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POR
M A R T I.N F _ P.P E R ,
TRADUCIDA DEL FRANCÉS
POR
PRIMERA; PARTE.
HABANA,
IMP. LA ANTILLA, DE CACHO-NEGEETE,
CALLE DE CUBA NUMERO 51.
THE NEW YORK
PUBLIC LIBRARY
ASTOR. LENOX AND
TILDEN FOUN DATIONS
B isas L
t**> XYXX
En el cúmulo de circunstancias que surcan la vida
del hombre,
Todas concurren á herir sus fibras, moviéndolas unas
veces al placer, otras al sufrimiento;
¡Y desgracia humana, mayor es el número de las \íl-
timas!
Dios al arsgjflf al hombre en la tierra, ha querido en
tregarlo á su buena ó mala suerte,
Reservándose el derecho de recompensarlo
Si en su vida ha seguido las trazas que le ha marca
do la Providencia,
Y castigarlo si en vez de aprovechar las bendiciones
del cielo, las ha despreciado.
Hija de mi alma, al dedicarte este pequeño trabajo,
hermano de los muchos que el Destino me ha designado,
Es solo para que, en los trámites del viaje que em
prendes, (la vida)
Puedas beber en este manantial de máximas,
Y asegurar tus pasos inciertos cuando haya dado
cuenta de sus acciones á Dios
„ TU PADRE
Pinar del Rio Enero 22 de 1865.
PRIMERA PARTE.
De los pensamientos que han morado en mi espíritu, y que
pueblan sus santuarios,
Hijos austeros de la razon, ó cortejo fugitivo de la fantasía.
Vino claro de la persuacion, con la espuma y borra de las
especulaciones;
Trigo puro de las haces de la ciencia, con el rastrojo de la
era de mi granero;
Pesquisas en busca de la verdad, que han trazado sus mi
nas secretas,
Y que se remontan á la superficie del globo, con conoci
mientos fundados con más solidez,
Argumentos de alta importancia, que han tomado su vuelo
hasta la llave de la bóveda celeste,
De donde se han precipitado hácia un fin fijo, como el águi
la se precipita sobre su presa;
Frutos que debo á la prudencia, cosecha madura de mis
meditaciones,
Hé aquí lo que te recomiendo, discípulo dócil de la Sabi
duría,
Hé aquí lo que ofrezco á tu corazon susceptible, amigo sin
cero del bien.
¡Y bien! aun cuando él que renueva este tema sagrado fue
ra culpable,
Tocando con su débil mano el arpa del hijo de Sirach,
— 6 —
Aun cuando fueran jóvenes los labios que volviesen á to
mar la antigua parábola,
Repitiendo con voz débil, los discursos sentenciosos de
antaño,
Dulce es la miel virgen, aunque la abeja salvaje la haya
depositado en una caña,
Eesplandeciente la cintilla sembrada de diamantes que ro
dea el brazo del etiope;
Puros son los granos de oro que ruedan en las ondas fan
gosas del Gánges,
Y hermosas las flores vivas que salen de la planta débil y
marchita,
Así, discípulo benévolo, inclina tu oido á mi voz,
Pues yo tambien soy lo que eres; nuestros corazones sim
patizan.
Yo seré condescendiente para las cosas más bajas, pues hu
milde es la suerte de los mortales;
Me elevaré hácia los argumentos más nobles, pues el alma
tiene una herencia de gloria;
Las pasiones del hombre abyecto; los atributos de Dios;
Las sombras calenturientas del tiempo, y la sustancia te
mible de la eternidad.
Entrega tu alma al candor, y no te opongas como si tuvie
ras un amo severo:
No desprecies á la angélica Verdad, por causa de su indig
no mensagero;
No te cuides de él, pero escucha sus palabras y no te ocu
pes de donde salen;
Los vientos invisibles podrían repetirlas, las olas rugiendo
anunciarlas,
El humilde junco de los pantanos, suspirar por ellas,
O concebirlas el alma del orgullo, y la boca de la locura
enunciarlas.
Sin embargo, no me presento contra tí con la lanza y el
escudo,
Vengo como hombre de paz para consolar, mas no para
combatir;
Con las dulces palabras de la persuacion, quiero encantar
á tu oido atento,
Ofreciéndote la mano de la asociacion, prenda de la simpa
tía del corazon.
Caminemos juntos como dos amigos, en los senderos som
bríos de la meditacion,
Y que el juicio no ponga el sello sino despues de haber al
zado la balanza:
Así los castigos de una dulce reprimend acorregirán el
error involuntario,
Y la Caridad no será extraña á la mesa puesta para el ban
quete fraternal.
LAS PALABRAS DE LA SABIDURÍA,
Saras y preciosas son las palabras que los labios de la Sa
biduría profieren:
¿Con qué puedo comparar su hermosura? ¿A qué precio se
comprarán?
Perfectas, infinitamente deseables, fuente de alegria y de
riqueza,
Lo que la tierra posee de más hermoso no ofrece más que
una débil muestra de ellas.
Son las perlas de la casualidad, arrojadas en medio de los
escollos por las olas desdeñosas del Olvido,
Ensartadas por la Diligencia y puestas al cuello de la Me
moria:
Semillas de dicha llegadas de las islas de los bienaventu
rados en las alas de los vientos,
El Pensamiento acaricia su cultivo en el jardin secreto del
corazon.
Son retoños de una siembra eterna, naciendo en los surcos
del tiempo,
Prendas verdes y sonrientes del trigo de oro, cuyo pan nu
tre á los ángeles;
Son gotas de cristal, rocío celeste que cae de las alas de
los serafines.
Cuando se estremecen de alegria en algun concierto melo
dioso:
Así son las palabras raras y preciosas que los labios de la
Sabiduría profieren.
No es todo, el elogio de su fuerza, de su dignidad, de su
excelencia es apénas empezado;
Pues ellas dan la vida, radiantes de gloria, perfumadas por
el santuario.
Como el humo del incienso sagrado que vela el trono del
Eterno,
Como los rubíes resplandecientes del cáliz de la Inmorta
lidad,
Como los iris enlazados en la espuma de las cataratas del
Verdadero:
Así son las palabras raras y preciosas que los labios de la
Sabiduría profieren.
Sufre aún un momento, discípulo querido, los elogios de tu
institutriz,
Pues, á la verdad, el sol del alma y la vida del corazon, es
la Sabiduría.
Ella es pura y luminosa, su dulce aureola corona los cabe
llos blancos,
Y brilla en los ojos de la juventud con un fuego que no es
suyo;
Estas palabras ¿á qué las puedes comparar? pues la tierra
no las posee iguales:
Arena de diamantes, era radiante del cielo,
Ellas pululan como reluciente polvo detrás del carro de
Dios;
Relámpagos del oriente de arriba, se deslizan de las venta
nas del cielo,
Y salen como arroyos de agua viva, de la fuente de la Inte
ligencia:
Así son las palabras raras y preciosas que los labios de la
Sabiduría profieren.
Ellas te conducirán bien, serán tu defensor y apoyo;
Y si todo te falta, con ellas serás rico:
Aunque al rededor todo sea miseria, ellas te harán dichoso;
Aunque todo sea dolor por dentro, te traerán la salud;
Lo bueno que posees madurará y lo malo que tienes se
marchitará,
Y el dulce encanto de las palabras de la Sabiduría trasfor-
mará tus faltas en virtudes.
Así es como el sórdido se volverá frugal, el atrevido modesto,
El tímido precavido, el temerario un héroe:
El irrascible será justificado, dando razon de su cólera:
La mano ociosa auxiliará al pensativo, excusa honrosa,
La vida no tendrá ya laberintos cuyos senderos más tor
tuosos no sepas trazar,
El ovillo de seda es tuyo; te conducirá en medio de las ti
nieblas;
Al acercarte, el insolente Minotauro de la Ignorancia caerá,
Y tus hermanos libres, proferirán gritos de alegría,
Verán la vela blanca en seña de victoria.
Así es amigo mio, mi discípulo, escucha las palabras de la
Sabiduría;
Sea que hablen á tu corazon en las cuerdas elocuentes de
la revelacion;
En la tierra, en el aire, en las ondas que te inspiran; en las
melodías dulces del pensamiento,
O áun aquí, en los humildes acentos que desean detenerte.
— 13 —
EL REZO,
El impío, el hablador frivolo y falso, desprecian el rezo.
Se burlan de la esperanza de que Dios se conmueve por
nuestras súplicas:—
¿Puede variarse el ser inmutable? ¿se atreverá en sus de
signios?
¿Es susceptible de la enfermedad de la conmiseracion? ¿se
alejará al mando del hombre?
Crei que gobernaba al mundo, y que llamábais sus decre
tos invariables,
Pero si como se pretende, considera nuestras palabras,
¿dónde estará la constancia de su voluntad?—
Tal era el lenguaje del impío, lenguaje más suave que la
miel;
Mas yo sabia que sus argumentos eran falsos, siendo verda
dera la promesa de la Santa Escritura:
Sin embargo, mi alma estaba triste; las palabras del malva
do me parecian difíciles;
Hasta el momento en que me volví hácia mi Dios, sé que
nos absuelve.
Entónces miré en mi derredor; ¡hélo aquí! Dios está en to
das partes:
Mas en nada vi las trazas de su mano, conocí que se sirve
de medios;
Aún más, que la eficacia del medio prueba la sabiduría del
que lo ha prescrito,
Que no hay acto inútil, aunque fuera arrojando una piedra
al aire.
Así volví mis pensamientos á la súplica, contemplé las mi
sericordias de Jehová,
— 12 —
Y vi que la sana razon ora siempre la amiga fiel de la
piedad:
Pues como la aprobacion motivada por la razon es la roca
de las afecciones,
Así los fundamentos del templo de la Religion tienen por
base la Filosofía.
Despreáador, tus argumentos son débiles, no alcanzan las
alturas del sugeto;
¡Silencio! para explicarte el misterio del rezo, no se necesi
ta sino la boca de un niño:
A la verdad, no hay variacion en los consejos del Goberna
dor Supremo:
Su designio siempre firme, se ha arraigado en el abismo de
la necesidad:
Pero ¿quién tp ha revelado su designio? ¿quién te ha hecho
conocer su voluntad?
¡Oh! adversario! ¿cuándo fuiste iniciado en los secretos de
la Sabiduría?
El Destino es criatura de Dios, todos los séres se mueven,
cada uno en su órbita;
Y lo que infaliblemente debe suceder, le es conocido por
toda la eternidad;
* Pero lo mismo que en el campo de la naturaleza, en donde
se sirve uno de la fuerza del buey,
Ordenando la diligencia y el trabajo, y él mismo producien
do el aumento,
Así en el reino de su gracia hace poderoso al rezo,
Pues sabe lo que pedirás y debes pedir.
Ningun hombre puede rezar con fé si sus ruegos no están
fundados en una promesa:
El hombre piadoso recomienda sin embargo todo á la sabi
duría de su Dios,
Pues los que rezan con fé, confian en el inmutable Jehová,
Y los que piden bendiciones sin promesa, se apoyan sobre
una misericordia sin alianza.
Hombre, mira tus rezos como un designio de amor para con
tu alma;
Considera la providencia que te los inspiró, como un indi
cio de la buena voluntad de Dios:
— 13 —
Entónces rezarás bien, y tus palabras encontrarán merced,
Lo mismo pidiendo por tu prójimo, dé gracias por la abun
dancia de tus ruegos;
Pues si eres pronto para pedir, el Señor es aún más pronto
para conceder.
La sal conserva la mar, los Santos sostienen la tierra,
Sus ruegos son los pilares innumerables de la bóveda es
trellada.
A la verdad, el alma terrestre que pasa las horas sin rezo,
Es una calamidad en el calendario del tiempo, una mancha
negra como las tinieblas.
El dia de horror eri que el mundo caerá en ruinas,
Si el rezo no lo ha iluminado, ¿hallará fé en la tierra?
Es que, lo mismo que hay una economía de misericordia,
tambien hay una de sabiduría, de poder y de medios:
Y jamás el tesoro de todo bien, concede un favor si no se
le ruega:
El Sér compasivo, el Bienhechor de los que dependen de él,
Jamás es avaro de sus liberalidades, miéntras que le rue
gan:
Sí! pide lo que quieras, hasta el segundo trono del cielo,
Es tuyo, para tí fué preparado, no hay límites para el rezo:
Pero si dejas de pedir, tiembla, tú que te excomulgas,
Pues la fuerza está destruida como la de Sanson, la hora de
tu destruccion ha llegado.
¡Oh Hombre! ¡cuán frágil eres! eres la burbuja de aireen
los escollos,
Débil juguete de las circunstancias, pájaro raquítico sor
prendido en la tempestad,
Sin embargo, es tu soplo momentáneo que puede calmar la
cólera de los mares,
Es tu mano la que toca una palanca que puede derribar al
mundo.
¡Oh, Dios de misericordia! contigo hacemos un pacto eterno.
Pues el hombre puede escoger para su aliado al rey de los
reyes.
Cuán fuerte es, y sin embargo, cuánta debilidad; en medio
de una necesidad extrema, cuán rico es.
¡Qué omnipotencia de bien recela el hombre!
— 14 —
Mira esta débil y esbelta beldad, forma trasparente y deli
cada:
Sus ojos brillan, su megilla se colorea; la tisis, faro sinies
tro, los alumbra;
De un semblante lánguido como un lirio cargado de rocío,
hé aquí que se dobla:
Sus rubias trenzas, en vano fecundas están bañadas por un
sudor mal sano:
Al verla, ¿tu corazon no te dijo: Te compadezco pobre
criatura de la enfermedad?
Tu corazon se engañó; Goliat el gigante de Gat, no se pre
sentó con la mitad de su fuerza;
Combate en la vanguardia, esparce el terror como la vir
gen de Orleans,
Lleva el estandarte celeste, su asalto es el paso de las ca
taratas,
Los serafines se ven en su derredor; el capitan de este ejér
cito es Dios,
Y de los ojos de una mujer sale el relámpago que derriba
las filas estrechadas del mal ;
Sirve de monitor al Rey, dispensadora de innumerables fa
vores,
Cubriendo á su ingrata patria con la égida celeste:
Su corazon débil y jadeante, es fuerte, firme en la fé;
La dependencia es su fuerza, y hé aquí que ruega.
Los Angeles que rodean al hombre piadoso, recogen el in
cienso de sus ruegos,
Y vuelan, ministros de beneficios, hácia aquellos por quie
nes interceden;
Pues el altar del corazon está encendido, arde perpetua
mente delante de Dios,
Y el fiel respira, sintiendo su alegría, la atmósfera del cielo ;
Sí, aunque sea pobre, despreciado, sin experiencia segun
el mundo,
La multitud desconoce su mérito y no podria estar sin él.
Millares de hombres lloran un héroe: cuando muere un rey,
la nacion entera lleva el luto,
Pero cuando el hombre que ruega no existe, el universo
entero es el que se lamenta,
— 15 —
A la verdad, si no hubiera sido por El que está sentado en
el trono,
Coronado de un arco-iris color de esmeralda, reciente re
cuerdo de nuestra tierra,
Por El, hombre mediador que revistió su Divinidad de
carne,
Y que, sacerdote-rey de la Naturaleza, ruega sin cesar,
Todo, materia, vida, alma, se habría precipitado en el abis
mo negro de la nada,
Y el relámpago horroroso del ojo de la justicia habria re
ducido el mundo á cenizas.
Adorador de la razon, tal es el sumario del argumento :
Y desgraciada la cabeza del que delante de Dios se abstie
ne de rezar.
El rezo es la fuerza del sér creado, su soplo, su sér,
El rezo es la llave de pro que abre la puerta de la miseri
cordia;
El rezo, sonido mágico, dice al Destino, así sea:
El rezo es el nervio suelto que mueve los músculos del Po
der Supremo.
Así es, débil criatura, reza; pues tus necesidades son gran-
des,tus defectos numerosos;
Tu alma, tu conciencia, tu sér, tus derechos te recomien
dan el rezo, *
El que cura todas las penas, la panacea de todos los males,
Destruyendo la vida, reparando la ruta, antídoto contra to
das las inquietudes,
Dios, por consiguiente es verídico; no hay variedad en El:
El es quien envía la peticion, y segun su buen parecer
contesta á ella.
— 16 —
LA LECTURA,
Una dragma por un buen libro, y mil talentos por un ver
dadero amigo,
Es el precio corriente del mercado, en donde lo que no
abunda es costoso:
Aun cuando los diamantes de Golconda fuesen tan comu
nes como la arena,
Una manzana madura, redimiría á un rey mejor que un
brillante:
Para mi el libro; para los demás el amigo.
Ni mudanza del rostro, ni celos ni temores existen en él.
El volumen silencioso escucha, y cuando quieres, habla:
Alaba sin envidia el bien que en tí halla, vitupera el mal
sin malicia;
Es á la vez el esclavo que te sirve; y el amo inflexible que
te instruye.
Tú no tienes que desechar caprichos, ni que sufrir enfer
medades;
Tu pecado, tus calumnias, tu negligencia no enfrian ni apa
gan su amor,
Sin variar jamás, dice la verdad; ni el error ni el interes lo
seducen:
Pues el mejor amigo es un buen libro, el mismo ahora y
siempre.
Para sustraerte á tí mismo, á tus proyectos frivolos, á tu
falsa prudencia;
Para enseñarte lo que necesitas; para darte á conocer la
extension de tu dicha;
Para infundir en tí, la sabiduría ajena; para podar tu pro
pia locura,
Escoge con discrecion y estudia el volumen que mejor con
viene á tu estado;
No tratando jamás la religion con ligereza, ni los sugetos
profundos cuando estás cansado.
El aire de la mañana recrea tu espíritu; entónces lucha con
la ciencia y la filosofía.
Si el calor del medio-dia excita tu pensamiento, aliméntalo
con sueños y ficciones.
La tarde tranquiliza el alma; camina entónces con los que,
adoran:
Mas de noche es cuando la razon penetra con profundidad
y la imaginacion toma el más alto vuelo.
/Oh labros! monumentos del espíritu, luz condensada de
los más sabios,
Dulces consuelos de la vida, pruebas y resultados de la in
mortalidad;
Arbol llevando frutos de toda especie, cuyas hojas son para
la curacion de las naciones;
Jardines de la ciencia, en donde todos pueden saciarse, sin
temer la espada deslumbradora;
Compañeros agradables, consejeros complacientes, amigos,
consuelos, tesoros;
Socorros, gobiernos, variedad de idiomas; ¿cómo hallar el
peso de vuestro valor?
No andar ya con el justo, verse expulsado del pórtico de
la sabiduría,
Decir adios á tus compañeros íntimos, poetas, filósofos, pre
ceptores,
No ver á ningun registro de las simpatías que afirman
los nudos de tu comunion con los buenos;
Ser rechazado de los piés de Aquel que habló como jamás
hombre ha hablado;
No tener por avenida del cielo, sino la luz sombría de la
supersticion;
Vivir como el Esquimal, en el letargo; morir como el Mo-
hawk, en la ignorancia,
¿Qué seria la vida? una gran hoja de papel en blanco; ¿qué
seria la muerte? espanto;
¿Qué seria el hombre? un ser pesado á sí mismo: ¿qué seria
el alma? miseria.
3
-18-
Sí; que un nuevo Ornar incendia el amplio tesoro de los
conocimientos humanos,
Y este mundo perecerá en las llamas, sobre las cenizas de
su propia sabiduría!
EL AMOR.
Hay una flor cuyo perfume es muy suave, regocija el jar
dín del corazon;
Su raiz es profunda: dura mucho tiempo, pero es muy de
licada:
El aislamiento y el pensamiento son el rocío que la hume
dece de mañana y tarde:
La Memoria y la Ausencia la entretienen como el ambien
te del Sur:
Su sol es el esplendor de la afeccion y florece en las fron
teras de la Esperanza:
Por compañera tiene modestas flores, y la zarza se marchi
ta á su lado.
La vi acabada de nacer; he sentido la magia de su sonrisa.
La violeta se regocijó debajo de ella, la rosa se inclinó pa
ra besarla:
Y me ha parecido que un quernbin habia trasplantado una
de las flores del Eden,
Así como á veces el pájaro deja caer una semilla extraña
en un suelo propicio.
He visto esta flor, pero no he preguntado cual era su nom
bre; sabia que no habia lenguaje bastante rico para enunciarlo,
Aunque en todos los climas tiene su eco en todos los co.
razones,
— 19 —
Sin embargo, ¿qué diría? ¿El hombre sórdido es suscepti
ble de amor?
Lo ha conocido el seductor? ¿Tiene la menor idea de él?
El que busca mujeres extrañas, ¿concibe la pureza de esta
pasion?
¿Sentirá el inconstante su verdad?
El amor busca la felicidad ajena á menudo con riesgo de
la suya.
Es casto y confia en Dios, fuente de ternura y alegría:
Tranquilo pero profundo, como el Rhin entre todos los
ríos,
Constante, inmutable—el Candor y la Verdad son sus com
pañeras.
¡Amor! en esta palabra, qué volúmen se encierra: en esta
lágrima qué oceano:
En esta mirada, un sétimo cielo; en este suspiro, un tor-
bellino;
En este contacto, un relámpago; en este momento mil años.
¡Qué concentracion de alegría ó de dolor si el amor es pro
picio ó desgraciado!
En esta poesía natural, planta indígena al suelo del alma,
Esta música natural del corazon, que conmueve todas sus
fibras,
Es la historia sin fin; y para oíría, los ángeles acuden y se
apresuran,
Esta palabra es la reina de las palabras, grabada en el co
razon de Jehová!
Llama si quiere, la malicia de ojos de serpiente, miseri
cordia; llama la envidia, alabanza sincera,
Imagínate que la astucia del egoismo es sabiduría y que
la traicion del cobarde es prudencia;
Kinde homenaje á las blasfemias de la incredulidad: lláma
las filosofía libre y atrevida, '
Y mira el descuido del desarreglo como el justo tributo de
la libertad,—
Pero en frente del mundo, ¡oh, amigo mio! ¡oh, mi discípu
lo! no manches la pureza de este nombre;
No consientas que la magostad del amor sea comparada
con la bajeza del deseo;
— 20 —
Pues, tan poco se parece al amor, como los cantos de los
serafines á la discordia:
Tan poco se parece al amor, como las exhalaciones del
Etna al verano.
El amor es una idolatría dulce que encadena el alma,
Una fuerza espiritual irresistible, en guerra con la inercia
de la materia,
El espíritu de un ángel en un cuerpo mortal, que, aunque
caido, ¡cuán bello es!
Toda la devocion de la cual es susceptible el corazon, de
vocion profunda y sublime.
¿Ves este geranio abierto, puesto en la ventana de una ca
baña,
Con qué avidez sus hojas lánguidas so dirigen hácia la luz,
Cómo se precipita hácia el sol, suspirando por sus dulces
influencias?
¡Oblacion real y viviente al Dios que adora!
Tal es el alma que ama; hé aquí por qué el rosal de la afec
cion
Inclina cada una de sus hojas, á fin de 'contemplar mejor
los ojos que le son tan queridos.
Cada uno de sus pétalos bermejos se calienta á esta dulce luz,
Y toda su alegría, toda su vida, dependen de su amor.
Si el amor se marchita en el corazon, ya no florece;
Si esta melodía agradable se olvida, ya no se aprende.
Sin embargo, á menudo el pensamiento llevará su mirada
hácia atras, y producirá lágrimas á sus primeros amores;
Y los débiles sonidos de este refran agradable, se asemeja
rán á los reproches de un difunto,
Gimiendo como el arpa de Eolo, en el desierto del corazon,
Donde el siroco abrasador del mundo ha marchitado su
único oasis.
— 21 —
EL CORTEJO DE LA KELIGION,
¡Oh, vos, tropa celeste, esperad; un poco de paciencia, hi
jas del cielo,
Miéntras que, merced á la casualidad, el discipulo de la
sabiduría aprende vuestros sagrados nombres:
El descansa un momento de su trabajo: aún se halla en las
fronteras de la tierra,
Y, á fin de ser acogido un dia en el otro mundo, aspira á
conseguir 'vuestro favor.
¿Quién eres, en medio de los herederos de la gloria, tú cu-
yo andar revela una Diosa y Reina,
Tu corona de estrellas vivientes, y una cruz de oro tu cetro?
¿Quién es la que, en medio de las flores de la hermosura,
parece ser tan precursora,
Que no se glorifica ni de tí, ni de si misma, sencilla y mo
desta en el vestir?
¿Por qué en este cortejo, hay una cuyos ojos están llenos
de lágrimas,
Y sobre su frente ancha, á pesar de tanto dolor, el sol del
éxtasis brilla?
Y quién es este guerrero ensangrentado, cuya -cimera es la
gloria?
¿Este sabio de rostro tranquilo, modales nobles y mages-
tuosos?
En la tropa que se prolonga, tambien veo unas que túnica
triunfal adornan,
Cuyos rostros risueños he conocido y amaba en la tierra.
Os saludo, Amores, Gracias, Ciencias, Musas glorificadas,
Verdaderas hermanas de la caridad, que curábais la des
gracia en la enfermería de este mundo.
— 22 —
Aunque la tierra haya manchado vuestras túnicas, arreba
tándoos la mitad de vuestra gloria;
Os saludo, á tí sobre todas, pues veo que tengo amigos en
el cielo,
Amigos que no esperaba allí, te saludo Alegría dulce y ligera;
Tambien á tí, divina Urania, virgen con túnica estrellada;
á tí cuyo cristal maravilloso
Se complacen en sorprender á la sabiduría, en donde los ojos
apagados no sabrían penetrar:
¿Y estarías tú tambien en medio de los bienaventurados,
tierna poesía que tanto han calumniado?
Fuente de luz y hermosura, vivificas la materia informe y
tenebrosa;
A pesar de tu silencio, se oye tu voz; llenas de armonía los
jardines de la tierra:
Te vemos, á pesar de que eres espíritu: desde las estrellas,
tu morada, fijas la vista en nosotros:
Para mí has sido el aceite y el vino, la alegría y sosten de
mi alma,
Cuando jadeante de fatiga, yo luchaba contra la marejada
aturdidora de la vida:
A tí á quien he amado tanto, no me atrevería á preguntar
libremente,
¿Quién es aquella, en medio de los herederos de la gloria,
cuyo andar revela una Diosa y Reina?
¿Quién es esta precursora con trenzas rubias? ¿quién es es
ta santa que llora?
¿Quién es aquel guerrero temible? ¿Quién es aquel venera
ble sabio?
Hijo, es una dicha para tí, que la Sabiduría te haya condu -
cido por este lado;
Pues de otro modo, no hubieras conocido el nombre alegre
de nuestra Reina,
Ves en ella la vida de los mortales, el ancla de la esperan
za naufragada:
Ves en ella á la Pastora de nuestras almas, la que devuel
ve á Dios las ovejas extraviadas.
En cuanto á aquella modesta precursora la tierra la llama
Humildad,
— 28 —
¿Y no conoces, hijo mio, á la arrepentida con los ojos baña
dos en lágrimas?
El héroe en la faz herido, es la Fé, que se pasea á la som
bra de sus laureles;
Y la Razon, aquel sabio pensativo, que sigue los pasos de
la Fé,
Y nosotras, todas, somos sirvientes ministros de una dicha
incompleta,
Alegres de ser reputadas vasallas en el cortejo de una Rei
na tan gloriosa.
Pero en cuanto á su nombre, hijo del hombre, es extraño á
la lengua del cielo,
Pues es inútil, es imposible que lo aprendan los que jamás
creyeron:
A nuestro Dios juramos alivio, y este alivio lo hemos guar
dado;
La tropa sola de los elegidos puede revelarte este nombre
en toda plenitud;
Sin embargo, hijo mio, te consolaré recordando tu amor.
Y tu mismo tocarás el cetro de oro de la Religion.
Así, vi cruzar á este bienaventurado cortejo; mas la vision
estaba grabada en mi alma,
Y su memoria está en un santuario perfumado, pues la pro
mesa del Espíritu es verdadera:
Aprendo del poema silencioso del universo que me rodea,
¡Cuán bellos son los piés de los que componen este cortejo!
— 24 —
EL SUENO DE LA AMBICION,
Dejé los campos felices y alegres que rodean el caserio de
la satisfaccion,
Y mis piés caprichosos, se dirijieron hácia el desierto tórri
do de la Ambicion.
Mucho tiempo anduve errante, extenuado de calor y fatiga,
en estas arenas abrasadoras,
Y el basilisco y la víbora, atravesaron mi sendero, en lugar
de palmas;
Negros escorpiones, la ponzoña levantada, me rodearon:
Yo huía: me parecía que se burlaban;—entónces adivina
que era un sueño.—
Pero, á menudo la vida se asemeja tanto á un sueño, que no
conocemos el lugar en donde estamos:
Así, hice nuevos esfuerzos, cansado de dudas, subiendo
una cuesta arenosa
Cuya cima amarillenta penetraba en las nubes de un cielo
de bronce:
Y de repente, fui llevado á la cima como en alas invisibles,
Que me arrebataron como una hoja: entónces creí que era
un sueño;
¡Sin embargo que á menudo la vida se parece tanto á un
sueño, y no conocemos el lugar en donde estamos!
Así me encontré sobre la montaña, y delante de mí vi una
pirámide gigantesca,
Y subí con pasos precipitados sus enormes y peligrosas
gradas
Pues aspiraba como un nuevo Belus, á subir hasta el cielo,
Y no me detuve sino en el momento en que mis piés desde
ñosos pisaban la cima de la tierra.
— 25 —
Entónces me senté en mi trono de granito, bajo un sol abra
sador,
Y el mundo sonreia al pié de los montes, pero estaba en
vuelto en llamas;
Y esperé durante un instante, conociendo que tantos tor
mentos no eran sino un sueño: N
Sin embargo, á menudo la vida se parece tanto á un sueño,
que no sabemos en donde estamos.
Aun estaba oprimido por el calor, cuando la pirámide tem
bló hasta en su base,
Y vi la espantosa masa, lanzarse desde sus cimientos are
nosos:
Primero vaciló, en seguida dió vuelta, como si hubiera sido
movida por invisibles palancas ....
Y fué entónces cuando la razon habló en mí; supe que era
un sueño:
Sin embargo, impuse silencio á esta voz secreta, pues espe
raba aprender de la sabiduría,
Siguiendo las trazas de mis pensamientos errantes, cual era
su objeto.
Y de repente, como si unas ruedas la hubieran llevado, la
pirámide se arrojó de arriba abajo,
Y pensé en mi delirio, en el declive helado de los Mosco
vitas.
Mil pasos en un instante surcamos los mares arenosos.
Destruimos estos campos felices, este caserío alegre,
Y adelante siempre como un sér viviente, mi soberbio tro
no se movía,
Con ruido de truenos, destruyendo en su marcha, á los mi
llares que se hallaban en mi camino:
Delante de mi, todo era vida, todo alegría; era el verano en
su gloria, • .
Detrás de mí, era muerte y dolor, el desierto y el simoun.
Entónces derramé lágrimas, proferí gritos de piedad y es
panto;
Mas no pude detenerme: como un cometa volaba sobre es
ta masa enfurecida,
Por encima de las ciudades molidas, los obeliscos y las tor
res derribadas,
-26-
Las columnas sesgadas, las bóvedas magestuosas rotas co
mo una cáscara de huevo,
Y los batallones espesos, y las mujeres apresurándose en
las calles,
Y los niños de rodillas, gritando "¡misericordia!" y todo lo
que ántes habia amado;
Sí, sobre todo se arrojó mi fatal trono, como por instinto,
Por encima de los bosques y de las riberas pedregosas,
Adelante siempre con un silbido terrible, por medio de las
olas espumosas é indomables del mar atlántico;
Rugían en mi derredor, pero no helaban mi valor.
Siguiendo aún á traves de las soledades sorprendidas, rom
pimos el lecho del oceano,
Bajando hasta la bóveda central, hasta las puertas cerra
das del infierno;
Y de un choque espantoso, mi enorme trono las derribó,
Siguiendo siempre, hasta el abismo de los abismos, en don
de era insoportable el ardor,
Y duplicando su furor, y triunfando de los mares que con
migo se arrojaban;
Allí es donde me detuve: una voz espantosa me gritó:
—"Hé aquí la morada del descontento; hé aquí el reposo de
la Ambicion!"
EL ORGULLO,
El Mar es profundo, e\ infierno tambien es profundo, mas
el orgullo taladra aún mayor profundidad;
Como un reptil venenoso, encierra en sus pliegues los ci
mientos del alma.
Si examinas los motivos, si persigues sus trazas hasta la
fuente,
Alabará con dulzura tu destreza, hábil anatomista de tí
mismo,
Y desaprobará hasta su existencia á fin de establecerse
más profundamente en tu corazon.
El Orgullo, doblemente pérfido, te hace traicion para co
gerte,
Haciéndote vano porque tú te conoces, y altanero porque
has descubierto el orgullo.
Tus esfuerzos para llegar á la humildad, son superfinos; en
vano penetras en tu alma tenebrosa.
Más vale contemplar el bien fuera de tí, que dirigir tus
miradas hácia el mal,
Pues sondeando los abismos de tu corazon, te formarás una
idea demasiado alta de sus recursos:
Al contrario; si consideras las alturas por encima de ti, sen
tirás tu pequeñez.
Si una hormiga pudiese examinarse á fondo, se sorprende
ría de su estructura,
Pero desde que ve las águilas, conoce que ella es nada.
Todo depende, en efecto, de la comparacion de las cosas:
con respecto á lo que es mayor, lo mayor es menor,
Y nada es tan vil, como algun sér aún más vil.
Por todas partes está la infinidad; existen malhechores
peores que el que sube al cadalso,
— 28 —
Y al lado de una virgen que es conducida al martirio, está
la que la eclipsa.
Así, el fin que te propones, debe ser superior á tí mismo;
Mas, ojalá que el estandarte de tu alma ondee en lo más
alto,
Pues el orgullo, meteoro contagioso, ondea sobre los panta
nos de la corrupcion,
Y si haces por hallar su fuente, te conduce á la muerte.
El orgullo es un arco tenebroso, bóveda del firmamento in
fernal.
Que, si te atreves á seguirle, te lleva á la morada de la des
esperacion.
Un abismo llama á otro abismo, una montaña se eleva en
cima de otra,
Y es en vano que sondees la profundidad, que tú calcules la
altura del orgullo.
Es la ambicion desmedida que encadena el alma á su ídolo,
Y que no apaga su sed, sino deificándose á sí mismo.
Guárdate del enemigo risueño, que descaradamente vuelve
á envainar su puñal, N
Pero que no deja de mezclar un veneno secreto á la sal
bendita de la hospitalidad:
Pues el orgullo duerme oculto en tu corazon, espera la oca
sion favorable,
Acechando como la hormiga-leon en el fondo de su cueva.
No te entretengas en parlamentar, pues su lengua es más
poderosa que su brazo;
Pero sé circunspecto, y revístete de la panoplia del rezo
para combatir el orgullo.
Como dijo uno de los poetas, no dejes escapar este Proteo:
Arrojará llamas; se apagará bajo la forma del agua;
Como animal rugiente, te espantará; como astuta serpiente,
te deslumbrará.
Observa, á pesar de tanta metamórfosis, la astucia compli
cada del orgullo:
Y cuantos más esfuerzos hará para eludirte, más apretarás
los nudos que le detienen.
La red que lo apresa es la oracion, el rezo es el que lo en
laza:
09
Es imposible que entretengas el orgullo, si esperas todo de
Dios,
Si buscas su faz con confianza y sinceridad, por temor de
que entónces triunfe el orgullo:
Pues de los palacios celestes del orgullo, ha precipitado á
millares de ángeles.
Arranca de tu corazon la madrágora, á pesar de la sangre
y los gemidos que te cueste,
O el jardin querido de tus gracias será para siempre mar
chito.
— 30-
LA EXPERIENCIA,
Yo sabia que la vejez se habia enriquecido de conocimien
tos que cuestan mucho,
Y he visto que la sabiduría cana se habia formado en la
escuela de los contratiempos:
He reparado que los jóvenes más discretos, á pesar de su
prevision circunspecta,
Navegaban mal, por falta de un poco de lastre;
Y hó aquí, á mi parecer, la razon es, que por más que mi
rasen en derredor de sí,
Evitando por fuera todos los peligros; olvidaban al inte
rior, su propia debilidad.
Así, presumidos por sus luces, bogan, los peligros se multi
plican,
Y aprenden á desconfiar de sí mismos: es la primera lec
cion de la Experiencia.
Yo sabia que en la mañana de la existencia, ántes de su
penoso viaje,
El alma novicia se desarrolla, altanera por tanta abundan
cia de vida:
No ha estrechado sus deseos, ni ha puesto límite á sus es
peranzas,
El ala de la imaginacion no está cortada, el pecado no ha
embotado las afecciones:
Cada rasgo lleva la marca de la inmortalidad, puesto que
todos sus deseos son infinitos,
Y para colmar este vacío inmenso, ella pide un oceano de
dicha,
Mas los hombres de edad avanzada, consideran y tienen
piedad de esta noble juventud,
-31-
Pues en otro tiempo, tambien ellos han saboreado la amar
gura de la esperanza destruida,
Tienen piedad de ella, se afligen al recuerdo de los dias que
ya no existen,
Pero saben que es preciso que ella beba en el cáliz, ántes
de prestar oido á la Sabiduría,
Pues la Experiencia da una segunda leccion, y es prudente
que el hombre la aprenda,
Para reprimir el ímpetu de la esperanza, para evitar la pe
na de los contratiempos.
La Experiencia nos enseña muchas cosas, y los hombres son
sus discípulos:
Sin embargo, es una extraña profesora: ella quiere que ol
videmos lo que nos enseñó.
La juventud es presuntuosa, la madurez circunspecta; la
vejez de nuevo tambien es presuntuosa:
La juventud es atenta, la madurez fría, la vejez vuelve á la
benevolencia.
Es que la juventud nada sospecha, hasta que el hombre he
cho, amargamente instruido,
Desconfia de todo, saltando más allá de los límites; la edad,
sin embargo corrige este exceso.
La sospecha es el andamio de la fé, un disgusto indispen
sable y pasajero,
Que sirve para construir poco á poco la morada del hom
bre fuerte:
Pero tan pronto como la piedra principal está colocada en
la inmóbil pirámide,
El andamio cae, y una sábia confianza da un eterno adios á
la sospecha.
Mil volúmenes en mil lenguas, contienen las lecciones de la
Experiencia,
Tal hombre, sin embargo, los leerá todos y no será más sa
bio por eso.
Pues el amor propio le da un prisma que colorea todo lo
que ve,
Por temor de reconocer su complexion en las facciones de otro.
Hé aquí por qué pensamos en secreto que Homos diferen
tes de los demás,
— 32 —
Y suscitamos las causas á fin de dominar los efectos:
El Orgullo se nutre con la esperanza de que no tenemos
nada que temer del mal comun,
O la ciega preocupacion triunfa, combatiendo la venerable
Experiencia,
O quizas el capricho y el disgusto son las espuelas que nos
excitan al peligro,
Cuando con aire de indiferencia, esperamos que el enemigo
luchará.
La Experiencia particular es una profesora peligrosa, ella
enseña rara vez el pró y el contra,
Y la superficie dorada oculta el acero que está debajo:
Los hijos de la Guinea tórrida se burlan de los mares gla
ciales,
Y el Groenlandés helado no cree en el sol abrasador.
En cuanto á tí, discípulo de la sabiduría, haz tus delicias
de ella:
Si es preciso que sospeches, que sea de tí mismo: si es me
nester que esperes, que no sea la alegría.
33 —
DE LA VERDAD EN LAS COSAS FALSAS,
El error es una planta viva; florece en todos los terrenos;
En el corazon del sabio y del bueno, como en el del malva
do y del ignorante;
Pues no hay error tan disforme que no conserve rasgos de
lo verdadero,
Y no hay veneno tan mprtal que no ofrezca al arte un re.
medio saludable.
El justo, enamorado del bien, se deja cegar por un mal es
pecial,
Y el prudente, lisonjeado por la esperanza de un beneficio,
cierra los ojos al daño.
En todos los séres creados mora la señal celeste, borrada
á medias,
Imágen imperfecta de lo verdadero y de lo bello, á pesar
de la mancha del dedo corruptor;
Aun cuando el error se desborda como un torrente, se mez
cla á los arroyos de la verdad,
Pues, así lo quiere el Adversario: así seduce mejor á sus
víctimas. ,
La Providencia es oscura en sus permisos; mas un dia,
cuando todo sea conocido,
El universo de la razon proclamará toda la justicia y toda
la bondad;
Pues el sabio confia en su sabiduría, el justo en su justicia,
Y la copa de los desencantos es el salario de la sed dela
independencia,
¿Por qué?—á fin de probar y humillar al hombre: y ense
ñar á los idólatras de la Verdad
Que no es sino la escalera del cielo, y que Dios solo mei-ece
su confianza.
-34-
Existe verdad en los sueños de la imaginacion delirante,
Y algo que tomar en las teorías más indigestas.
El alquimista, loco laborioso, arranca al azar alguna luz
de ciencia,
Y el mundo le debe raros secretos, aunque su crisol no en
gendra el oro: •
El impío haciendo un juego de los sortilegios no piensa sino
en engañar á sus semejantes,
Pero hay espíritus de tinieblas, y—¿qué hacer, si viniesen
cuando los llama?
El que interroga á los muertos es un atrevido malvado,
Pues sus alrededores son un misterio—este vestíbulo de
la Eternidad,
La antecámara de los espíritus despojados delante de la sa
la de audiencia de su Rey:
A pesar de la distancia de los cuerpos, el espíritu obra so
bre el espíritu,
Pues la vida está en la sangre, mas las almas, aunque invi
sibles, se comunican sus pensamientos:
Y del calor del entendimiento exaltado, dirigiéndose hacia
sus semejantes,
Echa al fuego de léjos las hojas secas: no toca á la madera
verde.
Puede ser que el perro, lo mismo que su amo brutal, sea
dotado de una alma,
Alma cuyo destino es la dicha; ¿por qué quitarle su exis
tencia?
¿No tiene la conciencia del mal, una luz de moralidad,
. El amor y el odio, el valor y el temor, el orgullo y la ver
güenza?
Puede ser que en el porvenir exista un descanso para las
víctimas mudas de la crueldad;
Un siglo de beatitud, recompensa de injustos sufrimientos.
No desdeñes lo que te parece error; pero taladra bajo de
la superficie y hallarás la verdad;
Duda más bien de las verdades simuladas, frutos de las rai
ces del error:
Pues nada es más hermoso como las manzanas de la ribera
maldita del Mar Muerto,
' — 35 —
i.
Pero, por dentro, no son sino polvo y ceniza, la mano que
las recogió se arrepentirá de ello.
Del mismo resultado, á menudo reiterado, se infiere una
razon constante:
Pero, ¿quién ha llevado cuenta de los anillos que unen un
presagio á su principio?
Interpretada la ley que amontona las calamidades,
¿Quién oprime al afligido bajo el peso de nuevos dolores?
Me dirán, ¿por qué este viento no infla sino las velas del
hombre próspero,
Apresurando la carrera alegre del favorito de la fortuna?
¿Quién ha venido en las alas de los sueños, de la puerta de
cuerno ó de la de marfil,
O visto en el fondo de su alma, la de su semejante, y expli
cado su presencia?
Existe en las antipatías no sé qué de misterioso; y el amor
es más que fantasía;
Sí! el indicio de un peligro inminente salta ála vista;
Es que el alma tiene sus antenas; hilos ligeros que la brisa
esparce,
Ellas se apoderan de los sucesos, á medida que se acercan,
con un presentimiento infalible.
Hé aquí por qué un cerco de atraccion anuncia la llegada
de un amigo,
Cubriendo con sus atributos á algun extraño, su pre
cursor.
Aún está en tus labios la palabra, y hé aquí que se cumple!
El objeto de nuestra conferencia responde por sí ....
¡Hombre! en las cosas más verdaderas, nada has descubier
to de la verdad,
¿Cómo, pues, pobre ciego, comprenderías la verdad de las
cosas falsas?
Aún no has visto las causas de la vida y del movimiento,
Entónces, ¿cómo puedes definir las simpatías sutiles del alma?
Pues el espíritu, más ágil y vigoroso á medida que el cuer
po se disuelve, i
Acoge noche tras noche, espíritus que le sonríen,
O espectros sin reposo que le revelan los secretos tenebro
sos de los vivos,
— 36 —
Y la justicia tardía, que un sueño espantoso alumbra, se
apodera de su presa.
No hay por cierto, nada tan verdadero como que los vapo
res lo hayan destrozado.
Nada tan falso que no se vea una pequeña luz de verdadero:
Pues el Adversario, el padre de la mentira, el Upas gigan
tesco de la creacion,
Cuya sombra mortal ha marchitado el jardin del Eterno,
Hábil para pervertir el bien, es incapaz de crear el mal:
Destruye, pero nada construye; pues él no es el antagonis-
ta-Dios:
Su poder sustraido es enorme, pero no es ménos criatura y
vasallo;
El mal abstracto no es su obra, pero es el que desnaturaliza
el bien concreto:
Jamás diadema ha coronado la frente del enemigo: bandido
encantador,
Le es permitido para algun fin misterioso, infestar el cami
no del Rey,
Y el instrumento cortante que lleva, en otro tiempo era
sólo una simple hacha.
¡Sí! el error, su panoplia, no es más que la verdad torcida:
La hoz que cortaba la justicia, privada de su curvatura
útil,
A la vez hacha y estaca, sobrepasa, la alabarda del mero
deador.
No busques ya, oh! mortal, el resolver el enigma oscuro del
pecado;
Basta que la fuente del mal esté en tu corazon depravado.
— 37 —
LA ORACION DOMINICAL,
Preguntas ¡oh hombre! como me presentaré delante del
Eterno,
Y en donde hallaré sonidos bastante maravillosos para con
mover á la magostad Divina;
El modelo está debajo de tu mano; que tu súplica sea con
forme;
La sabiduría ha medido sus palabras; la redencion quiere
que te sirvas de ella.
Llama á Dios tu Padre, y no sólo el tuyo,
Pues en este gran número, no eres sino uno; todos son tus
hermanos.
Acuérdate de su grandeza, que es el Rey de los Cielos;
Así, tus pensamientos serán humildes, y la reverencia tem
plará el amor.
Que tu primera súplica sea sin egoísmo, á fin de que honre
al que te hizo; v
Y que en el fondo de tu corazon su peticion halle un san
tuario.
Ruega por estos tiempos felices, en que el bien triunfará
del mal,
Y en que los ecos de un templo universal repetirán las per
fecciones de Jehová.
Sé sumiso á su buen gusto, y secunda los designios de su
gracia,
Hasta que en tí y en los que te rodean, se forme el cielo y
la tierra.
Mendiga tu pan con humildad, como un pobre agradecido;
Pan para los tres elementos de tu sér, pues tu naturaleza
es una trinidad:
— 38 —
La humildad allana el camino, y el agradecimiento enter
nece el corazon;
Así, mezcla la oracion del perdon con las lágrimas del arre
pentimiento;
Y cuando, del todo indigno de su favor, te apoyas en la ma
no que debia herirte,
No podrias rehusar el menor perdon á tus hermanos.
Tus enfermedades son conocidas de tu Padre, y no has
ocultado tu iniquidad,
Así es, pide con entera confianza, que te libre de los peli
gros de la tentacion,
Y que el último deseo del alma que suspira en los confines
de la oracion,
Sea el de ser librada del pecado y del demonio, de las mi
serias de la tierra y del infierno.
¡Hijo de la esperanza! ¿de dónde viene la estabilidad de la
roca de tu confianza?
Tu sabes que Dios te oye y te promete la paz;
Tu sabes que El es Rey, y que nadie detendrá su mano;
Tu sabes que su poder es sin límites, y que no existe otro.
Y tu le das gloria, criatura de sus manos, objeto de su
favor,
Por el don de esta vida feliz y resplandeciente que jamás
concluirá.
LA ANTICIPACION,
¡Tu has visto muchos dolores, peregrino del mundo con ves
tidos fangosos!
Pero el presentimiento del mal es lo que más te ha ator
mentado;
Y á pesar de que las calamidades se han atravesado en tu
camino, á pesar de que la miseria se haya amontonado sobre tu
cabeza,
Desgracias mal avenidas han causado tus más vivas penas.
Esperar mucho embota el aguijon del dolor y la punta del
placer,
Pues las aguas de la paciencia templan la hiel y el bálsamo;
Y muchas veces, tu labio ha saboreado la miel, antes de que
le arrebataran el cáliz,
Y miéntras apuras la hiel del terror, el mal se aleja de tu
morada.
La vida del hombre que no ve sino peligros es un tormento
continuo,
Pero la esperanza sonriente de un corazon tranquilo es una
fuente inagotable de alegría.
¡Sil aun cuando el aliento de los reveses hielan el corazon
ardiente,
De repente se anima delante de la ceniza viva de la espe
ranza;
Aunque la ola pesada y negra cubra la cabeza por un ins
tante,
La feliz agilidad de la Confianza sobrenada, y triunfa de la
Desesperacion.
Es verdad que la Desconfianza trata de agradar á la Des
gracia;
-40 —
Pues el autor de nuestra salvacion, Médico prudente, no
quiere al espíritu incrédulo,
Y á los que confian en él, les concede sus favores,
Abandonando al mal, á los que lo temen, pero que no con
fian en el.
Pide el bien, y espéralo, puesto que el oceano del bien es
insondable/
Pide el bien, y apodérate de él; pues tu Amigo quiere tu
felicidad:
Pero al corazon tímido, -al hijo de la incredulidad y del es
panto,
Que se apoya en su baston frágil, y confia en la claridad de
RUS^ ojos,
El mal que temía vendrá, pues el surco espera la semilla,
Y la desconfianza ha rechazado fríamente la mano carita
tiva,
Así es, alza la vista, espíritu abatido; valor, débil de corazon,
O el miedo será tu azote, aunque el mal no siga sus trazas.
Deja de anticipar el infortunio—aún quedan muchos me
dios de evasion;
Pero si llega, ten valor, hazle frente, y triunfa de tu cala
midad.
No existe enemigo bastante fuerte para tomar por asalto
el castillo del alma,
A no ser que su enfermedad le haga traicion, y que el ter
ror abra sus puertas.
El hombre de corazon en pié como una roca, ve las olas es
pumosas romperse en su derredor:
El tímido, esquife á la driza, es el vil juguete de las arrugas
del agua.
El hombre de corazon se une al bien, hasta que el mal se
lo arrebata:
El tímido lo arroja léjos, y corre al encuentro del infor
tunio.
Sin embargo, el mal á menudo no es sino un pedante: in
sulta pero no quiere batirse,
O es la finta del esgrimidor hábil, cuya estocada no acierta,
O quizas, no es más que un beneficio disfrazado, la prueba
de la fe,
— 41 —
O el castigo preciso do un amigo, cuya frente se arruga por
que te ama:
La tempestad nos amenaza á menudo, pero se dirige hácia
otros climas,
Y el cobarde se ha desmayado de espanto, cuando el hom
bre firme se ha regocijado en su confianza.
LA MEMORIA,
¿En dónde estás tesoro del alma, depósito de hechos y afec
ciones?
¿En qué extraño firmamento las vigas de tus cuartos altos
han sido colocadas?
¿No serias tú el pequeño sótano, centro del cerebro que ru
mia,
Y cuya porcion arenosa atesta el origen del hombre?
¿Tienes algun vasto globo, algun dominio comun de la in
teligencia,
Algun mercado espacioso para el pensamiento, donde todos
se dirigen con sus productos,
Donde alegre y libre de la extrecha prision de mi yo,
Su alma privilegiada halla el acceso fácil, cuando viene con
la librea del saber?
¿Existimos como mundos aislados sustancia perfecta, espí
ritu perfecto,
Siendo una esfera cada uno, dotado de una inteligencia su
ya, encerrada en su concha material?
6
— 42 —
¿No seriamos más bien unas cancelaciones convergentes,
salidas de un todo magestuoso,
Rayos del Sol, arroyos del Rio, ramas del árbol grande,
Unos dando frutos, otros dando hojas, y el resto malo y es-
toril,
Unos para el festin, otros para la era, y el resto ,—¡cuántos
hay!—para el fuego?
La Memoria quizas no es sino el poder para entrar en el
tesoro de los Hechos,
Una desercion momentánea de sí misma, la ausencia de es
píritu en cuanto al presente,
El corredor en el cual el alma libre se arroja y se preci
pita;
Toda una vida que pasa, como el misterio de los sueños, en
un instante.
El Hombre embrutecido, nada de esto conoce, y el insensa
to nada entiende,
Mas la Memoria tiene secretos ' profundos, maravillas es
pantosas.
Si yo estuviera en Petrea, ¿no diría: ántes que yo, mi alma
' estuvo aquí?
¿Soy extraño á los largos salones adornados de columnas, y
á la grandeza, calma y muerte de Palmira?
.¿Tu montaña, {oh Cármel! me es acaso desconocida? no he
navegado en el Danubio?
¿No he visto el esplendor de las nieves árticas, las tiendas
negras de los Tártaros?
¿Serian un sueño que me recuerda los rostros de hombres
del pasado,
Cuando ando errante en los bosques con Platon, cuando
escucho áZenon en el pórtico?
He visto á Pablo y Pitágoras, el STAGYBITE me ha hablado
como amigo,
Y el ojo benigno de Aquel que estaba con Pedro en la cor
te, tambien me ha mirado.
De Atenas y de Roma, de Persépolis y de Lacedemonia,
¿no soy igualmente ciudadano?
Y tú, sobre todo, ¡Oh Jerusalem! ¿puede olvidarte mi cora
zon compasivo? ,
— 43 —
Es que la magia poderosa de la concepcion, mezclándose
con los Vapores de la memoria,
Me da una vida en todos los siglos pasados, y añade la exis
tencia al porvenir.
Sed mis jueces, almas pensadoras y emplumadas para un
vuelo hasta el sol,
Vos, cuya sabiduría ha sublimado los pensamientos ter
restres,
¿No teneis una conviccion, una conciencia extraña y vaga?
¿Que otras veces seguisteis este camino, y ahora volveis á
tomar vida diaria,
Volviendo á trazar una antigua vía, en cualquier plaza le
jana,
Encontrando la marca de vuestros piés, en donde jamás
fuisteis en persona?
¿Un amigo reciente no os ha sujerido algunas veces las
facciones de un antiguo familiar,
Alguna nueva circunstancia, algun nuevo sitio, no os ha en
gendrado antiguos recuerdos?
Un relámpago alarmante esparce por un momento la clari
dad sobre todos los objetos,
Luego se apaga en las tinieblas, y deja el espíritu temblan
do y helado.
La Memoria no es la sabiduría; idiotas saben de memoria
volúmenes enteros.
¿Qué es á pesar de todo, la sabiduría sin memoria? un niño
ahogado al nacer,
La traza del águila en el aire, la traza del delfín en las
aguas,
Un abismo sin fondo: tal es la sabiduría sin memoria.
Hay muchos sabios que no saben hacer provision de su saber;
Sin embargo, se bastarán á sí mismos, pues en ellos está la
fuente:
Varios acumulan, pero les falta la sabiduría,
Y su arsenal está lleno de armas, que sus músculos no pue
den levantar:
Hay muchos ladrones y bandidos que espigan y recogen
deslealmente,
I nvocando con ayuda de la memoria, alguna cábala ingeniosa
— 44 —
Mas para nutrir tu alma, para llenar de trigo tu granero,
En lugar de amontonar el zurron y el rastrojo en la era de
la razon,
Cosecha las ideas y guárdalas bien, dejando el rastrojo de
las grandes palabras;
Busca lo que se ha pensado, despreciando lo que se ha
dicho,
Puesto que el alma es espíritu, bebiendo las ideas, como la
llama se mezcla á la llama;
Mas en cuanto á las palabras, pesada y perecedera mercan
cía, las envasa en los suelos.
Algunos instantes de sufrimiento, una hora de temor, una
semana de esperanza,—¡cuánto tiempo! ¡cuántos fastidios!
Pero acordarse de ochenta años es recordar un día,
A los ojos del peregrino, la avenida parece prolongarse.
Sin embargo, tan pronto como se vuelve, estos olmos esta
cionarios se apresuran en el recinto de un aliso;
Si recorre las calles alumbradas de alguna ciudad que
duerme,
A pesar de aquel gran número de faroles, no ve en el falso
cuadro de la perspectiva, sino una luz;
Así, — dulce traicion, — el hombre anciano se seduce á sí
mismo,
Alza la vista hácia la cima florida de las colinas: los panta
nos en su base para él están ocultos;
Y el telescopio lisonjero de la memoria, penetra el interva
lo incoloro.
Contemplando con recuerdo de ternura, la estrella querida
de la infancia.
La vida es la chispa que huye sobre la rueda de piedras
del minero;
Siempre que da vueltas, hay luz: desde que se detiene, to
do es tinieblas:
La vida es un pedazo del incienso que arde en el palacio
de la Eternidad;
No existe, pero una nube de perfumes sube en espiral has
ta la noble bóveda:
La vida es un pedazo de sal, que se disuelve en el lavadero
del tiempo;
— 45 —
No existe, pero su sabor alcanza el átomo más lejano.
Lo mismo, sea en bien, sea en mal, la- vida es la muestra
del hombre.
Pues que los recuerdos de sus virtudes y de sus vicios, pe
netran toda la esfera de su existencia.
Para esperar y gozar, no hay más que el momento que pasa,
Pero en el calendario de la memoria este momento es el
todo.
LA INVENCION.
El Hombre, orgulloso de su inteligencia, se tiene por una
deidad.
Sin embargo, cualesquiera que sean sus facultades, no pue
den tener su origen de nada,
Pues el gran Dios, en todas sus obras, se extendió larga
mente,
Reservándose un derecho especial, la augusta prerogativa;
la Creacion.
Nos es permitido mejorar y desarrollar, reprimir y des
hacer,
Mas crear un pensamiento ó .un sér, es una esperanza vana,
un imposible.
¿Es capaz el hombre de formar la materia? sin embargo
que, este presuntuoso dios
Se imagina que forma el alma é inventa ideas:
-46 —
Lo mismo que el portero necesita su arcilla, el albañil su
cantera,
Es preciso que el alma saque sus ideas de todo lo que la
rodea.
¿Produce el sol yerbas? el aire abrasador, ¿produce moscas?
Todas las cosas, raras ó densas, reconocen un padre co
mun.
Lo que dijo la Sabiduría es verdadero: Nada nuevo debajo
del sol:
Arreglamos, combinamoslos elementos primitivos, y es todo.
La invencion es el alma en su actividad, como el fuego es
el aire en movimiento;
Esta penetracion del ojo del espíritu, por la cual discierne
actitudes ocultas:
La cesta y el acanto han servido de modelo al elegante ca
pitel,
La sombra del perfil en el muro, ayuda al pintor para la
semejanza;
La impresion de un pié en la arcilla, ofrece al espíritu la
idea de la imprenta;
Extrañas pieles arrojadas sobre la ribera sugieren otro he
misferio;
La caida de una manzana, enseñó al sabio que todo gravita;
El Huron ve senderos en la yerba, y se apodera de su víc
tima:
La astucia, aprovechando su coyuntura, sigue los pasos,
Mas es preciso que el sendero se vea, ó la vista más perspi
caz, no seria sino ceguedad.
¿ Veis este arrecife estéril, puesto á descubierto por un tem
blor de tierra?
No hay allí hermosura que pueda dar gloria, ni frutas deli
ciosas que coger;
Pero pronto se ve el liquen ; luego muere, se abre un se
pulcro,
Y, á pesar de su resistencia, la superficie blanda por el sol,
hendida por los hielos, cae en polvo:
Los cuervos allí duermen, el caracol deposita su babaza,
Los lagartos traen su tributo útil,
La mar arroja sus muertos, en un sudario de algas marinas,
— 47 —
Y la naturaleza enorme, arregla de nuevo los átomos des
unidos. ' . .
Pronto la piedra fria y pulida se ve revestida de un cesped
plumoso,
Y el viento que pasa deja caer las semillas ligeras del he
lecho;
La torcaz con vuelo rápido, deja su buche lleno de granos,
La ardilla celosa siembra el pino y la avelina:
Los años pasan, y la roca estéril se cubre de yerba es
pesa;
La viña salvaje se agarra al escaramujo, y la yedra siempre
verde, se arrastra en el trigo. ...
Hayas magestuosos adornan la colina, los sauces se agrupan
á la orilla del arroyo, : ,...-
Y los ramilletes del pino y del avellano, dan sombra al ca
zador vagabundo.
¿Se glorificará la roca por su fertilidad? ¿Levantará la ca
beza en un acceso de orgullo?
¿Sacará el espíritu humano, vanidad de la cosecha de sus
pensamientos?
El salvaje es esta roca; y una infinidad de suertes exte
riores,
Obrando poco á poco en el .espíritu, forman una capa ferti-
lizadora; la sociedad.
La amiga nutrida y fortificada por las ideas y los objetos
que la rodean,
Crece y se perfecciona, cargada de frutos, los frutos de las
semillas extrañas.
Sólo se necesita media palabra para aprender; un hilo para
descubrir;
Nuestro producto se centuplica; pero el gran sembrador es
la Analogía.
Primero es la agria ciruela silvestre, luego el melocoton de
licioso,
El tronco del lino se enría, luego el velo nupcial,
Una chispa en la yesca que enciende la lámpara del saber,
La sugestion de una locura, que dirige el alma atenta,
Una mano apénas reparada en el muro, que indica la balan
za de la Comparacion.
El hombre, merced á la cultura, puede todo, ménos el mila-
.gro: la Creacion;
Hé aquí los limites de tu poder: que se detenga aquí tu or
gullo:
El terruño puede ser rico, el alma activa, pero ni uno ni
otro produce sin semilla.
El ojo no puede formar la luz, ni el alma formar el espíritu:
Por consiguiente, es con razon que el hombre llama inven
cion á todo lo que es nuevo;
Pues inventar, es descubrir lo que existe, mas no crear lo
que no existe.
Es ligarse á las contigüedades, es apoderarse con destreza
de las semejanzas,
Y franquear de un salto enérgico, los abismos del contraste.
El globo no crece, sea en cuanto á la materia, ó sea al espí
ritu;
Los átomos y los pensamientos sirven de nuevo, formando
nna diversidad de combinaciones,
Y aunque refundiéndolas, te la& apropias:
Han servido á millares de séres, y todo su mérito viene de
Dios.
— 49 —
EL ODIO Y LA COLERA,
El Corazon al cual jamás conmueve la cólera, es un corazon
embotado;
Mas el que está lleno de odio, pronto se labra el mal.
La cólera es una noble enfermedad, es el flaco de los justos,
El primer grado más arriba del celo, es el que vindica los
derechos de la virtud:
Mas el odio, crimen lento y continuo, es un fuego en el seno
del malvado,
Llama triste y ávida, siempre devoradora é insaciable.
El odio busca los medios de hacer daño, la cólera quiere
satisfacerse:
El odio es un veneno que fermenta; la cólera es la abertura
de una válvula;
El odio destruye como el Upas; la cólera golpea como una
maza.
El odio es la atmósfera del infierno, mas la cólera es cono
cida en el cielo.
¿No existe una cólera justa y santa,
Cuando la bondad se sienta en el polvo, cuando la iniqui
dad hace su trono de Babel?
¿La piedad condena al crimen? ¿la justicia no es más bien
una ley que un sentimiento,
Cuando toma por testigo el nivel, sin consideracion para
el sentido moral?
Entre los ángeles y tú que condenan la cólera, hay un poco
de simpatía;
Tú la estimabas como pecado; pero ¡cuán frio es tu comer
cio con el cielo!
