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Derechos Reales de Garantía en el CC

1. Los derechos reales de garantía son derechos inmobiliarios o mobiliarios que permiten al acreedor sujetar bienes del deudor para asegurar el cumplimiento de una obligación. 2. El Código Civil regula tres tipos: la hipoteca inmobiliaria, la prenda, y la anticresis. La hipoteca recae sobre bienes inmuebles, la prenda sobre muebles, y la anticresis permite al acreedor percibir los frutos de un inmueble gravado. 3. Además existen la hipoteca y prend
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Derechos Reales de Garantía en el CC

1. Los derechos reales de garantía son derechos inmobiliarios o mobiliarios que permiten al acreedor sujetar bienes del deudor para asegurar el cumplimiento de una obligación. 2. El Código Civil regula tres tipos: la hipoteca inmobiliaria, la prenda, y la anticresis. La hipoteca recae sobre bienes inmuebles, la prenda sobre muebles, y la anticresis permite al acreedor percibir los frutos de un inmueble gravado. 3. Además existen la hipoteca y prend
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DERECHOS REALES DE GARANTÍA

I. EL DERECHO DE PROPIEDAD
Como han señalado DÍEZ-PICAZO y GULLÓN, por garantía se entiende toda medida de refuerzo
que se añade a un crédito para asegurar su satisfacción, atribuyendo al acreedor un nuevo
derecho subjetivo o unas nuevas facultades, como la retención de la cosa. La garantía, por tanto,
es un refuerzo a la responsabilidad patrimonial universal que proclama el art. 1.911 C.C. La
responsabilidad patrimonial contemplada en el art. 1.911 C.C. no constituye una garantía en
sentido estricto, no supone un reforzamiento de la posición del acreedor, no aumente
objetivamente la seguridad de éste en la satisfacción de su crédito. Cuando estas garantías recaen
sobre cosas concretas y determinadas y son eficaces erga omnes se denominan garantías reales.
Tradicionalmente, tales garantías reales atribuyen al acreedor el llamado ius distrahendi o facultad
de realizar el valor de la cosa gravada y con sus resultas hacerse pago de su crédito. En definitiva,
las garantías reales suponen la sujeción expresa de uno o varios bienes concretos, muebles o
inmuebles, a la satisfacción del interés del acreedor para el caso de incumplimiento de una
obligación determinada, cualquiera que sea el poseedor del bien gravado. Por ello, puede decirse
que más que derechos reales de garantía se trata de derechos reales de realización del valor del
bien gravado pues la garantía en el sentido antes dicho puede obtenerse de otros variados
medios, como la condición resolutoria.

Por tanto, los derechos reales de garantía se pueden definir como aquellos derechos in re aliena,
accesorios de un crédito, en cuya virtud se sujetan especial y expresamente uno o varios bienes
determinados, muebles o inmuebles, a la satisfacción del crédito cuya cumplimiento garantizan
mediante la posibilidad de realizar el valor de tales bienes. Si el bien sujeto es un bien mueble, la
garantía real es mobiliaria; si el derecho real de garantía recae sobre un bien inmueble, la garantía
real es inmobiliaria.

Las garantías reales se concretan históricamente a través de diversos criterios, de manera que
como ha señalado WOLFF, han sufrido múltiples oscilaciones. Así, la distinción entre prenda e
hipoteca se sucede en una secuencia que se puede expresar como sigue: en un primer momento,
la distinción se basa en el traspaso posesorio, con independencia de cual fuera su objeto: así, en el
derecho romano se conocen tres tipos de garantías, tanto su objeto sea bienes muebles o bienes
inmuebles: la fiducia cum amico contracta, el pignus y la hypotheca. De este modo, el pasaje de
ULPIANO en cuya virtud pignus dicimus quod ad creditorem transit, hypothecam cum non transit
nec possessio ad creditorem, D. 13, 7, 9, 2). Esta concepción romana es recogida en LAS PARTIDAS,
en las que se llama peño a la garantía real, recaiga sobre mueble o sobre inmueble. La diferencia
se hallaba en el desplazamiento posesorio. Posteriormente, la distinción basada en el criterio del
desplazamiento posesorio Derechos reales de garantía 28/2 cede ante el criterio de la naturaleza
del bien: la hipoteca se impone sobre bienes inmuebles y la prenda sobre bienes muebles
(hypotheca est obligatio rei inmobilis, pignus rei mobilis quasi a pugno, OSTIENSE, ad c. 5, X, 4, 13).

