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Bautismo

Este documento presenta las razones para impartir charlas de preparación a los padres y padrinos antes del bautismo de un niño. Explica que el propósito es reavivar la fe de los padres y ayudarlos a comprender mejor la importancia y significado del bautismo. El bautismo no sólo da vida natural sino también sobrenatural, haciendo al niño hijo de Dios y hermano de Cristo. Los padres desean que la iglesia conceda esta gran bendición a sus hijos.
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  • Compromiso cristiano,
  • Misa,
  • Bendición,
  • Salvación,
  • Gracia,
  • Responsabilidad parental,
  • Cuidado espiritual,
  • Fe católica,
  • Obligaciones de los padrinos,
  • Nombre cristiano
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Bautismo

Este documento presenta las razones para impartir charlas de preparación a los padres y padrinos antes del bautismo de un niño. Explica que el propósito es reavivar la fe de los padres y ayudarlos a comprender mejor la importancia y significado del bautismo. El bautismo no sólo da vida natural sino también sobrenatural, haciendo al niño hijo de Dios y hermano de Cristo. Los padres desean que la iglesia conceda esta gran bendición a sus hijos.
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BAUTISMO

Charlas de
Preparación

***

CHARLAS DE PREPARACIÓN PARA LA


ADMINISTRACIÓN
DEL SACRAMENTO DEL BAUTISMO.

José Luis de los Reyes. 2006 1


Justificación de estas charlas a padres y padrinos.

El Ritual del Bautismo de niños, n. 3, dice: “No hay nada


que la Iglesia estime tanto ni tarea que ella considere tan
suya como reavivar en los catecúmenos, o en los padres y
padrinos de los niños que se van a bautizar, una fe activa
por la cual, uniéndose a Cristo, entren en el pacto de la
nueva alianza o la ratifiquen. A esto se ordenan, en
definitiva, tanto el catecumenado y la preparación de los
padres y padrinos como la celebración de la Palabra de Dios
y la profesión de fe en el rito bautismal.”

Cuando una familia acude a la Parroquia para solicitar


que un hijo sea bautizado, están manifestando, expresa o
implícitamente, su estima de lo que significa la Iglesia
fundada por Jesucristo y sus misterios; y, por tanto, su
adhesión a todo lo que la Iglesia enseña como Madre y
Maestra, fiel trasmisora de las enseñanzas de Jesucristo.

Estas enseñanzas de siempre han sido formuladas


recientemente, por expreso mandato del Concilio Vaticano II
y están contenidas en el “Catecismo de la Iglesia Católica” –
promulgado por el Papa Juan Pablo II el 11 de octubre de
1992 - o, más brevemente, en el “Compendio” de dicho
Catecismo recientemente promulgado por el Papa
Benedicto XVI (28 junio 2005). A este último documento nos
referiremos en lo que sigue.

Para renovar y avivar estos conocimientos, cada día se


toma mayor conciencia de la necesidad de impartir a los
padres y padrinos unas charlas catequéticas sobre los
fundamentos de la fe católica que profesan, cuando
solicitan a la Iglesia que administre a sus hijos o ahijados el
sacramento del Bautismo.

Es ésta una nueva ocasión para que renueven su aprecio


y su voluntad de adhesión a Cristo y a la Iglesia, y que
valoren la trascendental significación del paso que solicitan
para su hijo o ahijado.

José Luis de los Reyes. 2006 2


N.B. En las charlas que siguen se utiliza siempre los
términos “hijo” o “niño” que, en muchos casos, habrá que
cambiar por “hija” o “niña”. Lógicamente, queda a la
discreción del que imparta las charlas.
ACOGIDA, SALUDO A LOS PADRES Y CONGRATULACIÓN CON
ELLOS POR EL NACIMIENTO DEL HIJO Y POR EL NUEVO
NACIMIENTO QUE RECIBIRÁ EN EL BAUTISMO

¡Enhorabuena, padres! ¡Qué alegría tendréis por el


nacimiento de este niño, que es una bendición de Dios!
¡Felicidades también por vuestra determinación de solicitar
el Bautismo para este niño, con lo que le abrís las puertas
de la Iglesia y lo vais a enriquecer con una amplísima
bendición de Dios!

Hoy os sentís felices con la llegada de ese hijo, sin duda


un gran don de Dios a la familia. Lo habéis esperado con
ansiedad desde el mismo momento en que la mamá
descubrió los primeros síntomas de su embarazo

Habéis asistido emocionados al desarrollo de la acción de


Dios en la formación de ese precioso cuerpecito, esculpido
por Su Mano, al que ha unido - desde que tan sólo era un
ser microscópico - un alma espiritual, eterna, personal e
irrepetible, creada inmediatamente para él cuando se
produjo el milagro de la vida en el seno de la madre.

Esta vida hace del hijo un ser vivo perteneciente a la raza


humana, distinto de la madre, con su propio patrimonio
genético - ¡una maravilla de Dios! - pues, aunque sea
normal el nacimiento de hombres en el mundo, no por eso
deja de ser un milagro que realiza Dios en la naturaleza del
hombre y la mujer. Ellos, mediante un acto de amor, dan
origen a ese nuevo ser, y, desde ese momento, tan sólo les
queda el asistir expectantes a su desarrollo hasta el
momento de su nacimiento.

José Luis de los Reyes. 2006 3


¡Cómo se miran en el hijo los padres, cómo le quieren,
cómo se sienten felices con ese regalo de Dios!

El hombre – dice el gran filósofo Julián Marías – “antes


que animal racional es animal amoroso. Amar es aspirar a
que la persona amada sea eterna… Es el amor el que nos a
conduce a aspirar a la eternidad” El adverbio de los
enamorados es “¡para siempre, para siempre!

