ella
exclama: “Mi corazón se conmovió dentro de mí”, y así fue a
abrirle la puerta.
La mención de las manos que goteaban mirra parece que se
refiere a la antigua costumbre de que el amado dejara mirra en la
manecilla del cerrojo de la puerta de su amada. Es posible que ese
recordatorio de su amor la hiciera desear al rey aún más. Sin
embargo, la amada se da cuenta de que es demasiado tarde cuando
explica: “pero mi amado había ido, ya había pasado”. Lo buscó y
lo llamó en la noche, pero él no respondió y no se le podía
encontrar.
El Cantar no explica exactamente por qué se fue el amado. De
acuerdo con la siguiente parte de este capítulo, parece que no
estaba enojado. Quizá sólo se sintió rechazado. Como se dijo antes,
esta situación se puede aplicar con facilidad a los matrimonios de
la actualidad: la indiferencia, las palabras fuertes, los sentimientos
heridos, el abandono; una cosa conduce a la otra. Si el patrón no
se rompe puede llevar a la destrucción del matrimonio. Como
ahora los vemos, los amados están separados.
De la misma manera Jesús nos advierte sobre rechazarlo a él.
Amonesta a los que de continuo ponen a Cristo a un lado y le dan
la espalda, con estas palabras: “Yo me voy, y me buscaréis, pero
en vuestro pecado moriréis” (Juan 8:21). Ahora es el momento de
escuchar a Cristo, así como ahora es el tiempo de trabajar en su
matrimonio. Mañana podría ser demasiado tarde.
7 Me encontraron los guardias//que rondan la ciudad;
me golpearon, me hirieron,
me arrebataron el manto
los guardias de las murallas.
8 Yo os conjuro, hijas de Jerusalén,
si halláis a mi amado,
hacedle saber que estoy enferma//de amor.
Los amigos
9 ¿Qué es tu amado más que otro amado,
tú, la más hermosa entre las mujeres?
¿Qué es tu amado más que otro amado,
para que así nos conjures?
En el primer encuentro de la amada con los guardas, ellos
fueron serviciales (3:3), pero esta vez le quitaron el manto y la
golpearon.
Así como pudimos relacionar los guardas buenos con los jefes
espirituales y fieles, fácilmente podemos identificar estos guardas
malvados con los falsos profetas que le quitan a los creyentes el
“manto de justicia” (Isaías 61:10) que tienen en Cristo Jesús. Estos
guardas causan gran daño, al alejar a las personas de Cristo y
llevarlas a sus propias buenas obras.
Tanto en nuestra relación espiritual con Cristo como en
nuestros matrimonios, cuando dejamos que la relación se deteriore,
estamos invitando a toda clase de problemas. Nos abrimos a
numerosas tentaciones y peligros, nos volvemos presa fácil de los
inicuos y del mal consejo.
Como dice la frase popular, a veces la hora más oscura es justo
antes del amanecer. Sola y herida, la amada quiere
desesperadamente que su amado regrese. Las palabras con las que
se expresa son un evidente intento de que todo vuelva a ser como
antes, ya que utiliza expresiones que se usaron en la primavera de
su romance. Después de llenarse de valor, se dirige a sus amigas,
la hijas de Jerusalén: “Yo os conjuro (2:7),…si halláis a mi amado (1:14)…Decidle a
él que estoy enferma de amor” (2:5). Con esta
última frase quiere que su esposo sepa que todavía lo ama como
antes. Está claramente arrepentida de su indiferencia.
Las amigas, que probablemente han estado atendiendo a la
amada en su desdicha, ahora la consuelan. Le recuerdan también
sus anteriores días de amor, se dirigen a ella como “la más hermosa
de todas las mujeres”, como lo hicieron al comienzo del poema
(1:8). Para fortalecerla en su decisión de corregir el error, le hacen
preguntas que la hacen pensar en ¿por qué su amado es tan
importante para ella? Le preguntan ¿por qué está tan ansiosa de
encontrarlo?
Es un enfoque sabio de parte de las amigas, porque hacen que
ella reconsidere sus bendiciones. Así tal vez la próxima vez lo
pensará dos veces antes de tratar tan descortésmente a su esposo.
Es fácil que todos nos volvamos indiferentes con el cónyuge. En
lugar de pensar que no es posible perder nuestra pareja o de
concentrarnos en sus defectos, podemos aprender de las amigas.
Periódicamente debemos considerar las bendiciones que Dios nos
ha dado y que disfrutamos por medio de nuestro cónyuge: la
compañía, la vida de hogar, una compañía para toda la vida, y
muchos otros dones.
La amada
10 Mi amado es blanco y sonrosado,
distinguido entre diez mil;
11 su cabeza es oro fino;
sus cabellos crespos,//negros como el cuervo.
12 Sus ojos, palomas que junto a arroyos de aguas se
bañan en leche,
están a la perfección colocados.
13 Sus mejillas, eras perfumadas//con especias aromáticas,
son como fragantes flores;
sus labios, lirios que destilan mirra.
14 Sus manos, anillos de oro//engastados de jacintos;
su cuerpo, claro marfil//cubierto de zafiros.
15 Sus piernas, columnas de mármol
fundadas sobre basas de oro fino;
su aspecto, como el Líbano;
esbelto cual los cedros.
16 Su paladar, dulcísimo,
y todo en él codiciable.
¡Tal es mi amado, tal es mi amigo,
hijas de Jerusalén!
Para responder a las preguntas de sus amigas, la amada ahora
dice por qué su amado es “mejor que nadie”. La descripción que
hace la amada de su esposo es una profusión de imágenes
coloridas. Lo describe físicamente, pero de una manera que
simboliza cualidades internas.
Antes de entrar en la verdadera descripción, sencillamente
exclama que su esposo es “blanco y sonrosado, distinguido entre
diez mil”. La palabra hebrea para sonrosado es adom, de la que
viene el nombre Adán (porque fue tomado de la tierra). Entonces
el amado es de color tierra, rojizo. No tenemos que tomar el
número diez mil literalmente, ya que la amada lo utiliza para
representar un número muy grande. En otras palabras, su esposo
es único.
La siguiente descripción de su amado también es única. No
era nada común que los poemas antiguos describieran la belleza
masculina, sólo describían la femenina. La descripción comienza
con la cabeza y baja a los pies. Más adelante (7:1-9) Salomón va
a describir la belleza de ella, comenzando por los pies y subiendo
hasta su cabeza.
Al decir que su cabeza era de oro, se refería al radiante color
bronceado de su amado. El cabello ondulado y negro como el
cuervo adorna su cabeza. Aquí vemos el primero de muchos
recursos que la amada utiliza para describir la belleza de su esposo;
compara sus características con metales preciosos (oro), aves
(cuervos, palomas), joyas (piedras preciosas de Tarsis, zafiros),
especias, mirra, perfumes, flores (lirios), marfil, mármol, y árboles
majestuosos (cedros). Mientras que los escritores modernos
usualmente evitan mezclar tantas comparaciones diferentes en un
espacio tan corto, el antiguo poeta oriental no tenía ese escrúpulo.
Cuando describe los ojos de su amado, apila una imagen sobre
otra: palomas, junto a arroyos de las aguas, que se lavan en leche,
“montadas como joyas” (Nueva Versión Internacional). Estas
imágenes describen el brillo y el blanco de sus ojos.