En un tercer momento, los criterios diferenciadores se entrelazan: la prenda recae sobre bienes
muebles y lleva aparejada la desposesión o desplazamiento posesorio; la hipoteca, en cambio, se
impone sobre inmuebles y no lleva consigo la desposesión. En principio, el desplazamiento
posesorio es el criterio básico de distinción, pero dogmáticamente nada impide la desposesión del
bien inmueble. Por ello, el criterio que ha predominado históricamente, fundamentalmente a
partir de los canonistas, y claramente en el momento de la codificación, ha sido el de la naturaleza
del bien gravado: si el bien objeto del gravamen es un bien mueble, el derecho real de garantía
oportuno es el derecho de prenda, con traspaso posesorio y consecuente pérdida de la posesión
por el deudor; si el objeto sobre el que recae el gravamen es un bien inmueble, entonces procede
el derecho real de hipoteca, en el que la publicidad derivada de su constitución registral suple la
aparejada por el traspaso posesorio.

Actualmente, en nuestro Ordenamiento jurídico, dicho criterio no es exclusivo porque la Ley de 16


de diciembre de 1954 de Hipoteca mobiliaria y prenda sin desplazamiento de la posesión
introdujo, con base en el fomento del crédito y en la aparición de bienes muebles perfectamente
identificables, dos nuevas garantías reales mobiliarias: por un lado, se puede constituir hipoteca
sobre determinados bienes muebles (cfr. art. 12 L.H.M.); por otro lado, también se supera el
criterio del desplazamiento posesorio desde que la misma Ley ahora citada permita la constitución
de un derecho de prenda sin desposesión, es decir, sin desplazamiento posesorio.

2. Clases

El código civil regula tres tipos de garantías reales:

1. La hipoteca inmobiliaria, la cual tiene por objeto, como indica su nombre, bienes
inmuebles y derechos reales enajenables inmobiliarios (arts. 1.874 y 1.876). En la hipoteca
inmobiliaria no hay traspaso posesorio, sino sujeción registral mediante inscripción de
carácter constitutivo. El bien gravado continúa, en fin, en la posesión de su propietario. Se
regula básicamente en el Código civil (arts. 1.857 a 1.862 y 1.874 a 1.880) y en la Ley
hipotecaria (arts. 104 a 197 L.H.) y su Reglamento
2. La prenda sin desplazamiento de la posesión es una garantía real mobiliaria, de manera
que tiene como objeto bienes muebles poseíbles y enajenables. En virtud de este derecho
real de garantía la cosa gravada sale de la posesión material de su dueño y pasa a manos
de la acreedor pignoraticio o de un tercero de común acuerdo. Su publicidad constitutiva
exige desplazamiento posesorio del bien gravado. Se regula en los artículos 1.857 a 1.862
y 1.863 a 1.873 C.C.
3. La anticresis es un derecho real de garantía, accesorio, de origen convencional, que recae
sobre bienes inmuebles en cuya virtud, como dice el art. 1.881 C.C., el acreedor adquiere
el derecho a percibir los frutos de un inmueble de su deudor con la obligación de
aplicarlos al pago de la deuda: primero a los intereses, si se debieren, después al principal
de su crédito. El art. 1.885 establece que los contratantes pueden estipular que se
compensen los intereses de la deuda con los frutos de la finca 28/3 Civil dada en
anticresis. En la regulación del Código civil, parece suponer la pérdida de la posesión del
inmueble por su dueño y a favor del acreedor (arts. 1.882 y 1.883 C.C.).

