ENVIO 42
J.M. COETZEE
J.M. Coetzee, un escritor inquietante
Suministra los detalles y deja que los significados
emerjan por sí mismos. Un procedimiento del que fue
pionero Daniel Defoe. Robinson Crusoe, náufrago en
una playa, mira a su alrededor en busca de sus
compañeros de barco. Pero no hay nadie. “Nunca los
volví a ver, ni vi otro rastro de ellos –dice- que tres de
sus sombreros, una gorra y dos zapatos
desparejados”. Dos zapatos desparejados. Al estar
desparejados, los zapatos dejaban de ser calzado y se
convertían en pruebas de la muerte, arrancados de los
pies de los ahogados por los mares espumeantes y
arrojados a la orilla. Nada de grandes palabras,
nada de desesperación, simplemente sobreros, gorras,
zapatos.
J.M. Coetzee. Elisabeth Costello.
Descubrir a un autor
El Premio Nobel de literatura del año 2003 fue entregado a un escritor al que conocían los
amantes de la lectura y cuya obra casi no había sido traducida al castellano. Procedía de
Sudáfrica, pero sus libros estaban lejos del “color local” que los europeos suelen exigir a las
literaturas llamadas de “otras culturas”. En cambio en ellas recalaba la problemática moral
de nuestra época, los grandes temas de los que cualquier cultura es partícipe.
Comencé a leer a Coetzee porque me lo recomendaron. El primer libro que elegí fue
Desgracia, que cuenta el proceso espiritual de un profesor sudafricano y los límites y
márgenes de una cultura, los precios de la inserción en un mundo que aparece como
extranjero, los rebordes de lo masculino y lo femenino, la complejidad de los países
multiculturales.
1
No puedo decir que me “agradara” lo que estaba leyendo, no en el sentido popular del
término. Las acciones de los personajes son sin duda inquietantes, pero la escritura, exacta
y afilada, tenía tensión suficiente como para mantenerme en vilo, y me obligaba a pensar
constantemente. El final, desprovisto de moralejas, incita a una reflexión que
probablemente no se saldará en años.
A partir de este libro fascinante, comprendí que tendría que dedicar muchos meses a
conocer a un autor inesperado y magnífico. Cada uno de sus libros es un giro, un cambio,
ya que no se asienta en lo logrado sino que busca estilos, pespuntea grandes temas, cambia
de propuesta literaria. Así, desde La edad del hierro, una magnífica ficción sobre la Sudáfrica
actual y sobre el mundo que nos rodea, podemos pasar a Esperando a los bárbaros, una
narración de una dureza a veces insoportable, o a el clima ruso finisecular del especulativo
El maestro de Petersburgo, que plantea el tema del mal asociado al compromiso político, a la
vez que una estructura brillante, o Elisabeth Costello, casi un libro de ensayo.
Sorprendentemente, algunos de sus libros están narrados desde una perspectiva femenina
absolutamente conviencente.
Poco a poco me iba asomando a un mundo complejo y fascinante. Sin duda Coetzee
no es un autor para cualquier lector, pero si entramos en su juego, es tal vez una de las
mentes más interesantes del universo literario actual.
No he podido evitar la tentación de compartir con vosotros a este maestro de la
literatura. Por ello, en este envío os daremos algunas de las claves para conocer a este autor,
al que espero que, como yo, os hagáis adictos.
Sobre J. M. Coetzee
La obra de Coetzee es extensa, abarca la ficción, la crítica y la
autobiografía y es conocida por su estilo y opinión parcos dirigidos a
analizar el drama humano pintado muchas veces sobre un paisaje
escueto y frío de su Sudáfrica nativa.
Ha pasado sus últimos años imbuido en una carrera académica
en [Link]. y luego ha emigrado a Australia, pero había nacido en
una sociedad en la que gobernaba una minoría blanca y fue llevado a
Ciudad del Cabo por sus padres, de habla inglesa pero de herencia
Afnikaner. Para entonces, la segregación de razas era tajante y la
represión contra los no blancos, severa. En este medio Cotzee llevó a
cabo su educación secundaria.
