España
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Índice
1Toponimia
o 1.1Origen de la palabra Hispania
o 1.2Evolución de la palabra Hispania a España
o 1.3Uso histórico del término España
1.3.1Uso del término España hasta la Edad Media
1.3.2Identificación con las Coronas de Castilla y Aragón
1.3.3Evolución independiente del gentilicio español
2Historia
o 2.1Prehistoria, protohistoria y Edad Antigua
o 2.2Edad Media
2.2.1Alta Edad Media
2.2.2Plena Edad Media
2.2.3Baja Edad Media
o 2.3Edad Moderna
o 2.4Edad Contemporánea
2.4.1Siglo XIX
2.4.2Siglo XX
2.4.3Siglo XXI
3Gobierno y política
o 3.1División de poderes
o 3.2Relaciones exteriores
o 3.3Fuerzas armadas
o 3.4Derechos humanos
4Organización territorial
o 4.1Estado de las autonomías
o 4.2Reclamaciones territoriales y territorios en disputa
o 4.3El caso del Sahara
5Geografía
o 5.1Clima
o 5.2Sistemas montañosos
o 5.3Fauna y vegetación
o 5.4Medio ambiente
o 5.5Huso horario
6Demografía
o 6.1Áreas metropolitanas
o 6.2Distribución de la población por islas
o 6.3Inmigración en España
o 6.4Municipios más poblados
o 6.5Lenguas
o 6.6Religión
7Economía
o 7.1Agricultura
o 7.2Ganadería
o 7.3Silvicultura y pesca
o 7.4Minería
o 7.5Industria
o 7.6Turismo
o 7.7Moneda y banca
o 7.8Comercio exterior
7.8.1Sectores principales
7.8.2Mayores socios comerciales
7.8.3Turismo y balanza comercial
o 7.9Crisis económica (2008-14)
8Infraestructura
o 8.1Energía
o 8.2Vivienda
o 8.3Transporte
o 8.4Telecomunicaciones
o 8.5Medios de comunicación
9Cultura
o 9.1Arte
o 9.2Ciencia y tecnología
o 9.3Patrimonio de la Humanidad
o 9.4Fiestas oficiales
9.4.1Festividades religiosas de ámbito público
o 9.5Tauromaquia
o 9.6Deportes
10Véase también
11Notas
12Referencias
13Bibliografía
14Enlaces externos
Toponimia
Origen de la palabra Hispania
Véase también: Origen del nombre de Hispania
Castillo de Sancti Petri, (San Fernando, Cádiz). En este lugar se hallaba el Templo de Hércules Melkart.
El nombre de España deriva de Hispania, nombre con el que los romanos designaban
geográficamente al conjunto de la península ibérica, término alternativo al nombre Iberia,
preferido por los autores griegos para referirse al mismo espacio. Sin embargo, el hecho de
que el término Hispania no es de raíz latina ha llevado a la formulación de varias teorías sobre
su origen, algunas de ellas controvertidas.
Hispania proviene del fenicio i-spn-ya, un término cuyo uso está documentado desde el
segundo milenio antes de Cristo, en inscripciones ugaríticas. Los fenicios constituyeron la
primera civilización no ibérica que llegó a la península para expandir su comercio y que fundó,
entre otras, Gadir, la actual Cádiz, la ciudad habitada más antigua de Europa Occidental.3940
Los romanos tomaron la denominación de los vencidos cartagineses, interpretando el
prefijo i como ‘costa’, ‘isla’ o ‘tierra’, con ya con el significado de ‘región’. El lexema spn, que
en fenicio y también en hebreo se puede leer como saphan, se tradujo como ‘conejos’ (en
realidad ‘damanes’, unos animales del tamaño del conejo extendidos por África y el Creciente
Fértil). Los romanos, por tanto, le dieron a Hispania el significado de ‘tierra abundante en
conejos’, un uso recogido por Cicerón, César, Plinio el Viejo, Catón, Tito Livio y, en
particular, Catulo, que se refiere a Hispania como península cuniculosa (en algunas monedas
acuñadas en la época de Adriano figuraban personificaciones de Hispania como una dama
sentada y con un conejo a sus pies), en referencia al tiempo que vivió en Hispania.
Sobre el origen fenicio del término, el historiador y hebraísta Cándido María Trigueros propuso
en la Real Academia de las Buenas Letras de Barcelona en 1767 una teoría diferente, basada
en el hecho de que el alfabeto fenicio (al igual que el hebreo) carecía de vocales.
Así spn (sphan en hebreo y arameo) significaría en fenicio ‘el norte’, una denominación que
habrían tomado los fenicios al llegar a la península ibérica bordeando la costa africana,
viéndola al norte de su ruta, por lo que i-spn-ya sería la ‘tierra del norte’. Por su parte,
según Jesús Luis Cunchillos en su Gramática fenicia elemental (2000), la raíz del
término span es spy, que significa ‘forjar o batir metales’. Así, i-spn-ya sería ‘la tierra en la que
se forjan metales’.41
Aparte de la teoría de origen fenicio, que es la más aceptada a pesar de que el significado
preciso del término sigue siendo objeto de discusiones, a lo largo de la historia se propusieron
diversas hipótesis, basadas en similitudes aparentes y significados más o menos
relacionados. A principios de la Edad Moderna, Antonio de Nebrija, en la línea de Isidoro de
Sevilla, propuso su origen autóctono como deformación de la palabra ibérica Hispalis, que
significaría ‘la ciudad de occidente’42 y que, al ser Hispalis la ciudad principal de la península,
los fenicios y luego los romanos dieron su nombre a todo su territorio.43 Posteriormente, Juan
Antonio Moguel propuso en el siglo XIX que el término Hispaniapodría provenir de la
palabra éuscara Izpania, que vendría a significar ‘que parte el mar’ al estar compuesta por las
voces iz y pania o bania que significa ‘dividir’ o ‘partir’.44 A este respecto, Miguel de
Unamuno declaró en 1902: «La única dificultad que encuentro [...] es que, según algunos
paisanos míos, el nombre España deriva del vascuence 'ezpaña', labio, aludiendo a la
posición que tiene nuestra península en Europa».45 Otras hipótesis suponían que
tanto Hispalis como Hispania eran derivaciones de los nombres de dos reyes legendarios de
España, Hispalo y su hijo Hispan o Hispano, hijo y nieto, respectivamente, de Hércules.46
A partir del periodo visigodo, el término Hispania, hasta entonces usado geográficamente,
comenzó a emplearse también con una connotación política, como muestra el uso de la
expresión Laus Hispaniae para describir la historia de los pueblos de la península en las
crónicas de Isidoro de Sevilla.