La jurisprudencia ha señalado el carácter accesorio de la anticresis así como su


sometimiento a los pactado, de manera que el acreedor tiene la obligación de rendir
cuentas de la administración y de la liquidación en los términos en que se pacte en el
documento constitutivo de la anticresis.
El constituyente del derecho real de anticresis debe ser el propietario del inmueble gravado, el
cual debe tener capacidad de obrar y libre disposición del bien gravado. No es necesario que sea el
propio deudor; también puede constituir anticresis un tercero en garantía de deuda ajena.
Asimismo, se debe pactar un plazo máximo, pues no cabe un gravamen inmobiliario de carácter
indefinido sin vulnerar el principio de especialidad y determinación, que rige tanto para la
hipoteca como para la anticresis.

Salvo pacto en contrario, el acreedor está obligado al pago de las contribuciones y cargas que
pesen sobre la finca. Asimismo, debe hacer los gastos necesarios para su conservación y
reparación. Las cantidades que emplee el acreedor en cualquiera de los objetos señalados, se
deducirán de los frutos (art. 1.882 C.C.). Para liberarse de dichas obligaciones, y salvo pacto en
contrario, el acreedor puede imponer al deudor que entre de nuevo en el goce de la finca (art.
1.883, párrafo 2º).

Junto a las tres anteriores, se deben citar la hipoteca mobiliaria y la prenda sin desplazamiento
antes mencionadas, que regula la ya citada Ley de 16 de diciembre de 1954, así como la hipoteca
naval, regulada por la Ley de Hipoteca Naval de 21 de agosto de 1893. En Cataluña, el derecho de
retención se configura como garantía real mobiliaria en la Ley de garantías mobiliarias.

Además se debe tomar en consideración las garantías innominadas o atípicas, las cuales, en
cualquier caso, no pueden violar la prohibición de pacto comisorio a que se refieren los arts.
1.859, 1.872 y 1.884 C.C., ni pueden convenir prelaciones de crédito que no respondan a los tipos
previstos por la ley (art. 1.925 C.C.).

Entre tales garantías atípicas, se puede citar la venta en función de garantía. Finalmente, cabe
señalar los criterios de distinción entre las diferentes garantías reales típicas:

A) La hipoteca inmobiliaria recae sobre bienes inmuebles y derechos reales inmobiliarios


enajenables. No lleva aparejada el traspaso posesorio, pero su inscripción en el Registro
de la Propiedad es constitutiva (arts. 1.874 C.C. y 106 a 108 L.H.).
B) La prenda tiene como objeto las cosas muebles con tal de que se hallen en el comercio de
los hombres y sean susceptibles de posesión (art. 1.864 C.C.). Su constitución no exige
inscripción alguna, pero sí desplazamiento posesorio (art. 1.863 C.C.).
C) La prenda sin desplazamiento de la posesión recae sobre determinados bienes muebles,
como máquinas, materias primas, colecciones, etc., que determina de manera exhaustiva
la Ley de Hipoteca mobiliaria y prenda sin desplazamiento en los arts. 52 a 54. Como su
nombre indica, no exige desplazamiento posesorio, pero sí inscripción constitutiva.
D) La hipoteca mobiliaria tiene como objeto bienes muebles concretos y de fácil
identificación, como los vehículos. No exige desplazamiento de la posesión, pero sí
inscripción constitutiva en el Registro correspondiente. Derechos reales de garantía 28/4
E) La anticresis tiene como objeto los frutos producidos por bienes inmuebles. Lleva
aparejada el desplazamiento posesorio. La falta de pago de la deuda no faculta al acreedor
a adquirir la propiedad del inmueble, siendo nulo todo pacto en contrario. Pero puede
pedir el pago de la deuda o la venta del inmueble de acuerdo con los procedimientos
establecidos en la L.E.C. (art. 1.884). Hasta el pago completo de la deuda, dice el art. 1.883
C.C., el deudor no puede readquirir el goce del inmueble, salvo el supuesto contemplado
en el párrafo segundo del citado artículo. Finalmente, el art. 90.1.2º de la Ley concursal
califica el crédito garantizado con anticresis como crédito con privilegio especial sobre los
frutos del inmueble gravado.

