EZRA POUND
Homage to Sextus Propertius
VII
(Traducción de Jorge Esquinca)
Soy feliz, noche, noche radiante,
cama, tú misma, por mi largo deleite venturosa,
cuántas palabras dichas entre tantas velas
y un asedio que aumenta ya sin luz;
ahora, con sus senos desnudos sobre mí
–la túnica abierta con tardanza–, ella combate.
Luego, sus labios separan mis párpados
casi dormidos y dice, encima, ¿estás cansado?
Qué diversos abrazos de los cuerpos enlazados,
sus besos –cuántos– demorándose en mis labios.
“No conviertas a Venus en una ciega que anda
–los ojos son guías del amor–,
Paris tomó desnuda a Helena al salir de la cama del marido
y Diana mordió el anzuelo: el cuerpo desnudo de Endimión.”
–así es el cuento.
Mientras nuestros destinos se cruzan: llenemos con amor los ojos,
viene sobre ti una larga noche
y un día en que el día ya no llega.
Que los dioses nos aten con cadenas
irrompibles para el día.
Loco es quien a la locura de amor pone término,
el sol guiará un corcel de sombras,
la tierra dará trigo en campo de cebada,
las aguas volverán hacia la fuente
antes que amor escuche a la prudencia
–el pez nadará en un río desierto.
No, mientras sea, no dejemos caer el fruto de la vida.
Ya seca, la guirnalda suelta pétalos
y con sus tallos tejen cestas.
Hoy respiramos otro hálito,
el aliento de los amantes,
mañana, cada quien en su celda,
habrá de encerrarnos el destino.
Diste todos tus besos
y tan pocos besos diste.
No puedo pasar a otro mis penas
–las que ella me causa traen la muerte,
si me regala noches como ésta
hace de mis días años,
y si me diera otras
seré Dios mientras la noche dure.