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Historia de España: Crisis y Reformas (1902-1939)

El documento detalla la historia de España entre 1902 y 1939, centrándose en el revisionismo político del reinado de Alfonso XIII, que buscó reformar el Sistema de la Restauración. Se analizan las fuerzas de oposición, incluyendo el republicanismo y el nacionalismo, así como las repercusiones de la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa en el país. Además, se examinan la evolución demográfica y la intervención de España en Marruecos, destacando sus causas y consecuencias.

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Historia de España: Crisis y Reformas (1902-1939)

El documento detalla la historia de España entre 1902 y 1939, centrándose en el revisionismo político del reinado de Alfonso XIII, que buscó reformar el Sistema de la Restauración. Se analizan las fuerzas de oposición, incluyendo el republicanismo y el nacionalismo, así como las repercusiones de la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa en el país. Además, se examinan la evolución demográfica y la intervención de España en Marruecos, destacando sus causas y consecuencias.

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COLEGIO SAN IGNACIO

ÁREA DE CIENCIAS SOCIALES Y ECONOMÍA


Hoja: 1
HISTORIA DE ESPAÑA

BLOQUE IV. De la crisis del Sistema de la Restauración y la caída de la


Monarquía a la Segunda República (1902-1939)

4.1. Define en qué consistió el “Revisionismo político” inicial del reinado de Alfonso XIII, y
las principales medidas adoptadas.

Tras el fin de la regencia de María Cristina en 1902 subió al trono Alfonso XIII con su mayoría
de edad. Los primeros años de su reinado están marcados por el Regeneracionismo político,
también denominado Revisionismo. El Regeneracionismo critica la situación de atraso y
decadencia de España y propone soluciones para salir de ella. A nivel político se trata de un serio
intento de reformar el Sistema de la Restauración y adaptarlo a las nuevas demandas sociales,
especialmente de los movimientos obreros. Los principales protagonistas del Regeneracionismo
político fueron Antonio Maura y José Canalejas.

En 1904, el conservador A. Maura se convirtió en jefe del gobierno. Maura llevó a cabo lo que
se conoce con el nombre de “revolución desde arriba”, lo que significaba que los cambios se
hacían desde el poder, para impedir que los revolucionarios los hicieran “desde abajo”. Se
pretendía evitar la revolución social, incorporando a una nueva base social con una orientación
conservadora: las “masas neutras”, de origen rural o urbano y actitudes tradicionales, con cuya
ayuda pretendía configurar un Estado fuerte, capaz de gobernar de forma eficaz y de conseguir
tanto desbancar a la vieja casta caciquil como impedir que las clases populares adquiriesen
protagonismo. En esa dirección, durante el “gobierno largo” de Maura (1907-1909), se llevó a
cabo una reforma electoral (Ley Electoral de 1907) que establecía el sufragio obligatorio, pero
ello no consiguió acabar con la corrupción electoral. Maura hizo un primer intento de llegar a
acuerdos con el catalanismo concediendo más autonomía a los ayuntamientos y diputaciones y
reconociendo las regiones (Proyecto de Reforma de la Administración). En el ámbito social,
aprobó la Ley de Descanso Dominical y creó el Instituto Nacional de Previsión (1908), dedicado
a los seguros obreros. Los sucesos de la Semana Trágica de Barcelona del verano de 1909
pusieron fin al “gobierno largo” de Maura y a su proyecto político.

El intento de reformar el sistema político en una dirección democrática fue obra del nuevo
líder del Partido Liberal, José Canalejas, que gobernó de 1910 a 1912. Este político representaba
la tendencia más a la izquierda del Partido Liberal y era partidario de la intervención del Estado
en materia social y de limitar el poder de la Iglesia. El gobierno llevó a cabo una amplia tarea
legislativa. Se reforma la Ley de Reclutamiento, estableciendo un servicio militar universal y
obligatorio en tiempo de guerra, que suprimía la redención en metálico. Se trató de abordar la
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Hoja: 2
HISTORIA DE ESPAÑA

reforma del procedimiento de financiación de la Iglesia, pero la negativa por parte dela Santa
Sede a cualquier reforma comportó la promulgación de la Ley del Candado (1910), que limitaba
el establecimiento de nuevas órdenes religiosas durante dos años. Canalejas también fue
sensible al problema de las autonomías regionales, por lo que el gobierno liberal elaboró la Ley
de Mancomunidades (1912), por la que se aceptaba la posibilidad de la unión de las diputaciones
provinciales para hacerse cargo de la gestión de algunos servicios públicos.

El asesinato de Canalejas ese mismo año paralizó la aplicación de su programa reformista. La


ley de Mancomunidades sería aprobada bajo el gobierno conservador de Eduardo Dato en 1914,
y tan sólo se constituiría la Mancomunidad de Cataluña.

4.2. Especifica la evolución de las fuerzas políticas de oposición al sistema: republicanos y


nacionalistas.

Al margen de los partidos dinásticos, la oposición fue reforzándose: el republicanismo se


amplió con la aparición de nuevos partidos, en el movimiento obrero se fueron consolidando el
socialismo y el anarcosindicalismo, los nacionalismos regionales también crecieron y la derecha
carlista mantuvo sus posiciones.

El republicanismo. Fue la principal fuerza de oposición, pero tuvo siempre el problema de


fragmentación en diversos grupos. Con la finalidad de dar homogeneidad al republicanismo, en
1903 nació la Unión Republicana, una coalición de grupos republicanos liderada por Nicolás
Salmerón y Alejandro Lerroux. La Unión Republicana se acercó a los nacionalismos regionalistas,
y esta orientación del partido supuso una escisión de un sector encabezado por Lerroux, que
fundó en Barcelona el Partido Radical, de marcado carácter anticatalanista y anticlerical. Llegó a
influir en amplios sectores de las clases populares catalanas, pero después de la Semana Trágica,
perdió su apoyo y se trasladó a Madrid.

Fruto de la colaboración del republicanismo con el PSOE surge en 1909 la Conjunción


Republicano-Socialista. En 1912 apareció el Partido Reformista, un nuevo partido de carácter
republicano fundado por el asturiano Melquiades Álvarez. A este partido se acercaron
intelectuales como J. Ortega y Gasset, pero nunca llegó a ser una formación numerosa.

Los nacionalismos. En la Cataluña del primer tercio del siglo XX destacó el predominio político
de la conservadora Lliga Regionalista, liderada por Enric Prat de la Riba y F. Cambó, que obtuvo
éxitos electorales y gobernó la Mancomunidad de Cataluña entre 1914-1923. De forma paralela
se fue desarrollando un catalanismo de corte republicano que fue derrotado electoralmente por
la Lliga hasta 1931, cuando su unión en un nuevo partido, Esquerra Republicana de Catalunya
lograría el triunfo de las elecciones.
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Hoja: 3
HISTORIA DE ESPAÑA

El nacionalismo vasco durante el primer tercio del siglo XX estuvo marcado por las disputas
sobre los aspectos que debían predominar en el Partido Nacionalista Vasco: el independentismo,
el autonomismo o el catolicismo. En 1911 el PNV creó su propio sindicato de confesionalidad
católica, Solidaridad de Obreros Vascos. En 1916 el PNV pasó a llamarse temporalmente
Comunión Tradicionalista Vasca, y a partir de 1917, el nacionalismo vasco empezó a tener una
representación parlamentaria notable.

