Capitulo 1.
Derecho precortesiano.
En la vegetación que se sostenía 1000 a.C. Vivian animales tales como el mamut, elefante, bisonte
antílope e incluso el caballo. En los años 7000 y 5000 a.C. los habitantes del antillano pasaron de
ser cazadores a ser una mezcla agrícola, se podía decir que eran creadores, y unos 3000 años a.C.
hubo aldeas bien desarrolladas, entre cuyos restos se encontraron pruebas de la domesticación de
animales. La economía primitiva en aquel margen disponible el cual les permitía refinar los tejidos,
la cerámica, los trabajos de plumas y desarrollar ciertos juegos, los llevaban hacia una
especialización regional e intercambio.
Algunas grandes civilizaciones neolíticas se sucedieron en el territorio actualmente ocupado por
Mexico y los demás países centroamericanos;
La Olmeca: Tuvo florecimiento en los últimos siglos anteriormente a la era cristiana
Teotihuacan: De los siglos m a ix de nuestra era; después la tolteca (Tula), en el siglo x, que
fertiliza los restos de la primera civilización maya
Azteca: ramificación de la chichimeca, con absorciones toltecas y en íntima convivencia
con la texcocana
Los olmecas Florecieron en los siglos IX y I a.C. colonizaron la zona costera del golfo. Tenian forma
de magos y utilizaban drogas alucinógenas, dejaron grandes estatuas y figurillas. El derecho
olmeca no dejaba a la mujer tener un estatus importante, las grandes tarcas públicas sugieren la
existencia de esclavos, había dos clases de origen étnico distinto: conquistadores y conquistados
En el derecho maya hubo ritos de pubertad tenían que vivir hasta su matrimonio o hasta los 18
años en casas comunales, el matrimonio era monogámico, una fuerte tradición exogámica, tenían
el sistema del “precio de la novia”, la herencia se repartía entre la descendencia masculina, cada
familia recibía una parcela de 20 por 20 pie, la mujer ni siquiera podía entrar en el templo o
participar en los ritos religiosos.
Los chichimecas Vivieron en el noreste de México, entre el rio Lerma, rio chápala y Durango,
hablaban náhuatl, Vivían dispersos en pequeños grupos de recolectores de tunas y vainas de
mezquite, o dedicados a una agricultura primitiva. El derecho chichimeca era rudimentario, lod
chuachiles Obedecían a un triunvirato de miembros de una sola familia, generalmente compuesto
de un jefe, su hermano y uno de sus hijos. La división de labores los hombres cazaban y
recolectaban y las mujeres se dedicaban a la agricultura.
Los aztecas enn vísperas de la Conquista parece haberse presentado un modesto movimiento
codificador, quizás más bien para el uso de los jueces que para la orientación del público en
general, al que suele ligarse el nombre del rey-poeta de Texcoco, Netzahualcóyotl. De las
aproximadamente 80 leyes que se le atribuyen, treinta y dos han llegado hasta nosotros en forma
más o menos fehaciente. Por lo demás, el derecho se manifestaba en costumbres, a menudo
íntimamente ligadas a la religión, tan conocidas de todos que no había necesidad de ponerles por
escrito.
Los códices, hecho por órdenes del excelente virrey Mendoza, por escogidos intelectuales
indios. Contiene, año por año, una crónica de los aztecas desde 1325; luego un relato de
los tributos debidos al rey azteca, una detallada biografía de Moctezuma II, datos de
derecho procesal, penal, etc. La escasez de códices precortesianos se debe, ínter alía, al
hecho de que el clero hizo quemar muchos documentos “paganos”.
Las obras de los historiadores indígenas poscortesianos, como Alva de Ixtlilxóchitl.
Las descripciones que hicieron los españoles de las primeras generaciones,
conquistadores, funcionarios o personas ligadas a la Iglesia.
La moderna arqueología, que a través del análisis de costumbres funerarias, utensilios,
dibujos y representaciones en cerámica.
El estudio de grupos primitivos en general, que por analogía sugiere a veces una
contestación a nuestras preguntas acerca del derecho precortesiano.
El estudio de los idiomas indígenas, cuyo uso para fines de reconstrucción del antiguo
derecho.