El amor – salir de sí… hacia la persona amada, hasta


fundirse con ella – que comenzó en la entrega sin límites
del esposo a la esposa hasta hacer que de “dos tú” – “él,
ella”, naciera un “nosotros”, se vuelca ahora en el hijo, fruto
de ese amor.
Y en ese hijo, se realiza el misterio de que el amor –
afecto espiritual – que se profesan los padres se haya
“materializado”, se haya hecho visible y presente en el
cuerpecito del hijo.
Eso explica el “quisiera comerte” de la madre al hijo,
después de zarandearlo, de besuquearlo, de colmarlo de
arrumacos: “¡quisiera comerte!”, quisiera, ser uno contigo,
fundirme contigo… En su hijo, también está amando al
marido.

GRANDEZA DE ESTE NUEVO “HOMBRECITO” o


“MUJERCITA”

Los padres cuidan con esmero todo lo que ese ser,


todavía indefenso, necesita para el desarrollo de su vida
natural: alimento, vestido, atención médica, vacunas, etc.
etc.

El niño, como ser racional y personal, es diferente en su


desarrollo de cualquier otro animalito irracional. Éste nace
y, enseguida, se adapta a la naturaleza por ser sólo
naturaleza; por ejemplo, el corderillo, a poco de nacer, ya
comienza a triscar y a cogerse a las ubres de la madre. Se
adapta en seguida a la naturaleza.

José Luis de los Reyes. 2006 4


El niño, en cambio, necesita el cuidado esmerado de los
padres desde que nace. Está inerme en sus manos, e irá
poco a poco descubriendo en el tiempo, el mundo que le
rodea. Se irá formando en la observación de ese mundo,
que se le va revelando progresivamente, amará a sus
padres a los que conocerá y en los que confía y se sentirá
seguro en sus cuidados, se irá haciendo persona.

Porque el niño, sin duda, tiene cuerpo, pero ¡no sólo


cuerpo! - como los animales -, sino que también tiene
alma espiritual que habrá que ir formando: De ella
proceden las ideas, los conocimientos, los sentimientos -
afectos, amor, simpatías -, proyectos de vida, etc. etc. O
sea, que ese niño aspirará a lo que sabe que es su campo
vital, primero en su inconsciencia simplemente receptiva;
más tarde, conscientemente, al llegar al uso de la razón, en
que pondrá poco a poco en juego las potencias de su alma
racional: memoria, entendimiento y voluntad.

El hombre es, sin duda, el ser superior de la creación. Ha


sido creado por Dios a “su imagen y semejanza”, y ha sido
enaltecido sobre todas las demás criaturas. En el primer
libro de la Sagrada Biblia, el Génesis, cuando Dios dice a
Adán que vaya poniendo nombre a todos los seres creados,
está dándole posesión de los mismos y lo constituye “rey de
la Creación”.

“Qué grande es el hombre, ya que es superior al cosmos


compuesto por una multitud de seres “no inteligentes”,
cuando el hombre domina todo con su inteligencia y
voluntad”, dice el sabio Einstein.

TAREA Y RESPONSABILIDAD DE LOS PADRES

Al desarrollo natural del hijo: nacer, crecer, ser niño,


adolescente, joven, hombre, han de contribuir los padres
con el mayor esfuerzo y dedicación, como tarea obligada a
la confianza que Dios ha puesto en ellos cuando creó y les
entregó aquella nueva vida.

José Luis de los Reyes. 2006 5


De ahí, la importancia de la educación y formación que
en todos los campos de la vida ha de recibir el hijo de sus
padres. Tanto de su cuerpo como de su alma.

Educar - ¡gran tarea de los padres! -, viene del latín “ex–


dúcere” -“sacar de” -, o sea, educar es ir modelando el
alma del niño en todas sus facetas para conseguir del
mismo la mayor perfección, como hace el escultor que de
un bloque de mármol, lentamente, a fuerza de irle quitando
esquirlas y de darle forma, obtiene una bonita escultura.
(Miguel Ángel, al terminar de esculpir su célebre “Moisés”,
dio un paso atrás, lo admiró, y dándole un golpe en la
frente, le dijo: ¡habla! Tal era la perfección que encontró en
la escultura)

Asimismo, han de ir creando en el alma del hijo una serie


de valores humanos: amistad, generosidad, gratitud,
magnanimidad, castidad, alegría y optimismo, veracidad,
laboriosidad…

También, como es natural, habrán de educar y asistir al


desarrollo de su vida religiosa y su relación con Dios, la que
nace de su incorporación a la Iglesia por el Bautismo.

BAUTISMO: UNA NUEVA VIDA. VIDA SOBRENATURAL

Por el Bautismo, el niño, además de la vida natural


recibida de sus padres, va a comenzar a vivir una nueva
vida, y ésta sobrenatural. Entra al templo con una vida
natural – ser hijo de sus padres – , y la Iglesia lo va a
devolver a éstos con una nueva vida - ¡ser hijo de Dios!.
¡Qué diferencia tan enorme entre la persona que
llevaban los padres y padrinos camino de la iglesia para
recibir este sacramento, y la persona que vuelve bautizada!
El cristiano “sale del Bautismo resplandeciente como el sol
y, lo que es más importante, vuelve de allí convertido en
hijo de Dios y coheredero con Cristo” – predicaba San
Hipólito a sus fieles

José Luis de los Reyes. 2006 6


Por el Bautismo, el niño va a recibir unas gracias
imponderables, maravillosas: llamarse y ser hijo de Dios,
ser hermano de Jesucristo, amigo de Dios, heredero del
cielo, quedar inundado en su alma por la presencia de la
Santísima Trinidad, y adornado por las virtudes teologales –
fe, esperanza, caridad – y por los siete magníficos dones del
Espíritu Santo.

Los padres cristianos, conscientes de lo que significa el


bautismo, piden a la Iglesia enriquecer al hijo de manera
soberana con una nueva vida, la vida sobrenatural de la
Gracia, la nueva filiación de ¡hijo de Dios!

