Felix Duque - Filosofia para El Fin de Los Tiempos
Felix Duque - Filosofia para El Fin de Los Tiempos
14130
9 788449 3118 02
O7 OCT. 2002
PAIDÓS
~~~~ Barcelona • Buenos Aires • México
Título original: Unthinking Eurocentrism. Multiculturalism and the Media
Originalmente publicado en inglés, en 1994, por Routledge, Londres
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ISBN: 84-493-1180-2
Depósito legal: B-49.037/2002
Agradecimientos . 13
Introducción . 19
l. Del eurocentrismo al policentrismo 31
El mito de Occidente . . . 31
El legado del colonialismo . 34
Raza y racismo . . . . 37
El Tercer Mundo . . . . 44
Cine del Tercer Mundo . . . 47
El Cuarto Mundo y los medios de comunicación indígenas . 51
Lo poscolonial y lo híbrido . . 58
Multiculturalismo policéntrico . . . . . 68
20. La visión de los dominados: Wiping the Tears of Seven Gene- Agradecimientos
rations (Secando las lágrimas de siete generaciones) . 136
21. La familia imperial: Indiana Iones y el templo maldito. 143
22. Peter Jennings «saltando de un lugar a otro como si fuera un
coloso» . 146
23. Animalización erótica: Josephine Baker en La venus negra
(Zou-Zou) 153
24. Vegetalización exótica: Carmen Miranda como diosa de la fer-
tilidad en Toda la banda está aquf (The Gang's All Here) 154
25. La iconografía de un Egipto feminizado: Cleopatra (1934). 160
26. La momia (1969): amplificando las voces en los márgenes de
dos textos egiptológicos . 169
27 y 28. La momia (1932) y En busca del arca perdida: el conocimien-
to occidental rescata del olvido el pasado egipcio . 170
29 y 30. Las encarnaciones del Caíd: de Rodolfo Valentino a Elvis
Presley . 177
31 y 32. Homoerotismo y transvestismo en Oriente: Lawrence de Ara-
bía y Sahara . 182
33. La historia blanqueada en Arde Mississippi . 187
34. Focalización de compromiso: Val Kilmer en Corazón Trueno 213
35. Illusions: la dialéctica racial de la presencia/ausencia. 228
36. La cinética del servilismo: Fred Astaire y Leroy Daniels en
Melodfas de Broadway 231
37. Grande Otelo en It's All True . . 236
38. El cronotopo de la jangada 236
39. La estrategia de disfrazarse: pasando el control en La batalla de Multiculturalismo, cine y medios de comunicación es el resultado del esfuerzo de dos
Argel. . 257 personas que han trabajado durante mucho tiempo como investigadores, docentes,
40. Un icono revolucionario: Che Guevara muerto . 264 conservadores y activistas. Es también la culminación de un largo período de anima-
41. La estética del hambre: Vidas secas . 275 dos diálogos respecto a los temas que se tratan aquí. Este libro primero tomó forma
42. In Search of Famíne: las contradicciones de filmar la miseria. 277 académica como un curso titulado «Colonialismo Europeo en la Literatura y el Cine»,
43. Egipto visto como el campo de batalla de Europa: Alejandrfa que impartió Robert Stam en la University of California, Berkeley, a mediados de la
por qué... ? 277 decada de los setenta. Esas ideas fueron más elaboradas en un ensayo (firmado con-
44. Matrimonio y fetichismo mercantil: Xala, de Sembene . 281 juntamente por Stam y Louise Spence) titulado «Racism, Colonialism and Represen-
45. Lo posmoderno arcaico: Touki-Bouki . . . 285 tation», publicado en Screen (1983). Ese mismo ensayo era reflejo del trabajo del gru-
46 y 4 7. La memoria de la diáspora africana: Sankofa y Daughters of Dust 288 po de estudio «Racism in the Media» de la New York University, en el que
48 y 49. Crítica antropofágica y cine culinario: Como era gostosso participaron Ella Shohat y Robert Stam y cuyo trabajo llevaría a un número especial
me u francés y Las minas del rey Salomón . 300 sobre «Cine del Tercer Mundo» en la revista Critica[ Arts (1983), que incluía artícu-
50. Border brujo . 307 los de Shohat sobre el cine egipcio y de Stam sobre el cine brasileño. Así pues, uni-
51 y 52. El cuerpo del exilio escrito: Homage by Assassination y Mea- mos fuerzas para escribir o bien juntos («Cinema After Babel: Language, Difference,
sures of Distance . . . 309 and Power», publicado en Screen, 1985, y «Zelig and Contemporary Theory: Medita-
53 y 54. Devolviendo la mirada colonial: La venus hotentota, de Re- tion on the Chameleon Text», Enclitic, 1987), o bien en tándem (artículos paralelos
nee Oreen, y Coco Fusco/Gómez Peña: Dos amerindios sin para las antologías de Lester Friedman, Unspeakable Images, y de Robert Sklar/Char-
descubrir . 31 O les Musser, Resisting Images). Dadas nuestras afinidades y nuestro deseo común de
55, 56 y 57. Jiu-jitsu de los medios de comunicación: Babakiueria, Sla- hacer una crítica del racismo y de divulgar la cultura y el cine del Tercer Mundo, nos
ying the Dragan e Introduction to the End of an Argument. 312 entusiasmó la idea de colaborar en Multiculturalismo, cine y medios de comunicación.
14 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN AGRADECIMIENTOS 15
Aunque la mayor parte del material en este libro es nueva, hay varias secciones posio de MLA organizado por Andrew Ross, «Can Popular Culture Be Politically
que fueron publicadas anteriormente, aunque de forma bastante distinta, en varias Correct?», en Social Text, n° 36 (otoño de 1993).
revistas. El material sobre el poscolonialismo del capítulo 1 apareció antes como el La naturaleza de nuestra colaboración en los distintos capítulos merece un co-
artículo de Shohat «Notes on the "Post-Colonial"», Social Text, vols. 31-32 (prima- mentario. Algunos capítulos, especialmente, la introducción, «Estereotipo, realismo
vera de 1992). El material sobre el debate de Colón y sobre el cine revisionista del y la lucha por la representación», «La dimensión relacional de las etnicidades» y
capítulo 2 apareció antes como artículos de Stam, «Rewriting 1492: Cinema and the «La política del multiculturalismo en la era posmoderna» fueron escritos, por así
Columbus Debate», en Cineaste, vol. 19, n° 4 (marzo de 1993), y de Shohat, «Sta- decirlo, a cuatro manos, combinando nuestras voces desde el principio. Otros capí-
ging the Quincentenary. The Middle East and the Americas», Third Text, n° 21 (in- tulos (dejando de lado los materiales publicados previamente arriba mencionados),
vierno de 1992-1993 ). La sección sobre «Cine como ciencia y espectáculo» del ca- «Del eurocentrismo al policentdsFlO>>. «Formaciones del discurso colonialista»,
pítulo 3 apareció antes como un artículo de Shohat, «lmaging Terra Incognita: The «El imaginario imperial», «Las estéticas de las resistencias» y «La posmodernidad
Disciplinary Gaze of Empire», Public Culture. vol. 3, n° 2 (primavera de 1991). El y lo arcaico» fueron escritos en mayor medida por Stam y después revisados y com-
material sobre Wild Geese del capítulo 3 apareció antes como un artículo de Stam, pletados por Shohat. El capítulo 4, «Tropos del Imperio», fue escrito por Shohat y
«The Wild Geese», en Cineaste, vol. 9, n° 2 (1982), mientras que la sección sobre la revisado por Stam. Sin embargo, todo el libro puede considerarse «territorio co-
«guerra posmoderna» fue antes un artículo de Stam, «Mobilizing Fictions: The Gulf mún», ya que casi todo surge de nuestras continuas conversaciones sobre los temas
War, the Media, and the Recruitment of the Spectator», Public Culture, vol. 4, n° 2 tratados, y por el interminable proceso de reescribir en el que ambos hemos partici-
(primavera de 1992), y otro de Shohat, «The Media's War», Social Text 28 (prima- pado. Todo el texto está salpicado de ideas que son producto de nuestro intercam-
vera de 1991). Partes del capítulo 4, «Tropos del Imperio», habían aparecido como bio intelectual y también en él se aprecia una manera muy parecida de ver las cosas,
trabajos de Shohat, «Gender and the Culture of Empire: Toward a Feminist Ethno- ya que, aunque nuestra identidades socialmente construidas son distintas, nos iden··
graphy of the Cinema», Quarterly Review of Film and Video, 131,1-2 (primavera de tificamos con los mismos objetivos y somos de similar filiación política.
1991) y «Gender in Hollywood's Orient», Middle East Report, 162 (enero-febrero En Multiculturalismo, cine y medios de comunicación se entretejen muchas VO··
de 1990). Partes del capítulo 5 aparecieron como un artículo de Stam, «From Stere- ces. Las deudas intelectuales las hacemos explícitas en las numerosas notas a pie de
otype to Discourse: Sorne Methodological Reflexions on Realism in the Media», en página y en la larga bibliografía. Sin embargo, quisiéramos agradecer de manera es-
Cineaction, no 32 otoño de 1993), y otro de Shohat, «Master Narrative/Counter Re- pecial a quienes leyeron versiones de este libro en parte o en su totalidad y a quie-
adings», en Sklar y Musser, (comps.), Resisting images: Essays on Cinema and His- nes hicieron comentarios útiles: Manthia Diawara, David Frankel, Qadri Ismail, Ca-
tory (Filadelfia: Temple University Press, 1991). Partes de la sección sobre «La lin- ren Kaplan, Ernest Larsen, Joseph Massad, Richard Peña, Richard Porton, Bruce
güística de la dominación» aparecieron como Shohat/Stam, «The Cinema After Robbins, Joao Luiz Vieira, Ismail Xavier y nuestros editores americanos, Ed Bus-
Babel: Language, Difference, Power», Screen 26, 3-4 (mayo-agosto de 1985). Par- combe y Phil Rosen. Quisiéramos también agradecer la ayuda de varios editores de
tes del capítulo 6 aparecieron bajo una forma muy diferente en dos ensayos inclui- Routledge: Rebecca Barden, Sue Bilton y Diana Russell.
dos en Lester Friedman (comp.), Unspeakable Images: Ethnicity and the American Las siguientes fundaciones e instituciones facilitaron nuestro trabajo otorgán-
Cinema (Champaign, University of Illinois Press, 1991), Shohat, «Ethnicities-in- donos becas: la Society for the Humanities at Cornell University Fellowship (1991-
Relation: Toward a Multi-Cultural Reading of American Cinema», y Stam, «Bakh- 92); la Professional Staff Congress-City University of New York for Research
tin, Polyphony and Ethnic/Racial Representation». La sección sobre «Autores rene- Award (1990-91) y la CUNY-College of Staten Island's Incentive Award (1991-92)
gados» apareció originalmente como artículo de Stam, «Ürson Welles, Brazil and para Ella Shohat, y beca de la Rockefeller Foundation para Robert Stam en SUNY
the Power of Blackness», en Persistance of Vision, n° 7, (1989). El material de La Buffalo (1992-93). Durante la duración de estas becas contamos con la ayuda de
batalla de Argel del capítulo 7 apareció originalmente como Stam, «Film Study Ex- Michael Frisch, Patrizio Nisserio, Gerald O'Grady, Lynn Taylor, Nah Dove, Larry
tract», para Macmillan Films en 1975 mientras que ciertos materiales sobre docu- Chisholm y Jo lene Ricard, en Buffalo; y de Jonathan Culler, Dominic LaCapra, An-
mentales militantes aparecieron originalmente como, «Hour of the Furnaces and the nette Jaimes, Terence Turner, Selwyn Cudjoe, Richard Herskowitz, Cecily Marcus,
Two Avant-Gardes», Millenium Film Journal, nos 7-9 (otoño-invierno de 1980-81). Mary Ahl, Aggie Sirrine y Linda Allen, en Cornell.
Partes de las secciones sobre «La reescritura de la historia colonial», «Alegorías de Damos las gracias a los siguientes individuos e instituciones por permitirnos usar
la impotencia» y «Reflexividad del Tercer Mundo» aparecieron antes como fotogramas: Craíg Baldwin (O no Coronado!); British Film Institute (Alexandria
Stam/Xavier, «Recent Brazilian Cinema: Allegory, Metacinema, Camival», Film Why .. ?, La batalla de Argel, Lawrence de Arabia, Sahara); California Newsreel
Quarterly, vol. XLI, n° 3 (primavera de 1988), y Shohat, «Egypt: Cinema and Re- (Touki Bouki); Catherine Benamou y Paramount (lt's All True); Shu Lea Cheang
volution», Critica[ Arts, vol. 2, n° 4 (1983) y «Wedding in Galilee», Middle East Re- (Color Schemes); Gary Crowdus y Cineaste (1492: The Conquest of Paradise); la
port, 154 (septiembre-octubre de 1988). Cinemateca Brasileira (lracema, The Discovery of Brazil, Como era gastoso o meu
Partes de la conclusión aparecieron como contribuciones de los dos a un sim- frances); Cine-World (Tierra en trance); Monica Frota (kayapo media); Coco Fus-
16 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN AGRADECIMIENTOS 17
co (Inigo Manglano-Ovalle's «Green Card» [1992], un grabado laminado con una el apoyo especial de algunas personas: Rabab Abdul Hadi, Onsi Abuseif, Mirella
caja de plexíglás y espejo, cortesía de Randolph Street Gallery, Chicago, que era Affron, Parag Anladi, Pat Auferheide, Karen Backstein, Janake Bakhle, Catherine
parte del proyecto multimedia de Guillermo Gómez-Peña y Coco Fusco «The Year Benamou, Julianne Burton, Jonathan Bucksbaum, Mary Schmidt Campbell, Jan
of the White Bear», «Two Undiscovered Amerindians visit 1-1adrid» y Border bru- Carew, Arlindo Castro, Sunuta Chakravarty, Mbye Cham, Cheryl Chisholrn, Jim
jo); Faye Ginsburg (Barbakiueria); Renee Greene y la galería Pat Hearn, NY (el tra- Clifford, Luiz Antonio Coelho, Mark Crawford, George Custen, Dan Dawson,
zado de la «Venus hotentota»); Kino International (Daughters of the Dust y Zou Daphne Depollo, Sandy Flitterman-Lewis, Ayse Franko, Coco Fusco, Jane Gaines,
Zou); Milestone (Simba); Museo de Arte Moderno (The Band Wagon, Cleopatra, Faye Ginsburg, Brian Goldfarb, William Greaves, Inderpal Grewal, Hesbel Helali,
Harem Scarum, The Mummy/Night Of counting the years, The Sheik); Mypheduh John Hess, Marina Heung, Patricia Hofbauer, Lynne Jackson, Randal Johnson, Jac-
(Sankofa); New Yorker Films (El otro Francisco y La hora de los hornos); PBS quie Jones, Connie Katon, Parvaiz Khan, Michael Kepp, Chuck Kleinhans, Agostin
(Suroiving Columbus); Richard Peña y la Film Society del Lincoln Center (In Se- Lao, Mary Lawlor, Paul Lenti, Julia Lesage, Ana Lopez, Wahneema Lubiano, Anne
arch of Famine, Sanders ofthe River, The Searchers, Thunderheart, Xala y Wiping McClintock, John McClure, Lloyd MacNiell, Ivone Margulies, Waldo Martín,
the Tears of Seven Generations); Lourdes Portillo (Columbus on Trial); Gilberto Sherry Millner, Chandra Talpade Mohanty, Aamir Muftí, Hamid Naficy, James
Stam (Lines in the Sand de la ABC); Elia Suleinian (Homage by Assassination y In- Naremore, Vinicius Navarro, Rob Nixon, Lourdes Portillo, Bérénice Reynaud,
troduction to the End of an Argument); Women Make Movies (lllusions, Measures Ruby Rich, Mark Ried, Edward Said, Eric Smoodin, Viola Shafik, David Stam, Jim
of Distance, Slaying the Dragon). Michael Marcinelli, a quien conocimos a través Stam, Juan Stam, Elia Suleiman, Clyde Taylor, David Traboulay, Jyotsna Uppal,
de Faye Ginsburg, nos ayudó desinteresadamente a reproducir fotogramas a partir Michele Wallace, Cornel West y todo el colectivo de Social Text. Y, finalmente,
de vídeo. Irit Rogoff nos aconsejó sobre la selección de fotogramas. También qui- nuestro más profundo afecto para Rima, Amal y Ya' aqub.
siéramos hacer mención de las compañías de Estados Unidos que distribuyen algu-
nas de las películas alternativas de las que hablamos en este libro: Arab Film Dis-
tributors, California Newsreel, Cinema Guild, First Run Features, Icarus, Kino
lnternational, Myphedub, New Line Cinema, New Yorker Films, Third World
Newsreel, Video Data Bank, Women Make Movies.
También nos gustaría transmitir nuestro agradecimiento a los participantes de
las conferencias y jornadas sobre cine que hemos organizado en relación a los temas
de este libro. En primer lugar a quienes participaron en la conferencia «Goodbye
Columbus: Media and Representation», pronunciada en la Cornell University (pri-
mavera de 1992, coorganizada por Ella Shohat, Annette Jaimes y Terence Turner),
especialmente a José Barreiro, Ward Churchill, Donald Grinde, Jr., Harryette Mu-
llen, José Piedra, Shirley Samuels y Robert Venables; y en segundo lugar las jorna-
das sobre cine: «Rewriting 1492: Images of Conquest, Colonialism, and Resistan-
ce» en la New York University (otoño de 1992), especialmente a Alex Ewen,
Manthia Diawara, Jorge Klor de Alva, Mick Taussig, Edward Kamau Braithwaite,
y Elizabeth Weatherford. Nuestra especial gratitud para los coprofesores de Ella
Shohat de multiculturalismo en el CUNY-Graduate Center: Electa Arenal y Juan
Flores, junto con todos nuestros colegas en la NYU y en la CUNY. También esta-
mos en deuda con muchos de los estudiantes vibrantes y articulados que participa-
ron en nuestros seminarios relacionados con el multiculturalismo («Third World Ci-
nema», «Gender and the Culture of Empire», «Issues in Ethnic Representation»,
«Emergent Discourses», «Gender and the Discourses of Discovery», «Issues in
Multicultural Feminism», «African Cinema», «Brazilian Cinema», «Eurocentrism
and Multiculturalism» y«Rewriting 1492»), cursos impartidos en la City University
ofNew York, en la New York University, en la Cornell University y en la Univer-
sidad de Sao Paulo.
Uno de los placeres de trabajar en el campo de los estudios multiculturales es la
compañía de aliados y amigos maravillosos. En este sentido, quisiéramos destacar
Introducción
l. Hugh Trevor-Roper, The Rise of Christian Europe, Nueva York, Harcourt Brace Jovanovich,
1965, pág. 9.
20 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN INTRODUCCIÓN 21
tacan la historia de la civilización «occidental», y las universidades más liberales es- nía de casi todo el mundo. De hecho, J. M. Blaut define el eurocentrismo como «el
tudian a un nivel meramente anecdótico «Otras» civilizaciones. E incluso la civili- modelo del mundo del colonizador». 5 Como sustrato ideológico común a los dis-
zación «occidental» se enseña sin referencia al papel crucial que desempeñó el colo- cursos colonialistas, imperialista y racista, el eurocentrismo es una forma de pensar
nialismo europeo en la modernidad capitalista. El eurocentrismo está tan imbricado que permea la estructura de las prácticas y representaciones contemporáneas, inclu-
en la vida cotidiana, lo permea todo de tal manera que a menudo no lo percibimos. so después del fin formal del colonialismo. Aunque el discurso colonialista y el dis-
Los vestigios de siglos de dominio europeo axiomático dan forma a la cultura gene- curso eurocéntrico están íntimamente relacionados, los dos términos difieren en su
ral, el lenguaje cotidiano y los medios de comunicación, y engendran un sentimien:- énfasis. Mientras el primero justifica ·de manera explícita las prácticas colonialistas,
to ficticio de superioridad innata en las culturas y los pueblos de origen europeo. el otro entierra, da por supuesto y «normaliza» las relaciones de poder jerárquicas
Aunque los neoconservadores caricaturizan el multiculturalismo como un lla- generadas por el colonialismo y el imperialismo, sin ni siquiera convertir esas cues-
mamiento a acabar con los clásicos europeos y «la civilización europea como área tiones en temas discutibles de manera directa. Aunque generado por el proceso co-
de estudios»/ el multiculturalismo es de hecho un ataque no a Europa ni a los eu- lonizador, los vínculos del eurocentrismo con ese proceso se ocultan mediante una
ropeos sino al eurocentrismo, a meter la heterogeneidad cultural en la camisa de especie de epistemología enterrada.
fuerza de una perspectiva paradigmática según la cual se da por supuesto que Euro- El discurso eurocéntrico es complejo, contradictorio, históricamente inestable.
pa es la única fuente de significado, el centro de gravedad del mundo, y la «reali- Pero en una suerte de retrato-robot, el eurocentrismo como modo de pensar puede
dad» ontológica para el resto del mundo. El pensamiento eurocéntrico atribuye a considerarse ligado a un determinado número de tendencias u operaciones intelec-
«Occidente» un sentido casi providencial del destino histórico. El eurocentrismo, tuales que se refuerzan mutuamente:
como la perspectiva renacentista en pintura, observa el mundo desde un único y pri-
vilegiado punto de vista. Crea una cartografía en la que el mundo se agrupa en tor- l. El discurso eurocéntrico proyecta una trayectoria histórica lineal que va
no a una Europa agrandada, mientras que a África literalmente se la «empequeñe- desde la Grecia clásica (idealizada como «pura», «occidental» y «democrá-
ce».3 «Oriente» está dividido entre el próximo, el medio y el lejano haciendo tica») hasta la Roma imperial y a partir de entonces a las capitales metropo-
Europa de árbitro de la evaluación espacial, del mismo modo que el huso horario del litanas europeas y a los Estados Unidos. Entiende la historia como una serie
paralelo de Greenwich determina la medición del tiempo. El eurocentrismo divide de imperios: la Pax Romana, la Pax Hispanica, la Pax Britannica y la Pax
el mundo entre «Occidente y lo demás» 4 y organiza el lenguaje cotidiano en jerar- Americana. En todos esos casos se considera a Europa, sola y sin ayuda, el
quías binarias que siempre favorecen a Europa: nuestras «naciones», sus «tribus»; «motor» del cambio histórico progresivo: inventa la sociedad de clases, el
nuestras «religiones», sus «supersticiones», nuestra «cultura», su «folklore»; nues- feudalismo, el capitalismo, la Revolución Industrial.
tro «arte», su artesanía; nuestras «manifestaciones», sus «desórdenes callejeros»; 2. El eurocentrismo atribuye a «Occidente» un progreso inherente en cuanto a
nuestra «defensa», su «terrorismo». instituciones democráticas (Torquemada, Mussolini y Hitler deben conside-
El eurocentrismo surgió en primer lugar como un discurso de justificación del rarse abenaciones dentro de esta lógica de amnesia histórica y legitimación
colonialismo, ese proceso por el que las potencias europeas obtuvieron la hegemo- selectiva).
3. El eurocentrismo ignora las tradiciones democráticas no europeas, mien-
tras que oculta cómo se manipula la democracia formal occidental y escon-
2. Para Roger Kimball, multiculturalismo implica: de la participación de Occidente a la hora de socavar las democracias en
atacar la idea de que a pesar de las muchas diferencias que existen entre nosotros, tenemos un legado otros países.
moral artístico e intelectual que proviene en gran parte de los griegos y de la Biblia, lo cual nos guarda 4. El eurocentrismo minimiza las prácticas opresoras de Occidente conside-
del caos y la barbarie. El multiculturalismo quiere privarnos de este legado.
rándolas contingentes, accidentales, excepcionales. El colonialismo, el co-
Véase Roger Kimball, Tenured Radicals: How Politics Has Corrupted Higher Education, Nueva mercio de esclavos y el imperialismo no son considerados como catalizado-
York, HarperCollins, 1990, pbstscript. res fundamentales del poder desproporcionado de Occidente.
3. El mapamundi diseñado por el historiador alemán Amo Peters corrige las distorsiones de los ma-
pas tradicionales. El texto del mapa, que distribuye el Programa de Desarrollo de la ONU, Friendship
5. El eurocentrismo se apropia de la producción material y cultural de los no
Press, Nueva York, señala que los mapas tradicionales favorecen al hemisferio norte (que ocupa dos ter- europeos, pero niega los logros de los demás y esa misma apropiación, con-
cios del mapa), pues hacen que Alaska parezca mayor que México (cuando es al revés), Gtoenlandia ma- solidando así su «yo» y glorificando su propia antropofagia cultural. 6
yor que China (aunque en realidad China es cuatro veces mayor), y Escandinavia mayor que India (cuan-
do India es tres veces mayor que Escandinavia).
4. Parece ser que la expresión «Occidente y el resto del mundo» viene del libro de Chinweizu The 5. J. M. Blaut, The Colonizer's Model ofthe World: Geographical Dif.fusionism and Eurocentric
West and the Rest of Us: White Predators, Black Slaves and the Afi·ican Elite, Nueva York, Random History, Nueva York, Guilford Press, 1993, pág. 10.
House, 1975. También aparece en Stuart Hall y Bram Gieben (comps.), Formations ofModemity, Cam- 6. Barbara Kirshenblatt-Gimblett, «Making Difference: Mapping the Discursive Terrain of Multi-
bridge, Polity Press, 1992. culturalism», versión inacabada de un artículo.
L
22 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN INTRODUCCIÓN 23
En resumen, el eurocentrismo hace que la historia occidental sea potable, pero Primer Mundo e incluso muchos del Tercer Mundo aprenden en el colegio y que se
trata con condescendencia y demoniza lo que no sea occidental. Cuando piensa so- imbuye a los medios de comunicación. Como resultado de esta operación de nor-
bre sí mismo, se centra en los logros más nobles -la ciencia, el progreso, el huma- malización, es muy posible ser un antirracista a nivel consciente y práctico, pero ser
nismo-, pero cuando piensa en lo no occidental se centra en deficiencias reales o aún un eurocéntrico. 10 El eurocentrismo es más un posicionamiento implícito que
imaginarias. una declaración política; es decir, que la gente no se define como eurocéntrica del
Multiculturalismo, cine y medios de comunicación es un trabajo académico que mismo modo que un masculinista no va por ahí diciendo: «Hola, me llamo Juan y
critica la universalización de las normas euroc.éntricas, la idea de que haya una raza soy un falócrata».
que, como dice Aimé Césaire, «tenga el monopolio de la belleza, la inteligencia y la Más que atacar a Europa en sí, un multiculturalismo antieurocéntrico, desde
fuerza». Nuestra crítica del eurocentrismo se dirige no a los europeos como indivi- nuestro punto de vista, relativiza Europa, y la ve como una ficción geográfica que
duos sino a la relación opresiva que históricamente Europa ha mantenido con sus aplasta la diversidad cultural de, incluso, la misma Europa. Europa siempre ha teni-
«otros» internos y externos. De ninguna manera sugerimos, claro está, que los no do sus regiones periféricas y comunidades marginadas (judíos, irlandeses, gitanos,
europeos sean «mejores» que los europeos, o que las culturas minoritarias del Ter·- hugonotes, musulmanes, campesinos, mujeres, homosexuales-lesbianas). Tampoco
cer Mundo sean intrínsecamente superiores. No hay europeos con una tendencia in- apoyamos una actitud eurofóbica; nuestro propio texto invoca conceptos y pensado-
nata a cometer genocidio, como algunos teóricos afrocéntricos dirían -tales teorías res europeos. El hecho de que enfaticemos el lado «negativo» de la historia europea
invierten simplemente las demonizaciones colonialistas- ni los indígenas o pue- no significa que nosotros no reconozcamos un lado «positivo» de logros políticos, ar-
blos del Tercer Mundo son generosos ni nobles por naturaleza. Tampoco creemos tísticos y científicos. Y ya que el eurocentrismo es un discurso situado históricamen-
en el narcisismo europeo invertido que considera que Europa es el origen de todas te y no una herencia genética, los europeos pueden ser antieurocéntricos, del mismo
las desgracias sociales del mundo. Tal acercamiento sigue siendo eurocéntrico modo que los no europeos pueden ser eurocéntricos. Europa siempre ha producido
(«Europa exhibe su propia inaceptabilidad frente a un espejo antietnocéntrico», en sus propios críticos del imperio. Resulta irónico que algunas de las figuras europeas
palabras de Derrida) y también exime a las élites patriarcales del Tercer Mundo de de la cultura más respetadas por los neoconservadores de hoy día hayan condenado
toda responsabilidad. 7 Tal «victimismología» reduce la vida no europea a una res- el colonialismo. Samuel Johnson, el arquetipo del conservador neoclásico, escribió
puesta patológica a la penetración occidental. Simplemente le da la vuelta a las afir- en 1759 que «los europeos apenas van a ninguna parte si no es para dar rienda suel-
maciones colonialistas. En vez de decir que «nosotros», o sea, Occidente, les hemos ta a su avaricia, y para extender la corrupción, para arrogarse el dominio sin ningún
llevado la civilización «a ellos», afirma que «nosotros» hemos llevado a todas par- derecho y practicar la crueldad sin motivo alguno». 11 Incluso Adam Smith, el santo
tes una maldad diabólica, y que en todas partes «sus» sociedades debilitadas han su- patrón del capitalismo, escribió en La riqueza de las naciones (1776) que, para los
cumbido a «nuestra» insidiosa influencia. Persiste una visión prometeica, pero aquí nativos de las Indias Orientales y Occidentales, todos los beneficios comerciales que
Prometeo, en vez del fuego, ha traído el Holocausto, que reproduce lo que Barbara resultan del descubrimiento de América «se han hundido y perdido con las horribles
Christian llama «la idea descabellada de que Occidente ha inventado todo, incluso desgracias que han ocasionado». 12 Sin embargo, cuando los multiculturalistas con-
el Mal». 8 En cualquier caso, nuestro punto de vista aquí se basa menos en intencio- temporáneos señalan lo mismo, se les acusa de «atacar a Europa». 13 Otra posición es
nes que en los discursos institucionales, menos en la «bondad» y en la «maldad» la de reconocer las críticas pero transformarlas en un cumplido para Europa, una po-
que en las relaciones de poder configuradas a través de la historia. La cuestión no sición a la que siempre llega el euronarcisismo: «SÍ, Europa hizo todas esas cosas tan
es, como dice Talal Asad, «hasta qué punto los europeos son culpables y los habi- crueles, pero también sólo Europa ha tenido la virtud de ser autocrítica».
tantes del Tercer Mundo inocentes, sino saber cómo se han constituido histórica- El pensamiento eurocéntrico, desde nuestro punto de vista, no es representativo
mente los criterios que determinan culpa e inocencia». 9 de un mundo que desde hace mucho tiempo ha sido multicultural. Egipto amalgama
La palabra «eurocéntrico» a veces provoca reacciones exageradas porque se
considera sinónima de «racista». Pero, aunque el eurocentrismo y el racismo están 10. Véase David Rieff, «Multiculturalism's Silent Partner>>, Harper's, vol. 287. n° 1719, agosto
de 1993.
históricamente relacionados -por ejemplo, la eliminación de África como un suje-
11. Samuel Johnson, The World Displayed, citado en la edición de Yale de The Works of Samuel
to histórico refuerza el racismo contra los afroamericanos-, de ninguna manera
Johnson, voL 10, The Political Writings, Donald J. Greene (comp.), New Haven, Conn., Y ale University
pueden considerarse equivalentes, por la simple razón de que el eurocentrismo es la Press, 1977, pág. 421.
visión consensuada, «normal», de la historia que la mayoría de los habitantes del 12. Adam Srnith, The Wealth ofNations, Nueva York, Random House, 1937, pág. 590.
13. Del mismo modo, Thomas Jefferson exigió que en las escuelas se estudiaran las lenguas y las
culturas de los indígenas americanos, y sin embargo la petición de los multiculturalistas de un «plan de
7. Jacques Derrida, De la grammatologie, París, Minuit, 1967, pág. 168. estudios que incluya a todos» se caricaturiza como «terapia para minorías». Para más información sobre
8. Barbara Christian, de su presentación en la Conferencia «Gender and Colonialism», University el interés de Jefferson sobre los indígenas americanos, véase Donald A. Grinde Jr. y Bruce E. Johansen,
of California, Berkeley, octubre de 1989. Exemplar o.f Liberty: Native America and the Evolution o.f Democracy, Los Ángeles, American Indian
9. Talad Asad, «A Commenton Aijaz Ahmad's In Theory>>, Public Culture, vol. 6, n° 1, otoño de 1993. Studies Center, 1991.
CENTRAL
24 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN INTRODUCCIÓN 25
influencias faraónicas, árabes, musulmanas, judías, cristiano-coptas, y mediterrá- La naturaleza global del proceso de colonización, y el alcance global de los me-
neas; India es increíblemente plural en cuanto a lengua y religión; y la «raza cós- dios de comunicación contemporáneos, en la práctica obligan al crítico cultural a ir
mica» de México mezcla al menos tres conjuntos de culturas. Tampoco el multi- más allá del marco restdngido de la nación-estado. De hecho, Multiculturalismo,
culturalismo de Norteamérica es reciente. «América» empezó como políglota y cine y medios de comunicación configura un campo interdisciplinario que ha gana-
multicultural, hablando una gran cantidad de lenguas: europeas, africanas y au- do impulso pero que apenas ha recibido un nombre, y que nosotros llamaríamos
tóctonas. «los estudios multiculturales de los medios de comunicación». Varias subcorrientes
Puede que la palabra «multiculturalismo» pase de moda pronto, pero no las se mezclan en la corriente más amplia del estudio multicultural de los medios de co-
cuestiones que plantea, pues estas querellas contemporáneas no son más que la ma- municación: el análisis de la representación de la «minoría»; la crítica de los medios
nifestación superficial de un «movimiento sísmico» más profundo -la descoloni- de comunicación imperialistas; el trabajo sobre el discurso colonial y poscolonial;
zación de la cultura global- cuyas implicaciones apenas empezamos a calibrar. la teorización del «Tercer Mundo» y del «Tercer Cine»; las historias y los análisis
Sólo el reconocimiento de la inercia del legado colonialista y del papel crucial de de los medios de comunicación «indígenas», «de la diáspora», de las «minorías» del
los medios de comunicación en su prolongación puede explicar la necesidad de un Primer Mundo y del Tercer Mundo; el trabajo de educar sobre los medios de comu-
llamamiento al multiculturalismo. Para nosotros, el multiculturalismo significa ver nicación multiculturales y antirracistas.
la historia del mundo y la vida social contemporánea desde la perspectiva de la Como toda lucha política de la era posmoderna pasa por el reino del simulacro
igualdad radical de los pueblos en estatus, potencial y derechos. El multiculturalis- de una cultura de masas, los medios de comunicación son absolutamente cruciales
mo descoloniza la representación no sólo en cuanto a artefactos culturales -cáno- para cualquier discusión sobre el multiculturalismo. Los medios de comunicación
nes literarios, piezas de museo, tipos de cine-, sino también desde el punto de vis- contemporáneos modelan la identidad; de hecho hay muchos estudiosos que pien-
ta de las relaciones de poder entre comunidades. san que están situados cerca del centro mismo de la producción de identidad. En un
Nuestro propósito aquí es, por encima de todo, establecer conexiones. Primero, mundo transnacional tipificado por la circulación global de imágenes y sonidos,
desde el. punto de vista temporal. Mientras los medios de comunicación tratan al bienes y gentes, el número de espectadores de los medios de comunicación tiene un
multiculturalismo como reciente fenómeno al que apuntarse sin relacionarlo con el impacto muy complejo en la identidad nacional y en el sentimiento de pertenencia
colonialismo, nosotros basamos nuestra discusión en una historia más larga de a un grupo. Facilitando una interacción con pueblos lejanos, los medios de comuni-
opresiones múltiplemente ubicadas. Y aunque muchos estudios literarios de la cul- cación «desterritorializan» el proceso de imaginar las comunidades. Y aunque los
tura y del imperio se centran en los siglos XVIII y xrx, nosotros seguimos el discur- medios de comunicación pueden destruir la comunidad y crear soledad haciendo
so colonial hasta 1492, enlazando representaciones de «la historia antigua» con re- que los espectadores se vuelvan consumidores atomizados o mónadas autoentrete-
presentaciones contemporáneas, pasando de discursos sobre la Grecia clásica o nidas, también pueden crear filiaciones alternativas y de comunidad. Del mismo
África, por ejemplo, a anuncios de televisión de hoy. En segundo lugar, establece- .modo que los medios de comunicación pueden «alterizar» culturas (en lo que insis-
mos conexiones desde el punto de vista espacio-geográfico, planteando debates so- tiremos en los primeros capítulos), también pueden promover coaliciones multicul-
bre la representación en un contexto más amplio que abarque América, Asia, y Áfri- turales (en lo que insistiremos en los últimos capítulos). Y si el cine dominante ha
ca. En tercer lugar, establecemos conexiones desde el punto de vista de la caricaturizado históricamente a las civilizaciones distantes, los medios de comuni-
interdisciplinariedad, forjando vínculos entre campos que normalmente están com- cación hoy tienen muchos más centros, y tienen el poder no sólo de ofrecer repre-
partimentalizados (el periodismo, la teoría literaria, la etnografía reflexiva y experi- sentaciones compensatorias sino también de abrir espacios paralelos para una trans-
mental, el feminismo del Tercer Mundo, los estudios poscoloniales y varios estu- formación multicultural simbiótica.
dios regionales y étnicos); en cuarto lugar, desde el punto de vista intertextual, Aquí proponemos una discusión teorizada e historizada del eurocentrismo
donde concebimos los medios de comunicación como parte de una red discursiva modelado y desafiado por los medios de comunicación. ¿Qué estrategias narrati-
más amplia, que va desde lo erudito (poemas, novelas, historia, artes escénicas, teo- rvas y cinematográficas han privilegiado las perspectivas eurocéntricas y cómo se
ría cultural) a lo popular (televisión comercial, música pop, periodismo, parques te- han cuestionado esas perspectivas? Aunque destacamos textos y prácticas alterna-
máticos, folletos turísticos). Aunque algunos intelectuales progresistas desdeñen a tivas, Multiculturalismo, cine y medios de comunicación no adopta una actitud
veces los tramos más bajos de la cultura popular, el eurocentrismo se alimenta de monolíticamente hostil hacia los medios de comunicación dominantes. Ni for-
los sentimientos cotidianos que experimentan las masas populares. En quinto lugar, mulamos una acusación contra todo Hollywood -como cualquier otra praxis,
desde el punto de vista conceptual, vinculamos cuestiones de colonialismo, impe- Hollywood es lugar de tensiones y contradicciones- ni consideramos las van-
rialismo y de nacionalismo del Tercer Mundo, por un lado, con otros de raza, etni- guardias como un refugio que proteja contra el eurocentrismo. Sí sugerimos, no
cidad y multiculturalismo, por otro, e intentamos situar historias guetizadas y dis- obstante, que la realidad es más complicada que los sueños del hollywoodcentris-
cursos en relación productiva (por ejemplo, no seguimos la práctica convencional mo (ni que decir tiene que usamos el término «Hollywood» no para expresar un re-
de desligar cuestiones de racismo de cuestiones de antisemitismo). chazo instintivo de todo lo que es cine comercial, sino como abreviatura de una
26 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN INTRODUCCIÓN
27
forma de cine «dominante» que es estilísticamente conservador, ideológicamente canibalismo, magia- reaparecen luego en un registro anticolonialista, liberador,
reaccionario, y producido en masa). Nuestra meta no es sólo mirar a Hollywood de tal modo que desde un punto de vista temático las diversas secciones están en
con ojos multiculturales sino también descentralizar la discusión y llamar la aten- sintonía.
ción hacia otras tradiciones, otros cines, otras formas audiovisuales. Aunque la pa- El capítulo introductorio de Multiculturalismo, cine y medios de comunica-
labra «multiculturalismo» a veces provoque ansiedad profesional en educadores ción, «Del eurocentrismo al policentrismo», es una síntesis de los debates centra-
privilegiados porque piensan que se les pide «empezar desde cero», en realidad es- les sobre .el.«eurocentrismo», el «racismo», el «Tercer» y «Cuarto» Mundo y «el
tamos menos interesados en «echarlo todo por la borda» que en ver todo con una poscolomahsmo» y ofrece un aparato conceptual para subsiguientes discusiones.
mirada fresca. Aquí proponemos el concepto de «multiculturalismo policéntrico» como alterna-
Aunque hablamos de cine de diversos tipos (desde el cine de entretenimiento de tiva del pluralismo liberal.
Hollywood hasta la vanguardia combativa) y de muy diversas procedencias na- El segundo capítulo «Formaciones del discurso colonialista», examina de un
cionales, no es nuestra intención hacer un repaso del cine mundial. Nos centramos modo global la naturaleza, los orígenes y las ramificaciones del discurso eurocén-
en el cine que tiene que ver con el multiculturalismo, no con el que lo evita, ignora trico colonialista vistos como parte de un intertexto para representaciones de hoy en
o trasciende. Exploramos la cultura popular audiovisual progresista, junto con una día. Los medios de comunicación, argumentamos, absorben y reutilizan el mismo
amplia gama que incluye películas críticas hechas en Hollywood, películas minori- discurso colonialista que permea campos tan variados como la filosofía, la literatu-
tarias del Tercer Mundo, vídeos musicales de rap, vanguardia politizada, documen- ra Yla historia. Más que dar un repaso general a la historia, nos centramos en luchas
tales didácticos, y la combatividad de la cámara de vídeo de activistas de una co- que han. ~arcado un hit.o respecto a temas como «Grecia/Egipto», «los viajes de
munidad. Pero en vez de hacer un repaso de los medios de comunicación mundiales descubnrmentos», los discursos de progreso y las antinomias de la «Ilustración»
como un todo, recurriremos a las prácticas culturales y los ejemplos textuales por su ponien?o menos é~fasis en los mismos hechos históricos que en las secuelas qu~
valor político, teórico o metodológico. han deJado en el discurso. A modo de ilustración, llamamos la atención sobre los
Al mezclar la historia discursiva con el análisis textual, el ensayo teórico espe- textos periodísticos que toman partido en estos debates: por ejemplo, las muchas pe-
culativo con el resumen crítico, Multiculturalismo, cine y medios de comunicación lículas sobre Colón y los conquistadores.
toca elementos de varias disciplinas. Mientras reconocemos la especificidad del El. tercer ~apítulo, «El imaginario imperial», explora la influencia del imperio
cine-medios de comunicación, también nos concedemos la libertad típica de los en el eme, temendo en cuenta que los mismísimos orígenes de éste coinciden con el
estudios culturales para deambular por disciplinas, textos o discursos, ya sean anti- punt? ál~ido del imperialismo. ¿Cuál fue el papel del cine frente a la novela y los
guos o modernos, de la cultura alta o de la baja. Como un híbrido en cuanto a dis- mediOs Impresos al crear el imaginario imperial masculinista? Después de afron-
ciplinas, el libro desarrolla una metodología sincrética, hasta canibalista. Su arqui- tar la~ p~mer~s producciones imperiales de los Estados Unidos, Gran Bretaña y
tectura general va del pasado al futuro, del didactismo a la especulación, de la Francia, mclmdas las fonnas protocinematográficas de exhibiciones coloniales
hegemonía a la resistencia, de la crítica a la afirmación (dentro de la «crítica» aña- examinamos el western de Hollywood como paradigma del modo en que Hollywood
diríamos, hay también una «celebración», del mismo modo que dentro de la «cele- trata los encuentros entre el Primer y el Tercer Mundo. Aquí sugerimos que el in-
bración» hay enterrada una «crítica»). Nuestro propósito no es ni apoyar de mane- tertexto colonizador de la película de aventuras imperial y el western estructuran de
ra global ni condenar de manera global ningún cuerpo especifico de textos; la manera subliminal representaciones incluso contemporáneas, lo cual resulta obvio
cuestión es simplemente convertirse en lectores de prácticas culturales que apre- en películas como Memorias de África (Out of Africa, 1985) o Pasaje a la India
cian los matices artísticos y que están bien informados históricamente. Por lo tan- (Passage to India, 1984), e incluso en la cobertura de los medios de comunicación
to, Multiculturalismo, cine y medios de comunicación no está estructurado de tal de la guerra del Golfo Pérsico de 1991. A lo largo del capítulo destacamos no sólo
forma que un movimiento lineal inexorable lleve al lector a una conclusión pres- el contenido de estas historias sino también su mediación, a través del género y a
criptiva. El «argumento» general respecto al eurocentrismo no se afirma de mane- través de ~odos específicamente cinematográficos o televisivos, de manipular el
ra atrevida y explícita sino que se desentraña poco a poco. Hay varios leitmotivs te- punto de VIsta, la focalización y la identificación.
jidos en varios capítulos, lo cual crea un eco musical ya que el mismo tema aparece El cuarto capítulo, «Tropos del Imperio», se concentra en las operaciones tro-
en diferentes contextos. Si «El imaginario imperial» (capítulo 3) destaca la escritu- pológicas del eurocentrismo como un substrato figurativo dentro del discurso del
ra colonialista de la historia, «Las estéticas de las resistencias» (capítulo 7) destaca imperio. El discurso eurocéntrico, sugerimos, a menudo opera a través de metáfo-
la reescritura hecha por los ex colonizados. Temas como la crítica de los paradig- ras, tropos y figuras como la animalización, la infantilización, etc. Aquí nos centra-
mas eurocéntricos, la elaboración de una metodología relacional, la búsqueda de mos. concretame~te en 1~ personificación visual de tropos que indican género y
una estética alternativa, y el cuestionamiento de diversos términos que comiencen erotismo como «tierras virginales», «continentes oscuros», «territorios ocultos» ha-
con el prefijo «pos» son parte esencial de la estructura del texto. Algunos temas que renes imaginarios y fantasías de violaciones y rescates. Estos lugares comunes ~ub
aparecen primero en un registro colonialista -hibridación, sincretismo, mestizaje, yacentes, decimos, revelan las actitudes eurocéntricas hacia la tierra, la ecología, las
28 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN INTRODUCCIÓN 29
culturas no europeas, y tienen un efecto a nivel mundial a través de discursos insti- postercermundista», las tradiciones culturales «arcaicas» paramodernas como la ora-
tucionales como los de la arqueología y el psicoanálisis. lidad y el carnaval se convierten en la fuerza motriz de la estética modernizante o
El quinto capítulo, «Estereotipo, realismo y la lucha por la representación», posmodernizante. Aquí, en lugar de proponer una estética monolíticamente correcta,
trata los debates sobre «realismo» e «imágenes positivas», y evalúa de manera crí- recordamos una variedad de estrategias que se oponen, que tomadas en su conjunto
tica el campo metodológico conocido como «estudios de la imagen». ¿Hasta qué tienen potencial para revolucionar la educación y la producción audiovisual.
punto los análisis de «estereotipos y distorsiones» han sido útiles con relación a un El capítulo final, «La política del multiculturalismo en la era posmodema»,
medio que todavía se asocia enormemente con lo real, y hasta qué punto nos han teoriza sobre los espectadores, la recepción y la educación sobre los medios de
conducido a callejones sin salida teóricos? Mientras estos trabajos han sido fun- comunicación. El hecho de convertirse en espectadores, ¿afecta a la pertenencia a
damentales para movilizar a la gente en lo que respecta a la identidad y para la crí- una comunidad o a una afiliación política en un mundo cada vez más transnacio-
tica de los medios de comunicación dominantes, aquí explicaremos que también nal? Aquí explicamos las ideas de «lecturas racialmente resistentes», «estructuras
es importante pasar de un enfoque basado en los personajes a métodos que tienen analógicas de sentimiento» y «espectador multicultural». Finalmente, exploramos
en cuenta también otras dimensiones como el escenario institucional, la política las oportunidades que se abren ante una educación audiovisual multicultural y anti-
de decisiones sobre la lengua y los repartos, el papel de los géneros, y la variación eurocéntrica.
cultural. El libro está estructurado con una doble idea. Por un lado, nuestra meta es ex-
El sexto capítulo, «La dimensión relacional de las etnicidades», tiene un enfo- poner el eurocentrismo como algo de lo que normalmente no se es consciente, algo
que relacional respecto a la representación de los medios de comunicación, que ope- que se da por supuesto, que no se piensa, como una tendencia no reconocida, como
ra a la vez dentro, entre y más allá del marco del estado-nación. Explicamos que una una especie de mala costumbre epistémica, tanto en la cultura de los medios de co-
metodología relacional permite la excavación de la presencia racial sumergida in- municación de masas como en el reflejo intelectual de esa cultura. Por otro lado,
cluso en un cine, como el de los musicales más ñoños de Hollywood, que no hace queremos desmontar, dejar al desnudo, el discurso eurocéntrico, y superarlo avan-
de la raza un tema por principio. Insistimos en que la compleja presencia relacional zando hacia una teoría y una práctica relacionales. Más que luchar por un «equili-
de indígenas y de pueblos de la diáspora africana por toda América requiere un en- brio», esperamos «enderezar el equilibrio»., La crítica eurocéntrica, explicaremos,
foque transnacional que destaque los conflictos de las identidades y las comunida- no es sólo políticamente retrógrada sino estéticamente rancia, trasnochada, sin chis-
des culturales dentro y a través de las fronteras. pa e infructuosa. Hay muchas alternativas estéticas, políticas y cognitivas al euro-
El séptimo capítulo, «Las estéticas de las resistencias», da cuenta de la explica- centrismo; nuestra esperanza es definirlas, dejarlas a la vista.
ción alternativa de la historia del colonialismo y el neocolonialismo desde el cine Multiculturalismo, cine y medios de comunicación no es un libro políticamente
del Tercer Mundo y postercermundista. Con una muestra reducida de películas, en correcto. La misma palabra «corrección», para nosotros, desprende mal olor. Por un
su mayoría de los años sesenta, se expone la gama de estrategias nacionalistas re- lado (el derecho), huele al libro de contabilidad de Crusoe, a los manuales de eti-
volucionarias: «El Tercer Cine», «La estética del hambre», «Alegorías del subdesa- queta y de urbanidad, e incluso a las cuentas de la Inquisición y el Holocausto. Por
rrollo». Las películas que se estudian son claros ejemplos de una lucha en dos fren- otro lado (el izquierdo), hiede a purismo estalinista que hoy sólo existe básicamen-
tes donde se funden la historiografía revisionista con la innovación formal. La te en un registro verbaL La derecha ha asociado a la izquierda con una antisensuali-
batalla de Argel (La bataglia de Algeria, 1966) adopta las técnicas asociadas al re- dad puritana y con pretensiones de superioridad y ahora intenta implantar la idea de
portaje de televisión para contar la historia de la independencia argelina. La hora de que toda crítica politizada es el resultado neurótico de quejicas insatisfechos, el pro-
los hornos (1968) funde un vanguardismo político y formal de manera incendiaria, ducto de una subcultura que tiene la malsana manía de sentirse culpable. Pero si la
mientras Tierra en trance (Terra em transe, 1967) ofrece «Alegorías de la impoten- «corrección política» sugiere una austeridad aburrida y de púlpito, la frase «cultura
cia» modernas. Películas de carácter reflexivo, como Cabra: marcado para morrer popular» despierta una sensación de placer. Así, hay una pregunta que recorre este
(1984), finalmente se centran en las particularidades de los procesos de realización libro; es la siguiente: dado el eclipse de las metanarrativas revolucionarias en la era
del cine del Tercer Mundo. posmoderna, ¿cómo criticamos a los medios eurocéntricos dominantes y a la vez sa-
«Las estéticas de las resistencias», se centra en los intentos de sintetizar una camos el máximo partido de sus placeres innegables? Por nuestra parte, no estamos
política radical con estéticas alternativas, en un movimiento doble y complemen- interesados en textos impecablemente correctos producidos por sujetos revolucio-
tario que abarca tanto la forma como el contenido. Las películas que aquí tratamos nariamente irreprochables. De hecho, hay un profundo sustrato cuasi religioso que
van «más allá» que las películas de capítulos anteriores, primero porque rechazan subyace bajo la búsqueda de textos políticos perfectamente correctos. En este senti-
la estética realista en favor de estrategias de jiu-jitsu mediático, paródico-carna- do, deberíamos dejar de preocuparnos por la incorrección (una palabra que recuer-
valescas y antropófagas; y segundo, porque transcienden una preocupación exclu- da a «pecado» pero puesta al día a través del positivismo), de buscar textos perfec-
siva por la nación, cuestionando un discurso nacionalista desde un punto de vista tamente correctos (hechos a la medida de la palabra sagrada canónica), y de buscar
de clase, género, sexualidad y de identidad diaspórica. En lo que llamamos «cine personajes perfectos (modelados en divinidades impecables y en papas infalibles);
MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
30
l. Del eurocentrismo al policentrismo
y en vez de todo esto deberíamos asumir la imperfección y la contradicción.