Infancia
Nada hay de gozoso en la experiencia bicultural del autor, los episodios de su infancia
africana aparecen plasmados en su extraña autobiografía, escrita en una inquietante tercera
persona y en la que aparecen definiciones de su niñez como ésta:
La infancia, dice la Enciclopedia de los niños, es un tiempo de dicha inocente, que debe pasarse en los
parados entre ranúnculos dorados y conejitos, o bien junto a una chimenea, absorto en la lectura de un
cuento. Esta visión de la infancia le es completamente ajena. Nada de lo que experimenta en Worcester, ya
sea en asa o en el colegio, lo leva a pensar que la infancia sea otra cosa que un tiempo en el que se aprietan
los dientes y se aguanta. 1
1 J.M. Coetzee. Infancia. Trad. Juan Bonilla, Barcelona, Mondadori, 2003 (Memorias)
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Esta visión desapasionada, distante, es el tono general de sus obras, pero tal vez el
adjetivo “desapasionada” recubra solamente un estilo que aparece cortante como un
cuchillo sobre un espejo. La obra de Coetzeee carece de aspavientos, es verdad, es sincera y
directa, pelada como un hueso, pero implica un alto grado de pasión con respecto a los
problemas de la humanidad.
También pertenece a este período de formación profunda el conflicto religioso que
divide a la comunidad blanca sudafricana, el alcoholismo del padre, la decadencia familiar.
La percepción de sí mismo no es menos cruda que la del entorno:
Al parecer, siempre se equivoca en algo. Quiera lo que quiera, le guste lo que le guste, tarde o temprano
tiene que convertirlo en un secreto
Es tan solo un chico que camina junto a su madre: desde fuera, seguramente parece bastante normal. Pero
él se ve a sí mismo como un escarabajo que corretea alrededor de ella, que corretea en círculos muy cerrados,
con la nariz pegada a la tierra y moviendo rápidamente los brazos y las piernas de arriba abajo.
El contacto con la violencia racial es inevitable en la escuela. Allí, rodeado sólo de
muchachos blancos, existe una pugna marcada entre afrikaners e ingleses. Coetzee es un
apellido afrikaner, pero el niño ve a sus compañeros como pequeños salvajes que se
entregan a ritos de iniciación propios de pandilleros. Por otro lado, asiste al mal trato y la
marginación que sufren los niños negros. El tema del idioma está presente:
Algo de los ingleses lo defrauda, nunca lo imitará, es su desprecio por los afrikáans. Cuando arquean las
cejas y, altivos, pronuncian incorrectamente las palabras afrikáans, como si decir veld con “v” fuera un
signo de distinción, se aparta de ellos: se equivocan y, peor aún que equivocarse, resultan ridículos.
Así se ve a sí mismo durante este período de formación:
Por el hecho de que siempre habla en inglés en casa, y por ser siempre el primero en inglés en el colegio, se ve
a sí mismo como inglés. Aunque su apellido es afrikaner, aunque su padre es más afrikaner que inglés
aunque él mismo habla afrikaans sin acento inglés, nunca podrá pasar por afrikaner.
Muchos de los temas posteriores del autor se encuentran ya plasmados en Infancia. El
rotundo final es ya la base de una carrera literaria que se postula a través de la comprensión
de los grandes temas humanos:
Lo han dejado a él solo con todos los pensamientos. ¿Cómo los guardará todos en su cabeza, todos los
libros, toda la gente, todas las historias? Y si él no los recuerda, ¿quién lo hará?
Más adelante estudiaría inglés y matemáticas, e hizo la Universidad en Ciudad del Cabo
pero, en 1960 una fuerte represión racial de la policía contra una multitud lo hace tomar la
determinación de abandonar su tierra y de afincarse en Inglaterra.
Juventud
En Juventud, la segunda parte de su autobiografía, Coetzee nos presenta a un muchacho
ensimismado que no tiene del todo claras las causas por las que abandonó su tierra. La vida
es difícil, la incorporación al nuevo país también. Trabaja como informático, pero escribe
poesía, encuentra a Samuel Beckett, cuya obra comentará más adelante.