Esa es la riqueza que los padres deben estimar y desear


para su hijo. El hijo que traen a la Iglesia para ser bautizado
es para los padres como un hermoso y preciado joyero. Dios
lo va a llenar de joyas y lo va a devolver a los padres,
enormemente enriquecido.
“Esas joyas” (virtudes infusas, dones del E. Santo, Gracia
santificante) le dan una vida nueva, sobrenatural, distinta
de la existencia común de los hombres, – como antes
dijimos – y es particular y exclusiva de quienes creen en
Cristo, de aquellos que “nacen no de la sangre, ni de la
voluntad de la carne, ni de querer de hombre, sino
que nacen de Dios” (Juan 1,13).

Por la gracia santificante “Dios nos ha dado las


grandes y preciosas gracias que había prometido,
para hacernos, por medio de estas gracias,
partícipes de la naturaleza divina” (2 Pedro 1,4) ¡Nada
menos…!

Y es tan grande, de tan gran valor, este don de la Gracia


que Santo Tomás de Aquino enseña que “el bien de la
Gracia de un solo hombre es mayor que el bien
natural del universo entero” (Suma Teológica, 1-2,
q.113, q.9. ad 2). O sea, que si se ponen en el platillo de
una balanza todos los bienes y riquezas, y honores, y
bellezas…del mundo material y en el otro una pizca de
Gracia santificante, ésta es infinitamente mayor que lo

José Luis de los Reyes. 2006 7


primero porque la Gracia santificane “es una participación
limitada de la naturaleza divina” (Santo Tomás de Aquino).

Es muy conveniente, pues, que los padres sepan que en


el hijo que traen a la iglesia para que sea bautizado,
después de su bautismo, se ha producido una nueva
generación, una re-generación, el nacimiento a una nueva
vida, la vida de la Gracia.

Así lo que decía Jesús a Nicodemo (Juan 3, 1-8):

- “En verdad, en verdad te digo que, si uno no


nace de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.
- Nicodemo respondió: ¿Cómo puede un hombre
nacer siendo viejo? ¿Acaso puede entrar otra vez en
el vientre de su madre y nacer?
- Jesús contestó: En verdad, en verdad te digo que
si uno no nace del agua y del Espíritu no puede
entrar en el Reino de Dios…”

Por lo expuesto, sería una inconsciencia de los padres si


el solicitar el Bautismo para un hijo sólo estuviese motivado
por el hecho de mantener una bonita tradición familiar, o
por dar ocasión de hacer una fiesta alegre con los invitados,
o por estrenar alguna prenda de vestir, o para tratar de
adquirir lazos más íntimos con padrinos, amigos etc. etc.

FORMAR CRISTIANAMENTE AL HIJO

De esa voluntad de hacer cristiano a su hijo, nacen


nuevas obligaciones en los padres – también en los
padrinos - , de modo semejante a las que han asumido del
cuidado y atención para la vida material del hijo desde el
momento de su nacimiento. Y aun antes, con las sucesivas
visitas al ginecólogo, la confección ilusionada del “hatico”,
preparación de la cunita en que habrá que acostarle, coche
para el paseo, etc. etc.

El niño bautizado, ya cristiano, adquiere unos derechos


y obligaciones ante Dios, ante la Iglesia y ante el mundo,

José Luis de los Reyes. 2006 8


que consisten en vivir en adelante, como cristiano, una vida
nueva como discípulo de Cristo, como mensajero de Cristo y
ejemplo de vida para todos.

Para ello ha de conocer la hermosa llamada que le hizo


Dios a la vida y a la santidad, enterarse de lo que Dios nos
ha enseñado en su Revelación, habrá de alimentarse de los
sacramentos instituidos por Jesucristo, tratar de vivir los
mandamientos y mirar al cielo y rogar a Dios con sus
oraciones.

Habrá de aprender estas obligaciones con la


catequesis que debe recibir de sus padres, mediante sus
enseñanzas de la doctrina cristiana y, aun más, con el
ejemplo de sus vidas...
No hay que olvidar que el niño aprende más con los
ojos que con las palabras, lo que pone a los padres en la
urgente exigencia de vivir de acuerdo con la doctrina que
profesan.

El niño ha de aprender de sus padres a descubrir a


Dios: rezar al levantarse y al acostarse, santiguarse al salir
a la calle, bendecir los alimentos en la mesa, rezar el
Rosario a la Virgen… Ir a Misa con los padres los días de
precepto, verlos comulgar y seguir la Misa con el diálogo y
los cantos, etc.
De lo contrario, pudiera darse aquello que,
lastimosamente, expresaba aquel niño cuando decía muy
convencido: “Tengo ganas de ser grande… para no ir a Misa
como mi padre…”

Ha de ver a sus padres y hermanos practicar las


virtudes de la caridad, respeto a todos, veracidad, alegría
en la convivencia familiar, espíritu de servicio, generosidad,
etc.

+++
+++++

José Luis de los Reyes. 2006 9


DEL MAGISTERIO DE LA IGLESIA

A continuación, una breve exposición de la doctrina que


debe conocer el cristiano.
(Nos remitimos al Compendio del Catecismo de la
Iglesia Católica)

¿QUÉ SE ENTIENDE POR SACRAMENTO?

“Los sacramentos son signos sensibles y eficaces


de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la

José Luis de los Reyes. 2006 10


Iglesia, a través de los cuales se nos otorga la vida
divina. Son siete: Bautismo…” (Compendio n. 224)

EL BAUTISMO: SACRAMENTO INSTITUIDO POR


CRISTO.

En primer lugar, pues, hay que considerar que el


Bautismo es un Sacramento de la Iglesia Católica. Y como
tal sacramento, es signo eficaz de una Gracia que Dios va a
derramar sobre el bautizando.