De acuerdo con nuestra doble idea central, vamos a desplegar una doble opera-
ción de crítica y de celebración, de desmantelamiento y de reedificación, de crítica
de tendencias eurocéntricas dentro del discurso dominante a la vez que celebramos
el utopismo transgresor de textos y prácticas multiculturales. Por «utopía» no en-
tendemos el modelo científico de las utopías o metanarrativas totalizantes del pro-
greso, sino más bien «Utopías críticas» que buscan lo que Tom Moylan llama «eX-
presión sediciosa del cambio social» llevada a cabo en «un proceso permanentemente
14
abierto de una visión que no se acaba de cumplir». Más que construir un concep-
to purista de textos correctos o lugares inmaculados de resistencia, nos gustaría pro-
poner una actitud positivamente depredadora que abarque potencialidades educati-
vas y estéticas en una gran variedad de prácticas culturales, y que encuentre en ellas
las semillas de subversión que puedan florecer en un contexto alterado. Más que
enzarzamos en una crítica autoritaria y moralista, nuestra esperanza es señalar las
posibilidades exuberantes que el multiculturalismo policéntrico y crítico abre ante
nosotros.
El mito de Occidente
~· Raymond Williams, Keywords: A Vocabulary ofCulture and Society Nueva York Ox" d u ·
14. Tom Moylan, Demand the Impossible: Science Fiction and the Utopian Imagination, Nueva vers1ty Press, 1976. ' ' tOr m-
York, Methuen, 1986, pág. 213.
32 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN DEL EUROCENTRISMO AL POLICENTRISMO 33
geografía cultural. Hoy día Israel es considerado normalmente como un país «occi- tomaba prestada ciencia y tecnología: el alfabeto, el álgebra y la astronomía llega-
dental», mientras que Turquía (en su mayor parte al Oeste de Israel), Egipto, Libia ron de fuera de Europa. De hecho, para algunos historiadores, el primer artilugio
y Marruecos son todos «orientales». A veces lo «occidental» excluye Latinoaméri- tecnológico que Europa exportó fue un reloj en 1338. 5 Hasta las carabelas que usó
ca, lo cual resulta sorprendente si se tiene en cuenta que la mayor parte su pobla- Enrique el Navegante tenían como modelo las embarcaciones árabes de vela latina. 6
ción, independientemente de su origen étnico, se encuentra situada geográficamen- Europa tomó de China, y del Extremo Oriente, la imprenta, la pólvora, la brújula, el
te en el hemisferio occidental, tiene en general como propia una lengua europea y mecanismo de relojería, los puentes de arco rebajado y la cartografía cuantitativa. 7
vive en sociedades donde el modo de vida europeo es hegemónico. Nuestra inten- Aparte de la existencia histórica de ciencias y tecnologías no europeas (ciencia del
ción no es reivindicar la «occidentalidad» de Latinoamérica -el nombre mismo fue Antiguo Egipto, agricultura africana, astronomía dogón, matemáticas mayas, arqui-
acuñado por los franceses en el siglo XIX-, sino simplemente llamar la atención so- tectura, técnicas de riego y vulcanización aztecas), no debemos ignorar la interde-
bre las arbitrariedades de las cartografías de identidad más comunes de lugares in- pendencia de los distintos mundos. Aunque es indudable que la punta de lanza del
discutiblemente híbridos como Latinoamérica, que son a la vez occidentales y no desarrollo tecnológico en los últimos siglos ha estado centrada en Europa Occiden-
occidentales, simultáneamente africanos, indígenas y europeos. tal Y Norteamérica, también es cierto que este desarrollo ha sido una empresa co-
Aunque el discurso triunfalista del eurocentrismo -desde Platón a la OTAN- mún (de la que el Primer Mundo era accionista mayoritario) facilitada en aquel en-
equipara la historia con el avance de la Razón Occidental, la misma Europa no es tonces por la explotación colonial y hoy día por la neocolonial «fuga de cerebros»
más que una síntesis de muchas culturas, occidentales y no occidentales. La noción del «Tercer Mundo». Así pues, si las revoluciones industriales de Europa fueron
de una Europa «pura» que nace de la Grecia clásica se apoya en flagrantes exclu- posibles gracias al control de los recursos de los territorios colonizados y la explo-
siones: desde las influencias semíticas y africanas que dieron forma a la misma Gre- tación del trabajo de los esclavos -la revolución industrial de Gran Bretaña, por
cia clásica, hasta la ósmosis de culturas islámica, judía y sefardí, que desempeñó un ejemplo, fue financiada en buena parte por la riqueza generada por la explotación de
papel crucial en la Europa de la Alta Edad Media (período que fue en realidad de las minas y plantaciones latinoamericanas-, entonces, ¿en qué sentido se puede
supremacía oriental y al que también se le denomina con el término eurocéntrico de hablar sólo de ciencia, industria y tecnología «occidentales»? En resumidas cuentas,
Edad de las Tinieblas) e incluso en la Edad Media y el Renacimiento. Como señala «Occidente» y lo «no occidental» no pueden plantearse como antónimos, porque de
Jon Pieterse, todas las célebres «etapas» del progreso europeo -Grecia, Roma, hecho los dos mundos se entrelazan en un espacio inestable de criollización y sin-
Cristiandad, Renacimiento, Ilustración- son «momentos de mezcla cultural». 2 El cretismo. En este sentido, el «mito de Occidente» y el «mito de Oriente» forman los
arte occidental siempre ha estado en deuda con -y trasformado por- el arte no oc- dos lados de un mismo signo colonial. Si Edward Said, en Orientalismo, señala la
cidental, desde la influencia árabe en la poesía de amor cortés, hasta la influencia construcción eurocéntrica de Oriente en la literatura europea, otros como Martín
africana en la pintura moderna, pasando por el impacto de formas asiáticas (Kabu- Bernal, en Atenea Negra, señalan otro proceso complementario en la construcción
ki, teatro No, teatro balinés o escritura ideográfica) en el teatro y cine europeos, y la europea de Occidente mediante la «Omisión» de Oriente (y África).
influencia de formas de danza africanizadas en coreógrafos como Martha Graham y Lo cierto es que hoy día el mundo entero es prácticamente una entidad abigarra-
George Balanchine. 3 «Occidente» es pues un patrimonio colectivo, una mezcla om- da. El colonialismo surgió de una situación que había sido «casi siempre» sincrética
nívora de culturas; no es que simplemente «bebiera» de fuentes no europeas, sino (por ejemplo entre judíos, cristianos y musulmanes en la España musulmana, entre
que «está hecho de ellas». 4 las naciones africanas antes del colonialismo, entre los indígenas americanos antes
Hay cierta idealización de «Occidente» que organiza el conocimiento de mane- de 1492) y tras la emancipación de las colonias se han producido diásporas y mi-
ra que resulte complaciente para el imaginario eurocéntrico. La ciencia y la tecno- graciones de todo tipo que han dado lugar a corrientes de mezcla cultural. Dentro de
logía, por ejemplo, se consideran normalmente como «occidentales». Esta actitud estas fluctuaciones, «mayorías» y «minorías» pueden intercambiar sus posiciones
se corresponde en el campo de la teoría con la asunción de que toda teoría es «occi- fácilmente, en especial porque las «minorías» internas son casi siempre fragmen-
dental», o que movimientos como el feminismo y la deconstrucción, sin importar tos dispersos de lo que una vez fueron «mayorías» en otra parte, y de ahí la aparición
donde aparezcan, son «occidentales»; esta visión conlleva la idea de que Occidente de movimientos que se denominan con el prefijo «pan». El campo en constante
es la «mente» y la refinación teórica, mientras que lo no occidental es el «cuerpo» y expansión de «estudios interculturales comparativos» (estudios de la frontera Nor-
la materia prima sin refinar. Sin embargo, hasta hace pocos siglos, era Europa quien te/Sur, estudios panafricanos, estudios de la diáspora africana, estudios poscolonia-
5. Véase C. M. Cipolla, Before the Industrial Revolution European Society and Economy l000-
2. Jan Pieterse, «Unpacking the West: How European is Europe?», artículo sin publicar facilitado 1700, Nueva York, W.W. Norton, 1980, pág. 222. .
por el autor, 1992. 6. J. Pieterse, «Unpacking the West», citando la obra de J. Merson, Road to Xanadu, Londres, Wei-
3. Sobre la int1uencia africana en la danza moderna, véase Brenda Dixon, «The Afrocentric Para- denfeld and Nicolson, 1989.
digm», Design.for Arts in Education, n° 92, enero-febrero de 1991, págs. 15-22. 7. Véase Joseph Needham, The Grand Titration: Science and Society in East and West, Toronto,
4. Pieterse, «Unpacking the West», pág. 16. University ofToronto Press, 1969.
34 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN DEL EUROCENTRISMO AL POLICENTRISMO 35
les) toma nota de estas dispersiones y supera el marco de la nación-estado para ex- En una secuencia de la película Fadjal (1979), de Safi Faye, se evoca desde el
plorar los transnacionalismos palimpsésticos que quedan tras el colonialismo. punto de vista de las víctimas la experiencia del colonialismo cultural. La escena
muestra una clase en una aldea de Senegal, donde los alumnos descalzos recitan fra-
ses de la lección de historia: «Luis XIV, el Rey Sol, fue el mejor rey de Francia».
El legado del colonialismo En el filme de Faye se representa el robo y la sustitución de la identidad cultural. La
historia «auténtica», se les dice a los alumnos, está en Europa; sólo los europeos son
Tal como sugerimos antes, el eurocentrismo contemporáneo es el residuo dis- sujetos históricos que viven en un tiempo en evolución. «Nuestros antepasados los
cursivo o el sedimento del colonialismo, el proceso por el cual las potencias eu- galos», según los libros de bachillerato para los alumnos de las colonias de Vietnam
ropeas alcanzaron posiciones de hegemonía económica, militar, política y cultural y Senegal, «eran rubios y tenían ojos azules». El colonialismo, en palabras de
en buena parte de Asia, África y el continente americano. El colonialismo se reveló Nguglwa Thiong'o, aniquiló «la creencia de la gente en sus nombres, en su lengua,
tanto en el control a distancia de los recursos (Indochina francesa, Congo belga, Fi- en su capacidad y en definitiva en ellos mismos» y les hizo ver su pasado como
lipinas) como, de una manera más directa, en los asentamientos europeos (Argelia, «fracaso improductivo». 10 El colonialismo exalta la cultura europea y denigra la
Sudáfrica, Australia, el continente americano). Usaremos el término «impetialis- cultura indígena. Las religiones de los colonizados se equiparan desde las insti-
mo» para referirnos a una fase o forma específica del colonialismo que va aproxi- tuciones con la superstición y el «satanismo». Así, se prohibieron las «danzas del
madamente desde 1870 a 1914, cuando la conquista del territorio quedó ligada a la espíritu» de los indígenas americanos y se suprimieron religiones de la diáspora
búsqueda sistemática de mercados y a la exportación expansionista de capital, Y africana como la Santería y el Candomblé, normalmente porque los hechiceros, pro-
también, en un sentido más amplio, a las políticas intervencionistas del Primer fetas y visionarios desempeñaban un papel central en la resistencia. Las institucio-
Mundo tras la emancipación de las colonias. nes colonialistas intentaron despojar a los pueblos de los complejos y ricos atribu-
La colonización per se es previa al último colonialismo europeo, pues ya había tos culturales que conformaban su identidad como comunidad y su sentimiento de
sido practicada por griegos, romanos, aztecas, incas y muchos otros grupos. Las pa- pertenencia a un grupo, dejando tras de sí un legado de pérdida traumática y de re-
labras «colonización», «cultura» y «culto» (en el sentido de religión) detivan del sistencia.
mismo verbo latino, colo, cuyo participio pasado es cultus y cuyo participio futuro Aunque la mayoría del dominio colonial directo ha desaparecido, una gran parte
es culturus, y ponen en juego una serie de valores y prácticas que incluyen la ocu- del mundo se ve afectada por el neocolonialismo; es decir, en una conjetura en la que
pación del territorio, el cultivo de la tierra, la afirmación de los orígenes y los ante- el control militar y político directo ha dado paso a formas de control cuyo eje es una
8
pasados y la transmisión de valores heredados a las nuevas generaciones. Aunque estrecha alianza entre el capital extranjero y la élite indígena. En parte como resulta-
antes ya había naciones que a menudo se anexionaban territorios colindantes, la no- do del colonialismo, la escena global contemporánea está ahora dominada por un cír-
vedad del colonialismo europeo es su alcance planetario, su afiliación con un poder culo de poderosas naciones-estado, básicamente por algunos países de Europa Occi-
institucional global y su modo imperativo, su intento de someter al mundo a un ré- dental, los Estados Unidos y Japón. Esta dominación es económica (el «G-8», el
gimen de poder y verdad único y «universal». El colonialismo es el etnocentrismo FMI, el Banco Mundial, el GATT); política (los cinco países con veto en el consejo
armado, institucionalizado y hecho global. El proceso colonial tuvo sus orígenes en de Seguridad de las Naciones Unidas); y tecno-informativo-cultural (Hollywood,
las expansiones europeas internas (las Cruzadas, la expansión de Inglaterra en Ir- UPI, Reuters, France Press, CNN). 11 La dominación neocolonial se ejerce a través
landa, la reconquista española), dio un enorme salto con los «viajes de los descu- del deterioro de las condiciones comerciales y los «programas de austeridad», por los
brimientos» y con la institución de la esclavitud en el Nuevo Mundo, y llegó a su que el Banco Mundial y el FMI, a menudo con la complicidad interesada de las éli-
apogeo con el impetialismo finisecular, cuando la proporción de la superficie te- tes del Tercer Mundo, imponen condiciones que los países del Primer Mundo nunca
rrestre controlada por las potencias europeas aumentó de un 67% (en 1844) a un 84%, tolerarían para sí mismos. 12 Los corolarios del neocolonialismo han sido: pobreza
4% (en 1914), una situación que empezó a remitir sólo con la desintegración de los generalizada (incluso en países ricos en recursos naturales), hambrunas pujantes (in-
9
imperios coloniales europeos después de la Segunda Guerra Mundial. Algunas de cluso en países que antes eran capaces de autoabastecerse ), la paralizante «trampa de
las principales consecuencias del colonialismo fueron la destrucción de los pueblos la deuda», la apertura de sus recursos a los intereses extranjeros y, de manera no in-
indígenas y sus culturas, la esclavización de africanos e indígenas americanos, la frecuente, la opresión política interna.
colonización de África y Asia y el racismo no sólo dentro del mundo colonizado
sino en la misma Europa. 10. NgugT wa Thiong'o, Decolonizing the Mind: The Politics ofLanguage in African Literature,
Londres y Nairobi, James Currey!Heinemann Kenya, 1986.
8. Véase Alfredo Bosi, Dialética da Coloniza~·ao, Sao Paulo, Companhia das Letras, 1992, págs. 11-19. 11. Véase Heinz Dieterich, «Five Centuries of the New World Order>>, Latín American Perspecti·
9. Véase H. Magdoff, Imperialism: From the Colonial Age to the Present, Nueva York, Monthly ves. vol. 19, n° 3, verano de 1992.
Review Press, 1978, pág. 108. 12. Véase Jon Bennet, The Hunger Machine, Cambridge Polity Press, 1987, pág. 19.
36 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN,
DEL EUROCENTRISMO AL POLICENTRISMO 37
procesos históricos de diferenciación. La categorización de la misma persona pue- negro antinegro, el judío que se odia a sí mismo. En la película de Samuel Fuller Co-
de variar con el tiempo, el lugar y el contexto. Las autodefiniciones subjetivas Y la rredor sin retorno (Shock Corridor, 1963) se muestra el odio hacia uno mismo me-
movilización política también sabotean las definiciones rígidas. Los africanos, an- diarlte un personaje negro que se imagina a sí mismo como líder del Ku-Klux-Klan.
tes del colonialismo, no pensaban que fueran negros sino miembros de grupos es- Si el racismo genera contradicciones en las víctimas del racismo, no es menos
pecíficos: bantú, fon, hausa, igbo, del mismo modo que los europeos, antes de la in- contradictorio desde su propio punto de vista, y a menudo enmascara una atracción
vención de «blancura», pensaban que eran galeses, sicilianos, etc. A veces, las al objeto del odio. Así, la denigración obsesiva puede enmascarar una perversa
categorías llegan a funcionar como una forma de solidaridad. En la Gran Bretaña identificación; la repulsión puede recubrir el deseo. Ernest Renan, un antisemita re-
actual, los asiáticos, africanos y caribeños políticamente activos se refieren a sí mis- calcitrante, se pasó la vida estudiando la cultura religiosa judía que decía despre-
mos como «negros». En Israel, a los judíos sefardíes (que en su mayoría provienen ciar. 25 El racista colonialista, de] mismo modo, se siente en peligro por algo que le
de Asia y África) se les llama (y se llaman a sí mismos) negros y su movimiento po- atrae irremediablemente. En el siguiente pasaje, un escritor británico habla de los
lítico de los años setenta se llamaba «Panteras Negras» en honor al grupo liberacio- atractivos de la India:
nista de ese nombre. 20
El racismo, del mismo modo, no se mueve «de manera ordenada e inmutable a Es sobre todo en la atmósfera religiosa de la India donde el caballero inglés siente que
través del tiempo y la historia». 21 Que el racismo sea posicional y relacional signi- se desliza hacia un mundo sin explotar, misterioso, y este sentimiento es la esencia del
22
fica que diversos grupos han ocupado el lugar funcional de los oprimidos. El ra- romance. Hace bien en resistir la seducción que esta atmósfera ejerce en los que sien-
ten curiosidad por ella( ... ) El inglés en la India sabe rodearse a sí mismo, en la medi-
cismo es por encima de todo una relación social -«una jerarquización sistematiza-
23 da de lo posible, de una atmósfera inglesa, y defenderse a sí mismo del embrujo de esa
da que se intenta establecer a toda costa», tal n~JnO dice Fanon- anclada en
tierra mediante el deporte, los juegos, los clubes, la cháchara de chicas recién impor-
estructuras materiales e insertada en configuraciones históricas de poder. De hecho, tadas, y la asistencia regular a la iglesia. 26
la definición de Memmi, basada en una especie de premisa donde hay un encuentro
casi individualizado de racista y víctima, no explica de manera completa formas de Estas propuestas casi cómicas para el mantenimiento de la esencia inglesa ante
racismo que están más escondidas y son más indirectas y abstractas, más «demo- la tentación ajena, que recuerdan los consejos del sacerdote a los jóvenes con ten-
cráticas». Como el racismo es un sistema jerárquico complejo, un conjunto estruc- dencia a la masturbación, expresan el terror ante lo que se imagina como una atrac-
turado de prácticas y discursos institucionales y sociales, las personas no tienen que ción exótica, aunque aquí el objeto explícito del temor es la religión.
expresar o practicar actitudes racistas para beneficiarse del mismo. El racismo no Estas contradicciones en la idea misma del racismo, mencionadas primero por
puede reducirse, como se hace en Perro blanco (White Dog, 1982), de Samuel Fu- Fanon y que hoy se discuten desde el punto de vista psicoanalítico, necesitan histo-
ller, a los delirios caninos de maníacos patológicos. No se trata tampoco, tal como rizarse. A veces, el racismo puede constituir una forma disfrazada de autorrechazo
dice Whitney Young, de «levantarse por la mañana con el deseo de colgar a un ne- genealógico. Los estudiosos indígenas americanos señalan que, al identificarse con
gro de un árbol», sino de las «humillaciones sutiles» y la «arrogancia supina» que la Roma imperial, los padres fundadores de los Estados Unidos rechazaron el pasa-
24
acompaña un privilegio que se considera incuestionab1e. do tribal y colectivo de sus propios ancestros del norte de Europa que fueron con-
En una sociedad sistemáticamente racista, ni siquiera las víctimas del racismo
quistados por Roma. 27
están exentas de un discurso racista hegemónico. El racismo «Se escurre» y circula A veces es más revelador, pues, analizar al estereotipador que deconstruir el es-
lateralmente; los oprimidos pueden perpetuar el sistema hegemónico convirtiendo a tereotipo. Cuando los estereotipos antinegro (por ejemplo, la repulsiva bestialidad)
otros que están «a un mismo nivel» en chivos expiatorios, lo cual beneficia a los que se recodifican como positivos (pongamos, la libertad de libido) nos dice más sobre
están en lo alto de la jerarquía. Como el racismo es un discurso a la vez que una pra- el imaginario erótico blanco que sobre los objetos de su fascinación. La adulación
xis, un miembro de una comunidad oprimida puede adoptar un discurso opresivo: el de la agilidad física de los negros tiene como corolario tácito la asunción de una
cierta incapacidad mental. El elogio del talento «natural» en la actuación da a en-
20. Según los impresos del censo de los Estados Unidos, los habitantes de Oriente Medio son blan- tender que los logros de los negros no tienen nada que ver con el trabajo o la disci- •
cos, a pesar de que hay gente de todos los tonos de piel y a pesar de que no sean raros los insultos racis- plina. La adopción de palabras y de símbolos de los indígenas americanos por par-
tas que profieren los euroamericanos. Para una discusión sobre el tema, véase Joseph Massad, «Palesti-
nians and the Limits of Racialized Discourse», Social Text, no 34, 1993.
21. Paul Gilroy, There A in 't No Black in the Un ion Jack, Londres, Hutchinson, 1987, pág. 11. 25. Véase Tzvetan Todorov, On Human Diversity: Nationalism, Racism and Exoticism in French
22. Cedric J. Robinson, Black Marxism: The Making ofthe Black Radical Tradition, Londres, Zed, Thought, trad. Catherine Porter, Cambridge, Mass., Harvard University Press, 1993.
1983, pág. 27. 26. Citado en Benita Pany, Delusions and Discoveries: Studies on India in the British Imagination
23. Frantz Fanon, «Racism and Culture», en Presence Africaine, n° 5 8/9/10 (1956). 1880-1930, Berkeley, University of California Press, 1972.
24. Whitney Young, «Exceptional Children: Text of a Keynote Speech», 1970, citado en Judith H. 27. Véase John Mohawk y Oren Lyons (comps.), Exiled in the Land ofthe Free, Santa Fe, Calif.,
Katz, White Awareness, Norman, Okla, University of Oklahoma Press, 1978. Clear Light, 1992, pág. 117.
DEL EUROCENTRISMO AL POLICENTRISMO 41
40 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
nómico, político, cultural o psicológico. Aunque gentes de cualquier grupo pueden ción sistemática de la vida, lo cual llega a veces en su forma extrema a la incitación
mantener opiniones racistas -no hay inmunidad genética contra el racismo, no to- al asesinato. Así, L. Frank Baum (el autor de El Mago de Oz), en 1891, recomien-
dos los grupos disfrutan de poder para practicar el racismo; es decir, para traducir da de manera despreocupada el genocidio: «la perfecta seguridad de los asenta-
una actitud racial en opresión social. Los analistas también distinguen entre racis- ~ientos fronterizos quedará asegurada mediante el aniquilamiento de los pocos in-
mos exclusivos de exterminación o racismos inclusivos de explotación; 33 entre ra- diOs que quedan. ¿Por qué no el aniquilamiento? ... Es mejor que mueran a que vivan
cismo abierto, expresado mediante acciones hostiles, y racismo encubierto, donde esa vida de miserables infelices que son». 37 El racismo en este sentido funciona me-
la hostilidad no es obvia o explícita. El racismo, tal como dice Stuart Hall, también nos al nivel cerebral de opinión que al nivel visceral de solidaridad étnica o antipa-
puede ser inferencia[, o sea que puede consistir en «representaciones de acon- tía de nosotros hacia ellos, un estadio previo al de asumir la idea del «nosotros».
tecimientos y situaciones aparentemente normales (... ) con unas premisas y pro- Los medios de comunicación dominantes desvalorizan constantemente las vi-
posiciones racistas que forman parte de un conjunto de prejuicios incuestiona- das de la gente de color mientras que consideran sacrosanta la vida de los euroame-
bles».34 Finalmente, la distinción convencional entre racismo individual y racismo ricanos. La desvalorización de la vida tiene como corolario la afición de los medios
institucional es problemática pues el racismo es por definición «la expresión o la ac- de comunicación a asociar el Tercer Mundo con una muerte imprevisible, innecesa-
tivación del poder de un grupo». 35 El racismo, pues, es tanto individual como sisté- ria y violenta, o con desastres naturales o enfermedades, por lo que el muerto o el
mico, es parte del tejido y la psique del sistema social, y es a la vez enloquecedo- agonizante se han convertido en signo visual de la realidad humana en el Tercer
ramente abstracto y absolutamente cotidiano. No es meramente una cuestión de Mundo.
actitud, sino un aparato discursivo e institucional que es históricamente contingen- Finalmente, el racismo tiene sus dobles sentidos y paradojas: si no eres como
te y que está vinculado a la distribución drásticamente desigual de los recursos y nosotros, eres inferior; si eres como nosotros, pues no eres un negro, un indio o un
oportunidades, el reparto injusto de la justicia, la riqueza el placer y el dolor. No se asiático «de verdad». El racismo, pues, combina dos procedimientos complementa-
trata tanto de un error de la lógica como de un abuso de poder; se trata menos de una rios: la negación de la diferencia y la negación de la igualdad. Mientras intenta
«actitud», que de retrasar las esperanzas y de destruir vidas. ofuscar las diferencias en las experiencias históricas, niega la igualdad de la aspira-
Dentro de la gramática transformacional del racismo colonial, destacan varios ción humana. Enfrentado con exigencias de corrección «afirmativa» de las injusti-
mecanismos clave: (1) la postura de carencia, es decir, la proyección del racial- cias históricas, el grupo dominante se convierte en partidario de la igualdad (que
mente estigmatizado como deficiente desde el punto de vista de las normas eu- todo el mundo sea tratado de igual manera), olvidándose de sus propias ventajas he-
ropeas, como carente de orden, inteligencia, modestia sexual, civilización material, redadas y negando las diferencias de las posiciones y las experiencias que uno tie-
e incluso historia. Así, el ideólogo colonialista Georges Hardy planteaba la «mente ne. Una árida estación blanca (Dry White Season, 1989) plasma esta cuestión cuan-
africana» como una serie de carencias: de memoria, de sentido de la verdad, de ca- do el activista negro rechaza la afirmación del abogado sudafricano liberal blanco
pacidad de abstracción, etc. 36 Esta idea de carencia coincide con lo que puede de- de que comparten una misma experiencia vital: «¿así que tú también conociste las
nominarse racismo de sorpresa: «¡Así que usted es el médico!», «¡Así que en África cartillas de ahorro, el encarcelamiento y la humillación?». La idea liberal de un
también hay universidades ... !». El racismo también implica (2) la manía de la jerar- «daltonismo racial» que considera el progreso como «superador» de la raza, del
quía, de ordenar en un ránking no sólo a los pueblos (los europeos por encima de los mismo modo, equipara al racismo blanco y al nacionalismo cultural negro como
no europeos, los zulúes por encima de los bosquimanos) sino también los artefactos igualmente «obsesionados con la raza». Pero el nacionalismo negro ve la racionali-
y las prácticas culturales (la agricultura por encima el nomadismo, el ladrillo por dad integracionista simplemente como un «discurso particular del poder» usado por
encima de la paja, la melodía por encima de la percusión). El racismo también im- los europeos blancos para justificar su estatus privilegiado. 38 De hecho, algunos teó-
plica los procesos interrelacionados de (3) echar la culpa a la víctima, y (4) el re- ricos sociales consideran el liberalismo como excluyente por naturaleza, como una
chazo de empatía, evitar la simpatía por la gente atrapada en la lucha por la super- forma sublimada de darwinismo social, ya que las afirmaciones liberales sobre la
vivencia dentro del orden social existente, el mantenimiento de una distancia igualdad y los derechos en realidad esconden otro conjunto no reconocido de cre-
escéptica, fría ante las denuncias de opresión. El racismo implica (5) la desvaloriza- denciales sociales (blancura, masculinidad, americanidad, propiedad) que constitu-
ye la verdadera base de la inclusión. 39 El hecho de que no reconozcan esta ley de la
33. Véase Etienne Ba1ibar e Immanuel Wallerstein, Race, Nation and Class: Ambiguous identities, selva es lo que da paso a (6) un discurso de discriminación revertida; es decir, una
Londres, Verso, 1991, págs. 37-67.
34. Véase Stuart Hall, «The Whites of Their E yes: Racist Ideologies and the Media», en George 37. Originalmente en Aberdeen Saturday Pioneer, 20 de diciembre de 1891, pero citado en David
Bridges y Rosalind Brundt (comps.), Silver Linings: Sorne Strategiesfor the Eighties, Londres, Lawren- E. Stannard, American Holocaust: Columbus and the Conquest of the New World, Nueva York Oxford
ce and Wishart, 1981, pág. 36. University Press, 1992, pág. 126. '
35. Phi!omena Essed, Understanding Everyday Racism, Londres, Sage, 1991, pág. 37. 38. Gary Peller, «Race against Integration», Tikkun, vol. VI, n° 1, enero-febrero de 1991, págs. 54-66.
36. Citado en David Spurr, The Rhetoric ofEmpire Colonial Discourse in Journalism, Travel Wri- 39. Véase U. S. Mehta, «Liberal Strategies of Exclusion Politics and Society, vol. 18, n° 4, 1990,
ting, and Imperial Administration, Durham, NC, Duke, 1993, pág. 105. págs. 429-430.
DEL EUROCENTRISMO AL POLICENTRISMO 45
44 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
hay Tercer Mundo sin Primer Mundo, y no hay Primer Mundo sin Tercer Mundo. Cine del Tercer Mundo
La lucha Primer Mundo-Tercer Mundo tiene lugar no sólo entre las naciones sino
dentro de las naciones. En cuanto al cine, el término «Tercer Mundo» parece apropiado ya que llama la
Pero, incluso dentro de la actual situación de «hegemonías dispersas», por usar atención respecto a la enorme cantidad de producciones cinematográficas de Asia,
las palabras de Arjun Appadurai,44 el hilo histórico o la inercia de la dominación oc- África, Latinoamérica y al cine minoritario del Primer Mundo. Del mismo modo
cidental sigue teniendo una presencia poderosa. A pesar de sus problemas, el térmi- que la gente de color forma la mayoría global, así los cines de la gente de color for-
no «Tercer Mundo» conserva un valor heurístico como una etiqueta para identificar man la mayoría del cine, y es sólo la idea de Hollywood como el único cine «de ver-
las «formaciones imperializadas» (incluidas algunas dentro del Tercer Mundo), y dad» lo que oculta este hecho. Por su parte, hay quienes, como Roy Armes, definen
da de este modo el estatus de mayoría a un grupo que constituye tres cuartas partes (en 1987) el «cine del Tercer Mundo» de manera general como el conjunto de pelí-
de la población mundial. Los países de Latinoamérica, Asia, y África sufren una culas producidas por países del Tercer Mundo; hay otros, como Paul Willemen (en
«exclusión del poder de decisión y una experiencia opresiva del desarrollo global y 1989), que prefieren hablar de «Tercer Cine» como un proyecto ideológico, es de-
de la industrialización, que hace que sus economías estén obligadas a ser comple- cir, como un conjunto de filmes que se apuntan a un cierto programa estético y
mentarias de las de los países capitalistas avanzados». 45 Según datos de la ONU, el político, estén o no estén producidos por las mismas gentes del Tercer Mundo. La
Primer Mundo, aunque en él sólo vive una quinta parte de la población mundial, noción de «Tercer Cine» surge de la revolución cubana, desde el peronismo y la
disfruta del 60% de la riqueza global, que en buena medida ha sido sacada del Ter- «tercera vía» de Perón, en Argentina, y de movimientos cinematográficos como el
cer Mundo. 46 Cinema Novo de Brasil. Estéticamente, el movimiento tiene influencias de corrien-
Desde el punto de vista económico y geopolítico, además, el término «Tercer tes tan diversas como el Montaje Soviético, el teatro épico brechtiano, el neorrea-
Mundo» tiene ciertas ventajas comparado con otras expresiones. Aunque la polari- lismo italiano, e incluso el «documental social» de Grierson. El término fue lanza-
dad «Norte-Sur» describe útilmente el mundo como una división entre ricos y po- do como una consigna de lucha a finales de los·sesenta por Fernando Solanas y
bres, por la cual las economías de mercado industriales (el Primer Mundo) y las an- Octavio Getino, quienes definen el Tercer Cine como «el cine que reconocen [la lu-
tiguas econorrúas no regidas por el mercado (Segundo Mundo) forman la mayoría cha antiimperialista del Tercer Mundo y sus equivalentes dentro de los países im-
de los consumidores de materias primas producidas por el Tercer Mundo y situadas perialistas] (... ) como la manifestación cultural científica y artística más gigantesca
en su mayor parte en el hemisferio sur, no por eso deja de ser engañosa no sólo por- de nuestro tiempos( ... ) en una palabra, la descolonización de la cultura». 47 Aunque
que algunos países ricos (como Australia) están situados en el Sur, sino también por el «Tercer Cine» y el «Cine del Tercer Mundo» no sean entendidos como entidades
la corriente de «tercermundialización» de un Segundo Mundo que depende cada preconstituidas «esenciales», sino como proyectos colectivos que se están creando,
vez más de Occidente. La polaridad Norte-Sur también deja de lado el hecho de que nos parece que ambos conceptos son útiles por el uso polémico y táctico que se pue-
fue el Primer Mundo y no el Segundo Mundo el que explotó de manera más atroz al de hacer desde una práctica cultural con tendencias políticas.
Tercer Mundo. Finalmente, la idea de naciones «proletarias» frente a naciones Desde el punto de vista puramente taxonómico, podemos establecer varias áreas
«burguesas» esconde la naturaleza clasista y patriarcal de los tres mundos. El tér- de significado con elementos en común:
mino «Tercer Mundo», como los otros, entonces, sólo es útil a nivel esquemático~
debe ser visto como provisional e ilustra sólo en parte una realidad. Mantendremos l. Un núcleo de películas «tercermundistas» producidas por y para los pueblos
la expresión «Tercer Mundo», por tanto, para señalar tanto la inercia silenciosa del del Tercer Mundo (sin importar dónde estén) y que se adhieren a los princi-
colonialismo y la colectividad vigorizante de una crítica radical, pero con la salve- pios del «Tercer Cine».
dad de que el término oculta cuestiones fundamentales de raza, clase, género y cul- 2. Un círculo más amplio de producciones cinematográficas de pueblos del
tura. Al mismo tiempo, quisiéramos reivindicar un marco conceptual más flexible Tercer Mundo (definidas con retroactividad como tales) se adhieran o no las
que acomodara dinámicas diferentes e incluso contradictorias de diversas partes del películas a los principios del Tercer Cine y sin tener en cuenta el período en
mundo. que se hicieron.
3. Otro círculo de películas hechas por gente del Primer o del Segundo Mundo
en apoyo de los pueblos del Tercer Mundo y que se adhieren a los principios
del Tercer Cine.
44. Un concepto relacionado, las «hegemonías repartidas», de Inderpal Grewal, aparece menciona- 4. Un círculo final, de estatus un tanto anómalo, que es a la vez un cine «de
do por Grewal y Kaplan en su «lntroduction: Transnational Feminist Practices and Questions of Post- dentro» y «de fuera» y que comprende películas híbridas de la diáspora re-
modemity», que aborda la relación entre lo «local» y lo «global».
45. Véase Pierre Jalee, The Third World in World Economy, Nueva York, Monthly Review Press,
1969, págs. ix-x. 47. Véase Fernando Solanas y Octavio Getino, «Towards a Third Cinema», en Bill Nichols (comp.),
46. Citado en ibid., págs. 3-8. Movies and Methods, vol. 1, Berkeley, University of California Press, 1976.
48 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN DEL EUROCENTRISMO AL POLICENTRISMO 49
ciente, como por ejemplo las de Mona Hatoum o Hanif Kureishi, que ambos cons- Mundo. A la vez, la diversificación de los modelos estéticos ha significado que los
truyen basándose en y cuestionando las convenciones del «Tercer Cine». cineastas han descartado en parte el modelo tercermundista didáctico predominante
en los años sesenta en favor de «políticas del placer» posmodemas donde se incor-
Con mucho, la categoría más grande sería la segunda: las producciones cine- poran la música, el humor y la sexualidad. Esta diversificación es evidente incluso en
matográficas de países a los que ahora designamos del «Tercer Mundo». Este gru- trayectorias de cineastas individuales, entre la austera Vidas secas (1963), de dos
po incluiría las importantes industrias cinematográficas de países como India, Egip- Santos, y su exuberante Na estrada da vida (1980), o entre el Solanas combativo de
to, México, Argentina y China, así como las industrias surgidas después de la La hora de los hornos (1968) y su lúdico Tangos: exilio de Gardel (1983).
independencia o la revolución como Cuba, Argelia, Senegal, Indonesia y muchas En los estudios cinematográficos, el sinónimo de eurocentrismo es hollywood-
otras. Lo que nosotros llamamos ahora «Cine del Tercer Mundo» no empezó en los centrismo. Un manual sobre el cine clásico nos dice que «debido a la imitación a es-
años sesenta, como a menudo se cree. Incluso antes del principio del siglo xx, el cala mundial del modo de producción de Hollywood, otras prácticas alternativas
cine era un fenómeno mundial, al menos en lo que al consumo se refiere. Por ejem- han dejado de ser lanzadas a escala industrial. No existe una alternativa pura y ab-
plo, el cinematógrafo Lumiere no fue sólo a Londres o Nueva York sino también a soluta a Hollywood». 48 La formulación hasta cierto punto tautológica --como toda
Buenos Aires, a la ciudad de México y a Shanghai. La bela epoca cinematográfica la industria imita a Hollywood, entonces no hay alternativa- hace de Hollywood el
del Brasil ocurrió entre 1908 y 1911, antes de que se introdujeran en el país las com- centro de referencia de la historia del cine, cuando de hecho la producción de cine
pañías de distribución norteamericanas tras la Primera Guerra Mundial. En los años capitalista apareció más o menos a la vez en muchos países, incluidos los que aho-
veinte, en India se producían más películas que en Gran Bretaña. Países como Fili- ra llamamos países del «Tercer Mundo». La formulación hollywoodcéntrica redu-
pinas producían más de cincuenta películas al año en los años treinta, Hong Kong ciría la gigantesca industria cinematográfica de la India, que produce más películas
hacía más de 200 filmes al año en los años cincuenta y Turquía casi 300 películas al que Hollywood y cuya estética híbrida mezcla los códigos de continuidad y los va-
año en los años setenta (un rasgo importante de la producción del Tercer Mundo es lores de producción de Hollywood con los valores antiilusionistas de la mitología
la presencia de directoras y productoras: Aziza Amir y Assia Daghir en Egipto; Car- hindú, a una mera «imitación» de Hollywood. Incluso esa rama de los estudios ci-
men Santos y Gilda de Abreu en Brasil; Emilia Saleny en Argentina y Adela Se- nematográficos que es crítica con Hollywood a menudo pone a Hollywood como un
queyro, Matilde Landeta, Cándida Beltrán Rondón y Eva Lirninano en México). El tipo de lengua de la que las formas restantes no son más que variantes dialectales;
«Cine del Tercer Mundo», tomado en un sentido amplio, lejos de ser un apéndice así la vanguardia se convierte en un carnaval de negaciones del cine dominante.
marginal del cine del Primer Mundo, produce de hecho la mayoría de los largome- Así pues, a pesar de su posición hegemónica, Hollywood sólo contribuye a una
trajes en el mundo. Si uno excluye las películas hechas para la televisión, India es el pequeña parte de la producción mundial anual de largometrajes. Aunque sea dis-
líder mundial de películas de ficción, ya que allí se estrenan entre 700 y 1.000 lar- cutible que el cine del Tercer Mundo sea un cine para mayorías, es cierto que ape-
gometrajes al año. Si contamos a los países asiáticos juntos, éstos producen más de nas tiene presencia en cines, tiendas de vídeo o incluso en cursos universitarios de
la mitad del total mundial anual. Birmania, Pakistán, Corea del Sur, Tailandia, Fili- cine, y cuando se enseña normalmente está marginado. Quisiéramos proponer, por
pinas, Indonesia y Bangladesh producen cada uno más de cincuenta películas al tanto, la multiculturalización de los planes de estudio de los estudios cinematográ-
año. Desgraciadamente, las Historias del Cine «nonnales», los medios de comuni- ficos. Incluso bajo la presente organización de los estudios (cines nacionales, auto-
cación en general, por no decir nada de las tiendas de alquiler de vídeo ni los multi- res, géneros y teoría), se pueden preparar fácilmente cursos de ámbito nacional so-
cines, apenas prestan ninguna atención hacia esa abundancia fílmica. bre los cines de India, China, Egipto, México y Senegal; cursos sobre cine de autor
Entre las tendencias más destacables de los últimos años, destaca un notable in- con cineastas como Ray, Sembene, Chahine, Rocha; cursos sobre géneros como el
cremento de la producción fílmica de Asia; la emergencia de gigantes mediáticos en melodrama que incluiría no sólo ejemplos norteamericanos sino también egipcios,
México y Brasil (la Rede Globo de Brasil es hoy la cuarta red audiovisual del mun- indios, filipinos y argentinos (junto a las telenovelas mexicanas y brasileñas); cur-
do); la aparición (y el posterior declive) de producción centralizada y subvencionada sos sobre musicales que incluirían las chanchadas brasileñas, las películas argenti-
por el estado en países tanto del ámbito socialista como capitalistas (Cuba, Argelia, nas de tangos, las películas mexicanas de cabareteras, las películas de bailarinas
México, Brasil), y la aparición de instituciones y países del Primer Mundo (Gran egipcias, las «mitológicas» hindúes, junto a las producciones típicas de Hollywood;
Bretaña, Japón, España, Canadá, Francia, Holanda, Italia y Alemania) como fuentes cursos de teoría feminista que incluirían el trabajo de Sara Maldorod, María Nova-
de financiación de cineastas del Tercer Mundo. Por su parte, las serias crisis de «aus- ro, Parida Ben Lyazid, Tracey Moffat, Sara Gómez, Pratibha Parmar, Laleen Jaya-
teridad» provocadas por el FMI y el colapso de los antiguos modelos desarrollistas manne; cursos sobre cine «poscoloniah> que estudiarían el trabajo de cineastas dias-
han llevado a la «dolarización» de la producción cinematográfica y, por tanto, al au- póricos o del exilio como Raúl Ruiz, Parvaz Sayad, Mona Hatoum, Indu Krishnan,
mento de coproducciones internacionales o a la búsqueda de formatos alternativos
como el vídeo. Además, el exilio voluntario o forzoso de cineastas del Tercer Mun-
48. David Bordwell, Janet Staiger y Kristin Thompson, The Classical Hollywood Cinema, Nueva
do ha generado una especie de cine del Tercer Mundo diaspórico dentro del Primer York, Columbia University Press, 1985.
50 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN DEL EUROCENTRISMO AL POLICENTRISMO 51
Hanif Kureishi, Haile Gerima, y de movimientos como el cine «Black British» y el portadores culturales. La versión de la televisión india del Mahabarata obtuvo un 90
cine francés «Beur». por ciento de las audiencias durante los tres años que duró 49 y la Rede Globo de Bra-
A pesar de la imbricación del «Primer» y del «Tercer» mundos, la distribución sil ahora exporta sus telenovelas a más de ochenta países en todo el mundo. Uno de
global de poder todavía tiende a considerar a los países del Primer Mundo «transmi- los grandes éxitos televisivos en la nueva Rusia es la venerable telenovela mexicana
sores» y a reducir a la mayoría de los países del Tercer Mundo al papel de «recep- Los ricos también lloran. Además, debemos distinguir entre la propiedad del control
tores» (una consecuencia de esta situación es que las minorías del Primer Mundo tie- de los media, que es un asunto de economía política, y la cuestión específicamente
nen el poder de proyectar sus proyecciones culturales por todo el mundo). En este cultural de las implicaciones de esta dominación para los receptores. La teoría de «la
sentido, el cine hereda las estructuras establecidas por la infraestructura de comuni- jeringuilla» es inadecuada para el Tercer Mundo como lo es para el Primero. Prime-
caciones del imperio, las redes de telégrafo y de teléfono y los aparatos de informa- ro, en todas partes los espectadores participan activamente con textos y las comuni-
ción que ligan los territorios coloniales a la metrópolis, permitiendo a los países im- dades específicas incorporan y transforman las influencias extranjeras. Para Aljun
perialistas controlar las comunkaciones globales y modelar la imagen de lo que pasa Appadurai, la situación cultural global es ahora más interactiva; los Estados Unidos
en el mundo. En el cine, este proceso homogeneizador se intensificó de manera bre- ya no son los dominadores de un sistema mundial de imágenes, sino sólo un modo de
ve después de la Primera Guerra Mundial, cuando las compañías de distribución de construcción transnacional compleja de «paisajes imaginarios». En esta nueva con-
los Estados Unidos (y en segundo término, las compañías europeas) empezaron a jetura, dice, la invención de la tradición, etnicidad y de otros marcadores de etnici-
dominar los mercados del Tercer Mundo, proceso que se aceleró aún más después dad se convierte en «resbaladiza pues la búsqueda de certezas se ve frustrada por los
de la Segunda Guerra Mundial, con el crecimiento de las corporaciones de medios flujos de comunicación transnacional». 50 Ahora el problema principal es el de la ten-
de comunicación transnacionales. La continuada dependencia económica de los ci- sión entre la homogeneización y la heterogeneización cultural; como bien documen-
nes del Tercer Mundo los hace vulnerables a las presiones neocoloniales. Por ejem- tan analistas marxistas como Mattelart y Schiller, las tendencias hegemónicas son si-
plo, cuando los países dependientes intentan fortalecer sus propias industrias cine- multáneamente «indigenizadas» dentro de una economía cultural global disyuntiva y
matográficas poniendo barreras a las películas extranjeras, entonces los países del compleja. Al mismo tiempo, añadiríamos, los modelos de dominación canalizan in-
Primer Mundo pueden amenazar con represalias otros temas económicos como los cluso los «flujos» de un mundo «multipolar»; esa misma hegemonía que unifica el
precios o la compra de las materias primas. Las películas de Hollywood, además, a mundo a través de las redes globales de bienes circulantes y de información también
menudo cubren sus gastos en el mercado doméstico y pueden por lo tanto colocarse los distribuye según estructuras jerárquicas de poder, incluso si esas hegemonías son
en los países del Tercer Mundo a precios muy bajos. ahora mucho más sutiles y están más dispersas.
Mientras el cine del Tercer Mundo está inundado de series de TV, música po-
pular, programas de noticias y películas norteamericanas, el Primer Mundo no reci-
be casi nada de la vasta producción del Tercer Mundo, y lo que recibe viene nor- El Cuarto Mundo y los medios de comunicación indígenas
malmente a través de corporaciones transnacionales. Un claro indicador de esta
americanización global es que incluso las compañías aéreas de países del Tercer El concepto de «Tercer Mundo» también oculta la presencia de un «Cuarto
Mundo programan comedias de Hollywood, de modo que un avión de las líneas Mundo» que existe dentro de todos los otros mundos; a saber, los pueblos a los que
aéreas de Tailandia con destino a India, lleno de musulmanes, hindúes y sijs, exhi- se denomina de forma variada como «indígenas», «tribus» o «primeras naciones»;
be Cariño, he encogido a los niños (Honey, 1 Shrunk the Kids, 1989) como su idea
de «universal». Por supuesto, estos procesos no son enteramente negativos. Las 49. Véase Mark Schapiro. «Bollywood Babylon», lmage, 28 de junio de 1992.
mismas multinacionales que diseminan intrascendentes películas de éxito y teleco- 50. Appadurai sugiere cinco dimensiones para estos flujos culturales globales:
medias enlatadas también difunden músicas de la diáspora africana como el reggae l. El paisaje étnico (el paisaje de las personas que constituyen el mundo cambiante en el que vive la
y el rap alrededor del mundo. El problema no está en el intercambio sino en las de- gente).
siguales condiciones en que el intercambio tiene lugar. 2. El paisaje tecnológico (la configuración global de las tecnologías que se mueven a gran velocidad
Al mismo tiempo, la tesis del imperialismo de los medios de comunicación ne- y a través de fronteras que antes eran impermeables).