El versículo 13 trata más aspectos del rostro de Salomón, sus
mejillas y sus labios. Aquí el énfasis está en los olores agradables
en lugar de la apariencia maravillosa. Los labios, que son como
“lirios que destilan mirra” pueden ser una referencia a su agradable
manera de hablar o a sus dulces besos, que mencionó antes (1:2).
A continuación describe las manos del rey, que también son
de oro y están adornadas con “anillos de oro, engastados de
jacintos”.* Otra versión traduce: “piedras preciosas de Tarsis”.
Otra traducción posible es “joyas españolas”, ya que Tarsis era el
antiguo nombre de España.
El cuerpo de Salomón es como “claro marfil”. Está vestido y
decorado con zafiros. El término hebreo sappir, del cual viene la
palabra zafiro, probablemente se refiere al lapislázuli azul que
abunda en el Medio Oriente, y no a la piedra que modernamente
llamamos zafiro.
La amada continúa con la descripción de su esposo
comparando sus piernas con el mármol (o alabastro), que
simboliza fortaleza así como belleza. Ella ha utilizado varios
términos para describir el color de la piel de su amado: blanco,
sonrosado, dorado, marfil, mármol. Toda esta variedad de matices
es grande elogio hacia el objeto de su alabanza.
Por medio de la comparación de la apariencia general de su
amado con el Líbano y sus cedros, se señalan los infinitos:
majestuosidad, fortaleza, belleza, y valor, que él posee.
En la referencia final al paladar, la amada menciona toda la
boca y no sólo una parte. Muy probablemente eso puede incluir
su bella forma de hablar, además de su apuesta apariencia.
A propósito, ella ha presentado una lista total de diez
cualidades de Salomón. Como el número siete, el diez es un
número bíblico común, que significa lo completo. Pensemos en
los Diez Mandamientos, el diezmo (la décima parte dada al Señor),
y los diez hombres que conformaban el consejo de la ciudad (Rut
4:2).
Después de verter, una y otra vez, magníficas palabras de
alabanza, la amada resume sus sentimientos: “Y todo en él es
codiciable”. Les dice a sus amigas que este es su amado y su
amigo. La descripción ha sido física, pero insinúa otras
características más importantes como: la fortaleza, la dignidad, y
la gracia.
San Juan relata en Apocalipsis 1:12-16 la gloriosa aparición
de Cristo, donde dice que la cabeza y los cabellos de Cristo son
“blancos… como nieve”, sus ojos “como llama de fuego”, sus pies
“semejantes al bronce bruñido”, y su voz “como estruendo de
muchas aguas”; y agrega: “Su rostro era como el sol cuando brilla
en todo su esplendor”. Aunque el retrato de Cristo difiere en
muchos detalles de la descripción que hace la amada de Salomón,
deja una impresión general que es similar a la del Cantar. Ambos
cuadros son de reyes gloriosos y radiantes.
Las amigas 6 ¿A dónde se ha ido tu amado,
tú, la más hermosa entre las mujeres?
¿A dónde se dirigió tu amado,
y lo buscaremos contigo?
La amada
2 Mi amado ha bajado a su jardín,
a las eras de las especias,
a apacentar en los huertos
y recoger los lirios.
3 ¡Yo soy de mi amado, y mi amado es mío!
Él apacienta entre los lirios.
Es evidente que la amada ama mucho a su esposo. Las amigas
le piden alguna clave para poder ayudarla a encontrarlo. ¿A dónde
se dirigió? ¿Recuerda por cuál camino se fue?
Antes lo había buscado en vano, pero repentinamente se le
ocurre a dónde puede haber ido, está segura de que ha ido a “su
jardín”. Ya no está preocupada ni desesperada; cuando dice que
Salomón ha bajado a su jardín, asegura confiadamente que ellos
se pertenecen el uno al otro.
Podemos ver esta escena de dos maneras. Tal vez ella se
acuerda de las muchas veces que pasaron tiempo juntos en el
huerto real, y tiene la confianza de que él regresó y que ahí lo iba
a encontrar. Cuando nos acordamos de cómo utilizó la palabra
huerto en la escena de la boda, podemos ver este episodio de otra
manera. Ella es el jardín (4:12-5:1), él ha ido a “su” jardín, es decir,
en su confianza renovada ella sabe que él la estará esperando.
En cualquier caso, está segura de que no ha perdido a su
esposo. ¿Por qué de repente se renueva su confianza? La respuesta
está en su declaración: “Yo soy de mi amado, y mi amado es mío”.
La amada había utilizado antes la misma expresión en el versículo
2:16 (aunque las palabras estaban invertidas), y en ese caso se
trataba de la importancia del compromiso en una relación.
Sabiendo que ella y su esposo están incondicionalmente
comprometidos uno con el otro, la amada está consciente de que
no lo ha perdido.
La palabra esponsales, que se utilizaban antiguamente para
definir el matrimonio, significaba básicamente “promesa”, y hace
énfasis en lo que está en el corazón de la unión matrimonial. Como
Dios lo dispuso, el matrimonio está basado en un compromiso para
toda la vida entre un hombre y una mujer, que implica la fidelidad
y el amor, en los malos entendidos y las desilusiones, hasta la
muerte. La amada y su amado, libre y voluntariamente, han
consentido darse el uno al otro. Cuando ella piensa en esto su
espíritu se eleva; por supuesto que él no la dejará. ¡Se pertenecen
mutuamente!
En Eclesiastés 5:4-6 Salomón trató sobre la importancia de los
votos. Es una buena idea que las parejas revisen los votos de su
matrimonio de vez en cuando, y que pidan la ayuda de Dios para
que puedan vivir de acuerdo con sus promesas, lo mejor posible.
El amado
4 Amada mía, eres bella como Tirsa,
deseable como Jerusalén,
imponente como ejércitos//en orden de batalla.
5 ¡Aparta tus ojos de mí,
pues me subyugan!
Tu cabello es como manada de cabras
que bajan retozando//las laderas de Galaad.
6 Tus dientes, como manada de ovejas
que suben del baño,
ninguna estéril,
todas con crías gemelas.
7 Tus mejillas,
como gajos de granada detrás de tu velo.
8 Sesenta son las reinas,
ochenta las concubinas,
y las jóvenes, sin número;
9 más única y perfecta es la paloma mía,
la única de su madre,
la escogida de quien la dio a luz.
Las jóvenes la vieron
y la llamaron «bienaventurada»;
la alabaron las reinas y las concubinas.
Tan pronto como la amada expresó la 1a seguridad que tenía
de que su esposo le pertenecía, él estuvo a su lado. Así como ella
alabó a su amado, ahora él proclama su amor por ella.
Ella ha comparado su apariencia con la majestuosidad del
Líbano; él también comienza su alabanza con comparaciones
majestuosas. Es “hermosa como Tirsa”, “deseable, como
Jerusalén”. Siglos antes de Salomón, Tirsa había sido capturada
por Josué (Josué 12:24) y después de la época de Salomón llegó a
ser la primera capital del reino del norte de Israel (1 Reyes 15:33).
El hecho de que el escritor mencione a Tirsa junto con Jerusalén
demuestra que Salomón es el autor del poema. A través de todo el
Cantar, y especialmente aquí, el poeta trata toda la tierra como una
unidad, sin insinuar una división entre el norte y el sur. En los días
de Salomón, Tirsa bien pudo haber sido una ciudad de jardines.
Es evidente que fue un bello lugar, ya que el nombre Tirsa significa
“delicia”.
