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Viaje a Ítaca: Disfruta el Camino

Este documento es un artículo sobre un viaje a la isla griega de Ítaca, la cual es famosa por ser el hogar del héroe mitológico Ulises en La Odisea de Homero. El artículo describe el viaje de una mujer catalana a Ítaca, explicando brevemente la importancia simbólica de la isla en la literatura y cultura catalana debido a un poema inspirado en La Odisea. Además, proporciona detalles sobre la ruta de viaje moderna a Ítaca desde Aten

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Temas abordados

  • temas de melancolía,
  • elementos simbólicos,
  • conflictos internos,
  • metáfora del viaje,
  • reflexiones sobre el tiempo,
  • sabiduría y conocimiento,
  • estructura poética,
  • poesía lírica,
  • temas de soledad,
  • caminos de vida
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Viaje a Ítaca: Disfruta el Camino

Este documento es un artículo sobre un viaje a la isla griega de Ítaca, la cual es famosa por ser el hogar del héroe mitológico Ulises en La Odisea de Homero. El artículo describe el viaje de una mujer catalana a Ítaca, explicando brevemente la importancia simbólica de la isla en la literatura y cultura catalana debido a un poema inspirado en La Odisea. Además, proporciona detalles sobre la ruta de viaje moderna a Ítaca desde Aten

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  • elementos simbólicos,
  • conflictos internos,
  • metáfora del viaje,
  • reflexiones sobre el tiempo,
  • sabiduría y conocimiento,
  • estructura poética,
  • poesía lírica,
  • temas de soledad,
  • caminos de vida

TITULO:

ITACA
AUTOR:

KONSTANTINOS KAVAFIS
BIOGRAFIA DE KONSTANTINOS KAVAFIS
(Konstantínos o Constantin Pétrou Kaváfis o Cavafis; Alejandría, 1863 - 1933) Poeta griego.
Fue el menor de una familia de nueve hermanos. Su padre, Juan Cavafis, fue comerciante y
su madre, Jariclea Fotiadis, procedía de una familia noble de Constantinopla.

Después de la muerte de su padre, acaecida el 10 de agosto de 1870, se trasladó a Inglaterra,


donde permaneció en Liverpool y Londres desde 1872 a 1878. Inició sus estudios y aprendió
con total perfección la lengua inglesa. Después, regresó a Alejandría y completó sus estudios.

En 1882, debido a los disturbios políticos que acabaron con la ocupación de Egipto por los
ingleses, abandonó de nuevo su ciudad natal. La familia se trasladó a Constantinopla y
permaneció allí hasta el mes de octubre de 1885. Después, regresó a Alejandría y el poeta
sólo abandonó la ciudad con motivo de unos viajes que realizó a París en 1897, a Londres en
1901 y a Atenas en 1903.

Sus primeras publicaciones comenzaron en 1886. Los poemas de esta primera época,
románticos en su concepción, siguen la línea de D. Paparrigópulos, con evidentes influencias
de Hugo y Musset. En 1891 publicó en una hoja suelta un poema titulado "Constructores" y
en 1896 escribió "Murallas", un poema ya completamente cavafiano, donde ofrece la trágica
realidad de la vida, el aislamiento del mundo y la soledad existencial.

Cavafis renegó de muchas obras que no llegó a publicar. El corpus de los poemas
"reconocidos" suman un total de ciento cincuenta y cuatro, todos ellos breves. Sus poemas
circularon en pequeñas hojas sueltas y en privado. En 1904, en un pequeño fascículo, publicó
catorce poemas y en 1910 los volvió a publicar añadiendo siete más. Desde 1912 publicó
hojas sueltas con las que compuso colecciones, ordenándolas cronológicamente o
temáticamente.