4.3. Explica las repercusiones de la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa en España.

En el verano de 1914, estando al frente del gobierno Eduardo Dato, se produjo el estallido de
la Primera Guerra Mundial, que enfrentó a los llamados imperios centrales (Alemania y Austria)
con las potencias aliadas (Gran Bretaña, Francia y Rusia) y en la que intervinieron otros muchos
países.

Dato declaró de inmediato la neutralidad española, manteniendo al país fuera del conflicto y
evitando el grave desastre que hubiera significado para la población. Esta situación supuso
además una extraordinaria oportunidad para la economía del país, ya que la guerra generalizada
en Europa permitió exportar productos industriales y agrarios, de los que los combatientes tenían
una enorme necesidad y por los cuales estaban dispuestos a pagar altos precios. De esta manera,
los industriales, principalmente vascos y catalanes, hicieron grandes negocios.

Sin embargo, al dedicarse gran parte de la producción a la exportación, los precios interiores
experimentaron alzas desorbitadas que no fueron acompañadas de subidas de salarios. El
encarecimiento de productos básicos como el pan, el arroz y los combustibles dio lugar a un
empeoramiento de las condiciones de vida de buena parte de la población. Como consecuencia
de ellos asistimos a un crecimiento imparable del conflicto social, evidenciado en las protestas
encabezadas por las organizaciones obreras que desembocaron en la huelga general
revolucionaria que tuvo lugar el verano de 1917.

Por otra parte, la Revolución Rusa despertó un gran entusiasmo en las organizaciones obreras
españolas, de tal manera que en 1919 tanto el PSOE como la CNT se pronunciaron por la
incorporación en la recién creada Internacional Comunista. Muy pronto, sin embargo, se puso de
manifiesto la incompatibilidad entre la cultura política bolchevique y la de las dos grandes
corrientes del obrerismo revolucionario español, que no tardaron en rechazar el modelo de
dictadura establecido en Rusia. Solamente un sector muy minoritario de la militancia obrera se
incorporó al nuevo Partido Comunista de España.
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HISTORIA DE ESPAÑA

4.4. Explica los factores de la evolución demográfica de España en el primer tercio del siglo
XX.

Durante el primer tercio del s. XX, España va a vivir la transición demográfica, un fenómeno
común a todos los países que experimentaron un proceso de industrialización. Este cambio
demográfico, iniciado en las últimas décadas del s. XIX, se caracterizó por el descenso, primero
de la tasa de mortalidad, y posteriormente, de la de natalidad. Se iniciaba así el ciclo demográfico
moderno.

La tasa de mortalidad inició un descenso desde las últimas décadas del s. XIX como resultado
de la mejora de la alimentación y de las infraestructuras higiénico-sanitarias. La mortalidad
infantil experimentó también un notable retroceso, y como consecuencia de ello aumentó
considerablemente la esperanza de vida.

El descenso de la natalidad a partir de la segunda década del s. XX, fue consecuencia de unos
mayores niveles de urbanización y de racionalidad en la planificación familiar.

Como resultado de la evolución de estas variables, la población española creció


considerablemente, pasando de 18,5 millones de habitantes en 1900 a 23,5 millones en 1930.
No obstante, la modernización de la demografía española tuvo un retraso considerable en
comparación con la de otros países europeos y no llegaría a completarse hasta la segunda mitad
del s. XX.

Con respecto a los movimientos migratorios, la emigración española alcanzó un máximo sin
precedentes entre 1900-1914. Sus causas hay que buscarlas en una economía en la que el empleo
crecía menos que la población, y en la mejora de la navegación que acortó la travesía del
Atlántico, y es que la mayoría de emigrantes eran hombres jóvenes en edad productiva que
partieron con destino a América Latina.

A partir de 1914 se ralentizó la emigración exterior y se produjo una expansión de las


migraciones interiores, que comportaron una redistribución regional de la población española.
Madrid, Barcelona, Bilbao y Sevilla se convirtieron en los polos de atracción de emigrantes, que
procedían de regiones eminentemente rurales (Castilla, Aragón, Murcia y las provincias
orientales de Andalucía).

Estas migraciones interiores comportaron la intensificación de la urbanización iniciada en la


segunda mitad del siglo XIX, con la consiguiente pérdida de peso de los núcleos rurales. Así, las
grandes ciudades ya mencionadas incrementaron notablemente su población. Otros núcleos
urbanos conocieron también un espectacular crecimiento de su población al convertirse en
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importantes centros industriales o mineros. Es el caso de Baracaldo y Sestao en el País Vasco,


Sama de Langreo y Mieres en Asturias, y Sabadell y Badalona en Cataluña.

En líneas generales, el proceso de urbanización de la población española resultó bastante


más lento que el de otros países de Europa occidental.

4.5. Analiza las causas, principales hechos y consecuencias de la intervención de España en


Marruecos entre 1904 y 1927.

A partir de 1900, España consolidó su penetración el norte de África. La Conferencia de


Algeciras (1906), a la que acudieron diversos países europeos, y el posterior Tratado
hispanofrancés (1912), establecieron un protectorado francoespañol en la zona de Marruecos.
A España le correspondió el territorio de El Rif, una zona montañosa del norte, con la obligación
de pacificarlo y organizarlo. El interés español por esta región venía estimulado por los posibles
beneficios económicos, pero sobre todo por el deseo de restaurar el prestigio del ejército,
hundido tras el desastre de Cuba, y conseguir que España se convirtiera de nuevo en una potencia
colonial.

La presencia española en esta área estuvo contestada por los continuos ataques de rifeños,
organizados en cabilas. En 1909, los rifeños infligieron una importante derrota a las tropas
españolas en el Barranco del Lobo, ocasionando numerosas bajas. Se decidió entonces aumentar
el número de soldados en el Rif con reservistas, muchos de ellos casados y con hijos, y se dispuso
que partieran algunos regimientos desde Barcelona, lo cual provocó un importante movimiento
de protesta.

La movilización contra la guerra se inició en el puerto de Barcelona el día 18 de julio de 1909,


durante el embarque de tropas hacia Marruecos. El día 24 se constituyó un comité de huelga,
con la participación de republicanos, socialistas y anarquistas, que hizo un llamamiento a la
huelga general para el día 26. Pero esta huelga derivó en una revuelta popular que desbordó el
objetivo inicial de protesta contra la guerra de Marruecos y acabó siendo un estallido espontáneo
de todas las tensiones sociales acumuladas.

Los incidentes en la calle se multiplicaron, se levantaron barricadas, se produjeron


enfrentamientos con las fuerzas del orden público y, finalmente, explotó un fuerte sentimiento
anticlerical que desembocó en el ataque e incendio de más de 80 centros religiosos. Las
autoridades respondieron declarando el Estado de guerra y enviando refuerzos para reprimir las
manifestaciones. El elevado número de muertos y heridos radicalizó el movimiento
insurreccional, pero la falta de dirección y coordinación política derivó en la acción incontrolada
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Hoja: 6
HISTORIA DE ESPAÑA

de los grupos que actuaban indiscriminadamente. Los sucesos violentos fueron controlados el 2
de agosto.

