HEINER MULLER, MAQUINA HAMLET
El teatro-ensayo de Muller
Su condición de alemán del Berlín-Este, la ciudad del desgarramiento, de la separación del mundo en dos
bloques, convierte a Heiner Müller en el hombre de la conjugación de la historia presente, pasada y futura,
para plantear siempre los mismos problemas esenciales del individuo, del poder, de la política. Sus
primeras obras (Der Lohndrücker, Die Korrektur, Der Baru, Die Bauern, etc...) tratan de las contradicciones
que marcaron la "construcción del socialismo" en la RDA. Más adelante, de 1960 a 1968, explora la
mitología con obras como Prometeo, Philoctète, Heraklés 5, OedipoRey... y los rodeos de la historia de
Alemania con Die Schlacht...
En Francia le descubrieron en 1979 con La Máquina-Hamlet, dirigida por Jean Jourdheuil (que suele firmar
las traducciones de sus obras al francés) y que representó en el Teatro Gérard Philippe de Saint-Denis cuyo
director era, en aquella época, René Gonzales
proceso de mutación y explosión; un texto que habla del cielo, de las nubes, del acto sexual, de la muerte;
un texto que no tiene ninguna historia que contar -si no es la descripción de un cuadro- en un contexto de
degradación del tiempo y del espacio
no se asemeja a una obra de teatro. Nos tentaría más hablar de ensayo. Esta es una de las constantes de su
escritura, siempre al margen de la escritura tradicional...
Es cierto que la forma tradicional de la escritura en el teatro es el diálogo. Pero no es menos cierto que esta
forma dialogada está en crisis desde hace mucho tiempo. Desde Brecht e incluso desde Hindekind... Es un
fenómeno que corresponde al estado de la sociedad
- Su teatro es un teatro anclado en la Historia. ¿Es indispensable pasar por la Historia para hablar del
hombre de hoy?
- "El teatro es, por definición, Historia. No es más que la similitud del presente, del pasado, del futuro. Y
esto cobra más importancia todavía si tenemos en cuenta el hecho de que estamos en el fin de una época,
en un período de articulación e ignoramos si le seguirá otro igual o si terminará con un apocalipsis, un
cataclismo nuclear por ejemplo".
- ¿Es su teatro un teatro sombrío, y sin "esperanza"?
- "Podría contestarle que el hecho de que siga escribiendo demuestra que no soy tan pesimista como se
dice. En realidad habría que comprobar qué encubren los conceptos de "esperanza" y "desesperanza". Para
los griegos no tenían ningún sentido. Adquirieron un significado cuando se elaboraron las religiones -en
particular el cristianismo-. Pero esto no significa que sean indispensables. Incluso pienso que estar sin
"esperanza" o "desesperanza", esto es la vida y que estos conceptos -o el sentimiento de su necesidad-, son
la negación del vivir. Para agudizar la polémica e cincluso afirmar que toda clase de religión es una negación
de la vida".
- ¿Qué quiere usted decir?
- " Que las religiones aparecen como una terapia a esta conciencia que tenemos de ser mortales. Su punto
de partida es saber qué tratamiento dar a la muerte, como convertirla en algo aceptable. Y,
paradójicamente, recordando el pensamiento de Erhenbourg, podemos decir que la verdadera tragedia del
hombre empieza en un mundo del socialismo totalmente aplicado, donde no hay problemas económicos ni
sociales. Porque a partir del momento en que la vida se ha convertido en algo grato, ya no hay motivos para
resignarse a que tenga un fin".
La función del teatro es mucho más evidente en la RDA, por lo menos en el plano sociológico. Su papel
esencial es volver a plantear y hacer la crítica de las necesidades heredadas de la sociedad capitalista y la
búsqueda de nuevos motores, nuevo valores.
De todas dormas, la función del arte -y más precisamente la del teatro- no es la de juntar gentes. El público,
por definición, es heterogéneo. No busco el consenso, ni ambiciono conquistar todo el público, sino al
contrario, provocar la división y la oposición entre la gente. Es necesario que una parte aplauda y la otra
resulte escandalizada. si no, significa que ya no hay nada que decir".
"Los textos son máscaras y detrás de estas máscaras, no hay nada". Esta es una buen a definición del
teatro. Si algo puede perfilarse detrás, sólo puede ser gracias al diálogo con el público. Lo que cuenta es el
texto. Recordando a Aragón podemos decir que "el teatro es la máquina de la libertad". Pero es preciso que
alguien aprenda a servirse de esta máquina y esto es imposible sin el público.
El teatro tiene una función antropológica en el sentido práctico, en el sentido que nos lleva a comprobar
dónde anida la culpa en este animal que es el hombre. La que le hizo perder el rumbo. Esta es su función
más importante. Pero esta culpa no se puede hallar si uno se refugia detrás de la ideología o la religión, que
son las responsables de que toda antropología se convierta en algo imposible".