3. Disposiciones generales:

Naturaleza jurídica Respecto de la naturaleza jurídica de las garantías reales se debe mantener
que son derechos reales dotados de inmediatez sobre el poder de disposición dominical y de
eficacia erga omnes. Se trata, pues, de derechos reales de garantía.

El carácter real deriva claramente de reiteradísima doctrina jurisprudencial y de la Dirección


General de los Registros y del Notariado.

En cuanto garantía, produce la sujeción del bien gravado y la posibilidad de realización de su valor
con indiferencia del titular dominical y de cualquier derecho real limitado. Pero la doctrina no ha
sido siempre pacífica.

En Alemania, BINDER ha señalado que las garantías reales carecen de la nota de la inherencia
propia de los derechos reales, pues el valor que realizan no es algo real o material. En Francia,
BONNECASE ha recordado su naturaleza de derecho accesorio de un crédito.

Finalmente, en Italia CARNELUTTI, GORLA y GIORGIANNI (y, en España, DE LA CÁMARA) han


negado, con referencia a la hipoteca, su naturaleza real pues el acreedor, dicen, no tiene más que
un derecho potestativo al que le falta la nota de inmediatez ya que entre el acreedor y la cosa
media la necesidad de instar la ejecución por los órganos estatales correspondientes.

Las posiciones que niegan el carácter real de las garantías reales y, en concreto de la hipoteca,
parecen desechables. Por un lado, se debe convenir que en la hipoteca hay dos fases, la primera
sustantiva o material, y la segunda procesal, la cual tiene un carácter eventual: el poder de
agresión, que se manifiesta con la realización del valor del bien, sólo actúa en caso de
incumplimiento de la obligación asegurada y no es sino una de las facultades que conforman el
derecho real de hipoteca. También cabe señalar que la cooperación de los órganos judiciales así
como la observancia de alguno de los procedimientos de ejecución legalmente previstos, no
restan inmediatez a tales derechos. Las facultades que conforman el derecho de hipoteca en la
fase de seguridad las ejercita el acreedor hipotecario directamente (señaladamente, las facultades
tendentes a la conservación del bien). El recabo del órgano jurisdiccional no es sino una garantía
para el deudor, o para quien haya constituido la hipoteca, y para los demás acreedores, que
armoniza claramente con la prohibición del pacto comisorio (ex art. 1.859 C.C).

La distinción en la hipoteca entre la fase de seguridad y la de ejecución o realización del valor


supera las críticas anteriores y manifiesta claramente la naturaleza real 28/5 Civil del derecho de
hipoteca. La naturaleza real del derecho de hipoteca es reiteradísima doctrina jurisprudencial y de
la Dirección General de los Registros y del Notariado, así como manifestación de la mayoría de la
doctrina. Por lo demás, el carácter de derecho real de la hipoteca es reiterado en el dato jurídico
positivo: arts. 1.876 C.C. y 2-2, 104, 106 y 107-4 L.H.

En cuanto derecho real, produce la sujeción del inmueble dado en hipoteca y la posibilidad de
realización de su valor con indiferencia del titular dominical y de cualquier derecho real limitado.
Dice el art. 1.861 CC que los contratos de prenda e hipoteca pueden asegurar toda clase de
obligaciones, ya sean puras, ya estén sujetas a condición suspensiva o resolutoria. Pero la
obligación garantizada debe ser siempre dineraria o traducible en dinero (valorable
dinerariamente).

El Código civil dedica el Título XV del Libro IV a los contratos de prenda, hipoteca y anticresis. Del
citado Título XV, el Capítulo primero (arts. 1.857 a 1.862) regula las disposiciones comunes a la
prenda y a la hipoteca, el Capítulo II regula la prenda (arts. 1.863 a 1.873), el Capítulo tercero (arts.
1.874 a 1.880) contiene una serie de norma específicas del contrato de hipoteca y, finalmente, el
Capítulo IV (arts. 1.881 a 1.886) regula la anticresis.

El art. 1.857 C.C. establece como requisitos esenciales de la prenda y de la hipoteca:

1. Que se constituya para asegurar el cumplimiento de una obligación.

2. Que la cosa pignorada o hipoteca pertenezca en propiedad al que la empeña o al que la


hipoteca.

