REALISMO JURÍDICO
Si el iusnaturalismo enfatiza la idea de justicia a que ha de responder el Derecho y el positivismo
jurídico lo hace con su validez, el realismo jurídico se inserta dentro de la corriente sociologista para
la que prima la eficacia.
Dentro del realismo jurídico se bifurcan dos grandes corrientes, la norteamericana y la escandinava.
La primera es heredera de Oliver W. Holmes para quien los conceptos y normas jurídicas tienen un
carácter puramente auxiliar pues el Derecho consiste en profetizar lo que realmente harán los jueces
y tribunales en un caso dado. Así Benjamín Cardozo expone que la lógica jurídica es lógica de
probabilidades. El realismo norteamericano surgido a principios del siglo XX se centra, en fin, como
recuerda Legaz Lacambra, en torno a los siguientes puntos: creación judicial del Derecho;
comprensión del Derecho no como fin sino como medio para el logro de determinados fines sociales;
estudio de la influencia emanada de los cambios sociales que son más rápidos que la evolución
jurídica; estudio del comportamiento efectivo de los tribunales y de las discrepancias entre este
comportamiento y las normas recibidas que no son nunca el verdadero fundamento de las decisiones
judiciales. Algunos representantes de este movimiento norteamericano como Jerome Frank o Edwin
Garlan se detienen más en la decisión personal del juez y en su personalidad, sus prejuicios, su
modo de reaccionar, su educación, su origen social, su estado de salud e incluso de reaccionar.
Contrarios a toda lógica, se aproximan al naturalismo y están dominados por el pragmatismo al
centrarse en la forma en la que el Derecho actúa en la realidad, analizada conforme a los métodos
habituales en la ciencias sociales.
Los realistas escandinavos constituyen la denominada Escuela de Upsala inspirada por el filósofo
sueco Axel Haegerstroem y que parte de una relativa afinidad al espíritu y fines del realismo
norteamericano. En el movimiento se integran, entre otros Lundstedt, Olivecrona y Alf Ross. Según
el fundador, toda la Ciencia Jurídica actual es sinónima de irrealidad y superstición y ninguno de los
conceptos y dogmas jurídicos vigentes merece respeto porque todos son irreales. Si la Ciencia
Jurídica quiere ser tal debe prescindir de los factores puramente emocionales, mágicos, fetichistas,
que la dominan. La Ciencia Jurídica ha de centrarse en el análisis frío, objetivo y rigurosamente
científico de la realidad del Derecho, de cómo actúa en la realidad. Olivecrona, por ejemplo, no se
refiere a la obligatoriedad o a la fuerza vinculante de las normas sino a su idoneidad o capacidad
para influir sobre el comportamiento de los jueces. Las normas son un conjunto de directrices para
los jueces y la prueba de su validez se encuentra en la previsión de que los jueces actúan en la
realidad conforme a aquellas directrices.
Iusrealismo.
El iusrealismo es una corriente que se fundamenta en que la validez de las normas se encuentra en
la eficacia de las mismas, haciendo de conocimiento que es importante el contenido, la forma y sobre
todo la aplicación de las normas.
El realismo jurídico es una doctrina filosófica que identifica al derecho con la fuerza estatal o con
la probabilidad asociada a las decisiones judiciales. El realismo jurídico comparte con las diferentes
corrientes del realismo filosófico una consideración unitaria de la ciencia y la filosofía, el uso del
análisis como método, y el pluralismo como metafísica, así como una visión del mundo naturalista y
anti-idealista.1 El realismo jurídico se desarrolla especialmente en el siglo XX, a raíz de la revuelta
contra el formalismo conceptual que había caracterizado a la ciencia jurídica del siglo anterior.
En otra acepción, se denomina "realismo jurídico clásico" a la doctrina del iusnaturalismo clásico.