- "Los textos contienen muchas más cosas de las que yo quise poner en ellos. Según se monten, desvelan
otras verdades, desprenden cualidades subversivas que pueden sobrevivir al éxito... o al fracaso".
solamente tres páginas sin distinguir personajes, sin reconocer el argumento, sintiendo el fragor de
su poesía, La escritura de este tipo no requiere adherirse a esquema alguno, se vuelve visual sin describir y
es muscular sin dejar de ser gráfica
“PARA QUE ALGO VENGA TIENE QUE MARCHARSE LA PRIMERA FORMA DE LA
ESPERANZA ES EL TEMOR LA PRIMERA MANIFESTACIÓN DE LO NUEVO ES EL
ESPANTO” H.M
Uso las mayúsculas y el vacío de puntuación con el mismo vértigo
del texto original. Escribir es crear una partitura. La sonoridad de Müller
restituye esa fidelidad temible de la esperanza al miedo, mutua, señera,
donde reconocer quizás lo que más necesitamos, aquello que tanto tememos,
el cambio, la salida.
En el uso tremebundo de la pausa, en la puntuación violentada y la
tipografía aparentemente azarosa, no hay ni un solo respiro lúdico, tan sólo
la sensación de un instinto asesino, el que un artista del siglo XX, un
verdadero hijo del siglo, debe tener como primera condición para Müller.
¿cómo se sobrevive al siglo XX? Fragmentado,
corroído, con el aliento pútrido, un cigarro tras otro y mucho whisky, con
un cúmulo de traiciones en el cuerpo, contradictorio y paradójico.
El texto de Müller comenta el Hamlet original, latencia permanente, una
fragilidad amenazante desde la sintaxis hasta el perverso uso de las acotaciones.
Divide la pieza en cinco partes, como el texto isabelino, pero esto es
apenas un resto, un muñón mutante, un híbrido desmadrado, de lo que
alguna vez se entendió como escritura escénica
De esa incerteza trata la obra de Müller, la misma incertidumbre
acentuada que le costó en la República Democrática Alemana (RDA) el ser
expulsado de la Unión de Escritores, considerado pesimista y reaccionario
ante una lucidez ácida que no renunciaba al estudio profundo de la contradicción
del sistema comunista en el cual veía el futuro deseado pero no el
posible, sabedor de la condición humana.
Arranca la pieza en pretérito, cita la imagen del roquerío y el mar,
destruye Europa, apocalíptico el narrador (¿quién?) dice haber sido Hamlet
este ex Hamlet que será despedazado a lo largo de la representación
La segunda parte se intitula ‘La Europa de la mujer’. Su título es un
desafío fortísimo en todo el trabajo de Müller, el rol de la mujer en el
desarrollo de una sociedad verdaderamente libre.
La cita de la mujer suicida remite sin reparos a la biografía de
Heiner Müller. Entre sus escritos breves incluye ese texto estremecedor
compuesto a raíz del suicidio de su segunda esposa, Inge Schwenker, poeta
también, autora de cuentos para niños, de poderosa influencia en la creatividad
de Müller y con quien compuso sus primeras piezas:
“ESQUELA DE DEFUNCIÓN”:
Estaba muerta cuando llegué a casa. Yacía en la cocina encima del
embaldosado, apoyada a medias sobre el vientre y a medias sobre el
costado, con una pierna doblada como cuando dormía y con la
cabeza cerca de la puerta.
Nacido en Eppendorf, Sajonia, después RDA, distrito de Karl-MarxStadt, hoy Alemania, en enero de 1929.
Vería a su padre ser arrestado por la SS y enviado a un campo de concentración a los cuatro años de edad.
El pequeño Heiner se hace el dormido cuando su padre intenta despedirse y luego revisita este doloroso
recuerdo de diminuto traidor en varios escritos. Su padre es detenido al día siguiente de asumir Adolf Hitler
como canciller del Imperio Alemán. El joven Müller crece con un padre desempleado, se enrola en las
juventudes hitlerianas y alcanza a ser enviado al frente para caer prisionero de los norteamericanos en lo
que sería el lado occidental. Nombrado su padre en un alto cargo en Sajonia tras la ocupación rusa, Heiner
se reúne con su familia sólo hasta la expulsión de su padre del Partido Socialista Unificado de Alemania
Democrática. Todos parten a la RFA y Heiner Müller decide permanecer en la RDA.