3. Que la persona que constituya la prenda o la hipoteca, sea el propio deudor o un tercero, tenga
la libre disposición del bien o, en su caso, se hallen legalmente autorizados al efecto.

Asimismo, en virtud del art. 1.858 C.C., es también de esencia de estos contratos que, vencida la
obligación principal, puedan ser enajenadas las cosas en que consiste la prenda o hipoteca para
pagar al acreedor. Aquí es importante destacar que el carácter enajenable de la cosa dada en
prenda o sobre la que se constituye la hipoteca se debe manifestar, no en el momento
constitutivo del gravamen (que puede estar afecta, por ejemplo, a una prohibición de disponer) ni
durante la relación crediticia, sino una vez vencida ésta, a la que asegura. En otras palabras, la cosa
sobre la que se constituye el gravamen debe ser enajenable en el momento, si llega, de realizar su
valor.

El art. 1.859 C.C. contiene la prohibición del llamado pacto comisorio. Así, el acreedor no puede
apropiarse las cosas dadas en prenda o hipoteca ni disponer de ellas.

El art. 1.860 declara indivisible el gravamen hipotecario o pignoraticio aunque se divida la deuda
entre los causahabientes del deudor o del acreedor. No podrá, por tanto, el herederos del deudor
que haya pagado parte de la deuda pedir que se extinga proporcionalmente la prenda o la
hipoteca mientras la deuda no haya sido satisfecha por completo.

Tampoco podrá el heredero del acreedor que recibió su parte de la deuda devolver la prenda ni
cancelar la hipoteca en perjuicio de los demás herederos que no hayan sido satisfechos.

Se exceptúa de estas disposiciones el caso en que, siendo varias cosas dadas en hipoteca o en
prenda cada una de ellas garantice solamente una porción determinada del crédito.

El art. 1861 C.C. establece que los contratos de prenda e hipoteca, como ya hemos dicho, pueden
asegurar toda clase de obligaciones, ya sean puras, ya estén sujetas a condición suspensiva o
resolutoria. Por último, el art. 1.862 preceptúa que la promesa de constituir prenda o hipoteca
sólo produce acción personal entre los contratantes, sin perjuicio de la responsabilidad criminal en
que incurriere el que defraudase a otro ofreciendo en prenda o hipoteca como libres las cosas que
sabía estaban gravadas, o fingiéndose dueño de las que no le pertenecen.