Guárdate del hombre incómodo, durante su' cólera, mas
despues no temas acercarte,
— 50 —
Pues si reconoce su falta, él mismo sentirá su cólera:
Guárdate de aquel que odia con sangre fria, pues trata de
perjudicarte,
Agotando todos sus recursos para efectuar tu ruina:
El fraude y la perfidia se ocultan con el odio; mas la buena
fé vuela con la cólera:
Uno tiende lazos como la serpiente; la otra persigue como
el leopardo.
Reconcilíate pronto, amistosamente; y recibe al ofensor
penitente,
Pues si prolongas la cólera, tú juegas con el odio sin sa
berlo.
En el hombre, paciencia es poder, le da vigor y contiene
su ardor;
La cólera paraliza su brazo, miéntras ahulla y lanza sus
corceles:
. La paciencia guarda su propio secreto, ella se posee siem
pre,
Pero la debilidad de una cólera repentina expone los mis
terios del alma.
El sentimiento de la cólera no es ridículo, cuando conside
ras la insolencia del vicio,
Cuando sientes el aliento de la calumnia, cuando recibes el
duro salario de la injusticia;
Sin embargo, conten la expresion de tu pena, y que una
reprimenda dulce sea tu venganza;-
Entónces, serás sin reproche; la dignidad de la virtud será
tu armadura.
DE LA CRUELDAD PARA CON LOS ANIMALES,
¡Horror al hombre! ¡Monarca bárbaro, orgulloso, monopo
lista de la razon!
¡Horror al rey de la Creacion, déspota, feroz y sanguinario!
¿No-es suficiente, mortal, el hambre, las enfermedades y la
fatiga?
¿Es menester además, que tu aguijon ó tu correa añada á la
existencia un nuevo dolor?
¿No es suficiente que tu pecado haya traido los sufrimien
tos y la muerte,
Sobre estos pobres séres mudos que proveen á tus goces,
sin además atormentarlos? '
El heredero pródigo de la creacion ha perdido su todo al juego:
¿Añadirá la tortura á este yugo largo y cruel que hiere á
sus esclavos?
El jefe de la orquesta ha trastornado la psalmodia de la
naturaleza:
¿Multiplicará este desacuerdo ruidoso tendiendo más las
cuerdas?
El rebelde ha fortificado su castillo encerrándose con sus
buques:
¿Gravará la calamidad de los sitiados por la opresion do
méstica?
Imágen doblemente pervertida de tu Creador, odioso re
presentante del Amor celeste,
¡Que la vergüenza te lleve á la misericordia! sé bueno para
las criaturas que arruinastes;
La tierra y sus millones de razas son maldecidas por causa
tuya,
La tierra y sus millones de razas se agitan y se revuelven
aún bajo tu crueldad;
-52-
¿Existe una entre estos millones que no atestiguará con
tra tí;
Una criatura de la tierra, del cielo ó del mar, que no te
acusará?
Desde el elefante jadeante, hasta la musaraña en el campo
labrado; •
Desde la ballena que el arponero ha atravesado, hasta el
vário cogido con un alfiler;
Desde el alabastro cansado en su vuelo, hasta el abadejo
en su nido oculto;
Desde la falena y la nadadora galoneada, hasta el mos
quito,
El veredicto de todos los séres es unánime: su amo es cruel;
El perro, tu noble amigo, tu íntimo, confiado y sincero;
El asno, tu esclavo que no se queja, penando desde por la
mañana hasta la tarde;
El cordero, la liebre tímida y el buey arando;
La trucha calentándose al sol en un banco, y la perdiz es
pigando en el rastrojo;
El ciervo, el gusano en tu propiedad, y el pájaro de los
bosques, cautivo, desesperado,
Todo lo que á la vez provee á tu vida, á tu bienestar, á tu
orgullo,
Atesta con voz unánime, que el hombre es un amo cruel.
Verdad es que son tuyos: tienes un derecho incontestable
á sus servicios;
Te fuéron dados para tus necesidades, á fin de que te sir
vas de ellos con reconocimiento, con bondad,
Con agradecimiento á su Dios y á tu Dios, á su Padre y á
tu Padre;
Dulzura para los que trabajan por tí, y que te asisten con
todo lo suyo;
Que te fuéron dados para nutrirte, mas no para que los ma
tes por gusto;
Para llevar tus cargas, si la humanidad los alivia;
Para el lujo, mas no para el tormento; para llevar, pero
segun su fuerza;
Pues el perro no aabria defender su derecho, ni justificar
su inmunidad,
.
— 53 —
Ni destruir la cólera por una observacion dulce, ni desviar
el golpe que no ha merecido;
El buey herido no puede quejarse, ni pedir un momento de
tregua:
El caballo extenuado oculta su angustia, hasta que al fin
entrega su espíritu jadeante;
Aun en el invierno de la vida, cuando continuas fatigas lo
han debilitado,
Si la ingratitud olvida sus servicios, no sabe recordarlos;
Hé aquí que muere de hambre; una gruesa lágrima inunda
sus ojos;
Su piel está desollada por los golpes, y vacila bajo su peso,
La edad adormece sus miembros, sus nervios han perdido
su vigor,
Y el dolor se señala en su faz, miéntras lucha con el traba
jo, á pesar de su debilidad;
Aún más sin embargo, humilde y mudo, sufre el golpe que
lo derriba;
Este esfuerzo ha roto las fibras de su corazon,—¡el noble
animal ha muerto!
¿No existe en todo el universo un abogado, un juez para
vengar á esta víctima?
¿Ninguna voz para defenderla, ninguna sentencia contra su
opresor?
El ojo triste del animal atormentado, no se defiende con
menos elocuencia;
Toda la justicia de los cielos no se conmueve ménos de in
dignacion á la vista de su suplicio;
Toda la piedad de la tierra no invocará ménos la maldicion
contra un sér cruel.
La malicia roedora de los malos, no es ménos su castigo
intolerable:
El Angel de misericordia no se detiene para consolarlos;
pasa de largo,
Y ni una lágrima corre de sus ojos, cuando el cruel es mal
decido.
— 64 —
EL DOLOR,
Yo Decía: haré por encontrar el dolor, y ofrecerle el bál
samo de la piedad;
Así, lo busqué en la morada del duelo; pero la paz estaba
en su cortejo.
Entónces lo vi pensando en silencio en sus desgracias, en el
recinto tenebroso del Sentimiento;
Pero un rayo de esperanza celeste, brillaba en sus alas que
estaban dobladas.
Asi, dirijí mis pasos hácia la cabaña del pobre, el recinto
del hambre y de la enfermedad;
Pero la cama del enfermo estaba vacía, y el labrador silba
ba trabajando.
Así, me demoré y quedé pensando donde encontraría la
habitacion del dolor,
Pues yo queria verlo sólo, sin consuelo, sin compaña.
Dirijí mis pasos hácia la prision, pero allí estaba el arre
pentimiento, y la promesa de un porvenir más feliz;
Yo escuché cerca de la cabañuela de la locura, pero reso
naban gritos de alegría insensata.
Entónces me dirijí á casa de los ricos y de los nobles; ob
servé á los que dan tono al mundo:
Vi una sonrisa en la mejilla apagada, con la cual el corazon
no tenia parte;
Pensamientos voluptuosos, fuegos impuros, brillaban en sus
ojos,
Y el dolor moraba con aquellos cuyos placeres eran crí
menes.
Su Infancia no habia sido sin pecado; su vida no habia sido
más que un tejido de vicios;
— 55 —
Bebió el orgullo con la leche de su madre, y los labios de
su padre le enseñaron la blasfemia.
Yo lo habia conocido hijo rebelde, lo volví á ver jóven di
sipado;
Lo vi hacer traicion á la inocencia, y sacrificar la afeccion
á la sensualidad ;
Lo vi el compañero de los estafadores, pródigo de una ga
nancia ilícita:
Lo oí maldecir su miseria, miéntras besaba sus pesadas ca
denas:
Pues la experiencia habia demostrado demasiado la amar
gura de los placeres criminales,
Pero la costumbre lo habia envuelto en los pliegues de su
red de hierro.
Detrás de él, la tempestad, hervida en la caldera de su in
fancia, se volvía á oscurecer;
Entónces se lanzó en su furor, tratando de olvidar todo:
La orgía ruidosa, la vida desordenada, la exaltacion feroz
del juego,
La triste alternacion de placeres simples, llenaron el círcu
lo fastidioso de la existencia:
La memoria se habia vuelto su enemiga, se entregó al vino,
falso consolador,
Trastornando á su adversario cada tarde; pero cada maña
na, como un gigante, lo desgarraba.
Me volví para llorar; durante algun tiempo lo perdí de vista:
Al cabo de algunos años volví á verlo, el invierno de la
edad habia blanqueado sus cabellos.
¿Cuál era entónces su esperanza? ¿qué bálsamo existia pa
ra su tristeza?
La memoria del pasado era el crimen; el presente no le
ofrecia sino remordimientos,
Entónces entregó sus afecciones al oro, adoró el altar de
Mammon,
Y para enriquecer su ídolo, se dió fama á sí mismo;
Así, habiendo dado su juventud á la depravacion, concluyó
su carrera en los tormentos de la indigencia:
Para vengarse mejor del. pródigo, el avaro se privó de lo
necesario.
-56 —
Entónces dije: aquí está el dolor; está inaccesible á la
piedad:
Este hombre era verdaderamente desgraciado, culpable sin
lugar de arrepentimiento.
EL GOZO,
La Tristeza se habia apoderado de mi alma, y busqué la
morada del gozo:
No la hallé en la risa, ni en las riquezas, ni en el poder;
Pero la vi en el hogar doméstico, en donde la religion son
reía á la satisfaccion,
Y en donde la ambicion del corazon, satisfecha con el favor
de Dios, triunfaba.
Hé aquí el hombre feliz, su rostro está radiante de gozo,
Sus pensamientos son deliciosos y tranquilos, nadie concibe
la extension de su dicha:
Lo he observado desde la infancia, y lo vi en los brazos de
la muerte,
Sin embargo, jamás he reparado en su frente una nube de
desesperacion.
Se arrodillaba al lado de su cuna, el cántico de su madre lo
dormía:
Desde la infancia amaba la piedad, y bebia en esta fuente
de paz.
La Sabiduría hizo de él su discípulo guiando sus pasos en la
pureza;
— 57 —
Ha vivido léjos de los vicios del mundo; su jóven corazon
odiaba el pecado.
Su religion no era el culto falso de la faccion y la austeridad,
Y el hierro candente de la supersticion no ha marchitado
los retoños de su alma.
Su amor puro, sencillo y sincero, no conoce el cambio;
Pues su edad madura tuvo la dicha de poseer lo que su ju
ventud habia escogido;
Hé aquí su amada, se apoya en su brazo,
Y ve en sus años que ya pasaron, la aurora de su ternura.
El acaricia su recuerdo, para su vista es un paisaje exqui
sito;
Cada objeto que lo compone lo encanta, el cuadro completo
es la armonía de la naturaleza.
¿Ved á sus hijos en su derredor? Se calientan á la luz de su
sonrisa,
Y la inocencia de la niñez, un gozo puro, brilla en sus rostros;
El es piadoso, y lo honran; el es amante, y ellos lo aman;
El es consecuente, y lo estiman; es firme, y lo temen.
Sus amigos son lo escogido de la humanidad, y los lazos de
su amistad son fuertes;
Su morada es el palacio de la concordia; pues el Príncipe
de la Paz está allí.
Como el hombre extenuado de fatiga al acostarse, como el
pensativo en sus meditaciones,
Lo mismo, cansado del tumulto de la vida, vuelve á su ho
gar tranquilo,
Y aunque peca á menudo, vuelve con los ojos llenos de lá
grimas:
Es que él goza con la gracia del perdon, y su alma es agra
decida.
Así, caminando en el sendero de la dicha, su alma era ex
traña al pesar;
La luz de la afeccion calentaba su corazon, la lágrima del
reconocimiento regaba sus piés,
Con perseverancia se apoderó del bien, los ángeles recono-
cian en él á un hermano,
Y los satélites activos del mal temblaban delante del alia
do de Dios;
8
-58-
Usó de sua riquezas como sabio ecónomo, haciéndose ami
gos para el porvenir:
Aplicó su saber á la religion, y la religion lo dejó;
Pues al cabo de algunos años, lo vi en el momento de partir,
Y hubiera querido que un mundo reunido hubiera contem
plado al santo expirando.
Como el aloés que es verde y vivo, hasta el último verano
de su edad, el más hermoso,
Pues que entónces suspende sus campanillas de oro, unien
do la gloria á la corrupcion;
Como el meteoro que brilla en su carrera, aumenta y nos
deslumbra con su luz;
Así fué el fin del justo: su muerte fué el poniente del sol.
Mirad este retrato del gozo; acordaos del del dolor,
Hé aquí la piedad en todo su resplandor, hé aquí el pecado
con toda su fealdad!
¿Hasta cuándo, hijos de los hombres, desdeñareis las pala
bras de la Sabiduría?
¿Hasta cuándo buscareis la dicha en las cavernas donde na
ce la desesperacion? ,
Aunque sepultados en la miseria, ¿consolareis negando la
existencia de la dicha,
Y de vuestra existencia del infortunio sacareis la prueba
de que nadie es feliz?
El gozo no está en vuestro camino, no le gusta el aire frio
del camino ancho y desnudo,
Pues sus flores esmaltan las orillas de un sendero más es
trecho,
Y los viajeros de este mundo, cuando están cansados, ellos
mismos pueden cogerlas,
Derramando en las llagas de su corazon, el bálsamo suave
del amaranto celeste.
EL REPOSO.
En las veladas silenciosas de la noche, esta madre tranqui
la de tantos pensamientos,
Cuando el alma cansada se distrae, durante las horas del
sueño sin cuidado,
Soñé: Vi una alameda alegre, dorada por los rayos del sol,
regada por arroyos,
Y una multitud innumerable la atravesaban.
Aunque pareciesen desfallecidos y cansados, vacilando y
aun cayéndose,
Siempre avanzaban, sin reposo y como una catarata cor
rían sin cesar.
Entónces vi en la yerba víboras, y hojas debajo de las flores,
Abismos abiertos entre las colinas y un sol reluciente.
Pero la Esperanza y el Temor, su hermano, no les permi
tían descansar.
Falsas alegrías, fantasmas brillantes, con sus gestos seduc
tores atraian á los peregrinos,
Miéntras que unos monstruos los perseguían ahullando:
Y continuamente esta masa de miserables seguían su car
rera
Hácia las riberas nebulosas de un rio negro y turbio.
Allí vi á medio camino en el agua, un jigante pescador,
Tenia en las manos várias redes: lo llamaban el inflexible
Destino.
Descubrí entónces que cada una de estas cadenas sutiles,
detenia uno de los peregrinos,
Y comprendí por qué no podian demorarse:
Pues el pescador se divertía atrayendo sin cesar lae redes
hácia él;
— 60 —
El recien nacido como el anciano, eran arrastrados eu este
rio:
El monstruo se llevaba á millares de víctimas, ninguno se
atrevia á tomar aliento,
Y varios, extenuados de fatiga, hubieran querido ahogarse
en la corriente.
Entónces conocí que este valle erala Vida, y que se incli
naba hácia las aguas de la Muerte:
Pero por este lado, vi extenderse una playa calma y silen
ciosa, cuya poblada ribera estaba tranquila:
Vi á varios de los que yo habia conocido, pero me miraron
con frialdad
Como los que son víctimas de un profundo sueño; y cer
raron sus labios con los dedos.
Entónces conocí que esta ribera era la morada del Reposo,
en donde los espíritus observaban su Sábado;
Muchas cosas me habrían comunicado si les hubiese sido
permitido romper este silencio;
. Pues la ley de su ser era un misterio: pasaron siu decir
una palabra y desaparecieron.
Aún mas léjos, bajo del sol, en la base de las montañas pur
púreas,
Vi una claridad gloriosa, igual á los fuegos nocturnos del
Norte;
Vi el murmullo de la alegría, un mar de melodías,
Y á pérdida de vista, habia millares de seres dichosos
Que se calentaban con los rayos de la luz dorada; y conocí
que era el Cielo.
Entónces la colina en la cual yo estaba, se hendió; y un
cráter se abrió á mis piés,
Negro, profundo, espantoso y rodeado de rocas:
Llamas esparcian de lejos una claridad lúgubre en las ti
nieblas;
Y vi debajo una masa animada moviéndose como reptiles
nacidos de la corrupcion,
En donde todo era inquietud horrorosa, gritos, gemidos y
trueno,
Así, me desperté pensando en mi sueño: me pareció que la
Sabiduría lo habia mandado.
— 61 —
¿En dónde está el hombre que halla el reposo, aunque lo
persiga de años en años?
Como niño, jamás se ha cansado, no se ha dado la pena de
volverlo á buscar ;
Como jóven, no le ha gustado la calma, puesto que la agi
tacion lo excitaba al combate;
Como hombre, en vano sigue las trazas del reposo, ator.
mentándose para apoderarse de él;
E impedido por la violencia de su destino:
Espera sin embargo obtener de la vejez, una paz que la
adolescencia ignora,
Pero las penas se multiplican con los años, hasta que la
Muerte lo haya llevado al sepulcro.
Queda pues un reposo para el espíritu, por el lado sombrío
de la vida;
Pero no hay reposo para la planta del pié peregrino de es
te mundo.
Siempre, de parada en parada, viaja con pena,
Y si caminando, coge flores, no le es permitido dormir so
bre ellas.
El alma es el movimiento perpetuo, pues es una agua
viva,
Nacida del manantial insondable, el abismo de la Inteligen
cia divina,
Y aunque parada en su -carrera, tiene una corriente inte
rior,
La superficie en calma y tranquila parece dormir, pero loa
torbellinos de la contencion están debajo.
¿Tu buscas el reposo, mortal? — no lo busques ya en la
tierra,
Pues el destino no dejará de arrastrarte, en medio del de
sierto áspero de la vida;
¿Buscas el reposo, inmortal? — no esperes hallarlo ni en el
Cielo mismo,
Pues el ocio no da felicidad; la felicidad del espíritu es la
accion.
La morada del reposo es una isla en medio del oceano de la
existencia,
En donde el alma repugnada del mundo puede doblar du
— 62 —
rante algun tiempo, sus alas cansadas hasta que vivificada por
un corto sueño, adquiera una energía inmortal,
Y tome su vuelo con la rapidez del águila hácia el Sol de
una perfeccion inaccesible.
LAS BAGATELAS,
Una más, dice el Insensato, una más es tan poca cosa!
Una hora más de locura, ¿qué es uno en tan gran número?
Ciega su conciencia con mentiras, "y sorprende el corazon
multiplicando la duda;—
¿A quién perjudica esto? un pequeño mal produce un gran
bien;
¿Mis pensamientos no son mios? ninguna seña dejan tras
de sí;
Si perdona así el crimen, ¿estos pecadillos lo tocarán?
Así peca el desgraciado, poco á poco sucumbe,
Hasta que hundiéndose el terreno á su derredor, cae deses
perado en el abismo.
Es que, nada es pequeño en la tierra, para engendrar gran
des cosas,
Y no hay desvío que no pueda para siempre, trastornar el
buen camino.
El árbol sin marca, primero era semilla, y el polvo inclina
el pesillo;
Cada uno arroja su piedra, esta barra peligrosa á la entra
da del puerto, no es más que un grano de arena;
Y el arrecife que ha destruido escuadras, es la obra de una
colonia de gusanos.
¡Sí! es una vil mosca que vuelve furioso al elefante;
— 63 —
Y débiles arroyos á fuerza de correr destruyen la roca.
Hombre, no eres nada, y tú luchas con tus hermanos por
unas pajas,
Pues átomos sobre átomos se acumulan, ántes de que el cri
men sea un jigante.
Aunque tu servidor sea un perro, no te apoderarás del
puñal,
Ni te reirás con los contempladores, ni harás traicion á los
inocentes,
Pero si tu corazon se entrega álos sueños de la injusticia y
de la cólera,
Y si en tu delirio recorriendo los laberintos del crimen,
Concibes su posibilidad, te imaginas que se ha cometido,
Y te acostumbras poco á poco á mirarte como un bandido,
El crimen no quedará sordo á la voz y al corazon que lo
invoca,
Y si los retoños que se han vuelto veneno, maduran, amar
ga será tu afliccion.
La Chispa que no es mas que lma molécula, puede incen
diar un mundo:
El oceano es inmenso, pero esta inmensidad está compues
ta de gotas.
No desprecies lo que es pequeño, sea por el mal ó por el
bien;
Pues una mirada puede arruinarte, una palabra puede en
riquecerte,
Un paso á derecha ó á izquierda, un atraso, una diligencia
fortuita,
Ha destruido, ha salvado la vida, ha derribado y ha esta
blecido fortunas.
Confía á Dios el cuidado de tus simplezas, pues á sus ojos
nada es trivial;
Y por ser el hombre pequeño, no ve la grandeza de las co
sas pequeñas.
Todo lo que existe es infinito, lo mismo en lo moral como
en lo material,
Y nada inmenso existe, que no esté compuesto de átomos.
Eres sabio, y tu vida será muy dulce, si en laa bagatelas
buscas el placer,
— 64 —
Pues modestos goces, á menudos reiterados penetran el co
razon, como los rayos de un hermoso sol:
Eres sabio, si tu alejas los cuidados frivolos, no sufriendo ya
' que sus aguijones te hieren.
No pongas tu mano en la zarza sino cuando tengas el guan
te puesto.
No desprecies nada de lo que la Providencia siempre sábia
ha prescrito;
Así, ten en consideracion todo lo que suceda, sea á tí como
á tu prójimo.
Quizas el guerrero que rechazó á ejércitos enteros, morirá
de la picada de una aguja,
Y que el santo que no temia las llamas, perecerá víctima de
un pensamiento.
Los pequeños placeres son los arroyos que llenan el lago
de la dicha,
Y la miseria más completa es una sucesion de pequeñas
penas.
El insensato nada observa, á sus ojos es un sabio;
El sabio repara todo, á sus ojos es un insensato:
El que de nada se sorprende no tiene la capacidad de ser
feliz:
Pero el que examina las bagatelas tiene en su mano una
provision de placeres.
Si la peste infesta el pais, es la plaga de Dios, segun decís:
¿No es tambien su plaga cuando el pulgaron se arrastra so
bre una roca?
Si el pellon se desprende de sus Alpes, temblais: es la vo
luntad de la Providencia:
Cuando las hojas secas caen del pople, ¿no se ocupa de ello
esta voluntad? —
Una cosa es grande ó pequeña sólo en el pensamiento de
los mortales,
Pero, fuera del cuerpo, todas las cosas son igualmente de
importancia.
El Anciano de los Dias anota en su libro los discursos fri
volos de un sér creado,
Y el hombre para el cual nada es bagatela, es el único fe
liz, el verdadero sabio.
-65 —
EL . RIDICULO,
Los rayos del pensamiento para la frente del sabio, y los
surcos de la risa para el rostro del insensato;
Pues todo lo que entra en el alma deja una traza: y el es
pejo del espíritu es fiel.
¿Ves en la mejilla una alegría excesiva? es que la práctica
de la virtud es poca cosa;
Puesto que el que considera el mundo, no puede regocijar
se, si él mismo es bueno:
¿Reparas en el ojo mucha seriedad? no asegures encontrar
allí la sabiduría;
Pues ella es demasiado célebre, para no tener muchos ad
miradores.
Existe una locura con porte grave; igualmente existe una
sabiduría sonriente;
Y que importa, si los jueces superficiales la toman por fri
volidad.
Es verdad que el exceso es un mal, y puede ser que el ca
mino quede demasiado tiempo solitario;
Sin embargo, á menudo la alegría no es para el alma vigo
rosa sino un velo de espuma ligera:
Y ten cuidado con esta verdad, — el que está solo, es el
pensativo más sutil,
Desde que se halla libre y el espíritu suelto, es el que más
se rie.
Así, vemos la amabilidad de la Sabiduría felizmente refle
jada en un rostro alegre,
Es natural que los estanques más profundos estén marcados
por los remolinos del agua;
Pues el verdadero filósofo exige una vida inocente,
9
— 66 —
Y el espíritu sin reproche es más liviano que el corazon de
la alondra;
Nada embellece al hombre, como una conciencia pura;
El ojo brilla de confianza, la afeccion desplega la mejilla,
Ningun cuidado ha arrugado la frente, y el labio triunfa de
alegría.
En Cuanto á la locura do porte grave, es inútil buscarla,
héla aquí! i
¡Qué encanto tienen las bagatelas para sus ojos apagados!
¡Cuántos suspiros, cuántos lamentos por unas suertes que
ya no existen!
¡Cómo insiste en gemir. sobro unas desgracias sin remedio!
He conocido á la verdadera alegría, hija de la inocencia y
de la Sabiduría,
He visto la falsa gravedad, liga de la inocencia y del
crimen:
Tambien he visto la falsa alegría, nacida de la indeferencia
y de la locura,
Y he visto la verdadera gravedad, fruto de la reflexion y
de la justicia temida.
La perdiz herida se oculta en un surco, y la conciencia ti
morata busca la soledad;
Pero cuando está curada su herida, corre con sus semejan
tes, aquí y allí:
En vez que la garza real solitaria, oculta en los juncos de
los pantanos,
Se está léjos del mundo social, no meditando más que crí
menes.
Para desafiar lo que tanto se teme, la risa del mundo, no se
necesita más que un grano de filosofía;
Pues el espíritu pequeño busca la fama, á fin de dar valor
á su pobre persona;
Pero el desden de nuestros camaradas pone á prueba el va
lor más determinado,
Y las burlas de nuestros parientes son como una víbora en
el nido:
En la risa del mundo que se burla hay algo de sublime,
Pero la risa ahogada de nuestros hogares pica como una
avispa.
— 67 —
Se ha hecho el elogio del ridículo, lo han nombrado la prue
ba de la verdad,
Pero no es esto espiritual ni juicioso; pues es preciso que
la verdad pruebe el ridículo:
De otro modo, un jóven atravesaría la armadura impenetra
ble de la razon,
Porque la ignorancia estúpida lo ha tomado por una Hecha
despuntada.
La piel del rinoceronte es ménos dura, que el corazon de la
incredulidad burlona;
Y la verdad la atañe tan poco como la caña emplumada del
Bosman.
Una burla pára un golpe que habría herido la conciencia,
Y las miradas del humor tocan el espíritu pueril:
Es que la locura predomina á menudo en el hombre,
Y no puede mucho tiempo sufrir las miradas escudriñado
ras de la Sabiduría.
Más gusta ver la risa en la mejilla' que las arrugas en la
frente,
Y en un millar de hombres no se hallará uno cuyo ídolo no
sea el placer.
El ridiculo es una arma que nada puede contra uu ahna
fuerte,
Pero los hombres medianos son cobardes, temen la risa, y
n0 es nada.
Teme la ortiga, y tócala ligeramente, su veneno te abrasará
hasta los hombros;
Cógela sin temor, — ¿no es un ramillete de mirra?
Deja entrever un temor bajo del ridículo, y encontrarás
bastantes insensatos que se burlarán de ti,
Pero que el desden sea tu respuesta al sarcasmo, y los bur
lones te lamerán los' piés.
-68 —
LA TEINIDAD,
Calculador sutil, no desprecies al Dios que el fiel adora,
Y en tus locas especulaciones, no niegues la unidad de
tres.
No olvides el símbolo del cristiano, aunque no puedas re
solver tus dudas;
No pudiendo ser la vanguardia de la le, la razon la sigue.
Está escrito; hé aquí porque creemos, sin llegar á la evi
dencia exterior,
Pues que los misterios impenetrables son las prerogativas
de la divinidad.
La razon nada tiene de positivo, la fé no tiene nada dudoso;
Y el colmo de la sabiduría incrédula es el dudar de todo.
Cuanta más maravillosa es una doctrina, más se regocija
la fé, más adora;
Pero si todo es claro, ¿de qué sirve la fé?
Hazme el sumario de tus conocimientos, ¿estás seguro de
un solo hecho?
No desprecies lo maravilloso, pues en tu derredor todo es
maravilla.
Tú dices: de la multitud de efectos semejantes, deduzco
una ley:
Y confiesas que la materia que juega contigo porque es
indestructible, es un elemento.
Si es así, te ruego que consideres la analogía universal,
El Creador habiendo impreso su nombre en todas las obras
de su mano;
No conozco materia ni espíritu, que no sea uno en tres,
Sin esto, seria á mis ojos una verdadera maravilla, una mo
neda sin la efijie del César.
— 69 —
El Hombre se dice ignorante, ii0 por eso se cree ménos sabio:
Toma su conjectura por una verdad, y so burla de las opi
niones ajenas.
Sufre sin embargo, que un hermano cuyo espíritu es mé
nos sutil que el tuyo,
Te comunique las especulaciones fugitivas que la analogía
de la fé sugiere.
El semejante produce su semejante, y el gran mar de la
Existencia
En cada una de sus olas innumerables, ofrece un, espejo á
su Creador:
El semejante produce su semejante, y el árbol expansivo
del sér
En cada una de sus hojas revela la trinidad de Dios.
Que aquel cuyos ojos están abiertos, cvuelva á leer esta ho-
irielia en todo lo que ve,
Y tú, cuya vista está aún empañada, no desprecies aquel
que lee:
Hay tres grandes principios: la vida, la generacion y la
obediencia;
Representado en todas las criaturas, el Espíritu, el Padre y
el Hijo;
Hay tres grandes unidades, diversamente mezcladas de
tres en tres, '
Tres divisores universales de los millares de sumas que
ofrece la materia;
Y aun cuando la ciencia, • subida en la escalera de la expe
riencia, no la hubiera visto,
La fé delante del trono de Dios, promulga esta verdad;
No hay más que tres elementos en los productos de la na
turaleza,
En el pino, en la roca á la cual está unido, y en el águila
que vuela á. su derredor,
En el leon, en la ballena del norte y en los mares donde se
divierte; *
En el lagarto que duerme al sol, en el relámpago que surca
los aires;
En la rosa, en la perla y el rubí, cada uno está compuesto
de tres; '. •
— 70 —
Y estos tres son los mismos ingredientes, mezclados en pro
porciones desiguales.
Tú mismo, vuelves á hallar en tí el cuerpo, la vida y el alma;
La materia, el soplo, el instinto se hallan reunidos en todos
los animales;
La sustancia, la cohesion, la gravedad, constituyen los edi
ficios de la tierra.
La voluntad, la operacion, el acto, concurren á producir un
hecho;
Tallo, hoja, flor; principio, medio, fin; j
Causa, circunstancia, consecuencia; cada una de estas tri
nidades es una,
Sí, en el soplo del hombre mismo, hay una trinidad de va
pores,
Y la luz del medio dia, sombra de Jehová, uno en tres, en
un sér compuesto,
¿Será todo lo demás un misterio, y Dios comprendido?
¿Penetrará el finito al infinito, (51 que no ha podido sondear
los misterios de la creacion?
¿Comprenderá el hombre al que lo ha hecho, aunque su
propia naturaleza sea un enigma para él?
¿Enseñará el tiempo la leccion que la eternidad es incapaz
de explicar?
Sí, Dios no es sino uno y nada más, esta nocion está á la al
tura de un niño:
Pero los serafines no han podido aclarar el misterio admi
rable de uno en tres.
El es verdaderamente uno, pues no puede haber más que
un todopoderoso;
Los oráculos de la naturaleza y de la religion, sin embargo
lo proclaman tres en uno;
¿Qué habría ganado tu alma ¡oh desgraciado! extraño en la
tierra,
Al vano espectáculo de la cruz, si ningun sacrificio se hu
biese ofrecido allí por tí?
¿Qué habria ganado tu corazon enfermo, al movimiento del
agua de aquella Bethesda,
Corazon entumecido, paralizado por el veneno de aquel es
corpion, el pecado?
-71-
La trinidad de tu naturaleza, encadenada por una triple
muerte,
Destituida de todo socorro, pide á su Dios una triple sal
vacion ;
El alma, el ser reconciliada por el amor: el espíritu, el ser
glorificado en la luz.
Miéntras este pobre cuerpo se precipita en la vida.
Y si es verdad que este rescate precioso ha sido pagado
por todos,
¿Un sér arriba de Dios, poseería semejante tesoro?
Tú tienes una idea alta de tu penetracion, pero la Sabiduría
to estima como insensato,
Resuelto á no arrodillarte delante del Sér que tú no sabes
comprender:
Seria preciso ser dotado de un espíritu igual á la perfec
cion para concebirla;
Y la razon rehusa su homenaje á un Dios del todo com
prendido.
Tú que desprecias el misterio y nada puedes explicar,
. ¿Por qué rechazas el hecho que resuelve el enigma de to
dos los séres?
¿Por qué velarte los ojos, por temor de que el sol de la re
velacion los alumbre,
Y apartar la llave que abre la caja de la verdad?
El carácter y la naturaleza de Dios están representados en
todas sus obras,
Y nadie hubiera adivinado su esencia, si él mismo no la
hubiese revelado.
Así, hijo de la locura, tú que desdeñas el oráculo, de su sa
biduría,
Aprende de las conformidades de la naturaleza el milagro
necesario de la Divinidad:
Que el pagano que adora á varios Dioses, sea tu ins
tructor,
Pues no hay error dominante cuya verdad no sea el origen:
. Conténtate con lo que tú ves; tú no puedes ver á un tiem
po todos los lados de un cubo,
Y tu espíritu no puede ocuparse al mismo tiempo de dos
ideas:
— 72-
Existen ya muchas maravillas en tu símbolo, si tu crees lo
que ves,
Y la presuncion de tu inteligencia no debe impedirte de
adorar el misterio.
LA ESCRITURA,
La Pluma del escribiente diligente, ¿á qué se puede com
parar?
Pregunta al sabio, te contestará: — á las cadenas que atan
á Proteo:
Pregunta al poeta, dirá: al sol, á la lámpara de los cielos:
•Pregunta á cualquiera, contestará quizas: al amigo que re
vela mi pensamiento:
El comerciante reflexiona ántes de contestar: nos dice que
es un buque cargado de tesoros;
Segun el teólogo, es un milagro, hace hablar á los mudos ;
Fija, desenvuelve y disemina el sentimiento.
Encadenando un pensamiento, explicando el misterio y de
volviéndolo al mundo con nuevo explendor.
Pensar justo, e's saber hablar fácilmente, es un don de la
naturaleza:
Adelantar en leer, es atencion; pero escribir bien, es cos
tumbre.
No existe talento entre los hombres que tenga más discípu
los y ménos maestros:
Pues escribir, es hablar fuera de lugar, y no hay intérpreto
á nuestro lado.
Si quieres ser exacto, escribe; si quieres acordarte, escribe;
si quieres conocerte, escribe;
— 73 —
En cuanto á la oracion escrita, es la oración de la fe; espe'
cial, firme, y Dios la atiende.
¿Corre un pensamiento por tu cerebro? apodérate de él;
U otros pensamientos se pararán alli, y en el acto aquel to
mará su vuelo.
La unidad incomplexa de tu alma, causa y prueba de su
inmortalidad.
Entrega por un momento su sér á un solo pensamiento;
Así es, si quieres conservar tus ideas, y hacerlas estables y
sólidas,
Escribe á menudo en secreto: así crecerás en sabiduría.
El espíritu más comun está lleno de pensamientos, á veces
serian dignos de los espíritus raros;
Y si los vieras claramente redactados, su riqueza te sor
prendería.
¡Oh Compensacion preciosa á los mudos, de escribir sus ne
cesidades y deseos!
¡Oh recompensa querida á la lengua del tartamudo, de tra
zar él mismo sus abrasadores pensamientos!
De pertenecer al colegio de la Elocuencia, merced á estos
símbolos silenciosos;
De desahogar el torrente del alma, sin tomarse la pena de
hablar;
De ofrecer al mundo hablador, el modelo de una elocuen
cia más armoniosa;
De demostrar que el comercio de las palabras no es el mo
nopolio de la sabiduría,
De tomar una dulce venganza de esta masa de habladores,
la ignominia de nuestra lengua,
Por el triunfo resplandeciente de la pluma, por el homena
je hecho á un escribiente.
Hé aquí porque este telégrafo del alma nos es más querido
que el oro y la sabiduría,
Poniéndonos en estado de agradar sin ofensa, y de dar sin
humillacion.
Hija de los campos cuyos ojos están deslumhrados por la
escritura informe del amor,
Que tu frente radiante y tu mejilla bermeja, confiesan en
este feliz momento, —
10
— 74 —
Que tu corazon henchido, pobre culpable, que recibe el ac
ta de perdon, —
Que tu rostro alegre, ¡Oh tierna madre! que las noticias del
niño que está tan léjos de tí inundan de lágrimas. —
Que tu gozo noble y grande, pobre aislado,
Cuando la dulce voz de tu novia te dirige la epistola de
afeccion, —
Que el jóven poeta altanero por su delirio, encantado por
la esperanza ( ¡qué ilusion!) de la celebridad,
Cuando medita nuevos versos, durante las veladas, —
Que el niño con la frente serena del genio, cuyo nombre jn-
máa morirá,
Porque trascribiendo su alma, inmortaliza sus pensamien
tos, —
Que éstos, que todo el género humano, no con débiles elo
gios, no con agradecimiento ligero, confiesen los beneficios que
la pluma del escribiente diligente esparce en la tierra.
Además, el deseo que estos beneficios inspiran, cuando vie
nen á faltar, prueban su excelencia,
Cuando el amante desespera, de dia en dia espera la pala
bra consoladora, la palabra que esta mano ha trazado,
Y maldice amargamente el alba que aún lo engaña:
O cuando la respuesta tanto tiempo diferida prueba que la
amistad se enfria,
Y el alma entregada á las sospechas está atormentada por
dudas inexplicables,
Miéntras que tu corazon desgarrado cuenta sus llagas ima
ginarias,
Eres el inocente y la víctima, y tu amigo caprichoso el uni
co culpable:
O cuando pides con Instancia los socorros que tú nece
sitas,
Tu peticion es descuidada, ni siquiera abierta, y la demora
te impacienta y cansa:
O cuando el silencio de un hijo que debería haber anuncia
do su prosperidad,
Derrama la consternacion en el corazon de un padre.
Una carta'escrita á tiempo, es el ribete de la cadena de la
afeccion,
— 75 —
Una carta diferida fuera de tiempo, es el verdin de la sol
dadura.
La pluma de la cual corre el amor, ó que está mojada en la
Mel y el odio,
O, guarnecida de atenciones, ó destruida por ásperas cen-
sm-as,
Ha engendrado más bien que el sol, más mal que la espada,
Más alegría que la sonrisa de la hermosura, más dolor que
el infortunio;
Y si tú pides que yo indique lo que á mi parecer seria más
útil en el mundo,
Hé aquí mi respuesta: Una carta escrita á tiempo.
La Hora en la cual tomastes nota, no está perdida;
El pensamiento que á media noche redactas, redimirá todo
el dia;
La idea es como la sombra que huye, hi palabra es un vien
to que toma vuelo,
La lectura una distraccion dela cual se pierde el recuerdo;
mas el escrito es eterno:
Pues en él, aunque muerto, vive el corazon; la lengua fria
y sin vida elocuente,
Y la mirada penetrante de aquel que lee, está destruida por
la caña del escriba.
Como un hoyo en la roca, ó una medalla en el cimiento de
ima ruina,
El símbolo de los pensamientos anuncian la muerte de una
alma:
La estatua atesta la mano creadora del artista y el cuadro
el ojo ejercitado del maestro,
Y lo mismo, el alma de un hombre como nosotros está em
balsamada en sus escritos.
— 76 —
LA PALABRA.
La Palabra, cosecha de oro, sigue ala flor del pensamiento;
Sin embargo, á menudo existe mucha paja, y el grano es
raro y malo:
La palabra es el audor de la razon, y una de las prerogati-
vas reales del hombre, que lo asimila á su Maestro: Habló y to
do se hizo:
El espíritu puede unirse al espíritu, pero el sentido exige
un símbolo;
Y la palabra es el cuerpo del pensamiento, sin el cual ella
seria invisible.
Guando paseas, solitario y pensativo en los bosques verdes,
Enuncia en alta voz tus sentimientos, dándoles el sér y la
forma;
Pues el que medita en secreto llena el depósito de su alma,
Y aunque coja grandes tesoros, son de ningun uso.
El hombre que habla demasiado poco, que piensa y profun
diza mucho,
Corroe las fibras de su corazon, y priva á sus semejantes
de lo que les debe;
El hombre que habla demasiado, y no reflexiona sino poco
ó nada,
Gasta su vida en palabras, y los hombres le miran como
un insensato;
Pero tú, cuando has pensado, urde con cuidado el tejido de
la meditacion,
Y reviste el espíritu ideal del traje que le conviene, la pa
labra.
Proferido fuera de tiempo, ó suprimido fuera de lugar, el
bien participa del mal;
— 77— .
Amar el misterio, se parece al crimen, abrazado por una
virtuosa indignacion,
He visto á menudo el corazon honrado excitar una guerra
inútil, merced á la temeridad de la lengua su intérprete ;
He visto el hombre caritativo seguir su mision con un mo
do tan astuto,
Que aquellos que le encontraban al crepúsculo, le tomaban
por un ladron;
He oido á cierto jóven entusiasta, revelar secretos piadosos
Delante de un populacho grosero, que de él se burlaban,
Y me ha parecido, que en el momento que una reserva jui
ciosa hubiese podido ganar su simpatía,
Su franqueza indiscreta endurecía á los burlones:
He pronunciado un fallo temerario y duro contra la mano
liberal en secreto,
Porque ha creido que la economía al aire libre es una
virtud:
Y he condenado la lengua taciturna, porque la reserva la
ha condenado,
De lo que ella ocultaba, hasta á un hermano, la bondad que
ha aliviado tantos males.
No se necesita trompeta, ni mucho ménos el ruido de tus
pasos;
Haz el bien abiertamente, no como si fuera un crimen,
Porque calumniarian el bien que haces por causa de tu
silencio injusto.
Si te desafian, habla y da las pruebas de tu bondad.
El egemplo de una atencion que sin darse demasiada im
portancia, no se oculta,
Grita al oido de la indolencia, Vé, y haz lo mismo:
El pecado del hipócrita es más atroz desde que el hombre
piadoso oculta su luz por temor;
Pero ni Dios, ni el hombre, te han dicho de ocultar tu virtud;
Cuando una palabra á tiempo te colocaría en tu esfera don
de todos te verían brillar.
Atribuye el honor á tu Dios, pero no seas celoso de este
honor,
Y no lo estimes frivolo y vil, porque tú mismo no puedes
revestirte de él:
— 78 —
Acuérdate que tu gran prerogativa es la expresion libre y
sin trabas,
Y no permitas que en la marea alta, las compuertas del
sentir demoren el rio de tu palabra.
Acercate, y te daré parte de una afliccion que no está con
tada en las penas de este mundo.
Aunque sea real, pesada, encarnizada, envenenando la copa
de la vida.
Hay hombres que meditan mucho, el fuego abrasa sus co
razones,
La elocuencia espera en los labios, pero no habla de sus
lenguas:
El zelo anima á algunos y la calumnia indigna «e apresura
á contestar,
Que la necesidad obliga á pedir, á aquellos á quienes la
piedad confia su mision :
Pero el temor, la vergüenza, la excesiva susceptibilidad,
hielan la corriente de sus discursos:
La boca está cerrada con plomo, el corazon gime bajo un
peso de hielo,
En el momento crítico, la promesa del poder es aún violada,
Y se levantan impotentes en cuanto á la palabra, trabajan
do en pensamientos que no pueden nacer:
El valor tiembla á la puerta, la Sabiduría no tiene voz ya;
El que vino para consolar es él mismo un objeto de piedad,
el que debia censurar, nada dice:
Y los insensatos, en vez de escuchar é instruirse, miran y
se den;
Miéntras que unos amigos complacientes hieren á lo vivo
por el exceso de su compasion:
El pensamiento que no tiene salida roe el corazon,
Y falto de un sonido vano, el hombre está fuera de su es
fera.
Hay muchos cuidados, muchas penas, de las cuales no has
.llevado cuenta,
Y es con razon que tu alma se complace en el feliz privile
gio de la palabra;
Pues faltar la palabra á cada momento, — es una necesidad
que tú no concibes;
— 79 —
Es como si el aliento ó el pan te faltara; la vida no tiene
pena más provocadora;
Acércate y te participaré de una alegría que los parásitos
de la voluptuosidad no han conocido, /
Aunque el aire, la tierra y el mar, hayan satisfecho sus ape
titos groseros.
¡Mira como su ojo brilla, como su mejilla se colorea!
¡Qué torrente magestuoso de palabras con alas! cómo vuelan!
Pues la expresion completa de un pensamiento sublime, de
un argumento vigoroso y triunfante,
El choque de la elocuencia espontánea, irresistible, como el
Niágara,
El interrogatorio diestro, la respuesta clara, la imágen poé
tica y graciosa,
La analogía buscada, el hecho sorprendente, la metáfora li
bre y atrevida,
La fuerza del entendimiento concentrado moviendo el po
der de la verdad,
La grandeza de su lengua en la magestad de su alma:
Defensor del justo, patriota ó sacerdote, abogado de la ino
cencia,
En tus labios la abeja mística ha destilado la miel de la
persuasion,
Un carbon encendido tomado del altar ha tocado como
otras veces, tu corazon y tu lengua:
Y tu paz, ¡cómo se extiende á lo léjos y cuántos placeres
bebes!
Cuando tienes como si no fuera más que un hombre, el vas
to auditorio que respira,
Mil séres cuyos ojos brillan sometidos á tu voluntad:
Mil corazones abrasados por el fuego sagrado de la palabra,
Las hecatumbas espirituales que se inflaman, ofrecidas en
la montaña de Dios:
Sin embargo, si tú callas, ¡qué estremecimiento! — no viven
sino de tus palabras, —
Has roto el dique de tu personalidad, como el Nilo cuando
se desborda,
Tu confias en ellos, una fé, una esperanza, un espí
ritu,
— 80 —
No respiran sino tu aliento, sus almas te prestan una obe
diencia pasiva,
Llevas la llave de su amor, doblas sus afecciones á tu vo
luntad,
Y todos ligados por simpatía, se estremecen de emociones
tumultuosas:
¡No lo dudes, mortal! si tu argumento es la verdad, un tro
no en medio de los arcángeles será tu recompensa.
LA AMISTAD.
Como el hielo es al boton y la miel á la flor, tal es el inte-,
res personal á la amistad:
Pues es imposible que la Confianza habite en donde el
Egoismo guarda la puerta.
Si tú conoces que tu amigo se prefiere á todo, tú no tienes
ninguna garantía de su buena fé;
Y si tú buscas tu propia ventaja, perjudicas á la confianza
de tu amigo.
La lisonja oculta su rostro cuando la amistad se sienta á la
mesa:
La puerta se cierra á la sospecha, y el candor es bien ve
nido:
Pues la amistad aborrece la duda, la confianza recíproca es
su vida,
Y si una alabanza artificiosa prueba el designio del que la
busca, ella perece en seguida,
Es posible que un hombre te haya prestado algun servicio,
Del cual sin embargo, no deseas la amistad;
Es que unas bagatelas componen la suma de la vida, y que
á pesar de la importancia de BUS beneficios,
— 81 —
Aunque no te rehuse su bolsillo ni áun su todo, en tu ma
yor necesidad,
Si por todo esto, vuestros caractéres no pueden simpa
tizar,
Jamás le 110maijs amigo, aunque el reconocimiento inunde
tu corazcn,
El hombre duro destruye cruelmente el alma sensible de
su hermano;
El espíritu madiano se fastidia pronto de la compañía mo
nótona de la sabiduría;
El alma débil no se atreve á seguir la traza del vigor y de
la decision;
Y el mundano mira con ojos desdeñosos lo que parece ser
la locura de la fé.
La montaña está compuesti de átomos, la amistad de pe
queñas cosas,
Y si los átomos se desunen, la montaña cae en polvo,
Acercate, y te mostraré un amigo; te haré el retrato de un
hombre digno de tu confianza.
Tu corazon no lo repugnará; no lo despreciarás en secreto.
Necesitas tiempo para conocerlo, para desenredar el hilo
de su valor;
Y no te deslumbrará á primera vista, para despues eclip
sarse para siempre,
Pero, primero pequeño, se eleva poco á poco, y llega á la
altura de tu estimacion,
El se acuerda de que tú no eres nada más que un hombre;
no espera de tí grandes cosas;
Y su cortedad para contigo te advierte en silencio, las con
sideraciones que tú le debes,
El no desatiende ni política, ni atenciones;
Jamás se burla de los defectos ajenos, ni se abandona en tu
presencia, á duras calumnias:
Si lo hace, ¿cómo sabrías tú que no eres el objeto de su
ironía?
El no te oculta ningun secreto, y en cambio no rechaza los
tuyos;
El parte sus alegrías contigo, y se complace en sufrir su
parte de dolores.
11
— 82 —
Hé aquí otro de sus méritos, él te ama demasiado para de
jarte ver las corrupciones de su corazon:
Pues, lo mismo que un mal ejemplo fortifica las manos del
malvado,
Así, hacer alarde de tus vicios, es un veneno secreto para
tu amigo:
Esto tranquiliza un mal natural, y no se le resiste entónces
sino débilmente,
Si nos apercibimos que el amigo que distinguimos es más
culpable que uno mismo.
Oigo á unos amigos comunicarse sus emociones; hablais de
la abundancia del corazon,
Y DO siendo más que hombres, reclamais como tales, las
simpatías de la humanidad;
La confianza abre los labios, los ojos brillan de indulgencia,
Esta lengua no se alaba, la bondad hace la alegría de este
corazon,
Y el amigo no se está en una montaña haciendo señas á au
compañero para que lo siga,
Pero unidos, la subis y llevais la carga juntos.
Vuestras esperanzas, vuestras aspiraciones, las confidencias
de un corazon ardiente, hé aquí vuestro entretenimiento,
Os revelan por un feliz cambio, los tesoros secretos de la
afeccion,
Prestais oido á la voz que canta, pronunciais en voz baja
palabras consoladoras,
Y aunque seais dos, hablais en voz alta, como si fuerais
solos.
Al escogerte un amigo, se circunspecto, y sobre todo ten
consideracion á su posicion social,
Pues la escala graduada de los rangos está conforme al or
den celeste;
Si un hombre de baja condicion llega á ser tu amigo, calen
tándose á los dulces rayos de tu confianza,
Sabe que has cogido penas para tu vejez:
Pues si te rebajas á su nivel, tus parientes te despre
ciarán,
Y este ser abyecto que has tratado con tanta delicadeza te
abandonará en tu lecho de muerte.
— 83 —
Aun cuando llegarias á las dignidades, aspirando á la socie
dad de los príncipes,
¿Qué eres, sino un estribo, aunque tan próximo al trono?
¡Oh junco en medio de los lirios! sabe que no eres sino una
mala yerba,
¡Oh zarza en medio de los cedros! el desden te consumirá
en su furor.
En cuanto á mí, amigo mío y discípulo, escoge en tu propia
condicion,
Y no hagas de tu criado ó de tu maestro uu amigo íntimo;
Pues en medio de los hombres, la amistad sola es la verda
dera república,
En donde el servicio es igual para todos, y donde todos go
zan del privilegio de mandar:
Sin embargo, á mi parecer, no te franquees con nadie sino
con reserva,
Por temor de que no te arrepientas algun dia, si el pérfido
se vuelve contra ti :
Más de un apóstata ha hecho traicion á la confianza incon
siderada de la amistad,
Y doblado el secreto del alma segun sus miras interesadas.
La Ausencia fortifica la amistad, si los recuerdos que de
ella se conservan son dulces;
Pero á ménos que el vino esté bueno hasta el fin, la ausen
cia la debilita diariamente.
La fé es una cosa rara, y la amistad es una maravilla en
medio de los hombres,
Sin embargo, llaman amigos á extraños, y dicen que creen
cuando dudan.
Las horas que se emplean en fomentar la afeccion no están
perdidas;
Pues el amigo es más que el oro, precioso como los tesoros
del alma.
Economizalos preceptos, enseña más bien con tu egemplo;
Herirías quizas la vanidad del hombre,
Hay hombres que jamás han tenido amigos, porque eran
groseros é interesados,
El amor del mundo, la apatía y el orgullo no dejan sino po
cos hombres de mérito:
— 84 —
Pero el que tiene la estimacion de todos, jamás le faltará
amigos;
Pues la filantropía suspira por un corazon en el cual pueda
tomar raiz y florecer.
Oigo sin embargo, al hombre sensible quejarse del frio ne
buloso,
Que las brumas del interes derraman en la sociedad.
Se entristece con razon; pues la mentira ha ultrajado su
confianza.
Y las aberturas de su corazon están rodeadas por las es
pinas de la sospecha.
¡Ay cuán pocos amigos hay que justifican la esperanza do
la caridad!
¡Cuán raros son los hombres que se olvidan por el amor
ajeno!
Cada uno busca su ventaja, y mira á sus hermanos como
rivales,
Disfrazando la envidia con la amistad, para llegar á un fin
secreto.
Pues es llamar amigo al que no os enemigo declarado,
Y los convidados so parecen á unas colmenas, miéntras -la
abundancia preside el banquete,
Son cuervos al rededor de un cadáver reunidos para el
festin,
' Pero un ruido repentino los alarma, y al instante no son
sino puntos negros en las nubes.
Los que merecen tu confianza, ¡oh hombre sensible! son
en corto número;
Pero no llores, pues existen algunos y éstos son para tí;
Este mundo de hielo es para ellos una morada triste y es
téril,
Y buscan á los que se parecen á tí; son pocos:
Pues aunque no existe hombre que no sea susceptible de
amistad,
El hombre que la verdad califica de amigo es un pródigo.
-85 —
LA TOLERANCIA,
El Hombre prudente, en una calle donde la multitud se con.
funde, se abre un camino con dulzura,
Sin rechazar groseramente al extrañ o que se halla en su
camino:
El sabe que una precipitacion ciega no seria sino un obs
táculo y que excitaría la oposicion;
Sin embargo, no cede, el rostro vuelto hácia su objeto:
Lo mismo en el conflicto de las opiniones, que en el gran
camino lleno por la inteligencia,
Cada uno debe consultar su vecino y concederle su derecho.
Términos mal definidos, formas mal comprendidas y cos
tumbres cuyas razones están ignoradas,
Han provocado á muchas almas entusiastas al combate
contra gigantes imaginarios;
Pero la Sabiduría escucha hasta el fin, y á menudo, tal es
la viveza de su percepcion,
Ella vuelve á encontrar bajo un disfraz extraño, la verdad
preciosa que busca;
Así, deja al juicio ó á la fantasía, el hábito y el modo de
presentarse,
Encantada de ver tan cerca de sí, el objeto de su amor.
No existe semejanza en la naturaleza que no tenga tambien
su diferencia,
Además no hay dos bayas del todo semejantes, aunque ge
melas en un mismo tallo;
Ni una gota en el oceano, ningun galea en la playa, ningu.
na hoja en el bosque que no sea doble,
Ninguna alma en su morada mortal, ni espíritu en el mun
do invisible:
— 86 —
Por consiguiente, si la capacidad y la esencia difieren tan
to como el accidente,
Seria preciso ser supersticioso y partidario para desear lo
imposible, la unidad.
¿Es la paz que tú buscas? ¿quieres no luchar contra las olas
de la contestacion?
¿Quieres que estimen tu sabiduría, y obtener la amistad de
los hombres?
' Conserva al error modesto, el ojo amenazador de ceu-
sura,
Y no dirijas á cada momento hácia tus semejantes, el an
teojo de la verdad:
No te digo de comprometer lo que es justo, no quiero que
animes á lo que es injusto,
Pero de un corazon caritativo presta el oído a las razones
de un juicio sincero;
Pues tú mismo has errado, y no sabes cuando tienes más
razon,
Ni el juicio de mañana. probará la locura de hoy:
Quizas vituperarás en otro lo que ántes eras tú mismo;
Quizas reprenderás con dureza lo que tú serás más tarde.
El hombre que tiene razones que alegar, merece que se le
conteste,
Pero el que combate por la victoria, no merecelas conside
raciones de la Verdad.
Mientras vive el hombre, puede corregirse: no mires á tu
hermano como reprobado;
Cuando está muerto, no hay esperanza: no recuerdes sus
faltas.
Esperando que muera, el hombre es inmortal á tus ojos ;
luego no es nada;
No hagas tus enemigos de los vivos, y no saques una vil
venganza de los muertos:
Pues la vida es un juego de ajedrez, en donde el más pe
queño produce los mayores resultados,
El que juega mal, pierde, y puede suceder que un peon
asegure la victoria.
¿Tienes sospechas? haz para encontrar la certidumbre, pues
esperando, te castigas á tí mismo:
— 87 —
O por tu cólera irracional, te haces daño lo mismo que á tu
prójimo;
Y no olvidarás fácilmente, aunque la caridad te exhorte con
vivas instancias;
Provéete de pruebas, antes de que la desconfianza te apure,
Que el miedo te hiele la sangre, ó que los celos te vuelvan
furioso;
Pues una mirada, una palabra, un gesto, pueden tomarse en
buen ó mal sentido,
Segun la latitud de la interpretacion del amor, ó la fría ec-
sactitud de la sospecha.
La Injusticia con la sinceridad, vale más que la justicia con
la mentira;
Y el hombre prudente no sitiará el castillo de la supersti
cion ignorante.
Destruir un espíritu débil, seria un triunfo tan glorioso co
mo fácil,
Y una causa poderosa hace poco caso del vil sufragio de un
insensato.
Lo han visto unirse ligeramente al falso, lo verán agarrar
se cobardemente del verdadero;
La debilidad es la esencia de su alma, el junco no puede
llevar bellotas.
El hombre dotado de un poco de espíritu pasa por sabio
entre los tontos; x
El es el jefe de ellos, si cuenta con su admiracion.
La heregía es un mal, pues su oprobioos su orgullo:
Esta diferencia necesaria que constituye el error es el ca
rácter que ella estima más:
Concede todo al hombre, ménos la libertad, no te demos
trará ningun agradecimiento;
Y el suceso contra tu adversario será poca cosa si tú de
muestras los puntos que él admite.
La arena agitada por la tempestad trastorna las olas; y el
texto de la verdad hubiera sido claro,
Si las glosas humanas no hubieran oscurecido la sencillez
de la fe.
Reflexiona sobre tu ignorancia, y apodérate de la ocasion
de instruirte;
— 88 —
Pero no permitas que un exceso de liberalidad neutralice
la independencia de tu alma.
Por causa de sus faltas y de sus locuras, la muerte de la
mayor parte de los hombres es un beneficio:
Tú mismo eres un hombre de faltas y locuras;
Así, llora á los muertos, ó nadie te llorará,
Pues, la medida de la caridad que tú concedes á otro, será
derramada en tu propio seno.
Lo que te incomoda ahora, excitándote á odiar á tu her
mano,
Es preciso sufrirlo; el disgusto se desvanece, y quiz?s para
siempre:
Puede ser que las combinaciones y los resultados que mor
tifican tu alma hoy,
No se encuentren ya durante siglos enteros en el Kalei-
doscopio de las circunstancias;
Puesto que el hombre y las cosas varian sin cesar , nuevos
elementos se mezclan á cada momento,
Mudando como por magia, la aspereza en dulzura;
Un poco de explicacion, un poco de paciencia, un poco de
'idulgencia para lo débil del prójimo,
Y, hé aquí, los átomos separados se \ aelven á unir, como
las piedras pulidas de un mosaico.
Tú no puedes adaptar el alma de un extraño al tempera
mento de tu propio cuerpo.
No pretendas pues proveer tu cerebro de las nociones del
placer.
La Caridad camina" con pié firme, nada la hará desdarse:
La Caridad ve muy claro, aunque medio velados los pár
pados:
Todo el mundo alaba á la Caridad; no desdeñes este elogio.
Dios no te amará ménos por eso, y los hombres te amarán
más.
— 89 —
LA DISCRECION,
¿Por qué he nacido? ¿Seria para llenar el círculo del año
No sólo de esfuerzos diarios por un pedazo de pan, sino
tambien de penas y placeres sórdidos?
¿Para andar errante en este mundo lleno de luz y tinieblas?
De día, son los sueños del pensamiento severo, de noche>
son los sueños de la fantasía.
¿Seria para no ser mas que uno en la multitud? ¿Para bar.
renar la arcilla que me formó?
¿Para adornar la galería del arte? ¿para cultivar algunos
acres de bosque? . '
Para mucho más, alma mia, tu Dios te ha confiado la vida,
Ese noble objeto, ¿seria para nutrir el espíritu de conoci.
mientos,
Mezclar el vino de la Sabiduría para apagar mi sed,
Multiplicar las luces en las profundidades de mi corazon,
Cosechar el trigo puro de la razon en los surcos de mi ce
rebro?
Para mucho más, alma mia, tu Dios te ha confiado la vida.
¿Es para perfeccionarte en el arte de conducirte; para re
primir la voluntad irritable,
Para sujetar las riendas de los caballos fogosos de la pasion,
Para acoger en un corazon sin tempestad, al extremo si
lencioso de un desierto,
Estas visitas celestes, qué hacen feliz á un solo sér?
Para mucho más, alma mia, tu Dios te ha confiado la vida,
No cuidar más que de tu felicidad, es el objeto del idóla
tra y del malvado,
En la tierra y áun en el cielo, si no la buscas más que por
BÍ misma, buscarás pero no hallarás.
12
-90-
Es una flor á la cual gusta la orilla de los caminos, no cre
ce sino en el camino de la Utilidad:
Si la coges, se marchita en tu mano; si pasas indiferente es
el perfume de tu corazon;
No acaricies ya tu alma, no te cuides de tu bienestar;
Arroja á los piés el sérpol, se útil y se dichoso.
Asi raciocina el jóven ardiente: su conclusion es justa,
Y de repente, caballero errante del bien, parte, entra en su
carrera.
Los argumentos son el filo de su espada; en su casco está el
terror de las censuras;
Su panoplia es la fé; el celo abrasa su corazon;
Una cosa, sin embargo, le falta; es el Mentor del alma,
El dulce murmullo de la Discrecion; aún no es tiempo.
El golpea á un opresor, y la venganza del fatal golpe,
Vuelve sobre el cuerpo de su débil víctima:
Le gusta dar, distribuye limosnas; el pauperismo turbulen
to se regala,
Miéntras que la honrada industria, ocultando sus delgadas
costillas, muere de hambre.
Desafia á la Infidelidad, aquel gigante astuto,
Y vencido en este conflicto desigual, fortifica las manos del
error;
Se apresura á enseñar y predicar, como el corcel se preci
pita al combate,
Y si fuera necesario preparar las vías de la verdad, rompe
ría los Alpes de la preocupacion;
Presenta cantidad de pruebas cuando no se atañe á la razon,
E impone al oido que lo escucha, el argumento de la sensi
bilidad.
Así es como á menudo, á juzgar por los resultados,
Los amigos más celosos de la verdad, le han infligido tantas
heridas mortales.
¡Ay! es que existen bastantes enemigos por fuera, encanta
dos de parlamentar con un traidor,
Y algun entusiasta baja el puente levadizo, impaciente por
señalar su proeza:
¿Qué digo? hace una brecha en el castillo de la verdad,
Para tener el honor de cerrar la abertura con su vil cadáver.
— 91 —
El Celo sin reflexion es un mal aunque tienda al bien.
No toques el arca con tus manos manchadas, aun cuando
pareciera vacilar.
Hay malvados que hacen el bien; hay buenos que hacen el
mal,
E imprudentes defensores de la Sabiduría, la expusieron á
muchos reproches
El espíritu del hombre ofrece demasiados errores que com
batir para la verdad,
Pues la bruma de los sentidos es un velo espeso, y el peca
do desnaturaliza la verdad;
Sin embargo, la torpeza del oficioso campeon, desconcierta
la victoria;
Estas manos sangrientas fuéron heridas bajo el techo de sus
amigos:
Queriendo indicar el sentido de las palabras, su dedo las
borra;
Y la paja que aecha está en nuestros ojos, ántes de ver el
trigo.