Para los realistas jurídicos el derecho no está formado por enunciados con contenido ideal acerca
de lo que es obligatorio, sino por las reglas realmente observadas por la sociedad o impuestas por
la autoridad estatal. Esto supone que el concepto de validez pasa a un segundo término, mientras
que el concepto de vigencia (eficacia) se convierte en piedra angular del conocimiento del derecho.
La función jurisdiccional recupera un rol preponderante. El derecho se contiene, principalmente, en
los precedentes judiciales y en las sentencias dictadas por los tribunales; una ley que no se aplica
es una ley muerta.
Escuelas
En el realismo jurídico contemporáneo se pueden distinguir al menos cuatro escuelas:
La escuela del realismo estadounidense
La escuela del realismo genovés (Giovanni Tarello, P. Comanducci, R. Guastini, etc.)
La escuela escandinava
El realismo de la interpretación jurídica del francés Michel Troper.
Como precursor de los realistas estadounidenses cabe mencionar a Oliver Wendell Holmes Jr., quien
consideraba que el derecho no es otra cosa que las profecías de cómo los jueces resolverán los
asuntos jurídicos. Dentro de sus principales representantes tenemos a Karl Llewellyn y a Chipman
Gray. Otros autores destacados son Roscoe Pound, Jerome Frank, Thurman Arnold, Felix S. Cohen,
y B. N. Cardozo. Todos ellos son juristas, y no filósofos. Puntos comunes del movimiento(siempre
rechazaron el término "escuela") son: una concepción instrumental del derecho, como un medio para
fines sociales; una visión dinámica de la sociedad y las instituciones; desconfianza en las reglas del
método jurídico tradicional (ver Positivismo Jurídico); rechazo de la teoría imperativista de las
normas; valoración de las normas por sus efectos; y un enfoque del derecho desde la perspectiva
de los casos y de los problemas reales que se presentan.1
Axel Hägerström, Alf Ross y Karl Olivecrona destacan entre los realistas escandinavos, para quienes
la eficacia o vigencia real de las normas jurídicas es la propiedad determinante, por encima de la
validez meramente formal y del contenido moral de las mismas. Lo que define al Derecho no son las
normas aisladamente consideradas, sino las instituciones, el sistema, por lo que el análisis de los
fenómenos jurídicos debe hacerse en su conjunto.
Finalmente, Michel Troper ha desarrollado una teoría realista según la cual la interpretación no es
un acto de conocimiento de la ley, sino un acto de voluntad del juez.
Posteridad del realismo jurídico
Aunque declinó su fuerza luego de la Segunda Guerra Mundial, la influencia del realismo jurídico ha
alcanzado a la corriente llamada "estudios críticos del derecho" (Duncan Kennedy y Roberto Unger),
a la teoría jurídica feminista y al análisis económico del derecho (autores como Richard Posner y
Richard Epstein).
Críticas
Para el iusnaturalismo clásico se trata de un positivismo jurídico-sociológico, positivismo sociológico-
jurídico o sociologismo jurídico.
NORMA Y PRINCIPIO
Es un lugar cada vez más común afirmar que la distinción estructural de las normas en
principios y reglas es una de las claves de la hermenéutica jurídica, sobre todo en el ámbito
del derecho constitucional.
La distinción entre normas y principios constituye la base de la fundamentación
iusfundamental y es una clave para la solución de problemas centrales de la dogmática de
los derechos fundamentales. Sin ella, no puede existir una teoría adecuada de los límites,
ni una teoría satisfactoria de la colisión y tampoco una teoría suficiente acerca del papel
que juegan los derechos fundamentales en el sistema jurídico.
Constituye, además, un soporte sobre el que se asienta, en general, la solución de todos
los casos en los que se encuentran en juego los derechos fundamentales. Dentro de las
normas iusfundamentales es posible distinguir entre normas que son principios y normas
que son reglas. Unas no excluyen a las otras. Las preguntas acerca de qué es un principio
y qué es una regla sólo pueden ser respondidas cabalmente una vez que uno y otra han
sido distinguidos. Los criterios que se han sugerido para ello son muy variados y hasta
cierto punto complementarios.
