Composición de los jabones
En la mayoría de las culturas antiguas el jabón ya era conocido, lo usaban tanto para el cuerpo
como para la ropa. Antiguamente, lo hacían con agua, grasas vegetales o animales y cenizas
vegetales o sustancias minerales como la sosa cáustica.
En latín, detergente quiere decir limpiar, es decir, un detergente es una sustancia que limpia,
gracias a tener las siguientes dos propiedades:
Reduce la tensión superficial del agua de manera que las moléculas de agua no se sienten tan
atraídas mutuamente y pueden penetrar mejor en la superficie a limpiar, por ejemplo un tejido.
Las moléculas del detergente tienen un polo lipófilo, que combina bien con las grasas y un polo
hidrófilo, que combina bien con el agua. La suciedad (que está adherida a los tejidos mediante
partículas oleosas) atrae a los polos lipófilos y los polos hidrófilos quedan dispuestos hacia fuera
y rodeando la suciedad, de forma que el agua arrastra todo el conjunto.
Pero no fue hasta 1930 que se empezaron a sintetizar sustancias detergentes derivadas del
petróleo. Posteriormente se descubrieron otros ingredientes, que añadidos a las sustancias
detergentes, daban al conjunto una mayor capacidad limpiadora.
Composición de los detergentes
Los principales componentes de los detergentes actuales son:
1. Tensioactivos o surfactantes: son la sustancia detergente propiamente dicha. Según las
propiedades químicas, se clasifican en aniónicos, catiónicos, no iónicos y anfóteros
(cada tipo tiene propiedades limpiadoras diferentes).
2. Potenciadores o constructores: retienen el calcio y el magnesio que pueda haber en el
agua y evitan que la suciedad se vuelva a depositar en el tejido. Se dice que el agua es
dura si contiene mucho calcio o magnesio.
3. Enzimas: rompen las moléculas de las manchas proteínicas (huevo, leche, sangre), para
que el agua se las pueda llevar.
4. Blanqueadores: dejan la ropa más blanca y eliminan las manchas más difíciles.
5. Perfumes: dan olor a la ropa.
6. Relleno: no tiene ninguna función limpiadora, sólo se agrega para aumentar el volumen
del detergente. Dependiendo de la fórmula puede representar desde un 5% hasta un
45% del total de materia. Los detergentes concentrados no llevan relleno.
7. Abrillantadores ópticos: son sustancias fluorescentes que no se van al aclarar la ropa.
Reflejan los rayos ultravioletas del sol, de manera que la ropa parece más blanca de lo
que es (de hecho, le dan un tono azulado o verdoso, según la marca). En la ropa de
color los colores quedan más vivos.
Propiedades de los detergentes
La vida diaria se entiende por detergentes únicamente a las sustancias que disuelven las
grasas o la materia orgánica gracias a su tensoactividad. Este término pasó del lenguaje
industrial al lenguaje doméstico para referirse a ellos en contraposición con el jabón. Pero en
realidad, el jabón es un detergente más.
Aunque los jabones comparten estas propiedades, los jabones no son considerados en la
práctica como detergentes. Los jabones deben su tensoactividad a la propiedad de sus
moléculas de tener una parte hidrófila (a su vez lipófoba) y otra lipófila (a su vez hidrófoba)
([Link]. molécula anfifílica) y poder emulsionar la suciedad insoluble en agua. En el jabón, esta
propiedad se obtiene al hidrolizar un ácido graso de cadena larga con una sal alcalina,
frecuentemente de sodio o de calcio. Este proceso se denomina saponificación. El extremo de
la molécula que contiene al ácido graso es lipófilo, y el que contiene al átomo alcalino
es hidrófilo. Ésta fue básicamente la única sustancia tensoactiva utilizada a nivel doméstico
hasta mediados del siglo XX. Cuando aparecieron las lavadoras automáticas se creó una
demanda progresiva de sustancias más activas y que se comportasen mejor en aguas duras,
(más ricas en calcio), ya que éstas aumentaban la hidrosolubilidad del jabón, con lo que era
arrastrado antes, disminuyendo el tiempo de contacto entre el mismo y la ropa. Esto se sumó
a la escasez de jabón que se había producido durante la Segunda Guerra Mundial.