Cavafis elude la expresión emotiva directa, disimula el tono personal y afectivo, y todo ello
motivado por su especial idiosincrasia altiva y tímida al mismo tiempo. Su poesía da cabida
a la melancolía del pasado, al sentimiento de temporalidad, al recuerdo y a la historia. El
sentimiento de la vejez, la muerte y el tiempo son constantes en su obra. La vejez, en poemas
como "La ciudad", "Un viejo", "Muy raramente", etc; la muerte, en "En el puerto", "En el
mes de Athyr", "Epitafia de Antíoco, rey de Comegene" y otros más. La brevedad y la
sencillez de estructura "aparente" confieren a los poemas un matiz inconcluso.
Sus poemas, según Politis, pertenecen a tres campos diferentes: filosófico, histórico y erótico
o sensual. El trasvase de un área a otra es cosa frecuente. De este modo, los poemas históricos
servirán de medio de expresión de su erotismo, de su filosofía y de su didactismo. La lengua
empleada ofrece una serie de peculiaridades. Con la mezcla de griego purista y demótico,
aunque la base de su lengua sea el demótico, Cavafis se nos aparece como un espíritu
selectivo, ecléctico y crítico que aprovecha los rasgos de uno u otro en función de sus
conveniencias métricas.

Kavafis

Esta mezcla impregna la mayor parte de su producción. Posteriormente, los poemas se


encuentran escritos en demótico, excepto algunas palabras y construcciones sabias, en ciertas
ocasiones con una clara voluntad de estilo. Kavafis trabajó cuidadosamente hasta el último
detalle de todos sus poemas. Pese a ello, la gramática no es siempre perfecta, por lo que la
crítica considera estos descuidos como rasgos de estilo, ya que la mayoría de las veces son
deliberados.

FORMATO:
CONTINUO
GENERO:
GENERO LIRICO
ARGUMENTOS:

EL VIAJE ES ÍTACA: UN POEMA NOS RECUERDA QUE


MÁS IMPORTANTE QUE LA META

El poeta griego de Alejandría Constantino Kavafis (1863 - 1933) nos


habla sobre la importancia de disfrutar el camino, cualquier camino, y no
sólo añorar el objetivo: una metáfora que puede extenderse a muchos
procesos de nuestra vida.

Retrato del poeta Constantino kavafis (1863 - 1933)


Todos queremos volver a casa, a Ítaca, avistar desde el mar la isla en la
que crecimos, volver a ver a la mujer que amamos y que nos espera
hace tantos años. Por esta razón, la legendaria isla griega hogar de
Odiseo, Penélope y Telémac es la metáfora perfecta del propósito de la
vida, de eso que nunca dejaremos de perseguir.
Las Ítacas pueden ser, entonces, casi cualquier cosa: podrían
representar el proceso para lograr una meta o para recuperar algo que
hemos perdido, incluso, podrían simbolizar el acto de transitar por la vida
de principio a fin, para finalmente volver al origen. En un poema
iluminador y sólo aparentemente sencillo, el poeta griego Constantino
Kavafis habla sobre la importancia de disfrutar el camino hacia nuestra
propia Ítaca (cualquiera que ésta sea), pues el viaje es mucho más
delicioso que la llegada al destino final.
El poema Ítaca pareciera estar dirigido al héroe Odiseo durante su
regreso a casa (el camino del héroe que simbólicamente transitamos
durante nuestra vida), pero en su precioso y universal lenguaje nos habla
a todos por igual, y nos obsequia gentilmente un consejo que pareciera
simple pero que frecuentemente obviamos. Inmersos en una vida de
prisas, de recompensas fáciles e instantáneas, es común olvidar que el
camino, pensado también como cualquier clase de proceso, no
solamente es lo que más puede enseñarnos, sino también lo más
disfrutable. Ítaca “no tiene ya nada que darte”, asegura el poeta nacido
en Alejandría, por eso es mejor llegar ahí viejo, habiendo vivido
aventuras y experiencias.
Los Cíclopes, los Lestrigones y la fiereza del dios Poseidón no
aparecerán en tu camino si mantienes un “pensamiento elevado”,
asegura Kavafis; los peligros sólo surgirán si los llevas dentro, si tu alma
los pone frente a ti. Con estas palabras, el poeta nos recuerda que en
muchas ocasiones son nuestros propios demonios los que nos estorban
en el proceso hacia alcanzar lo que deseamos (de ahí la importancia de
convertirlos en aliados).
El pequeño y deslumbrante consejo contenido en el poema de Cavafis,
uno con enormes implicaciones ontológicas, bien podría llevarse a los
procesos más sencillos y cotidianos de nuestra vida con resultados
sorprendentes e iluminadores; una práctica de esta naturaleza, como
filosofía de vida, también podría relacionarse de manera profunda con la
meditación, con el trabajo de mantener nuestra mente en el tiempo
presente.
Fotograma extraído de Sunrise: A Song of Two Humans | F.W. Murnau (1927)