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La vida es en aquellos días solitaria y hostil, propia de un hombre perdido en una gran
ciudad europea en la que nadie parece percibir su existencia. Siente que va hacia ninguna
parte, necesita cambiar de dirección. Como en el caso de Infancia, el autor no busca que lo
compadezcamos, ni siquiera atraer las simpatías hacia su historia.
Decimos, pues, que una de las características de la autobiografía de Coetzee es la poca
simpatía que convoca el personaje, lo escasamente manipulado que se siente el lector. Esta
característica no es nada común en el género, donde normalmente se intenta dirigir hacia el
protagonista toas las simpatías. Podríamos marcar esta posición con respecto a los
personajes como una de las características del autor, que profundiza en los conflictos
humanos a la vez que mantiene una distancia permanente. De allí emerge cierta sensación
de frialdad, que no se condice en absoluto con su apasionada búsqueda intelectual.
Coetzee deja entonces Inglaterra y se dirige a los Estados Unidos donde, dedicado a la
Universidad, da rienda a su inagotable curiosidad. Lee vorazmente, estudia lingüística,
literatura inglesa y, mientras tanto, enseña. Hoy se ha afincado en Australia.
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Modelos y modelitos
La relación entre Coetzee y Robinson Crusoe es el eje de la comprensión de su literatura, a
la vez que el tema sobre el que disertó el autor sudafricano durante la entrega del Premio
Nobel. En lugar de redactar un discurso, como es habitual en esta ceremonia, leyó un relato
basado en el gran modelo de su literatura, cuyo comentario os resumimos ahora.
Sobre la dificultad de comunicar 2
Por Laura-Elizabeth Lorent
Cuando, el 7 de diciembre del 2003, el sudafricano John Maxwell Cohetes recibió
oficialmente su premio Nobel de Literatura no pronunció un discurso, sino que contó una
ficción enigmática, titulada He and His Man 3 , en la cual un hombre desprovisto de nombre
y de pasado, asiste a acontecimientos curiosos y muchas veces dramáticos. ¿Quién es este
hombre que corre a un lado de otro de Inglaterra? Por qué menciona un ”él” insólito, y
quién es esta persona, que vive sola con un loro? Estas son algunas de las preguntas que se
plantea el lector del texto, concebido manifiestamente para intrigar, tanto por su estilo
arcaico como por su estructura sutil.
Poco a poco, mientras los secretos del texto se
aclaran, al menos en parte “Escribe sus aventuras, toma la
costumbre de escribir; esto lo distrae razonablemente. Por la
noche, junto a la vela, saca sus papeles, perfila sus plumas y
escribe una página o dos sobre su hombre” un negociante
arruinado por una inundación terrible… “Y todo esto,
la subida de las aguas, la ruina, la huida, la miseria, la
soledad- todo esto dibuja la figura de un náufrago y una
isla donde él, pobre Robin (en realidad, Robinson), se
encuentra cercenado del mundo durante veintiséis años
hasta el punto de volverse casi loco”.
Algunos párrafos más adelante, se trata de un
borracho al que se deposita sobre una carreta (es el año
de la gran peste en Londres) en el medio de los cadáveres, y que se despierta enloquecido:
“¿Pero dónde estoy?, dice.- Estabas a punto de ser enterrado con los muertos, dice el carretero. - Pero
entonces, ¿estoy muerto?, dice el hombre”. Y esta también es una imagen de él sobre su isla.
Aunque haga sonreír al principio, la ficción imaginada por J.M. Coetzee es rica en
significados trágicos. Toda aventura humana es una alegoría del destino de Robinson
abandonado sobre su isla: todo hombre es un “pobre Robin” que sufre el naufragio, el
hambre, la soledad o la proximidad de la muerte. Todo ser comprueba la dificultad de
comunicarse y es llevado, un día u otro, a gritar y a gesticular como un insensato, sin que
nadie lo comprenda. “A qué llama (ese pobre desgraciado) por sobre las aguas, por sobre los años,
sintiendo ese fuego que quema dentro de él”
2 De la difficulté de communiquer. Le discours de réception du prix Nobel de Littératura. Julio 2004. Trad. Clara Obligado
3 Él y su hombre.