Amontona pesados leños en un fuego que se apaga,
Y si la habitacion está incendiada, abre las ventanas;
Si el carro baja la colina, con el hombro lo detiene,
Y cuando fuera útil, el obstáculo empuja sin necesidad y
con toda su fuerza.
El Buque va á pique si la tempestad se lleva el timon,
Y es preciso mucho lastre para el alma que anda á toda
vela.
Toma una palanca por el medio y te parecerá que no tiene
poder,
Argumenta por la verdad con indiscrecion, y te atormenta
rás por una mentira.
Bastante lugar hay para un hombre apacible en la asamblea
más estrecha,
Mas el espíritu de discordia se halla con estrechez en cam
po libre;
Muchos instructores faltos de juicio, perjudican á sus lec
ciones;
Y una yerba amarga echa á perder el más sabroso manjar;
Un cisma temerario ha roto la túnica sin costura,
— 92 —
Porque los insensatos que la reclaman no han querido ar
riesgarse para obtenerla:
Pueda la Discrecion conducirte, jóven de corazon noble,
Que te lleve á excusar las enfermedades, á cerrar los ojos á
los errores inocentes,
A no hacer caso de las formas, á tolerar la supersticion y
el capricho:
Pueda la discrecion inspirar tu peticion y sugerir tu res
puesta;
Enseñarte que el silencio, si es á tiempo, es más elocuente
que la palabra;
Decirte en voz baja, eres Debilidad, aunque tu causa sea
Fuerza,
Decirte; es por dentro que la llave de la bóveda se des
prende con ménos dificultad.
Las nieves del Hecla reposan al rededor de sus manantia
les, agitadas y humeantes.
Pueden los arroyos frescos de tu prudencia, templar los tor
rentes inflamados de tu celo:
Así llegarás á un fin honroso, y te llevarás el premio que se
distribuye á medio camino:
Así tu vida será útil, tu jóven corazon se regocijará.
— 93 —
LA EDUCACION.
El Niño en una casa es una fuente de verdaderos placeres,
un mensagero de paz y amor:
Un lugar de reposo para la inocencia en la tierra; el anillo
que une los ángeles y los hombres;
Es un talento que te han confiado, un préstamo cuyo inte
res te será reclamado;
Una alegría aunque mezclada de inquietud, dulce como la
miel, pero amarga tambien.
El carácter se forma dia trás dia, y todo concurre á desar
rollarlo,
Y puede ser que el pliegue del bien ó del mal se tome en la
infancia:
Araña la corteza verde de un retoño, ó tuérzelo inconside
radamente en el suelo,
La encina cicatrizada, doblada, atestiguará contra tí, siglos
tras siglos;
Lo mismo, puedes dirigir el alma hácia el bien, ó entregarla
al mal corruptor,
Siendo la disposicion de costumbres el resultado de las pri
meras impresiones que la constituyen :
Así cuando la voz de la Instruccion solícita el oido de la in
teligencia,
Aun con la leche de su madre, el recien-nacido bebe la Edu
cacion.
La paciencia es la primera leccion mayor; puede aprenderla
al pecho:
Y la costumbre de la obediencia y de la confianza puede ser
ingertada en un espíritu desde la cuna:
Junta sus pequeñas manos para la oracion, que doble sus
rodillas débiles;
— 94 —
Que te vea hablar á tu Dios, no lo olvidará jamás:
Cuando la edad habrá blanqueado sus cabellos, recordará
con emocion la piedad tierna de su madre,
Y el recuerdo salido de sus oraciones, detendrán al hombre
fuerte cuando lo tiente el pecado.
No Escojas por nodriza de tu hijo, á la que podria corrom
per la inocencia,
Pues el egemplo es un monitor perpetuo, y la buena semi
lla está ahogada por la zizaña.
Los artificios de una extraña han pervertido las disposicio
nes más dichosas:
Madre, que tus labios lo enseñen, y que tus pechos lo
nutran.
Sobre todo es en los espíritus que lo rodean, que el carác
ter está amoldado:
Así, que los campañeros de tu hijo sean los que tu juicio
apruebe;
Pues el niño está en un mundo nuevo para él, y á cada mo
mento aprende algo de nuevo,
Tiene la mirada pronta, su memoria hace provision de se
cretos,
Su oido está ávido de conocimientos, y su alma es blanda
como la cera;
Que no oiga sino lo que es bueno, que no se llene de máxi
mas perniciosas,
Pues son las semillas de las primeras instrucciones que caen
en los más hondos surcos.
Lo que el uso inmemorial ha consagrado, parece ser justo y
verdadero:
Por consiguiente, que jamás tenga que recordar el tiempo
en que el bien le era extraño.
No hagas, tierna madre, por concentrar en tí su amor;
¡No! no seas tan interesada, pero deja su corazon abrirse á
otros;
Acostúmbrale temprano á la simpatía, á fin de que se aflija
con los afligidos;
Y no reprimas la alegría de la niñez, — ¿no es necesario un
sol para la mañana de la vida?
No satisfagas todos sus deseos, así fortificarás su esperanza;
— 95 —
No enjugues tampoco la fuente de sus lágrimas por la in
dulgencia, así temerá tu firmeza.
Tenlo en la sujecion, áun respecto de las bagatelas;
Complacencia para con todos, reverencia para los que son
dignos de ella, y á tí obediencia sin réplica.
Lee primero, y aprueba los libros que tú das á tu hijo;
Pero acuérdate de la debilidad del pensamiento, que prue
be el vino puro de la verdad:
Historietas conmovedoras enternecen el corazon; pero le
yendas sombrías hacen un suplicio del sueño;
Los cuentos de hadas pueblan el espíritu de quimeras, y el
conocimiento del mal sirve de atractivo para el mal:
No titubees en reprimir la imaginacion y no temas que ver
dades duras le mortifiquen;
En cuanto al mal, demasiado pronto lo aprenderá; no seas
el mensagero del demonio.
No alimentes la precocidad del espíritu, si no quieres nu
trir la vanidad;
Obligados en tierra, las legumbres no resisten al soplo he
lado del invierno,
Las ideas enriquecen el alma, pero una multitud de pala
bras es un gran peso:
Cuando enseñes, se inteligible, y adapta tus lecciones á la
capacidad de tu discípulo.
La analogía es la leche de los niños, pero las verdades abs
tractas son un alimento sustancial.
El niño rechaza los preceptos y las reglas, pero una expli
cacion feliz queda impresa:
Por más que prediques la industria y la 'prudencia, hasta
que la abeja y la hormiga le ofrezcan el modelo,
No tendrá de su alma más que una nocion confusa, hasta
que la bellota y la crisálida lo hayan instruido;
Temerá á Dios en el trueno, y adorará sus encantos en las
flores;
Las parábolas encantarán su corazon, las doctrinas al con
trario, serán para él un misterio sin vida;
Aprenderá del labrador que siembra buen grano, lo que es la fé ;
Y si lo enseñas á confiar en tí, no rehusará su confianza al
Eterno.
— 96 —
¿Tú temes las tinieblas, pobre niño? No permitiré que te
entreguen á tus terrores:
La oscuridad es la imájen del mal, y la naturaleza le tiene
horror:
Sabe sin embargo, que el Dios de tu padre está contigo, y
que te protege:
No es más que una leccion de dependencia; que tu alma
agitada se repose en él.
¿Te ha alarmado un ruido repentino? hé aquí, es esto, es
aquello que lo ha causado:
Cosas no comprendidas inspiran terror, y conmueven los
nervios más firmes.
La miseria y la demencia han sido sembradas durante las
noches de la infancia;
Así que jamás trastornen las noches de tu hijo, los lúgu
bres terrores.
Eres un punto do marca en la montaña, tus hijos te imitan
en todo:
Por consiguiente, que tu religion sea perfecta; así serás
honrado en tu casa.
Se instruido en toda la sabiduría, y comunica lo que tú
sabes,
De otro modo tu saber está oculto, y pasas por un igno
rante.
El perezoso no es respetado; el hombre voluptuoso no man.
da la veneracion;
La bajeza siempre es despreciable, y la locura provoca el
desprecio.
Los parientes que más á menudo se honran son los que más
lo merecen,
Enséñame un niño rebelde, yo sabré donde se halla un pa.
dre insensato:
Jamás un padre fiel á su deber se ha visto despreciado por
su hijo;
Pero, ¿es posible que el hijo respete al padre cuyo egemplo
no se atreve á seguir?
¿Te imitará cuando haces el mal? su desprecio es su cen.
tura:
Así críalo juiciosamente, que obedezca á Dios y á tí;
Empieza temprano, á fin de que te tema; y con circunspeo '
cion á fin de no perder su amor:
Para eso usa de discrecion, y trata á todos tus hijos del
mismo modo,
Sin embargo, quizas serás culpable si la dulzura no basta á
todos:
Por la dulzura el lobo y la zebra se vuelven tan dóciles co
mo el perro y el caballo;
El milano vive con el ruiseñor, bajo la ley y la dulzura:
Esta ley doma los más feroces, destruye la cima del orgullo,
Acaricia al débil, reprime a! fuerte y conquista el espíritu
tímido.
Cuando tú mandas, que te obedezcan; pero no mandes á
menudo:
Que tu carácter sea la dulzura del alma y no la frente seve
ra de la tiranía.
Que los niños no sirvan de egemplo el uno al otro; pero re
prende al culpable en particular:
\ Pues la presuncion y el orgullo herido excitan el alma.
Una dulce reprimenda cuando el espíritu está tranquilo,
vale más que el látigo en un acceso de rabia;
Sin embargo, no le perdones si has dado tu palabra para
el castigo;
Que tu hijo no sea testigo de tu humillacion, que no apren
da á creer que tú eres falso;
No permitas que te reprendan delante de él, y no te envile
cerás tú mismo cambiando de resolucion.
No tardes sin embargo, en volver atrás, y si tú puedes re
compénsalo,
Pues el estímulo del bien corta las raices del mal.
No. Rechaces de tu hogar al niño tímido,
No confies este tesoro á un mercenario, no tuerzas las fibras
de un corazon nuevo:
No lo aisles en su debilidad, extraño en medio de niños des-
conocidos,
En donde la afeccion suspira por tu amor, contando las ho
ras tristes;
En donde la religion se vuelve terror, donde la inocencia
llora sin que la escuchen:
13
— 98-
Bn donde la opresion rompe sin remedio, donde la crueldad
se complace en golpear.
¿Por qué conformarse con una moda perniciosa? ¿No es para
evitar las molestias?
¿No recogerá de tus labios alguna instruccion? ¿Cederás tu
honor á otro?
¿Qué ganará en saber, en comparacion de lo que pierde en
inocencia?
¡Ay, el precio de semejante saber es mucho más alto que el
oro!
Es que el orgullo de la emulacion y la envidia son los ído
los del estudiante diligente,
Las blasfemias y las palabras groseras del pecado arden en
el lenguaje de los perezosos:
El vicio con frente de metal alza la cabeza con más atrevi
miento en este mundo imitativo de los colegiales,
Que no en la morada de los hombres en donde la sociedad
ultrajada lo deja en un rincon.
Mira á tu derredor, alma mia, ántes de entregar tu hijo tí
mido á las aflicciones.
Varios dicen: eramos más felices en el tiempo pasado,
Cuando nuestra mayor pena era un libro mal estudiado,
Jugabamos entónces á los dulces rayos de la mañana de la
vida, .•
Y nuestro corazon extraño á la tristeza, era la morada de
la discrecion.
¡Es verdadl no estando ya tan puros, sois necesariamente
más desgraciados:
Pero, ¿habeis del todo olvidado cuanto os han hecho sufrir
vuestras tareas,
Como las penas y los contratiempos de la infancia han de
bilitado su alma?
¿Cómo el dolor se sentó á vuestra cabecera, cómo el terror
os despertaba ántes del dia,
Temiendo la mano rigorosa de la justicia, que no espera
excusa,
O los caprichos de los pequeños tiranos, niños como vos,
O el extracto contagioso de la corrupcion, derramado en el
oido de la inocencia?
-99 —
Mirad la isla de coral, nuevamente salida del lecho del At
lántico,
Está surcada por el agua, y una ola ligera allana su superficie;
Pero pronto su masa se endurece al viento, y á los rayos
del sol del trópico,
Y la. ola espumosa se rompe débilmente contra su muro de
diamante;
Lo mismo, aunque el pecado y los cuidados se lanzan con
tra el hombre hecho,
Son pequeñas penas que consumen al niño temeroso;
Y rara vez en la edad madura, cuando la fuerza está en
proporcion del peso,
El hombre sensible, cuya memoria le es fiel, reconocerá an
gustias más profundas,
Que cuando niño extraño, su corazon conoció por primera
vez los tormentos de la inquietud;
Y que los botones nacientes de la sensibilidad fuéron mar
chitos por la dureza de un preceptor.
Mira con atencion en tu derredor, alma mia, ántes de en
tregar tu hijo al dolor.
Sin embargo, hay caractéres turbulentos, nervios inflexi
bles y corazones obstinados;
Pero vendrá la época en que el alma estará formada al bien,
Un tiempo viene en que la ocasion se presentará de mejo
rar la juventud con saludables instrucciones,
Ventaja que no se encuentra más que en la sociedad de sus
semejantes.
¡Oh tierna madre! exceptúa la infancia, no rompa los lazos
tiernos de la afeccion;
Exceptúa este sér sensible y tímido, no entregues á la mi
seria á tu bien amado.
El Hombre mira á su hijo como la fuente de una esperanza
mejor.
En él ya no existe la ambicion; pero resucita en su hijo;
Esta vena aún no está explotada, — ¿y cómo decir que no
es de oro?
La suya, aunque casi agotada, no ha dado más que plomo:
Su mortificacion es tanto mayor cuanto sus deseos son en
gañados,
— 100 —
Ha arriesgado todo al juego, y hé aquí que los dados le han
hecho traicion.
Siempre los hombres se siguen, como las ovejas de un re
baño,
Y la epidemia de un día infestará la fuente de la educacion ;
La moda es un guardia puesto cerca del árbol de la ciencia,
Que arranca el fruto verde para arrojarlo á los pájaros:
Pero en cuanto á sus manzanas de oro, — se secan en las
ramas.
Y los que tienen bastante valor ó son bastante juiciosos pa
ra comerlas á pesar de la moda, son pocos:
Hay épocas de delirio en las cuales se aprenden cosas inú
tiles,
Errores reprobados en unas lenguas muertas, aunque la
ocasion de servirse de ellos sea rara;
Y la mañana brillante de la vida, durante largos años mal
empleados,
'Consumidos en busca de sonidos, no ha descubierto sino
poco buen sentido,
Hasta que el hombre, en el medio dia de la \¿da, se halle
arrojado en el mundo con un espíritu sutil y frivolo,
No habiendo aprendido nada de lo que puede hacerle vir
tuoso ó útil:
El espíritu escrutador de la verdad está lleno de manjares
indigestos,
Aunque muerto de sed por la leche pura de la naturaleza,
su madre;
Las fábulas coloreadas de la depravacion seducen por su
barniz clásico,
Y la verdad tiene en vano el espejo que tanto se desprecia.
En otro tiempo, habia pasion por las armas, se buscaban pe
leadores cumplidos,
• Y obligaban al hombre á pelear contra su semejante;
Despues vinieron las ciencias ocultas, las artes místicas y
los símbolos,
El arte de exorcisar un mágico y conjurar un fantasma.
Pronto se ocuparon sólo de galantería y de una bella apa
riencia, el minuet, el palafreno y el florete,
Y el mayor objeto de la educacion fué producir un fatuo :
— 101 —
Luego viene la disputa escolástica con el argumento á las
cabezas de hidra,
T la verdadera filosofía se perdió en un laberinto de pa
labras;
Entónces se vió el Panteon, y sus orgías iniciando la infan
cia dócil,
Y la juventud diligente hizo grandes esfuerzos para devol
ver su todo al C ésar ;
Ahora, se apasionan por la utilidad, porque toda cosa tiene
su precio,
Y la sabiduría de los sabios se ocupa en hacer huevos de
oro :
Puede ser que de aquí á algunas lunas, las materias obstru-
sas se vuelvan moda,
Y que se quité el velo de los geroglíficos que oculta los
dioses del Egipto:
O quizas entre tantos extraños Avalares,' buscarán al ama
ble Yichnou,
Kalí y la hermosa Kamalat y Genesa, el objeto de tantas
invocaciones. .
Las minas de la ciencia á menudo se revelan por la barita
de la casualidad,
Y en una montaña de cuarzo hallamos un grano de oro.
Confieso que seria hermoso el saber todo, y aprender todo
á la vez,
Pero, ¿la insuficiencia humana, profundizaría una sola cosa?
El hombre ama la exclusion; el sendero estéril y abierto le
gusta,
Aunque la pradera verde y espaciosa sea esmaltada por
flores agrestes:
¿Es mejor seguir á la multitud en el camino abierto,
O coger perfumes desconocidos en los senderos extraviados?
Desde que su razon lleva fruto, haz de tu hijo un amigo,
Pues el amor filial es doble ganancia, un diamante montado
en oro.
Cuando era niño, tu mandato bastaba; que vea ahora tus
razones;
Confíate en él, pero con discrecion, é inclina tu oído á sus
preguntas.
— 102 —
Que te deba más que á nadie, buenos consejos y buenas
instrucciones,
Que comprenda que tú tomas más interes en sus ocupacio
nes que otro.
Estudia su capacidad natural; alimenta lo que mejor le
conviene ;
Y cultiva temprano las inclinaciones virtuosas que le faltau.
¿Es flemático y desanimado? que lo consuelen algunos pe
queños sucesos:
¿Es caprichoso y ardiente? que algunos reveses lo acostum
bren á la vida:
¿Presenta un espíritu sórdido? apresúrate á inculcarle la
generosidad;
Si se inclina hácia el vicio liberal, que aprenda lo que te
cuesta el ganar.
Reune en derredor tuyo, á amigos dignos de honor y esti
macion,
Pues los compañeros que escoge la infancia son el indicio
de su corazon:
Pero que el pastor que te instruye no frecuente demasiado
tu casa por temor de que tus hijos vean tus enfermedades y no
critiquen sus discursos.
Es bueno aprovechar las ocurrencias é instruir indirecta
mente;
Es mejor enseñar segun un sistema y cosechar la Sabiduría
en los libros:
La historia de las naciones ofrece grandes hechos; la de los
individuos, minuciosos pormenores:
La poesía pule el alma, altas abstracciones la purificau.
Considera la posicion social de tu hijo, y críalo segun tu
fortuna, con juicio:
Muchas cosas pueden ser útiles á los ricos que no ofrece
rían casi ninguna ventaja á los pobres.
Sin embargo, á pesar de tus cuidados, á pesar de tus es
fuerzos para el bienestar de tu hijo,
Espera el desencanto, preve la pena: el niño es un tronco
corrompido, y te afligirá.
— 108 —
EL PENSAMIENTO,
La reflexion es una flor del alma que derrama saludables
perfumes,
Pero los sueños son la misma flor, que cuando'está fuerte
se vuelve semilla.
Más vale leer poco y meditar mucho, que leer mucho, con
ligereza y rapidez;
Pues el alma no es como una mercancía, disminuida por el
consumo,
Se parece más bien á las pasiones del hombre regocijado
por el ejercicio:
No te nutras sólo con tus propias ideas, por temor de que
te trastornen;
Pues en espíritu como en sustancia, eres una criatura social;
Y si te apoyas en tí mismo, rechazas los consejos de tus
superiores,
Además desprecias á todos los hombres, — ¿No soy más
juicioso que ellos?
Una vanidad te ciega y da un pliegue falso á tu juicio;
Pues aunque nuevas ideas corran de mejores fuentes, y au
menten el tesoro de tus conocimientos,
Escucha mucho ántes de pensar mucho, y mira en tu der
redor ántes de juzgar.
La Memoria, hija de la Atencion, es la madre fecunda de la
Sabiduría,
Y hay más seguridad para el que hace provision de cono
cimientos, que para aquel que los quiere crear.
La Imaginacion no es el pensamiento, ni la fantasía es la
reflexion: v
El pensamiento es un anciano que mide sus pasos, pero la
imaginacion tiene las alas del águila;
— 104 —
La reflexion considera todo rigorosamente; si es preciso
condena el vicio, no lo considera;
Pero la fantasía se rie de todo en los jardines brillantes
donde se divierte.
Para el pájaro tímido del cazador, cuanto más violento el
tiro, cuanto más seguro;
Pero el artillero, mirando el blanco con lentitud circuns
pecta, fija su cañon:
Así en las pequeñas ocasiones, la primera idea es la mejor.
Pero si quieres dominar las grandes, que tu cañon sea de
mayor calibre.
Es bueno y saludable buscar su pecado querido,
Pero hacerse el héroe de imaginaciones egoistas, es el ve
neno sutil del orgullo:
Por la noche, en tu alcoba, ten cuidado con tus pensamien
tos, y sujétalos;
Y contando los acontecimientos del dia, no olvides de rogar
á Dios> »
O el pensamiento no te ofrecerá más que un placer estéril,
y la revista del pasado será sin fruto.
Dirige la barca de tu alma léjos de la isla del sueño,
Y que un espíritu vigilante se mezcle á la mirada del re
cuerdo:
Y cuando examines tu corazon, cuando sondees la fuente
de tus acciones,
Se más atento con el mal que con el bien, á fin de que tu
pecado te humille.
La raix de los pensamientos útiles es la de conocerte á tí
mismo,
Pues es el único medio de aprender las relaciones que exis
ten entre Dios y tú.
El te .hizo, y eres; te redimió, y vivirás:
Eres culpable, sin embargo te ama; pecas, sin embargo te
perdona.
Aunque no lo veas, por eso no está ménos en tus obras,
Infinito en el vasto contorno, infinito en los menores por
menores:
La naturaleza es la carta de Dios, y todos sus atributos es
tán marcados en ella:
— 105 —
El arte es la sombra de la Sabiduría, y copia sus recursos.
Tú sabes que las leyes de la materia manan de su voluntad,
Y tu mejor razon para todo lo que existe, héla aquí, — Se.
ñor, tal es tu voluntad.
¿Qué es en efecto, una ley cualquiera sino el decreto abso
luto de Dios?
¿Qué son las propiedades de la materia y del espíritu, sino
los decretos arbitrarios de Jehová?
El ha creado la necesidad, la prescribió; ha forjado la ca
dena de la razon
Y tiene en su mano derecha el primero de los anillos de oro.
El insensato mira el alma como la esencia espiritual de la
materia.
¿Puede el finito gobernar lo infinito, ó una parte exceder
el todo?
¿Puede la Sabiduría de Dios sentarse á los piés de la nece
sidad nonata?
La necesidad es la obra de su mano; pues no puede cambiar •
Y la casualidad no existe en donde todo es necesario.
¿Puedes tú. medir el Poder Supremo, concebir lallbicuidad,
Que dirige el más vil de los reptiles, que vivifica el más
glorioso de los serafines,
Que conduce un grano de arena y prescribe al cometa su
sendero?
Delante de El todas las cosas son iguales, pues todas son
necesarias;
El herrero extenuado de fatiga, soldó el metal con calma,
Y el ancla está roto, el buque se sumerge con toda su tri
pulacion.
Una palabra de ofensa, un murmullo, engendran el secreto
criminal:
El sol atraviesa la nube y el labrador se desespera.
¿Existirán estas cosas sin que Dios lo sepa?
¿Lo sabrá si no está en ellas? ¿las verá si no está con ellas?
¿Pueden ser de otro modo de lo que él sabe que son?
En efecto, el Eterno está en todo; todo lo que se hace, él es
quien lo opera.
Que sean estos tus pensamientos, y serán firmes puesto que
tú atribuyes
y cada circunstancia á El sólo; 14
— 106 —
Sabe sin embargo, y cree en esta verdad, que Dios no quie
re el mal.
Pues las adversidades son beneficios velados, y el Eterno
aborrece la iniquidad.
Que él está en todo es un axioma, y que en todo es justo.
Atribuye la santidad á tu Creador, cuando meditas sobre
el misterio del pecado,
Pues el infinito puede abrazar lo que el finito no puede
coger.
Tocante á las producciones del arte, piensa justo: ¿qué ho
nor puedes dar al hombre?
Pues él no es ni autor de su alma, ni la fuente de la inven
cion.
Si algun artesano hábil construye una máquina que ejecu
ta curiosos trabajos,
¿A quién el honor? ¿es á la máquina ó al que la hizo? ¿al
instrumento ó al que lo inventó?
¿Es bastante sutil el artesano para comunicarle la voluntad
y la libertad,
Para dotarla de facultades tan complicadas, de un alma ra
diante de vida y gloria?
Cualquiera que sea nuestra admiracion por la inteligencia
maravillosa del sér creado,
¿Cómo no tributar al Creador de los espíritus sublimes un
homenaje más profundo?
Si tú rehusas, eres insensible como el pagano que adora la
obra de sus manos.
Y miéntras saques vanidad de tu sabiduría, tu alma es el
alma del salvaje,
Atribuyendo á la máquina racional el honor que no es de
bido sino á su creador.
La Llave de la bóveda de tu alma, el arte de consolidar tus
pensamientos,
Y cimentarlos como una arca, fijarlos como el mundo en su
esfera,
Es el aprender en el libro Eterno, beber en la fuente de la
Sabiduría.
¿En dónde está el que condensará el sol, el que analizará
la Biblia, aquel inagotable tesoro,
— 107 —
De modo á recoger las ideas, á guardar las haces de su sa
biduría?
Es un libro fácil de comprender para el hombre qu e se de
dica á ello.
Pero, para el indiferente y el profano es la locura de Dios;
Para el humilde discípulo es pan, para el orgulloso y el in
crédulo es una piedra.
El burlon no hallará más que cascara para satisfacer su
hambre,
Pero para los corazones sencillos, es trigo abundan te y maduro.
La Escritura, majestuosa en su verdad, queda siempre la
misma;
Y los diferentes puntos de vista de su doctrina nacen de la
diversidad de los espíritus.
El que desea aprender ;í pensar obtendrá esta ventaja al
leerla;
Pues la palabra viviente está como un ángel á la puerta de
la Sabiduría,
Y grita, Aquí está el camino, andad por 61 sin temor.
La Religion da su mano al humilde discípulo del arrepenti
miento,
Y le enseña lecciones misteriosas, contestando á las pre
guntas de la duda;
Ella hace al hombre digno de la razon, su noble prerogativa,
Ensarta todos los laberintos del pensamiento, y lo conduce
á su Dios.
Ven aquí, hijo de la meditacion, , en tu frente ancha y sere
na resplandece la estrella del alma, cuya luz no es de este mundo:
¿No tienes nada que decirnos de tus alegrías celestes,
Cuando llevado en alas vigorosas y rob uatas como las del
candor,
El alma despues de haber volado algun tiempo al rededor
de los Andes de la reflexion, que se pierde en las nubes,
Altanera por el sentimiento interior de su inmortalidad de
ja tras de si, un mundo,
Para desafiar con un vuelo impetuoso, el Atlántico, barrera
del otro?
¿No tienes angustias secretas que revelar á los hombres
ordinarios,
— 108 —
Alguna aprehension con respecto á tus energías, sin cesar
activas, de noche y de dia?
¿No temes que el ardor de tu éxtasis te volatilice y aniquile ,
O que las fibras tensas de tu cerebro no sufran vivos hor
rores y un delirio abrasador?
En las visiones del sueño, ¿no te han alarmado tus aberra -
ciones?
¿No has temido que la razon, como el falcon que se arras
tra, no oyese ya tu voz,
Cuando despertándote en esta vida triste y dura, la cabeza
y el corazon agitados,
Bendices el dia que ha puesto fin á tus tormentos?
Pues el espíritu excedido se parece á la virgen desmayada,
Cautiva, llevada en el corcel espumante del guerrero,
Y cae como el combatiente herido, miéntras el hacha pene
trante de la Inteligencia corta la vaina del alma.
La imaginacion, como el gigante nebuloso que se eleva un
momento en el crepúsculo del Hartz,
Llenará el juicio de espanto, derribándolo de su trono:
Puede ser que en un sueño te vuelvas loco, y que sientas un
fuego que te consume,
Puede que en un sueño, viajes fuera de tí mismo, y que te
veas con ojos ajenos;
O que duermas en tu propio cadáver, ó que te despiertes
en varios cuerpos; .
O que crezcas, desarrollándote hasta loxinfinito: ó que te
encierres en un punto;
O que en medio de ruinas «ombrías cubiertas por el muz-
go, andes errante von séres sin cuerpo, tristes compañeros,
Fijando tus miradas en sus ojos helados hasta que tu cora
zon se estremezca.
Solo ¡oh hombre! es preciso que te presentes á la barra del
tribunal;
Solo sufrjvás tu sentencia, solo darás cuenta de tus obras:
Es puesbon razon que tú te refugias en el seno de la soledad,
A fin de sentir, léjos de tus semejantes, tu responsabi
lidad.
Pues la multitud vela la verdad en nuestra presencia, la so
ciedad ahoga el pensamiento,
— 109 —
Y no ser más que uno en medio de muchos, ahoga los mur-
mullos de la ciencia.
La soledad atormenta al malo; pues le confia en voz baja
todos sus crímenes;
Pero da la paz á los justos, pues tiene en cuenta las mise
ricordias de Dios.
Tú puedes conocer el estado espiritual de un hombre ¿le
gustan los placeres ruidosos ó la soledad?
Pues el rio agitado se precipita en la mar, pero el lago
tranquilo duerme en medio de las montañas.
Guári caros son los pensamientos que el aislamiento produ-
co al alma del sabio,
Pues su corazon es el asilo de la armonía, y se entretiene
con sus pensamientos como si fueran sus amigos:
Pero el crimen enfurece al hombre, el terror resalta en su
mirada,
Cuando el malhechor en su celda, lucha contra el remordi
miento. ,
Que yo halle una cabaña en el desierto, que me dejen en
uua isla inhabitada,
El pensamiento hará mi dicha, aunque no pueda argumen
tarlo comunicándolo:
Pues jamás duerme el alma, pero está como los ojos del
Eterno,
Y el alma, el soplo de Dios, no conoce el vacío ideal.
Por la noche, cansado, el cuerpo cede al sueño,
Pero el alma vela, y en tus sueños tu raciocinas:
Puede ser que en un sueño se pase -toda mi vida, y cuando '
llegue la mañana todo se olvide:
Lo mismo tocante á la vida, su memoria perece tan pronto,
— 110
EL CONOCIMIENTO DE SI MISMO,
La Ciencia empuñando la espada, se abre el camino de la
victoria;
La ignorancia extrae la salud de la virulencia de los vene
nos más peligrosos;
La ignorancia, por la mezcla de los remedios más saludables,
engendra el mal:
La ciencia se ha unido al universo, y halla una amiga en
todo lo que existe;
Pero la ignorancia es extraña en todas partes; bienvenida
en ninguna parte, disgustada y fuera de su lugar.
El hombre es inútil y peligroso en proporcion á su igno- .
rancia.
Pues le falta la percepcion de las conveniencias entre las
cosas y su destino,
Apoderándose del cuerno del peligro, imaginándose que es
el puño de la salvacion,
O arrojando el ancla con tan poca reflexion, que toca al ar
recife.
Ignorando las ciencias, no vive sino á medias, no observando
nada, .
O bien escucha con una sorpresa estúpida al charlatan as
tuto:
Y dicta en el mundo, da su confianza á los bribones; perú
en seguida para reparar su locura,
Obra con tanta finura, que la gente honrada sospecha que
es un ladron;
No conociendo & Dios, se burla de la razon, atribuyendo un
designio á la casualidad,
O bien, supersticioso y tímido se entusiasma por algun ído
lo informe, criatura de su delirio;
— 111 —
Pero ignorándose á sí mismo, su corazon no es más que de
bilidad; la llave de la bóveda cae en polvo.
El terror pánico está en la tienda del general, la encina es
tá tan hueca como la cicuta;
Aunque la savia imtridora penetre la corteza, completando
su haz de hojas,
Aunque el conocimiento de todo, ménos la única(cosa esen
cial, demuestre una apariencia de vigor,
Aunque el espíritu sublime del sabio rey se regale de los
misterios de la Sabiduría,
La ignorancia suya no doblará ménos el espíritu de Salo
mon delante de los ídolos;
El huracan de la tentacion, barriendo el aire, romperá la
encina como un junco,
Y la orgullosa riqueza de su cima fornida no servirá sino á
arrastrarlo en el polvo.
La Juventud, presuntuosa y loca con el peligro,
Hasta que el vicio que en otro tiempo odiaba, la estreche
en sus brazos:
La edad viril, trasportada de zelo por la virtucl, busca una
posicion social elevada,
Sin tener en cuenta el aire trio de la montaña que destrui
rá los tiernos retoños de sus motivos;
O prendido de la verdad, suba la escalera de la ciencia,
Hasta que su corazon abrasado por el orgullo, se entregue
á la ilusion :
La jóven trenzando sus cabellos de ébano, no quería sino
velar sus encantos,
Pero ha tegido sin reflexionar, la hebra de seda de su alma,
la vanidad.
El anciano contempla su oro, hasta que le sonríe el metal,
Sin desconfiar de los brillantes atractivos que entregan su
corazon á la avaricia:
La cólera no evita querellas, los celos cuentan sus sospechas,
La envidia devoradora mira aún, la melancolía busca la so
ledad,
El hombre sensible piensa en los insultos que recibió, el
tímido se nutre de horrores, i
La depravacion se inflama, las fibras de la indecision se sueltan;
— 112 —
Cada pendiente particular del mal está animada por la in
dulgencia ignorante,
Y la víctima, falta de aviso, cede á la tentacion que le gusta.
El Herrero al telar, y el tejedor á la fragua, serian unos
tristes artesanos;
Y el buque que se hace á la vela con viento favorable, ja
más llegará al puerto.
Sin embargo, ha}' millares de hombres, los cuales en vez
de tener cuidado con la tendencia de su talento,
Cortan al revés, y trabajan en vano:
Y la luz de un espíritu pensativo se apaga bajo del cubo
del comercio,
Miéntras que unos espíritus inferiores suben á pasos conta
dos la montaña de la filosofía:
El cedro se marchita sobre un muro, miéntras que el rui
barbo crece sobre la tierra,
Y las hojas orgullosas de la paciencia sustraen el sol á las
violetas.
Cada cosa en su lugar, el uso que le conviene, y lo que es
digno de ella;
La más humilde capacidad brilla en su humilde esfera:
El cocuyo arrastrándose en la cerca, enciende su lámpara
nocturna,
Y su amiga á pesar de su alejamiento, soltando sus velas
ligeras, se dirige hácia esta estrella:
Pero el ignorante burlándose de las cosas, expone el cocuyo
á los rayos del sol del medio-dia;
Y los defectos de la sencillez en medio del dia de la Sabi
duría.
El camello con los piés forrados con cojines en la arena del
desierto, el reno ligero en las nieves del norte,
Una piel lisa y desnuda para el Etiope, ricas pieles para el
polo:
En todas las cosas hay conformidad: discordia con discor
dia produce la música,
Y la armonía de la naturaleza se mantiene, porque cada
cosa conoce su lugar.
El Ciego al caballete del artista, el paralítico sirviéndose
del cincel; el cojo lanzándose hácia el término,
El oido del sordo tocando el piano, el tartamudo ensayando
la elocuencia, —
¿Es extraño que ninguno tenga buen resultado?
Es por el conocimiento de tí mismo que tú pruebas tu su
perioridad: no pongas el corcel al arado,
Ni aguijonees el buey laborioso, apostando su lentitud con
el que vuela;
Reflexiona sobre tus defectos, vela sobre tus inclinaciones,
busca tus virtudes ocultas,
Analiza lo que es dudoso, cultiva lo que es bueno, y des
truye la cabeza del mal:
Así tu mano ágil cogerá la bala de oro, la ocasion favorable,
El guerrero armado estará listo para el combate, su caballo
estará enfrenado;
Pararás los golpes peligrosos, domarás las circunstancias,
Y extraviarás para tu uso particular, el curso de los acon
tecimientos:
Escogiendo tu traje en el escaparate del mundo, revestirás
tu espíritu con decencia,
Y no pondrás la mano blanca de la paz en el guante de la
desconfianza:
El pastor vendrá con un baston, y con una honda y una pie
dra será el más fuerte ;
El soldado dejará la rueca, y el escribiente abandonará la
espada;
El hombre ignorante se callará, obteniendo uno de los atri
butos de la Sabiduría,
El sabio será económico de sus lecciones para los oidos que
no oyen:
Estarás tranquilo como el leon que descansa, lleno del sen
timiento de la fuerza,
Y el choque que rompe el globo, no destronará al que se
posee.
.Aprende ¡oh mortal! á conocerte á tí mismo, entónces serás
humilde:
El desierto duro y abrasador de tu corazon florecerá como
el lirio y la rosa,
Las viñas heladas del orgullo se derretirán como los bancos
de hielo de los trópicos;
15
-114 —
Las fuentes amargas del egoismo serán más dulces que las
aguas del Nilo:
Pero si te falta esta Sabiduría, tu débil esquife será aban
donado,
Llevado por un torbellino más fuerte en el temeroso abismo ;
Si no estás versado en esta alta doctrina, te levantarás cu
bierto de acero,
Para desafiar, incrédulo burlon, los rayos celestes ;
Pues si miras en tu derredor, verás el universo entero á
tus órdenes;
El sol fértil, la mar ligera, el aire ondulose,
Las cosechas doradas, las frutas aterciopeladas, las flores,
las piedras preciosas,
Los raros perfumes, las vistas Sonrientes, ricos cuadros, la
dulce armonía.
Para tí, los peces se agrupan en la mar,
Para tí el ganado vive, ara y muere en mil montañas:
La luz es tu esclava diaria, la noche te invita á dormir,
Las manos de la Hermosura te sirven, y la Sublimidad se
arrodilla delante de tí :
¡Alzate, soberano de la creacion, y contempla tu gloria!
Además, tú tienes un alma; la inteligencia te lleva al cielo
con la rapidez del vuelo,
Ella te sirve en la tierra, y por ella bajas á los infiernos;
Has medido la banda de Saturno, has pesado las lunas de
Júpiter,
Y has visto, con los ojos de la razon, el centro del globo ;
Has contado los millones de leguas entre sol y sol,
Y anotado en tu libro la llegada de sus sombras:
Con una exactitud maravillosa é infalible, * tú conoces el
punto y el instante,
El lugar y el tiempo del sendero del cometa; diríase que
se lanza en el espacio para obedecerte:
¡Levántate, rey de la inteligencia, y contempla tu dignidad!
Además, — presta el oído una vez por todas, al discurso
lisongero de la religion;
Tú tienes una alma, y además un Dios, — pero que esto no
te humille;
Tu Criador ha querido vivir y morir — hombre;
— 115 —
La más brillante alhaja de su corona es la humanidad vo
luntaria;
Por un envilecimiento extremo, y á un precio incalculable,
ha comprado esta libertad envidiada.
Pero tú, eres heredero nacido de lo que tu Amo ha ganado
con tanta pena.
Climax del orgullo, triunfo de la humanidad,
Triple corona de tu frente, ¡Yo supremo, Yo todo-pode
roso!
¡Levántate, Amo del universo, sér más grande que un Dios!
¿Qué dijistes,' débil criatura? — vuelve en tí;
Mira este sepulcro blanco, la choza de tu corazon:
¡Ay! cuántas fantasmas horribles se apresuran en esta ca
baña;
La mirada extraviada del crimen, frunciendo las cejas en la
oscuridad,
Las uñas de la avaricia, despojando al pobre,
La llama pálida de la impudicidad; el rostro trastornado
de la locura,
El hecho revoltoso de la crueldad, las orgías impuras y fe
roces de la embriaguez,
La vanidad débil y despreciable, la credulidad estúpida y
obstinada,
El desden diabólico de la envidia, y las facciones abyectas
de la ingratitud —
Hombre, ¿basta lo que tú has visto? ¿son estas pruebas
convincentes
De que tú eres un milagro de misericordia, y que toda tu
dignidad no es sino despecho?
El consejo de la Sabiduría terrestre es bueno, Mortal, co
nócete á ti mismo;
Pero el de la Sabiduría celeste es mejor, Mortal, conoce á
tu Dios.
Conociéndote á tí mismo, correrás el velo del mal, y arma
do del todo, le resistirás;
Del conocimiento de Dios resulta el del bien, y el amor
universal está en tu corazon.
Cada sér creado conoce sus capacidades, corre en el sende
ro del instinto,
— 116 —
Y es preciso que la razon, en vez de divertirse por el ca
mino, se sirva de todas las conveniencias:
Ligereza para la corrida, fuerza para cargar, juicio para la
feliz conducta;
Pues el conocimiento de sí mismo ocupa un nicho distin
guido en el templo de la utilidad ;
Pero buscarás en vano este conocimiento, si el hilo de toda
la verdad no está en tu mano.
Pues en el laberinto del corazon humano, las vueltas de la
ilusion son muy complicadas:
Tú no puedes sondear sus abismos con el plomo de la razon
superficial,
A no ser que el piloto del alma, la religion, te preste su
cuerda interminable:
Así si quieres adquirir esta gran ciencia, que es la madre
del dominio,
Estudia á Dios; te conocerás á tí mismo, y triunfarás do
todo. '
LA HUMILDAD SIMULADA,
Disgustado con sus adornos, el Vicio se reviste de luto,
Y se pasea porque le gustan los contrastes, bajo el velo
modesto de una religiosa:
Pues el Orgullo ha visto que todos admiraban la Humildad,
Y para obtener la reputacion que desea, se conforma con
el cilicio.
La Impudicidad diestra solicita el corazon novicio, al cual
no extrañen los asaltos de los cortesanos;
Se acoge á las lágrimas tímidas, á las miradas reservadas
de una virgen simulada;
— 117 —
Y la indolente Apatía, vergonzosa por sus facciones extra
viadas,
Gusta de la librea de los humildes, y de la capa de la ca
ridad;
El Odio oculta su aspecto satánico bajo de un disfraz be
nigno;
Y la Calumnia; como una serpiente, se arrastra en el pol
vo, creyendo evitar la recriminacion;
Pero el mundo se ha aprovechado de su vejez; pronto á pe
netrar los disfraces,
Es raro que se engañe, separando con equidad lo verdade
ro de lo falso.
Sin embargo, hay una bajeza de alma que gusta, no sólo á
varios,
Pero áun á ella misma, lisonjeándose de que es la Humildad.
No está despertada su cólera por la insolencia, las injurias
no la inquietan ;
La indignacion honrada es extraña á su corazon, la justa
reprimenda lo es á sus labios.
Se guarda observando al hombre con ojos extraviados, ar
rastrándose á los piés de los grandes;
El soplo de la calumnia encanta su oído, y acoge la vara de
la persecucion.
Pero, jefe delegado de la creacion, ¿no eres hombre?
¿No eres soldado de la justicia, combatiendo por Dios y el
bien?
¿Serán degradadas la virtud y la verdad, porque eres de
masiado cobarde para contenerlas?
¿Se animará Goliat con la blasfemia, falto de un David en
el campo?
Yo no digo, venga tus injurias; pues el ministerio de la
venganza no es de tu competencia:
Pero, ¿por qué no reprender al mentiroso? ¿por qué des
honrarte á tí mismo?
¿Por qué sufrir que triunfe el mal, cuando la justicia y el
derecho están de tu parte?
¡Humildad abyecta! la vida y el sentimiento le faltan,
Y esta resignacion no es sino una burla, pues que nada
cuesta.
— 118 —
Desconfia de tí mismo y de tu dulzura: indiferente con res
pecto al pecado, no eres sino un cobarde;
Un corazon que debería desesperarse y perdonar, se endu
rece y olvida.
Sobre todo en la conferencia del hombre con su Criador,
es cuando la Humildad le siente,
Pero, á menudo, está fuera de su lugar en el comercio de
,los hombres:
Sí, es el adulador de su igual que vemos atreverse contra
su Dios,
Miéntras que el martirio amenazado en vano por el mundo,
es humilde como un niño delante de El.
Devuelve á cada uno lo que le pertenece, pero no te acuer
des de que eres ménos hombre,
Y no te frustres del honor que te pertenece como sér ra
zonable.
Se amable, escucha y aprende; pero enseña y responde si
puedes;
Aprovecha la sabiduría de tu prójimo, pero no te vuelvas
el esclavo de un amo.
En donde ves conocimientos, inclina el oído de la atencion
y del respeto;
Sin embargo, no veneres la instruccion, sino tanto como las
razones la autorizan.
Más vale un querellante caprichoso, que cede palmo á
palmo,
Que el sér ligero, que so rinde á la sombra de un argumento.
La modestia obtiene un buen renombre, pero el desprecio
sigue de cerca á la servitud:
Así es, añade la discrecion á la humildad; no arrojes tus
perlas á los puercos.
El insensato pondrá su pié en tu cuello, si te ve acostado
en el polvo;
Y hay compañías y ocasiones en las cuales un porte resuel
to es un deber.
Si el hombre de bien revela sus defectos secretos á los ojos
del profano,
¿No perjudica á sus hermanos, confirmándolos en su pecado?
Hay un disimulo que es justo, y una humildad que hierra;
— 119 —
Hay un candor que se acerca á la locura, y una dulzura que
se parece á la vergüenza.
Tener sentimientos viriles, y mantenerlos vigorosamente,
sienta al hombre ;
Pero el alma débil no coge sino temblando; ella llama eso
conciencia timorata.
Mucha gente, que se desprecian por cansa de su locura, lo
imputan á la religion;
Los hombres los tratan de arriba abajo, pero esperan que
Dios los colmará de gloria;
El desprecio no será ménos la recompensa de los traidores
que han entregado su Amo al ridículo,
Reflexionando en El, aunque no sea sino ignorancia, bajeza
y pusilanimidad.
El Cristiano tiene el alma de un rey; no debe tener ver
güenza más que delante de Dios:
En medio de los justos va despacio, pero cuando el mundo
lo ve, es un héroe :
Su humildad no se parece mucho al vil bochorno del liber
tinaje y del imbécil,
Cuando la dulce reprimenda de la virtud hiere sus oidos;
Nacida del amor y de la Sabiduría, el honor es su adorno,
Y la dulce persuasion de su nodriza cambia el desprecio en
veneracion.
El Espíritu altanero ve, cada dia, el número de sus enemi
gos crecer;
Se avanza como el Arabe del desierto, y las manos de todos
están contra él ;
El corazon vil ve cada dia, el número de sus amigos dis
minuir,
Pues se estima tan poco, que los demás lo desprecian:
Pero en donde la modestia del que se conoce, vela la frente
del que se respeta,
Busca al hombre, el cual es imposible conocerle sin honrarle.
La Humildad es la sombra que suaviza el resplandor de la
forma de la Excelencia.
Ella se oculta bajo de la yerba, violeta amable y querida:
La Humildad, virgen con trenzas rubias, llama el Mérito,
su hermano;
— 120 —
Ella es nodriza tierna y silenciosa, que eleva las 'virtudes
nacientes.
La Humildad no necesita excusa, Dios y el hombre la aco
gen con gusto;
Su proteccion es necesaria á todos: sin ella no hay dicha,
ni en este mundo ni en el otro.
El dulce resplandor de sus facciones se refleja en los ojos
de sus compañeros,
Hijos de la penitencia y del amor, y en seguida aceptados.
Cuando el ciego se acerca á la rosa, un perfume exquisito
le dice que es bella;
Así cuando tú ves á la humildad, esté seguro que el mérito
se halla allí.
Los dones regocijan al avaro, las alabanzas nutren al hom
bre vano;
Y el orgullo se deleita en contemplar el humilde porte de
sus semejantes;
Pero, segun la tierna atencion del Dispensador desconocido
de todos los bienes,
La Humildad es la reina de sus favores: ella es la que da
lugar á sus bondades.
— 121 —
LA UTILIDAD IMPREVISTA.
El Alga que flota sobre las aguas, rodada por el flujo hastn
la arena,
La estimais vil y sin valor, llenándola de nombres de des
precio:
No ha ménos triunfado por eso, y el hombre está humillado
por su ignorancia.
Pues la salud se halla en su frescor sabroso, y llena la ori
lla de riquezas;
Aliviando por la virtud de su esencia color de violeta, las
agitaciones del dolor,
Y en sus modestas cenizas enriqueciendo á varios orgullosos.
¡Qué te sirva de leccion! No creas que existe algo que nada
vale,
Porque su utilidad no ha tocado tus sentidos, ó porque tú
ignoras sus virtudes.
Así en tus paseos á las orillas del mar, las yerbas desecha
das serán el tipo y la prenda
De este monton de riquezas innumerables que las criatu
ras de Dios recelan.
Hay flores que forman la alegría del desierto, y raices que
hacen el suelo fecundo,
Y en los lugares secretos del abismo, piedras preciosas ar
rojadas aquí y allí en los bosques de coral,
Y para cada deseo, una corona de goces, y para cada nece
sidad un remedio,
Influencias imprevistas, una multitud de virtudes é inven
ciones,
Y recursos debajo ó en su derredor, de los cuales el hom-
br« no ha llevado cuenta:
16
— 122 —
No es sino desde poco que el cólquidc nos ha entregado su
vulva, encanto de nuestros dolores,
Que el sauce nos ha prestado su. corteza, la yerba mora su
veneno domado;
No es sino desde poco que la hoja enrollada, don perfuma
do de los Chinos,
Que la raiz nutridora, beneficio del Perú lejano,
Que la dalia altanera por tantos colores, que el soberbio y
resplandeciente cactus,
Que una infinidad de frutos y flores sostienen la vida y con
tribuyen á nuestros placeres:
Lo mismo, hay virtudes desconocidas en el follaje despre
ciado del olmo,
En la árida y frágil campanilla de nuestros jardines, en los
jacintos de los prados, embriagados por el rocío,
En la fruta del sicomoro, y en las manzanas cinceladas del
cedro:
Y no es sólo por causa de su resplandor que el pensamien
to ó el brillante geranio han recibido la vida,
O la flor de cera del madroño, aunque muera el primer
dia,
O la copa tallada del pino, que no está visto más que por
las estrellas:
Y la yerba más vil de nuestros jardines sirve para muchos
usos,
El tamarindo, el gladíolo suculento, el yaro, la margarita.
El mundo puede burlarse del hambre, cuando los árboles
lo dan pan,
Cuando la bellota le derrama una bebida perfumada, y
cuando la savia del tilo engorda:
Pues toda yerba verde, desde el loto hasta la zizaña,
Abunda en socorros delicados que ella ofrece al hombre pe
rezoso.
Sin embargo, el espíritu está en piés; vacila y busca en los
pliegues de la invencion,
Recogiendo aun á menudo, en los rincones más oscuros, bri
llantes semillas de verdad:
La inteligencia ha recortado las alas del relámpago: la en
jaula para llegar á su fin,
— 128 —
Ejerciendo en alguna tarea doméstica, el alma de fuego del
pájaro del cielo.
El espíritu del huracan está domado; en adelante esclavo
de las artes apacibles,
Escolta á la cultura y á la ciencia, combate en la vanguar
dia que se opone á la muerte:
Y el químico trabaja sus elementos con una destreza más
que mágica.
Mandando á las piedras que se vuelvan pan, y sacando dul-
zura al ajenjo.
Sin embargo, el hombre olvidando que hay un Dios, forma
falsos cálculos,
Temiendo que una especie demasiado fecunda tropiece
con él;
Y él es quien pide, alarmante incrédulo, durante cuan po
cos años.
Los subterráneos negros del mundo darán cada invierno, el
alimento de su hogar.
El oceano, vasto desierto; ¿no será jamás obligad^ á recu-
kr sus límites?
¿Por qué el brazo de la diligencia no traslbrmaria en jardin
la inmensa soledad?
Y puede haber mil medios de entretener el calor suave de
tus miembros, sin que te cueste una chispa.
No temes ya, hijo del hombre, ni por tí ni por tu raza; .—
la abundancia sigue á la multitud :
La bendicion de Dios da el engrandecimiento, y con él más
de lo necesario.
Haz para comprender la sabiduría de la naturaleza, hay
profundidades en todo lo que hace;
Diríase que prodiga su poder, pero su regla es la economía
más exacta:
La planta refresca el aire, y el aire filtra el agua,
Y el agua es llevada por la nube, y la fecundidad cae gota
á gota sobre la tierra.
La naturaleza abraza en un plano gigantesco, la utilidad
universal;
Hay un fin en el aire aprisionado, que infla las vainas del
codeso,
— 124 —
Uu desiguio cu las puntas venenosas que defienden á las
hojas de la ortiga,
Una causa final para la goma odorífera, que hiela la capa
espumosa de la rosa,
Una razon por cada yerba que se endereza, altanera por
su humilde cuna.
¿Sabe el hombre descontento qué cadena de desastres se
guiría,
Si el más vil de los ciervos de la naturaleza cumplia mal
con su carga secreta,
Si jamás nacia el cardo para burlarse de la cultura aban
donada,
O si jamás la peste barría la cosa maldita cuya existencia
es un misterio?
¿Quisierais aniquilar los ejércitos ruidosos que Hotan sobre
el aliento de la tarde?
¿Quisierais destruir las criaturas del Señor que pueblan la
fruta que se pudre?
¿No toleraríais estos bosques de muzgo que cubren el mu
ro malsano?
¿Ni la exhalacion infecta del lodo que engendra la muerte?
El dolor es útil al hombre, pues le enseña á entregarse al
cuidado de su vida,
Y los vapores del pantano fétido lo invitan á huir el peligro:
Y el espíritu contemplativo, teniendo cuidado, satisface su
hambre con un alimento sólido.
Cuando ve la razon hacer que la raiz produzca una baya
mortal:
Así á veces lo verdadero, reduce á la extremidad,
Engendra la amarga locura, fruta abortada de la Sabiduría.
O eres ciego si tú no disciernes la actitud de todo lo que existe,
O tu corazon es de hielo, si no arde de agradecimiento por
todo lo que existe:
En el circulo perfecto de la creacion, ningun átomo está
demás,
Desde la zona magnética de la tierra, hasta el albohol que
ciñe el oxiacanto.
El sabio y el caracol que ne arrastra á sus piés, tienen uno
y otro un misterio:
— 125 —
La zarza y la palma tienen un salario en la vida, prestan
un servicio secreto.
Esto no se concreta á las únicas existencias definidas de la
materia,
Pe.ro movimiento y sonido, circunstancia y cualidad, to
das las cosas en una palabra, tienen su oficio.
El céfiro divertido por una hoja de popJe, — el temblor de
tierra que abre un continente; •
El rayo del astro de las noches que platea un arco en rui
na, — la ola del desierto lanzándose contra una pirámide;
El trueno discordo de las rocas de hielo, — los sonidos me
lodiosos de la flauta campestre;
Los ahullidos del tigre en el hoyo, — la tórtola llamando á
su esposo ;
El furor cruel del buitre. — la gracia magestuosa del cisne;
La insultante ferocidad del ojo del lince, y la estupidez del
perezoso: %
En todos y en cada uno, La, Utilidad se manifiesta, á pesar
de la falta de atencion del hombre frivolo;
Pues el Poder no ha discernido nada sin que la Economía
haya previsto la necesidad.
Todas las cosas estando esenciales á la ubicuidad de Dios,
No hay ningun sér superfino, ningun sér exento de una
servidumbre honrosa.
Si la Sabiduría no fuera necesaria, nada estaria como está;
Pues la existencia sin necesidad supono debilidad moral.
—Vemos como e u un espejo, con oscuridad, no nos apode
ramos más que de las luces de la verdad;
Pero no lo dudemos, si la nube boga, la Providencia es su
piloto; .
—No lo dudemos, no es sin designio que la raiz de la enci
na está doblada ;
El estado predeterminado de un junco es tan lijo como el
do un rey,
Y la paja de la mano del aechador sigue como las estrellas,
i'l camino que lo está trazado.
El hombre sólo vive para si, pero el Eterno vive en todo lo
que existe,
Y sn unidad penetrante vivifica toda la creacion.
— 126 —
El hombro hace una cosa á la voz; no puede pensar en do?
cotias al mismo tiempo;
Pero Dios abrasa todo, envolviendo el globo, como la at
mósfera,
Y rendimos homenaje á su Sabiduría, porque en todas sus
criaturas Lo Útil domina.
Pues el universo perecería quizas, si todas las cosas no fue
ran lo que son. *
LA COMPENSACION.
Al distribuir los placeres ;í los hombres, el gobierno celes
te iguala las partes,
Y justa es la ley eterna que ha unido la dicha á la virtud:
Pues, á la verdad, el desencanto y la pena planan sobre todo
lo demás,
A fin de enseñar al hombre frivolo el vacio de los goces
mundanos.
Vos que poseeis lo necesario, ¿por qué envidiar al rico en
su abundancia?
Hijas de la afluencia, ¿por qué desear la cabaña y la satis
faccion de la campesina?
Tomad el bien con el mal, pues todos soís pensionistas de
Dios,
Y ninguno tiene derecho do escoger ó rehusar la copa que
su Sabiduría mezcla.
El pobre goza con su trabajo^ y su pan cotidiano le es dulce.
Contento con el bien actual, no anticipa el mal por venir:
El rico languidece en la indolencia, y en nada se place,
Encierra la inquietud con su oro, y teme los caprichos de
la fortuna.
— 127 —
¿Puede una taza contener la medida de un cubo?
¿Pueden los apetitos limitados del hombre, beber más que
lo que quiere su voluptuosidad?
Hay un término para el goce, aunque los recursos de la ri
queza no tengan limites;
Y los placeres más exquisitos de la vida, se hallan en el
círculo estrecho de la moderacion.
Lo mismo, aunque la penuria y el dolor sean males reales
y amargos,
Yo quisiera hablar razon con el pobre afligido, pues no es
tan miserable como lo aparenta.
¿Qué derecho tiene un trasgresor á qtiejarse, aunque sus
semejantes escapen del suplicio?
Si los golpes de la desgracia que merece, le sorprendieron
en delito? i
¿Por qué no resistirías á los males que tú no puedes
desviar?
Pues el dolor, cobarde adversario, huye desde que le haces
frente.
Cualquiera que sea tu suerte, acuérdate que debía y hu
biera podido estar peor,
Y que está en tus manos el coger las aflicciones ó las ben
diciones mismas.
Pregunta, ¿por qué me fuéron enviados? ¿la costumbre no
las ha despuntado?
La esperanza, la paciencia, el valor, ¿son necesariamente
extraños á la cabaña más pobre?
Tu estado es deplorable, — seria cruel rehusarte la com
pasion,
Pero en la más horrorosa de las calamidades de este mun
do, no hay mal que no tenga sus dulzuras:
Yo no toco á la llaga de tu iniquidad; pero cualesquiera
que sean tus angustias humanas, te aconsejo
De deshacerte de la enfermedad de los sentimientos, de ce
ñirte las espaldas y recuperar el tiempo perdido:
Has adquirido en el horno de la afliccion el conocimiento
de tí mismo, la paciencia y la humildad,
Y ellas son la niña preciosa que espera el cuño del hábil
monedero:
— 128 —
No desdeñes las ventajas de la adversidad, ni el salario que
te ha costado tantas lágrimas,
Y 'ahora que has bebido la borra de la amargura, guárdate
de perder la dulzura,
Es raro que el poder sea inocente, y la envidia camina al
lado de la superioridad;
Y el verdin del tesoro del avaro roe su alma como un cáncer.
El desgraciado no piensa en lo que su oro le ha costado:
Querría verse en la cima de los Alpes, sin haber subido la
cuesta:
Pero la equidad pide un alivio y una recompensa: para el
rango alto, la calumnia y los cuidados;
Para la grandeza, el fausto sin gusto, que devora el corazón
del hogar;
Para el renombre guerrero, los peligros y la muerte; por
un nombre en medio de los sabios, un espíritu agotado;
Para el honor, cualquiera que sea la naturaleza, el aguijon
de la ambicion; á cada triunfo, el impuesto de la inquietud.
El que quiere cambiar su lugar con otro, debe tomar la
copa conforme está mezclada:
La pobreza con un gran corazon: ó una bolsa bien repleta
con un espíritu sórdido;
La sabiduría en un cuerpo enfermizo; ó una alma vulgar
con la salud:
La piedad con el desprecio de los hombres; ó la buena aco
gida de los poderosos con el crimen:
La bondad con un corazon ligero; ó facciones comunes con
la afeccion.
Pues tal es el desierto de la Providencia, á fin de que el
hombre no disciern;, á primera vista,
El bien ó el mal sin mezcla, instigador de envidia ó de odio.
Temerario cuando no insensato seria el hombre que querria
cambiar su suerte can la ajena:
El cambio seria desastroso y la misericordia celeste ha
puesto obstáculo:
Pues conocemos lo peor que está en nosotros, pero los se
cretos ajenos nos están ocultos.
Y más vale el mal cierto que el temor y la aprehension de
lo que es peor.
— 129 —
Justa, inflexible y oportuna es la regla moral de Dios;
Da su fruto en su época, está firme en sus juicios, igual en
la medida de sus dones:
Sin embargo, los hombres que sólo consideran la superficie,
creen que los impios son dichosos,
Y no tienen en cuenta esta tranquilidad del alma, que re
compensa al justo en medio de las aflicciones.
No ven los sueños horrorosos que se agrupan al rededor de
la cabecera del impío,
Como víboras enrolladas, arrastrándose noche y dia en los
alrededores de su conciencia;
No oyen las sugestiones terribles que tocan á la puerta de
su voluntad,
Incitándole á borrar de la vida el único y frágil testigo del
atentado;
No conocen el tormento de las sospechas que desgarran su
corazon extenuado,
Cuando el ojo sereno de la penetracion lee, de un punto á
otro, la verdad.
Lo mismo, ¿qué saben del hombre de bien? de los recuer
dos sonrientes cuyo santuario es el corazon del mortal bonda
doso, y que brillan en sus ojos;
De esta razon calma y justificante que confirma la intencion
del hombre íntegro,
De esta voluptuosidad celeste que inunda todos los pensa
mientos del hombre piadoso.
Tal como mendiga su pan de puerta en puerta, cierto indi
viduo con cabellos blancos, rústico despreciado de los campos,
Tiene más de lo que constituye el fin de toda riqueza, que
cien mundanos que multiplican los medios.
Además, la compensacion moral atañe al secreto del pensa
miento,
Pues si tú tienes mala opinion de tu prójimo, será tarde ó
temprano tu enemigo;
Y sin embargo, quizas ignora la causa de tu repugnancia,—
La causa de las sospechas injuriosas, por las cuales estás
castigado:
Y si te inspira movimientos de caridad, si tú formas votos
por su felicidad.
17
— 130 —
El no adivinará el encanto secreto que te lleva á amarlo;
Es que la ley universal que devuelve á cada uno igual, es
justa.
Sanson, seducido por Dalila, pecó gravemente.
Jacob engañó á su hermano, y el dolor fué su porcion hasta
el sepulcro:
David está obligado á huir delante de su enemigo, y esto ¡í
pesar de estar cubierto su pecado:
Y aquel que desde su juventud, parecía un anciano, fuá
molestado por el pecado ajeno;
Pues no hay crimen que no tenga su castigo particular:
Sea sensualidad, temeridad ó inclinacion viciosa, el miem
bro que ha pecado sufre, —
Hé aquí porque el gran Expiador ha sufrido en todos los
poros.
Al Esclavo, como al que lo oprime, la noche trae un dulco
frescor;
Y la mitad de la vida del más miserable de los mortales, es
un sueño tranquilo y dulce.
El dolor devuelve el placer más picante, y realza las deli
cias de la salud;
La afliccion tiene su alegría, y no es conocida más que de
aquel que llora,
La locura tiene su quimera de dicha; y la mayor parte de
los hombres no tienen nada de sobra;
La vejez vive en la calma, y la juventud no tiene el tiempo
de gozar.