Dworkin es uno de los más destacados exponentes de la tesis fuerte de la separación. Es
el principal promotor del debate respecto a la distinción entre reglas y principios. Éste
construye su teoría como un ataque frente al positivismo jurídico y, especialmente, a la
versión de H.L.A. Hart, a quien acusa de concebir el Derecho como un sistema normativo
compuesto exclusivamente por reglas, las cuales son identificadas como tales por la
manera en que son adoptadas o desarrolladas (lo que Dworkin denomina su pedigree). Sin
embargo, según aquél, cuando los juristas razonan, no sólo utilizan reglas, sino también
otro tipo distinto de normas como son los principios, algo que el positivismo parece haber
olvidado. La crítica de Dworkin es de gran relevancia, dado que ataca las dos tesis básicas
del positivismo, a saber, la tesis de la separación conceptual entre Derecho y moral y la
tesis de la discreción judicial.
La distinción según Dworkin
En la crítica de Dworkin al positivismo jurídico la distinción entre principios jurídicos y reglas
jurídicas es fundamental. El ataque se centra en que cuando los juristas discuten acerca de
derechos y obligaciones jurídicas, especialmente en los casos difíciles, emplean otras
pautas o patrones que no son reglas, tales como los principios. Los principios jurídicos no
son patrones extrajurídicos y son vinculantes para el juez. Los principios juegan un papel
central en los razonamientos que justifican las decisiones acerca de derechos subjetivos y
obligaciones. Para Dworkin, el positivismo jurídico es un modelo de y para un sistema de
reglas, y por lo tanto, es un modelo insuficiente y limitado para expli- car la institución que
llamamos derecho.
Pero, ¿qué son los principios? y ¿cómo se distinguen de las reglas?
Al distinguir los principios en sentido específico de otros estándares como las directrices
(“policies”), Dworkin afirma que entiende por “principio” una pauta que ha de observarse
porque es una exigencia de justicia, equidad o de otro aspecto de la moral, y ofrece como
ejemplo el patrón de que “nadie puede beneficiarse de sus propios actos ilícitos”. A juicio
de Dworkin, la distinción entre principios jurídicos y reglas jurídicas es “lógica”. Supongo
que con ello quiere decir, al menos en parte, que es una distinción que abstrae el contenido
de uno u otro tipo de pauta, y se concentra en la forma en la que operan en el razonamiento
jurídico. La distinción entre principios y reglas es una distinción de clase, toda vez que
pertenecen a clases diferentes de pautas. Las reglas operan de la manera todo o nada, es
decir, en forma disyuntiva (disyunción no exclusiva): se aplican o no se aplican, se si- guen
o no se siguen, y no hay una tercera posibilidad. Las reglas son válidas o no válidas. Si una
regla es válida, entonces “la solución que proporciona debe ser aceptada”.
En caso de no ser válida, resulta to- talmente irrelevante para la decisión. En el caso de un
conflicto entre dos reglas, una de las dos no es válida, y la colisión se resolverá me- diante
una regla de conflicto del propio sistema, como las que dan pre ferencia a la regla dictada
por la autoridad más superior, a la regla más especial, a la regla dictada más recientemente
o alguna otra. La regla dejada a un lado tiene que ser abandonada o reformulada para
hacerla consistente con la regla que pervive. En contraste, los principios tienen un aspecto
de peso o importancia que las reglas no tienen, de modo que los conflictos entre principios
se resuelven por peso. Si un principio es aplicable en un caso, constituye una consideración
que debe ser toma- da en cuenta por el juzgador en el balance de razones. No obstante
otros principios en sentido contrario, si son más pesados, pueden inclinar la balanza, y el
principio original no deja por esa razón de formar parte del orden jurídico. Los principios –
en palabras de Dworkin– “inclinan la decisión en una dirección, aunque no de manera
concluyente, y sobreviven intactos aun cuando no prevalezcan”. Los principios jurídicos son
–para usar la frase de Hart- “no concluyentes”.
