taller de la voz / carlos de giorgio
NUESTRO INSTRUMENTO : LA VOZ
El aparato fonador es un instrumento de viento y de cuerda a la vez, al que podemos analizar en tres partes:
Los fuelles o pulmones.
Son los que ponen en marcha todo el sistema, ya que de no haber aire no habría sonido (así como un bandoneón, un
acordeón ó una gaita no funcionan sin su respectivo fuelle); son como los cimientos de una casa, no se ven pero
sustentan todo lo visible, en este caso, todo lo audible.
Las cuerdas vocales.
El aire comprimido que sale de los fuelles recorre la tráquea y llega a la laringe, una especie de caja-tubo formada por
cartílagos articulados (por eso tiene movimiento). Dentro de esa caja, a la altura de la nuez de Adán, se extienden las
dos cuerdas vocales que, al vibrar por efecto del chorro de aire canalizado en la tráquea, producen el sonido. Cuánto
más rápido vibren, más agudo será el sonido; cuánto más fuerte vibren, más intenso será el sonido.
El espacio comprendido entre las cuerdas vocales se llama glotis, y es allí en dónde se origina la emisión del sonido ó
fonación, que está compuesto por el sonido fundamental de las cuerdas más los armónicos que producen éstas al
vibrar. La glotis cumple la doble función de válvula sonora que, por un lado regula el paso de aire, y por otro genera la
fonación.
Los resonadores – amplificadores.
Las cuerdas por sí solas emiten un sonido muy débil, por lo que necesitan (como cualquier instrumento de cuerda)
amplificar su sonido a través de una caja de resonancia para ser audibles. Ese sistema de resonancia está compuesto
por: la parte superior de la laringe, la faringe ó garganta, la boca y un sistema de cavidades nasales. En cada uno de
estos resonadores no sólo se va amplificando sino también modificando el sonido por efecto de los “armónicos” (nuevos
sonidos producidos en el choque de las vibraciones sonoras contra los resonadores).
El problema en cuestión es que no usamos ni un tercio de la capacidad resonadora de nuestro sistema, lo que trae más
de un inconveniente: poco volumen, cuerpo y brillo en la voz, problemas de dicción, inseguridad, daño en la garganta.
Sólo usamos lo que inconcientemente aprendimos a usar a través de la comunicación oral*, que son los tres primeros, y
en forma incompleta: la laringe (inmodificable), la garganta y la boca (susceptibles de mejorar mediante una mayor
apertura). Pero no usamos el verdadero realzador del sonido que son las cavidades óseas que rodean a la nariz,
llamada por la escuela academicista “la máscara”. Estas cavidades nasales intro-craneales no sólo amplifican sino
también definen el sonido dándole brillo y proyección.
A la garganta y la boca le llamaremos el resonador inferior. Quizás hayas escuchado, según las distintas teorías del
canto, denominarlos también como “caño de abajo”, o “voz de pecho”. Son los que le dan volumen, cuerpo y peso al
sonido.
A la “máscara” le llamaremos el resonador superior, llamados también “caño de arriba”, ó “voz de cabeza”. Son los que
le dan brillo y proyección al sonido.
En síntesis, para aprovechar el potencial de nuestro instrumento tendremos que dominar el funcionamiento de los
fuelles mediante una inspiración correcta y una espiración controlada, y además saber “colocar” el sonido en el lugar
preciso para lograr una “pastosidad” vocal que conjugue la potencia del resonador inferior (el parlante), con el brillo y la
proyección del resonador superior (el twiter).
Si leíste con atención, te habrás dado cuenta de que hasta ahora utilizamos la palabra “sonido”,y no el término “voz”. La
explicación es simple: recién a partir del dominio del sistema de fonación, mediante la combinación técnica del dúo
fuelles-colocación, tendremos el instrumento en condiciones óptimas para comenzar con el verdadero trabajo del canto
(sabremos hacerlo rendir al máximo y cuidarlo para que funcione siempre, aún en las condiciones más adversas).
Tendremos el instrumento funcionando “a full”, sólo restará darle uso mediante algunos ejercicios y práctica. Pero a no
desanimarse... aprender a usar la voz (ahora sí podemos hablar de ella) no es tan difícil como aprender a tocar un
instrumento. Una vez adquirida la respiración-colocación viene lo más divertido (porque allí realmente se empieza a
cantar), lo más motivante (porque irás descubriendo lo que podés lograr con tu “nueva” voz), y lo más creativo (porque
vas a tener más elementos para combinar).
Todo eso se traducirá inevitablemente en una voz con personalidad, seguridad y ductilidad.
* Desde mi punto de vista, la estructura del idioma (en las distintas interacciones entre vocales y consonantes), y las
distintas características fisiológicas de las razas, juegan un papel determinante en la preponderancia de uno u otro
resonador. Por ejemplo, son excepcionales en nuestra cultura las personas que poseen una colocación natural de la
voz, usando las dos resonancias; el idioma alemán tiende a enfatizar la articulación marcada y la emisión gutural
(resonancia inferior); el idioma inglés favorece el ligado vocal-consonante y la emisión nasal (resonancia alta).
taller de la voz / carlos de giorgio
EL CANTANTE Y LA TÉCNICA
Son estas tres patas: respiración, colocación e impostación (uso estético o musical de la colocación) las que sustentan
la técnica para una emisión correcta de la voz. Que tomar y que dejar de lado de esa técnica será una decisión personal
que tendrá que ver con tus gustos, con el estilo que deseas incursionar y con la personalidad que le querés dar a tu voz.
En la música contemporánea la gran mayoría de los estilos interpretativos no aplican la técnica con el rigor académico
del canto lírico, porque así lo requiere el género musical (perdiendo aire, “carraspeando”, impostando sin colocar,
“falseteando” sin cubrir ,etc.).
En otras palabras, si es necesario a los fines interpretativos, en donde entra a jugar lo emocional (la transmisión de
determinados sentimientos) habrá que saber salirse de lo estrictamente técnico para volver luego.
En mi humilde opinión, pienso que el buen cantante (refiriéndonos a la música no académica) debe hacernos dudar si
su voz es trabajada ó no; si la técnica se advierte significa que el cantante es dominado por ella, cuando, a mi parecer,
el cantante debe utilizarla para expresarse interpretativamente. Las dos instancias son útiles: el momento de
concentración para aplicar la técnica y el cantar sin pensarlo tanto.
Debemos tener en cuenta que la asimilación de la técnica es un proceso no lineal , por lo que tendrás que permitirte
tener junto a las mejorías y los avances, momentos de estancamiento. Resuelto un problema, aparecerá otro a resolver,
y habrá que entrenarlo hasta incorporarlo. Pero ese espiral será el que nos hará crecer como cantantes, nos llevará
hasta el límite de nuestras posibilidades, y nos hará descubrir nuestra personalidad vocal.
Otro momento en que debemos tomarnos de ella es cuando no estamos en un buen día y debemos cantar igual. Así
como hay días en que la voz “fluye”, hay otros que no (sea por razones físicas ó psíquicas); será entonces el momento
de agarrar el salvavidas como sostén, y si no logramos estar brillantes, al menos cantaremos dignamente, que es lo
menos que el público merece.
En síntesis, no se trata de depender de nuestros buenos ó malos momentos, sino de “naturalizar” determinados
recursos que nos permitan hacer rendir la voz al máximo.