Aparecieron en el mercado doméstico productos detergentes de origen industrial que fueron
incluyendo mezclas de tensoactivos con otras sustancias, (coadyuvantes, como los
polifosfatos, silicatos, carbonatos y perboratos, y agentes auxiliares que incluyen entre otros
enzimas, sustancias fluorescentes, extabilizadores de espuma, colorantes y perfumes). Los
primeros detergentes de este tipo, derivados del benceno, se utilizaron ampliamente en los
años 40 y 50, pero no eran solubles ni biodegradables, lo que los hacía ecológicamente
dañinos. Una segunda generación de detergentes, los alquilsulfonatos lineales, resultan
menos tóxicos al ser biodegradables.
El primer detergente (jabonoso) se fabricó en Alemania en 1906, y consistía en una mezcla de
jabón tradicional al que se añadió perborato y silicato sódicos. Se denominó con las tres
primeras letras de cada añadido, Persil.
Diferencia entre jabón y detergente
La principal diferencia se encuentra en los grupos polares, en los jabones es el grupo
carboxilato (O=C-O-Na) en cambio en los detergentes es el grupo SO3 Na. El detergente es
disolvente GH8 mientras el jabón es IJ45 para además hacerlo de una forma corrosiva. El
jabón es una sustancia con dos partes, una de ellas llamada lipófila (o hidrófoba), que se une
a las gotitas de grasa y la otra, denominada hidrófila, se une al agua. De esta manera se
consigue disolver la grasa en agua. Químicamente es una sal alcalina de un ácido graso de
cadena larga.
El detergente es una mezcla de muchas sustancias. El componente activo de un detergente
es similar al de un jabón, su molécula tiene también una larga cadena lipófila y una
terminación hidrófila. Suele ser un producto sintético normalmente derivado del petróleo.
Una de las razonas por las que los detergentes han desplazado a los jabones es que se
comportan mejor que estos en aguas duras.
En 1907 una compañía alemana fabricó el primer detergente al añadirle al jabón tradicional
perborato sódico, silicato sódico y carbonato sódico. El nombre elegido fue “PERSIL”
(PERborato + SILicato).
Tanto los jabones como los detergentes parten de la misma base, la diferencia está en que los
jabones se fabrican a partir de sustancias naturales, como grasas animales y vegetales, mientras
que los detergentes se elaboran a partir de materias primas sintéticas. No es lo mismo “jabón” que
“detergente” (tanto si es sólido, en polvo o líquido). El jabón es el resultado de la reacción química
entre un álcali (hidróxido de sodio o de potasio) y un ácido graso (por ej. aceite de oliva, aceite de
coco, etc…); esta reacción se denomina saponificación. Es soluble en agua y, por sus propiedades
detersivas, sirve para lavar. En función del uso al que vaya destinado, se le pueden añadir otros
aditivos de origen natural como colorantes, aceites esenciales, hierbas, etc.
El detergente es una mezcla de diversas sustancias sintéticas, muchas de ellas derivadas del
petróleo, que tienen la propiedad química de disolver la suciedad. El primer detergente fué
fabricado en 1907 por una compañía alemana.
Tipos de detergente
os detergentes para ropa se pueden clasificar en tres grupos:
Detergentes en polvo
Detergentes líquidos
Detergentes en pastillas
Durante muchos años los detergentes en polvo han ocupado la mayor parte del mercado de los
detergentes textiles, si bien la categoría de los detergentes líquidos está creciendo cada vez más.
Los consumidores utilizamos temperaturas de lavado cada vez menores, bien para proteger los
tejidos y los colores, bien para ahorrar energía y proteger el ambiente. Por este motivo durante las
últimas décadas los fabricantes de detergentes se han visto forzados a modificar severamente la
composición de sus productos. Han respondido a estos cambios añadiendo a sus productos
enzimas, agentes oxidantes y fosfonatos.
Cabe destacar que algunas personas lo llaman impropiamente jabón en polvo.
Los detergentes líquidos por su parte son cada vez mejor aceptados entre los consumidores. Estos
detergentes suelen tener una efectividad inferior a la de sus homólogos en polvo. Esto se debe a la
dificultad para incorporar en ellos ingredientes como las zeolitas, los fosfatos y ciertos agentes
blanqueantes. Los fabricantes intentan compensar estos problemas técnicos aumentando la
concentración de tensioactivos en la fórmula. En los últimos años se está produciendo un proceso
de concentración de los ingredientes en las formulaciones de los detergentes líquidos. Un estudio
reciente ha demostrado que los detergentes concentrados tienen una eficacia similar a la de sus
homólogos convencionales, siendo los concentrados más respetuosos con el medio ambiente.1
A pesar de llevar varios años en el mercado europeo los detergentes en pastillas no han
conseguido una cuota de mercado significativa. La mayor ventaja de estos detergentes es su
comodidad de uso: se dosifican con facilidad, ocupan poco y es fácil saber cuántas dosis quedan.