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Por un lado, Él y su hombre es una metáfora de la escritura, algo similar al cuarto libro de
Coetzee, Foe, y evoca en particular el misterio de la inspiración y la relación entre el escritor
y el narrador, una relación compleja y variable, ya que el narrador se parece a veces al autor
pero puede ser también, a veces, muy diferente a él. Esto complica las cosas en Él y su
hombre, esta narración de Coetzee implica otra narración, la de Robinson, sino olvidar
aquella de Daniel Defoe, logrando así un efecto sumamente sutil.
Si todo ser es una isla perdida en el infinito océano, escribir ficciones puede ser una de
las mejores maneras de comunicarse, una botella lanzada al mar, que puede caer en la
incomprensión, pero también puede suscitar interés, producir empatía, porque, por su
propia complejidad, por su naturaleza a la vez general y personalizada, la novela evita la
simplificación abusiva o mentirosa.
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Libros sobre libros
Sobre Elizabeth Costello 4
Elizabeth Costello es una curiosa novela en la que los géneros se mezclan. Más que ficción,
allí encontramos ensayo, ya que el personaje principal, una escritora ya mayor, desarrolla en
una serie de conferencias sus propias ideas, que muchas veces coinciden con las del propio
autor: el espacio que ocupa la literatura, la relación del hombre con los animales, el
pensamiento clásico contrapuesto al cristiano, la escritura en Sudáfrica. Es un texto
indispensable para quienes gusten de este autor, ya que en él su pensamiento aparece con
una claridad siempre inquietante. Pero a la vez es un libro interesante para aquellos que
prefieren la literatura de pensamiento a la ficción.
En él encontraréis también una exposición más abstracta y clara de muchos de los
grandes temas que aparecen en la ficción de este autor.
Para entusiasmaros con la lectura de un libro particularmente inteligente, os ofrecemos
algunos fragmentos, luego de situaros con un artículo y una entrevista al autor:
El Premio Nobel de Literatura J.M. Coetzee
cuestiona su medio en un nuevo libro
Sylvia Colombo 5
J.M. Coetzee, de 64 años, cuenta que leyó Robinson Crusoe por vez primera cuando tenía
apenas nueve años. Quedó fascinado por aquella narración en primera persona, pero lo
llenó de intriga el hecho de que apareciera en el lomo del libro el nombre de Daniel Defoe
(1660-1731). ¿Quién sería? ¿Y por qué no entraba en la historia?
Fue así como comenzó el discurso del Premio Nobel. Parte de este cuestionamiento
personal se encuentra también en su última novela “Elizabeth Costello – ocho
conferencias”. Según las palabras del autor, el libro no es estrictamente una novela, sino
más bien ocho piezas más o menos didácticas, más o menos autónomas fragmentos de
ficción”.
En este libro se nos presenta a Elizabeth Costello, una escritora de renombre, de 66
años de edad, que viaja por el mundo recibiendo premios, dando conferencias y
provocando polémicas académicas. Su libro más conocido es ya antiguo, y fue escrito en
los años ’60, pero aún recibe la atención de periodistas deslumbrados y seguidores.
A través de la escritora de y los debates que la envuelven, Coetzee organiza una
intrijcado juego de espejos. A veces sus propias preocupaciones aparecen en la voz de la
protagonista, de tal forma que nunca sabemos cuáles son las preocupaciones del autor y
cuales las del personaje. Los temas son variados: del origen del mal al humanismo, de los
derechos de los animales a la función de la universidad en la sociedad actual.
4 Coetzee, J.M Elisabeth Costello. Trad. de Javier Calvo. Argentina, Mondadori, 2004 (Literatura Mondadori
227).