Nácar, coral, ámbar, ébano, las ciudades egipcias donde es posible


aprender de los sabios y la emoción de ver un puerto por primera vez son
sólo algunos de los tesoros que el viaje puede darnos, y es crucial estar
atentos a ellos. “Ten siempre a Ítaca en la mente / Llegar ahí es tu
destino. / Más nunca apresures el viaje.” aconseja Kavafis; en otras
palabras, nunca olvides tu meta, pero disfruta el recorrido, porque ese es
el verdadero secreto de nuestro breve tránsito por este mundo.

Ítaca
Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.

Por María González de León


Traducción: Pedro Bádenas de la Peña
Viaje a Ítaca (la auténtica)

La isla del imaginario catalanista defiende ante las islas


vecinas su estatus como patria de Ulises

Un barco navega cerca de la isla de Ítaca (Propias)


GEMM A SAUR A | ÍT AC A, GEMM A SAUR A

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"Disculpe, ¿para ir a Ítaca?".


Me oigo a mí misma y se me escapa una carcajada. Una catalana camino
a Ítaca. Avanzadilla del procés. Me veo en una portada de la prensa de
Madrid.

El señor griego al que he preguntado en la estación de autobuses de Patras me


mira algo perplejo. Estoy a punto de contárselo. Que en mi tierra llevamos
años hablando de Ítaca, unos con suspiros, otros con mofa. Muchos creen que
es sólo una canción de Lluís Llach, algunos saben que está inspirada en un
poema de Konstantinos Kavafis, inspirado a su vez en La odisea. Y no todos
están al corriente de que Ítaca, la patria del mítico Ulises, existe en carne y
hueso. O, mejor dicho, en piedra y agua: una isla en el mar Jónico, una más de
las seis mil islas e islotes que forman Grecia. De cien kilómetros cuadrados y
apenas tres mil habitantes.

Hace calor, la maleta pesa y el señor parece tener prisa, así que le ahorro el
rollo catalanista. "Siguiendo por esta calle está el muelle de Agios Nikolaos -
indica-. Allí se coge el ferry a Ítaca".

No son los diez años que tardó Ulises en regresar a su tierra, pero el viaje a
Ítaca es una especie de odisea del siglo XXI: desde Atenas, diez horas de
autobús y barco. Sólo se llega por mar, como en tiempos de Homero. La
primera vez que Lluís Llach visitó la isla poco después de triunfar en
Catalunya con el disco Viatge a Ítaca (1975), tardó día y medio en llegar con
su velero a causa de un temporal feroz. "Bromeamos mucho con la letra de
Kavafis. '¡Si el viaje tiene que ser lo mejor...!'", recuerda riendo, por teléfono
desde su casa en Porrera.

Yo no navego en velero sino en el transbordador diario desde Patras, en el


Peloponeso, que hace escala en la isla de Cefalonia. Ítaca ha tenido que pelear
por mantener el transbordador. La naviera lo suspendió hace dos años, cuando
perdió la subvención con la crisis y decidió que no era rentable. Este verano,
después de las protestas, se ha restablecido.

Atracamos en el puerto y lo primero que veo al bajar es que otros han dejado
antes su pica. Catalanes: los comunistas han llegado primero a Ítaca. Un cartel
del KKE, el último partido estalinista en un Parlamento de Europa, saluda con
la hoz y el martillo.
Al llegar al hotel, me tranquilizo. "Hace un par de años se hospedó un
matrimonio catalán. Se tiraron una hora recitándome a Kavafis", cuenta la
dueña.

No pienso declamar, pero yo también vengo con el poema estudiado. Y algo


no me cuadra: Ítaca es bellísima y, sin embargo, Kavafis advertía al viajero
que no se sintiera engañado si al llegar la encontraba "pobre".