Uno de los requisitos para formular un detergente en pastillas es que se desintegre rápido al
contacto con el agua de lavado. Para ello los fabricantes suelen añadir ingredientes efervescentes,
dispersantes o sales de disolución rápida.
Tipos de jabones
Jabón de Marsella.
Dos variaciones del jabón de Marsella de manzana y cedro.
El jabón de Marsella (conocido en occitano como Sabon de Marselha y en francés como Savon de
Marseille) es un jabón tradicional a base de aceites vegetales fabricado en la zona de Marsella
(Francia), estando registrada su venta por primera vez alrededor del año 1370. En 1688 Luis XIV,
mediante el edicto de Colbert, introdujo regulaciones para limitar el uso del nombre de Savon de
Marseille a los jabones fabricados en el área de Marsella, a partir sólo de aceite de oliva1 (a
imitación del Jabón de Castilla). Hoy en día esta ley sigue en pie, aunque la normativa permite
ahora que se utilicen otros aceites vegetales.
Jabón de Castilla.
Se conoce como Jabón de Castilla al jabón fabricado a base de agua, sosa tradicional (o en la
actualidad, sosa cáustica) y aceite de oliva. El jabón de Castilla recibe este nombre por haberse
producido a gran escala en los territorios de la Corona de Castilla, desde donde era exportado a
numerosos lugares de Europa y América, principalmente durante la Edad Moderna. Aunque la
Corona de Castilla no era el único productor de este tipo de jabón, sí era su productor por
antonomasia.
No debe confundirse con el Jabón de Marsella, que utiliza aceites vegetales de diversa
procedencia (no sólo aceite de oliva).1
Tradicionalmente la sosa empleada era el mazacote o barrilla, nombre que se daba a las cenizas
procedentes de la combustión de varias plantas, llamadas genéricamente almarjo2 o barrilla
(como la Sarcocornia perennis, también conocida como salicornia).345 Hoy en día en lugar de la
sosa tradicional (carbonato de sodio) se usa la sosa cáustica (hidróxido de sodio), obtenida de
forma sintética.
Los boticarios de la época lo conocían con los nombres latinos de sapo hispaniensis (jabón
hispánico) o sapo castilliensis (jabón castellano).6
Fueron muy importantes las jabonerías de Andalucía, donde recibían el nombre de "almonas",
término de origen árabe.7 En el antiguo reino de Sevilla8 la casa de Alcalá tenía el monopolio de
estas manufacturas, destacando la Almona de Sanlúcar de Barrameda, de los siglos XVII y XVIII,
que era la única almona andaluza que permanecía intacta, hasta que en 2003 fue derribada
parcialmente.
Azul y blanco portugués.
Jabón azul y blanco.
El jabón azul y blanco, (en portugués, sabão azul e branco) es un jabón utilizado para lavar la ropa,
la casa y para la higiene personal. Es producido en Portugal y se exporta a varios países.
Tradicionalmente se fabrica en barras de 400 y de 1.500 g.
El producto es fabricado por la empresa portuguesa Sovena. En 2008, se produjeron 6000
toneladas de jabón, de las cuales 2000 se comercializaron en Portugal mientras que se exportaron
las restantes 4000 toneladas. Los principales destinos de exportación fueron Angola y Alemania.1
Durante el brote de la epidemia de gripe A (H1N1) de 2009, Portugal se enfrentó al problema de la
falta de gel para higiene en las escuelas más pequeñas. A los fines de paliar esta situación, la
ministra de salud de Portugal, Ana Jorge, indicó que el jabón azul y blanco puede ser utilizado por
los niños, como desinfectante, para lavarse las manos.2
Jabón de brea.
Composición
Este jabón está hecho a base de aceite de oliva, y lleva en su composición la brea de hulla natural.
Al Jabón de Brea también se le añaden aceites vegetales emolientes y curativos, de:
caléndula;
jojoba;
ricino;
zanahorias.
También lleva aceites esenciales (por sus propiedades desinfectantes) de:
árbol de té;
citronella;
clavo;
eucalipto;
limón.
Utilización
El jabón de brea es recomendado para tratar:
caspa;
dermatitis seborreica;
eczema;
psoriasis;
y otros desórdenes de la piel.