La represión posterior fue muy dura por parte del gobierno de Maura. Se celebraron 216
Consejos de Guerra que afectaron a 1700 personas y se dictaron 17 condenas a muerte, de las
cuales sólo se ejecutaron cinco. Entre éstas figuraba la de Francisco Ferrer Guardia, un pedagogo
anarquista fundador de la Escuela Moderna. La Represión de la Semana Trágica levantó una
oleada de protestas y el gobierno conservador de Maura tuvo que enfrentarse a duras críticas.
La oposición a Maura, apoyada por las campañas internacionales de denuncia de la represión,
bajo la fórmula común “¡Maura, no!”, consiguió que Alfonso XIII disolviera las Cortes y traspasara
el gobierno a los liberales.

Al comenzar la década de 1920, en la zona oriental del protectorado de Marruecos, en torno


a Melilla, las tribus rifeñas hostigaban al ejército español de forma permanente. En 1921 se
intentaron varias operaciones con el fin de controlar a los rebeldes, y para dirigir el ejército de la
zona se nombró al general Manuel Fernández Silvestre, partidario de atacar las cabilas rifeñas.
El general inició una ofensiva hacia el interior del territorio que acabó en un verdadero desastre.
El ejército fue derrotado en Annual ante los rifeños comandados por Abd el-Krim. Con esta
derrota se perdió todo el territorio ocupado y se produjeron unas 13000 bajas, incluida la de
Silvestre.

En 1923, con gobiernos inestables y una grave tensión social, el anuncio de que sería discutido
en el Parlamento el caso de Annual y de que se iban a pedir responsabilidades que podrían
implicar al propio monarca movilizó a sectores del ejército y de la derecha, que desde hacía
tiempo veían la solución a la crisis en una dictadura militar.

Durante la primera etapa de la Dictadura (Directorio Militar), Primo de Rivera asumió


personalmente el Alto Comisionado de Marruecos (1924) Al año siguiente, en colaboración con
Francia, se organizó el desembarco de Alhucemas (1925), que se saldó con gran éxito. Tras varias
derrotas, Abd el-Krim se rindió y el ejército español dio por concluida la ocupación efectiva de
todo el protectorado en Marruecos (1927).

4.6. Analiza la crisis general de 1917: sus causas, manifestaciones y consecuencias.

En España, la coincidencia entre las graves dificultades del sistema político de la Restauración,
el descontento militar y la conflictividad social provocaron una protesta generalizada de carácter
antigubernamental.
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HISTORIA DE ESPAÑA

El ejército español, como consecuencia de las guerras coloniales, presentaba un número


excesivo de oficiales en relación al de soldados. El hecho de que los ascensos se obtuvieran
mayoritariamente por méritos de guerra, lo cual beneficiaba a los militares africanistas en
detrimento de los peninsulares, agravaba la situación. El fuerte descontento entre los oficiales
de baja y media graduación desembocó en la formación de las llamadas Juntas de Defensa,
asociaciones de militares que se extendieron por la mayoría de las guarniciones peninsulares.
Estas Juntas reclamaban un aumento salarial y se oponían a los ascensos por méritos de guerra,
reivindicando la antigüedad como único criterio. El Manifiesto de junio de 1917 culpaba al
gobierno de los males del ejército y del país, y hacía un llamamiento a la renovación política
utilizando un lenguaje regeneracionista. El gobierno cedió a las demandas de las Juntas.

El gobierno conservador de Eduardo Dato (conservador) había sido sustituido, en 1916, por
un gabinete liberal presidido por el Conde de Romanones (liberal), quien decidió cerrar las Cortes
en julio de 1916. En abril de 1917 Dato volvió a ocupar la jefatura de gobierno y, a mediados del
mes de junio, una representación de diputados de la oposición (nacionalistas, republicanos, etc.)
reclamó al gobierno la reapertura de las Cortes. El gobierno se negó a esta petición, declaró el
estado de excepción y aumentó la censura en la prensa.

La Lliga Regionalista organizó en Barcelona una Asamblea de Parlamentarios catalanes que


exigió la formación de un gobierno provisional que convocase Cortes constituyentes para
reformar el sistema político. La Asamblea convocó una reunión de todos los diputados y
senadores españoles pero sólo acudieron catalanistas, republicanos y socialistas. El gobierno
prohibió la convocatoria, pero acabo celebrándose el 19 de julio, y fue disuelta finalmente por la
Guardia Civil. Este movimiento desapareció sin haber conseguido la reforma constitucional.

En 1917 las centrales sindicales CNT (Confederación Nacional del Trabajo) y UGT (Unión
General de Trabajadores) acordaron firmar un manifiesto en el que se instaba al gobierno a
intervenir para contener los precios bajo la amenaza de convocar una huelga general. La tensión
estalló en agosto de 1917 cuando, a raíz de un conflicto ferroviario en Valencia, la UGT y el PSOE
decidieron llamar a la Huelga General. La protesta adquirió un carácter político y revolucionario
porque las fuerzas obreras convocantes reclamaban el fin de la monarquía, la formación de un
gobierno provisional que convocara Cortes constituyentes y el paso a un sistema republicano. Se
produjeron incidentes importantes en ciudades como Madrid, Barcelona, País Vasco y Asturias,
donde se llegó a paralizar la vida ciudadana. La reacción del gobierno fue básicamente represiva:
se declaró la Ley Marcial y se envió al ejército a aplacar el movimiento (más de setenta muertos,
dos centenares de heridos y unos dos mil detenidos). La huelga general fracasó pero tuvo unas
enormes consecuencias, pues debilitó aún más el régimen, que demostró su brutalidad, y
radicalizó a la oposición. En los años siguientes, el sistema político de la Restauración entró en su
crisis definitiva.
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Hoja: 8
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4.7. Describe la evolución de la Dictadura de Primo de Rivera, desde el Directorio Militar al


Directorio Civil y su final.

La dictadura de Primo de Rivera atravesó dos fases sucesivas. Hasta 1925 gobernó el
Directorio Militar (sustituyendo al gobierno), integrado por los capitanes generales de las
regiones militares y presidido por Primo de Rivera. El directorio no era sino un órgano asesor. El
dictador concentraba toda la capacidad ejecutiva y la relación con el monarca. La única exigencia
era que todos los decretos y leyes que fueran firmados por el dictador debían ser refrendados
por el rey.

Las primeras medidas del Directorio Militar mostraron su carácter dictatorial: suspensión del
régimen constitucional, disolución de las cámaras legislativas, cese de las autoridades civiles,
prohibición de las actividades de los partidos políticos y de los sindicatos, etc. Todo ello fue
acompañado por la militarización del orden público y por una represión del obrerismo más
radical (cenetistas y comunistas). Asimismo, como una de las intenciones del dictador era
eliminar el caciquismo, se elaboró un Estatuto Municipal y otro Provincial. También se
disolvieron los ayuntamientos, que fueron sustituidos por juntas de vocales integradas por los
mayores contribuyentes de cada localidad y nombradas a través de los gobernadores civiles.
Primo de Rivera disolvió la Mancomunidad de Cataluña y prohibió las manifestaciones públicas
de los símbolos nacionalistas, como el uso de la lengua y las banderas catalanas. Al final, la
regeneración del sistema prometida quedó solo en una gran farsa, ya que se suspendieron todos
los mecanismos electorales.

