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Danzas Del Estado de Guerrero

Los documentos describen varias danzas tradicionales de la región de Guerrero, México. Los Diablos de Tixtla representan demonios y se acompañan de instrumentos como cajas y quijadas de asno. Los Tlacololeros simulan una pelea por la tierra usando látigos y máscaras. Los Manueles y Gachupines recrean danzas coloniales con disfraces que parodian a españoles. Los Maromeros de Apango realizan acrobacias usando atuendos coloridos.

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Danzas Del Estado de Guerrero

Los documentos describen varias danzas tradicionales de la región de Guerrero, México. Los Diablos de Tixtla representan demonios y se acompañan de instrumentos como cajas y quijadas de asno. Los Tlacololeros simulan una pelea por la tierra usando látigos y máscaras. Los Manueles y Gachupines recrean danzas coloniales con disfraces que parodian a españoles. Los Maromeros de Apango realizan acrobacias usando atuendos coloridos.

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Los Diablos de Tixtla

De manera religiosos, originaria del centro del estado, se asegura que surgió a iniciativa
del clero, pues se trato de impresionar a los naturales, diciendo que quienes no se
portaran bien se convertirían en demonios.
Aparte aparecen: lucifer como rey del averno portando su espada al cinto y un cetro; la
muerte que simboliza la pureza y el fin de las cosas, lleva una guadaña en la mano; otro
personaje importante es el tiempo el cual representa la vida y el mundo, llevando una
guadaña que da a entender el paso de los años.
Esta danza viste de colores chillantes, unos son varones y otros son mujeres, llamadas
diablas. Todos tienen cuernos en la cabeza, se acompañan al bailar con algunos
instrumentos y objetos: una caja de madera que resuena constantemente y que significa
el castigo, la avaricia, el orgullo y el dinero; una quijada de asno que también hacen
resonar y que representa el castigo a la gula y al hurto; una guitarra que tocan con
compás que significa el castigo al vicio y la lujuria.

Los Tlacololeros
El grupo de participantes no debe ser menor de doce, para que las evoluciones resulten
completas. La indumentaria que llevan puesta se compone de una especie de camisa
larga que les llega hasta las rodillas y es hecha de costales de yute o de ixtle, entre más
gruesa y tosca mejor. El brazo izquierdo o derecho si el danzante es zurdo se envuelve
con costales para amortiguar la descarga del látigo del adversario. Para cubrir sus
piernas pueden llevar pantalones o chaparreras de gamuza y calzar zapatos, aunque
anteriormente preferían huaraches de piel de toro con las correas entrelazadas en pie de
gallo, también hay quienes opinan que lo correcto es llevar los pies descalzos.
La cabeza se cubre con un tosco sombrero de palma o de mecahilo de ixtle con costura
o pespunte que llevan sujeto con barbiquejo, y se cubre la cara con una gruesa máscara
de madera de tamaño grande y con expresiones de bufón, de pesadumbre o
simplemente cínicas.
Todos los tlacololeros llevan látigo de cuero crudo de res o de cáñamo embreado, con
su pajuela de ixtle para producir detonaciones y lo sujetan a la mano cuyo brazo no está
envuelto con costales, por medio de una onda.
Las evaluaciones la danza se ejecutan al compás de las notas producidas por una flauta
de carrizo y por la percusión de un tamboril, que tocan músicos expertos pueblerinos que
ya conocen los sones característicos de cada maniobra, así como los pasajes o partes
de la danza que son los siguientes:
§ Invitación al trabajo.
§ Inspección del campo.
§ El chintihuile (golpeo mutuo con las asentaderas por gusto de haber recibido
sus parcelas)
§ Delimitación de los lotes o parcelas.
§ Inspección de herramientas.
§ Se da cuenta al tlacololero jefe de haber terminado el demonte.
§ Señalamiento o deslinde de tlacololero.
§ Quema del follaje seco.

En este último acto se apartan por parejas para golpeare mutuamente con el chirrión
sobre el brazo cubierto con los costales. Es una encarnizada disputa por las tierras. Las
detonaciones de las pajuelas simulan el chisporreteo de la leña verde cuando se está
quemando.