3. El paisaje financiero (la coordenada global de especulación monetaria y de transferencias de capi-
cesita ser drásticamente ajustada en la era contemporánea. Primero, es simplista ima- tales).
ginar un Primer Mundo activo que fuerza de manera unilateral sus productos en un 4. El paisaje mediático (la distribución de las capacidades de producir y diseminar información y el
Tercer Mundo pasivo. Segundo, la cultura de masas global no es que sustituya a la complejo repertorio de imágenes y narrativas que generan estas capacidades).
cultura local sino que coexiste con ella proporcionando una lengua franca cultural 5. El paisaje ideológico (las ideologías de los estados y las contraideologías de los movimientos en
torno a las cuales las naciones-estado han organizado sus culturas políticas).
con un acento «local». Tercero, hay importantes corrientes que empujan en otras di-
recciones como demuestran la existencia de países del Tercer Mundo (México, Bra- Véase Arjun Appadurai, «Disjunction and Difference in the Global Cultural Economy», Public Cul-
sil, India y Egipto) que dominan su propios mercados e inclusos se convierten en ex- ture, vol. 2, n° 2, primavera, 1990, págs. 1-24.
52 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN DEL EUROCENTRISMO AL POLICENTRISMO 53
en resumidas cuentas, los descendientes de los habitantes originarios que aún viven un modo de vida y subyugar -si no diezmar- a poblaciones enteras. La justifica-
en los territorios dominados o bien por la conquista o por la colonización.5 1 Hay ción moral tras la que se escudaba tal práctica a menudo se formulaba mediante el
unas 3.000 naciones de indígenas, que representan a 250 millones de personas, se- darwinismo social de «la ley del más fuerte» y el imparable avance del «progre-
gún algunos cálculos, y están repartidas por 200 estados que ejercen soberanía so- so». 56 Lo que se esperaba de los pueblos indígenas es que se marchitaran bajo la luz
bre ellas 52 (en un sentido más amplio, por supuesto, todos los pueblos pueden retro- del progreso europeo. Tampoco es que los pueblos indígenas fueran «salvados» por
traerse a algún tipo de comunidad indígena, todos dependen de la tierra y todos la descolonización. Los gobiernos del Tercer Mundo han sometido brutalmente a
están ligados a un destino planetario). Como comunidades de naciones sin estado, los pueblos del Cuarto Niundo como cuando el gobierno de Uganda «abolió» a fi-
los pueblos indígenas apenas aparecen por la pantalla global y a menudo no se les nales de los años sesenta al pueblo de cazadores-recolectores ik sacándolos de sus
identifica siquiera con los nombres que ellos mismos han escogido; al contrario, se tierras en camiones. 57 Este proceso, sin embargo, no es inevitable, y a veces ha sido
les llama «rebeldes» «guerrilleros» o «separatistas» o gente que está involucrada en invertido gracias al activismo político. El gobierno brasileño, después de haber per-
«guerras civiles». 53 Los pueblos del Cuarto Mundo, como naciones a veces sobera- mitido durante muchos años la invasión de tierras indígenas, ha declarado enormes
nas a pequeña escala, tienden a practicar la propiedad y la custodia comunal de la extensiones de terreno prohibidas cediendo un territorio del tamaño de Suiza a los
tierra, el cuidado de los niños es una tarea compartida por la comunidad, y produ- kayapo del Amazonas y un territorio del tamaño de Portugal a los yanomami. Tam-
cen de manera cooperativa. A diferencia de las culturas basadas en el consumo que bién Ecuador ha concedido a los indígenas la administración de una franja de selva
están orientadas hacia la acumulación y la expansión, las sociedades del Cuarto del tamaño aproximado de Connecticut.
Mundo están preparadas para satisfacer necesidades de subsistencia, y usan una va- Recientemente, la gente del Primer Mundo se ha sensibilizado respecto a la si-
riedad de mecanismos culturales para repartir la riqueza y evitar la concentración de tuación de los pueblos del Cuarto Mundo, y las campañas de movilización en tomo
bienes materiales. a la crisis ecológica global han puesto de manifiesto que los pueblos indígenas a
Hasta 1820, los pueblos indígenas aún controlaban la mitad del planeta, pero su menudo han sabido guardar mejor los recursos naturales (los monumentos de tales
número ha disminuido a raíz de las arremetidas de las naciones-estado europeas y civilizaciones, como dice Daryl Posey, no son ciudades y templos, sino, por el con-
no europeas. 54 Como escribió Charles Darwin, «dondequiera que ha ido el hombre trario, el entorno natural mismo). 58 Para bien o para mal, esta preocupación ha sido
europeo, la muerte parece acechar al aborigen». 55 Aunque la guerras contra los in- llevada a la pantalla por cineastas en películas de ficción con conciencia ecológica
dios, tal como ilustraban los westerns de Hollywood de manera distorsionada para como La selva esmeralda (The Emerald Forest, 1985), Iracema (1975), Quarup
que parecieran un «destino evidente», son los ejemplos más conocidos de las gue- (1989), Jugando en los campos del Señor (At Play in the Fields ofthe Lord, 1989),
rras de los europeos contra pueblos tribales, ha habido guerras similares en Latinoa- e incluso Lambada, el baile prohibido (The Forbidden Dance, 1990). Los pueblos
mérica (por ejemplo las campañas militares contra los indios araucanos y tehuel- del Cuarto Mundo han desempeñado papeles en documentales del Primer Mundo,
ches en Chile y en Argentina), en África (las campañas de los alemanes contra los como por ejemplo When the Mountains Tremble (1983), que es un testimonio de Ri-
herero) Y en Asia (donde las campañas contra los pueblos tribales fueron llevadas a goberta Menchú y de los pueblos indígenas de Guatemala, y en filmes del Tercer
cabo por los japoneses en Formosa, por los franceses en Indochina y por los britá- Mundo. En los años cincuenta y sesenta, la escuela de Cuzco de Perú hizo películas
nicos en Birmania y Assam). A diferencia de las guerras convencionales, estas gue- de ficción en las que se incorporaban elementos del documental como Kukuli
rras eran esencialmente guerras «etnocidas» pues su finalidad era la destrucción de (1961) y Jarawu (1966) en quechua. En Bolivia, Jorge Sanjinés ha realizado largo-
metrajes como Ukamau (1966) en aymará, y La sangre del cóndor (Yawar Mallku,
51. Para una definición más completa, véase el «Special Rapporteur on the Problem of Discrimina-
tion against lndigenous Populations for the UN Sub-Commission on Prevention of Discrimination and 56. En 1907, Paul Rohrbach justificaba la política alemana de apropiarse las m~jores tierras de los
Protection of Minorities», resumido y citado en Saddruddin Aga Khan y Hassan bin Tala!, Indigenous herero así:
Peoples: A Global Questfor Justice, Londres, Zed, 1987. El término «Cuarto Mundo» ha sido utilizado
de muy diversas maneras. El discurso de la economía global a veces lo usa para referirse a los países del Para gente del nivel cultural de los nativos del Sur de África, la pérdida de la libre barbarie nacional y
Terc~r Mundo sin apenas recursos, mientras que Gordon Brotherston lo usa para referirse al continente el desarrollo de una clase de trabajadores al servicio y dependencia de los blancos es fundamentalmen-
amencano como «el cuarto continente», después de Asia, Europa, y África. Véase Brotherston, Book oj te una ley de vida de primera magnitud.
the Fourth World, Cambridge, Cambridge University Press. 1992.
52. Jason W. Clay calcula que hay 5.000 naciones de este tipo esparcidas por el mundo.Véase su Citado en John H. Wellington, South West Africa and Its Human /ssues, Oxford, Oxford University
«People, Not States, Make a Nation», Mother iones, noviembre-diciembre de 1990. Press, 1967, pág. 196.
53. Cultural Sun,ival Quarterly, citado en Jerry Mander, In the Absence ofthe saCJ·ed: The Failure 57. Véase Colin M. Tumbull, The Mountain People, Nueva York, Simon and Schuster, 1972.
oj Technol~gy and the Survival oj the Indian Nations, San Francisco, Sierra Club, 1992, pág. 6. 58. Citado en Julian Burger, The Gaia Atlas of First Peoples, Nueva York, Doubleday, 1990, pág. 34.
54. V~ase John H. Bodley, Victims oj Progress, Mountain View, Calif., Mayfield. 1990, pág. 5. Una gran proporción de las medicinas obtenidas de plantas usadas en todo el mundo fueron descubiertas a
55. Citado en Herman Merivale, Lectures ofColonization and Colonies, Londres, Green, Longman raíz de los hallazgos de la medicina indígena. Los hanunno de las Filipinas, por ejemplo, reconocen 1.600
and Roberts, 1861, pág. 54l. especies de plantas en sus bosques, 400 más que los científicos que trabqjan en la misma zona.
54 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN DEL EUROCENTRISMO AL POLICENTRISMO 55
de los parisinos, midiendo sus cráneos e interrogándoles sobre sus extrañas costum-
bres. Algunas películas brasileñas de los años setenta como Congo (1977), de Artur
Ornar, se burlaban de que los cineastas eurobrasileños pudieran decir nada de valor
sobre la cultura afrobrasileña o indígena. En la película de Sergio Bianchi Mato
eles? (1983 ), un venerable indio le pregunta al director cuánto dinero exactamente
va a sacar de la película, que es la pregunta inconveniente que en el proceso de edi-
ción va directamente al cubo de la basura. Así que el cineasta acepta algunos de los
riesgos de un diálogo real, de desafío potencial de los interlocutores. La cuestión
cambia de cómo uno representa «al otro», a cómo uno colabora con «el otro» en un
espacio compartido. Garantizar 1a participación efectiva del «otro» en todas las fa-
ses de producción pasa a ser el objetivo que raramente se consigue.
El desarrollo reciente más destacable ha sido la aparición de los «medios de co-
municación indígenas», es decir, el uso de tecnología audiovisual (cámaras y repro-
ductores de vídeo) para propósitos culturales y políticos de los pueblos indígenas. El
sintagma es un oxímoron, como señala Faye Ginsburg, pues evoca tanto el entendi-
miento de los propios grupos aborígenes como las vastas estructuras institucionales
de la televisión y el cine. 60 Dentro de los «medios de comunicación indígenas», los
productores son los receptores, junto con las comunidades vecinas y, de vez en cuan-
do, lejanas instituciones culturales o festivales como los festivales de cine de los in-
dios americanos que se celebran en Nueva York y en San Francisco. Los tres centros
más activos de producción indígena en los medios de comunicación son los indíge-
l. Mercantilización en el Amazo-
nas de Norteamérica (inuit, yup'ik), los indios de la cuenca amazónica (nambiquara,
nas: Iracema.
kapayo) y los aborígenes australianos (warlpiri, pitjanjajari). En 1982, la Inuit Broad-
casting Corporation (IBC) empezó a emitir una programación regular de televisión
1969) en quechua, con la colaboración de los pueblos indígenas mismos. Esta úl- para apoyar la cultura inuit y divulgarla por todo el norte de Canadá. Según cuenta
tima película, por ejemplo, trata de las revueltas indígenas populares contra la po- Kate Madden, la programación inuit evidencia los valores culturales inuit. El pro-
lítica de esterilización apoyada por los Estados Unidos. Los pueblos del Cuarto grama de noticias Qagik (Reunión), por ejemplo, difiere sobremanera de las normas
Mundo aparecen más a menudo en «películas etnográficas», que últimamente han y convenciones occidentales pues se evita contar historias que puedan causar moles-
intentado despojarse de cualquier vestigio de actitudes colonialistas. Mientras en tias a una familia o que se entrometan en su vida privada, y también se abstiene de
las antiguas películas etnográficas la voz del narrador en off, segura de sí misma y reflejar cualquier tipo de jerarquía entre los corresponsales y los presentadores. 61
con tono «científico», enseñaba la «verdad» sobre sujetos de esos pueblos que no Los «medios de comunicación indígenas» suponen un vehículo que dota de
podían contestar (mientras a veces se les empujaba a actuar para el espectador rea- ciertos poderes a las comunidades que están luchando contra los desplazamientos
lizando prácticas que estaban fuera de uso), las nuevas películas etnográficas inten- geográficos, el deterioro económico y ecológico y la aniquilación cultural. 62 Aun-
tan conseguir un «cine participativo», «antropología dialógica», «distancia reflexi- que en algunas ocasiones están subvencionados por gobiernos liberales o por gru-
va» y «cine interactivo». 59 Esta nueva «modestia» de los cineastas se ha puesto de pos de apoyo internacionales, estos medios suelen operar a pequeña escala, con
manifiesto al experimentar el artista una duda sobre su propia capacidad de hablar presupuestos muy bajos y equipos locales. Los autores de películas y de vídeos se
«por» el otro, en un buen número de documentales y filmes experimentales que des- enfrentan a lo que Ginsburg denomina un «dilema faustiano»; por un lado, usan nue-
cartan el elitismo encubierto del modelo etnográfico o pedagógico en favor de una
aquiescencia de lo relativo, lo plural y lo contingente. 60. Véase Fa ye Ginsburg, «Aboriginal Media and the Australian Imaginary», Public Culture,
El desafío reflexivo de la representación típica de filmes más recientes como voL 5, n° 3, primavera de 1993.
Reassemblage (1982) fue anticipada en Petit a petit (1969), donde Jean Rouch hace 61. Véase Kate Madden, «Video and Cultural Identity: The Inuit Broadcasting Experience» en Feli-
pe Korsenny y Stella Ting-Toomey (comps.), Mass-Media Effects across Cultitres, Londres, Sage, 1992.
que el protagonista africano, Damoure, «haga antropología» entre la «extraña tribu» 62. Los medios de comunicación indígenas han permanecido fuera del alcance del público del Pri-
mer Mundo a excepción de los contados festivales (por ejemplo, los festivales de vídeo de los indígenas
59. Véase, por ejemplo, David MacDougall, «Beyond Observational Cinema», en Paul Hockings americanos que tienen lugar regularmente en San Francisco y en Nueva York, o el Festival de Cine de
(comp.), Principies ofvisual Anthropology, La Haya, Mouton, 1975. los Pueblos Indígenas Latinoamericanos que tiene lugar en México y en Río de Janeiro).
56 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
DEL EUROCENTRISMO AL POLICENTRISMO 57
vas tecnologías para la afirmación cultural pero, por otro lado, diseminan el uso de
una tecnología que sólo puede albergar su propia desintegración. Importantes ana- triones, por ejemplo-. En estas películas/vídeos, el espectador «de fuera» ya no es
listas de los medios de comunicación indígenas como Ginsburg y Terence Turner un interlocutor privilegiado; el vídeo es más que nada un facilitador de los inter-
ven tal trabajo no como algo cerrado en un mundo tradicional sino más bien como cambios entre los grupos indígenas. A un nivel secundario, a «los de fuera» se les
algo relacionado con «mediar entre límites, mediar rupturas del tiempo y la historia permite ver esos intercambios e incluso apoyar la causa (económicamente o de cual-
y contribuir al proceso de construcción de la identidad mediante la negociación «de quier otra manera) pero no hay narrativa romántica redentora que despierte la
poderosas relaciones con la tierra, el mito y el ritual». 63 A veces el trabajo va más conciencia de un espectador que de algún modo «salvará el mundo». En estos ví-
allá de la mera afirmación de la identidad y se convierte en «un medio de invención deos, el espectador no indio se tiene que acostumbrar a «indios» que se ríen, son
cultural que refleja y combina elementos de las sociedades minoritarias y las domi- irónicos y que están dispuestos a declarar la absoluta necesidad de matar a los inva-
nantes».64 Los medios de comunicación indígenas superan así la jerarquía antropo- sores no indios.
lógica normal de científico-antropólogo-cineasta por un lado, y objeto de estudio y Entre los grupos más avispados de indígenas respecto al uso de los medios de
de espectáculo por el otro. Al mismo tiempo, «los medios de comunicación indíge- comunicación están los kayapo, un grupo de hablantes de la lengua go del centro de
nas» no deberían ser vistos como la panacea ni de los problemas concretos con que Brasil que vive en catorce comunidades repartidas por una zona del tamaño de Gran
se encuentran los indígenas ni de las aporías de la antropología. También pueden Bretaña. Cuando un equipo de documental de Granada Television fue a Brasil a fil-
hacer que se produzcan divisiones entre diversas facciones dentro de las comunida- mar a los kayapo en 1987, éstos pidieron cámaras de vídeo, reproductores, monito-
des indígenas, y ser utilizados por los medios de comunicación internacionales res y cintas como retribución por su cooperación. Subsecuentemente han usado el
como símbolos simplistas de las ironías de la era posmoderna. 65 Las imágenes am- vídeo para grabar sus propias ceremonias tradicionales, manifestaciones y encuen-
pliamente diseminadas de los kayapo empuñando sus videocámaras, que aparecie- tros con funcionarios (como equivalente de un documento legal). Han documenta-
ron en Time y el New York Times Magazine, tienen el poder de sorprender que par- do su conocimiento tradicional del entorno forestal, y planean grabar la transmisión
te de la premisa de que los «nativos» deben ser pintorescos y alocrónicos; los ipdios de mitos y de historia oral. Para los kayapo, como dice Turner, el vídeo se ha con-
«de verdad» no llevan cámaras de vídeo. vertido «no sólo en un medio de representación de la cultura( ... ) sino en el fin de
En Brasil, el Centro de Trabalho Indigenista y Mekaron Opoi D'joi (Los Crea- una acción social y en la objetivación de la conciencia». 66 Los kayapo no sólo man-
dores de Imágenes) han estado colaborando con los indígenas, enseñándoles reali- daron una delegación a la Convención Constitucional Brasileña para ejercer presión
zación y edición y ofreciéndoles tecnología y material para proteger el territorio in- sobre los delegados que debatían los derechos de los indígenas, sino que también se
dígena y consolidar la resistencia. En O Espirito da Televisiio (1991), los miembros grabaron a sí mismos en ese proceso con lo que consiguieron la atención interna-
de la tribu waipai, a los que se les acaba de enseñar qué es una televisión reflexio- cional para su causa.
nan sobre los diferentes usos del vídeo para ponerse en contacto con otras tribus y En el documental de Granada Television Kayapo: Out ofthe Forest (1989), ve-
defenderse contra la invasión de los agentes federales, los buscadores de oro y los mos a los kayapo y a otros pueblos indígenas realizar un ritual en protesta por la
madereros. Tomando un enfoque eminentemente pragmático, los waipai piden a construcción de una presa hidroeléctrica (si el ingeniero de La selva esmeralda
los cineastas que oculten su debilidad del mundo exterior; «exagera nuestra fuerza destruye la presa que él mismo ha diseñado, los kayapo intentan evitar que presas
-dicen- para que los blancos no ocupen nuestra tierra». En Arco de Zo 'e ( 1993 ), como ésa nunca se lleguen a construir). Uno de los líderes, el jefe Pombo, señala
el jefe Wai-Wai explica su visita a los Zo'e, un grupo con el que se ha establecido que el nombre de la presa (Kararao) procede del grito de guerra kayapo. Otro jefe,
contacto recientemente y al que los Waipai sólo habían conocido a través de sus Raoni, logra llamar la atención de los medios de comunicación internacionales al
imágenes de vídeo. Los dos grupos comparan técnicas de caza y de tejer, comidas aparecer con la estrella de rock Sting. Hay un momento en que una mujer le pone
rituales, mitos e historia. La película comunica la diversidad de las culturas indíge- el machete en la cara al portavoz de la compañía mientras le riñe en kayapo. Otra
nas -al jefe Wai-Wai le cuesta acostumbrarse a la desnudez absoluta de sus anfi- mujer, en un destacado ejemplo de escritura colonialista, le dice al portador que
tome nota de su nombre ya que ella será una de las que mueran a causa de la pre-
sa. El espectador enamorado de la «modernidad» se plantea la asociación inmedia-
63. Faye Ginsburg, «Indigenous Media: Faustian Contract or Global Village?», Cultural Anthro-
ta entre la presa hidroeléctrica y las fuerzas del «progreso» que son por definición
pology. vol. 6. n° 1, 1991, pág. 94.
64. !bid. buenas.
65. Para una visión crítica del proyecto kayapo, véase Rache! Moore, «Marketing Alterity», Visual
Anthropology Review, vol. 8, no 2, otoño de 1992, y James C. Faris, «Anthropological Transparency:
Film, Representation and Politics», en Peter Ian Crawford y David Turton (comps.), Film as Ethno-
g raphy, Manches ter, Manches ter University Press, 1992. Para la respuesta de Terence Turner a Fads, vé-
ase Turner, «Defiant Images: The Kayapo Appropriation of "Video"», Forman Lecture, Festival RAI de 66. Véase la descripción que hace Terence Turner de su larga colaboración con los kayapo en
Cine y Vídeo, Manchester, 1992, que aparecerá en Anthropology Today. «Visual Media, Cultural Politics and Anthropological Practice», Independent, vol. 14, n° 1, enero-fe-
brero de 1991.
58 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN DEL EUROCENTRISMO AL POLICENTRISMO 59
abre un espacio analítico para asuntos «internos» candentes como religión, género, Los impulsos que hay detrás de la celebración de la hibridación son asimismo
y orientación sexual, ninguno de los cuales son reducibles a epifenómenos de co- variados. Por un lado, la celebración contrarresta la fetichización colonialista de la
lonialismo o de neocolonialismo. «Postindependencia» celebra el «estado-na- «pureza» racial. El discurso colonialista consideraba a las diferentes razas como es-
ción»; pero, al asumir el poder y la responsabilidad de esos estados, los regímenes pecies diferentes, creadas en momentos distintos, y por lo tanto prohibía la procrea-
del Tercer Mundo también tienen que rendir cuentas. ción entre ellos. La hostilidad al mestizaje se resume en términos peyorativos como
La circulación teórica de «poscolonial» sugiere una superación de «neocolonia- «medio negro/blanco!. .. », «cruce», «ñapango», «zampaigo» y «mulato» (palabra que
lismo» y de «Tercer Mundo» como categorías pasadas de moda, incluso irrelevantes. en inglés connota infertilidad). Pero aunque reaccione contra la manía colonialis-
Sin embargo, estos términos desplazados siguen teniendo cierto significado desde el ta de la pureza, la teoría de la hibridación contemporánea también se contrapone a
punto de vista económico y político, y se difuminan cuando uno se enfrenta con la las definiciones demasiado rígidas que marcan el discurso tercermundista. Como
política en tomo a la cultura modulada de manera diferente. Sustituir «Tercer Mun- nos recuerda la teoría poscolonial, aunque el alambre de espino que separaba la me-
do» por «poscolonial» tiene vent~jas y desventajas. «Tercer Mundo» todavía sugie- dina del barrio europeo de Argel haya desaparecido, no se puede decir lo mismo de
re un proyecto común de resistencias (vinculadas), y ha servido para conferirle po- los vestigios de la cultura francesa. La misma cultura francesa se ha «argelinizado»
deres a coaliciones intercomunitarias de gentes de color del Primer Mundo. Tal vez mientras que los norteafricanos que viven en Europa ocupan un nuevo espacio de
sea este sentido de proyecto de movilización común lo que le falta a «poscolonial». identidad «beur», que no es ni francés puro ni simplemente norteafricano.
Si «poscolonial» y «postindependencia» inciden en la ruptura con el colonialismo, y La celebración de la hibridación (a través de un cambio de valencia de los térmi-
«neocolonial» destaca las continuidades estructurales, «Tercer Mundo» implica que nos estigmatizados) coincide con el nuevo momento histórico de los desplazamien-
la historia compartida del neocolonialismo y el racismo «interno» forman una base tos posteriores a la independencia que han generado identidades duales o múltiples
suficiente en la que formar una alianza. Si no se ven tales causas comunes, entonces (franco-argelino, indo-canadiense, palestino-libanés-británico, indo-ugandés-ameri-
«Tercer Mundo» debe ser descartado. Nuestra afirmación de la relevancia política de cano, egipcio-libanés-brasileño). Como producto de una mezcla conflictiva, las
«neocolonialismo» e incluso de los más problemáticos «Tercer» y «Cuarto Mundo» identidades posteriores a la independencia tienen una carga semántica más fuerte en
no pretende seguir una inercia intelectual sino señalar la necesidad de desplegar to- la unión de esos elementos que, pongamos, las identidades múltiples que surgen de
dos estos conceptos de una manera relacional, contingente y diferencial. No es que un desplazamiento entre países. Además, las identidades diaspóricas no son homo-
un marco conceptual esté «bien» y el otro «mal» sino más bien que cada marco sólo géneas. En algunos casos, hay desplazamientos cualitativamente diferentes que se
aclara de manera parcial las cuestiones. Podemos usarlos como parte de un conjunto acumulan encima de otros desplazamientos previos. Para las comunidades de la
móvil de coordenadas, como un conjunto más flexible de lentes transculturales y dis- diáspora africana, como señala Stuart Hall, los desplazamientos a Europa son resul-
ciplinarias adecuadas a la compleja política de la situación contemporánea mientras tado de una historia traumática sobrepuesta a un desplazamiento que se retrotrae a
mantienen la posibilidad de la acción y la resistencia. 72 la travesía atlántica del comercio de esclavos. 73
Así, la teoría poscolonial, en tanto que estudia identidades sobrepuestas, com- Desde el punto de vista contemporáneo, la teoría poscolonial trata con mucha
plejas, ha dado lugar a multitud de términos que tienen que ver con la mezcla cultu- eficacia las contradicciones culturales generadas por la circulación global de gentes
ral: religiosa (sincretismo), biológica (hibridación), genético-humana (mestizaje), y y de bienes culturales en un mundo interconectado y mediatizado, que tiene como
lingüística (criollización). La palabra «sincretismo» en los escritos poscoloniales resultado un sincretismo «massmediático» y mercantilizado. Hay unas cuantas pe-
destaca las múltiples identidades generadas por los desplazamientos geográficos ca- lículas británicas -Sammy y Rosie se lo montan (Sammy and Rosie Get Laid, 1997),
racterísticos de la era postindependencia y presupone un marco teórico, influencia- Londres me mata (London Kills Me, 1991), La radio pirata (Young Soul Rebels,
do por el postestructuralismo antiesencialista que se niega a definir la identidad de 1991) y The Buddha of Suburbia ( 1993 )-que son testigos de la tensión que se crea
una manera purista. Han sido básicamente los intelectuales de la diáspora, híbridos en la hibridación poscolonial de los oriundos en lo que fue una vez la «madre pa-
ellos mismos (no por coincidencia), quienes han elaborado este marco híbrido. Y tria». En el vecindario multicultural de Sammy y Rosie se lo montan, los habitantes
aunque los temas son viejos -«sincretismo», «hibridación», creolité y mestizaje ya tienen conexiones con las partes antes colonizadas del mundo. Hay muchas pelícu-
fueron invocados hace décadas por los varios modernismos latinoamericanos-, el las que se centran en las diásporas poscoloniales al Primer Mundo: por ejemplo, la
momento histórico es nuevo. diáspora india a Canadá (Massala, 1991) o a los Estados Unidos (Unbidden Voices,
1989; Knowing Her Place, 1990; Mississippi Massala) o la diáspora iraní a Nueva
York (The Mission, 1985). En realidad se podría hablar de un género de películas
72. Para más información sobre «poscolonial», véase Shohat, «Notes on the PostcolonialY> y Anne híbridas poscoloniales. Un festival de películas híbridas mostró filmes y vídeos so-
McClintock, «The Angel of Progress: Pitfalls of the Term "Post-coloniahsm"», Social Text, nos 31-32,
primavera de 1992. págs. 84-98; Ruth Frankenberg y Lata Mani, «Crosscurrents, Crosstalk: Race, "Post-
co1oniality" and the Politics ofLocation», en Cultural Studies, vol. 7, n° 2, mayo de 1993.Véase también 73. Stuart Hall, «Cultural Identity and Cinematic Representation», Framework, n° 36, 1989, págs.
Public Culture, no 5, otoño de 1992. 68-81.
CENTRAL
64 MULT~CULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
DEL EUROCENTRISMO AL POLICENTRISMO 65
bre ghanianos en Inglaterra (Testament, 1988), argelinos en Francia, El té del harén cegenation (del latín «mezclar» -misce- y «raza», «especie» -genus-) tiene
de Arquímedes (Le thé au harem d' Archimede, 1985), y chinos en los Estados Uni- más connotaciones peyorativas que el español mestizaje. El término miscegenation
dos (Full Moon over New York, 1990). 74 denota un tabú de mezcla sexual nuentras que «mestizaje» se refiere a los resulta-
La subversión de la valencia para lo que antes eran tropos racistas («sincrético» dos a largo plazo de tal mezcla.
por ejemplo recuerda el prejuicio cristiano contra las religiones africanas) y la sub- A lo largo y ancho del continente americano, encontramos figuras literarias e
versión de nociones puristas de identidad no deberían empañar la acción problemá- históricas, especialmente figuras femeninas (Pocahontas, Sacagawea, Malinche, Ira-
tica de la «hibridación poscolonial». Una celebración del sincretismo y de la hibri- cerna, Guadal upe), que se han convertido en el foco de intensas discusiones y luchas
daciónper se, si no se articula con cuestiones sobre las hegemonías históricas, corre simbólicas sobre la política de mestizaje. En México, la figura mítica de la Virgen de
el riesgo de santificar el hecho consumado de la violencia colonial. Para los oprimi- Guadalupe le da una cara mestiza a la religión católica, al sustituir a la diosa azteca
dos, incluso el sincretismo artístico no es un juego sino una forma sublimada de do- Tonantzin y al equipararla de manera maniquea con Malintzin (Malinche ), la indí-
lor histórico. Como un término descriptivo que lo abarca todo, «hibridación» no gena esClava, traidora y traductora.7 5 Nuevo Mundo (1982), de Gabriel Retes, alude
consigue diferenciar entre las diversas modalidades de hibridación: la imposición al recuerdo de Guadalupe en su historia sobre la represión de tipo inquisitorial prac-
colonial, la asimilación obligatoria, la participación política, el mimetismo cultural, ticada contra los pueblos indígenas de México. En el filme, la conversión forzada
y muchos otros. Las élites siempre han saqueado desde su posición privilegiada cul- viene de la mano de violaciones, tortura y asesinato, todo presidido por sacerdotes.
turas subalternas, mientras que los dominados siempre han cargado de «significa- A los indígenas como a los judíos conversos, se les obliga a fingir lealtad a la reli-
do» y han parodiado tanto como imitado las prácticas de la élite. La hibridación, en gión católica. La resistencia adquiere forma artística, visual; literalmente esconden
otras palabras, tiene enormes connotaciones relativas al poder y es asimétrica. sus deidades detrás o dentro de los santos católicos. El clímax del filme implica la
Mientras la cultura europea históricamente ha celebrado la asimilación de los «na- «milagrosa» aparición de una virgen mestiza -una clarísima referencia a la Virgen
tivos» como parte de la misión civilizadora, la asimilación en dirección opuesta fue de Guadalupe- modelada por un pintor indígena a quien la Iglesia tiene sometido a
ridiculizada o considerada como una vuelta a la barbarie. La hibridación es también presión. El filme da a entender que la conversión en masa de los indígenas al cris-
participativa. En Latinoamérica, la identidad nacional a menudo se ha articulado de tianismo viene precedida por la mendacidad y la manipulación, y que el sincretismo
manera oficial como híbrida y sincrética a través de ideologías hipócritamente inte- indígena es parte de una táctica de la supervivencia cultural.
gracionistas que pasan por alto sutiles hegemonías raciales. Por otra parte, en los Estados Unidos, la historia de Pocahontas se lee oficial-
Como sugerimos antes, el sincretismo siempre ha calado en la historia y las ar- mente como un ejemplo de una noble salvaje que se sacrifica para rescatar al objeto
tes. Desde el punto de vista arquitectónico, la gran mezquita de Córdoba hibridiza (blanco) de su amor de la barbarie de su propia tribu, una lectura que excluye la na-
los diversos estilos que han pasado por España: cartaginés, griego, romano, bizanti- rrativa de violación, destrucción cultural y genocidio. Sin embargo, algunas «comu-
no y árabe. El sincretismo arquitectónico puede llegar a ser esquizoide, como en la nidades interpretativas» de indígenas americanos leen la historia de Pocahontas no
Iglesia del Triunfo de Cuzco donde los ángeles parecen nobles españoles pero los como un romance sino como una historia de supervivencia, donde el hijo de Poca-
querubines tienen cara de indígenas. Sin embargo, aunque la hibridación haya exis- hontas es una figura crucial en el significado de la historia. 76 Pocahontas aprende el
tido desde tiempos inmemoriales como civilizaciones que entran en conflicto, se modo de comportarse de los ingleses para ser una embajadora de su comunidad y así
combinan y se sintetizan, la hibridación, con la colonización europea del continen- poder rescatarla. Así pues, la controvertida cuestión de la valencia de historias de
te americano, llegó a una especie de paroxismo violento. A pesar de que hubo mez- mezcla racial tiene implicaciones para las identidades de la comunidad contemporá-
cla de poblaciones anterior a la conquista, el proceso colonizador iniciado por Co-
lón aceleró y dio forma activamente a un nuevo mundo de prácticas e ideologías de 75. Para una explicación sobre Malinche y sus implicaciones para la identidad chicana contemporánea,
véase Norma Alarcón, «Traddutora, Traditora: A Paradigmatic Figure of Chicana Ferninism», reimpreso en
mezcla, haciendo del continente americano el escenario de combinaciones sin pre-
Inderpal Grewal y Caren Kaplan (comps.), Scattered Hegemonies, Minneapolis, University of Minnesota
cedentes de indígenas, africanos y europeos, y más tarde de las diásporas inmigra- Press, 1994; Gloria Anzaldua, «La Conciencia de la Mestiza: Towards a New Consciousness», en Gloria
torias de todas las partes del mundo. Estas combinaciones han generado, especial- Anzaldua (comp.), Making Face, Making Soul, Haciendo Caras: Creative and Critica! Perspectives by Wo-
mente en el Caribe y en Sudamérica, un amplio vocabulario de términos descriptivos men ofColor, San Francisco, Spinsters/Aunt Lute, 1987, págs. 377-389; Rache! Phillips, «Marina/Malin-
de raza para dar cuenta de todas las permutaciones (mestizo/a mulato/a, criollo/a, che: Masks and Shadows», en Beth Miller (comp.), Women in Hispanic Literature: Icons and Fallen Idols,
Berkeley, University of California Press, 1983, págs. 97-114; Jean Franco, «Ün the Impossibility of Antigo-
moreno/a). La mezcla no sólo ha sido una realidad, sino también una ideología en la
ne and the Inevitability ofLa Malinche: Rewriting the National Allegory», en Jean Franco, Plotting Women:
que el género y la raza han desempeñado papeles principales. El término inglés mis- Gender and Representation in Mexico, Nueva York, Columbia University Press, págs. 129-146.
76. Rayna Green, «The Pocahontas Perplex: The Image of Indian Women in American Culture», en
Ellen Caro! Dubois y Vicki L. Ruiz (comps.), Unequal Sisters: A MultiCultural Reader in U. S. Women 's
. 74 .. El ciclo de películas «El Estado Híbrido» a cargo de Coco Fuseo en 1991 era un programa de
History, Nueva York, Routledge, 1990; Beth Brant, «Grandmothers of a New World», Woman of Power,
«histona paralela», un proyecto interdisciplinario de un año de duración producido por Exit Art y dirigi-
n° 16, primavera de 1990, págs. 4-47.
do por Jeanette lngberman y Papo Cob.
66 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN DEL EUROCENTRISMO AL POLICENTRISMO 67
nea. La lectura de la mezcla como una elección simple para el indígena codifica im- nes, cocinan matzah en la Pascua judía y dicen «Adonaí» en vez de «Señor», dando
plícitamente una narrativa occidentalizante triunfalista, mientras que la lectura de la lugar a una tradición judeocatólica sincrética, que celebra la Navidad, por ejemplo,
mezcla como estrategia de supervivencia señala una historia de colonización. como el «cumpleaños de Moisés». En la ausencia de textos en los que basarse, las
El sincretismo es también lingüístico. Así, el inglés del Nuevo Mundo que ya ceremonias se convirtieron en tradición oral, pasaron poco a poco bajo control de las
sincretiza sus fuentes latina y germánica se enriquece más con palabras y expresio- mujeres. Los intentos actuales por «rejudaizar» a los conversos resultan problemáti-
nes de origen indígena y africano. Pero el sincretismo lingüístico también atraviesa cos porque, irónicamente, son vividos por los ancianos como una alteración de lo
el poder. El punto de partida de la película de Ruiz Het Dak Van de Walvis (1981), que, para ellos, aunque sea híbrida, es su forma tradicional de comportamiento.77
por ejemplo, fue el hecho de que algunas tribus de Chile, debido al traumático re- El terror cultural de la esclavitud racial generó formas religiosas de la diáspora
cuerdo del genocidio, hablaban sus propias lenguas sólo entre sus habitantes y nun- africana influidas por el cristianismo y las religiones africanas: Santería, Umbanda,
ca delante de un europeo. La fábula resultante trata sobre la visita de un antropólo- Vodun, Xangó, etc. Para los africanos del Nuevo Mundo, el sincretismo era un modo
go francés a los últimos sobrevivientes de una tribu de la Patagonia cuya lengua ha de ocultar sus propias prácticas religiosas bajo una fachada eurocristiana. Tanto las
resistido todo intento de interpretación. El filme utiliza francés, inglés, alemán, es- religiones indígenas como las africanas de América desarrollaron una cultura de ca-
pañol, holandés y la lengua inventada de los indios de la Patagonia. En un momen- muflaje destinada a engañar al amo incorporando a los orixás africanos o las dei-
to dado, el antropólogo descubre que la misteriosa lengua indígena consiste de una dades indígenas en las prácticas cristianas. Transformaron la represión histórica en
sola frase; no importa lo que se les diga, los indígenas siempre responden yamas gu- una afirmación de la cultura africana en la diáspora. La película de Dos Santos Amu-
tan. Cuando el antropólogo descubre más tarde que los indios cambian de nombre leto de Ogum (1985) celebra Umbanda, la religión sincrética brasileña que combina
cada mes e inventan una nueva lengua cada día, vuelve a Europa desesperado. En elementos afrobrasileños (los orixás, las posesiones de espíritus) con el catolicismo,
este caso, rehusar el diálogo se convierte en una manera de resistir. No dejar que el la Cábala y el espiritismo de Alain Kardec. Amuleto toma en cuenta los valores um-
antropólogo consiga interpretar su lengua se convierte en un arma de los débiles bandistas sin explicarlos ni justificarlos al no iniciado. Se supone que el público va
contra la hibridación no dialógica. a reconocer la ceremonia que «cierra» el cuerpo del protagonista, para reconocer la
Las connotaciones sobre el poder de la naturaleza del sincretismo ocurren in- protección de Ogum: el dios guerrero del metal y el símbolo, en Brasil, de la lucha
cluso en áreas tan inocuas como la música y la cocina. Bajo los regímenes de escla- por la justicia. A la vez, el filme no idealiza Umbanda: en la película un sacerdote
vos del Nuevo Mundo, los instrumentos musicales africanos (especialmente los trabaja por la liberación popular, mientras el otro es un glotón y un charlatán.
tambores, que estaban asociados con rebeliones) fueron prohibidos explícitamente Una película como Amuleto, apunta la necesidad de algún tipo de esquema para
-un hecho que parece más remoto hoy en día cuando los instrumentos africanos se trazar las diferentes relaciones de poder dentro del sincretismo. Desde el punto de
han convertido en parte habitual de los grupos pop-. El sincretismo culinario, del vista del mestizaje, por ejemplo, la gama abarcaría dos extremos: la violación y las
mismo modo, podría parecer a primera vista un asunto relacionado con el placer de uniones voluntarias, y entre los dos, el matrimonio estaría diseñado para la asimila-
degustar alimentos, pero los conflictos políticos también pueden afectar a la comi- ción o la movilidad social. La mezcla racial podría ser también una estrategia de su-
da y despertar recuerdos culturales traumáticos. La Inquisición identificaba a los ju- pervivencia, ya que los grupos indígenas a veces aceptaban a los europeos en ma-
díos sefardíes conversos a través de la presencia doméstica de unos coladores para trimonio para llenar los grupos en momentos de crisis demográficas. Desde el punto
la sangre de la carne o a través de costumbres como no mezclar leche con produc- de vista de la religión, la gama iría desde las prácticas de tipo inquisitorial y la con-
tos cárnicos. Así, las costumbres culinarias respecto a la carne del kasher/taref ju- versión forzosa en un extremo, a la aceptación voluntaria en el otro, con todo tipo
dío y del halal!haram (permitido/prohibido) musulmán que no permiten mezclar de formas intermedias entre las dos: sincretismo afrocristiano de base (de abajo arri-
ciertas prácticas culinarias y religiosas estaban controladas por quienes eran ajenos ba) para ocultar la fe en los espíritus africanos, incorporación dirigida (de arriba
a ellas. abajo) con intenciones proselitistas (el sacerdote o pastor que añade tambores como
La hibridación no siempre existe a un nivel consciente. Estudios recientes del acompañamiento a las canciones de la iglesia o que traduce la Biblia a las lenguas
Southwest Jewish Archives señalan que hay tradiciones judías sefardíes reprimidas indígenas). Del mismo modo, el sincretismo de base estratégico puede adoptar la
que permanecen vivas ineluso en familias méxicoamericanas católicas de Texas y forma de apropiación selectiva de la cultura dominante (de ahí las lecturas anties-
Nuevo México, aunque los miembros de las familias no sean conscientes de los orí- clavistas «subversivas» de la Biblia dentro de la cultura afroamericana) o una vida
genes de esos rituales. No entienden por qué sus abuelas hacen pan sin levadura lla- dual de participaciones paralelas (por la cual algunos grupos indígenas practicaron
mado «pan semita» o por qué sus abuelos del campo matan un cordero en primave- tanto la religión dominante como la propia tradición). Los sincretismos más iguali-
ra y derraman su sangre en la entrada de la casa. La película Last Marranos (1990), tarios tienen que ver con lo que podría llamarse «sincretismo lateral», y se encuen-
por otra parte, relata la cultura de judíos conversos portugueses contemporáneos que
han estado ocultando su origen durante quinientos años. Asisten a misa y puertas 77. Véase Ella Shohat, «Staging the Quincentenary: The Middle East and the Americas», Third
afuera viven una vida de católicos, pero de puertas adentro encienden velas los vier- Text, no 21, invierno de 1992-1993.
68 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
DEL EUROCENTRISMO AL POLICENTRISMO 69
tra, por ejemplo en colaboraciones mutuamente enriquecedoras entre las diversas
modalidades de música afrodiaspórica (volveremos a las manifestaciones artísticas ex Yugoslavia, por no decir en Los Ángeles o Nueva York, refuerza tales miedos).
de sincretismo en el capítulo «Las estéticas de las resistencias»). Nadie reconoce que la distdbución desigual del poder genera en sí misma violencia
y divisiones; se ignora que el multiculturalismo ofrece una visión de las relaciones
sociales más igualitaria. Un multiculturalismo radical, según nuestro punto de vis-
Multiculturalismo policéntrico ta, tiene menos que ver con artefactos, cánones y representaciones que con las co-
munidades que hay «detrás» de los artefactos. En este sentido, un multiculturalismo
Si la discusión de la teoría de la hibddación poscolonial ha sido restringida en cultural reclama una reestructuración profunda y una reconceptualización de las re-
su mayor parte al mundo universitario, los debates sobre la mezcla multiculturalis- laciones de poder entre las comunidades culturales. Rechazando un discurso frag-
ta han tenido lugar en el foro más amplio de la prensa, la radio y la televisión. Mien- mentador-guetizante, hermana comunidades minoritarias, y desafía la jerarquía que
tras el discurso poscolonial normalmente se centra en situaciones fuera de los Esta- hace que unas comunidades sean «minoritarias» y otras «mayoritarias» y «normati-
dos Unidos, el multiculturalismo se ve a menudo como un debate específicamente vas» Así, lo que los neoconservadores en realidad encuentran amenazante sobre las
americano. En el contexto norteamericano, el multiculturalismo ha catalizado una formas más radicales de multiculturalismo es el reagrupamiento político e intelec-
serie de respuestas políticas, cada una con sus metáforas favoritas, muchas de ellas tual por el que distintas «minorías» se convierten en una mayoría que quiere algo
culinarias: crisol, el cocido étnico, el revoltillo, la bullabesa, la ensaladilla, etc. Para más que se le «tolere» formar coaliciones intercomunitarias activas. 78
los neoconservadores, el multiculturalismo es la palabra que representa «la oposi- Los asuntos relacionados con el multiculturalismo, el colonialismo y la raza de-
ción de izquierdas» y la «gente de color», dos chivos expiatorios ideales ahora que ben discutirse «en relación». Ni las comunidades, ni las sociedades, ni las naciones,
la guerra fría ha terminado. Los neoconservadores prefieren una imagen de pureza ni siquiera los continentes existen de manera autónoma, sino en una red de relacio-
y de «niveles aceptables», de fortalezas medievales defendidas contra el asedio bár- nalidad densamente tejida. Las comunidades sociales y sus manifestaciones «dialo-
baro. Los militantes nacionalistas, por su parte, prefieren originales metáforas de gan» las unas con las otras; son «conscientes de la existencia de la otra y·se reflejan
raíces, fuentes culturales de las que beben, y consideran el multiculturalismo ambi- la una a la otra» dentro del espacio común de la esfera de la comunicación habla-
valente algo en que pueden participar los círculos oficiales y también un instrumen- da.79 La diversidad racial y nacional es por lo tanto fundamental para cada mani-
to estratégico para el cambio y la regeneración nacional. Los liberales, finalmente, festación, incluso la que superficialmente ignora o excluye a los grupos con los que
invocan una «diversidad» amable que aparece en los folletos de publicidad de las está eh relación. Este acercamiento dialógico es en este sentido profundamente an-
universidades, pero que rechaza las tendencias antieurocéntricas de versiones más tisegregacionista. Aunque la segregación puede estar impuesta temporalmente por
radicales del multiculturalismo. Planteando el ideal de «daltonismo racial», los li- un acuerdo sociopolítico, nunca puede ser absoluta, especialmente en el ámbito de
berales prefieren metáforas que evoquen un pluralismo inocuo: metáforas de art~ la cultura. Todas las manifestaciones tienen lugar inevitablemente sobre un fondo
sanía como «hermoso mosaico» o culinarias como la «experiencia smorgasbord». de posibles respuestas de otros puntos de vista étnicos y sociales.
El concepto de «multiculturalismo», pues, está abierto polisémicamente a va- Nos gustaría distinguir, por tanto, entre un pluralismo participativo, marcado en
das interpretaciones y sujeto a los embates de diversas tendencias políticas; se ha su nacimiento por sus raíces históricas en las desigualdades sistemáticas de la con-
convertido en una palabra vacía de significado en la que diversos grupos proyectan quista, la esclavitud y la explotación 80 y lo que vemos más como un multicultura-
sus esperanzas y sus temores. En la versión más frecuente, degenera fácilmente en lismo policéntrico radical y relacional. La idea de policentrismo, a nuestro modo de
un pluralismo de imagen decretado por el estado o por una empresa del tipo United- ver, engloba al multiculturalismo. Implica una reestructuración de las relaciones in-
Colors-of-Benetton por el cual el poder establecido promociona la «oferta del mes» tercomunitarias dentro y más allá de la nación-estado según los imperativos inter-
étnica con intenciones ideológicas o comerciales. nos de diversas comunidades. 81 Dentro de una visión policéntdca, el mundo tiene
Para nosotros, la palabra «rrmlticulturalismo» no tiene esencia; señala un deba- muchos centros culturales dinámicos y muchas posiciones estratégicas posibles. El
te. Conscientes de su ambigüedad, nos gustaría poder contar con ella para hacer una énfasis en el «policentrismo», para nosotros, no está en los puntos de origen princi-
crítica radical de las relaciones de poder y convertirla en grito de un intercomunita- pales o espaciales sino en el campo del poder, de la energía y de la lucha. «Poli»,
rismo recíproco y más sustantivo (si el término no sirve para esta función debería para nosotros, no se refiere a una lista finita de centros de poder sino que introduce
ser abandonado). En buena parte de la discusión sobre el multiculturalismo falta la
idea de relacionalidad étnica y responsabilidad de la comunidad. Los neoconserva- 78. La palabra «intercomunitarismo», por lo que sabemos, la usaron primero Huey Newton y los
Black Panthers (Panteras Negras).
dores acusan a los multiculturalistas de separar a las gentes, de balcariizar el país, de
79. M. M. Bakhtin, «The Problem of Speech Genres», en Speech Genres and Other Late Esssays,,
destacar lo que divide a la gente en lugar de señalar lo que les une, de crear comu- Austin, University of Texas, 1986, pág. 91.
nidades «étnicas» que forman enclaves sellados herméticamente, cada uno con su 80. Véase Y. N. Kly, The Anti-Social Contract, Atlanta, Ga., Clarity Pre~s. 1989.
milicia simbólica o real (las imágenes televisivas de los conflictos en Sudáfrica y la 81. Samir Amín habla de policentrismo económico de manera parecida en su libro Delinking: To-
wards a Polycentric World, Londres, Zed, 1985.