El derecho publico azteca Formaba parte de un Triple Alianza, ya mencionada, en la cual tuvo una
hegemonía tal, que el emperador azteca a menudo podía determinar quién sería el gober¬nante
en las naciones aliadas. Este Imperio no tuvo un derecho uniforme: la política azteca era la de no
quitar a los pueblos subordinados su propia forma de gobierno o su derecho
Estos clanes calpulli, término con el cual también se designaban los terrenos comunales que
correspondían a cada clan eran grupos de familias emparentadas entre ellas, viviendo bajo un
sistema patrilineal, probablemente no exogámico. Estos cálpulli tenían sus propios dioses,
formaban unidades militares y, como ya dijimos, tenían en propiedad colectiva ciertos terrenos;
estaban subdivididos en tíaxicallis; hacia arriba agrupados en cuatro campans. El conjunto de estos
campans se encontraba sometido a un solo líder militar, el tenoch, asistido por nueve jefes.
Acamapichtli, probablemente un hijo de un jefe azteca y de una hija del rey de Culhuacán (el cual,
a su vez, fue reputado descender de Quetzalcoatl) fue nombrado en 1373 jefe administrativo y
militar y luego, en 1383, tlacatecuhtli o tlatoani, es decir rey. Como recibió por esposas a múltiples
hijas de los jefes de los calpullis, la mágica sangre tolteca se difundió entre los diversos líderes
políticos inferiores de la nación azteca, formando así una nobleza, no sólo en cuanto a poder
tradicional o prestigio local, sino confirmada por su contacto con la sangre de Quetzalcóatl.
La victoria de este rey sobre Atzcapotzalco nació para los derrotados una nueva categoría social, la
de los siervos de la gleba, los mayeques, que debían trabajar tierras ajenas de la nobleza azteca,
recibiendo como remuneración una parte de los productos.
Al lado del rey funcionaba una curia regís de unos 12-20 nobles, el tía-tocan, quizás compuesto de
los representantes de los calpullis. Dentro de esta comisión de nobles se formó el Consejo
Supremo de cuatro consejeros permanentes, quizás al mismo tiempo los “Grandes Electores”
La tenencia de la tierra.
Unas tierras pertenecían al rey en lo personal, otras al rey en calidad de tal. Otras tierras, los
tlatocamili, servían para el sostenimiento de los funcionarios nobles, los tecutli, por todo el tiempo
que desempeñaran sus funciones; otras, los pillali, pertenecían a los nobles en forma hereditaria,
con independencia de sus funciones, pero sólo podían ser vendidas a otros nobles. Inclusive,
algunas tierras habían sido concedidas con el derecho de ser transmitidas mortis causa, pero no
por venta o donación. Los ya mencionados calpullis tenían tierras en común, repartidas entre
parcelas que podían ser cultivadas por las familias individuales.
Además de tales parcelas, el calpulli también contaba con terrenos de uso comunal y otros con
cuyo producto debían sostenerse el culto religioso (estos terrenos se llamaban los teopantlalli), el
servicio militar (milchimalli), la justicia, ciertos servicios públicos locales (telpochcalli) o el palacio
(teepan-tlalli).
La Guerra.
La guerra también encontró cierta reglamentación consuetudinaria entre los aztecas,
excluyéndose el ataque por sorpresa. La declaración debía hacerse por el rey (emperador).
El sistema bélico, empero, no tuvo como única mira la de acumular derechos a tributos, sino que
también era un instrumento para proporcionarse víctimas para satisfacer la sed de los dioses
sangrientos, que necesitaban tales sacrificios dieron lugar a fiestas canibalistas, cuyo origen puede
haber sido mágico (absorción de la fuerza del enemigo), pero también dietético (escasez de
proteínas animales en una sociedad que no había domesticado más que al perro y al pavo).
Se declaraban dispuestas a hacerse periódicamente una “guerra florida” o sea Xochiyayotl,
tratados de paz.
Los tributos aztecas.
Los tributos dieron lugar a una administración fiscal en especie, que fue alabada como
sorprendentemente eficaz por los conquistadores. Hubo una pirámide de cobros, a cargo de los
calpixqui, cuyo resultado neto llegaba finalmente a los almacenes públicos. La deshonradez de un
calpixqui fue castigada con la muerte.
Resulta que hubo cierta “pooling” de los resultados fiscales dentro de la Triple Alianza. Del total
recibido por parte de unas 260 tribus, Tenochtitlán recibió un 40%, Texcoco también un 40%, y
Tacuba un 20%.