Los Manueles

Danzas de tipo colonial, se asegura que nació en la ciudad de tixtla y que se presentó
por primera vez para felicitar a un mal gobernante que se llamaba Manuel, mismo que
los representa el viejo de la danza, la vieja caracteriza a la espesa quien era gorda y fea;
los otros doce danzantes simbolizan a los criados del cacique.

Esta es una danza que participa en la mayoría de las fiestas del pueblo, en ella se visten
personas del sexo masculino y son lo que danzan con mucho entusiasmo.

La vestimenta de esta danza remeda a la que usaban los españoles en la época de la


colonia, los bastones en forma de culebra significaba el garrote con el que golpeaban a
los indios, y la música es a base de violín y tambora que era la que predominaba para
hacer sus fiestas en aquel entonces.

Danza de los pescados

A esta danza se le da este nombre de los Pescados por la representacion de los


personajes y por que sus participantes originalmente llevaban terciado del hombro
derecho hacia el lado izquierdo una sarta de pescaditos de madera, pintados de colores.

La danza interpreta la actividad de los hombres que se dedican a la pesca; por su


vestimenta, los danzantes tratan de representar a las personas nativas de las costas
grande y chica de Guerrero, su atuendo se compone de: Pantalón largo, huaraches,
camisa de manta, faldas sueltas, máscara negra (simulando el color moreno de los
costeños) con señales de profundas cicatrices producidas por las comunes riñas, y
sombrero de palma de uso diario y machete de cinta hecho en la región. Durante la
danzas se representa una pelea con un lagarto o cocodrilo al cual le quieren cortar la
cola. Se le provoca restragando el machete en el suelo donde el personaje los ataca con
su cola a manera de latigo.
Diablos de Teloloapan (Región Norte).
Se conoce por tradición oral. (Los datos que se insertan enseguida fueron recabados
para la revista México Desconocido).
Durante la invasión francesa en el Siglo XIX (1857) hubo una batalla entre los franceses
y la gente de Teloloapan, que se mantuvo firme durante dos días, hasta una tarde en
que se les terminó el agua y las municiones.
Esa noche todos se reunieron para formular un plan y decidieron espantar a los franceses
usando unas máscaras de diablo que eran verdaderamente horribles y haciendo tronar
sus chicotes para hacer el asunto interesante.
Así, los disfrazados se introdujeron a hurtadillas en el campamento enemigo y después
de la señal de un capitán atacaron con espantosos gritos y haciendo sonar sus látigos.
Los franceses, pálidos del horror que les causó verlos, salieron corriendo y se perdieron
en la profunda noche.
En esta parte norte de nuestro estado, los Diablos siguen siendo una tradición heroica,
más que religiosa. El 16 de septiembre lucen en el desfile sus hermosas vestimentas
muy hispanas; el cuerpo cubierto con cuero, chamarra y pantalón a la usanza del chinaco
del Siglo XIX, a manera de faldón largo como cuera de montura, botas y chicote con
pajuela de ixtle para producir un chasquido similar al de un fuerte trueno.
Hay siete cuernos bien empotrados en la máscara de vaqueta muy dura, mismos que
simbolizan los pecados capitales: gula, envidia, lujuria, ira, soberbia, avaricia y pereza.
Es una danza teatral que tiene como objetivo mostrar al demonio como portador de todos
los pecados. Se bailaba en los teatros y mitotes que los frailes utilizaron para evangelizar.
Esta danza tiene su identidad muy propia, totalmente diferente a los otros diablos que
abundan en danzas de las regiones del estado, que son juguetones, divertidos, traviesos
con los niños y participan del relajo del pueblo, dejando entrever una sonrisa. Los de
Teloloapan son altivos, elegantes, soberbios y vestidos como grandes señores; es el
capataz el que manda y ordena.