"Bueno, es que Ítaca es sólo una metáfora para explicar que lo importante en
la vida no es el destino sino el camino. Además, Kavafis nunca estuvo aquí",
replica Tilemahos Karavias, exalcalde de la isla. Cuando el poeta alejandrino
escribió sus versos, en 1911, Ítaca ya tenía electricidad gracias a la donación
de una rica familia naviera de la isla, explica Omiros Kostopulos, amigo de
Tilemahos. "Atenas aún tardó años en tener tendido eléctrico", presume.

Sí, mi primera reunión en Ítaca es con un Telémaco y un Homero. Una


declaración de intenciones en una isla que combate su propia guerra de Troya:
defender que este pedazo de tierra es la auténtica Ítaca de La ilíada y La
odisea, donde hace unos tres mil años reinó Odiseo (Ulises, en latín), donde
dejó a su mujer Penélope y a su hijo Telémaco para ir a luchar diez años en
Troya, y adonde tardó otros diez en regresar tras un atribulado viaje en el que
sobrevivió a dos naufragios, a las sirenas, a monstruos marinos y al cíclope.

Pero otras islas, comenzando por las vecinas, le disputan el título. Y algunos
arqueólogos e historiadores les dan la razón. La semilla de la duda: Homero
describe lugares de Ítaca que no se corresponden con la geografía de la isla.
Explica que "no se eleva mucho sobre el mar", lo que choca con el paisaje
escarpado, o que es "la más remota al Occidente" de un grupo de islas, cuando
Cefalonia está al oeste. La Ítaca homérica tiene hoy tantos pretendientes como
acosaron a Penélope: Icaria (en el Egeo), Lefkada, Cefalonia... En el 2005, un
investigador británico ubicó Ítaca en la península de Paliki, que según su
teoría era antes una isla y se unió a Cefalonia con los seísmos que cubrieron
de piedras el canal.

Nada como mentar a Paliki para mosquear a los itacenses. "¡No son más que
fantasías! Si algo vende, todos lo codician. Como la Coca-Cola. Que digan lo
que quieran. Cuanto más se peleen por Ítaca, mejor para nosotros", protesta la
dueña del hotel, Cristina Costiris.

"Todo tiene que ver con los ingresos del turismo -dice Karavias-. 'Ítaca, tierra
de Ulises' es una marca universal. Puede traer mucho dinero. La verdad es que
desde un punto de vista arqueológico no hay respuesta. Nadie ha podido
demostrar rotundamente si la Ítaca de Homero estaba aquí o en otro lugar".

El argumento más poderoso a favor de Ítaca es que lleva este nombre desde
hace siglos. "Ha habido una conciencia desde la antigüedad de que es la Ítaca
homérica. Lo tiene este territorio frente a otros que han sido postulados como
posibles escenarios", señala el helenista Pedro Olalla, autor de un documental
en el que identificó varios lugares de Ítaca por descripciones homéricas: el
risco del cuervo, la cueva de las ninfas o la bahía de Forcis.

Un pedazo de terracota donde se lee el nombre de Ulises se exhibe en el


pueblo de Stavros. Allí el arqueólogo Thanasis Papadopulos encontró en el
2010 las ruinas de un edificio de la época micénica y proclamó que era el
palacio de Ulises. Una teoría osada, que sugiere que Ulises existió y no es sólo
un personaje literario que acumula en una figura las proezas y leyendas de
varios.

El estallido de la crisis, así como el escepticismo de la comunidad científica,


congelaron las excavaciones en Stavros. "Es urgente que se reanuden. Yo
estoy convencido de que esta es la isla de la que habla Homero. Lo sé. Pero
debemos tener algo que enseñar al mundo", opina el exalcalde Karavias, que
critica la apatía gubernamental. "Si Ítaca estuviera en otro país, sería el
atractivo turístico número uno. Pero Grecia es diferente. Ni sale en los
anuncios nacionales", lamenta.