Las clases sociales en el imperio azteca.
La nobleza era hereditaria, pero algunos terrenos de que gozaban los nobles eran inherentes a las
funciones que, individualmente, ejercían.
Además de los supremos sacerdotes, ligados a la corte, donde intervenían en importantes
decisiones políticas. Se dedicaban al culto, pero también a la educación de los nobles en los
calmecac y de la masa de la población en los telpuchcalli.
Una situación privilegiada era la de los comerciantes, pochtecas, clase hereditaria con rasgos
militares y caracteres secundarios de embajadores y espías.
El comercio tenía sus propios tribunales de 10 a 12 jueces, y quizás se aplicaban allí normas de
excepción
Por encima del agricultor común y corriente, estuvo el artesano, miembro de un gremio,
cuyas calidades fueron controladas mediante un examen, después de un periodo de
aprendizaje bajo las órdenes de un artesano ya reconocido
Una posición especial, inferior, tenían los mayeques o tlamaitl, eran los restos de la
población autóctona.
. La esclavitud azteca nacía
De la guerra (no hubo canje de prisioneros), siendo el esclavo propiedad del capturado
De la venta de un hijo, realizada por el padre
Un plebeyo podía auto-venderse
Varios delitos también causaban la caída en esclavitud
La liberación del esclavo era posible por matrimonio con el dueño (la dueña) o por autor rescate
mediante pago, y el hecho de que el patrimonio del esclavo no fuera absorbido por el del amo,
hacía posible que el esclavo recibiera dinero propio. En Atzcapotzalco y en Itzocan hubo famosos
mercados de esclavos.
El sistema azteca de familia.
El matrimonio era potencialmente poligàmico (en Texcoco y Tacuba solo tratándose de nobles).
Hubo una costumbre de casarse con la viuda del hermano, que recuerda el levirato hebreo.
El divorcio era posible, con intervención de autoridades, que en caso de comprobarse una de las
múltiples causas solían autorizar de mala gana la disolución del vínculo, perdiendo el culpable la
mitad de sus bienes. Los hijos se quedaban con el padre y las hijas con la madre. La mujer
divorciada o la viuda tenían que observar un plazo de espera antes de poder volver a casarse.
El hijo pasaba por dos consagraciones, en las que el agua jugaba tal papel que los conquistadores
les comparaban con bautismos; en la segunda recibía su nombre. La patria potestad, que
implicaba el derecho de vender como esclavo, pero quizá no el de matar.
El derecho penal azteca
La pena de muerte es la sanción más corriente en las normas legisladas que nos han sido
transmitidas, y su ejecución fue generalmente pintoresca y cruel. Las formas utilizadas para la
ejecución fueron la muerte en hoguera, el ahorcamiento, ahogamiento, apedreamiento,
azotamiento, muerte por golpes de palos, el degollamiento, empalamiento, y desgarramiento del
cuerpo; antes o después de la muerte hubo posibles aditivos infamantes.
A veces los efectos de ciertos castigos se extendían a los parientes del culpable hasta por el cuarto
grado. La primitividad del sistema penal se muestra, inter alía, en la ausencia de Loda distinción
entre autores y cómplices: todos recibían el mismo castigo. Es curioso que el hecho de ser noble,
en vez de dar acceso a un régimen privilegiado, era circunstancia agravante: el noble debía dar el
ejemplo, “no-bálese oblige”.
La organización forense de los aztecas y texcocanos
el teuctli, juez de elección popular, anual, competente para asuntos menores, pasando por un
tribunal de tres jueces vitalicios, para asuntos más importantes, nombrados por el cihuacoatl,
hasta llegar, mediante un sistema de apelación, al tribunal del monarca, que se reunía cada 24
hubo tribunales de comercio en los mercados. Los casos muy graves fueron reservados para juntas
de los doce jueces del palacio, con el rey, cada 12 días. Cada ochenta días los jueces menores
tenían una junta de 20 días con el rey, para los asuntos que, aunque menores, salían de lo común.
El procedimiento azteca
El procedimiento era oral, levantándose a veces un protocolo mediante jeroglíficos. Las principales
sentencias fueron registradas en pictografía, y luego conservadas en archivos oficiales. El proceso
no podía durar más de 80 días, y es posible que los tepantlatoani, que en él intervenían