5 Folha Ilustrada. Brasil. Trad. de Clara Obligado
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El libro desarrolla también una crítica feroz contra el showbusiness literario, la industria
de la autopromoción de los autores, el circuito lucrativo de conferencias y premios
internacionales, el asedio de la prensa que transforma a los escritores en celebridades. En
un capítulo, Costello viaja en un barco en el que se realizan conferencias literarias para
divertir a los pasajeros y presenta una versión resumida de un discurso que ya ha repetido
cientos de veces.
Coetzee se hizo célebre por retratar, en sus novelas, una Sudáfrica que se sitúa fuera del
lugar común de la lucha racial o el conflicto político. De esta forma consiguió el Broker
Price, máximo galardón de la lengua inglesa. Las novelas que dieron lugar a este galardón
fueron Vida y época de Michael K (1983) y Desgracia (1999).
Después de vivir en África del Sur hasta los años ´60, el autor hizo carrera en Europa y
en los [Link]. hoy vive y enseña en Australia, desde donde nos ha respondido a estas
preguntas por e-mail.
¿Por qué escogió a una escritora como protagonista de su libro?
J.M.C: Como la mayoría de los escritores, no me
siento y construyo un libro conscientemente, a partir
de la nada. Existe siempre algo desde lo que se
empieza, que viene hacia uno aunque uno no lo
escoge. En el caso de estas ocho lecciones, ese “algo”
era Elizabeth Costello, ella misma, que vino hacia mí
completa.
Y no tengo paciencia para aquellos del mundo
literario que dicen que los blancos no deben escribir
sobre negros, los hombres no deben escribir sobre
mujeres, etc. Esto está en la esencia de la literatura,
tanto para el escritor como para el autor, ya que
podemos entrar en la experiencia de vida de otras
personas así como podemos entrar en la experiencia
de los animales.
La pregunta más obvia que podemos hacer sobre este libro es, tal vez, quién es
usted. ¿Costello? ¿Su hijo? ¿Su hermana? ¿Es posible responder, o es una obra que
se presta más bien como un laboratorio en el que usted experimenta con sus
propias opiniones?
J.M.C. La pregunta sobre dónde se posiciona la persona histórica de J.M. Coetzee en este
libro no es esencial. La pregunta más importante es: ¿quién cuenta las historias? Y la
respuesta es: la mayoría de las veces, un narrador que está próximo a Elizabeth. Menos en
la primera historia, en que ese narrador está más próximo a su hijo. Y sí, el libro es un
laboratorio para algunas de mis preocupaciones.
Usted es muy crítico con el showbusiness literario. ¿Podría ser de otra manera?
Sí, pienso que la industria literaria podría cambiar. El espectáculo de los escritores usados
para hacer publicidad de sus propios libros, particularmente los más jóvenes, es deprimente
y no funciona bien. Raramente encuentro a un escritor que tenga algo interesante que decir
sobre su trabajo, y para ello hay buenas razones. Cuando alguien termina un libro, cambia
inmediatamente de preocupaciones, simplemente se interesa en dejar atrás lo que escribió.
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Si fuese invitado a hacer un discurso en un barco, como le pasó a Elizabeth
Costello, ¿sobre qué hablaría?
Probablemente sobre el fenómeno de los cruceros. Pero a mí no me gustan las
conferencias como forma de comunicación.
Elizabeth Costello tiene una discusión con su hermana, quien defiende las ciencias
humanas. La protagonista, en cambio, ataca la ganancia actual de las
universidades. ¿Usted comparte esas opiniones?
Sí, hay una crisis en las humanidades. La universidad, que era la base de los estudios
humanos, ha perdido interés. Las humanidades se abandonan, en cuanto la universidad
enfrenta un nuevo negocio, que es el de servir a la economía neoliberal. ¿Deberían las
humanidades adaptarse a estas nuevas circunstancias? No, porque eso significaría cambiar
su verdadera naturaleza.
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Elisabeth Costello, Fragmentos
Sobre la literatura…
- Es un libro impresionante, debo decírselo a nuestros oyentes. Pero, ¿le resultó fácil
escribirlo desde la perspectiva de un hombre?
