Nombre: Alarcón García Víctor Salomón
Materia: Economía Política 3
Fecha: 9-octubre-2018
Control de lectura del libro El Capital, capítulo XXIV, Marx,
primeros 3 parágrafos.
Para empezar, el autor plantea que ya se sabe que ante todo supuesto de acumulación
de capital, debió haber existencia de plusvalor, si hay plusvalor es porque hubo
producción capitalista, y si hubo producción capitalista entonces también hubo masas
de capital relativamente grandes en manos de los productores de mercancías. Se dice
pues que todo el proceso presupone una acumulación “originaria” no capitalista
previa a la acumulación capitalista. Marx hace alusión a la acumulación originaria
como el punto de partida a la acumulación de capital.
A primera instancia, Marx relata (anécdota) que la acumulación originaria se
contaba como que hacía ya mucho tiempo, existían una élite de personas diligentes y
otra de que no era más que una pandilla de vagos y holgazanes. Ocurrió por tanto que
los primeros acumularon riqueza y los holgazanes terminaron por no tener nada sino
que vender su fuerza de trabajo. Según la anécdota, de este pecado original arranó la
pobreza de la gran masa. Sin embargo, la historia real nos cuenta que la acumulación
original es causada por la conquista, el sojuzgamiento, el homicidio motivado por el
robo. La palabra que mejor define a la acumulación originaria es la violencia. Marx
dice que antes de las conquistas, la única forma de enriquecerte, era por el idilio
(relación amorosa entre dos personas) entre el derecho y el trabajo. Pero como ya
sabemos, la acumulación originaria es todo menos idílica.
Así como el dinero y la mercancía no son capital desde un primero momento y
tampoco lo son los medios de producción y de subsistencia. Todo lo anterior requiere
ser transformado en capital. Esta transformación necesita de la interacción de dos
clases sociales muy diferentes de poseedoras de mercancías. En primer lugar los
propietarios de dinero, de medios de producción y de subsistencia. Ellos son los que
valorizan, mediante la adquisición de fuerza de trabajo ajena, la suma de valor de la
que se han apropiado. Por otro lado, están los trabajadores libres, vendedores de la
fuerza de trabajo (vendedores del trabajo). Cuando hablamos de trabajadores libres
nos referimos en el doble sentido de no posean medios de producción así como que
tampoco estén incluidos en los medios de producción (libres para venderse a quien
quieran). Con esto tenemos dadas las condiciones fundamentales de la producción
capitalista.
La llamada acumulación originaria no es, por consiguiente, más que el proceso
histórico de escisión entre productor y medios de producción. Se le llama “originaria”
porque configura la prehistoria del capital y del modo de producción correspondiente
al mismo.
Desde el punto de vista histórico la escisión son los momentos en que se supera
súbita y violéntateme a grandes masas humanas de sus medios de subsistencia y de
producción y se les arroja, en calidad de proletarios totalmente libres, al mercado de
trabajo. La expropiación que despoja de la tierra al trabajador, constituye el
fundamento de todo el proceso. El proceso varía dependiendo del país analizado.
La primera etapa del desarrollo de capitalismo viene desde el sojuzgamiento
del trabajador y, en segundo lugar consistía en cambiar esa forma de sojuzgamiento.
En términos de periodos históricos, la producción capitalista data del siglo XVI. Allí
donde florece, hace ya mucho tiempo que se ha llevado a cabo la supresión de la
servidumbre de la gleba y que el régimen urbano medieval ha entrado en la fase de su
decadencia.
Expropiación de la población rural, a la que se despoja de la tierra
Para la última parte del siglo XIV y aún más para el siglo XV, la servidumbre de
gleba había desaparecido prácticamente en Inglaterra. La composición de las personas
era de campesinos libres que cultivaban su propia tierra, cualquiera que fuere el
rótulo feudal que encubriera su propiedad. El arrendatario libre había desplazado al
bailío (agente de la administración real o señorial), siervo él mismo en tiempos
antiguos. Así pues, los trabajadores asalariados agrícolas se componían en parte de
campesinos que valorizaban su tiempo libre trabajando en las fincas de los grandes
terratenientes, en parte de una clase independiente. Estos trabajadores eran a su vez
campesinos que trabajaban para sí mismos, pues además de su salario se les asignaba
tierras de labor con una extensión de 4 acres y más, también cottages (pequeña casa
cerca de un lago); disfrutaban adicionalmente del usufructo de la tierra comunal.