Tú eres, oh Hispania, sagrada y madre siempre feliz de príncipes y de pueblos, la más hermosa de
todas las tierras que se extienden desde el Occidente hasta la India. Tú, por derecho, eres ahora la
reina de todas las provincias, de quien reciben prestadas sus luces no sólo el ocaso, sino también el
Oriente. Tú eres el honor y el ornamento del orbe y la más ilustre porción de la tierra, en la cual
grandemente se goza y espléndidamente florece la gloriosa fecundidad de la nación goda. Con justicia
te enriqueció y fue contigo más indulgente la naturaleza con la abundancia de todas las cosas creadas,
tú eres rica en frutos, en uvas copiosa, en cosechas alegre... Tú te hallas situada en la región más grata
del mundo, ni te abrasas en el ardor tropical del sol, ni te entumecen rigores glaciares, sino que, ceñida
por templada zona del cielo, te nutres de felices y blandos céfiros... Y por ello, con razón, hace tiempo
que la áurea Roma, cabeza de las gentes, te deseó y, aunque el mismo poder romano, primero
vencedor, te haya poseído, sin embargo, al fin, la floreciente nación de los godos, después de
innumerables victorias en todo el orbe, con empeño te conquistó y te amó y hasta ahora te goza segura
entre ínfulas regias y copiosísimos tesoros en seguridad y felicidad de imperio.
ISIDORO DE SEVILLA, Santo (siglo VI-VII). Historia de regibus Gothorum, Vandalorum et Suevorum [Historia
de los reyes de los godos, vándalos y suevos]. Trad. de Rodríguez Alonso (1975). León. pp. 169 y 171.47
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Historia
Artículo principal: Historia de España
Réplica de uno de los bisontes de la cueva de Altamira (Cantabria), pintada durante el Paleolítico
superior.
El actual territorio español aloja dos de los lugares más importantes para la prehistoria
europea y mundial: la sierra de Atapuerca (donde se ha definido la especie Homo
antecessor y se ha hallado la serie más completa de huesos de Homo heidelbergensis) y
la cueva de Altamira(donde por primera vez se identificó el arte paleolítico).
La particular posición de la península ibérica como «Extremo Occidente» del mundo
mediterráneo determinó la llegada de sucesivas influencias culturales del Mediterráneo
oriental, particularmente las vinculadas al Neolítico y la Edad de los Metales (agricultura,
cerámica, megalitismo), proceso que culminó en las denominadas colonizaciones
históricas del I milenio a. C. Tanto por su localización favorable para las comunicaciones como
por sus posibilidades agrícolas y su riqueza minera, las zonas este y sur fueron las que
alcanzaron un mayor desarrollo (cultura de los Millares, Cultura del Argar, Tartessos, pueblos
iberos). También hubo continuos contactos con Europa Central(cultura de los campos de
urnas, celtización).
La intervención romana se produjo en la segunda guerra púnica (218 a. C.), que inició una
paulatina conquista romana de Hispania, no completada hasta casi doscientos años más
tarde. La derrota cartaginesa permitió una relativamente rápida incorporación de las zonas
este y sur, que eran las más ricas y con un nivel de desarrollo económico, social y cultural más
compatible con la propia civilización romana. Mucho más dificultoso se demostró el
sometimiento de los pueblos de la Meseta, más pobres (guerras lusitanas y guerras
celtíberas), que exigió enfrentarse a planteamientos bélicos totalmente diferentes a la guerra
clásica (la guerrilla liderada por Viriato —asesinado el 139 a. C.—, resistencias extremas
como la de Numancia —vencida el 133 a. C.—). En el siglo siguiente, las provincias romanas
de Hispania, convertidas en fuente de enriquecimiento de funcionarios y comerciantes
romanos y de materias primas y mercenarios, estuvieron entre los principales escenarios de
las guerras civiles romanas, con la presencia de Sertorio, Pompeyo y Julio César. La
pacificación (pax romana) fue el propósito declarado de Augusto, que pretendió dejarla
definitivamente asentada con el sometimiento de cántabros y astures (29-19 a. C.), aunque no
se produjo su efectiva romanización. En el resto del territorio, la romanización de Hispania fue
tan profunda como para que algunas familias hispanorromanas alcanzaran la dignidad imperial
(Trajano, Adriano y Teodosio) y hubiera hispanos entre los más importantes intelectuales
romanos (el filósofo Lucio Anneo Séneca, los poetas Lucano, Quintiliano o Marcial, el
geógrafo Pomponio Mela o el agrónomo Columela), si bien, como escribió Tito Livio en
tiempos de Augusto, «aunque fue la primera provincia importante invadida por los romanos fue
la última en ser dominada completamente y ha resistido hasta nuestra época», atribuyéndolo a
la naturaleza del territorio y al carácter recalcitrante de sus habitantes. La asimilación del
modo de vida romano, larga y costosa, ofreció una gran diversidad desde los grados
avanzados en la Bética a la incompleta y superficial romanización del norte peninsular.