Dia trás dia, en el seno de la felicidad, el alma del justo tie
ne sus vejaciones,
Y para la miseria del pecado mismo, hay el encanto del
perdon.
¿Qué has visto en las facciones del ciego, sino el descoiv
tento?
Y el oido sordo escucha la música interior y silenciosa del
corazon.
El mal está derramado en la tierra por los desbordes de la
corrupcion, —
Enfermedad y pobreza, sufrimiento, crimen, demencia y
cuidados;
— 131 —
Pero, como el agua del manantial, sube y baja para hallar
su nivel.
La justicia trabaja sin cesar á tin de igualar las suertes.
¡Sí! la costumbre, la esperanza, la ignorancia y el aisla
miento,
El vigor de la razon del sabio, y el espíritu obtuso del im
bécil,
La elasticidad ligera del valor, la resignacion tranquila de
la humildad,
La paciencia sufrida del hombre resuelto, la fría indiferen
cia de la apatía,
Los socorros reales, aunque invisibles, y los favores celes
tes cuya influencia se siente,
La asistencia de los ángeles con la ruina, segun el mundo,
el perjuicio al cuerpo con la ganancia del alma,
Dolores ocultos y alegrías mudas, agujas en la carne, y los
consuelos del espíritu,
— (Si no fuera la barrera intransitable entre la inocencia y
el crimen), —
Poco falta para que nivelen todo, merced á esta ley de mi
sericordia, — la Compensacion.
LA APROBACION,
Las alabanzas de los hombres piadosos son una prenda de
las alabanzas de su Maestro;
La vanguardia de tu bienvenida, — Esto va bien, bueno y
fiel servidor:
Sonido armonioso, rico preludio, cayendo gota á gota en el
oido;
— 132 —
Para decirte que las libras de tu corazon están de acuerdo
con los cánticos celestes.
A veces es peligroso parar la atencion, su dulzura podría
adormecerte,
Y el tónico bebido á grandes tragos podría engendrar los
vapores de la presuncion.
Así no hagas caso, pero prueba, y sigue tu viaje alegremente,
Pues el navegante no disminuye las velas, aunque el sán
dalo de los bosques del Arabia lo atraiga,
Y el perfume de este incienso te incomodaría, como una
tarde de verano,
Las flores dulces de la gayomba oprimen tus sentidos en
cantados:
Demasiada alabanza tiene el hombre, pues se alaba él mis
mo continuamente,
Y la ocasion de darse valor ó excusarse jamás le falta.
Alabu al insensato, y lo matas: pues su vanidad desplega
todas sus velas:
La barca es sin fondo, y se sumerge al primer ventarron.
Alaba al juicioso, y apresuras su carrera, merced al lastre
de la humildad,
Y está encantado de verse animado por la simpatía de sus
hermanos en la ribera.
La alabanza del hombre virtuoso es preciosa, pues tiene el
espejo de la Verdad,
A fin de que la virtud contemple su propia hermosura, y
mire con gusto sus facciones encantadoras:
La alabanza del malo es execrable, porque vela la difbrmi-
dad del Vicio.
Arrojando la capa de una reina sobre los miembros de un
leproso.
La alabanza es un reproche para el hombre cuya concien
cia la rechaza:
• Y en donde la conciencia es sensible por todo lo que es de
bido, ninguna alabanza vale más que poca.
No hay hombre que esté exento de vituperio, si desprecia
la aprobacion sincera de su igual,
Nadie sin embargo, puede buscar una justa reputacion y
merecer que se le honre;
— 138— ....-
Si ella viene, acógela, se agradecido y que el suceso te h«*
mille:
Si tarda, no te desanimes; la abeja sabe coger la miel en la
calle;
¿Tu punto de mira es tan bajo que el aliento de los que te
rodean
Puede apresurar el vuelo de la .flecha emplumada ó retar
darla?
El niño lanza su dardo á la mariposa, pero el blanco del
hombre es el águila:
Miéntras que sus compañeros discurren, él triunfa en las
nubes.
Únete con la verdad, con la piedad, y ejerce los talentos
que te están confiados, .\
Así vivirás en paz, mereciendo, ó al ménos poseyendo.
Alaba á uno de tus amigos si puedes; pues muchas amista
des han decaido,
Como una planta demasiado apretada en un rincon, en el
cual taita el sol á sus hojas. ' ,.
En cuanto á otro, no lo alabes á mequdo, — de otro modo,
te despreciará;
Pero economiza tus elogios; á fin de que hagan honor á tu
juicio: . .
Pues alabando los demás con tanto celo, tú reconoces tu
propia inferioridad, . , .
Y á pesar de tu estimacion, aquel á quien has elevado tan
to te mirará de arriba abajo. ; .
¿Quieres que ee acuerden de un hecho? '— alaba al que tú
aconsejas;
Jamás hombre ha olvidado la palabra que lo lisonjeó. ;
Más vale ser censurado por mil tontos que ser aprobado
por un verdadero sabio;
Pues los buenos son ménos entusiastas para hacer justicia,
que los profanos en poner obstáculo:
Así, en donde el mundo más vitupera, allí es donde debes
buscar la excelencia, t .... . .. .-.. .....
Desconfiando del bien, cuyo elogio es hecho por.los malvados.
Es la bondad más que la severidad, la que une la tropa al
capitan,
-134 —
Y «s justo que recompense la buena conducta, y sujete al
culpable;
Al que da, el laurel cuesta: pero para aquel que lo gana,
es precioso,
Y la mirada de aprobacion del jefe regocija el corazon del
moldado.
Un elogio á tiempo vale más que los reproches merecidos.
Pues el sol es más útil á la planta, que la cuchilla que ex
trae el cáncer;
Más de un padre se ha equivocado, absteniéndose de las
reprimendas.
Pero muchos más han pecado, rehusando el elogio debido:
Muchos hombres se parecen á Eli; pero éstos son más cul
pables que él.
Ellos hielan la Cuente de la emulacion por las miradas he
ladas de la indiferencia:
Llamais un hombre fácil y bueno, cuando es una espada
con dos filos;
No reprende el vicio y se hace fuerte; no consuela la vir
tud, y ella languidece.
Nada en medio de los hombres es más eficftz que uu don
hecho á tiempo;
Y un don detenido cuando se espera, separa los amigos más
íntimos: •
Pues, ¿qué es un don sino un símbolo al cual la alabanza y
la estimacion forman la sustancia?
¿Hay una flecha más puntiaguda que la negligencia injusta?
No esperes los elogios de la bajeza, ni el agradecimiento
del egoismo:
Y si tú puedes conservar la amistad del orgulloso, guárdate
do prestarle servicio:
Pues este hombre te odia, por causa de su deuda: tu don
lo humilla; — Y jamás su orgullo reconocerá íu beneficio:
Se hará enemigo tuvo, por temor de que pienses de su
amistad
Que él te considera como un acreedor y que él no ocupe
sino un segundo lugar.
Por todo esto, corazon generoso y sensible, es preciso que
la ingratitud no te enfrie,
— 135 —
Ni que el aliento del agradecimiento te exalte un momento,
Haz el bien por causa del bien, no esperando mérito ni
amor:
Derrama tu semilla en medio de las rocas, arroja tu pan en
las aguas,
Que aquel que está más destituido de recursos,- tenga el
mejor título de tu atencion, —
Así tu elogio será más hermoso, y cosecharás una rica re
compensa.
Si un hombre profesa tu símbolo, y ajusta sus pensamien
tos á tus opiniones,
Lo mirarás como un hombro bien dispuesto, excusarás áun
sus defectos:
Pero, ¿no ves, pobre supersticioso, que tu celo no es más
que el deseo de alabanzas,
Y que la adulacion de sí mismo completa la alegría del
proselitismo?
El hombre que mucho alaba es siempre bienvenido,
Pero el que á menudo vitupera, no conservará amigos;
El albaricoque aterciopelado no se parece á la castaña de.
la India llena de espina?,
El puño de ámbar pulido no es tan ordinario como el de ,
cuerno de ciervo.
Muéstrame el hombre popular; te diré el secreto de su
poder;
Los ha conquistado con palabras dulces, encantando su oí
do con la lisonja,
La sonrisa de la aprobacion simulada os siempre el indicio
fie su presencia,
Y son sus miradas afablas y el fervor de sn asiduidad las
'jue conquistan á todos los corazones.
Nada bueno hay que no pueda ser mejor, y lo mejor aun
poclria serlo más;
Puede ser que el ciego discierna, y que el imbecil encuen
tre falta ó defecto á todo lo que existe;
Y el espíritu estrecho no ve el lirio sino con un micros
copio,
Apresurado, por descubrir manchas en la túnica de la pir
reza;
— 136 —
Pero una alma grande contempla el sol, ella se regocija por
su esplendor,
Y adquiere un conocimiento extenso de sus beneficios en
la pradera vastado la creacion:
Si saca basiliscos, ¿qué importa? si tiene manchas, ¿qué im
porta?
Su excelencia es completa, ¡qué su elogio lo sea tambien!
EL RECREO,
Meunir lo útil á lo agradable, aprovechar el placer,
Tal es el objeto del sabio, que descansa á la sombra y se
recrea;
Pues él no puede aniquilar su espíritu, ni poner trabas á los
torrentes de su sabiduría;
Aun cuando buscara la locura, el mentor secreto lo suje
taría:
Es que el saber y la ignorancia tienen cada uno leyes esen
ciales á su naturaleza,
Las diversiones del sabio son estudios, y el insensato se ríe
en sus mismos estudios.
Los libros de la biblioteca celeste, su número es pequeño,
pero están llenos de instruccion,
Y la alegría, la dicha que nos procuran, convienen á todas
las estaciones:
El volúmen de los misterios y de la Gracia, en la hora de
las meditaciones profundas,
En que el alma atenta contempla con sorpresa la maravilla
de su existencia:
El libro del destino y de la Providencia, el dia del estudio
severo,
— 137 —
En que el espíritu recoge la, sabiduría debajo de los olivos
de la historia:
Las páginas alegres de la Naturaleza, delicias de un dia de
fiesta,
Cuando la tarea del deber concluyó, cuando el corazon sa
tisfecho se abre.
El alma no puede sin peligro fijar sus miradas sobre los
abismos del porvenir;
Es preciso que el espíritu no se doble siempre como el Par
to, hácia el pasado;
Y si estás cansado de luchar en el campo espacioso de la
ciencia,
Deja á tu rival á la mitad vencido, en el polvo,
Restaura tus miembros cansados, y dotado de un vigor nue
vo, vuelve al conflicto, —
Entónces, merced á este intervalo, el triunfo será fácil.
Se Encuentraen el volumen de la creacion, la instruccion al
lado del placer,
Y la alegría de la sabiduría embellece todos los capí
tulos.
Los elementos de todas las cosas son los mismos, aunque la
naturaleza considerándolos, los haya diferenciado,
Y la ciencia se place en descubrir la afinidad de los con
trastes aparentes:
Así, de las grandes y pequeñas cosas, ella deduce los se
cretos del universo,
Y de una piedra arrojada por un niño, saca la prueba del
circo de los astros.
Es dulce observar tantas plantas, desde el junco hasta el
cedro fornido,
Desde el rey-gigante de los palmeros, hasta el liquen que
mancha su tronco;
El acechar los movimientos del instinto, esta razon princi
piada de las bestias, —
El hipopótamo paciendo en los juncos, el chorlito real la
mentándose en los pantanos,
El caiman, en su lecho fangoso, calentándose al sol; el wal-
ms anclado en un banco de hielo,
El perro á los piés de su amo, las vacas en los prados;
18
— 138 —
Es dulce seguir las trazas del arte consumado que dió el
modelo á la estructura de los insectos,
El ver relucir al sol, en los pétalos de las flores de los cam
pos, las alas de los pajaritos,
El descubrir alguna utilidad en un caracol, y más que la
hermosura en una mariposa,
El reconocer afeccion en una falena, y mirar con admira
cion á una araña,
Nos encantamos al mirar el firmamento, y ver de léjos la
morada de los bienaventurados,
Cada uno de estos mundos lejanos y brillantes, el reino de
uno de los elegidos;
El leer la historia primitiva del mundo, marcada en las ro
cas sobre estas medallas
Que un Designio profundo ha conservado, á fin de que ellas
anuncien la niñez del tiempo;
El escoger entre los galeas, desecho de las olas, estas ága
tas con forma de estrella,
Estas flores sin historia que las vulvas de la Calcedonia
revelan:
O conchas elegantes y raras sombreadas con cinceladas mi
croscópicas,
Algas frescas y coralinas, abriendo sus ramas delicadas.
Deducir del cambio la causa, es una admirable leccion.
Estudiar la química de la Naturaleza, sus secretos á la vez
simples y grandes,
Explorar tantas maravillas, descubrir tantos recursos,
Reparar las compensaciones de su bondad, su excelencia y
su reserva.
Es una feliz sabiduría que ve en todo esto las leyes bien
organizadas de Jehová,
La armonía de todos sus atributos, la justicia que templa
su bondad,
Esta maravillosa analogía predominante que atesta la uni
dad del Creador;
La flecha del Gran Rey, grabada en todas las municiones
de su arsenal.
Guárdate sin embargo, adorador del Altísimo, de olvidar
sus beneficios.
— 139 —
Aunque las brillantes emanaciones de su poder lo oculten
bajo del sér creado, este velo de gloria:
Pues en la mar de la ciencia, si tú no miras la estrella po
lar de la religion,
Tu barca olvidará el puerto, se echará sobre el arrecife de
la locura,
Y si prendido de los medios, no consideras el fin que se
proponen,
¿En qué eres más juicioso que el niño que se divierte con
juguetes?
Es evidente, erudito frivolo, que no has estudiado sino pa
labras;
Pues así como el motivo es el alma del acta, la memoria se
prende de los lugares,
El sol hace la tierra fecunda, la afeccion vivifica el corazon,
Tal es el recuerdo de Dios en las maravillas diversas de la
creacion.
. El Hombre ha multiplicado los inventos, para distraer los
fastidios de la existencia,
Para facilitarle el modo de olvidar las realidades, y para
ocultar las miserias del crimen.
Por el amor de las alabanzas, la esperanza del beneficio, por
las pasiones y la dicha ilusoria,
Se une al círculo de la locura, alimenta el fuego de la exal
tacion;
A menudo, se desanima, la fastidiosa insipidez del placer
lo entristece,
A menudo, trabaja en vano, la mentira es palpable, con
vincente:
El hombre sin embargo, dirige á su hermano las dulces pa
labras de la felicitacion,
Y 61 mismo, desgraciado, cree en la dicha ajena:
Nos damos la mano, nos cansamos, divirtiéndonos,
Miéntras que en secreto el corazon mana sangre, vacío de
todo ménos el desencanto.
Los placeres ménos costosos son los más reales; y nada
cuesta tanto como el pecado:
Hipotecamos el porvenir, como si la pérdida no fuera nada;
Y es imposible tener placer con lo que engendra el dolor,
— 140 —
Buscamos por todo esto, la alegría, en los fuegos mismos
que la consumen,
Quien quiera bailar los goces, los encontrará en la cabaña
del pobre,
En donde la beneficencia derrama al rededor las espigas de
la abundancia:
El que quiera calentarse á los rayos de la paz, puede ser
visto por ella, haciendo misericordia,
Cuando las lágrimas del reconocimiento mojan la mejilla
pálida del indigente.
Si el estudio cansa el espíritu, si la enfermedad cansa el
cuerpo,
Es bueno quedar en barbecho, y no buscar sino la diver
sion:
Pero el dia del vigor y de la prosperidad, cuando el enten
dimiento toma su vuelo y plana,
Contentarse con placeres estériles, es soñar en el lecho de
la indolencia.
DEL BIEN EN LOS MALES,
Yo escuchaba al pecador; él reprochaba á Jehová su bondad.
¿Por qué si el Todopoderoso es amor, permite la miseria y
el dolor?
He visto al niño de la esperanza atormentándose en el la
berinto de la duda,
¿Por qué, ¡oh Dios santo y justo! el cuerno de tu vil enemi
go se eleva tanto?
¡Desgracia á este mundo que gime, morada de aflicciones y
crímenes!
._ 141 —
¡Desgracia á la Tierra, este campo de batalla, en el cual el
bien combate al mal!
Los Angeles, deteniendo su aliento, miran deseando tomar
parte en el conflicto,
Pero en las tropas del Capitan de la Salud, sólo se alistan
los soldados de la cruz;
Y es preciso que esta banda débil combata sola: su triunfo
no será ménos glorioso;
Bastante numerosa para la victoria, la divisa de su estan
darte es, Bastante.
Tú te entristeces, ¡oli ciudadano del mundo, rodeado de do
lores, de enfermedades y muertes,
Pero acuérdate, tus manos la ganaron; no te quejes del sa
lario de tus acciones:
Es menester que tus pecados, y los de tu padre, traigan
consigo muchas penas,
Y si insistes en beber un dulce veneno, te corromperá
hasta el fondo del corazon.
¿Quién eres, sino el heredero del mal, sin ningun derecho
al bien?
El descanso de un intervalo, es un favor que la Justicia po
dría rehusarte:
Así calla, oh hombre, que tanto necesitas ser perdonado.
Y espera, hijo de la esperanza, pues el tiempo te enseñará
todo.
Escucha sin embargo, pues mis palabras te consolarán: con
un atrevimiento reverente,
Quisiera correr el velo oscuro, que oculta la simetría de la
Providencia.
El dolor y el pecado son presidiarios; trabajan por tu
bien;
Las armas del mal se vuelven contra él mismo, si combate
bajo de mejores insignias:
La sanguijuela se complace en morder, y el malvado se
place en hacer daño,
Pero el hábil Médico del Universo se sirve de él para cu
rarnos.
A la verdad, el fruto de nuestros dolores es la simpatía y
ta beneficencia;
— 142 —
No es raro que la paciencia, la humildad, la fe, nazcan de
las tuyas.
Humillado por sus aflicciones, tu enemigo no está léjos del
perdon,
El amigo que ha probado las calamidades, encenderá el in
cienso apagado de tu amor:
Y en cuanto á tí, ¿es poca cosa el aprender así tu fragi
lidad,
Y salvar todo el cuerpo porque un hueso te duele?
Cualquiera que sea el ardor del brasero de la afliccion, si
ella limpia tu alma,
La bondad de un humilde pensamiento destruirá años de
tormento.
¡Sin embargo, desgraciado! si la llama endurece tu corazon
depravado,
Porque eres tierra, arcilla y no cera amoldada,
No juzgues á la mano que te golpea, como si te visitara en
su cólera:
Repróchate á tí mismo, pues El es Justicia; arrepiéntete,
pues El es Misericordia.
No imagines ya, frivolo calumniador de la Sabiduría, que
todo es mal:
Es del todo necesario que el mal mismo florezca.
¿Gozaría la vista de un medio-dia perpetuo, y el oido de
armonías siempre iguales?
¿No acogemos con voluntad el contraste entre los hielos del
invierno y las flores del verano?
Sin enemigos, ¿qué seria el poder? sin objeto, ¿qué seria la
misericordia?
¿Qué seria la verdad, si el error fuera imposible, ó el amor,
si el amor fuera una duda?
Los atributos de Dios serian inútiles, si en su derredor to
do fuera perfeccion,
Y como la muerte, las virtudes dormirían, si la ocasion de
hacer mal les faltara.
No existe más que un todo-perfecto, uno solo; el hombre
no se atreve á raciocinar sobre su esencia:
Pero el cielo mismo tiene sus defectos, á fin de que haya
dicha de sobra;
Un reino en el cual no hubiera más que lo Mejor sin colo
res, seria un mar muerto, la estagnacion del sér,
Y el círculo de la perfeccion absoluta, seria la cifra abstrac
ta de la indolencia.
El pecado es una sombra horrorosa, pero añade nuevas
glorias á la luz,
El pecado es una hoja negra, pero da relieve á los alegres
del cielo:
El pecado es un traidor, ha obligado á la magostad de la
misericordia á que obrara;
El pecado es un argumento, justifica el. atributo de la ven
ganza.
Este pensamiento que es un abismo, pide pesquisas más
exactas,
Pero, quizas el mal era esencial, á fin de que Dios fuese
visto por sus criaturas:
Pues en donde no está la perfeccion, el bien posible falta,
La ausencia de lo mejor posible disminuye el mérito de lo
que es bien,
Y las criaturas, estando necesariamente acabadas, no pue
den ser perfectas:
Aunque en bajo grado, la creacion implica el mal,
Imputa la locura á los Angeles, y los cielos no son puros
delante de él:
Pues todo lo que existe en el universo es imperfecto,
Y es preciso por causa del gran número, que la sombra
suavice la luz que resplandece en uno solo.
Así el bien está en el mal; sin esto nadie hubiera conocido
á su Creador;
Jamás esencia, inteligencia espiritual, hubiera completado
sus altas perfecciones,
Jamás harpa celeste hubiera celebrado las maravillas de su
Sabiduría,
Jamás redimidos del Señor, hubieran proclamado los triun
fos de su misericordia,
Jamás demonios hubieran manifeátado los terrores de su
justicia,
Pero Dios se hubiera hallado solo, en el aislamiento terri
ble de la santidad.
— 144 —
Sin embargo ¡oh pecador! no endurezcas tu corazon en el
crimen,
Y no te ilusiones con un triunfo imaginario, porque eres
ménos inútil que vil,
Porque tus abominaciones realzan el resplandor de la luz;
Porque el mismo volcan que quema y destruye un conti
nente, .
Ha arrojado algun islote en la bahía de olas azules;
Porque, á fin de manifestar los accidentes y las cualidades
del bien,
Las legiones negras de Satanás, peones sin saberlo, han
trabajado:
Pues el pecado es siempre pecado; es tan odioso que el
amor lo aborrece;
Es una mancha que la justicia debe borrar, en la gloria de
la creacion.
Es una lepra repugnante, que roe el alba de la inocencia;
Un soplo destructor, la plaga del santo peregrino:
La rasgadura que se hizo al velo del santuario, cuando
Dios dejó su templo.
Así, si tú no lloras tus faltas, examínate tú mismo:
Teme el mal, ó haz frente á su enemigo: teme el crimen, ó
no temas la justicia.
Además, dijo el Espíritu: sus obras le siguen;
Costumbres, pensamientos, acciones, hé aquí las sombras y
los satélites de sí mismo.
¡Qué! ¿la bajeza, la impiedad, la impudicidad, el desórden ?
la indolencia y la vanidad, serian el cortejo de un pretendiente
al trono?
Por más que hagas, el tren que traes contigo te acompaña
rá en todas partes:
Al hijo del rey un trono, al traidor un calabozo,
Pues las obras siguen al hombre: puesto en juicio cuerpo á
cuerpo,— Hé aquí el falso testigo, hé aquí el santo calumniado;
El esclavo y su amo, sanguinario; el pobre y su bienhechor;
El engañado crédulo, y el ladron diestro: el asesino, y — su
víctima.
Todos se hallan en muchas personas: las ménos culpables
comparecen delante del tribunal:
— 145 —
Y la excusa del que creiamos peor es á veces la más válida.
Los talentos cualesquiera que sean, traidos por el hombre
al nacer,
Arrojados en la balanza, operan cambios inesperados;
Y el presidiario quizas, tiene el paso en la ermita;
Es que los obstáculos en este, lo llevan sobre las inclina
ciones de aquel.
Hay personas que áun con las riquezas inicuas, se han he
cho amigos, —
Amigos que los escoltarán á las moradas eternas,
Representadas en la nube, por testigos vivientes que se
agrupan á su derredor,
La caridad, la modestia, la verdad, el celo, la sinceridad, la
paciencia.
Otros se han hecho enemigos, áun con un beneficio honrado,
Enemigos cuya queja tendrá su respuesta, ántes de que la
puerta resplandeciente sea abierta:
El orgullo, el egoismo, la indolencia, la apatía, la cólera, la
mentira,
Entregan á las penas eternas á los que gemirán en el fuego,
El amor podria salvar el mundo; desea ardientemente su
felicidad,
Y lo libraría de la persecucion de sus perros del infierno,
sus acciones:
Pocas personas sin embargo, uno aquí, otro allá, raras como
las espigas en un campo espigado,
Se adornan con las túnicas del honor cuya Misericordia re
viste á los que están desnudos;
Los ingratos aprietan más su túnica envenenada con sus
obras,
Y confiando en sí mismos, perecen abandonados de Dios.
19
— 146 —
EL MATRIMONIO,
Pide una buena mujer á tu Dios, pues ella es el más her
moso presente de su Providencia,
Sin embargo, no exijas por un exceso de confianza, lo que
no ha prometido.
Tú ignoras cual es su santa voluntad: — que tu ruego esté
conforme;
Y entrégate á su misericordia, en la certidumbre que obra
rá en tu favor.
Si debes tener la mujer de tu juventud, actualmente vive
en la tierra;
Así, piensa en ella, y ruega para su bien, aun cuando no la
hubieras visto.
Los que temprano aman tienen las mismas miras, y el ten
tador no les toca:
A medida que crecen, se sostienen uno y otro como el olivo
y la viña.
La juventud suspira por un alma que se le asemeje, y con
ardor desea encontrar un corazon que corresponda al suyo:
Ella medita de dia y de noche, loca con la imágen que ocu
pa su fantasía.
Cuidado que lo que te encanta sea real, que no sea un ob
jeto imaginario,
Y no permitas que algunas fatalidades te inspiren amor:
pues la mujer es tuya hasta la muerte.
Puede ser que el harpa y la voz te encanten, puede que un
sonido encante tu oido;
Mas, piénsalo bien, la mano se secará, y los dulces acentos
cambiarán en desacuerdo:
Puede ser que el ojo tan vivo por la tarde, esté rojo por las
lágrimas ántes de la mañana,
— 147 —
Y es menester que la silfíi.lo de formas elegantes sufra las
muecas del dolor.
Fdiz suerte, destino bendecido, alegría digna de los ángeles,
Si la cadena de oro de la verdadera piedad se enlaza con
las rosas del amor:
Mas no afectes devocion para obtener favores á los ojos de
un sér creado:
Este es el crimen mortal del hipócrita, y te expone á la có
lera en el otro mundo.
El ídolo de tu corazon es como tú mismo, una extraña pues
ta á prueba en la tierra,
Así es, vela su alma, la alhaja de su cofrecito:
Que sea hija de Dios, á fin de que traiga una bendicion so
bre tu casa.
Una bendicion superior á las riquezas, y que trae en su
compañía la satisfaccion:
Que sea heredera del cielo, á fin de que te ayude en tu ca
mino:
Pues los que están á una en la fé, combaten á dos manos
contra el mal.
Ten cuidado de que no te prefiera á Dios, por temor de que
no caiga en la idolatría:
Sin embargo, asegúrate de que te ama; pues su corazon es
un corazon de mujer;
Y es preciso que la triple naturaleza de la. humanidad esté
unida con triple cadena,
Alma, espíritu, cuerpo, piedad, estimacion, afeccion.
¿Cuan bella es la modestia! Ella encanta á todos los que la
contemplan:
Mas una palabra, una mirada, puede destruir esta llama
que á tí sólo pertenecia.
No afectes desden á la hermosura; nadie está exento de su
influencia:
Sin embargo, no la mires como una perla preciosa: se des
vanece como el arco-íris.
Si el carácter es dulce, á menudo sucede que las facciones
llevan la seña.
La sonrisa tierna de la que os ama, vale más que un res
plandor efímero.
— 148 —
Al buscar una mujer, no pienses sólo en ti.
Pero tambien en los hijos que Dios querrá darte, por temor
de que no te echen en cara su existencia:
Asegúrate de su salud, por temor de tener que llorar su
pérdida prematura:
Asegúrate de que el tronco de donde sale es sano, por te
mor de que tus hijos perezcan contigo:
Pues la piel más fina recela á menudo una enfermedad con
sumidora,
Y en más de una mejilla rosada brilla el explendor de la lo
cura.
Observa la conversacion de la que amas; que sea sencilla y
sincera;
Pues la mujer artificiosa y falsa llenará tu lecho de espinas:
Observa su conducta para con los demás, cuando ella pien
sa que no estás á su lado;
Es que en tu presencia el encarnado del amor cubre el co
lor de su alma.
¿Es sábia? el saber es una ventaja, si la modestia lo acom
paña:
¿Es juiciosa? la virtud es preciosa, pero ten cuidado que la
tuya sea mayor.
Es menester que la mujer esté sujeta, y la verdadera supe,
rioridad viene del alma.
Únete á tu igual, ó serás puesto á los piés del orgullo,
Y no busques la opulencia, por temor de encontrar la mi
seria:
No te cases sin medios de vivir, pues seria tentar la Pro
videncia:
Mas no esperes á tener más de lo que necesitas, pues el
matrimonio es el Deber de la mayor parte de los hombres;
El peso seria grande si la inocencia y la salud lo llevaran,
Y un matrimonio bien encontrado tiene pocas penas.
El dia de tu dicha, acuérdate delos pobres; y harás una ri
ca cosecha de bendiciones.
Pues éstos son los pupilos del cielo, que llenan tu copa de
placeres:
El dia de tu alegría, se agradecido: Dios es muy digno de
tus alabanzas;
— 149 —
Es un corazon vil é interesado el que no recurre á El sino
en la afliccion.
Por el amor de la quo se apoya en tu brazo, no busques la
atencion del mundo,
Y acuérdate que un retrete modesto te sienta mejor que
una vana parada.
Si te casas, que los extraños sean tus aliados; ten cuidado
que no te ridiculicen;
Si te casas, tú dejas á tus padres; que no sea en un acceso
de cólera. .
No vios, peregrinos de la vida, los cuales viajais al lado uno
de otro,
'Al principio de vuestra carrera, no descuideis el favor ce
leste:
Que el día que llena vuestras esperanzas, sea consagrado
por numerosas oraciones,
Y cada noche, prosternaos juntos áfin de que vuestra ale
gría no sea profanada;
Los ángeles, ministros de misericordia que os rodean, se re
gocijarán,
Y Dios derramará sus más ricas bendiciones sobre vuestros
hijos favoritos.
El matrimoni o es un tipoy un ¡vnte-gusto de cosas más san
tas é invisibles,
Y el símbolo de la dignidad y la gloria merece ciertamente
nuestro agradecimiento.
Conserva la pureza de tu corazon, por temor de que des
honres tu estado;
El amor á sí mismo es odioso y vil, pero el amor no busca
su propia ventaja:
El malvado cambia el bien en mal, pues BU espíritu está
pervertido;
Mas el corazon del justo es casto: su conciencia rechaza el
pecado.
Si quieres que te amen, que tu confianza sea sin reserva;
Si no quieres sospechar, permite tambien que confien cie
gamente en tí.
Pues donde la confianza no es reciproca, el amor crédulo se
marchita.
— 150 —
Xo oculteis vuestro dolor ni vuestra alegria, sed francos
uno con otro;
Que la amargura se aleje de vuestras lenguas, y que la sim
patía dure en vuestros corazones.
Comunicándonos nuestros males, no queda sino la mitad, y
doblamos los placeres de la vida,
Pero las penas se multiplican y se apresuran en el espíritu
sombrío de la Reserva.
Joven Hermosa, no seas indócil, y no olvides que la modes
tia te sienta.
Si la rechazas hoy, ¿no creerémos que ántes era simulada?
Sin embargo, no seas una niña tímida; honor es debido á tu
estado;
Un tono digno, conviene á la modestia de una madre de fa
milia: no se ruboriza, pero no es atrevida.
Se bondadosa para con los amigos de tu marido, á causa do
la amistad que le profesan,
Y sufre con paciencia sus enfermedades; ¿no necesitas do
su indulgencia? ,
No esteis siempre juntos: á veces conviene el estar solo;
Demasiada monotonía inspira una repugnancia recíproca:
Uno y otro poseen una alma, y es preciso que sea nutrida;
un espíritu que la Sabiduría debe instruir,
Así es, estando responsables del uso que haceis del tiempo,
ayudaos uno y otro en aprovecharlo.
Si conoceis que el amor disminuye, buscad en el acto la
causa secreta de esta mengua;
Que no se empeore, ni siquiera un día, pero confesadlo, de
ploradlo juntos:
Reconciliaos en seguida, pues el amor es la vida del ma
trimonio,
Y, victoriosos del mal humor, dividid el honor del triunfo.
Que nadie, oh mujer, goce de tu confianza sino tu marido:
Que nadie, oh marido, te sea más querido que tu mujer.
En medio de la alegría de una familia bien organizada,
acuérdate que esta vida no es tu reposo;
Pues la hermosura actual de la sombra podria hacerte ol
vidar la realidad por venir.
Si Dios os concede hijos, es un placer alarmante,
— 151 —
Una inquietud más dolorosa, una alegría más viva, v el
círculo de vuestra existencia engrandece:
Si Dios en su sabiduría los rehusa, dadle las gracias por una
misericordia desconocida:
¿Pues quién sabe si serian una dicha ó una calamidad?
Podeis, sin embargo, rogar como Ana, entregandoos á la
voluntad de Dios:
La resignacion suaviza el cáliz, pero la impaciencia derra
ma una gota de vinagre.
Hé aquí, pues, el sumario del argumento, si quereis ser es
posos dichosos,
Sed confiados, amad, sufrid; sed fieles, firmes y piadosos.
LAS INFLUENCIAS INDIRECTAS,
Haz frente á tu enemigo en campo cerrado, y quizas halla
rás tu maestro,
Pues el arma está atado á su mano, y sus arneses están dis
puestos para el combate;
Pero encontrándolo cuando no te busca, apunta su coraza,
Y bajará la cresta de su orgullo, su crueldad morderá el
polvo.
No te atrevas con un leon en su hoyo, pero abre el hoyo
secreto,
Así subyugarás al fuerte, triunfarás á pesar de tu debilidad.
El huracan ruge, pero el promontorio no se mueve,
Rechaza la artillería de los cielos, como las azagayas son
rechazadas por los broqueles del cocodrilo:
Pero la marcha silenciosa y continua del mar, que se insi
núa paso á paso.
— 152 —
Destruye el muro de diamante, y prepara á hurtadillas, su
ruina.
La debilidad de la casualidad se efectúa, en donde la fuer
za del designio hierra:
Y una analogía fortúita basta, para convencer al espíritu
que la razon espanta.
¿No escuchará el hombre? guarda silencio; y prueba tu
máxima por el ejemplo:
¡No temas! No has soltado la presa, aunque tu boca falta á
la razon.
No disputes sériamente con un loco, pues tu buen sentido
hace demasiado honor á su vanidad;
Y tal error jamás se hubiera esparcido, si no lo hubiesen
refutado sábiamente.
Aun luchando por la verdad, el hombre sincero ha hecho
mucho mal,
Y el que odíala Sabiduría ha hecho mucho bien sin saberlo:
Pues el entendimiento es un juez exacto, y si sobrepujas tu
argumento,
O si no estás de acuerdo contigo mismo, ó si tú pierdes de
vista el objeto principal,
El espíritu que te acompañaba se parará, volviendo atrás
sin tí,
Y te habrás suscitado un adversario, en donde hubieras po
dido hacerte un amigo.
Insinuaáones sembradas con habilidad, arrojan en el alma
un trastorno extraño,
Cuando una acusacion directa seria demasiado atrevida y
fútil para la calumnia:
Una sospecha arriesgada con finura toca á los nervios, los
nervios contraen las frondas,
Y la mimosa sensitiva de la afeccion tiembla hasta en su raiz ;
Y de las amistades, encinas que habian tomado un semi
círculo al crecer, y que no temieron la tempestad,
Han sido atacadas en una noche por un gusano, como la ca
labaza del profeta.
¿Has amado sin conocer los celos? pues una ojeada
Encanta tu corazon ó lo desespera más que mil pruebas.
¿Has odiado sin descubrir que tu silencio desdeñoso
— 153 —
Atormenta á tu enemigo más que los gritos furiosos de la
maldicion?
El sabio triunfa por su superioridad, porque oculta la causa
destructora,
Pero el insensato golpea como un ciego, y su adversario se
aprovecha.
Mira estos arcos destruidos, estas ventanas sin cristales,
Esta columnata vacilante que blanquea al sol,
Esta mitad rota que se avanza para sostener una mata de
hiedra:
¿Crees que estos millares de ojos que radian de éxtasis en
frente de una ruina,
Hubieran contemplado con tanta emocion al edificio per
fecto?
¿Y por qué no — si no fuera que ligeros indicios, surgien
do de hermosuras desapercibidas,
Llenan el espectador lisonjeado de imágenes que él mismo
ha creado?
Lo mismo, el leon helvético tallado en la roca viva
Tiene más fuerza y magestad que si descansara en un pe
destal de mármol.
Díme, hija, con gustos puros, ¿por qué encanto secreto la
música ha cautivado tu oído?
¿Es por la dificultad de la ejecucion, por una fuga capricho
sa, por un centon?
No seria más bien por las chispas de la inteligencia que
brotan de alguna nota extraña,
O por la melodía de sonidos que su sencillez hace aún más
dulce?
Díme, hijo de la ciencia, ¿de dónde viene el tesoro que
adorna tu espíritu?
¿Es del tomo rico en detalles, en el cual todo se ve en el
más bello órden,
De modo que los que leen corren, pues que es inútil parar
se para reflexionar;
Este libro escrupulosamente exacto, que te trata como á
un imbécil,
Cargando el espíritu pasivo de aclaraciones desenvueltas;—
No seria más bien los pensamientos cuyo sentido adivinas,
20
— 154 —
Las ideas encantadoras, hermosuras modestas, acechando
como jóvenes amores, en medio de las rosas,
Concepciones arabescas exquisitas, medio querubin, media
flor,
La analogía ligera, ó la alusion profunda, abierta á tu saber,
La confianza que presupone tu destreza á desenvolver el
sentido de los misterios?
Pues, á menudo, las ideas temen el hábito estrecho de las
palabras,
Y para comunicar este pensamiento en el cual sólo está el
poder, no se necesita sino una sugestion;
El relámpago de la tempestad nocturna, que derrama de
repente, un dia horroroso en el fondo del valle,
Graba la escena en la imaginacion mejor que cincuenta
veranos.
El mundano lleno de orgullo se alaba de que el dinero lo
hace todo;
Y juzga á los hombres por sus rentas;
Se apodera de todos los términos de honor, — considera
cion, distincion, respeto, —
En otro tiempo la herencia de la Virtud, que él prostituye
á la Opulencia:
El rechaza al sabio indigente cuyas luces han enriquecido
los pueblos,
Y los hijos de la pobreza y de la ciencia, sin los cuales la
tierra seria un desierto;
La música suaviza nuestras penas, ella uno las fibras dis
cordes del corazon,
Pero no ofrece al mundano más que sonidos, más que el
gana-pan de algunos miserables.
Poema, cuadro, estatua, en esto no ve sino futilidades,
Honrados por el favor de la opulencia, á fin de que el maes
tro sea alabado.
El insensato no adivina el poder de los medios que él des
precia,
Ignorando que son los hilos que mueven los resortes del
mundo:
Una sentencia ha formado un carácter, y un carácter ha
subyugado un reino:
— 155 —
Algunas almas han sido arruinadas por un cuadro, un cua
dro las eleva al cielo;
La pluma ha movido las naciones, ella estableció la paz del
mundo;
Y si el cuerno de la abundancia so desborda, es que el se
llo de la ciencia lo llenó.
No ve en el hombre más que un sér sensual, el rey de la
materia creada,
Y no hace caso del espíritu que lo asocia á los poderes in
visibles:
Llena su carne, y se trata bien, aunque su alma esté ham
brienta y débil,
Y la energía estúpida y brutal del cuerpo la sujeta al cuer
po mismo.
El Hombre vive de un dia para otro, y no sabe lo que pue
de suceder;
Un círculo de influencias lo rodea, y no es ménos responsa
ble de sus acciones:
Pues el mortal que se domina, dobla los acontecimientos á
su voluntad,
Miéntras que el esclavo egoista de la pasion es el juguete
de las circunstancias.
Para éste, la tentacion es un veneno, para aquel, ella da un
aumento de vigor;
Y es voluntario el hacerse las influencias buenas ó malas.
Segun la direccion que tú dés á la fuerza el bien ó el mal
resulta de ella;
Y el torrente que destruía el valle hace mover el mo
lino;
El indomable relámpago eléctrico hubiera podido reunir
cometas:
Pero por medio de un hilo de alambre, alivia á uu niño en
fermo. •
Pues no es la materia, no son los acontecimientos que for
man el hombre interior,
Es el individuo mismo, cediendo ó resistiendo, que se for
ma el alma.
Se ha dicho, ¿Qué hay en un nombre?—xma influencia plás
tica maravillosa;
— 156 —
El nombre es una palabra que caracteriza, y su reputacion
establece el hecho :
Un término de reproche ó de honor, que tiende á la oscu
ridad, ó á la fama,
Y cuanto ménos se sospecha la fuerza de un medio, ma
yor es:
Un nombre bajo es una espina al lado que retarda el correo;
Pero el nombre de antepasados célebres apresura el paso
del corcel.
Pocos hombres, cuyos nombres se unían al ridículo, han
llegado á la grandeza,
Y sin un nombre ilustre, varios no se hubieran abandonado.
El sabio no desdeña una cosa porque esté débil y comun,
Pues él ignora la ley secreta que. quizas, ata esta cosa á
vastas consecuencias,
En su infancia, el mundo era crédulo, temía la venganza de
las estrellas,
Pero hoy el mundo no es más sabio; no teme la influencia
de las pequeñas cosas:
Los planetas no gobiernan el alma, no guian los destinos
del hombre,
Pero, unas bagatelas más ligeras que la paja, son las palan
cas del edificio del carácter.
El hombre es el que tiene el timon: puede luchar contra la
corriente,
O dejarse ir á merced delas olas que lo llevan hasta que el
abismo haya sepultado su barca.
— 157 —
LA OPULENCIA,
El Pródigo tiene una hermana, la Bajeza, su antagonista
determinada y su compañera,
Que pasa á menudo la corta carrera de su h ermano despre
ciándolo;,
Tiene los labios finos y la mirada insinuante, los ojos rojos,
el semblante hambriento;
Pero anda con la vista baja; su lenguaje está disuelto.
Si el disipador llega á la vejez, se entrega á la economía,
Y se aplica á reconstruir lo que su extravagancia ha des
truido:
Así en la mayor parte de los hombres, las riquezas mere
cen doble maldicion:
Están adquiridas por un tráfico duro y deshonesto, se con
sumen en gastos culpables y locos.
Dame la suficiencia, dijo la Sabiduría;— pues ella teme pe
dir más que esto;
Y que la obtenga con el sudor de mi frente, exclama la in
trépida Independencia:
Dame la suficiencia y nada ménos, pues la necesidad se une
con el tentador;
La pobreza desespera al hombre, y lo precipita sin piedad
en el crimen;
Dame la suficiencia y nada más, á no ser para los hijos de la
afliccion;
La opulencia mata á menudo, en donde la indigencia repri
me sólo el retoño del vicio;
Hay un verano verde y sonriente cerca de la estufa, aun
que sea corto, y que le sigue un invierno largo,
Pero las mamelas quemadas do la zona tórrida no alimentan.
— 158 —
Si tú quieres ser pobre, arroja tu dinero á los ricos, — Y
cosecha la zizana de la ingratitud;
Si quieres ser rico, da al pobre, — recibirás lo que te per
tenece con usura;
Pues la mano secreta de la Providencia hace prosperar al
hombre caritativo en todas sus vias,
Todas sus empresas tienen un buen resultado, y su corazon
se extremecerá de alegría;
Sin embargo, quizas no descubrirás jamás, aún en cuanto á
la ganancia terrestre,
La causa de sus sucesos, como la de su alegría, son peque
ñas liberalidades distribuidas á los pobres.
En el valle de Benarés se encuentra una raiz que es la ma
dre de un bosque:
Alli, al rededor del árbol sagrado, sus retoños vivientes se
inclinan,
Diríase que tienen sed, miran hácia la tierra como unos es
talactitas en una gruta,
Tienen fuertes raices y ramas que se prolongan en forma
de frescos arcos;
El derviche baila allí como un loco, el faquir se entrega al
tormento,
Y el bramino tranquilo adora el toro gordo de piel lisa:
Flacos chacales tapizan el pié del árbol gigante, miéntras
'I «e de la cima alta,
Se cuelga el boa como una rama enorme, acechando su pre
sa con mirada siniestra, fija y estúpida.
Lo mismo en el corazon del hombre, hay un pecado, la raiz
de todos los males,
Sus fibras ahogan las afecciones, sus ramas ahogan el alma:
Verás, á menudo, á la sombra de su follaje, la piedad per
vertida, —
El puño rígido y cerrado, los ojos vueltos hacia el cielo,
El fanatismo amargo, y la avaricia austera, la ganancia y la
devocion,
Y el que arroja la pasion á los piés, de rodillas delante del
ternero de oro;
Los perros hambrientos de la extorsion, la hipoteca y la
explotacion,
— 159 —
Miéntras que la sed de oro, sed que jamás duerme, acecha
la ocasion de satisfacerse ; —
El corazon ofuscado por esta sombra, poblado de estos
monstruos, está frio para todo lo demás:
Ya no ve los rayos del cielo, no siente el calor dulce del as
tro de la caridad.
Es que la avaricia no cree en Dios, y se burla de los dere
chos del hombre,
Excitando al robo y á la mentira, sugiriendo el veneno y
el cuchillo:
Ella rompe los lazos del amor, y enciende los fuegos del odio ;
Es una maldicion que secará el cerebro, y guarnecerá el
corazon de acero.
La satisfaccion es la verdadera riqueza, pues sin ella no ec-
siste tranquilidad.
Pero el hambre que todo lo devora, roe las partes nobles
del alma.
El sabio sabe donde pararse, cuando disputa el premio á ¿n,
corrida de la fortuna,
Pues una larga experiencia le enseñó que la dicha lo espe
ra á medio camino;
Y varios, en el ardor de la persecucion, se han precipitado
hacia el objeto de la opulencia,
Pero al correr han perdido estas manzanas de oro, — la ra
zon y la capacidad de gozar.
No hay mayor mal entre los hombres como un testimonio
injusto;
En el cual el capricho ha guiado la beneficencia, y en que
la injusticia ha rehusado lo que es debido.
Hay algo de noble en la audacia de un ladron de caminos
reales,
Cuando se compara con el cobarde ocultp, cuya malicia y
crueldad le sobreviven;
Baja tranquilamente al sepulcro con la sonrisa de la impos
tura,
El último acto de su existencia siendo un hecho negro, un
mal sin remedio:
Pues el oído de los mirtos es sordo, uo oye las razones ex
tenuantes:
— 160 —
El que hirió no está ya en medio de los vivos, y es en vano
que el Derecho pleitee.
La maldicion del oprimido no es ménos que la neblina so
bre la tumba del hombre injusto,
Y la escritura del difunto dará en contra suya, el dia del
juicio, un testimonio amargo.
He visto la humilde parienta que habia asistido á la opu
lencia enferma,
Y cuya mano dulce habia calmado tantas veces los lamen
tos de la enfermedad y del fastidio:
He notado como el insomnio y la inquietud destruían el vi
gor de su juventud,
Y he visto el yugo penoso de la dependencia agravada por
una tiranía;
Sin.embargo, á menudo, he oído esta insinuacion consola
dora: — No será sino poco tiempo,
La paciencia, la sumision muda, obtendrán algun dia, una
rica recompensa.
Así, esta humilde amiga espera ' en silencio, sufriendo
mucho,
Haciendo esperar al amante de su juventud hasta el alba
de la opulencia:
Y este dia de libertad viene por fin, y el corazon libre no
puede afligirse,
Pues los años tanto tiempo prometidos parecian ofrecerle
cosechas de oro:
La esperanza tanto tiempo diferida se encendía en sus ojos
lánguidos,
• Prometiéndose un porvenir más feliz, olvidaba las miserias
del pasado,
Y reprimía como. ingrato é indigno de ella, el pensamiento
sospechoso y sombrío
Que su derecho hubiera quizas mejor asegurado si no lo
hubiera confiado sólo al honor:
Pero, ¡ay! pronto tuvo la triste certidumbre, de que el tes
timonio de su amo severo
Habia recompensado tantos servicios con una palabra pi
cante, tanta paciencia con el denuedo absoluto. —
¿No herirá la vara de la justicia á este atroz cobarde.
Que ha mezclado la hiel de la ingratitud con la amargura
de los contratiempos?
El odio y la venganza de los hombres enfurecidos con
tra él,
¿No perseguirán al miserable que peca hasta en su tumba?
Idólatra de sí mismo, se creia á cubierto del furor de sus
semejantes,
Pero Hades viéndolo entrar, lo ha mostrado con el dedo,
con aire de desden;
Es preciso que se encuentre frente á frente con esta huér
fana y que le dé cuenta de su conducta.
Y las faltas que ha cometido serán atadas á su cuello, á fin
de que no resucite con los justos:
Pues el último y más solemne de sus actos une su nombre
á la mentira;
Y el crimen de Ananías marchita su frente.
El Hombre de bien remite su causa al único gran Protector
de la inocencia,
No dudando que al fin se le haga justicia, y seguro de su
dicha, espera.
El sabe que tiene un Guardian, sabio, bueno y poderoso,
Y le da las gracias por lo que distribuye ó rehusa, el depó
sito ó la plaga de las riquezas:
Su confianza es una roca; no teme ni la malicia ni el ca
pricho,
Ni las conversaciones del hombre astuto, ni la influencia
envidiosa y secreta;
El desprecia el compromiso del hombre servil, y la afecta
cion suave de la impostura;
No aparenta amar, en donde no puede conceder su esti
macion;
El mira el bien mal adquirido, como la fuente fecunda de
las miserias humanas;
Así camina en la integridad, apoyándose en Dios y en su
derecho.
Ningún beneficio que no tenga su precio; el trabajo para
la comida del pobre,
Y á menudo le falta valor para obtener el pedazo de pan
que satisface su hambre:
21
— 162 —
El trabajo para el mercader 0i1 su tráfico, rutina triste y
monótona,
Año trás año, hasta la muerte; ¡qué fastidio!
El trabajo para el débil escribiente, que sufre al escritorio
que detesta,
Cambiando para lo necesario, oí oro incalculable do MI
salud;
El trabajo, con el temor, al negociante que arriesga sobre
las olas toda su esperanza;
El trabajo, con la inquietud, para el hombre de ley, siem
pre responsable de sus beneficios;
El trabajo, con la envidia y las vejaciones, si extraños os
legan bienes;
El trabajo, con la indolencia y la oscuridad, cuando se he
reda los bienes de su padre;
El trabajo para todos, sea que los nervios, la cabeza 6 el
espíritu sufran, —
La maldicion sobre los hijos del hombre, cualquiera que sea
su condicion, es el trabajo.
Para el hombre diligente, sin embargo, el trabajo es un
gran bien;
El sentimiento del deber suaviza la pena, el trabajo se
vuelve placer;
Y hay gustos que la pereza ignora, en el tiempo bien em
pleado;
Merced á la alquimia prevedora de la Misericordia, la fa
tiga se cambia en alegría.
El trabajo es útil al hombre, anima á aquella energía que
triunfa de todo,
Y sin él la vida seria triste, estando el hombre convencido
de su inutilidad;
Pues el cuerpo fastidiado gime, como una puerta sobre HUR
goznes enmohecidos,
Y la inteligencia se debilita como las jaulas del buitre en
cerrado.
La Opulencia jamás ha dado la felicidad, aunque á menudo
haya precipitado la miseria;
Jamás la suficiencia ha engendrado la miseria, aunque á
menudo haya apreiraradojel paso de la dicha:
— 16S —
Bastante, es un pensamiento debajo del tuyo, criatura ali
mentada por la sociedad,
Y el que pasa este término, es un ladron; se apodera de lo*
derechos de su hermano.
LA ESTIMACION DEL CARÁCTER,
El Juicio que pronuncia el hombre contra «u hermano es
temerario; á menudo es falso:
Pues él no ve los resortes del corazon, no oye las razones
del alma.
El mundo no es más sabio que antes, cuando la espada me
dia la justicia,
Cuando la lanza vengaba el error, y cuando la suerte^deci-
dia del derecho,
Cuando la inocencia andaba los ojos vendados sobre'hier-
ros candentes,
Y cuando el agua durmiente que le condenaba,£entregaba
el brujo á la hoguera:
Pues, como el sabio de Salainis, esperamos, deseando ver
el fin,
Y determinamos lo justo y lo injusto, segun la salida des
graciada ó dichosa.
No juzgueis las cosas por sus acontecimientos, ni el carác
ter por la providencia,
Y porque un hombre sea infortunado, no lo creais malvado.
Pues en las bendiciones de una santa alianza, en vez¡del sol
de la prosperidad,
No hay sino sufrimientos y castigos, prendas del» sábin
'•¡ruara de un Padre.
Yed á esta mundana: ella reboza de alegría;
— 164 —
La diadema de la grandeza ciñe su frente, riquezas incal
culables están en sus cofres.
Ella realza su hermosura como Jezabel, es bien venida en
los palacios de los reyes;
Es la reina de los locos de buen tono, ella preside á las or
gías del lujo:
Y aunque no se sienta como Tamar, y no se demora en el
camino como Rabab,
Sin embargo, en el secreto de su habitacion no teme las
caricias y el crimen.
Que haya un Dios, un alma, un día de retribucion, poco le
importa,
El placer es el ídolo de su corazon, no ambiciona otro cielo
más puro.
Loca y frivola, ella se rie y todos alaban su amabilidad;
Su dulce sonrisa los encanta, y el torrente de sus generosi
dades los embriaga.
Asi, segun el mundo, ella ha prosperado, es el ídolo y el
deseo de mil corazones;
Y ha muerto como ha vivido, indiferente, afable y liberal.
La tumba ha sepultado su pompa, el mármol ha proclama
do sus virtudes,
Pues los hombres la creyeron perfecta, y sus limosnas han
publicado sus alabanzas:
Pero por otra parte, una sentencia muy diferente la coloca
— ¡con los incrédulos y las prostitutas!
Ha hecho mal uso de su depósito, el explendor; y recibirá
el salario de su pecado.
¡Mirad aún! ved esta jóven hermosa, la huérfana de un pa
dre pobre,
Que murió, y le dejó por todo bien, — su bendicion y un
nombre sin mancha.
Amigos oficiosos, temiendo abrir sus bolsas,
Ponen á esta jóven afligida en una casa-asilo, triste suple
mento del hogar que ha perdido.
Extraña, rodeada de rostros desconocidos, ella bebe el
amargo de la dependencia;
Está marchita como hija de la indigencia, y el mundo odia
á los pobres.
— 165 —
No hay rezos en esta casa; el dia que ella santificaba
No está distinguido sino por un exceso de disipacion, por
el desórden y el juego:
La lascivia está en los ojos de su amo, y ella no sabe donde
ocultarse;
Nadie se ocupa de ella, diríase que su Dios la abandona.
Entónces viene la promesa especiosa, el semblante falso de
la afeccion,
Y su corazon extraño á las atenciones, recuerda á su padre,
y ama.
Un bribon, abusando de su confianza, juega con ella y la
expulsa:
Los hombres la señalan con el dedo y se rien, las mujeres
aborrecen áesta proscrita:
Mas en otra parte, una sentencia muy distinta la juzga —
¡entre los mártires!
Y Dios que parecia haberla olvidado, honra con una gloria
doble al sér caido.
En cuanto á la fortuna, si tú arriesgas todo contra una suerte,
Apresurándose los hombres en tu derredor, espiarán el mo
vimiento de la rueda,
Y si, en la lotería de la vida, te llevas el premio,
¡Qué perspicacia! qué capacidad! qué valor y qué sabiduría!
Pero si la suerte te es contraria, si fallas en una empresa
peligrosa,
Hélo aquí, es el insensato que ha sembrado, y la cosecha es
iligna de su locura.
El mundo feliz por haberse disculpado, no moverá un dedo
en tu favor;
Pues, ¿por qué este especulador tonto seria un abismo pa
ra los demás?
Dejémosle sepultarse; sabiamos el fin que le esperaba.
Este hombre ha errado su propósito, jy sus semejantes uo
ven nada más allá.
En cuanto al crimen y á la inocencia: tal hombre andará se
gun la integridad,
Año trás año, sin reproche, justo y caritativo, —
Pero en un momento fatal, viene el enemigo como un tor
rente,
— 166 —
Lo cojo, io rodea,—i auto que ya no sabe por donde .huir .
Oye quizas los sollozos de sus hijos hambrientos.
Y furioso por sus gritos desgarradores, es un ladron; se
lanza, contra el mundo.
Este mundo que lo tiene hambriento, y nada en la abuu
•laucia, —
Este mundo que li¡ rehusa sus derechos, — le arrebata lo.*
suyos.
No digo que uu tal sea inocente; pero su delito es poca cosa,
En comparacion con el del rico, que no se ha dignado so
correrle:
Con el del voluptuoso, que ha desatendido su queja con
frialdad:
Con el de una multitud de dichosos, que se complacen con
su ruina.
Quizas tambien, el veneno de las palabras del odio, cayen
do gota á gota,
Los insultos y desprecios han irritado y herido su corazon:
Sin embargo, su paciencia y su dulzura son tales, que per
dona hasta setenta y siete veces,
Pero por fin, en algun momento de debilidad, siendo la ten
tacion irresistible,
Golpea, de cólera más bien que por odio; y, suerte desas
trosa,
¡Inflige á este enemigo rencoroso una muerte instantánea!
Nadie ha visto el golpe; sus disputas eran célebres:
Gritos feroces piden su sangre, manos brutales lo arrastran.
Entónces viene la declaracion del hombre, — Asesino, con
premeditacion y malicia;
Y su nombre es una mancha, ¡su crimen horrorizaría á los
'lemonios.
Sin embargo, á los ojos del justo Juez, él es la víctima,
Puesto que su cólera léjos de ser ilícito, como cristiano, co
mo hombre, le honra;
Y aunque fuese muy culpable, cuando descargó este golpe
funesto,
El pecado del asesino es ligero, hace mover lu balanza.
Si se le pesa con la depraTocion. con el odio tenaz y sin
piedad del sér
— 167 —
Que lo inquietaba á cada momento, con una perseverancia
odiosa.
En verdad que la cólera «terna se amontonará sobro este
adversario encarnizado,
Es una vanidad, dioe el Predicador: no hay sino el justo y
«I malvado,
Cobardes rebeldes y fieles aliados, el caballero feudal y el
traidor:
Y atestigua de que no hay territorio neutro,
El camino ancho y el sendero estrecho dividen todo el paia:
Siéntate aquí en medio de los santos, «ste pequeño número
de elegidos,
O arrástrate allí, destinado al suplicio, en medio de esta
multitud de condenados.
Es que por último, no hay sino los buenos y los malos;
El Cielo no tiene ningun crepúsculo sombrío, jamás aurora
sonriente regocija el infierno.
Sin embargo, ¿en dónde está el que mirando á SUB seme
jantes, dirá, pronunciando justas sentencias —
Un tal es santo, y agradable á Dios, tal otro es maldito y
condenado?
Hay tanto bien en los malos, tanto mal en los más virtuosos,
Tantas parcialidades aparentes en la providencia, tantas
cosas que condensar y extender,
Si, á pesar del Orgullo humano, la voluntad es tan poco
libre.
Que mirando nn poco debajo de la superficie, el traje, In
jerga ó la moda,
Declararás con temor, qiw es un santo, y con indecision,
que es un pecador.
Arriba de un corazon leal, voltea el pabellon del Gran Rey,
Y muchas manos de hierro han desplegado la bandera ne
gra del pirata,
Pero además de estos, hay en el buqne mercante, en la
liarca pescadora, varios soldados fieles,
En la canoa de guerra adornada con plumas, en la góndola
misteriosa y ligera:
EB que las legiones del Gran Rey no tienen uniforme d«
reglamento.
— 168 —
Compuestas de una mezcla de razas y caractéres, este in
numerable ejército avanza:
Hé aquí el Sirio llevando el turbante y su hermano el Ze-
landés,
Hé aquí el hombre débil que se baña en el Gange, y el
Moscovita rústico y vigoroso,
El habitante inerte de los polos, y la hija del Brasil con al
ma de fuego,
El esclavo de la Isla de Cuba, el Inglés bien nacido.
Todos son su herencia, el diezmo le es debido:
Y la Iglesia, el arca de su misericordia, la tiene en toda
carne.
¿Quién eres, oh hombre, tú que pretendes poner límites al
redil?
¿Por qué plantar estacas? ¿es para sostener la bóveda de]
cielo?
No ajustes el plomo al cordel: la religion no quiere límites.
La sagacidad humana no podría distinguir los colores deli
cados de la fé:
En unos es el día que empieza á apuntar, una oscuridad á
penas desleida;
En los demás es un crepúsculo dudoso, frio, brumoso y
sombrío;
En unos, el este que la noche cubre aún, está surcado de oro;
En otros el oriente arriba luce en todo su esplendor.
Y, ¿quién ha determinado el tiempo, separando la luz de las
tinieblas?
¿Quién arrancará la promesa del dia al alba naciente?
Deja al Labrador este cuidado, por temor de que no cojas
sino zizaña.
Ayuda al Pastor en sus pesquizas, pero no olvides que se
parar es su derecho;
Pues á menudo he visto algun noble espíritu extraviado
Naufragado sobre el escollo de las pasiones: lo creían hom
bre perdido;
A menudo un corazon generoso, abrasado por un fuego sa
crilego,
Ha sido mirado como un tizon del infierno; era un pecador,
todos lo despreciaban,
— 169 —
Sin embargo, esperé unaño, y la misericordia á pesar de tu
olvido,
Ha purificado ept« noble hijo de Dios, lavándolo en las aguas
de la penitencia:
Este corazon ardiente y generoso, habiendo quemado la es
coria.
Es un incensario de oro: pide el aloés y el acendrador:
Miéntras que tu, hombre con facciones duras, censor auste
ro y salvaje,
¡Sí! tú, el que presumiendo de tus virtudes, le has rehusado
tu simpatía,
¡Te cubre de vergüenza! su corazon es un manantial de amor,
Miéntras que Mammon colma el pozo seco de tus afecciones.
A Veces, á primera vista, juzgas bien; el tiempo no tiene
nada que revelarte:
Cuando la mejilla brilla de caridad, cuando la malicia frun
ce las cejas,
Cuando tienes delante de tí el rostro abierto de la probi
dad, la astucia con faz de comadreja,
El labio lascivo de la impudicidad, la frente pura y serena
de la reflexion.
A menudo, escrutador severo, tu juicio perjudica al hombre
de bien:
Quizas es su hora de prueba, ó bien duerme en su puesto,
O habiendo matado al enemigo, no ha destruido la forta
leza,
A penas curado de las heridas que lo excitaban al combate.
Aun del más malo, tú juzgarás demasiado favorablemente,
merced á la preocupacion;
Pues nadie es del todo juicioso, y puede ser que lo sorpren
das orando:
Puede que haya un premio, pero no es nada, los demás bi
lletes están en blanco;
Su bondad no es sino un hilo de plata en la sarga negra
del crimen.
Hay tal genio para el cual todo es fácil: su espíritu como
tina llave-maestra,
Sabe abrir con una destreza instintiva, los tesoros de la
ciencia y d« las artes:
22
— 170 —
Hay tal hombre para el cual todo es difícil, pero la indus
tria lo arma con una tenaza.
Y gimiendo de fatiga, fuerza la cerradura obstinada de la
erudicion:
Aun á menudo, cuando tú ves una mirada sombría y natu
ralmente estúpida,
Tú no piensas mucho en las riquezas que la diligencia ofre
ce á tus ojos;
A menudo, una frente que el fuego durmiente del genio de
beria esclarecer,
No tiene por tenor en sus amplios salones, sino la igno
rancia.
¿No es verdad, sin embargo, que los hijos de Adan están
arrojados en el mundo por lotes?