Como todos y cada uno de los Sacramentos, el


sacramento del Bautismo es una acción eficaz de
Jesucristo, quien, en la persona del Ministro, se hace
presente para aceptar en su Iglesia a ese hijo bien querido
y elegido de Dios desde toda la eternidad:

“Bendito sea Dios y Padre de nuestro Señor


Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda
bendición espiritual en los cielos, pues en Él nos
eligió antes de la creación del mundo para que
fuéramos santos y sin mancha en su presencia, por
el amor…” (Ef. 1, 3-4)

“El Ministro ordinario es el Obispo, Sacerdote o Diácono,


pero en caso de necesidad, cualquiera – católico o no -
puede bautizar en caso de urgencia, siempre que tenga la
intención de hacer lo que hace la Iglesia. El ministro
derrama agua sobre la cabeza del candidato y pronuncia la
fórmula trinitaria bautismal:”Yo te bautizo en el nombre del
Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Compendio, n. 260)

FRUTOS DEL BAUTISMO

“¿Cuáles son los efectos del Bautismo?

“El Bautismo 1) perdona el pecado original, 2) todos


los pecados personales y todas penas debidas al pecado, 3)
hace participar de la vida divina trinitaria mediante la
gracia santificante, la gracia de la justificación que
incorpora a Cristo y a su Iglesia; 4) hace participar del
sacerdocio de Cristo y constituye el fundamento de la

José Luis de los Reyes. 2006 11


comunión con los demás cristianos; 5) otorga las virtudes
teologales y los dones del Espíritu Santo. El bautizado
pertenece para siempre a Cristo: en efecto, queda marcado
con el sello indeleble de Cristo (carácter).” (Compendio, n.
263)

De los efectos indicados, a continuación hacemos


alguna explicación y reflexiones:

1,- Injertos en Cristo.

Por injerto se entiende la parte de un árbol o planta


que se ha transplantado a otra para desarrollarse con el
vigor y la fuerza de ésta, permaneciendo inalteradas las
características genéticas de injerto y porta-injerto; de modo
que el injerto y la planta forman una sola cosa y poseen una
unidad de vida.

En la predicación de san Pablo aparece con frecuencia


este símil, referido a Cristo, como porta-injerto, y el
cristiano, que es injertado en Cristo. Y este transplantarse
para recibir la Vida sobrenatural – divina – de Cristo se
realiza por el sacramento del Bautismo.

El Sacramento del Bautismo, pues, nos hace “injertos


en Cristo”, lo que es como decir que desde el momento de
recibir el Sacramento, el neófito incorporado en Cristo
forma una sola cosa con Él y participa ya ahora de su vida
divina comienza a recibir la vida divina, “la savia” del árbol
a que ha sido injertado, Cristo.

Así lo enseña San Pablo en su Carta a los Romanos:

+ “¿No sabéis que cuantos hemos sido


bautizados en Cristo Jesús hemos sido
bautizados en su muerte? Pues fuimos
sepultados juntamente con Él por medio del
bautismo en orden a la muerte, para que, así
como Cristo fui resucitado de entre los muertos
por la gloria del Padre, así también nosotros
caminemos en una vida nueva. Pues si hemos
sido injertados en Él con la semejanza de su

José Luis de los Reyes. 2006 12


muerte, también lo seremos con la de su
resurrección” (Rom. 6, 3-6) (También en Ef. 2,6;
Col. 3,1; 2 Tim. 2,11).

Esta doctrina es desarrollada por el Concilio Vaticano II


(Constitución “Sacrosanctum Concilium” nº 6):

“…los hombres son injertados en el misterio


pascual de Jesucristo; mueren con Él, son
sepultados con Él; reciben el espíritu de
adopción de hijos, ‘por el que clamamos ¡Abbá!
¡Padre!’ (Rom.8,15), y se convierten así en los
verdaderos adoradores que busca el Padre”.

Y Jesús, la noche del Jueves Santo, cuando instituyó la


Eucaristía, en la bella alegoría de la vid, explica a, los
apóstoles

“Yo soy la vid y vosotros los sarmientos. El que


permanece en Mí y yo en él, ése da mucho fruto
(…) Si permanecéis en Mí y yo en vosotros,
pedid lo que queráis y se os concederá” (Juan
15, 5-6)

2. Revestidos de Cristo.

Otro símil que emplea san Pablo para excitar en los


discípulos su voluntad de vivir como auténticos cristianos,
imitando a Cristo, es el de “revestirse de Cristo”. Con ello,
no quería decir que se trataba de un simple cambio
externo, como el que tendría lugar en quien cambia de
vestido, sino de una renovación interior, por la que el
cristiano, al ser hecho una nueva criatura en Jesucristo, ha
de vivir la santidad a la que está llamado.

San Pablo, cuando enseña la necesidad de “revestirse de


Cristo”, indica la íntima unión del bautizado con Cristo, tan
fuerte que se puede afirmar que el cristiano es “otro Cristo”
– “Cristo otra vez”- en el mundo, “transparencia de Cristo”.

José Luis de los Reyes. 2006 13


Desde el momento de su bautismo, el cristiano está
llamado a mostrar en su vida familiar, laboral, deportiva,
social, política, etc. que lleva a Cristo en su corazón, y ha
de hacerlo presente en el mundo, en toda circunstancia.
.
San Pablo lo enseña en varias de sus Cartas Apostólicas:

“Revestíos de nuestro Señor Jesucristo, y no


estéis solícitos de la carne para satisfacer sus
concupiscencias” Rom. 13,14

“Todos los que fuisteis bautizados en Cristo os


habéis revestido de Cristo” Gál 3,27.

3.- Hijos de Dios.