Edad Media
Artículo principal: Historia medieval de España
La sublevación inicial de Don Pelayo fracasó, pero en un nuevo intento del año 722 consiguió
imponerse a una expedición de castigo musulmana en un pequeño reducto montañoso, lo que
la historiografía denominó «batalla de Covadonga». La determinación de las características de
ese episodio sigue siendo un asunto no resuelto, puesto que más que una reivindicación de
legitimismo visigodo (si es que el propio Pelayo o los nobles que le acompañaban lo eran) se
manifestó como una continuidad de la resistencia al poder central de los cántabros locales (a
pesar del nombre que terminó adoptando el reino de Asturias, la zona no era de ninguno de
los pueblos astures, sino la de los cántabros vadinienses.56) El «goticismo» de
las crónicas posteriores asentó su interpretación como el inicio de la «Reconquista», la
recuperación de todo el territorio peninsular, al que los cristianos del norte entendían tener
derecho por considerarse legítimos continuadores de la monarquía visigoda.
Los núcleos cristianos orientales tuvieron un desarrollo inicial claramente diferenciado del de
los occidentales. La continuidad de los godos de la Septimania, incorporados al reino franco,
fue base de las campañas de Carlomagno contra el Emirato de Córdoba, con la intención de
establecer una Marca Hispánica al norte del Ebro, de forma similar a como hizo con
otras marcas fronterizas en los límites de su Imperio. Demostrada imposible la conquista de
las zonas del valle del Ebro, la Marca se limitó a la zona pirenaica, que se organizó en
diversos condados en constantes cambios, enfrentamientos y alianzas tanto entre sí como con
los árabes y muladíes del sur. Los condes, de origen franco, godo o local (vascones en el caso
del condado de Pamplona) ejercían un poder de hecho independiente, aunque mantuvieran la
subordinación vasallática con el Emperador o, posteriormente, el rey de Francia Occidentalis.
El proceso de feudalización que llevó a la descomposición de la dinastía carolingia, evidente
en el siglo IX, fue estableciendo paulatinamente la transmisión hereditaria de las condados y
su completa emancipación de la vinculación con los reyes francos. En todo caso, el vínculo
nominal se mantuvo mucho tiempo: hasta el año 988 los condes de Barcelona fueron
renovando su contrato de vasallaje.
Interior de la Mezquita-Catedral de Córdoba.
En 756, Abderramán I (un Omeya superviviente del exterminio de la familia califal destronada
por los abbasíes) fue acogido por sus partidarios en al-Ándalus y se impuso como emir. A
partir de entonces, el Emirato de Córdoba fue políticamente independiente del Califato
abasí (que trasladó su capital a Bagdad). La obediencia al poder central de Córdoba fue
desafiada en ocasiones con revueltas o episodios de disidencia protagonizados por distintos
grupos etno-religiosos, como los bereberes de la Meseta del Duero, los muladíes del valle del
Ebro o los mozárabes de Toledo, Mérida o Córdoba (jornada del foso de
Toledo y Elipando, mártires de Córdoba y San Eulogio) y se llegó a producir una grave
sublevación encabezada por un musulmán convertido al cristianismo (Omar ibn Hafsún,
en Bobastro). Los núcleos de resistencia cristiana en el norte se consolidaron, aunque su
independencia efectiva dependía de la fortaleza o debilidad que fuera capaz de demostrar el
Emirato cordobés.
En 929, Abderramán III se proclamó califa, manifestando su pretensión de dominio sobre
todos los musulmanes. El Califato de Córdoba solo consiguió imponerse, más allá de la
península ibérica, sobre un difuso territorio norteafricano; pero sí logró un notable crecimiento
económico y social, con un gran desarrollo urbano y una pujanza cultural en todo tipo de
ciencias, artes y letras, que le hizo destacar tanto en el mundo islámico como en la entonces
atrasada Europa cristiana (sumida en la «Edad Oscura» que siguió al renacimiento carolingio).
Ciudades como Valencia, Zaragoza, Toledo o Sevilla se convirtieron en núcleos urbanos
importantes, pero Córdoba llegó a ser, durante el califato de al-Hakam II, la mayor ciudad
de Europa Occidental; quizá alcanzó el medio millón de habitantes, y sin duda fue el mayor
centro cultural de la época. En los años finales del siglo X, el general Almanzor dirigió cada
primavera aceifas (expediciones de castigo y para conseguir botín) contra los cristianos del
norte (Pamplona, 978, León, 982, Barcelona, 985, Santiago, 997). A su muerte en 1002, tras
su derrota ante una coalición cristiana en la batalla de Calatañazor, comenzaron una serie de
enfrentamientos entre familias dirigentes musulmanas, que llevaron a la desaparición del
califato y la formación de un mosaico de pequeños reinos, llamados de taifas.