Gachupines.
La granada ensartada con su color rojo vivo está al final de la punta de aquel palo largo,
delgado y resistente. Ahí un indio la sostiene y la hace girar pasando al centro del círculo
que ex profeso han formado sus compañeros. Son evoluciones marcadas por el ritmo de
aquella música mezclada hispano–mexicana que se asienta en nuestra época colonial
donde las novedades de teatro y danza estaban a la orden del día para evangelizar aquel
puñado de hombres rebeldes que se resistían a dejar atrás sus ritos y costumbres
indígenas llenas de religiosidad.

Los gachupines son adoptados por nuestra gente mestiza que desea ridiculizar a
aquellos que se han introducido en todos los cambios de su vida cotidiana. Los
representan vistiendo saco y pantalón de casimir negro, gorra o cachucha a la usanza
española; se colocan una máscara con los rasgos de la raza blanca; la mayoría lleva un
cigarro prendido en la boca y en la mano un paliacate para poder espantar los mosquitos
existentes en estas tierras cálidas del sur (actualmente ya se ha establecido como un
adorno especial de la danza, que además les sirve para dar giros con sus manos,
cambiando el pañuelo de gran colorido al ritmo del suave violín que los acompaña
durante el desarrollo de evoluciones contrastadas). Junto a ellos, el huesquixtle (el
chistoso), que juega con la multitud observadora y distrae a los chiquillos que
boquiabiertos gozan de las danzas de su pueblo que se representan de tiempo en tiempo.

Las regiones Norte, Centro y la Costa Chica disfrutan frecuentemente de estos bailes.

Durante la evolución ante la roja granada cada uno toma la punta del listón de color que
le corresponde para ir cruzando entre los demás, al mismo tiempo que van trenzando el
palo que la sostiene; finalizan al son del violín, que llora en el rasgueo y tallar de sus
cuerdas. ¡La conquista se ha dado!

Se baila en las regiones Centro, Norte y Costa Chica del estado.


Maromeros de Apango.
Remontándonos a siglos pasados de nuestra época prehispánica, cuando los bailarines
con sus faldas cortas, los maromeros, hacían un derroche de malabarismo en las
grandes fiestas del Calmécac. Muy cerca de Tixtla se encuentra el poblado de Apango,
cabecera del municipio Mártir de Cuilapan, de donde es originaria esta danza.

Cuentan que es una danza en la que sus integrantes han ofertado con anterioridad una
promesa a un Santo Patrono. Por lo mismo, se les ve esporádicamente en los festejos
santos por el camino al santuario; con esta danza, sobre todo, rinden culto a la patrona
del pueblo y sus alrededores, la Virgen de la Natividad de Tixtla.

En número de ocho, están ataviados con gran colorido; usan camisa con holanes en
puños y cuellos, calzoncillos cortos, sombreros cónicos con moños de colores, listones
colgantes y espejos, una capa hasta las rodillas, medias de popotillo o de hilo, zapatos
tenis de goma (antiguamente eran sus cacles) y un pañuelo que les cubre hasta la nariz.
Su audacia y el dominio del equilibrio son fundamentales para bailar sobre una gruesa
vara, en ida y vuelta, bajo el ritmo de la música de viento. Como accesorios, portan reatas
gruesas de mecate–ixtle, una vara como de 8 m de largo y varios pañuelos más.

Después de la adoración de la Virgen, al compás de una chilena tocada por el “chile frito”,
en un espacio como de 12 m de circunferencia, paran unos horcones en equis a 7 m de
distancia cada uno para colocar las reatas bien amarradas en las hendiduras de las
horquetas plantadas, y al compás de sones y chilenas todos los integrantes zapatean
girando, girando y girando, lo que les sirve de equilibrio sobre la reata.

Caminan hacia adelante bailando al compás de la música, se atreven a retornar de


espaldas, sin perder el equilibrio y con destreza lucen su habilidad ante el público que
espera verles caer en cualquier momento; se hincan sobre la cuerda dos o tres veces y
realizan giros acompasados. Los demás danzan en el piso haciendo mover sus pañuelos
y esperando su turno para subir a la cuerda y demostrar su habilidad de grandes
equilibristas.