- ¿Fácil? No. Si fuera fácil no valdría la pena hacerlo. El desafío está en la alteridad.
Inventarse a alguien que no es uno mismo. Inventar un mundo para que ese alguien se
mueva (…)
(…) en cierta medida, Molly (hablando de el Ulises de Joyce) es prisionera del
matrimonio, de la clase de matrimonio que había en oferta en Irlanda en mil
novecientos cuatro. Y su marido Leopold también es prisionero. Si ella está encerrada
en el hogar conyugal, él está atrapado en el exrterior. Así que tenemos a Odisea
intentando entrar ya Penélope intentando salir. Esa es la comedia, el mito cómico que
Joyce y yo estamos honrando, cada cual a su manera.
(El hijo de Elizabeth Costello habla de su madre en cuanto escritora)
(…) - Pero mi madre ha sido un hombre –insiste él-. También ha sido un perro. Puede
meterse dentro de otra gente, dentro de sus existencias. Yo la he leído. Lo sé. Tiene el
poder de hacerlo. ¿No es eso lo más importante de la ficción? ¿Qué nos saca de
nosotros mismos y nos introduce en otras vidas?
Sobre África…
“Nosotros, nosotros, nosotros”- piensa Elizabeth-. “Nosotros los africanos”. “No es
lo nuestro”. Nunca le ha gustado la forma excluyente de la palabra “nosotros”. (…)La
africanidad, una identidad especial, un destino especial.
La vida de los animales y la violencia…
Si los alemanes de cierta generación siguen siendo percibidos como un poco menos
humanos, como seres obligados a hacer o ser algo especial antes de ser readmitidos en
el corral de la humanidad, no es porque libraran una guerra expansionista o la
perdieran. Perdieron la humanidad, a nuestros ojos, porque hicieron gala de cierta
ignorancia voluntaria. Bajo las circunstancias de la guerra el estilo de Hitler, la
ignorancia pudo ser un mecanismo útil de supervivencia, pero es una excusa que nos
negamos a aceptar con un rigor moral admirable. Digamos que en Alemania se cruzó
cierta línea que llevó a la gente más allá de las condiciones normales de crueldad y
asesinato de la guerra y los puso en un estado que solamente podemos llamar pecado.
La firma de los artículos de capitulación y el pago de reparaciones no pusieron fin a ese
estado de pecado. Al contrario, dijimos nosotros, aquella generación siguió marcada
por una enfermedad del alma. Marcó a los ciudadanos del Reich que habían cometido
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acciones malvadas, pero también a aquellos que, por la razón que fuera, obviaron
dichas acciones. Así pues, para ser prácticos, marcó a todos los ciudadanos del Reich.
Solamente resultaron inocentes los que estaban en los campos.
Señalamos a los alemanes, los polacos y los ucranianos que sabían y no sabían a la vez
las atrocidades que se cometían junto a sus casas. Nos gusta pensar que quedaron
marcados interiormente por las secuelas de aquella forma especial de ignorancia. Nos
gusta pensar que en sus pesadillas regresan para atormentarlos aquellos en cuyo
sufrimiento se negaron a adentrarse. Nos gusta pensar que despertaron demacrados
una mañana y murieron de cánceres lentos. Pero probablemente no fue así. Las pruebas
indican lo contrario: que podemos hacer lo que sea y quedar impunes. Que no hay
castigo.
Sobre las humanidades…
¿Las humanidades son el núcleo de cualquier universidad? Puede que sea forastera,
pero si le preguntaran cuál es la disciplina central hoy en día, diría que es ganar dinero.
La belleza. Seguramente en Zululadia, donde tienes tanta abundancia de cuerpos
desundos que mirar, debes admitir, Blanche, que no hay nada más humanamente
hermoso que los pechos de una mujer. Nada más humanamente hermoso, más
humanamente misterioso que la razón por la que los hombres quieren acariciar sin
cesar, con pinceles, cinceles o manos, estas bolsas de grasa extrañamente curvadas, y
nada más humanamente atractivo que nuestra complicidad (me refiero a la complicidad
de las mujeres) con su obsesión.