Sentado en una taberna frente al mar, Stavros Dellaporta ve el turismo con


ojos de Ada Colau, y eso que vota a la derecha. "Si dependiera de mí, no haría
más excavaciones. Ítaca es una isla pequeña, sin la infraestructura para la
oleada de turistas que supondría un hallazgo arqueológico. El turismo de
masas destruye. Ha ocurrido en Mikonos, en Corfú, no lo quiero".
Antes de que llegaran los turistas -hoy son 13.000 al año-, era una isla de
pescadores que cultivaban sus olivos y sus viñas. La modernización llegó a
principios del siglo XX, con el desarrollo de la industria naviera de la mano de
estirpes locales, que establecieron flotas en el Danubio y luego se extendieron
por los océanos. Ítaca tuvo la mayor tasa de marinos mercantes de Grecia, y
cuentan que Onassis sólo quería a itacenses como capitanes. Ahora, cada vez
hay menos marinos y más dueños de hotel.

Es también un pueblo de emigrantes. Tras el terrible terremoto de 1953 hubo


un éxodo a Australia, a Sudáfrica o a EE.UU. Sus remesas fueron cruciales
para la reconstrucción. En verano, la isla se llena de sus hijos y nietos.

Viajar tampoco ha curado aquí el apego a la tierra. "Los itacenses siempre


hemos sentido el nostos, el deseo del regreso a la patria del que habla
Homero", reflexiona Yorgos Karantzis, dueño de un bar y líder local de
Syriza. Su abuelo fue marinero en Rumanía, su padre fue marino mercante, y
tiene decenas de primos en Australia: la historia de Ítaca condensada. "Yo
mismo viajé por el mundo de joven, pero siempre estuvo en mi mente volver a
casa", dice.

No se sienten nación, pero los itacenses tienen orgullo de pertenencia y


reivindican su historia. Bajo Venecia desde el siglo XIII, las islas Jónicas
fueron el único territorio de habla griega que escapó del dominio otomano.

"Esto no es Grecia -sentencia Stavros Dellaporta-. Los turcos nunca


estuvieron aquí. Han pasado los italianos, los franceses y los británicos.
Nuestra alma es más occidental que oriental".

Las islas Jónicas no se unieron a Grecia hasta 1864, y hay un buen recuerdo
del protectorado británico. "Teníamos nuestro Parlamento y Constitución. La
administración británica modernizó la educación, la justicia, las
infraestructuras. Y transmitió una mentalidad para hacer negocios y gestionar
las cosas -dice el empresario Kostopulos-. Ítaca es seguramente el único lugar
en Grecia donde no hay ni un metro cuadrado de propiedad pública". Pienso
en el vídeo de la CUP para el 27-S, donde los anticapitalistas independentistas
lamentan que Ítaca está "privatizada". Resulta que desde hace siglos.
"¿Catalana? ¿Os queréis ir de España, no?", me dice un taxista.

Lleva una bandera que ya he visto ondeando en algunas casas. "La República
de las Islas Jónicas". Tiene el fondo azul, un león dorado y siete flechas que
representan las siete islas. "Me recuerda el pasado, fueron buenos tiempo para
Ítaca. Yo a veces también pienso que nos iría mejor solos. O con Italia.
¡Grecia es un desastre!", dice.

Ve mis ojos chispear: "Eso no lo escribas, ¿eh? Son sólo sueños locos. Ahora
es imposible".

También Ítaca tiene sus Ítacas

ÍTACA (ANÁLISIS LITERARIO)


La primera versión de Ítaca fue escrita, probablemente, en 1894. Kavafis, tras revisar en poema
en 1910, lo publicó por primera vez en 1911.

Ítaca se trata de un poema que está compuesto por cinco estrofas que emplean el
lenguaje coloquial, cotidiano. El narrador es, seguramente, un hombre que ha viajado mucho. El
narrador puede dirigirse a varias personas: a Ulises, el héroe del poema épico de Homero La
Odisea, o a un viajero imaginario moderno o al propio lector del poema. El narrador quiere
decirle al viajero que lo realmente importante no es Ítaca en sí, sino el propio viaje en sí mismo.
Es el camino lo realmente importante, que debe ser disfrutado plenamente en cada momento.

El título del poema es Ítaca. Kavafis se está refiriendo al poema de Homero, La Odisea.
En el poema de Homero Odiseo o Ulises, el protagonista, sale de Ítaca, su reino, para ir a la
guerra de Troya. A la vuelta en su viaje a Ítaca, castigado por los dioses por haber creado el
procedimiento para destruir Troya, sufre multitud de incidentes.