Asimismo, esa criatura nacida de la unión de dos sujetos


de la familia humana, que ha adquirido la naturaleza de los
padres, o sea, que goza de la naturaleza de hombre (y no
de cualquier otro género de criaturas), a partir de la
recepción del Sacramento del Bautismo, comienza a gozar
de una nueva naturaleza, más elevada, sobrenatural, que le
llega de su unión con Cristo: la que le hace ser “hijo de
Dios” en Cristo.

San Juan, el Apóstol joven, el íntimo de Jesús, escribe en la


primera de sus Cartas:

“Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para


llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos,
realmente! Queridos, ahora somos hijos de Dios y
aun no se ha manifestado lo que seremos…”
(1Juan 3,1-8)

San Pablo, gozosamente, comunica a los cristianos de


Galacia:

“Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a


su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para
redimir a los que estaban bajo la Ley, a fin de que
recibiésemos la adopción de hijos. Y, puesto que

José Luis de los Reyes. 2006 14


sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el
Espíritu de su Hijo, que clama:”¡Abbá, Padre! De
manera que ya no eres siervo, sino hijo; y como
eres hijo, también heredero por gracia de Dios”
(Gálatas 4, 4-7)

Y a los cristianos de Éfeso:

Dios Padre “nos predestinó a ser hijos adoptivos,


por Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad”
(Ef. 1,4)

Nunca acabaremos de comprender y de estimar


suficientemente este don inefable: ¡Hijos de Dios!
¡Hermanos de Jesucristo! ¡Herederos del Cielo! ¡Amados en
cada momento del día por ese maravilloso Padre que es
Dios…!

4.- Templos del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo llena el alma del bautizado y le


infunde sus siete dones, además de las virtudes teologales:
fe, esperanza, caridad.

“Convertíos – dice Pedro a los miles de judíos


congregados cuando la venida del Espíritu Santo
- y sea bautizado cada uno de vosotros en el
nombre de Jesucristo para perdón de vuestros
pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo”
(Hechos de los Apóstoles, 2,38)

Y san Pablo a los Corintios:

“El que se une al Señor se hace un solo espíritu


con Él” (1 Cor. 6, 17)

5.- El bautismo incorpora a Cristo y a su Iglesia.

Cuando el neófito recibe el bautismo, al injertarse en


Cristo, comienza a vivir la unión con todos los que en Cristo
forman la Iglesia, y se constituye como un nuevo miembro
en comunión con los demás cristianos.

José Luis de los Reyes. 2006 15


“Todos nosotros, tanto judíos como griegos,
tanto siervos como libres, fuimos bautizados en
un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo”
(1 Cor. 12,13)

A partir del bautismo, comienza a ser un fiel cristiano.


Así lo describe el Compendio, n. 177:

“¿Quiénes son los fieles cristianos? – Los fieles


son aquellos que, incorporados a Cristo
mediante el Bautismo, han sido constituidos
miembros del Pueblo de Dios; han sido hecho
partícipes, cada uno según su propia condición,
de la función sacerdotal, profética y real de
Cristo, y son llamados a llevar a cabo la misión
confiada por Dios a la Iglesia. Entre ellos hay
una verdadera igualdad en su dignidad de hijos
de Dios.” (Compendio, n. 177)

6.- El Bautismo borra todos los pecados

“… bautizar significa “sumergir” en el agua. Quien


recibe el Bautismo es sumergido en la muerte de Cristo y
resucita con Él “como una nueva criatura” (2 Cor. 5,17). Se
llama también “baño de regeneración y renovación en el
Espíritu Santo” (Tito 3,5) e “iluminación”, porque el
bautizado se con-vierte en “hijo de la luz” (Ef. 5,8)”
(Compendio, n.252)

El bautismo perdona el pecado original y, en el adulto,


también todos los pecados personales, así como las penas
debidas al pecado. (Compendio, n.263)

Por ello, también el Compendio citado dice:

“¿Por qué la Iglesia bautiza a los niños? La


Iglesia bautiza a los niños puesto que, naciendo
con el pecado original, necesitan ser liberados
del poder del Maligno y trasladados al reino de
la libertad de los hijos de Dios” (Compendio,
n.258)

José Luis de los Reyes. 2006 16


7.- El sacramento del Bautismo imprime carácter.

¿Qué se entiende por carácter? Por la palabra


“carácter” se entiende, según el diccionario de la RAE “una
señal o marca que se imprime, pinta o esculpe en alguna
cosa.” Y, aplicado a su sentido religioso, “señal espiritual
indeleble (imborrable) que imprimen al alma los
sacramentos del Bautismo, Confirmación y Orden
Sacerdotal”

En el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica,


que venimos citando, se dice:

“Es un sello espiritual conferido por los


sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y
del Orden. Constituye promesa y garantía de la
protección divina. En virtud de este sello, el
cristiano queda configurado a Cristo, participa
de diversos modos de su sacerdocio y forma
parte de la Iglesia según estados y funciones
diversas…” (Compendio, n.227)

8.- Al que se bautiza se le impone un nombre.

En los tiempos que corren, los nombres que los padres


eligen para sus hijos son de los más variopinto; muchos de
origen americano o inglés, otros oídos por la madre en
alguna telenovela o culebrón, casi siempre de origen
sudamericano, y se han olvidado de los tradicionales de la
familia, (María, Rosario, Carmen, María Teresa…), o de
santos patronos del lugar, como Torcuato – Guadix -,
Cayetano – Gor –, Alodía y Nunilón – Huéscar - etc. ¡Cuántas
veces vienen a preguntar al sacerdote “¿cuándo es el día
de X X”?, nombre que los padres impusieron a sus hijos,
desconociendo la vida y la historia o virtudes del X X de
referencia…!