Aquellos cuyo cuerpo y facciones se asemejan tienen tam
bien espíritus de una misma naturaleza:
A tal forma tal alma, de modo que un observador hábil
Leerá el hombre en su forma, y no juzgará mal:
Se puede áun afirmar la conversa: á medida que las almas
se asimilan,
Ellas se guardan en el cuerpo, una habitacion conveniente:
Puede ser que los accidentes la modifiquen; que segun las
circunstancias ella baje, que al exterior parezca cambiar;
Sin embargo, bajo todas estas variaciones, el cristal primi
tivo se oculta:
El rostro es una carta, el ojo un cuadro, que las pasiones
han trazado;
Y el alma se ha construido un tabernáculo tal como le con
viene.
La bajeza del espíritu encorva las espaldas, y esta curva
entretiene la bajeza,
La determinacion fortalece las rodillas, y un andar firme
nutre la decision;
Las miradas del amor son muy dulces, forman nuevos
amores:
El odio surca la frente, y el fruncido de las cejas se vuelve
odio:
Es que entre el alma y el cuerpo, el espíritu y la materin.
hay reciprocidad de influencias :
— 171 —
Cada uno continúa la lucha; las obras del hombre lo elevan
ó lo arruinan.
Hay en el crepúsculo de la verdad, unos misterios más pro
fundos que estos;
Pero los que los distinguen de la oscuridad que los rodea,
son pocos.
Quizas si el todo fuera conocido, si dotado de una inteli
gencia vasta,
Pudieras leer la historia de cada individuo, de tantas vida*
mezcladas de bien y de mal,
Y si á la cuenta exacta que resume el destino del hombre,
Añadieses las fuerzas exteriores, que lo arrastran aquí y allí,
Las inclinaciones secretas, ingertadas en el alma desde la
cuna,
El poder del ejemplo de aquellos, en medio de los cuales
su suerte está,
La influencia de la necesidad, de las riquezas, del buen
trato, de la dureza.
De la ignorancia invencible, del saber inculcado,
De las primeras impresiones á menudo inextinguibles, de
las inclinaciones al bien y al mal,
De los defectos hereditarios, de la fragilidad humana,
Del temperamento sano ó enfermizo, de las preocupaciones
derramadas en el alma,
Y de esta infinidad de pequeñas cosas, que la Omniciencia
sólo ha conocido,
De los accidentes que dirigen los pensamientos, en donde
la Ubicuidad sola puede seguirlos;
Aun cuando comprendieses todas estas cosas, y sus resul
tados,
El fin que se proponen y el acuerdo necesario de todo lo
que existe,
Entónces verías lo que ve Aquel, para el cual todos son
iguales, —
Iguales en cuanto á la inocencia y al crimen; pues que no
difieren sino en esto;
La una reconoce su pecado, esperando que Dios la perdo-
áará,
La otra alaba HU mérito, y pide á Dios justicia:
— 172 —
Hé aquí porque El que no rechaza anadie, desplega BU mu
nificencia para con los que rezan,
Y hunde la espada de su venganza en el corazon de los pre
suntuosos.
LA SUGESTION,
Todas las cosas están debajo del imperio de la Ley, ella go
bierna el espíritu y la materia,
Pues hay reciprocidad de derechos, que ninguna criatura
puede contestar.
A cada una de ellas el Ordenador agregó en la cadena per
fecta del sér,
Unas dependencias, unas sustentaciones, unos accidentes-
unas cualidades y unos poderes;
Y cada sér continúa su vuelo en la curva á la cual primero
tüé destinado;
Es preciso que cada uno atraiga y rechace; de otro modo la
monarquía del Orden no existe.
Las leyes son emanaciones esenciales del carácter indepeu.
diente de Dios,
Y ellas radian de este sol hasta los bordes del círculo de la
creacion.
A la verdad, el Legislador supremo se ha sometido á sus
propias leyes,
Y Dios es el primer gran ejemplo de la obediencia libre y
sin reserva:
Su perfeccion encerrada en los límites de lo justo, es inca
paz de lo injusto.
Porque él mismo ha constituido la fuente del bien sólo.
— 178 —
Y prescribiéndose hasta allí los límites, ha abandonado el
mal al Adversario,
Este sér tenebroso revestido del mal que el todopoderoso
Para Dios mismo hay imposibilidades; pues el Verdadero
üo puede mentir,
Ni el Sér sabio apartarse del camino que se ha trazado :
Pues, determinado para toda la eternidad, su voluntad fir
me en el amor del órden,
Es inalterable, como la ley de los Medos y de los Persas.
Dios es el origen del órden, y el primer modelo do su pre
cepto,
Puesto que hay subordinacion entre sus personas, segun la
dignidad de su procesion :
Pues el Hijo, como Hijo es súbdito; y el Espíritu le sirvo:
Pero estas cosas son misterios para el hombre, — no pue
de llegar á ellos ni sondearlos,
Y todos sus discursos son paradojas, cuando se esfuerza en
definir á Dios:
Es que á la verdad, Dios es único, su poder es libre y sin
trabas,
Y la igualdad eterna es el atributo de estas Personas ado
rables.
Así pues, partid de la fuente, y seguid el rio de la exis"
teucia,
Cuya corriente está limitada hasta su embocadura por laa
riberas de la subordinacion:
Tronos y dominios, poderes, Arcángeles, Querubines y Se
rafines,
Angeles y ministros, 'carros y harpas animadas;
Pues hay grados en el cielo, diferentes capacidades de dicha.
Escalones de Inteligencia, rangos en la avenida de la Pov-
leccion :
La veneracion, sin duda, es un justo tributo á los oráculo*
'le la Sabiduría.
Servir, es sin duda un deber: si no lo fuera, la gloria del
trono seria poca cosa.
Contempla ahora, oste universo material, sustancia de la
'•reacion visible,
— 1T4 —
Que el Griego, observador exacto, llamó eu otro tiempo con
tanta justicia, Orden:
¿En dónde hallarás un átomo mal colocado? una partícula
que rchuce obedecer?
¿Un fragmento que esté libre, dos cosas del todo iguales?
Hasta el hombre la cadena está entera, y los anillos están
completos más allá.
Pero él sólo es pecado, cáos maravilloso que Dios tolera.
Esta apariencia de error en la escala de una justa subordi
nacion
¿Será una mancha, uu desierto infertilizador. en medio do
la viña del Señor?.
¿Romperá nuestro orgullo presuntuoso el lazo saludable
que une todo?
¿Desdeñará nuestra locura ciega y egoista, el peso que man
tiene todo?
Hombre, tú no eres más que uu sér creado; no te eleves
más que la ley :
No te imagines que eres libre: la dependencia te ata.
¿Cuál es el sumario de tu deber? Obediencia al dominio
legítimo.
Al oráculo supremo, cuyos ministros son su voz.
Tú no puedes rendir homenaje ála Omnipresencia abstracta.
Hino por el símbolo de la autoridad establecida.
Los que no obedecen al hombre, son casi siempre rebeldes
á Dios;
Pues es raro que el delegado sea bastante atrevido para
mandar el mal conocido.
Sin embargo, ten cuidado, adversario insolente. Yo no digo
que obedezcas al pecado;
Pero, cuando el Jefe se calla, guárdate de despreciar al di
putado:
Y Dios, el Amigo del órden, recompensará tu fé.
Si reconoces su sancion, en los poderes que dictan las ley«s
humanas.
¡Oh Tú! que representas el Eterno, imágen magestuosa del
Todo-Poderoso,
Objeto de las efusiones del corazon puro del hombre vir
tuoso.
— 175 —
Reina, cuyas oraciones de toda una nacion sondean las res
ponsabilidades.
Tú, por quien los sabios tiemblan porque te aman, envU
fiando sólo tus virtudes,
Acuérdate en el cúmulo de tus grandezas, que tú misma e«-
tás sujeta,
Y que el trono de tu gloria terrestre no es sino el estribo
de tu Dios.
Mira el homenaje que tus reinos te rinden, como ofrecido áEl;
Y no te estimes, aunque rodeada de magnificencia, sino co
mo la primera sirviente del Señor;
Así prosperarás, te asegurarás, ingertada en uno más pode
roso que tú,
Así tu corazon virgen se regocijará en su humildad.
Y florecerás como el encino, monarca de tus bosques insu
lares,
Cuyas raices profundas entrelazan las costas gigantescas
del globo:
Orgulloso por la sonrisa de los cielos, grande en la estabi
lidad de la tierra,
El hace frente al furor de las tempestades, el sol de los ve
ranos hace su alegría.
La Autoridad del gobernador no está para él, su fausto no
es un motivo de orgullo;
Pero, debajo de la herminia oficial, debe llevar el duro cili
cio de la humildad.
Obedécele sin embargo, por temor de que no quebrantes un
mandato más elevado:
Neron fué un rey malo. Pablo no prescribe ménos la su
gestion.
Si los jefes de la nacion son santos, el Eterno ha bendecido
esta nacion;
Si son profanos é impíos, el castigo cae sobre el pueblo.
Pues la plaga más terrible de un pais es la iniquidad do los
que lo gobiernan,
Y el pecado de los hijos de Josías llevó á Israel llorando
cautivo á Babilonia.
Sin embargo, se resuelto contra ellos, ai cambian lo» maa-
damientos da tn Dios.
— 17G —
Si tocan al arca do su alianza, en donde está el tesoro de
todas las misericordias:
Se resuelto, pero no seas rebelde: por temor de que perte
nezcas á la asamblea de Coré:
Daniel desobedeció noblemente ; no por un espíritu de sedición.
Y Azarias, del medio de la hoguera, gritó: — yo no me in
clinaré delante de tí, ¡oh Rey!
Si fuera preciso sacrificar la verdad á la unidad, la fidelidad
seria locura;
Si es menester obedecer al hombre más bien que á Dios, los
mártires han derramado su sangre en vano:
Ninguno sin embargo, de este ejército dichoso ha injuriado
á los príncipes del pueblo;
Los santos gritan contra el pecado, pero se doblan delante
la muestra del poder.
La Integridad, no temiendo comprometerse camina al lado
del Kespeto;
Si no fuera así, el atrevimiento de los justos parecería una
rebelion tenaz:
Por consiguiente, que tu censura sea siempre sazonada de
deferencia,
Y acuérdate que el mortal peca, pero que el cetro de su
poder es de Dios.
Hombre, estás dotado de un espíritu social, y lo que tú de
bes á tu especie es inmenso:
Así es, no reclames todos tus derechos; pero cede, á fin de
conservar tus ventajas.
La sociedad es una cadena de obligaciones, y sus anillos se
sostienen recíprocamente:
¿Querrías morar en los bosques, y arrojar léjos de tí los la
zos que te atan,
Buscando en tu amargura ó en tu orgullo, á alejarte de tus
semejantes?
¡Hé aquí! las bestias te perseguirán, proscrito sin rcorada,
sor débil y desnudo,
La Enfermedad y la Muerte se encarnizarán sobre tus tra
zas, como unos sabuesos del desierto:
Más vale ser lo más vil que existe, en la multitud odiosa de
los humanos,
— 177-
Qne vivir miserable solitario, temiendo todo, faltando de
todo;
Más vale trabajar como un presidiario, en las callejuelas
sombrías de la vida,
Que reinar monarca indolente, salvaje aislado.
Así, ¿de dónde viene la pretension de que todos deben ser
iguales y libres?
Es la mentira que pobló al infierno, cuando los Serafines
rechazan la sugestion.
Nadie es el igual de su prójimo, pues no hay dos almas que
sean semejantes,
Y los accidentes como las casualidades, ofrecen todos los
colores ménos la identidad:
El átomo más ligero de diferencia, destruirá el equilibrio
delicado de la igualdad,
Y todo concurre, sea al interior como al exterior, á diferen
ciar el hombre.
¡Somos iguales y libres! hé aquí la palabra de guerra, que
sublevó las legiones de Satanás;
¡Somos iguales y libres! hé aquí la doble mentira por la
cual enlaza sus reclutas aquí en la tierra:
Los mensajeros de este déspota infernal lisonjearán tu li.
cencia y tu orgullo,
Y separándote de la multitud en la cual vives con seguri
dad, se apoderarán de tí en la soledad del desierto.
Desgraciado de aquel á quien el canto de esta sirena, la Li
bertad, seduce al corazon;
Desgraciado de aquel cuya alma está fascinada por esta
beldad pérfida,
En su celo insensato, lanza á lo léjos las trabas del deber y
de la obligacion,
Y se ofrece él mismo en holocausto á este ídolo de los Ré
probos.
El hombre no es libre en nada, sino en lo que molesta al
mal,
Es libre en cuanto á Dios y al bien; pero para todo lo de
más es vasallo.
Tú ocupas una esfera mediana, á fin de rendir y recibir ho
nores:
23
— 178 —
Si tu rey manda, obedece, y no te alistes en las filas de los
rebeldes,
Pero si es preciso, empuña la espada, y no temas herir á
un traidor.
Pues el universo recompensa al que muere por su rey.
Si un ladron destruye tu morada, y lo prendes, soltarlo se
ria un delito;
Sí, aun cuando implorara tu misericordia, tú no puedes con
siderarlo sin exponerte al vituperio:
Pues su crimen no está en contra de ti sólo, no se trata do
tu dinero ni de tu mercancía, >
Pero ha ultrajado á la Ley, cuyo sosten te impone el deber-
En vez de satisfacer tu venganza, acuérdate de que eres
hombre tambien,
Y deplora la triste necesidad, á cuya cadena la Providen
cia te ha atado:
Perdonar no es tu atributo; ¿violarás el privilegio ajeno?
¿Devolverás en medio de tus semejantes, á un criminal lle
no de impunidad?
Acuérdate del padre romano, firme en su integridad severa,
Y que jamás cobarde indulgencia te lleve á connivar con .
el crimen:
Aun cuando un asesino levantase el cuchillo contra tí ó con
tra los tuyos,
Y que, merced á la Providencia y á tu valor, matases al
que quería matarte,
Nada perderías de tu derecho, haciéndote tan pronta jus
ticia:
Un día quizas, te verás en el número de los dichosos, aun
que tus manos estén rojas de sangre.
Tú no serias ni peor ni mejor; pero tus conciudadanos te
estimarían como su acreedor;
Tu valor ha defendido el derecho, y el derecho es más
fuerte.
Lo mismo, para con la inocencia, no temas herir al raptor:
tor:,
Si muere por tu mano, más vale un nombre hermoso qvie !
leto
vida;
Y si Phineo obtuvo un renombre eterno, en el caso del
jo de Saleu,
f
¡
— 179 —
¿Cuánto más honrosa no será la absolucion de semejante
libertador?
Manten las leyes de tu patria, y no tomas combatir por ellas;
Pero que estés convencido de su excelencia; pues el que
duda peca.
Sobre todo, mira en tu derredor, si el deber austero te
obliga,
A sacar el hacha de la justicia, y á teñirla de la sangre de
tus hermanos. '
La que reposa en tu seno, el objeto querido de tu ternura,
Es preciso que obedezca: si no está sujeta, el mal inunda
tu morada,
El niño á quien una sábia obligacion ha domado, no teme
sino lo que ama;
Pero suelta la rienda á tu hijo, y serás á la vez despreciado
y odiado de él.
El amo de una casa bien arreglada es bueno para con sus
criados,
Pero espera que le respeten, cada uno queda en su puesto y
teme.
No hay nada en la tierra tan bajo, al cual el deber no pres
to alguna importancia;
No hay condicion tan degradante que no sea ennoblecida
por la obediencia:
¡Si! rompe las piedras eu el camino, que el Eternojsea tu
porcion,
Y serás más feliz, más honrado que los niños de la opu
lencia.
Tú que desprecias las formas exteriores, guárdate de per
der el espíritu interior;
Pues ellas son lo que las palabras á las ideas, los símbolos
de cosas invisibles.
Así es, conserva la {forma del bien, no olvides, y venera el
ejemplo;
Y en todas las cosas observa la subordinacion, pues que
ulla comprende todo el deber del hombre.
El caballo conoce á su ginete, él discierne el atrevido del
tímido,
Y el natural feroz de Bucéfalo no cede sino á Alejandro;
— 180 —
La tigre, lanzada en los juncos por los perros del pajarero,
Tiembla bajo la mirada del hombre; una mirada prueba su
superioridad;
Los buques mismos, estos cisnes gigantescos, surcando las
aguas,
Resbalan en el abismo, ó rompen la ola obedeciendo al ma
rino:
Cuanto más el hombre que discierne la Fuente de la auto
ridad;
¿No debe honrar a un superior y hacerse respetar á sí
mismo?
Sin embargo, ¿no has visto á menudo recorriendo el mundo.
Un ejército de héroes conducido á su ruina por un débil
Xerxes?
¿No has visto á menudo la molicie, indolente y lasciva,
Manchar con su aliento soñoliento la diadema empañada?
¡Ay! millares de padres, víctimas de una cobarde ociosidad,
Han derramado el cubo de la confusion sobre miles de ho
gares.
¡Ay! cuántos palacios y cabañas, en vez de ser planteles pa
ra el cielo,
Se han vuelto por las disensiones domésticas, unas escuelas
para el infierno:
Nadie conoce su lugar, todos sin embargo, rehusan servir,
Nadie lleva la corona, todos sin embargo, usurpan el cetro:
Y quizas algun espíritu más móvil, genio dotado de una
nobleza natural,
Que una dulce obligacion habría hecho grande y bueno,
. Ahora, — la rica cosecha de su corazon estando ahogada
por la zizaña, —
Capaz de atreverse y hacer todo, habiendo roto las trabas
del temor,
Burlándose de los devotos y del sacerdocio, rebelde al go
bierno de Dios
Y abanderado de los sediciosos, conductor de los hijos de
Belial,
Será el rey de este pequeño estado, jefe-tirano de los treinta,
Llevando la antorcha de la discordia en su hogar doméstico,
Tímido EH de la casa, un humilde sér
— 181 —
Vió en la vergüenza y en la amargura, temiendo la obra de
sus manos;
La madre el corazon lleno de dolor, ha bajado, prematura
mente al sepulcro;
Las hermanas taciturnas quisieran dejar esta morada quo
n0 pueden amar ya;
Los hermanos desdeñando toda obligacion, siguen sus vo
luntades fantásticas,
Y el peregrino que la casualidad conduce á su casa, se
apresura á partir, bendiciendo su feliz estrella.
Su humilde hogar, al ménos, está exento de esta plaga do
méstica.
Esta plaga, es á veces el fruto, ó más bien la raiz del mal;
Es una bondad cruel que siempre ha evitado la vara,
Una indecision vergonzosa que ha paralizado el espíritu
que debia ser maestro,
Una loca ternura, fuente del odio, que jamás frunció la ceja
al pecado;
Una flaqueza de corazon, que jamás se atrevió á mandar.
El reino es una reunion de várias familias, una familia es
un pequeño reino;
Y el gobierno del todo y de su parte, no difiere sino por la
extension.
La familia en la cual el padre gobierna, es fuerte, merced
;í la union y á la sujestion;
El único mandato seguido de una promesa, hará la dicha de
esta familia si lo observa,
Pero si el jefe suelta la rienda, todo será debilidad, discor
dia y anarquía,
Y los lazos del amor y de la unidad se deshacen como cuer
das de arena, • •
El reino cuya administracion es vigorosa, no falta de paie
ui de gloria,
Nada teme de los enemigos estraños, ni de los criados re
beldes:
Pero este temor bajo que temporiza, deshonra á un reino,
Y la ociosa y débil indulgencia siembra la discordia que lo
destruye.
El gobierno patriarcal e.s el mejor de todos,
— 182 —
La supremacía legítima de uno solo, la sugestion prescrip.
tiva de varios.
Hé aquí porque los hijos del Oriente han prosperado do
edad en edad,
Obedeciendo, como á Dios mismo, al padre real del Catay:
Hé aquí porque hasta hoy, hay alguien perteneciendo á los
hijos de Recab,
Que asiste delante del Eterno sin propasar el mandato tic
su padre:
lié aquí porque Magog se despertará en medio de las na
ciones, 'en su cueva setentrional,
Para desgarrar en el furor de su poder, al mundo insurrec
to, su presa:
Pues para lanzar el rayo concentrado, no es menester más
que la voluntad de uno solo,
Miéntras que las fuerzas esparcidas no son sino relámpagos
de verano.
SRGÜNDA PARTE.
PREÁMBULO.
Vuelve, y salúdame como amigo, compañero do pelerinaje
en el gran camino de la vida,
Deja por un poco de tiempo, el camino abrasador y polvo
roso, y demórate debajo del follaje de la Reflexion.
Ven á mi gruta fresca y sombría; está regada por el arro
yo de la Verdad, .
Y verás en una roca manchada por el tiempo, las flores en
cantadoras de la Satisfaccion.
Deposita aquí, en un banco de muzgo, el peso de tus penas.
Toma parte de mi humilde alimento, y goza de una hora de
calma.
Hé aquí, quisiera mirarte como un hermano, y conversar
con el alma del que me ama;
Aunque envuelto en la capa de un profeta, soy el débil dis
cípulo de mí mismo.
No tengas consideracion con el discípulo que enseña, á no
ser que el saber se halle en su lengua;
Pues vanidad y locura serian las única* instrucciones de
sus labios ignorantes:
La mercancía preciosa de la cual dispongo, ha venido de
mejor pais,
El trigo que yo he cosechado es el producto de una semilla
extraña:
— 184 —
Este pobre pensionista de la Misericordia, ¿se alabará de
su mérito?
En Cuanto á esta filigrana, tejido de la fantasía, esta guar
nicion oriental de similitudes,
El mundo, ¡ay! es viejo, y todo lo que contiene lo es tam
bien:
Estoy en el camino, me gustan los buenos senderos viejos;
Profetas, sacerdotes, reyes, han concedido el harpa que yo
toco con mi débil mano.
La verdad en el traje del pasado, será, mi elegido, mi tema
simple;
Hoy ninguna noticia nueva; en cuanto á la capa, otros la
han llevado.
Sin embargo, una colmena de insectos, una nube ruidosa de
imágenes,
Exhalándose como un humo de átomos y apresurándose á
pesar mio, en mi alma;
Recuerdos de cosechas estudiosas, analogías diversificadas
y naturales,
Sensaciones nuevas irreprimibles, rebozando del corazón
espontáneamente,
Hechos y comparaciones, moléculas de meditacion, escogi
das en el monton en donde las combina la casualidad,
Se mezclan en el tejido de mi discurso con las ilusiones li
geras del Sueño.
No necesito precisar la caza; mis faisanes se reunen en el
prado, ,
Y las liebres locas juegan sin temor sobre las perlas del
rocío;
Yo no ando errante en las colinas purpúreas, tristemente
acechando.
Pero los pensamientos rápidos vuelan en mis redes, impa
cientes por caer en ellas:
No me siento, pescador tranquilo, esperando con impacien
cia al pez,
Pero arrojo mi red, y cojo la tropa resplandeciente;
No cazo, extenuado, y siguiendo al ciervo aislado,
Pero, con Aureng-Zeb, rodeo á millares de ellos, y los atra
vieso con mi lanza.
— 185 —
Direis, esto no es sino ostentacion, ¡no te lo imagines indul
gente caridad!
El perro marino y la raya venenosa se cogen al mismo
tiempo que el salmonete:
La grulla y el milano ocupan mis pensamientos, tanto como
la perdiz y la codorniz,
Y presento en mi matadero, carnes inmundas como tambien
carnes sanas.
— ¿Qué dice este hombre? ¿nos enseñará el chacal disfra
zado en leon?
¿Teñirá con los colores fijos de la verdad la seda de la men
tira? —
Hermano, esto puede ser, esto se hace sin querer:
El hombre está lleno de defectos, ¡y cómo puede ser justo!
Mi jardin está sembrado y bien cuidado, los cardos no lo
desfiguran ménos;
He podado mi viña, muchos racimos sin embargo están
agrios:
He arrojado de mis redes lo que no valia nada,
Sin embargo, puede ser que una culebra se haya resbalado
en medio de las anguilas.
El timon de nuestra más firme esperanza no nos dirige
siempre léjos del error;
Aunque el hombre apunte bien, su flecha vuela debajo de
l¡i verdad:
Asi es, no castigues una confesion sincera como si fuera
presuncion,
Y no te pongas bajo mi conducta, sino cuando la razon me
guie.
24
— 186 —
AYER,
Habla, pobre dependiente de hoy, al cual nadie puede ase
gurar el dia de mañana,
Declara de buena fe que precio pones á ayer.
¿No es, pues, un escrito en el polvo trazado por la mano de
la pereza,
Que la Industria diestra y económica, borrará para siempre?
¿No es un surco en la arena formado por las olas,
Cuyo flujo, á su vuelta se apresurará á destruir?
¿No es el humo pálido y azulado, el cual elevándose de la
choza del campesino,
Se ha mezclado al aire límpido ántes de llegar á la cima de
los Alerces?
¿Es una vision ligera y vana que el sabio olvida pronto?
¿Es el extranjero, huesped de una noche que se ha ido sin
saber nadie á donde?
¡Ay! corazon frivolo que así piensa!
¡Ay! pobre sér seducido, al cual Ayer ofrece semejantes es
peranzas!
He Aquí estos templos de Ellora, el santuario del bramia
abierto en la roca;
Hé aquí esta ribera de granito, á la cual el mar del norte
ataca en vano,
El antiguo y vigoroso pino del bosque, verdades vigilantes
de la vida,
Este convidado que siempre está presente, no es extranje
ro ni esclavo, pues es mi hijo:
Sin embargo, ¡oh mortal! no es sino vanidad, sueños transi.
torios como el arco en la nube,
En comparacion de este hecho sólido, este Ayer, el cual tan
poco recuerdas.
— 187 —
Ven, para que yo te dé un ejemplo en el cual la Naturaleza
rios instruirá;
Las pruebas de la verdad nacen con abundancia en sus jar
dines,
Dirijámonos allá hácia el leñador; amenaza al olmo con su
hacha,
Y al instante los golpes suenan en el aire helado:
Los alumnos de escuelas del pueblo se apresuran al rede
dor de la cuerda tendida,
Profiriendo gritos, encorvándose para tirar, levantados on
el aire por su elasticidad;
El árbol gigante se dobla, como Sisera, se dobla cobarde
mente delante de sus enemigos,
. Sus tendones se rompen, sordos gemidos anuncian su an
gustia, Goliat vacila,
La sierra le llega al corazon, hé aquí que con lentitud ma.
^estuosa,
El monarca temblando so levanta de su trono; baja la ca
beza, estalla y cae!
El Tronco mutilado no dará ménos una leccion al hombre.
Y de la savia do este olmo destilarémos el vino de la
Verdad.
¿Observais esos cien anillos, concéntricos al corazon,
Cuyas olas diversificadas se acumulan hasta la ribera de la
corteza verde?
Son unos ayeres acumulados, y hoy todos están presentes,
Aquí está el fallo del árbol, historia personal é irrecusable:
Hubo gran seca hace siete años, y el sétimo anillo se es
trechó.
El quinto año ántes, hubo un semi-diluvio, — el quinto ani
llo es ancho.
Así, mortal, eres el resultado, la creceucia do bien de los
ayeres,
Que imprimen en el secreto de tu alma, los caractéres del
bienestar y del dolor.
Ere» el calendario de tí mismo, el registro viviente de tus
acciones;
El espíritu tiene sus cicatrices lo mismo que el cuerpo, sen
sibles y dolorosas en su época:
— 188 —
Hé aquí un nudo, — era un crimen, hé aquí un cáncer, —
el egoismo;
Aqui, ¿ves? el corazon está podrido; allí, quizas está sano.
La naturaleza nos enseña en vano; tus obras están en ti,
vienen de tí;
Algun pliegue malo debe su origen á viejos errores:
¿Caminas ahora en la integridad? No derrames veneno en
tus heridas en lugar de bálsamo, como si hoy un poco de bondad
pudiera borrar el pecado de ayer:
Tú tienes la vida y la luz, es mucha dicha; y el que castiga
te hace misericordia,
Abonando la raiz, podando la rama, y esperando tus frutos
tardíos;
Pero aún aquí, tal como estás, alegre quizas, é indiferente,
Las manchas del mal pasado, están sobre tí, el registro de
tu crimen está en tí:
Es que varios ayeres te maldicen, varios ayeres de pecado,
Que envenenarán muchas mañanas, aunque no te cuides de ello-
¿El Hombre, por consiguiente, no se ocupará de nada, de
safiando locamente á su Juez,
Puesto que el Sér Todopoderoso sólo puede hacer de lo
que fué lo que no es?
Deberia hacerlo, — así habla Satanás; es preciso que lo ha
ga, — pretende el Ateismo;
Lo puede, — tal es el pensamiento del libertino; — lo ha
ce, — dice el mundo inicuo;
Pero tú, cuyo corazon es más humilde, estudiante más sa
bio en tu sencillez,
Escuchando temprano el aviso de la Naturaleza, so atento
á los consejos afectuosos de la Religion.
Es verdad que este cambio es una dicha, y la penitencia es
infinitamente preciosa;
Mas no confies en tu cambio, no te apoyes en tu arrepenti
miento,
Pues todos somos corrompidos hasta el fondo del corazon.
Por más lisa que parezca la superficie, *
¿Demostrará salud el rostro, si la corrupcion roe los huesos?
El pecado es nuestra porcion á todos; tú misma, querida
criatura de la ternura,
— 189 —
No estás sin mancha, á pesar de tu hermosura maravillosa;
ni tú, modesto patriarca de la virtud.
Así, contempla mejor árbol, el Arbol de la Vida, en el cual
á todos está permitido ingertar,
Destruye en tí mismo esta raiz hueca, á fin de ser ingertit-
do sobre una Viña mejor.
Desespera, ¡oh mortal! del bien como del mal; arranca esta
túnica envenenada;
Jamás se repara el pasado: que sea lo que quiera el pre
sente.
La penitencia y la maceracion son inútiles; el ayuno y las
vigilias son superfinas:
¿La destreza actual del esgrimidor puede borrar sus cica
trices?
Es el hombre que se afana como un faquir; es el hombre,
pobre devoto, que se inmola:
La tortura y la fatiga nada son; puestas en la balanza con
el salario de la Eternidad:
Pero, Dios es el que está conmovido de compasion por el
más humilde, el más pobre, el más criminal;
El es quien da liberalmente como un rey, no pidiendo por
tanta misericordia, sino el agradecimiento.
Mira á este generoso Sustituto; ála vista de tus dolores tu
vo piedad de ti,
Se dobla bajo la piedad de tu pecado, y perece, — hormiga
(le Dios.
Allí es donde Atlas se levantó en toda su fuerza, y Prome
teo en su amor está allí,
Derramando sobre la desgraciada humanidad los tesoros
obtenidos del cielo:
No los rechaces, ocúltalos en tu corazon; pobre penitente
que los recibes;
Que el agradecimiento to excite al bien; y el temor salu-
'lable al obedecimiento;
Acuérdate que la podadera está afilada, y que uno de estos
doce vive en la perdicion.
• Mas, el alma que no está reconciliada, es el bisonte de los
prados,
Perseguido por estos lobos reunidos, tantos ayeres culpables:
— 190 —
Huye como Deucalion cu uu terror arrojando la piedra tras
de sí:
La piedra que añade un nuevo espectro al número de los
que lo hostigan:
Detrás de tí, .¡oh mortal! una tempestad se eleva, la cual
debería volver tu barco al puerto;
El enemigo se encarniza sobre tu traza, perseverante, .se
guro de la victoria, ansiando vengarse;
Un día tras otro, solemne y silenciosamente, el terrible pa
sado lo sigue;
Cogea, per» su paso está firme, pues coge el presente en la
eternidad:
¿Y cómo escapar del presente-pasado, este enemigo en el
porvenir?
¿Cómo desviar esta calamidad, resultado viviente de causas
que ya no existen?
Es preciso franquear de un salto atrevido el término de su
nacimiento, y remontar más allá de sus recuerdos, ingertados en
el Arbol de la Vida, que Era ántes de que hubiera un ayer;
No hay refugio más reciente que el Sér que ha visto la
creacion,
En donde el niño del tiempo pueda sustraerse á este ayer
que lo condena:
He aquí la ciudad de la salvacion desafiando la furia del
Vengador;
Está muy próximo; la puerta está cerrada con el pestillo;
apresúrate, es cuestion de tu vida, pobre perseguido!
El Crimen, este gladiador, combate como en otro tiempo,
armado de una red y de un puñal,
Enredando ayeres en la malla, hiriendo con el puñal de hoy :
Huye, tu espada está rota en el puño; huye, tu escudo está
en pedazos;
Salta las barreras, y confúndelo: la arena del pasado es suya.
Los límites del Crimen son los cielos del Tiempo: no esta
rás fuera de peligro sino en la Eternidad.
No hay sino los brazos de Dios que puedan librarte deAyer.
— 191 -
HOY,
Ahora, es el tic-tac continuo del reloj del Tiempo,
Ahora, es el santo del día de hoy. Ahora, está escrito en el
estandarte del hombre prudente.
Acaricia tu hoy, y aprécialo ántes de que se sepulte en el
pasado.
Cuídalo, pues ¿quién asegurará el dia de mañana?
Héte, eres, esto basta; que el objeto de tus cuidados sea el
presente;
Deja el pasado á tu Redentor; confia el porvenir á tu amigo;
Pero en cuanto á hoy, hijo del hombre, economiza los ins
tantes;
La cosecha de tu ayer, la siembra de tu mañana.
Ayer tarde, expiró un dia; aquel dia fué juzgado segun sus
obras;
Te acostaste; las tinieblas, el sueño, émulo de la muerte, te
envolvieron como un sudario.
Mas á la trompeta de la mañana que despierta un mundo
resucitado,
Te levantaste como los demás, para gozar de la vida de un
nuevo dia:
Teme que la locura te dé motivo para llorar su presencia
transitoria,
Teme que mañana digas suspirando: ¡ojalá que jamás hu
biera existido este dial
Hoy, sin embargo, en la lid; es preciso mostrar valor,
Y pelear por el honor, el deber, la vida, ó la muerte sin re
proche:
Hoy, la fuerza de tu alma, está á prueba. Mandan, jefe in
trépido;
4 — 192 —
Hoy, es preciso hacer guardia, ¡oh centinela! es el dia de
tn libertad, ¡oh cautivo!
¿Qué más? hoy ofrece la ocasion preciosa do triunfar y gozar:
Regocíjate, se agradecido, se moderado; hay víbora* en los
higos.
El cimiento está en tus manos, á fin de que lo trabajes ó lo
desperdicies, segun tu voluntad,
O que dejes esta masa informe endurecerse al sol.
Hoy, forma brillante, ángel propicio, que yo luche contigo.
No te dejaré ir sin queme hayas bendecido; bendíceme, Hoy:
HOJ', jardin encantador, delicioso Eden, que yo recoja tus
frutos;
He sustraido amargos conocimientos; dame, Hoy, los frutos
de tu vida;
Verdadero templo de Hoy; que yo adore en medio de tu
gloria, ¡oh Sion!
No hallo ningun otro lugar, ningun otro tiempo más que
los en que me hallo, Hoy:
Eetreta viviente de Hoy, que espere en ti, arca de refugio:
La única esperanza, la sola suerte que vislumbro, es Hoy:
Rico banquete de Hoy, que yo me sacie de tí, maná salu
dable;
¡Mi único alimento, mi ímica provision, os el pan cotidiano.
Hoyl
Hé aquí, eres el piloto, el armador de este rico bajel,
Capaz, á pesar de tu debilidad, de llegar al puerto ó perecer;
La brújula y el mapa están en tus manos: las rocas te son
conocidas;
Te han prevenido contra los arrecifes y bancos; ves el hn-
vre y el faro.
¿Tu imprudencia llevará el noble buque á las rocas?
¿La mano del timonero gobernará hácia la costa opuesta al
viento, lado fatal?
Toda excusa es vana, puedes escapar: eres responsable del
mal:
Tu murmullo es inútil; puedes vivir; tu alma tiene la voca
cion del bien.
Hoy, en el viaje de la vida, sobro la corriente sombría del
tiempo,
— 193 —
Tente con valor á la barra: dirige tu corazon á la estrella
polar, y te salvarás;
Hoy, cuando pasas los escollos, las arenas movedizas y los
terbellinos de la tentacion,
Entrega un momento el timon á sí mismo, deja la superio
ridad al viento y se náufrago.
La Crisis del destino del hombre, es Hoy; es un peligro
que vuelve sin cesar.
¿Quién sabe cuáles serán las aflicciones, las pruebas de la
hora que se aproxima?
Aquí estás, banco viviente, inmóvil como Sebastian, y las
Hechas silban á tu derredor;
¿Quién sabe cuando te tocarán? grande es la compañía de
los arqueros .
Cada soplo del viento está encargado de una órden; cada
minuto tiene su mision.
Es que unos espíritus buenos y malos, se agrupan en el ai
re poblado:
El pecado puede arruinarte; la gracia puede bendecirte; el
bien ó el mal de la hora que pasa,
La suerte, el cambio, la duda, el temor, son los parásitos de
todos.
La vida del hombre es una torre, cuya escalera tiene mu
chos peldaños, •
Los cuales á medida que los sube jadeante, se derrumban
detrás de él.
Es imposible retroceder; el pasado es un abismo; es menes
ter no detenerse, pues ya el presente no existe;
Pero adelante siempre con pasos firmes, venciendo la in-
certidumbre;
Nuestros cuidados son todos Hoy; nuestras alegrías son to
das Hoy;
Y en una palabra, una corta palabra, ¿qué es nuestra vida,
si no es Hov?
25
194
MAÑANA,
Delante, de nosotros, en la corriente del tiempo, hay una is
la flotante, ,
Que el aire fermentado subleva, y que las corrientes ar
rastran:
En esta isla existe una sirena; canta con voz melodiosa cn-
minando,
La invitacion brilla en sus ojos, sus mejillas demuestran la
seduccion;
Una multitud de amantes, persiguiéndola en vano, obede
cen á una señal suya,
Una multitud de amantes la busca hasta la catarata de la
muerte,
Esta isla, Mañana, herencia de la vanidad y de la locura;
Allí es donde la Ilusion con labios seductores rie y se oculta.
El precioso presente se disipa á menudo en visiones del
porvenir,
Y Mañana llega, mensajero frio, sin promesas cumplidas,
Estacionado en el mar de la vida, el esquife de una hada
caritativa
Boga sin cesar al socorro de los náufragos;
• Lleva una batelera paciente, dulce y bienhechora,
Que gobierna las débiles embarcaciones de los mortales en
medio de estrechos y arrecifes;
¡Cómo los anima su voz, con qué destreza los conduce.
Cómo avanza siempre con nobleza, despreciando la-misma
muerte!
Este esquife es Mañana, rescate á propósito llegado, dicta
do por la Sabiduría,
Y la batelera con palabras de consuelo y miradas animado
ras, es la Esperanza;
— 195 —
El presente doloroso disminuye á menudo sus males, H son-
jeando el porvenir,
Y el indulgente Mañana se encarga de llevar la mitad del
peso de Hoy.
Mañana, dice en voz baja la debilidad; y mañana lo encuen
tra aún más débil: ^
La conciencia se promete un innñaim, mas no hay un maña
na para el cumplimiento.
¡Oh nombre de feliz augurio para la juventud! ¡oh palabra
de terror y amargura pava el anciano!
Término del deseo indolente de la locura, amigo del dolor
i|iii) siempre espera,
Escapatoria del fraudo, — sugestion de la prudencia, —la
zo de la honestidad.
Riqueza de más de un pobre, desgracia de más de un rico,
Esperanza y temor, dicha y desgracia, remedio y ruina,
¡Cuántos enjambres de pensamientos se agrupan, se apre
suran al rededor de Mañana!
La colmena de la memoria engrandece su celda cada día.
Allí está depositada su cosecha, la miel ó el fango:
Cada mañana, las abejas toman su vuelo; á fin de llenar el
radio creciente,
Y levantar este tributo de oro. á costa de las flores mudas:
Mañana, es el objeto de sus cuidados ;trabajan para obtener
el reposo mañana;
Pero el hombre difiere la tarea del.deber y prefiere el bien
estar de hoy.
Mañana, es aquella luz errante de los pantanos, que siempre
escapa al viajero;
Mañana, es la taza del arco-iris, objeto de los vanos deseos
'le la ignorancia;
Mañana, es el fondeadero movedizo; ¡desgraciado del náu
tico que en él confia!
Mañana, es el fuego engañoso encendido en las rocas, lazo
insidioso de la destruccion.
Concilia las convicciones con la demora, y Mañana es una
fatal mentira;
Obliga por el terror las resoluciones ¡i la accion, y Mañana
es una verdad saludable;
— 196 -
Es preciso, pues, temer á Mañana; e.s el pan de casabe:
¿Por qué confio en Mañana? es el veneno de la yuca.
La Tarde de Hoy ha llegado; hace poco, era un mañana;
¿En dónde están esas resoluciones sublimes, esas esperan
zas de la víspera?
¡Oh corazon débil y frivolo! murmurarás siempre, Mañana,
¿Y verémos el pellon creciente de la iniquidad, bajar esta
pendiente insensible?
¡Ay! es una masa pesada; vacila, pero avanza en su fuerza;
un SISIPHE n0 la detendría.
Apresúrate, sin embargo, en oponerte á su caída, armado
de la palabra del rezo,
Pues bien pronto se concluiría su carrera, y esta pobre
choza: tú mismo,
Destruido por la muerte, serias aplastado por el crimen,
aquel feston de la nieve de los Alpes.
Pupilo de la vida, se juicioso, y presta atencion al aviso de
nu hermano;
Como tú, tambien soy peregrino, llevando el costal y el bá
culo:
¿Quieres atreverte contra el pasado y todos sus recuerdos
tristes?
¿Quieres estar en seguridad en el presente, en medio de
sus peligros y sus tentaciones?
¿Quieres esperar del porvenir, aunque esté incierto é infi
nito?
Apresúrate, arrepiéntete, cree, obedece; entónces tu valor
será el de una legion.
Recomienda el pasado á Dios, con todos sus males irrevo
cables,
Con humildad, pero con confianza alegre, y aleja los vanos
recuerdos;
Acude á 61, ven sin cesar, depositando á sus piés el presen
te con todos sus cuidados,
Ven resueltamente, con el ruego del amor, y aleja do ti la
inquietud personal;
Entrega el Porvenir á su voluntad, el Porvenir preordena-
do aunque desconocido;
Avanza, lleno de celo en la integridad, y Dios bendecirá tufé:
— 197 —
Pues cualquiera que sea tu debilidad, un Conquistador ir
resistible está contigo,
Tu amigo, el mismo para siempre, el mismo ayer, hoy y
mañana:
Este amigo inmutable como la eternidad, te hará el mismo,
amigo,
De tus adversarios trasformados, ayer, hoy y mañana.
LA VIDA,
Un Niño hermoso y alegre, jugaba en un jardín,
Saltaba triunfando de salud y lleno de felices fantasías;
Su cometa volteaba al sol, pero ató la cuerda á una tierna
rama,
Y se lanzó en medio de las rosas persiguiendo una maripo
ia recien nacida:
A su lado, en un banco de césped, yacia su alfabeto; el ni
ño lo habia ocultado,
Lo habia sepultado debajo de un monton de yerbas, de muz-
go y de oloroso serpolio.
Lanzó un barquichuelo de papel en la fuente; luego apar
tándose del lugar,
Trenzó las flores perfumadas del jazmín al rededor del már
mol goteando;
Así es como preludiando por diversos juegos, á los proyec
tos de la edad madura,
Este niño dejaba correr sus horas de oro:
Y yo bendigo el encarnado de sus mejillas, envidiando el
feliz nené,
Que proferia gritos de alegría, en el éxtasis del sér, batien-
'lo las manos:
Yo digo: ¡oh .Vida! no dudemos ya; dicha, esperanza, hé
aquí tu nombre;
— 198 —
Tu» días son brillantes, tus flores están embalsamadas, la
condicion de un don celeste es el placer.
Un Jóven paseaba una noche de luna; no estaba sólo,
Una jóven modesta y bella se apoyaba en su brazo trémulo;
Hablaban en voz baja, su iinico tema era la hermosura, sus
ojos ^adiaban de amor;
Ningun pensamiento en sus jóvenes corazones que no se di
rigiese al amor y á la hermosura:
Las estrellas, el mundo dormido y el ojo protector de Dios,
El murmullo de la cascada lejana, y los gorgeadorea ruise
ñores en la maleza, ,
Dulces conversaciones sobre su porvenir, las promesas de
la más tierna esperanza,
Y sobre todo, la alegría actual de una confianza recíproca,
Todo esto nutria sus almas con el maná oculto, la afeccion,
Y sus rostros beatificados por el resplandor del Eden, res
plandecían:
Yo miré á estos jóvenes entusiastas, y envidié su felicidad
y sus corazones,
Con fibras armoniosas, y de acuerdo para las sinfonías ce
lestes:
Yo dije: ¡oh Vida! no dudemos ya; tu nombre es amor y
hermosura, ,
Tus alegrías están completas, tus miradas encantadoras, tus
emociones puras y exquisitas.
Yo Vi á un hombre sentado al lado de sus mercancías, lleno
de cuidados; no era el mismo de ántes; •
La esperanza de su despertar, el terror do sus noches, era
el dinero, sus pérdidas:
La sonrisa era rara en sus labios, á no ser la do un amargo
desden,
. Para las locuras de 'su corazon, y para aquella ficcion ro
mántica, el amor es un tesoro.
Xo hablaba sino de Realidad severa, de hechos fríos, sién
dole indiferente la imaginacion,
De los accidentes de la materia inerte, del cuerpo y de los
sentidos;
Despreciaba el honor sin beneficio; y el deber que se afana
sin salario, era par a/ él el contrato de los engaños;.
, — 199 —
Es preciso estimar oí valor <le una fantasía por el precio
que de ella se saca.
Puesto que no es ni la reputacion, ni oí amor, ni oí deber
quien nutre al hombre:
Así dia trás din, este sér frio y triste se cansaba;
Observé sus facciones alteradas, y me entristeció su meta
morfosis :
Yo dije: ¡oh Vida! no dudemos ya; tu nombre es pena y
disgusto.
Tu suelo está quemado, tus vientos son furiosos, y los soles
que te alumbran te endurecen.
Un Anciano no dejaba su lecho, vacia en un triste abando
no, débil:
No soñaba sino en el pasado, eri el pasado lejano, en los
dias de su primera juventud:
Se arrepentía amargamente de los dias robados por el Dio*
de este mundo;
Recordando la virgen de sus amores, y la mujer cuyo egois-
mo traspasaba el corazon.
Es que la mañana brillante de la vida, volvió á parecer á
sus ojos con el resplandor de la realidad,
Los años de trabajo al contrario, como un sueño largo y os
curo, un medio dia nebuloso y maldecido;
Veía el colegial que cogía avellanas, pero olvidaba al co
merciante y sus especulaciones;
El amante generoso hacia sombra al marido, calculador en
durecido:
Sabia que las malas yerbas del amor del mundo, y el nlieu-
tn fuliginoso de Mammon
Habian agotado y matado sus deseos ardientes de honor y
de ternura, retonos delicados: ,
Tenia la muerte en el corazon, así tuve piedad de él y me
fsfbrzé en animarlo,
Pero entre el consuelo y su alma, vi «n abismo profundo y
tenebroso.
Entónces dije: ¡oh Vida! no dudemos ya; tu nombre es va
nidad y dolor,
Tu medio dia ha visto muchas tempestades, y el fin de tu
dia está velado por los remordimientos.
— 200 —
Asi Pi/fts, como }'O pensaba en estas cosas, mi corazon se
entristeció:
Lloré; duras palabras se escaparon de mi boca, y he" aquí
mis lamentos:
" ¿Por qué la dicha y el amor se marchitan y se vuelven
cuidados y vanidad?
¿Por qué es tan hermoso el boton, la flor y las frutas tan
dulces?
Triste es la suerte del hombre, si la trae un fuego fatuo
romántico,
Espera caer en el lazo, en el hoyo fangoso de la realidad."
De Repente, una luz, un espíritu, un soplo, un sentimiento
íntimo,
Alguien está delante do mí,
Temblé, escuché, rogué; entónces conocí al Ángel de laVida:
Forma vaga, oscuramente visible, mis ojos no podian con
templarlo,
Miéntras que, tranquilo y sin pasion, miraba un mortal ex
traviado;
Aunque era invisible lo vi con los ojos del espíritu; aunque
no hablaba lo oi:
Un sentimiento de simpatía arrojó en mi alma una luz viva.
Pupilo de Dios, se agradecido: el don de la vida es un bien;
La vida del corazon, la vida del alma, unidas á la vida del
cuerpo,
Es justo que la alegría y la hermosura sean su herencia,
esta hermosura que te ha parecido romántica:
Y los ángeles lloran, si el egoismo y la afliccion la des
truyen.
Has visto al hombre corromper este don de la naturaleza y
cambiarlo en maldicion:
Ven, pues, y te haré un favor; te enseñaré lo que constitu
ye la excelencia de la vida.
Conserva la pureza, y guárdate de las sospechas injuriosas,
jamás perecerá el amor:
Conserva tu inocencia sin mancha, 3' la elasticidad de la
niñez quedará.
Dulces impresiones ideales nutrirán el alma, los recuerdos
d» lo que ama la encantan.
— 201 —
La afeccion caballeresca de un jóven desinteresado no es
incompatible con el honor y la Sabiduría.
No trates de locura á la influencia invisible, que te hace
más feliz y más puro,
Tan bellas como frágiles, las visiones de Romanza son más
útiles que las máximas de la Realidad.
¿Vés á este venerable patriarca? la religion es su sosten:
Su corazon es jóven, sensitivo; es una fuente rebosando en
generosidad,
Alegre, á pesar de su sabiduría, la dicha de sus hijos lo ha
ce feliz.
Sus reminiscencias son tan puras, que los primeros amores
de su hijo renuevan sus primeros ardores:
Altas aspiraciones, afecciones profundas y santas esperan
zas hacen su delicia;
Despojar la vida del vestido que la caridad le da, la Idea,
he aquí lo que él detesta.
El burlon, insensible y frío, que no considera sino la utili
dad práctica,
Y se burla de la influencia saludable de la imaginacion, es
el objeto de su desden:
El hombre moderno, sér duro y sin simpatía, que no ve si
no hechos y cifras,
Circunspecto y grosero, espíritu material, es el objeto de
la compasion,—Jamás el ardor del beneficio inflamó su corazon,
Las pesadas cadenas de este triste amor no lo han atado;
Un mundo maligno se burló de siii^robidad; un mundo fri
volo calumnió su honor;
Un mundo pérfido .detestó su sinceridad; un mundo helado
despreció su ternura.
No guardó ménos por eso su tesoro, el corazon ardiente y
noble,
Y en este feliz anciano el niño y el amante sobreviven.
Es que la vida humana es como el vino de Ohios, de mucho
precio para el que lo bebe,
Perfume delicioso que rejuvenece el alma, y que le es tan
necesario como el pan Jo es al cuerpo:
Así, vela para que seas puro y sin fraude: entónces las Rea
lidades de la Vida
26
— 202 —
Serán suavizadas, modificadas, embellecidas por la influen
cia de ura imaginacion romántica.
i,Gozas de la existencia ¡oh hombre! gozas de la existencia,
ó respiras sólo por el trabajo?
¿Eres libre, ó el esclavo de la rutina, el mecanismo jorna
lero de la costumbre? »
Es que en donde el espíritu vivifica un hombre, hay mil
que duermen en la torpeza,
Comiendo, atormentándose, durmiendo, círculo fatigante,
digno de un insensato:
El arado, el gran libro, el negocio, los cuidados y la indo
lencia de la vida animal,
Hé aquí el sumario de tus años, pesada masa sin levadura.
Descansa perezosamente, sér estúpido, enredado por las
circunstancias,
No despertarás para pensar y sentir, un minuto cada mes.
El epítome de la vida ordinaria se ve en el epitafio ordinario,
Nacido tal dia, muerto tal dia; entre estas dos fechas, un
intervalo de sesenta años.
Es qu« el tiempo ha sido prodigado á los sentidos, y qu«'
dia trás dia el espíritu se ha degradado:
El alma es raquítica, languidece, aunque el cuerpo esté en
la abundancia.
Olvidó los mundos que lo esperaban, y la verdadera noble
za de un sér creado,
No queriendo ya trastornar por la esperanza y por un te
mor saludable, su contento obstinado.
Es la muerte en medio de la vida; es perderse bajo de las
olas de la Realidad,
Sin el menor esfuerzo, sin el débil sentimiento de una re
gion espiritual más elevada.
Afeccion, fantasía, sensibilidad muertas; la imaginacion, ln
conciencia, la fe,
Todas borradas con gusto, hasta que el hombre no sea, en
fin, más que un cadáver.
Haz por vivir miéntras existes: es preciso que viva el co
razon, y el alma tambien,
Pero los cuidados, la pereza, el pecado, el amor á sí mismo.
t» unen para destruir la vida.
— 203 —
El hombre se vuelve autómata, el accesorio del mostrador
ó del escritorio,
Si el alma y el espíritu alarmados, no resucitan ese reptil.
Así, da gracias á Dios por las solemnidades, los libros, los
sueños, y hasta los dolores,
Por los atractivos encantadores de la naturaleza, y las afec
ciones ardientes de nuestros hogares:
Y tú que trabajas, acuérdate de ello; tu tiempo no está
perdido,
Si contribuye á exponer y á minar esta roca, esa mentira
sólida, el Bienestar Material.
La Vida es una alameda extraña de árboles y flores diversas;
Alumbrada primero, oscureciéndose poco á poco, termina
en una puerta macisa á lo lejos.
En donde principia es un pequeño sendero, bordado de vio
letas,
Un sendero estrecho, de césped suave á los piés de la in
fancia:
Bien pronto los cardos cubren el camino, penas precoces
de la escuela,
Y los árboles frutales á derecha é izquierda, son los dias
de fiesta y alegría.
Luego: la rosa y la mimosa indican la sensibilidad,
Las víboras se ocultan bajo de la yerba, y las zarzas se en
lazan en los setos:
Un poco más léjos, rodeados de estacas, muy en órden, se
ven los árboles nuevos.
En donde las cicutas tubulosas y débiles helechos llenan
numerosos intervalos;
Así á medida que uno adelanta, agradablemente variados,
unos encinos magestuosos,
Olmos verdes, el haya y el pino de los bosques, bordan el
camino:
Aquí, sin embargo, el sendero se ensancha, está lleno de
rocas, la yerba allí es rara,
El sol es abrasador, la tierra hendida y estéril :
Y á menudo se ve un tronco hueco, podrido, que el rayo ha
herido,
O en su aislamiento mortal, el sombrío Upas;
— 204 —
Pero pronto, en hileras apretadas, los árboles se ponen de
centinela,
Y unas sombras más negras se ven errantes en medio de
los colores suaves del Otoño;
Aquí y alli, un acebo, enebros y cipreses;
El suelo es húmedo, el aire frio, la noche viene á pasos pre
cipitados;
Apresúrate, viajero, á ganar la puerta; ¡hé aquí la luna!
Su luz sonriente te conducirá seguro á través de esta som
bra lúgubre:
Escucha, es el sonido hueco del martillo: hé aquí el guar
dian que abre.
La puerta recula, es para tí, ¡tú ves el vestíbulo de la
Muerte!
LA MUERTE,
Silencio, hija de'la frivolidad, la Muerte está en este cuarto!
No interrumpas ya por unos ecos importunos, esta calma
extraña y solemne;
Aquí la muerte preside en espíritu, vela sobre un cadáver
helado,
Este ojo está fijo, este corazon no late ya, ¡tranquilidad hor
rorosa!
La muerte, nueva dueña de esta morada,
Ocupa todos sus aposentos;
Está cerca de la cabeza, está á los piés, y se oculta en las
cavidades del pecho: ,á
La Muerte, anatomista sutil, ha separado el alma del cuerpo
Dividiendo con tino eu cada nervio, el espíritu de la materia:
La Muerte, soberana inflexible, ha reclamado sus derechos,
* — 205 —
Miéntras que, radiante do juventud y alegría; el alma iba
á recoger su herencia;
La Muerte, usurera ávida, ha cogido el acreedor que oou
ella se habia comprometido;
La Muerte, tirano feroz, ha sorprendido á su esclavo, paga
con su vida;
La Muerte, enemiga ciega, descarga su venganza baja so
bre la carne.
La Muerte, caníbal inhumano, devora á su víctima con la
vista,
Y se la lleva con ella al sepulcro, triste sala de los festines,
En la cual con una pompa odiosa, el Empusa Real celebra
sus orgías secretas.
OcuUadla, ocultadla, corred la modesta cortina:
Fuera de aquí, curioso necio, no trates de penetrar la
corrupcion:
Aquí, los misterios terribles del cambio se representan,
Y varios actores hacen su papel en este humilde teatro, la
tumba;
Deja la arcilla, cosa leprosa, no toques á este vestido de
carne:
La pólvora á la pólvora, es preciso que se mezcle con la
tierra santa:
Los vientos la dispersan, las olas se la llevan, «lia nutre lati
yerbas y los animales,
Pero Dios tuvo cuidado coa estos fragmentos, y su mano JOB
ha conducido;
Es preciso que cada alma espere, y reclame lo suyo cuando
el arcángel suene la trompeta.
Entónces, todos los campos, todas las montañas, serán una
masa movediza de vida;
Cuerpos innumerables en la tierra, cuerpos hollando á los
mares debajo de sus piés,
Precipitándose en el aire oscurecido, recogidos en el fuego
sanos y salvos;
Los piés del Himalaya, las llanuras inmensas de Siberia,
ilevolverán su depósito,
El Maelstrom devolverá su presa, y el banco de hielo liber
tará á su cautivo:
— 206 -
Todo presentará vida, de los despojo* convergentes de la
humanidad,
Hasta que cada sér pensador «alude la forma que le perte
nece:
Pues en una semejanza exaltada análoga, aunque diferente
en gloria.
Este cuerpo será formado de nuevo, morada digna del alma:
La cabaña se volvió palacio, el vulvo ha florecido.
La materia revistió la incorruptibilidad. está en paz con el
espíritu.
Anien,—asi sea:—pero en este momento la escena es triste.
Aunque las promesas, aunque la esperanza se apresuran á
engañar su tristeza:
El dolor allí domina; es que aunque la fé pueda conducir
el alma á buen fin.
Esta parte sin el compañero de sus trabajos, sufre la orda-
lia de su alteracion.
Querido compañero, tan frágil como amado, mi bien, mi
iruxlesta morada.
¿Me despojaré sin murmurar, como si no fueras más que un-
vestido despreciado?
Muchos años, alegre ó triste, me ha servido de morada,
¿Cómo no inquietarme por tu dicha? .¿cómo no desear tu
perfeccion?
El que te prestó para que de ti hicieras buen uso, en este
estado mortal.
Cuando vuelva ese clia, cumplirá este deseo, motivo de ala
banzas infinitas:
SeráSjglorificado. lo serás, amigo mió. aunque abvecto,
¿Y seria yo tan bajo para despreciar tu estado, esperando
tu advenimiento?
Dios no quiera, ¡oh alma mia! sér aspirante.
Que seas indiferente si las injurias ó la locura profanan tu*
cenizas:
Que tu ternura los proteja; que la colina sea sagrada;
Y tú, que delante de él pasas, venera á los muertos que ec-
peran.
Nápolea, sentado á orillas de las olas, es la llave de la bóve
da de un arco de color azul.
— 207 —
Coronada por el acuerdo comun de las naciones, reina in
comparable de la alegría:
Se ríe de la rabia del oceano, se burla del furor delVesubio,
Desdeña la enfermedad, la miseria y el hambre que se apre
suran en sus calles brillantes:
La danza ligera, la cancion loca, la procesion solemne y
alegre,
El sueño del medio dia, la serenata nocturna; hé aquí su vida:
Pero, ¿y su Muerte? ¿Qué hay de su muerte? tened el ojo
al fin de la vida.
Solon y Tellius el ateniense, tenian razon en mostrar l«
tumba.
Mirad este recinto horroroso; estos pozos de piedras innu
merables;
Un pozo por cada dia, un pozo cerrado por un año;
Y durante las tinieblas de la noche levantan la tapa cerra
da por un año,
Mirad por dentro; la cal roedora casi ha consumido los ca
dáveres;
Dia trás dia se arrojan los muertos en este terrible hoyo;
Los difuntos de hoy, ¡sobras despreciadas!
Hélos aquí, blancos, desnudos, amontonados, sin lágrimas,
sin ternura, sin recuerdo;
Ancianos, jóvenes de los dos sexos, niños; mezcla horrorosa
de corrupcion:
Arrojadles cal roedora encima, cerrad la tapa por un año.
La aurora ha coloreado ya la cima de la montaña.
¡Oh! ciudad bella y pérfida, prostituta loca y dorads,
Maldicion, corazon lascivo, pecadora endurecida:
Desgraciada de tí, pues que las delicias de la Existencia, •
son los soles de Italia,
Encontrando las solemnidades de la Muerte, en un sepul
cro tan impuro, tan espantoso.
Es que áun para lo mejor del mundo, para los juiciosos, lo*
puros,
¡Oh Muerte! reina con facciones repugnantes, tu cetro de '
hierro es terrible:
Sí, aún con todas las ventaja», la reunion tien» »u« parien
tes sepultados:
— 208 —
Los ritos sagrados, las lágrimas de un amigo, el templo vie
jo y querido de nuestro pueblo,
Muerte, fría y solitaria, tu rostro de hielo es odioso,
Los más bravos tiemblan á tu aspecto, los más humildes
maldicen tu cercanía.
Sin embargo, hombres de poco juicio, vuestra locura ha
multiplicado el espanto,
El cementerio lleno, las osamentas de las catacumbas, el
subterráneo pestilente,
Los espíritus pasan en el crepúsculo; los gemidos, el ruido
sordo de los pasos, ficciones quiméricas,
Los sonidos confusos del cortejo del terror, espanto de
nuestros corazones pusilánimes:
No hablamos aquí del pecado, ni de las fantasmas de una
conciencia ensangrentada,
Ni de consuelo, ni de perdon de la misericordia; no se tra
ta sino del sepulcro inevitable;
El sepulcro, este salario de la muerte, esa vuelta necesaria
al polvo;
El sepulcro, este término de todo lo que es tierra, este pun
to de partida del cielo.
Siembralo de laureles y lirios;
Edifícalo sobre esta colina húmeda de rocío
Con santas oraciones, un dolor generoso y las bendiciones
del cielo.
Que Sophode duerma á la sombra de su yedra, de sus fes
tones inmortales y verdes,
Que los olivos dén su sombra á su Virgilio, que las rosas se
despleguen encima de Corina;
Entregad, no sin esperanza, el cuerpo del marino á HII
criandera la mar;
Que de la cima de la hoguera embalsamada el espíritu del
guerrero suba al cielo:
Mas no amontoneis los sarcófagos y la corrupcion, para in
festar la masa de los vivientes,
Y no priveis las odiosas realidades de la poesía caritativa
de la muerte:
Adornar la fealdad, es sabiduría: velar la necesidad, ea sa
biduría:
— 209 —
Sacar do los alegres espectáculos y de los sonidos encanta
dores una influencia dulce, es sabiduría,
Ocultad los hechos, los hechos crueles, revoltosos, espantosos;
Llenos de esperanza, tened cuidado del cuerpo; esto es loa-
. ble, es prudente;
Mas sepultar en la tristeza el alma doliente, que amó duran
te tantos años su posesion de arcilla, *
Seria vanidad, seria locura, el consejo de un humor triste y
de la desesperacion.