4. Caracteres
Así, son caracteres comunes de las garantías reales:
A) Son derechos reales de garantía y de realización del valor La función de la garantía
real es reforzar o asegurar la satisfacción de un crédito dinerario o económicamente
valorable mediante la realización del valor del bien dado en prenda o en hipoteca. De
este modo, si el crédito no existe (por ser nulo o simulado o declararse anulable) la
garantía real carece de causa y es, asimismo, nula. En la STS 26 de marzo de 1999 fue
declarado nulo, por simulación del crédito garantizado, el contrato de hipoteca que lo
garantizaba, si bien parece que la hipoteca no llegó a inscribirse: Tal contrato, dice el
Alto Tribunal, era nulo por simulación absoluta, por no haberse probado la existencia
real de la deuda cuya seguridad garantizaba la hipoteca que para ello se costituía (art.
1857-1º C.C).
Por otro lado, en las garantías reales se debe distinguir, como ya se ha señalado, dos
fases: la primera sustantiva o material, y la segunda procesal, que tiene un carácter
eventual: el poder de agresión, que se manifiesta con la realización del valor del bien,
sólo actúa en caso de incumplimiento de la obligación asegurada y no es sino una de
las facultades que conforman el contenido tradicional de las garantías reales.
B) Indivisibilidad.
Las garantías reales son indivisibles Así, el citado art. 1.860 CC, el cual afirma que la
prenda y la hipoteca son indivisibles y subsistirán íntegras, mientras no se cancele,
sobre la totalidad de los bienes hipotecados, aunque se reduzca la obligación
garantizada y sobre cualquier parte de los mismos bienes que se conserve, aunque la
restante haya desaparecido, En nuestro sistema, por tanto, se sigue el brocardo en
cuya virtud la prenda y la hipoteca est tota in toto et tota in qualibet parte.
C) Accesoriedad.
Tienen carácter accesorio La garantía real es inseparable del crédito al que garantiza y
asegura (cfr. arts. 1212 y 1.528 C.C.), aunque se puede extinguir el gravamen sin la
extinción del crédito. El carácter accesorio significa que la garantía real nace,
precisamente, para asegurar el cumplimiento de la obligación y, por tanto, queda
afectada por todas las vicisitudes del crédito al que sirve de garantía (nacimiento,
transmisión, extinción…): no se puede transmitir sino con el crédito que asegura (cfr.
art. 1.528 C.C.).
D) Ajenidad y enajenabilidad del bien gravado. Recaen sobre bienes ajenos y enajenables
En nuestro sistema no se admite la prenda ni la hipoteca sobre cosa propia del
acreedor ni la llamada hipoteca de propietario (vid. arts. 1.857, 1.858, 1.874 CC y 106
L.H.; por todas, R.R. 22 de marzo de 1988 y 5 de noviembre de 1990). E) El bien debe
ser propiedad del sujeto que lo grava El bien gravado debe ser propiedad de quien
constituye el gravamen, en garantía de deuda propia o de deuda ajena (art. 1.857-3º
C.C.).
II. LA PRENDA
1. Concepto y caracteres La prenda es un derecho real de garantía y de realización
del valor, de constitución convencional, que recae sobre bienes muebles para
asegurar el cumplimiento de una determinada obligación y, en caso de
incumplimiento, la satisfacción forzosa del derecho de crédito mediante la
realización del valor del bien a través de los procedimientos legalmente previstos,
cualquiera que sea el poseedor o propietario del mismo.
Por tanto, es un derecho real sobre cosa ajena, mobiliario de realización del valor,
en función de garantía que exige el desplazamiento de la posesión. Se caracteriza
por las siguientes notas:
1. Derecho real sobre cosa ajena.
2. De realización del valor.
3. Indivisibilidad.
4. Accesoriedad.
5. Desposesión del bien.
6. Ajeneidad y enajenabilidad del mueble gravado.
7. El mueble debe ser propiedad del pignorante.
8. Sólo puede recaer sobre bienes muebles. Derechos reales de garantía 28/8
Con la prenda se puede asegurar toda clase de obligaciones, ya sean puras, ya
estén sujetas a condición suspensiva o resolutoria (art. 1.861 C.C.).

2. Sujetos y objeto
Los sujetos del derecho real de prenda son:
El acreedor pignoraticio, es decir el acreedor del crédito garantizado. El objeto
dado en prenda se puede entregar al acreedor o a un tercero de común acuerdo.
Ese tercero no es titular del derecho de prenda sino un especial depositario de la
misma, que tiene la obligación de retener la cosa pignorada y custodiarla hasta su
devolución. Mientras la cosa dada en prenda permanezca en poder del acreedor,
éste no puede usarla sin autorización del dueño y si lo hiciere o abusare de ella en
otro concepto, podrá el dueño pedir que se la constituya en depósito (art. 1.870
C.C.). No puede tampoco quedársela en pago de la deuda, ni disponer de ella (art.
1.859 C.C
El pignorante, que puede ser el deudor personal o un tercero que empeña cosa
propia en garantía de deuda ajena. La persona que constituya la prenda ha de ser
propietario de la cosa, tener la libre disposición de sus bienes o, en caso de no
tenerla, se halle autorizada legalmente al efecto, como establece el art. 1.857, 2º
y 3º C.
C. Respecto del objeto, dice el art. 1.864 C.C., que pueden darse en prenda todas
las cosas muebles que están en el comercio, con tal que sean susceptibles de
posesión. Las cosa futuras no pueden ser objeto del derecho de prenda puesto
que no pueden ser poseídas ni entregadas, pero pueden ser objeto de promesa
de constitución del derecho de prenda ex art. 1.862 C.C.