Sin embargo, el nombre tiene una significación muy


digna de ser tenida en cuenta. Así dice el Compendio en su
número 264:

José Luis de los Reyes. 2006 17


“¿Cuál es el significado del nombre cristiano
recibido en el bautismo?
El nombre es importante porque Dios conoce a
cada uno por su nombre, es decir, en su
unicidad. Con el Bautismo, el cristiano en la
Iglesia el nombre propio, preferiblemente de un
santo, de modo que éste ofrezca al bautizado un
modelo de santidad y le asegure su intercesión
ante Dios.”

“… los padres, los padrinos y el párroco deben


procurar que se dé un nombre cristiano al que es
bautizado. (Catecismo Iglesia Católica, n. 2165)

9.- ¿Qué se requiere para ser bautizado?

A todo aquel que va a ser bautizado se le exige


la profesión de fe, expresada personalmente, en
el caso del adulto, o por medio de sus padres y
de la Iglesia, en el caso del niño. El padrino o la
madrina y toda la comunidad eclesial tienen
también una parte de responsabilidad en la
preparación del Bautismo (catecumenado), así
como en el desarrollo de la fe y de la gracia
bautismal. (Compendio, n. 259)

11.- ¿Es necesario el Bautismo?

“ El bautismo es necesario para la salvación de


todos aquellos a quienes el Evangelio ha sido
anunciado y han tenido posibilidad de pedir este
sacramento” (Compendio, n.261)

Y, leído lo anterior, surge en seguida unas preguntas


que a muchas personas inquietan (¿y los que no llegaron a
conocer la Iglesia…? ¿existe el Limbo…?) a la que contesta
el Compendio de la siguiente manera:

“¿Hay salvación posible sin el bautismo?


Puesto que Cristo ha muerto para la salvación de

José Luis de los Reyes. 2006 18


todos, pueden salvarse también sin el Bautismo
todos aquellos que mueren a causa de la fe
(Bautismo de sangre), los catecúmenos, y todos
aquellos que, bajo el impulso de la Gracia, sin
conocer a Cristo y a la Iglesia, buscan
sinceramente a Dios y se esfuerzan por cumplir
su voluntad (Bautismo de deseo). En cuanto a
los niños que mueren sin el Bautismo, la Iglesia
en su liturgia los confía a la misericordia de
Dios.” (Compendio, n.262)

++++

Estas son los principales puntos de la doctrina del


Magisterio de la Iglesia que conviene sean recordados por
los padres y padrinos que presentan a la Iglesia a los
nuevos miembros de la familia para que sean bautizados.

Y se hace referencia expresa a los padrinos en el nº


259 del Compendio del Catecismo ya que éstos –
comúnmente llamados por nuestras gentes “compadres”, o
sea, “como padres”–, se hacen responsables juntamente
con los padres de la educación y vida cristiana del
bautizado.

De tal manera, que en los más antiguos libros


parroquiales de Bautismo (por ejemplo los de Santa Ana de
Guadix, año 1535), en las inscripciones de bautizos se
expresa sólo el nombre del padre y de la madre sin
apellidos, y, en cambio, figuran los nombres completos de
los padrinos, nombres y dos apellidos.

La Iglesia, dadas las circunstancias socio-culturales


actuales, ha vuelto a insistir en la preparación de los
padrinos al mismo tiempo que los padres, y que sean
conscientes de las obligaciones que asumen con su
padrinazgo. Por ello les requiere varias veces en el
ceremonial del Sacramento a que sean conscientes y
responsables de la obligación que asumen en ese acto. Los

José Luis de los Reyes. 2006 19


niños son bautizados en la fe de los padres, de los padrinos
y de la Iglesia.

CEREMONIAL

+ El Ministro del sacramento del Bautismo recibe a los


padres, padrinos y al bautizando y se congratula con ellos
por “el nuevo y definitivo nacimiento”que se va a operar en
el bautizando.

+ Más tarde, dirá a los padres:

“Al pedir el bautismo para vuestro hijo, ¿sabéis


que os obligáis a educarlo en la fe para que este
niño, guardando los mandamientos de Dios, ame al
Señor y al prójimo, como Cristo nos enseña en el
Evangelio?”

+ También se dirigirá a los padrinos: “Y vosotros,


padrinos, ¿estáis dispuestos a ayudar a sus padres
en esta tarea?”

+ Como muestra de asumir esas obligaciones, los padres


y padrinos signarán al niño en la frente, juntamente con el
Ministro, como señal de aceptación de la Cruz de Cristo,
signo de nuestra victoria.

Proclamación de la Palabra de Dios.

+ Se proclama, seguidamente, la Palabra de Dios, y el


Ministro en una breve homilía, la explica, poniendo de
manifiesto la misteriosa acción de Dios que se va a producir
en el alma del que ha de ser bautizado.

Exorcismo.

Con el sacramento del Bautismo, el niño deja de estar


bajo el dominio del demonio por el pecado original, y su
alma se llenará de Cristo. Por ello, como Jesús hacía con los
endemoniados que les presentaban, se hace un exorcismo

José Luis de los Reyes. 2006 20


para decir al demonio: ¡Deja el alma de este niño, que
desde ahora va a ser posesión de Dios!

+ El sacerdote hace el exorcismo con estas palabras:

“Dios todopoderoso y eterno, que has enviado


tu Hijo al mundo para librarnos de Satanás, espíritu
del mal (…) te pedimos que este hijo tuyo, lavado del
pecado original, sea templo tuyo, y que el Espíritu
Santo habite en él”

Unción con el santo óleo

+ Seguidamente, lo ungirá en el pecho con el santo Óleo,


bendecido por el Obispo en la Misa Crismal del Jueves
Santo. Con esta unción se extiende el efecto del exorcismo,
pues los bautizados reciben la fuerza para que puedan
renunciar al diablo y al pecado, antes de que renazcan de la
fuente de la vida.

+ Sigue la bendición del agua de la fuente bautismal,


que va a ser “la materia” del sacramento del Bautismo.