Durante la primera etapa de la dictadura, el conflicto de Marruecos centró el interés de Primo


de Rivera, que asumió personalmente el Alto Comisionado de Marruecos en 1924. Al año
siguiente, en colaboración con Francia, se organizó el desembarco de Alhucemas (1925), que se
saldó con gran éxito. Tras varias derrotas, Abd el-Krim se rindió y el ejército español dio por
concluida la ocupación efectiva de todo el protectorado en Marruecos (1927).

En 1925 el gobierno dictatorial, una vez restablecido el Consejo de Ministros, incluyó entre
sus ministros a personalidades civiles como José Calvo Sotelo en el Ministerio de Hacienda y
Eduardo Aunós en el de Trabajo. Se pasó entonces al Directorio Civil, aunque el peso de los
militares continuó siendo importante y el carácter del régimen no abandonó su estilo autoritario.
A partir de 1926 se fue abandonando la idea de una dictadura transitoria y Primo de Rivera
intentó institucionalizar su régimen para darle continuidad y permanencia. El camino hacia el
régimen autoritario comenzó con la convocatoria de una Asamblea Nacional Consultiva (1927),
cuyos miembros no serían elegidos por sufragio sino por designación entre ciudadanos
pertenecientes a las grandes instituciones públicas (municipios, universidades, administraciones,
patronales y representantes obreros). El sufragio universal quedó relegado al olvido.
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Hoja: 9
HISTORIA DE ESPAÑA

Para promover la adhesión al nuevo sistema se creó un partido único, que se llamó Unión
Patriótica (1924). Se trataba de un partido gubernamental cuya misión era la de proporcionar
apoyo social a la dictadura y seguir las directrices del poder. Los afiliados al nuevo partido
procedían básicamente de las filas del catolicismo, de los funcionarios de las administraciones y
de las personas influyentes en los municipios. También se reactivó la antigua institución del
Somatén (ciudadanos armados voluntarios) para colaborar en el mantenimiento del orden
público y el control social.

La creciente oposición al dictador se intensificó cuando el rey y su camarilla se convencieron


de que la dictadura era un peligro para la permanencia de la monarquía. En esta tesitura, el rey
optó por retirar su confianza a Primo de Rivera, quien acabó dimitiendo el 30 de enero de 1930.

El general Dámaso Berenguer fue el encargado de sustituirle, con la misión de celebrar unas
elecciones que permitieran retornar a la normalidad constitucional (dictablanda). La oposición
comenzó a organizarse y los republicanos, los catalanistas de izquierda y el PSOE acordaron la
firma conjunta del Pacto de San Sebastián (agosto de 1930), un programa para presentarse a las
elecciones y constituir un comité revolucionario que debería convertirse en el gobierno
provisional de la futura República. Berenguer fue incapaz de preparar las elecciones y, en febrero
de 1931, fue sustituido por un gobierno presidido por el almirante Juan Bautista Aznar, que puso
en marcha unos comicios en los tres niveles establecidos: municipales, provinciales
(diputaciones) y legislativos. El gobierno decidió convocar en primer lugar las elecciones
municipales, al considerarlas las menos peligrosas para la monarquía, y las fijó para el 12 de abril
de 1931. Se intentaba volver a la normalidad como si nada hubiese sucedido, pero Alfonso XIII se
había comprometido excesivamente con la dictadura y las elecciones se presentaron como un
plebiscito a favor o en contra de la monarquía. Al vencer las candidaturas republicanas en la
mayoría de los núcleos urbanos del país, Alfonso XIII renunció a la Corona y abandonó el país.
El comité revolucionario se convirtió en gobierno provisional y proclamó la Segunda República
el 14 de abril, en medio del entusiasmo popular.

4.8. Explica las causas que llevaron a la proclamación de la Segunda República y relaciona
sus dificultades con la crisis económica mundial de los años treinta.

El resultado de las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 dio la victoria a las fuerzas
republicanas en la mayoría de las grandes ciudades, y adquirió de este modo un carácter de
plebiscito contra la monarquía. Ante esta situación, el rey Alfonso XIII renunció a la Corona,
abandonó España y el 14 de abril se proclamó la Segunda República.

El nuevo régimen se mostraba, a los ojos de gran parte de la población española, como una
oportunidad para democratizar y modernizar el Estado mediante un amplio programa de
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Hoja: 10
HISTORIA DE ESPAÑA

reformas económicas y sociales. La proclamación de la República despertó entre las clases


populares grandes esperanzas de cambios en la distribución de la renta y la riqueza. Pero también
provocó temor y desconfianza entre los propietarios de la tierra y los empresarios, cuyas
inversiones eran decisivas para el aumento de la producción y el empleo.

La llegada de la República coincidió con la fase más grave de la depresión económica mundial,
iniciada con el hundimiento de la Bolsa de Nueva York en octubre de 1929. Esta crisis incidió de
manera más débil en la economía española que en otros países occidentales debido a la reducida
relación de nuestra economía con el mercado internacional. No obstante, esta crisis mundial se
tradujo en una paralización de la emigración a América, que constituía una válvula de escape
ante el paro registrado en regiones como Galicia o Andalucía.

La crisis internacional agravó durante la etapa republicana los problemas internos de la


economía española: paro agrícola, reparto desigual de la tierra… A estos problemas crónicos se
sumaron los derivados de la política económica del gobierno republicano. Así, el aumento
generalizado de los salarios industriales y agrícolas que decretó el gobierno del primer bienio no
se correspondió con el crecimiento de la productividad e hizo descender los beneficios
empresariales. Como consecuencia de ello, aumentó el descontento y la desconfianza del
empresariado industrial, dando lugar a un hundimiento espectacular de la inversión privada.

Por otra parte, el gobierno optó por una política orientada a disminuir el gasto público para
reducir el déficit heredado de la dictadura de Primo de Rivera, pero la disminución de la inversión
pública tuvo repercusiones desastrosas sobre el sector siderúrgico, y los destinados a la
construcción de maquinaria y construcción naval, al reducirse simultáneamente la inversión
pública y la privada.

4.9. Diferencia las fuerzas de apoyo y oposición a la República en sus comienzos, y describe
sus razones y principales actuaciones.

La etapa republicana va a inaugurar un periodo de gran actividad de las formaciones políticas


y sindicales. Entre los grupos políticos de la izquierda destacaron dos partidos republicanos de
ámbito estatal: los Radicales-socialistas, con cierta implantación entre las masas medias e
intelectuales, y Acción Republicana, que contaba con personalidades como Manuel Azaña. En el
ámbito regional encontramos a la Organización Republicana Autonomista Gallega (ORGA), y a
Esquerra Republicana de Catalunya. El partido más sólido y estructurado en la izquierda era el
Partido Socialista Obrero Español (PSOE), con hombres como Indalecio Prieto, Julián Besteiro y
Francisco Largo Caballero, secretario general de la UGT. Más a la izquierda destacó el Partido
Comunista de España (PCE), que creció rápidamente entre el movimiento obrero y campesino, y
el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista). Entre el sindicalismo anarquista encontramos
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Hoja: 11
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la CNT, que en 1936 contaba con un millón de afiliados. En esta central sindical se enfrentaron
dos corrientes: por una parte los trentistas, que defendían una orientación más moderada, y por
otra, la Federación Anarquista Ibérica (FAI), partidaria de la vía insurreccional y armada. Esta
última estaba dirigida por líderes como B. Durruti.