Según DWORKIN “hace girar en torno a los principios toda... [su] concepción del Derecho”.
DWORKIN señala cuáles son las características que diferencian a los principios de las
normas. Muestra cuáles son las peculiaridades que atribuye a los principios, es decir, la
caracterización de esos principios.
Según el autor norteamericano, conviene distinguir cuidadosamente, a saber, las
"directrices, los "principios" y las "normas".
"Llamo directriz o "directriz política" -expresa Dworkin- al tipo de estándar que propone un
objetivo que ha de ser alcanzado; generalmente, una mejora en algún rasgo económico,
político o social de la comunidad (aunque algunos objetivos son negativos, en cuando
estipulan que algún rasgo actual ha de ser protegido de cambios adversos). Llamo
"principio" a un estándar que ha de ser observado, no porque favorezca o asegure una
situación económica, política o social que se considera deseable, sino porque es una
exigencia de la justicia, la equidad o alguna otra dimensión de la moralidad. De tal modo, la
proposición de que es menester disminuir los accidentes de automóvil es una directriz, y la
de que ningún hombre puede beneficiarse de su propia injusticia, un principio". "Los
principios son proposiciones que describen derechos; las (directrices) políticas son
proposiciones que describen objetivos (...) Un objetivo es una finalidad política no
individualizada, es decir, un estado de cosas cuya especificación no requiere así ninguna
expectativa o recurso o libertad en particular para individuos determinados (...) "Un derecho
-en cambio- debe ser un derecho a hacer algo aún cuando la mayoría piense que hacerlo
estaría mal, e incluso cuando la mayoría pudiera estar peor porque ese "algo" se haga".
Con todo, interesa, en particular a Dworkin, distinguir las "normas" de los "principios".
Mientras las primeras son binarias (un caso cae o no bajo ella), los segundos son graduales
(una acción humana puede, en mayor o menor medida cumplir o infringuir un principio).
Cuando las primeras son inconsistentes, una de ellas pierde, por lo general, validez (el
conflicto se resuelve, pues, en razón de validez); cuando los segundos están en conflicto,
prima, sin que ello importe exclusión del otro, aquel principio que posea "mayor peso moral".
Mientras las normas pueden ser identificadas a través de hechos -vgr. la regla de
reconocimiento de Hart- ello no podría ocurrir con los principios cuyo valor proviene de su
contenido de moralidad y no, como ocurriría con las normas, de su modo de producción.
En la obra de DWORKIN no hay una exposición sistemática sobre los principios. La alusión
a ellos aparece más bien en argumentaciones cuyo objeto no es precisamente esclarecer
el tema de los principios, sino más bien acumular argumentos que parezcan convincentes
contra las teorías de HART. Esta misma observación la hace Luis PRIETO S. La
caracterización de DWORKIN de principios y normas, dice este autor, “...no responde [...] a
un estudio analítico sobre la estructura de los diferentes elementos que componen el
sistema jurídico, ...”. PRIETO S., Luis. Sobre principios..., p. 67. El mismo DWORKIN inicia
su análisis de los principios diciendo “I want to make a general attack on positivism, ...”. La
tesis central de ese ataque será precisamente que ese positivismo “...forces us to miss the
important roles of these standardas that are not rules.” DWORKIN, Ronald. Taking Rights
Seriously, p. 22.
Por otra parte, a pesar de que el lenguaje que utiliza DWORKIN es sencillo, sus argumentos
son muy difusos. Así, tras la aparente sencillez del lenguaje, se oculta una falta de claridad
(¿intencional?) en las ideas; a tal punto que a menudo se tiene la impresión de que el autor
intenta conseguir, armado con sutilezas argumentativas, la adhesión del lector a sus puntos
de vista, antes que aportar alguna luz acerca de los puntos sobre los que versa su discurso.