El reino de Asturias, con su capital fijada en Oviedo desde el reinado de Alfonso II el Casto, se
había transformado en reino de León en 910 con García I al repartir Alfonso III el Magno sus
territorios entre sus hijos. En 914, muerto García, subió al trono Ordoño II, que reunificó
Galicia, Asturias y León y fijó definitivamente en esta última ciudad su capital. Su territorio, que
llegaba hasta el Duero, se fue paulatinamente repoblando mediante el sistema
de presura (concesión de la tierra al primero que la roturase, para atraer a población en las
peligrosas zonas fronterizas), mientras que los señoríos laicos o eclesiásticos (de nobles o
monasterios) se fueron implantando posteriormente. En las zonas en que la frontera fue una
condición más permanente y la defensa recaía en la figura social del caballero-villano, lo que
ocurrió particularmente en la zona oriental del reino, se conformó un territorio de personalidad
marcadamente diferenciada: el condado de Castilla (Fernán González). Un proceso hasta
cierto punto similar (aprisio) se produjo en los condados catalanes de la llamada Cataluña la
Vieja (hasta el Llobregat, por oposición a la Cataluña la Nueva conquistada a partir del
siglo XII).
Plena Edad Media
El siglo XI comenzó con el predominio entre los reinos cristianos del reino de Navarra. Sancho
III el Mayor incorporó los condados pirenaicos centrales (Aragón, Sobrarbe y Ribagorza) y el
condado leonés de Castilla, estableciendo un protectorado de hecho sobre el propio reino de
León. Los enfrentamientos entre las taifas musulmanas, que recurrían a los cristianos como
tropas mercenarias para imponerse unas sobre otras, aumentaron notablemente su poder,
que llegó a ser suficiente como para someterlas al pago de parias.
Los territorios de Sancho el Mayor fueron distribuidos entre sus hijos tras su
muerte. Fernando obtuvo Castilla. Su matrimonio con la hermana del rey leonés y el apoyo
navarro le permitieron imponerse como rey de León tras la muerte de su cuñado en la batalla
de Tamarón(1037). A la muerte de Fernando se volvió a realizar un reparto territorial que
multiplicó el número de territorios que adquirieron el rango regio: reino de León, reino de
Galicia, reino de Castilla, así como la ciudad de Zamora. Sucesivamente se produjeron
reunificaciones y divisiones, siempre revertidas, excepto en el caso del condado de Portugal,
convertido en reino. La conquista de Toledo por Alfonso VI(1085) permitió la repoblación de la
amplia región entre los ríos Duero y Tajo mediante la concesión de fueros y cartas
pueblas a concejoscon jurisdicción sobre amplias zonas (comunidad de villa y tierra) sobre los
que ejercían una especie de «señorío colectivo». Un proceso similar se produjo en el valle del
Ebro, repoblado (en parte con mozárabes emigrados del sur peninsular) a partir de la
conquista de Zaragoza (1118) por Alfonso I el Batallador, rey de Navarra y Aragón, que
incluso llegó a ser rey consorte de Castilla y León (en un accidentado matrimonio con Urraca I
de Castilla, que terminó anulándose). A su muerte sin herederos directos se separaron
definitivamente sus reinos: mientras que Navarra quedó marginada en la Reconquista, sin
crecimiento hacia el sur, Aragón se vinculó con Cataluña en 1137 por el matrimonio de la
reina Petronila con el conde Ramón Berenguer IV de Barcelona y formaron la Corona de
Aragón.
Catedral de Burgos, gótica, como muchas otras catedrales de España.
Por su parte, la conformación de la Corona de Castilla como conjunto de reinos, con un único
rey y unas únicas Cortes, no se consolidó hasta el siglo XIII. Los distintos territorios
conservaban diversas particularidades jurídicas, así como su condición de reino, perpetuada
en la intitulación regia: «rey de Castilla, de León, de Galicia, de Nájera, de Toledo,... señor de
Vizcaya y de Molina», añadiendo sucesivamente los títulos de soberanía de los nuevos reinos
que se fueran conquistando o adquiriendo. Alfonso VIIadoptó el título de Imperator totius
Hispaniae. La repoblación de la amplia zona entre el Tajo y Sierra Morena, relativamente
despoblada, se confió a las órdenes militares (Santiago, Alcántara, Calatrava, Montesa).
Alhambra de Granada.
Los avances cristianos hacia el sur fueron confrontados sucesivamente por dos intervenciones
norteafricanas: la de los almorávides (batallas de Zalaca, 1086, y Uclés, 1108) y la de
los almohades(batalla de Alarcos, 1195), que unificaron bajo una concepción más rigorista del
Islam a las taifas, cuyos gobernantes eran acusados de corruptos y contemporizadores con
los cristianos. Sin embargo, la batalla de las Navas de Tolosa (1212) significó una decisiva
imposición del predominio cristiano y los pocos años quedó un único reducto musulmán en la
península, el reino nazarí de Granada. La decadencia política y militar de al-Andalus fue
simultánea a su mayor esplendor en los campos artístico y cultural (palacio de la
Aljafería, Alhambra de Granada, Averroes, Ibn Hazm).
La Corona de Castilla, con Fernando III el Santo, conquistó en los años centrales del
siglo XIII la totalidad del valle del Guadalquivir (reinos de Jaén, de Córdoba y de Sevilla) y
el reino de Murcia; mientras la Corona de Aragón, tras frustrarse su expansión al norte de los
Pirineos (cruzada albigense), conquistaba los reinos de Valenciay de Mallorca (Jaime I el
Conquistador). El acuerdo entre ambas coronas definió las respectivas zonas de influencia, e
incluso enlaces matrimoniales (de Alfonso X el Sabio con Violante de Aragón). La repoblación
por los cristianos de estas zonas, densamente habitadas por musulmanes, muchos de los
cuales permanecieron tras la conquista (mudéjares), se realizó mediante el repartimiento de
lotes de fincas rurales y urbanas de distinta importancia según la categoría social de los que
habían intervenido en la toma de cada una de las ciudades. La convivencia entre cristianos,
musulmanes y judíos produjo un intercambio cultural de altísimo nivel (escuela de traductores
de Toledo, tablas alfonsíes, obras de Raimundo Lulio) al tiempo que se abrían varios studium
arabicum et hebraicum (Toledo, Murcia, Sevilla, Valencia, Barcelona) y los studia
generalia que se convirtieron en las primeras universidades (Palencia, Salamanca, Valladolid,
Alcalá, Lérida, Perpiñán).