Existían algunas formaciones republicanas de centro-derecha que contribuyeron al


advenimiento de la República, como el Partido Radical de Alejandro Lerroux, o la Derecha Liberal
Republicana, de Niceto Alcalá Zamora. Estos grupos derivaron hacia posiciones conservadoras
contrarias a las reformas del gobierno republicano.

El gran partido de la derecha católica y conservadora fue la Confederación Española de


Derechas Autónomas (CEDA), un poderoso grupo político dirigido por José María Gil Robles que
defendía la propiedad agraria y el tradicional peso de la Iglesia y del ejército. Los grupos
conservadores en Cataluña estaban representados por la Lliga Regionalista y por el Partido
Nacionalista Vasco en el País Vasco. Con una ideología nacionalsocialista y fascista se crearon
en 1931 las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS), unidas más adelante a Falange
Española, partido fundado por José Antonio Primo de Rivera en 1933. Presentaban una ideología
antidemocrática y una defensa a ultranza del nacionalismo español.

4.10. Especifica las características esenciales de la Constitución de 1931.

El gobierno provisional de la Segunda República convocó inmediatamente elecciones a


Cortes constituyentes para el día 28 de junio. Las elecciones generales del 28 de junio tuvieron
una alta participación (70, 14%) de la población. La victoria fue a la coalición republicano-
socialista, que obtuvo 250 diputados sobre los 464 que componían el Congreso.

Los diputados electos formaron las nuevas Cortes republicanas, y el ejecutivo quedó en
manos de la coalición vencedora, que ratificó en sus cargos al jefe del gobierno, Niceto Alcalá
Zamora, y a los ministros del gobierno provisional. Las Cortes nombraron de forma inmediata
una comisión encargada de elaborar un proyecto de constitución, que fue aprobado en diciembre
de 1931, después de intensos debates. La Constitución de 1931 fue muy avanzada para su
tiempo. Tenía un marcado carácter democrático y progresista, elaborando lo siguientes
principios:

 El Estado se configuraba de forma integral, pero se aceptaba la posibilidad de constituir


gobiernos autonómicos en algunas regiones.

 El poder legislativo residía plenamente en las Cortes, constituidas por una sola cámara con
grandes atribuciones. El poder ejecutivo recaía en el gobierno, formado por el Consejo de
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Ministros y el jefe de gobierno, así como en el presidente de la República (jefe de Estado). El


poder judicial se confiaba a unos jueces independientes.

 Se reconocía una amplia declaración de derechos y libertades, y existía una preocupación


por los temas sociales. Se garantizaba la igualdad absoluta ante la ley, la educación y el
trabajo y la no discriminación por razón de origen, sexo o riqueza. Se reconocía la facultad
del gobierno para expropiar bienes de utilidad social. Se establecía el voto desde los 23 años
y, por primera vez, se concedía el voto a las mujeres. Por último, se hacía una clara afirmación
de la laicidad del Estado, al no declarar ninguna religión como oficial y al reconocer el
matrimonio civil y el divorcio.

La Constitución no consiguió el consenso de todas las fuerzas políticas, y aunque fue


aprobada por amplia mayoría, existían profundas discrepancias entre la izquierda y la derecha,
sobre todo en lo referente a la cuestión religiosa y autonómica. La aprobación de los artículos
religiosos de la Constitución provocó la dimisión de los sectores católicos del gobierno, por lo
cual Manuel Azaña (AR) sustituyó en la jefatura del gobierno a Niceto Alcalá Zamora (DLR), y
éste pasó a ser presidente de la República.

4.11. Resume las reformas impulsadas durante el Bienio Reformista de la República.

Entre diciembre de 1931 y septiembre de 1933, el gobierno presidido por Manuel Azaña
impulsó un programa de reformas con el objetivo de modernizar y democratizar la sociedad
española.

Uno de los primeros objetivos fue limitar la influencia de la Iglesia y secularizar la sociedad
española. Estas intenciones se plasmaron en la Constitución, que defendía la no confesionalidad
del Estado. Debido al temor a la influencia de las órdenes religiosas, sobre todo en educación, se
promulgó la Ley De Congregaciones (1933), que limitó la posesión de bienes a las órdenes
religiosas y previó la posibilidad de su disolución en caso de peligro para el Estado. El
enfrentamiento más grave se produjo con los jesuitas, siendo disuelta la Compañía de Jesús y sus
bienes nacionalizados.

El gobierno impulsó una reforma militar que pretendía crear un ejército profesional y
democrático. Para ello se creyó necesario reducir los efectivos militares, asegurar su obediencia
al poder civil y terminar con la intervención del ejército en la vida pública. Con esta finalidad se
promulgó la Ley de Retiro de la Oficialidad (1931), que establecía que todos los oficiales en activo
debían prometer su adhesión a la República, pero se les daba la posibilidad de retirarse con el
sueldo íntegro si así lo deseaban. Posteriormente se creó la Guardia de Asalto, una fuerza de
orden público fiel a la República.
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La reforma agraria fue el proyecto de mayor envergadura iniciado en la República. La


verdadera reforma consistía en la elaboración de una Ley de Reforma Agraria (1932), que
pretendía la modernización de la agricultura. La ley permitía la expropiación sin indemnización
de las tierras de una parte de la nobleza. Mientras las cultivadas deficientemente se podían
expropiar indemnizando a sus propietarios. La aplicación de esta ley se encomendó al Instituto
de la Reforma Agraria (IRA), que indemnizaba a los propietarios expropiados y se encargaba de
facilitar los asentamientos de familias campesinas.

En cuanto al tema autonómico en Cataluña, el 14 de abril de 1931, Francesc Macià había


proclamado la República Catalana. La negociación entre el gobierno provisional de la República
y los dirigentes políticos catalanes permitió la anulación de esta decisión, a cambio de la
formación de un gobierno autonómico provisional (Generalitat), cuya tarea sería la elaboración
de un Estatuto de Autonomía (Estatuto de Nuria). Azaña lo aprobó finalmente en septiembre de
1932. El régimen autonómico catalán contaba con un gobierno y un parlamento propios con
competencias en materias económica, social, educativa y cultural, y se reconocía la cooficialidad
del catalán. Las primeras elecciones legislativas dieron la victoria a Esquerra Republicana y F.
Macià fue elegido presidente de la Generalitat.

Otra reforma importante fue la de la enseñanza. El objetivo primordial era promover una
educación liberal y laica y hacer del Estado el garante del derecho a la educación extendido a
toda la población. Se crearon 10.000 escuelas y 7.000 plazas para maestros. Se intentó acabar
con la hegemonía de la enseñanza religiosa y se adoptó un modelo de escuela mixta, laica,
obligatoria y gratuita. Se promovieron campañas culturales destinadas a los sectores más
humildes. Las Misiones Pedagógicas, formadas por grupos ambulantes de estudiantes,
profesores e intelectuales, llevaban a las zonas rurales actividades culturales como el grupo de
teatro La Barraca, organizado por Federico García Lorca.

