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Crítica de Quine al Convencionalismo

1) Ayer intentó dar explicaciones lingüísticas de la necesidad y el a prioricidad, argumentando que las afirmaciones necesarias o a priori lo son porque son analíticas. Esto prometía resolver problemas relacionados con la necesidad y la prioridad. 2) Quine criticó la postura de Ayer, argumentando que dado que el conjunto de leyes lógicas y matemáticas es infinito, solo un subconjunto finito pueden ser estipulaciones o reglas de significado. La mayoría no pueden explicarse de esta manera. 3) Esto

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Crítica de Quine al Convencionalismo

1) Ayer intentó dar explicaciones lingüísticas de la necesidad y el a prioricidad, argumentando que las afirmaciones necesarias o a priori lo son porque son analíticas. Esto prometía resolver problemas relacionados con la necesidad y la prioridad. 2) Quine criticó la postura de Ayer, argumentando que dado que el conjunto de leyes lógicas y matemáticas es infinito, solo un subconjunto finito pueden ser estipulaciones o reglas de significado. La mayoría no pueden explicarse de esta manera. 3) Esto

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CRÍTICA DE QUINE AL CONVENCIONALISMO

LA CONCEPCIÓN LINGÜÍSTICA DE LA NECESIDAD: Ayer en “Lenguaje, Verdad y Lógica”

Mill consideraba que las verdades de la lógica y las matemáticas eran tanto a posteriori como
contingentes. Mill pensó en estas proposiciones como generalizaciones empíricas, de las que podríamos
estar bastante seguros debido al gran número de instancias observadas que las confirman. Pero no son
necesarias, ya que en principio podrían ser falsas, y no son a priori, ya que sabemos que son verdaderas
en base a la observación. Ayer dirá que Mill confunde la naturaleza de las proposiciones de las
matemáticas, pues no confirmamos que sean ciertas por observación, sino que se estipula que son
verdaderas, por lo que los principios de las matemáticas y la lógica son verdaderos simplemente porque
no permitimos que sea de otra forma, decimos que deben significar lo que sea necesario para que sean
verdaderos.

Ayer defiende una proposición analítica como aquella cuya validez depende solamente de las
definiciones de los símbolos que contiene; en cabio, la validez de las proposiciones sintéticas está
determinada por los hechos de la experiencia. La visión de Ayer sobre las verdades a priori y necesarias es
que toda necesidad es una necesidad lingüística. Su obra “Lenguaje, Verdad y Lógica” es una defensa de
un empirismo riguroso, donde un enunciado tiene significado o contenido fáctico si es comprobable
empíricamente.

Pero el conocimiento a priori parece plantear un problema para la opinión de que todo el
conocimiento y el pensamiento se basa en la experiencia: Las proposiciones analíticas, al ser
empíricamente irrefutables, están desprovistas de contenido fáctico. Parece imposible que los principios
empiristas den cuenta de nuestro conocimiento de las verdades necesarias; pues mientras una
generalización científica puede admitirse como falible, las verdades de las matemáticas y la lógica parecen
ser necesarias y ciertas para todo el mundo. Pero si el empirismo es correcto, ninguna proposición que
tenga un contenido fáctico puede ser necesaria o cierta. En consecuencia, el empirista debe tratar las
verdades de la lógica y las matemáticas de una de estas dos maneras o bien como verdades no
necesarias, o bien como carentes de contenido.

- Si dice no son verdades necesarias  debe dar cuenta de por qué compartimos la convicción
universal de que las hay

- Si dice que no tienen contenido fáctico  debe explicar cómo una proposición que está vacía de
contenido factual puede ser verdadera, útil y sorprendente.

