SABE VALORAR LO QUE TIENE
David Fischman
Haga la prueba y deje de respirar por un minuto. Al intentarlo, habrá recordado que
no podemos vivir sin respirar y es que la respiración es indispensable para nuestra
vida, pero rara vez tomamos conciencia de su importancia hasta que la perdemos. Lo
mismo ocurre en la empresa.
Cuentan que una persona le pidió al rabino de su comunidad para que lo ayudase por que ya no
soportaba la estrechez de la habitación que ocupaba, él, su mujer y sus tres hijos.
El rabino prometió ayudarlo pero le pregunto: “¿Cuántos animales tienes? A lo que él
respondió: “Una vaca, una cabra y seis gallinas”. El rabino le pidió que por una semana metiese
los animales dentro del cuarto.
A la semana vino la persona desesperada contándole que su casa era un caos, que no había
espacio y que los animales ensuciaban todo. El rabino le dijo que sacara los animales y volviera
al día siguiente. Así lo hizo y el rabino le pregunto entonces cómo estaba su casa y éste
respondió: “Me encanta, es limpia, maravillosa y muy espaciosa”.
Esta historia recalca la importancia de valorar lo que tenemos, lo que con frecuencia no lo
hacemos, por ejemplo, cuando trabajamos en una empresa y no valoramos el puesto que
ocupamos, ni la organización dentro de la misma y nos quejamos del trabajo, del estrés, del
estilo del jefe, de las políticas de la institución y soñamos con encontrar un puesto mejor en
remuneración y prestigio; o cuando tenemos un subordinado que no nos convence y quisiéramos
encontrar una persona más eficiente y capaz; o cuando tenemos una pareja y vemos sólo sus
defectos, nos concentramos en lo negativo y soñamos con encontrar a la persona ideal.
Una de las principales causas por la que no valoramos lo que tenemos es nuestra falta de
autoestima. Cuando una persona no se siente competente o valorada, busca permanentemente
lo negativo en los demás y en su entorno.
Anda por la vida con lentes para eclipse, gafas opacas que provocan que vea su realidad
totalmente oscura. Al oscurecer a las personas y el entorno, se realza a sí mismo y se siente
temporalmente superior. Sí nuestra autoestima es baja, sentimos que nada es suficiente para
nosotros, que nos merecemos mucho más, cuando en el fondo lo que hacemos es ocultar nuestra
propia inseguridad.
No está mal querer crecer profesionalmente, el problema surge cuando sólo vemos la parte
negativa de la realidad y sobre esa base decidimos nuestro futuro. Lo mismo ocurre cuando a un
subordinado le encontramos defectos y rasgos deficientes permanentemente. Necesitamos sentir
que somos mejores que ellos para así ocultar que nos sentimos poco competentes.
Todas las personas tienen defectos, pero también virtudes. Cuando vemos la realidad con
nuestros lentes de eclipse sólo vemos lo negativo y perdemos información valiosa para la toma
de decisiones.
Hace algunos años tuve un gerente de marketing a mi cargo. Yo estaba tan cansado de su
desorden e incumplimiento de plazos que lo único que hacia era enfatizárselo. Esta persona
desmotivada terminó renunciando a la organización y sólo cuando se marchó me di cuenta
recién de sus virtudes y del valor que tenía para la institución.
Cuentan que una pareja le puso de nombre a su hijo Increíble, pues tenía la certeza que haría
cosas increíbles en la vida. Pero increíble tuvo vida tranquila, se caso y vivió fiel a su esposa
por 60 años.
Sus amigos lo fastidiaban por que su vida no concordaba con su nombre. Antes de morir, le
pidió a su esposa que no colocase su nombre en su lápida ya que no se quería escuchar las
burlas de sus amigos desde el cielo. Cuando murió, su mujer puso en su lapida: “Aquí yace un
hombre que le fue fiel a su mujer durante 60 años”. Paradójicamente cuando la gente pasaba por
el cementerio y leía la lápida decía: “¡Qué increíble!”