Por supuesto, Jerusalén era la ciudad real. La Escritura muchas
veces exalta la belleza de Jerusalén, “hermoso por su situación, el
gozo de toda la tierra” (Salmo 48:2) y “dechado de hermosura”
(Salmo 50:2). La más grande alegría que iba a venir de esta ciudad
sería que aquí el Salvador del mundo iba a culminar la obra de
salvación con su muerte y resurrección. Apocalipsis 21:2
representa a la novia de Cristo, la iglesia, como la “nueva
Jerusalén”: “Vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del
cielo, de junto a Dios, dispuesta como una novia ataviada para su
esposo”.
A continuación Salomón compara a su esposa con los ejércitos
que llevan estandartes. ¡Esta es difícilmente una delicada
descripción de una mujer! Sin embargo, hace énfasis en la
influencia que tuvo sobre él. Ella: vino, vio, y venció.
Lo conquistó especialmente con sus ojos, simplemente lo
“subyugan”. Por eso, quiere que ella aparte sus ojos para que él
pueda continuar hablando y reasegurándole su amor.
Si las siguientes descripciones parecen familiares, es porque
Salomón las utilizó antes. Las descripciones de: la cabellera, los
dientes, y las mejillas, son las mismas que utilizó el día de la boda
(4:1-3). Tal vez durante la separación él comenzó a reflexionar
sobre ese día especial. Es interesante notar que Salomón no vuelve
a mencionar todas las cualidades que exaltó el día de la boda. ¿Se
ha vuelto algo indiferente? A la luz de sus otras palabras de
alabanza, esto parece extraño.
Si las “sesenta…reinas, y ochenta…concubinas”, se refieren
al harén del rey Salomón, eso sería un indicio de que el libro del
Cantar de los Cantares viene de una época al comienzo de su
reinado. A final de cuentas él tuvo setecientas esposas y trescientas
concubinas, que apartaron su corazón del Señor (1 Reyes 11:3-4).
Por otro lado, el poeta no especifica que habla de las esposas y
concubinas de Salomón. Entonces la referencia es a las mujeres
en general, o sea, ninguna: reina, concubina, o virgen, en cualquier
lugar se puede comparar con su amada.
En cualquier caso nos encontramos con el hecho de que
Salomón no permaneció casado con una sola mujer a lo largo de
toda su vida. Tal vez al comienzo de su reinado dejó su harén
cuando encontró una relación pura con la mujer que se describe
en el Cantar. De todas formas, este amor no iba a perdurar; es en
su poligamia impía que el rey Salomón no corresponde a un tipo
de Cristo. Lo peor de la necedad marital de Salomón es que fue
hecha contra la clara advertencia de la Escritura. Deuteronomio
17:17 establece que el rey no “tomará para sí muchas mujeres, para
que su corazón no se desvíe”.
Sin embargo, por lo menos una vez, Salomón pudo ver
claramente y describir la felicidad de un matrimonio piadoso. Al
continuar la alabanza de su amada dice que fue “la única de su
madre, la preferida de la que la dio a luz”. Este pasaje indica
literalmente que la amada fue el único descendiente de su madre,
es decir, no especifica el género. En vista del hecho de que ella
tenía hermanos (1:6) nuestra traducción tiene “la [hija] única”.
Podría ser que era la hija única y que sus hermanos fueran medio
hermanos. De nuevo, sólo podemos especular porque es muy
limitada la información que tenemos. Sin embargo, el punto de
Salomón es claro, su esposa es única y especial.
Las doncellas, las reinas, y las concubinas, también reconocen
esta verdad y se unen en alabanza. G. Lloyd Carr comenta sobre
dos de los varios tipos de mujeres que existían en el mundo
antiguo: “Las concubinas en el antiguo Israel no eran simplemente
compañeras de cama, sino realmente ‘esposas’…a pesar del rango
secundario, y con ciertas protecciones y privilegios que las
diferenciaban de las que no eran esposas o concubinas. Las
doncellas eran mujeres que no estaban casadas”. 10 Es notable que
todas las mujeres estén ansiosas de reunirse con Salomón para
alabar a su esposa en lugar de sentir celos o resentimiento contra
ella. Esto habla mucho respecto de la noble y agradable
personalidad de la amada.
Las amigas
10 «¿Quién es ésta,//que se muestra como el alba,
hermosa como la luna,
radiante como el sol,
imponente como ejércitos//en orden de batalla?»
El amado
11 Bajé al huerto de los nogales
a ver los frutos del valle,
a ver si brotaban las vides
y florecían los granados.
12 Luego, antes de darme cuenta,//mi alma me puso
entre los carros de Aminadab. 11
Las amigas llevan las alabanzas del rey aún más allá.
¡Comparan a su esposa con: el alba, la luna, y el sol! Note la
progresión de la menor a la mayor, su brillo aumenta.
En su mayoría, los traductores de la New International Version han hecho un
excelente trabajo indicando quién habla en cada
sección.* Pero, como francamente admiten: “en algunas ocasiones
las divisiones y sus títulos son debatibles” (vea los comentarios a
1:2); esta sección es un ejemplo. En la opinión del escritor, tiene
más sentido que la amada diga los versículos 11 y 12, lo que
significaría que ella está respondiendo la pregunta: “¿Quién es
este…?” Las amigas han preguntado para saber algo más sobre
esta mujer maravillosa; pero en su peculiar manera de no querer
llamar la atención, la amada rápidamente cambia la conversación
describiendo el encuentro con su esposo.
Pero, ¿qué encuentro describe? No es probable que esté
hablando de que ella y su esposo se acaban de reconciliar. En ese
momento difícilmente está interesada en describir la llegada de la
primavera, tampoco parece que esté describiendo el jardín de su
propia persona. Más bien vuelve a pensar en cuando ella y
Salomón se encontraron por primera vez.
Podemos imaginar su encuentro así: era primavera en el
campo, y ella había ido al valle a observar los árboles y las vides
florecientes. Entonces sucedió que en ese momento el rey pasaba
en su carroza; tal vez se detuvo al lado de su viña para descansar.
Fue entonces cuando el gran rey y la doncella campesina se
atrajeron mutuamente.
Una cosa llevó a la otra, y ella recuerda: “Antes de darme
cuenta, mi alma me puso entre los carros de Aminadab”. Apenas
acaba de escuchar la amada la resplandeciente alabanza de su
esposo y de sus amigas, pero es todavía una campesina de corazón,
algo atemorizada de ser el objeto de tanta atención. Sin embargo,
es ahora una reina que viaja en las carrozas reales y, a causa de su
amor por él, así es contada entre la realeza. Es interesante notar
que el rey Salomón fue famoso por sus carros (1 Reyes 10:26).
Las amigas
13 ¡Vuelve, vuelve, sulamita!
¡Vuelve, vuelve, que te veamos!
El amado ¿Qué miráis en la sulamita?
Que danza, como en los campamentos.
Habiendo dicho lo poco que iba a decir de ella misma, la
amada se va a ir; las amigas le piden que se quede, porque la aman
y la quieren mirar.
Aquí por primera vez en el libro del Cantar de los Cantares
encontramos el nombre de la amada. Como muchas otras palabras
en el poema, el nombre “sulamita” es rico en significado.* Es el
equivalente femenino de Salomón. En español se presentan con
frecuencia formas masculinas y femeninas del mismo nombre:
Ramón y Ramona, Mario y María, Roberto y Roberta. Es un
nombre adecuado para la amada esposa de Salomón que está tan
cerca de él.
El nombre Sulamita significa “la que recibe paz”, mientras que
el nombre Salomón significa “el pacífico”. Aquí vemos un obvio
paralelo con Cristo y su pueblo. Él es “el Príncipe de Paz” (Isaías
9:6) que por medio del sacrificio de su muerte nos da la paz con
Dios.
La forma del nombre Sulamita indica que no es estrictamente
un nombre propio, sino más bien un señalamiento, ella es la sulamita. Es posible
que la palabra sulamita sea una variación de
sunamita; esto ha abierto el apetito de los estudiantes de la Biblia
como una sugerencia que se relaciona con la identidad de la
amada. Si sulamita y sunamita son sinónimos (y un antiguo
historiador así las relaciona), entonces la amada de Salomón pudo
haber sido Abisag, quien cuidó del anciano rey David. 1 Reyes
1:1-4 registra esta historia:
Cuando el rey David era viejo y avanzado en días,
lo cubrían de ropas, pero no se calentaba; le dijeron,
por tanto, sus siervos: Busquen para mi señor, el rey,
una joven virgen, que lo atienda y lo abrigue, que
duerma a su lado y así mi señor, el rey, entrará en calor.
Buscaron, pues, una joven hermosa por toda la
tierra de Israel, encontraron a Abisag la sunamita, y la
llevaron al rey. La joven era hermosa; ella abrigaba al
rey y le servía; pero el rey nunca la conoció.
Sunem era un pueblo situado al norte de Israel. Es evidente en
el Cantar que la amada esposa de Salomón provenía del norte.
¿Fue Abisag la sulamita del Cantar de Salomón? Es una
posibilidad interesante; sin embargo, algunos detalles pueden no
concordar completamente. Por ejemplo, el Cantar implica que
Salomón vino hasta la sulamita, mientras que de acuerdo con 1
Reyes la joven Abisag le fue llevada al rey David, así que Salomón
la pudo llegar a conocer por medio de su padre. Por otro lado, es
posible que durante la búsqueda, Salomón mismo ayudara y
descubriera a Abisag.
De nuevo, las circunstancias precisas del Cantar de Salomón
no nos son reveladas. El amor y la belleza que describe son obvios.
El amado continúa el poema cuando les pregunta a las amigas
¿por qué quieren contemplar a la sulamita “que danza como en los
campamentos”? En la versión en inglés dice “como en la danza de
Mahanaim”. Este era un sitio que se encontraba a unos veinticinco
kilómetros al oriente del río Jordán sobre el río Jaboc, donde
acampó Jacob la noche antes de encontrarse con su hermano Esaú
del cual había estado separado por mucho tiempo (Génesis 32:1-
2). El Antiguo Testamento menciona el lugar varias veces. El
hecho de que Salomón lo mencione indica que existía un baile con
ese nombre. Pudo haber sido un baile folclórico en el que
participaban dos grupos de personas, ya que el nombre Mahanaim
significa “dos campos”. Es agradable y alegre ver a la sulamita de
la misma manera que lo era observar el baile.
El rey Salomón procede a contestar su propia pregunta: “¿Qué
miráis en la sulamita?”, describiendo a su hermosa amada:
7 ¡Qué bellos son tus pies//en las sandalias,
hija de príncipe!
Los contornos de tus caderas//son como joyas,
obra de excelente artífice.
2 Tu ombligo, como una taza redonda
donde no falta el buen vino.
Tu vientre, como montón de trigo
de lirios rodeado.
3 Tus dos pechos, como gemelos de gacela.
4 Tu cuello, como torre de marfil;
tus ojos, como los estanques de Hesbón
junto a la puerta de Bat-rabim;
tu nariz, como la torre del Líbano,
que mira hacia Damasco.
5 Tu cabeza erguida, como el Carmelo;
como púrpura, tus guedejas:
en ellas, un rey está cautivo.
6 ¡Qué hermosa eres y cuán suave,
oh amor deleitoso!
7 Tu talle, como la palmera;
tus pechos, como sus racimos.
8 Yo dije: «Subiré a la palmera
y asiré sus frutos.»
Deja que sean tus pechos//como racimos de vid,
y como de manzanas//la fragancia de tu aliento.
9 Tu paladar, como el buen vino,
Antes habíamos escuchado a la amada exaltar la hermosura de
Salomón (5:10-16), alabando diez cualidades desde la cabeza hasta
los pies. Ahora Salomón cita diez cualidades de su esposa
comenzando con los pies y subiendo a la cabeza. En su noche de
bodas él hizo una alabanza séptupla de su novia (4:1-7), ahora es
décupla. Diez es el otro número hebreo de perfección. A pesar de
las aflicciones del matrimonio, su amor todavía es tan completo
como cuando se casaron.
Mientras que ella toma de la naturaleza la mayor parte de las
descripciones de su amado, Salomón las toma mayormente de la
vida de la ciudad y de elementos hechos por el hombre.
El rey hace énfasis en lo físico, como su amada. El hecho de
que Dios incluya estas porciones en su Palabra demuestra que la
atracción física entre un hombre y una mujer puede agradar a Dios.
De hecho, la belleza es un don de Dios el Creador.
Independientemente de la apariencia natural, todos debemos tratar
de lucir lo mejor posible, especialmente para el cónyuge. Al mismo
tiempo reconoceremos que el énfasis excesivo que en la actualidad
se pone en la atracción física no es de la Escritura; la Biblia enseña
que los dones espirituales son mucho más valiosos y duraderos.
El libro de Proverbios establece el equilibrio correcto en su famosa
sección de “la mujer virtuosa”: “Engañosa es la gracia, y vana la
hermosura; la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada”
(Proverbios 31:30).
Debemos leer el Cantar de los Cantares en el contexto del resto
de la Escritura. Eso significa que podemos apreciar y disfrutar el
deleite en la belleza del Cantar de los Cantares sin perder la
apropiada perspectiva.
Salomón exalta primero los pies en las sandalias de su esposa:
el movimiento con gracia de sus pies es el de una “hija de
príncipe”. Aunque no es de noble nacimiento, ella siempre ha sido
una princesa debido a su carácter noble.
En segundo lugar menciona sus piernas: son redondeadas
como joyas trabajadas hábilmente y pulidas. En otras palabras,
tiene una excelente figura. Es interesante notar que Salomón dice
que su esposa es como “obra de excelente artífice”, mientras que
ella siempre ha hablado de él en términos de la belleza natural.
Aquí de nuevo el poema se presta fácilmente a un entendimiento
espiritual. Los infinitos: poder, sabiduría, y amor, de Dios son parte
de su misma naturaleza. Sin embargo, las personas son seres
creados y los creyentes son personas a quienes Dios no sólo ha
creado, sino que también los ha recreado en Cristo. “Porque somos
hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales
Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”
(Efesios 2:10).
Tercero, su ombligo es “como una taza redonda” llena de
“buen vino”. Con esta imagen Salomón parece describir la
plenitud y el bienestar.
Cuarto, la descripción que hace Salomón del vientre de su
amada sugiere su color bronceado (“trigo”) junto con la delicadeza
de la mujer (“de lirios rodeado”).
Quinto, se desplaza a sus pechos, la descripción aquí nos
recuerda la que hizo en el versículo 4:5.
Después viene el cuello: noble, suave y puro “como torre de
marfil”. Como el rey Salomón construyó ciudades y fortificaciones
en el Líbano (1 Reyes 9:19), muy bien pudo haber tenido en mente
una torre específica de la tierra natal de su amada.
Al describir los ojos de su amada, el rey presenta una
referencia geográfica definida. Hesbón está al oriente del mar
Muerto, cerca de Amán la moderna capital de Jordania. Los
estanques de Hesbón estaban cerca de las fuentes de agua de la
ciudad. La imagen es de agua clara y chispeante en una tierra
caliente y seca. De nuevo la imagen es una de delicia.
La octava referencia de Salomón es a la nariz, que es noble y
recta. Se dice que la nariz respingada, que una vez fue considerada
como el ideal occidental de la belleza femenina, ahora ha dado
paso a la nariz “más recia”. Ésta, que se consideraba el ideal cerca
del fin del siglo veinte, parece al ideal antiguo.
Su rasgo cumbre es la cabeza. Como el monte Carmelo que se
levanta espléndidamente a lo largo de la costa norte de Israel sobre
el Mediterráneo, ella tiene en alto su bella cabeza.
Finalmente, el rey está cautivado por su cabello, que suelto
(4:1; 6:5) resplandece como los extremos colgantes del más lujoso
tejido. Y como una túnica real puesta alrededor del rey (“como la
púrpura”), el cabello de ella lo tiene cautivo.
Como había hecho antes, el rey exclama: “¡Qué hermosa
eres!” Y entonces se dirige a su deseo por ella. Los versículos 8 y
9 forman uno de los pasajes más explícitos en el Cantar. Al
comparar su talle con una palmera alta y delgada, el rey expresa
su deseo por ella: anhela besar y acariciar a su esposa.
Tal vez fue por causa de esos pasajes que los antiguos rabinos
judíos exigían que nadie leyera el libro hasta que llegara a la edad
de treinta años, pero aun aquí el poema es casto. Recordemos lo
que está escrito en Hebreos: sea “honroso” en todos el matrimonio,
y “el lecho sin mancilla” (Hebreos 13:4). El esposo ha expresado
sus sentimientos más franca e íntimamente que nunca antes. Al
hacerlo así, el novio del Cantar establece un buen ejemplo para
todos nosotros: nuestro matrimonio debe estar marcado por un
crecimiento de intimidad y franqueza, especialmente en la
expresión del amor por el cónyuge.
Ahora es el turno de la esposa para responder:
La amada
que entra al amado suavemente
y corre por los labios de los viejos.
10 Yo soy de mi amado,
y en mí tiene su contentamiento.
11 Ven, amado mío, salgamos al campo,
pasemos la noche en las aldeas.
12 Vayamos de mañana a las viñas,
a ver si brotan las vides,//si ya están en cierne,
si han florecido los granados.
¡Allí te daré mis amores!
13 Las mandrágoras exhalan su aroma,
y a nuestras puertas
hay toda suerte de deliciosas frutas,
frescas y secas, que para ti,
amado mío, he guardado.
La amada retoma el deseo que expresó su amado de que su
boca sea “como el buen vino”. (Vea la primera línea del versículo
9.) Está de acuerdo y agrega: “Que se entre [el vino] al amado
suavemente…” Él ha deseado su amor; ella quiere cumplir su
deseo. Así es como debe ser, porque ella le pertenece a él y el
deseo de él es por ella.
En la invitación que le hace a escaparse al campo, vemos otra
vez el amor de la sulamita por el campo. Una vez más describe la
belleza de la primavera al aire libre.
La palabra que se traduce traducida como “aldeas” es similar
a la palabra para “alheña”. Cualquier traducción toma la idea de
irse lejos de la ciudad y estar solos. A veces las parejas llegan a
estar tan comprometidas con sus numerosas obligaciones que no
toman tiempo para estar juntos. Los trabajos, las tareas domésticas,
los hijos, y las actividades de la iglesia, son importantes, pero no
se deben atravesar en el matrimonio. Se dice que el mayor
problema en el matrimonio no es el dinero, ni el sexo o la
incompatibilidad, sino el descuido. Dios tiene la intención de que
los cónyuges estén unidos uno a otro, tomando tiempo para estar
juntos.
Después de pasar la noche juntos, la amada sugiere que se
pueden levantar temprano y pasar el día en el espléndido aire libre;
habla de las vides que brotan y de las flores escarlata de los
granados. Ella había utilizado estas expresiones antes (6:11),
donde relata que había estado sola entre las vides y los granados.
Esta vez quiere que su esposo esté con ella, prometiendo, en medio
de los colores y los perfumes de la primavera: “Allí te daré mis
amores”.
El versículo 13 presenta una nueva planta en el Cantar, la
mandrágora; esta planta produce una flor púrpura olorosa y de
fruta roja. La otra referencia que hace la Biblia a la mandrágora
está en Génesis 30:14-18, donde dos esposas de Jacob, Lea y
Raquel, hicieron un trueque con unas mandrágoras. Entre los
antiguos la mandrágora era considerada como un afrodisíaco, por
lo que también tenía el nombre, la “manzana del amor”. También
se pensaba que al comer esta hierba olorosa se ayudaba a la
concepción. Entonces podemos entender por qué Lea y Raquel
quisieron la planta. Lea quería el amor de Jacob y Raquel quería
tener un hijo. Salomón y su amada hacían la misma asociación de
la mandrágora con el amor.
La esposa del rey ofrece que va a compartir todas las cosas,
las “frescas y secas” con su esposo: comparte lo que han llegado
a atesorar, y también desea mantener su relación fresca. En nuestro
matrimonio deberíamos hacer lo mismo: mantener lo mejor de lo
antiguo, los recuerdos y los tesoros, y buscar nuevas experiencias,
nuevas formas de decir: “Te amo.”
Note todo lo que se ha enmendado en la relación de los amados
desde que comenzó esta sección del Cantar. Al principio era
demasiado para ella abrirle la puerta a su esposo (5:2-3), ahora
afirma ella: “nuestras puertas” están abiertas con compromiso
compartido y mutuo.
Dios puede restaurar los matrimonios que pasan por
dificultades, aun donde hubo infidelidad y abuso. Así lo he visto
pasar y sin duda usted también. Entonces, si siente que su
matrimonio no es perfecto, ¿y qué matrimonio lo es?, no se dé por
vencido. Aun cuando no haya un cambio milagroso, el Señor le
puede dar a su pueblo: fortaleza, valor, y amor, para seguir
adelante.
8 ¡Ah, si fueras tú un hermano mío,
criado a los pechos de mi madre!
Cuando te hallara fuera de la casa,//te besaría,
y no me menospreciarían.
2 Te llevaría y te haría entrar//en casa de mi madre;
tú me enseñarías.
Yo te daría a beber vino
aromado con licor de mis granadas.
3 Su izquierda esté debajo de mi cabeza;
con su derecha me abrace.
4 ¡Yo os conjuro, hijas de Jerusalén,
que no despertéis a mi amor!
¡Dejadla dormir mientras quiera!
En su comentario del Cantar de los Cantares, S. Craig
Glickman dice: “El matrimonio verdaderamente no es un solo tipo
de relación, sino un compuesto de muchas relaciones. Ambos
cónyuges son: amados, amigos, maestros, estudiantes, hermanos
e hijos, todo en una sola persona. Y entre mejor el matrimonio,
más evidente es cada aspecto”. 12
Los versículos iniciales del capítulo 8 describen a Salomón y
a la sulamita, en varios de estos papeles. Primero la esposa desea
que su esposo sea “como un hermano”, desea haberlo conocido
desde la niñez; y además, si fuera su hermano, lo podría besar
públicamente. En algunas partes del Medio Oriente todavía se
permite mostrar más abiertamente el afecto entre hermanos que
entre las parejas casadas. Proverbios 17:17, describe la constancia
en las adversidades, que es un aspecto de un hermano amoroso:
“En todo tiempo ama el amigo, y es como hermano en tiempo de
angustia”.
La sulamita declara su gran deseo de llevar el rey a la casa de
su madre. Ese es otro pensamiento que ha expresado previamente
(3:4). De acuerdo con la traducción de la New International
Version, la esposa se refiere a la madre como “la que me enseñó”.*
Sin embargo, el sujeto del verbo también podría ser su esposo:
“Me enseñarás”. Así que la traducción de la Reina-Valera parece
tener más sentido, ya que ella se refiere a él en estos versículos;
quiere que su esposo sea su maestro.
A cambio ella le dará vino aromado con licor de sus granadas
[otras versiones traducen mosto].** Aunque el poema contiene
numerosas referencias al vino, esta es la única sobre el vino
aromado o adobado. Respecto al licor de granadas, esta fruta
refrescante era preciada por su delicioso sabor, como un viejo
proverbio persa dice: “Comed ansiosamente sólo granadas ya que
sus granos son del paraíso”. 13 ¡La amada sólo quiere lo mejor para
su esposo!
Además de ser como un hermano y un maestro, el esposo es
descrito como un amado. Con otra conocida frase, la amada
menciona del abrazo de su amado (también en 2:6). Y otra vez les
recuerda a las hijas de Jerusalén: “No despertéis a mi amor”
(también 2:7; 3:5).
La relación entre Cristo y su pueblo, tiene muchos aspectos
como la de los amados en el Cantar: él es nuestro hermano
(Marcos 3:35; Romanos 8:29) que está con nosotros todos los días.
Es nuestro maestro que nos enseña por medio de la Biblia el
camino de la salvación, es nuestro amigo (Juan 15:14-15) y, como
lo hemos indicado a través de este comentario, él es nuestro novio
celestial.
La tercera gran sección del Cantar de los Cantares termina con
una nota feliz. Después de su separación, los amados están juntos
nuevamente y más cerca que nunca.
Esta también es una imagen de Cristo y su iglesia.
Especialmente en la profecía del Antiguo Testamento el pueblo de
Dios se muestra frecuentemente como una novia infiel o
indiferente. El Señor pregunta por medio del profeta Jeremías:
“¿Se olvida la virgen de su atavío, o la desposada de sus galas?
Pero mi pueblo se ha olvidado de mí por innumerables días”
(Jeremías 2:32).
Ezequiel 16 contiene imágenes especialmente fuertes sobre la
infidelidad del pueblo. Dios relata que amó a Jerusalén y la hizo
su novia, pero el pueblo le fue infiel. La nación escogida de Dios
se convirtió en una “prostituta desvergonzada” (16:30), “como
mujer adúltera, que en lugar de su marido recibe a extraños”
(16:32) cuando dejó al verdadero Dios por los ídolos de: Egipto,
Filistea, Asiria, y Babilonia. Por sus pecados Dios la castigaría.
Pero como las tribulaciones de los amados en el Cantar, el trato
de Dios con su pueblo no termina con la trágica nota de separación.
Dios continúa reiterando: “Antes bien, yo tendré memoria de mi
pacto que concerté contigo en los días de tu juventud, y estableceré
contigo un pacto eterno” (Ezequiel 16:60). Tan perdurable es la
fidelidad del novio que promete perdonar todo lo que ella haya
hecho (16:63). Cuidado, dolor, enojo, fidelidad, describen el amor
de Dios hacia a su pueblo. A pesar de nuestra infidelidad, él
permanece fiel.
La clase de novio que tenemos nunca cambia el afecto que
tiene por nosotros: “Con amor eterno te he amado” (Jeremías
31:3). Él entregó su vida por nosotros (Efesios 5:25).
Que nuestra vida y nuestro matrimonio reflejen ese amor,
cuando amamos a Dios y a los demás. Jesús ordena: “Este es mi
mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado”
(Juan 15:12). Aunque muchas veces falta en la noción actual del
amor y del matrimonio, este amor desinteresado debe ser la base
de todas las relaciones cristianas, especialmente en el matrimonio.
Hemos seguido de cerca a los amados a través de su: noviazgo,
boda, separación, y reunión; ahora nos dirigimos a la sección final
del poema. En los versículos finales veremos por última vez a los
participantes principales del Cantar: la amada, el rey, las amigas,
y los hermanos. Vayamos con los amados mientras que ellos
recuerdan y reafirman su amor.
LOS RECUERDOS
CANTAR DE LOS CANTARES 8:5-14
De nuevo las flores fragantes aparecen en los árboles y los
campos. Ha llegado otra primavera y un par de gacelas corren por
la falda del monte.
Las amigas
5 ¿Quién es ésta que sube del desierto,
recostada sobre su amado?
La sección final del Cantar comienza como comenzó la escena
de la boda (3:6): “¿Quién es ésta que sube del desierto…?” Allá la
sulamita había hecho la pregunta sobre la procesión de bodas que
traía a Salomón, aquí los amigos la aplican a la sulamita.
Anteriormente la pregunta presentó la consumación de la relación
de amor, ahora presenta una relación más arraigada.
La partida de ella “del desierto” significa que está dejando
atrás sus días de depresión y dolor. La efervescencia del noviazgo
y de la boda ha pasado; así también el pesar a causa de la
separación con el que se inició la sección anterior del Cantar.
Ahora vemos a una mujer más madura y satisfecha, caminando
con su amado y apoyándose en él. Cerca de ellos caminan sus
amigos.
Este versículo no sólo presenta la sección final del libro del
Cantar de los Cantares, sino también la más difícil. Los
comentaristas están de acuerdo en que “es simplemente imposible
dar una interpretación satisfactoria de cada aspecto, sobre todo
cuando se trata de detalles”. 14 Eso puede ser verdad, pero el ánimo
de esta sección es inequívoco: tranquilo y reflexivo. Como los
versículos restantes hablan del amor joven, es claro lo que sucede:
los amados están recordando. Primero, la sulamita recuerda el
comienzo de su amor:
La amada
Debajo de un manzano te desperté;
donde tuvo tu madre los dolores,
donde tuvo los dolores quien te dio a luz.
6 Ponme como un sello sobre tu corazón,
como una marca sobre tu brazo;
porque fuerte como la muerte es el amor
y duros como el seol los celos.
Sus brasas son brasas de fuego,
potente llama.
7 Las muchas aguas no podrán//apagar el amor
ni lo ahogarán los ríos.
Y si un hombre ofreciera
todos los bienes de su casa
a cambio del amor,
de cierto sería despreciado.
Al recordar el nacimiento del amor de ellos, la amada lo
describe como si el rey hubiera comenzado a vivir cuando la
conoció. El Cantar ya relató su encuentro al aire libre en el campo,
ahora la amada agrega el detalle de que fue debajo de un árbol de
manzanas.
Algunos ven el árbol de manzanas como una referencia al
árbol de la ciencia del bien y del mal en el huerto de Edén (Génesis
2 y 3). Allí el amor perdonador de Dios se puso en acción cuando
Adán y Eva comieron el fruto prohibido y cayeron en el pecado.
Allí Dios hizo la primera promesa del Salvador que iba a morir
por la humanidad pecadora. Por supuesto, si esta es una referencia
a los eventos del Edén, entonces descubriríamos la clase de fruta
que comieron Adán y Eva.
La amada desea ser “como un sello” sobre el corazón y el
brazo del amado. El sello con el nombre del propietario se utilizaba
para hacer impresiones en el barro o en otras sustancias blandas,
representando la firma del mismo; y además, el sello simbolizaba
confianza y apoyo. El intercambio de anillos en la actualidad,
podría ser el equivalente del amado llevando el sello de ella,
símbolo de compromiso y amor mutuo.
Ella dice: “Fuerte como la muerte es el amor”. Así como la
muerte o la tumba (en hebreo sheol; vea el comentario de
Eclesiastés 9:10) no abandonará a los muertos, el amor no dejará
ir a la amada. Note que la amada no habla de mi amor o de su amor
sino simplemente de amor, el amor perfecto que sólo Dios puede
dar.
La fuerza y la fidelidad de este amor son muy diferentes del
amor que por lo común se demuestra entre un hombre y una mujer.
Martín Lutero comentó en su época algo que es muchas veces una
situación de la actualidad: “He observado muchas parejas de
casados que se unen con una pasión tan grande que estarían listos
a devorarse mutuamente por amor, pero después de medio año
huyen el uno del otro”.15 Sin embargo, el amor de Dios es
persistente. Nada “nos podrá separar del amor de Dios, que es en
Cristo Jesús nuestro Señor” (Romanos 8:39). Por eso Dios invita
a los cónyuges cristianos a tomar como modelo para su
matrimonio el amor sacrificado de Cristo en lugar de basarlo
solamente en las emociones humanas.
Ahora, la amada se refiere claramente al amor divino: “Sus
brasas son brasas de fuego, potente llama”. Una mejor traducción
de la segunda parte de esta frase sería “como la misma llama del
Señor”. En la traducción del hebreo en la New International
Version la palabra “JAH” no aparece, la sustituye con “mighty”
(poderosa). Esta versión en inglés sólo indica en una nota al pie
de la página que se trata de la llama del Señor, aunque es la única
referencia al nombre de Dios en todo el Cantar.* Como en
Eclesiastés, Salomón deja el clímax para los últimos versículos,
guardando el punto más importante para el final. A lo largo del
poema, Salomón ha hablado indirectamente de un amor que va
más allá del amor humano, pero ahora nombra la fuente de ese
amor: el Señor (JAH en hebreo), quien siempre es “grande en
misericordia y verdad” (Éxodo 34:6).
El ardiente amor de Dios por nosotros es inextinguible, nos
ama a tal grado que envió a su Hijo Jesús para morir por nosotros.
Nos ama tanto que nos da perdón y vida eterna en los cielos,
derramando con abundancia sobre nosotros en su amor
bendiciones sin medida y utilizando todas las cosas para nuestro
bienestar eterno.
Ese amor dado no se puede comprar ni vender. Es como el
amor entre un esposo y una esposa, y sobre todo el amor entre Dios
y su pueblo. ¡El amor de Dios viene a nosotros como un don
gratuito!
Los amigos
8 Tenemos una pequeña hermana,
que no tiene pechos;
¿Qué haremos con nuestra hermana
cuando de ella se hable?
9 Si fuera una muralla,
edificaríamos sobre ella//un palacio de plata;
si fuera una puerta,
la recubriríamos con tablas de cedro.
Los amigos que hablan aquí muy probablemente son los
hermanos de la amada. Antes el poema había indicado que la
amada no tuvo hermana (6:9). Entonces ¿quién es la “pequeña
hermana”? Probablemente la misma amada.
Los hermanos recuerdan cuando ella era una joven y señalan
el interés que tienen en que se conserve “para cuando de ella se
hable”. Tal vez el interés por ella los condujo a tratarla de una
manera aparentemente ruda, poniéndola a guardar las viñas (1:6)
cuando estaban enojados con ella, queriendo mantenerla ocupada
y sin meterse en problemas.
Los hermanos se preguntan lo mismo que toda familia
cristiana: ¿Qué es lo que más le conviene a su hermana? Se
responden ellos mismos: defenderla. La “muralla” representa
defensa, más el palacio de plata simboliza la belleza junto con la
virtud y la firmeza. Las “tablas de cedro” también representan
belleza y defensa. Si, como una puerta, ella está abierta a las
insinuaciones amorosas, los hermanos serán estrictos y la
mantendrán adentro.
Encontramos imágenes semejantes de lo que los hermanos
quieren hacer en los libros proféticos. En Jeremías 1:18-19 Dios
dice que él ha fortificado al profeta Jeremías: “Porque yo te he
puesto en este día como ciudad fortificada, como columna de
hierro, y como muro de bronce contra toda esta tierra,…Pelarán
contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice
Jehová, para librarte”.
El camino que lleva a la pureza y a la fortaleza, es por medio
de la Palabra de Dios. Estamos rodeados de tentaciones y de
ataques, contra la fe cristiana. Combatimos en una lucha espiritual
“contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo , contra
huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios
6:12). Necesitamos: leer, estudiar, meditar en las verdades de la
Escritura, y ponerlas en práctica. En esta época llena de
indiferencia espiritual y derrumbamiento moral, no nos debemos
arriesgar a ser sorprendidos con la guardia baja.
A veces Dios: utiliza la aflicción para doblegarnos y evitar que
nos perdamos, nos ayuda a mantenernos humildes con las
dificultades de la vida, y nos enseña a confiar más plenamente en
el Señor y en sus promesas.
Pero algunos se pueden preguntar: “¿Qué pasa si no me he
mantenido puro?” “¿Qué pasa si una y otra vez he cedido ante las
tentaciones en lugar de resistirlas?” Entonces debemos recordar la
gracia de Dios, que Jesús entregó su vida por su novia, la iglesia.
“Como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,
para santificarla, habiéndola purificado con el lavamiento del agua
por la palabra, a fin de presentarsela a sí mismo, una iglesia
gloriosa, que no tuviera mancha ni arruga ni cosa semejante, sino
que fuera santa y sin mancha” (Efesios 5:25-27). En la cruz de
Cristo encontramos perdón; por medio del poder del lavamiento
del bautismo, la “Palabra visible”, recibimos un nuevo comienzo
para cada nuevo día.
La amada
10 Yo soy como una muralla,
y mis pechos, como torres.
Ante sus ojos he sido
como quien ha hallado la paz.
11 Salomón tuvo una viña en Baal-hamón,
y la encomendó a unos guardas,
y cada uno le llevaba por su fruto
mil monedas de plata.
12 ¡Mi viña, la mía, está delante de mí!
¡Que las mil monedas sean para ti, Salomón,
y doscientas para los que guardan el fruto!
La amada replica que en lugar de ser una puerta abierta, es una
pared y una torre, que guarda su amor solamente para su esposo.
Continúa afirmando que llegó a ser “como quien ha hallado la
paz”. Aquí tenemos un juego de palabras que se ha perdido en la
traducción. Ella trae shalom, es decir, paz o contentamiento; esta
palabra está relacionada con Salomón y la sulamita (vea 6:13).
Salomón le ha traído a ella paz, y ahora ella es portadora de la paz.
Así es con Cristo y su iglesia, él nos trae paz con Dios, y
nosotros le mostramos esa paz a todo el mundo. El evangelio es
algo que necesitamos recibir antes de que lo podamos pasar a
otros.
La mención que se hace del nombre de Salomón en el
versículo 11 es la quinta en el poema (1:1; 3:7,9,11). Este versículo
del poema también contiene la cuarta referencia a las viñas (1:6;
2:15; 7:12). La revisión de los otros pasajes muestra que eran
diferentes viñas; esta es de Salomón, y está localizada en Baalhamón.
Aunque este lugar no se menciona en otras partes de la
Biblia, aparece en un libro apócrifo (Judit 8:3). Posiblemente
estaba localizado en Samaria, en el monte Efraín, a unos cincuenta
kilómetros al norte de Jerusalén. El nombre Baal-hamón significa
“señor de la abundancia” y nos recuerda la riqueza de Salomón.
Cada uno de los viñadores debía llevarle al rey Salomón mil
monedas de plata (alrededor de once kilos).
El profeta Isaías desarrolla la idea de la viña del amado.
“Cantaré por mi amado el cantar de mi amado acerca de su viña.
Tenía mi amado una viña en una ladera fértil” (Isaías 5:1). Isaías
procede a describir la manera como el amado cultivó y cuidó su
viña. “Esperaba que diese uvas, y dio agrazones” (5:2). Isaías
declara que esta viña es de Jehová de los ejércitos y es “la casa de
Israel … y los hombres de Judá” (5:7).
Con base en la idea de la viña del Cantar, Jesús relató dos
parábolas sobre la viña. Una de ellas cuenta sobre los trabajadores
de una viña y cómo el dueño (que representa a Dios) decidió
pagarle a todos los trabajadores el mismo jornal (Mateo 20:1-16).
La otra parábola, que se narra en Mateo 21:33-45, relata cómo
algunos arrendatarios malvados se negaron a pagarle al dueño
(Dios) y mataron a su hijo (Jesús).
Todas estas parábolas toman claramente sus palabras del
Cantar de los Cantares, representando también claramente a Dios
y su pueblo. El Señor espera que su pueblo trabaje para él, y él
busca los resultados de ese trabajo: “justicia” y “rectitud” (Isaías
5:7). Nunca podemos pagarle a nuestro Salvador la eterna
salvación que nos da, pero podemos servirle con nuestra vida y
nuestro amor.
Después de tratar sobre la viña de Salomón, la amada
menciona la suya. No se nos aclara si esta es o no la misma viña
del capítulo inicial del Cantar, pero en realidad no tiene
importancia. La referencia que ella hace tiene poco que ver con la
viña misma, más bien expresa el amor por su esposo. Mil monedas
es la parte de la viña que le toca al propietario, porque ella le da
todo eso a su amado y se queda sólo con lo escasamente esencial
para el cuidado de la viña.
Esta bella expresión de amor desinteresado es un modelo para
todos los matrimonios, y nos mueve a pensar primero en las
necesidades de nuestro cónyuge, en lugar de las nuestras.
Este también es un bello modelo para los cristianos en general.
Todo lo que tenemos le pertenece en verdad a Dios. No nos
abstengamos del bien con que el Señor nos ha bendecido tan
ricamente. El apóstol Pablo exhorta así al cristiano: “Ya sea que
comáis, que bebáis, o que hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo
para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31).
El amado
13 Tú, que habitas en los huertos,
los compañeros escuchan tu voz.
¡Házmela oír!
La amada
14 ¡Corre, amado mío,
como la gacela o el cervatillo,
por las montañas llenas de aromas!
Hemos llegado al diálogo final del Cantar entre Salomón y la
sulamita. El rey vuelve a los días del noviazgo (2:14), anhelando
de nuevo oír la voz de la amada.
Los compañeros de quien Salomón habla son varones, lo que
indica un significado más allá del superficial.
Mientras que el rey anhela oír la voz de su amada, el anhelo
de ella es verlo. Ella desea verlo correr con gracia por las montañas
llenas de aromas como una gacela o un cervatillo, se imagina sin
duda al lado de su amado.
Una vez más el escenario es exótico, como lo ha sido a través
de todo el magnífico poema. Hemos seguido a la pareja de amados
a través de escenas llenas de toda clase de animales y plantas, viñas
y jardines, montañas y desiertos, torres, ejércitos, banquetes y
procesiones majestuosas. Hemos viajado de Jerusalén a Tirsa, de
En-gadí al Líbano. Hemos seguido a los amados desde el
comienzo de su noviazgo hasta el día de su boda, desde su
separación y su reunión hasta los tiempos de tranquila reflexión.
Es propio que el versículo final del poema sea dicho por la
amada. El Cantar es de Salomón, pero las palabras de su novia
comprenden cincuenta por ciento de los versículos. En su mayoría
el poema ha sido una canción del amor de la amada hacia él. Para
mantener el estado de ánimo del Cantar, al final del poema nos
encontramos en las bellas montañas del norte del país y
observando las gacelas.
El poema cuenta la historia del amor entre un hombre y una
mujer, y sirve como modelo para el amor cristiano y para el
matrimonio. Pero como la gacela que surge a través de las páginas
del poema, hay una cualidad evasiva en el Cantar de los Cantares:
no importa con cuanta atención estudiemos el libro, nos deja con
el deseo de leer más. Vemos destellos de otro amor que no se
desvanece con el paso de incontables primaveras, pero apenas
hemos tenido el destello de ese otro amor y ya se ha desvanecido.
Queremos capturarlo, retenerlo, y examinarlo. Sin embargo, como
hemos visto, Dios deja el mayor desarrollo de este tema a otras
partes de su Palabra.
El novio nos exhorta así: “Invócame en el día de la angustia;
te libraré, y tú me honrarás” (Salmo 50:15). “Levanta con fuerza
tu voz,…levántala sin temor; di… ¡Ved aquí al Dios vuestro!”
(Isaías 40:9). Dios quiere que le llamemos en las buenas y en las
malas; quiere oír: que creemos en él, que lo amamos, y estamos
orgullosos de él.
El novio declara: “Con amor eterno te he amado” (Jeremías
31:3). ¿Cómo le vamos a responder? Sus deslumbrantes vestidos
de boda todavía están manchados de sangre. Él nos ha dado su
vida y su amor, y nos ha traído alegría del alto cielo.
Nuestro corazón replica, mientras que nuestros ojos miran esa
tierra de amor y paz: “Tu eres mi amor, mi vida, mi todo”.
A la distancia vemos a las dos gacelas que parecen flotar por
las montañas llenas de flores fragantes, y después desaparecen.
El Cantar de los Cantares de Salomón ha llegado a su fin.
La Biblia Popular es una serie de comentarios
de la Biblia para todas las personas. Los
autores de la serie han servido como pastores
de congregaciones, profesores universitarios, o
profesores de seminario, muchos en más de
una de estas actividades. Cada autor comenzó
con el texto original en Hebreo o Griego y
después trabajó para presentar el mensaje de
la Palabra de Dios a los cristianos quienes
enfrentamos presiones y tentaciones cada día
de la vida. Dos verdades importantes sirven de
guían a todos los comentarios. Primero, la
Biblia es la Palabra inspirada de Dios y por lo
tanto es verdadera y confiable. Segundo, el
mensaje central de toda la Biblia es Jesucristo.
El rey Salomón fue conocido por su gran
sabiduría. Estos dos libros contienen
alguna de esta sabiduría. Eclesiastés enseña
que la vida sin Dios no tiene significado. El
Cantar de los Cantares es un canto de amor
que expresa el amor entre un hombre y una
mujer. En otro nivel expresa el amor del
Señor por sus creyentes, la iglesia.