70 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
(
un principio sistemático de diferenciación, relacionalidad y unión. No se debe fa- 2. Formaciones del discurso colonialista
vorecer epistemológicamente a ninguna comunidad o parte del mundo, sea cual sea
su poder político o económico
El multiculturalismo policéntrico difiere del pluralismo liberal de las siguien-
tes maneras. Primero, a diferencia del discurso pluralista-liberal de los universales
éticos -libertad, tolerancia, caridad-, el multiculturalismo policéntrico considera
toda la historia cultural en relación al poder social. El multiculturalismo policén-
trico no es sobre «la hipersensibilidad» hacia otros grupos; es sobre la dispersión-
repartición del poder, sobre dar poder a los que no tienen, sobre transformar los
discursos y las instituciones que requieren subordinación. El multiculturalismo po-
licéntrico exige cambios no sólo en las imágenes sino en las relaciones de poder. En
segundo lugar, el multiculturalismo policéntrico no predica una pseudoigualdad de
todos los puntos de vista; está del lado de los que están mal representados, los mar-
ginados y los oprimidos. En tercer lugar, mientras el pluralismo se basa en la pre-
misa de un orden de cultmas jerárquico y establecido y es acumulativo a regaña-
dientes -«permite» de forma benévola que otras voces se añadan a la ideología
mayoritaria-, el multiculturalismo policéntrico es festivo. Piensa e imagina «des-
de la periferia» y ve comunidades minoritarias no como «grupos de intereses» que
deben añadirse a un núcleo preexistente sino como participantes generativos, acti-
vos, en el centro mismo de una historia conflictual y compartida. En cuarto lugar, el
multiculturalismo policéntrico le da una «ventaja epistemológica» a quienes se han
visto empujados por circunstancias históricas a lo que W. B. DuBois ha llamado
«doble consciencia», a quienes se ven obligados a negociar los «márgenes» y el
«centro» (o los muchos márgenes y muchos centros), pues de ese modo quedan me-
jor situados para «deconstruir» los discursos restringidamente nacionales o domi-
nantes. En quinto lugar, el multiculturalismo policéntrico rechaza un concepto de «Grecia: ahí empezó todo»
identidades (o comunidades) que sea esencialista, fijo y unificado como conjuntos
consolidados de costumbres significados y experiencia. Por el contrario, ve las iden- En una campaña de pubÍicidad de la Oficina de Turismo griega que apareció en
tidades como múltiples, inestables, históricamente situadas, productos de identifi- los periódicos en 1991 se mostraban unas atractivas imágenes de paisajes marinos
caciones polimorfas y diferenciación que siguen ocurriendo. 82 En sexto lugar, el del Egeo, monumentos clásicos e iconos de la mitología clásica, con los subtítulos
multiculturalismo policéntrico supera las estrechas definiciones de política de iden- «Grecia: ahí empezó todo» y «Grecia: la elegida de los dioses». Apelando al mito
tidad, y abre el camino para afiliaciones basadas en identificaciones y deseos socia- de los orígenes supuestamente comunes para promover el peregrinaje turístico a la
les compartidos. En séptimo lugar, el multiculturalismo policéntrico es recíproco, cuna de la civilización europea, el anuncio muestra un imaginario panaeuropeo. El
dialógico; considera que todos los actos de intercambio cultural o verbal ocurren no «todo» del subtítulo invoca una gran narrativa de origen casi divino. En otro anun-
entre individuos o culturas marcadamente discretos sino entre comunidades e indi- cio de la misma campaña aparece el dibujo de un atractivo muchacho blanco con-
viduos cambiantes y permeables. Dentro de la lucha por la hegemonía y la resisten- templando su imagen en el agua. El título invita al lector a reflejarse, como Narci-
cia que está teniendo lugar, cada acto de interlocución cultural cambia a los dos in- so, en «la pureza cristalina de las aguas griegas». Sin embargo, esta narrativa de los
terlocutores (así, usaremos el término «multiculturalismo» en el sentido más radical orígenes es especular y narcisista: Europa parece un espejo y está deslumbrada por
que hemos descrito aquí). su propia b.elleza. Con el prestigio de un mito clásico, las aguas griegas se venden
al turista como un pasado compartido. Los anuncios de las aguas igualmente cris-
talinas del Caribe, por el contrario, no apelan a ningún origen histórico sino a una
sensualidad del tipo «escápate de todo» («Es mejor en las Bahamas» ), que deno-
ta escaso interés por la historia y los mitos indígenas de la región. Las dos series
82. Para encontrar un punto de vista similar, véase Joan Scott, «Multiculturalism and the Politics of
Identity», October, n° 61, verano de 1992 y Stuart Hall, «Minimal Selves», en /dentity: The Real Me, de anuncios tienen ecos de conflictos internos sobre el significado y la interpreta-
Londres, ICA, 1987. ción de la historia. Mientras los anuncios griegos tratan sobre el recuerdo y la refle-
FORMACIONES DEL DISCURSO COLONIALISTA 73
72 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
desarrollaba por todo el mundo: en China, en el valle del Indo, en Mesopotamia,
en África, en lo que ahora llamamos el continente americano; de hecho, en cual-
quier lugar habitado por humanos. Como sugiere S amir Amin, más que de la «Era»
de la Antigüedad, deberíamos hablar de las «Eras» de la Antigüedad. Entre las rui-
nas antiguas diseminadas por toda América están las pirámides y las acrópolis
de Mesoamérica y de Isla Tortuga, pero la educación eurocéntrica raramente les
presta atención. ¿Acaso alguien nos recuerda que la arquitectura monumental pe-
ruana es anterior a Stonehenge? ¿O que cuando la antigua cultura griega declina-
ba bajo la hegemonía romana, la cultura adena americana había florecido durante
cien años? 3
Por su parte, algún discurso afrocéntrico plantea que es África, concretamen-
te Egipto, el lugar de los orígenes. 4 El debate sobre los orígenes se desarrolla no
sólo en las páginas de los libros y en las aulas de las universidades, sino también
en las innumerables formas de la cultura popular. En los vídeos musicales de los
raperos KRSOne, por ejemplo, las pirámides de Egipto son el decorado de unas
peroratas percusivas sobre historia. La cultura africanizante también anima la
vida de las calles de las metrópolis del Primer Mundo; la identidad se comercia-
liza, y se alimenta de la venta ambulante de papiros, incienso, joyería, ropa ken-
te* y libros sobre civilización africana. Un nuevo género de afrocentrismo de ca-
GR.E E CE
miseta enlaza de manera explícita la historia, la geografía y la identidad
3. «Grecia: ahí empezó todo». contemporánea. Una camiseta que estaba de moda cuando Nelson Mandela reali-
zó su visita a los Estados Unidos en 1990 mostraba los retratos de líderes africa-
nos y de la diáspora, en un mapa coloreado con la bandera africana, sugiriendo
xión, en los anuncios caribeños se trata de despertar unos sentidos adormilados e, una noble ascendencia -«Marcus Garvey, Malcom X, Martín Luther King, Bob
implícitamente, de olvidar la historia. Mjentras uno forja vínculos con el pasado eu- Marley, Nelson Mandela y yo»- con un recuadro que advertía al blanco al que
ropeo, el otro omite las conexiones históricas. supuestamente iba dirigido: «Es cosa de negros ... No lo entenderás». El grupo
Otro anuncio relacionado con Grecia, para una exposición de escultura clásica, afrocéntrico de hip-hop X-Clan, por otro lado, presenta la Grecia antigua como
considera a Grecia como la cuna de la democracia, y al europeo como la humani- saqueadora de la cultura egipcia: «Soy africano. No visto griego/ ¿se me tiene
dad. 1 Bajo el título de «El Milagro Griego», el texto del anuncio dice: que recordar a los ladrones de leyendas?». En el vídeo musical de X-Clan Heed
the Word of a Brother («Haz caso de la palabra de un hermano»), aparecen en
«Todos somos griegos», dijo el poeta Shelley. Nacidos de la democracia. La Inven-
pantalla unos bustos de Aristóteles, Platón y Sócrates que son irreverentemente
ción. La Filosofía. El Teatro. La Historia. Las Ciencias. Y el Arte, nacido de la demo-
cracia nos hace como somos. Pues el hombre moderno nació en el siglo v griego.
Ahora el arte de la Edad de Oro griega está aquí para que lo exploremos, lo aceptemos criticaron la elección de un hombe europeo (a raíz de una canción de los Beatles titulada Lucy in the Sky
como nuestro y lo disfrutemos ... El Arte como evolución. Como humanidad. Como li- with Diamonds). La cineasta afroamericana Alice Sharon Larkin señala que si ella hubiera hecho un do-
bre. Como todo ... Y nosotros, sobrecogidos, ret1exionaremos sobre el milagro de la cumental sobre «Lucy», la habría llamado «lo que los niños etíopes la llamaban a ella -"Maravillo-
democracia. Pues sí, todos somos griegos. sa"»- y que habría hecho que las mujeres etíopes hablaran sobre Lucy. Véase Alice Sharon Larkin,
«Black Women Filmmakers Defining Ourselves: Feminism in Our Own Voice», en Deidre Pribram
(comp.), Female Spectators, Londres, Verso, 1988, pág. 168.
Aparte de dejar de lado que la «democracia» griega se basaba en la esclavi- 3. Véase David E. Stannard, American Holocaust: Columbus and the Conquest of the New World,
tud, el anuncio plantea que la historia «empieza» en Grecia; lo cual es a todas lu- Nueva York, Oxford University Press, 1992, pág. 41.
ces un error eurocéntrico, ya que la historia del mundo no tiene un solo punto 4. Nuestras propias formulaciones tratan de evitar toda narrativa «originaria» o «centradora» en la
de origen, aunque algunos antropólogos físicos especulan con que el primer ser que el espacio geográfico se convierta en el origen de la historia y de la civilización. El punto de vista
«afrocéntrico», aunque sea comprensible como un intento de combatir un eurocentrismo opresivo, corre
humano fue una mujer africana. 2 Incluso durante el período clásico, la historia se
el riesgo de monologizar una África muy plural al convertir la monumental cultura egipcia en un fetiche
Ydejar de lado el resto de las culturas africanas.
l. Véase New York Times Magazine, 14 de marzo de 1993. * Ropa de un tejido tradicional de los asante y los ewe de Ghana, que se ha convertido en icono de
2. Véase Donald Johanson y Maitland Edey, Lucy: The Beginnings of Humankind, Nueva York, Si- la cultura africana. Se caracteriza por sus colores brillantes y las formas geométricas.
mon and Schuster, 1981. Los comentaristas etíopes, al ser de la región en que se «descubrió» a «Lucy»,
74 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN FORMACIONES DEL DISCURSO COLONIALISTA 75
desestimados. 5 El planteamiento de una versión de la historia afrocéntrica alter- Zimba?ue ), !n.tercam~io comercial generalizado, complejos sistemas sociales y
nativa, mientras por un lado reproduce la lógica de la historia centrada, por otro la creenct~s rehgrosas, drversas formas de escritura (pictogramas, ideogramas, objec-
invierte; y, dado el legado negativo del prejuicio antiafricano, reafirma un pasado tos-.escntura como alele y ngombo). En el período clásico, las fábulas de Esopo (es
genealógicamente productivo. Aquí no se destacan tanto los «orígenes» de la civi- decrr, el etíope) ya habían fertilizado la imaginación literaria de la Grecia antigua.
lización como los «comienzos» de la conciencia política, convirtiéndose pues los Los estudiosos también han establecido la complejidad de los conocimientos astro-
debates sobre Grecia y Egipto en batallas por aproximación de prestigio cultural. n~r~licos dogón: s? ha descubierto que el ritual sigui, introducido por el antepasado
Las cuestiones sobre el origen se mezclan con la genealogía política de la identidad rrutrco de los dogon, Dyongu Seru (y filmado por Jean Rouch a finales de los años
diaspórica. sesenta), es una analogía y refleja el ciclo orbital de la estrella Sirius B. 8 El andalusí
La llegada del colonialismo inspiró una reescritura retroactiva de la historia Leo Africanus, a finales del siglo XVI, describía la «magnífica y bien equipada cor-
africana y su relación con la civilización griega clásica. La historia se volvió a re- te del rey de Tombuctú, y «la gran cantidad de doctores, jueces, sacerdotes y otros
dactar para que se conformara a las normas colonialistas, en nombre de un Occi- doctos hombres generosamente mantenidos a expensas del rey».9
dente único y eterno desde su momento de concepción. Continentes enteros se con- Ha habido considerable contacto entre África y Europa durante siglos, y antes
virtieron en eternos «continentes de esclavos». Martín Bernal describe el proceso en de 1492 el es~ado de desarrollo relativo de los dos continentes era aproximadamen-
relación con África en su libro Atenea negra. te el mismo. Africa tenía una economía productiva y variada, con industrias textiles
Y metalúrgicas fuertes. Los africanos desarrollaron la fundición de metales y la tec-
Si se hubiera «demostrado» científicamente que los negros fueran biológicamente in- nología de los altos hornos incluso antes del año 600 a.C., prefigurando las técnicas
capaces de crear una civilización, ¿cómo se podía explicar uno el Antiguo Egipto, que que se usarían en Europa a partir del siglo XIX. 10 Las exportaciones textiles del este
está situado, para desgracia de algunos, en el continente africano? Había dos o, mejor del Congo a principios del siglo xvn eran tan grandes como la de centros de la in-
dicho, tres soluciones. La primera era negar que los antiguos egipcios fueran negros;
dustria textil como Leiden. 11 De hecho, en los primeros años de comercio trans-
la segunda, negar que los antiguos egipcios hubieran creado una civilización; la terce-
ra, defender las dos negaciones anteriores. Esta última opción ha sido la preferida por
atlántico, Euroi-:a tenía poco que vender a África que África no produjera.l2 La «in-
los historiadores de los siglos XIX y xx. 6 ferioridad» de Africa y de los africanos fue así una invención ideológica. Exigía la
«erradicación (dentro de las conciencias históricas occidentales) de la importancia
Bernal distingue entre el «modelo antiguo», que simplemente presupone la enor- de Nubia para la formación de Egipto, de Egipto para el desarrollo de la civilización
me deuda de la civilización griega clásica con las civilizaciones africanas (egipcia y griega, de África para la Roma imperial, y, más significativamente, de la influencia
etíope) y semítica (hebrea y fenicia), y el «modelo ario», que se desarrolló a partir de del Islam en la historia intelectual, política y económica de Europa».l3 Lo impor-
la esclavitud y el colonialismo. El modelo ario tenía que hacer malabarismos para tante no es que haya que felicitar a Africa por «cumplir» con el criterio eurocéntri-
«purificar» la Grecia clásica de todas las «contaminaciones» africanas y asiáticas. c~ competitivo de «civilización», ni especular sobre si África habría conseguido lo
Tenía que arreglárselas para explicar, por ejemplo, las innumerables muestras de res- rmsmo de no haber merecido la colonización. Al contrario, se trata de destacar la
peto griegas a las culturas afroasiáticas, la descripción de Homero de los «intacha- artifi.cialidad de un espacio en teoría imposible de acortar entre Europa y África14
bles etíopes» y las frecuentes referencias a los kalos kagathos (atractivos y buenos) (el eme de Hollywood, como veremos, mantuvo este espacio artificial en películas
africanos en la literatura clásica. 7
El discurso eurocéntrico ha degradado sistemáticamente a África y la ha califi- 8. Roach filmó el ritual en 1967 en la película La Caverne de Bongo (1969). V. Y. Mudimbe re-
cado de deficiente según los propios criterios arbitrarios (la presencia de arquitec- sume algunos de los debates sobre los dogón en The Invention of Africa, Bloomington, Indiana Univer-
sity Press, 1988.
tura monumental, de cultura sofisticada) y de jerarquías (la melodía mejor que la
percusión, el ladrillo mejor que la paja, el vestido mejor que la decoración del cuer- 9. Leo Africanus, History and Description ofAfrica [c. 1518], citado en David Killingray, A Pla-
gue of Europeans, Harrnondsworth, Penguin, 1973, págs. 12-13.
po). Incluso por estos dudosos principios, el África precolonial era un continente 10.. Véase John Thornton, Africa and Africans in the !v!aking of the Atlantic World, 1400~1680,
de una cultura diversa y rica, escenario de grandes logros materiales (las ruinas de Cambndge, Cambridge Universíty Press, 1992, pág. 46.
11. 1bid.,págs.43-71.
12. !bid.
S. Para más información sobre la política del hip hop, véase Tricia Ruse, «Never Trust a Big Butt 13. Cedric Robinson, Black Marism, Londres, Zed, 1983, pág. 4.
anda Smile», Camera Obscura, n° 23, mayo de 1990; Jeffrey Louis Decker, «The State of Rap: Time 14. Patrick Buchanan pensaba en este espacio cuando hizo su célebre comentario de que «tendría-
and Place in Hip Hop Nationalism», Social Text, n° 34, 1993. mos m~s dificultades en asimilar a inmigrantes zulúes que ingleses en Virginia». En una réplica al New
6. Martín Bernal, BlackAthena, New Brunswick, NJ, Rutgers University Press, 1987, vol. 1, pág. 241. York T1mes (8 de marzo de 1992), Stephen L. Carter señaló que muchos zulúes de la Sudáfrica multilin-
7. Frank Snowden documenta los contactos entre los africanos de Kush y los egipcios, sirios, grie- güe hablan un inglés mejor que los europeos de los que Buchanan está tan enamorado. En una carta al
gos y romanos desde el tercer milenio a.C. en su Befare Color Prejudice: The Ancient View of Blacks, d~rector posterior (9 de marzo de 1992), Loma Hahn comentó que en la Virginia de hoy hay descen-
Cambridge, Mass., Harvard University Press, 1983. dientes de los zulúes que no sólo participan activamente en la vida pública sino que también «son repu-
FORMACIONES DEL DISCURSO COLONIALISTA 77
76 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
la guerra contra los moros( ... ) después de haber perseguido a todos los judíos( ... ) y coincidencias parciales entre la imaginería fantasmagórica proyectada en el ene-
haberme mandado a las llamadas regiones de las Indias para convertir a las gentes de migo interno judío así como en el salvaje externo: «bebedores de sangre», «caní-
allí a nuestra Sagrada Fe». 21 De hecho, algunos estudiosos sugieren que los viajes de bales», «hechiceros» y «demonios».
22 Aunque la vida en España antes de la expulsión de los judíos sefardíes y los mu-
Colón fueron financiados en parte por la riqueza confiscada a musulmanes y judíos.
Las cruzadas, catalizadas por la conciencia de los europeos de su propia identidad sulmanes se caracterizaba por una notable coexistencia entre las civilizaciones-reli-
geocultural, «inauguraron» Europa al reconquistar el área mediterránea, y estable- giones (cristianos, judíos y musulmanes), la Inquisición, en 1492, en un ejercicio
cieron el principio de que las guerras llevadas a cabo por los intereses de la Santa temprano de «autopurificación» de Europa, puso todo su empeño en castigar y ex-
Iglesia eran axiomáticamente justas. La religiosidad feudal preparó el camino de.la pulsar o convertir a la fuerza a los musulmanes y a los judíos. Las mismas medidas
conquista racializada. Las cruzadas contra los «infieles» musulmanes en el extranJe- tomadas contra los judíos conversos se tomaron contra los musulmanes «conver-
23
ro coincidieron con pogromos antisemitas en la misma Europa. Se culpó a los ju- sos» que practicaban el islam a escondidas (los moriscos). La reconquista, que em-
díos de envenenar pozos y transmitir la peste, de matar a niños cristianos para sacar- pezó con la caída de Toledo en el siglo XI y continuó hasta la caída de Granada en
les la sangre y de innumerables crímenes imaginarios, que quedaron grabados 1492, preparó el terreno para las subsiguientes prácticas de conquista en el conti-
incluso en distinguidas obras literarias como los Cuentos de Canterbury, de Chaucer. nente ameiicano. Los discursos sobre musulmanes y judíos cruzaron el Atlántico
Aunque la Europa cristiana que estaba a punto de conquistar el Nuevo Mundo con los españoles, y armaron a los conquistadores de una ideología racista prefabri-
era temerosa de los varios <<agentes de Satán» -mujeres, brujas, herejes e infie- cada. Siglos después, encontramos la misma «retroalimentación» del racismo ex-
les-,24 los judíos fueron especialmente los chivos expiatorios preferidos del sis- terno e interno en la conexión entre el colonialismo y el holocausto judío, visto por
tema ideológico europeo. 25 El antisemitismo, junto con la lucha contra el infiel, Aimé Césaire como una «barbarie suprema» que sintetiza las «barbaries diarias»
proporcionaron un aparato disciplinario y conceptual que, después de haber sido del colonialismo; tolerada e incluso aplaudida mientras se aplicara sólo a los pue-
puesto en contra del «otro» interno de Europa -los judíos-, fue entonces proyec- blos no europeos 28 (la aparición de un soldado senegalés internado en Dachau en Le
tado hacia fuera en contra de los «Otros» externos de Europa -los pueblos indíge- Camp de Thioraye [1987], de Ousmane Sembene, refleja las conexiones entre los
nas de África y el continente americano-. 26 Formas preexistentes de alterizar re- ~os holocaustos). El camino a Auschwitz, como sugiere David Stannard, pasaba por
ligiosa y étnicamente se trasladaron de Europa a sus colonias, y la supuesta Africa y el continente americano. 29
«ausencia de dios» y «adoración al diablo» de los indígenas fueron un pretexto per- Se han hecho muchas películas sobre la cristiandad, pero pocas han mostrado
fecto para expoliar sus bienes y convertirlos en esclavos. La deontología cristiana las brutalidades practicadas por la Iglesia en ciertos períodos de su historia. En
europea, pues, marcó la pauta para el racismo colonialista. En efecto, un aparato 1562, por ejemplo, el fraile franciscano Diego de Landa usó la tortura pública para
ideológico gigantesco fue «reciclado» en el continente americano. Los relatos de desterrar la «herejía» entre los mayas de Yucatán. En sólo uno de estos episodios,
Américo Vespucio de sus propios viajes, por ejemplo, echaban mano del cúmulo 158 mayas fueron asesinados, 30 se suicidaron, muchos fueron mutilados y 4.500
de estereotipos judíos para caracterizar a los indígenas del continente americano torturados. 30 «Usar pólvora contra los paganos», decía el padre Oviedo, «es como
como salvajes, infieles y sexualmente omnívoros. 27 Apreciamos incluso algunas quemar incienso para Nuestro Señor». 31 En el cine, una excepción a la omisión
generalizada de la violencia promovida por la Iglesia es la película de Arturo Rips-
tein El Santo Oficio ( 1973), que trata de los esfuerzos de la Santa Sede para que
21. Citado en Jean Comby, «1492: Le choc des cultures et l'evangelization du monde», Dossiers de
1'Episcopal Franrais, n° 14, octubre de 1990, pág. 16.
22. Véase Charles Duff, The Truth about Columbus, Nueva York, Random House, 1936. 28. Véase Aimé Césaire Discourse on Colonialism, Nueva York, Monthly Review Press, 1972,
23. Se puede encontrar una visión árabe-musulmana de las cruzadas en Amin Malouf, Les croisa- págs. 14-15.
des vues par les Árabes, París, Gallimard, 1983. 29. Stannard, American Holocaust, pág. 246.
24. Véase Jean Delumeau, La peur en Occident, París, Fayard, 1978 y La péché et la peur, París, 30. Un testigo ocular español describía lo siguiente:
Favard, 1983.
· 25. Véase Joshua Trachtenberg, The Devil and the Jews: The Medieval Conception ofthe Jew and Cuando los indios confesaron que tenían tan pocos ídolos( ... ) los frailes empezaron a atar a muchos de
Its Relation to ModemAnti-Semitism, Nueva York, Harper, 1943. los indios, y después de haberles atados las muñecas, los colgaban de las mismas y les decían que de-
26. Jan Pieterse comenta a un nivel más general que muchos de los temas del imperialismo europeo bían confesar todos los ídolos que tuvieran y dónde se encontraban. Los indios continuaban diciendo
se remontan al ámbito europeo y mediterráneo. Así, el tema del enfrentamiento entre civilización y bar- que no tenían más( ... ) y así los frailes pidieron que les trajeran unas piedras grandes, y se las ataron a
barie provenía de la antigüedad griega y romana. El tema de la cristiandad contra los.p~ganos fue u~a los indios de los pies, y así los dejaron durante un rato, y si aún no admitían un número mayor de ído-
cuestión clave durante la expansión europea que culminó con las cruzadas, y el tema cnstlano de la «mi- los, les azotaban y les quemaban los cuerpos con cera ardiendo
sión» se fundió con el de «civilización» en la mission civilisatrice. Véase Jan Pieterse, Empire and
Citado en Jara y Spadaccini (comps.), Amerindian Images and the Legacy of Columbus, pág. 31.
Emancipation, Londres, Pluto Press, 1990, pág. 240.
27. Véase Jan Carew, Fulcrums ofChange: Origins of Racism in the Americas and Other Essays, 31. Citado en Bemard McGrave, Beyond Anthropology, Nueva York, Columbia University Press,
1989, pág. 10.
Trenton, NJ, Africa World Press, 1988.
80 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
FORMACIONES DEL DISCURSO COLONIALISTA 81
la Inquisición llegue a México, y enriquecerse en el proceso. En el filme aparecen
unos conversos obligados a practicar el judaísmo en secreto. En un momento dado, A este respecto, la historia de Colón es crucial para el eurocentrismo, no sólo
hacen como si enterraran cristianamente a un hombre en público, pero luego lo porque Colón fue una figura seminal dentro de la historia del colonialismo, sino
vuelven a enterrar a escondidas según la ley judía. El desenlace los muestra ardien- también porque las versiones idealizadas de su historia han servido para iniciar a ge-
do en la hoguera junto con «herejes», «brujas» e indígenas «infieles» en una puesta neraciones enteras al paradigma colonial. Para muchos niños en todas partes del
en escena de confesión forzosa y castigo. Los que se han negado a convertirse son mundo, la historia de Colón es totémica pues introduce no sólo los conceptos de
·quemados vivos, mientras que a los otros se les quema después de ser ahorcados, en «descubrimiento» y de «Nuevo Mundo» sino también la idea misma de historia. La
un espectáculo público extravagante cuyo claro propósito es intimidar a todo rebel~ mayoría de los libros de texto de las escuelas describen y retratan a Colón como
de en potencia. La teatralidad perversa de la ejecución en masa convierte el filme en apuesto, estudioso, pío, decidido y audaz. A los escolares se les invita a reconocer-
un espectáculo de denuncia. se con lo que se supone que son esperanzas y sueños de escolares, y su identifica-
Otra película, Yo, la peor de todas ( 1990), de la argentina María Luisa Bemberg, ción con Colón está prácticamente asegurada incluso antes de que aparezcan los
habla de la represión de la iglesia que afectó a las mujeres euromexicanas. Basada otros del Nuevo Mundo, quienes pueden ser descritos como pueblos agradables o
en la vida de la poetisa, filósofa y estudiosa del siglo xvn Sor Juana Inés de la Cruz, fieros, pero cuya perspectiva queda suprimida. Todo esto nos enseña cómo sólo
la película muestra cómo Sor Juana se hace monja para perseguir su afán de cono- ciertas voces y perspectivas se difunden por el mundo.
cimiento. Pero la vigilancia inquisidora la aprisiona y ni siquiera la amistad carga- Las recreaciones del pasado en el cine forman la imaginación del presente y le-
da de erotismo con el virrey español puede garantizar su seguridad. Así, ella se ve gitiman o cuestionan suposiciones y recuerdos hegemónicos. Las películas más po-
obligada a declararse «la peor de todas» y a aceptar los límites del conocimiento im- pulares sobre Colón son una prolongación de la educación de los libros de texto pro-
puestos por la iglesia. 32 Colón y ejercen una influencia indirecta en las percepciones de la historia colonial.
A este respecto, hay muy poca diferencia entre la película británica de David Mac-
Donald Christopher Columbus (1949) y la superproducción de Salkind de 1992
El debate sobre Colón Cristóbal Colón: el descubrimiento. Aunque entre la producción de las dos pelícu-
las transcurre casi medio siglo, las idealizaciones que se hacen de la figura de Co-
Los llamados viajes de descubrimiento inauguraron la modernidad y sirvieron lón son prácticamente idénticas. Ambas retratan a Colón como un hombre de vi-
de catalizador a una época de expansión colonial europea que culminó en la domi- sión, una encarnación de la modernidad y la fe cristiana. Ambas alaban sus
nación mundial. Para muchos historiadores revisionistas, 1492 instaló el mecanis- esfuerzos por alcanzar el Nuevo Mundo a pesar de las trabas que suponen la su-
mo de ventaja sistemática que favoreció a Europa frente a sus rivales asiáticos y perstición, la ignorancia y la envidia. Ambas dan a entender que Colón era el único
africanos. Antes de 1492, según J. M. Blaut, en varias partes de Europa, Asia y Áfri- que peqsaba que la Tierra era redonda, cuando en realidad era algo que la mayoría
ca se estaba produciendo un movimiento hacia la modernización, se estaban desa- de los árabes y europeos con cierta educación sabían. 34 Ambas películas destacan a
rrollando ciudades «protocapitalistas» que formaban una red de centros marítimo- los antagonistas europeos, especialmente al aristócrata Bobadilla, y así rehuyen el
mercantiles que iban desde la Europa Occidental al este y el sur de África y Asia. antagonismo más fundamental entre Europa y los pueblos indígenas. En ambas pe-
Estos centros eran iguales que Europa en lo intelectual, lo comercial, lo tecnológi- lículas Colón es carismático, atractivo, un padre tierno, un hombre movido no por
co y lo demográfico. Por ejemplo, desde centros urbanos no europeos partían gran- motivos crematísticos sino religiosos (convertir a los paganos) y científicos (de-
des expediciones con lejanos destinos. Los africanos navegaban a Asia, los indios a mostrar su tesis sobre la forma del planeta).
África y los árabes a China. Alrededor de 1420, una expedición india dobló el cabo La película de 1949, en la que Fredric March hace de Colón, es casi cómica-
de Buena Esperanza y se adentró en el Atlántico al parecer unas 2.000 millas. Des- mente teleológica, ya que hace que Colón hable del Nuevo Mundo de manera ana-
pués de 1492, sin embargo, la inyección masiva de riqueza del Nuevo Mundo, el crónica, cuando en realidad el Colón histórico no sabía de la existencia de ese mun-
uso de mano de obra forzosa indígena y africana, y la ventaja de los nuevos merca- do. Según el diálogo, millones de paganos sumidos en la ignorancia simplemente
dos del continente americano dieron a Europa una ventaja que la convirtió en el gi- están esperando «a ser convertidos». El comentario musical revela el maniqueísmo
gante colonialista y capitalista. 33 de la película: la música asociada con Colón es coral y religiosa; la asociada con los
indígenas no augura nada bueno, da la sensación acústica de amenaza y asedio. La
melodía orientalizante de la música representa la proyección que Colón hace de los
32. Para más información sobre monjas hispanas como Sor Juana, véase Electa Arenal y Stacey
Schlau, Untold Sisters: Hispanic Nuns in Their Own Works, Albuquerque, University of New Mexico
Press, 1989. 34. El astrónomo musulmán Al Battani midió la circunferencia de la Tierra (correctamente hasta el
33. J. M. Blaut, The Colonizer's Model o.fthe World Geographical Diffusionism and Eurocentric tercer decimal) 500 años antes que Colón. Véase Ziaddin Sardar, «Lies, Damned Líes and Columbus»,
History, Nueva York, Guilford Press, 1993, págs. 153-213. Third Text, n° 21, invierno de 1992-1993. Véase también Hans Konigm, Columbus His Ente1prise: Ex-
ploding the Myth, Nueva York, Monthly Review Press, 1976, págs. 29-30.
82 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN FORMACIONES DEL DISCURSO COLONIALISTA 83
estereotipos de las Indias Orientales a las Occidentales. Cuando Colón llega al Ca- hombre de fe, más un crítico de la tortura que un instigador de la misma. A pesar del
ribe, una masa de indígenas aplaude de manera espontánea la conquista de su pro- punto de vista enigmático sobre tantos asuntos (sirenas, caníbales, demonios), se
pia tierra y parece estar de acuerdo con su propia esclavización. Se supone que en- hace un retrato de Colón en el que figura como la voz de la racionalidad moderna.
seguida abandonan sus creencias y su cultura, y adoptan la cultura de Europa como El galán que lo encarna (George Corraface) contlibuye a promover la identificación
verdad indiscutible. Las genuflexiones espontáneas parecen ser la traducción en del espectador. La música sinfónica europea respalda constantemente la creciente
imágenes de la representación de la fantasía del propio Colón: que la lectura en es- ambición de la empresa de Colón, y cada escena añade un toque humano. En un mo-
pañol (de hecho en inglés) de un documento ante unos indígenas que no compren- mento dado, Colón regala a un grumete judío un pasaje para salir de la España anti-
den nada implica un cambio legítimo de propiedad. semita. Los indígenas, por otra parte, apenas hablan entre sí, y no parecen tener la
La codicia del Colón histórico le llevó a exigir, so pena de ser ahorcados, que noción de pertenecer a un grupo. El filme retrata a las nativas coqueteando con los
cada hombre, mujer y niño mayor de catorce años le diera, cada tres meses, cierta europeos y la puesta en escena explota su desnudez en el centro de la pantalla. No se
cantidad de oro. Sin embargo, el Colón de la película es un crítico declarado del co- desarrolla ninguna imagen de la vida indígena, ni de su reacción a la conquista.
mercio injusto: «Nosotros estamos aquí para convertir a los indígenas», le dice a un La película de Ridley Scott 1492: La conquista del paraíso (1492: The Con-
subordinado codicioso, «Y no para explotarlos». Aunque se supone que los indíge- quest of Paradise, 1992), por otro lado, es a ratos revisionista pero fundamental-
nas de la «reserva caribe» de la isla de Santo Domingo representan el papel de indí- mente apoya el buen nombre de Colón. Aquí la fulgurante belleza de la fotografía
genas nunca alcanzan el estatus de personajes, ni su actuación aparece en los crédi- encubre la violencia de la conquista con la ideología de la estética. La película hace
tos. Literalmente, más allá de la alegre colaboración con los designios europeos, no referencia a polémicas contemporáneas que rodean la figura de Colón, pero de una
tienen voz, lengua, diálogo, ni opinión sobre las cosas. 35 A los taínos no parece forma muy ambigua. La película cubre más los viajes de Colón que las otras pelí-
molestarles que se les muestre en la corte española junto con unos loros del Nuevo culas (aunque los cuatro viajes se reducen a tres) y lo retrata como un tipo magná-
Mundo. De hecho, los loros tienen más «VOZ» que los indígenas pues se les permi- nimo aunque alguna vez brutal. Una vez más, Colón (Gérard Depardieu) es la figu-
te graznar: «¡Viva el rey!, ¡Viva la reina!, ¡Viva el almirante!» ra central, subjetivizada por la voz en off, primeros planos muy favorecedores, y
El mismo título de la película de 1992 de Salk:ind -Cristóbal Colón: el descu- música empática. U na vez más, es la voz de la fe, la ciencia y la modernidad. Con
brimiento (Columbus: The Discovery)- es una muestra de la indiferencia de sus decorados construidos en el lugar de rodaje, el filme muestra el sitio cristiano de
autores a todos los que han hecho objeciones al término «descubrimiento». Según el Granada y representa a Colón, sin base histólica de ningún tipo, escandalizado por
productor, el filme es «una película de aventuras» que combina «aspectos de Law- la actitud de la Inquisición. Aunque se le muestra como un tipo dinámico y con ini-
rence de Arabia con Robin Hood» y «sin política». 36 La elección del género de aven- ciativa, también es un demócrata y cuando hace falta se pone a trabajar codo con
turas, la referencia a un clásico orientalista y el uso tendencioso del sintagma «sin codo con los plebeyos. Durante toda la película se nos hace compartir su posición
política» (con el significado real de «sin política de oposición») mantienen conso- estratégica, mientras la música codifica una perspectiva binaria: la música coral con
nancia con el tono general del filme. Que el equipo de Salk:ind fuera el que estuvo dejes eclesiásticos da pie a cierta identificación con Colón, mientras que algunas de-
detrás de las primeras películas de Supermán ( 1978, 1981 ), Los tres mosqueteros licadas disonancias quieren infundir de manera subliminal cierto temor a los indí-
(The three musketeers, 1974) y Santa Claus: The Movie (1985) y que el director genas a pesar de que, por lo demás, se les retrata de manera positiva. Y de hecho, a
(John Glen) sea un veterano de varias películas de James Bond podría haber puesto ciertos niveles, el filme respeta la cultura indígena. Los indios hablan su propia len-
sobre aviso al espectador acerca del paradigma heroico en el que Colón iba a colo- gua, y se quejan de que Colón nunca la aprendiera. Un chamán nativo cuida a los
carse. En tanto que el filme sólo cubre la campaña de Colón para ganar el apoyo de europeos enfermos, y en general los indígenas actúan con gracia y dignidad, aunque
la reina Isabel, su primer viaje, y su retorno glorioso a España, puede ignorar que mi- no se señala que Colón ayudara a acabar con sus complejas civilizaciones. Presen-
les de indios caribeños fueron víctimas de las matanzas y enfermedades después de ciamos lo que parecen trabajos forzados, pero el papel crucial que Colón desempe-
su segundo viaje. Desde el principio, retrata a Colón como la personificación de la ñó a ese respecto queda difuminado; en cambio, el filme echa toda la culpa a un su-
iniciativa individual que supera la inercia burocrática. Se le representa como a un bordinado suyo, un noble español dado a las intrigas y que se parece bastante a un
indio, a quien se presenta como un racista, y en definitiva como el antagonista de
35. En los bocetos del guión de Christopher Columbus se habla de un intermediario entre los eu- Colón. Así, la mejora de la imagen de los indígenas viene acompañada por una me-
ropeos y los «caribes», un licenciado de Cambridge, Douglas Taylor, que «Se asentó con ellos, se casó jora de la imagen de Colón. Presentado como una versión ilustrada de la figura del
con una hermosa muchacha caribe ... ». Según se dice, Taylor, llegó a ser «el rey sin corona de la reserva libro de historia tradicional, este Colón se lleva bien con los indios y los trata como
Caribe». Así, el venerable tropo de la tendencia innata y natural de los europeos blancos para ejercer el si fueran nobles españoles. Es como si el filme fundiera las personalidades y las ideo-
liderato, que se repite en las diferentes películas de Tarzán y en King of the Cannibal Island (1905), se
logías de Colón y del sacerdote español Bartolomé de las Casas, como si al «descu-
recicla en el formato de unas simples notas.
36. Véase Bemard Weinraub, «lt's Columbus against Columbus, with a Fortune in Profits at Sta- blidor» le hubieran sido conferidas con efectos retroactivos las preocupaciones del
ke», New York Times, 21 de mayo de 1992, pág. C17. sacerdote radical.
FORMACIONES DEL DISCURSO COLONIALISTA 85
84 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
37" Ward Churchill explica que el Tercer Reich no era una desviación sino una materialización de
los «temas dominantes -la supremacía racial, la conquista y el genocidio- de la cultura europea que
Colón representa de manera tan adecuada». Churchill explora en profundidad el paralelismo Colón/Hit-
ler, o para ser más precisos, el paralelismo Colón /Himmler en «Deconstructing the Columbus Myth»,
Anarchy, verano de 1992.
38. Véase Chris Searle, «Unleaming Columbus», Race and Class, n° 33, enero-marzo del992, pág. 69.
39. Peter Hulme y Neil L. Whitehead (comps.), Wild Majes[)>: Encounters with Caribs from Co-
lumbus to the Present Day, Oxford, Clarendon, 1992, pág. 3.
40. Emir Rodríguez Monegal y Thomas Coichie (comps.), The Borzoi Anthology of Latin American
Literature, vol. 1, Nueva York, Alfred A. Knopf, 1977, pág. l.
5. 1492: La conquista del paraíso.
86 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN FORMACIONES DEL DISCURSO COLONIALISTA 87
dewiwin, los rollos y los cinturones de wampum de los algonquinos, los códices de pañada por la destrucción de los sistemas indígenas tradicionales de notación, vistos
Mesoamérica, los postes de tótem de la costa del Pacífico41 (de hecho Derrida ape- como «invenciones del diablo». 45 La misma manía incendiaria que quemó los textos
la en De la Grammatologie a tales formas de écriture en su crítica del fonocentris- judíos y musulmanes, condenó los textos indígenas a las llamas.
mo de Lévi-Strauss). La literatura «americana» también empieza con las canciones, La historia de los «viajes de descubrimiento» al «Nuevo Mundo», como la fá-
historias, bailes y las producciones dramáticas de pueblos tales como los chippewa, bula de los orígenes puramente griegos de Europa, es un cuento que Occidente se
los iroqueses, los inuit, los mexicas, los mayas y los incas. Entre la tradición nativa cuenta a sí mismo. Narrar un nuevo principio oculta no sólo la historia que le ante-
figuran obras como el Popal Vuh (la enciclopedia maya de teogonía, cosmogonía y cede en la que los pueblos indígenas ya han explorado, nombrado y hecho mapas
astrología), el drama anónimo escrito en verso de los incas Ollantay, la tragedia del hemisferio, desde Alaska a Tierra del Fuego, 46 sino también el hecho de que el
maya quiche Rabinal Achi y el código formado por textos místicos y profecías atri- nuevo «principio» de Europa fue para los pueblos indígenas un final, la destrucción
buidos al sacerdote Chilam Balam. 42 Este intertexto indígena todavía es fuente de de su libertad y su autonomía. L0s dulces sueños europeos se convirtieron en la más
inspiración para la literatura contemporánea. Almanac of the Dead ( 1991 ), de Les- amarga pesadilla de los indígenas. Los indígenas que sobrevivieron a este holo-
lie Marmon Silko, trata sobre el intento de rescatar un almanaque maya que unos causto escribieron elegías al paraíso perdido precolombino, como en el Chilam Ba-
guardianes indígenas habían escondido a los españoles. La novela por la que se dio lam: «hicieron que nuestras flores se marchitaran -escribe el profeta maya- para
el Nobel de Literatura a Miguel Ángel Asturias, Hombres de maíz (1949), bebe del que sólo sus flores pudieran vivir». 47
Popo/ Vuh (un libro que el propio Asturias había traducido); Octavio Paz reorienta Hay quien considera la crítica que se hace hoy de Colón es a veces anacrónica
la Leyenda de los soles en Piedra de Sol (1957); Pablo Neruda invoca la esperanza e indebidamente recriminante, como si ver a Colón con ojos contemporáneos su-
mesiánica para el retorno del inca en Alturas de Macchu Picchu (1950); y Macu- pusiera utilizar un paradigma histórico fuera de lugar. 48 Pero la «crítica de la críti-
naíma, de Mario de Andrade ( 1928), bebe del poblado mundo de las fábulas de la ca» no parece haber entendido nada en absoluto. Primero, la destrucción de los pue-
región amazónica. blos indígenas no se ha acabado; todavía ocurre por toda América. Segundo, las
De hecho, no es irrazonable hablar de un choque de múltiples intertextos, por los atrocidades de los europeos, descritas de manera despreocupada en muchos de los
cuales los intrusos europeos, formados por la lectura de la Biblia, Heródoto, Marco documentos del período colombino, resultan inculpatorias incluso según el propio
Polo, el rey Arturo, novelas de caballería y crónicas de expediciones a África del si- rasero de la época. Tercero, la crítica de Colón no se hace tanto desde una perspec-
glo xv encontraron una cultura que intentó dar cuenta de los invasores a través de tiva contemporánea como desde una perspectiva diferente: la de los pueblos indí-
sus sistemas míticos preexistentes, al invocar el retorno de una divinidad o héroe que genas y de los críticos de Colón de su propia época (la historia puede que esté es-
había sido profetizada mucho antes (Quetzalcoatl en México, Wiraqocha enlosAn- crita por los vencedores, pero los vencedores a menudo se pelean). Apoyar a la
des), o la aparición de un gran chamán (en la región tupí-guaraní). Mientras los eu- crítica anti-Colón implica apoyar una serie de opiniones de estudiosos legales y clé-
ropeos intentaron encorsetar a los pueblos indígenas dentro de un esquema bíblico rigos contemporáneos. Significa apoyar el punto de vista de estudiosos del sistema
preestablecido, los indígenas contrapusieron sus propios textos y creencias a las es- legal español como Melchor Cano, que mantenía, en fecha tan temprana como
crituras cristianas, como los aztecas hicieron con los franciscanos, los tupi con los 1546, que los españoles no tenían derecho a arrebatar la propiedad indígena, pues
capuchinos, y los algonquinos con los puritanos. 43 Los europeos practicaron una «incluso si los habitantes de una región tuvieran las cosas en común, los extran-
écriture brutal, haciendo literal lo que Derrida ha llamado «la violencia de la letra». jeros no pueden tomar posesión de ellas sin el consentimiento de los que viven
En todas partes del mundo conquistado dejaron signos, grabando su poder en las ca- allí». 49 Significa apoyar el punto de vista del Padre Antonio Vieira, que en un es-
ras de los indígenas a través de marcarlos al hierro, y cambiando la toponimia. A ve- crito del 4 de abril de 1654 en Brasil, dirigido al rey de Portugal Juan IV, llamaba
ces, como señala Martín Lienhardt, el «fetiche de la escritura» europeo convirtió la al sometimiento de los pueblos indígenas «el pecado original y capital del Estado
écriture en una forma de posesión, «santificada» por la religión del libro en cuyo
nombre se acometió. 44 La imposición de los sistemas alfabéticos europeos fue acom- 45. En el Nuevo Mundo, sólo algunos pueblos como los aztecas tenían escritura y pudieron, pot tan-
to, dejar constancia de su punto de vista sobre la invasión europea. Algunas de estas impresiones apare-
cen en Miguel León-Portilla (comp.), The Broken Spears: The Aztec Account ofthe Conquest of Mexico,
41. Sobre la écriture en la América precolombina, véase Brotherston, Book of the Fourth World. Boston, Beacon Press. 1962.
42. Véase Eral E. Fitz, Rediscovering the New World: Latin-American Literature in a Comparati- 46. Sobre el trazado indígena de mapas del continente americano, véase Brotherston, Book o.f the
ve Context, Iowa City, University of Iowa Press, 1991. Fourth World.
43. «Dices que nuestros dioses no son originales/ es la primera noticia/ y eso nos vuelve locos/ es 47. Citado en Leonardo Boff, America Latina: Da Conquista aNova Evangeliza(:i'io, Sao Paulo, At-
una sorpresa y un escándalo». Sacado del texto náhuatl Totecuyoane, traducido por Gordon Brotherston, tica, 1992, pág. 9.
en Brotherston, Image ofthe New World: The American Continent Portrayed in Native Texts, Londres, 48. Véase por ejemplo el artículo introductorio de Kenneth Auchinloss («When Worlds Collide»
Thames and Hudson, 1979, págs. 63-69. [«Cuando los mundos chocan»]) para el número especial sobre Colón de Newsweek, otoño-invierno de 1991.
44. Martín Lienhardt, «Writing and Power in the Conquest of America», Latin American Perspec- 49. Citado en Anthony Pagden, Spanish Imperialism and the Political Imagination, New Haven,
tives, vol. 74, n° 3, verano de 1992, pág. 81. Conn., Yale, 1990, pág. 24.
88 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
FORMACIONES DEL DISCURSO COLONIALISTA 89
50
portugués». En 1511, en Santo Domingo, ante un público formado por los fun-
cionarios reales de la provincia, entre los que estaba el hijo de Colón, Diego, el frai- cristianos» habían llevado a la muerte violenta a «más de doce millones de hombres,
le dominico Antonio de Montesinos denunció las «atrocidades tiránicas» impuestas mujeres y niños». 53 De las Casas d~scribió cómo los europeos arrancaban «a niños del
por los españoles en «gente inocente». 51 En la misma época, el padre Francisco pecho de sus madres y los lanzaban a los ríos, riendo a carcajada limpia y diciendo
de Vitoria, en su Relectio de Indis, rechazaba el concepto de «descubrimiento», y cuando caían al agua: "¡Hierve ahí, hijo del diablo!"». 54 En un contexto contemporá-
mantenía que la conquista daba a los españoles tanto derecho sobre el territorio neo, el relato de De las Casas tiene un doloroso eco en las historias modernas de los
americano como se lo daría a los indios el haber conquistado España. 52 Del mismo soldados salvadoreños que lanzaban un niño al aire para ensartarlo con sus bayone-
modo, sería erróneo idealizar a los disidentes de la conquista, como se hace en tas cuando cayera. 55 El objeto de citar estas atrocidades, en cualquier caso, no es mo-
~a misión (The Mission, 1986), de Roland Joffe, donde, por ejemplo, se cargan las ralista sino que pretende destacar las raíces históricas del debate contemporáneo.
tmtas en el contraste entre los colonialistas mercenarios racistas y los jesuitas an- De las Casas es el protagonista de al menos un largometraje: Bartolomé de las
tiesclavistas y compasivos corno el Padre Gabriel. Los críticos católicos no renun- Casas (1992), de Sergio Olhovich. Estructurado como un serie de flashbacks que
ciaron a la colonización cristiana del alma indígena ni a la empresa colonial en ge- muestran la evolución de la actitud del protagonista hacia el Nuevo Mundo y sus ha-
neral; su denuncia se limitó a las prácticas genocidas y a la esclavización. bitantes, el filme destaca las contradicciones del sacerdote en lugar de su heroísmo.