No era así como el Escita de ántes acogia la muerte con
cantos de alegría;
No era así como el sabio Egipcio adornaba la Muerte con
munificencia;
Así no es como el Parsi, adorador del sol, duerme sobre su
torre fúnebre;
No es así como el santo musulman descansa en su' mausoleo
arabesco:
No es así como el hombre colorado, el Indio cazador del
Missouri,
Ha construido en los árboles floridos los nidos de sus ante
pasados forasteros;
No es así como el montañés suizo esparce las guirnaldas
adornadas con cintas
Al rededor de la cruz agreste que santifica el lecho de su
amante ;
No es así como la campesina desea morir en la primavera,
A fin de que su sudario nebuloso sea sembrado de violetas
y primaveras;
No es así como el poeta moribundo pedia un sepulcro alegre:
Amigos, que descance al sol; no lloreis; es un cristiano que
duerme!
Sí; es la poesía de la Muerte, es un Orfeo que encanta los
infiernos.
Demostrar tanto amor y atenciones á pesar de muerto, á
todos aquellos á quienes amamos;
Rico de esperanza, pensar en ellos, esperarlos con alegría,
y si no fuera por la verdad de este acto ingenuo,
Rogar, con todo el fervor de la afeccion, por las almas cuya
suerte está decretada.
27
— 210 —
El árbol está tronchado, podado, desmido, y hé aqni el Me
didor con la medida en mano;
Está decretado para siempre, y el rezo nada puede ya;
Los hombres y los ángeles, buenos y malos, han demostra
do todo en favor;
El proceso concluyó, el jurado está formado, no se admite
ya á nadie :
En cuanto al veredicto están de acuerdo; justo, determina
dlo, final,
Y la sentencio, parece clara, aún ántes que el Juez hará
hablado;
Ahora, miéntras que la materia reposa en paz debajo de la
tumba,
El espíritu, sensible á su peligro, vela en una incertidum-
bre indecible;
Atormentado por una anticipacion horrorosa, ó saboreando
nn gusto ideal delicioso.
Las almas que esperan con ardor, llenan el intervalo so
lemne:
Cuando mueren, no se duermen, pero so despiertan vivifi
cadas por el terror del juicio;
No descansan insensibles en las tinieblas, pero triunfan
previendo la luz:
El Idiotismo, radiante de inteligencia, en el momento en
que este velo está roto,
Da gracias á Dios; la torpeza ha conservado su inocencia:
El niño atacado por la muerte jugando, y los séres sin frau
de que no han nacido ai'm,
Librestde las trabas de la carne, brillan de repente del res
plandor del espíritu:
La locura es sábia; las visiones do los lunáticos no existen ya,
Y cada uno se apresura en alabar la misericordia que lo ha
hecho no responsable.
Es que el alma es una á pesar de la multiplicidad de sus ac
tos, poniendo en obra el mecanismo del cerebro,
La razon, la imaginacion, la conciencia, la pasion, no son
sino sus fases.
Si, en los profundos designios de Dios, la máquina se rom
piera ó descompusiera,
— 211 —
No dejaría por eso de ser la misma alma, aunque diferente
por esta manifestacion:
Así es, apartad el cerebro, y soltad la que lo habita;
fió aquí; los maniáticos y los embriones están en su lugar,
séres inteligentes.
Este disolvente destruye toda la escoria sin tocar al oro:
La materia queda en el molde, el espíritu voló en el reci
piente.
¿Quién es, pues, ese recipiente de los espíritus? ¿Es algun
mundo aéreo,
Oasis á medio camino del espacio desierto, separando el
cielo de la tierra.
Prision de las esencias sin cuerpos, limbos vastos y vagos,
Tártaro para los malos, Paraiso, aquel Hades intermediario
para los buenos?
¡Oh Muerte! ¿quién eres? un legislador infalible,
Poniendo el sello confirmatorio, por el cual los actos de la
vida están constatados.
¡Oli Muerte! ¿quién eres? un alguacil severo y silencioso,
Que nos conduce al tribunal para la Eternidad, despues de
IH escena en el Tiempo:
¡Oh Muerte! ¿quién eres? un labrador que siempre sega,
Fuera de sazon, lo mismo que en sazon con la hoz en la mano.
¡Oh Muerte! ¿quién eres? la sombra de toda sustancia,
En el gabinete de verdura y en medio delos combates, rou-
dando din y noche.
¡Oh Muerte! ¿quién eres? Nodriza de suma sin sueños,
Recreando la carne calenturienta, á fin de que vele para
siempre:
¡Oh Muerte! ¿quién eres? Alquimista extraño y grave.
Elaborando el elíxir de la vida, en sus crisoles de arcilla.
¡Oh Muerte! ¿quién eres? Antípoda de las maravillas de IH
Naturaleza,
Semilla y crisálida adormecida, tú destrozas tus trabas, her
mosa de energía y gloria,
Fondeadero salvo y tranquilo de las cosechas desmembra-
das de la humanidad, ,'
Sombrío de un fresco exquisito, despues del aliento abra
sador del desierto,
— 212 —
Antecámara silenciosa, en donde Adán encuentra á sus
hijos,
Vista en la bruma, como crece la Muerto inevitable, objeto
de temor y de esperanza:
De temor, puesto que todos han pecado: de esperanza,
puesto que un Dios nos salva.
El temor está'sepultado por la alegría; la esperanza está
llena de inmortalidad;
Pasa, peregrino de la vida, baja al sepulcro sin temblar.
Los terrores.no son sino sombras, ellas son errantes en el
valle de la muerte.
LA INMORTALIDAD.
Ciñe tus espaldas para la contemplacion, habitante tímido
de la tierra:
Poseedor de una cabaña por un dia, eres para la eternidad
el heredero del universo,
Es que ni los hielos de la tumba, ni las aguas del íirmamen-
to que lo sepultan todo,
Ni los aires expansivos del cielo, ni los fuegos destructores
de la Gehenne,
Ni el óxido del reposo, ni la deterioracion, ni las ruinas, ni
la pérdida, ni el azar, ni el cambio,
Apagarán ni ahogarán jamás la chispa del' alma que te.
alumbra,
Eres una hoja indestructible del laurel siempre verde de la
Existencia;
Una palabra de los labios de la Sabiduría que no puedo ser
expresada.
Un rayo de la luz del Amor, una gota de la mar de Miseri-
. cordias;
— 213 —
Una criatura maravillosa, sorprendente, concebida por una
palabra del Todopoderoso.
Yo, que hablo rodeado de debilidad, y vos, cuya caridad me
escucha,
No dejarémos de vivir y sentir, cuando la carne vea la cor
rupcion,
Las puertas de la prision material están rotas, y el alma
encadenada será libre.
Libre, sea para el. bien ó para el mal, á fin de satisfacer sus
deseos para siempre;
¡Para siempre! sentencia terrible, arrastrados eternamente
al mal,
¡Para siempre! feliz destino, madurando hasta la perfeccion,
para siempre.
¿Acariciarías sin embargo, esclavo del vicio y del temor,
algun pensamiento,
Una esperanza tenebrosa y funesta, que el espíritu extra
viado mata?
Que esta desobediencia original ha necesitado la muerte
del alma.
Y que la iniquidad personal te ha apropiado esta pena, tu
maldicion el aniquilamiento.
Sin embargo, ten cuidado con eso; hay un sacrificio; el au
tor de la criatura es su Redentor:
A todos libremente^ á todos sin excepcion, el privilegio de
la esencia está restituido ;
Sea por la gracia ó el crimen, es preciso que todos vivan
para El,
Que vivan en la alegría vivificante, ó que vivan en los do
lores mortales:
La Muerte en Adan, la Vida en Cristo; la maldicion fue
suspendida á la cruz.
¿Eres tú el que estimas la redencion rnás limitada que la
caida?
Todos estaban muertos, murió para todos, á un de que to
dos vivan y amen,
Si las almas vivientes rehusan su amor, no por eso dejó de
morir por ellas.
Eva ha sustraido la ciencia; el Cristo dió la vida:
— 214 —
Los conocimientos y la vida son los atributos del alma, el
privilegio del Hombre:
La misericordia se interpuso, y pasó el doble vuelo:
Dios dió: al dar. compró; comprando pide el amor;
Y cuando pide esta vuelta, devuelve la dicha á todos los
que lo escuchan y le responden:
Es que el amor con la vida es el cielo, y que la vida sin el
amor es el infierno.
Criatura de Dios, él quiere tu dicha, y que esta felicidad
se aumente eternamente;
No temas confiarte al amor del que te hizo, al rescate de tu
Salvador;
Bebió para todos, por tí y por mi el veneno de nuestras ac
ciones;
No morirémos pero vivirémos, y por su gracia amemos.
Es quo en los misterios de la misericordia, el solo Sér do
tado de prevision
Sobrepasa la razon que se detiene en escoger, y él se hace
amar por los hombres;
¿Quién sondeará las profundidades? ¿Quién alcanzará las
alturas?
La libertad en los hierros del destino, y la soberanía con la
justicia.
Así es, tii el alma abatida por el pecado, se perdió para
siempre,
La Divinidad ha pagado el enorme rescate; se volvió á com
prar la garantía;
Ha retirado de las aguas del Olvido la raza sumergida.
Elevándola á sí mismo, la Roca sin base de los Siglos.
Nadie puede sustraerse al pecado de Adan, ó á la recom
pensa del segundo Adan;
A ti pertenecen el pecado y la Muerte; á ti la existencia
sin iin:
Que se haga tu voluntad; Jio por. eso titilamos menos resca
tados de la nada;
Los mundos de la dicha y la miseria están poblados por té-
rw inmortales;
Y tu ruina es tu reproche, pues te está permitido ¡oh el
más malo de los hombres!
— 215 —
De acepfar la gracia celeste del amor, como el don de la
vida.
El remedio, sin embargo, no está en tu favor, ¡oh oí mejor
Ha los hombres! puesto que estás atado
Por tí mismo, por el pecado, por la indolencia tenebrosa,
llanta que Dios rompa las cadenas:
Nadie sin haber luchado puede decir: • La cadena está rota:'
Hoy esfuérzate; un esfuerzo probará que estás librei:
H¿ aquí la fe y la oracion: he aquí la Gracia y la Expia
cion;
Hé aqní la criatura buscando su Dios, el prodigo volviendo
á su casa;
Hé aquí sin embargo, sus hijos, dotados de razon, sometidos
á una justa prueba,
Que tienen oídos, y que rehusan oír, que tienen ojos y no
quieren ver;
No quieren obtener la dicha con la vida, la dicha que enri
quece la inmortalidad ;
Y buscan sus placeres fuera de Dios, el cielo solo en la vida;
Entónces se apoderarán de este tesoro funesto, la existen
cia sin amor, i
Y en su sombrío destierro, hacen de sí mismos un infierno
inevitable.
Asi, pecador, teme que este beneficio inmenso, la inmorta
lidad,
Manchado por tus crímenes, no se vuelva maldicion; mejor
fuera no haber nacido;
Así, hombre piadoso, espera, puesto que la inmortalidad es
un don gratúito;
Recibe y vive, y vive para amar; no temas, estás redimido!
Tal es el privilegio de la obediencia, de la obediencia hija
de la fé.
La vida miserable, este abismo de desesperacion, el cono
cimiento de todo mal,
Tal es la plaga de la impenitencia, de la impenitencia hija
"le la incredulidad.
Dios, por una necesidad admirable, es Amor en todo lo que
hace,
Amor, fuego brillante, que regocija ó consume:
— 216 —
Los malos operan su ruina contemplando, odiando este
amor.
Los justos hallan la alegría suspirando sin cesar por sus
encantos.
¿Cómo imaginar la inmortalidad, cómo representar su pers
pectiva infinita?
La voz nos falta para expresar esta vasta idea!
Examinad, sin embargo, los bosques primitivos que cubren
la inmensa Australia,
Y contad las hojas del otoño, multiplicando millares por
millares;
Alzad luego vuestros ojos sobre una isla del Mar Negro, en
donde todo duerme, hácia un cielo sin luna,
Y añadid á estas hojas este ejército de estrellas innumera
bles, resplandecientes en la oscuridad;
De allí, atravesad la Arabia, algun continente con torbelli
nos de arena,
Recoged cada grano, sin dejar uno solo, añadidle á las hoja*
y álas estrellas;
Despues de esto, contempladla mar, los miles de leguas del
mar atlántico,
Tomad gota por gota, y añadidles á los granos de arena, á
las hojas, á las estrellas;
Las gotas del oceano, las arenas del desierto, las hojas, la»
estrellas innumerables,
(Aun cuando en esta multitud de multitudes, cada despre
ciable unidad fuera una edad,)
Cada una podriaser mirada, como un instante, un relámpa
go momentáneo,
Si se comparaba con el resplandor de aquella llama intole
rable, la eternidad sin límites!
¡0/4 El Más sublime de los dones del Creador.
¡Oh largueza digna de Dios!
¿Cómo apoderarse de este pensamiento encantador, la vida
y la alegría para siempre?
El sol en el cielo de los cielos, es el Amor inmutable.
Y el explendor de este sol es la vida, para todos los que
gozan de sus rayos:
¿Cómo detenerlo en él firmamento, ó arrancarlo de su esfera.
— 217 —
U obligar á su hermosura de no sonreir, y apagarse para
siempre?
No, lo que Dios ha dado, nadie lo sustraerá,
Ni pondrá límites á su amor, ni un término á su bondad;
Por todas partes en donde el espacio está poblado, infini
to como el imperio celeste,
El rio del agua de la existencia corre magestuosamente
para siempre.
¿Por qué, hombre lleno de dudas sostendrías que es impo
sible
Que Dios despierte á los muertos, y haga este cuerpo mor
tal, inmortal?
¿Es porque estas riquezas son incomprensibles y esta con
descendencia excesiva?
Cuyo don, sin embargo, si él cesa ó cambia, es digno del
Rey Todopoderoso!
Pues acuérdate, en el momento de que no existes ya; más
valdría que no hubieras sido.
Un milenario y una hora son iguales en la profundidad
de este abismo desolador, el aniquilamiento:
Si Adan hubiera vivido hasta hoy, y que Dios lo hubiera
aniquilado,
¿De qué le habría servido esta larga vida, que se desvane
ció para siempre?
Es imposible que un tributo de gracias se exhale del in
censario de la no-existencia: está vacío:
Si el Dador reclama su don, se priva, de nuestros elogios,
Decidme, vos, que tanto intentais molestar y achicar el alma,
¿Por qué dejaría de ser, y cuándo morirá su esencia?
Ella es, y por consiguiente, ella será, hasta que un justo
obstáculo se oponga á ello;
• No probeis la necesidad del cambio, y la razon mantendrá
la permanencia.
Es verdad que el cuerpo debe variar, esta casa admirable
que ocupamos
Jamás ha quedado en el mismo estado; á cada momento
varía;
Mas el tenedor de la casa, el espíritu, sensible de su exis
tencia queda inmutable;
28
— 218 —
Puede ser que ande errante en muchos mundos, mas no
puede huirse á si mismo.
El terreno en el cual cae )a semilla, bajo el sol y las lluvias
podrá variar;
Más la semilla es la misma; el alma es la semilla, y la car
ne sola es el áncla que la .ata á la tierra,
Puede romperse la máquina y el hollín roer los- resortes;
pero el movimiento ¿puede nutrir el hollín?
El cerebro alimenta los gusanos, ¿pero los gusanos roen el
alma?
La dinámica existe, existe aparte, aunque no exista la ma
teria;
El espHtu puede existir separadamente, aunque no exista
el cuerpo: • ,
La' fuerza es una, que sea palanca, tornólo ó cuña; mas pa
ra manifestarse, necesita de éstos:
El alma es una, que sea causa ó idea; pero la vemos en éstos.
El sér es creado individuo, á fin de poner á prueba su vo
luntad razonable;
Arcilla y alrna mezcladas por la Sabiduría, mas no confun
didas.
Como la fuerza no está en el resorte sino en el momento en
que recibe el impulso,
Así ántes de la infusion del espíritu, el organismo es inerte.
Dirás acaso que el alma, retoño delicado de la materia,
Esta flor brillante y perfecta, ¿debe morir como su hoja?
¿El peso acaso engendra la celeridad? ¿es la libertad, la at
mósfera de las prisiones?
i ¿Ha podido jamás el cuerpo, elevar, desarrollar, desplegar
el alma?
Mira un carbon encendido, arrojado por los hornos delBtna,
En esta ceniza hay fuego; ¿es la piedra pomez que lo hizo?
No, masa fria, jamás engendrarás la llama;
No, mecanismo exquisito, jamás producirás el alma;
Al contrario, os batís y os disputais, enemigos uno del otro,
Hasta que Dios, poniendo fin al conflicto, haya nombrado
el cuerpo colega.
Vestimenta de ca rue, ¿eres acaso una túnica teñida de uu
veneno sutil.
— 219 —
(Como la que puso furioso al Centauro,) matando el alma?
No es así; fruto de la desobediencia, déjate podrir, perecer;
es preciso.
La semü'a está en el corazon; su gérmen está seguro, y la
vida está en este gérmen: ,
Mas, las aguas de Marach se suavizarán, y el Buen Médico
Curará estas llagas gangrenosas, la fiebre purpurea del pe
cado:
El es quien, por las pruebas de este mundo, y por la divi
sion purificadera del sepulcro,
Cambiará este cuerpo corruptible en gloria, y blanqueará
esta vestimenta
En tu corazon: sin embargo, ¿dirás en alta voz, que por lo
comun el lecho de muerte
No parece sino un reflejo perezoso del a'ma y del cuerpo
que se debilitan?
El alma sensupl, que mucho tiempo ha morado en los reduc
tos de la carne,
Soñará quizas, obstinadamente indolente;
Pero,- ¿está por eso cérea de la disolucion, lo mismo que el
cuerpo de esta muerte?
Pregunta á la conciencia timorata, que revela sus terrores,
dando el último aliento;
Pregunta al avaro muriendo, que se encoleriza al separarse
de su oro;
Pregunta á la pobre viuda, que confia sus huérfanos á ex
traños;
Pregunta á la virgen mártir, caña rota, pero vigorosa,
Este cueipo atormentado, este sér frágil, con frente radian
te de triunfo.
¡Oh adversario! puede ser que el dedo de la enfermedad pa
rezca tocar el alma,
Pero es un contacto espiritual, simpatía con lo que sufre:
El dolor ó el temor puede trastornar este mecanismo tejido
con nervios delicados;
Pero la demencia supone el alma: la falta está en la máqui
na y no en el móvil.
Dispersa las brumas de la materia, hé aquí que el alma es
pura:
— 220 —
En la jaula de Tiuior, besaba oí polvo; ahora está libre.
Además, hay una razon moral para la vida del alma;
Si Dios es rey en el cielo, ó si se cuida de la tierra,
¿Triunfará la maldad ain ser castigada, ó se cansará la vir
tud sin ser vista? .
¿Atormentará la crueldad sus víctimas sin vengarlas, y se
quejará la inocencia sin escucharla/*
¿No hay recompensa para el infortunio, no debe haber otro
mundo para la justicia,
Soles ponientes ricos de esperanza para los buenos, terro'
res para los malos en su zenit?
Como explicar este enigma: un Dios justo que hace pros
perar la iniquidad.
La Sabiduría animando la locura, y la Bondad apoyando la
depravacion:
Aún más, hermano que se extravia, perdona la abundancia
de mis palabras,
Dame parte de tu candor y de tu amor, y el que escucha
será bien venido;
Pues en este mismo instante, mil pensamientos acuden en
masa á mis órdenes;
¡Oh tema magnífico! ¡Oh débiles pensamientos! ¡Ay! ¿Cómo
atenderlos?
No juzgues una causa tan sublime segun estas humildes
palabras;
El defensor no es bastante hábil: perdónale, no le hagas
caso.
Busca pruebas más positivas; añade alas á tu alma y
vuela:
Reflexiona y ruega; mejores pruebas seguirán muy de cer
ca á las santas inspiraciones.
Sin embargo, quisiera propender á pesar de mi humilde po
sicion, á tu bienestar y á tu alivio,
Tu bienestar en este mundo y en más altas esferas, tu ali
vio en un lecho de dolores,
Acoge las imaginaciones que se apresuran, y caminemos
juntos como amigos;
Pero avanza temblando, el suelo está sagrado, ¡Venera la
inmortalidad!
— 221 —
Deducirás de tus enfermedades, de tu estado abyecto, y cul
pable,
Que este sér afligido, el hombre, no existirá siempre;
Este sér embrutecido, el salvaje y el esclavo, el niño y el
idiota,
Masa de espíritus bajos y vulgares, ¿serian inmortales?
Considera todos los principios, cuán pequeños y débiles son.
El Mississippi nacido de los arroyos de las montanas, deja
correr sus aguas;
El if de mil años era en otro tiempo una pequeña semilla;
Y la Roma de mármol de Neron, la choza de barro de un pastor.
Se vió un punto negro en el cielo del .trópico, se volvió un
terrible huracan:
Una manzana, demasiado agradable á la vista, destruyó un
mundo lleno de almas;
Un débil niño nació; es Atila, el azotador de las naciones.
Un pretendido malvado, muerto, es Jesus, el Salvador de
los hombres!
Así Es, no admitas en el tesoro de tus pensamientos, la
idea frivola;
Que nada de lo que nació en el Tiempo no puede exceder
los pasos de la Infinidad :
Cuenta los números de una cantidad; ¿en dónde se deten
drá la progresion?
El punto de partida está definido, fijo; más el término de la
numeracion ¿en dónde está?
Empieza por un momento; ¿cuándo vendrá el fin de la exis
tencia?
Las almas manan de Dios, á Kn de viajar con él, identifica
das para siempre.
Además de esto, tú, que pretendes que el circulo eterno es
inaccesible,
Que no hay más que Dios que fué antes de todo, y que se
rá siempre,
Considera; ¿es imposible concebir la existencia de las cria
turas en su Autor,
Y los confines de la eternidad como llenos de Dios/"
No arriesgues tu alma por un capricho: ¿quién querrja fle
tar una burbuja de aire con un diamante.
— 222 —
Y lanzar esta joya sin precio sobre las corrientes espumo
sas de la catarata?
Así Pues, en la hora do la muerte, en el lugar del peligro,
caminamos en espíritu en las tinieblas,
Esperando una, rrírada incorruptible, cuyo cuerpo es la se
milla:
Decidme, ¿cuándo vendrá el téiiD'no? el tiempo y sus orda
lías no existen ya:
Las tempestades han pasado; la noche toca á su fin ya; ha
llegado la mañana solemne.
Triunfará la muerte, se arrogará otra vez la victoria,
¿El cadáver del enemigo vivificará y romperá la cabeza del
Campeon?
El mal, terrible egemplo, este contraste de los atributos del
bien,
Está destinado en su mvndo oscuro, arrojado del cielo y do
la tierra:
Cuando se haya franqueado el abismo, ¿será el -pecado sem
brado de nuevo?
No sabemos más; el libro de la verdad lo proclama con tras
porte; ¡Jamás!
La Voluntad de Dios queda: cuando se arrepienta de su
criatura,
Hecha la sugestion de la iriseilcordía, redimida por la jus
ticia que se inmola,
Cuando la Verdad, que ha prestado juramento, engaña á
su prójimo, fijándose en la mentira,
Cuando los consejos de la Sabiduría estén desdeñados, y
que el amor esté en guerra consigo,
Cuando el Inmutable cambie y cuando el Todopoderoso so
desti aya,
Entónces, tu aJma inextinguible habrá llegado al término
de su existencia.
Pero, diríase segun tus nociones de misericordia y justicia,
que es'una calumnia, un horror,
En imponer al tiempo semejante peso, el que la eternidad
esté construida sobre semejantes cimientos,
Como si un bien ó un mal tan fortúito, pudiera colorear todo
el porvenir,
Y como si el accidente, porque es fútil, ó la necesidad, por
que es dura, pudiera salvar el alma ó naufragaría,
Si el bien fuera fortúito, fút'1 ó duro, podría creerse que es
to es verdadero:
Mas el Designio ha puesto el órden en" todas partes; todo
está tiernamente vigilado por la Beneficencia.
¡Oh hombre! tu Juez es equitativo; él observa, se acuerda,
pesa;
La necesidad, la ignorancia, las condiciones diversas, están
puestas en la balanza á tu favor;
El ejemplo contagioso de un padre, da p1 irño un título á
nuestra indulgencia.
Cuidados, enfermedades, fatigas, todo está considerado.
Adeirns, el Todopoderoso, conoce los espíritus que le per
tenecen,
Y los sucesos, tejido delicado, están trabajados por los de
dos de la Ubicuidad.
Si la Providencia fuera sorprendida por el choque de un
suceso posible,
Un átomo fortuito trastornaria la estructura del Universo:
Considera además, la Materia:
¡Cuán poco se necesita para fabricar grandes cosas!
A una mata de yerba prendió fuego el sol, y las praderas
se queman hasta el horizonte:
Un grano 'de arena puede cegar, enfurecer, llevar á uno
hasta el crimen:
Una mosca vigilante deposit j su huevo en el gérmen de una
bellota,
Creció el retoño, raquítico, débil; hélo aquí, es un encino:
Un niño tocó un resorte, el resorte cerró una válvula, el
instrumento cansado se rompió,
Habia mil almas en este buque, el dedo del niño las destruyó.
¿Es en vano que predica la naturaleza? tu casualidad, diri
gida en su órbita,
Menor que el átomo en un rayo de sol, boga en medio de
i'n mundo;
Esta causa trivial, regada, observada, dia trás dia por el
cultivador, produce grandes resultados, gracia á su energía
tranquila y constante.
— 224 —
Asi, en la pequeñez de la vida, repasa las semillas de la grandeza.
Y mira con los ojos del heredero de la Inmortalidad, el are
nero del Tiempo.
Aún existen nubes de testigos, si mi discurso no te fastidia.
Multitud de pensamientos que realzan la luz, y que indi
can la Vida:
Pues ten cuidado, la Verdad y la Bondad puestas en obra
á propósito,
Recomendándose á todos los espíritus por una intuicion ma
ravillosa:
¿Qué quiere decir esto? se reconoce un modelo no escrito,
natural, informe,
Revelando una fuente comun, raiz del Bien y de la Verdad,
Así, pues, el alma, desde ahora, sube á su fuente, la Divi
nidad,
Siendo por su naturaleza, una existencia individual, un sor
razonable y separado;
¿Por qué la esperanza no segiv.ria con alegría las trazas de
su duracion en el porvenir?
¿Por qué no caminaría, ¡paralelo sorprendente! como Enoc
con Dios?
La genealogía del alma, soplo vivificador del Creador,
Soplo, y no aire fugitivo, pero esencia, energía, razon ;
Imágen sublime del porvenir, se eleva en las brumas del
pasado, como en otro tiempo Melquisedech, •
Siempre presente en la magostad de la Paz, sin principio
de dias ni fin de vida:
¡Oh falso sabio! que cree en la mentira, y no duda sino de
la verdad,
¿Es para despojar el alma de su derecho de mayor, la In
mortalidad, que te cansas?
¿Es por causa de tus crímenes? El perdona. ¿Es por cansa
de tu debilidad? El te ayudará:
A pesar de tus errores, El es amor; y su Misericordia es
más profunda que tu desesperacion:
Aunque tu orgullo esté en plena flor, ¿es mucho el ser deu
dor de Dios?:
¡Además! contempla tus derechos. Te hizo; ¡tus títulos! El
te redimió.
— 225 —
¿Ninguna hermosura existe, nada de lo que excita tus de
seos, en el aspecto de la afeccion?
¿Y sus padecimientos, no son nada?
Es un hecho, un hecho inmutable, que Dios hecho Hombre,
Nos ennobleció por su amor, desinteresado, cuando nos re
dimió. .•: . ' .• . .••.
Supuesto que seas falso, ignorante, débil, temerario,
¿Cómo apagar el astro del dia? ¿Sólo Belisario es ciego?
Aun cuando, cediendo á tu locura, yo supongo que todas
estas esperanzas son quimeras, .'. .
Prueba el error, lucha contra la conciencia y marchita el
corazon. ., . .,'• \-.-..- ..,. . :' '-/¡. . ¡
¿Qué ventajas sacarías? Tengo todo lo que tú tienes,
Los resortes de la vida tan vigorosos, el término de su du
racion tan largo; ' ' i , ,i . '', • r
Mi copa rebosa de alegría, mis penas no son mayores:
Así caminamos juntos hasta las puertas de la muerte:
Allí, — durante mi viaje, bendiciendo cada paso,
Regocijado por la luz, vivificado por el amor y matando to
dos mis cuidados, —
Allí, miéntras tieúiblas, ó pensativo sombrío, esperas el no
ser nada, . . v-..:i:.v :• . .:
Allí, se Halla mi ganancia; yo triunfo cuando tiemblas.
Supuesto que mi dicha no sea sino mentira, no es ménos
una fuente de -delicias1, . ¡ ici . .
El perfume de todos mis placeres, el bálsamo de todos mis
dolores. ' •' • . , '.''.' r
¡Oh ilusion preciosa y sábia, tú disipas la miseria y el pecado!
¡Oh, verdad baja y ridicula! tú nos perviertes y nos mal.
dices. , ' t '..> .'.'.
Tú, que eres errante1 en las tinieblas, hija de la ciencia:
entretente con Sócrates y Ciceron,
No tenían preocupacion del nacimiento, tristes pliegues
lalsos, hereditarios; '..'... .
¿Ves? estas almas luminosas anticipan1 fel dia naciente,
Miéntras que tú, pobre topo, que la luz inunda, tú abres la
tierra y te ocultas en las tinieblas;
No hablaré de la revelacion, las misericordias, los milagros,
ni de los mártires.
29
— 226 —
Pero, al cabo de dos mil años, vé á instruirte con el pagano:
Seria ventajoso, áun prudente en medio de los insensatos,
el no renunciar á la sombra de la esperanza,
En vez de ganar en medio de los sabios, la realidad de la
desesparacion;
Mas aquí, los sabios esperan; la desesperacion es de los in
sensatos,
Corazones viles y depravados, cabezas estúpidas, séres sen
suales y egoistas.
¿Te atreverás á burlarte, débil partidario de la desespera
cion?
Desesperacion para los que mueren y viven: en cuanto á
mi, vivo y muero;
¿Qné temo del terror? es preciso que mi cirio se apague;
No abrigando vanas esperanzas, ignoro el temor;
Me acerco al fin. — ¡Oh respuesta débil y falsa!
Aún vives de esperanza, y el temor, una inquietud profun
da te atormenta.
Escucha, hermano mio, pobre errante: los ancianos te con
testarán:
Considera el fin de todo, no es sino el fin de un principio.
Todo se mueve en un círculo; el cansancio trae el reposo:
El reposo da nuevo vigor al trabajo, y el trabajo produce
la fatiga. '
La guerra engendra la paz; la paz excita á la guerra:
La luz expira en las tinieblas, y la nocho se vuelve dia.
Los juncos podridos de los pantanos, esparcen la fertilidad
al rededor; .. ..; ' ; ,
El cadáver del búfalo ha dado vida á millones de seres;
El fin del trabajo es el salario, el fin del salario es el placer,
El placer tiende al lujo, y el lujo manda el trabajo.
Así, la muerte es un fin, pero «1 principio que ella engen
dra es infinito:, . . . . ;. .,.• . • .
Los límites son para el tiempo, y la muerte ha matado el
tiempo; el principio de la Eternidad es para siempre.
¿Tiene la ambicion un término real? ¿todo gozo no es en
gaño? ¡ : ,; . . . ...
Un paso en la escalera, dos, trefe; — en todas las paradas
volvemos á partir:
— 227 —
Considera las épocas de esta vida, niño, estudiante, hombre,
El marido, el padre, el lecho de muerte del santo, — ¿seria
entónces el fin?
Este climax banal, la muerte, ¿á nada conduce?
La flor, el resultado de una raiz de causas, tan viva, ¿no se
rá más que un vapor?
Esta cadena sólida de hechos, ¿está rota para siempre?
Cual intrépida parada de cifras, seria el aniquilamiento, su
triste producto total. .¡ ,
• O Quizas, segun tu pensamiento, que vuelvo atrás, la muer
to parecerá un fin continuo,
Un sueño eterno y pesado, en lugar de un fin brusco.
¡Oh crisálida fútil! ¿por qué duermes?
Sin sueños, sin sentimiento, no despertándote nunca, ¿cuál
es el fin de semejante sueño?
Si aún debes vivir, más vale que veles en vez de dormir.
¡Cuán bajo es tu espíritu, si necesita un sueño eterno!
¿O será que las penas de la vida han sido tan crueles, tan
largas, '.
Que en el reposo no descansará jamás tu alma abrumada
por el peso?
El sueño es el reposo del cuerpo; pero, ¿cuándo so durmió
el alma?
Aun cuando desfallece, ella sueña, aunque todo se olvide en
seguida:
Los músculos desean que descance, los nervios irritables
imploran la paz;
Mas la vida es una fuerza constante, el espíritu es un im
pulso qce nada contiene. '
El ojo puede usarse como un telescopio, y el cerebro obrar
despacio, como una máquina;
Pero el alma infatigable, y para siempre, es capaz de es
fuerzos perpetuos.
Yo Vivo, yo muero, yo pienso: ¿quién me quitará el sér?
¿En dónde está la mano bárbara que desgarrará este tejido
de existencia?
No la tuya, Muerte, sombra vana, que no es sino una fan
tasma; -i
No la tuya, Corrupcion horrorosa, que no es sino espanto;
— 228 —
Pues la muerte no es sino la ausencia de la vida, como las
tinieblas son la ausencia de la luz.
Ni siquiera una suspension, pues la vida se hizo á la vela,
dirigiéndose con alegría hácia algun puerto;
Y la corrupcion, vista de cerea, no es mas que una disolu
cion de las partes;
Las partes quedan completas, á fin de volver á construir un
todo superior. . '.itp . '»
Además, el alma es una, aunque sea versátil y pronta.
Tuno puedes entretenerla con dos ideas coincidentes, aun
que se sucedan con rapidez:
Pero la Unidad no tiene partes; do modo que no hay nada
que disolver: .r . • •.'.''. ;:.t•
El elemento queda inmutable eai todos los monstruos que
lo atacan. . i
Entónces, ¿quién puede aniquilarme? .— ¿El que me ha da
do el sér?
Amen, si es la voluntad de Dios; yo sé que voluntad, ea amor:
Pero el amor ha prometido la vida; así viviré; . .
Miéntras sea Dios, yo seré su Criatura! i !
Sin Embargo, conversador sutil, tan empeñado en demos,
trar tu aniquilamiento, ';
Veo en tus labios una sonrisa burlona, y el ridículo quizas
está sobre tu lengua:
¿Qué decía él?—criatura de Dios, ¿todos no son sus criaturas?
El leon y el mosquito, los hongos y el cristal, — todosj ¿no
tienen alma? • • . ti i-r- .
Tus fantasías prueban demasiado, ellas llevan demasiado
léjos: • ': • ..'..'. •:'. • •• .'
Si no muero con los animales, ¿no es preciso por consiguien.
te, que los animales vivan conmigo? . ..u»- ..-i.». .
No me atrevo á asegurarte que lo harán, nada dice mi sím
bolo; :'i' ; •i>.
Pero de dos cosas una es más probable; la suerte está en
favor de la permanencia: . ':
Los hombres que mueren en sus pecados, se asemejan á los
animales que perecen; , . > .: .
Sombríos, carnales, insensatos, ¿recelan ménos por eso que
tienen una alma? .. '.. • .... .. : i¡ ¡i.vi"',' ,- .
^-229 —
El espíritu del hombre sube, es razonable, concibe que
Dios existe; . .; ! ! : •,'• .
El espíritu del animal baja, sensual, no amando más que á
la criatura: .•...
¿Quién te dijo que ella moriría en el tiempo de su separa
ción? — reflexiona ántes de decidir.
Estas moscas, estas1 yerbas innumerables, el mundo y todo
lo que encierra; .'.:'. .' I- . • ¡
¿Seria demasiado estrecho el Infinito, el Todopoderoso de
masiado débil, el amor tan empeñado en destruir? i .' .f.:.
¿La Sabiduría cambia de plano? ¿borra el arquitecto lo que
lia creado? '.• i . Y
Nada hay que resista á la voluntad de Dios; ella tbrnm, ella
anula á su capricho. . -.', . .!:'.i..' •- .i ¡i. . j;.¡
Sin embargo, muchos pensamientos, abrigan la esperanza dé
que todo lo que existe vivirá. . t; :. •: •' ' '
Es verdad que en los animales no hay conciencia, 1sino la
costumbre cultivada; •! ' ' .".
Ellos se acuestan sin temor, y se despiertan sin esperanza:
El hambre y el dolor vienen del animal, pero ¿calculan
ellos? ¿comparan?
Viven sin ideas, por instinto; el soplo es para ellos una ventaja:
El amo es el ídolo d-e rin perro, el cual nada ve más allá de
su amo; .",
Y el sér incapaz de Dios parece poco hecho para la infi
nidad. . u-', . . i .•. , ; - .' i .. '. '.;
Hé aquí porque, hombre astuto, mis pensamientos rio se
atreven á concederla vida á los animales: ''
Pero, ¿no es demasiado el suponer su aniquilacion?—¿y la tuya?
¿Seria gran desgracia si á un punto en el espacio, .» este
globo y á tantos millares de séres, : .. '..'•. '• • • .i•• .i-iv ii '
Fuera permitido, despues de su mancha, existir en la ino-
CBIlCÍa? .'..I'.' fl' '.'. ¡ Í! ! i¡.
La gran desgracia, si culpables criaturas atrozmente trata
das en la tierraj ' .. .•• . .' •'. í '•. . - .i.. '1
Hallaban una recompensa proporcionada en los humildes
placeres del porvenir!
La gran desgracia, si el Criador, pródigo de'Ja vida, y satis,
fecho de las profundidades del amor, ''. . .•.t•"« .
— 230 —
Se regocijaba en las criaturas de su Sabiduría, y las diri
giese hácia la perfeccion de su naturaleza!
Hombre, hay muchos pródigos; sin embargo, la vida es ma
yor misterio que la muerte;
Pues la muerte puede ser una \ ida durmiente, — ¡y la vi
da es Dios presente! >
Las Cuevas en donde se oculta el mal, son muchas; ¿quién
las descubrirá?
¿En dónde está la mano bastante hábil para destruir el cán
cer y sus fibras?
El espíritu astuto, se escapa de mentira en mentira;
Y el cobarde, rechazado de su trinchera, se ocultará de
nuevo en BU escondite.
La batalla seria inútil, si el guerrero, despues de haber ma
tado á sus enemigos,
Los hal'aba de nuevo á su vuelta, aún vivos, sanos y salvosi
altaneros;
Es que el terror sacrificado, sombra mágica, arrojada cada
dia en público, ;i ..
Recupera la vida, en la hora en que todo duerme bajo los
rayos de la luna.
Más de una vez, la razon ha respondido sábiamente;
Pero la locura, con frente de metal, no agita ménos la cuestion.
Seria un trabajo ingrato, un combate singular contra la in
credulidad: '
¿Se ha visto jamás el candor en un sofista, y cómo satisfa
cer el infiel? •. ,¡
Demasiado tiempo, ¡oh oveja extraviada! he seguido tus pa
sos errantes;
Demasiado tiempo, desertor pérfido, te ho combatido como
si fueras un noble adversario;
Puede ser que mi humilde talento, que un brazo demasiado
débil para tu arma,
No haya podido atravesar tu corazon y tocar tu alma:
Puede ser que por causa del calor de mis discursos, y del
exámen demasiado paciente de tus ilusiones,
Hagas mayor caso, los creas más loables, más sabios:
Déjame y que te baste una palabra, — eres Hombre, Eres
inmortal!
— 231 —
Hijo de la luz, estudiante de la verdad, te he olvidado de
masiado tiempo:
Es bastante parlamentar conjm extranjero; ea menester
que me entretenga agradablemente con un hermano.
Gloriosas esperanzas, inefables concepciones sobre un tema
divino, llegan en masa.
El Temor fué inmolado á la puerta, la Duda rechazada en
las tinieblas:
Pues murió el Mesías, y nosotros en El, por la fe, su Todo
es de nosotros;
Cruz y corona, amor y vida: y reinarémos en El!
Además, hay conveniencia y hermosura en la atribucion de
la inmortalidad del alma,
A fin de que esté permitido á su energía y á sus aspiracio
nes, tomar su vuelo y desplegarse indefinidamente.
Aprender todo, con una capacidad siempre creciente, es el
privilegio de la razon,
Mas, en la época del trabajo, el tiempo, apénas si repasa
mos los alfabetos:
¡Cuán difícil es al hombre en el tumulto de la vida, sacudi
do por tantos cuidados,
Apartarse, á fin de penetrar en los maravillosos secretos,
Gozando apénas de las horas, de los medios de cumplir con
sus deberes diarios!
¡Cuán poca cosa es esta débil luz do ciencia que su mirada
apercibe! ..> ..
Sin embargo, la ciencia es la observacion del órden en el
cual los atributos de Dios se desenvuelven, ..! .•
Y por consiguiente, es digna de la criatura, y digna de las
pesquisas del ángel. — Sí, aunque la cosecha sea poca,
La ciencia humana tiene sus raices profundas y fuertes, mas
las plantas son extrañas al clima;
Todo lo que creemos saber, exige mayores estudios,
La historia y la ciencia, la profecía y el arte, todos son la
obra de Dios: . . i.
Y hay galaxias de globos, millones de séres en los cuales
jamás pensó el hombre ; -..•'i
Nuevos sentidos, sonidos maravillosos, pensamientos <ie fue"
go traspasando el alma, '.•.i;,.. ¡
— 232 —
Influencias ct^a fuerza sorprende, vivificando elementos
desconocidos,
Atributos, energías celestes, que jamás conocerá el hombre.
No Es en vano, hermano mio, que la empresa excita el alma,
Y que el alma, velando en la caverna del misterio, espera
alguna aventura con ardor:
No es en vano que la copa de la curiosidad, dulce y rica
mente perfumada,
¡Es un rubí á la vista, ambrosía al paladar, esparciendo un
olor exquisito. •»'
Beberás mucho en ella, y llenará de maravillas á tu espíritu;
No velarás ya; no pensarás ya frustrado por la esperanza;
Andarás á voluntad, en donde no hay senderos, viajero sin
trabas, ¡ : ;: • • .-'•'> .' . :. .' :.,.':. •... '• ::.:
Trasportando, segnn desea el alma libre, en donde Jas es
trellas son soles! i" I '•!'!,-, ir,.-. -. ...}/
Contad, contad vuestras esperanzas, herederos de la inmor-
talidady del amor;... .,;i . !?¡ • ,.:i, . . i.' •
Escuchad el símbolo de un amigo: volveos y bendecidme.
' ' " i Tengo la persuasion de que.un dia habitaré en varios mundos,
Y en ellos recogeré de los labios de mis innumerables her
manos,' conocimientos nuevos y preciosos. . .. .' ¡ ¡ ; -
. Yo suspiro por estas regiones en que -la imaginacion estará
satisfecha, en donde el hombre probará el éxtasis de la libertad,
Y en donde el alma, elevada álos honores de Reina, su" des
tino reinará en la gloria.
Deseo que mi lengua agradecida se entretenga con mis
amigos, de las tempestades y peligros pasados, ! : .
. Y que alabe al gran Piloto que nos condujo en medio de
las corrientes: ,,..».'
El será el hogar y: el centro de la alegría, .¡.-..t,. .'
Mi alma tiene sed de Dios, de Dios en el Hombre;
Profeta, sacerdote y rey, sacrificio garante, Salvador. ;
¡i Trasporte de los bienaventurados en la persecución -de la
tierra, el que perdona y se hace víctima:
'.' ¡Cuántos siglos de alegría se concentran en este tema!
¡Cuántas veces Matusalen contaría sus miles de años, sin
agotarlo! ' ".- .•.. ' i.,
Y hé aquí laJerusalen celeste, con todas sus puertas; una perla:
— 233 —
Esta perla sin precio, es la puerta por la cual hemos entrado.
Venid, caminad en sus calles de oro, y añadid á esta multi
tud triunfante,
Los bienaventurados del cielo y de la tierra diez mil veces
diez mil:
Escuchad: cantan el cántico, y arrojan sus coronas delante
del trono;
Sus almas están radiantes de amor, de gloria, de alabanza
y de Inmortalidad!
Vela tus ojos: ningun hijo del tiempo verá esta vision divina,
Y el serafín mismo á tu lado, cubre su frente con sus alas.
¿No son parábolas éstas? cada una continúa su viaje:
Vos, que escuchais, y yo, que aconsejo, olvidamos todo ca
minando.
Atomos, exhalaciones ligeras, velan nuestros ojos,
Incapaces de entrever la esfera magestuosa de la Inmorta
lidad que se acerca;
Rodeado de enemigos, un sér frivolo se divierte en formar
un epigrama;
El buey estúpido, conducido al matadero, no piensa más
que en pacer.
¡Ay! los tesoros de la verdad, las montañas eternas,
Las esperanzas gloriosas de las cuales hablabamos, y la
conviccion de nuestros corazones;
¡Ayl el vasto porvenir, y sus hechos de diamantes,
Oscurecidos por el presente de vapores embriagadores,
No nos parecen como herederos de una felicidad tan grande,
Sino como un canto agradable, sonidos maravillosos y so
lemnes,
Una voz que nos agrada, hé aquí todo, ¿no son parábolas?
Piensa en tu alma, ¡oh hombre! pues que nadie sale fiador
de su hermano.
Sabe que, sea en el cielo ó sea en la tierra, no puedes sus
traerte á la Inmortalidad.
80
— 234 —
LAS IDEAS,
El Espíritu es una esencia volátil, planando aquí y allí en
los aires,
Sentinela aislado de su fortaleza, el cuerpo, mostrándose en
todas partes, cada lugar tiene su turno:
El espíritu es indivisible, inmediato, sin partes, sin órganos,
Lo que él hace, lo hace pronto, pero el espíritu todo lo hace:
Agente versátil y móvil, principio infatigable de energía,
Ni el espacio, ni el tiempo, ni el reposo, ni el trabajo, afec
tan al tenedor del cerebro,
Su morada puede ser atacada, el mueblaje puede ser tras
tornado,
Pero esta partícula de Dios en el hombre no duerme, ni se
cansa:
Aunque tan pronta á cambiar como el campo de un kalei-
doscopio,
Ella no abraza más que una idea á la vez, y la asemeja un
instante, á su imagen:
El espíritu como el azogue, trasmitido de copa en copa,
Toma de repente una forma, y en seguida se deshace de
ella;
Pues, facilitad inteligente, comprende las propiedades de
la Materia;
Se dilata para envolver un mundo, se contrae para aprisio
nar un átomo :
Como de noche, una variedad de figuras extrañas se ofrece
á tus ojos irritables,
Ahora, es una rueda, de repente un punto, una línea, una
curva,
Gáos de cambios, danza de mosquitos en un rayo,
— 235 —
Rápida, confusa, cuya ibrma no se puede prever, ni acor
darse de los movimientos sucesivos.
Así el espíritu del hombre, solo, perpetuamente móvil.
Voltea de pensamiento en pensamiento, y á cada idea cambia
Metamorfoseado por el instante que pasa, en la imágen de
lo que está á la vista,
Y derramando sus perfecciones inmediatas en cada nueva
fuente de contemplacion.
El mira un árbol, y sin saberlo, examina su color, su forma,
su uso, concepciones enteras é individuales,
Lee, escucha lahistoria de un crimen, y se identifica con el autor,
Repara una accion generosa, y su corazon la abraza, como si
la hubiese hecho;
El imagina el orgullo ó el placer, tocando con el pié el pre
cipicio de las tentaciones;
O, trasíormado de gloria en gloria, ve áUios y á su Cristo.
Asi Es, es prudente y justo, el dirigir bien el alma.
A fin de que esté propia y sensitiva al bien, y que evite el
alma, objeto de su antipatía:
La costumbre la amolda y la imprime, la falta de ella la
trastorna y la embota; —
Así, cuando hablamos de espíritu segun la analogía,
Y la analogía es un guia más seguro que nuestros instruc
tores lo confiesan,
Las semejanzas están esparcidas al rededor, para ayudar
nos, mas no para perjudicarnos;
Moisés, en cada uno de sus tipos, y uno más grande que él
en sus parábolas
Predican en términos inteligibles á todos, las lecciones filo
sóficas de la analogía:
Aquí, á pesar de la inmaterialidad del sujeto, .la analogía
es justa;
Que la costumbre dé nervios al alma, y cuide al gladiador:
Pues que el pensamiento fortifica el pensamiento, y que las
imágenes vivifican la imaginacion,
Hasta que tu espíritu familiar crezca como el gigante de
Otranto.
Ten Cuidado, sin embargo, que este Atleta, el producto de
tu cerebro,
— 236 —
Sea un Genio bienhechor, no im maldito A frite;
Somete sil vigor á la disciplina, y que tu discrecion le indi
que el término;
Nútrelo con humildad y cosas santas, privándolo de deseos
solícitos;
Hora tras hora, dia tras dia, inspírale ideas de excelencia.
Arrancando el mal solo para hacerlo odiar, como el liote
ebrio del Espartiate.
Gana así poco á poco, de \iu modo que atrae, el alma aún
expansible,
Y que se eleva, de la contemplacion del universo, á la Ma
no que lo hizo.
El Espíritu mediano no percibe nada mas allá de sus ojos
y de sus oidos;
El esterior es un mundo, y la circunstancia su atmósfera.
Hé aquí por qué las voluptuosidades palpables bastan al
hombre animal;
Está pronto para hablar, lento en pensar, temiendo su con
ciencia nebulosa,
Para él la soledad es terrible, la soledad peor que la muerte .
No puede vivir á parte, ni respirar léjos de la multitud:
Pero las almas más nobles, marcadas' en el cielo,
Caminan, independientes, aisladas, libres del mundo esterior:
Llevando provisiones de viaje, no necesitan refrescos en
el camino,
Ni beber en otras fuentes que en la suya propia interior.
¡Cuán poco importa á tal hombre, los accidentes de la vida!
Lleva alas, ¿para qué le sirve nn baston? si el baston se
rompe, el hombre no cae:
Dignándose apénas recordar sus frivolidades insípidas que
lo rodean,
Vive en el reino del pensamiento, más allá del mundo visible.
Este mundo no es sino Materia, y transitorio, el mismo es
Espíritu y permanente:
El mundano se rie de esta sabiduría exaltada.
El sabio abriendo los ojos, no ve sino un calabozo, las pa
redes están desnudas, y la imaginacion las ordena:
Su oido está lleno de execraciones, pero escucha la dulce
armonía de sus pensamientos;
— 237 —
El habita una choza, pero BU corazon es el de un héroe, y
el pabellon do su indigencia es la paz,
Es que el alma es un reino para el que deriva de las Ideas
todo su placer.
LOS NOMBRES,
(Jlijando Dios hizo las criaturas, Adan las nombro,
Pues Dios las había, llevado al hombre, á fin de que viese
como los nombraría,
Segun hirieron sus sentidos, proclamó sus títulos;
Cada uno. recibió un nombre característico, el número que
le designó:
Indicó á la perdiz por su grito, y al monstruo de los bos
ques por su rugido,
El'árbol por su utilidad, la flor por su hermosura, todo se
gún la verdad.
Hay im nombro arbitrario, al cual so une la idtía;
Hay un nombre razonable, que se ajusta á la idea:
Estos dos, sin embargo, siguen la misma direccion,
Y no es fácil distinguir la costumbre de la naturaleza,
Pues que el alma se place eirunir las ideas y los nombres,
Sin pararse al exámen minucioso" de la prioridad;
% Y á pesar de tantas fantasías vanas, los nombres son poca
cosa,
El mismo tono, en diferentes lenguas, representa ideas diw
[jaratadas:
¿Quieres un ejemplo familiar? considera unas palabras que
«e asemejan:
¡Cuán poca semejanza tienen los pensamientos que estas
palabras sugieren!
— 238 —
La palabra palacio no parece convenir mal á una morada
espaciosa magnífica,
Y la de valle conviene lo mismo á la idea que representa.
Montaña, como por necesidad, es una palabra magestuosa
y sublime, —
Pero, ¿qué dirás de Fuente, cuya onda plateada corre al sol?
Más de una linda flor está sobrecargada de títulos absurdos,
Aunque haya sido nombrada por la sábia sencillez de los
rústicos, segun sus encantos:
Y á menudo la ciencia presuntuosa, afectando el cosmopo
litismo,
Hace una mezcla de nombres de todos los climas, igualmen
te desconocidos á cada uno.
Dar á una cosa lo que le conviene, es sabiduría, el nombre
debe estar fundado en los detalles,
Y dar un carácter que esté en evidencia para todos, y dig
no de su aceptacion inmediata.
El herborista tenia una razon sencilla para cada palabra de
su catálogo,
Pero hoy, sonidos vanos y pomposos inflan las mejillas del
botánico;
Más de úu aldeano, sin embargo, contesta con respecto á
alguna flor ultrajada,
Mucho más fina que la frase retumbante, con que los filóso-
.fos la nombran.
Es que la locura del orgullo, y la adulacion de un homena
je bajo, .
Llenan de paja las eras de la ciencia; los nombres embara
zan á todos los aficionados:
El entomologista, que buscaba penetrar la naturaleza de un
insecto, lo ha adornado con su nombre;
Hay muchas cualidades, carácteres muy notables, — pero
sobre todo, es el más vano de los observadores;
El geógrafo visita el polo, á pesar de los hielos y de la na
turaleza triste,
Y para lisonjear á algun patron inocente, llama á este pais
afortunado:
El geólogo ha encontrado un hueso, la costilla de algun la
garto enorme,
— 289 —
Y al momento le sirvo de padrino, se une á la inmortalidad
de un reptil:
El cazador, divertiéndose en el Cabo, vió una antílope ex
traña,
Las manchas son nuevas, la celebridad poco costosa, el ani
mal toma el nombre del hombre.
Así la ciencia so llena de tinieblas, merced á la vanidad de
los hombres
Que juegan á suerte igual en esta nomenclatura-necia.
Los Nombres de los hombres son diversos, sacados de diver
sas fuentes,
Aire, fisonomía, carácter, la primera' idea que nos llama la
atencion :
Unos son nombres de oficio, otros son títulos de dignidad;
Algunos se añaden al del padre, muchos otros sacan su ori
gen de lugares :
Los animales, las ciencias, las cosas, — las combinaciones,
la asociacion de ideas,
Han contribuido á sus simbolizaciones, para adornar al
hombre:
Y el escudo ha adornado su cimera con atributos figurados,
sus insignias,
Por las cuales, respecto de- un nombre secreto, se señala al
que los lleva.
El Egipto dió el ejemplo, revistiendo á sus dioses con cua- '
lidades;
Cuernos de poder, plumas de velocidad, mitras de domina.
cion universa],
El áspid soberano, el círculo eterno, la vara de la justicia.
Por tantas formas, tantos sonidos místicos, manifestaron el
nombre del ídolo.
En seguida vinieron guerreros soberbiamente ataviados,
IOB gefes de la Etruria y de Troya,
Xerxes precipitando sus miriades en la tumba del orgullo,
los Termópilas,
Los estandartes preteríanos de Roma, almas de extraños
emblemas,
En fin, intrépidos cruzados, lanzándose en la multitud, ves
tidos con acero resplandeciente:
— 240 —
Todos estos, rodeados de símbolos elocuentes, llevaron ó
conquistaron un nombre.
Eva, la madre de todos los vivientes, y Abraham, padre de
una multitud,
Jacob, David, el bien amado, y todos los ilustres de otro
tiempo.
Noé que trajo el consuelo, y Benoni, hijo del dolor.
Reyes y profetas, hijos del Oriente, cada uno se apropió un
título verdaderamente significativo.
Hay nombres justamente célebres, llevando el sello del mé.
rito,
Nombres de alta categoría, y, por consiguiente honores his
tóricos:
Pero prestar nombres nobles á séres innobles, es esparcir
sobre ellos el ridículo y el mal,
Sí, más de una mala yerba pulula de orgullo, si los hombres
las han calificado de cedros.
Introducir, con el renombre, la triste medianía,
Le adquiere un .desprecio más profundo, es hacer un mam-
muth del topo.
El hijo del comerciante no es ménos ilustrado con títulos
sonoros,
Y el padre no sospecha mucho la injuria que él hace á su
hijo:
Sea que tan hermosos títulos engendran el descontento
sombríos murmullos contra su posicion,
Sea que hagan señalar con el dedo la muía bajo los arnese.s
del elefante;
Es un robo el sustraer las denominaciones de los hombres
célebres,
Es dejar manchar los altares de la gloria, por la tropa de
la locura.
A menudo se ha sonrojado la prudencia del nombre añadi
do al de su padre,
Si almas marcadas, hombres nombrados por sus hechos, lo
han ilustrado;
La causa de su desgracia no es ella; es el que le hace su
frir el martirio de su nombre.
¿La Tenca es una ballena?
— 241 —
Hé aquí lo que más de un necio ha pensado de su prole.
Da á tu hijo un nombre distintivo, que sea el único propie.
tario de un nombre,
Pues seria un gran perjuicio el gozar de él en comun con
cien rivales.
En esta Babel de identidades confusas el renombre no pue
de obtenerse,
El presidiario querria tener el mérito del filántropo, y el
sabio tendría parte en los honores del idiota;
Es menester evitar el capricho y la afectacion; y no hacer
nada sin razon suficiente.
El ambicioso debería dar á su hijo un nombre nuevo:
Pues que los que han servido á los demás, podrían perju
dicarlo,
O ser demasiado glorioso para él; así es, tenlo separado,
Y que él solo gane un elogio distintivo y especial.
Hubo nueve Horneros, todos cantores célebres, pero, ¿qué
monumento nos queda de los ocho?
Uno solo creció, como la vara de Aaron, se hizo famoso y
devoró á sus hermanos:
¿Quién sabe? para 'vivir, no faltaba á los otros ocho sino
nombres más distinguidos;
Pero los incensarios, puestos en círculo, confundieron sus
perfumes.
¿Tú Nombre es el de una multitud innoble, á pesar de tus
altas aspiraciones?
Es difícil para tí subir, — pero intenta; quizas en esta ma
sa, serás un Museo,
¿Llevas el nombre de una familia, el mismo durante várias
generaciones?
Tú puedes alimentar la esperanza de ganar un dia, el epí
teto de bueno ó grande.
¿Tú nombre es indiscreto? haz ver que eres más sabio que
tus padres,
Que tu vida, tu abnegacion entera á los deberes de tu esta-
do, avergüence su vanidad,
¿Tú nombre es discreto? Está bien, la carrera es libre:
Ningun rival reclamará (un banderas, ni te imputará tus
faltas :
31
— 242 —
Que te bendiga el mundo, y que los hombres acaricien tu
nombre ;
Y pueda la uncion de sus elogios, perfume bien merecido,
Seguir la corriente del tiempo, como el ámbar gris en la
mar;
Así tus hijos podrán decir á los suyos, y estos instruirán á
sus hijos,
De que murió como ha vivido, bueno: — y nos dejó un nom
bre honrado.
Lo que es mejor; hay un registro en el cual tu nombre es
tá escrito;
A tí te corresponde el ver que, en el Libro del Destino, este
nombre brille;
Entónces, en seguridad, y en mejor asilo, en los cuales el
tiempo y sus títulos no están,
Dios te dará su Nombre nuevo, y le escribirá en tu corazon :
Un Nombre mejor que el de hijos, un Nombre mejor que el
de hijas.
Un Nombre de union, de paz y de alabanza, el nombre de
DiO8.
LAS COSAS,
Abstracta de toda sustancia, volando en la banda de los pen
samientos,
La idea de una cosa es de la misma naturaleza que su alma,
una esencia que parece separada,
Uniéndose con intimidad á la idea, produciendo muchas
cualidades.
El nombre de una cosa es de igual naturaleza que su alma:
es un intérprete intelectual;
— 243 —
Y la materia de una eoss, sér concreto, es el Cuerpo de una
criatura perfecta,
Tres y uno estrechamente unidos, como todo lo que exiate
en el universo.
Nada puedes añadir ni suprimir, pues que todas las cosas
ofrecen estas proporciones.
Los pensamientos, las palabras, la forma, componiendo el Sér;
Aunque separadas, todas guardan armonía y se confunden i
Un todo en várias partes, cada parte extendiéndose para
formar un todo.
La materia, conforme la veis, es un todo, el misterio de la
verdadera trinidad:
Aun existe un misterio más profundo, que nadie, á mi pa
recer, puede penetrar.
Es la materia, distinta de las propiedades que representan
la, sustancia sólida.
Pues que el volúmen, el peso, la cohesion, existen separa
dos de la materia,
¿Cómo á pesar de eso, puede uno formarse una idea de la
materia sin volumen ni peso?
Igual respecto al espiritual como al material; que tenga
paciencia el hombre.
Y espere el ojo nuevo con el cual leerá los libros de Dios.
Los Hombres han hablado de átomos, como si la materia pu
diera jamás ser indivisible.
Hablan, mas son inhábiles instructores, y oscurecen la ver
dad por sus imaginaciones:
Jamás nuestro sentido grosero ha podido concebir el átomo,
Y nada es bastante pequeño para que el pensamiento no
pueda verlo:
Es que el átomo cayendo en la infinidad, jamás se alcanzará
en el espacio,
Y la molécula no es más indivisible que el tahalí de Nop-
tuno.
Cosas impalpables, multiplicadas hasta lo infinito, jamás se
volverán sustancia, , •
Y jamás cosa palpable encerró partes impalpables;
La cantidad de los indivisibles es necesariamente indivisi
ble, puesto que se suman tantos ceros,
—'244 —
Y hi construccion de la materia por átomos no es sino un
sofisma pueril:
Lucrecia, el sutil Anaximandro y otros varios que han se
guido sus trazas.
—Pues que el error, sombra negra, oscurece la luz de los
siglos, —
Hombres sin Dios, se imaginaron en su locura, poder for
mar la Materia,
De cosas impalpables sin cohesion, indivisibles, y por con
siguiente Espíritu.
Las Cosas engendran los pensamientos; hé aquí porque á
Tébas y á Heliópolis,
Esculturas geroglíficas recelan los secretos de los sacerdotes:
Las cosas engendran los pensamientos; hé aquí porque el
Aténas de la idolatría
Fué embellecida con imágenes esculpidas, numerosas como
los árboles de Academus:
Las cosas engendran los pensamientos; hé aquí porque el
Bramin y el Burnam
Adornan su panteon grosero con formas mitológicas.
Las cosas engendran los pensamientos; hé aquí porque la
estatua y el cuadro,
Las reliquias, los rosarios, los milagros, entretienen la de
vocion del Papista:
Las cosas engendran los pensamientos; hé aquí porque los
amantes ántes de partir,
Mezclando la sonrisa con las lágrimas, hun cambiado las
prendas de recuerdos queridos:
Las cosas engendran los pensamientos; hé aquí porque
cuando el montañés combate el enemigo de su tribu,
Su arma teñida de sangro despierta su venganza.
Las Cosas son doblemente instructivas, vistas por el ojo
animal y por el espíritu,
Y el ojo se apodera e u un instante de lo que el oido no
aprende sino en una hora.
De aquí la utilidad de los viajes, las ventajas preciosas que
producen,
Para comprender el mal de la disipacion, la fatiga, los gas
tos, los peligros.
— 245 —
Ulises, errante en muchas riberas, morando en muchas ciu
dades,
Aprendió á conocer á los hombres y á cultivar su espíritu;
Herodote exacto y bueno, habló de lo que había visto,
Y cosechó los hechos en el sitio mismo, en los campos fér
tiles del Egipto:
Licurgo escogió en todos los climas los frutos dorados de la
justicia;
Y Platon, alimentándose de la verdad por todas partes don
de iba, recorrió regiones lejanas.
Los viajes que tienen por objeto las realidades, las ponen
en contacto con el espíritu;
Eespiramos la atmósfera saludable que rodea á la verdad
sincera;
El cuadro de los hechos, trazado en el ojo, adorna la mora
da de la inteligencia,
En lugar de las visiones de la fantasía, que llenan de vapor
á las habitaciones.