+ Y, antes de administrar el Bautismo, el Ministro vuelve


a exhortar a los padres y padrinos para que cumplan con su
deber de educar al niño en la vida divina que va a recibir.

+ Ser cristiano significa ser de Cristo y, por tanto, ser


enemigo del demonio, de sus asechanzas, de lo malo. Es lo
que, ya bautizado, ha de vivir en su vida de cristiano.

Renuncia al Malo y a sus obras y profesión de fe.

Cuando son niños los que se bautizan, serán los padres


y padrinos quienes hagan una expresa renuncia al Malo, al
Demonio, en nombre de ellos. Más tarde, serán ellos
mismos los que asumirán ese compromiso. Por tanto, el
sacerdote preguntará:

José Luis de los Reyes. 2006 21


- ¿Renunciáis al demonio, a todas sus obras, a
todas sus seducciones, a lo que nos aparta de Dios?

A las pregustas del sacerdote, contestarán: Sí,


renuncio.

+ Asimismo, los padres y padrinos harán una pública


confesión de la fe cristiana en la que van a ser bautizados
los niños.

A las preguntas del sacerdote sobre los distintos


artículos del Credo, contestarán con firmeza: Sí, creo.

+ Llega el momento cumbre de la ceremonia, el


bautismo. Es el mismo Jesucristo, “impersonificado” en el
Ministro, quien va a lavar el alma del que se va a ser
bautizado. Va a recibir el “baño de regeneración y
renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3,5) y “la
iluminación”, ya que el bautizado se convertirá en “hijo de
la luz” (Efes. 5,8).

Así, pues, el Ministro derramará agua sobre la cabeza


del neófito, mientras dice:

N.N
Yo te bautizo en el nombre del Padre y del
Hijo
y del Espíritu Santo.

+ ¡Momentos de gran emoción y de acción de gracias al


Señor! ¡Ya se ha obrado el milagro! ¡Ya el alma del niño ha
sido transformada por la acción del Espíritu Santo! ¡Ya el
niño es hijo de Dios! ¡Y templo de la Santísima Trinidad! ¡Ya
ha comenzado a formar parte de la Iglesia en comunión con
la Virgen Santísima y los Santos del cielo y con los demás
fieles cristianos! ¡Ya está recibiendo y comunicando gracias
por esa Comunión de los Santos! ¡Ya el niño se ha
convertido en “un Sagrario”, donde habita el Señor!

José Luis de los Reyes. 2006 22


Los padres y padrinos deben dar gracias a Dios, autor
de este formidable misterio de Amor.
Crismación

+ Va a ser crismado el recién bautizado, es decir, va a


ser ungido en la cabeza con el santo Crisma, consagrado
como el santo Óleo por el Obispo en la Misa Crismal que se
celebra el Jueves Santo.

El santo Crisma es aceite mezclado con un bálsamo de


delicado perfume.

Esta unción significa que, como cristiano, ha sido


injertado en el misterio pascual de Cristo: Ha muerto, ha
sido sepultado (sumergido en el agua), ha resucitado con Él
(emergiendo del agua), y ya participa de su sacerdocio real
y profético. Por lo que ha de ir impregnando al mundo con
sus palabras y con el ejemplo de su vida, despidiendo,
como dice san Pablo, “el buen olor de Cristo”.

Con el crisma se ungían, desde la antigüedad, los


sacerdotes, los profetas y los reyes. Eran imágenes del
Cristo que vendría, el Mesías: Sacerdote, Profeta, Rey.

También los bautizados, por su unión con Cristo,


participan de la potestad de ser como Cristo: sacerdotes,
profetas y reyes:

Sacerdotes, para santificar el mundo y lo que les


rodea.

Profetas, para anunciar las verdades de la fe a un


mundo materializado e incrédulo, que, muchas veces, hasta
“pasa de Dios” o se revuelve contra Él.

Reyes, rigiendo a ese mundo, no con la fuerza de las


armas, sino con la vivencia, constante y generosa, de la
Caridad.

Luz de Cristo

José Luis de los Reyes. 2006 23


Sigue la entrega a los padres o padrinos de una vela,
encendida en la llama del Cirio
Pascual, que representa a Cristo resucitado y glorioso:

“¡Recibid la luz de Cristo!, - dirá el Ministro al


entregar la vela encendida -. A vosotros padres y
padrinos se os confía acrecentar esta luz.”

De nuevo, la Iglesia recuerda a los padres y padrinos la


obligación que asumen al “sacar de pila” al bautizado.

El cristiano, como otro Cristo, ha de ser como Él luz del


mundo, que abra claridades.

Invocación al Padre.

Se rezará, después, el Padre nuestro, la oración que


nos enseñó el mismo Jesús, en la que invocamos a Dios
como Padre, y nos ponemos bajo Su amparo en todo
aquello que necesitamos: el pan nuestro de cada día…
perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a
nuestros deudores…no nos dejes caer en la tentación…
¡líbranos del Malo!. Amén.

BENDICIONES

Va a finalizar el rito del sacramento. Antes de despedir


a los presentes, el Sacerdote los bendice en nombre de

José Luis de los Reyes. 2006 24


Dios: primero a la madre, después al padre, y finaliza con la
bendición a todos los presentes.

A la madre
“El Señor todopoderoso, por su Hijo,
nacido de María la Virgen, bendiga a esta madre y
alegre su corazón con la esperanza de la vida eterna,
alumbrada hoy en su hijo, para que del mismo modo
que le agradece el fruto de sus entrañas, persevere
con él en constante acción de gracias. Por Jesucristo
nuestro Señor”

Al padre:
“El Señor todopoderoso, dispensador
de la vida temporal y la eterna, bendiga a este
padre, para que, junto con su esposa, sean los
primeros que, de palabra y de obra, den testimonio
de la fe ante su hijo, en Jesucristo nuestro Señor”

A los padrinos y fieles que asisten:

“El Señor todopoderoso, que nos ha


hecho renacer a la vida eterna por el agua y el
Espíritu Santo, bendiga a estos fieles, para que,
siempre y en todo lugar, sean miembros vivos de su
pueblo; y conceda la abundancia de su paz a todos
los aquí presentes, en Jesucristo nuestro Señor.