Historia
Los cosméticos basados en la brea, fueron muy populares en otros tiempos, en los que la variedad
de jabones y champús se limitaban, fundamentalmente, a los de huevo y los de brea. Hoy en día la
variedad es mucho mayor, pero debido a sus propiedades, aún se comercializan champús y
jabones usando, principalmente, brea de pino y hulla natural.
Jabón de coche.
Se denomina jabón de coche,1 de cuche, maya, o negro, en Centroamérica y principalmente en
Guatemala y El Salvador, a un jabón de fabricación artesanal en cuya preparación se utiliza grasa
animal (que en la actualidad es normalmente de ganado vacuno2), o aceite de semillas
(normalmente de aceituno3 4), aunque antiguamente era de cerdo (o coche 5 , origen de su
denominación), junto con ceniza de leña y cal.6 Es característico de este jabón que se suministra
"boleado", es decir, en porciones de forma esférica, de distintos tamaños.
En algunos países de Sudamérica, como Colombia, se elabora un jabón similar, en ocasiones
también boleado, denominado jabón de la tierra,7 aunque en su elaboración, a diferencia del
jabón de coche, no se utiliza cal.
Para afeitar.
Jabón de Alepo. Fabricado en Alepo, Siria, utilizando extractos de laurel y aceite de oliva.
Jabón líquido.
Jabón de aceite.
El jabón de aceite se produce mediante el proceso de saponificación, un proceso químico en el que
se añade a un aceite sosa caustica y agua, lo que da como resultado jabón y glicerina.
Hasta hace no muchos años el jabón de aceite se hacía en los hogares para aprovechar el aceite de
cocina usado, que se filtraba con una gasa y se utilizaba como materia prima para hacer jabón de
aceite.
Con el nacimiento de productos industriales esta tradición fue desapareciendo pero en los últimos
años, con la fiebre de las manualidades y del “hazlo tú mismo” ha vuelto a resurgir y cada vez son
más las personas que se animan a hacer sus propios jabones de aceite.
Proceso de elaboración del jabón de aceite
Elaborar este tipo de jabones no es sencillo ya que se hace mediante un proceso químico que no
se completa si no se realiza en las condiciones adecuadas y además en su elaboración se utiliza
sosa caustica, un producto peligroso que debe manejarse con cuidado.
Tras ello se remueve esta mezcla y se vierte en un molde.
Para que se complete el proceso de saponifiación es necesario que el jabón pase por un proceso
de “curación” que puede durar desde 4 a 8 semanas.
Cuando el jabón ha endurecido dentro del molde se desmolda, se corta en trozos y se deja curar
en una zona ventilada y fresca.
Existen dos formas de realizar el jabón de aceite
1) Proceso en frío: los materiales se trabajan a temperatura ambiente
2) Proceso en caliente: los materiales se trabajan en caliente
En el proceso de creación de jabón de aceite se le pueden añadir colorantes y esencias para que el
jabón tenga diferentes aromas, colores y propiedades.
El jabón de aceite se puede elaborar con diferentes tipos de aceites, bien sea solos o mezclados. La
cantidad de sosa a utilizar en el proceso está determinada por el índice de saponificación de cada
aceite y este índice debe ser tenido en cuenta a la hora de calcular la sosa a emplear para hacer
jabón de aceite.
Jabón de glicerina.
El jabón de glicerina es un jabón cuya base está constituida de glicerina. Además de la glicerina, se
utilizan generalmente colorantes y aromatizantes naturales que le proporcionan color y un olor
natural. En general el jabón de glicerina se utiliza para pieles grasas por su carácter específico que
tiende a cerrar las glándulas sebáceas. Por su carácter neutro es adecuado para remover el acné,
espinillas, granos y piel grasa.
El jabon de glicerina, un excelente producto para tratar la dermatitis y la eczema. Esta afección
cutánea produce una inflamación en las capas superficiales de la piel y da lugar a erosiones, piel
enrojecida, sequedad, picazón, etc; y para su cura se requiere la aplicación de productos que
ayuden a mantener la piel bien hidratada durante todo el día, que aminoren las molestias y que
favorezcan la regeneración de los tejidos dañados de la dermis, tres necesidades que la glicerina
puede cubrir perfectamente por sí sola.