Los debates contemporáneos tienen ecos de los del pasado. Incluso el debate so- La estética del filme es sorprendente y teatral, se caracteriza por una iluminación de
bre la palabra «descubrimiento» no es nuevo; en 1556, el régimen español decretó claroscuro, por estilizados interiores, efectos de cuadro vivo y un énfasis en prime-
de manera oficial la sustitución de la palabra descubrimiento por la palabra prohibi- ros planos de caras atormentadas hablando en un soliloquio -un tratamiento inti-
da conquista. Los sacrificios rituales de los aztecas, de la misma manera, fueron en- mista de un tema épico-. Por su parte, los conflictos armados entre europeos e in-
tonces y son todavía invocados ritualmente (por ejemplo en el número especial de- dígenas no se tratan de una manera realista sino como un combate bailado de figuras
dicado a Colón de la revista Newsweek en otoño-invierno de 1991) para <<justificar» simbólicas. Más que idealizar a De las Casas, Olhovich usa el procedimiento brech-
la conquista europea y para encubrir a quienes fueron «sacrificados» en el altar eu- tiano de presentar a sus adversarios criticándole. «Dices que defiendes a los indios»,
ropeo de la codicia. Este argumento de los sacrificios aztecas no está del todo claro mantiene un detractor, «pero tú mismo te aprovechas de ellos». Tampoco el filme
ya que sugiere de manera falsa que los europeos conquistaron para eliminar tale~ intenta ocultar que De las Casas en un momento dado pide la importación de afri-
prácticas de esas regiones, y no da la razón de por qué los europeos también masa- canos como esclavos, una sugerencia de la que luego se arrepentiría amargamente.
craron a otros pueblos no acusados de tales prácticas (los «cordiales» arawak fueron Cuando De las Casas intenta poner en práctica sus ideales democráticos en la costa
aniquilados junto a los «fieros» caribes). Tampoco consigue dar explicación de por de lo que hoy es Guatemala, el proyecto resulta quijotesco; un ejercicio de futilidad,
qué, si la conquista es moneda de pago al ejercicio de prácticas crueles, Europa mis- dada la magnitud de las fuerzas históricas en juego. Pero aunque el filme no ideali-
ma no fue objeto legítimo de tal retribución porque la Inquisición, entre muchos ce a De las Casas, sí que apoya su crítica de la hipocresfa de una Iglesia que ofrece
otros abusos, utilizara el potro de tortura, destripara, descuartizara y quemara bru- «vida eterna» a cambio de una vida entera de trabajos forzados.
jas. Y si el hecho de que los grupos de indígenas de vez en cuando lucharan entre sí En Bartolomé de las Casas se presentan los debates jurídicos y religiosos que
justifica para algunos la conquista europea, ¿no serían las interminables guerras en~ surgieron como consecuencia de la conquista, el debate religioso sobre las almas de
tre las naciones europeas justificación suficiente para que los indígenas americanos los indios, el debate legal sobre los derechos españoles sobre las tierras indígenas. El
conquistaran Europa? debate histórico entre De las Casas y Sepúlveda se pone en escena como un encuen-
En cualquier caso, el argumento anticolonialista no depende de las cualidades de tro teatral entre el Rey y sus dos consejeros, uno de los cuales, Sepúlveda, ofrece
los pueblos indígenas; su humanidad es suficiente argumento contra la conquista. En racionalizaciones teológicas para la explotación material, mientras el otro, De las
la época de Colón, el sacerdote español Bartolomé de las Casas fue testigo de laS ma- Casas, critica la conquista y la esclavización en el nombre de la caridad cristiana.
tanzas de indios a manos de los conquistadores y los denunció en un libro de 1520 Cuando De las Casas dice que España debería dejar el Nuevo Mundo para sus habi-
dedicado al rey Carlos V titulado Breve relación de la destrucción de las Indias. De tantes originales; Sepúlveda contesta que tal magnánimo gesto sólo llevaría a la
l~s Casas no describía otra cosa que el genocidio masivo, que redujo la población na- vuelta a la barbarie y la idolatría. La película termina con la lectura del testamento
tiva en los primeros treinta años posteriores a la llegada de Cortés de veinticinco a final de De las Casas, en el que pide que los españoles devuelvan las riquezas roba-
seis millones de almas. En cuarenta años, estimaba, las «acciones infernales de los das a los indios, que los sacerdotes aprendan la lenguas indígenas y que España de-
vuelva la dignidad a «los señores naturales de estas tierras». En un epílogo reflexivo,
50. Citado en Boff, America Latina, pág. 64.
51. Citado en Bartolomé de las Casas, History ofthe Indies; trad. y comp.: Andrée Collard, Nueva
York, Harper and Row, 1971, pág. 184. 53. Bartolomé de las Casas, The Devastation ofthe Jndies: A Brief Account, Nueva York, Seabury
Press, 1974, pág. 4L
52. Véase Carlos Fuentes, The Buried Mirror, Boston, Houghton-Mifflin, 1992, pág. 134.
54. !bid., págs. 43-44.
55. Véase Doug Ireland, «Press Clips», Village Voice, 23 de marzo de 1993.
90 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN FORMACIONES DEL DISCURSO COLONIALISTA 91
la cámara se retira y muestra al director y al equipo mientras una cruz de luz cubre moderno, Díaz va acompañado por un sacerdote católico que lleva un hábito viejo,
el cuerpo de De las Casas, identificándolo simbólicamente con Cristo crucificado. un conquistador del siglo XVI, y un simbólico indio adornado con plumas. Hay una
enorme cruz clavada en la arena y Díaz se acerca a ella para arrodillarse y llevar a
cabo un ritual que evoca, para el espectador brasileño, la famosa «primera misa»
Cine revisionista y el Quinto Centenario celebrada en la tierra recién «descubierta», pero de una manera anacrónica que des-
taca las continuidades metafóricas y metonímicas entre la conquista y la opresión
El debate sobre Colón se ha desarrollado fuera del ámbito de la cultura popular contemporánea. Unos cantos religiosos yoruba pasan a dominar la banda sonora,
y oficial. Para las celebraciones oficiales del Quinto Centenario de 1992, se invir- en una evocación del «trance» del título y tal vez sugiriendo una conexión africa-
tieron millones de dólares en acontecimientos internacionales, cuyo punto culmi- na-indígena. 57
nante fue una regata, una flota internacional de veleros que salió de España y llegó Terra em transe fue el preludio de varios filmes revisionistas más recientes
al puerto de Nueva York el 4 de julio. Al mismo tiempo, la acción generalizada de cuya acción se sitúa en el período del principio de la conquista y que rel~tivizan o
activistas alteró la celebración oficial; como dijo Gary Wills, a Colón le asaltaron de incluso invierten la perspectiva colonialista. La película mexicana Cabeza de vaca
camino a su propia fiesta. Un grupo de indígenas americanos que aterrizó en Ams- (1989) cuenta la historia de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, un español que naufragó
terdam tomó posesión del territorio y puso rumbo a un El Dorado europeo que se ru- y que hizo a pie el recorrido de Florida a Texas. El texto en que se basa la película,
morea que está cerca del río Rin. En los Estados Unidos, innumerables manifesta- la Relación de los naufragios, de Álvar Núñez, es uno de los primeros relatos de la
ciones, conferencias, proyectos educativos y acontecimientos en los medios de conquista como la historia de un fracaso. En una inversión de los roles a los que es-
comunicación crearon una contranarrativa. Incluso los medios de comunicación do- tamos acostumbrados, Núñez es un español vulnerable, que pierde el control sobre
minantes prestaron atención a las protestas. Detrás de proyectos que conmemoraban sí mismo, llora, suplica. Y aunque el canibalismo fantasmagórico normalmente sir-
los acontecimientos de 1492 apareció una narrativa anticolonial que daba cuenta del ve para justificar la explotación europea, aquí son los españoles los que se comen
punto de vista de quienes entonces estaban en la costa: Surviving Columbus (1990), unos a otros, y los indígenas quienes lo observan con horror. 58 Aunque el filme re-
Columbus on Tria! (1992), The Columbus /nvasion: Colonialism and the Indian Re- presenta a los indios como amenazantes, incluso un poco monstruosos, expone el
sistance (1992), Columbus Didn't Discover us (1992), Falsas historias (1992), lado negativo del proselitismo religioso de los europeos y se atreve a sugerir que los
1492 Revisited y Outros quinhentos (1993). conquistadores, y no los indígenas, podrían haber sido los verdaderos caníbales. La
No obstante, las narrativas fílmicas y literarias convencionales sobre el «descu- película venezolana Jericó (1990), por su parte, adopta en gran medida la perspec-
brimiento», desde los Diarios de Colón hasta las producciones del Quinto Centena- tiva del indígena y muestra un amplio conocimiento de las lenguas, la historia y los
rio sobre Colón pasando por Robinson Crusoe, adoptan el punto de vista de los estilos culturales de los grupos indígenas que retrata. Mientras en la mayoría de las
«descubridores». La mayoría de las narrativas sobre descubrimiento~flía~af'lec películas de Hollywood aparecen unos «indios» que hablan un ridículo inglés pid-
tor en un barco europeo, la tierra es avistada (normalmente a través 'dé un anacróni- gin, aquí los indígenas se ríen de la manera embrollada en que el europeo habla la
co telescopio) y se ve fugazmente a los «indios» en la playa tras unos árboles. En su lengua de ellos. La historia describe el caso de un europeo que adopta las costumbres
libro Fulcrums of Change, Jan Carew proyecta un perspectiva completamente dife- de los indígenas. Esto no fue un hecho infrecuente durante los primeros siglos de la
rente. Imagina a la Niña, la Pinta y la Santa María destacando contra el azul metá- conquista: en México, por ejemplo, Gonzalo Guerrero, un español secuestrado por
lico del horizonte y a los arawak gritando las noticias sobre unas extrañas embarca- los indios de Yucatán, se convirtió en un cacique con la cara tatuada y las orejas per-
ciones empujadas por unas camisas y manejadas por hombres barbudos armados
con unos «palos brillantes», que hacen unos rituales indescifrables al dios cielo y 57. El uso que hace Rocha de la música africana, como si existiera en Brasil antes de la llegada de
proclaman su derecho sobre todas las tierras en nombre de unos jefes llamados Isa- los europeos, es extraordinariamente sugerente, y nos recuerda que la teoría de la «deriva de los conti-
bel y Fernando. 56 nentes» señala que Brasil y África fueron un día parte de la misma masa de tierra, y también anticipa la
Sólo recientemente el cine empezó a ofrecer conmemoraciones resistentes de teoría de Ivan Van Sertima de que los africanos llegaron al Nuevo Mundo antes que Colón. Al mismo
tiempo, Rocha utiliza la música como parte de un irónico cambio de papeles, ya que los cantos yoruba se
la conquista. Terra em transe (1967), de Glauber Rocha, es una alegoría de la si-
asocian repetidamente con la figura dictatorial de Porfirio Díaz. Aunque Europa considere la religión
tuación política en Brasil, y pone en escena la llegada de Pedro Cabral, el Colón bra- africana como irracional, histérica, la película parece sugerir que en realidad es el europeo el que es irra-
sileño, a las costas de Brasil en 1500. El personaje derechista de la película (llama- cional e histérico. Las revelaciones sobre los rituales de «magia negra», cuyo poder se atestigua desde la
do Porfirio Díaz, como el dictador mexicano que aniquiló a miles de indios) llega época de la conquista, y el presidente Cardoso, a quien se procesó recientemente y que clavaba alfileres
por mar y trae una cruz enorme, en una escena que hace referencia a la fundación en unos muñecos que representaban a sus oponentes, confirman y literalizan el presentimiento de Rocha.
58. Para un análisis crítico de las descripciones de la conquista de Álvar Núñez y otros españoles,
mítica del país. Con un estandarte negro y un crucifijo y vestido con traje de corte
véase Beatriz Pastor, Discurso narrativo de la conquista de América, La Habana, Casa de las Américas,
1983. Para más información sobre el canibalismo de los españoles, véase Stannard, American Holocaust,
56. Véase Carew, Fulcrums ofChange. pág. 216.
92 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
FORMACIONES DEL DISCURSO COLONIALISTA 93
foradas; 59 en Norteamérica, como señaló Hector de Crevecoeur, miles de europeos
se convirtieron en ~~indios blancos» (hasta el extremo de que algunas colonias apro- mina en la plaza mayor de Cuzco, que según la cosmología inca es el centro (u om-
baron leyes contra la «indianización» ), mientras a nosotros no nos consta ningún bligo) de un universo que abarca antropomórficamente un vasto territorio. Al deca-
ejemplo de un aborigen que se haya vuelto europeo por propia elección». 60 Algunos pitar al emperador inca, los conquistadores españoles transformaron la figura antro··
«indios blancos» se vieron atraídos, según ellos mismos, por el sentido indio de co- pomórfica del imperio inca (el Inkarri en quechua) en una figura que se distorsiona
munidad, igualdad, la «facilidad de la vida y la ausencia de esas preocupaciones y y que se retuerce de dolor, deslegitimizando así a Cuzco como centro de poder. 64 La
necesidades corrompidas que tan a menudo nos dominan». 61 película muestra el castigo español a Túpac Amaru y su familia, observado por un
Jericó trata de un sacerdote franciscano, Santiago, único superviviente de una público indígena afligido y petrificado (la tortura y el descuartizamiento históricos
expedición del siglo XVI liderada por el conquistador Gascuña en busca de un míti- de Túpac Amaru y su familia duró desde las diez de la mañana hasta las cinco de la
co Mar del Sur. Aunque Santiago espera convertir a los indios espiritualmente, es tarde del18 de mayo de 1781). Se oye un pronunciamiento en español: «Las actas
en realidad un espíritu conquistado por ellos: cuando está cautivo, se llega a cues- de este juicio se destruirán. No quedará ninguna huella de estos desgraciados acon-
tionar su actitud europea hacia la religión, el cuerpo, la tierra la vida social y final- tecimientos ni vestigio de esta raza maldita». La cámara gira vertiginosamente,
mente renuncia a su misión evangélica. Al final, cae en manos de los españoles, como si tradujera la desesperación del público, y después el filme da un salto hacia
quienes consideran su adaptación a las costumbres de los indígenas como una for- adelante en el tiempo y muestra en blanco y negro un público similar -esta vez en
ma de locura y una herejía. Lo que hace de esta narrativa de la cautividad revisio- una manifestación política en 1975, que tiene lugar en la misma plaza en que Túpac
nista algo subversivo es que transforma la cultura indígena que la Europa oficial Amaru fue asesinado-. La película, así, contradice la profecía española de que «no
mira con miedo y abominación en algo muy atractivo para los europeos. El verda- quedará ninguna huella» y en su lugar se refiere a la profecía inca, mediante un poe-
dero objetivo de la Inquisición, como ha sugerido Jorge Klor de Alva, no era obli- ma que habla de la cabeza y el cuerpo del Inkarri descuartizado que se vuelven a
gar a los indígenas a que se hicieran europeos, sino evitar que los europeos se con- juntar en una apoteosis de liberación.
virtieran en indígenas. 62 La película venezolana Cubagua (1987) es una adaptación y una puesta al día
Varias películas revisonistas mantienen las conexiones entre la resistencia y la de la novela de Enrique Bernardo Núñez de 1931, y también se mueve entre el pa-
opresión, del presente y del pasado. La película épica cubano-peruana Túpaé Ama- sado y el presente, mediante la aparición de un personaje triple: en el siglo XVI, en
ru (1984) es una evocación de la resistencia indígena a la dominación hispanoeuro- los años treinta y en el presente para mostrar las continuidades de la explotación. El
pea de Perú, concretamente de la rebelión inca del siglo xvn encabezada por José protagonista masculino de Cubagua vive tres vidas diferentes en tres períodos dis-
Gabriel Condorcanqui Túpac Amaru, cuya historia se cuenta enflashbacks a partir tintos: en 1520 como Lampugnano, un italiano que ayuda a los españoles a extraer
del juicio al que los españoles le someten. 63 Descendiente directo del emperador perlas, en 1930 como un ingeniero que ayuda a las compañías petrolíferas nortea-
inca (decapitado por los españoles en 1572), cuyo nombre tomó, Túpac Amaru en- mericanas, y en 1980 como un ingeniero que trabaja para una multinacional que se
cabezó una rebelión mesiánica de amplia base contra el dominio español. En 1781 dedica a extraer minerales de la Amazonia. La protagonista femenina, Nila, es víc-
entró en la plaza mayor de Cuzco y anunció que condenaba al corregidor real Anto- tima de los españoles en el siglo XVI, la hija de un jefe ele la resistencia en los años
nio Juan de Arriaga a galeras. Días después decretaba la liberación de los esclavos, treinta y una periodista antiimperialista en los años ochenta. Los dos personajes jun-
la abolición de los impuestos (encomienda) y el trabajo forzado (mita). Después de tos ayudan a componer un retrato transhistórico de un país que ha sido colonizado,
varias victorias, fue traicionado y entregado a los realistas, que lo torturaron y des- neocolonizado, pero que también ha mostrado diversas formas de resistencia políti-
cuartizaron en las cuatro direcciones del imperio inca, desmembrando así de mane- ca y cultural. 65
ra simbólica el reino indígena que intentaba instaurar. La película comienza y ter- Finalmente, la película de Nelson Pereira dos Santos Como era gostosso meu
francés (1971) realiza una crítica «antropófaga» del colonialismo europeo, usando
59. Véase Stephen Greenblatt, Marvelous Possessions: The Wonder of the New World, Chicago, la figura del canibalismo para denunciar el canibalismo económico del colonialis-
University ofChicago Press, 1991, pág. 141.
mo europeo y para sugerir que los brasileños contemporáneos deberían emular a los
60. Rector St John de Crevecoeur, Lettersfrom an American Farmer, citado en James Axtell, The
European and the Indian: Essays in the Ethnohistory of Colonial North Ame rica, Oxford, Oxford Uni- antepasados tupinamba y devorar las tecnologías de dominación europea para usar-
versity Press, 1982, pág. 172. las contra los europeos. Basada en parte en diarios escritos por europeos como Hans
61. Véase Axtell, The European and the Indian, pág. 206. Staden y Jean de Lery, la película trata de un francés capturado por los tupinamba y
62. Comentarios hechos en una conferencia dada en la Universidad de Nueva York como parte del
ciclo «Rewriting 1492», organizado por Robert Stam y celebrado en la New York University el9 de oc- 64. Nuestro agradecimiento a Miriam Y ataco y Euridice Arataia por sus interpretaciones de la pe-
tubre de 1992.
lícula a la luz la cosmología andina. Para más información sobe el Inkarri, véase Brotherston, Book of
63. En quechua, túpac sign(fica «lo auténtico» mientras que amaru se refiere a «serpiente». «Túpac the Fourth World.
Amaru» es también el nombre de un grupo de rap que denunció el ex vicepresidente americano Dan 65. Quisiéramos agradeder a Emperatriz Arreaza-Camero que nos proporcionara un vídeo de Cu-
Quayle.
bagua. Su artículo «Cubagua, or the Search for Venezuelan National ldentity» es un estudio en profun-
didad del filme y la información histórica. Véase lowa Journal ofCultural Studies, 1993.
94 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN FORMACIONES DEL DISCURSO COLONIALISTA 95
Nuestra preocupación aquí no es idealizar las formas africanas de esclavitud ni ne- cada quince meses. 72 En su punto álgido, la república contaba con 20.000 habitan-
gar la complicidad de la élite africana en el comercio de esclavos, sino señalar una tes repartidos en muchos pueblos en el interior del nordeste del Brasil, y cubría una
diferencia histórica cualitativa: sólo con el colonialismo y el capitalismo la esclavi- extensión equivalente a un tercio de Portugal. Palmares fue testigo de la capacidad
tud se hizo moderna, se industrializó y se ligó a un modo de producción económica de los afrobrasileños no sólo de rebelarse contra la esclavitud sino también de ima-
y a una ideología sistemática de superioridad racial. La esclavitud de tipo colonial ginar y movilizar un modo de vida alternativo basado en normas africanas. Palma-
traficó en terror racializado, y mostró la lógica de la mercantilización de una mane- res era económicamente autosuficiente, rechazó la agricultura de monocultivo típi-
ra hiperbólica y descarnada. La narrativa clásica del esclavo de Olaudah Equiano ca del Brasil colonial y favoreció la agricultura diversificada que los afrobrasileños
(también conocido por el nombre de Gustavo Vassa), un príncipe igbo que fue es- liberados recordaban de África, y que consistía en cultivar maíz, judías, mandioca,
clavizado primero en el sentido africano y luego en un sentido europeo-colonial, es patatas y caña de azúcar en tierra de propiedad comunal. Los reyes palmarinos eran
elocuente a este respecto. Equiano relata su horror cuando cae de una forma relati- reyes en el sentido africano de mandatarios consensuados, no monarcas absolutos
vamente «benigna» de servidumbre al horror espantoso de la esclavitud de ser un sino custodios de la riqueza común. El código penal palmarino era duro, especial-
bien mueble en Norteamérica; un sistema que describe como infinitamente más ho- mente en las últimas etapas, pero la gente disfrutaba de igualdad política y cívica
rroroso y humillante. 69 básica. Junto con la mayoría negra, Palmares acogió a indios, mestizos, judíos,
O. E. U ya explica que desde el siglo xv el mundo negro se ha visto sometido al blancos renegados, y en última instancia se convirtió en un refugio pata los perse-
ataque del colonialismo, la esclavitud, la segregación y el neocolonialismo que han guidos por la sociedad brasileña. Palmares tiene una gran resonancia hoy en día en
«subdesarrollado» África. 70 La historia eurocéntrica minimiza la importancia capi- Brasil, y los nacionalistas negros invocan el quilombismo y celebran el Día de la
tal de la esclavitud para las economías europeas y euroamericanas (también olvida Negritud, el aniversario de la muerte del líder palmarino Zumbi. De hecho, los gran-
que la esclavitud se practicaba contra otros grupos, como los indígenas americanos, jeros negros todavía cultivan la tierra en que sus antepasados se asentaron, y una
no era el «privilegio» exclusivo de los negros). Lejos de ser una postergación feu- «cláusula de quilombo» podría dar títulos de tierras a los 500.000 descendientes de
dal, el sistema de plantación de esclavos fue parte integrante de la modernidad; su- las comunidades negras libres. 73
ponía una fuerte inversión de capital, una organización mercantil compleja y una Basada en una novela histórica de Joao Felicio dos Santos, Ganga Zumba trata
tecnología industrial avanzada (molinos, fabricación de ron, transporte). 71 La histo- de un esclavo negro que descubre que es el nieto del rey de Palmares. El retrato que
ria eurocéntrica también minimiza el alcance de la resistencia negra a la esclavitud. hace la película de la esclavitud subraya el trabajo forzado, el sadismo de los trafi-
Pero incluso las peleas para repartirse África durante el siglo XIX encontraron cons- cantes, los frecuentes latigazos, las violaciones y asesinatos, y debilita así el retablo
tante resistencia: la guerra matable, la guerra ashanti, la revuelta zulú, la revuelta del idealizado de servidumbre benigna pintado por historiadores como ellusófilo Gil-
ulema de las tierras de Somalia. Aquí, para Robinson, están las raíces del radicalis- berta Freyre. Ganga Zumba toma partido por una perspectiva pro negra de princi-
mo negro como una respuesta específicamente africana a la opresión. Tampoco este pio a fin, y muestra que los negros no eran meras víctimas sino fuerzas vivas. En
radicalismo estaba meramente basado en el rechazo de las normas europeas, estaba una escena, un esclavo y su amante atraen a un traficante para matarlo, lo cual re-
inscrito por las cosmologías, estructuras sociales, construcciones ideológicas y sis- sulta impensable de una película de Hollywood de la época. El filme aplaude el ges-
temas de justicia africanos. to del esclavo como necesario e incluso laudatorio y se convierte en una oda a la
Varias películas cubanas y brasileñas -La última cena ( 1977), El otro Fran- violencia insurrecciona! inspirada en Fanon.
cisco (1975), El rancheador (1974), Maluala (1979), Sinha mora (1953)- han En Quilombo ( 1983 ), Di egues vuelve al mismo tema, y se aprovecha de un ma-
contado la historia de la resistencia negra a la esclavitud. Las películas de Carlos yor presupuesto así como de unas investigaciones históricas más recientes llevadas
Diegues Ganga Zumba ( 1963) y Quilombo ( 1984) rememoran la república de escla- a cabo por Decio Freitas. 74 Haciendo un recorrido histórico que va de 1650 a 1695,
vos fugitivos del siglo xvn de Palmares, considerada como el prototipo de demo- la narrativa pasa por tres fases diferenciadas. En la primera, un grupo de esclavos,
cracia utópica en el continente americano. Palmares soporta casi un siglo de ataques encabezado por Ganga Zumba, huye de una plantación de azúcar y emprende el ca-
de los holandeses y los portugueses. De media, resistió una expedición portuguesa mino de Palmares. En la segunda,. Palmares, bajo Ganga Zumba, se ha convertido
en una comunidad independiente y próspera. En la tercera, otro líder, Zumbi, se ve
69. «The Life of Olaudah Equiano» está incluido en Henry Louis Gates Jr. (comp.), Tlze Classic
Slave Narratives, Nueva York, New American Library, 1987. 72. R. K. Kent, «Palmares: An African State in Brazil», Journal ofAfrican History, vol. VI, n° 2,
70. Véase O. E. Uya, «Conceptualizing Afro American/African Realities», en J. E. Harris (comp.), 1965, págs. 167-169.
Global Dimensions oftlze African Diaspora, Washington D.C., Howard University Press, 1982. La idea 73. Grupos musicales de Bahia, concretamente Olodum y Ile Aiye, apoyan a los descendientes ac-
de que Europa causó el subdesarrollo de África se elabora en Walter Rodney, How Europe Underdeve- tuales de los quilombos, componiendo letras como «Quilombo, aquí estamos/se lo debo sólo al quilom-
loped Aji·ica, Londres, Bogle l'Ouverture, 1972, y en relación a Afro-América, en Manning Marable, bo/ se lo debo sólo a Zumbi». Véase James Brooke, «Brazil Seeks to Retum Ancestral Lands to Des-
How Capitalism Underdeveloped Black Africa, Boston, South End Press, 1983 cendants of Runaway Slaves», Nueva York Times, 15 de agosto de 1993, pág. 3.
71. Blaut, Tlze Colonizer's Model oftlze World, pág. 204 74. Véase Decio Freitas, Palmares: a guerra dos escravos, Río de Janeiro, Graal, 1974.
100 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN FORMACIONES DEL DISCURSO COLONIALISTA 101
cismo colonialista. El filósofo francés del siglo XVI Montaigne defendía el relativis- Un siglo después de Shakespeare, en 1719, Daniel Defoe creó uno de los héroes
mo cultural en «Des Cannibales» argumentando que los civilizados europeos eran aventurero-coloniales arquetípicos de Occidente en Robinson Crusoe, un libro que
en última instancia más bárbaros que los caníbales, pues los caníbales comían car- ha generado cientos de imitaciones literarias, cómics y películas. Crusoe, olvidamos
ne de los muertos sólo para apropiarse de la fuerza de los enemigos, mientras los eu- a menudo, se hace rico con el comercio de esclavos y el azúcar brasileño. Tras nau-
ropeos torturaban y asesinaban en nombre de la religión del amor: fragar y llegar a una isla, lo primero que se le ocurre cuando ve unas huellas huma-
nas es «tener un criado». Como explorador colonial, da forma demiúrgica a una ci-
Creo que hay más barbarie en comerse a un hombre vivo que a uno muerto, en des- vilización entera. Nombra a su isleño «Viernes» para conmemorar el día en que
cuartizar en el potro de tortura y torturar el cuerpo de un hombre todavía lleno de sen- salvó la vida del nativo (viernes, recordaremos, es el día que Dios creó a Adán, lo
timientos, en rustirlo a pedazos, y en echarlo a los perros y cerdos para que lo muer- cual refuerza la analogía entre el «autosuficiente» Crusoe y Dios). Como señala Pe-
dan y destrocen (tal y como no sólo hemos leído sino .visto re~ientemente y to~avía ter Hulme, Defoe centra dos episodios de la educación de Viernes en aspectos de la
recordamos, no entre viejos enemigos, sino entre vecmos y cmdadanos del rmsmo tecnología de los caribes que en realidad los europeos tomaron prestados: la «bar-
país, y lo que es peor, bajo una capa de piedad y religión), que rustirlo y comerlo cuan- bacoa» y la «canoa» (ambas palabras indígenas). 80 El pensamiento de Crusoe, pues,
do está muerto. 76 es un claro ejemplo del doble proceso de exaltación del «yo» europeo y la desvalo-
rización del otro noeuropeo, lo cual, según hemos expuesto, es típico del discurso
Para Montaigne, el genocidio español estaba provocado por la codicia: «se han eurocéntrico.
destruido ciudades hasta los cimientos, se han exterminado tantas naciones ... por el Robinson Crusoe ha generado una infinita cascada de imitaciones y críticas. En
tráfico de perlas y pimienta>'. 77 Montaigne también desplegó la perspectiva indígena Pantomime, de Dereck Walcott, un amo y un esclavo ensayan una pantomima con
de denunciar la barbarie de clase en la misma Europa. Haciéndose eco de las reac- los personajes de Crusoe y Viernes, e intercambian papeles dentro de una obra con
ciones de los tupinamba ante Europa escribió: enormes connotaciones referentes al poder y llena de juegos especulares. La adapta-
ción cinematográfica de Luis Buñuel de la obra de Defoe plantea dudas satíricas
Dicen que en primer lugar pensaron que era muy extraño ver que t~ntos hombres ~r~n
(como la novela misma) en la religión de Crusoe -Viernes queda perplejo por la
des con barbas, fuertes y armados ... siguieran las órdenes de un mño y que no eligie-
teología cristiana- pero deja sin cuestionar ciertos aspectos del discurso colonialis-
ran a uno de los suyos para mandarlos. En segundo lugar (tienen una manera de hablar
de los hombres como si fueran mitades los unos de los otros), que han observado que ta como las proyecciones paranoicas que el protagonista tiene de los caníbales. En
había hombres entre nosotros, llenos y atiborrados de cosas buenas, y que sus mitades otras adaptaciones cinematográficas como Yo Viernes (Man Friday, 1975), de Jack
estaban mendigando a sus puertas, demacrados por el hambre y la pobreza; Y pensa- Gold, el estatus heroico de Crusoe queda aún más en entredicho, pues lo que es la fá-
ron qué extraño era que esas mitades necesitadas pudieran sufrir tal injusticia, y que bula puritana de un romance colonial se convierte en una alegoría anticolonialista y
78
no agarraran a los otros por el cuello y les quemaran l as casas. contracultural. Cuando el Crusoe (Peter O'Toole) de Yo Viernes explica las leyes de
la propiedad, Viernes (Richard Roundtree) no puede entender que haya nadie tan
Unos años después, Shakespeare, creó el personaje de Caliban, cuyo nombre es desquiciado como para creer en la propiedad individual. La película se burla de Cru-
un anagrama de «caníbal», para La tempestad y le hizo maldecir al europeo ~róspe soe por su puntualidad de contable, su racismo, su machismo y sus fobias puritanas
ro por robarle su isla: «Pues, soy todos los súbditos que tienes, ya que este remo fue (se pasa todo un año en una isla tropical llevando una piel por vestido). Yo Viernes
antes mío». Aimé Césaire, en su versión de la obra de 1969, tuvo que alterar el tex- también saca a relucir el subtexto homoerótico de la novela. Como se ha puesto a
to de Shakespeare sólo parcialmente para convertirlo en un texto anticolonialista .. El menudo de manifiesto, la esposa del Crusoe de Defoe, con la que se casa y a la que
héroe de la versión de Césaire es un combativo «Caliban X». «Llámame X», diCe se despacha en una oración subordinada, le despierta menos deseos eróticos que
Caliban, «como harías a quien han robado su propio nombre». El C~liban de Cés.ai- Viernes, a quien describe como «apuesto» y de «buenas formas». En Yo Viernes,
re denuncia a Próspero por enseñarle a parlotear su lengua lo suficientemente bten Crusoe combina el dominio paternal con la atracción erótica. Su miedo al deseo ho-
como para seguir órdenes pero no lo bastante para estudiar ciencia, y por proyectar mosexual le lleva a una paranoia desbocada y literalmente, para desconcierto de
79
sus fantasía libidinosas en él y acusarle de violar a Miranda. Viernes, que no comparte sus inhibiciones ni neurosis eróticas, a la autoflagelación.
Yo Viernes hace una transvaloración de algunos de los signos convencionales
76. Montaigne, «Of Cannibals» [1590], en The Complete Essays of Montaigne; Stanford, Calif., del «otro». Mientras el canibalismo sigue tratándose como tema, aparece ahora
Stanford University Press, 1957, págs. 155-156 (trad. cast.: Ensayos, Madrid, Cátedra, 1985). como la cariñosa ingestión de los parientes muertos de uno. Los miembros de la tri-
77. Montaigne, «OfCoaches» [1590], op. cit., págs. 131-132. . . . bu de Viernes no son los caníbales acartonados de la novela de Defoe; están indivi-
78. Montaigne, «Of Cannibals», ibíd., págs. 155-156. Lévi-Strauss comenta que los mdws brasile- dualizados y tienen ocupaciones concretas, como las de contador de historias o ar-
ños le hicieron las mismas preguntas sobre las desigualdades sociales.
79. Véase Aimé Césaire, A Tempest; trad.: Richard Miller, Nueva York, Ubu Repertory Theatre Pu-
80. Véase Hulme, Colonial Encounters, págs. 210-211.
blications, 1985.
L
104 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN FORMACIONES DEL DISCURSO COLONIALISTA 105
bargo, en el viaje a Laputa, Swift describe una «isla voladora» que funciona me-
diante magnetismo, que reina sobre sus dominios en el continente sobre el que está
y al que cobra tributos, en una reminiscencia calculada de la práctica colonial. Debe
recordarse que Swift era irlandés, es decir, un ciudadano de la primera colonia bri-
tánica, prototipo de todas las demás. Una de sus más amargas sátiras, «Una modes-
ta proposición para evitar que los hijos de Irlanda sean una carga para sus padres o
su país, y para hacerlos útiles al pueblo», propone irónicamente la canibalización de
los niños irlandeses como solución al problema del hambre entre los pobres. Pero
aunque Swift hubiera tenido en mente específicamente a Irlanda al escribir Gulliver,
sus puyas iban dirigidas también contra el colonialismo en general, tal como la si-
guiente acusación deja bien a las claras:
Una tormenta deja a la deriva a una tripulación de piratas que llega no se sabe dónde;
a distancia, un muchacho avista tierra desde el palo mayor; van a la costa a robar y sa-
quear; ven a gente inofensiva que les trata con amabilidad, le dan al país un nombre
nuevo, toman posesión formal del país en nombre del rey, ponen en un lugar promi-
nente un tablón o una piedra como monumento conmemorativo de algo, matan a dos
o tres docenas de indígenas se llevan a un par más a la fuerza como muestra, vuelven
a casa y obtienen el Perdón de ellos( ... ) Esta odiosa partida de carniceros enviada en
tan pía expedición es una colonia moderna enviada a convertir y civilizar a un pueblo
idólatra y bárbaro. 81
13. La pedagogía colonial: Crusoe y Viernes en Las aventuras de Robinson Crusoe.
El imaginario de Swift se adelanta a Aguirre, la cólera de Dios (Aguirre, der
tesano. La película empieza con una imagen de la transformación del mundo de Zorn Gottes, 1972), la película de Werner Herzog sobre el conquistador rebelde
caos en orden, subrayado por la lectura fuera de pantalla de Crusoe de la narrativa Lope de Aguirre (1518-1561). Después de tomar parte en la represión de las rebe-
bíblica de la creación. Pero el filme entonces vuelve a enmarcar la narrativa al cam- liones de indígenas en el Perú, Aguirre se dispone a encontrar El Dorado, que se
biar a la versión de Viernes de los mismos acontecimientos. En un cambio de pers- pensaba que se encontraba en la cabecera del Amazonas. Aunque la película, que
pectiva, Viernes informa a su tribu sobre la adoración fetichista de Crusoe hacia la muestra a los europeos como víctimas de las flechas y los dardos de los franco tira-
propiedad privada, lo cual es recibido con carcajadas de incredulidad, y preguntan: dores indios, no ofrece indicios de la grandeza inca ni ninguna crítica profunda del
«¿Quieres decir que este Crusoe viene de una tribu de gente que va por ahí di cien·· colonialismo, al menos sí que se centra en un conquistador frustrado, que literal-
do "esto es mío" y "esto es tuyo"?». Sin embargo, a pesar de la crítica que hace la mente no va a ninguna parte. Herzog retrata a Aguirre como un tipo a todas luces
película del puritanismo anglocristiano, al final Viernes, quien durante toda la pelí- deforme, y como un icono casi hitleriano de la megalomanía y la demencia e u-
cula intenta educar con cariño a su amo descarriado, abraza el ideal cristiano. Aun- ropeas, y viene a revelar que los resortes psíquicos en que se apoyó la conquista
que el título revisado apunta a un aparente cambio de focalización del amo al es- fueron el sadismo y la paranoia. Obsesionado con la pureza, Aguirre sugiere fundar
clavo, la subjetividad de Viernes en último lugar sirve para apoyar una utopía la más pura de las dinastías que jamás hubieran existido casándose con su propia
contracultural blanca de comunidad erótica y festiva. Al dejar a Viernes en un vacío hija. La película también concede una modesta voz a las víctimas del colonialismo:
histórico y cultural, la película no se atreve a imaginar su nombre, ni la sociedad o el indio Baltasar comenta haber perdido el rumbo de su vida, y el esclavo negro
lengua anteriores a la llegada de Crusoe; en definitiva, nunca llegamos a saber quién Okello sueña con la libertad. Cuando el único indio amigo se niega a convertirse, el
es Viernes. El filme critica el eurocentrismo, pero sigue siendo eurocéntrico por su sacerdote Carvajal, para quien «la iglesia siempre tiene que estar con los podero-
incapacidad de imaginar a Viernes. Mientras Césaire podía reimaginar a Caliban sos», lo mata. Los momentos finales muestran un lado extremo de la negación co-
desde una perspectiva anticolonial en su versión de La tempestad, el Viernes de Yo lonial: cuando una balsa cargada con un grupo de españoles delirantes está siendo
Viernes sigue confinado en una alegoría asimétrica en la que un personaje está de- atacada por los «indios» desde las orillas, un soldado agonizante susurra: «esto no
sarrollado históricamente, mientras el otro es un elemento contracultural de sabidu- es sangre, esto no es una flecha».
ría negra innata y de sensualidad.
Si Robinson Crusoe proporciona una imagen paradigmática del colonialismo,
Los viajes de Gulliver (1726), de Jonathan Swift, satiriza esa institución. Sin em- 81. Jonathan Swift, Gulliver's Travels, Nueva York, Random House, 1958, pág. 241.
106 FORMACIONES DEL DISCURSO COLONIALISTA
MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN 107
Las antinomias de la Ilustración y el progreso lu~tad ni sus actos, y contemplan con gran asombro las desigualdades y la sumisión
existentes en la vida civilizada. 84
El expolio de los pueblos indígenas ha sido justificado, una y otra vez, por la
idea del «avance imparable del progreso occidental». Infundido de este ánimo «pro- Desde los años setenta, estudiosos indígenas americanos y otros expertos sobre
gresivo», Andrew Jackson, tras las guerras contra los indios, censuraba la «sentí- el tema han destacado la influencia de los pueblos indígenas en las instituciones de-
mentalidad» de quienes se lamentaban del destino de los pueblos indígenas. mocráticas americanas. Esto fue una influencia que los «padres fundadores» rara-
m~nte niegan; su desaparición de los libros de historia refleja el mismo tipo de rees-
Hay quien cae en reflexiones melancólicas cuando seguimos hasta la tumba al últi- cntura retroactiva de la historia que hemos visto con África y la Grecia clásica. Los
mo de la raza o cuando pasamos por encima de las tumbas de naciones extinguidas. Pero e_s~udiosos .revisonis~as han destacado las características más notables de la vida po-
la verdadera filantropía nos consuela de estas vicisitudes, como lo hace la extinción de htica Y social de los troqueses (haudenosaunee) que fueron adoptadas subsecuente-
una generación que deja paso a una nueva( ... ) ¿Qué persona bienintencionada preferi- mente por l.os padr~s fundadores, como sospechar del poder autoritario («el gobier-
ría un país lleno de bosques y patrullado por unos cuantos miles de salvajes, a nuestra no que meJor gobierna es el que gobierna menos»), y la idea de equilibrio y de
extensa república, llena de ciudades, pueblos y granjas y ocupada por más de doce mi- establecer controles para evitar la concentración de poder. Según Donald Grinde Jr.
llones de personas felices, y bendita por la libertad, la civilización y la religión ?82 YBruce Johansen, Benjamín Franklin tomó la idea de «confederación» de la confe-
deración de las seis naciones iroquesas. 85 Así pues, en el concepto de libertad de los
La declaración de J ackson, que es parte de su segundo mensaje anual al Congre- padres fundadores tuvieron gran influencia las prácticas y las creencias de los indí-
so, combina varios leitmotivs eurocéntricos: el progreso material europeo es indicio genas americanos. En sus argumentos a favor de la propiedad pública de la tierra
de la superioridad europea (y proporciona una justificación retrospectiva para la ani- Tom Payne señaló que la sociedad de los indígenas americanos carecía de «esos es~
quilación); los pueblos sedentarios son superiores a los pueblos nómadas (en realidad pectáculos de miseria humana que la pobreza y la indigencia presentan ante nuestro
la mayoría de los grupos de indígenas americanos eran sedentarios); y la tierra debe ojos en todas las ciudades y calles de Europa». 86 Tal como dijo Thomas Jefferson a
«ser dominada» más que vivir en armonía con ella. Los pueblos indígenas america- Edward Carrington el 16 de enero de 1787: «Estoy convencido de que estas socie-
nos, de acuerdo con este discurso, están «condenados a morir a causa del progreso». dades (como las de los indios) que viven sin gobierno disfmtan en su inmensa ma-
La idea del «indio que desaparece», sacrificado en el altar del te los europeo, tranqui- yoría de un grado infinitamente mayor de felicidad que las que viven bajo gobier-
liza indirectamente la conciencia europea al presentar el genocidio como algo inevi- nos europeos». 87
table, cuando en realidad ni fue inevitable -ningún encuentro cultural tiene por qué Fue este modo de apreciar la libertad de los indígenas lo que indujo a Jefferson a
suponer ningún genocidio- ni fue algo consumado, pues miles de indígenas, como sustituir la «búsqueda de la felicidad» por la «propiedad», como el tercer elemento
los que participaron en la manifestación panindígena documentada en Columbus de la tríada de derechos naturales que defendían los seguidores de John Locke. Como
Didn 't Discover Us, siguen sobreviviendo y luchando en el continente americano, y señalan los estudiosos indígenas americanos, no es por casualidad que los revolucio-
siguen recordando a quienes les quieran prestar oídos los agravios que hay detrás de narios «hijos de la libertad» se disfrazaran de mohawk, o que la estatua de un indio
las maravillas que cuenta Occidente sobre la modernización y la ilustración. adorne el Capitolio, o que la palabra «caucus» venga de la lengua algonquina. En los
Al mismo tiempo, no todos los europeos estaban en contra de los indios; mu- año~ cincue~ta, el estu?ioso legal Felix Cohen explicaba que los ideales políticos de
chos fueron asimilados por las culturas nativas. Incluso en la puritana Nueva Ingla- la VId~ an:~ncana s~rg1e:on de «una ~ca t~adición india» que era más radical que la
terra, renegados como Thomas Morton, autor de New Canaan (1636), bailó con los Constttucwn, pues mclma «el sufragw umversal para hombres y mujeres, el patrón
indios alrededor del mayo, los entrenó en el uso de armas de fuego, y los encontró de estados que llamamos federalismo y la costumbre de tratar a los jefes como servi-
«más llenos de humanidad que los cristianos». 83 Para muchos europeos con inclina-
ciones filosóficas, los pueblos indígenas vivían según las leyes igualitarias de la na-
turaleza. En su Historia de América (1777), William Robertson describe a los in- 84.' Willia~ ~~be~tson, Works, Londres, 1824, vol. IX, págs. 94-95. Citado en Roy Harvey Pearce,
dios como satisfechos sobre su modo de vida y críticos con el de los europeos: Savag1sm and Clv¡/¡zatwn, Berkeley, University of California Press, 1988, pág. 88.
85. Véase Donald A. Grinde Jr. y Bruce E. Johansen, Exemplar of Liberty: Native Ame rica and tlze
Evolution ofDemocracy, Los Ángeles, American Indian Studies Center, University of California, 1991
Se consideran los mejores, los mejor preparados, los más perfectamente cualificados
Y Bruce E. Johansen, Forgotten Founders: How the American Indian Helped Slzape Democracy, Boston,
para disfrutar la verdadera felicidad. No están acostumbrados a que se limiten su vo- Harvard Common Press, 1982. Estos dos libros documentan de manera muy cautelosa y cuidadosa la in-
fluencia de los indígenas americanos en las instituciones americanas, normalmente citando a los padres
fundadores mismos.
82. Presidente Andrew Jackson, en J. D. Richardson (comp.), A Compilation oftlze Messagesand
Papers oftlze Presidents, 1789-1897, vol. Il, págs. 520-521. 86. Tom Payne, Complete Writings, voL I, pág. 610, citado en Grinde and Johansen Exemplar of
Liberty, pág. 153. '
83. La historia de Thomas Morton la cuenta bien Richard Drinnon en Facing West: Tlze Metaplzy-
87. Citado en Johansen, Forgotten Founders, pág. 98.
sics of /ndian Hating and Empire-Building, Nueva York, Schocken, 1980.
108 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN FORMACIONES DEL DISCURSO COLONIALISTA 109
dores de la gente en vez de sus amos». 88 De hecho, hablando más en general, la idea empirista no sometió en este caso la «causalidad» entre raza e inferioridad a sus
de libertad comunal igualitaria de los pueblos indígenas, aparte de lo romantizada habituales procedimientos metodológicos de escepticismo. Emmanuel Kant tam-
que esté, contribuyó a que Europa despertara del largo sueño dogmático del autorita- bién albergaba sus dudas sobre las capacidades intelectuales de los negros y escri-
rismo. En los escritos de Lévi-Strauss, Georges Bataille, Pierre Clastres, Eduardo bió en «Observaciones acerca del sentimiento de lo bello y lo sublime» (1764) que
Galeano, Kirkpatrick Sale y Gerry Mander continúa desempeñando un papel al pro- los americanos (es decir, los indígenas americanos) y los negros «son inferiores en
vocar que los intelectuales occidentales hagan críticas antropológicas profundas de sus capacidades mentales al resto de las razas». 93 Entre los filósofos franceses, Vol-
las bases morales y políticas de la civilización eurocéntrica. taire, aunque se oponía a la esclavitud, también escribió en su Traité de metaphysi-
Los casos de Franklin y Jefferson reflejan la herencia contradictoria de la Ilus- que (1734) que creía en la inferioridad de los negros. 94 Y Rousseau, aunque mante-
tración, que por un lado fue profundamente liberadora para ciertos grupos dentro de nía que las desigualdades eran productos de la sociedad, también manifestaba que
Europa e incluso fuera de ella (para el revolucionario haitiano Toussaint 1' Overtu- algunas culturas estaban más evolucionadas que otras. 95 Para muchos filósofos eu-
re, por ejemplo) y que por otro justificó el sometimiento «progresista» de quienes se ropeos la inteligencia de los negros estaba constantemente a prueba. Los no eu-
irguieron en el camipo de la Razón. La Ilustración, que tuvo Jugar a la par que el ad- ropeos debían demostrar, por ejemplo por escrito, lo que a las otras razas se les re-
venimiento de Europa como poder mundial, perpetuó, junto con su lado progresis- conocía como derecho de nacimiento: su inteligencia y su humanidad. La cuestión
ta, un lado jerárquico, competitivo e imperialista. El «contrato social» delineado por no es que filósofos como Hume o Kant fueran sólo racistas o que no tuvieran nada
filósofos como Locke, Rousseau y Mill, que legitimó el establecimiento del gobier- de valor que decir, sino más bien que el racismo, como el sexismo, procedía de las
no de los Estados Unidos, tenía un «contrato antisocial» paralelo -como dice Y. N. alturas máximas de la modernidad filosófica.
Kly- en el que la idea de «igualdad entre iguales» pasó a implicar la igualdad de Sin embargo, había pensadores que tomaron una posición diferente. Abbé Gui-
oportunidades para expoliar y explotar. 89 De hecho, pocos textos ilustran mejor el llaume Reynal, autor de Les deux Indes (1776), invitó a quienes tuvieran inclina-
aforismo de Walter Benjamín de que «no hay documento de la civilización que no ciones filosóficas a debatir la propuesta: «¿Fue el descubrimiento de América una
sea a la vez un documento de la barbarie» que la Constitución americana. Los prin- bendición o una maldición para la humanidad?», y llegó a la conclusión de que dado
cipios entronizados ahí establecen dos baremos: uno, público y escrito, para los el «atroz» tráfico de esclavos y la destrucción de los pueblos indígenas, «sólo un ser
hombres de ascendencia europea; otro, en su mayor parte sin escribir, para las «mi- infernal» respondería afirmativamente a la pregunta. 96 El anticolonialista más apa-
norías» no europeas. Las tesis liberales de los «padres fundadores», aunque eran sionado de los filósofos franceses fue Denis Diderot, quien en su Supplément al via-
progresistas, no se suponía que debían aplicarse a «pueblos inferiores», del mismo je de Bougainville puso a los tahitianos sobre aviso respecto a los europeos armados
modo que la «autodeterminación» wilsoniana de un período posterior no se suponía «con un crucifijo en una mano y un puñal en la otra», que «les obligarían a adoptar
que debiera aplicarse a las naciones no europeas. sus costumbres y opiniones». 97 En pasajes en los que contribuyó a la Histoire des
Al mismo tiempo, el racismo expresado de vez en cuando incluso por filóso- deux lndes, de Reynal, Diderot invirtió la metonimia colonialista de «bestia y sal-
fos europeos progresistas revela los límites etnocéntricos del nuevo conocimiento vaje» aconsejando a los hotentotes africanos:
«universal». Efectivamente, muchas de las antinomias del pensamiento ilustrado e
¡Huid, desventurados hotentotes! ¡Huid! Escondeos en vuestros bosques. Las bestias
investigadas por la «teoría crítica» de la Escuela de Francfort y después por la
feroces que viven en ellos dan menos miedo que los miembros del imperio bajo el que
arqueología foucaultiana y el posmodernismo lyotardiano, ya eran evidentes en el
vais a caer. .. O si tenéis el valor, tomad vuestras hachas, tomad vuestros arcos y haced
siglo xvm. 90 Para John Locke, los indios estaban en la misma categoría que los «ni- que lluevan vuestras flechas envenenadas sobre esos extranjeros. 98
ños, los idiotas y los analfabetos» por su incapacidad de razonar. 91 Y David Hume,
en una nota a pie de página a su ensayo de 1748, «Sobre los Caracteres Nacionales»,
afirmaba que los «negros eran por naturaleza inferiores a los blancos». 92 El filósofo
93. Immanuel Kant, «Observations on the Feeling of the Beautiful and the Sublime», citado en Ga-
tes, Figures in Black, pág. 19.