Las reformas republicanas y la conflictividad social disgustaron a las elites económicas


sociales e ideológicas. Haciéndose eco de este malestar, el general Sanjurjo protagonizó un golpe
de Estado (agosto 1932), con la intención de forzar un cambio de la República hacia la derecha,
pero fracasó.

4.12. Describe las causas, desarrollo y consecuencias de la Revolución de Asturias de 1934.

El viraje conservador y la obstrucción de las reformas impulsadas por el bienio de izquierdas


durante el Bienio Conservador o Bienio Negro (1933-193), tuvieron como consecuencia una
radicalización del PSOE, cuyo sector más izquierdista declaró, junto a los anarquistas, una guerra
abierta contra el nuevo gobierno, que se materializó en la proliferación de huelgas y
manifestaciones.
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Ante esta situación, la CEDA endureció su posición y reclamó una acción más contundente en
materia de orden público, exigiendo participar directamente en el gobierno bajo la amenaza de
retirar su apoyo parlamentario. El jefe del gobierno, Lerroux, accedió a esas peticiones y el 5 de
octubre otorgó tres carteras ministeriales a la CEDA.

La izquierda interpretó la entrada de la CEDA en el gobierno como una deriva hacia el


fascismo. Al día siguiente, por iniciativa de la UGT, y con escasa participación de la CNT se
produjeron huelgas y manifestaciones en algunas grandes ciudades para defender las reformas
sociales, amenazadas por la acción del nuevo gobierno. El movimiento fracasó a nivel nacional
por la falta de coordinación y la contundente respuesta del gobierno, que decretó el estado de
guerra, pero los acontecimientos fueron especialmente graves en Asturias y Cataluña.

En Asturias, los mineros protagonizaron una revolución social, fruto del acuerdo previo entre
anarquistas, socialistas y comunistas. Columnas de mineros armados ocuparon los pueblos de las
cuencas y tomaron gran parte de los cuarteles de la Guardia Civil. Asimismo, sustituyeron los
ayuntamientos por comités revolucionarios, que asumieron el abastecimiento de alimentos, el
funcionamiento de los transportes y el suministro de agua y electricidad. Los mineros sitiaron
Oviedo dispuestos a defender la revolución y se enfrentaron a las fuerzas del orden. El gobierno
envió desde África a la Legión y los regulares para reprimir el levantamiento. Estas fuerzas
desembarcaron el día 10 en el puerto de Gijón al mando del general Yagüe. A ellas se sumarían
las tropas que entraron desde Galicia comandadas por general López Ochoa, si bien toda la
operación estuvo dirigida desde Madrid por el general Franco.

Oviedo fue la ciudad más castigada durante esta revolución. La Cámara Santa fue volada el
día 11 y dos días después los revolucionarios atacaron y destruyeron otros edificios, como el de
la Universidad, que perdió su valiosa biblioteca. En cambio, fueron las fuerzas gubernamentales
quienes quemaron el Teatro Campoamor.

Trascurridas dos semanas desde los inicios de la revolución, la resistencia fue finalmente
derrotada. El acuerdo para negociar la rendición establecía que no entrasen las tropas africanas
en las cuencas. La represión fue durísima, computándose más de 1000 mineros muertos, 2000
heridos y unos 5000 detenidos.
En Cataluña, la revuelta tuvo un carácter más político. Contó con el respaldo del presidente
de la Generalitat, Lluis Companys, que pretendía evitar la entrada de la CEDA en el gobierno por
su carácter antiautonómico. Por ello, el 6 de octubre proclamó la República catalana, dentro de
la República española. . Se declaró el estado de guerra y el ejército, al mando del general Batet,
ocupó la Generalitat. Hubo 3500 detenidos, entre ellos todos los miembros del gobierno catalán
y del Ayuntamiento de Barcelona. Su principal consecuencia fue la suspensión del Estatuto de
Autonomía de Cataluña.
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4.13. Explica las causas de la formación del Frente Popular y las actuaciones tras su triunfo
electoral hasta el comienzo de la guerra.

Para presentarse a las elecciones, los partidos de izquierda (republicanos, socialistas y


comunistas) se agruparon en el Frente Popular, una coalición electoral basada en un programa
común, que defendían la concesión de un amnistía para los encarcelados por la revolución de
octubre de 1934, la reintegración en cargos y puestos de trabajo para los represaliados por
razones políticas y la aplicación de la legislación reformista suspendida por la coalición radical-
cedista. Los partidos de derecha formaron distintas coaliciones, constituidas por la CEDA y por
los monárquicos y tradicionalistas (Bloque Nacional), pero no lograron confeccionar una
candidatura única.

En las elecciones, el Frente Popular obtuvo el 48% de los votos y se convirtió en la fuerza
ganadora. Las derechas obtuvieron el 46% y las fuerzas de centro sólo el 5,4%. De acuerdo con
lo firmado en el programa del Frente Popular, el nuevo gobierno quedó formado exclusivamente
por republicanos (Izquierda republicana y Unión Republicana), mientras que los socialistas y el
resto de partidos de la coalición se comprometieron a prestarles apoyo parlamentario. Manuel
Azaña fue nombrado presidente de la República y Casares Quiroga, jefe de gobierno.

El nuevo gobierno puso rápidamente en marcha su programa. Se decretó una amnistía y


fueron excarcelados unos 30.000 presos políticos. Se obligaron a las empresas a readmitir a
obreros despedidos a raíz de la huelga de octubre de 1934. El gobierno de la Generalitat volvió
de nuevo al poder y se restableció el Estatuto de Autonomía de Cataluña, y en el País Vasco y
Galicia se iniciaron las negociaciones para la aprobación de sus respectivos estatutos. El nuevo
gobierno aceleró la reforma agraria, reanudándose el asentamiento de campesinos.

Esperanzados con las nuevas perspectivas de cambio, los partidos de izquierda y los
sindicatos se lanzaron a una movilización popular. En las ciudades se convocaron huelgas para
pedir la mejora de las condiciones laborales; en el campo, especialmente en Andalucía y
Extremadura, los jornaleros se adelantaban a la legislación y ocupaban las tierras.

La nueva situación fue recibida por las derechas con absoluto rechazo. Muchos propietarios
de tierras se opusieron a las medidas del gobierno; algunos empresarios industriales cerraron
fábricas y expatriaron capitales y la Iglesia volvió a lanzar campañas contra la República. Falange
española asumió un fuerte protagonismo y fomentó un clima de enfrentamiento civil y
crispación política. Grupos de falangistas formaron patrullas armadas que iniciaron acciones
violentas contra los líderes izquierdistas, respondidas del mismo modo por lo militantes más
radicales de la izquierda. La creación de un clima de violencia era una estrategia que favorecía a
los sectores decididos a organizar un golpe de Estado militar contra la República.
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4.14. Relaciona la Guerra Civil española con el contexto internacional.