En la escala de pH, el jabón de glicerina tiene un valor neutro, es decir, un pH parecido al de la piel
humana.1 Debido a ello este jabón puede eliminar las impurezas de la piel sin resultar agresivo. La
tecnología para la fabricación del jabón de glicerina utiliza como materias primas el sebo, los
aceites de coco y el ricino.2 Se diferencia de los jabones industriales, cuya mayoría usa grasas
animales y en menor medida grasas vegetales. Estas grasas suelen afectar la piel y pueden causar
descamación, irritación y piel seca.
Métodos de obtención del jabón
En esencia el proceso de obtención del jabón, sea industrial o artesano, consta de tres fases:
saponificación, sangrado y moldeado.
Saponificación: se hierve la grasa en grandes calderas, se añade lentamente soda cáustica (NaOH)
y se agita continuamente la mezcla hasta que comienza a ponerse pastosa. La reacción que ha
tenido lugar recibe el nombre de saponificación y los productos son el jabón y la lejía residual que
contiene glicerina:
grasa + sosa cáustica → jabón + glicerina.
Sangrado: el jabón obtenido se deposita en la superficie en forma de gránulos. Para que cuaje de
una manera completa se le añade sal común (NaCl). Esta operación recibe el nombre de sangrado
o salado; con ella se consigue la separación total del jabón (que flotará sobre la disolución de
glicerina), de la sosa cáustica (que no ha reaccionado) y de agua.
Moldeado: ya habiendo realizado el sangrado, el jabón se pasa a otro recipiente o vasija donde se
le pueden añadir perfumes, colorantes, productos medicinales, etc. Entonces, todavía caliente, se
vierte en moldes, se deja enfriar y se corta en pedazos.
El jabón líquido está constituido principalmente por oleato de potasio, preparado por la
saponificación del ácido oleico con hidróxido de potasio. También es muy usado (por ser más
económico), el estearato de sodio o palmilato de sodio, análogo al anterior, usando ácido
estearílico, esteárico o palmítico e hidróxido sódico, respectivamente.
En la actualidad hay dos métodos de obtención del jabón, ambos basados en la saponificación.
Primer método
Fabricación de jabón en el siglo XIX
En el primer método se produce la saponificación directamente sobre la grasa, se hace reaccionar
el álcali con la grasa, y se obtiene el jabón y glicerina. Este método tiene como desventaja que es
más difícil la separación de la glicerina y el jabón.
Segundo método
En este método, primero se produce la ruptura química de la grasa, y se obtiene la glicerina y los
ácidos grasos; éstos se separan antes. Luego se produce la sal del ácido graso y los alcalinos.
Variantes
También se le suele agregar colorantes, cargas (para abaratar el costo), glicerina, etc.
Farmacéutica
En farmacéutica se puede utilizar amoníaco u otro alcalino, o un óxido metálico, sobre aceites,
grasas o resinas, y se mezcla a veces con otras sustancias que no producen saponificación.
Fabricación industrial
Las materias primas se mezclan con agua hasta que forman una pasta. Después se realiza la
atomización, que consiste en transformar la pasta en polvo:
La pasta pasa por un tubo a presión y entra en una gran torre, donde es "rociada" con aire caliente
a contracorriente.
El aire evapora el agua de la pasta y se forma el polvo (es más o menos fino según la presión con la
que ha salido del tubo y el diámetro de los orificios del "rociador").
Algunos de los ingredientes, que no pueden resistir la temperatura del aire caliente o la humedad,
se añaden al polvo obtenido después de la atomización.
A continuación, el polvo se revuelve en un tambor giratorio.
Finalmente, pasa por un cedazo que separa las partículas demasiado finas o gruesas, esto hace un
contraste en los diferentes tipos de jabones que podemos encontrar en los mercados.
Métodos de obtención de los detergentes
Los derivados del petróleo, están presentes en más productos de los que pensamos
habitualmente, de uso tan común como los detergentes.
En muchas ocasiones hemos oído algún anuncio en el que nos hablan de sustancias tensoactivas, y
lo que interpretamos rápidamente es que son buenas para quitar las manchas de la ropa.
Pero ¿Cuál es el origen de esos detergentes y de esas substancias tensoactivas? ¿Es cierto que
para lavar la ropa usamos un derivado del petróleo?
Para salir de dudas nos hemos trasladado hasta el Centro de Investigación de CEPSA, el primer
productor de Alquilbenceno Lineal (más conocido como LAB) del mundo, que se fabrica en las
plantas químicas de la compañía en España, Canadá y Brasil.
Y para empezar por el principio, nos explican que el petróleo no es un producto puro. Es una
mezcla compleja de hidrocarburos. El coordinador de Investigación de CEPSA Química, Ignacio
López Serrano nos cuenta que usamos el petróleo como materia prima para «construir moléculas
y substancias de interés práctico en la vida diaria».