3. Constitución de la prenda Para la constitución del derecho de prenda, dice el art.


1.863 C.C., se necesita que se ponga en posesión de la cosa dada en prenda al
acreedor o a un tercero de común acuerdo. Además, el art. 1.865 C.C. establece
que no surtirá efecto la prenda contra tercero si no consta por instrumento
público la certeza de la fecha. A pesar de la desposesión, el deudor o el
pignorante no deudor sigue siendo dueño de la cosa hasta que, en su caso, se
realice el valor de la misma por falta de pago (art. 1.869 C.C.).
El derecho de prenda tiene origen voluntario (no hay, en sentido estricto,
prendas legales) y normalmente nace del contrato llamado, precisamente, de
prenda o de constitución de prenda.
Este contrato no requiere forma especial, pero se trata de un contrato real pues
no se perfecciona por el mero consentimiento de las partes, sino con la entrega
de la cosa al acreedor o a un tercero de común acuerdo (art. 1.863) El requisito
del traspaso posesorio es constitutivo tanto frente a terceros cuanto inter partes.
Además, para su eficacia frente a terceros se necesita que conste por instrumento
público la certeza de su fecha (art. 1.865 C.C.).
La promesa de constituir prenda sólo produce acción personal entre los
contratantes, sin perjuicio de la responsabilidad criminal en que puede incurrir el
que 28/9 Civil defraudare a otro ofreciendo en prenda o hipoteca como libres
cosas que sabía que estaban gravadas, o fingiéndose dueño de las que no le
pertenecían (art. 1.862 C.C.).

