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Análisis del Martín Fierro de Hernández

El documento resume la obra Martín Fierro de José Hernández. Se publicó en 1872 en forma seriada en periódicos de Buenos Aires y consta de dos partes, La Ida y La Vuelta. Narra la historia de Martín Fierro, un gaucho que es reclutado para luchar contra los indios y luego deserta, convirtiéndose en un prófugo de la justicia. La obra denuncia las injusticias hacia los gauchos y se ha convertido en un símbolo de la identidad argentina.

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Análisis del Martín Fierro de Hernández

El documento resume la obra Martín Fierro de José Hernández. Se publicó en 1872 en forma seriada en periódicos de Buenos Aires y consta de dos partes, La Ida y La Vuelta. Narra la historia de Martín Fierro, un gaucho que es reclutado para luchar contra los indios y luego deserta, convirtiéndose en un prófugo de la justicia. La obra denuncia las injusticias hacia los gauchos y se ha convertido en un símbolo de la identidad argentina.

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(1834-1886)

Autor: Alejandro Jasinski

A fines de 1872, los periódicos de Buenos Aires comenzaron a repartir en sus ediciones
un libro escrito en verso, en estilo gauchesco, en el que se relataba la agitada vida de un
gaucho devenido en desertor del ejército, vago (no conchabado por algún estanciero) y
criminal. Martín Fierro se llamaba y cantando al viento, entre fogones y guitarras,
denunciaba las injusticias a que eran sometidos aquellos que no se adaptaban a las leyes
de la cultura dominante.

Un año más tarde, el diario La Política ofrecía la octava edición de El Gaucho Martín
Fierro. En 1876, salía a la venta el Martín Fierro, Semanario humorístico de política,
literatura y noticias. En pocos años, José Hernández –su creador- se había convertido en
uno de los poetas más renombrados del Río de la Plata.

Nacido el 10 de noviembre de 1834, en lo que hoy se conoce como Villa Ballester (partido
bonaerense de San Martín), José Rafael Hernández y Pueyrredón colaboró de chico con
su padre, capataz de estancia, y con gran capacidad autodidacta pronto se convirtió en
instructor del estanciero para quien trabajaba.

A los veinte años, se integró a las filas antirosistas de Justo José de Urquiza. Con
posterioridad, en 1870, ya casado y padre de siete hijos, participó de las rebeliones
federales junto a Ricardo López Jordán. Luego de un breve exilio en Brasil, trabajó como
periodista en El Río de la Plata, El Nacional Argentino y La Capital de Rosario, entre
otros, y más adelante alcanzó a defender las ideas federales como diputado y senador.

En sus notas, discursos y poemas, abordó la cuestión del indígena y del gaucho y criticó
las ideas “civilizadoras” de Sarmiento. Matraca -como le decían, por ser corpulento y de
voz resonante- buscó a través de sus escritos conectar la cultura culta y la popular. El
hombre por quien cada 10 de noviembre se festeja el Día de la Tradición, fallecería a los
51 años, el 21 de octubre de 1886.

Fuente: [Link]
Martín Fierro de José Hernández- Elementos para su análisis- La Ida-La Vuelta-
Identidad y diferencia- El final del canto VII- Aproximación al texto

Martín Fierro fue escrito en dos partes. En 1872, José Hernández publicó El gaucho
Martín Fierro, más conocida como "La Ida" debido al título que le puso a la segunda
parte, La vuelta de Martín Fierro, publicada siete años después, en 1879.

La Ida
El protagonista, Martín Fierro, se presenta como un gaucho cantor y empieza a relatar su
vida: cómo pasó de ser un paisano que tenía un rancho, una mujer y dos hijos, a ser un
gaucho matrero perseguido por la justicia. Cuenta entonces su vida feliz en el pasado,
cuando trabajaba en una hacienda, hasta que un representante de la autoridad lo recluta
para ir a la frontera a luchar contra los indios.

En su canto, Fierro denuncia las injusticias del servicio de fronteras, donde pasa tres años
de privaciones tras los cuales decide huir. A su regreso al rancho, no encuentra nada: su
mujer y sus hijos se habían ido para poder subsistir. Allí comienza entonces su vida -
matrera, huyendo de la justicia por desertor y enfrentando a otros gauchos con su facón
en las pulperías. Finalmente, un día una partida de policía lo encuentra y Fierro les hace
frente, ayudado por el sargento Cruz, un miembro de la partida que se cambia de bando.
Tras vencer a la policía, Cruz le cuenta a Fierro su historia y, después, los dos juntos
deciden marchar al desierto, como se llamaba en esos tiempos a la tierra donde vivían los
indios.

La Vuelta
La Vuelta comienza con el regreso de Martín Fierro de las tolderías. El gaucho narra su
vida entre los indios, la muerte de Cruz y el camino de retorno a la campaña, donde se
entera de que la justicia ya no lo persigue. Pero también se entera de la muerte de su mujer
y se reencuentra con sus dos hijos, quienes cuentan a su turno su propia historia. Además,
hay otro personaje que relata su vida: Picardía, un gaucho joven que resulta ser hijo de
Cruz. Una vez narradas todas estas historias, tiene lugar una payada, es decir un
enfrentamiento cantado, entre Fierro y el Moreno, en la cual vence el primero.
Finalmente, Fierro da a sus hijos una serie de consejos acerca de cómo actuar en la vida
e insertarse en la sociedad.