Nos aclara que el petróleo no se puede utilizar directamente y «para separar y obtener los
diferentes componentes del mismo es necesario refinarlo, de donde resultan los productos
acabados y las materias químicas más diversas».
Es en las refinerías y plantas petroquímicas donde se realiza la separación de los componentes del
petróleo así como la transformación de estos en productos químicos.
Uno de los primeros pasos se da en la refinería, donde se «corta» ese petróleo para obtener lo que
a nosotros nos interesa, que es la fabricación de detergentes. En el proceso de refino «nos
quedamos con el queroseno, que es una fracción del petróleo con un número de carbonos entre 9
y 17».
Pero el queroseno tampoco es un producto puro. Para «contruir» las moléculas de LAB de ese
queroseno sólo nos quedamos con las parafinas lineales con el fin de conseguir una propiedad
indispensable para los tensoactivos usados en detergentes, que es «un producto detergente sea
biodegradable», nos explica Ignacio López Serrano.
Para ello en la plantas de LAB se utiliza un proceso llamado MOLEX, cumpliendo en todo momento
con los máximos estándares de seguridad y protección ambiental.
No se desperdicia nada. El resto del queroseno devuelve a la refinería en forma de combustible de
aviación mejorado en el punto de congelación.
Pero esto no es todo, porque a continuación se tiene que realizar un proceso de deshidrogenación
en la unidad denominada PACOL con el fin de transformar para de las parafinas en olefinas.
«Mediante el proceso PACOL no se pretende otra cosas que activar las parafinas ( la palabra
Parafina proviene del latín Parumm Affinis; poca afininidad, poca reactividad) antes de entrar en la
etapa de Alquilación».
En esa unidad es donde el benceno reacciona con el efluente proveniente de la unidad de PACOL
gracias al uso de catalizadores ácidos. Nos cuenta este experto que «así es como llegamos al LAB.
Un líquido incoloro que no tiene afinidad por el agua. El LAB es el precursor del Sulfonato de
Alquilbenceno Lineal ( conocido por el acrónimo LAS) , un ingrediente muy importante en la mayor
parte de los detergentes dométicos y que tras casi medio siglo de uso es el surfactante más usado
del mundo después del jabón».
El alquilbenceno lineal (LAB) se usa casi exclusivamente para la industria de los detergentes. Para
ello, tiene que sufrir una nueva reacción química llamada «sulfonación» que transforma el LAB en
un derivado denominado LABSA ( Ácido Sulfónico de Alquilbenceno Lineal). El LABSA ya es soluble
en agua y presenta propiedades de lavado pero «precisa ser neutralizado con una base antes de
ser usado en la formulación de detergentes».
El producto final neutralizado recibe el nombre de LAS. El proceso de Sulfonación se hace tanto en
CEPSA en las factorías de los fabricantes de detergentes. Estos últimos son los que se encargan de
la neutralización del LABSA.
En todo este proceso la innovación tecnológica «resulta vital para mantener la competitividad»,
asegura López Serrano, que nos cuenta que «ya en los 90 desarrolló junto a la Compañía
norteamericana UOP el proceso de alquilación Detal (del inglés Detergent Alkylation). Hoy día la
tecnología Detal sigue constituyendo el proceso más moderno y eficiente, siendo utilizado por
numerosas plantas en el mundo a cambio de las correspodientes regalías o royalties».
Pero en un mundo en constante cambio, también en esta materia es importante mantenerse al día
e irpor delante de las necesidades. Por eso, «Gracias a los continuos esfuerzos en I+D, se ha
desarrollado en los últimos años una mejora sustancial del proceso que contribuirá aún más a
mejorar la competitividad».
Y una vez que sabemos cómo se elaboran estos detergentes, ¿cómo funciona el proceso de
lavado? Pues en general, los detergentes son los productos que sirven para la limpieza de la ropa
(tanto en polvo como en pastilla o líquidos). Están compuestos por gran número de ingredientes
encargados de desempeñar funciones muy diversas. El principal bloque lo constituyen los
tensoactivos o surfactantes, , entre la que destaca precisamente el sulfonato de alquilbenceno
Lineal que acabamos de conocer.
Los tensoactivos, entre otras funciones, son los encargados de hacer que el agua moje mejor el
tejido, de separar la suciedad y de impedir que esta se deposite de nuevo.