Contestan todos: AMÉN.

PLEGARIA A LA VIRGEN Y PRESENTACIÓN DEL NIÑO


BAUTIZADO

Ante una imagen de nuestra Señora, se reza una


salve u otra oración mariana, se le ofrece el niño y
se le pone bajo la tutela amorosa de tan buena
Madre.

BENDICIÓN FINAL

El sacerdote bendice a todos:

José Luis de los Reyes. 2006 25


“La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo
y + Espíritu Santo, descienda sobre vosotros”.
TODOS: AMÉN.

En el nombre del Señor, podéis ir en paz.


TODOS: AMÉN.

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Common questions

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At Baptism, the theological virtues of faith, hope, and charity are infused into the individual. These virtues play a crucial role in shaping the spiritual life by aligning the baptized with divine will and assisting them in their purpose of life in Christ. Faith establishes a foundation of belief in God and His revelations, hope assures trust in God's promises, and charity enables love for God and neighbor. These virtues are essential for living a full Christian life, facilitating a deeper communion with God and helping individuals live out their faith in the community and in personal actions .

The document emphasizes that Baptism not only initiates a person into the Christian faith but transforms their identity, conferring upon them the status of 'child of God'. With this new identity comes the duty to live according to Christian teachings, embodying the virtues of faith, hope, and charity. Baptized individuals share in Christ's priestly, prophetic, and kingly offices and are called to be witnesses of faith and examples to others. This means leading a life of holiness, participating in the Church’s sacramental life, and striving to follow Christ’s teachings, making the baptized not just followers but active participants in Christ’s mission .

The document suggests that the Church and the community play a vital role in supporting and nurturing the spiritual life of a baptized individual. Upon Baptism, a person becomes a member of the Church, which provides a communal context for living out Christian teachings. This membership calls for active participation in the Church's sacraments and responsibilities as part of the 'body of Christ'. The community offers spiritual guidance, fellowship, and an environment where individuals can grow in faith, supported by other believers. Thus, the Church facilitates the baptized in their mission, shared duties, and responsibilities, united in faith and practice .

The document describes Baptism as transformative in several profound ways: it forgives original sin and any personal sins, marks the individual as a member of Christ's Church, and bestows a participation in the life of the Holy Trinity through sanctifying grace. Baptism represents not just a purification but also an incorporation into Christ, imbuing the baptized with theological virtues and gifts of the Holy Spirit. This sacrament leaves an indelible spiritual character, making the baptized forever belong to Christ. It's akin to being 'grafted' into Christ, sharing in His divine life and entering into a community bonded in faith .

Parents have the responsibility to guide their child's spiritual education by shaping their soul, instilling human values, and fostering a religious life. They must encourage the development of qualities like friendship, gratitude, and optimism while ensuring the child’s religious development through their incorporation into the Church via Baptism. Parents must treasure and desire the supernatural life of Grace bestowed during Baptism, recognizing it as a new formation and recognition as a 'child of God' . They are also responsible for continuing the child's Christian formation, making sure that their child lives as a disciple of Christ and understands the call to life and holiness .

The document uses several biblical references to emphasize the concept of spiritual rebirth through Baptism. It cites Jesus’ conversation with Nicodemus, where Jesus explains that one must be born of water and the Spirit to enter the Kingdom of God, signifying Baptism as a rebirth (John 3:1-8). Additionally, it references St. Paul’s teaching on being 'grafted' into the death and resurrection of Christ through Baptism (Romans 6:3-6), illustrating the sacrament's transformative power as a participation in Christ's paschal mystery. These biblical allusions serve to ground the sacramental theology in scripture, stressing its necessity for salvation and spiritual life .

The document contrasts the development of a child with that of an animal by emphasizing that while a newborn animal quickly adapts to its environment using its natural instincts, a child relies on parental care, gradually discovering and understanding the world. The child is not just a physical being like animals, but also possesses a spiritual soul, requiring nurturing to develop ideas, knowledge, and emotions. The child's soul must be shaped, as it aspires to be in control of its vital space, eventually reaching consciousness and using rational faculties like memory and will. Thus, the document highlights the child’s superior complexity in both biological and spiritual realms, as humans are deemed superior in creation, made in the image and likeness of God .

The document uses the metaphor of grafting to illustrate the union between the baptized individual and Christ. It compares Baptism to a process where a person is like a graft attached to Christ, the rootstock. This attachment allows the baptized to share in the life of Christ, similar to how grafts draw sustenance from the host plant. This unity is explained using the teachings of St. Paul, highlighting that just as branches become an integral part of a tree, the baptized become one with Christ, partaking in His death and resurrection, thereby acquiring a new, divine life .

The document cautions against misconceptions where parents might view Baptism as merely a cultural tradition or a social event rather than recognizing its profound spiritual significance. Parents might be tempted to treat it as a family ritual or a festivity opportunity rather than understanding it as the child's entrance into a new supernatural life and becoming a child of God. It states that failing to grasp Baptism's spiritual importance might lead parents to overlook their responsibilities in the child's spiritual upbringing, thereby neglecting its true purpose as a profound transformation and commitment to a life in Christ .

The document compares the process of spiritual education and development to that of a sculptor shaping a block of marble into a beautiful statue. It emphasizes that just as a sculptor removes pieces to reveal the desired form, parents must gradually mold their child's soul, instilling virtues and guiding them towards religious understanding and moral integrity. This analogy highlights the patience, skill, and care required from parents to shape the child’s spiritual life, showing that education is not merely imparting knowledge but forming an individual's identity and character .

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