DWORKIN trata el tema de los principios a partir de observar que los abogados argumentan
no solo a partir de normas, sino también a partir de otro tipo de estándares que
definitivamente no son normas. Entre estos otros tipos de estándares, DWORKIN señala
dos (aunque deja ver que puede haber otros): principles y policies. Aquí interesan solo los
primeros, los cuales vagamente define DWORKIN así: “I call a ‘principle’ a standard that is
to be observed, not because it will advance or secure an economic, political, or social
situation deemed desirable, but because it is a requirement of justice or fairness or some
other dimension of morality.”
Sin embargo, más que en la definición misma, DWORKIN insiste en que los principios son
distintos de las normas, porque existen diferencias lógicas entre estas y aquellos. Cuáles
son esas diferencias lógicas es lo que DWORKIN tratará de establecer:
Son “el producto de un acto
deliberado de creación
jurídica.”
No se basan “en una decisión particular de ningún
tribunal u órgano legislativo,
sino en un sentido de
convivencia u oportunidad
que, tanto en el foro como
en la sociedad se desarrolla
con el tiempo.”
• Los principios (al igual en esto que las normas) confieren
derechos e imponen obligaciones.
• Los principios, en caso de que las normas no sean suficientes
para hallar la solución de un caso concreto, siempre proveerán
esa solución. Gracias a ellos el derecho siempre tiene una
solución para todos los casos por más difíciles que sean.
Diferencias:
1ª. Una diferencia estructural: los principios tienen una estructura más compleja, pues como
elementos ontológicos del Derecho son fundamento originario del mismo y no presuponen
nada jurídico previo, al contrario que las normas; como elementos cognoscitivos, son
independientes y no se derivan unos de otros, al contrario que ocurre con las normas y, por
último, «en la realización del Derecho los principios son los determinantes de la actuación
jurídica correcta mientras que las normas son el criterio valorativo de las mismas»,
ofreciendo «soluciones equitativas cuando la aplicación de normas a casos singulares
suponen la causación de injusticia».
2ª. Una diferencia funcional: las normas funcionan como medida (nomos) de lo justo, como
expresión de mandatos o imperativos y como ordenadoras u organizadoras de las
relaciones sociales, son instrumentales, los principios determinan la existencia de lo justo y
el deber de hacer algo.
3ª. Unas diferencias genéticas: las normas proceden de en la organización estatal o social
y necesitan que una autoridad determine su contenido, los principios tienen su origen en la
propia naturaleza del Derecho y obtienen su contenido de la misma naturaleza de las
relaciones humanas en la que el Derecho aparece.
4ª. Unas diferencias aplicativas: mientras que las normas se aplican o no se aplican —«las
normas son aplicables a la manera de disyuntivas» (Dworkin, p. 75)— y si se aplican se
puede hacer de forma inmediata los principios pueden aplicarse o no aplicarse en parte y
precisan concretarse a un caso concreto.
5ª. Una diferencia tuitiva en cuanto a su vinculación: mientras que las normas obligan para
garantizar situaciones económicas, políticas o sociales, los principios obligan en cuanto son
imperativos de justicia, para garantizar ésta. «Llamo "principio" a un estándar que ha de ser
observado, no porque favorezca o asegure una situación económica, política o social que
se considera deseable, sino porque es una exigencia de la justicia, la equidad o alguna otra
dimensión de la moralidad» (Dworkin, p. 72).
6ª.- Una diferencia de validez: un principio no pierde su validez por la contradicción con una
norma, lo que sí ocurre en caso de antinomias, donde una norma desplaza a otra (vid.
Dworkin, pp. 77 y 78).
7ª.- Una diferencia justificativa: pues las normas siempre necesitan de una justificación, los
principios no.
8ª.- Una diferencia exegética: los principios pueden actuar como criterios interpretativos de
las normas, pero las normas no.