Baja Edad Media
Artículo principal: Crisis de la Edad Media en España
A partir de las vísperas sicilianas (1282), la Corona de Aragón inició una expansión por el
Mediterráneo en la que incorporó Cerdeña, Siciliae incluso, brevemente, los ducados
de Atenas y Neopatria. En competencia con Portugal, la Corona de Castilla optó por una
expansión atlántica, basada en su control del Estrecho. En 1402 comenzó la conquista de las
islas Canarias, hasta entonces habitadas exclusivamente por los guanches. La ocupación
inicial fue llevada a cabo por señores normandos (Juan de Bethencourt) que rendían vasallaje
al rey Enrique III de Castilla. El proceso de conquista no concluyó hasta 1496, culminado por
la propia acción de la corona. El deslindamiento de las zonas de influencia portuguesa y
castellana se acordó en el tratado de Alcaçovas (1479), que reservaba a los portugueses las
rutas del Atlántico Sur y por tanto la circunnavegación de África que permitiera una ruta
marítima hasta la India.
Auto de fe presidido por Santo Domingo de Guzmán, de Pedro Berruguete, ca. 1495.
La gran mortandad provocada por la Gran Peste de 1348, particularmente grave en la Corona
de Aragón, precedida de las malas cosechas del ciclo de 1333 (lo mal any primer), provocaron
una gran inestabilidad tanto económica y social como política e ideológica. En Castilla se
desató la Primera Guerra Civil Castellana (1351-1369) entre los partidarios de Pedro I el
Cruel y su hermanastro Enrique II de Trastamara. En Aragón, a la muerte de Martín I el
Humano, representantes de los tres Estados de la Corona eligieron como sucesor, en
el Compromiso de Caspe (1412), a Fernando de Antequera, de la castellana Casa de
Trastámara. La expansión mediterránea aragonesa continuó con la conquista del Reino de
Nápoles durante el reinado de Alfonso V el Magnánimo. La crisis fue particularmente intensa
en Cataluña, cuya expresión política fueron las disputas entre Juan II de Aragón y su
hijo, Carlos de Viana, aprovechadas por las instituciones representativas del poder local
(la Generalidad o comisión permanente de las Cortes y el Consejo de Ciento o regimiento de
la ciudad de Barcelona) para manifestar el escaso poder efectivo que la monarquía aragonesa
tenía sobre el particularismo (pactismo, foralismo) de cada uno de sus territorios, donde
prevalecían las constituciones, usos y costumbres tradicionales (usatges, observancias) sobre
la voluntad real. Simultáneamente estallaron las tensiones sociales entre la Busca y la
Biga (alta y baja burguesía de la ciudad de Barcelona) y las revueltas de los payeses de
remença (campesinos sometidos a un régimen de sujección personal particularmente duro),
todo lo cual hizo estallar la compleja Guerra Civil Catalana (1462 - 1472). El debilitamiento de
Barcelona y Cataluña benefició a Valencia, que se convirtió en el puerto marítimo que
centralizó la expansión comercial de la Corona de Aragón y alcanzó los 75 000 habitantes a
mediados de siglo XV, con un auge cultural que permite definirlo como Siglo de Oro
valenciano. El reino de Aragón, sin salida al mar y centrado en actividades fundamentalmente
agropecuarias, limitó su desarrollo económico y social. Los privilegios de ricoshombres y
nobleza laica y eclesiástica impidieron el desarrollo de una burguesía pujante, y su peso
relativo en el equilibrio entre los Estados de la Corona aragonesa disminuyó.
Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, los Reyes Católicos. Su matrimonio en 1469 selló la unión
dinástica de las Coronas de Castilla y Aragón.
En 1479, con la subida al trono de Fernando el Católico, segundo hijo y heredero de Juan II, y
rey consorte de Castilla por su matrimonio con Isabel la Católica, las tensiones sociales se
redujeron, incluida la conflictividad campesina (Sentencia Arbitral de Guadalupe, 1486). El
creciente antisemitismo, estimulado por predicadores como San Vicente Ferrer o el Arcediano
de Écija, había explotado en la revuelta antijudía de 1391, que al provocar conversiones
masivas originó el problema converso: la discriminación de los cristianos nuevos por
los cristianos viejos, que llegó incluso a la persecución violenta (revuelta anticonversa
de Pedro Sarmiento en Toledo, 1449) y suscitó la creación de la Inquisición española (1478).
Edad Moderna
Artículos principales: Historia moderna de España e Imperio español.
Retrato de Felipe II, atribuido tradicionalmente a Alonso Sánchez Coello y recientemente a Sofonisba
Anguissola, 1570.
La revolución de los precios del siglo XVI fue provocada por la masiva llegada de plata a
Castilla, que monopolizaba el comercio americano, y causó el hundimiento de las actividades
productivas locales, mientras se realizaban importaciones de productos manufacturados
europeos. La crisis del siglo XVII afectó especialmente a España, que bajo los
llamados Austrias menores (Felipe III, Felipe IV y Carlos II) entró en una evidente decadencia.
