Enciéndeme…
Enciéndeme tus luces todas,
que sin ver de lejos tus ventanas
no sé si ya olvidaste aquellas tardes
en que tus ojos ardientes me quemaban
empapando de silencios tus soñares,
convirtiendo en humo las murallas,
alejando de tu alma inútiles pesares,
sabiendo de la mía su gozo en tu morada
y yo sintiendo que la tuya también arde…
Ya no sé si me piensas cuando sueñas
o recuerdas las veladas compartidas
que bordaban con sutiles balanceos
tus palabras enhebradas a las mías,
mis palabras refrescando tus senderos
y las tuyas devolviendo agradecidas
las caricias en tu piel bien alojadas
y los giros de tu imagen en neblina
escapando en su retozo a mi mirada…
Enciéndeme tus ojos fervorosos,
revive el fuego que en silencio ardía
en constante flamear voluptuoso
envolviendo desde el centro nuestros giros
cuando éramos los dos fulcros fogosos
sin quebrarse nuestras auras con el brillo
y desprendiendo un halo misterioso
forjado entre dos brazos que se ofrecen
y buscan sus gemelos codiciosos…
Enciéndeme las luces escondidas,
que se vean en perfil todas mis sombras
persiguiendo las tuyas más huidizas
entre el vaho desprendido de dos cuerpos
cuando sienten al soplar húmeda brisa
la fragancia que exhalan dos deseos
recitándose la misma afinada sintonía
y se bañan en las aguas transparentes
de una fuente rebosante de armonía…