Las humanidades nos enseñan humanidad. Tras la noche secular del cristianismo, las
humanidades nos devolvieron nuestra belleza, nuestra belleza humana. Eso es lo que
nos enseñan los griegos, Blanche, los griegos correctos.
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Herramientas
Sobre la lectura y los grandes amores
Pocas veces sucede, pero hay momentos en los que la vida nos regala el
descubrimiento de un autor del que no tenía datos y que nos parece interesante. Este es
un buen momento para dejar todo lo que estamos haciendo y dedicarnos a él. Me
sucedió con Coetzee, también con Clarise Lispector.
Estos flechazos literarios tienen que ver con el amor, y como tal debemos actuar.
Me explico. ¿Qué haríamos si súbitamente tuviésemos la sensación de que habíamos
conocido a esa persona que estábamos esperando? ¿dejaríamos todo? Si nos dejásemos
llevar por la pasión, claro que sí. Y, probablemente, haríamos bien.
De la misma manera, cuando se lee un libro de alguien que nos parece brillante o de
un autor que parece decirnos algo absolutamente nuevo, deberíamos entregarnos a su
lectura. Pero, ¿cómo?
Orden, por favor…
El acercamiento a un autor nuevo pide un poco de orden, si queremos sacarle todo el
partido posible. El mejor sistema me parece organizar las obras por su fecha de
escritura, es decir, comenzar por el primer libro escrito, y terminar por el último de
manera cronológica.
Es así mucho más fácil de ver su evolución, la problemática que va planteando. Si la
obra es extensa, si nos cansamos, vale intercalar lecturas livianas que no nos distraigan
de nuestro objetivo final. Vale descansar, si los volúmenes se acumulan, pero no
abandonar la empresa.
Cuando nuestra lectura esté mediada, conviene buscar material crítico, en internet es
fácil encontrar textos que nos ayuden a pensar lo que estamos leyendo. Si se trata de un
autor muy conocido, es posible que también encontremos alguna bibliografía
específica.
La técnica del huevo frito
Una vez que hayamos terminado con la obra que nos ocupaba, si la pasión persiste y la
disciplina está fortalecida, podríamos hacer algo que llamo “la técnica del huevo frito”.
Es decir, podríamos partir del centro, (la yema, nuestro autor o autora) y ver cómo se
expande graciosamente a su alrededor. Alrededor de este escritor encontraremos,
posiblemente, a otros de buen nivel, los que influyeron en él, los que formaron parte de
su generación, los que compartieron debates y simpatías. Por ejemplo, alrededor de
Truman Capote podemos encontrar a Carson McCullers o a Catherine A. Porter, dos
autoras de primerísimo nivel contemporáneas y conocidas del primero…
Alrededor de Coetzee, por ejemplo, podemos encontrar a Nadine Gordimer,
también premio Nobel sudafricana o leer a Robinson Crusoe, por quien el autor guarda
absoluta veneración.
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De una lectura de estas características se sale con un conocimiento profundo. Así
evitaremos la acumulación de libros que no recordamos qué contienen y nos
formaremos una idea fundamentada de lo que estamos leyendo. Aunque parezca que
así se utiliza demasiado tiempo, en realidad, lo estamos ganando.
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Ejercicios de escritura
En honor al escritor que estamos trabajando, vamos a realizar un trabajo de escritura
relacionado con el tema de la frontera. Ya hemos definido, en un envío anterior, el
“espacio de frontera” como aquél que, una vez que se atraviesa, modifica la vida del
protagonista. Con el nombre de “La espera”, os propongo que escribáis alguno de los
siguientes textos:
- Una persona, en la cola en la que se sellan los pasaportes (no atraviesa el control, la
historia sucede en ese momento)
- Alguien que espera, en la sala del médico, el resultado de unos análisis.
- Una novia, la noche anterior a la boda.
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