La continua vivencia de despojos y desgarros se hace carne en él. Su familia, su país, sus ideas, han sido
arrancadas de cuajo destrozando toda ilusión de continuidad. Ha crecido en la Alemania nazi, ha sido
concebido en medio del caos nacional, ha sido adolescente bajo la Segunda Guerra Mundial, ha visto su
territorio patrio invadido y dividido. Su excelente inglés de estudiante le permite convivir con los
norteamericanos mientras es prisionero. Luego convivirá con los soviéticos. Un primer matrimonio juvenil
con una muchacha embarazada termina en un fracaso. Sus hijos parecen importarle poco, como él a la
historia de su país. Empleado de la Unión de Escritores de Alemania Oriental, se casa con Inge y comienza
su carrera de artista mayor. Desde 1954 hasta 1961 será una suerte de promesa nacional, premiado y
halagado por sus piezas teatrales escritas en colaboración con su mujer. En 1956 muere su gran maestro y
mentor, Bertolt Brecht. Su referencia será permanente, junto a Shakespeare construirá un polo de
constante discusión interior. De él aprende lo didáctico y el distanciamiento dramático, pero lo critica y lo
tergiversa intencionalmente. “No criticar a Brecht es traicionarlo”, dirá. “Shakespeare me ha servido para
protegerme de MARCO ANTONIO DE LA PARRA 363 Brecht”, agrega luego. Queda entre ellos el plan
insospechado de montar en el Berliner Ensemble la obra teatral de Samuel Beckett Esperando a Godot,
bajo todo el peso racional del sueño socialista del reino en este mundo. Tras la muerte de su maestro,
comienzan los problemas. Die Korrektur (La rectificación) debe, justamente, ser revisada para satisfacer al
Partido. Es severamente criticada durante los ensayos en Berlín. Pieza asfixiante y desconcertadora, el
Partido la rechaza. Debe atenuar su versión final para verla estrenada. El mismo año estrenan con Inge Der
Lohndrucker (El hundesalarios) y obtienen el Premio Heinrich Mann. Los problemas surgen en cuanto
asoma su aguda mirada crítica sobre estilo, forma y contenido. Apegándose a la forma didáctica brechtiana
pero al mismo tiempo subvertiéndola, intenta estrenar Die Bauern (Los campesinos) y Die Umsiedlerin (El
recolocador), que son retiradas de programa una en su primera presentación y la otra en la prueba de
vestuario. Esto le gana la expulsión de la Unión de Escritores y comienzan sus calamidades. En 1965, tanto
Müller como otros autores de la RDA son violentamente atacados en el comité central del Partido. En 1966,
tras sucesivos intentos de suicidio, Inge Müller es encontrada muerta por Heiner “con la cabeza en el horno
de la estufa”. En 1968 escribirá Die Horatier (El Horacio), donde plantea la contradicción flagrante del
asesino y el héroe en la misma persona y en la misma acción. Fallecido en diciembre de 1995 a
consecuencia de las complicaciones broncopulmonares de un cáncer de larga data, sin dejar de fumar y sin
conseguir estrenar su Germania 3, su funeral provoca un masivo homenaje del pueblo alemán,
Un texto vive de la contradicción entre intención y material, autor y realidad.
El arte, para Müller, es una zona de irresponsabilidad, un estado de ingenuidad maligna. Sus personajes
tienden a convertirse en payasos aforísticos donde la autocrítica es permanente y la demolición de las
ilusiones queda al servicio de una esperanza cuyo poder de verdad sobreviva a la destructiva y sucesiva
caída de todas las máscaras.
¿Cuántas veces murió su país? Las ruinas de Europa de su obra
‘postdramática’, escrita contra la obra de arte y sin embargo obra de arte en
sí, La máquina Hamlet.
La máquina Hamlet es el sacrificio de Shakespeare, incombustible, insumergible, inmortal, en garras de un
autor desesperado que pide a gritos un ya imposible nuevo Shakespeare para salvar una Europa arrasada
por guerras y guerras y guerras, para una humanidad ya devastada.
Tras la segunda parte, centrada en La Mujer o también Ofelia, expone el ‘Scherzo’, escena de violencia
infinita que parte con unas supuestas señales para el montaje
La cuarta parte se intitula ‘Peste en Buda batalla por Groenlandia’, donde emerge otro de sus fetiches
shakesperianos, Macbeth.
El acto final lo intitula con una cita (ha realizado tantas) de Hölderlin, el poeta loco y suicida
‘Esperando con saña/en la terrible armadura/milenios’.
Desde mis comienzos hasta Hamletmachine todo es una sola historia,
un lento proceso de reducción. Con mi última obra Hamletmachine
esto ha llegado al final. No existe más sustancia para diálogos
porque no hay más historia
Los textos son largos monólogos
de personajes que fluyen como las aristas de un sueño, diluyéndose unos
con otros. Quizás retengamos borrosamente el género. No hay ninguna
posibilidad en diferenciar lo vivo de lo muerto. Lo más seguro es que todos
estén muertos. Lo están, de hecho, y por eso son fantasía. Aquí no está la
preparación del rito sagrado de Artaud, queda solamente el sarcasmo, las
bromas perversas intelectuales, la supremacía brechtiana de la razón y la
dialéctica es violada e irrumpe como un tren la violencia surrealista
Él me ha dicho que la última esperanza y la única alternativa para Europa está en la alianza de los culpables.
No hay inocentes. Solamente cuando los culpables se hayan aliado, reconociendo mutuamente sus faltas y
las hayan compartido, sólo ahí habrá una posibilidad…