Las bases del modo de producción capitalista se produjo en el último tercio del
siglo XV y los primeros decenios del siglo XVI cuando una masa de proletarios libres
fueron arrojados al mercado de trabajo por la disolución de las mesnadas (hombres
armados que en la Edad Media estaban a las ordenes del rey o señor feudal) feudales.
Especialmente en Inglaterra se dio el caso de que expulsaron también de las tierras
comunales a los campesinos para empezar la producción de lana. Por lo tanto la tierra
de labor se convirtió en pastura de ovejas. Estas son pues las condiciones de
producción. El proceso de expropiación violenta de las masas populares recibió un
nuevo y terrible impulso en el siglo XVI con la Reforma y, a continuación, con la
expoliación colosal de los bienes eclesiásticos. En la época de la Reforma, la Iglesia
Católica era propietaria feudal de gran parte del suelo inglés. La supresión de los
monasterios arrojó a sus moradores al proletariado.
Para el siglo XVIII ya se había borrado las últimas huellas de propiedad
comunal de los campesinos. Los terratenientes ejecutaron de manera legal una
usurpación que en el continente se fue generalizando. Abolieron el régimen feudal de
tenencia de la tierra, es decir, la liberaron de las servidumbres que la gravaban
“indemnizaron” al estado mediante impuestos sobre el campesinado y las demás
masas populares, reivindicaron la propiedad moderna sobre fincas de las que sólo
poseían títulos feudales. Al final se impusieron leyes de asentamiento que operaron
sobre los campesinos ingleses.
La forma parlamentaria que asume la depredación es la de los “Bills for
Inclosure of Commons” (leyes para el cercamiento de la tierra comunal), que consistía
en que los terratenientes se donaban a sí mismo, como propiedad privada, las tierras
del pueblo; decretos expropiadores del pueblo.
Legislación sanguinaria contra los expropiados, desde fines del siglo XV. Leyes
reductoras del salario.
Los afectados expulsados por la disolución de las mesnadas feudales y
evidentemente por la expropiación violeta e intermitente de sus tierras no podían ser
contratadas por la naciente manufactura con la misma velocidad con que la población
aumentaba. Las personas por tanto que eran arrojadas de su órbita habitual de vida
no podían adaptarse de manera tan súbita al nuevo estilo de vida que estaban
enfrentado. Es por eso que se fueron convirtiendo en mendigos, ladrones,
vagabundos, etc. En parte por inclinación, pero la mayor parte de las veces porque se
veían forzados gracias a las situaciones. Lo mas feo fue que a los padres de la actual
clase obrera se los castigó, en un principio, por su transformación forzada (a veces) a
vagabundos e indigentes. La legislación los trataba por lo tanto como a delincuentes
“voluntarios”.
Analizamos casos extremos como el de Inglaterra durante el reinado de
Enrique VII en 1530. En el caso de los pordioseros viejos e incapaces de trabajar se les
fue otorgada una licencia de mendicidad. Para los que eran vagabundos vigorosos se
les impuso flagelación (azotar) y encarcelamiento. La forma cruel de lograrlo era
atándolos a la parte trasera de una carreta o carro y se les azotaba hasta que la sangre
emanara del cuerpo. Posteriormente debían prestar juramente de regresara su lugar
de nacimiento o al sitio donde habían residido durante los 3 últimos años y ponerse a
laborar. A todos los que no quisieran trabajar se les marcaba con distintas letras en el
pecho o en el hombro con fuego. Se emitían distintas leyes para que no hubiera
vagancia.
De esta suerte, la población rural, expropiada por la violencia, expulsada de sus
tierras y reducida al vagabundismo, fue obligada a someterse, mediante una
legislación terrorista y grotesca y a fuerza de látigos, hierros candentes y tormentos, a
la disciplina que requería el sistema del trabajo asalariado.