Es que cuando se trata de Ideas, el genio exagera, el espí
ritu mediano extenúa la verdad.
Mas cuando se trata de Cosas, uno se corrige, otro se ani
ma y se vuelven iguales.
En cuanto á los nombres, aunque expresan una cualidad,
no el accidente y el arbitrario,
El pensamiento no será ménos vago y falso si no ha visto la
Cosa;
Pues en las Cosas, la cualidad y el accidente forman un to
do concreto;
No pueden engañar el sentido, ni eludir la vigilancia del
espíritu.
Los viajes son una fuente perpetua de educacion sin pro
fundidad.
Pero su instruccion es del todo superficial si no añadea los
pensamientos á las cosas:
Merced, sin embargo, al barniz de la sociedad, las cosas sir
ven en vez de pensamientos,
Y cualquier ignorante que ha visto el mundo, pasa por un
sabio;
Es que una mirada supera á todas las descripciones,
— 246 —
Pues que, á pesar de su exactitud, éstas no han dicho todo;
aquellas aunque verdaderas, conducen al error;
Y el ojo más obtuso que ha visto, tiene una idea más clara
de su objeto,
Que el espíritu más sutil, el cual, habiendo oido. ha dado
una forma á las Cosas que ha recogido.
LA HERMOSURA,
Tú que eres más poderosa que el hijo de Manoah. ¿de dón
de proviene tu forma maravillosa?
Y de dónde viene el secreto de tu astucia, oh sábia encan
tadora?
Pues, eres fuerte ea tu debilidad, y diestra en ocultar tu arte,
Constante á pesar de tus numerosas trasformaciones, y sen
cilla á pesar de los rodeos de tu complexidad.
El labio frivolo de la locura se atreve en la cuestion más
profunda,
Y varios sabios deberian explicar con profusion de palabras
lo que es la hermosura. —
¿Cómo distinguir los colores que juegan sobre las escamas
de un delfín moribundo?
O analizar las luces vivas de los brillantes que adornan la
cola del pavo real?
O mezclar sobre la paleta los tintes de un espato iríseo?
O clasificar los colores errantes de una seda moaré?
No se puede coger la hermosura, ella es vaga, indefinible;
Tiene el hábito del camaleon; á cada mirada, no es la misma.
El tejido está extrañamente urdido, en desórden, aunque
armonioso,
Túnica resplandeciente, como una red, imposible á desen
redar.
Está sombreada de azul, el alma de los cielos de verano,
— 247 —
Con cintas entrelazadas de luz, el alma de los soles del me
dio dia,
Con rayos bermejos de vida, que corren en las venas,
Un traje de diversos colores, que se confunde de un modo
maravilloso,
Hay una hermosura triple para el hombre; una hermosura
doble para el animal;
Y la hermosura de los séres inanimados es sencilla; cuerpo,
carácter y espíritu.
Los resultados variables que de ella manan, se multiplican
en una combinacion sin fin:
Cada clase, por una graduacion imperceptible, tomando de
los dos que confinan con ella:
Y cada individuo que la compone estando dotado de una
diferencia que le es propia,
De modo que el más humilde de los séres creados trae su
tributo á la hermosura.
En los nombres ménos favorecidos, aún, un designio preme
ditado brilla,
La marca patente de la hermosura, el nombre impreso de
su Autor.
Es que el sello del Criador está puesto en todas sus obras;
Así el escudo es el sello público de la Creacion;
Y la familia universal de los vivientes lleva la librea del
Eterno:
Pero cada uno, separadamente, como un hijo, lleva estas
armas diferenciadas:
Es la hermosura bajo diversas fases, 3' de igual naturaleza,
á pesar de sus oposiciones aparentes.
Cada moneda que acuñaba la antigua Roma, ofrecia alguna
diversidad,
En las imágenes de cada César apénas se hallan dos que se
parecen:
Lo mismo, si reparas los sellos que rodean las constitucio
nes del Universo,
Verás en todos la marca del dedo de Dios: cada una sin em
bargo, tiene su variedad particular.
Hermosura, tema de la inocencia ¿cómo se atrevería hacer
tu elogio?
— 248 —
Que los santos ángeles celebren tii gloria, puesto que el
hombre ha desfigurado tus facciones.
La música deja en el oido un recuerdo de sonidos armo
niosos;
Y las arcas rotas encantan la vista por unos ligeros indicios
de hermosura y perfeccion:
Así es, aunque la ruina te humille, da gracias por las re
liquias:
Avanza y mira en tu derredor con indulgencia:
La Hermosura se oculta en todas partes, á fin de que el ni
ño de la Razon la busque,
Y que, habiendo hallado la joya sin precio, ella lo encierro
en la corona de Dios.
La hermosura se esconde en el botón de la rosa, ó se pasea
en el firmamento con los planetas,
Se oye, cantando los maitines del sol ;
La mejilla de la pesca brilla en su sonrisa, su explendor
deslumbra en los relámpagos,
Es la dríada de los bosques, la nayade de los arroyos;
El oro de sus cabellos ha tapizado el cuarto silencioso del
gusano de seda,
Y las olas tumultuosas marcan el compas de sus armonías;
Ella baila con pié ligero, por la tarde, en las praderas,
O descansa, extendida como un Titan, en la cima de los Alpes;
Hé aquí que se levanta, bajo un velo de brumas, la Vénus
de las aguas, —
Los hombres contemplan sus encantos, —
Con las fuerzas de Briarea, ella atrae en su descenso las nu
bes sobre la montaña, —
Los hombres miran este gran espectáculo,-excelsa en gloria.
Lo bello y lo sublime, á mi parecer, no son sino lo menor y
lo mayor,
Sublime cuando aumenta y se vuelve gigante, hermoso cuan
do disminuye y se vuelve hada.
Resolver por el deseo el problema de toda hermosura, se
ria una nocion errónea,
Explicar la sublimidad por el terror, seria un pensamiento vil.
Corazones cobardes se extremecen durante una tempestad
furiosa.
— 249 —
Su hermosura no los alegra; pero ¿es ménos sublime por
eso?
Y hombres frivolos, por una tarde de un bello día, han gus
tado de las arrugas del agua;
O esta sonrisa de los mares, — ¿está sin sublimidad?
¿No sabes lo que es el sér intimidado por la hermosura de
una mujer? 4
Y saludar con la alegría en el corazon, la voz magestuosü
del trueno?
Muchas cosas tienes aún que aprender, si jamás has aperci
bido el terror en las flores,
Te ha faltado la alegría, si las hermosuras de lo terrible,
jamás han inflamado tu corazon.
Muestrame el entusiasta, cualquiera que sea el objeto de su
pasion; ha profundizado una cosa,
Y hé aquí, que ha sorprendido la hermosura en su retrete
único y querido, — ¡qué sagacidad!
Así lisongeado por un descubrimiento tan raro, este sér in
genuo se alaba, '
Imaginándose que no hay ciencia tan bella, tan preciosa,
como la suya:
Ha hallado un rayo de luz, y acaricia el tesoro en su gabi
nete,
Burlándose de estas almas superiores, que se bañan en los
torrentes de medio dia.
La hermosura que varia en todo lo que existe, ha estable
cido su morada en cada sér creado,
' Derramando con gracia en su derredor una sonrisa universal.
La Hermosura se halla en el movimiento de las nubes, y en
la playa de un mar tranquilo,
En las nieves, en el silbido del viento, y en la oscuridad
del cielo eléctrico;
La hermosura se encuentra en la forma de los árboles, en
corvados por el peso de su follaje,
En los campos, en las colinas surcadas, en el valle y en el
lago,
En las cascadas, al sol y á la sombra,
En las rocas y en los rios, en los mares y en las playas, —
la tierra está inundada de hermosura.
32
— 250 —
La Hermosura se dobla con la serpiente de agua, y hace su
lecho del nido de la musaraña,
Ella voltea al crepúsculo con el murciélago, y el topo la
ocultó en su cueva.
Ella boga en las nubes con el águila, y se mueve en los tu
lipanes con el pájaro-mosca:
Está en medio de las vRcas que pacen, y con el leopardo
en sus juncos.
No Es todo, para el mundo intelectual, sus palabras, sus
actos, sus especulaciones,
Para la humanidad frágil y caida, en todo lo que hace, por
todas partes donde va,
Las ruinas de la hermosura languidecen áun en medio de
nosotros,
Y los fragmentos deteste sol roto, caen sobre las tinieblas.
Aun en los salvajes y los rústicos, séres viles, crueles y em
brutecidos,
La gracia atenuante de algo hermoso se oculta,
De la bondad, de J# paciencia, de la justicia y de la gene
rosidad,
La verdad acogida, la ciencia, honrada, las reprimendas re
cibidas con contricion,
Todos, en parte, han sido dotados con estas virtudes,
Y jamás hombre completamente falto de lo hermoso existió.
La Hermosura es un cristal á la luz de las lámparas, res
plandeciente en la página del poeta;
La miel virgen del Himeto destilada de los labios del
orador,
El pan de los ángeles servido en el festín de los justos,
Se ve en la lágrima de la afliccion, se oye en la efervescen
cia de la alegría;
Ella sale al alba con el cazador, y vela á la cabecera del
enfermo.
La ciencia ha descubierto la hermosura recelada por sus
leyes misteriosas,
La esfera y el cuadrado, el cono y la curva, están formados
segun sus reglas:
La mecánica la vió en sus fuerzas, la imaginacion la sorpren
dió en sus distracciones.
— 251 —
Sus ojos alumbran el dia, y sus párpados se cierran cuando
viene la noche.
La Hermosura del recien nacido, tierno niño sin dientes, e»
la dependencia;
La hermosura en el .-adolescente de rostro rosado y cabellos
rizados, os el atrevimiento:
La hermosura en la jóven bella y modesta, es la gracia,
La hermosura en el jóven de alma elevada y pura,' es el
candor y el valor;
El hombre, sér noble é inteligente, regocijala tierra por su
hermosura.
Y la hermosura de la mujer, como un sol, la inflama por su
celeste sonrisa.
No hay encanto contra la hermosura. Mágica de los
siglos,
Que sedujo el mundo cautivado por los encantos irresisti
bles de la simpatía
Como Semírami«, ella es verdaderamente reina, contra ella
nada es fuerte.
Los amos de la tierra están atados á su carro de triunfo.
Todo cede á la hermosura: aún no se ha descubierto en las
naciones.
, El alma de hierro que está completamente á prueba de su
poder.
Como un dia de verano, la hermosura subyuga por su dul
ce influjo:
¿Quién luchará contra el Sueño? — sin embargo, que esto
gigante es la misma dulzura.
Ajax puede derrotar un ej ército,. pero la hermosura sola
contra él lo vencerá;
Pericles gobernaba Aténas, peroerael servidor de Aspasia:
Seria una tarea ligera, un cuento rebajado, el referir las
victorias de la hermosura —
Helena y Judit. Omphale y Thais. más de un nombre cu
biertos de trofeo*.
Una mirada enternecia al misántropo, y se arrepentía de
sus votos. >
. Cuando la hermosura pedia, daba, y su anatema era una
bendicion;
— 252 —
El ascético helado acariciaba la sonrisa que alumbraba su
triste celda,
El la detenía y lloraba su partida:
El corazon de una abadesa se conmovía como el de una
madre,
A la vista de algun rostro lindo en la oscuridad del claustro;
La demencia la besaba en la mejilla, y su llegada inspiraba
al idiota:
Recibida de corazon, sin invitacion, está querida en todos
los hogares;
Una cosecha alegre y espontánea de amigos crece al rede
dor de su asilo;
El Saber se sienta á sus piés, y la Indolencia se esfuerza en
complacerla,
La Locura renunció á sus campanillas, y la pesada. Estupi
dez se anima;
Para defenderla, la Prudencia es temeraria; la Frugalidad
la colma de riquezas:
La Desesperacion le pidió consejos, y la Abnegacion, cuan
do la consolaba, gozaba;
La Justicia envaina su espada delante de las lágrimas su
plicantes.
Y la Misericordia, con precipitacion indulgente, ha perdo
nado el pecado de la hermosura.
Es que, reemplazando todas las ausencias, la hermosura es
el sustituto de todo,
La copa encantadora del delirio y del olvido.
Ella es el sabor de todo lo que existe, realzando el precio
de todo objeto presente.
El ámbar gris raro y precioso, que sutiliza cada perfume.
Oh hermosura, eres elocuente; aún á pesar de la reserva de
tu lengua,
Tu seno, bella Pbryné, demasiado bien se defendió dolante
del juez deslumbrado:
Oh hermosura, eres sábia: aun cuando enseñas la mentira,
Hombres profundos te escuchan, amable Corina, empeñados
en alabar tus labios:
Oh hermosura, eres soberana; auu cuando eres esclava.
Myrrha, esta frente imperial es el monarca de tu amo;
— 253 —
Oh hermosura, tú eres la que llevas el premio, aun cuando
os deteneis en la carrera,
Hippodame, Camila, Atlanta, — tanta gracia encanta á
vuestros jueces;
Oh hermosura, eres rica; aun cuando estás vestida de burdo;
Átala á pesar de alabar su oro; en comparacion con la her
mosura, no es nada;
Oh hermosura, eres noble; aunque Ester no sea sino una
espatriada,
Enaltecedla, ¡oh Reyes! inclinaos delante de la magestad de
la hermosura!
Amigo Mío,- mi discípulo, que me has acompañado hasta
aquí,
Hemos andado errantes en un laberinto de perfumes, si
guiendo las trazas de la hermosura,
Y á medida que nos internabamos en el espesor de los ma- •
torrales,
Más de un pensamiento sorprendido nos ha invitado á an
ilar más:
La pasion, la influencia de la simpatía, las coronas lumino
sas de la imaginacion, —
Varios objetos tales como éstos nos convidaban á perseguir
nuevas fantasías.
La aparicion de la hermosura humana, resultado de los
tiempos y de los climas,
Multiforme y variable, está diversamente- diversificado por
l¡i moda contagiosa;
Y notables ejemplos, entre los grandes, destruyendo el po-
pulacho, como una epidemia,
Demostrando que el gusto du una nacion cambia con los
que la gobiernan.
El Egipto austero, humillado por el Griego, se afeccionó con
ídolos voluptuosos,
Poco faltó para que la Grecia, provincia romana, olvidase
sus esculturas clásicas,
Roma, destruida por los Godos, prefirió sus costumbres
bárbaras.
Y Roma, vestida con seda, doma á Alárico y su tropa de
bandidos,
La cabeza plana de la Colombia, el titile fino de la civiliza
cion, — y las orejas del salvaje, —
Todos pasarán por hermosuras: y por razones graves.
En primer lugar, en cuanto al último: la Providencia en su _
misericordia modifica el gusto por la circunstancia.
De modo que, cuando la Naturaleza dice, es preciso, su cria
tura obedece con gusto;
En segundo lugar, en cuanto al penúltimo: aunque la locu
ra de la vanidad se esfuerce en perder la proporcion.
Por todo esto, los defectos de aquellos á quienes amamos sa
rán pronto estimados:
En tercer lugar, en cuanto al primero, el jefe y la princesa,
estropeados ó deformes en la cuna,
Inducirán á esclavos lisonjeros á que imiten la deformidad
de los grandes:
Así es como el celo, servil desfigura los tipos de la hermo
sura.
Cuando Alejandro multiplicaba sus conquistas, el cuello d«
través era una gracia,
T£ los soldados aprenden á alabar las cuchilladas de la fren
te de su gefe.
La juventud ha querido lisonjear la vejez contrahaciendo
sus cabellos blancos;
La moda, parásita del Rango, imita los defectos y los dé
biles,
Hasta que el Gusto general haya pervertido los sentidos
do la hermosura.
Cada Hombre tiene su sistema; sin embargo, todos están de
acuerdo:
Un modelo perfecto de gracia humana cautivaría al mundo
entero:
Que fuese el hombre en el resplandor de su vigor, ó la mu
jer encantadora, todos reconocerían su hermosura,
El Cafre y el Circasiano, los Rusos y los Indús, el Bretón,
oí Turco y el Japonés.
No todos del mismo modo, ni todos i la vez, pero cada uno
en proporcion de su inteligencia.
Mayor pureza de costumbres, y un grado inferior de cor
rupcion:
— 255 —
Pues, es en el tribunal de la Razon que el verdadero mo
delo de la hermosura se fija,
Y los, vicios, las costumbres, el capricho, no han podido des
truirlo:
Entónces, el modelo de la razon indica las tres perfeccio
nes del sér creado,
La forma, la ciencia, y el corazon sensible felizmente com
binados;
Una bella morada amueblada por la Sabiduría, la morada de
un alma bien nacida, •
Hace la gloria de la humanidad; rara vez la has visto.
El Cuerpo tiene su hermosura; el pulido superficial de un»
estatua,
La simetría y la forma de las facciones, cinceladas, colorea .
das con tanta finura,
Tal es, sin embargo, el ariificio seductor que engaña á la
mitad del mundo,
La ilusion sábia por la cual la naturaleza repara las averías
de la vida; —Y los que no están engañados son pocos.
¿En dónde está el sabio entre mil, que no ha tomado la for
ma por la hermosura?
Pero ten cuidado; pues la vanidad y el pecado, la malicia,
el odio y la sospecha,
Entristeciendo la fisonomía, desencantarán sus atractivos.
La hermosura, necesariamente complexa, exige el alma y
el cuerpo,
Aunque muchas medallas falsas pasan por verdaderas;
Es verdad que, á menudo, la hermosura coexiste en el sér
freado con la excelencia,
Y, sin embargo, muchas furias han habitado formas angé
licas,
El espíritu sutil descubrirá en la hermosura superficial
Estas manchas que se escapan al ojo del hombre sensual.
Hay una hermosura para el espíritu; la inteligencia, cuando
está completamente en flor,
Derrama un perfume exquisito, se vuelve alma, y se llena
de amor y dicha.
Dirige tus pasos hacia el lecho de muerte de algun pobre
hambriento:
— 256 —
Sus facciones se contraen, está lívido, moribundo: allí no
hay hermosura fisica:
Jamás se tuvo por erudito, jamás bebió en la fuente de la
ciencia,
Pertenece al pueblo bajo; la hermosura de la razon no está
iiqui:
Pero, ¿ves? el ojo que se nubla brilla del amor celeste,
Cada mirada está radiante de alabanzas, como si el alna»
adorara con los serafines,
Cuanta miel está depositada en sus labios, elocuentes de
reconocimiento y de oraciones,
Qué triunfo tranquilo reina en esta frente. —
Qué gloria trasparente existe en sus mejillas flacas, —
Cuán bello es su rostro — ¿No es el de un ángel?
Es en estos tres atributos, mezclados, combinados á lo infi
nito,
Que consiste la hermosura humana, en todas las maravillas
de su poder;
De la hermosura humana nace la intensidad del Amor;
Sensibilidad, pensamiento, deseo, las tres fuentes fecundas
de la afeccion.
Hijo de Adan, ó hija de Eva, ¿estás cautivado por la natu
raleza,
Y tu mirada novicia está deslumbrada por la forma encan
tadora de la hermosura?
Aquí no es sino un amor terrestre; no es ménos digno de
algun honor;
Lo que Dios hizo para encantarnos, es preciso que el hom
bre no lo desprecie.
Sin embargo, como hijo de la razon, lleva tus miradas más
allá,
Pues la edad, la enfermedad, los cuidados, el pecado, nubla
rán la superficie:
Haz por tener un amor más sublime; déjame seducir por
los encantos del alma, —
Dulce, complaciente, tranquila, ó adornada con la librea
brillante del saber:
Sin embargo, hay un grado mayor :obliga el alma á perfec
cionarse. —
— 257 —
(Tana estos trofeos del amor perfecto:
Añade las riquezas de la razon, y una hermosura modelo se
gun tu guato,
Las joyas de esta gracia, la más noble de todas, que tan
bien sienta al alma;
Así poseerás un tesoro, grande en la tierra y en los cielos.
Hermosura, sabiduría, bondad, en una criatura, imágen de
su Dios.
Así, acabemos: con paso débil y vacilante,
Yo persigo la hermosura por todo el universo, y descubro
su morada, la Ubicuidad:
En todo lo que Dios ha hecho, en todo lo que el hombre ha
destruido,
La hermosura languidece, ó sus despojos, molde y barros rotos.
Y ahora, habiendo andado mucho tiempo errante, á merced
de nuestros deseos,
Cogiendo en el jardin del mundo algunas flores escogidas,
Busquemos exactamente el secreto de su esencia,
Y adivinemos en enigma, de Zorobabel, ¿De dónde viene el
poder de la hermosura?
La Fealdad no es natural con nada, pero es un atributo del
mal concreto;
En todo sér creado, cuando el mal está á lo peor, la borra
no está sin atractivos:
Nos hemos precipitado on el abismo, pero eramos sublimes
antes de la caida,
Pues que el hombre originalmente perfecto, era la imágen
graciosa de su Criador:
Así el mal recien-nacido está sazonado del bien anterior.
Y el hombre lleva consigo, aun en el crimen, los miembros
marchitos de la hermosura,
Las pasiones no son quizas, más que generosidades perver
tidas; el ladron roba para sus hijos:
El asesinato vengaba la inocencia, ó lavaba la vergüenza de
la sangre.
Muchas virtudes cargadas por el exceso, caen en medio de
los vicios:
Muchos vicios, sostenidos por la indulgencia, navegan en
medio de las virtude».
38
— 258 —
Es que, aunque el pecado sea el odio, torpeza amarga y
wucia, .
Pues que rechaza todos sus dones contra el Dador,
Cuando el vicio se identifica con el pecador, parecerá par
ticipar de sus atractivos,
Y velará bajo una capa seductora su piel leprosa;
Los rayos de una hermosura perdida iluminarán su oscuridad.
Y.la refraccion de esta luz alumbrará la horrorosa joroba.
Quizas, no es sino una imaginacion futil, pero me sorpren
dió en medio de mis sueños,
Como dando cuenta de los placeres, sin atenuar de ningun
modo, la licencia.
Nuestra fuente primordial fué la hermosura, y suspiramos
por ella para siempre ;
Pero el pecado ha llenado el sendero de espinas; nos apar
tamos de él, nos extraviamos, estamos perdidos.
Dios, el bien sin meada, es la raiz y el tronco de la hermo
sura,
Y es de este tronco que cada hijo de la razon, deriva su
existencia.
Es por consiguiente, la intuicion, un violento deseo de 1*
antigua morada,
Un retorno delicioso á la fuente, de donde nuestro espíritu
ha emanado,
Que llevan estas almas oscurecidas, aunque ignoran la causa.
A la claridad de los débiles restos de esta luz de su hermo
sura primitiva,
De modo que beben á grandes tragos, expatriados idólatras,
en los pozos de la creacion,
Aguas turbias en lugar de fuentes vivas cuyo origen es el
Criador.
Es Verdad que estando cargado con el cuerpo, el apetito
espiritual se deprava,
Y que el hombre sensual, cuyo gusto está viciado, se em
briaga de poluciones:
El impulso queda, pero no distingue nada: su hambre se
regala con inmundicias;
Su amor á la hermosura, aunque natural, anhela la hernio-
«ura perecedera.
— 259 —
Tiene sed de lo hermoso, por todo esto; pero su ideal ex
quisito se volvió grosero.
La sed misma hecha altanera, no es ternura ya, es una
pasion.
Se acuerda de la dicha de la luz, pero su memoria es la de
un anciano.
Anciano ciego desde la cuna, el cual en otro tiempo vió.
el sol,
Y cuya larga experiencia de la noche ofusca las reminicen"
cías de la niñez,
Hasta que su más brillante concepcion del medio dia, no
*e a sino una sombra del negro.
He Aquí, pues, tu fuerza maravillosa, oh hermosura que
triunfa de todo;
El esquicio de nuestra mejora, que no es sino una sombra,
el sér creado puro y gracioso,
Que invita á la conciencia, y que admiramos temblando:
Y una sed ignorante de Dios, la raiz de todo placer;
Natural á los séres creados, á pesar de su ruina, y tan anti
gua como el alma. >
Es que Dios, poniendo su sello, confirmó él mismo, el mo
delo de las proporciones,
Rico en amor, abundante en sabiduría, perfecto en la pleni
tud de la Hermosura.
EL RENOMBRE-
Suena la trompeta, desplega tus filas, arroja tu reló en
el aire,
Despierta, Oh. Renombre, el mundo dormido, y llena la os-
i'era de tus ecos!
—Se extremece al sonido de tu charanga, y el viento trae
unos murmullos huecos.
Miradas deslumbradoras, manos que hieren el horizonte,
declaran que han oido tu mensaje:
Rodando, sublevándose contra el mar, este torrente ti e ros
tros que alzan la vista.
Estas lenguas innumerables se apresuran en esparcir la
historia sorprendente;
Este ruido confuso de voces nuevas se vuelve por fin el mu
gido de una catarata,
Y esta noticia exagerada, será llevada con rapidez de ola
en ola,
Hasta que estos clamores ruidosos, debilitados poco á poco
por la distancia.
Se apaguen avergonzados, retrocedan de espanto, y se ex
tingan.
Entónces el Silencio sonámbulo, dejando sus sitios profundos,
Cubierto de nubes, deslizándose lentamente, sombra fria con
paso furtivo.
Se mezcla aún otra vez en la multitud, y camina hablando
en voz baja,
Calmando todos estos oídos, deseosos de saber algun nuevo
Prodigio.
Así, todo vuelve á la tranquilidad; pero nada de lo que pu
só se olvidó:
-26Í-
El recuerdo de la trompeta existe e» todos los corazones, y
los agita: ,
Cada vino, ses que envidie ó que admire, habría querido
que hubiese sido su suerte.
La cíe llenar asi el mundo deslumhrado de renombre, da
terror ó de sorpresa.
Lo que atizó su fuego sacrilego, Eróstrato de Epheses;
Es lo que abrió tu tumba, cuando bajastes á ella vivo, Pi-
tágoras, peregrino de los infiernos;
Por eso que Empedocles se precipitó 0ii las llamas del
abismo;
Por eso es que los conquistadores, los regicidas, los rebol,
des, se atrevieron á cometer tantos crímenes peligrosos.
En todos los hombres, desde el monarca hasta el mercena
rio, el amor al renombre se oculta :
El salvaje y el filósofo miran uno y otro, susobrascon orgullo:
Aun en la hora de la muerte, el ojo que se nubla brilla con
la esperanza de la celebridad,
Y el guerrero herido de muerte se regocija, porque la glo
ria es el bálsamo de sus heridas.
El Renombre, es en efecto, un homenaje dulce á sí mismo,
ofrenda que encanta el ídolo.
El néctar espiritual que apaga la sed del espíritu, el pan
intelectual del alma,
La evidencia manifiesta á tocios de una existencia inmate
rial por venir.
La prueba que el alma es indestructible, cuando está di-
suelto su tabernáculo.
Además los numerosos placeres del renombre son buscados
por los impíos y por los justos:
Placeres diversos, y sazonados para todos los gustos:
El pensador gusta del renombre como un ante-gusto de la
feliz inmortalidad.
El hombre laborioso y estimable lo quiere, como un símbo
lo de justa apreciacion.
El egoista como un medio de adelanto, para los que le «o»
queridos,
Y las almas vulgares, porque están lisonjeadas de que el
hombre sepa que han existido.
Hay un amor irreprochable al renombre, cuyo deseo de ha-
eerse justicia es la fuente,
Cuando el hombre ha ganado por su talento, y reclama
francamente el honor que le es debido.
Entónces el renombre sirvo de estímulo al sentimiento inti
mo del mérito,
Regocijando por la atencion y el agradecimiento, recom
pensa de sus esfuerzos.
Hay, sin embargo, una imitacion sórdida, una sed calentu
rienta de celebridad,
Que acompaña la vanidad y la insolencia; no teniendo con
sideracion al mérito:— Entónces el renombre es una maldicion;
.El alma se infla de aire infecto, la chispa cae y estalla.
Causas frivolas, largo tiempo di v algadas, producen grandes
resultados,
Habeis visto al químico mezclar gases invisibles;
Hé aquí, el producto es una sustancia, un precipitado pe
sado y negro:
Así el renombre, haciendo sonar sus lenguas innumerables
cii el silencio,
Puede con nada crear frutos, y sus llores se nutren do aire.
Varios han obtenido honores, títulos y riquezas,
Por causa de mentiras efímeras, de alguna equivocacion
fortúita;
Varios, naufragados sobre los escollos de la infamia, han lu
chado contra el desprecio,
Víctimas de las insinuaciones de la envidia, de las calum
nias inventadas contra la inocencia.
¿Quién está al abrigo de la calumnia!'' sus flechas están lan
zadas al acaso.
¿Quién está á prueba de la sospecha? los más nobles han si
do presos en sus redes.
La mujer del César, aunque sin reproche, fué inmolada por
el falso renombre;
Y en los negocios de este mundo, el Rumor es un gigante
que nos arruina ó nos salva: ,
Varios pobres, varios ricos, han atestado su poder popular,
Y más de un ejército, preso de un terror pánico, ha pereci
do como el de los Asirios.
— -26?, —
Sin embargo, si la oportunidad no vale nada, espera tu hora;
A ménos que sea un objeto de comercio ó de conquista, no
temas nada por tu carácter.
Si un mentiroso te acusa de un delito, no te apresures en
contestar;
Al contrario, déjale por algun tiempo, el campo libre: tn
honor se aprovechará de ello:
Jamás se ha propagado la nlumnia, sin que el buen senti
do la haya descubierto.
Y la inocencia se sustrajo á la justicia, como un mundo son
riente rodando fuera de las tinieblas del Cáos.
El Corazon noble es un sacrificio celeste: ¿se igualará á los
que se arrastran en el polvo?
¿Les dirá que lo que Dios aprueba merece sus elogios?
Jamás acogerá este pensamiento; pero persiguiendo en
triunfo hasta los cielos, su carrera Luminosa,
Hallará en medio de sus trofeos, el renombre que él desdeña.
El alma grande es un altar sobre una montaña: ¿bajará el
sacerdote de esta cima alta,
Para sus ofrendas y el culto de los habitantes del valle?
¿No preferirá, con perseverancia magestuosa, grande, aun
que aislado, ejercer su ministerio,
Persuadido que vendrá el tiempo en que los peregrinos
acudirán al santuario?
El renombre es el derecho de nacimiento del genio; y poco
le importa la demora:
El heredero no se apresura por obtener su patrimonio, sa
biendo que su derecho es eterno.
El poeta indolente del Avon, se inquietaba poco de su re
nombre,
Y el historiador profundo del Paraiso, ¿se ocupaba del su
fragio de sus contemporáneos?
Homero en lugar de afligirse, confió todos sus honores al
porvenir,
Y Horacio, en pié sobre una garita, oyó el elogio de loa siglos.
El Lino humeante se inflama, y la llama puede alumbrar á
un mundo;
¿En dónde está el que desdeñaba el humo como tm . vapor
infecto y negro? *'"•'
— 264 —
El arroyo del pueblo crece, es un rio, y esto rio enriquece
nn reino,
¿En dónde está el que se jactaba de poder saltar este ar
royo?
Tales son los primeros pasos de los hombres célebres; á IOB
ojos de sus contemporáneos son poca cosa,
El juicio de la posteridad, mucho más equitativo, los fijara
en las órbitas de la Grandeza.
Hé aquí porque Momus, el burlon, censurando el andar de
la Hermosura,
Perseguido por las voces, expulsado de su trono en medio
de las estrellas, obtendrá el premio de su presuncion.
En efecto, como la sombra de una montaña se prolonga an
tes de ponerse el sol,
Hasta que esta altura que lo oculta haya oscurecido toda la
comarca,
Así el Renombre de los hombres grandes lo enaltece; sus
imágenes crecen y se elevan ántes de desaparecer:
Pero la sombra del alma es ligera, y la tierra está llena de
su gloria.
En cuanto á tí, discípulo de la verdad, que espera tu elogio
de Dios,
¿Quieres la aprobacion de los hombres? — no la busques
no la evites.
El antiguo renombre tiene arteson de cedro, y sus muro*
son de mármol;
El renombre moderno habita una choza, sencilla y temporal :
No amontones los tesoros de tu alma en este cuarto húmedo,
Por temor de que la tiña de la destruccion corroa tu tú
nica, y deposite sus huevos sobre otro objeto,
O que el hollín de una reserva desesperada despoje tu oro
de su resplandor.
Hasta que el esplendor se parezca al metal ;
O que ladrones, abriéndose paso para robar, reclamen tus
pensamientos adornados con joyas,
Y volviendo sobre tus. pasos, te acusen, — ¡tú eres el que
los ha robado!
Hay magnanimidad en el desprecio del renombre, siempre
que sea uno digno de él,
— 265 —
Cuando uno se precipita, con la intrepidez del poder, un
sentimiento íntimo de su mérito:
Hay pequeñez en estos celos del renombre, que se parece
á una debilidad,
Arrastrándose con tanta precaucion, por temor que le dis
puten su título.
Así la fuerza dol gigante se une al alma del Genio,
La confianza fortifica su cuello, y se lanza enseñando las de
fensas del poder: \
Anda errante en los bosques, ó se calienta al sol en los
campos,
Y alarma á un ejército de temerosos:
Al contrario, hay un Talento imitador cuya seguridad de
pende de su ligereza,
Sér tímido y disimulado, que vuelve sin cesar sobre sus pa
sos, no atreviéndose á mirar de frente á su amigo:
Pronto en volver á tomar, hábil en aprovechar la ocasion,
Avido de alabanzas y triste por perder un ápice de su gloria.
Es un pobre defensor de su renombre, el que está siempre
al tanto de conservarlo sin mancha:
Tanto cuidado es un indicio de debilidad, la guarnicion
cuenta sobre el centinela.
La fuerza es pasiva; desdeñando justificarse, espera con pa
ciencia una reaccion,
Ella sabe que la verdad es grande y que triunfará un dia;
Es Raro que la pureza de los motivos, que la nobleza del
¡i1rna se someta
A probar sus derechos, á hablar de los errores que se co
meten con ella, ó á convencer á alguien de su mérito.
La conciencia feliz y altanera se cuidará muy poco
De lo que amigos celosos ó enemigos envidiosos, ó tontos
vulgares'hayan pensado.
¿Se demorará el águila en su vuelo, para castigar la petu.
hincia de los gorriones?
¿La palma doblará su diadema para reprender la zarza que
está á sus piés,
En lugar de ayudarla á subir, si tiene esperanza y si es am
biciosa?—No, más de una injusticia, más de una mirada despre-
ciadora, H<HS de un ultraje,
— 266 —
Está descuidado por el noble desden de los amigos del ver
dadero renombre:
Saben que la gloria se colorea en bien ó en mal.
Segun el carácter de los que la distribuyen, como el vino
toma el sabor del pellejo:
Si la sensibilidad del genio cuenta en secreto las injurias
que ha recibido,
Ocultará juiciosamente los dolores, de los cuales la multitud
endurecida se burlaría:
Pues el alma superior se entristece con razon cuando con
sidera la pequeñez de sus hermanos,
Y que la firme seguridad de sus méritos la consuela y la
regocija.
Acabemos, amigo mio, mi discípulo; — busquemos nuevos
pensamientos, nuevos temas;
O el deslumbrador Renombre, con sus fuegos pérfidos, nos
atraerá para siempre.
Es que no hay motivo concebible que no pueda alistarse
bajo su bandera,
Y el tiempo nos faltaría, la paciencia so agotaría, si fuera
preciso enumerar á esto ejército.
La mina es profunda, tiene vastas ramificaciones, — ¿quién
puede explotarla?
Años de reflexion dejarían apénas principiado este sugeto
inmenso, el Renombre.
No hay materia en el universo que esté de tal modo enca
denada con alguna otra,
Como un tratado completo sobre una cosa que podría serta
historia de todo lo que existe.
Y ántes de que una tésis sola haya sido discutida á fondo,
El pensador errante se perdería en el laberinto de la exis
tencia.
¿En dónde estaría la sustancia, y el espíritu que no tuviera
parte en el Renombre?
¿En dónde estaría el hecho inconsecuente, ó la hipótesis
fuera de su lugar?
El manejo de este vasto tema, se extendería del pasado al
porvenir,— Apoderándose del presente en su camino, como uu
viajero cansado por el tiempo;
— 267 —
Hombres do todas clases, sus acciones, sus esperanzas, sus
fortunas, sus ambicionos,
Acontecimientos y objetos do todo género, clima, circuns
tancia, costumbre,
El dinero y la guerra, el temor y la esperanza, la satisfac
cion, los celos, la devocion,
La habilidad y el saber, la verdad, la mentira, el conoci
miento de lo pasado y de lo venidero,
El orgullo y las alabanzas, el honor y el deshonor, consejos,
ejemplos, rivalidades,
Los que excelsan en virtud, y aquellos á quienes ha cansa
do el vicio, tanto como la nube de espectadores neutros, —•
Ola trás ola, con el ímpetu de una inundacion, acuden de
las multitudes de pensamientos,
Colmando este sugeto desmedido, la altura y la profundidad
del Renombre.
Descontento, áun alarmado, cuando mis piés han tocado el
quicio.
He regado estas flores, estos frutos, mi ofrenda, sobre este
altar:
¡Mirad! cuán vasto es el templo, — la bóveda es la morada
de las nubes!
Sin embargo, se podría llenar la inmensa extension, con
volúmenes sobre el Renombre.
— 268 —
LA LISONJA,
Los Sordos alaban la música; — pero ¿está despreciado es
te elogio?
No; el músico lisonjeado lo escucha con alegría.
Los ciegos alaban la hermosura; — pero ¿está desaprobado
este cumplimiento?
No; aunque falso y poco sincero, la mujer lo escucha con
avidez.
La Locura habla en voz alta de los raciocinios los más abs
tractos de la Ciencia:
¿Odia ésta por caus.a de su inanidad? — la Ciencia la juzgó
más sábia.
El mundano y el voluptuoso, para conseguir sus fines, han
rendido homenaje á la religion:
Y el hombre de bien ha dado un voto de gracias por un
convertido, cuando otros no han visto sino un hipócrita.
Ninguno de ellos, sin embargo, ha sido realmente engañado,
ninguno ha añadido fé á estas lisonjas; i
Temían que el corazon no estuviese podrido, aunque espe
rasen que la piel fuera sana:
Pero el perfume de estos frutos, tan agradable á la vista,
era tan dulce,
Que el no haber visto sino manzanas de Sodoma, hubiera
sido un desencanto atrevido.
Así, por un gran esfuerzo, creyeron que todos eran since
ros, cerrando los ojos;
Imponiendo silencio á las modestas insinuaciones de absur
didad:
Olvidan las enfermedades que hacen este homenaje quirné.
rico,
— 269 —
Y sus corazones indulgentes velan las faltas que no quie
ren ver.
Es que el incienso gusta al ídolo, y no quiere hacer opro
bios á sus suplicantes,
Y si los convencía do falsos, sus honores morirían con los suyos:
El Hundo está lleno de necios: y la lisonja baja viene de
los insensatos:
Así, este parásito, adulador diestro, se hace rico y poderoso,
Unas veces se inclina como un junco, arrastrándose delan
te del orgullo fatuo,
Otras se da buen tono, alimentando los caprichos de la va
nidad;
Lo he visto escuchar á los simples, en silencio, fingiendo la
sorpresa,
Prestar el oido á algun rico estúpido que expone la pobre
za de su espíritu;
Lo he oido disputar con el porfiado, protestando que no lo
convencerían,
Para lisonjear á algun pobre mozalvete que temía sábia
mente el mal suceso:
Hace poco, apénas ganaba,—á fin de exaltar su triunfo luego;
Ahora, apénas quiere perder,— pero no cesa de admirar su
habilidad;
Alaba su propio mérito, á fin de que el jefe obtenga la glo
ria de su subalterno;
Confiesa humildemente su indignidad, á fin do que el jefe
se glorifique á sí mismo.
Tiene muchos artificios, muchos modos de engañar,
Pero cada red es el egoismo, cada atractivo es el elogio.
¡Escucha! quisiera prevenirte, armarte de antemano; pues
las armas que le sirven son cortantes;
Y aunque mi alma lo desprecia, he observado de léjos su
destreza.
El artificio está en todos sus pensamientos, él combina, á
fin de engañar mejor, las contradicciones,
Y cuando combate, en el hombre, se une con el pérfido
amor de sí.
He reparado cosas extrañas, contrarias á lo que pensamos
de costumbre;
— 270 —
Quitamos la superficie aparente, á fin de sondear las pro
fundidades desconocidas.
Es el lisonjero que eleva el amante á las nubes, áun á cos
tillas de la querida;
Tanta sabiduría, tanta gracia y bondad, — ¿harémos unos
esclavos de ellos?
Hasta que el Narciso, enamorado de sí mismo, inundado de
lisonjas,
Es engañado con la constancia y el ardor del amor por la
alabanza diestra de. la amistad.
Por otra parte, excitará á un padre censurando á su hijo.—
¡Oh pimpollo degenerado, de un tronco tan noble, tan ex
celente!
Se abstendrá de elogios, aunque merecidos, de un hijo de
lante de su padre;
Y rara vez alabará la hermosura de una hija delante de su
madre:
No por eso celebra ménos á la hija delante del padre, y ala
ba al hijo con calor delante de la madre:
Sabiendo que el amor-propio no intervendrá, resistiendo á
los aplausos, merced á los celos.
Economiza la hipérbole en que la vehemencia de los elogios
humillaría,
Puesto que pocos padres quieren ser reputados inferiores
á sus hijos:
Y el lisonjero, contando con malicia sobre la var:dad que
se oculta en el fondo del corazon de la madre,
Su lengua tardó en hablar de las gracias de la hija.
Pero si desciende do una generacion, habla al abuelo de su
nieto,
Porque esta alabanza disminuye el honor del hijo;
Y la hija de una hija puede exceder en hermosura, en
amor, en saber;
Es que, sin pensarlo, la vejez se dice á sí misma, — no pup-
de ser mi émulo.
La Lisonja adhiere como el gloton; tiene áncoras que se
agarran al suelo,
Semilla viva, natural, sut? ', robusta, indígena.
Abre el tesoro de tu memoria, y toma lo que está á mano,—
— 271 —
La accion honrosa, la frase espiritual, por las cuales lison
jearon tu orgullo;
Cuantas veces en tu aislamiento, has tocado esta cuerda,
ella te ha consolado en la multitud,
Merced á ella, te paseastes como en nn sueño, y levantaste
la cabeza encima de tus semejantes;
Este dulce sol de un instante ha compensado meses de tris
teza, — Desechando los mares de la apatía, y encendiendo el
fuego de la ambicion:
Aún más, el perfume de este aroma, mezclado en la copa
de la existencia,
Se volverá á hallar en la borra, y el sabor será delicioso.
Al Perezoso y al estúpido, la lisonja fué á menudo útil;
Ella excita la emulacion y anima el corazon abatido.
He visto los objetos del lisonjero distintamente reflejados
en la superficie,
•En donde el amor propio derrama las alabardas, á fin de re
cogerlas él mismo.
Es un comercio, palabras puestas á interes:
Una solicitud de votos, en donde todo siente la parcialidad:
Este imbécil es un inocente; que tu conmiseracion indul
gente se preste á sus caprichos:
Si un poetastro cita tu cancion, considera la reputacion de
su poema:
¿El pintor alabó tu diseño? se condescendiente, publica su
cuadro;
El espera que le devolverás su atencion; dale las gracias
por tus elogios.
Sin Embargo, si la lisonja es delicada, no siendo importuna
y viniendo á propósito,
Aunque su verdad te sea sospechosa, se al ménos generoso,
porque es graciosa.
El diestro ladron de Lacedemonia obtuvo el elogio de sus
jueces,
Y más de un bandido, genio en su vocacion, es aplaudido.
Su intencion puede ser buena,—y eres deudor de su lengua;
Apresúrate á pagar la deuda, con compasion, con finura:
Es preciso que no te crea preso en la red, ni que se aper
ciba que tu cumplimiento es tan falso como el suyo,
— 272 —
Aunque sea un enemigo que te sonría, que respete en tí al
amigo sin temor;
Una mirada penetrante, una palabra picante, le dirán que
estás en guardia;
Ten piedad de su debilidad, aunque tu mirada penetre en
el fondo de su alma,
Que no sospeche tu discrecion: guarda su secreto, y el tuyo
tambien.
Lisonjero, te arrepentirás de tu oficio, aunque ofrezca tan
tas ventajas actuales;
Esta mercancía se venderá á buen precio; no destruirá mé
nos tu crédito,
La copa que embriaga es tuya, el que bebe en ella se can
sará:
El artificio y el fraude son tuyos; pero la decepcion no
gusta más que por algun tiempo.
Y aunque, durante su frescor, tu perfume se parecía á los
rocíos de la caridad,
Ella infectó pronto tu incensario con el olor de un humo
áspero.
Es que el alma superior te descubrió de repente, contes
tando por la comiseracion á tu inanidad,
Ella vió que tu celo no era sino interes personal, y no se
dejó seducir por una vana gloria:
Y el espíritu pusilánime, inchado por las alabanzas, desde
ña al que lo colma de ellas,
El necio se vuelve su tívano, porque lo has calificado de
grande.
El alma mediana de los hombres ordinarios, que tu música
habia primeramente encantado,
Luego, cuando las armonías se callan, se cuidará poco de
sus ecos;
Pues, ó discernirá tu falsedad, sabiendo que no merece lo
que le atribuyes,
Y odiándote por tus mentiras, se despreciará pronto á sí
mismo, por causa de la verdad, ,
O si el mérito laborioso es digno de alguna lisonja,
Aunque por un tiempo, su debilidad haya probado el éx
tasis de su prestigio,
— 273 —
¿No se apercibirá demasiado pronto, con la pena de su es
píritu molesto,
Que tu lengua exagerada lo ha despojado de su justo re
nombre?
Tú eres todo para todos los hombres, por fines engañosos é
interesados,
Así no serás nada para nadie, cuando vean cuales son tus
fines.
Aléjate, jóven literato, aléjate de los acentos de la Lisonja,
Tiene la voz armoniosa de las Sirenas, para hechizarte y
hacerte traicion.
Su lengua destila la miel, pero es la miel de Antycre;
Su rostro es un disfraz seductor, pero la deformidad se ocul
ta detrás;
Llega con paso de reina, anunciada por la hermosura,
Pero cuando se retira, la cola de su túnica está llevada por
la Repugnancia, enana horrorosa.
Conócete á tí mismo, en mal y en bien, y la lisonja no te ha
rá daño ninguno;
Sus palabras te servirán de aviso, te humillarán y te ins
truirán:
Pues el adulador te aplaudirá sobre todo á causa de lo que
más te falta,
Y sus felicitaciones serán siempre las más calorosas, en
donde el hombre ménos lo merece.
Hé aquí, la lisonja es doblemente pérfida; ella rechaza lo
que su víctima tiene de mejor,
Y para aliviar la conciencia de un insensato, alaba la exce
lencia de lo que tiene de peor.
Por consiguiente, es peligrosa, — es el caso de todas las
mentiras:
Añade fé á sus fábulas, y pereces si te conduces por seme
jantes consejos.
Enfin, jóven literato, se caritativo, — áun con el adulador
convencido;
No seas para contigo, un Bruto, severo en tu propia causa.
Perdona el elogio exagerado, pues que hay un impulso na
tural, — Que excita al alma generosa á prestar á los hechos el
colorido de los sentimientos:
35
— 274 —
Considera con indulgencia los intereses personales de cada
individuo,
Que tus excusas sean amplias y liberales; ¿esta enfermedad
no es tambien tuya?
Sondea tu alma, y se humilde; la misericordia mora con la
humildad;
Así, los mismos disimulados verán tu compasion, y te amarán.
Aparta con dulzura, la mano acariciadora de la lisonja,
Pues la política y la atencion han llevado su traje, y no
tendrias razon en reprenderlos.
Eres incapaz de robar: pero las flores en el jardin de un
amigo,
Son tuyas; escoge con confianza; titubear seria desprecio:
Tú detestas la lisonja: pero un generoso exceso de alabanzas
Es lo que un corazon honrado puede conceder, y la caridad
que dudase de ello, seria falsa:
La diferencia está en el fin que te propones; la complacen
cia y la bondad tienen por madre á la caridad,
Pero los designios inicuos de la lisonja son cgoistas, malhe
chores, viles y odiosos.
LA SATISFACCION,
La Piedad y la satisfaccion, — hé aquí las columnas de la
felicidad,
Joaquin el que la estableció y Boaz, en ella está su fuerza:
Y en sus capiteles el trabajo está en forma de flores do lis,
el fruto y la flor del lotus,
Tipos encantadores y perfumes de santidad, de inocencia y
de hermosura;
Las columnas están ricamente adornadas con cadenas de oro,
— 275 —
Y están en pió en el pórtico del templo, la casa en que la
Gloria habita.
El Cuerpo pide el alimento, y el espíritu tiene sed de paz,
El que los tiene, nada le falta; pues todo lo demás es vanidad.
El disgusto salta por encima del placer, para volver á caer
por este lado del dolor,
Y grandes bienes causan grandes cuidados, sobre todo,
cuando crecen con rapidez,
Aunque muy poco sea una desgracia, demasiado, acumula
los males,
Si la Sabiduría no está allí, moderando los deseos;
Es que el deseo siempre insaciable, se queja sin cesar de
sus necesidades,
Y que de costumbre, es más necesario inculcar la satisfac
cion á los ricos que á los pobres.
Este abismo devorador se abre aún, no está satisfecho,
No, aun cuando arrojaseis en él todos los tesoros de Roma,
— pide víctimas más ilustres;
Así, cuando el oro del avaro no llena la medida de su des
arreglo,
Curtius se precipita en el abismo, y la avaricia lo cierra en
cima de él.
Mira, la Independencia bajo sus harapos, contenta á poco
costo;
No inquietándose pomada, agradecida por todo, no se que
ja de su pobreza:
He visto en otro tiempo á alguien ganar su pan con la son
risa en los labios;
Es herborista, que coge flores en las montañas;
Y ahora, sentado en la rivera, su hijo sin madre á su lado,
Se calientan á los dulces rayos del sol, —
Díme; ¿ves en su frente las nubes de la inquietud avara
O los ojos muertos de los niños cansados del placer? —
Hay más alegría en la vida para este pobre espigador do
los pantanos,
Que en medio de esta masa de ricos cuyos beneficios engen
dran el descontento,
He visto á muchos ricos, cansados por los terrores de la po
breza,
— 276 —
He visto á muchos pobres sostenerse, con toda la indiferen
cia de las riquezas:
El rico tenia el alma del pobre, el indigente el corazon de
un príncipe;
El uno no goza de lo que tiene, el otro no tiene sino goces.
No hay pobre sino el espíritu abyecto, el tímido, el débil y
el incrédulo;
No hay rico más que el alma en la cual afluyen las virtudes,
ella está satisfecha, ella se desborda.
El rico indigente se extenúa de temores, el pobre rico engor
da con esperanzas; .
El uno nos invita por su alegría, el otro nos rechaza por su
aire sombrío.
Más de un pobre gusta de los placeres de los ricos, áun en
sus dominios;
Y más de un rico envidia los consuelosTdel pobre, sufriendo
por sus penas.
La libertad es la afluencia, y los islotes do la inquietud no
deben ser reputados ricos:
Pero el que está libre del temor, es por un tiempo, rey;
Es real, grande, rico, independiente de los caprichos de la
fortuna,
Y mira á este mundo como propietario de sus bienes, como
el niño es el heredero del Criador:
En lugar que el hombre ávido es un esclavo, un verdadero
Midas, avaro insaciable,
Fatigado por sueños siniestros, muñéndose de hambre en
medio de sus tesoros:
El aguijon del descontento lo irritaba, sin cesar de apren
siones urgentes,
Y su sed del oro no podia satisfacerse; la garganta del be
bedor era la de Crasol
La Vanidad, el sombrío desencanto, los cuidados, el disgus
to, la envidia;
Vanidad es la palabra inscrita sobre todo lo que existe; el
Eclesiastes tenia razon.
Es que la ambicion es un volcan, arrojadopor el mar agitado,
Stromboli que se eleva, tristemente orgulloso, encima de
las olas mugidoras:
— 277 -
Y el hombre de estado que lo sube, olvidando sua miras
patrióticas,
Detestará el esfuerzo que cada paso le cuesta, ántes de lle
gar á la mitad de la altura.
La Satisfaccion es una comida frugal, en la cual corre la
leche y la miel:
La Ambicion es una orgía, se sacia uno con torrentes de
fuego:
Una apariencia sombría y amenazadora, desfigura la frente
de la Ambicion,
Pero las facciones angélicas de la Satisfaccion radian de
sonrisas encantadoras.
Había en Tiro un negociante, el favorito de la fortuna,
Rico armador de varios buques, que traficaban en muchos
climas,
Y se levantaba temprano para atender á sus negocios des
pues de los sueños de una noche calenturienta,
Acostándose tarde, abrasado por las inquietudes, lleno de
penas y cálculos.
Asi, dia trás dia, meses trás meses, año trás año, siempre
ganaba;
Sus cabellos blanquearon, se hizo hombre grande; es que el
dinero le facilitaba todo.
¿He dicho todo? — no todo, seguramente, un hueso falta á
la cáscara, —
Su alma era extraña á la satisfaccion, y en cuanto á la Paz,
no la conocía: .
Los manjares más exquisitos se volvían sin sabor.
Acuñaba mucho oro, pero este oro no compraba la felicidad.
Un dia, dia de espanto, cuando en el delirio de una ambi
cion desarreglada,
Arrojó el dado, resuelto á perder todo, ó doblar sus bienes,
La suerte le hirió,— habia especulado mal,—y loa hombres
se hablaban en voz baja;
Aquellos en quien confiaba, fallaron: y sus usuras lo habian
profundamente arruinado;
Un buque naufragó en alta mar,—otro encontró al pirata,—
Así, su fortuna estaba deshecha, los hombres se alejaron de
él con cuidado.
— 278 —
Como un ciervo herido de muerte, íüó á ocultarse en la so
ledad de los bosques,
Y allí, humillado, reflexionó, — tomó su resolucion, la eje
cutó con prontitud:
Del naufragio de todas sus riquezas, de la borra de la copa
de la opulencia,
Salvó, merced á la economía, un pedazo, una gota, para su
copa y para su plato cotidiano,
Y este poco le bastó, la suficiencia fué riqueza para 61:
Sus cuidados desaparecieron, — dormía de noche, y sus dias
corrían en paz:
Curado de su culpable egoismo, — del amor al dinero, do
la envidia, de la competencia, —
Sintió en una choza aquel agradecimiento que habia perdi
do en un palacio;
Y halló en su descenso, lo que vanamente habia buscado en
la más alta condicion,
El reposo del alma y del cuerpo, aunque vestido con oí in
noble burdo.
Me acuerdo tambien, que un sacerdote, cuya vocacion lo
colmaba de dicha,
Servía el altar de su pueblo, con fé, esperanza y caridad;
Segun el mundo era pobre; pero tenia grandes tesoros en
el cielo,
Y grande era su alegría en la tierra, en donde hacia el bien
por el amor de Dios:
Tenia pocas penas y muchos consuelos, bien recibido en to
das partes donde iba;
Dotado de un corazon generoso y de pocos medios, no so
rodeó ménos de agradecimiento,
Siendo él mismo, el centro de un círculo, un centro de con
suelo, de serenidad, de satisfaccion.
Pero un dia solemne, dia funesto — nuestro predicador tan
modesto como sabio,
Un extranjero que lo oyó, por casualidad, hizo un brillante
elogio de sus talentos raros y abandonados;
¿Por qué sepultarse en la oscuridad y arrojar tantas perlas
á los puercos?
¿No podia hacer bien, y al mismo tiempo adelantar?
— 279 —
Entónces excitado por la chispa del descontento, vino la
tentacion;
Una parroquia vacante habia en una ciudad vecina; la so
licitó ardientemente, y la obtuvo:
Entónces se hizo popular, lo buscaron, escuchó el encanto
de la admiracion,
Y se atormentó para satisfacer el gusto, en vez de tocar la
conciencia.
Avido de alabanzas, obtuvo en fin las consideraciones y la
proteccion de los grandes,
Lo vieron colmado de honores, envidiando la felicidad de
los ricos:
Así, lisonjeó, predicó; y el oro y la plata desbordaron;
Cosechó lo que habia sembrado, y reconoció su delirio.
¡Ay! trás cual sombra corría, — ¡qué sustancia tan preciosa
habia abandonado!
Dios por el hombre, el oro por el bien, detestable trato.
La iglesia del pueblo, su humilde rebaño, un pastor aún más
humilde,
El celo, la devocion, la aprobacion celeste, — sus libros, sua
costumbres simples,
Su pequeña casa, sus flores, — las corridas deliciosas que
hacia con su amigo,
Y quizas, al declive del dia, los saltos de la trucha que con-
tribuian á su comida frugal,
Todo esto tristemente cambiado por lo que el mundo llama
fortuna,
Con una conciencia herida por el sentimiento de su caida,
y de su ambicion quimérica.
Entónces, — Dios teniendo piedad de su alma, — volvió á
mejores pensamientos,
Y le recordaron motivos más nobles, su santa conducta de
antes.
Disgustado del hermoso estilo, de la-ostentacion, y do las
maneras disipadas del mundo,
Dejó las filas de Mammon, y renovó su alianza con el Señor;
Persuadido que el elogio de los hombres, y todo lo que el
oro nos procura, — En comparacion de la piedad y de la paz
del alma, no es nada.
• 280 —
LA FE,
La Confianza se ha llevado la palma; pues ella parecia con
vencida de su mérito:
Y cuando el fuerte asegura, el débil consiente.
La magostad, la hermosura se unieron, se mueven con una
decision inmutable;
Y encantan los corazones tímidos que tiemblan, se apartan
y se ocultan.
La fé, la firmeza, la confianza, la estabilidad, — estas virtu
des se unen muy bien;
Que un hombre persevere, cualquiera que sea su objeto, no
le faltará honor:
Es un sér superior á las demás criaturas nacidas inconstantes ;
Lo que él hace, lo hace como un dios, y su valor deslumbra
á los hombres.
Aun en el crimen, no se puede negar á la audacia una ala
banza parcial,
¡Y cuántos jefes intrépidos han tocado á su enemigo!
La Confianza triunfa de los hombres: ella reina sobre ellos
y en ellos;
La voluntad de hierro de un corazon intrépido intimida á
miles:
Un enano débil, intrépido y resuelto, cambia la suerte de la
batalla,
Y excita los gigantes que huian á otro conflicto más noble:
El tierno niño, no teme nada, avergüenza al hombre, y lo
obliga á hacer frente al peligro,
Y si le hace frente, el peligro muere, la fé subyuga el temor.
La audacia está aliada al poder: pues que la ignorancia es
debilidad,
— 281 —
La ciencia, dotada de una fuerza que jamás retrocede, da
nervios á la mano vigorosa:
La audacia es un poder alarmante; el raton infunde miedo
al leon,
Y á menudo un noble galgo espanta un rebaño entero.
El valor es análogo á la fé, pues es como ella, animal y moral ;
Si es verdadero, obedece á Dios, si es falso, confia en sí mismo:
Pero que sea verdadero ó falso, uno y otro son fé; y la fé
opera milagros:
Jamás la tierra ha visto prodigios que no hayan nacido de
la fé:
Nada noble, generoso ó grande, cuya raiz no haya sido la fé:
Nada hermoso, nada ilustre, cuya gloria no sea la fé.
Leonidas combatió por la fé humana, Josué por la fé divina:
Xenophon confiaba en su habilidad, y los hijos de Matatías
en su causa:
Colon por su fé se abrió un camino por medio de las aguas
desconocidas:
Las heroinas de Arco y de Zaragoza combatieron en la fé
terrestre:
Tell fué valiente, Alfredo grande, Lutero sabio, por la fé;
Margarita por la fé fué valiente para su hijo, y Wallace fué
el héroe de su pueblo:
Como la fé en su razon hizo sublime á Sócrates, así la fé en
su ciencia ilustró á Galileo:
Los embajadores son osados en la fé, y su osadía es irre
prensible:
Lafé retardó á Fabio, é hizo avanzar á Anníbal hácia Cannes:
César al Rubicon, Milciades á Maraton: la fé inspiró á los dos.
No atribuyo á todos las mismas esferas; no confundo el
mártir con el patriota:
Yo no clasifico el héroe con el caballo, porque uno y otro
tienen valor;
Digo sólo, por el ejemplo y la instruccion, que todo depen
de de la fé:
Hay, sin embargo, várias clases, y de diferentes grados.
Hay una fé para con los hombres, hay una fé para con Dios;
Esta es el oro, aquella el metal; pero una y otra son de un
metal denso;
36
— 282 —
Y de esta mezcla de oro y cobre resulta el metal precioso
de Corinto;
Materia brillante, dura, cortan te, punta de lalanza deAquiles;
Así resistirás á los enemigos que te rodean;
Confia en Dios, la fuerza del hombre; — áun el más malo,
el más vil,
Y una multitud que triunfa del mal, caritativa y bienhe
chora.
Expon tu confianza sin reserva á la conciencia del presi
diario,
Y tu fé le avergonzará, derramará lágrimas, y se arrepen
tirá:
Los bandidos no te harán daño, si entras osadamente en su
garita,
Con osadía, pero con dulzura, confiándote á su generosidad;
Pues la caridad hace caer las armas de esta mano, que es
tan valiente contra la agresion,
Y este sol ardiente calienta al corazon que un frio helado
habia endurecido.
No desesperes si ves en las almas las más negras algunas
luces de bondad,
Y habla con los que han envejecido en el crimen, como si
fueran tus hijos:
Así sorprendido por tu humanidad, el corazon perverso,
Sensible por merecer tan poco tu amor, derramará lágrimas;
En su dolor saludable, te bendecirá; y puede que en esta
disposicion se arrepienta:
Entónces ganarás un alma, don de la misericordia á tu fé.
Mira, al contrario, la falta de fé, el monton de males que
engendra:
Todo lo que es pérfido, bajo, vil, disolviendo la fraternidad
humana.
Oh, serpiente, Sospecha bárbara, que rodeas el corazon con
tus pliegues fríos, —
Oh áspid, Celos sutiles, que atraviesan el alma como un
fuego, —
Oh desconfianza, reserva, duda,—qué reptiles, qué monstruos,
La muerte en medio de las flores, infestando el jardin del
mundo;
— 283 —
Pocas palabras so necesitan, la narracion es corta;
Un punto indicala verdad, una pincelada concluirá el cuadro.
Si en tu casa, hombre desconfiado y escrupuloso,
Dejas ver que sospechas de un criado, pronto harás de él
un ladron;
O si, demasiado exigente é inquieto, es claro que tú no crees
en tu hijo,
Has lastimado el tejido de su honor, le has trazado el cami
no de la mentira;
O si reparas, hablando de tus amigos, que ellos buscan en
tí sólo su interes,
Has ultrajado su atencion, y tu salario será su desprecio.
O si esposos ridículos, vuestras fantasías .ascivas é inconsi
deradas,
Confundiendo fuera de lugar, la ligereza de la inocencia
con el pecado,
Derraman en el seno del hogar el dolor er vez del placer,
Y mezclando las disputas en la copa qui desbordaba de
consuelos,
Amargamente y justamente sufrireis el suflicio de la incre
dulidad;
Ni el uno cuenta sobre el otro, ni sobre bs votos que os
unen delante de Dios;
Guardaos, pues, quizas el abismo no estáléjos, el abismo
que habeis abierto,
La fé de la cual se abusa tiende al crimen, y la duda hace
un crimen de ella.
A la verdad, el hombre es vil, pero no lo e¡ siempre tanto
como puede serlo;
Su corrupcion es profunda, aunque sus tran¡gresiones sean
raras, falta de tentacion.