88, Felix Cohen, «Americanizing the White Man», publicado originalmente en The American Sclzo- 94. Véase M. Duchet, Anthropologie et histoire au Siecle des Lumieres, París, Maspero, 1971.
lar, voL 21, no 2, 1959, y citado en Oren Lyons y otros, Exiled in the Land o.fthe Free, Santa Fe, CaliL, 95. Para una explicación más detallada, véase V. Y. Mudimbe, The Invention o.f A.frica: Gnosis,
Clear Light, 1992, pág. 274, Philosophy, and the Order o.f Knowledge, Bloomington, Indiana University Press, 1988, págs. 71-72.
89. Véase Y. K Kly, The Anti-Social Contract, Atlanta, Ga., Clarity Press, 1989, 96. Citado en Kirkpatrick Sale, The Conquest of Paradise: Christopher Colombus and the Colum-
90. Véase Pie terse, Empire and Emancipation, pág. 56. bian Legacy, Nueva York, Alfred A. Knopf, 1990, págs. 366-367.
9L Véase P. Marshall y G. Williams. The Great Map o.f Mankind: British Perceptions o.fthe World 97. Citado en A. Moorhead, The Fatallmpact: An Account of the lnvasion o.f the South Pacific,
in the Age of Enlightenment, Londres, Dent, 1982, pág. 192. Harmondsworth, Penguin, 1987, pág. 131.
92. David Hume, «Of National Characters», en The Philosophical Works, Thomas Hill Greene y 98. Citado en Y ves Benot, Diderot: de /'atlzéisme a l'anti-colonialisme, París, Maspero, 1970, pág.
Thomas Hodge Grose (comps.), 4 vols., Darmstadt, 1964, voL 3, pág. 252, n. l. Citado en Henry Louis 176. Benot ha examinado detalladamente los escritos de Diderot, incluidos los que se han atribuido a
Gates Jr., Figures in Black, Nueva York, Oxford University Press, 1987, pág. 18. otros, como L'Histoire des Deux Indes.
110 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN FORMACIONES DEL DISCURSO COLONIALISTA 111
Como Montaigne, Diderot, invertía el tropo de la barbarie, considerando que los eran para Hegel «espiritualmente impotentes» y destinadas a «desaparecer a medi-
colonizadores eran los bárbaros de verdad. Incluso se imaginó a sí mismo como una da que la razón se les acerca». 103 China, del mismo modo, perpetuaba una «existen-
especie de guerrillero anticolonialista avant la lettre, al escribir en 1781: cia vegetativa natural», 104 mientras el Ser Absoluto en la India era representado «so-
ñando en un estado de éxtasis». 105 «El destino necesario de los Imperios Asiáticos»,
¡Europeos bárbaros! No me impresiona el esplendor de·vuestras empresas. Sus éxitos escribió Hegel, «es el de someterse a los europeos». 106
no ocultan su injusticia. En mi imaginación me he embarcado en esas naves que os lle- Aunque Marx le diera la vuelta a Hegel en ciertos terrenos, en otros continuó
van a lejanos países, pero una vez en tierra y después de haber sido testigo de vuestras
con el eurocentrismo de la filosofía hegeliana. 107 Para Marx, las sociedades pre-
fechorías, me separo de vosotros y me uno a vuestros enemigos, y tomo las armas con-
capitalistas de Asia y el continente americano vivían en una temporalidad condena-
tra vosotros, y me lavo las manos en vuestra sangre. 99
da históricamente y e iban a desaparecer inevitablemente ante la marcha productiva
del capitalismo pujante. Como los críticos indígenas americanos señalan, el pensa-
Así, Diderot se adelantaba a otros renegados radicales que vendrían más tarde,
miento marxista comparte con el capitalismo la noción de productividad aplicada al
como por ejemplo el Sartre del prefacio a Los condenados de la tierra, de Fanon; es
trabajo humano y la tierra. 108 Por su parte, el positivismo de Comte consideraba que
decir, el intelectual europeo que se identifica con el oprimido contra el colonialismo
«el orden y el progreso» de la historia humana se desarrollaban en niveles univer-
europeo (volveremos a la implicaciones contemporáneas de la condición de renegado
sales y predecibles. En Time and the Other, Johannes Fabian apreciaba un tenden-
al final del capítulo). También denunció la hipocresía de moralismo sentimental de
cia similar dentro de la ciencia de la antropología clásica -un deseo de transmitir
Europa, que se negaba a comprender a los pueblos con los que tenía una deuda moral:
la idea de que los colonizados vivían «alocrónicamente», en otro tiempo, asociados
Por toda Europa se llevan oyendo durante un siglo las máximas morales más subli- con períodos previos de la vida individual (la infancia) o de la historia humana (pri-
mes. La fraternidad de wdos los hombres ha quedado plasmada en escritos inmortales mitivismo)-. Una <<negación de contemporaneidad» marcaba el estado de la cultu-
( ... )Incluso hay sufrimientos imaginarios que provocan las lágrimas en el silencio de ra indígena como «decadente» o como «prehistórica». A una tradición atrasada,
nuestros salones y más especialmente en el teatro. Es el destino fatal de los desventu- congelada e inerte se le oponía la «modernidad», lo cual suponía un desplazamien-
rados negros lo único que no llega a conmovemos. Se les humilla, mutila, quema, apu- to temporal que ocultaba el hecho de que lo que en realidad se encontraba frente a
ñala, pero nosotros escuchamos todo esto con frialdad y sin emoción. Los sufrimien- frente «no eran las mismas sociedades en estadios de desarrollo diferentes, sino so-
tos de las gentes a quienes debemos nuestros gozos nunca nos llegan al corazón. 100 ciedades distintas en el mismo momento». 109
El racismo también dejó su marca en la estética ilustrada. Las medidas y los
Si Hume usó el término «naturaleza» para negar a la humanidad negra, Diderot rankings característicos de las nuevas ciencias se casaron con juicios de valor esté-
desplegó la misma categoría para denunciar la esclavitud como un «crimen contra la tico derivados de una lectura apolínea de una Grecia sin·Dionisos. Así, hubo pala-
naturaleza». Pero mientras Diderot hacía un llamamiento a la insurrección africana dines de la raza aria, como Carl Gustav Carus, que midió lo divino en la humanidad
contra los colonialistas, Hegel, en La filosofía de la historia, situaba a África fuera a través del parecido humano con las estatuas griegas. La religión del arte aurática,
de la coniente de la historia. Hegel, que no sabía nada sobre África, afirmaba que por su parte, también adoró en el Altar de la blancura. Bell Hooks, Clyde Taylor y
este continente nos obliga a abandonar la mismísima categoría de universalidad: Comel West, entre otros, han denunciado «la mirada normativa» que sistemática-
mente ha desvalorizado la estética y apariencia no europea. 110 Dónde, si no entre los
África no forma parte de la historia del Mundo; no tiene ningún movimiento ni desarro- blancos, pregunta retóricamente el cirujano británico Charles White, encuentra uno
llo que mostrar. Los movimientos históricos en ella --es decir, en la parte norte- per-
tenecen al mundo europeo o asiático ... Lo que entendemos por África propiamente di-
103. Citado en Boff, America Latina, pág. 20.
cha, es el Espíritu sin desarTollar y sin historia, todavía en estado meramente natural. 101
104. Hegel, The Philosophy ofHistory, pág. 173.
105. /bid., pág. 139.
Para Hegel, el vínculo entre africanos y europeos que era únicamente esencial 106. !bid., págs. 142-143.
era la esclavitud, a la que le atribuía el haber «incrementado el sentido de humani- 107. Sobre el orientalismo de Marx, véase Edward Said, Orientalism, Nueva York, Pantheon, 1979,
dad entre los negros». 102 Del mismo modo, las culturas indígenas de México y Perú y Ronald Inden, Imagining India, Oxford, Basi1 Blackwell, 1990.
108. Para una crítica de las bases eurocéntricas del marxismo desde una perspectiva del indígena ame-
ricano, véase Ward Churchíll (comp.), Marxism and Native Americans, Boston, South End Press, 1983.
99. Citado en Benot, Diderot, pág. 172. 109. Johannes Fabian, Time and the Other: How Anthropology Makes Its Object, Nueva York, Co-
100. !bid., pág. 209. lumbia University Press, 1983, pág. 155.
101. G. W. F. Hegel, The Philosophy ofHistory, trad. de J. Sibree, Nueva York, Dover, 1956. 110. Véase Cornel West, Prophesy Deliverance: An Afro-American Revolutionary Christianity,
págs. 91-99. Philadelphia, Westminster, 1982; Clyde Taylor, «Black Cinema in the Post-aesthetíc Era», en Jim Pines
102. Citado en Paul Gilroy, The BlackAtlantic, Cambridge, Mass., Harvard University Press, 1993, y Paul Wíllemen (comps.), Questions ofThird Cinema, Londres, BH, 1989; Bell Hooks, Black Looks:
pág. 41. Race and Representation, Boston, South End Press, 1992.
112 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN FORMACIONES DEL DISCURSO COLONIALISTA 113
«la noble curvatura de esa cabeza, que contiene tal cantidad de cerebro ... ¿En qué
otra parte del globo encontraremos el rubor que embellece las suaves facciones de
las bellas mujeres europeas?». 111 Aunque las descripciones vehementes de los blan-
cos dan prioridad a los cerebros de los hombres sobre la belleza de las mujeres, es
finalmente la pertenencia genética de éstas a la familia del hombre (blanco) lo que
las hace ser aceptadas. Así pues, hay innumerables novelas de aventuras coloniales,
por no mencionar películas como Trader Horn (1930) y King Kong (1933), que
muestran a «nativos» adorando el fetiche de la belleza femenina blanca. Sólo si con-
sideramos esta larga historia de glorificación de lo blanco y de desvalorización de
la negritud, uno puede apreciar la fuerza emocional de la contraafirmación «lo ne-
gro es bello» (volveremos a esta cuestión de raza, aspecto y cine en el capítulo 7,
«Las estéticas de las resistencias»).
En el siglo XIX, el racismo eurocéntrico se vio rodeado por el aura asociada con
la ciencia como conocimiento «objetivo», libre de la mancha de lo subjetivo y lo
contingente (lo que pasa por «objetividad», sugiere Molefi Kete Asante, es en rea-
lidad poco más que el sentimiento colectivo de la subjetividad europea). 112 La mis-
ma época vio el nacimiento del racismo biológico; a los antiguos prejuicios se les
dio un marchamo científico. El determinismo biológico afirmaba que las diferen-
cias socioeconómicas entre las razas, las clases y los géneros eran el producto de
rasgos heredados genéticamente; lo social era un epifenómeno de la biología. La de-
cadencia se achacaba a la mezcla de razas; el mestizo, como señala Jan Pieterse, se
convirtió «en la personificación de la dialéctica del imperio y la emancipación y a
los racistas les daba pavor y le tenían como un monstruo, un híbrido infértil. 113 Al-
gunos métodos contemporáneos de medición intelectual y psicológica han hereda-
do las ideologías deterministas de este período, concretamente la idea de que «se
puede asignar valor a los individuos y a los grupos midiendo la inteligencia como
una cantidad única». 114 Es común a todas estas corrientes un arrogante monologis- 14. Clasificación· colonial:
mo: sólo puede haber una cultura legítima, una estética y un camino a la civilización pueblos del mundo.
«madura» y se puede clasificar a todas las sociedades según el punto en que se ha-
llen en esta escala única.
A finales del siglo XIX, la filosofía racista fue reformulada como «darwinismo de las razas inferiores» se convierten en «los cimientos en que la humanidad se ha
social». Extrapolada de la teoría de la evolución por selección natural de Darwin, basado para tener una vida intelectual más alta y una vida emocional más profun-
esta escuela de pensamiento consideraba la competencia económica e incluso la da».116 El darwinismo social ofrecía una versión secular de la providencia divina.
guerra como «pruebas» de la aptitud racial. Los deterministas sociales predicaban La lógica de la extinción natural estaba vinculada con una ideología de jerarquía,
«la ley del más fuerte» y «los más fuertes» siempre parecían ser los europeos. Ro- negando cualquier posibilidad de conversión o transformación. Si la ideología de
bert Knox escribía con regocijo en The Races of M en: «¡Qué campo de exterminio limpieza de sangre de la Inquisición permitía la «purificación» a través de la con-
yace ante las razas sajonas, celtas y sarmatianas!». 115 Para Karl Pearson, el «cami- versión, las teorías de la pureza de sangre del siglo XIX no permitían tal salida. Ésta
no del progreso» se «extendía entre las ruinas de las naciones», y «las hecatombes fue la ideología que condujo no sólo a los exterminios coloniales, sino a la «solu-
ción final» que liquidó a dos tercios de los judíos de Europa.
111. Charles White, Account o.f the Regular Gradation in Man, citado en Stephen Jay Gould, The La genética marcó la cultura europea del siglo XIX vigilando las fronteras de la
Mismeasure of Man, Nueva York, W. W. Norton, 1981, pág. 42. identidad y protegiéndolas de la fluidez anárquica del intercambio racialsexual. Una
112. Véase Moleli Kete Asante, Kemet, A.frocentricity and Knowledge, Trenton, N.J, Africa World manía por clasificar, medir y ordenar en listas -expresada en pseudo-ciencias
Press, 1990, pág. 24.
113. Véase Pieterse, Empire and Emancipation, pág. 360.
114. Véase Gould, The Mismeasure ofMan, pág. 20. 116. Karl Pearson, citado en Random House Historical Pamphlet, Social Darwinism: Law o.fNatu-
115. Robert Knox, The Races of Men: A Fragment, Filadelfia, Lea and Blanchard, 1850, pág. 153. re or Justification of Repression?, Londres, Random House, 1967, pág. 53.
114 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
como la frenología y la craniometría- no dejaron área incólume. Cada detalle 3. El imaginario imperial
era interpretado en nombre de jerarquías abstractas y la misma capacidad de abs-
tracción era vista en sí misma como un signo de superioridad (los textos de «socio-
biología» de Konrad Lorenz On Agression y el libro de Desmond Morris El mono
desnudo reciclaron el darwinismo social para los años setenta. Charles Murray y
Richard Hernstein realizaron una labor similar para los años ochenta y los noventa).
El documental del Channel4 británico titulado The Eye of the Empire (1989) docu-
menta la manía decimonónica de clasificar a los pueblos haciendo incursiones en
los archivos fotográficos imperiales, que estaban recogidos en libros con títulos
como Vol. IV: Detalles médicos, varones, grupo de tribus del norte de Anetaman.
Se sitúa a los grupos humanos dentro de un paradigma de «historia natural», sujetos
a estudios antropométricos y mediciones de cráneos. Muchas de estas fotografías
muestran el estudio del objeto humano al lado de un científico que blande una cin-
ta métrica. Mientras los europeos se enmarcan como retratos de familia o artísticos,
los no europeos se enmarcan como especímenes pasivos de «Pueblos del Mundo».
El cine europeo, en su infancia, heredó el discurso racista y colonialista cuyos
contornos históricos hemos apuntado aquí. El cine, también producto de «los des-
cubrimientos científicos occidentales», hacía palmaria a los espectadores la gran
narrativa del «progreso de la civilización occidental», a menudo a través de narrati-
vas biográficas de exploradores, inventores y científicos. Como producto de la in-
genuidad científica, el cine se consideró a sí mismo la encarnación de un nuevo tipo
de ciencia «interdisciplinar» que podía hacer accesibles «otros» mundos. Podía tra-
zar un mapa del mundo como un cartógrafo; podía contar acontecimientos como un
historiador; podía «cavar» en el pasado distante como un arqueólogo; y podía ana-
tomizar las costumbres de pueblos «exóticos» como un antropólogo. En su papel
educativo, el cine dominante prometía iniciar al espectador occidental en culturas La dominación colonial de pueblos indígenas, el control estético y científico de
desconocidas, visualizadas (al estilo de Hegel), como vividas «fuera de la historia». la naturaleza a través de esquemas, la apropiación capitalista de los recursos y la or-
El cine, pues, se convirtió en mediador epistemológico entre el espacio cultural del denación imperial del mundo bajo un régimen panóptico: todo esto formó parte de
espectador occidental y el de las culturas representadas en la pantalla, conectando un enorme movimiento histórico mundial que alcanzó su apogeo a principios del si-
espacios separados y temporalidades supuestamente separadas en un solo momento glo xx. De hecho, es muy significativo para nuestra argumentación que los princi-
de exposición. pios del cine coincidieran con la culminación del proyecto imperial, con una época
en la que Europa ejercía el dominio sobre enormes extensiones de territorios ajenos
y gran cantidad de pueblos subyugados (de todas las coincidencias celebradas -de
principio común del cine y el psicoanálisis, el cine y el nacionalismo, el cine y el
consumismo-- es esta coincidencia entre el nacimiento del cine y el punto álgido
del imperialismo la que ha sido menos explorada). El cine nació en un momento en
que un poema como La carga del hombre blanco, de Rudyard Kipling, pudo ser pu-
blicado, como lo fue en 1899, para celebrar la adquisición estadounidense de Cuba
y las Filipinas. Las primeras proyecciones de los Lumiere y Edison de la última dé-
cada del siglo XIX siguieron de cerca el «reparto de África» que empezó a finales de
la década de 1870; la batalla de Rorke's Drift (1879) que enfrentó a británicos y zu-
lúes (rememorada en la película Zulú, 1964); la ocupación británica de Egipto en
1882; la conferencia de Berlín que dividió África en «zonas de influencia» eu-
ropeas; la masacre de sioux en Wounded Knee en 1890; e innumerables desventuras
imperiales.
116 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN EL IMAGINARIO IMPERIAL 117
También se daba la «circunstancia» de que los países productores de cine más ministraba materia prima para el romance, y éste proporcionaba al imperio un «aura
prolíficos del período mudo -Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos, Alemania- de nobleza». 5
eran los principales países imperialistas, e iba en su interés alabar la empresa colo-
nial. El cine emergió exactamente en el momento en que el entusiasmo por el pro-
yecto imperial se estaba extendiendo de las élites a las capas populares, en parte gra- Modelando la identidad nacional
cias a exposiciones y obras de ficción populares.
Para las clases trabajadoras de Europa y Euroamérica, las fotogénicas guerras Las creencias sobre los orígenes y la evolución de las naciones a menudo que-
en remotas partes del imperio se convirtieron en amenos entretenimientos que cum- dan plasmadas en forma de historias. Para Hayden White, ciertos «tropos principa-
plían la función de «neutralizar la lucha de clases y transformar la solidaridad de les» de la narrativa modelan nuestra concepción de la historia; el discurso histórico
clase en solidaridad racial y nacional». 1 El cine adaptó las ficciones de escritores co- «suministra una estructura argumental para una serie de acontecimientos, de modo
lonialistas como Kipling para la India, y de Rider Haggard, Edgar W allace y Edgar que su figuración como una historia determinada revele su naturaleza como_ proce-
Rice Burroughs para África, y absorbió géneros populares como los «relatos de so comprensible». 6 La nación, por supuesto, no es una persona con deseos smo una
conquista» del suroeste americano. unidad de ficción impuesta en un conjunto de individuos, aunque las historias na-
A los muchachos ingleses se les iniciaba principalmente en los ideales imperia- cionales se presentan como si expusieran una forma acentuada de la continuidad del
les a través de libros como Escultismo para muchachos (Scouting for Boys, 1908), sujeto. 7 Como medio por excelencia para contar historias, el cine estaba especial-
de Robert Baden-Powell, que alababa: mente dotado para transmitir las narrativas proyectadas de naciones e imperios. La
conciencia nacional, vista generalmente como una precondición de la nación -es
a los hombres que guardan las fronteras de todas partes de nuestro Imperio. Los decir, la creencia que comparten individuos dispares sobre orígenes comunes, esta-
«tramperos» de Norteamérica, los cazadores de África Central, los pioneros británi- tus, situación y aspiraciones- se convierte en ficciones cinematográficas enlazadas
cos, exploradores y misioneros en Asia y todas las partes salvajes del mundo ... la po- a grandes rasgos. En el período moderno, para Benedict Anderson, esta concie~cia
licía del noroeste de Canadá y de Suráfrica. 2 colectiva fue posible gracias a una lengua común y su manifestación en un «capita-
lismo de imprenta». 8 Antes del cine, las novelas y el periódico impulsaron comuni-
Las enseñanzas prácticas en supervivencia que daba el escultismo, combinadas dades imaginadas a través de sus relaciones integradas con el espacio y el tiempo.
con los mecanismos iniciáticos del relato de aventuras coloniales, estaban designa- Los periódicos --como las noticias de televisión hoy- hacían que la gente se die-
das para transformar a muchachos, tal como dice Joseph Bristow, en «sujetos en- ra cuenta de la simultaneidad y las interconexiones de lo que pasaba en diversos
grandecidos», una raza imperial que imaginaba que el futuro del mundo descansa- lugares, mientras las novelas parecían dotar de rumbo a las diversas entidades ficti-
ba sobre sus hombros. 3 Mientras las muchachas eran domesticadas como amas de cias relacionándolas en un todo narrativo. Como «épica burguesa» (en palabras de
casa, sin lo que Virginia Woolf llamaba una «habitación para ellas mismas», los Georg Lukács), la novela heredó y transformó la vocación de la época clásica (por
muchachos podían jugar, aunque sólo fuera en su imaginación, en el espacio del im- ejemplo, La Eneida) de producir y enaltecer la identidad nacional, acompañ_an~o Y
perio. La fantasía de las regiones lejanas ofrecía «espacios carismáticos de aventu- plasmando a la vez la emergencia de las naciones e imponiendo un topos umtarw a
ra» 4 libres de peligrosas relaciones heterosexuales. Las películas de aventuras, y la lenguas heterogéneas y deseos variados.
«aventura» de ir al cine, proporcionaban una experiencia indirecta de fraternidad Las películas de ficción también heredaron el papel social de la novela realista
exacerbada, un campo de juego para la autorrealización de la masculinidad europea. del siglo XIX respecto a los imaginarios nacionales. Como las novelas, las películas
Del mismo modo que el espacio colonizado estaba a disposición del imperio, y los avanzan temporalmente; la duración temporal de una historia va de los pocos minu-
paisajes coloniales estaban a disposición del cine imperial, así también este espacio tos mostrados en los primeros cortos de Lumiere a las varias horas (y milenios sim-
psíquico estaba a disposición del juego de la imaginación del espectador viril como bólicos) de películas como Intolerancia (lntolerance, 1916) y 2001: una odisea en
un Lebenstraum mental. El imperio, como dice John McLure en otro contexto, su- el espacio (2001: A Space Odyssey, 1968). El cine transmite el «tiempo de ca-
lendario» del que habla Anderson, un sentido del tiempo y de su paso. Del mismo
1. Véase el capítulo «Colonia1ism and Popular Culture», de Jan Pie terse, en su White on Black: lma-
ges of Africa and Blacks in Western Popular Culture, New Haven, Conn., Yale University Press, 1992, 5. Véase John McClure, Late Imperial Romance: Literature and Globalization from Conrad to
pág. 77. Pynchon, Londres, Verso, 1994.
2. Robert Baden-Powell, Scouting for Boys, citado en Joseph Bristow, Empire Boys: Adventures a . 6. Hay den White, Tropics of Discourse, Baltimore, Md., Johns Hopkins University Press, 1978, pág. 58.
Man's World, Londres, HarperCollins, 1991, pág. 170. 7. Etienne Balibar escribe: «Las historias de las naciones se nos presentan en la forma de una na-
3. Bristow, Empire Boys, pág. 19. rrativa que atribuye a estas entidades la continuidad de un sujeto». Véase Etienne Balibar e Immanuel
4. Patrick Brantlinger, Rule of Darkness: British Literature and Imperialism 1830-1914, Ithaca, Wallerstein, Race, Nation, Ch?Ss: Ambiguous Identities, Londres, Verso, 1991, pág. 86.
Nueva York, Cornell University Press, 1988, pág. 11. 8. Benedict Anderson, Imagined Communities, Nueva York, Verso, 1983, págs. 41-46.
118 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN EL IMAGINARIO IMPERIAL 119
modo que las ficciones literarias nacionalistas inscriben en multitud de aconteci- un tiempo literal de veinticuatro fotogramas por segundo. En este sentido, el cine
mientos el concepto de un destino comprensible, linear, así las películas arreglan puede movilizar el deseo de manera más eficiente para que respondaa los concep-
acontecimientos y acciones en una narrativa temporal que se mueve hacia una con- tos nacionalizados e imperializados de tiempo, argumento e historia. El ritual insti-
clusión, dando forma de este modo a la forma de pensar el tiempo histórico y la his- tucional del cine de reunir a una comunidad -espectadores que comparten región,
toria nacional. Los modelos narrativos en el cine no son simplemente microcosmos lenguaje, cultura- es equiparable, en cierto modo, a la reunión simbólica de la na··
que reflejan los procesos históricos; son también coordenadas de experiencias a tra- ción. La nación, en el sentido de Anderson de «camaradería horizontal», considera
vés de las cuales la historia puede ser escrita y la identidad nacional figurada. Como al público del cine como una «nación» provisional forjada por la facultad de ser es-
las novelas, el cine puede transmitir lo que Mijaíl Bajtín llama «cronotopos», tiem- pectadores. Mientras la novela se consume en soledad, el cine se disfruta en un es-
po que se materializa en el espacio, que media entre lo histórico y lo discursivo, pacio común, donde la congregación efímera de espectadores puede cobrar un im-
dando entornos ficticios donde se hacen visibles los entramados de poder histórica- pulso nacional o imperial. ~sí, el cine puede desempeñar un papel más afirmativo a
mente específicos. Tanto en el cine como en la novela, «el tiempo se espesa, se hace la hora de impulsar las identidades de grupo. Finalmente, a diferencia de la novela,
carne», mientras «el espacio se carga y responde a los movimientos de tiempo, ar- el cine no requiere que el espectador sepa leer. Como entretenimiento popular, es
gumento e historia». 9 En este proceso no hay nada intrínsecamente siniestro, ex- más accesible que la literatura. Mientras no había lecturas públicas de ficciones li-
cepto hasta qué punto se despliega de manera asimétrica, para ventaja de algunos terarias imperiales dentro de las colonias, por ejemplo, los espectadores sí que asis-
imaginarios raciales y nacionales y en detrimento de otros . tieron en masa a las ficciones fílmicas imperiales.
La situación nacional descrita por Anderson se complica, diríamos nosotros, en La forma dominante europea/americana de cine no sólo heredó y diseminó un
el contexto de una ideología imperial que era doblemente transnacional. Primero, se discurso colonial hegemónico, sino que también creó una hegemonía potente de su
alentaba a los europeos a identificarse no sólo con una nación europea sino con la propia cosecha a través del control monopolizador de la distribución y la exhibición
solidaridad racial que suponía el proyecto imperial en general. Así, los espectadores de películas en muchas partes de Asia, África y el continente americano. El cine eu-
ingleses podrían identificarse con los héroes de las películas de la Legión Extranje- rocolonial trazó así la historia no sólo para los espectadores domésticos sino tam-
ra francesa; los públicos euroamericanos, con los héroes del Raj británico, etc. Se- bién para el mundo. A los espectadores africanos se les empujaba a identificarse con
gundo, los imperios europeos (lo que la reina Victoria llamó la «familia imperial») Cecil Rhodes y con Stanley y Livingstone, contra los mismos africanos, y se en-
ya estaban concebidos de manera paternalista para dar «Cobijo» a las diversas razas gendraba así l_!na batalla de imaginarios nacionales dentro del espectador colonial
y grupos, reduciendo así al mínimo las singularidades nacionales de los propios co- fragmentado( Eara el espectador europeo, la experiencia cinematográfica desperta-
lonizados. Dada la naturaleza geográficamente discontinua del imperio, el cine con- ba un reconfÓ;tante sentimiento de pertenencia imperial y nacional pero a costa, di-
tribuyó a cimentar un sentimiento tanto imperial como nacional de pertenencia a un gamos, de pueblos alterizadosl El cine Gunto con otras instituciones coloniales
grupo entre muchos pueblos dispares. Para la élite urbana de los territorios coloni- como la escuela) hacía que los Eofonizados experimentaran sentimientos contradic-
zados, los placeres de ir al cine se asociaron con el sentimiento de pertenencia a una torios pues en él se mezclaban la identificación provocada por la narrativa cinema-
comunidad en los márgenes de su imperio europeo particular (especialmente en tan- tográfica y un intenso rencor, ya que era el colonizado el que era alterizado.
to que los primeros cines en estos países estaban asociados con europeos y con las Mientras la novela podía jugar con las palabras y la narrativa para generar «SU-
burguesías locales europeas). 10 El cine empujó a una élite asimilada a identificarse jetos engrandecidos», el cine llevaba consigo un nuevo y poderoso aparato teórico
con «SU» imperio y así contra otros pueblos colonizados. referido al aparato de la mirada. El «aparato» cinematográfico, es decir, la máquina
Si el cine heredó en parte la función de la novela, también la transformó. Mien- cinematográfica que incluye el instrumental básico de cámara, proyector y pantalla,
tras la literatura se termina dentro de un espacio léxico virtual, el cronotopo cine- y el espectador como sujeto deseante del que la institución cinematográfica depen-
matográfico es literal, se plasma de manera concreta en la pantalla y se despliega en de para la realización del imaginario, no sólo representa lo «real» sino que estimu-
la también intensas «ficciones de sujeto». Para Christian Metz, el aparato cinema-
tográfico impulsa el narcisismo, ya que el espectador se identifica consigo mismo-a
9. Para más información sobre la extrapolación del concepto de Bajtín de cronotopo, véase Robert
Stam, Subversive Pleasures: Bakhtin, Cultural Criticism, and Film, Baltimore, Md., Johns Hopkins Uni-
como un «tipo de sujeto transcendente». 11 Al extender protéticamente la percepción
versity Press, 1989; Kobena Mercer, «Diaspora Culture and the Dialogic Imagination», en Mbye Cham humana, el aparato teórico le da al espectador la ubicuidad ilusoria del «sujeto que
y Claire Andrade-Watkins (comps.), BlacVrames, Cambridge, Mass., MIT, 1988; y Paul Willemen.' todo lo percibe», que disfruta un excitante sentimiento de poder visual. Desde el
«The Third Cinema Question: Notes and Reflections», en Jim Pines y Paul Willemen (comps.), Ques- Diorama, el Panorama y el Cosmorama hasta el NatureMax, el cine siempre ha am-
tions ofThird Cinema, Londres, BFI, 1989.
pliado y movilizado la mirada virtual de la fotografía, trayendo el pasado al presen-
1O. En el mundo colonizado, al principio sólo se construyeron salas de cine en grandes núcleos ur-
banos como El Cairo, Bagdad y Bombay. Para calibrar las primeras reacciones al cine en Bagdad, Ella
Shohat llevó a cabo una serie de entrevistas con ancianos de su misma comunidad de Bagdad ahora dis- 11. Christian Metz, «The Imaginary Signifier», en The lmaginary Signifier: Psychoanalysis and the
persos en Israel/Palestina, Inglaterra y los Estados Unidos. Cinema, Bloomington, Indiana University Press, 1982, pág. 51.
120 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
121
EL IMAGINARIO IMPERIAL
te, y lo lejano, cerca. Ha ofrecido al espectador una relación mediada con las imá- los primeros fotógrafos como Felix Teynard, Maxime du Camp.' Ed~uard-Den~s
genes de otros de diversas culturas. No es que el imperialismo estuviera inscrito en Baldus, John Beasley Oreen, Louis de Clerq y John Murray fue fmanCiado, publi-
los aparatos o en el celuloide, sólo queremos sugerir que el contexto del poder im- cado y exhibido por varias instituciones imperiales. De Clerq, por ejemplo: ~~e i~
perial dio forma a los usos que se hacían del aparato y el celuloide. En un contexto vitado a acompañar al historiador Emmanuel-Guillaume Rey en una ex~e~Icion f:-
imperial el aparato tendía a ser desplegado de modo que adulara al sujeto imperial nanciada por el gobierno francés en 1859 a los castillos cruzados de Sina Y Asia
como observador superior e invulnerable, como lo que Mary Louise Pratt llama Menor, un viaje que generó los seis volúmenes de Voyage en Orient, villes, monu-
«rey-de-todo-lo-vigilo». La capacidad del cine de «hacer volar» a los espectadores ments, et vues pittoresques de Syrie, junto con la colección de objetos históricos que
alrededor del mundo les dio una posición de sujetos dueños audiovisuales de la pe- ahora alberga el departamento de Antigüedades Orientales del Louvre. Y Murray
lícula. La «visualidad movilizada espacialmente», 12 del ojo del sujeto* del imperio sirvió en el ejército de la East India Company donde, como muchos ingleses en la
que se extendía en espiral hacia todo el globo, crea un sentimiento cinético, visceral India, se aficionó a la fotografía. Su trabajo, expuesto por primera vez en Londres
de conquista y viaje imperial, transforma a los espectadores europeos en conquista- en 1857 durante la sublevación de los cipayos, fue instigado por el gobernador ge-
dores de butaca, afirmando su sentido de poder mientras convertía a las colonias en . neral de la India, Lord Earl Canning, el mismo gobernador que reprimió el levanta-
espectáculo de la mirada voyeurista de la metrópolis. miento y que, junto con su esposa Lady Charlotte Canning, fue uno de los principa-
13
les patrocinadores de la fotografía en la India.
Los orígenes sociales del cine fueron esquizofrénicos, rastreables tanto en la
Cine como ciencia y espectáculo «alta» cultura de la ciencia y la literatura como en la «cultura «baja» de las barracas
de feria y las primeras salas de proyección (a veces las dos culturas se fusionan: el
Si la cultura del imperio autorizó el placer de alcanzar a ver efímeramente sus olobo volador de La vuelta al mundo en 80 días, diseñado para dar la vuelta al mun-
«márgenes» mediante los viajes y el turismo, la invención decimonónica de la cá- do, fue también el objeto de espectáculo para los entusiasmados parisinos). El deseo
mara fotográfica y, después, de la cinematográfica, hizo posible almacenar esas de expandir las fronteras de la ciencia se ligó inseparabl~mente al_des~o de ~xpan··
visiones. Más que permanecer confinada en su hogar europeo, la cámara salió a dir las fronteras del imperio. La cercanía del origen del eme a la ciencia occidental
«explorar» nuevos territorios arqueológicos, etnográficos y geográficos. Visitó ma- implicaba también la exhibición cinematográfica de los triu~fos ~~cidental~s. L~s
ravillas naturales y humanas (el Nilo, el Taj Mahal), y desenterró civilizaciones (las visibles logros del cine y la ciencia también adornaron la prohferacwn de fenas um-
excavaciones de Nubia), imbuyendo a todo lugar de interés la frescura inocente de versales, que desde mediados del siglo XIX se habían convertido en los escaparates
la nueva máquina. Sin embargo, los pioneros de la imagen grabada apenas cuestio- internacionales para los frutos espectaculares del progreso científico e industrial.
14
naron la pléyade de relaciones de poder que les permitía representar otras tierras y Las tendencias visualizantes del discurso antropológico occidental abrieron el
otras culturas. Así, los fotógrafos de viaje por Oriente podían grabar sus visiones camino para la representación cinematográfica de otros territorios y culturas. El es-
subjetivas, pero al hacer eso también estarían trazando claras fronteras entre el su- tatus «ontológicamente» cinético de la imagen en movimiento favoreció al cine no
jeto que mira y el objeto mirado, entre el viajero y el «objeto de viaje». Fotógrafos sólo por encima de la palabra escrita sino también por encima de la fotografía. ~ra
como George Bridges, Louis de Clerq, Maxime du Camp y cineastas como Thomas muestra de la antropología al armarla con la evidencia visual no sólo de la exis-
Edison y los hermanos Lumiere no documentaron simplemente otros territorios; tencia de «otros» sino también de la alteridad. El cine, en este sentido, prolonga el
también docurpentaron el bagaje cultural que llevaban consigo. Sus interpretaciones proyecto museístico de reunir en la metrópolis objetos zoológicos, botánicos, et-
subjetivas formaban parte inseparable de los discursos de sus respectivos imperios nooráficos y arqueológicos tridimensionales. A diferencia de las más reputadas e
europeos. «i;accesibles» ciencias y artes de las élites, el cine popularizador podía sumir a los
La excitación que generaba la capacidad de la cámara de registrar las cualida-
des formales del movimiento estaba en consonancia con el expansionismo a todo
13. Las fotografías de las que hablamos en este apartado pueden encontrarse en Maria Hambourg,
gas del imperialismo mismo. La cámara se alquilaba para documentar los confines Pierre Apraxine, Malcolm Daniel, Jeff L. Rosenheim y Virginia Heckert, The Waking Dream: Photo-
del imperio. A los fotógrafos y cineastas les atraían en especial los trenes y los bar- graphy's First Century, seleccionadas de la Gilman Paper Company Collection, Nueva York, Metropo-
c:_os, motores del imperio que traían las materias primas desde las entrañas de Asia, litan Museum of Art, 1993. .
Africa y el continente americano hasta el corazón mismo de Europa. El trabajo de 14. Para más información sobre estudios críticos del discurso antropológico, véase por e.Je~-
plo: Talal Asad (comp.), Anthropology and the Colonial Encounter, Atlantic Highlands, NJ: Hu~am
ties Press, 1973; James Clifford y George Marcus (comps.), Writing Culture, Berkeley, Umverslty ~f
12. Para más información sobre la «mirada movilizada» del cine, véase Anne Friedberg, Window California Press, 1986; James Clifford, The Predicamento.{ Culture, Cambridge, Mass., Harvard Um-
Shopping: Cinema and the Postmodern, Berkeley, University of California Press, 1993. versity Press, 1988; Trinh T. Minh-ha, Woman, Native, Other, Bloomington, Indiana Un~v.ersity Pr~ss,
* Juego de palabras intraducible. En inglés «l!eye» significa literalmente «yo/ojo», y ambas pala- 1989; Edward Said, «Representing the Colonized: Anthropology's lnterlocutors», Crltlcal lnqUtry,
bras se pronuncian igual. (N. del t.). vol. 15, n° 2, págs. 205-225.
122 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
EL IMAGINARIO IMPERIAL 123
tas sobre la raza en una atmósfera de desenfado generalizado. La Exposición Colom- El zoólogo y anatomista George Cuvier estudió sus partes íntimas de manera
bina de Chicago plasmó en un espacio las jerarquías raciales de manera casi didácti- supuestamente objetiva y comparó sus nalgas a las de «los babuinos y los man-
ca al emplazar las piezas teutónicas de la exposición al lado de la «Ciudad Blanca», driles hembra, que en determinadas épocas de su vida adquieren un desarrollo
y las del «mundo mahometano» y las «razas salvajes» justo en el otro extremo de la monstruoso». 26 Después de la muerte de Baartman, a la edad de veinticinco años,
exposición. El racismo y el «entretenimiento», como señala Robert W. Rydell, esta- Cuvier obtuvo permiso oficial para observar incluso más de cerca sus partes priva-
ban estrechamente entrelazados. 20 La feria de Omaha tenía una caseta sobre «las ra- das, y las diseccionó para producir una descripción detallada de su cuerpo por den-
zas vencidas» y en la Exposición de Atlanta los sioux fueron obligados a representar tro.27 Sus genitales todavía se encuentran en un estante del Musée de l'Homme de
28
su derrota y humillación de W ounded Knee. La «Purchase Exposition» de Lousiana París junto con los genitales de «una negra» y «una peruana» como monumentos
tenía una caseta filipina que hacía como si las Islas del Pacífico compartieran con la a algún tipo de necrofilia imperial. Que el lugar en el que hayan acabado esas par-
conquista del Oeste un «destino manifiesto». Al recalcar la participación de la nación tes se designe de manera patriarcal como «Museo del Hombre» resulta sumamen-
en un proyecto de dominación global, esas exposiciones daban una forma utópica a te irónico.
la ideología de la supremacía blanca, legitimaban las jerarquías raciales en el extran- Como producto de la ciencia y de la cultura de masas, el cine combinaba los
jero y silenciaban las divisiones de género y clase entre los blancos en casa. 21 viajes como conocimiento, los viajes como espectáculo y transmitía la idea del
Se exhibía a los africanos y a los asiáticos como figuras humanas que tenían una «mundo como una exposición». 29 El estudio del «otro» hipersexualizado en el dis-
relación de parentesco con especies animales concretas, literalizando así el zeugma curso científico era equiparable a la exhibición cinematográfica de los extraños
colonialista al ligar «nativo» a «animal»; pues la mera exhibición en jaulas daba a como un espectáculo. Las producciones de Hollywood estaban llenas de imágenes
entender que los ocupantes no llegaban a ser humanos. Los lapones, los nubios, los «exóticas» de cuerpos indígenas en movimiento, y a veces se rebuscaban en los
etíopes aparecían en exposiciones zoológico-antropológicas alemanas. 22 La conjun- archivos fragmentos de documentales de viajes que, pudieran aparecer en películas
ción de «darwinismo, bamumismo, * y puro y simple racismo» tuvieron como resul- como las de Tarzán. Así, como muestra de la hipocresía en lo que se refiere al ero-
tado la exhibición en el zoo del Bronx de Ota Benga, un pigmeo de la región Kasai, tismo, el Código de Producción de Directores y Productores de Películas nortea-
junto con animales. 23 Como anticipo de la aldea global de Epcott, la Feria Universal mericano, 1930-1934, que censuró el bikini de Jane en una de las últimas pelícu-
de Amberes de 1894 contenía una aldea congoleña reconstruida en la que había die- las de Tarzán, permitía que saliera en el fondo una mujer africana desnuda, lo cual
ciséis habitantes «auténticos». En muchas ocasiones las personas exhibidas morían despertaba un placer lascivo ante la desnudez nativa unilateral al estilo de Na-
o caían seriamente enfermas. Las paradas de «espectác'ulos de monstruos» exhibían tional Geographic. La representación de rituales bailados en películas como The
ante los ojos incrédulos de Occidente una variedad de patologías «exóticas». Saarjie Dance of Fatima (1903), El Caíd (The Sheik, 1921), Ave del paraíso (Bird of Pa-
Baartman, la «Venus hotentota», 24 era exhibida en el circuito de entretenimiento de radise, 1932) y Bosambo (Sanders of the River, 1935) mostraba carnes foráneas
Inglaterra y Francia. Aunque sus nalgas prominentes constituían la principal aten- para dar una vaga idea de los placeres que los hombres más hombres podían en-
ción, los rumores sobre las peculiaridades de sus genitales también atrajeron al pú- contrar en la exploración. El aura de «cientifismo» y «autenticidad» intentaba di-
blico, y su «anomalía» racial/sexual se asociaba constantemente con la animalidad. 25 simular que las películas etnográficas se centraban directamente en el rebote de
los pechos de mujeres bailando; 30 las películas de Hollywood, bajo la vigilancia de
las mayorías morales domésticas, relegaban la desnudez de los indígenas al fondo,
20. Robert W. Rydell, All the World's a Fair, Chicago, University ofChicago Press, 1984, pág. 2.36. o restringían las imágenes a una vestimenta «nativa» mínima. Escenas típicas de
21. !bid.
22. Véase Pieterse, White on Black. Para más información sobre una especie de «minisociedad» de
viajeros, véase Donna Haraway, «Teddy Bear Patriarch: Taxidermy in the Garden of Eden, New York 26. «Flower and Murie on the Dissection of a Bushwoman», Anthropological Review, no 5, julio,
City, 1908-1936», Social Text, 11, invierno de 1984-1985. 867, pág. 268. . .
* De Barnum, charlatán norteamericano del siglo XIX, llamado «el rey del reclamo», que valiéndo- 27. Richard Altick, The Shows o.f London, Cambridge, Mass., y Londres, Harvard Umvers1ty Press,
se de supercherías logró sumas valiosas y atraer la atracción del público. 1978, pág. 272.
23. Véase Phillips Verner Bradford y Harvey Blume, Ota Benga The Pygmy in the Zoo, Nueva 28. Stephen Jay Gould, The Flamingo 's Smile, Nueva York, W. W. Norton, 1985, pág. 292. En una
York, S t. Martins Press, 1992. visita reciente al Musée de l'Homme, no encontramos pista alguna de la Venus hotentota; ni en el catá-
24. Se desconoce el nombre africano de la Venus hotentota pues nunca fue mencionado por quie- logo ni a través de los funcionarios se sabía nada de ella.
nes la estudiaron. 29. Mitchell, Colonizing Egypt, pág. 13.
25. Para más información sobre la ciencia y el cuerpo racial/sexual, véase Sander Gilman, «Black 30. La atracción del pecho es patente incluso en la portada del libro sobre el cine etnográfico de
Bodies, White Bodies: Toward an Iconography of Female Sexuality in Late Nineteenth-Century Art Me- Karl Heider Ethnographic Film, Austin University of Texas Press, 1976, en la que aparece una imagen
dicine and Literature», Critica! Inquiry, vol., 12, n° 1, otoño de1985; y en conjunción con el cine pione- de una mujer indígena amamantando. Por su parte, el libro de Trinh T. Minh-ha Reassemblage, 1982, re-
ro, véase Fatimah Tobing Rony «Those Who Squat and Those Who Sit The Iconography of Race in the flexiona sobre el interés del cine etnográfico por los pechos. La presentación Imax Secrets of the [ Grand1
1859 Films of Felix-Louis Regnau1t», Camera Obscura, n° 28, 1992, número especial «Imaging Tech- Canyon («Los secretos del Gran Cañón») también reproduce el paradigma de que los indígenas ameri-
nologies, Inscribin~ Science», Paula A. Treichler y Lisa Cartwright (comp.). canos están desnudos y los europeos vestidos.
126 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN EL IMAGINARIO IMPERIAL 127
cuerpos oscuros frenéticos que entraban en trance con ritmos de tambores acelera- tures de Robinson Crusoe (1902), Le palais des mille et une nuits (1905). 31 Del
dos transmitían una imagen fetichista de las religiones indígenas. La posesión ce- mismo modo, en la película de Mélies Viaje a la Luna (Le voyage dans la Lune,
remonial (mostrada como si fuera histeria colectiva) evocaba el id incontrolable 1902, basada en la novela de Verne de 1865), la penetración en la Luna (frontera
de unos seres libidinosos. La ciencia etnográfica, pues, proporcionaba una cober- espacial) del cohete fálico sintetiza, a otro nivel, el discurso histórico de la otra
tura para la liberación de los impulsos pornográficos. La exposición cinematográ- «frontera» (imperial) (Cecil Rhodes decía a menudo: «me anexionaría los planetas
fica del cuerpo oscuro alimentaba el deseo del espectador, mientras que señalaba si pudiera»). El filme está estructurado como una narrativa de cautividad colonial:
los límites imaginarios entre «uno mismo» y el «otro», trazando esferas equipara- unas criaturas esqueléticas que llevan unas lanzas salen de la selva simulada de la
bles que eran a la vez macrocósmicas (el globo) y microcósmicas (la esfera del co- Luna y capturan a los exploradores, para luego ser derrotados por unos paraguas de
nocimiento carnal). los exploradores que parecen fusiles, y que eliminan mágicamente a las criaturas
salvajes. Esta película, que no es en apariencia una película «sobre» el colonialis-
mo, se presta, pues, a ser leída como una analogía de la expansión colonial.
El imperio proyectado Muchas películas americanas, como por ejemplo Beau Geste (1939), que se fil-
mó en Arizona pero está ambientada en Marruecos, alababan el trabajo de los ca-
El cine combinaba narrativa y espectácuJo para contar la historia del colo- maradas imperiales de la Legión Extranjera francesa. Entre 1911 y 1962, Francia
nialismo desde la perspectiva del colonizador~ Desde la representación ridiculi- hizo más de 200 largometrajes ambientados en el norte de África; en muchos de
zante por parte de los hermanos Lumiere de JOs hábitos culinarios y religiosos de ellos se rememoraban las hazañas de la Legión contra los rebeldes indígenas. 32 Pero
los árabes musulmanes en Le musulman Rigolo (1902) y Ali bouffe a l'huile fueron los británicos quienes se convirtieron en los maestros de la épica imperial tal
(1902), pasando por las aventuras de Tarzán, hasta la imaginería caníbal del oc- como se muestra en la trilogía de Korda Bosambo (Sanders of the River, 1935), Re-
cidental en la olla de la versión de 1980 de Las minas del Rey Salomón y las mi- vuelta en la India (Drums, 1938), Las cuatro plumas (The Four Feathers, 1939), y
siones científicas de Indiana Iones (1981, 1984, 1989), el cine dominante ha ha- los filmes producidos por Michael Balcon Rhodes of Africa (1936), The Great Ba-
blado para los «ganadores» de la historia, en películas que idealizan la empresa rrier (1936) y Las minas del rey Salomón (King Solomon's Mines, 1937). En un
colonial como una historia filantrópica, «misión civilizadora» motivada por un de- momento en que aproximadamente una cuarta parte de la raza humana vivía bajo el
seo de luchar contra la ignorancia, la enfermedad y la tiranía. Las representaciones dominio británico, muchas películas preferían mirar con nostalgia hacia el pasado
programáticamente negativas ayudaron a racionalizar los costes humanos de la de los días de «exploración» de los «pioneros», a examinar cara a cara la brutalidad
empresa imperial. Así, África fue imaginada como una tierra habitada por caníba- cotidiana de los últimos días del imperialismo. 33
les en la comedia de Ernst Lubin Rastus in Zululand (1910), los mexicanos se ve- Las imágenes de Cedric Hardwicke encarnando a un Livingstone que dirigía
ían reducidos a greasers y «bandidos» en películas como Tony the Greaser (1911) a un coro africano que canta «Adelante Soldados Cristianos» en David Livingsto-
y The Greaser's revenge (1914), y los indígenas americanos eran representados ne (1936); de Cecil Rhodes trazando en un mapa de África una línea de ferrocarril
como unos satvajes maleantes en Fighting Blood ( 1911) y en The Last of the de Ciudad del Cabo a El Cairo en Rhodes of Africa; de Reginald Denny aplican-
Mohicans (1920). do la ley imperial a un gobernante nativo en Escape to Burma (1955); de Tarzán
La cinematografía de cada país imperial tenía sus propios géneros imperiales realizando actos de valor al servicio del imperio; tales son las epifanías fílmicas
ambientados en «las profundidades del África Negra», el «Misterioso Oriente» o el del imperio. Lo que Jeffrey Richards describe como «el sahib inglés de mandíbu-
«Tormentoso Caribe». Fue este afán imperialista lo que empujó a Thomas Alva la cuadrada, con salacot, fumando en pipa», escudriñando en lo alto de una forti-
Edison a representar batallas contra la guerrilla filipina en los campos de Nueva ficación el horizonte en busca de señales de agitación de los indígenas, supuso la
Jersey (con negros haciendo de filipinos) y a J. Stuart Blackton a representar la plasmación de una figura imperial ideal para el consumo cinematográfico. Ac-
guerra hispanoamericana usando modelos a escala de buques de guerra en las ba- tores como Ronald Colman, C. Aubrey Smith, Clive Brook, David Niven, Basil
ñeras de los estudios. De hecho, muchos de los primeros cortos americanos, como
Cuban Ambush ( 1898), Rossevelt 's Rough Riders ( 1898), Troop Ships for the Phi- 31. Curiosamente, el temprano interés de Mélies por el espectáculo se remonta a la fascinación que
llipines (1898) y Landing Troops Near Santiago (1902), glorificaban el festín im- le despertaba su visita a los espectáculos fantásticos del Salón Egipcio dirigidos por Maskelyne y Cooke.
perialista del Caribe y las Filipinas. Incluso cineastas a los que normalmente no se 32. Para un análisis del tratamiento cinematográfico del Magreb y el mundo árabe (especialmente
les asociaba normalmente con el ensalzamiento del imperialismo se vendieron al en el cine francés), véase Pierre Boulanger, Le cinema colonial, París, Seghers, 1975; Abdelghani Meg-
herbi, Les algeriens au miro ir du cinema colonial, Algiers, Editions SNED, 1982, y también el apartado
discurso compartido de imperio. La filmografía de Georges Mélies, por ejemplo, «Arabian Nights and Colonial Dreams», en Richard Abel, French Cinema: The First Wave 1915-1929,
contiene un cierto número de películas relacionadas con los viajes de expansionis- Princeton, NJ, Princeton University Press, 1984.
mo y las fantasías orientalistas: Le Fakir-Mistere indien (1896), Vente d'esclaves 33. Para una visión de conjunto sobre el cine imperial británico, véase Jeffrey Richards, Visions of
au harem (1897), Cléopatre (1899), La vengeance de Bouddah (1901), Les aven- Yesterday, Londres, Kegan and Paul, 1973.