En caso de incumplimiento de la promesa de constituir prenda el acreedor sólo


dispone de acción personal. La finalidad de esta acción según la doctrina, es
obtener la correspondiente indemnización de daños y perjuicios, pero no imponer
el contrato de prenda (o e hipoteca) que no se ha querido perfeccionar.
Según ALBALADEJO, también es posible la constitución del derecho de prenda:
1. Por usucapión cuando se posea un bien mueble ajeno en concepto de
acreedor pignoraticio (en contra, SERRANO ALONSO, pues choca con la exigencia
de voluntad de entrega de la cosa por el deudor o un tercero).
2. A non domino. Por otra parte, si se interpreta el art. 464 entendiendo que el
que adquiere de buena fe la posesión de un bien mueble, no perdido o del que no
fue privado ilegalmente su dueño, adquiere automáticamente el derecho en el
mismo concepto en que recibe el bien, recibiéndolo en prenda adquirirá el
derecho real de prenda. (En contra, SERRANO ALONSO pues la cosa entregada en
prenda no pertenecería en propiedad al que la empeña, como exige el art. 1.857-
2º).
3. Por acto mortis causa o disposición de última voluntad.
4. Contenido del derecho de prenda A) Antes del vencimiento de la obligación
garantizada La prenda da derecho al acreedor a retener la cosa en su poder o en
el del tercero hasta que se pague el crédito. Asimismo, si el deudor contrajera con
el acreedor otra deuda exigible antes de haberse pagado la primera, podrá éste
prorrogar la retención de la cosa hasta la satisfacción de ambos créditos, aunque
no se hubiese estipulado la sujeción de la prenda a la segunda deuda (art. 1.866).
Este es el supuesto del denominado tradicionalmente pignus gordiano. En
realidad no se trata de una prenda sino de un mero derecho de retención, pues:
1. No procede cuando la prenda ha sido constituida por tercero en garantía de
deuda ajena, pues aquí sólo asegura la deuda expresamente garantizada y no de
las restantes que pueda contraer el deudor.
2. No otorga preferencia alguna al acreedor respecto de otros acreedores.
El acreedor debe cuidar la cosa con la diligencia de un buen padre de familia y
tiene derecho al abono de los gastos hechos para su conservación, pues tales
gastos son del propietario. Respecto de tales gastos de conservación el acreedor
tiene un derecho de preferencia para el cobro (art. 1.922, nº 1 C.C.) así como el
derecho a retener la cosa pignorada hasta que no se le abonen íntegramente (art.
1.871 C.C.).
El acreedor responde de la pérdida o deterioro de la cosa pignorada que esté en
su poder conforme a las reglas del Código. Así, el acreedor responderá de la
pérdida o deterioro de la cosa por dolo o culpa, pero no por caso fortuito o fuerza
mayor. Si la cosa se pierde o deteriora estando en poder del acreedor, se
presume, salvo prueba Derechos reales de garantía 28/10 en contrario, que se
perdió por su culpa y no por caso fortuito, (art. 1.867, 1.182 y 1.183 C.C.)
El acreedor pignoraticio no puede hacer suyos los frutos que la cosa produzca.
Pero, en virtud del art. 1.868 C.C., si la prenda produce intereses compensará el
acreedor los que perciba con los que se le deben; y si no se le deben, o en cuanto
excedan de los legítimamente debidos, los imputará al capital.
El acreedor no puede usar de la cosa pignorada sin autorización del dueño, y si lo
hiciere o abusare de ella en otro concepto el dueño puede pedir que se la
constituya en depósito (art. 1.870 C.C.).
B) Tras el incumplimiento de la obligación garantizada El acreedor puede realizar
el valor del bien pignorado, solicitando su enajenación forzosa a través de los
procedimientos judiciales o extrajudiciales legalmente previstos y, en concreto
mediante la venta extrajudicial en pública subasta ante Notario a que se refiere el
art. 1.872-2º C.C. La enajenación se hace por ante Notario, en subasta pública y
con citación del deudor y del dueño de la prenda en su caso. Si en la primera
subasta no fuese enajenada la prenda, se puede celebrar una segunda subasta
con iguales formalidades. Si tampoco se enajenare, el acreedor podrá hacerse
dueño de la prenda, estando obligado a dar carta de pago de la totalidad de su
crédito
Si la prenda consistiere en valores cotizables, se venderán en la forma prevenida
por el Código de Comercio (art. 1.872, 2º C.C.).
El acreedor pignoraticio goza de preferencia respecto de los demás acreedores
del deudor, sobre la prenda que se halle en su poder y hasta donde alcance el
valor de la cosa (arts. 1.922-2º y 1.926-1º C.C
n los supuestos de concurso, el acreedor pignoraticio goza de los derechos de
abstención y ejecución separada en los términos de los arts. 56 y 155 de la Ley
concursal (para el sistema del Código civil y del de comercio, vigente hasta el 1 de
septiembre de 2004, vid. arts. 1.916 C.C. y 884 C. de C.).
5. Extinción La prenda es un derecho real de garantía y, como tal, accesorio de un
crédito para cuya seguridad precisamente se constituyó. Así, la prenda se
extingue en primer lugar por la extinción del crédito al que sirve de garantía. En
este sentido, el art. 1.190 28/11 Civil C.C. dice que la condonación de la deuda
principal extinguirá las obligaciones accesorias. Extinguido el crédito garantizado,
la cosa dada en prenda debe ser devuelta al pignorante. Si no fiera posible, por
culpa del acreedor o del tercero, el pignorante puede reclamar los daños y
perjuicios. En segundo lugar, la prenda se extingue por las causas de extinción
propias de los derechos reales y, por tanto, con independencia del crédito al que
garantiza, el cual puede seguir subsistente. Así, el art. 1.191 C.C. presume iuris
tantum la remisión de la prenda cuando la cosa pignorada, después de entregada
al acreedor, se hallare en poder del deudor. Y el artículo anterior dice que la
extinción de las obligaciones accesorias deja subsistente la principal. Entre los
modos de extinción de la prenda, como derecho real, cabe destacar la pérdida o
destrucción total de la cosa pignorada. De la que responde el acreedor si ocurrió
por su culpa, pero no si ocurrió por caso fortuito; pero se presume salvo prueba
en contrario que ocurrió por su culpa, (arts. 1.867, 1.182 y 1.183 C.C.). Si la cosa
pignorada estaba asegurada, el derecho de los acreedores pignoraticios se
extiende objetivamente a la indemnización, debida o concedida, que
correspondan al propietario por razón del bien dado en prenda (arts. 40-42
L.C.S.).

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