Simultáneamente, el arte y la cultura española vivía los momentos más brillantes del Siglo de
Oro. Superada la coyuntura crítica de la crisis de 1640, en que estuvo a punto de disolverse
(revuelta de los catalanes, revuelta de Masaniello en Nápoles, alteraciones
andaluzas, independencia de Portugal), la Monarquía Hispánica se redefinió, ya sin Portugal y
con la frontera francesa fijada en el tratado de los Pirineos (1659).
Edad Contemporánea
Artículo principal: Historia contemporánea de España
Siglo XIX
Véanse también: Guerra de la Independencia Española, Guerra de Independencia
Hispanoamericana, España durante la Guerra de Independencia Española, España
napoleónica, Restauración absolutista en España, Reinado de Isabel II de
España, Revolución de 1868, Sexenio democrático y Restauración borbónica en
España.
El dos de mayo de 1808 en Madrid, de Goya, muestra el levantamiento del 2 de mayo del
pueblo de Madrid contra el ejército invasor francés y que desencadenó la Guerra de la
Independencia Española.
La muerte de Fernando VII en 1833 abrió un nuevo período de fuerte inestabilidad política
y económica. Su hermano Carlos María Isidro, apoyado en los partidarios absolutistas, se
rebeló contra la designación de Isabel II, hija de Fernando VII, como heredera y reina
constitucional, y contra la derogación del Reglamento de sucesión de 1713, que impedía
la sucesión de mujeres en la Corona. Estalló así la Primera Guerra Carlista. El reinado de
Isabel II se caracterizó por la alternancia en el poder de progresistas y moderados, si bien
esta alternancia estaba más motivada por los pronunciamientos militares de ambos signos
que por una pacífica cesión del poder en función de los resultados electorales.
El siglo XX comenzó con una gran crisis económica y la subsiguiente inestabilidad política.
Hubo un paréntesis de prosperidad comercial propiciado por la neutralidad española en
la Primera Guerra Mundial, pero la sucesión de crisis gubernamentales, la marcha
desfavorable de la Guerra del Rif, que se agudizó como consecuencia de la oposición
tribal autóctona al Protectorado español de Marruecos, la agitación social y el descontento
de parte del ejército, desembocaron en el golpe de Estado del general Miguel Primo de
Rivera el 13 de septiembre de 1923. Estableció una dictadura militar que fue aceptada por
gran parte de las fuerzas sociales y por el propio rey Alfonso XIII. Durante la dictadura se
suprimieron libertades y derechos, lo que sumado a la difícil coyuntura económica y el
crecimiento de los partidos republicanos, hicieron la situación cada vez más insostenible.
En 1930 Primo de Rivera presentó su dimisión al rey y se marchó a París, donde murió al
poco tiempo. Le sucedió en la jefatura del Directorio el general Dámaso Berenguer y
después, por breve tiempo, el almirante Aznar. Este período es conocido como
«dictablanda».
Decidido a buscar una solución a la situación política y establecer la Constitución, el rey
propició la celebración de elecciones municipales el 12 de abril de 1931. Estas dieron una
rotunda victoria a las candidaturas republicano-socialistas en las grandes ciudades y
capitales de provincia, si bien el número total de concejales era mayoritariamente
monárquico. Las manifestaciones organizadas exigiendo la instauración de una república
democrática llevaron al rey a abandonar el país y a la proclamación de la misma el 14 de
abril de ese mismo año. Durante la Segunda República se produjo una gran agitación
política y social, marcada por una acusada radicalización de izquierdas y derechas. Los
líderes moderados fueron boicoteados y cada parte pretendió crear una España a su
medida. Durante los dos primeros años, gobernó una coalición de partidos republicanos y
socialistas. En las elecciones celebradas en 1933 triunfó la derecha y en 1936, la
izquierda. Los actos violentos durante este período incluyeron la quema de iglesias,
la sublevación monárquica del militar José Sanjurjo, la Revolución de 1934 y numerosos
atentados contra líderes políticos rivales. Por otra parte, es también durante la Segunda
República cuando se inician importantes reformas para modernizar el país —Constitución
democrática, reforma agraria, reestructuración del ejército, primeros Estatutos de
Autonomía…— y se amplían los derechos de los ciudadanos como el reconocimiento
del derecho a voto de las mujeres, instaurándose el sufragio universal.
Francisco Franco murió el 20 de noviembre de 1975 y Juan Carlos I fue proclamado rey
dos días después. Se abrió entonces un período conocido como transición a la
democracia. Adolfo Suárez fue nombrado presidente del Gobierno por el rey y consiguió
aprobar la Ley para la Reforma Política en las Cortes franquistas. En 1977 se
celebraron elecciones democráticas. En 1978 se promulgó la Constitución española que
estableció un Estado social y democrático de derecho con la monarquía
parlamentaria como forma de gobierno. En 1979, tras las primeras elecciones bajo la
nueva constitución, la coalición centrista Unión de Centro Democrático (UCD) obtuvo
mayoría simple en el Congreso de los Diputados y Adolfo Suárez fue investido presidente
de Gobierno. El 29 de enero de 1981 dimitió por presiones internas de su propio partido.
Durante este periodo la banda terrorista vasca Euskadi Ta Askatasuna (ETA) cometió un
gran número de atentados, especialmente contra miembros del ejército y de las fuerzas de
seguridad, así como otros de carácter indiscriminado. Durante la sesión de votación de
investidura del sucesor de Suárez, Leopoldo Calvo-Sotelo (UCD), el 23 de febrero de
1981, tuvo lugar un intento de golpe de Estado promovido por altos mandos militares.