Toro de petate.
Esta danza es una remembranza de los rancheros que había por esta región y de las
partidas de ganado que salían a Centroamérica en el último tercio de la época colonial.
La danza alude a los trabajos que requerían dichos envíos de ganado, así como a los
riesgos del camino y la consiguiente alegría que daba a los vaqueros y campesinos de
la región de la Costa Chica; Igualapa, Cuajinicuilapa y Ometepec, la ida y vuelta de
aquellos arriesgados hombres que emprendían el viaje.
Los personajes de esta danza son el Mayordomo, el Caporal y el Vaquero; otros
participantes son el Montador, el Toro y el Terrón. En total la danza aporta 20 personajes.

El Mayordomo, el Caporal y el Vaquero visten a la usanza de ese tiempo; todos montan


a caballo y sus cabalgaduras son ataviadas al estilo de la época colonial. Cada uno porta
una garrocha de unos 2 m aproximados de largo con listones de papel. El Montador viste
saco y pantalón de gamuza, tocado con sombrero ancho de lana adornado con flores de
papel y plumas; lleva terciada una bolsa de cuero y un sarape fino y ligero; asimismo le
cuelga del hombro derecho la vaina elegante de un machete con una leyenda ganadera
o con su propio nombre, y es esta persona quien cuida el ganado.

El Toro: este personaje, vestido con camisa y pantalón de manta teñida con colores negro
y café porta una máscara zoomorfa de buey; en la parte inferior trasera de la camisa lleva
amarrado un manojo de crines o un pedazo de cuerda gruesa que asemeja la cola de la
res.

El Terrón: este individuo viste de manera ridícula, montado en un burro; usa machete de
palo, tosca red de mecatillo al hombro donde lleva jícaras, bandejas, cazuelas, verduras
y otras cosas usadas e inservibles. Usa un sombrero viejo y ancho de lana, el cual va
adornado con flores de totomoxtle; se cubre con una máscara antropomorfa y de su
cuello cuelgan cadenas y rosarios hechos de olotes, y es el cocinero de la partida y el
chistoso de la danza.

Esta danza se caracteriza por el hecho de que sus personajes, denominados vaqueros,
representan a cada uno de los ranchos que participan en el arreo de este ganado,
adquiriendo sus nombres, tales como:

La Providencia, La Luz, La Cabaña, El Ciruelo, El Tamarindo, Palo Alto, Charco Grande,


Tierra Blanca, etc.

Otra característica de esta danza es que se baila al compás de sones de la Costa Chica
y su coreografía representa las diversas vicisitudes del traslado de ganado: arreo, rodeo,
encierro, campamentos, cura de los animales, pastoreo y culmina con la salida del toro
al lugar de su destino.

Recuerda la vida ganadera y el arreo de las partidas que iban a San Salvador
(Centroamérica); eran las fiestas del señor Culás (san Nicolás Tolentino), protector de la
ganadería. En esos días el consumo de maíz y chicha era en grandes cantidades.

La fiesta incluía víspera, sacar al toro, despedida y, el cuarto día, sacrificar al toro.
Participaba una mayordoma, esposa del saliente, un mayordomo actual y un anciano en
cuya milpa hizo daño el toro. Con barba y bordón, el viejo o el tío, un caporal, un caudillo
y el montador con chamarra de cuero y chaparreras, sombrero con faldón de lana, flores
de totomoxtle, un puntero con su cuerno de reclamo y arreo. Los doce vaqueros con su
cotón y calzón a la rodilla, machete corto de monte, soga de cuero y garrocha pulida.
Tiene gran significado para aquellos que han puesto vida y alegría en una representación
que como una pequeña opereta habla de sus triunfos y fracasos en las labores
cotidianas. Hasta los años 20 del siglo pasado nos remonta Paucic con las
investigaciones de campo que al respecto llevó a cabo por todo nuestro estado.

Todavía podemos disfrutar de esta danza en la Costa Chica, principalmente el día del
señor Santiago, que festejan ampliamente la ciudad de Ometepec y otros municipios de
la región.

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