Kavafis, en este poema, recurre a la conocida historia de la Odisea como una metáfora
del viaje de la vida. El poema, que está escrito en griego, ha perdido ciertos rasgos originales
debido a la traducción, tales como la lírica o la rima. Sin embargo, sigue siendo una obra de
notable importancia y relevancia.

El asunto sobre el que versa el texto o, lo que es lo mismo, el tema principal de la obra,
es que la vida debe tomarse con tiempo, despacio, disfrutando de los placeres, y obteniendo
sabiduría y experiencia. Como es lógico, no todas las personas tienen el mismo camino en sus
respectivas vidas. Algunas personas siempre encuentran el camino recto y fácil, recorriendo el
camino de forma recta y evitándose distracciones y desvíos. Según Kavafis, al llegar al final del
camino, lo que verdaderamente importante son las experiencias y los recuerdos.

En cuanto a las características de la obra, una de las características más relevantes de la


misma es que está escrito en forma verbal del imperativo de la segunda persona. En este
sentido, Kavafis parece estar hablando con el lector, “diciéndole” lo que tiene que hacer.
Del mismo modo, convendría destacar la simbología presente en el poema. En Ítaca, se
pueden observar varios símbolos, la mayoría sacados de la Odisea. En la primera estrofa, por
ejemplo, Kavafis menciona a los cíclopes, a los lestrigones y al irritado Poseidón. Estos eran tres
de los peores enemigos que tuvo Ulises. Los lestrigones y los cíclopes eran caníbales gigantes
que comían la mayor parte de sus seguidores. Poseidón, por su parte, era un Dios vengativo que
fue perseguido durante años. Kavafis no recurre a estos enemigos de Ulises sin ninguna razón,
sino que, mediante ellos, lo que intenta simbolizar son los conflictos. En particular, estos
elementos simbolizan los conflictos con las personas o poderes que son mucho más grandes y
poderosos que el lector (que es a quien Kavafis se está refiriendo). Sin embargo, en los versos
9, 10, 11 y 12 dice textualmente lo siguiente: << A los Lestrigones y a los Cíclopes, y al feroz
Poseidón no encontrarás, si dentro de tu alma no los llevas, si tu alma no los yergue delante de
ti. >>Es decir, Kavafis dice al lector que no tiene que tener miedo por encontrarse en su camino
con esos enemigos o peligros, a no ser que “los lleve dentro de él”. Dicho de otra manera, Kavafis
dice que, en el caso de que una persona se encuentre libre de conflictos internos, no va a haber
motivo alguno para que encuentre con un conflicto exterior.

Otro símbolo presente en el poema es la idea de entrar en nuevos puertos. Los puertos
simbolizan los buenos tiempos y lugares en la vida del lector, donde se obtiene placer,
conocimiento y experiencia. Cuando Kavafis dice que en las estaciones de los fenicios el lector
debe comprar “bellas mercancías” y “perfumes voluptuosos” no está queriendo decir que se
deban acumular los tesoros. El verdadero mensaje que quiere simbolizar es que se debe
disfrutar del lujo y la belleza, cuando surja la oportunidad. Es decir, se debe saber apreciar las
cosas buenas y positivas que entrar en nuestro camino por el bien de la experiencia. Los
mercados de Fenicia simbolizan momentos en la vida cuando uno está expuesto al arte y la
belleza y la cultura. Las ciudades egipcias, por el contrario, simbolizan los momentos de
conocimiento y la educación.

El símbolo del final, y quizás el más importante, en Ítaca es Ítaca en sí. Ítaca representa el
lugar de inicio y finalización. Todo el mundo procede de alguna parte y va a alguna parte. Ítaca
es el inicio y finalización, es donde empieza el camino y donde termina. Sin embargo, el poeta
también advierte del gran riesgo, ya que existe la posibilidad de esperar demasiado sobre Ítaca:

Ítaca te dio el hermoso viaje.

Sin ella no habrías emprendido el camino.

Ella no tiene nada que darte.

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