Tanto los sublevados como el gobierno legítimo de la República, recurrieron al exterior para
buscar apoyos. Los sublevados enviaron agentes a los países fascistas con el fin de pedir ayuda.
Por su parte, el gobierno de la República pidió colaboración militar a Francia. Gran Bretaña
defendía una política de apaciguamiento ante la Alemania nazi y comunicó a Francia que si
intervenía en España ayudando a la República no apoyaría la política internacional francesa ante
la amenaza de Hitler. Francia se plegó a estas exigencias e impulsó la creación de un Comité de
No Intervención con sede en Londres.

La existencia del Comité De No Intervención no impidió que lo bandos recibiesen ayuda del
exterior. De este modo, el gobierno de Largo Caballero decidió enviar a la Unión Soviética, en
octubre de 1936, las reservas de oro del Banco de España para hacer frente al pago de las armas
compradas por la República a aquel país. Los consejeros militares soviéticos desempeñaron un
papel destacado en la organización táctica de la guerra, así como sus consejeros políticos, que
ejercieron su influjo a través, sobre todo, del Partido Comunista.

En el bando republicano, las Brigadas Internacionales prestaron una gran ayuda en tropas a
la República. Fruto de un verdadero movimiento de solidaridad antifascista, más de 60 000
brigadistas llegados de todo el mundo, tuvieron una importante función en la defensa de Madrid
y en los diferentes campos de batalla. En su articulación resultaron esenciales las organizaciones
comunistas internacionales, como el Komintern. Entre los brigadistas había voluntarios
procedentes de Europa y América, que en su mayoría era de ideología progresista o de izquierdas
(demócratas, socialistas, anarquistas y comunistas).

En el bando sublevado fueron, sin embargo, los más favorecidos por el apoyo extranjero. La
ayuda alemana e italiana en armas (aviones, carros de combate, artillería, fusiles, municiones)
fue la más importante. Alemania envió a su aviación, la Legión Cóndor, y se sirvió de la guerra
de España para probar algunas de sus nuevas armas. Cobró su ayuda con la entrega de minerales
y otros productos. El apoyo italiano consistió en el envío de una gran unidad, el Corpo Truppe
Volontarie, aunque también fue importante la ayuda armamentística. Con las tropas de los
sublevados combatieron también contingentes de voluntarios portugueses, irlandeses y de
otras nacionalidades, en muchos casos afines al fascismo o de ideología católico-conservadora.

4.15. Compara la evolución política y la situación económica de los dos bandos durante la
guerra.
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El 19 de julio, Casares Quiroga fue sustituido como jefe de gobierno por José Giral, quien
decidió entregar armas a las milicias de los sindicatos y de los partidos del Frente Popular.
Igualmente, parte del ejército y de las fuerzas de seguridad se mantuvieron fieles al gobierno, y
fue posible sofocar el levantamiento en buena parte de España.

El día 5 de septiembre de 1936, el presidente Azaña encargó formar gobierno a Francisco


Largo Caballero, líder socialista de la UGT, quien formó un gabinete de amplísima coalición que
integraba desde nacionalistas vascos y catalanes, pasando por los partidos republicanos, el PSOE
y el Partido Comunista. A comienzos de noviembre se integraron en el gobierno cuatro ministros
anarquistas. Al mismo tiempo, el gobierno de la República decidió trasladarse a Valencia ante
el inminente ataque a Madrid por parte de los sublevados. El proyecto de Largo Caballero era
crear una “gran alianza antifascista”, recomponer el poder del Estado, mediante la eliminación
de juntas y comités, y dirigir la guerra, a través de la militarización de las milicias de los partidos
y creando el Ejército Popular.

Creció mucho la influencia del PCE, cuya política buscaba la alianza del proletariado con los
sectores de la burguesía media, pequeños empresarios y campesinos, con el lema de “primero
ganar la guerra”. Los problemas que debilitaron definitivamente el gobierno de Largo Caballero
estallaron en Barcelona a principios de mayo de 1937 (Hechos de Mayo).

En mayo de 1937 Largo Caballero dimitió y el presidente de la República, Manuel Azaña,


encargó la formación del gobierno al socialista Juan Negrín, proclive a las tesis del PCE, que
apostaba por la ayuda de la URSS. La sede del gobierno se trasladó de Valencia a Barcelona.

Ante la dificultad de frenar las tropas franquistas, el gobierno, sin cesar el esfuerzo militar y
la resistencia a ultranza, intentó buscar una salida negociada a la guerra. Para ello Negrín propuso
su programa de los Trece Puntos (abril de 1938), en los que proponía el cese de la lucha armada,
la permanencia de la República y la apertura de un proceso de elecciones democráticas. Sin
embargo, Franco solo aceptaría una rendición sin condiciones.

A partir de la primavera de 1938, la vida era ya sumamente difícil en el territorio republicano.


Negrín, con casi la única ayuda de los comunistas, insistía en la necesidad de la resistencia militar.
La pérdida de Cataluña entre enero y febrero de 1939 significó el exilio para el gobierno de la
República. Un sector del bando republicano, en el que se encontraba el coronel Casado y el
socialista Julián Besteiro, se inclinó por la rendición a Franco. Esto llevaría a combates internos
en Madrid y al hundimiento de la resistencia en el centro.

En la zona sublevada, la muerte del general Sanjurjo, en accidente de aviación, el día 20 de


julio de 1936, mientras se dirigía a Burgos para dirigir la rebelión, planteó el problema del
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liderazgo en el territorio nacional. EL 24 de julio se creó en Burgos la Junta de Defensa Nacional,


al mando del general Miguel Cabanellas, con la misión de gobernar todo el territorio ocupado.

El liderazgo de Franco se impuso, sobre todo, después de liberar el Alcázar de Toledo y de


conseguir que Hitler y Mussolini lo reconociera como único interlocutor válido para negociar su
apoyo a la sublevación. El día 30 de septiembre los militares lo eligieron jefe del Alzamiento. El
1 de octubre de 1936 se publicó el decreto que lo nombraba Jefe del gobierno del Estado y
Generalísimo de los Ejércitos españoles.

Los sublevados habían prohibido, en el territorio que controlaban, todos los partidos políticos
que formaban el Frente Popular y los sindicatos. Sólo actuaban como grupos políticos la Falange
Española y de las JONS, cuyo jefe, Antonio Primo de Rivera, había sido fusilado por los
republicanos, y la Comunión Tradicionalista (carlistas). También se toleraba la CEDA y los grupos
monárquicos. Inspirándose en el modelo fascista de partido único, en abril de 1937, Franco dio a
conocer el Decreto de Unificación por el que se creaba un partido único, Falange Española
Tradicionalista y de las JONS, unificando a falangistas y carlistas e integrando a las demás fuerzas
nacionales.

El proceso de institucionalización del nuevo Estado franquista culminó en enero de 1938 con
la formación del primer gobierno de Franco. En la persona de Franco se concentraba la jefatura
del Estado y la presidencia del gobierno y, a partir de entonces, pasó a ser llamado Caudillo de
España. El nuevo Estado se inspiraba en el fascismo y defendía un modelo social basado en el
conservadurismo y en la preeminencia del catolicismo. La Iglesia Católica, el 1 julio de 1937,
había hecho pública una Carta colectiva del Episcopado español en apoyo de los sublevados. El
nuevo Estado era claramente confesional y derogó las leyes del matrimonio civil y del divorcio,
estableció el culto religioso en la enseñanza y en el ejército, e instituyó una retribución al clero.