La tesis central de DWORKIN con respecto a las principios es que estos son distintos a las
normas. Entre principios y normas existe una diferencia lógica. Tal “descubrimiento” era
muy común en la dogmática jurídica europea de la primera mitad de este siglo y aun
anterior. Sobran ejemplos de autores que, desde principios de siglo, opinan en ese sentido.
Dice Dworkin que los principios no son como las normas, que se cumplen o que no se
cumplen. Un principio se hace jugar conjuntamente con otros principios y por eso a veces
se los deja de lado. Los principios son imperativos de justicia, de honestidad, de equidad o
de alguna dimensión de la moral, pero son principios jurídicos, son parte del derecho
positivo, no son principios morales que los jueces pueden adoptar si quieren o no, como
diría Kelsen, en la parte de indefinición que les permite ser arbitrarios.
Los principios difieren de las normas, para Dworkin, por su carácter lógico: mientras que las
normas son aplicables en términos de "todo o nada", son válidas o inválidas, los principios
tienen lo que podemos llamar un peso específico o importancia, se apoyan en
consideraciones de equidad, moralidad y justicia, y presentan razones y argumentos en
favor de una solución, argumentos que no dependen del hecho de haber sido dictados en
un momento y lugar determinados. Los principios aportan razones para decidir.
NORMA Y REGLA
Norma y regla son palabras que pueden usarse como sinónimos para referirse a las pautas,
disposiciones o preceptos que debemos seguir. Sin embargo, estos términos no siempre
son intercambiables.
La norma, por ejemplo, es más amplia que la regla. Se refiere a todas las pautas o
lineamientos que rigen la conducta o comportamiento de una colectividad, como una
empresa, una comunidad o la sociedad en general.
De allí que la norma pueda tener relevancia legal y jurídica al establecer, en sus
disposiciones y preceptos, los deberes y derechos de los ciudadanos.
TRAMITE DE UNA LEY
Como vimos anteriormente, una de las principales funciones del congreso es la aprobación
de las leyes que rigen el país; por eso, es muy importante conocer que es una ley y de esta
forma entender mejor el trabajo realizado en el Congreso de la República.
Quiénes presentan proyectos de ley:
Los miembros del Congreso
El Gobierno a través del Ministro del ramo
La Corte Constitucional
La Corte Suprema de Justicia
El Consejo de Estado
El Consejo Superior de la Judicatura
El Consejo Nacional Electoral
El Procurador General de la Nación
El Contralor General de la República
El Defensor del Pueblo
El 30% de los Concejales o Diputados electos en el país
Los ciudadanos en número equivalente al menos, al 5% del censo electoral vigente.
Elaboración del proyecto de ley
Las personas u órganos que tienen la facultad de presentar proyectos de ley deben estudiar
muy bien el tema para saber bien cuál es la necesidad social o problema y cuáles son las
posibles soluciones. Luego con la ayuda de expertos y con el insumo de la participación
ciudadana debe redactarse el proyecto de ley. Todos los proyectos para que puedan ser
estudiados deben cumplir varios requisitos, entre otros: deben tener un título o nombre que
los identifique, el articulado y además una exposición de motivos en donde se explican las
razones y la importancia del proyecto.
Presentación del proyecto de ley
Una vez que el proyecto de ley está listo se presenta el original y dos copias en la Secretaría
General del Senado, de la Cámara de Representantes o públicamente en las plenarias. La
Secretaría le asigna un número y lo clasifica de acuerdo con la materia, el autor y otros
puntos de interés. Además el Presidente de cada cámara, de acuerdo al tema, decide cual
comisión constitucional permanente es la que debe estudiar el proyecto para enviarlo a
dicha comisión. Una de las cosas más importantes que hace la Secretaría en este momento
es enviar el proyecto de ley a la Imprenta Nacional para la publicación en la Gaceta del
Congreso y así todo el país puede conocer cuáles son los diferentes proyectos que tiene
que estudiar el Congreso.
Traslado a comisión y ponencia para primer debate
Cuando la comisión recibe el proyecto de ley el presidente de la misma le asigna uno o
varios ponentes. Los ponentes son los congresistas encargados de estudiar el proyecto de
ley y presentar un informe, denominado ponencia, sobre la conveniencia o no del proyecto,
los beneficios que puede traer, las reformas que pueden hacérsele para mejorarlo, o
también, el ponente puede manifestar que el proyecto no debería aprobarse porque
considera que no sería bueno para el país.
Debate en comisión
Cuando el informe de ponencia está listo se envía a publicar en la Gaceta del Congreso;
después la comisión se reúne para conocerlo y debatir sus inquietudes. Los informes de
ponencia pueden recomendar debatir el proyecto y en éste caso comienza a discutirse. Si
por el contrario, la ponencia propone archivar el proyecto la Comisión discute esta
propuesta; y si la acepta el proyecto se archiva.
Si un miembro de comisión lo solicita, la discusión del proyecto puede hacerse artículo por
artículo y a su vez considerar los cambios que se propongan. En este sentido los
congresistas pueden proponer enmiendas, modificaciones, adiciones o supresiones a la
totalidad del proyecto o a artículos específicos.
Ponencia para el segundo debate
Una vez que los miembros de la Comisión han estudiado y discutido suficientemente el
proyecto de ley, éste se vota en la misma y si se aprueba el Presidente de la Comisión le
asigna uno o varios ponentes para segundo debate, que pueden ser iguales o distintos a
los de la primera ponencia. El o los nuevos ponentes son los encargados de revisar una
vez más el proyecto y por último de elaborar la ponencia para el segundo debate en la
plenaria de una u otra cámara.
Debate en plenaria
Una vez que está lista la ponencia para segundo debate se envía a publicar para su
posterior discusión en la Plenaria de la respectiva cámara, sea Senado o Cámara de
Representantes. El coordinador ponente explica ante la plenaria el proyecto y la ponencia,
posteriormente pueden tomar la palabra los congresistas y los ministros para opinar; esto
es muy parecido a lo realizado en comisión.
Después de la intervención del ponente comienza la discusión del proyecto en su totalidad
o por artículos específicos si es solicitado. Durante esta etapa el proyecto puede ser
modificado; sin embargo, si los cambios hacen que el proyecto sea muy diferente al primero
la Plenaria puede decidir si lo envía nuevamente a la comisión.
Traslado a la Cámara
Si el proyecto de ley es aprobado en la plenaria de la corporación, en donde se inició el
trámite, el Presidente de la misma lo remitirá al Presidente de la otra cámara con los
antecedentes y todos los documentos necesarios.
En la nueva cámara el proyecto de ley, con los antecedentes, comienza el proceso de la
misma forma que en la cámara anterior; de esta manera el proyecto de ley primero se envía
a la misma comisión designada en la otra corporación según el tema y posteriormente a la
plenaria. En ambos casos el proyecto se discute de acuerdo con las reglas descritas
anteriormente.
Sanción Presidencial
Una vez que cada cámara ha aprobado en dos debates el proyecto de ley este se envía a
la Presidencia de la República para su sanción. La sanción en este caso quiere decir
ratificación ya que la rama ejecutiva también lo estudia, y si está de acuerdo lo sanciona y
lo promulga para que el país entero conozca la nueva ley y la cumpla.
Puede ser que el Presidente considere que el proyecto de ley es inconstitucional o que no
esté de acuerdo con el contenido del mismo y en este caso el gobierno puede devolverlo a
la cámara donde se originó para su nuevo estudio. Este trámite se conoce como objeción
presidencial al proyecto de ley.
Este es el recorrido que tiene que hacer un proyecto para convertirse en ley de la República.
Parece que son muchos pasos, pero la idea es que antes de ser aprobado el proyecto los
congresistas y los ciudadanos en general puedan estudiar bien el tema para no cometer
errores y hacer lo mejor para el país y sus ciudadanos.