128 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN EL IMAGINARIO IMPERIAL 129
Por todo el mundo, allá donde ondea la bandera británica, hay hombres de castillos o
de humildes casas de campo, de ciudades y de pueblos que están de guardia ... afron-
tando privaciones, peligros y hasta la muerte, vislumbrando sólo de manera breve su
propio hogar. Cada uno tiene sus propias penas y alegrías pero les une un propósito
común: el servicio a su país.
En películas como éstas, los intereses materiales en el mundo dominado por los
imperios se enmascaran con lo que el Marlow de Conrad habría llamado «ideas re-
dentoras»: la batalla contra el salv3:jismo (La mascota del regimiento), la lucha por
la abolición de la esclavitud (Los asesinos del Kilimanjaro [Killers of Kilimanjaro,
1959]), la lucha contra el fascismo (The Sun Never Sets, 1940).
La ley también codificaba esa imagen positiva. Los británicos especialmente
impusieron códigos de censura a lo largo y ancho de su imperio. En Trinidad, el
código de censura prohibía «escenas cuya intención fuera la de ridiculizar o criti-
car injustamente» la vida social británica: «los blancos en un estado degradante en
un entorno nativo, o ~jerciendo la violencia hacia los indígenas, especialmente chi-
nos, negros e indios», y «situaciones equívocas entre hombres de una raza y chicas 17 y 18. La responsabilidad del hombre blanco: Bosambo y Beau Geste.
EL IMAGINARIO IMPERIAL 131
130 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
oficiales británicos conseguía frenar una rebelión indígena. Los oficiales más viejos
de otra».34 En 1928, el censor de Hong Kong dijo al Cónsul General estadouni-
son interpretados por actores británicos, y los más jóvenes por americanos, lo que
dense que su deber era mantener el prestigio británico «en un pequeño ase?ta-
viene a sugerir una especie de sucesión imperial. Como señala Richards, Shirley
miento de blancos al borde de un enorme imperio asiático». Un agente de Umted
Temple, la atracción más taquillera en Gran Bretaña y en Estados Unidos desde 1935
Artists en Hong Kong informó que entre los temas prohibidos figuraban «el con-
a 1938, desempeñó un papel central en las películas imperiales. 39 En La mascota del
flicto armado entre chinos y blancos» y retratos «de mujeres blancas en atuendos
regimiento, basada en un relato de Kipling, hace de una chica americana que está en
indecorosos o posiciones o situaciones que tiendan a desacreditar a nuestras muje-
la India y que aprende la misión de Inglaterra de su abuelo británico, un oficial al
res ante los chinos». 35 Los códigos de censura británicos se aplicaban a públicos
mando de un fuerte fronterizo. Mientras el abuelo -una figura del colonialismo bri-
globales, y presionaban a los productores amer~~anos para q~~ l?s respetaran: .E~ tánico- es demasiado rígido, la nieta americana es flexible y partidaria de la media-
1928, Jason Joy advirtió al personal de produccton que los bntamcos no permttln-
ción, y en un momento incluso interviene en una guerra para reconciliar al rebelde
an «que se retratara a hombres y mujeres blancos ( ... )de manera que resultara de-
Khan con el Raj británico. Así, la familia angloamericana se alista en una especie de
gradante a ojos de los indígenas, ni que permitirían nada en las películas que ten-
alegoría imperial. El papel de intermediaria diplomática de Temple refleja el papel
diera a incitar a los indígenas contra la raza gobernante». 36 Al mismo tiempo, los
de intermediario de los Estados Unidos mismos, como el que fuera otrora revolucio-
poderes coloniales intentaron evitar el desarrollo de cinem~tografías «~ativa~» ri-
nario anticolonial en relación a Europa, y un poder hegemónico colonizante, en rela-
vales. Los franceses percibían el creciente poder de la cmematografta naciOnal
ción a los pueblos africanos e indígenas americanos. A su llegada a la India, Temple
egipcia en el mundo árabe como un problema, lo cual les llevó a formar un depar-
confunde a los indios de la India con los indios americanos, cometiendo el error de
tamento especial «encargado de crear un centro de producción en Marruecos cuya
Colón pero al revés. En una película estrenada dos años más tarde, Susannah of the
misión oficial era oponerse: a la influencia del cine egipcio». 37
Mounties ( 1939), interviene entre la Policía Montada del Canadá y una tribu «india»,
Las películas de Hollywood también prestaron servicios al imperio al re-
lo cual sugiere la intercambiabilidad de los dos tipos de «indios» (la nominación de
construir fuertes fronterizos coloniales en el sur de California. En La jungla en ar-
una Shirley Temple negra corno embajadora en Ghana proporciona otra dimensión a
mas (The Real Glory, 1939), por ejemplo, los soldados de fortuna y el ejército ame-
este tropo de la intercambiabilidad). Además de las películas épicas de la India bri-
ricano aplastan un levantamiento «terrorista» en Filipinas. A pesar de que los
tánica, Tres lanceros bengalíes (Lives of a Bengal Lancer), Four M en anda Prayer
orígenes de los Estados Unidos se hallen en levantamient~s contra los ingle.se~, las
(1938) y Gunga Din se volvieron a filmar en clave de western, bajo los respectivos
películas de Hollywood demuestran a menudo tanto entusiasmo en el colomahsmo
títulos de Gerónimo (1940), Matanza infernal (Fury at Fumace Creek, 1940) y Tres
europeo como las películas europeas. Hollywood hizo más películas que los france-
soldados (Soldiers Three, 1951). La épica imperial también se convirtió en el mode-
ses sobre la Legión Extranjera fráncesa, 38 y las películas americanas de W. S. Van
lo de westerns como Camino de Santa Fe (Santa Fe Trail, 1940) y Murieron con las
Dyke como Trader Horn (1931) y Stanley and Livingstone (1939) glorificaban el
botas puestas (They Died with Their Boots on, 1941 ), mientras que La carga de la
colonialismo británico en África. Del mismo modo, Gu_nga Din (1939), de George
brigada ligera (Charge of the Light Brigade, 1938) fue el modelo de Khartoum. Así,
Stevens, mostraba a tres heroicos soldados británicos luchando contra los salvajes
una especie de circularidad imperial reciclaba las fórmulas de supremacía europea en
del Punjab de la India decimonónica.
relación a los otros dispersados globalmente, en las que el europeo blanco siempre
Además, la identificación del público euroamericano prácticamente quedó ase-
conservaba su superioridad posicional (término de Edward Said).
gurada con el hecho de que estrellas americanas como Spencer Tracy, en Stanley and
La propensión de los estudios a elegir unos logos con un globo terráqueo que
Livingstone, y Charlton Heston, en Kartum (Khartoum, 1966), encarnaran a héroes
gira también revelaba la ambición imperial. Las filmaciones de los hermanos Lu-
coloniales británicos, lo cual era una interpretación a nivel dramático del ciclo histó-
miere en lugares del «Tercer Mundo», como India, México, Egipto y Palestina, inau-
rico por el que el imperialismo británico del siglo XIX se entregaba su relevo al im-
guraban esta movilidad imperial. Ellogo del globo quedó asociado a diversos estu-
perialismo estadounidense del xx. En Tres lanceros bengalíes (Lives of a Bengal
dios (Universal, RKO) y con las producciones británicas de los hermanos Korda;
Lancer, 1934), de Henry Hathaway, protagonizada por Gary Cooper, un puñado de
muchas de sus películas como Revuelta en la India (Drum), Las cuatro plumas (The
Four Feathers) y El libro de la selva (The Jungle Book, 1942) trataban temas impe-
34. De «Trinidad Government Principies of Censorship Applied to Cinematographic Films», circu- riales. La imagen del globo evoca simbólicamente la actuación divina, pues un
lar interna de 1929, citada en Ruth Vasey «Foreign Parts Hollywood's Global Distribution and the Re-
mundo creado implica la existencia de un Creador. Después, las noticias de televi-
presentation ofEthnicity, American Quarterly, voL 44, n° 4, diciembre de 1992. . .
35. Nota interna de la United Artists, 8 de marzo de 1928, del archivo de MPPDA (Motton P1cture
sión actualizaron este tropo de «cobertura mundial». En los años cincuenta, John
Producers and Directors of America, Inc). Citado en Vasey, «Foreign Parts». Cameron Swayze usó el motivo del globo terráqueo en movimiento en su Camel
36. Un resumen de 1928 del archivo del MPPDA Archive, citado por Vasey, «Foreign Parts».
37. Hala Salmane, Simon Hart y David Wilson (comps.), Algerian Cinema, Londres, BFI. 1976.
39. Véase Jeffrey Richards, «Boys Own Empire», en John M. Mackenzie (comp.), lmperialism and
Véase también Ella Shohat, «Egypt: Cinema and Revolution», Critica/ Arts, voL 2, no 4, 1983.
Popular Culture, Manchester, Manchester University Press, 1986.
38. Véase Abel, French Cinema, pág. 151.
132 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
EL IMAGINARIO IMPERIAL 133
News Caravan, y los programas de noticias actuales muestran globos de líneas es-
féricas y mapas iluminados. El western como paradigma
La cobertura televisiva de las crisis internacionales recientes ha generado más
elaboraciones de este tropo. En un programa especial sobre la Guerra del Golfo del Si la película de aventuras imperial propagaba los placeres y beneficios del im-
canal ABC llamado A Line in the Sand, Peter Jennings caminaba por un mapa polí- perio, el western contaba la historia de aventuras imperial en la frontera americana.
tico de colores del Oriente Medio, escenario de un tour pedagógico de la historia de De hecho, a menudo se han ocultado las conexiones entre las dos aventuras impe-
la región, en lo que venía a ser a la vez una cobertura espacial y temporal. El co- riales, en el continente americano y fuera del mismo, pues el uso de la palabra «im-
mentarista de la televisión americana literalmente se sienta, pisa y mira el mapa des- perialismo» se ha restringido a las expansiones de finales del siglo XIX en el Caribe
de una posición privilegiada, y va saltando de un lugar a otro de ese pequeño mun- y el Pacífico. Como se ha señalado a menudo, la proporción de westcrns dentro del
do «como si fuera un coloso». 40 total de las películas de época -aproximadamente un cuarto de todos los largome-
Tanto en el cine como en la televisión, tales puntos de vista globales ligan al trajes de Hollywood desde 1926 hasta 1967- es tan elevada que muestra una espe-
espectador a la perspectiva cósmica omnisciente del sujeto dominante. La vuelta al cie de obsesión nacional. 41 Aunque relativamente pocas películas tratan el tema de
mundo en 80 días (Around the World in 80 Days, 1956) incorpora imágenes de la revolución americana y de Washington, Jefferson y Franklin, hay innumerables
mapas y globos terráqueos, por ejemplo, y empieza con un narrador omnisciente películas que tratan el tema de la conquista del oeste y de Kit Carson, Billy el Niño
que aplaude «el empequeñecimiento del mundo» que tenía lugar cuando Verne es- y el general Custer. El lugar central que ocupa el «mito de la frontera» en el imagi-
taba escribiendo su libro (el preludio a la película incluye el obligatorio modelo del nario americano ha sido analizado elocuentemente por Francis J ennings, Richard
globo girando para la cámara). La idea de «encogimiento» materializa la perspec- Slotkin, Richard Drinnon, Michael Rogin, John Cawelti y otros expertos. Los orí-
tiva científica, segura de sí m~sma del hombre británico de clase alta. «Nada es im- genes de este mito, que algunos consideran el mito norteamericano de más larga
posible», dice el personaje de David Niven: «Cuando la ciencia finalmente con- vida, se remontan al período colonial. El mito de la frontera tiene sus raíces ideoló-
quiste el aire puede ser factible dar la vuelta al mundo en ochenta horas». De este gicas en algunos de los discursos a los que hemos hecho referencia en el capítulo an-
modo, vincula implícitamente el desarrollo de la ciencia al control imperial, una terior: las leyes competitivas del darwinismo social, la jerarquía de las razas y los
idea que se refuerza mediante la asociación recurrente del personaje con el son de sexos y la idea de progreso. Todo ello le dio una forma nacional excepcionalista a
«Rule Britania». En recientes películas de ciencia-ficción, como El retorno del un proceso histórico generalizado: el empuje de la expansión europea en Asia, Áfri-
Jedi (The Return of the Jedi, 1983), la globalidad abarca esferas que todavía tienen ca y el continente americano. Lo que Slotkin llama el tropo de la «historia de Amé-
que ser trazadas por la NASA. La conquista del espacio cohabita con una narrati- rica como la guerra contra los indios» ha proporcionado de manera consistente una
va imperial subyacente en la que la visualización de otro planeta se conforma al pa- forma de autoengrandencimiento fantástica a la autonarración de lo que ha llegado
/
radigma representacional de «subdesarrollo» del Tercer Mundo. Una lucha mani- a ser la esencia de lo estadounidense, y tiene resonancias que todavía encuentran
quea enfrenta al héroe con el nuevo territorio y sus indígenas. Los exóticos eco en la cultura de hoy.
«ewoks», que parecen osos de peluche, y cuya lengua, como en la mayoría de las El western heredó un intertexto complejo que abarca la épica clásica, las no-
películas coloniales, resulta ininteligible, adoran al héroe tecnológico euroameri- velas de caballerías, la novela indianista, la ficción de la conquista, las pinturas de
cano y lo defienden contra unas criaturas irracionales malvadas y repulsivas. El George Catlin y los dibujos de Frederic Remington. Desempeñó un papel educativo
triunfo moral y físico del héroe legitima la destrucción del enemigo y la transfor- crucial en la formación del sentimiento histórico de generaciones de norteamerica-
mación paternal de los «elementos» amigos en aliados serviles, lo cual le autoriza nos. La macronarrativa del western estaba «condensada» temporal y espacialmente:
a establecer nuevos puestos fronterizos (e implícitamente a conservar los anti- de los cuatro siglos de historia del «Nuevo Mundo», estas películas se centran en los
guos). Como las antiguas películas de aventuras, los espectaculares videojuegos de últimos 200 años, soslayando situaciones de primer contacto cuando era evidente
ciencia-ficción de guerra de las galaxias visualizan el progreso como un movi- que la tierra y la cultura americanas eran indias y cuando la colaboración no geno-
miento intencionado hacia la ubicuidad global; si en las películas antiguas el cru- cida con los indios era todavía posible. Películas como Corazones indomables
zar el océano implicaba la ausencia de límites, en las recientes, ya ni el espacio re- (Drums Along the Mohawk, 1939) y Paso al noroeste (Northwest Passage, 1940),
presenta una frontera. cuya acción se sitúa antes de 1800, son en este sentido la excepción; los westerns
normalmente nos sitúan en un momento histólico en el que la penetración de la fron-
tera no es ninguna novedad, cuando el punto de partida de los personajes. ya no es Eu-
ropa sino Euroamérica y cuando hay pocas posibilidades de que los indígenas ame-
ricanos organicen con éxito una resistencia a la ocupación europea. No es ninguna
40. A Line in the Sand, documental de la ABC, se emitió el 14 de enero de 1991, un día antes de la
«fecha límite» establecida por los Estados Unidos para que Irak se retirase de Kuwait. 41. El dato procede de Edward Buscombe (comp.), The BFI Companion to the Western, Nueva
York, DaCapo, 1988, pág. 35.
134 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN EL IMAGINARIO IMPERIAL 135
coincidencia que haya películas «del oeste» y no del «este», ya que las películas del
este, ambientadas en la costa, deberían mostrar el contacto entre una generación an-
terior y los indígenas americanos, lo cual podría haber puesto de manifiesto lo
«poco americanos» que eran los extranjeros europeos blancos y también podría sa-
car a colación ciertas especulaciones sobre la historia («¿Y qué habría pasado si .. ?»)
realmente interesantes.
Como dice Ward Churchill, la América indígena, según Hollywood, «floreció
con la llegada de los blancos», y entonces «desapareció de un modo misterioso, jun-
to con el bisonte y la pradera», en una historia que no tiene ni un «antes de» ni un
«después de». 42 Como consecuencia de esto, no hay reconocimiento cinematográfi-
co de lo que Churchillllama «Un pasado autónomo sin blancos», ni nada que pu-
diera consagrarse en la contrapartida iroquesa, sioux o cherokee (por no hablar ya
de los aztecas o los incas) de películas como Cleopatra (1934, 1963), La túnica sa-
grada (The Robe, 1953) o Ben-Hur (1926, 1959). Además, incluso dentro de una
espacio-temporalidad condensada, estos westerns privilegian un período de aproxi-
madamente cincuenta años y vuelven una y otra vez a acontecimientos y lugares
particulares. Aunque los indígenas americanos históricos generalmente evitaron la
confrontación directa con los ejércitos blancos -según el Servicio de Parques Na-
cionales, entre 1850 y 1890 probablemente sólo hubo seis ataques de cierta enver-
gadura a fuertes de la caballería de los Estados Unidos-, el ataque de los indios a
un fuerte, como el bastión que había construido una civilización sedentaria contra el
salvajismo nomádico, se convirtió, sin embargo, en uno de los lugares comunes más
frecuentes de los westerns americanos. 43 Convertidos en agresores, los indígenas
americanos se transformaron en blancos móviles para las armas no indias. 44 La ca-
tegoría de héroe, e indirectamente la de un actor, pasaba a definirse según el núme- 19. Dominando el paisaje: John Wayne en Centauros del desierto.
ro de indios que mataba. 45 .\1
Un elemento esencial de los westerns es la tierrl La actitud reverente hacia los
paisajes -Monument Valley, Yellowstone, el río Colorado- oculta a quie- desértico y seco sirve de <:1~~~~~~2-i!~l~,~~~~~~~~!l~~~~lar
nes eran los propietarios de la tierra y así se presenta el expansionismo como algo una ~!?E~,5:!~-t~'t~rgA~. fant~s~~J~Xtm!l~LOlll§l'l§· Normalmente, tampoco se explica
normal. La tierra se presenta como virginal y sin habitar, y a la vez marcada con el que las poblaciones nativ-as~ retratadas como parte intrínseca del paisaje en su mayo-
simbolismo bíblico: «Tierra Prometida», «Nuevo Canaan», «Tierra de Dios». Una ría habían sido desplazadas por las expropiaciones de los blancos de las tierras más
división dual marca un enfrentamiento entre un siniestro territorio agreste y un bello fértiles de más al este. Una alegoría maniquea también disimula dos puntos de vista
jardín, que se soluciona cuando «inevitablemente» el primero da paso al segundo: diametralmente opuestos sobre la tieiTa: para la mayoría de las culturas de indígenas
«La robusta planta agreste», escribe Thomas Farnham, «se marchita si se la intenta americanos, la tierra no es un bien inmueble que se venda sino que es sagrada por es-
cultivar en un jardín. Al indio se le entierra con el arco y las flechas». 46 El terreno tar consagrada históricamente y por ser como una «madre» que da (y necesita) ali-
mento.47 En muchas lenguas indígenas no hay palabras con las que se pueda siquie-
ra expresar el concepto de «vender la tierra»; de ahí lo absurdo de imaginar que los
42. Véase Ward Churchill, Fantasies ofthe lVíaster Race: Literature, Cinema and the Colonization of europeos compraran Manhattan por 24 dólares y unas cuantas baratijas. Por otro
American lndians, M. Annette Jaimes (comp.), Monroe, Maine, Common Courage Press, 1992, pág. 232. lado, para los europeos la tierra era un conglomerado de recursos explotables sin
43. Citado en Ra1ph Friar y Natasha Friar, The Only Good Indian: The Hollywood Gospel, Nueva
York, Drama Book Specialists, 1972, pág. 188.
alma, y los indios una horda de vagabundos sin sentido de propiedad, ley o gobier-
44. Véase Churchill, Fantasies ofthe Master Race, pág. 232. no. La «civilización», como dijo un ministro de la Guerra, «implica un amor a la
45. Raoul Walsh le decía a sus futuros actores: «Tienes un papel extraordinario: matas a ocho in- propiedad exclusiva». El progreso, dijo el senador Henry Dawes, depende de no te-
dios». Raoul Walsh entrevistado por Richard Schikel en Hmper's, octubre de 1970.
46. Thomas Farnham, Travels in the Great Western Prairies [1843], en Thwaites (comp.), Early 47. En un documental a favor de los indígenas titulado To Protect Mother Earth (1987), las in-
Westem Travels, vol. XXVIII, págs. 123-124. Citado en Roy Harvey Pearce, Savagism and Civilization, dígenas americanas se lamentan en repetidas ocasiones de lo que denominan «la violación a la Madre
Berkeley, University ofCalifornia Press, 1988, pág. 65. Tierra».
EL IMAGINARIO IMPERIAL 137
136 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIQN
meteico o adánico del nombre: El Dorado (1967), Paso al noroeste (1940), The
Last Fro~~tier (1956). Una especie de tropismo occidental (Joven: ¡ve al Oeste!) for"'
ma parte de las películas que transmiten una intencionalidad de ser pionero e impe-
tuoso, una teleología crepuscular aprobada por la divinidad: Red Sundown (1956),
Unión Pacifico (Union Pacific, 1939), La ultima avanzada (The Last Outpost,
1935, 1951), La puerta del cielo (Heaven's Gate, 1980). Otros títulos tienen reso-
nancias más claramente relacionadas con el empeño de ir hacia el Oeste: Westbound
(1959), Caravana de mujeres (Westward the Women, 1951), Camino de Oregón
(The Way West, 1967). Tales títulos son herederos de la creación de la nación ame-
ricana, que alcanzó su te los con la transformación de la naturaleza en cultura, un as-
pecto que se completó sólo en la era del cin~l ?este era; ~sí no tant~. un lugar
como un movimiento, un ir hacia el oeste, un honzonte movil, como diJO Robert
Frost, un darse cuenta de que hay algo hacia el oeste, un tropismo en los do~_senti
dos de la palabra, un movimiento hacia algún sitio y una figura del habla.~,
El western proyecta una visión de enormes posibilidades, una sensación de pa-
noramas que se abren ante uno infinitamente, en el espacio y en el tiempo. Estética-
mente, esta visión se expresaba mediante tomas panorámicas y planos de estampi-
das o cabalgatas filmados desde una grúa. El título de La conquista del Oeste (How
the West Was Won, 1936), una película espectacular que sigue a una familia de
emigrantes desde el Canal Erie en la década de 1830 a un hogar fijo en el Oeste cin-
cuenta años y cuatro generaciones después, sintetiza el tema de la conquista y la
20. La visión de los dominados: Wiping the Tears of Seven Generations (Secando las lá- colonización. Los westerns heredan la vocación de demarcar las fronteras, ejempli-
grimas de siete generaciones).
ficadas por las litografías de Currier e Ives Hacia el Pacifico, donde un paisaje ale-
górico rico en símbolos de progreso material incluye un tren que atraviesa una ciu-
dad industrial en primer plano hacia una tierra «sin desarrollar» que se extiende
ner la tierra en común, pues «el egoísmo es la base de nuestra civilización». 48 Para
hasta el Pacífico en el fondo. La película de John Ford El caballo de hierro (The
los europeos, la tierra existía, por así decirlo, para que una presencia social y huma-
Iron Horse, 1924), cuyo título mismo es un «indianismo··> antropomórfico, narra un
na la transformara y la convirtiera en un monograma. Mientras que para los europeos
progreso parecido que va desde un pasado rústico (antes de que se construyera el fe-
la tierra era un bien que tenía que producir rápidamente o si no debía ser abandona-
rrocarril, cuando los indios atacaban a las caravanas de carromatos) hasta un pre-
do por pastos más verdes (o por más minas de oro), para los indígenas americanos la
sente lleno de dinámicas aventuras (durante la construcción de ferrocarril, cuando
tierra era un bien sagrado que a raíz de la conquista sufrió daños irreparables.
los indios atacan a los trabajadores) y un futuro implícitamente feliz (con la cone-
Los mismísimos títulos de los westerns destacan el derecho que los europeos se
xión entre dos líneas de ferrocarril, que simbólicamente es la consecución del des-
arrogaban de reivindicar la propiedad de la tierra a medida que se iban trasladando
tino manifiesto de la nación, y la desaparición de los indios del panorama). Una na-
de un lugar a otro. Resulta irónico que dada la proporción de estados americanos
ción con ambiciones continentales queda representada en la pantalla como grupos
(como Alabama, Arizona), ríos (Ohio y Potomac, entre otros), lagos (por ejemplo,
diversos que se unen voluntáriamente en torno a un proyecto común. La tierra sal-
el Hurón y el Ontario) y cadenas montañosas (Adirondacks y Poconos, por ejemplo)
vaje se domestica y se la dota de valor, y el progreso queda personificado en una en-
con nombres autóctonos, haya un número desproprocionado de películas con un tí-
carnación metálica, la locomotora, un vehículo que tanto a nivel metafórico como
tulo de fronteras de estados designados por los europeos: Oklahoma K id ( 1939),
alegórico (la estación de tren de los Lumiere) se asocia al mismo cine. Una línea ar-
Juntos hasta la muerte (Colorado Territory, 1949), The Texas Rangers (1936), El
gumental concreta codifica los valores ilustrados de progreso y desarrollo, y asigna
hidalgo (California Conquest, 1952). 49 Los títulos mismos muestran el poder pro-
a los personajes que representan el Oeste un cómico «final feliz» como si fuera una
señal del cielo, mientras que a los «otros» del Oeste se les asigna una línea argu··
48. Citado en Noam Chomsky, Year .501: The Conquest Continues, Bastan, South End Press. 1993,
mental que apunta a la tragedia de estar «condenados a la extinción».
pág. 232.
49. Para más información sobre los nombres indios, véase Jack Weatherford, Native Roots: How «Mala suerte», dice Duke Wayne al hablar de la extinción de los indios en Hon-
the Indians Enriched America, Nueva York, Ballantine, 1991. Sobre los nombres autóctonos de Nueva do (1953), «era un bonito modo de vivir». La eliminación de los indios permite la
York, véase Robert Steven Grumet, Native American Place Names in New York City, Nueva York, Mu- aparición de una nostalgia elegíaca que trata a los indios sólo en pasado, desesti-
seo de la Ciudad de Nueva York, 1981.
138 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNIC~IÓN EL IMAGINARIO IMPERIAL 139
mando así sus reclamaciones presentes, y expresando a título póstumo una ternura Nuestro propósito, pues, no es eliminar las diferencias entre los westerns, sino
tanatológica por su recuerdo. Aquí también los títulos revelan la idea de que la épo- señalar las premisas ideológicas del género y los procedimientos generales que usa
ca en que viven los indios está condenada históricamente: Una raza que desa?are- para impulsar la identificación. En general, el western de Hollywood le dio la vuel-
ce (The Vanishing Race, 1912), El ultimo mohicano (The Last of .the Mohica.ns, ta a la historia al hacer que los indígenas americanos parecieran intrusos en su pro-
1920, 1932, 1936, 1992), The Last ofthe Redmen (1947). Un mecamsmo re~resiVO pia tierra, ofreciendo de este modo una perspectiva paradigmática, como señala
contradictorio borra el sufrimiento de la cara del indio pero su mera presencia es ya Tom Engelhardt, desde la que se ve a todo el mundo no blanco. 52 Aunque las vidas
un recuerdo de la precariedad de la nación-estado americana. Por su parte,. para .l?s y costumbres de los indígenas fueron brutalmente desbaratadas por la expansión oc-
indígenas americanos los recuerdos son vívidos Y. doloros~s. Duran~e la fllmac10n cidental, en contadas ocasiones los westerns muestran a los indígenas sencillamen-
de The Indian Wars (1914), unos traumatizados swux se vieron obligados a repre- te como habitantes de un espacio doméstico y su vida diaria ajena a toda actitud
sentar la derrota y la humillación sufrida en Wounded Knee: amenazadora. El punto de vista en el western se basa en la exterioridad, en lo que
Tom Engelhardt llama «una imaginería del cerco». La caravana de carromatos o el
El plan de filmación obligaba a que la batalla tuviera lugar justo en unas .tumbas in- fuerte que resiste el acoso forman el centro de atención y simpatía, y desde estas fi-
dias, lo que a los sioux les pareció una profanación horrorosa( ... ) los i~d1os mostr~ guras centrales familiares se hacen incursiones contra unos atacantes desconocidos
ban gran resentimiento al recordar la masacre de hombres, mujeres y mños de su tn- que se caracterizan por tener costumbres inexplicables y por una hostilidad irracio-
bu a manos de los soldados blancos. 50 nal: «en resumen, el espectador se verá forzado a situarse detrás de la mira de un ri-
fle de repetición y, desde esa posición, apuntar con el arma; lo que vemos entonces
En una paradoja temporal, a los indios vivos se les hizo «hacer el muerto» ~ara es la historia del imperialismo y del colonialismo occidental». 53 Las convenciones
poner en escena una narrativa de destino manifiesto en el q\le' su papel, en última del punto de vista favorecen de manera consistente a los protagonistas euroameri-
instancia, consistía en desaparecer. canos; están en el centro del encuadre, sus deseos son los que guían la narrativa, los
No queremos dar a entender que todos los westerns se hicieran co~ el mismo enfoques panorámicos, movimientos y travellings de la cámara acompañan sus mi-
molde, 0 que nunca se retratara a los indios sin sensibilidad o que .no hub.wra contra- radas. En películas como Corazones indomables (Drums Along the Mohawk), pue-
dicciones y tensiones ideológicas en los westerns. Hay enormes diferen~Ias. entre 4z de decirse que el punto de vista sigue una estructura de círculos concéntricos. El
mujer que mintió (The Aryan, 1916), de William S. Hart, y westerns pro mdws como círculo interno, humanizado -que incluye a menudo a mujeres y niños- se ve
Flecha rota (Broken Arrow, 1950), o La puerta del diablo (Devil' s Doorway, 1970), amenazado por un segundo círculo de atacantes, hasta que un último círculo exter-
y una serie de westerns como Pequeño gran hombre ~Li~tle Big Man, 1970), que~ t.ra- no -la caballería- rescata al primer círculo aniquilando al círculo medio. El cír-
ta de un personaje que adopta las costumbres de los m~1~enas, o ~n w~stern satmco culo externo, como deus ex machina colonial, ejecuta una orden providencial, lo
como Bu.ffalo Bill (Buffalo Bill and the lndians, or Slttmg Bull s History Lesson, cual, dicho de otro m?do, recibe el nombre de genocidio. Desde el punto de vista de
1976), 0 un western con referencias contra la guerra del Vietnam como Soldado azul las convenciones, la posibilidad de identificarse con los indios queda simplemente
(Soldier Blue, ·1 970), que se apropia de la matanza de cheyenes y arapahoes de 1864 descartada; aunque no lo quiera, el espectador queda ligado a la perspectiva colo-
en Sand Creek para alegorizar la masacre de My Lai en Vietnam. Incluso dentro de nialista.
subgéneros concretos hay notables diferencias. Una narrativa sobre la cautivi~ad.' por Las narrativas predominantes sobre encuentros coloniales sugieren que «noso-
ejemplo, podría retratar o bien la asimilación de los blancos a costumbres. mdias o tros», aunque imperfectos, al menos somos humanos, mientras que los no europeos,
transmitir el horror racista de la violencia sexual que es luego vengada mediante una «ellos», son irracionales e infrahumanos. La «proporción colonial» decreta que por
«guerra salvaje». El western también ha evolucionad~ hi~tóricamente, en especial a cada uno de «los nuestros» deben morir tantos de «ellos», y este patrón se repite en
partir de los años en que las películas a favor de los mdios empezaron a prom~ver películas en la que los zulúes luchan contra los británicos, los mexicanos luchan
la identificación, aunque condescendiente, con sus valores culturales. Como s~n.a!a contra la caballería de los Estados Unidos, los soldados americanos contra los bom-
Thomas Schatz, los últimos westerns se hacen más reflexivos, proyectan una VISion barderos kamikaze japoneses y, más recientemente, los pilotos americanos contra
menos halagüeña del proyecto expansionista; los héroes de la ley y el orden del wes- los reclutas iraquíes. Pero aunque «ellos» mueran de manera desproporcionada,
tern clásico dejan paso a antihéroes descreídos. 51 Los westerns «realistas» hechos «nosotros» debemos creer que «ellos» suponen una amenaza apocalíptica. Richard
después de los años sesenta muestran la frontera c?mo un lugar v~olento pe.ro po~o Drinnon explora el proceso que recicla la hostilidad blanca hacia los «salvajes»
heroico, y presentan a menudo a los indígenas amen canos con considerable simpatm. premoqernos a lo largo de la historia americana. El proceso empezó con las «pro-
50. Fragmento obtenido de Henry Blackman Sell y Víctor Weybríght, Buffalo Bill and the Wild 52. Torn Engelhardt, «Ambush at Kamikaze Pass», en Bulletin of Concemed Asian Scholars,
West, citado en Fríar y Fríar, The Only Good lndian, pág. 74. vol. 3, n° 1, invierno-primavera de 1971
51. Véase Thomas Schatz, Hollywood Genres, Nueva York, Random House, 1981. 53. !bid.
EL IMAGINARIO IMPERIAL 141
140 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
"'~atinoamérica (Los tres caballeros [The Three Caballeros, 1945], por ejemplo)59 o
tovíctimas», los pequots masacrados en 1637, cuando los puritanos hicieron de 1
la dominación francesa, de nuevo en la película de René Clair Las bellas de noche
cuatrocientos de ellos un «horno ardiente» en su aldea cerca al río Mystic y después (Les belles des nuits, 1952). Las mismas novelas de Rider Haggard que inspiraron
. acabaron con otros trescientos en el barro de la marisma de Fairfield, lo cual supo- a cineastas del período mudo fueron objeto de nuevas adaptaciones, y en algunos
ne un ejemplo temprano de las «masacres justificadas» que salpican la historia casos en más de una vez, en el período del sonoro. Las minas del rey Salomón se fil-
americana. 54 La arrogancia fundacional de la masacre de pequots se expandió des- mó de nuevo, a veces reciclando las mismas secuencias, en 1937, 1950, 1959 (bajo
pués a «la Conquista del Oeste», después de lo cual se extendió a Filipinas durante el título de Regreso a las minas del rey Salomón [Watusi]) y en 1985. En la pelícu-
la «fiebre imperialista» a finales del siglo XIX, donde muchos de los generales al la de 1937, en la que Paul Robertson hace el papel del zulú Umbopa, el brujo Gogul
mando habían luchado en las guerras de las llanuras y contra los apaches. 55 Como encierra a unos blancos inocentes en el interior de un volcán, pero, justo cuando van
escribe Drinnon, «el odio que se proyectaba hacia los indios, se extendió a los cu- a morir, un oportuno eclipse de sol confirma la utilidad del viejo truco de hacerse
líes, a los chinos con el Acta de exclusión de 1882 y la histeria del "Peligro Amari- pasar por dioses. El filme de 1959, de Kurt Neumann, recicla secuencias de la pelí-
llo" a finales de siglo». 56 cula de 1950 y en él se salva la hija del misionero de unos «salvajes». Las minas del
Los ecos de las guerras contra los indios llegan hasta otra guerra que tuvo lu- rey Salomón de 1985 es una copia descarada de En busca del arca perdida (Raiders
gar en Asia, la del Vietnam. La misma historia de Custer que le dio a John Ford el of the Lost Ark) y recicla la imaginería colonialista más clásica, como las hordas de
argumento para Fort Apache (1948) fue el material alegórico con el que Arthur lanceros y el venerable motivo caníbal del «europeo en el caldero». En lo que sería
Penn y Sidney Salkow denuncian la locura imperial de la guerra del Vietnam. Los una especie de Historia deseada de Occidente, made in Zimbabue, la película, que
mismos nombres de algunas de las operaciones militares en Vietnam -«Rolling es una amalgama de l!ª!T~iqueas, sugiere que los que de verdad eran ex-
Thunder» («trueno retumbante»), «Sam Houston», «hickory» (nogal americano) y tranjeros coloniales eilA.frica.ño era~ británicos ni los franceses sino los turcos,
«Daniel Boone»- son parte del recuerdo y las actitudes de la historia de la fron- los árabes y los de la Alemania nazi. 60
tera americana que transmitía el western. La tropa describía Vietnam como «el En la era Reagan-Bush, el cine predominante redescubrió los encantos de la
país de los indios», mientras que el general Maxwell Taylor justificaba la escala- narrativa de la frontera/imperio. Amanecer rojo (Red Dawn, 1984) vuelve a la
da de las hostilidades como una situación en la que hay que echar a los «indios» imaginería del cerco enemigo del oeste, pero esta vez son los cubanos, los sovié-
lejos del «fuerte» para que los «colonos» puedan «plantar maíz». 57 A Lyndon ticos y los (supuestamente sandinistas) nicaragüenses quienes adoptan el papel
Johnson Vietnam le recordaba El Álamo. Incluso la «teoría dominó», según Drin- que antes desempeñaban los indios. Un panegirista literario del régimen de So-
non, «era una versión actualizada e internacionalizada del antiguo miedo a los moza en Nicaragua, Jack Coz, produjo The Last Plane Out (1983), una defensa
movimientos panindios que se remontaban a antes de los pequots y los narragan- del dictador a quien Roosevelt llamó «nuestro hijo de puta». Las montañas de la
sett».58 Y más recientemente, el general Schwarzkopf comparó a Irak con el «te- luna (Mountains of the Moon, 1989), por otra parte, recapitula la búsqueda de las
rritorio indio». fuentes del Nilo por parte del explorador victoriano Richard Burton, y aparecen
como testigos del hallazgo unos salvajes de extraño colorido, que se supone eran
incapaces de «descubrir» las fuentes ellos mismos. Ébano (Ashanti, 1979) es una
La última época del cine imperial película para el lucimiento de Michael Caine, y resucita el venerable guión de los
británicos como enemigos apasionados de la esclavitud en África, lo cual también
Ni el paradigma imperial colonial murió con el fin formal del colonialismo, ni aparece en películas como Los asesinos del Kilimanjaro (Killers of Kilimanjaro,
el western es un paradigma limitado al salvaje Oeste americano. De hecho, uno pue- 1959) y Los tambores de África (Drums of Africa, 1963). En Doctor No (1962),
de hablar de una presencia imperial «sumergida» en muchas películas: las minas de los británicos ejercen un poder benévolo sobre una población caribeña de natural
diamantes de Sudáfrica es el contexto en que se desarrolla Los caballeros las pre- bondadoso. ·
fieren rubias (Gentlemen Prefer Them Blondes, 1953); la presencia francesa en Ma-
rruecos en El hombre que sabía demasiado (The Man Who Knew Too Much,
59. Sobre el imperialismo en las producciones Disney, véase Ariel Dorfman y Armand Mattelart,
1954); el telón de fondo neocolonial de las películas de Disney que se ambientan en How toRead Donald Duck: Imperialist /deology in the Disney Comic, Nueva York, International Gene-
ral, 1975; Julianne Burton, «Don (Juanito) Duck and the Imperial-Patriarchal Unconscious: Disney Stu-
54. Véase Richard Drinnon, Facing West: The Metaphysics of Indian-Hating and Empire-Building, dios, the Good Neighbor Po1icy, and the Packaging of Latín America», en Andrew Parker, Mary Russo,
Nueva York, Schocken, 1980. Doris Sommer y Patricia Yaeger (comps.), Nationalisms and Sexualities, Nueva York, Routledge, 1992;
55. Véase Richard Slotkin, Gunfighter Nation: The Myth of the Frontier in Twentieth-Century Eric Smoodin, Animating Culture: Hollywood Cartoonsfrom the Sound Era, New Bmnswick, NJ, Rut-
America, Nueva York, Atheneum, 1992, pág. 110. gers University Press, 1993. ·
56. Drinnon, Facing West, pág. 221. 60. La Liga Árabe se quejó de esta película precisamente por este motivo. Véase New York Times,
57. Véase Slotkin, Gunfighter Nation, pág. 3. 29 de abril de 1985, pág. C13.
58. Drinnon, Facing West, pág. 404.
1
142 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN EL IMAGINARIO IMPERIAL 143
Los años ochenta y los noventa han sido testigos de una ola de narrativas elegía-
cas sobre la conclusión del período imperial. El género de nostalgia del Raj ejem-
plificado por la serie de televisión La joya de la corona (The Jewel in the Crown),
y por películas como Staying on (1980), Pasaje a la India (Passage to India, 1984),
Gandhi (1982), Oriente y Occidente (Heat and Dust, 1982) y Kim (1984) fue de-
nunciado por Salman Rushdie como un claro intento thatcherista de rehabilitar la
imagen del imperio, y suposo el elemento artístico correspondiente «al aumento de
las ideologías conservadoras en la Gran Bretaña moderna». 61 Aunque la novela de
Forster Pasaje a la India ayudó a plasmar los principios de un cambio de actitud ha-
cia la presencia británica en la India, la adaptación de David Lean atenúa el cauto
anticolonialismo de la novela en nombre del «equilibrio». Gandhi, de Richard At-
tenborough, es una película épica sobre un asceta, una especie de El triunfo de lavo-
luntad (de Leni Riefenstahl) para pacifistas. En ella se sigue el punto de vista del
«Gran hombre» sobre la historia, embelleciendo de manera sutil el papel de los bri-
tánicos. Algunas de las pocas películas críticas de «nostalgia» colonial, que por
cierto han sido hechas por mujeres francesas (Chocolat, de Claire Denis, Bal du
gouverneur, de Marie-France Pisier y Outremer, de Brigitte Rouan, todas de 1990), 21. La familia imperial: Indiana
hacen que el foco de atención vaya de la agresividad masculina a la domesticidad Jones y el templo maldito.
femenina y a la incipiente consciencia feminista-anticolonialista que provoca la
transgresión del tabú del deseo interracial.
Más a menudo, la imaginería colonialista se ha vuelto a vender bajo el disfraz maldito (Indiana J ones and the Temple of Doom, 1984 ), del mismo modo, no re-
del humor y del género de parodia. Así, en un momento de aparente declive im- vela ninguno de los actos de desobediencia civil contra los británicos que condu-
perial, Hollywood resucita el romance imperial, donde el supuesto cineasta paró- jeron a la promulgación de la Government of India Act de 1935. En el mundo de
dico celebra las excelencias ya desaparecidas «del dominio y la conquista impe- Indiana Jones, las culturas~,~el T~E~~E ~':!!li!~r§~_Eesumen como clichés d~ parque
rial de lo que era movilidad y poder prácticamente mágicos, y de la vida exótica temático s._ª~ªcio~ de,I ,Ee,i>~rto~ü~?rie~talista:, la Indli<es-toda"liñá~esPfrituaHdadma
en las avanzadillas del imperio». 62 La serie de Indiana Iones recicla a Rider Hag- rávilíosa~ como en la explicadó'ricte Ffeiei;,.Shanghai es todo gongs y calesas tira-
gard y a Kipling para la era Reagan-Bush, y resucita con encanto el género de das por personas. Los paisajes del Tercer Mundo se convierten en material de
aventuras coloniales. Hasta las cualidades adolescentes de las películas recuerdan ~nturas de ensueño. En una operación clásica de división, el Tercer Mundo es a
las energías pubescentes de las historias de aventuras para muchachos. Ambienta- la vez demonizado y puerilizado: los personajes adultos no occidentales son ma-
da en los años treinta, en pleno apogeo de la película imperial, la serie, como los los (Mola Ram, Chattar Lal, Lao Che); los niños (Short Round y Pequeño Maha-
cómics, presupone la existencia de un mundo imperializado, en el que los cate- rajah) SQ!U~I!t!:l§i.'!.Stas,,Jnoc~~· En el orden de la familia im-
dráticos de arqueología pueden «rescatar» objetos del mundo colonizado para ~~~~~eSLQ_sea, los_niños pr~anos, encarnan la !!lOdernidad
mayor beneficio de la ciencia y la civilización. Indy se mueve sin dificultades sólo que ~u~tHl1üAJªll rígidas tradiciones de los más viejos, o~es naciona-
en los países colonizados, que son retratados como ontológicamente corruptos, y listas. De hecho, la serie muestra principalmente a unas sucias masas del Tercer
que están a la espera de la salvación occidental. La serie supone un imperio i!_l- IV.hlndo que esperan pasivamente a que Indy los salve de nacionalistas ambiciosos
contestado, y no se muestra signo alguno de una oposición anticolonial viable. En como Mola Ram, quien construye su propia teoría dominó (religiosa): «Matare-
el Egipto de 1936 de En busca del arca perdida, no hay signos de agitaciones po- mos a los británicos de la India. Entonces invadiremos a los musulmanes. Después
pulares contra los británicos, del mismo modo que en el Shanghai de 1935 no se caerá el Dios hebreo. Y entonces el Dios cristiano será abatido y olvidado». El pa-
sabe nada de la «Larga Marcha» de Mao. 63 La India de Indiana Iones y el templo radigma de «echar la culpa a la víct,ir~'!>,>)1.~r~~:lª,gº~~._Occidente se globaliza: el
Occidente s~W-~a_Qg_~~.v.e ai-nerúiúidopor el salvaje Oriente, pero en ultima'ins-
lf~
61. Salman Rushdie, «Outside the Whale», en Imaginary Homelands, Londres, Penguin, 1992.
tanci~1Ijunfa la familia imperlái."~ -~··r-~·--
~;:.-.- · '~"'"'""""""'""'~""~~"'-'·"·~-'.,,"' '"•' -- .:;;,,;,<;i..;::-.:-:c-'-""·~·- /<~
--------.
62. Son palabras de John McClure extraídas de Late Imperial Romance, Londres, Verso, 1994.
63. Esta explicación está en deuda con el artículo no publicado de Harel Calderon, «I'm Goin'
Rome to Missouri, Where They Never Feed You Snakes befare Ripping Your Heart Out», escrito para
un curso sobre el Cine del Tercer Mundo de la New York University.