El Palacio de las Cortes fue tomado por el teniente coronel Antonio Tejero, pero la
intentona golpista fue abortada el mismo día por la intervención del rey Juan Carlos en
defensa del orden constitucional. En 1981 se firmó en Bruselas el protocolo de adhesión
de España a la OTAN, dando inicio al proceso de integración en la Alianza que terminó en
la primavera de 1982, durante el Gobierno de UCD.
En las elecciones generales de 1982 venció por mayoría absoluta el Partido Socialista
Obrero Español (PSOE) liderado por Felipe González, que fue nombrado presidente del
Gobierno y se mantuvo en el poder durante cuatro legislaturas. En 1986, España
se incorporó a la Comunidad Económica Europea, precursora de la Unión Europea, y se
celebró un referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN en el que ganó el sí.
En 1992, España apareció de forma llamativa en el escenario internacional, ofreciendo
una imagen de un país sólido y moderno, con la celebración de los Juegos Olímpicos de
1992 en Barcelona, la declaración de Madrid como Ciudad Europea de la Cultura y la
celebración en Sevilla de la Exposición Universal.
Durante este período se produjo una profunda modernización de la economía y la
sociedad españolas, caracterizada por las reconversiones industriales y la sustitución del
modelo económico tardofranquista por otro de corte más liberal —lo que condujo a tres
importantes huelgas generales—, la generalización del pensamiento y los valores
contemporáneos en la sociedad española, el desarrollo del Estado autonómico, la
transformación de las fuerzas armadas y el enorme desarrollo de las infraestructuras
civiles —como la multiplicación de la red de autovías—. Sin embargo, hubo también una
situación de elevado desempleo y hacia el final del mismo se produjo un importante
estancamiento económico, que no inició su recuperación hasta 1999 —cuando la tasa de
desempleo descendió del 23 % al 15 %—. 1994 y 1995 fueron dos de los peores años en
democracia por la multiplicación y descubrimiento de los casos de corrupción:
el terrorismo de Estado de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), el caso Roldán,
las escuchas del CESID, etc.
En las elecciones generales anticipadas de 1996 venció el Partido Popular (PP) abriendo
una nueva etapa política en España. No obstante, no obtuvo la mayoría absoluta por lo
que José María Aznar tuvo que pactar con los partidos nacionalistas para poder ser
investido presidente de Gobierno. Su Gobierno tuvo ante sí un reto clave: la mejora de los
datos económicos que permitiera a España formar parte de los países miembros de la
Unión Europea que compartirían la nueva moneda única, el euro, hito conseguido a finales
de 1997. El terrorismo de ETA continuó activo. El 10 de julio de 1997 ETA secuestró al
concejal del PP de Ermua Miguel Ángel Blanco y amenazó con asesinarle si el Gobierno
no cumplía sus exigencias. Dos días después, los etarras acabaron con su vida. Su
muerte provocó un multitudinario movimiento de repulsa en el País Vasco y en el resto de
España conocido como el Espíritu de Ermua.
Siglo XXI
El rey Juan Carlos I y los presidentes del Gobierno Aznar, González, Zapatero y Rajoy en 2015
El siglo XXI empezó con una brutal escalada terrorista de ETA en el año 2000 y con los
efectos de los ataques terroristas del 11-S en los Estados Unidos, que provocaron que
España apoyara las intervenciones militares estadounidenses en Afganistán (2001)
e Irak(2003). Esta última se realizó sin el apoyo de la ONU y pese a recibir múltiples
manifestaciones en contra por parte de la opinión pública española y mundial.
En 2002 el euro entró en circulación en España y en otros once países que conformaron
la eurozona, sustituyendo a la peseta y a las respectivas monedas nacionales. Este
cambio monetario provocó la subida encubierta de los precios.59 Entre 1994 y 2007 se
produjo una importante expansión de la economía española, basada fundamentalmente
en el sector de la construcción. A finales del siglo XX y a lo largo del siglo XXI España
recibió una gran cantidad de inmigrantes de países latinoanoamericanos
como Ecuador, Colombia, Argentina, Bolivia, Perú o República Dominicana, así como de
diferentes zonas de África, Asia y Europa. El fuerte crecimiento económico de tipo
expansivo que presentó el país desde 1993 requirió una gran cantidad de mano de obra.
Homenaje a las víctimas de los atentados del 11 de marzo de 2004, en la estación de Alcalá de
Henares.
El jueves 11 de marzo de 2004 se produjeron en Madrid los atentados del 11M, el mayor
atentado terrorista de la historia de España, que provocó la muerte de 192 personas y
cerca de 1500 heridos. Se produjeron diez explosiones casi simultáneas en cuatro trenes
en hora punta de la mañana en la red ferroviaria de cercanías de Madrid. Los ataques
fueron revindicados por la organización terrorista islámica Al Qaeda. La consternación
social ante los atentados y ante la discutida reacción del Gobierno causó una enorme
movilización popular, en la que 11 millones de ciudadanos se manifestaron por las calles
de casi todas las ciudades del país. Tres días después de los atentados se celebraron
las elecciones generales de 2004. La agitación popular resultó definitiva en la resolución
de las elecciones en las que el PSOE obtuvo la victoria. José Luis Rodríguez Zapatero se
convirtió en el quinto presidente del Gobierno.
