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La amistad que salva vidas

La amistad entre una hormiga y una paloma se formó cuando la paloma rescató a la hormiga de ahogarse en un charco. Más tarde, cuando un cazador apuntó con su escopeta a la paloma, la hormiga mordió la mano del cazador para salvar a su amiga. Como resultado de estos actos de rescate mutuo, surgió entre ellas una amistad eterna.

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La amistad que salva vidas

La amistad entre una hormiga y una paloma se formó cuando la paloma rescató a la hormiga de ahogarse en un charco. Más tarde, cuando un cazador apuntó con su escopeta a la paloma, la hormiga mordió la mano del cazador para salvar a su amiga. Como resultado de estos actos de rescate mutuo, surgió entre ellas una amistad eterna.

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La amistad que salva vidas

La amistad es uno de los sentimientos más bellos y poderosos que existen. Dan igual las diferencias o semejanzas
que posean dos amigos, ya que la fuerza que les une es superior a todo lo demás. Y esto lo saben muy bien una
paloma y una hormiga que, de no conocerse, pasaron a ser dos grandes e inseparables amigas.
Un día la hormiga se vio atacada por una terrible sed y decidió acercarse a una charca cercana para poder saciarla.
A pesar de los intentos de la pequeña hormiga para no caer al agua, el tronco sobre el que procuró deslizarse
para beber giró con tan mala suerte, que finalmente cayó. ¡Qué miedo sintió la hormiguita, tan pequeña y sin
saber nadar en el agua!
Por suerte una paloma pasaba por allí y pudo ver el miedo de aquella hormiguita intentando salir del agua sin
ningún éxito. Y, rápida como el mismo viento, se aproximó volando hasta alcanzar a la hormiga con el pico y
posarla en tierra firme para ponerla a salvo.
Muchísimas gracias paloma. Estaba a punto de ahogarme y tú me has salvado. Te debo la vida – Dijo la hormiga.
No me debes nada, todos debemos ayudarnos si estamos en peligro, y tú lo estabas. Seguro que harías lo mismo
si se diese la ocasión – Respondió la paloma.
Y aquella ocasión de la que hablaba la paloma en sentido figurado, tuvo lugar no lejos de aquel día. Todo ocurrió
cuando un cazador, una tarde de domingo, salió a buscar presas para el almuerzo, con tan mala suerte de
encontrarse con la paloma. Pero finalmente, y a pesar de tener a la paloma completamente indefensa y a una
distancia perfecta, no pudo darle caza. El cazador, de repente, sintió un dolor en la mano que le llevó a soltar la
escopeta de un golpe.
¿Queréis saber qué pasó? Pues que la hormiguita, que desde el día en que fue salvada de las aguas seguía a la
paloma sin hacer ruido, pudo comprobar el peligro tan grande en el cual se encontraba inmersa su amiga. Y no
dudó en subir por la pierna del cazador hasta alcanzarle la mano y darle un buen bocado.
Gracias a la intervención de la hormiga la paloma pudo escapar y, finalmente, la hormiga pudo cobrar su deuda.
Una deuda que quedó, a partir de entonces, sellada con una amistad eterna.

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