CENTRAL
144 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
EL IMAGINARIO IMPERIAL 145
La guerra posmoderna
secuencia, a los telespectadores se les empujaba a «disfrutar» un salto cualitativo
Las convenciones imperiales y de la guerra contra los indios que hemos deta- del poder audiovisual protético. Las noticias de televisión ofrecían a su espectador
llado aquí, junto con las tendencias eurocéntricas del aparato mediático, no han de- lo que Don11~J:Iar.away~ en otroconte~t9,J1ama la «mirada~adora desde nin-
saparecido y se pusieron en evidencia durante la guerra del Golfo. El terreno para la guna ~artei>.., una mirada que «reivindica efiJo~de ~in ser vistoYde~
«popularidad» de la guerra fue abonado por una larga cadena intertextual: campaña tar~sin se; r~J!~~~en~ªQQ>}.66 Mientras la~cobertur~ t~~~~fsfvaen generafPermite a los
de historias antiislámicas, narrativas de la cautividad, la novela de aventuras impe- espectadores i · imismos en el meollo de los «lugares calientes» del pla-
rial, el «destino manifiesto» occidental y películas militaristas más recientes como neta, urante la guerra del Gclfu}os medios de-comunicación persuadieron a los es-
La guerra de las galaxias (Star W ars, 1977), la serie de películas de Rambo ( 1982, peCtadores para que espiaran, gracias a un tipo de vigilancia casi pornográfico, a
1985, 1988) y Top Gun (1988). La imaginería orientalista e imperialista se puso de toda una región geográfica, y hasta e, ültimo rincón quedaba al descubierto para la
nuevo en marcha al servicio de los intereses ideológicos del estado en guerra. 64 La visión panóptica de los militares. 67
guerra del Golfo se presentó como un macroentretenimiento, con un principio (Es- El hecho de que el punto de vista de los militares se convirtiera prácticamente
cudo del Desierto), un nudo (Espada del Desierto) y un desenlace (Tormenta del en el del punto de vista del espectador explica en buena medida el enorme apoyo del
Desierto), todo marcado por un telos de ficción: el «Nuevo Orden Mundial». El público de los Estados Unidos a la guerra. Pues aparte de los placeres de identifica-
trasfondo fu turista del sintagma se combinaba de manera anacrónica con las conno- ción con un aparato militar poderoso, la cobertura de la guer:-a del Golfo hiperboli-
taciones medievales de «escudo» y «espada», que evocan el sustrato religioso de las zó los placeres normales del mismo «aparato» televisivo. Aunque la teoría semióti-
cruzadas contra los infieles. Los logos de las cadenas de televisión -«cuenta atrás ca del aparato cinematográfico establece la lectura selectiva como_npica_de la
para la guerra», «fecha límite en el desierto», «América al borde de la guerra»- televis~'UlllJ.ChoS-de-lGs.J.aGtGres_que}iaéen_gne__en.ci-G-ing1a.s-fl€eiones-del su-
transmitían un palpitante sentimiento de inevitabilidad, como si nos fuéramos des- jétoSean~mªs r~ªl~~g~_ta~~i~da~mismalliLson..pet:tinentes~a€J:HÍ), la televisión tiene
lizando hacia la guerra; lo cual provocaba entre los espectadores hasta una especie su propia manera de dar placer y su propia manera de generar la regresión y el nar-
de deseo de que empezara de una vez. Según las señales que daba la administración cisismo de los espectadores. De hecho, la televisión permite placeres incluso más
americana, hablar de paz era considerado no como una esperanza sino como «la multiformes que los que puede permüir el cine, pues el televidente se identifica con
peor opción», una especie de coitus interruptus dentro de un irresistible crescendo una variedad mucho más amplia de puntos de vista: en especial, los proporcionados
orgásmico. 65 por las cámaras de cine, las videocámaras y el residuo magnético en imagen y soni-
Las miniseries de la guerra del Golfo abarcaban varios géneros: echaban mano do de una cinta, junto con los que proporcionan las videocámaras sin cinta que
de los códigos de las películas de guerra (el cielo cortando la silueta de los soldados, transmiten imágenes y sonidos directamente; todo transmitido al mundo vía satéli-
emocionante música marcial, estética visual tipo Top Gun), del programa educativo te. El poder de percepción de la televisión, pues, es en cierto modo superior si lo
de la televisión pública PBS (educadores militares con punteros, mapas y pizarras comparamos con la lentitud del cine, que es un medio que la televisión abarca y su-
de vídeo), de la programación de deportes (repeticiones instantáneas, comentarios pera en su capacidad de «cubrir el mundo>~ La pantalla más pequeña, aunque evi-
de expertos) y de los westerns (líneas marcadas en la arena, la lógica implacable de ta la inmersión en un espacio envolvente yté.profundo, promueve otros modos en una
enfrentamiento). El guión de la guerra del Golfo tenía el encanto infantil y básico de especie de voyeurismo narcisista. Al ser más grandes que las figuras que aparecen
la fábula, la pirotecnia espectacular del apocalipsis y los impulsos didácticos de la en una pantalla, vemos el mundo prácticamente desde una posición protegida; todas
alegoría. Con esta guerra, un aparato mediático que ya era poderoso se «casó» con las formas humanas que se pasean ante nosotros en un desfile insustancial están re-
otro aparato de la mirada: el de la vigilancia y la simulación militares. Como con- ducidas a una escala de insignificancia liliputiense, son muñequitos bidimensiona-
les, cuya altura casi nunca sobrepasa los treinta centímetros.
64. No deja de ser irónico que el general H. Norman Schwarzkopf mismo hable de este intertexto La guerra del Golfo desató pasiones atávicas, ya que, al intentar despertar en los
en sus memorias, quejándose de la presión del los «halcones»: espectadores multiétnicos un sentimiento patriotero, el resto de los espectadores te-
Estos tipos habían visto a John Wayne en Boinas verdes, habían visto Rambo, habían visto Patton, y
\1
66. Donna Haraway, «Situated Knowledge The Science Question in Feminism and the Privilege
les resultaba muy fácil dar un golpe a la mesa y decir: «¡Por Dios! ¡Tenemos que entrar ahL. y casti- of Partial Perspective», incluido en Haraway, Simians, Cyborgs and Women, Nueva York, Routledge,
gar a ese hijo de puta!», Pero estaba claro que a ninguno de ellos le iban a disparar. 1991, pág. 188.
67. Aquí nos estamos centrando en los mecanismos que generan identificación; no queremos dar a
Citado en New York Times, 20 de septiembre de 1992, pág. 10. entender que dichos mecanismos fueran experimentados de idéntica manera por los habitantes de Nueva
65. El tropo de la guerra «planeada para tal día», que tanto se repite, fue tan narratológico como mi- York, Bagdad, Kuwait, los cristianos de Israel o los musulmanes de izquierdas o de derechas. Aunque la
litar. Como señaló Serge Daney, se programó el comienzo de las hostilidades ell5 de enero, del mismo experiencia de la guerra es mediada, hay diferencias dentro de los espectadores. Este tipo de diferencias
modo que se programa el estreno comercial de una película taquillera de Hollywood. Véase Serge Da- será el tema del último capítulo.
ney «Mais que fait la police», Libération, 15 de febrero de 1991, pág. 16. 68. Véase Robert Stam, «Television News and Its Spectator», en Ann Kaplan (comp.) Regarding
Television, Fredricksburg, Md, AFI, 1983.
146 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN EL IMAGINARIO IMPERIAL 147
ta» de lá Segunda Guerra Mundial (haciendo de este modo que la guerra fuera más
llevadera que la del Vietnam gracias al maniqueísmo de buenos contra malos), siilo
que también invocaba el paradigma familiar de la «guerra salvaje» y el exterminio
como moralidad. Según Richard Slotkin, la premisa en que se basa la «guerra sal-
vaje» es la idea «de que unas diferencias políticas y sociales ineluctables -arraiga-
das en una combinación de sangre y cultura- hacen que la subyugación sea la úni-
ca forma de coexistencia entre los indígenas primitivos y los europeos». 70 En una
situación de «guerra salvaje», la base psicológica para que el público acepte el uso
de fuerza desproporcionada es la expectativa de que el pueblo (o el líder) al que se
define como salvaje cometa atrocidades inimaginables, como por ejemplo violacio-
nes, masacres y torturas.
La fórmula melodramática que hace que Hussein sea el malo de la película («un
Gerónimo con la ambición de un Hitler», según palabras de Slotkin), Bush el héroe,
y Kuwait la damisela en apuros, era la puesta en escena de innumerables narrativas
del western colonial. Un aspecto central de estas narrativas es el rescate de una mu-
jer blanca (y a veces de una de piel oscura), la aparición de un violador de piel os-
cura, y el final feliz que conlleva la restauración del orden mundial patriarcal-impe-
rial y el castigo del violador desobediente de piel oscura, que debe ser humillado en
nombre de la mujer deshonrada. Durante la guerra del Golfo se hizo uso de un len-
guaje marcado sexualmente, donde «la violación de Kuwait» -la violación sexual
22. Peter Jennings «saltando de un lugar a otro como sifuera un coloso». de una persona simbólicamente femenina, pasiva e inocente- se convierte en el
pretexto para la penetración masculina de Irak. La metáfora de la violación de Ku-
wait, los rumores que circularon de que los soldados iraquíes violaban a las mujeres
levisivos se vieron profundamente implicados. Una guerra <<reconfortante» se con- kuwaitíes y la insinuación de que unas mujeres-soldado americanas también hubie-
virtió (sin efecto alguno) en un ardid electoral, pues la política nacional e interna- ran sido violadas por sus captores iraquíes se convirtieron en una parte de una fan-
cional quedaban ligadas a los índices de audiencia. Del mismo modo que el mode- tasía de rescate imperial, que era un recordatoiro inquietante de las cruzadas medie-
lo de la imaginería del cerco en los westerns obliga a compartir el punto de vista vales, cuando se retrataba a los enemigos no cristianos como bestias licenciosas. 71
-mirando a través de la mirilla del rifle, o por la ventana de un fuerte-, los «es- A la vez, a través de una muestra de vigor fálico en la guerra del Golfo, unos Esta-
pectadores» de la guerra del Golfo se veían obligados a compartir el punto de vista dos Unidos envejececidos se imaginaron a sí mismos curados de la traumática im-
de los pilotos americanos, e incluso el de las bombas inteligentes. La cobertura de potencia sufrida en otra guerra, en otro país del Tercer Mundo: Vietnam.
los medios de comunicación dotó al ojo del espectador de lo que Paul Virilio llama Si consideramos la guerra del Golfo como un western, los reclutas iraquíes hi-
función simbólica de un arma»~El telespectador de la guerra del Golfo, indi- cieron el papel de indios. La imaginería de cerco en el western trae consigo no sólo
rectamente equipado con tecnología para ver de noche, con visión de rayos infra-
rrojos, capaz de liquidar tanques, aviones, edificios y jefes de estado «enemigos», 70. Slotkin, Gw~fighter Nation, pág. 12.
era empujado a sentirse infinitamente poderoso. En una guerra donde la misma 71. Los medios de comunicación también retrataron a Hussein con los colores de las fantasías
mano del piloto que dispara el misil hace que se dispare el obturador de la cámara, orientalistas de perversión sexual y abundancia. Las revistas de entretenimiento y los programas de tele-
a los espectadores se les teledirigía para compartir la perspectiva del bombardero, visión mostraron con todo lujo de detalles unas proyecciones voyeuristas sobre las supuestas perversio-
nes sexuales de Hussein, que incluían fotos del dormitorio de su búnker, su harén e historias sobre su afi-
se les incorporaba al equipo de vigilancia y se les sujetaba a la visión de un arma- ción a matar a sus amantes, en especial las que podían hablar de sus limitaciones en la cama. La portada
mento de tecnología avanzada. del National Examiner del 12 de marzo de 1991 llevaba el titular: «La extraña vida sexual de Saddam
Aunque la guerra del Golfo tuvo lugar en el contexto político revisado del pe- Hussein: revelaciones de un informe de laCIA», en la que aparecía un fotomontaje que presentaba a un
ríodo posterior a la guerra fría, muchos de los tropos, imaginería y narrativas des- Hussein travestido con una minifalda. En el programa de chismes de Gemido (4 de marzo de 1991), apa-
plegados estaban sacados del discurso imperial/colonial. Al demonizar a Saddam recieron unos expertos dando cuenta de una serie de excitantes descripciones de torturas que un público
insaciable escuchaba horrorizado. Unos primeros planos destacaban las respuestas de los buenos patrio-
Hussein, el gobierno americano, no sólo resucitaba el paradigma de la «guerra jus- tas ante los horrores de este líder de piel oscura comparable a Idi Amín, Gaddafi, Noriega, Hitler y Stalin.
A Hussein se le puso el sobrenombre de «El Carnicero de Bagdad» y de «El Ladrón de Bagdad». Véase
69. Véase Paul Virilio, War and Cinema The Logistics (~f'Perception, Londres, Verso, 1989. Ella Shohat, «The Media's War», Social Text, n° 28, vol, IX, 1991.
EL IMAGINARIO IMPERIAL 149
148 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
La idea de que los «atropellos» cometidos por los indios justificaban el expolio
la perspectiva particular de estar sitiados sino también la inflación de la amenaza ex- y las matanzas perpetradas por los euroamericanos es una constante de la historia de
terna. Así, el ejército iraquí, una fuerza en su mayoría de leva dotada de un arma- Norteamérica, y se recicla en innumerables westerns. En 1622, en la «Declaración
mento mediocre, incapaz de conquistar Irán y mucho menos de enfrentarse con ga- del Estado de la Colonia» de Virginia, Edward Waterhouse escribió con alivio que
rantías de éxito al podelio conjunto de los ejércitos más poderosos del mundo, se vio <<nuestras manos, que antes mantenía atadas el debido comportamiento diplomático,
súbitamente promocionado a la posición de «cuarto ejército del mundo». Cuando las se encuentran ahora totalmente libres gracias a la violencia traidora de los Salvajes,
varias justificaciones pragmáticas de la guerra (petróleo, puestos de trabajo, el estilo así que ahora podremos invadir y destruir a quienes intentaron destruirnos». 74 La
de vida americano) no consiguieron exaltar al electorado, la administración explotó declaración de Waterhouse anticipa lo que uno podría llamar el síndrome del «alé-
dos vetas culturales interrelacionadas: el excepcionalismo idealista y el afán de ven- grame el día», el deseo de que un atropello justifique una violencia mayor. La gue-
ganza puritano. Por un lado, la administración apelaba a nobles objetivos como la rra del Golfo reiteró el tropo de la «regeneración mediante la violencia» (en pala-
paz en la región y el Nuevo Orden Mundial; por otro lado, demonizaba a Hussein bras de Slotkin), el proceso por el cual el «nosotros» ficticio de la unidad nacional
como «Un hombre malvado que se enfrenta a ]a mismísima humanidad». Aquí Bush vuelve a forjarse mediante masacres saludables. Que el presidente Bush se haya ido
se mantuvo dentro de la tradición de lo que Michael Rogin llama «demonología po- a la cama en sentido figurado con el dictador Hussein simplemente expone la divi-
lítica»: la creación de monstruos mediante la «inflación, la estigmatización y la des- sión binaria de los impulsos propios en un otro fantasmagórico, lo cual es una de las
humanización de los enemigos políticos». 72 El Hussein «pragmático» y «moderado» principales características del pensamiento colonialista.
de la retórica de otros tiempos, aliado de la política americana y el favorito de las cor- Nuestro propósito no es señalar que la esencia nacional lleve al público ameri-
poraciones americanas, británicas y alemanas, se transformó en una reencarnación cano a la guerra -está claro que las protestas antibélicas y el antimilitarismo son
de Hitler con la misma rapidez con la que se fabricaban enemigos para «La Semana también parte de la historia americana-, ni tampoco sugerir que Hussein sea una
del Odio» en la novela 1984, de Orwell. También entraba en la lógica de la alegolia víctima inocente del Tercer Mundo, sino más bien sefíªlarJosJ}lodos §ILqueJ'ª~~~on:....
maniquea que Bush, al recordar la venerable tradición de la matanza justificada, pi- venciones del punJp_de.-\LiS~Y~JJtLQOtente aparato m~diático se ponen al servicio de
diese la bendición divina para las fuerzas armadas americanas el Día Nacional de la unos iñt~esés ~litaristas y_~<~n!o;~~~ ~- o~i~~iÓ~~pÓbll~~~-Siñemb~Eo,_i~ta~J~~~
Oración, mientras agradecía a los pilotos de los bombardeos de enero de 1992 «que ticas televisu~lesilo.habríli 11 «fu~~i?~a<íü;;_4~Xñañeriltªn~teiti:v~siloAeSp~a::._
hiciesen el trabajo del Señor». 73 Y del mismo modo que la alegoría maniquea no per- res no hubiesen estado ya ~<prep(lradq~}!.por-yn gran.n!!IDITQ..de-wes.teLI1~,.J?!!icul_í;!L
mite que haya dos diablos a la vez, ni que un mal sea mayor que otro, ni que haya ma- de aventuras y filmes épicos imperiales. ·
tones mayores o menores, sino que únicamente se enfrente el Bien contra el Mal, La guerra del Golfo mostró no sólo el dominio continuado del imaginario im-
aquí sólo hay una solución posible: la aniquilación del Mal mediante un sacrificio ri- perial, sino también las limitaciones de ciertas variantes del posmodernismo. Por
tual o exorcismo que «purifique» la iniquidad acumulada. Una cancioncilla de la ejemplo, la explicación de Jean Baudrillard del colapso implosivo de las fronteras
guerra del Golfo decía: «Alá, crea; nosotros incineramos». en una sociedad global y «massmediatizada» resulta muy estimulante y acertada al
Aunque los medios de comunicación, por un lado, obligaban a cierta complici- dar cuenta de cómo se vive en el mundo posmoderno del simulacro. Sin embargo,
dad al posicionar a los espectadores entre los soldados, por otro lado también se les sus concepciones resúitat;e-;®imainstañCi.ainadecu~adas para un fenómeno como
absolvía. Al espectador se le animaba a entretenerse con sueños pueriles de omnipo- la guerra del Golfo. En un artículo publicado en The Guardian unos cuantos días an-
tencia, se le hacía sentir un aliado de las inmensas fuerzas destructivas, pero también tes de que estallara la guerra, Baudrillard consideraba que era imposible que el con-
se le consideraba básicamente puro e inocente. Cualquier palabra o imagen que die- flicto estallara con inminencia, y que todo era un producto de las técnicas de simu-
se a entender que los espectadores americanos o el dinero de sus impuestos eran en lación de los medios de comunicación sin referentes en el mundo real. 75 Y el 29 de
algún modo responsables de algún sufrimiento generalizado habría hecho tambalear marzo de 1991, poco después del fin de las hostilidades, haciendo un juego de pala-
la estructura del edificio de la no culpabilidad y habría podido hacer bajar los índices bras con el título de Giraudoux La Guerre de Troie n 'aura pas lieu (La guerra de
de audiencia. A pesar de la violencia letal (se calcula que hubo unos 150.000 muer- Troya no tendrá lugar, 1934), Baudrillard declaraba en Libération que «La guerra
tos, y una cifra similar de víctimas mortales después de la guerra por enfermedad o del Golfo no ha tenido lugar». 76 Por un lado, no negamos la astucia descriptiva de
desnutrición),* la guerra del Golfo se luchó como si los americanos hubieran sido las la explicación de Baudrillard. La re2resentación de la gu~oo~oLOOhertura
víctimas, siguiendo la tradición de las muchas guerras en las que las reiteradas de- periodí~!if~ª--d~~la.bistQliap::tr~éía,Pas.ru:=deJa:re.pies~ción.reali.sta.clásica-a:l-murr=
claraciones de autodefensa encubrían un poder abrumador y desproporcionado. públ~
do feliz de la hiperrealidad de las relaciones No es sólo que la guerra se
--~--
72. Michael Rogin. Ronald Reczgan: The Movie, Berkeley, University of California Press, 1987,
pág. xxi. 74. Citado en Pearce, Savagism and Civilization, pág, 11.
73. Véase William Alberts, «Prayer asan Instrument of War», Z, abril de 1991. 75. Jean Baudrillard, «The Reality Gulf», Guardian, 11 de enero de 1991.
* Estas cifras corresponden a la edición en inglés. Según fuetltes de UNICEF de 1999, sólo el nú- 76. Jean Baudrillard, «La Guerre du Golfe n'a pas eu 1ieu», Libération, 29 de marzo de 1991.
mero de niños fallecidos por efecto de las sanciones ascendería al medio millón. (N del t.)
150 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
presentara como un videojuego para los espectadores; también estaba llena de es- 4. Tropos del imperio
trategias de simulacro: simulaciones de ordenador, falsos daños ocasionados por
bombas, falsos silos de misiles, falsos ataques, incluso falso calor para atraer a los
misiles guiados por calor. La guerra en el campo de batalla electrónico se convirtió
en una experiencia mediática por excelencia, incluso para sus participantes, recla-
mando lo que Paul Virilio llama un «desdoblamiento» de la observación, o sea, una
percepción inmediata y una percepción influida por los medios de comunicación a
través del vídeo, el radar y la simulación por ordenador. 77
Pero si la guerra del Golfo reveló la capacidad descriptiva de la explicación del
posmodernismo de Baudrillard, también marcó la vacuidad política de ese para-
digma, en una combinación paralizante de un escepticismo cognitivo extremo y
quietismo político. Pues lo que la guerra del Golfo reveló fueron las asimetrías fun-
damentales de cómo se vive en las superficies sin fondo de la posmodernidad; asi-
metrías que existen no sólo entre la experiencia de la televisión y la experiencia de
la guerra, sino también entre las experiencias de los combatientes y de los especta-
dores comprometidos con bandos distintos. Algunos grupos observaron la guerra
desde una distancia antiséptica, mientras que otros la vivieron en compañía de la
muerte, los cuerpos desmembrados, la enfermedad y el hambre. La tecnología, por
un lado, hizo fácil que pudiéramos ver y escuchar, pero por otro lo desdibujaba
todo. Mientras los americanos, como dice Jonathon Schell, hicieron una guerra de
«tres dimensiones», el enemigo estaba atrapado, «como criaturas en ciertos juegos
geométricos en dos dimensiones ... nosotros matamos y ellos mueren, como si una
raza de dioses estuviera en guerra con la raza humana». 78
E!l definitiva, si el posmodernismo h(l gifJJpdiAQJ'! ~J~Jl~ªºi<2_n telem!tica de los
medio~~Cfe"comiiñicacioñ~aerPrimer Mundo por tOd()~ los rillcone~-~~.r.~~-~ta, aQe-
nas-fia deconstruido las felaeiories de poderque marginan, devalúanyaf1iquilan una Dentro del discurso colonialista, las metáforas, los tropos y los motivos alegó-
y otravez a pueblos y culturas alterizados. 79 A:. la explicación radicalment~ri ricos desempeñaron un papel primordial a la hora ~ «configurar» la superioridad
ca de Baudrillard se le escapa el hecho de que el tiempo es palimséstico; y:jy~n europea. Para Hayden White, los tropos son «el alma del discurso», el mecanismo
muchas épocas, no sólo en la «nueva» épocad~ la publicidad yJQ.sm~dios_~ sin el cual el discurso «no pué~er su trabajo ni conseguir sus fin~s». 1 Aunque
mtiñicacióri. En el caso de la guerra del Golfo, la tecnología más sofisticada se puso los tropos pueden ser ·représTvos," un mecanismo de defensa contra el significado li-
afservíCio de ideas procedentes de fuentes milenarias, desde las cruzadas cristianas teral, también pueden constituir ~~J2-ªcio contestatario; y se pueden perpetuar. re-
contra los musulmanes hasta las «guerras salviiJe:S>; c.ontn:tlQ~im!!g§. Con la guerra chazar o subvertir. 2 Por ejemplo, la idea de raza puede considerarse un tropo más
del Golfo, la presencia de una muerte indiscriminada y la radical dis~2!'l!~.!!,Uidad en- que unáfearraacr;-un tropo, como ha señalado Henry Louis Gates, de la diferencia.
tre vivos y muertos dejan al descubierto las .lirrii!ac;i()~~~.9:~~.llll . !!l:l1!l~@?,~g~i Aparte de que «raza» se asocie con las metáforas de pedigrí y cría caballar, la
be sólo a través del prisma del simulacro. «raza» se convierte en un tropo a través de una exageración esquemática: la gente
no es exactamente negra, roja, blanca o amarilla sino que forma una amplia gama de
77. Véase Paul Virilio, «L' Acquisition d'objectif», Libération, 30 de enero de 1991, pág. 15.
matices, lo cual no impide que Hollywood maquille de rojo a actrices (por ejemplo,
78. Véase Jonathon Schell, «Modern Might, Ancicnt Arrogance», Newsday, 12 de febrero de 1991,
pág. 86. a Sarita Montiel en Yuma [Run of the Arrow, 1957] para cumplir con las conven-
79. Para más información sobre la guerra del Golfo, véase Robert Stam, «Mobilizing Fictions: The ciones raciales. Incluso la idea misma de que haya colores claramente distintos es
Gulf War, the Media, and the Recruitment of the Spectator», Public Culture, vol. 4, n° 2, primavera de un tropo; de hecho, algunos «negros» son más claros que algunos «blancos». Un
1992. Este fragmento fue escrito antes de que apareciera el libro de Christopher Norris, Uncritical Tlzeo- tropo afín es la idea de «racial», históricamente ha servido
¡y: Postmodernism, Intellectuals, and the Gu(f'War, Amherst, University ofMassachussetts Press, 1992,
que aborda el tema desde una perspectiva similar, aunque no idéntica. Estamos totalmente de acuerdo
con la crítica que hace Norris de «la complicidad ideológica que existe entre( ... ) la doctrina irracional o l. Hayden White, Tropics ofDiscourse, Baltimore, Md., Johns Hopkins University Press, 1978, pág. 2.
extremadamente antirrealista y la crisis moral y política de los que deberían haber levantado sn voz en 2. Para más información sobre el estudio de los tropos como elementos represivos, véase Harold
contra de los actos cometidos en su nombre» (pág. 27). Bloom, A Map ofMisreading, Nueva York, Oxford University Press, 1975, pág. 91.
152 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
TROPOS DEL IMPERIO 153
nar la afiliación religiosa («sangre judía»), la pertenencia a una clase social («san-
gre azul» ),J(l~P~r~en~~cia nacional («sangre alemana») y la raza («sangre negra»).
Incluso la naturaleza trópica~de la «sangre» no evitó que el ejército de los Estados
Unidos, en fecha tan reciente como la Segunda Guena Mundial, segregara el plas-
ma sanguíneo «negro» del plasma sanguíneo «blanco». El miedo a los tipos de mez-
cla, a los otros intercambios de fluidos, se proyectó en la sangre. Así, a pesar de su
naturaleza casi ficticia, los tropos raciales tienen un efecto real en el mundo.
Las operaciones tropológicas forman, pues, una especie de sustrato figurativo
dentro del discurso del imperio. Un tropo colonialista clave era la «aniiilalización».
Esto estaba arraigado en una tradición religiosa y filosófica que trazaba ~la,;o~cclímites
entre lo humano y lo animal, y donde todas las características animales del «yo» de-
bían suprimirse. Para Fanon, el discurso colonizador siempre recurre al bestiario. El
discurso colonialista/racista hace que la libidinosidad incontrolada de los colonizados,
su carencia de vestiduras apropiadas, el parecido de sus chozas de barro con un nido y
sus guaridas les conviertan en bestias salvajes. Un zeugma colonial une a «los salva-
jes y a las fieras» como criaturas agrestes que van deambulando por «tierras vacías».
La propaganda nazi describía y visualizaba a los judíos como alimañas. La tra-
ducción del poderoso mito de la «cadena de la existencia» al ámbito de las razas
hizo que los científicos se pusieran a buscar el eslabón perdido entre un animal su-
perior, que normalmente se suponía que era el simio, y un hombre inferior, que se
pensaba que era el negro. 3 Finalmente, la metáfora del darwinismo social de «la ley
23. Animalización erótica: Jo-
del más fuerte» trasladó esa idea de la zoología a los ámbitos de clase, género y
sephine Baker en La venus ne-
raza. El tropo que despoja a las personas de su humanidad y les convierte en ani-·
gra (Zou-Zou).
males acompaña de manera subrepticia el discurso mediático de hoy, que llega a su-
gerir que los pobres y los sin techo, muchos de ellos gentes de color, merecen llevar
una sufrida vida de «pobres desgraciados», al ser «incapaces» de sobrevivir.
Esta animalización forma parte de un mecanismo más amplio y difundido de pre- Juan, en «el tamto de pimienta», y Marie Antoinette Pons, en «el huracán cubano».
sentar ciertos aspectos como si fueran normales: la reducción de lo cultural a lo bio- El discurso colonialista es proteico, múltiple y adopta distintas retóricas que hasta pue-
lógico, la tendencia a asociar lo colonizado con lo vegetativo y con lo instintivo en den ser contradictorias. V aria según la región, el período histórico y las necesidades
vez de con lo aprendido y lo cultural. Como dice James Snead, «el Hombre se define ideológicas del momento. Puede condenar al mundo árabe por ir demasiado vestido (el
a sí mismo en oposición a la naturaleza» y «el negro representa al Hombre Natural en velo) y simultáneamente censurar al mundo indígena por ir poco vestido (desnudez).
un estado de salvajismo e indocilidad». 4 Los colonizados son presentados como cuer- Puede presentar a África como hipermasculina, groseramente corpórea e incapaz de
po y no como mente, del mismo modo que se ve al mundo colonizado como materia abstracción, y a la vez presentar a Asia como soñadora, femenina y demasiado abs-
prima y no como elaboración o actividad mental. Los tropos colonialistas y los luga- tracta. África puede ser un niño que gatea y Asia un viejo anugado, pero Europa siem-
res comunes del discurso colonialista también muestran particularidades regionales. pre mantiene una ventaja relacional. Asia y África son imperfectas por naturaleza,
Asocian Latinoamérica, y especialmente a la mujer latinoamericana, con epítetos que mientras Europa siempre se mantiene en la cúspide de una jerarquía de valores.
evocan el calor tropical, la violencia, la pasión y lo picante. Así, Lupe Vélez se con- Por otra parte, el tropo de la infantiJíza~i9nP.r~s~nt~L1!1 coJJmi:@f!Q__encarnando
vierte en la «Mexican Spitfire»;* Acquanetta, en «el volcán venezolano»; Oiga San un estado anterior del desanollo del individuo o de la cultura. Renan h;hla de,;la
perenne infandli<fe-iaz-as-Ímperlec~:osractsfaséíéritíficos intentaron de-
3. Véase George L. Mosse, Toward the Final Solution: A History of European Racism, Londres,
mostrar que los adultos negros eran anatómica e intelectualmente idénticos a los ni-
Dent, 1978. ños blancos. 6 El hábito racista de llamar a los hombres colonizados «muchachos»,
4. James Snead, «Repetition as a Figure of Black Culture», en Russell Ferguson, Martha Gever, como la manía por la que algunos burgueses encopetados se ponen a hablar a los ne-
· Trin T. Minh Ha y Comel West (comps.), Out There: Marginalization and Contemporary Cultures, gros como si fueran bebés, traduce esta actitud a nivel lingüístico. «¿Quién es ese
Cambridge, Mass., MIT Press, 1990.
* La traducción sería aproximadamente «la llamarada mexicana». La película Mexican Spitfire que
protagonizó en 1940 se estrenó en España bajo el título de Una mujer endiablada (N. del t.) 5. Emst Renan, The Future ofScience, Boston, Roberts Roberts, 1891, pág. 153.
6. Véase Stephen Jay Gould, The Mismeasure of Man, Nueva York, W. W. Norton, 1981, pág. 40.
154 MULTICULTURALTSMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN TROPOS DEL IMPERIO 155
tropo infantilizante a escala global. El niño del Tercer Mundo, aun siendo producto
de mil años de civilización, no está todavía en posesión del control de su cuerpo/psi-
que y, por tanto, necesita la guía de sociedades más avanzadas y adultas para que le
lleven con delicadeza a los tiempos modernos. 7
Muchos de estos tropos vienen acompañados por dualidades: orden/caos, acti-
vidad/pasividad, estático/móvil. Tropos espaciales como alto/bajo recaen en jerar-
quías simbólicas que abarcan a la vez la clase («la clase baja»), la estética (cultura
«alta»), el cuerpo («la parte de abajo del cuerpo»), la zoología («especies inferio-
res») y la mente (facultades «superiores e inferiores»). Otro tropo espacial presupo-
ne que la vida europea es central y la vida no europea es periférica, cuando en rea-
lidad el mundo tiene múltiples centros, y la vida se vive centralmente en todas
partes. Asimismo, la cultura europea es profunda e intensa mientras que las culturas
no europeas son superficiales y banales, bien por ser demasiado lúdicas o por estar
envueltas en la brutal lucha por la supervivencia. Finalmente, el tropo luz/oscuridad,
implícito en el ideal de la Ilustración de claridad racional, imagina a los mundos no
europeos como menos luminosos; de ahí la idea de África como «continente oscu-
ro» y de lo asiático como «nebuloso». Antiguos maniqueísmos religiosos de Bien y
Mal se transmutan en un dualismo filosófico de racionalidad/luz e irracionalidad/os-
curidad. La visión se le atribuye a Europa, mientras el «otro» se considera que vive
en la «oscuridad», ciego al conocimiento moral. Surgen jerarquías referidas al co-
lor, la complexión e incluso el clima, donde se valora la luz/día por encima de la os-
curidad/noche y la piel clara por encima de la piel oscura. Es hasta cierto punto con-
24. Vegetalización exótica: Carmen Miranda como diosa de la fertilidad en Toda la banda tradictorio que no sean los cielos despejados del Mediterráneo sino el frío y el gris
está aquí (The Gang's Al! Here). plomizo del norte lo que genere semejante locus de racionalidad y moralidad, mien-
tras que la selva y lo agreste se presentan como espacios enmarañados de impulsos
muchacho que toca el piano?», pregunta Bergman a Bogart en Casablanca (1942), violentos y deseo anárquico. Todas estas dualidades se encuadran dentro de otras:
refiriéndose a Dooley Wilson, que es un adulto negro. En una puesta en escena de loco/cuerdo, puro/impuro, razonable/histérico, saludable/enfermizo.
este tropo, la niña prodigio Shirley Temple domina al adulto Bill Robinson en The En resumen, las metáforas desempeñan un papel crucial aunque contradictorio
Littlest Rebel (1935) (Toni Morrison hace que su personaje, Claudia, en Ojos azules en la construcción de las jerarquías eurocéntricas. Aquí nos centraremos en una se-
[The Bluest Eye], guarde un odio especial a Shirley Temple y tenga un aprecio es- rie concreta de tropos referidos al género, que conectan al colonizado con geogra-
pecial al amigo, tío y padre de Temple, Bojangles). Para los indígenas americanos, fías erotizadas de «territorio virgen», con el imaginario proyectado de «continentes
el tropo de la infantilización alcanzó forma estatutaria; su supuesta naturaleza in- oscuros», con territorios cubiertos por un exótico velo, y con simbólicas fantasías
fantil hizo que el estado les pusiera bajo su tutela. A los «indios» brasileños no se de violación y rescate.
les permitía que se interpretaran a sí mismos en las películas debido a que tenían un
e status legal de niños, y sólo en 1988 la nueva constitución brasileña reconoció a los
Adanes en una tierra virginal
indígenas como ciudadanos adultos. ,
El tropo de la infantilización también presupone la inmadurez política de los
La «misión civilizadora» de Europa se ha ligado de manera inextricable con na-
pueblos colonizados (o antiguamente colonizados) como si fueran Calibanes que
rrativas opuestas, pero a la vez relacionadas, de penetración occidental en un incitan-
padecen lo que Octave Mannoni ha denominado un «complejo de Próspero», es de-
cir, una dependencia innata en el liderazgo de los europeos blancos. La sesión del
7. Carl Pletsch ha sugerido que dentro de las cosmología de la posguerra se consideraba a los paí-
Congreso de los Negros en El nacimiento de una nación (The Birth of a Nation,
ses del Primer Mundo los más desarrollados porque estaban modelados según un conocimiento racional,
1915), en la que legisladores negros descalzos engullen muslos de pollo y tragan científico; se consideraba a los países del Segundo Mundo como desarrollados, pero con el lastre del la
whisky, proyecta una imagen de la inmadurez política negra, La ideología de in loco ideología socialista; y a los países del Tercer Mundo se les consideraba «en vías de desarrollo». Véase
parentis de gradualismo paternalista implica la necesidad de recurrir al fideicomiso Carl Pletsch, «The Three Worlds, or the Division of Social Scientific Labor, circa 1950-1970», Compa-
blanco. Palabras como «subdesarrollo» son eufemismos de «infantil» y proyectan el rative Studies in Society and History, voL XXIII, n° 4, 1981, págs. 565-590.
156 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
TROPOS DEL IMPERIO 157
8
te paisaje virginal y de resistencia a la naturaleza libidinosa. Samuel Eliot Morison
por ejemplo, en El almirante de la mar océano: vida de Cristóbal Colón (1942), cuen~ El héroe americano, como R. W. B. Lewis señala, fue celebrado como un Adán
tala conquista ~e ~érica en un lenguaje cargado de sexualidad: «Nunca más podrán en el Edén, un Hombre Nuevo emancipado de la historia (es decir, de la historia eu-
los mortales revivir el asombro, la maravilla, el deleite de esos días de octubre de 1492 ropea) ante el cual yacen a su disposición todo el mundo y el tiempo. 15 El Adán
en que el Nuevo Mundo entregó su virginidad a los conquistadores castellanos».9 Sir americano (no una Eva sino el hombre blanco mirando en solitario hacia el oeste)
Walter Raleigh, del mismo modo, describía «un país virgen, sin forma, sin contor- era un demiurgo verbal bendecido con la prerrogativa de poner nombres a las cosas.
no».10 La temprana exaltación del paraíso del Nuevo Mundo gradualmente se fundió Era también básicamente inocente. Claramente, esta narrativa entreteje los discursos
en torno a la figura idealizada del pionero. La exaltación del jardín -ellocus amoe- colonial y patriarcal. En el Génesis, la creación del mundo implicaba la creación de
nus tan querido de los escritores europeos- dio paso a la exaltación del cultivador. Adán a partir de la tierra (adama en hebreo) para dominar la naturaleza. El poder de
Con tan importante aditamento, la metáfora del jardín pasó a evocar crecimiento in- la creación está inseparablemente ligado con el poder de dar nombre a las cosas:
creme~~o, cul~ivo y feliz trabajo agrícola, 11 e implicaba que el territorio, antes de pe- 1; -Dios le da a Adán su autoridad para nombrar cosas como prueba de su dominio y
netr~cion .accidenta!, esta~a vacío (del mismo que los nativos eran tabula rasa), sin Eva es «llamada Mujer porque salió del hombre». De la misma manera, poner nom-
cultivar, ~:~~~~~~~1car, sm un dueño legítimo (o sea, sin colonos europeos). 12 Dentro bres desempeñó un papel crucial en la historia colonial, pues el «descubridor» dio
de este topos más arñpTio, los tropos referidos al género de manera subliminal como nombres a los lugares como señal de posesión («América» para celebrar a América
«la conq?ista de lo desierto» o «la fecundación de lo agreste», adquirieron conn~tacio Vespucio) o como indicio de una perspectiva europea («Oriente Medio», «Extremo
nes herm~~s com.o si Occidente fertilizara tierras improductivas. Como sugiere Said Oriente»). El colonialismo apartó a los lugares «periféricos» y sus habitantes, sus
con r~lacwn a Onente, la representación metafórica del territorio no europeo como si «impronunciables» nombres indígenas, y les puso unos nombres que los marcaban
estu:tera esperando tímidamente el toque mágico del colonizador implicaba que los como propiedad colonial. A menudo, esos mismos nombres eran degradantes o pro-
contmentes no europeos sólo podían beneficiarse de la praxis colonial.l3 La revivifi- ducto de malentendidos. Los sioux se llaman a sí mismos «dakota» («aliados»),
cación de una tierra estéril evocaba el proceso casi divino de dar vida y significado pero el nombre por el que hoy les conocemos viene de una condensación francesa
ex nihilo,.la producción prometeica de orden a partir del caos, de plenitud a particde de las palabras ojibwa nadowe-is-iw («serpiente», «enemigo»). Los navajos («la-
la carencia. De hecho, el «complejo de Próspero» de Occidente se basa en un Orien-- drones»), que fueron denominados así por los españoles, han pedido que se les re-
te/Su~ que se re~resenta como la isla de Caliban, el lugar con carencias superpuestas conozca oficialmente por su nombre original: «dineh» («pueblo»).
que ptde al Occtdente/Norte la transformación de materia primigenia, lo que supone La idea de un Adán americano oculta el hecho de que ya había gente viviendo
una manera falocéntrica de engendrar vida a partir de la costilla de Adán.14 en el Nuevo Mundo cuando los colonos llegaron -se calcula una población de al
menos 75 millones- 16 y de que los colonos apenas se deshicieron de un bagaje
cultural profundamente arraigado. Aquí, «virginidad», reflejada casualmente en el
. 8. Véase el co~cepto de Edward Said de «feminización» del Oriente en Orientalism, Nueva York,
Vmtage, 1978; Francis Barker, Peter Hulme, Margaret !versen y Diana Loxley (comps.), Europe and Jts
nombre de «Isla Virgen», debe considerarse en relación diacrítica con la metáfora
Others, vols. 1 Y~· Colcheste~,_un.iversity ofEssex, 1985; especialmente Peter Hulme, «Polytropic Man: de la «madre patria» europea. Un territorio virgen en teoría está disponible para que
Tropes of Sexuahty and Mobdlty m Early Colonial Discourse» (en vol. 2) y José Rabasa, «Allegories of lo desfloren y lo fecunden; sin ~vierte en propiedad d~9J!i~ILla~cnn
the Atlas» (en vol. 2). qliiSta>>yet!Ifiva. La «pureza» que implica-el términoéñffiascara el expolio de una
9 · S~muel Eliot M?rison, ¿dmiral of the Ocean Sea, Boston, Little, Brown, 1942, vol. I, pág . .308. tie~aya clDti~~da y de sus recursos (en México, se encontraron pirámides gigantes
10. Sir Walter Raleigh, «Discovery of Guiana», citado en Susan Griffin, Woman and Nature: The
Roaring lnside Her, Nueva York, Harper and Row, 1978, pág. 47. Véase también Louis Montrose «The
como La Venta bajo lo que parecía una «selva virgen»; y aparecen restos de anti-
Work of Gender in the Discourse of Discovery», Representations, no 33, invierno de 1991. ' guos campos de labranza en lo que se pensaba que eran biosferas intactas). 17 Pro-
11. Véase Smith, Virgin Land. Para más información sobre la ideología expansionista norteameri- yectar la idea de territorio virgen, «intacto», sobre lo que eran tierras ya fecundas o,
can.a, véase Richard S!otkin, The Fatal Environment: The Myth of the Frontier in the Age of Jndustriali-
zatwn, 1800-1890, Middletown. Conn., Wesleyan University Press. 1985. versity of North Carolina Press, 1975, y The Land befo re Her Fantasy and Experience of the American
. , 12. Je_C:Y Mander señala que en 1978 un satélite nuclear ruso salió de su órbita y cayó a la Tierra ha- Frontiers 1630-1860, Chape! Hill University of North Carolina Press, 1984,
Ciendose ameos en una «zona deshabitada, improductiva y helada», pero que en realidad estaba habitada 15. R. W. B. Lewis, The American Adam: lnnocence, Tragedy and Tradition in the Nineteenth Cen-
por veintiséis comunidades dene e inuit, que habían vivido ahí 20.000 años. Véase Jerry Mander, In the tury, Chicago, University ofChicago Press, 1959. Hans Blumenberg señala que para Francis Bacon la fi-
Absence ofthe Sacred, San Francisco, Sierra Club Books, 1992, pág. 99. nalidad de la historia era la vuelta al paraíso y que este proceso implicaría un desarrollo mágico y fácil.
13: El cine, ya sea en el western americano o en el cine de pioneros de Israel, a menudo transmite Para él, el conocimiento de la naturaleza tiene que ver con esta condición paradisíaca de dominar a la na-
e~te discurso. Para más información sobre la representación genérica de Palestina en el cine israelí turaleza mediante la palabra. Véase Blumenberg, The Legitimacy of the Modern Age, trad. de Robert
vease Ella Shohat, Israeli Cinema East!West and the Politics of Representation, Austin, University of Wallace, Cambridge, Mass., MIT Press, 1983.
Texas Press, 1989
16. Para los cálculos de poblaciones, véase Russel Thornton, American Indian Holocaust and Sur-
14. Para más información sobre las mujeres y las fronteras americanas, véase Annette Kolodny, The viva!: A Population History sine e 1492, Norman, University of Oklahoma, 1987, págs. 22-25.
Lay of the Land: Metaphors as Experience and History in American Lije and Letters, Chape! Hill U ni- 17. Véase Carol Kaesuk Yoon, «Rain Forests Seen as Shaped by Humans», New York Times, 27 de
junio de 1993, pág. Cl.
158 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN TROPOS DEL IMPERIO 159
como se dice en terminología indígena, una «madre» -en kuna, abia ayala («adul- vitable castigo que la iniciación de la mujer y el mestizaje merecen. La mujer en-
to», tierra «fecunda»)- sólo podía ir en beneficio del colono. 18 El tropo de la vir-
¿_~
trega su vida por creer de manera supersticiosa que eso salvará a su amante; su pue-
ginidad todavía forma parte del discursos_onlkmpgr~t~o. Los periodistas, inclui- blo posesivo la sacrifica (Hollywood más tarde prohibiría todas las relaciones inte-
d<:rs losqt:re-tienenTonciencia~-ecológicá, se refieren a la selva amazónica (que ha rraciales excepto en el contexto del Pacífico, ya que la «unión de un polinesio o uno
estado en interconexión con culturas humanas durante miles de años, entre las que se de sus grupos aliados con un miembro de la raza blanca no se considera normal-
cuentan dominios que duraron dos mil años en una vasta economía rural que man- mente como una relación de mestizaje»). 21 Para esta tribu de adoradores de volca-
tenía a millones de personas) como selva «virgen», lo cual viene a ser una varia- nes, sólo el sacrificio humano puede aplacar la ira del Dios Lava, lo cual recuerda
ción romántica del tropo. 19 También los científicos modernos se refieren a las epi- el punto de vista colonialista que considera que las «religiones plimitivas» vienen a
demias introducidas en una comunidad sin inmunidades como «epidemias de tiena ser un ejercicio de idolatría a la personificación de deidades naturales. Si las imáge-
virgen». 20 nes iniciales asocian al personaje de Del Río con unas aguas tranquilas, en las tomas
En el polo opuesto de la tímida metáfora de la virginidad, aunque intenelacio- finales, su imagen se sobreimpone a las llamas, lo cual se interpreta como el casti-
nada con ella, tenemos la femineidad salvaje y libidinosa. Esta «tiena de nadie» go infernal para un personaje secundario hambriento de sexo y también para los in-·
puede caracterizarse como dura, resistente, violenta, un país de paisajes agrestes dígenas precientíficos.
que hay que domar; de «pueblos» fieros (indígenas amelicanos, aflicanos, árabes) que ka sexualización de la relación colonial tampoco queda ~legada a las nanativas
hay que domesticar; y de desierto que hay que hacer florecer. El discurso divisorio del encuentro cOlonial. Los descubrimientos arqueológicos del siglo XIX estimu-
de naturaleza libidinosa y virginal, homólogo a la dicotomía madre/puta, opera in- lar-on-Ia·Tepre·senfáciünCle civilizaciones antiguas, valiéndose de tropos genéricos
cluso en el mismo contexto. En última instancia, esto está al servicio del tropo del para proyectar el presente imperial en encuentros pasados entre Oriente y Occiden-
rescate que se ha resucitado durante guenas neocoloniales recientes (Granada, Pa- te. Y la representación del Romanticismo decimonónico de Babilonia y Egipto,
namá, Kuwait). Mientras la «virginidad» subraya la disponibilidad de la tiena, y como se reproduce en Intolerancia (1916), de D. W. Griffith, y Cleopatra (1934), de
pide, pues, «lógicamente» una penetración que la fecunde, la libidinosidad manifies- Cecil B. de Mille, proyecta al Oriente como femenino. En Intolerancia, Babilonia
ta de manera subliminal la necesidad de una operación de mantenimiento del orden. representa los excesos sexuales, basándose en la descripción que se hace en el Apo-
El discurso colonialista oscila entre estos dos tropos primarios, que presentan al co- calipsis de la ciudad como «la madre de todas las rameras y de las abominaciones
lonizado por un lado como alguien alegremente ignorante, puro y acogedor; y por de la tiena». La Cleopatra de De Mille expresa esta visión al hacer que se dirijan a
otro lado como alguien incontroladamente salvaje, histérico, caótico y que necesita la protagonista, caracterizada como una manipuladora sexual, como «Egipto», y al
la tutela y la disciplina de la ley. presentar a Oriente como un escenario de placeres carnales. La arquitectura monu-
La película de King Vidor Ave del paraíso (Bird of Paradise, 1932), que es la mental, los det~lles domésticos y las fiestas cuasi pornográficas que aparecen en es-
historia de un romance entre un marinero americano y una «nativa» de los Mares tas películas reflejan un encaprichamiento con la abundancia material de Oriente,
del Sur, supone un claro ejemplo de esta paradoja llena de connotaciones políticas. que también comparte la literatura de viajes, pues igualmente detallaba de manera
La nativa de los Mares del Sur (Dolores del Río) es una metáfora de su tiena; re- obsesiva los excesos sensuales orientales. El sometimiento de Cleopatra y Egipto no
presenta el paraíso «natural» no tocado por la «civilización». Sin embargo, el mis- deja de tener resonancias coloniales: la corte romana parece estar compuesta de
mísimo paisaje en el que una naturaleza armoniosa ofrece abundancia de alimentos aristócratas ingleses, que hacen comentarios sarcásticos ante la idea de que algún
sufre una repentina metamorfosis durante el transcurso de la película, y se convier- día Roma pueda ser gobernada por una Cleopatra que se supone que es negra. Y
te en un universo volcánico amenazante, un cuerpo histérico y trastornado mientras esto a pesar de que las convenciones estéticas hollywoodienses transforman a la
la lava engulle la misma naturaleza bucólica que le rodeaba. Mediante la identifica- Cleopatra que, según la histolia, tenía la piel oscura, en una mujer blanca que pare-
ción tradicional entre mujer y naturaleza, la heroína de los Mares del Sur refleja es- ce europea; un proceso similar al de Cristo, que en la iconografía occidental se ha
tos opuestos de paz edénica y peligro infernal. Primero, vemos que salva al héroe ido desemitizando.
americano, que está atrapado, del ataque de un tihurón; una toma crucial muestra a En este sentido, el cine representa un papel historiográfico y antropológico al
la heroína nadando por debajo del agua con un cuchillo en la boca. Después, empie- escribir (con luz) las culturas de los «otros». La afición que tienen las películas mu-
za un ballet erótico subacuático y tenestre, tras lo cual la nanativa conduce al ine- das por los significantes grafológicos, como pueden ser los jeroglíficos (en las di-
versas versiones de Cleopatra), el alfabeto hebreo (Intolerancia), o las páginas de
un libro abierto (como en el «Libro de Intolerancia», junto a las «notas» didácticas
18. Véase Leonardo Boff, Ame rica Latina: da conquista anova evangelizm;ao, Sao Paulo, Attica,
que acompañan a los intertítulos), apuntan el papel de Hollywood como archivero e
1992. pág. 16.
19. Véase «Complex Farming Found in Amazon», New York Times, 3 de abril de 1990, pág. C12.
20. Alfred W. Crosby, «Virgin Soil Epidemics as a Factor in the Aboriginal Depopulation in Ame- 21. Olga Martin, Hollywood's Movie Commandments: Handbookfor Motion Picture Writers and
rica», William and Mary Quarterly, Third Series, n° 33, 1976, págs. 289-299. Reviewers, Nueva York, Scribners, 1937.
TROPOS DEL IMPERIO 161
160 MULTICULTURALISMO, CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Trazando el mapa de la Terra lncognita