Con Zapatero como presidente del Gobierno se retiraron las tropas españolas que
combatían en Irak. Ello ocasionó un considerable enfriamiento de las relaciones
diplomáticas con los Estados Unidos. Se firmó la Constitución Europea y se realizó
el referéndum de la Constitución Europea, en el que los ciudadanos españoles aprobaron
el tratado. Sin embargo, el rechazo en referéndum en Francia y Holanda hizo que
fracasara. También se aprobó el matrimonio homosexual, entre otras reformas de carácter
social prometidas en el programa electoral de los socialistas.60
El 22 de marzo de 2006, la organización terrorista ETA anunció su segundo alto al fuego,
que rompió el 30 de diciembre de ese mismo año con la colocación de una furgoneta
bomba en la Terminal 4 del Aeropuerto de Barajas, atentado en el que dos personas
perdieron la vida.61
Las elecciones de 2008 dieron la victoria de nuevo al PSOE y Zapatero formó su segundo
Gobierno. Estas elecciones consolidaron y reforzaron el bipartidismo: los dos grandes
partidos ocuparon 323 de los 350 escaños del Congreso.62 Ese mismo año se celebró
en Zaragoza la Expo 2008, cuyo eje temático fue el agua y el desarrollo sostenible.
La Gran Recesión mundial y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria provocaron una
gravísima crisis económica en España. A partir de mayo de 2011 aparecieron
movimientos sociales conocidos como «indignados» o 15-M que reclamaban una
democracia más participativa. En septiembre se reformó la constitución con el objeto de
garantizar la estabilidad presupuestaria de la administración pública. El 20 de octubre de
2011, la organización terrorista ETA anunció el «cese definitivo de su actividad armada» e
hizo efectiva su disolución el 3 de mayo de 2018.63
Protestas del Movimiento 15-M, en mayo de 2012, Barcelona.
Juan Carlos I de Borbón y su hijo Felipe, un día después de la abdicación del primero
Gobierno y política
Artículo principal: Política de España
División de poderes
El jefe de Estado es el rey, quien arbitra y modera el funcionamiento regular de las
instituciones y asume la más alta representación del Estado español en las relaciones
internacionales, además de simbolizar la unidad y permanencia de la nación.66 En
cualquier caso, no tiene iniciativa propia en sus actos políticos, dado que no es
responsable de ellos y siempre deben estar refrendados por la autoridad política
competente.
El poder ejecutivo —la política interior y exterior y la administración civil y militar—, así
como la potestad reglamentaria, son ejercidos por el Gobierno.67 El Consejo de
Ministros es presidido por el Presidente del Gobierno, que designa a sus ministros y tiene
las funciones propias de un jefe de Gobierno en un sistema parlamentario. Es responsable
ante las Cortes Generales. Al comienzo de cada legislatura, el rey realiza una ronda de
consultas con los líderes de los grupos políticos y propone a un candidato a la Presidencia
del Gobierno. El Congreso de los Diputados vota la investidura del Presidente del
Gobierno, que requiere de mayoría absoluta en primera votación o de mayoría simple en
segunda votación. Hasta ahora siempre ha resultado elegido Presidente del Gobierno el
líder del partido o coalición preelectoral que ha obtenido un mayor número de votos y
escaños. Aunque es posible la formación de un gobierno de coalición, desde 1977 todos
los gobiernos han sido «monocolores» —formados por un solo partido o coalición
preelectoral—, incluso aunque solo dispusieran del respaldo parlamentario de una
mayoría relativa. El Congreso de los Diputados puede deponer al Presidente del Gobierno
mediante una moción de censura constructiva en la que se determina quién le sustituye en
su puesto.
El poder legislativo es ejercido por las Cortes Generales, el órgano supremo de
representación del pueblo español.68 Las Cortes Generales son un
parlamento bicameralcompuesto por el Congreso de los Diputados —Cámara Baja— y
el Senado —Cámara Alta—.68 Las elecciones generales se celebran cada cuatro años
por sufragio universal, en el que tienen derecho al voto los españoles mayores de 18
años. El Congreso de los Diputados está formado por 350 miembros elegidos
mediante escrutinio proporcional plurinominal con listas cerradas y bloqueadas. Los
escaños se reparten entre las candidaturas mediante el sistema D'Hondt.
La circunscripción electoral es la provincia. El Senado es la cámara de representación
territorial y cuenta actualmente con 266 miembros elegidos mediante un sistema mixto,
208 de elección directa y 58 designados. Los senadores de elección directa son elegidos
mediante escrutinio mayoritario plurinominal parcial con listas abiertas. Los senadores
designados son elegidos por los órganos legislativos autonómicos, en momentos distintos
a los de las elecciones generales, también por un período de cuatro años.
El poder judicial está formado por el conjunto de juzgados y tribunales, integrado por
jueces y magistrados, que tienen la potestad de administrar justicia en nombre del rey. Los
jueces son funcionarios de carrera cuya cúspide es la Audiencia Nacional y el Tribunal
Supremo, el órgano jurisdiccional superior en todos los órdenes excepto en materia de
garantías constitucionales,69 gobernados por el Consejo General del Poder Judicial, que
controla sus nombramientos, ascensos, inspección y régimen disciplinario.70 Los
miembros de esa institución, así como los del Tribunal Constitucional —que como órgano
constitucional ajeno al poder judicial resuelve los recursos de inconstitucionalidad y los
conflictos de competencia entre el Estado y las comunidades autónomas del país—,71 son
elegidos por distintas instancias políticas; lo que ha devenido en una vinculación implícita
de cada uno ellos al partido político que los designa, en contradicción con su teórica
independencia, circunstancia explícitamente puesta de manifiesto por los medios de
comunicación y el debate político e intelectual.72
Sedes de las principales instituciones que ejercen los distintos poderes del Estado
Relaciones exteriores
Categorías y artículos principales: Relaciones internacionales de España y Relaciones
bilaterales de España.