La construcción del Estado franquista fue acompañada de una violencia extrema. La


represión tuvo siempre un carácter sistemático y fue ejercida por el ejército, la Falange o las
autoridades políticas contra cualquier sospechoso de simpatizar con las izquierdas. Una parte de
los miles de ejecutados durante la guerra fueron enterrados en fosas comunes sin constancia de
su desaparición.

4.16. Especifica los costes humanos y las consecuencias económicas y sociales de la guerra.

La guerra comportó miseria y muerte para miles de personas de uno y otro bando. A las
bajas en los combates hay que añadir las muertes producidas por la carestía de alimentos. Esta
situación fue especialmente grave en la zona republicana, dado que las grandes áreas agrícolas
habían quedado en manos de los sublevados. Alimentos básicos como el pan comenzaron a
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escasear a principios de 1937 por lo que tuvo que implantarse el racionamiento. A medida que
avanzaba el conflicto, los precios subieron y el mercado negro se extendió. La desnutrición
provocó enfermedades, y en algunas ocasiones, la muerte.

Por otra parte, se produjo una reducción de la producción industrial debido a la movilización
de la población masculina para ir al frente. Aunque las mujeres se incorporaron al mundo laboral,
especialmente en la zona republicana, los esfuerzos de la industrial se orientaron principalmente
a la producción de armamento y avituallamiento militar, lo cual supuso un desabastecimiento de
productos de consumo.

Además, los bombardeos sobre pueblos y ciudades afectaron duramente a la población civil.
Fueron utilizados como un instrumento de terror y como un arma de destrucción de casas,
fábricas y otras instalaciones. Estos bombardeos fueron brutales y continuos sobre Madrid y
afectaron también a otras ciudades como Barcelona, Valencia y Málaga.

Desde los primeros días de la guerra, civiles de ambos bandos huían del territorio en el que
se encontraban por temor a la persecución que podían sufrir por sus ideas políticas. Con el avance
de las tropas franquistas, los grandes movimientos de refugiados se dieron sobre todo en la zona
republicana. Los refugiados republicanos se concentraron especialmente en la zona de Levante
y en Cataluña. La población de la zona norte, aislada del resto del territorio republicano solo pudo
huir por mar hacia otros países. Ante la imposibilidad de evacuar al conjunto de la población civil,
se optó por dar prioridad a los niños, de tal modo que cerca de 13000 fueron embarcados con
destino a diversos países europeos, americanos y a la Unión Soviética.

Hacia el final de la guerra, población de toda España y miles de soldados en retirada se


concentraron en Cataluña y cruzaron la frontera francesa, buscando refugio en el país vecino.
Gran parte de esos refugiados fueron conducidos a campos de concentración improvisados.
Cuando acabó la guerra, buena parte de esos refugiados regresaron a España, mientras que el
resto iniciaría un largo y penoso exilio.

4.17. Sintetiza en un esquema las grandes fases de la guerra desde el punto de vista militar.

Sublevación militar, avance hacia Madrid y Campaña de Guipúzcoa (Julio-Octubre de 1936)

- 17 de julio de 1936: En Melilla, el coronel Yagüe, jefe militar de la Legión, se alzó en armas
contra la República.
- Entre el 18 y 19 de julio la mayoría de las guarniciones militares de España se unieron al
golpe de Estado.
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Hoja: 20
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- Tras cruzar el estrecho, en julio de 1936, las tropas de África (legionarios y regulares) al
mando del coronel Yagüe, tenían como objetivo esencial el avance hacia Madrid para
tomar la capital.
- Agosto de 1936: Las tropas que avanzaban desde el sur toman Badajoz, consiguiendo
enlazar una estrecha franja con la zona sublevada del norte.
- Septiembre de 1936: Los sublevados, en el avance hacia Madrid, se desvían para ocupar
Toledo y poner fin al cerco del Alcázar.
- Finales de octubre de 1936: Los sublevados estaban a las puertas de Madrid. Fracaso
franquista en la ofensiva sobre Madrid, contenida por las milicias populares, con la
colaboración de las Brigadas Internacionales y la columna anarcosindicalista liderada por
B. Durruti.
- Simultáneamente (entre julio y octubre de 1936), por el norte se avanza hacia el País
Vasco, ocupando Irún y San Sebastián.

Batallas en torno a Madrid (Febrero-Marzo de 1937)

- En el centro, y con el objetivo de aislar Madrid, tuvieron lugar:


o La Batalla del Jarama (febrero de 1937), con victoria republicana.
o La Batalla de Guadalajara (marzo de 1937). Las tropas italianas del Corpo Truppe
Volontarie, que habían comenzado su intervención en la guerra en febrero con la
conquista de Málaga, fueron derrotadas por el Ejército Popular de la República.

Ocupación del norte (Marzo-Octubre de 1937)

- Ante las dificultades de tomar Madrid, Franco decidió abandonar el ataque y orientar su
estrategia en el norte, avanzando de este a oeste.
- Marzo de 1937: El general Mola inicia la ofensiva sobre Vizcaya.
- 26 de abril: La ciudad de Guernica es arrasada por la aviación nazi (Legión Cóndor).
- 19 de junio: Bilbao cayó a manos de las brigadas navarras.
- Para aliviar la presión militar en la franja norte, la República desencadenó en julio el
ataque a Brunete (Madrid) y en agosto a Belchite (Zaragoza). Con ello no consiguió evitar
que las tropas de Franco entrasen en agosto en Santander y dos meses más tarde en
Asturias.

Avance hacia el Mediterráneo (Noviembre 1937-Junio 1938)

- Franco orientó la guerra hacia el Mediterráneo a través del valle del Ebro.
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Hoja: 21
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- Tras la Batalla de Teruel (febrero de 1938), los sublevados llegaron a Castellón, quedando
dividido en dos el territorio republicano.

Batalla del Ebro y ocupación de Cataluña (Julio de 1938-Febrero de 1939)

- En julio, el ejército republicano, a las órdenes del general Vicente Rojo, inició una
contraofensiva que dio lugar a la Batalla del Ebro (julio-octubre de 1938), la más larga y
sangrienta de la contienda.
- Tras la victoria en la Batalla del Ebro, Franco, en las primeras semanas de 1939, avanzó
sobre Cataluña. El 26 de enero entraba en Barcelona sin resistencia. En febrero, con la
caída de Gerona se produjo la huida hacia Francia de miles de refugiados, entre ellos todo
el gobierno de la República (Negrín como jefe de gobierno y el presidente de la República
Manuel Azaña).

El final de la Guerra (Marzo-Abril de 1939)

- Principios de marzo: Sublevación contra el gobierno republicano dirigida por el coronel


Segismundo Casado, responsable de la defensa de la capital. Casado, partidario de la
rendición, creó una Junta de Defensa con el objetivo de negociar con Franco una “paz
honrosa” basada en la generosidad del Caudillo. Franco solo aceptó una rendición sin
condiciones y obligó a entregar las armas.
- 28 de marzo: Las tropas de Franco entraron en Madrid sin la menor resistencia.
- En los días posteriores a la entrada en la capital se ocupó la zona mediterránea.
- 1 de abril (“Día de la Victoria”): Franco firma en Burgos el último parte de guerra que
pone fin a la contienda.

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