Parece que cualquier proposición con contenido factual será a posteriori y contingente. Esto tiene
como consecuencia un dilema importante: si no resultan satisfactorios los dos caminos anteriores

"nos veremos obligados a dar paso al racionalismo. Nos veremos obligados a admitir que hay
algunas verdades sobre el mundo que podemos conocer independientemente de la experiencia ... [y]
tendremos que aceptarlo como un hecho misterioso e inexplicable que nuestro pensamiento tiene el poder
de revelarnos autoritativamente la naturaleza de los objetos que nunca hemos observado ". (73)

Esto conllevaría un fracaso de la filosofía para explicar muchos hechos sobre nuestras vidas y
mentes, pero también daría pie a la metafísica contra la que Ayer ataca, pues aceptar que algunos hechos

1
sobre el mundo pueden conocerse independientemente de la experiencia sería incompatible con la
afirmación de que una oración no dice nada a menos que sea empíricamente verificable. Sin embargo,
Ayer soluciona esto diciendo que Las proposiciones analíticas, al ser empíricamente irrefutables, están
desprovistas de contenido fáctico, pero no son sinsentidos a la manera de los enunciados metafísicos,
porque nos ilustran mostrándonos cómo utilizamos ciertos símbolos. La razón por la que la experiencia no
puede refutar las proposiciones analíticas es que “no hacen ninguna afirmación sobre el mundo empírico.
Sólo consignan nuestra determinación de emplear las palabras de cierta manera”.

- Para Ayer si una proposición es a priori, debe ser necesaria, puesto que uno puede saber que es
verdad sin ninguna experiencia del mundo, y por tanto la verdad de esa proposición no debe
depender de ninguna característica contingente del mundo, pues de ser así tendría que
verificarse, por lo que dejaría de ser a priori.
- Si una proposición es necesaria, debe ser a priori, pues es verdadera independientemente de
cómo sea el mundo.

Tomando como verdaderos estos argumentos (de los cuales existen motivos para dudar), Ayer tiene que
explicar dos hechos distintos: nuestra capacidad de conocer las proposiciones de la lógica y las
matemáticas a priori y la necesidad de las proposiciones de la lógica y las matemáticas. Es importante
señalar que Ayer al hablar a veces considera las proposiciones conocibles a priori y las necesarias sin
hacer distinciones. Es importante señalar que estas dos categorías son, al menos conceptualmente,
distintas. Decir que una oración expresa una verdad necesaria es decir que, sin importar cómo haya
ocurrido en el mundo, lo que dice esa oración no podría haber sido falso. Decir que una oración expresa
una verdad a priori es decir que uno puede saber lo que la oración dice que es verdad sin depender de la
justificación en ninguna experiencia del mundo.

Si suponemos que Ayer tiene razón y todas las verdades de las matemáticas son verdaderas por
definición, ¿cómo podría esto explicar su a prioricidad? Para entender una proposición que es verdadera
por definición, debemos conocer las definiciones de los términos relevantes. Y, en el caso de oraciones
analíticas que son verdaderas por definición, este conocimiento de las definiciones de términos es
suficiente para mostrar que son verdaderas. La idea básica aquí parece ser que conocer la función de las
palabras (en particular, conocer sus definiciones) puede, en el caso de las proposiciones analíticas, ser
suficiente para conocer la verdad de una oración.

¿Cómo pueden sorprendernos las matemáticas y la lógica si aprender la verdad de sus proposiciones
no es aprender un hecho nuevo y sorprendente? Ayer dice que, que las proposiciones analíticas carezcan
de contenido factual (y no digan “nada”) no quiere decir que carezcan de sentido de la misma forma que
las expresiones metafísicas. Porque aunque no nos dan información sobre ninguna situación empírica nos
ilustran la forma en que usamos ciertos símbolos; y en este sentido las proposiciones analíticas sí nos dan
nuevos conocimientos. Llaman la atención sobre usos lingüísticos de los que no seríamos conscientes de
otro modo, y revelan implicaciones que no sospechábamos en nuestras afirmaciones y creencias. Nos
ayudan a tomar conciencia de los hechos lingüísticos.

Esta doctrina da, sin embargo, lugar a un rompecabezas. Se supone que las oraciones analíticas
son necesarias, pero los hechos sobre las reglas lingüísticas son contingentes… Entonces, si las oraciones
analíticas son sobre reglas lingüísticas, ¿cómo pueden ser necesarias? Se ha objetado, ante el
planteamiento de Ayer, que esta caracterización convierte a las proposiciones analíticas en una subclase
de las empíricas, pues si describen la manera en la que se usan de hecho las palabras, describen un hecho

2
empírico contingente, y en vez de proposiciones necesarias conocidas a priori son enunciados
contingentes a posteriori. Ante esto, Ayer aclara que decir que la validez de las proposiciones a priori
depende de ciertos hechos relativos al modo en que se usan las palabras, no equivale a decir que tales
proposiciones describan esos hechos. Muchas veces se dice que estas proposiciones no describen nada,
sino que son mas bien “reglas de descripción”, reglas lingüísticas. Sin embargo, a diferencia de las reglas,
las proposiciones son verdaderas o falsas, necesarias o imposibles, y esto es debido a que presuponen
ciertas reglas lingüísticas. Vemos aquí una circularidad en la que las proposiciones analíticas se nos
presentan reglas lingüísticas que deben ser explicadas mediante otras ciertas reglas lingüísticas.

Ante esto Quine objetará que, dado que el conjunto de las leyes lógicas y matemáticas es infinito,
solo un subconjunto finito de tales leyes pueden ser estipulaciones, reglas de descripción, postulados de
significado … de índole primitiva; la mayoría de la verdades lógico-matemáticas no pueden ser
estipulaciones de significado o reglas de lenguaje, sino consecuencias de tales estipulaciones o reglas. La
tesis de Ayer y Carnap no puede explicar la verdad de las proposiciones de la lógica y la matemática sin
recurrir a ellas mismas, pues para derivar las consecuencias a partir de las convenciones primitivas
debemos usar la lógica, haciendo a la tesis de la lógica es verdadera por convención circular.

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TRUTH BY CONVENTION

1. EXPLICACIONES LINGÜÍSTICAS DE LA NECESIDAD Y EL A PRIORI

Como hemos visto, en “Lenguaje, Verdad y Lógica” Ayer intentó dar explicaciones lingüísticas de la
necesidad y la prioricidad. Las afirmaciones que son necesarias o a priori lo son porque son analíticas.
Vimos que esta idea prometía resolver dos problemas, uno relacionado con la necesidad y otro con la
prioridad (dos términos que Ayer a veces no distingue, aunque los dos son al menos conceptualmente
distintos, incluso si, como Ayer, crees que son coextensivos). Estos dos problemas pueden presentarse
como:

 Puzzle sobre la necesidad: Los hechos son una cuestión de objetos que tienen ciertas propiedades
o que están en ciertas relaciones con otros objetos. Pero, ¿cuál podría ser la diferencia entre un
objeto que tiene una propiedad y tener la propiedad necesariamente? Pensar que hay una
verdadera diferencia aquí parece implicar creer en algún tipo de misterioso pegamento metafísico
que mantenga algunos objetos y propiedades más juntos que otros. Pero seguramente no existe
tal cosa. Entonces, no puede existir la distinción entre los hechos que se obtienen necesariamente
y los que se obtienen de manera contingente.

 Puzzle sobre conocimiento a priori: De manera estándar, sabemos la verdad de un reclamo al


obtener información relevante para ese reclamo a través de nuestros sentidos. Pero los casos de
conocimiento a priori son precisamente casos en los que nuestra justificación no es evidencia
confiable proporcionada por nuestros sentidos. Sin embargo, en tales casos debe haber alguna
explicación de nuestra capacidad para tener el conocimiento relevante. En tales casos, debemos
tener algún tipo de acceso no sensorial a la verdad del reclamo relevante. Pero seguramente no
existe tal tipo de intuición racional no sensorial. Por lo tanto, no puede existir la distinción entre
afirmaciones que son conocibles a priori y aquellas que son conocibles solo a posteriori.

Como vimos en nuestra discusión sobre Ayer, su visión de las fuentes de la necesidad y el a priori es
un intento de desmitificar estas nociones. Su idea era decir que la necesidad y lo a priori deben explicarse
en términos de analiticidad, y las oraciones analíticas son verdaderas por definición o por convención. Él
puso su idea así: "... una proposición es analítica cuando su validez depende únicamente de las
definiciones de los símbolos que contiene, y sintética cuando su validez está determinada por los hechos
de la experiencia. ... Si uno sabe cuál es la función de las palabras 'cualquiera', 'o', 'no', entonces uno
puede ver que cualquier proposición de la forma 'O p es verdadera o p no es verdadera' es válida. " (79)

Podemos aproximarnos a la solución de los dos acertijos de la siguiente manera:

i. Para explicar por qué una oración puede expresar una verdad necesaria, no necesitamos postular
ningún pegamento metafísico especial que mantenga unidos ciertos objetos y propiedades. Más bien,
podemos simplemente notar que ciertas oraciones son solo triviales, o verdaderas por definición, y
que estas oraciones, porque nunca permitimos que tengan excepciones, son las necesarias.

ii. Para explicar cómo podemos conocer un determinado reclamo a priori, no tenemos que confiar en
afirmaciones misteriosas sobre la intuición racional. En cambio, entender una palabra implica conocer
su definición, y para algunas oraciones -aquellas que son analíticas, o verdaderas por definición-
conocer las definiciones de las palabras en la oración es suficiente para saber que la oración expresa

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una verdad. En términos generales, las reglas lingüísticas toman el lugar del pegamento metafísico, y
el conocimiento de esas reglas ocupa el lugar de la intuición racional.

Uno de los aspectos desconcertantes de la discusión de Ayer es que aunque parece otorgar
gran importancia a la noción de verdad en virtud de definiciones y conocimiento en virtud del
conocimiento de las definiciones, dice muy poco acerca de las definiciones. El artículo de Quine "Verdad
por convención" es un ataque a la explicación de una prioridad en términos de analiticidad que toma
como punto de partida la naturaleza de la definición. Quine piensa que, una vez que tengamos más claro
lo que podría significar "verdad por definición" o "verdad por convención", veremos que las explicaciones
de necesidad y a priori en términos de lenguaje son incoherentes:

"... los desarrollos de las últimas décadas han llevado a una convicción generalizada de que la lógica y las
matemáticas son puramente analíticas o convencionales. Es menos el propósito de la presente
investigación cuestionar la validez de este contraste que cuestionar su sentido". (69)

1. VERDAD RELATIVA Y ABSOLUTA POR DEFINICIÓN

Quine comienza explicando un sentido claro en el que una oración puede ser verdadera por
definición: "Una definición, estrictamente, es una convención de abreviación notacional. ...
Funcionalmente, una definición no es una premisa para una teoría, sino una licencia para reescribir la
teoría poniendo definiens para definiendum o viceversa. Al permitir estas definiciones que reemplazan, se
transmite la verdad: permite que las declaraciones verdaderas se traduzcan en declaraciones nuevas que
son verdaderas por el mismo token ". (71)

Esto nos muestra una forma de definir la verdad por definición en un sentido relativo. Una oración
S puede ser verdadera por definición en relación con otra oración S * si (i) S * es verdadera y (ii) S puede
obtenerse de S * al poner definiens para definiendum o viceversa. Como sugiere Quine, tal vez podríamos
ver las verdades de las matemáticas como verdaderas por definición en relación con las verdades de la
lógica. Esto nos daría una explicación tanto de la necesidad de verdades matemáticas como del hecho de
que tales verdades pueden conocerse a priori dado el hecho de que las verdades lógicas son necesarias y
cognoscibles a priori.

Pero esto plantea un problema inmediato. Ayer y los otros positivistas afirmaron, sobre la base
de su empirismo, que todas las verdades a priori y las verdades necesarias pueden explicarse sobre la
base de su analiticidad. Pero esto significa que si la analiticidad es verdad por definición, tendremos que
encontrar un sentido no relativo de "verdad por definición". Este es el problema que Quine tiene en
mente al final de "I" cuando escribe:

"Si, por el momento, admitimos que todas las matemáticas son así definibles desde la lógica, las
matemáticas se convierten en verdaderas por convención en un sentido relativo: las verdades
matemáticas se convierten en transcripciones convencionales de verdades lógicas. Tal vez esto es todo lo
que muchos de nosotros queremos afirmar cuando afirmamos que las matemáticas son verdaderas por
convención ... Pero en rigor no podemos considerar las matemáticas como verdaderas puramente por
convención a menos que todos esos principios lógicos a los que las matemáticas supuestamente reducen
sean igualmente verdaderas por convención. Y la doctrina de que las matemáticas son analíticas logra
una simplificación menos fundamental para la filosofía de lo que parecería al principio, si afirma

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únicamente que las matemáticas son una transcripción convencional de la lógica y no que la lógica es una
convención a su vez: porque si al final estamos a favor cualquier principio a priori que sea independiente
de la convención, no deberíamos tener escrúpulos para admitir algunos más ...

Pero si vamos a interpretar la lógica también como verdadera por convención, debemos descansar la
lógica en última instancia sobre alguna forma de convención que no sea la definición: ya se señaló
anteriormente que las definiciones están disponibles solo para transformar verdades, no para
establecerlas "(81).

La pregunta, entonces, es si podemos dar sentido a la idea de que la lógica es verdadera por convención
en algún sentido no-relativo que explicaría su estado como necesaria y a priori.

2. ¿ES LA LÓGICA VERRDADERA POR CONVENCIÓN?

En el apartado II del texto Quine trata de demostrar esto:

Llegamos a verdades por definición al dar el significado de una expresión en términos de otra
expresión. Este curso no estará disponible para dar una explicación de los significados de las expresiones
lógicas, ya que se supone que son verdaderas por convención en un sentido absoluto más que relativo.
Para dar sentido a la idea de que las verdades lógicas son verdaderas por definición, tendremos que
explicar el sentido en que se pueden definir las constantes lógicas: "Supongamos que abstraemos las
partículas primitivas lógicas de los enunciados, de forma que los enunciados se vuelven asignificativos; no
son ni verdaderos ni falsos. Si consideramos algunas de estas sentencias arbitrariamente verdaderas,
tendremos que determinar cierto significado arbitrariamente para esas expresiones asignificativas, por lo
que las verdades lo son por convención. En la medida en que llevemos a cabo este proceso, en esa medida
determinaremos el significado de las marcas inicialmente sin sentido 'si', 'entonces', '¬', ... Tales contextos
como hacemos realidad son ciertos por convención ". (88)

La idea de Quine es que podemos dar sentido a este sentido absoluto de verdad por convención o
definición si podemos imaginar expresiones lógicas dado su significado, no por definición, sino por
estipulaciones de la siguiente clase:

Dejar que 'x' tenga el significado que se requiera para hacer que los enunciados de la forma 'AxB' sean
verdaderos.

Del mismo modo que alguien que entiende una expresión definida en términos de otro podría
conocer su definición, alguien que entienda la expresión lógica imaginada 'x' podría conocer la
estipulación que determina su significado. Uno podría pensar entonces que nosotros podemos,
simplemente, sobre la base de este conocimiento lingüístico, estar en condiciones de saber a priori que
cualquier oración que podamos encontrar con la forma 'AxB' es verdadera; después de todo, sabemos
que el significado de 'x' fue determinado por una estipulación que significa lo que sea necesario para que
las oraciones de esta forma sean verdaderas.

En la práctica, entonces, uno querría definir todas las matemáticas en términos de verdades que
involucran esencialmente un pequeño conjunto de constantes lógicas: Quine imagina que hemos definido
las matemáticas en términos del cuantificador universal, la negación y, por lo tanto, ifthen

6
(condicionalidad??). El siguiente paso sería establecer las estipulaciones para cada una de estas
constantes a partir de las cuales se podrían derivar todas las verdades lógicas. Quine presenta algunas de
estas estipulaciones en detalle, por ejemplo (626):

(II) Deje a cualquier expresión ser verdadera produciendo verdad cuando se pone por 'q' en el resultado de
poner una verdad para 'p' en 'Si p entonces q.'

Esta sería una de las estipulaciones utilizadas para definir 'ifthen'. ¿Cómo podría esto explicar
nuestro conocimiento a priori de algunas verdades lógicas? Supongamos que se nos da que 'x' y 'si x,
entonces y' son verdaderos. Parece que podemos deducir a priori de esto que 'y' también es verdad. La
idea es que nuestra capacidad para llevar a cabo esta deducción a priori podría explicarse por nuestro
conocimiento de la estipulación lingüística (II). Porque, después de todo, (II) nos dice que las oraciones
'ifthen' deben tener ese significado que garantice que cualquier expresión 'q' sea verdadera siempre que
las expresiones 'p' y 'si p luego q' sean verdaderas. Entonces, podríamos seguir dando estipulaciones
similares que proporcionarían explicaciones similares de nuestra capacidad de conocer las verdades de la
lógica a priori.

Dada nuestra discusión anterior sobre la necesidad y el a priori, podríamos considerar esto
como una explicación lingüística tanto de un poco del conocimiento a priori como de la verdad necesaria
de que si ciertas afirmaciones son verdaderas, entonces también lo debe ser otra. Acerca de esta forma
de explicar nuestro conocimiento a priori de la lógica, dice Quine:
"En la adopción de las propias convenciones (I)-(III) ... mediante las cuales se establece la lógica misma,
sin embargo, aún queda una dificultad por enfrentar. Cada una de estas convenciones es general,
anunciando la verdad de cada una de una infinidad de declaraciones que se ajustan a una cierta
descripción; la derivación de la verdad de cualquier enunciado específico de la convención general
requiere una inferencia lógica, y esto nos involucra en una regresión infinita. . "(96)

Podemos ver lo que Quine está haciendo aquí exponiendo la línea de razonamiento anterior más
explícitamente. Nos dan como premisas las siguientes dos afirmaciones:
P1. x
P2. Si x entonces y

De donde podemos derivar a priori la C y

El objetivo es explicar este pedacito de conocimiento a priori; la sugerencia es que lo hagamos apelando
al conocimiento de la estipulación lingüística (II); esto es equivalente a agregar (II) como premisa al
argumento, de modo que tengamos la siguiente cadena de razonamiento:

P1. x
P2. Si x entonces y
P3. Cualquier expresión es una verdad que produce una verdad cuando la ponemos para ‘q’ en
el resultado de poner una verdad para ‘p’ en ‘Si p entonces q’.
C. y

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Como Quine señala, esta inferencia es válida. El problema es que esto sigue siendo una inferencia lógica.
Estábamos tratando de explicar cómo pudimos derivar C de P1 y P2 a priori; tratamos de hacerlo
añadiendo el conocimiento de P3. Pero ahora tenemos otro conocimiento a priori que explicar: la
inferencia de P1, P2 y P3 a C. Este es el retorno o regresión de Quine: “En una palabra, la dificultad es que
si la lógica procede de forma inmediata de convenciones, la lógica es necesaria para inferir la lógica de las
convenciones (97)”.

Hay un número infinito de verdades lógicas; nuestras estipulaciones, si las hay, no se refieren a
cada una de estas infinitas verdades, sino a afirmaciones generales sobre estas verdades. Pero entonces,
para derivar una verdad de estas estipulaciones, siempre necesitaremos una inferencia lógica que no
pueda explicarse a si misma mediante estipulación, incluso si es la trivial inferencia de “Si S es un
enunciado de tal o cual forma entonces S es verdadero”, y “S es un enunciado de tal o cual forma” para “S
es verdad”. La moraleja de esto es que la lógica no puede ser enteramente verdadera por convención.

Como también señala Quine, la misma regresión puede ser replanteada como un problema sobre la
definición de constantes lógicas. Tratamos de hacer que la lógica sea cierta por convención al decir que
asignamos significados a sus expresiones al estipular que ciertas formas de oraciones deben ser
verdaderas. Pero "La dificultad que aparece así como una autopresuposición de la doctrina puede
enmarcarse en una self-presupposition de primitivos. Si se supone que el if idiom, el notidiom, el
everyidiom, y así sucesivamente, no significan nada para nosotros inicialmente, y que entonces
adoptamos convenciones ... mediante circunscribir su significado; y la dificultad es que [estas
convenciones] dependen del uso libre de esos mismos lenguajes que estamos tratando de circunscribir, y
podemos tener éxito solo si ya estamos familiarizados con los lenguajes”.

Los ejemplos de definir 'y' usando una tabla de verdad o definir el cuantificador universal.
Quine considera que el convencionalismo es vacío si lo entendemos como la derivación de todas
las verdades desde unos primitivos pre-supuestos básicos que no se explican a través de otros, y que no
se pueden definir. La crítica principal es que si la lógica se mueve a través de un procedimiento mediado
por las convenciones necesitamos la lógica para inferir el significado lógico de las convenciones, por lo
que estaríamos dando una definición circular. Si imaginamos, por ejemplo, el negador (¬), si decimos que
es convencionalmente la partícula que niega un enunciado cualquiera “p”, lo que estamos haciendo es
definir la convención lógica en la base que ya se tiene de negador. Esto sería análogo a definir una nueva
convención para “mamá” como “la progenitora de X”, cuando esta es la definición que ya está estipulada.
El problema entonces es la circularidad que se da en las definiciones de las convenciones lógicas.

La moraleja de Quine es que no podemos obtener sentido de las afirmaciones de los positivistas
para explicar la necesidad y una prioridad de la lógica en términos de convención. Si tiene razón, el
intento de Ayer de hacer que las matemáticas y la lógica sean seguras para el empirismo fracasan.

Si las convenciones explícitas no son suficiente para establecer el significado de las expresiones
lógicas; Quine, para tratar de subsanar esto, va a introducir la idea de convenciones implícitas. Una
convención implícita es aquella que observamos en nuestro comportamiento sin tener que anunciarla en
el lenguaje. Para esto necesitamos un lenguaje completo a nuestra disposición. Así no tenemos como pre-
requisito formular explícitamente las convenciones, y evitamos la regresión infinita a la que nos llevaba la
convención de los términos primitivos lógicos en primera instancia. Pero esto lleva a un nuevo problema:

8
si las convenciones no se explicitan, ni conocemos exactamente cuando se extablecen, entonces el papel
de las convenciones implícitas no está muy claro. ¿Pueden seguir considerándose convenciones?

Si quitamos los atributos de deliberación y explicitación de la noción de convención lingüística


arriesgamos a quitarle fuerza explicativa y dejarla siendo solo una etiqueta vacía. Parece que no añadimos
nada al simple enunciado de que las verdades matemáticas y lógicas son a priori o a enunciados
behavioristas de que simplemente aceptamos este tipo de verdades sin explicar nada realmente, y que es
solo después cuando desarrollamos la convención de forma explícita.

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Idioma iften y requisito de consistencia:

El requisito de consistencia trata de poner restricciones a nuestra libertad para asignar la verdad por
convención, de forma que se sigan unas reglas que articulen las verdades y falsedades sin que pierdan su
sentido o se pongan en contradicción, y puedan por tanto ser efectivos. En el texto de Quine aparece un
ejemplo de tres reglas o convenciones generales que debe seguir cualquier enunciado para que tenga
consistencia. Cada una de estas convenciones asigna verdad a una infinidad de entradas de nuestra lista
ficticia, y en este sentido las convenciones no pueden entrar en conflicto.

(1) Si y solo si p entonces q, entonces si y solo si q entonces r, entonces si p entonces r.

(I) Sean verdaderos todos los resultados de poner un enunciado por p, un enunciado por q y
un enunciado por r en 1.

(II) Dado cualquier condicional (pq) si cambiamos las variables por cualquier oración
verdadera el enunciado siempre va a ser verdadero.

(III) Sean todos los resultados de poner un enunciado por p y un enunciado por q, en si p
entonces no p entonces q’ o no p si y solo si p entonces p’ va a ser verdadero.

Estas tres convenciones generan todos los enunciados. Las convenciones, ayudadas por nuestras
definiciones basadas en términos de elementos lógicos básicos, pueden generar todos los enunciados que
bajo su uso ordinario son verdaderos e involucran solo elementos básicos esenciales; así los enunciados
que se deriven de estos serán verdaderos. Por esto ha sido remarcado que todas las funciones de verdad
son definibles en las bases del “if-idiom” y el “not-idiom”. Tales verdades son verdades por convención.

Además, toda la lógica se convierte en verdadera por convención. Las convenciones con (I)-(III)
pueden suplementarse haciéndose más complejas, pero no es necesario presentarlo porque (I)-(III) dan
una adecuada ilustración del método; el set completo de las convenciones podría ser una adaptación de
una de las varias sistematizaciones existentes de la logística general, de la misma forma que (I)-(III) son
adaptaciones de la sistematización de los cálculos proposicionales.

Nuestra libertad para asignar la verdad por convención está sujeta a restricciones impuestas por el
requerimiento de consistencia. El requerimiento de consistencia todavía conserva el status superior
cuando asignamos verdades generales a través de convenciones generales como (I)-(III). Cada una de
estas convenciones asigna verdad a una infinidad de entradas de nuestra lista ficticia, y en este sentido las
convenciones no pueden entrar en conflicto.

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