Martín Fierro: la voz de una identidad silenciada

En su poema, Hernández le da voz a una parte de la identidad argentina silenciada en el


último tercio del siglo XIX. Lo hace como grito de denuncia en El gaucho Martín Fierro
y como expresión de un programa social en la segunda parte, que se resume,
precisamente, en la última sextina de La vuelta de Martín Fierro: procurar el bien de todos
para una relación armónica entre el campo y la ciudad, gauchos y oligarquía terrateniente,
que permita establece una identidad orgánica, sin exclusiones.
Una de las más evidentes innovaciones que introduce Hernández con respecto a sus
antecesores, quienes preferían la forma dialogada, es el uso de la voz del gaucho indi-
vidual. Vuelve, con ello, a la antigua relación del gaucho cantor que cuenta su historia a
un auditorio que se reconoce en ella, perpetuando la memoria de una forma de vida y
echando los cimientos de una identidad colectiva. Utiliza además, en lugar de las
tradicionales décimas o cuartetas, la sextina (estrofa de seis versos) y una más fiel
imitación del arte del gaucho con su "falta de enlace en sus ideas, en las que no existe
siempre una sucesión lógica", sino "apenas una relación oculta y remota", según declara
el mismo Hernández en el prólogo de 1872.

De acuerdo con el análisis de Josefina Ludmer, lo cantos II y XIII de la primera parte


constituyen "dos utopías inversas" que enmarcan el texto. Por un lado, en el canto II, se
recuerda, con tono elegíaco, el trabajo en el campo, definido como "junción", y la
sociedad económica con el patrón, cuando las estancias eran territorios inmensos
poblados por innumerables cabezas de ganado y "al campo la vista no vía sino hacienda
y cielo". Se describen, en el ciclo del amanecer hasta la noche, las faenas que definen el
trabajo del gaucho (la habilidad con los caballos, el arreo de la hacienda), así como su
natural forma de socializar y divertirse -comer y conversar-. La doma y la yerra son las
fiestas en la estancia que alteran, en cierta medida, esa rutina diaria, pero que, narradas
en Pretérito Imperfecto, dan una idea de continuidad que contrasta con el presente,
narrado en Presente, cuando "no hay salvación" y la identidad del gaucho ya no se define
por su trabajo en la estancia, sino por su servicio en la frontera o en la batalla.

En el canto XIII, se ha cumplido el proceso por el cual ambos, Martín Fierro y Cruz, son
ahora "gauchos malos". Se anticipa el futuro entre los indios que, por necesidad, debe ser
el reverso del feliz trabajo en el campo: en la toldería, no habrá que trabajar. Enfrentado
a la ley de la civilización, injusta y discriminatoria, Martín Fierro se refugia en la ley de
la barbarie, según la cual-dice- "habrá siguridá". Así, con su historia, el personaje re-
presenta a todo su grupo con un pasado irrecuperable (canto II) y un futuro incierto y
ajeno: "si hemos de salvar o no / de esto naides nos responde". Por eso, al final de la
primera parte, el cantor rompe el instrumento y le cede la palabra al autor, siguiendo un
esquema tradicional de la gauchesca.

Identidad y diferencia

El canto VII es el único, en el poema de 1872, compuesto en cuartetas. Sirve de tran-


sición, pasaje de una vida feliz a la condición de "matrero" y "resertor", previo despojo y
marginación en su condición de "vago". En este canto, se acentúa, además, una definición
del gaucho a partir de la diferencia con el "otro" de su propio ambiente, representado
hasta aquí en la figura del indio o en la del gringo.

En el canto VII, el personaje no se enfrenta con la ley ni con la justicia que lo margina,
sino con el "otro", tan subalterno como él, al que juzga a partir de su diferencia (el color)
y en el desafío a la mujer -el color y el sexo-.
Con su muerte, el negro queda fuera de la comunidad de los gauchos por un proceso de
discriminación en el que el matrero ejerce los mismos principios de exclusión que la
civilización le impone a él mismo, también condenado por su diferencia.
Martín Fierro, en este momento de desmesura, ejerce sobre el negro la misma xenofobia
que lo excluía de un nacionalismo identificado con la civilización y con el progreso. Los
juegos de palabras con doble sentido que abundan en el canto vuelven mutuamente
ininteligibles los discursos de las dos culturas enfrentadas. Del mismo modo, entre el
discurso de la ley y el del gaucho, lo que es vagancia para uno significa despojo e
injusticia para el otro; lo que la ley llama rebeldía y desacato no es -para el gaucho- sino
defensa de la dignidad y de los valores vitales. Como representante de un pueblo en
formación, Martín Fierro encarna los dos aspectos, positivo y negativo, de la identidad
nacional: libertad, igualdad y fraternidad, pero también, racismo y discriminación.

El final del canto VII de la primera parte puede leerse en la La vuelta de Martín Fierro,
precisamente, cuando se enfrentan Fierro y el Moreno. El relato ha dado una vuelta
completa desde el canto VII, en el que Martín Fierro trata despectivamente al Moreno, al
que mata, y lo llama "porrudo", "el de los tamangos", "el de hollín", "diablo". En esta
parte del poema, Martín Fierro, en su madurez, se niega a aceptar el desafío de su
contrincante para vengar la muerte de su hermano.

En La vuelta de Martín Fierro, existe un deseo explícito, por parte de Hernández, de


"mejorar la condición social del gaucho". Para ello, alega en su carta a los editores que al
gaucho deben dársele derechos, pero también señalársete sus deberes o, en palabras del
último canto del poema, "debe el gaucho tener casa, / escuela, iglesia y derechos". De allí
la transformación en la conducta de Martín Fierro, cuyos consejos a sus hijos (canto
XXXIII) reflejan la intención moralizadora de La vuelta. Esa transformación queda
también simbolizada en el cambio de nombre, o sea de identidad, tanto suya como de sus
hijos.

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