Dios exhorta á los sordos, como si oyesen,
El Cristo habla á los muertos, como si pudssen vivir;
Y es un maestro pérfido, llevando sus discímlos al pecado,
el hombre
Que desconfia de sus auditores, y no confia <n sus hermanos.
He observado algun tiempo, al hombre q:e cambió la so
briedad de la fé,
Las antiguas lámparas por nuevas,—exaltaoones fantásticas.
— 284 —
Obtuvo alguna ventaja en cuanto á la superficie, pero per
dió la solidez; el calor no es salud.
Pero su fuerza fuó destruida como la de Sanson; andaba sin
saber donde;
La duda seguia sus pasos, día trás día; y abandonaba sus
deberes.
En fin, en un momento de entusiasmo, atormentado por te
mores secretos,
Creyó asegurar su salvacion, arreglando su opinion sobre la
de un falso profeta.
Entónces; esta palabra firme le faltó, y su fé desfalleció;
Desfalleció y cayó: ¡oh! la caida de su fé fué completa, ter
rible!
Yo no insisto sobre los símbolos; Biblia, Iglesia, Razon,
Estas tres conducirán el alma, si pueden conducirla, á la
verdad.
Sin embarg», insisto sobre la fé; Dios como el hombre, lo
exigen;
Si deseamoi la felicidad en este mundo ó en el otro, la con
fianza es grande
Puede ser ^ue la fé se eleve, y que opere milagros; los Sa
bios escogidos 1» han demostrado:
Puede ser (ue la fé caiga en las credulidades de la debili
dad, testigo la nasa de los insensatos.
Así en el primer caso, los santos y los mártires han cumpli
do su mision,
Venciendolos peligros y desafiando la muerte, triunfando
de todo,
Así en el iegundo caso, el mágico y la bruja, víctimas de
sus propias iluiiones,
Han ganaco el salario amargo de pecados imposibles.
Creian en laalegacion á Satanás; obraban segun esta creencia,
Y han meBcido la pena de crímenes quiméricos.
Es que la £ tiene dos manos; con una atribuye la virtud á
unas acciones iidiferentes;
Ella santifia áun una Judit, una Jael, por lo que seria sin
eso, traicion y címen:
Con la otramano ella acumula el crimen sobre imposibles
ó absurdos,
— 285 —
Y más do un brujo luí merecido la hoguera por causa de
su fe".
El Alma superior, ávida de hechos que la nutran, cree fa
cilmente,
Y la ignorancia que la consume pide, sin cesar, que la su
jeten:
El espíritu pequeño se alaba, es incrédulo, imaginándose
que todo lo sabe.
La verdadera sabiduría, que estudia para comprender, es
cucha con gusto;
La falsa sabiduría empeñada en negar, abrasa la desconfian
za y la obediencia.
La Fe, por su misma naturaleza, abraza la confianza,
Digamos más; la palabra es una, y no se puede expresar.
. Pues la obra sin fé, ¿en qué puede ser casi un deber?
Y si la fé no se manifiesta por la obra, —¿cómo descubrir
el dogma?
La fé es el instrumento de la religion; una manigueta y la
mano que la mueve:
Es ménos una condicion que un medio, y más bien un acto
que una virtud.
El pecado, enfermedad moral, exige un remedio moral;
Y sólo la fé puede curar el espíritu, cuya enfermedad es
sensual.
Se os habla del grande amor de Dios: los que crean lo ama
rán:
Los que lo aman obedecerán; y la obediencia tiene su ben
dicion.
Se os habla del valor del alma; los que crean lo conocerán,
Y el que conoce el alma acaricia la esperanza que hace su
felicidad.
Los afectos nacen de los sentimientos; y los sentimientos
nacen de la fé;
Si alguien se cree insultado, ¿no herirá en su cólera?
Así el alma convencida de su estado, de su peligro, de su
destino, de su redencion,
¿No deseará ardientemente ser salvada, como el alcaide de
Philippes?
Una Madre no tenia más que un hijo, y lo envió al mar:
— 286 —
Era viuda y pobre; y él iba á tentar fortuna.
Cuántas veces durante las noches de invierno, cuando las
olas y el viento mugían.
Sangraba su corazon, desgarrado por el temor, deseando ver
á su hijo,
Una hermosa mañana, cuando todo sonreia en los alrede
dores.
Vino la noticia, que hacia várias semanas, se habia perdi
do el buque;
Sí, perdido, ¡habia muerto el hijo! lo habian visto perecer:
Entónces, cuál fué la agonia de la madre, — pues tuvo fé
en la notici».
Débil, herida por el dolor, la oracion no la consolaba ya;
Noche trás noche, lloraba, no esperaba mas que la muerte.
Pero, un día que lloraba amargamente, un extraño penetra
en su soledad, —
Está encargado de un mensaje, este hombre batido por la
tempestad; es preciso no rechazarlo.
Y ¿qué maravillosa historia cambia el duelo en alegría,
Destruye el abatimiento de esta desgraciada, y la colma de
alegría?
Su hijo está salvo, — vive, — ¡hélo aqui! —¿Se entretiene
ella en preguntar?
No, precipitándose con la impetuosidad de la fé, lo encuen
tra á la puerta!
— 287-
LA HONESTIDAD,
Todo lo que no es honesto es vanidad ; — esto está grabado
en una tumba:
Y no hay sabiduría sino en la piedad:— así predica el difunto:
Es que en el modesto templo de un pueblo, en medio de
sombríos clásicos,
Queridos al amigo de los bosques, Evelyn, el que los plan
tó, (su gloria y mis delicias)
Estas palabras, dictadas por la verdad, están escritas en el
sepulcro
De un hombre que habia adquirido grandes conocimientos,
y que conocía todos los árboles, desde el cedro hasta el hisopo
en el muro.
Union justa, la piedad y la honestidad, ministros de dos
mundos,
Bien surtidos, inseparables, pues que Dios lo ha unido.
No digo nada, pues esto seria grosero, de los engaños del
comercio.
Hablo de intenciones, de caracteres, do discursos, de ac
ciones honestas.
El hombre honrado necesita sobre todo do caridad, y de
prudencia,
De un conocimiento humillante y profundo de sí mismo, y
de un comercio santificado con su Dios.
Más de un corazon honrado, ignorándose á sí mismo, y no
conociendo á Dios ni al hombre;
Ha seguido la luz de la peste, que tomó por la estrella de
la verdad;
Oyó una causa que no podia comprender, y la abrazó con
gusto,
— 288 —
Y esta causa tuvo por resultado, la ruina de un espíritu
inconstante.
La prudencia, si se consulta su propia ventaja, no debe es
tar jamás separada de la honestidad;
Y la caridad, para el bien ageno, y el nuestro, debe unirse
á ella:
Pues la lengua que reprende con dureza no tiene placer ni
beneficio,
Y el corazon frio, sin simpatía, jamás tuvo suceso.
El pecado es una llaga, y la locura una fiebre; para curarlos
tócalos con dulzura;
La cuchilla del mal cirujano hace sufrir, á pesar de la ho
nestidad del operador.
Un diamante en bruto, por todo esto, vale más que el brillo
de la piedra falsa, —
Y la honestidad, aun cuando esté sola, á pesar de sus nu
merosos adversarios
Que la prudencia habia apartado, que la ambicion habia
doblado,
Prosperará siempre en último lugar, y obtendrá mucho
honor el
Que derrama, á costa suya, áun en su perjuicio, tantos be
neficios sobre su prójimo.
La Libertad es la madre de la Honestidad, y la Indepen
dencia intrépida es su hermana.
Estas tres, de corazon y alma, viven juntas en la unidad.
El hombre de los campos, ingenuo, valiente y sincero, ha
bla con los reyes sin inmutarse:
Tiene el espíritu leal, justo y franco; su probidad sin man
cha es un cristal;
¿Por qué se avergonzaría? en donde los cortesanos se arro
dillan, él queda en pié; —
A la verdad, me inclinaré delante del rey, pero es para
Dios que fuéron hechas las rodillas:
Estos hombres dotados de una conciencia altanera y noble,
son numerosos,
Honrados, generosos, bienhechores, á pesar de sus pocas
luces:
¿Qué cambiaría contra su libertad? ¿algunos granos de oro?
— 289 —
Libre de hablar, de obrar, los grandes honran su osadia:
¡Qué florezca en paz, rodeado de hijos robustos,
Arraigados en el suelo como jóvenes encinos, fuertes como
el pino de las montañas!
Hay, sin embargo, hombres bastante bajos para mentir, y
que prostituyen la honestidad con el interes:
Pero ¿qué ganan? —su beneficio no es sino pérdida; un poco
de dinero y mucho desprecio-
¡Hé aquí el cambio que se opera en un sér degradado!
No sabe ya respetarse, ni hacerse respetar:
Habiendo perdido la honrada elasticidad de la fé, se arras
tra bajo el pesado traje de la hipocresía:
En vez del camino recto de la verdad, ha escogido senderos
tortuosos;
En vez de facciones magestuosas, — ofrece las miradas tí
midas del servilismo:
En vez del noble orgullo de la Libertad, — el espíritu de
un esclavo.
Se puede, sin embargo, alegar algo en favor del engaño, vi
cio necesario,
Miéntras que el mundo, y todo lo que contiene, está sepul
tado en el mal.
¿En dónde está el hombre del todo probo, — campeon que
jamás pone los harneses,
Listo para entrar en la lid por la verdad contra una nube
de errores?
¿En dónde está el hombre del todo probo, — el que vela
los secretos de la vida,
A fin de que lo aprieten y lo aborrezcan, á causa de tantas
revelaciones humanas?
¿En dónde el hombre del todo probo, —el que vive en con
testaciones sin fin,
Buscando á penetrar los tristes manejos de la sociedad?
Es preciso que al instante diga lo que tiene en el corazon,
— un corazon perverso y corrompido,
Exponiendo sus deformidades sin velo, objetos repugnantes:
Es preciso que enuncie todo el odio de su alma, y que aña
da el veneno de su lengua; — ¿Le es permitido sentir y ocultar
sus sensaciones? seria una bajeza hipócrita, —
37
— 290 —
Semejante hipocresía, oh hombre, vale más, á veces, que
esta honestidad temeraria que peca:
Matala sensacion, ú ocúltala: que la vergüenza sirva al
ménos de caridad.
¡Oh Caridad! tú no consientes en dar avisos, en mezclarte
en los negocios ajenos,
Esto no es tu secreto, — cubrirás más bien su multitud,
Imponiendo silencio á la lengua que condena, y á los exhor-
tos fastidiosos.
El espíritu duro y cáustico, anatomista hábil,
Traza las fibras de la corrupcion, palpando los misterios de
un cadáver horroroso;
Pero el espíritu caritativo es el jóven amante, poco juicioso,
Que no ve ningun defecto en la mujer á quien ama, y que
desea ver uno ménos;
Así, merced á esta luz bienhechora, el amante se hizo más
digno de su amor;
Atraida á la virtud por felices soles, y no por tempestades
amenazadoras.
Enfermo tú mismo, — no te apresures á vituperar las im
perfecciones de tu hermano;
Pues, á menudo, es bueno cubrir las faltas de la naturaleza
con un velo modesto;
Y las manos brutales que lo rompen, ultrajan el pudor y la
justicia;
Miéntras que el celo simulado y el pretexto de hacer bien,
no es sino una alabanza falsa de sí mismo:
La experiencia enseña á menudo, que las pobrezas de la
vida, olvidadas en un rincon,
Son sabiduría; y el hombre generoso las deja desapercibi
das en la sombra.
Que la capa de la humildad vele la frente de la honestidad,
Entónces, en vez de la antorcha de la discordia, será el faro
del amor:
Si Diógénes, al contrario, con su linterns, que el arrogante
os echa al rostro,
Llegase á encontrar un hombre honrado, muchos se irritarían.
Que la honestidad se una con la caridad del corazon, por
temor de que no sea sensible,
— 291 —
O el censor ajeno y de sí mismo, caerá en un desprecio pro
fundo.
Que la honestidad se una con una idea inocente, entónces
oí hombre no será quizas, más que el mártir;
Pero si la franqueza del discurso se une á los crímenes se
cretos, el mártir se vuelve malhechor.
El egoismo para conseguir sus fines, se servirá del disfraz
de la honestidad;
Y ocultará sus manos de remoro para mejor engañar.
Habla en voz alta, sus argumentos son blasfemias,
Alaba su honor, su sinceridad, y los hechos no lo confunden:
El mal humor es su gloria, como si fuera la justicia que no
se compromete.
Este es el hipócrita de la honestidad; se hace traicion ocul
tando su juego;
Dándose mucha pena, agitándose, cuando otros caminan de
recho;
v O si anda derecho, no se apartará para dejar pasar,
Pero el brutal avanza, empuja, y caminando provoca la
oposicion;
En vez de calma, no es sino inquietud, en vez de sencillez,
no es sino intriga.
Valiente con los que no pueden batirse, humilde con los
valientes;
En donde los consejos de un hermano serian útiles, este
hombre vitupera con dureza,
Y en las menores acciones, lisonjea y alaba groseramente.
Us que la honestidad es de gran beneficio, y los sabios no
ignoran
Que prospera hasta el fin, y que llena la casa de oro.
El fósforo del engaño palidecerá, todos sus sucesos se aca-
barán,
Pero la honestidad, luz siempre creciente, dura tanto como
la luna,
Aun en un mundo poblado de ladrones, en donde el fraude
fuera una virtud, seria sabiduría,
El entregarse al vicio de la honestidad, único medio de llegar,
Pues que, lo que las leyes de Dios han proclamado deber,
Será siempre, en la conducta de la vida, ventaja y privilegio.
— 292 —
Dad las gracias á Dios, vos que trabajais por vuestro pan,
que durante esta fatiga, dia trás dia,
Os sea permitido ver las burbujas del interes á flote sobre
la corriente del deber:
Es que la honestidad, cualquiera que sea su naturaleza,
aprobada por Dios y por el hombre,
Es el verdadero cuerno de abundancia, fuente de riqueza y
felicidad.
Templada por la modestia y la caridad, la franqueza en el
discurso es digna de honor,
Y unida á la prudencia, la honestidad de intento, es loable:
La confianza rinde homenaje á la verdad, y es el salario de
las acciones honradas:
Los hombres se apoyan con gusto sobre el que jamás des
fallece.
La Libertad brilla en sus ojos, la Nobleza de la humanidad
anima su corazon,
Y la Independencia, tomando una corona, se la coloca en la
cabeza:
Así, establecido por su integridad, justo y firme en sus de
signios,
Útil á varios, no temiendo á nadie, en espectáculo con los
ángeles y los hombres,
Aun cuando el globo en ruinas vacilara en la agonía de la
destruccion,
No continuaría ménos por eso en su integridad,—honrado.
293 —
LOS DONES,
Tenia un amigo: — le hice unos presentes, y desapareció:
Tenia un enemigo declarado, — le hice unos presentes, y
lo gané:
La igualdad es el fundamento de la amistad vulgar, no su
fre la deuda;
Pero la afeccion de un hombre virtuoso enternece el cora
zon del odio:
Tú que dices, yo daré, y fortaleceré los lazos que nos unen;
Pues el orgullo se opondrá á la obligacion, y rechazará la
dulzura.
Puede ser que el espíritu avaro se regocije, por tus lar
guezas,
Pero el egoismo helado dirá en voz baja, — es preciso que
yo devuelva:
Puede ser que el corazon vano tome gusto á esta nueva
prueba de estimacion,
Sin embargo, esta idolatría de sí detestad agradecimiento;
Da por todo esto; pues será un medio de prueba delicada,
Separando la verdad de la mentira, extrayendo el disimulo
de la amistad.
Dar, es parecerse á Dios; tú cansas á los malos con tus be
neficios:
Dar, es parecerse á Dios; tú regocijas á los buenos con el
agradecimiento.
Da á tu pariente, pues la providencia te estableció para
ayudarle:
Ten cuidado, sin embargo, que no reclame como derecho
suyo las ofrendas voluntarias del deber.
Da á los jóvenes, pues que les gustan los presentes: el ve
neno de las sospechas
— 204 —
No ha alterado el sabor de su agradecimiento, y no buscan
motivos secretos.
Da al mérito, da con generosidad; su corazon sensible te
bendecirá:
No es lisonja, es amor; es la simpatía de los hombres sus
hermanos.
Da para animar al bien; el alma débil que se deja abatir
Tiene muchos enemigos, muchos obstáculos que sobrellevar,
y se apoya en sus amigos.
Atiende á estos consejos; que los presentes á tu superior
sean raros,
Pues que tus dones importunos indicarían presuncion.
Y, aun cuando su porte afable reconociese el homenaje que
lo ofreces,
¿La apariencia de la seduccion no atormentaría tu inde
pendencia?
Además, atiende á este precepto; se circunspecto en los
presentes que haces á tu igual,
Que la ocasion sea propicia y conveniente, el don bien es
cogido y tal como lo desea.
¿Ha prosperado? ¿es feliz? una flor atestiguará su gloria;
¿Es indigente? que tu afeccion liberal le ofrezca una bolsa
bien repleta.
La enfermedad bendecirá las consideraciones de la amistad,
en la uva y en los bálsamos preciosos que le envía,
Y cuando un hijo querido muere, da elogios, la esperanza
y la simpatía.
Aún otra vez, atiende á este aviso; da á los pobres con dis
crecion,
Y no permitas que la pereza inútil se apoye en tu brazo
caritativo;
Da al hombre diligente, como á un igual, si la ocasion es
justa y conveniente:
O cambiará esta independencia que tantos sudores lo ha
costado por la lotería de los dones fortúitos.
Un préstamo hecho á tiempo, da nervios en donde una li
beralidad demasiado fácil hubiera paralizado:
El trabajo y el salario alivian el corazon ; pero el tono del
mendigo indica la amargura de su alma.
, — 295 —
Hay gentes que siembran sus liberalidades, á fin de cose
char otras;
Pero los hombres aceptan el don, desdeñando el usurero'
frivolo:
Hay gentes que dan á los pobres, esperando recibir de Dios
un interes enorme, —
Insensato, — tú crees que sus riquezas son oro, no el alma:
Y quizas, despues de tus limosnas, tus larguezas interesadas,
El huracan destruirá tus cosechas, y echará á pique el bu
que á su vuelta;
Entónces, tu alma mundana, murmurando contra la balan
za, creerá que era falsa:
El alma del vendedor dirá do Dios, —Ha faltado á su pa
labra!
Da, grita el predicador, que tu liberalidad sea grande, ce
de al impulso celeste,
No esperes la reflexion fría, pero derrama abundantemente,
Así, para lisongear su conciencia, en un Ímpetu de caridad
simulada,
El egoista, que no tiene con que ser justo, tiene la presun
cion de ser generoso:
El deudor, y el mal rico, se hallan en el cortejo de la be
neficencia,
Y el hombre exalta los corazones nobles que roban para
dar.
El Dinero tiene su precio; y el que lo prodiga, sus votos
de gracias:
Pocos de los que sacian su sed en el arroyo, se paran á bus
car la fuente.
La mano que se cierra sobro una limosna, sea necesidad,
sea entusiasmo,
Se cuida poco de donde viene: Vespacio está encantado
por su tributo.
Hé aquí porque los colegios y los hospitales se elevan sobre
la ruina de los huérfanos,
Las capillas y las catedrales se han enriquecido con las
prendas de la iniquidad,
Y el fraude, por una compensacion injusta, ha derramado
el bálsamo sobre una conciencia ulcerada.
— 296 —
Asi, los que cosechan se regocijan; y cosechando bendicen
al sembrador:
Nadie se apresura en descubrir, si el descubrimiento per
judica:
Si el conocimiento de un robo hace culpables á los que lo
aprovechan,
El que no se aseguró de la honestidad de su beneficio, ¿se
rá del todo inocente?
Guárdate de tomar una ventaja indigna de la debilidad
ajena,
De los espíritus ligeros, fervientes y pródigos, exaltados
por la emocion del momento;
Es que la elocuencia subyuga con placer los débiles y los
que están arrepentidos de sus faltas:
Ellos dan con precipitacion, luego se entristecen, — su don
es un doble error.
La Caridad está sentada en la cima sonriente de una coli
na, bendiciendo de léjos y de cerca,
Pero, sobre todo, es sobre las violetas que la rodean, que
la ambrosía corre de sus vestidos:
Ella embellece el panorama, que se extiende hasta el vasto
horizonte,
Pues su faz angélica y luminosa es querida de los morta
les como la luna que los alumbra.
Sin embargo, la luz de esta vision beatífica concentra todo
su esplendor, toda su serenidad.
Cuanto más cerca de su corazon, cuanto más cerca de su
morada, — esta cima en la cual está sentada:
Hé aquí por que quiere á su raza, conmovida de afeccion
por sus vecinos,
Colmando de dones á los que la rodean, que la conocen y
la quieren.
Al contrario, la caridad fingida, hipócrita en la tierra, no
una gracia del cielo,
No bendice su familia, y vista de cerca, es horrorosa:
Así es, se oculta, vergonzosa y tímida, estimando el orgullo
humillado,
Y los que rodean su hogar no aprovechan sus dones:
Su celo ambicioso quiere mejor arrojar sus favores á los ex
— 297-
traños, — Locos gastos á lo léjos componen la miseria de su in
terior:
Así la indigencia languidece aquí, miéntras el pauperismo
extraño se engrandece ;
Y se ha visto la mujer oprimida por la mano del tirano que
enarbolaba el estandarte de la liberalidad,
La pobreza hambrienta en los calabozos, por aquellos cu.
yos corazones se compadecen del crimen ;
Y niños nacidos libres encadenados por hombros que liber
tan al esclavo válido,
La Política recomienda los dones hechos á propósito,
Y en seguida los aprueba; es que la influencia de los dones
es grande.
El amante que una sonrisa jamás habia gratificado, debe
su favorable acojida á una simpleza adornada con joyas;
La justa causa sin honorarios cede al crimen liberal:
Que el hombre cuyo discernimiento justo te busca, parez
ca digno de tu estimacion,
Desde entónces apreciando el mérito, lo honra con sus
dones.
El Hombre tiene tres naturalezas, y las tres reclaman la
caridad:
No es bastante el procurarle el alimento, si se le rehusa los
demás consuelos;
El espíritu está hambriento, se desdeña el alma, de modo
que el animal humano
Roe algo que no le satisface, pobre sin agradecimiento y
sin corazon:
Sin embargo, te bendeciría y seria agradecido, si tú nutrie
ses su espíritu,
Y si le enseñases que tus limosnas son caridades y amores;
— Yo Vi un día, un mendigo en la calle, otro mendigo tuvo
piedad de él;
La simpatía penetró en su alma, y el objeto de la compa
sion conoció la dicha:
Pronto, una cabalgata alegre, los hijos de la opulencia y de
la alegría pasaron;
Estos jóvenes se reian, mirando al desgraciado, y le arroja
ron su oro;
38
— 298 —
Este, pobre criatura mortificada, recogiendo sus dones los
maldice á ellos mismos,
Y partió el oro con su hermano, el mendigo que habia te
nido piedad de él.
EL MISTERIO,
Todo lo que existe es misterio; los misterios se explican
por otros misterios;
Sin embargo, el secreto de todos es único, simple en su
grandeza:
Todos complicados, bien que el sendero esté abierto á los
que conocen el camino;
Todos inabordables, aunque de un acceso fácil, para los que
tienen la llave:
Andamos errantes en unos laberintos maravillosos, pero
con el ayuda de un hilo triunfamos de sus rodeos;
Bogamos sin mapa en los mares, pero ¡hé aqui! la estrella
polar está encima de nosotros.
Si te remontas al buen gusto de Dios, no hay enigma que
no se resuelva en él,
El axioma de la razon es un Dios que se vela, y todas las
cosas viven en su ubicuidad:
No hay sino un gran secreto: pero éste se oculta en todas
partes;
¿Cómo el infinito, que siempre se prolonga, y que jamás se
deja coger, seria comprendido en el Tiempo?
Un pobre cojo, Edipo terrestre, ¿adivinará el enigma del
universo?
No, es preciso que la espada de la fé corte el nudo gordia
no de la naturaleza.
— 299 —
Dios que penetra todo, es en todas partes el misterio de
cada sér;
El por qué de su carácter y de su esencia, la fuente de sus
virtudes y de sus hermosuras.
El niño pregunta á su madre, — ¿Por qué la violeta, es tan
dulce?
La madre responde á su hijo, — Alma mía, Dios lo ha que
rido.
Los sabios se entregan al abismo de la ciencia, pero toda
su profundidad está en palabras,
Ellos disciernen algunos anillos de la cadena circular de
las consecuencias,
Y entónces, despues de tantas dudas y disputas, se hallan
en el punto de donde partieron,
Segun la conclusion seca de un rústico, las cosas son por
que son.
¿Por qué están verdes los prados? ¿no es por el placer de
los ojos?
Pero, ¿por qué la verdura encantaria la vista? es el buen
placer de Dios.
¿Por qué el oido hace sus delicias de los sonidos melodiosos?
¿Quién determinó el número de estos sonidos, y quién fijó
las leyes de la armonía?
¿Quién enseñó al pájaro á construir su nido, y quién prestó
la vida al arbusto,
O qué pesó en la balanza del órden la facultad de atraer y
expulsar?
¿Quién perpetúa el movimiento de los mundos, de la mar y
del corazon?
¿Quién ha mandado á la gravitacion de unir todo á su es
fera? —
Es que, como una materia formada de várias, un misterio
formado de misterios,
Así Dios, que se pierde en las nubes de la inmensidad, es
la cohesion de todo lo que existe,
Y unos secretos, confusos en sublimidad, penetran estellni-
verso, El mismo:
Como es el todo, así son las partes, que sean grandes ó pe
queñas;
— 300 —
La naturaleza del sol no está más explicada que el tejido
del ala de una hormiga.
Así, la divinidad presente en todas partes, egerce su volun
tad independiente,
Voluntad, una en cuanto al moral, pero multiplicada á lo
infinito en cuanto á los medios;
Dios, padre sabio, no da la razon á sus hijos:
Pero resuelve en secreto y con bondad: pues las causas en
gendran la disputa:
Entónces, nosotros, sus hijos, que andamos errantes en las
tinieblas, observamos sus designios invariables;
Hé aquí porque los hombres de antaño se pararon delante
de los ídolos, en vez de ir hasta Dios,
Hé aquí porque, en estos últimos tiempos, no vemos ya á
Jehová en sus obras.
El gran nombre de Dios es Misterio: El es un misterio, de
bondad;
Otro, uno de los hierarcas del cielo, usurpó el misterio del
pecado.
Dios es Rey, y rey de sí mismo; se ha coronado de santidad;
Otro encontró la diadema abrasadora de la iniquidad, y se
adornó con ella.
Dios está separado de sus mismos atributos; pero en toda
eternidad ha querido el bien:
Así es, libremente, aunque inmutable, es sabio, justo, amante.
Pero la ambicion, de la cual son susceptibles los ángeles,
vió el mal apartado desde el principio.
Lucifer es el que lo vió, y no desdeñando sus negras insig
nias que nadie reclamaba,
Las anheló, las robó, queriendo ser refutado por Dios.
El que existe por sí mismo, cuyos caracteres son el amor,
el poder, la sabiduría, la ubicuidad,
No podia quedar solo, pero quiso y efectuó la creacion.
Así, por una exhalacion continua, oscureciendo el vacío por
la materia,
Nacieron de la Divinidad fecunda las criaturas de su inte
ligencia.
Séres cuya vida es su soplo, eran necesariamente ménos
perfectos que él,
— 301 —
Y por consiguiente ménos susceptibles de dicha, lo que
restreñia su beneficencia;
Hé aquí por que, á fin de desenvolver esta susceptibilidad
intensiva, en una eternidad de progresos,
Permitió á las tinieblas de realzar la luz, y al dolor de au
mentar el placer:
Para acumular la dicha sobre los objetos de su amor, ha
permitido el pecado y la angustia,
Trayendo en seguida una amnistía inesperada al crimen,
al dolor, y á la vergüenza;
Exento de pecado, nadie hubiera gozado de la redencion,
nadie hubiera sido revestido de Dios:
Exento de afliccion, el conflicto hubiera sido desconocido,
y el cielo hubiera sido frustrado por sus consuelos:
Aún más, si el mal no se hubiese dejado ver, si los tormen
tos de la prueba no se hubieran hecho sentir,
Los hombres no habrían apreciado el bien, los ángeles no
habrian hecho gran caso de su seguridad,
En esto se revela, el ojo de la razon, el misterio de la gracia,
Que bendice, permitiendo la desgracia, y que enseña por
el misterio del pecado.
Oh, Cristiano, cuya curiosidad castigada ama los objetos
misteriosos,
Considerándolos como sombras y eclipses del único gran
Luminario,
Mira ahora, satisfecho de tu fé, estas almas que juzgan se
gun los sentidos,
Y que, embotadas por la contemplacion de la materia, po
nen poca atencion al espíritu.
Sube un millar de escalones, y te hallarás en el aire:
Tú no puedes elevarte hasta Dios, y léjos de él todo es
nada:
No conocemos la causa de nada, si no es su voluntad actual '
El hombre, empezando por sí, este primero de los miste
rios ilusorios,
Espera á fuerza de esfuerzos, llegar del abismo de la men .
tira á la verdad;
Así, imponiendo á la ciencia una tarifa honrosa, avanza un
paso más allá,
— 302 —
Y se imagina quo es una cosa bella el descubrir un efecto
lejano.
He aquí porque el ateo es siempre el más crédulo de los
mortales,
Apoderándose con avidez del argumento más absurdo, á fin
de disipar sus dudas;
Separado del fondeadero de Dios, su barca es el juguete do
las olas,
La brújula de sus principios está rota, el timon de su fé es
tá separado:
La Suerte y el Destino, antagonismo de la sinrazon, gobier
nan todo por él:
La verdad está emanada de un conflicto de mentiras, y la
masa de accidentes engendró el designio,
¿Con qué se asegurará, el que considera el Caos como el
sustituto del Orden?
¿Cómo puede durar el edificio de su fé? es una pirámide
cuya cima está abajo.
He visto hombres que no temen á Dios, temblar por la im
precacion de una Egipcia,
Hombres que se burlan de la revelacion, adherirse á la pro
fecía de un loco!
Hay interior que gusta de la forma de todos los misterios,
Pues la esperanza se mezcla al temor; ¿cómo adivinar todos
sus resultados?
El huérfano mismo, que anda de noche, errante en los bosques,
Siente en medio de sus terrores monstros, un placer vago;
La vivacidad de lo que le precisa, animando el alma,
Triunfa de la aprension que lo clava y lo aterra.
Hay un orgullo solitario, cuando el corazon, en su importan
cia precoz,
Inscribe en sus archivos, los secretos que nadie más ha
visto:
Cuando el crimen se confesó en voz baja, y que los secretos
están escritos allí en rasgos de sangre:
La hija de la cabaña se enorgullece por la narracion que la
ternura le confia:
La mujer del bandido, desfalleciendo de espanto, ha adivi
nado el crimen premeditado:
— 303 —
El sabio, con el triunfo en la frente, oculta su descubri
miento maravilloso;
El rústico más perezoso trabaja hasta la noche buscando un
tesoro oculto.
Es que la vida del hombre es un misterio; nos despertamos
á los dulces murmullos de la novedad:
¿Y si nos volvemos á acostar, frustrados en nuestra espe
ranza? dormimos para que nos vuelva á despertar.
Si los Alpes y sus Andes estuvieran nivelados, si ya no tu
viesen valles,
Cuan insípida seria la faz de la tierra, desprovista de gra
cia y de sublimidad:
Así, despojada de todo misterio, concebida por la prevision
intuitiva, la perspectiva de la existencia cuan triste seria.
Alaba á Dios, hijo de la tierra, por las misericordias inse
parables del secreto,
Y porque las aromas de la incertidumbre sazonan la copa
de la vida.
Alabad á Dios, sus ejércitos celestes, por las misteriosas fuen
tes de tanta alegría,
¿Qué seria de la inteligencia, si no quedara nada que
aprender, ó el cielo en una eternidad uniforme?
Enumerar todos los misterios, seria contar todo lo que existe:
Es imposible agotar el tema, del cual Dios es el ejemplo y
la similitud.
Toma, sin embargo, una guirnalda en el jardin,
Algunas gotas de espuma esparcidas en la catarata mages-
tuosa.
¿De dónde somos, — á dónde vamos, — cuál es la causa de
nuestras sensaciones, de nuestra razon?
¡Qué sér tan singular es el hombre!
¿En qué época el alma comunica al embrion la inmortali
dad, — cuál será su suerte despues?
¿Y la muerte, debe aniquilar al idiota, sér sin voluntad?
Inmateriales en cuanto á la esencia, ¿son estas almas, unas
máquinas pesadas?
Sin embargo, qué dirémos, — ¡quién adivinará el enigma!
Puede ser que el cerebro se parezca á un reloj, y que el al
ma sea su resorte, un mecanismo animado por el espíritu.
— 304 —
¿ Quien de nosotros es bastante sutil para discernir entre la
vida, el instinto, la razon;
Los árboles, los zoófitos, los animales de la llanura, los sal
vajes sus compañeros?
¿Goza la sensitiva de instinto, —,1a pechina tiene más que
la vida, —
O el perro tiene ménos que la razon, — ó el hombre-bruto
más que el instinto?
¿Cuál es la causa de la salud,—y la fuente de la enfermedad?
¿Por qué mata el arsénico, y de dónde proviene la virtud
de los antídotos?
Hé aquí un pedazo, — come y muérete; el término de tu
prueba expiró:
Hé aquí una pocion, —bebe y vive, los limites de tus prue
bas están aplazados.
¿Quién explicará el fenómeno de la hermosura? ¿la diferen
cia del carácter de las naciones?
¿Quién hallará la causa de la influencia epidémica de la moda?
¿La práctica, es electricidad? Sin embargo, no son sino
nombres.
¿El Arte normal encadena en sus obras, el espíritu trasíbr-
mado en sustancia,
De modo que la estatua, el cuadro, el poema, sean los cris
tales del alma?
¿Y la Filosofía rompe la materia, haciéndola sublime,
Hasta que la inteligencia traspira de los troncos y áun de
las piedras?
/ Oh Misterios! no soís más que uno, el alma de un Arqui
tecto incomprensible
Reside igualmente en todos, vive y muere en todos.
Campos, bosques, ciudades, desgracias, tesoros, obras delos
hombres,
Costumbres, inventos, todo lo que se ve y está conocido,
Por un pequeño espacio de tiempo, dependeis uno de otro,
Estais, sin embargo, todos en la mano derecha de uno solo,
y por su voluntad, existís.
Hé aquí la respuesta del misterio, un Dios inteligible,
Aquí es el fin y el principio, la razon quiere que no se
comprenda.
— 305 —
Así es, seria probable y justo, áun segun el débil pensa
miento del hombre,
El tener por Dios á un sér del cual se aprende algo sin ce
sar, pero que jamás se profundiza:
Que El del cual emanan todos los misterios, en quien todos
los misterios convergen,
Y cuyo trono sublime está arriba de la esfera en la cual se
arrastra nuestra débil inteligencia,
Reclamase el derecho de ser más verdadero que el más ver
dadero de los mortales, más verdadero que la certidumbre,
Siempre supremo, el misterio de los misterios, en todos lu
gares, aunque personificado,
Esencialmente uno en tres, esencialmente tres en uno.
LA SOCIEDAD,
La Masa de los hombres, ¡Oh sospecha negra! es mejor que
tus temores,
Más honrada que tus pensamientos, Oh, Prudencia con co
razon de hielo!
Más pura que tus sentencias, lengua austera de la Censura,
En todo más digna de amor, más digna de estimacion.
¡Cuántas fisonomías sonrientes esparcen por todas partes
la luz!
¡Cuántos ángeles han atravesado tu camino!
¡Cuántas veces en tus viajes, un instante te ha procurado
amigos,
Hallados, amados durante algun tiempo, perdidos, jamás lo
volverás á ver!
Amigos, objetos de felices reminiscencias, pues que su com
pañía fué corta,
39
— 306 —
Generosos, alegres, sinceros, — cuantos rasgos atentos!
He viajado en tierra y por mar, y he frecuentado muchos
pueblos,
Pero si existe un lugar privado del sol de la beneficencia,
yo lo busco aun;
Unos más, otros ménos, — todos, sin embargo, reclaman su
parte:
Y el que recorre el mundo encuentra la ocasion de sembrar
muchas amistades.
Confieso, y esto me aflige, que hay almas apóstatas;
Abandonadas por sus ángeles de guardia, y entregados á
la licencia del pecado, —
Hay además las almas vulgares, interesadas, sensuales, fe
roces,
Tan poco susceptibles de pensamientos delicados, y muer
tos para la virtud, —
Es imposible que el amante de lo bello, el hombre genero
so y bien nacido,
Les demuestre una amistad que no sea compasion.
Es verdad que arrojados en unos moldes de fango, y perdi
dos en la multitud, son pocos,
Pocos, pobres de amigos, y pobres de derecho;
Antes, sin embargo, de juzgarlos severamente, y asociar su
presencia á la repugnancia,
Considera las mil circunstancias que los han hecho lo que
que son.
Tú no has reflexionado sobre las causas, arregladas segun
sus consecuencias necesarias,
Tanto tiempo dirigidas por una energía infalible y violenta,
hácia semejantes resultados:
Pues que, si cada uno de estos séres desagradables te reve
lase su historia,
Alegaría justas excusas, humanamente hablando;
Educacion necia, ocasiones falladas, inclinaciones naturales
sin freno, —
Hé aquí lo que desanimó sus esfuerzos al bien, y los sacia
del mal;
Y si estudias á fondo sus caracteres, teniendo piedad de
sus tentaciones,
— 307 —
Sufriendo la bajeza con indulgencia, tratando su petulan
cia con generosidad,
Descubrirás aún algunos hermosos frutos en estos árboles
secos,
Y comprenderás por que hay hombres que los alaban, y
aun los quieren.
He Aquí, sin embargo, mi consejo para con ellos, Evítales,
si puedes;
Pues el filo de tus virtudes seria embotado por la friccion
de sus vicios,
Y hay en tí un enemigo, sea para tapar su crimen,
Hasta que, seducido por los placeres en la superficie, estés
atraido en el torbellino.
Desconfia de su egemplo, — y del tuyo; desconfia de los
azares de la batalla;
Pero, sobre todo, guárdate de esto, un corazon implacable.
Los peligros y las tentaciones á los cuales la presencia de
los malvados nos expone son muchos;
La sombra del upas envenena, y ¿quién se atreverá á dor
mir en dónde se extiende?
Así es, si puedes, evítales; sin embargo, sometido á la Pro
videncia, fiel al deber,
Si tu suerte está en medio de los de Kedar, que tu pacien
cia y tu silencio sean sin reproche.
Hay un mundo exterior, y un centro interior,
Y varios anillos concéntricos de varios tamaños en rede
dor mio.
Pues, ántes de todo, al rededor del hombre, — despues de
su comunion con el cielo, —
Se halla la compañera hecha á su imágen, la mujer de sus
deseos y de sus afecciones:
Asi, os toca ver lo que amabais en la fé, desdeñando los ce
los bajos,
Pues que Satanás pierde mucho amor, agriándolo á fuerza
de dudas,
Os toca ver que la intimidad no se apague en la indiferen
cia, y que la solicitud no degenere en pena,
Os toca acariciar vuestros compromisos recíprocos, unidos
para la vida.
— 308 —
Despues de estos círculos concéntricos, lanzando sus rayos
tan léjos,
De rueda en rueda, de mundo en mundo, — viene una tro
pa de niños,
Nido precioso de jóvenes y tiernos corazones, que quieren
ser estudiados separadamente,
Banda de espíritus impacientes y curiosos, que es menester
domar é instruir, uno trás otro,
El hombre que tiene la felicidad de poseerlos se ha creado
una sociedad á parte,
Está independiente del mundo, y cuenta ménos con sus
amigos:
Pues halla suficientes amigos en los lindos rostros, al rede
dor de su hogar.
Si busca otros, es por el amor de éstos, ménos que por su
gusto.
¿No es la más agradable de las compañías? Yo diré aún,
¿hay algo más instructivo
Que los encantos nacientes de estas puras inteligencias, de
estos corazones trasparentes sin mancha?
¿Qué voz es tan melodiosa como la suya?
¡Cuántos pensamientos, cuántas esperanzas, cuántas oracio
nes santas, cuya única fuente viene de ellos!
Además, este comercio dulce entre tus hijos y tú crece con
ellos,
Si no faltas á tu deber, ó si tu ausencia no los ha privado
de él.
Guárdalos á tu lado; críalos bien, guíalos, corrígelos, instrú
yelos;
Y se su camarada de juego, el juez de sus quejas.
Entónces el jóven y la jóven querrán en tí al amigo com
placiente,
Te participarán su alegría, y consolarás sus penas:
Además te revelarán sus más dulces secretos, y su esperan
za estará en tu consejo,
No te ocultarán sus amores, si has ganado su confianza;
Pero, hombre y mujer, acudirán á un padre,
Conservando siempre el respeto de la niñez, el honor sin el
temor;
— 309 —
Y en el campo de batalla, serás un Néstor, anciano justo,
Lleno de afeccion, aunque cargado de años, el amigo de
todos;
Ningun secreto te será ocultado; pues si es peligroso, puede
que tu sabiduría repare el mal;
Si es inocente, tu aprobacion es preciosa; es una ventaja
que no se pierde.
¡Oh dicha del hogar, en el cual jóvenes y ancianos se reu
nen y se estiman!
Los jóvenes no están intimidados, los viejos no'están enfria
dos; el comercio está sin reserva!
¡Qué refugio para un hijo ó una hija, si el mundo los maltrata!
¡Cuánta confianza y amor, en el corazon, en el hogar de un
padre!
¡Ay! — qué vacío, qué amargura para vos, padres, madres,
hijos,
Que andais errantes en el mundo, que amais aquí y allí, ex
traños á la afeccion doméstica.
Una vida sin cuidados, es quizas la causa, pues los años
vuelan ;
Quizas la austeridad, la injusticia, marchitó las afecciones ó
1 es dió mal pliegue; . ,
Entónces, por causa de sus humores mal surtidos, no se
comprendieron;
El niño creció sin amor, respirando la atmósfera del temor;
El jóven mal criado, renunciando al temor, hizo una liga
con la astucia;
Desde entónces, estos séres se hicieron enemigos jurados,
en vez de amigos íntimos.
¿En dónde hallar la causa mutua? Desenterrad, y matedla:
¿Y el remedio, el simple remedio? Un relámpago recípro
co de amor.
Padres, juzgadme; hijos, prestad atencion á mis consejos;
Vengo con una ofrenda en cada mano, á conciliar los ad
versarios;
Pues que es imposible que el hombre tenga mejores ami
gos que los que Dios les ha dado,
Así es, él que ha despreciado el don, ha desdeñado lo que
ignoraba.
— 310 —
Volveos juiciosos, — (yo hablo á los hijos) — y obtened la
amistad de vuestros padres,
Cultivad su atencion, buscad su honor, velad, como Jafet,
sus defectos:
Volveos juiciosos, — (hablo á los padres,) — ganad á vues
tros hijos, haced de ellos vuestros compañeros,
Acariciad sus conversaciones razonables, y no los mireis
coa aspecto frio.
Sabed que la amistad de un hijo es la flor más rica de la
sociedad,
Este diamante no tiene precio — es raro que se vea.
El Tercer Círculo en las aguas, uno de los anillos del ónice,
Zona ancha y definida, encierra todo el parentesco:
Es una tropa de diversas tribus, dispuesta bajo diversas
banderas;
íntimos y extraños, conocidos y queridos, ú objetos de aver
sion:
Unos queridos por su mérito, honran á sus padres, y obtie
nen en cambio el honor del parentesco,
Los otros, despreciando sus deberes, son á la vez su carga
y su oprobio.
Ten cuidado, la Providencia divina ha apretado las familias
con sus lazos,
A fin de que se asistan recíprocamente, y sufran juntos;
son fuertes cadenas
En tu prosperidad, los amigos son siempre más queridos,
pero en la adversidad, confia en tus parientes;
Estos son el órden establecido por Dios, aquellos son esco
gidos por el hombre:
En los parientes hay ménos calor, en los amigos ménos verdad,
Estos presentan más superficie, aquellos más profundidad.
Al Contrario, hay muchos amigos que son acogidos con pla
cer, y que lo merecen,
Se les saluda con alegría en las montañas, se les regaña por
que vienen rara vez.
Objetos de los recuerdos de la niñez, de estas amistades de
clase que han prosperado hasta los cabellos blancos,
Los veteranos se rejuvenecen, y ríen de sus maldades de
colegio;
— 311 —
Tales son tambien, aunque en cabeza de la lista, los que
quieren á tu padre
El amigo de tu padre, y el tuyo, que te ofrece un amor
probado:
Tales son tambien los corazones bien nacidos, que has co
nocido demasiado tarde,
Aunque te apresures hoy en apreciar su valor, aprovechan
do los momentos:
Tal es tambien el pastor fiel, que trae la paz á tu casa; —
Saluda con cordialidad á este excelente hombre, — y que
tus hijos lo bendigan!
¡'Cuántos pensamientos! ¡cuántos pensamientos! — ¿cómo
apoderarse de todos?
Los mejores tienen siempre el vuelo rápido, los más insípi
dos se quedan atrás.
El sujeto es vasto, y mi alma es uno de estos bosques del
oeste,
En donde las bandas de palomas vienen como nubes, y do
blan las ramas gemidoras;
Vienen á descansar, luego vuelan, — dirigiendo su vuelo
hácia otros climas,
Y me dejan en paz, exento de pensamientos importunos;
No me atrevo á detener estos fugitivos: La Sociedad, vasto
sujeto,
Me expondría á emprender muchas reflexiones banales, fas
tidiosas y monótonas:
De los sabios consejos, de los avisos animados, de las expe
riencias que se adquieren á costa suya,
La irresolucion loca de la vanidad, el brillo falso del orgu
llo, —
La economía, moneda del pobre, — la extravagancia, abis
mo del rico,
Luchas peligrosas contra los buenos, monerías insensatas
de los malos,
Circunstancia, costumbre, simpatías, antipatías, conversa
ciones de todo género,
Los placeres necios, los disgustos de la voluptuosidad, los
conflictos, el tumulto del mundo, — Los consuelos domésticos,
las miserias de la corte, los hilos de araña de la etiqueta:
— 312 —
La hipocresía de la política, la esencia de la impostura, —
la ociosidad, los negocios, el recreo, —
El catálogo de los deberes, el tiempo, el lugar, la razon,
Y los menores colores del carácter, lo que se hace, lo que
no se hace, lo que está mal hecho, —
Todas estas cosas, y várias más, ideas que se apresuran,
Planan en los aires en mi derredor, como abejas que vuel
ven, por la tarde á la colmena.
Si no hallas un objeto es preciso crearlos: estas semillas
son los dientes del dragon:
Los pensamientos que se siembran se vuelven cáos, y el
campo que llenan es el mundo.
Varios sabios han trazado el camino, se han servido de la
hoz;
¿En dónde hallan un rincon ahora, en el cual nadie ha ata
do las haces?
Así, otros cosecharán: yo espigo y recojo, hé aquí todo:
Estas pocas espigas, es lo poco que queda de la cosecha
social, que ha madurado.
LA SOLEDAD,
¿Quien ha conocido á su hermano? ¿Quién lo ha visto gozar
de una libertad sin trabas?
Es el que ha vigilado sus acciones en la sombra de la So
ledad.
Recorremos el mundo con dominó, variando nuestros carac
teres y nuestras costumbres,
Llevando un disfraz doble, Jano social, rodeado de espec
tadores:
Yo no hablo del hipócrita, no se trata de fraudes voluntarios,
— 313 —
Pero de este cambio rápido del cual no tenemos idea, y que
el hombre virtuoso siente mejor que quien sea.
Alma obra sobre alma; y nadie está libre sino cuando está solo;
Que te observe un perro, es bastante; su observacion te
molestará.
La posesion de sí mismo, no está nunca completa, en pre
sencia de la inteligencia ajena,
Ella no es un resultado natural, es un beneficio de la edu
cacion.
La presencia de un segundo espíritu reprime necesariamen
te el tuyo,
Y haciéndole perder el equilibrio, se mueve por un violen
to esfuerzo.
El que siente que lo escuchan, se vuelve cuidadoso;
La persuasion de que te acechan, te obliga á tener cuidado:
Y el árbol humano sensitivo se contrae al tacto, como la
mimosa,
Languideciendo como una planta que se muere de sed, y
que pierde la mitad de su vigor.
Hay antipatías que nos hacen evitar la multitud, y simpa
tías que nos atraen al pequeño número,
Pero el espíritu mercantil ha destruido aquellas, y no toma
parte ninguna en éstas:
Miéntras que, segun la viva aprension de una inteligencia
sutil y espiritual,
Las antipatías atormentan, las simpatías oprimen, y la so
ledad está tranquila.
El que vive solo se cuida de los demás,
Pero los que viven en la sociedad no piensan sino en sí
mismos.
Es verdad que en la vida solitaria del anacoreta hay una
apariencia de egoismo,
Pero sondea sus pensamientos, — van léjos, soñando sin ce
sar en el mundo:
Y cuando el hombre frecuenta regularmente sus semejan
tes, creemos que es generosidad,
Pero estudia su carácter, de dia y de noche, el objeto de sus
pensamientos es él mismo: — El mundo, invitándolo á los place
res, ó provocándolo sin piedad al trabajo,
— 314 —
Está lleno de rivales inquietos, de los cuales cada uno tiene
su interes personal;
Y jamás voluptuoso, entregándose á la disipacion, ha entre
tenido pensamientos que no fuesen egoistas.
El ermitaño, siempre tranquilo y contemplativo, nada tiene
que disputar:
¿Quién será el objeto de su contemplacion? — ¿él mismo?
motivo débil para un pensador.
El ha expulsado la locura, y se mantuvo léjos de los cuida
dos; tiene pocas necesidades;
Dios y el alma, hé aquí su excusa, excusa válida, para la
soledad:
Pero llevó á su celda los sentimientos casi apagados de la
humanidad:
Allí descansaron, y se restablecieron; y suspiró por sus se
mejantes.
¿En dónde está el sabio, el hombre virtuoso, que no haya
buscado la soledad, á fin de cultivar allí el pensamiento,
Y dar á luz los frutos preciosos del valle secreto del re
trete?
Bosque de Aricia, tus sombríos espesos perfeccionan la
sabiduría de Numa,
Jardines tranquilos de Vaucluse, alimentais el amor de Pe
trarca;
La soledad formó á Cincinato, madurando el héroe y el pa
triota,
Y aprendió á De Stael, en la humilde Bastilla, á conocerse
á sí misma;
Ella entretuvo la piedad de Gerónimo, ella maduró los tra
bajos de Agustin,
Y dió al augusto Cárlos, en vez de aspiraciones de gloria,
la religion.
Tú, que Escipion alabó, que Alfredo puso en práctica,
Tú que inspiraste la elocuencia de Demóstenos, y que nu
tres el genio de Milton,
Tú que animaste el celo, alimentaste el genio, descubris
te los misterios de la ciencia,
Favoreciste el arrepentimiento, avergonzaste á la locura
y llenaste el hombre virtuoso de los consuelos de la paz, —
— 315 —
Testigos los justos y los sabios, y todo lo que es puro y per
fecto,
¡Oh Soledad, cuánta verdad es, que eres la nodriza de la
grandeza!
Basta; — el sujeto es vasto; que un hierro candente corte
los cuellos de esta Hidra:
¿Cómo alejar las masas de pensamientos que este cadáver
atrae?
No, — nada se puede imaginar que no haya sido dicho en
la Soledad;
Muchos sabios han demostrado, han publicado sus defectos
y sus ventajas:
Nada tengo que añadir, — no quitaré nada; es bastante;
todo se ha dicho:
Observa, sin embargo, esta regla, esta distincion entre los
hombres.
Hay ocurrentes pomposos, solemnes, oraculares;
Siguelos de cerca, y verás que en la soledad, son unos necios.
Hay burlones sin cuidado, cuyo pasatiempo es la sociedad;
Solos, ¿qué son? — serios, sabios, pensativos.
¿Por qué? unos y otros son actores, si no es en la soledad,
Allí es donde viven tales como son, y que todo es sincero:
El necio, sin embargo, merced á la énfasis de sus discursos,
quiere pasar por sabio,
Y el sabio, los dias de fiesta y de placeres, se divierte con
una simpleza, las delicias de un necio.
Hé aquí la regla; el que afecta tanta gravedad es más ig
norante y más superficial,
Que los que rien mucho, y que rien á carcajadas, dichosos
en ocultar lo que saben. .
En cuanto á tí; ama la Soledad, pero sin exceso, sin morosidad:
Amala por sus tesoros, y no por orgullo.
Allí, léjos de la multitud,'una voz dulce y'sutil te consolará,
. Es el dulce murmullo de la verdad, la conciencia lo entien
de, y sus ecos lo repiten:
Allí, desenredarás las emociones del corazon, madejas enre
dadas,
Y compondrás las redes de la utilidad, descansando de tus
deberes por algun tiempo; .t
— 316 —
Allí, escucharás la ciencia, y gozarás de los frutos del es
tudio,
Pues la Soledad se regala de una infinidad de pensamientos;
Allí, sentado, te entregarás á tus fantasías,
Y la rica poesía de la existencia dorará el plomo de sus in
quietudes;
Allí, cuando pasees á orillas del mar; bajo felices estrellas,
¡Cuántos proyectos de beneficencia nacerán en tu corazon!
Llorarás en la Soledad, — rogarás en la Soledad,
Cantarás en la alegría de tu corazon, exaltarás el beneficio
divino de la Soledad.
¡No te demoresl — es el sendero de la Sabiduría;
Dios bendiga tu viaje; te entrego á la Soledad.
EL FIN,
Una Neblina, ideas vagas y lejanas, velan todos los princi
pios.
Y el viajero se pone en camino, lleno de una multitud de
pensamientos,
Ygualando la esperanza y el temor, buscando el órden en
el cáos,
Un sendero secreto entre las arenas, que parecen intercep
tarle el paso:
Entónces se apodera del hilo, desenreda la madeja confusa,
Y se apresura á ensartar osadamente el laberinto que es
tá delante de él.
Así, aunque titubee en la oscuridad, la luz alumbrará sus
pasos,
Camina con la cabeza erguida, ferviente en la fé, y las di
ficultades se desvanecen á su aspecto,
— 317 -
El único relámpago de su espada disipa estas sombras ene
migas;
Lleno de confianza, altanero por sus sucesos, sale vencedor
y marcha á la victoria.
No Hay medio que no esté cargado de penas, — dos veces
más léjos, — ¡qué pesar!
La Diligencia tiene la muerte en el corazon, el pié de la
Empresa fué pisado:
Lo que el celo habia empezado, corre gota á gota, y la na
turaleza nada puede.
Entónces el valor moral es una necesidad, es preciso que
luche contra la reaccion animal,
Es preciso que combata, y aunque no le quede más que un
puñado de soldados; aunque débil, es preciso que persiga.
Adelante, peregrino intrépido, aún una legua,
Cada paso ata nuevas alas á tus piés triunfantes.
Todo Fines dicha, consumacion gloriosa de un designio,
Los peligros han pasado, los temores no existen ya, el via.
je ha concluido;
Y el peregrino descansa, vuelve despues de todo, á su hogar:
El artesano es digno de su salario: el objeto conseguido, el
premio se ganó:
Durante las fatigas del trabajo, durante la agitacion de la
carrera,
Los tendones han sufrido várias veces, y poco faltó para
que rehusasen el conflicto;
Pero hoy, todo está tranquilo, una hora deliciosa pertene
ce al reposo: — Reminiscencia tranquila del bien, perspectiva
calma de la dicha.
La esperanza sonreia al partir, el temor se entristecia á
medio camino,
Pero el dulce goce, por fin ha venido; la cosecha está segu
ra, está salva. .
Lo que jamás podrá ser: los hechos, sólidos, inmutable?,
son unas pirámides:
Una cosa hecha está grabada en la roca, con una pluma de
hierro.
La incertidumbre no es ya un espanto, la prueba está com
pleta,
— 318 —
El accidente no ofrece obstáculo al cumplimiento, la obra
está acabada.
Así el fin la coronará, con gracia, merced á la piedra angular,
Y el edificio se regocijará en su corona: paz, paz, al arqui
tecto.
He escrito, como los del tiempo antiguo, en estilo significa
tivo y sentencioso,
Muchas cosas que conciernen á este mundo y al otro, mul
titud de hechos é imágenes.
Si me juzgais, espíritus esclarecidos, que sea con benevo
lencia, sin pasion;
Pues á menudo se arrepiente uno de las palabras de cólera
y odio.
Profundos sueños y lecturas superficiales, imágenes que se
chocan al rededor del argumento,
El órden desapercibido en la confusion de las ideas: este
testimonio es verdadero.
Se debe á las Santas Escrituras los sugetos sagrados, las pa
labras de dicha, la sabiduría;
Miéntras el ala de la imaginacion, esta golondrina, cruzaba
estas aguas profundas.
Dirás, sin embargo, con un tono sutil, — Ha dado un nuevo
lustre á verdades antiguas,
Pero cuando parecia formarlas nuevas, ¿era falsa la novedad?
Puede ser nuevo lo que es verdadero, pues que mi sabidu .
ría es jóven.
Sin embargo, he hablado lo mejor que pude, segun las mi
sericordias que Dios me ha concedido,
De cosas sublimes, profundas, célebres, del Mal y del Bien.
He hablado de errores que simulaban la Verdad, y de ali
mentos saludables unidos al veneno;
De Utilidades imprevistas en las cosas más humildes, y de
los complós profundos del Orgullo:
He alabado la Sabiduría, te ofrecí los consuelos de la Espe
ranza, he demostrado la locura de tus murmullos;
He indicado los peligros de la Influencia, y te he alejado
de los terrores de la Ambicion.
Te hice ver tu servilismo á la Ley: sin embargo, te he
aconsejado de ocultar tu Humildad;
— 319 —
He corrido las cortinas de la Memoria; y he vuelto á hacer
la cama del Reposo.
He dado á la Experiencia una hora de sangre fria: y al Ca
rácter, un aprecio severo:
La santa Cólera, sublime en su justicia, ha condenado el
Odio.
El Rezo ha expresado la voluntad de Dios, sirviéndose de
las palabras saludables que nos ha dado;
Y el celo, unido al fervor bienhechor, se ha aunado con la
Discrecion.
Te dije que nada es Bagatela, ni siquiera la risa del Recreo;
Te introduje en el Cortejo de la Religion, y el nombre de.-
un Dios en tres personas te deslumbre.
El Pensamiento ha confesado sus terrores desapercibidos;
y la Palabra ha revelado sus triunfos;
He celebrado la excelencia de los libros; y he hecho el elo
gio de una carta escrita á tiempo;
Las Riquezas no fuéron olvidadas, sea que se honren, sea
que se desprecien:
Los Inventos ocupan un rango inferior, pues que todas las
cosas vienen de Dios.
He desdeñado el Ridículo: el amor á los Elogios no me ha
envilecido; me conocia á Mí mismo;
He defendido con fervor, la causa de los Animales que su
fren por el pecado del hombre.
Entónces, me elevé hasta la Amistad; me he inundado de
Amor y de ternura;
He conocido la pureza del Lazo Conyugal; y he bendecido
la sonrisa de los Niños.
Además, sea petulancia, sea orgullo, pueda ser que haya
hablado mal,
Mi pensamiento fué la Tolerancia, con respecto á todas las
faltas;
Muchas faltas, difíciles de soportar, han sido la fuente de
mis Dolores,
Muchas virtudes, dulces de contemplar, son para mi alma,
una fuente de Gozo.
Así, durante algun tiempo, dejándote en el Gozo, no me
atrevía á romper el encanto;
— 320 -
Me ocupaba de otros pensamientos, yo componía otros libros .
Al cabo de varios dias, sin embargo, vinieron las reflexiones,
Un pensamiento mo vió en el traje del pasado,—¡y hé aquí!
una legion sobre sus trazas!
Las bandas se apresuraban,—no podía combatirlas, ni hun
de ellas, —
Y, prisionero de los pensamientos, me condujeron á su
tienda.
Entonces, te rogué me acogieras, y escucharas mis avisos
sinceros;
Pues que tenemos un Amigo, que el Tiempo no puede
yariar.
Hablo de mi comision, sintiéndola gravada en mi corazon,
Y no pude callar, enaltecí mi oficio.
El Misterio habia dejado sus ecos en el fondo de mi alma,
y revelé sus secretos;
De allí, me aparté á fin de juzgar al hombre, que es respon
sable de los Dones que hace.
La Hermosura, noble tésis, ofrecia á mis cantos, un mundo
de delicias,
Derivando toda su gloria de Dios, el origen del alma.
El Renombre, y la Lisonja vino como Agag ;
No era mas que la borra repugnante de la copa inspiradora:
De la Lisonja nació su adversario duro y estúpido, la Ne
gligencia;
Y el porte complaciente y sereno de la Satisfaccion, cuya
sonrisa encanta la Tristeza.
La Vida, toda elasticidad y luz, y la Muerte, silencio som
brío,
Condujeron el alma á la Inmortalidad, morada última del
hombre.
Entónces, se pasó en revista una banda triple
Las Ideas rápidas, los Nombres sonoros, las Cosas gimiendo
bajo el peso de sus armas:
La Fé habló de sus hechos, rodeada de sus hermanos,
Y la Honestidad se defendió con la boca abierta.
La vida Social, vista en el pasado, tenia muchas verdades
que decir,
Y entónces te confié á la Soledad, madre de la Sabiduría.
Amigo Mio, mi discípulo, .amante de lo verdadero, mi igual,
mi compañero querido, .•
Hago mucho caso de íu favor, y tus simpatías me son caras:
Sin embargo, si tu coi'azon no está de acuerdo con el mio,
sabe, hermano mio,
Que no solicito la sonrisa de la aprobacion, y que no temo
las amenazas de la censura.
Muchos pensamientos, sobre una variedad de temas, nos
han procurado agradables momentos;
¡Pero, Dios sea alabado, él que sólo dala inteligencia! El
sólo basta á todo.
Cualquiera que haya sido el tema, es por la oracion que vi^
nieron los pensamientos:
¿Temeria por consiguiente, la mirada del hombre, si Dios
me ha favorecido? —
Digo esto sin vanidad; es un tributo de agradecimiento y
de ternura, —
Lo digo sin arrogancia; es un humilde homenaje á la justicia;
Dios ha bendecido mi alma, y le ha enseñado muchas ver
dades;
Y yo, el eco de Dios, te he repetido algunas, sincero, á pe
sar de mi debilidad.
Aun cuando la ignorancia y el error, manchasen las leccio
nes que me ha confiado,
Si me estoy firme, mi propio maestro me aprueba, si yo cai
go, me reprende.
Si me amas, bendíceme; si no, yo te bendeciré;
Si apruebas, observa mis palabras; si no que tu amistad me
instruya.
La mezcla de muchos pensamientos egoistas me ha aparta
do de mi noble objeto;
Muchos motivos me han tentado á trabajar para el orgullo
y la gloria:
¡Ay, sí! como otros más malvados ó más estimables que yo,
he amado el honor y la gloria;
Pero hoy, yo los odio y les temo, como si unas víboras se
pegasen á mis manos:
Scévola quemó una y otra, la mano y el crimen; pero Pa
blo arrojó la .víbora en el fuego:
41
—•322 —
La sacudió, y no sintió mal ninguno: ¡así sea! los abjuro!
Así, si quieres censurar, censura — pero sin impaciencia,
sin dureza; 9 L
Si quieres alabar, se sincero, se ju.--to: yo trabajo para Dios
y la virtud. ^
THE NEW YORK PUBLIC LIBRARY
RBFERENCE DEPARTMENT
This book a under no circumstances to be
taken from the Building
f
S*-: